{"id":2539,"date":"2024-10-13T00:39:16","date_gmt":"2024-10-12T22:39:16","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?p=2539"},"modified":"2024-10-13T00:54:02","modified_gmt":"2024-10-12T22:54:02","slug":"el-magisterio-sacerdotal-del-cardenal-marcelo-gonzalez-martin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/2024\/10\/13\/el-magisterio-sacerdotal-del-cardenal-marcelo-gonzalez-martin\/","title":{"rendered":"El magisterio sacerdotal del Cardenal Marcelo Gonz\u00e1lez Mart\u00edn"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\"><em>Alberto Jos\u00e9 Gonz\u00e1lez Chaves<\/em>, Seminario Metropolitano de San Ildefonso Toledo, 10 de marzo de 2010<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>En Don Marcelo, la idea del sacerdocio no es otra que la de la Iglesia: esa realidad que, cuajada por el amor y nacida del Coraz\u00f3n de Cristo en el Cen\u00e1culo, inflama la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica, atraviesa como una saeta de luz la ep\u00edstola a los Hebreos, se robustece en la <em>sinaxis<\/em> de las catacumbas, se empurpura con sangre martirial y se acrecienta con veneraci\u00f3n en los primeros cristianos ye n los cristianos. El sacerdocio cat\u00f3lico que, los siglos andando, produce m\u00e1rtires y atrae pl\u00e9yades de j\u00f3venes limpios y esforzados. El que, frente a la her\u00e9tica presentaci\u00f3n luterana, cuaja en Trento con doctrina solemne su identidad inmutable. El sacerdocio que, personificada su potencia sobrenatural por hombres como Juan de \u00c1vila o el Cura de Ars, entre otros mil, y recogida su hermosura siempre antigua y siempre nueva en enc\u00edclicas de los Papas del siglo XX, ofrece nuevamente su naturaleza en los decretos del \u00faltimo Concilio Ecum\u00e9nico, en continuidad insoslayable con la ense\u00f1anza bimilenaria de la Iglesia. Naturalmente, <em>las preguntas\u2026 sobre el significado y el ejercicio del sacerdocio hoy exigen ser hechas tomando como punto de referencia el misterio del sacrifico de Cristo Sacerdote tal como nos lo ofrecen la Sagrada Escritura y la tradici\u00f3n apost\u00f3lica de la Iglesia<\/em><sup><a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal era el concepto sacerdotal de Don Marcelo. Pero en \u00e9l cab\u00edan enfoques originales, novedosos sin ser noveleros, valoraciones pastorales que, por brotar de una experiencia acumulada en a\u00f1os turbulentos, un\u00edan el sabor de lo personal al rancio aroma del arca eclesial del <em>paterfamilias<\/em>. Es muy leg\u00edtimo aportar, cuando \u00e9stas se insieren en la Tradici\u00f3n, intuiciones expositivas no extra\u00f1as a la doctrina universal. \u00bfQui\u00e9n no siente conmovida su fibra espiritual escuchando al Papa Benedicto XVI explanar a\u00f1o tras a\u00f1o en la Misa Crismal, sobre este o aquel simbolismo de la Liturgia de la Ordenaci\u00f3n, versiones hermen\u00e9uticas que, si hab\u00edan merodeado los umbrales de nuestra inteligencia, nunca hab\u00edamos sabido formular? As\u00ed hac\u00eda tambi\u00e9n Don Marcelo: al hablar del sacerdocio, empleaba una suerte de may\u00e9utica: con su verbo ayudaba a dar a luz nuestra incipiente, rudimentaria idea, haci\u00e9ndonos exclamar, con el poeta: \u201c\u00a1Esto lo hubiera yo escrito, si yo supiera escribir!\u201d<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Don Marcelo, Sacerdote<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>A sus 23 a\u00f1os, tras doce de preparaci\u00f3n, primero en Valladolid y a continuaci\u00f3n en Comillas, el joven Marcelo Gonz\u00e1lez Mart\u00edn es ordenado presb\u00edtero por el Arzobispo Antonio Garc\u00eda y Garc\u00eda, en el Santuario de la Gran Promesa de Valladolid. Adem\u00e1s de encargarse durante dos a\u00f1os de una parroquia rural, comienza a trabajar en la capital castellana: profesor de Religi\u00f3n y Teolog\u00eda en las Facultades de Medicina y Derecho, capell\u00e1n del convento de Santa Catalina y despu\u00e9s de las Teresianas, consiliario de Acci\u00f3n Cat\u00f3lica y de Caritas Diocesana, y can\u00f3nigo. Alguien que por entonces le conoci\u00f3 fugazmente escribi\u00f3 de aquel cura: \u201cEs un ni\u00f1o de 27 a\u00f1os, mon\u00edsimo de fervoroso, simp\u00e1tico y listo\u201d. As\u00ed de breve y atinadamente le conceptuaba Santa Maravillas de Jes\u00fas<sup><a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Por aquellos a\u00f1os, a requerimiento de las Teresianas, y sacando tiempo no sabemos de d\u00f3nde, Don Marcelo escribir\u00eda la biograf\u00eda del entonces venerable Enrique de Oss\u00f3. Su t\u00edtulo, \u201cLa fuerza del sacerdocio\u201d, era un involuntario autorretrato<sup><a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a><\/sup>, porque el libro pretend\u00eda y consegu\u00eda reflejar <em>la fecundidad del sacerdocio cat\u00f3lico cuando el que lo encarna esta dispuesto a vivirlo en intima uni\u00f3n con Jesucristo<\/em>. En los a\u00f1os 40 y 50, de sonoro resurgir religioso en una Espa\u00f1a que restauraba su paz malherida, trascend\u00eda los limites de la Vieja Castilla la figura del joven can\u00f3nigo vallisoletano preocupado por lo social, que hab\u00eda construido, con m\u00e1s de 500 viviendas, templo parroquial, escuelas, talleres e instalaciones deportivas, el Barrio de San Pedro Regalado. Su n\u00edtida figura sacerdotal, su mezcla de gravedad y cercan\u00eda, su incansable celo apost\u00f3lico, su honda formaci\u00f3n de hombre renacentista, su inteligencia clar\u00edsima, su don de gentes, sus condiciones asombrosas como orador, sus dotes literarias, sus capacidades organizativas, todo ello se concit\u00f3 para que, apenas estrenado el a\u00f1o 1961, el Papa Juan XXIII le preconizara Obispo de Astorga, di\u00f3cesis entonces de casi medio mill\u00f3n de habitantes. Frisando los 43 a\u00f1os, era Don Marcelo el Obispo residencial m\u00e1s joven de Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Don Marcelo, Obispo<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Luna de miel<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>El 5 de marzo de manos del Nuncio Antoniutti, Don Marcelo fue consagrado Obispo en la Catedral vallisoletana. Adem\u00e1s de los anagramas de C\u00e1ritas y de Acci\u00f3n Cat\u00f3lica, puso en su escudo un mote evang\u00e9lico: <em>Pauperes evangelizantur. <\/em>E hizo imprimir en el recordatorio este manuscrito: <em>Ayudadme con vuestras oraciones para que con vivo amor a Dios y a la Iglesia pueda cumplir siempre lo que de m\u00ed piden estas santas palabras.<\/em> Hace su entrada en Astorga el d\u00eda de San Jos\u00e9 y enseguida, su inquietud ministerial hace cuajar realidades como el Instituto de Formaci\u00f3n y Acci\u00f3n Pastoral, el Seminario Menor, la Casa de Ejercicios, la Casa Sacerdotal, el Centro de Apostolado Seglar, tres Colegios, la Radio Popular de Astorga, el Museo de los Caminos, la construcci\u00f3n de viviendas para familias obreras\u2026 Pero su primac\u00eda era elevar la formaci\u00f3n del clero y de los seminaristas: acariciaba la cifra de mil, para enviar al menos la mitad <em>por las rutas de la Iglesia universal<\/em><sup><a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Padre conciliar<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Como Obispo de Astorga asiste a las sesiones del Vaticano II, un Concilio que, como dir\u00eda Don Marcelo en 1964, nac\u00eda del dolor de la Iglesia <em>al comprobar c\u00f3mo el mundo moderno se le ha ido lejos de casa, como un hijo pr\u00f3digo<\/em><sup><a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a><\/sup>. Valientemente, aquel joven Prelado lament\u00f3 en el Aula Conciliar que se estaba hablando poco de la santidad de los Obispos. El mismo Pablo VI elogiar\u00e1 esta intervenci\u00f3n del 25 de octubre de 1963 dirigi\u00e9ndose el d\u00edasiguiente a un grupo de obispos hispanoamericanos.Tres semanas m\u00e1s tarde, tendr\u00e1 gran resonancia otra intervenci\u00f3n del Obispo de Astorga; hablando de la desigual distribuci\u00f3n de los bienes, incluso dentro de una misma di\u00f3cesis, no le temblaba la voz al afirmar: <em>Hoc est scandalosum pro fidelibus, contradictorium cum iis qu\u00e6 pr\u00e6dicamus<\/em><sup><a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Tiempo de crisis<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>\u201cSolamente fines apost\u00f3licos Nos han movido a tomar esta decisi\u00f3n, libremente\u201d. Estas palabras de Pablo VI \u2013 <em>m\u00e1rtir de la extra\u00f1a paciencia<\/em>, le llam\u00f3 Don Marcelo<sup><a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a><\/sup> \u2013 tuvo que repetirlas en la Catedral barcelonesa el Nuncio Riberi ante las turbulencias que se produjeron, ya en la toma de posesi\u00f3n del nuevo Arzobispo Coadjutor, Doctor Gonz\u00e1lez Mart\u00edn, el 19 de mayo de 1966. Sufri\u00f3 mucho Don Marcelo en Barcelona<sup><a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a><\/sup>. No es errado el diagn\u00f3stico que de los motivos da el hoy Arzobispo em\u00e9rito de M\u00e9rida-Badajoz: \u201cEl <em>volem bisbes catalans<\/em> de los <em>graffiti<\/em> callejeros eran la punta de iceberg de un antifranquismo soterrado y emergente, un nacionalismo herido y sojuzgado m\u00e1s los excesos de un progresismo ultra y el gregarismo mim\u00e9tico de no pocos\u201d<sup><a href=\"#sdfootnote9sym\" id=\"sdfootnote9anc\"><sup>9<\/sup><\/a><\/sup>. No obstante, el Arzobispo no se arredr\u00f3. Y, aun sin contar con muchos colaboradores, emprendi\u00f3 un plan de renovaci\u00f3n conciliar: reestructur\u00f3 la inmensa archidi\u00f3cesis, reorganiz\u00f3 los Seminarios, cre\u00f3 la Facultad de Teolog\u00eda San Paciano, nombr\u00f3 cuatro Obispos Auxiliares, puso en marcha cincuenta parroquias, y predic\u00f3, como siempre, <em>opportune et importune<\/em>. Basta leer su alocuci\u00f3n a los sacerdotes y religiosos, el d\u00eda siguiente a su llegada, <em>empleando el lenguaje de las confidencias<\/em> que, sin embargo, no fue correspondido<sup><a href=\"#sdfootnote10sym\" id=\"sdfootnote10anc\"><sup>10<\/sup><\/a><\/sup>. Eran tiempos de crisis: la provocada por un <em>revisionismo sistem\u00e1tico que con sus gritos y gestos desmesurados ha apagado las voces de la serenidad y el equilibrio\u2026; por la petulancia de tantos nuevos doctores que abominan de toda ense\u00f1anza recibida, mientras quieren imponer dictatorialmente las suyas\u2026; por una actitud de culpable desconocimiento de lo que la tradici\u00f3n de veinte siglos nos ha ense\u00f1ado sobre el sacerdocio cat\u00f3lico<\/em><sup><a href=\"#sdfootnote11sym\" id=\"sdfootnote11anc\"><sup>11<\/sup><\/a><\/sup>. El citado Dr. Montero pone en boca de Don Marcelo Primado esta confesi\u00f3n amarga: <em>Yo me esforc\u00e9 cuanto pude en ser un Obispo de todos, ministro de la concordia y del dialogo, pero me vi enga\u00f1ado y traicionado por una insaciable progres\u00eda que cuanto mas le daba, mas me ped\u00eda, y as\u00ed hasta los bordes mismos de mi conciencia episcopal<\/em><sup> <a href=\"#sdfootnote12sym\" id=\"sdfootnote12anc\"><sup>12<\/sup><\/a><\/sup>. \u00a1Buen t\u00edtulo para un estudio acad\u00e9mico!: \u201cDon Marcelo o la conciencia episcopal\u201d\u2026<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Primado<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Ha enarbolado siempre Toledo con eclesial y, por ende, humilde orgullo, el t\u00edtulo de Iglesia Primada desde que se lo otorgara, en el a\u00f1o 1088, el Papa Urbano II. A ra\u00edz de la constituci\u00f3n de las Conferencias Episcopales, en los \u00faltimos tiempos, esta condici\u00f3n primacial ha perdido no pocas de sus prerrogativas. Para compensar la p\u00e9rdida de peso jur\u00eddico hac\u00eda falta un aumento de autoridad moral en el Arzobispo que ocupase la Silla de los Ildefonsos y Eugenios, Mendozas y Cisneros, Lorenzanas y Gil de Albornoz. Y, m\u00e1s recientemente, sin olvidar a Sancha, Guisasola, Monescillo y Pay\u00e1, los inmensos Gom\u00e1, cabeza indiscutida de un episcopado m\u00e1rtir, y Pl\u00e1 y Deniel, la prudencia hecha Obispo. Si no era f\u00e1cil, con tales preliminares, mantener la altura de una Toledo Primada cuando emerg\u00eda un Madrid presidencial, Don Marcelo lo logr\u00f3 con creces. No embarc\u00e1ndose en dial\u00e9cticas de poder o en cabildeos electoralistas que nunca fueron con \u00e9l<sup><a href=\"#sdfootnote13sym\" id=\"sdfootnote13anc\"><sup>13<\/sup><\/a><\/sup>, sino siendo, sin pretenderlo, el referente eclesial para tantos cat\u00f3licos espa\u00f1oles perplejos que, en medio de las tinieblas de una confusi\u00f3n s\u00fabita, ve\u00edan brillar una antorcha. Por eso mismo, pudo ser burdamente utilizado; pero \u00e9l hab\u00eda venido a Toledo a ser \u2013 as\u00ed lo dijo en su toma de posesi\u00f3n, el 23 de enero de 1972 \u2013 \u201cObispo de todos y para todos\u201d<sup><a href=\"#sdfootnote14sym\" id=\"sdfootnote14anc\"><sup>14<\/sup><\/a><\/sup>. Y supo no dejarse encorsetar en los estrechos m\u00e1rgenes de grupos que, apropi\u00e1ndoselo, hubieran neutralizado su innegable <em>pondus<\/em>, reconocido incluso por adalides de postulados opuestos a los del Primado y, por eso, casi siempre tambi\u00e9n a los del Concilio Vaticano II. Ya merec\u00eda, ya, el espaldarazo de Juan Pablo II en la carta que le dirigi\u00f3 con motivo de su 25\u00b0 aniversario episcopal: \u201cBien sabemos que no has navegado por mares muy tranquilos, pero \u00bfa quien no alcanza el oleaje? Sigue, pues, por el camino emprendido\u201d. Definitivamente, Don Marcelo fue, al decir de Santiago Mart\u00edn, \u201cun caudillo de esos que a veces produce Espa\u00f1a y que puso sus muchas cualidades al servicio de la causa m\u00e1s noble: la de Cristo\u201d<sup><a href=\"#sdfootnote15sym\" id=\"sdfootnote15anc\"><sup>15<\/sup><\/a><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Magisterio<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Episcopi\u2026 oves suas in nomine Domini pascunt, munus docendi, sanctificandi et regendi in eas exercentes<sup><a href=\"#sdfootnote16sym\" id=\"sdfootnote16anc\"><sup>16<\/sup><\/a><\/sup>. Tomando pie de esta ense\u00f1anza del \u00faltimo Concilio Ecum\u00e9nico, veremos, en sumario muestreo, c\u00f3mo ejerce el Obispo Marcelo esta su triple misi\u00f3n apost\u00f3lica. Pareciera que, seg\u00fan el t\u00edtulo de la presente disertaci\u00f3n, deber\u00edamos circunscribir nuestras reflexiones al oficio de ense\u00f1ar. Pero, \u00bfacaso el magisterio episcopal no se ejerce tambi\u00e9n, y siempre, mostrando el ejemplo supremo de Cristo, mientras el Pastor gu\u00eda y santifica a su grey? Por tanto, completaremos la visi\u00f3n del magisterio doctrinal de Don Marcelo con el cultual-sacramental, para concluir con el que podr\u00edamos llamar su magisterio gubernativo. Tal es la triple angulatura del <em>officium amoris<\/em> que se engloba en un magisterio \u00fanico: el de la propia vida, configurada, ontol\u00f3gica y moralmente, con Cristo Sacerdote, Pastor y Maestro.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><em><strong>Munus docendi<\/strong><\/em><strong>: Don Marcelo, predicador<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Tocando todos los g\u00e9neros de la oratoria sagrada y casi todos los de la profana, sin perder de vista que, seg\u00fan el Aquinate, explicar el Evangelio pertenece propiamente al Obispo, cuya labor peculiar es perfeccionar, que es lo mismo que ense\u00f1ar<sup><a href=\"#sdfootnote17sym\" id=\"sdfootnote17anc\"><sup>17<\/sup><\/a><\/sup>, Don Marcelo predic\u00f3 incansablemente. Era la suya una predicaci\u00f3n catequ\u00e9tica, sencilla en su hondura abisal, subyugadora porque su belleza inteligible envolv\u00eda progresivamente al oyente, iluminando su fe mientras caldeaba sus afectos. Predicaci\u00f3n que, sin dejar de ser elegante, escrupulosamente ce\u00f1ida al marco lit\u00fargico cuando era el caso, y sin concesiones al coloquialismo, ten\u00eda sin embargo patente para dar curso a an\u00e9cdotas o introducir giros inesperados cuyo tono intencionadamente familiar interpelaba al auditorio, situ\u00e1ndolo, por numeroso que fuera, en un \u00e1mbito de simp\u00e1tica intimidad. Ya sea que predicara un serm\u00f3n, que explanara el Evangelio de la Misa, o que propusiera la meditaci\u00f3n de un retiro espiritual, su palabra tomaba siempre forma de homil\u00eda en su aut\u00e9ntico sentido etimol\u00f3gico: una amistosa conversaci\u00f3n, en la que el Pont\u00edfice ense\u00f1aba sin pontificar.<\/p>\n\n\n\n<p>Variad\u00edsimos los escenarios: la c\u00e1tedra universitaria, las mesas de conferencias de tantos lugares, la presidencia del Congreso, la Plaza de Oriente, los centenares de pueblos maragatos y ponferradinos, las industriales ciudades catalanas y las elegantes iglesias barcelonesas, las parroquias rurales de la Mancha, la Sagra, la Jara o la Siberia extreme\u00f1a, el Santuario de Guadalupe (al que el Primado peregrin\u00f3 m\u00e1s de 50 veces, como ha puesto de relieve Mons. Rubio Castro), sus \u201ccuatro\u201d Catedrales, empezando a contar desde la de Valladolid, abarrotada en la Misa que predicaba el joven can\u00f3nigo de Villanubla, y terminando por la Primada, a donde aflu\u00edan cat\u00f3licos de toda Espa\u00f1a por vivir el Triduo Pascual seg\u00fan Don Marcelo. \u00bfC\u00f3mo no recordar, en este Seminario, las homil\u00edas program\u00e1ticas en las Misas de apertura de curso, o el broche de oro que la pl\u00e1tica del Cardenal pon\u00eda a los Ejercicios Espirituales, o los actos acad\u00e9micos en que la docta exposici\u00f3n del ponente palidec\u00eda ante la improvisaci\u00f3n final del Purpurado, que era, sin disputa, lo m\u00e1s esperado por el auditorio?<\/p>\n\n\n\n<p>En una doliente exhortaci\u00f3n a los sacerdotes barceloneses explicitaba as\u00ed los temas fundamentales de la predicaci\u00f3n: <em>No ha de consistir en generalidades vagas y abstractas, no, pero tampoco ha de incurrir en el defecto contrario. Y siempre atender en primer termino al misterio de la vida de Dios, de la Eucarist\u00eda, de los sacramentos, de la gracia, de la cruz, del cielo, de la esperanza. As\u00ed predic\u00f3 Cristo. As\u00ed predicaron los ap\u00f3stoles. As\u00ed predica el Papa<\/em><sup><a href=\"#sdfootnote18sym\" id=\"sdfootnote18anc\"><sup>18<\/sup><\/a><\/sup><em>. <\/em>Y en una ceremonia de Ordenes en Toledo describ\u00eda paladinamente la actitud del ministro de la Palabra:<em> Hab\u00e9is de predicar el Evangelio as\u00ed: desenmascarando el error y el sectarismo, est\u00e9n donde est\u00e9n; siempre con dignidad, siempre humildes, siempre con respeto al hombre, que puede equivocarse, pero con valent\u00eda frente al error que les equivoca<\/em><sup><a href=\"#sdfootnote19sym\" id=\"sdfootnote19anc\"><sup>19<\/sup><\/a><\/sup><em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Ya muy anciano, Don Marcelo fue invitado a predicar los Ejercicios a los ordenandos del a\u00f1o 2001. En una instrucci\u00f3n sobre la predicaci\u00f3n sagrada les dio las siguientes recetas: oraci\u00f3n larga y serena sobre lo que se ha de predicar; elaboraci\u00f3n de un sucinto gui\u00f3n, al menos; brevedad y agilidad; benignidad y mansedumbre al censurar los vicios; uso de la Biblia y del Catecismo; alusi\u00f3n al Papa y, oportunamente, al Obispo diocesano; y, por fin, decir algo de la Virgen \u2013 cuatro palabras, con cari\u00f1o \u2013 produce mucho fruto<sup><a href=\"#sdfootnote20sym\" id=\"sdfootnote20anc\"><sup>20<\/sup><\/a><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Afirma el Dr. Palmero, por tantos a\u00f1os estrecho colaborador de Don Marcelo, que en \u00e9l conflu\u00edan los tres requisitos indispensables del orador sagrado: dotes naturales eminentes, formaci\u00f3n bien asimilada y sentido exacto de la \u00e9poca y del auditorio. Sobre esto ultimo escrib\u00eda el hoy Obispo de Orihuela-Alicante al presentar el noveno volumen de la obra selecta del Cardenal: \u201cEn horas de confusi\u00f3n ha iluminado con foco potente sectores de pensamiento y de vida, sobre los que se espesaba un silencio connivente, o de lazaban voces de perturbaci\u00f3n alarmante\u201d<sup><a href=\"#sdfootnote21sym\" id=\"sdfootnote21anc\"><sup>21<\/sup><\/a><\/sup>. Y es que Don Marcelo \u201crend\u00eda un culto casi doloroso a la verdad\u201d<sup><a href=\"#sdfootnote22sym\" id=\"sdfootnote22anc\"><sup>22<\/sup><\/a><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Identidad del sacerdote<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>El sacerdote es aquel a quien Dios Padre ha predestinado en Cristo, de manera especial: adem\u00e1s de darle la filiaci\u00f3n divina y la redenci\u00f3n en la Sangre del Hijo, le ha hecho ministro de la recapitulaci\u00f3n de todas las cosas en Cristo. Por ello, junto con el indeleble car\u00e1cter sacramental, el sacerdote ha de llevar grabada en el alma la dulce certeza de esta predilecci\u00f3n divina; perderla ser\u00eda trist\u00edsimo; olvidarse de ello ser\u00eda convertirse en la pieza mec\u00e1nica de una Iglesia puramente institucional y reducir la hermosura del sacerdocio a la condici\u00f3n de un tecn\u00f3crata para el progreso y la paz social<sup><a href=\"#sdfootnote23sym\" id=\"sdfootnote23anc\"><sup>23<\/sup><\/a><\/sup>. Para ser tales funcionarios \u2013 lleg\u00f3 a decir a una tanda de ordenandos \u2013 <em>mejor que no existierais<\/em><sup><a href=\"#sdfootnote24sym\" id=\"sdfootnote24anc\"><sup>24<\/sup><\/a><\/sup>. En tiempos de secularismo agresivo, ante lo que dice el mundo de Cristo y de sus ministros, \u00e9stos deben ser fuertes <em>para mirar a ese mundo con una sonrisa ben\u00e9vola y\u2026 para esperar compasivamente a que ese mundo se deje acercar por vosotros para que le dig\u00e1is bien lo que sois\u2026 <\/em>El secreto es la uni\u00f3n con Jesucristo:<em> No acept\u00e9is tareas que invadan vuestra vida hasta el punto de impediros el trato con Dios. Dondequiera que est\u00e9is\u2026 siempre hay tiempo para orar, <\/em>mirando y ofreciendo al mundo el crucifijo<sup><a href=\"#sdfootnote25sym\" id=\"sdfootnote25anc\"><sup>25<\/sup><\/a><\/sup><em>. <\/em>Porque, si las crisis internas de la Iglesia se han dado siempre,<em> la soluci\u00f3n ha estado siempre en vivir la uni\u00f3n con Cristo, humildemente<\/em><sup><em><a href=\"#sdfootnote26sym\" id=\"sdfootnote26anc\"><sup>26<\/sup><\/a><\/em><\/sup><em>. <\/em>Si el sacerdote es, por encima de todo, el hombre enamorado de Jesucristo, experimentar\u00e1 la belleza de su amistad<em>.<\/em> Lo cual, por desgracia, no siempre acontece:<em> \u00bfPor qu\u00e9 no cultivamos esto los sacerdotes y obispos? Y todos los d\u00edas Le ofrecemos las cosas como obsequios, tratamos con El en conversaci\u00f3n, en ratos de oraci\u00f3n\u2026 \u00bfPor qu\u00e9 no cultivamos un trato de amigo, con confianza plena? \u00a1Que El lo admite! \u2026 Un Amigo que me llena de gozo con su sabidur\u00eda y su atenci\u00f3n. Todo lo dem\u00e1s no lo rechazo, no; pero en cuanto tiene relaci\u00f3n con El. Que no El estorben a El, que no Le eclipsen a El, que Le respeten a El, para que El ocupe el primer lugar en mi amistad y en mi coraz\u00f3n<\/em><sup><a href=\"#sdfootnote27sym\" id=\"sdfootnote27anc\"><sup>27<\/sup><\/a><\/sup><em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s de ser, por Voluntad del Padre, emisario y lugarteniente de Cristo, el sacerdote es el hombre de Iglesia, de una Iglesia que (dice gr\u00e1ficamente Don Marcelo) \u201cha entrado en \u00e9l\u201d por el sacramento del Orden y que \u00e9l tiene que devolver, no manchada ni adulterada, sino limpia y bella, sin cometer la torpeza de descargar sus frustraciones en el rostro de la Esposa pur\u00edsima del Cordero<sup><a href=\"#sdfootnote28sym\" id=\"sdfootnote28anc\"><sup>28<\/sup><\/a><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Unidad del presbiterio.<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>Preocupado por el peligro de un sacerdote personalista que trata de elaborar su propia iglesia, Don Marcelo luch\u00f3 siempre por lograr un clero unido. Porque <em>el presbiterio, aunque haya matices y colores distintos, es una unidad. Los presb\u00edteros con sus obispos forman un n\u00facleo vital en el conjunto de la Iglesia, y en cada di\u00f3cesis aparece esa fuerza de unidad cooperante de unos con otros hacia los mismos fines<\/em>. Nada m\u00e1s lejos de este esp\u00edritu de unidad que la autosuficiencia que s\u00f3lo busca sobreponerse a los dem\u00e1s<sup><a href=\"#sdfootnote29sym\" id=\"sdfootnote29anc\"><sup>29<\/sup><\/a><\/sup>. En la homil\u00eda de la \u00faltima ordenaci\u00f3n que presidi\u00f3 en Toledo, glosaba as\u00ed la ep\u00edstola de San Pablo a los G\u00e1latas: <em>Ya no hay griegos ni jud\u00edos; ya no hay esclavos ni libres; ya no hay ricos ni pobres. Todos somos uno en Cristo Jes\u00fas. \u00a1Vaya un lema que podr\u00eda ponerse en la puerta de los Seminarios, en la Sala de los Presbiterios y de los Consejos presbiterales! Y en los salones de las Conferencias episcopales. \u201cTodos somos uno en Cristo Jes\u00fas\u201d. No hay nada que pueda superar el significado de la fuerza de esa frase, si se la ser coherente con lo que la fe nos hace sentir y profesar\u2026 \u00bfQui\u00e9nes sois vosotros, j\u00f3venes sacerdotes y di\u00e1conos? \u00bfQui\u00e9nes sois? Ni lo s\u00e9 ni me importa. \u00a1Sois uno en Cristo Jes\u00fas!<\/em><sup><a href=\"#sdfootnote30sym\" id=\"sdfootnote30anc\"><sup>30<\/sup><\/a><\/sup>Tres a\u00f1os despu\u00e9s, insist\u00eda a aquellos que hab\u00eda ordenado:<em> M\u00e1s uni\u00f3n de los sacerdotes, la \u2018communio presbyteralis\u2019, esto que hab\u00e9is hecho: celebrad el aniversario de la ordenaci\u00f3n y reun\u00edos, por ejemplo, cada dos meses: un rato de espiritualidad y otro de coloquio sobre alg\u00fan tema, y charla amistosa\u2026 Llenos de cari\u00f1o y atenci\u00f3n para poder seguir haciendo una labor y rectific\u00e1ndonos tambi\u00e9n\u2026 Y cuando no hay por qu\u00e9 rectificar, alabar\u2026 Los sacerdotes somos muy mezquinos muchas veces. No nos alabamos nada por hechos que merecen aplauso y alabanza\u2026 Hay que trazar muchos lazos de uni\u00f3n, y de alabanza, y de cari\u00f1o, y de reconocimiento de unos a otros. Ser hombres limpios de coraz\u00f3n es no tener envidias, no tener reparos unos con otros; ayudarnos<\/em><sup><em><a href=\"#sdfootnote31sym\" id=\"sdfootnote31anc\"><sup>31<\/sup><\/a><\/em><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><em><strong>Munus sanctificandi<\/strong><\/em><strong>: Don Marcelo, Liturgo<\/strong><sup><strong><a href=\"#sdfootnote32sym\" id=\"sdfootnote32anc\"><sup>32<\/sup><\/a><\/strong><\/sup><\/h3>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Santo y Santificador<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>En la sesi\u00f3n conciliar del 25 de octubre de 1963, de la que ya hemos hablado, se pronunci\u00f3 as\u00ed el reciente Obispo de Astorga: <em>Si el Concilio se propone realmente dar al mundo una figura m\u00e1s clara de la misi\u00f3n del Obispo en la Iglesia, no puede contentarse con presentarle s\u00f3lo como catedr\u00e1tico y rector, olvid\u00e1ndose de su faceta de santificador, que es la fundamental\u2026 La idea de la Iglesia s\u00f3lo aparecer\u00e1 clara al hombre de la calle cuando le demostremos en la pr\u00e1ctica su poder santificador en la santidad concreta y real de los que \u2018rigen\u2019 la Iglesia. Si apenas hablamos de la santidad de los Obispos dar\u00e1 la impresi\u00f3n de que preferimos aparecer como \u2018doctores\u2019 y \u2018rectores\u2019, aparte de que estas mismas funciones de ense\u00f1anza y de gobierno est\u00e1n en servicio de su misi\u00f3n santificadora\u2026 \u00bfC\u00f3mo queremos renovar la Iglesia si nos renovamos nosotros mismos con una vida m\u00e1s santa?<\/em> Y termina con esta consideraci\u00f3n <em>maximi momenti<\/em>: <em>misi\u00f3n grav\u00edsima del Obispo es velar para que sus sacerdotes sean santos y puedan santificar as\u00ed a las almas que se les encomiendan, pero para ello es necesario que nosotros seamos ejemplo vivo de santidad<\/em>. Parece que estas palabras suyas hubieran hallado eco en la Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica del Concilio sobre la Iglesia: \u201cEpiscopi, orando pro populo et laborando, de plenitudine sanctitatis Christi, multiformiter et abundanter effundunt\u201d<sup><a href=\"#sdfootnote33sym\" id=\"sdfootnote33anc\"><sup>33<\/sup><\/a><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Trazando una semblanza de San Jos\u00e9 Mar\u00eda Escriv\u00e1, poco despu\u00e9s de la muerte de \u00e9ste, se\u00f1alaba Don Marcelo como la triple fuerza que le lanz\u00f3 a la gran tarea de \u201csantificar a los hombres tal como son, tal como viven, tal como trabajan\u201d, la Misa, la intimidad con Jesucristo y un amor viv\u00edsimo a la Virgen Mar\u00eda. <em>Su sacerdocio lo entendi\u00f3 as\u00ed, y toda su vida fue como la prolongaci\u00f3n de una Misa que glorificaba al Padre<\/em><sup><a href=\"#sdfootnote34sym\" id=\"sdfootnote34anc\"><sup>34<\/sup><\/a><\/sup>. En efecto, hacia <em>este sacrificio continuamente renovado convergen o de \u00e9l brotan todos los dem\u00e1s ministerios que el sacerdote realiza<\/em><sup><a href=\"#sdfootnote35sym\" id=\"sdfootnote35anc\"><sup>35<\/sup><\/a><\/sup>. Tal era, para Don Marcelo, el secreto de un sacerdote santo y santificador. Si Cristo vino al mundo a santificarnos con la gracia de su Redenci\u00f3n, de su Palabra y de su Vida, el <em>munus sanctificandi<\/em> es el primero y por eso la Iglesia ordena a sus sacerdotes principalmente para santificar a sus fieles<sup><a href=\"#sdfootnote36sym\" id=\"sdfootnote36anc\"><sup>36<\/sup><\/a><\/sup>. <em>La clave honda de vuestras vidas \u2013 <\/em>dec\u00eda Don Marcelo a los que llam\u00f3 sacerdotes del A\u00f1o Mariano \u2013 <em>est\u00e1 en alcanzar la santidad sacerdotal, porque lo que ten\u00e9is que hacer es santificar al Pueblo cristiano. Todo lo dem\u00e1s, pastorear, amar, regir, conducir, dar testimonio\u2026 tiende a la santificaci\u00f3n del pueblo. Eso debe ser la ra\u00edz de vuestra alegr\u00eda<\/em><sup><a href=\"#sdfootnote37sym\" id=\"sdfootnote37anc\"><sup>37<\/sup><\/a><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Celebrante<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>Si, como recuerda el Concilio Vaticano II<sup><a href=\"#sdfootnote38sym\" id=\"sdfootnote38anc\"><sup>38<\/sup><\/a><\/sup>, la Liturgia es el ejercicio del sacerdocio de Cristo, el Obispo, presencia de Cristo en la Iglesia es el hombre del culto, el sacrificador, el <em>santificador. <\/em>Es sobre todo presidiendo en nombre de Cristo la oraci\u00f3n de la Iglesia y la acci\u00f3n sacramental como el Obispo realiza su oficio de santificar, su <em>munus sanctificandi.<\/em> Don Marcelo no fungi\u00f3 de liturgo, sino que, en cuanto sacerdote, concibi\u00f3 su existencia lit\u00fargicamente. M\u00e1s que ser amante de la est\u00e9tica celebrativa o, lo que es m\u00e1s, celoso del decoro del culto divino, \u00e9l entendi\u00f3 y vivi\u00f3 su sacerdocio como una permanente glorificaci\u00f3n del Padre, por el Hijo, en el Esp\u00edritu Santo. Cuando \u00e9l \u2018presid\u00eda\u2019 (por usar la nomenclatura al uso, que en absoluto me satisface personalmente) una funci\u00f3n lit\u00fargica, nada m\u00e1s lejos de su actitud que atraer hacia s\u00ed el protagonismo que s\u00f3lo corresponde a Jesucristo, verdadero <em>Pr\u00e6sidens <\/em>de la asamblea eclesial.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, en pocos celebrantes como en \u00e9l hemos podido captar, no s\u00f3lo desde la fe sino tambi\u00e9n de modo evidente para los sentidos, que actuaba <em>in Persona Christi Capitis. <\/em>En el altar, Don Marcelo aparec\u00edaevidentemente como<em> Pontifex. <\/em>Su misterioso recogimiento al orar, su unci\u00f3n suave y viril al consagrar, su delicadeza exquisita al incensar, como s\u00f3lo a \u00e9l hemos visto hacerlo, la elegancia majestuosa y desafectada de su porte al bendecir, eran otras tantas muestras de un hieratismo no impostado que imposibilitaba escapar de la atm\u00f3sfera del <em>sacrum, <\/em>despojada del cual la Liturgia puede llegar a convertirse \u2013 podr\u00edamos aducir trist\u00edsimos ejemplos \u2013 en una mascarada grotesca. Celebrando, Don Marcelo ense\u00f1aba la primac\u00eda absoluta de Dios, la necesidad de adoraci\u00f3n por parte del hombre, la juventud inmarcesible de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>No pocos fueron sus logros en pro de la liturgia durante sus nueve a\u00f1os como Presidente de la Comisi\u00f3n Episcopal respectiva, implementando la reforma lit\u00fargica en Espa\u00f1a e Hispanoam\u00e9rica desde la letra y el esp\u00edritu de la <em>Sacrosanctum Concilium<\/em> y no desde las originales innovaciones que en nombre de un Concilio fantasma se propon\u00edan por doquier. C\u00f3mo no aludir, aunque sea de pasada, a la reforma y revitalizaci\u00f3n del Misal moz\u00e1rabe conseguida por un Don Marcelo siempre seguidor de los caminos de formaci\u00f3n abiertos por el Concilio, entre ellos, la recuperaci\u00f3n de las venerables formas de expresi\u00f3n lit\u00fargica que han enriquecido el acervo teol\u00f3gico. En este sentido, no ser\u00eda aventurado conjeturar que, junto al Rito Hispano, tras el <em>Motu Proprio Summorum Pontificum<\/em>, hubiera \u00e9l deseado tambi\u00e9n hoy para sus sacerdotes y para sus diocesanos el conocimiento y la participaci\u00f3n en la Forma extraordinaria del Rito Romano, vivido con toda naturalidad como un cauce m\u00e1s de enriquecimiento a nivel hist\u00f3rico, teol\u00f3gico y oracional.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><em><strong>Munus regendi<\/strong><\/em><strong>: Don Marcelo, Pastor<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Tras alabar los muchos m\u00e9ritos de Don Marcelo como \u201cPastor bueno, amigo constante y maestro fiel\u201d, el Papa Juan Pablo II le escribi\u00f3 expresivamente, con motivo de su 50\u00b0 Jubileo Sacerdotal: \u201cAl considerar tu acci\u00f3n pastoral, Nos agrada destacar el solicito cuidado que has puesto en la atenci\u00f3n a los sacerdotes\u2026 y a fe que con extraordinario acierto, como lo atestiguan los florecientes Seminarios\u2026 de tu Di\u00f3cesis. Sabemos adem\u00e1s que vas a celebrar el fausto Jubileo de tu sacerdocio rodeado de una floreciente corona de presb\u00edteros nuevos; esto llena en verdad de gozo Nuestro coraz\u00f3n\u201d.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Conducci\u00f3n de su clero<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>Dos a\u00f1os despu\u00e9s de ser nombrado Obispo de Astorga, en 1963, public\u00f3 su Pastoral \u201cEl porvenir espiritual de nuestra di\u00f3cesis. Horas de crisis y esperanza\u201d en la que, sobre una taracea de textos del venerable P\u00edo XII, enumera como actitudes sacerdotales de valor permanente el amor y la gratitud a Jesucristo y a su Eterno Sacerdocio, la humildad ante la propia dignidad y la obediencia concreta y pr\u00e1ctica a las disposiciones de la Iglesia, el celo y la abnegaci\u00f3n, la caridad fraterna para con los hermanos en el presbiterio, la pobreza y el desprendimiento. Pero, ante todo y sobre todo, en medio del empe\u00f1o sublime de cristianizar las realidades temporales, Don Marcelo insiste a sus cl\u00e9rigos en que cultiven el esp\u00edritu de sobrenaturalidad, faltando el cual <em>nos encontramos con el sacerdote que concede m\u00e1s atenci\u00f3n a la lectura de un peri\u00f3dico que a la oraci\u00f3n bien hecha; a la tertulia, mas que al silencio; a un viaje, m\u00e1s que al sacrificio; a una pel\u00edcula, m\u00e1s que a una hora de estudio; a las noticias pol\u00edticas, m\u00e1s que a la disminuci\u00f3n del pecado; al deporte, m\u00e1s que a los sacramentos; a la ciencia, m\u00e1s que a la teolog\u00eda; al templo material, m\u00e1s que a la ense\u00f1anza profunda del catecismo; al bullicio exterior, m\u00e1s que a la meditaci\u00f3n; a la asamblea y a la discusi\u00f3n de problemas ajenos o colectivos, m\u00e1s que al examen de s\u00ed mismo; a la cr\u00edtica de lo que dicen otros, m\u00e1s que a la maduraci\u00f3n rigurosa de lo que tiene que decir \u00e9l; a lo nuevo por lo nuevo, m\u00e1s que a lo antiguo por serlo; a lo mundano, m\u00e1s que a lo eclesi\u00e1stico; a lo fugaz y cambiante, m\u00e1s que a lo permanente y eterno; a lo confortable y grato, m\u00e1s que a lo dif\u00edcil y abnegado; a la cultura, m\u00e1s que a la gracia; a lo profano, m\u00e1s que a lo sagrado; al hombre, m\u00e1s que a Dios; a los fil\u00f3sofos, m\u00e1s que a los santos; a los amigos, m\u00e1s que a Jesucristo. Es decir, nos encontramos con el sacerdote que va destrozando poco a poco su propio sacerdocio<\/em><sup><a href=\"#sdfootnote39sym\" id=\"sdfootnote39anc\"><sup>39<\/sup><\/a><\/sup><em>. <\/em>Al sacerdote le llama Cristo a <em>participar en la rica intimidad de un misterio reservado y exclusivo<\/em> y en el sacerdocio no es l\u00edcito<em> hacer distingos entre \u2018lo que es\u2019 y \u2018para lo que es\u2019, porque el sacerdocio de Cristo en s\u00ed mismo es sacerdocio de Dios y para los hombres, todo a la vez<\/em><sup><a href=\"#sdfootnote40sym\" id=\"sdfootnote40anc\"><sup>40<\/sup><\/a><\/sup><em>, con todo lo que tiene de misterio, de humanidad, de gozo y de paradoja<\/em><sup><a href=\"#sdfootnote41sym\" id=\"sdfootnote41anc\"><sup>41<\/sup><\/a><\/sup><em>. <\/em>As\u00ed hablaba Don Marcelo a sus sacerdotes en Astorga y despu\u00e9s en Barcelona. En Toledo, confiriendo una de tantas ordenaciones, exhortaba a los neopresb\u00edteros a revestirse de un armadura espiritual: <em>De lo contrario, ser\u00e9is pronto v\u00edctimas del secularismo de los criterios y de las costumbres, que todo lo invade; y pronto llegar\u00e1 a pareceros lo m\u00e1s natural del mundo el contemporizar con todo, el aceptar todo con una sonrisa de aprobaci\u00f3n, el decir que no quer\u00e9is ser retr\u00f3grados, sin daros cuenta de que al decir eso est\u00e1is retrocediendo a la oscuridad del pecado o a lo que lleva al pecado<\/em><sup><a href=\"#sdfootnote42sym\" id=\"sdfootnote42anc\"><sup>42<\/sup><\/a><\/sup><em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>El Seminario. Un Seminario nuevo y libre<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>A su llegada a Toledo, en 1972, Don Marcelo encuentra que las consecuencias de la crisis sacerdotal del postconcilio han hecho mella en la archidi\u00f3cesis: para compensar las tristes secularizaciones de sacerdotes, no hab\u00eda m\u00e1s que un exiguo pu\u00f1ado de seminaristas. Tras rezar, reflexionar y consultar, el a\u00f1o siguiente, en una magn\u00edfica Pastoral, el Primado afronta el problema y propone soluciones operativas. Se conoce s\u00f3lo la primera parte del t\u00edtulo, que es como un gui\u00f1o al lenguaje en boga: \u201cUn Seminario nuevo y libre\u201d. Pero la segunda es sintom\u00e1tica, porque contrapone impl\u00edcitamente, a la visi\u00f3n eclesial protestante, la cat\u00f3lica, de Trento y del Vaticano II. \u201c\u00bfM\u00e1s sacerdotes o m\u00e1s seglares?\u201d, es el subt\u00edtulo, que se\u00f1ala que la promoci\u00f3n del laicado, antes que sustituir la funci\u00f3n del sacerdote, la reclama con mayor urgencia. Clarividente, lucid\u00edsimo y prof\u00e9tico, es un documento hist\u00f3rico por lo que tiene de certero an\u00e1lisis de la situaci\u00f3n (en muchas di\u00f3cesis, aun vigente hoy) y de atinado programa de acci\u00f3n pastoral, como demostrar\u00edan, no tardando mucho, los resultados obtenidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, aunque la difundi\u00f3 <em>L\u2019Osservatore Romano<\/em>, aquella Carta fue entonces \u2013 ha escrito el hoy Obispo electo de C\u00f3rdoba \u2013 \u201cuna voz solitaria en un desierto de dudas e incertidumbres\u201d, no exenta de incomprensiones, incluso en ambientes eclesi\u00e1sticos<sup><a href=\"#sdfootnote43sym\" id=\"sdfootnote43anc\"><sup>43<\/sup><\/a><\/sup>. Poco le importaba a Don Marcelo el aplauso del mundo y, casi menos, si \u00e9ste era el clerical. El sigui\u00f3 adelante, sin temblarle el pulso. Y cuando, a la vuelta de 23 a\u00f1os, se despidi\u00f3 de Toledo, hab\u00eda ordenado para la Iglesia universal 414 presb\u00edteros, de los que me cabe la honra de ser el n\u00famero 405. Pocos casos, si es que hay alguno, se habr\u00e1n dado en el mundo occidental en unos a\u00f1os en los que la crisis vocacional tocaba fondo, en parte debido a factores sociol\u00f3gicos y en parte, a los \u201creformismos atrozmente devastadores\u201d<sup><a href=\"#sdfootnote44sym\" id=\"sdfootnote44anc\"><sup>44<\/sup><\/a><\/sup> que denunciaba Don Marcelo. Si quisi\u00e9ramos extraer algunas citas de la Pastoral en cuesti\u00f3n, caer\u00edamos irremisiblemente en la tentaci\u00f3n de no dejar sin aludir a uno solo de sus p\u00e1rrafos, y ya vamos siendo muy prolijos. Sirva esta breve referencia para suscitar el deseo de su lectura en los j\u00f3venes levitas que rezan, estudian y r\u00eden entre estos muros, merced a que un d\u00eda Don Marcelo dese\u00f3 y logr\u00f3 \u201cun Seminario nuevo y libre\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">* * *<\/p>\n\n\n\n<p>Yo pedir\u00eda ahora la indulgencia de este amable auditorio por la duraci\u00f3n de esta conferencia, si no fuese porque he tenido presente el criterio de quien la ha ocupado. Hablando de los criterios a seguir en la oratoria, Don Marcelo sentenciaba: <em>Brevedad. Y no subir, a no ser que se trate de algo que se anuncie como tal: \u2018Conferencias que va a dar sobre el tema del matrimonio \u2013 por ejemplo \u2013 el muy ilustre Se\u00f1or Don Fulano de Tal\u2019. Eso se anuncia. Son conferencias; est\u00e1 perfectamente justificado que el orador se entretenga aproximadamente una hora, el tiempo que suele durar una intervenci\u00f3n<\/em><sup><em><a href=\"#sdfootnote45sym\" id=\"sdfootnote45anc\"><sup>45<\/sup><\/a><\/em><\/sup><em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Y, como otro de los consejos de Don Marcelo al orador, si es cl\u00e9rigo, es no concluir sin nombrar a la Sant\u00edsima Virgen, quisiera yo hacerlo con una c\u00e1lida exclamaci\u00f3n que \u00e9l dirigi\u00f3 a la Se\u00f1ora en la homil\u00eda de una ordenaci\u00f3n sacerdotal. Hoy la renuevo, por los presb\u00edteros que estamos aqu\u00ed y por los de la Iglesia Universal, para que este A\u00f1o sacerdotal d\u00e9 los frutos que, al convocarlo, ha so\u00f1ado el Santo Padre: <em>T\u00fa, \u00a1oh Virgen Mar\u00eda!, eres la renovaci\u00f3n, la seguridad, la fuerza, el amor y la piedad, todo junto. T\u00fa sabes mirar a los sacerdotes y a la Iglesia con la experiencia de las madres, con el sosiego de Quien es Mediadora y Corredentora. Tu Nombre es capaz de suscitar las esperanzas de la Iglesia entera. Facilita en nosotros, oh Madre, los caminos del Esp\u00edritu Santo<\/em><sup><a href=\"#sdfootnote46sym\" id=\"sdfootnote46anc\"><sup>46<\/sup><\/a><\/sup><em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>L.D.V.M.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Conferencia pronunciada en la Catedral de Madrid dentro del ciclo \u201cLa figura del sacerdote hoy\u201d, Cuaresma de 1971, en M. Gonz\u00e1lez Mart\u00edn, <em>Creo en la Iglesia\u2026<\/em>, pp. 334-335.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Una Carmelita Descalza de La Aldehuela, \u201cDon Marcelo Gonz\u00e1lez Mart\u00edn, un gran regalo de Dios\u201d, en Bolet\u00edn \u201cMadre Maravillas de Jes\u00fas\u201d,\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> M. Gonz\u00e1lez Mart\u00edn, <em>Don Enrique de Oss\u00f3 o la fuerza del sacerdocio<\/em>, Madrid, 1953.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> Carta Pastoral \u201cAstorga, di\u00f3cesis misionera\u201d; <em>Bolet\u00edn Oficial del Obispado de Astorga<\/em>, 1 de junio de 1964, pp. 275-276, en M. Gonz\u00e1lez Mart\u00edn, <em>Creo en la Iglesia\u2026<\/em>, p. 323.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> M. Gonz\u00e1lez Mart\u00edn, \u201cVocaci\u00f3n de la Iglesia, Pueblo de Dios\u201d, Conferencia en la Casa Profesa de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, Madrid, 27 mayo 1964.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> A.J. Gonz\u00e1lez Chaves, <em>Don Marcelo amigo fuerte de Dios<\/em>, Madrid, 2005, p.108.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> Conferencia pronunciada en la Catedral de Madrid dentro del ciclo \u201cLa figura del sacerdote hoy\u201d, Cuaresma de 1971, en M. Gonz\u00e1lez Mart\u00edn, <em>Creo en la Iglesia\u2026<\/em>, p. 333.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> C. Seco Serrano, \u201cMi amigo Don Marcelo\u201d, en ABC, ed. Toledo, 7 de septiembre de 2004.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote9anc\" id=\"sdfootnote9sym\">9<\/a> A. Montero Moreno, \u201cDon Marcelo, en la encrucijada\u201d, en ABC, 25 de septiembre de 2004.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote10anc\" id=\"sdfootnote10sym\">10<\/a> <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Barcelona<\/em>, Junio 1966, pp. 350-358.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote11anc\" id=\"sdfootnote11sym\">11<\/a> Conferencia pronunciada en la Catedral de Madrid dentro del ciclo \u201cLa figura del sacerdote hoy\u201d, Cuaresma de 1971, en M. Gonz\u00e1lez Mart\u00edn, <em>Creo en la Iglesia\u2026<\/em>, pp. 332-334.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote12anc\" id=\"sdfootnote12sym\">12<\/a> A. Montero Moreno, l.c.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote13anc\" id=\"sdfootnote13sym\">13<\/a> Ya en 1956 hab\u00eda dicho a Don Antonio Montero, entonces subdirector de la joven revista \u201cEcclesia\u201d, cuando llev\u00f3 a Don Marcelo la propuesta del Cardenal Pla y Deniel, de ser Director del \u00f3rgano oficioso del episcopado espa\u00f1ol: \u201cNo me veo en la Villa y Corte ni me mover\u00eda con gusto en los entramados pol\u00edticos e incluso eclesiales de Madrid\u201d (A. Montero Moreno, l.c.)<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote14anc\" id=\"sdfootnote14sym\">14<\/a> A.J. Gonz\u00e1lez Chaves, o.c., pp. 159 ss.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote15anc\" id=\"sdfootnote15sym\">15<\/a> S. Mart\u00edn, \u201cCastellano cabal\u201d, en ABC, 16 de enero de 1993.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote16anc\" id=\"sdfootnote16sym\">16<\/a> Concilio Ec. Vaticano II, Decreto <em>Christus Dominus<\/em>, sobre el oficio pastoral de los Obispos, n.11.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote17anc\" id=\"sdfootnote17sym\">17<\/a> Santo Tom\u00e1s de Aquino, <em>S.Th.<\/em>, III, q. 67, a. 2 ad 1<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote18anc\" id=\"sdfootnote18sym\">18<\/a> Exhortaci\u00f3n Pastoral \u201cLa acci\u00f3n pastoral del sacerdote en Barcelona\u201d; <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Barcelona<\/em>, 15 de junio de 1967, (cf. pp. 342-357), en M. Gonz\u00e1lez Mart\u00edn, <em>Creo en la Iglesia\u2026<\/em>, p. 331.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote19anc\" id=\"sdfootnote19sym\">19<\/a> Homil\u00eda en la Misa de ordenaciones sacerdotales en la Santa Iglesia Catedral Primada de Toledo, 4 de octubre de 1986, en M. Gonz\u00e1lez Mart\u00edn, <em>Gozo y esperanza<\/em>, Toledo, 1991, p. 160-161. Cf. ibid., p. 179.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote20anc\" id=\"sdfootnote20sym\">20<\/a> A.J. Gonz\u00e1lez Chaves, o.c., pp. 230-237.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote21anc\" id=\"sdfootnote21sym\">21<\/a> R. Palmero Ramos, \u201cDon Marcelo, predicador\u201d, en <em>Padre Nuestro<\/em>, 22.1.1995.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote22anc\" id=\"sdfootnote22sym\">22<\/a> A. Montero Moreno, l.c.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote23anc\" id=\"sdfootnote23sym\">23<\/a> Cf. Homil\u00eda en la Misa de ordenaciones sacerdotales en la Santa Iglesia Catedral Primada de Toledo, 10 de julio de 1988, en M. Gonz\u00e1lez Mart\u00edn, <em>Gozo y esperanza<\/em>\u2026, pp. 185-186.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote24anc\" id=\"sdfootnote24sym\">24<\/a> Cf. Homil\u00eda en la Misa de ordenaciones sacerdotales en la Santa Iglesia Catedral Primada de Toledo, 17 de diciembre de 1989, en M. Gonz\u00e1lez Mart\u00edn, <em>Gozo y esperanza<\/em>\u2026, p. 214.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote25anc\" id=\"sdfootnote25sym\">25<\/a> Homil\u00eda en la Ordenaci\u00f3n de su \u00faltima promoci\u00f3n de sacerdotes, en la Santa Iglesia Catedral Primada, 25 de junio de 1995, en A.J. Gonz\u00e1lez Chaves, o.c., pp. 59-61.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote26anc\" id=\"sdfootnote26sym\">26<\/a> Homil\u00eda en la Misa de ordenaciones sacerdotales en la Santa Iglesia Catedral Primada de Toledo, 18 de diciembre de 1984, en M. Gonz\u00e1lez Mart\u00edn, <em>Gozo y esperanza<\/em>\u2026, p. 168.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote27anc\" id=\"sdfootnote27sym\">27<\/a> Homil\u00eda en el aniversario de Ordenaci\u00f3n de su \u00faltima promoci\u00f3n de sacerdotes, 25 de junio de 1998, en A.J. Gonz\u00e1lez Chaves, o.c., pp. 239-242.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote28anc\" id=\"sdfootnote28sym\">28<\/a> Cf. M. Gonz\u00e1lez Mart\u00edn, <em>Gozo y esperanza<\/em>\u2026, pp. 200. 190<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote29anc\" id=\"sdfootnote29sym\">29<\/a> Ibid., p. 197. cf. Ibid., p. 201.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote30anc\" id=\"sdfootnote30sym\">30<\/a> Homil\u00eda en la Ordenaci\u00f3n de su \u00faltima promoci\u00f3n de sacerdotes, en la Santa Iglesia Catedral Primada, 25 de junio de 1995, en A.J. Gonz\u00e1lez Chaves, o.c., p. 55.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote31anc\" id=\"sdfootnote31sym\">31<\/a> Transcripci\u00f3n de la homil\u00eda grabada en la Residencia de las RR. Angelicas de Toledo, 25 junio 1998.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote32anc\" id=\"sdfootnote32sym\">32<\/a> Cf. J.M. Ferrer Grenesche, \u201cSacerdote y Liturgo\u201d, en <em>Padre Nuestro<\/em>, 29.6.1991<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote33anc\" id=\"sdfootnote33sym\">33<\/a> Concilio Ec. Vaticano II, Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica <em>Lumen Gentium<\/em>, sobre la Iglesia, n. 26.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote34anc\" id=\"sdfootnote34sym\">34<\/a> M. Gonz\u00e1lez Mart\u00edn, <em>\u00bfCu\u00e1l ser\u00eda su secreto?<\/em>, en ABC, 2 de agosto de 1975.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote35anc\" id=\"sdfootnote35sym\">35<\/a> Conferencia pronunciada en la Catedral de Madrid dentro del ciclo \u201cLa figura del sacerdote hoy\u201d, Cuaresma de 1971, en M. Gonz\u00e1lez Mart\u00edn, <em>Creo en la Iglesia\u2026<\/em>, p. 336.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote36anc\" id=\"sdfootnote36sym\">36<\/a> Homil\u00eda en la Misa de ordenaciones sacerdotales en la Santa Iglesia Catedral Primada de Toledo, 9 de julio de 1989, en M. Gonz\u00e1lez Mart\u00edn, <em>Gozo y esperanza<\/em>\u2026, p. 196.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote37anc\" id=\"sdfootnote37sym\">37<\/a> Homil\u00eda en la Misa de ordenaciones sacerdotales en la Santa Iglesia Catedral Primada de Toledo, 2 de julio de 1987, en M. Gonz\u00e1lez Mart\u00edn, <em>Gozo y esperanza<\/em>\u2026, p. 177.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote38anc\" id=\"sdfootnote38sym\">38<\/a> Concilio Ec. Vaticano II, Constituci\u00f3n <em>Sacrosanctum Concilium<\/em>, sobre la Sagrada Liturgia, n.7.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote39anc\" id=\"sdfootnote39sym\">39<\/a> Carta Pastoral \u201cEl porvenir espiritual de nuestra di\u00f3cesis. Horas de crisis y esperanza\u201d; Bolet\u00edn Oficial del Obispado de Astorga, 1 de julio de 1963, (cf. pp. 270-290), en M. Gonz\u00e1lez Mart\u00edn, <em>Creo en la Iglesia. Renovaci\u00f3n y fidelidad<\/em>, Madrid, 1973, pp. 276-294.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote40anc\" id=\"sdfootnote40sym\">40<\/a> En la ordenaci\u00f3n de 29 sacerdotes del Opus Dei en la Bas\u00edlica Pontificia de San Miguel, en Madrid, 15 de agosto de 1971, en M. Gonz\u00e1lez Mart\u00edn, <em>Creo en la Iglesia\u2026<\/em>, pp. 295-296.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote41anc\" id=\"sdfootnote41sym\">41<\/a> En la ordenaci\u00f3n sacerdotal de siete jesuitas en Santa Maria del Mar, en Barcelona, 15 de septiembre de 1971, en M. Gonz\u00e1lez Mart\u00edn, <em>Creo en la Iglesia\u2026<\/em>, p. 300.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote42anc\" id=\"sdfootnote42sym\">42<\/a> Homil\u00eda en la Misa de ordenaciones sacerdotales en la Iglesia de San Juan de los Reyes de Toledo, 6 de julio de 1980, en M. Gonz\u00e1lez Mart\u00edn, <em>Gozo y esperanza<\/em>\u2026, p. 150.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote43anc\" id=\"sdfootnote43sym\">43<\/a> D. Fern\u00e1ndez Gonz\u00e1lez, \u201cLa fuerza del sacerdocio\u201d, en <em>Padre Nuestro<\/em>, 29 de junio de 1991.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote44anc\" id=\"sdfootnote44sym\">44<\/a> Homil\u00eda en la Misa de la fiesta de San Juan de Avila, en la Santa Iglesia Catedral Primada de Toledo, 10 de mayo de 1975, en M. Gonz\u00e1lez Mart\u00edn, <em>Gozo y esperanza<\/em>\u2026, p. 64<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote45anc\" id=\"sdfootnote45sym\">45<\/a> A.J. Gonz\u00e1lez Chaves, o.c., pp. 233-234.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote46anc\" id=\"sdfootnote46sym\">46<\/a> Homil\u00eda en la Ordenaci\u00f3n de 29 sacerdotes del Opus Dei, en Bas\u00edlica Pontificia de San Miguel, en Madrid, 15 de agosto de 1971, en M. Gonz\u00e1lez Mart\u00edn, <em>Creo en la Iglesia\u2026<\/em>, p. 299.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alberto Jos\u00e9 Gonz\u00e1lez Chaves, Seminario Metropolitano de San Ildefonso Toledo, 10 de marzo de 2010 Introducci\u00f3n En Don Marcelo, la idea del sacerdocio no es otra que la de la Iglesia: esa realidad que, cuajada por el amor y nacida del Coraz\u00f3n de Cristo en el Cen\u00e1culo, inflama la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica, atraviesa como una saeta [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":2547,"comment_status":"closed","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"categories":[83],"tags":[],"class_list":["post-2539","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-sobre-don-marcelo"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/c2fdec128b6d9572ec1870bc341c44871.jpg","rttpg_featured_image_url":{"full":["https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/c2fdec128b6d9572ec1870bc341c44871.jpg",1280,720,false],"landscape":["https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/c2fdec128b6d9572ec1870bc341c44871.jpg",1280,720,false],"portraits":["https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/c2fdec128b6d9572ec1870bc341c44871.jpg",1280,720,false],"thumbnail":["https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/c2fdec128b6d9572ec1870bc341c44871-150x150.jpg",150,150,true],"medium":["https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/c2fdec128b6d9572ec1870bc341c44871-300x169.jpg",300,169,true],"large":["https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/c2fdec128b6d9572ec1870bc341c44871-1024x576.jpg",1024,576,true],"1536x1536":["https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/c2fdec128b6d9572ec1870bc341c44871.jpg",1280,720,false],"2048x2048":["https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/c2fdec128b6d9572ec1870bc341c44871.jpg",1280,720,false],"kubio-fullhd":["https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/c2fdec128b6d9572ec1870bc341c44871.jpg",1280,720,false],"jetpack-portfolio-admin-thumb":["https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/c2fdec128b6d9572ec1870bc341c44871.jpg",50,28,false]},"rttpg_author":{"display_name":"P. 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