Exhortación pastoral, publicada el 20 de noviembre de 1975, con motivo del fallecimiento del Jefe del Estado español, don Francisco Franco Bahamonde, publicada en BOAT enero 1976, 27-28.
Queridos diocesanos:
Ante el fallecimiento de Su Excelencia el Jefe del Estado español, me dirijo a todos vosotros para pediros vuestras oraciones por el eterno descanso de su alma.
Es una hora triste para la patria española, porque desaparece el que con tanta abnegación, llevada hasta el heroísmo de una manera casi permanente, se ha sacrificado por ella durante toda su vida. Pero esta tristeza no debe en ningún momento apagar nuestros sentimientos de esperanza cristiana, que precisamente han de manifestarse con serenidad de espíritu ante el hecho de la muerte. La esperanza es ahora confianza en Dios y súplica fervorosa para que el Señor se apiade del que ha fallecido, le conceda el perdón de sus pecados y le otorgue el premio de la vida eterna que por los méritos infinitos de Cristo es ofrecido a cuantos creen en Él.
Oraciones también por su esposa y sus familiares, seres humanos al fin que, como todos, al ver morir a quien amaban, necesitan el consuelo de la fe para su espíritu atribulado.
Y, aún más, pido vuestras oraciones por España y por todos los españoles para que la paz, la prosperidad y el justo desarrollo de la vida del país merezcan de unos y de otros el empeño más noble a cuyo servicio pongan todas sus energías. Nadie arrebatará jamás al Jefe del Estado que acaba de morir el honor de ocupar una de las páginas más gloriosas en los anales de la historia patria. La que él ha escrito con su vida y con su muerte es tan excelsa que podrá seguir iluminando a todos los españoles con tal de que exista una sola actitud: buena voluntad.
Aparte los sufragios que espontáneamente queráis ofrecer, según vuestra piedad, las autoridades civiles y eclesiásticas se pondrán de acuerdo para celebrar oportunamente solemnes funerales en la Santa Iglesia Catedral, en el Seminario diocesano y en todas las parroquias de la diócesis.