{"id":2343,"date":"2024-10-08T21:07:39","date_gmt":"2024-10-08T19:07:39","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?p=2343"},"modified":"2024-10-08T23:19:18","modified_gmt":"2024-10-08T21:19:18","slug":"la-fechoria-de-un-nino-que-luego-fue-cardenal-de-toledo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/2024\/10\/08\/la-fechoria-de-un-nino-que-luego-fue-cardenal-de-toledo\/","title":{"rendered":"La trastada de un ni\u00f1o que luego fue cardenal de Toledo"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">D. Santiago Calvo. Publicado en Padre Nuestro, pg. 22, (2012). <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El peque\u00f1o segador y el anciano Sime\u00f3n.<\/h2>\n\n\n\n<p>En Castilla, hasta pasada la mitad del siglo XX, en que se generaliz\u00f3 el uso de las cosechadoras, no era raro ver en muchos pueblos a mujeres, en peque\u00f1os grupos o en parejas, recogiendo las espigas, despu\u00e9s de que los carros hab\u00edan llevado la mies a las eras y antes de que las ovejas entraran en las tierras. Tampoco era raro ver a ni\u00f1os espigadores, que iban por los caminos despu\u00e9s de la salida del sol y sin horario fijo, a recoger lo que ca\u00eda de los carros. Iban sin la pretensi\u00f3n de llenar un costal de cabezas de trigo, como hac\u00edan las mujeres en los rastrojos. Sencillamente se conformaban con hacer lo que llamaban \u00abun gallo de espigas\u00bb y volv\u00edan contentos a casa, llevando la comida para unas pocas gallinas que la familia criaba en el corral.<\/p>\n\n\n\n<p>Sal\u00edan en peque\u00f1os grupos de amigos o vecinos y, algunas veces, muy pocas, sal\u00eda alg\u00fan ni\u00f1o solo. As\u00ed le ocurri\u00f3 un d\u00eda a Marcelo, por no encontrar a ning\u00fan otro compa\u00f1ero por el camino. En su recorrido pas\u00f3 junto a la era del se\u00f1or Mariano Sarabia, amigo de su abuelo. Confiando en esa amistad y viendo la gran parva de trigo que all\u00ed hab\u00eda, entr\u00f3 en la era y cuando estaba haciendo el gallo se present\u00f3 el se\u00f1or Mariano, que le dijo: \u00abNi\u00f1o, \u00bfpero no sabes que lo que est\u00e1s haciendo no se puede hacer? Est\u00e1s robando y eso no se debe hacer\u00bb. Marcelo le contest\u00f3 con naturalidad: \u00abComo Usted es amigo de mi abuelo y tiene tanto trigo, pues cre\u00ed que me dejaba coger unas pocas espigas\u00bb. \u00abS\u00ed, ni\u00f1o \u2013le dijo\u2013 te dejo terminar de hacer el gallo y hazlo bien grande. Pero no vuelvas a coger nada de la era sin permiso. Cuando llegues a casa se lo cuentas a tu madre y a tu abuelo y ver\u00e1s c\u00f3mo te dicen lo mismo que te estoy diciendo yo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Termin\u00f3 de hacer el gallo, que fue mucho m\u00e1s grande que el de otros d\u00edas y, al llegar a casa, su madre le dijo: \u00abPero muy pronto vienes hoy y \u00a1qu\u00e9 gallo tan grande traes!\u00bb El cont\u00f3 lo que le hab\u00eda pasado y la conversaci\u00f3n que hab\u00eda tenido con el se\u00f1or Mariano. La madre le reprendi\u00f3 y le dijo lo mismo que le hab\u00eda dicho el due\u00f1o de la era. Marcelo, muy compungido porque su madre le hab\u00eda insistido en que hab\u00eda robado y eso no se deb\u00eda hacer, respondi\u00f3 con humildad: \u00abPues ahora voy y se lo dejo en la era\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En estas lleg\u00f3 el abuelo, el se\u00f1or Eugenio, que ven\u00eda de la calle. Se enter\u00f3 de lo que hab\u00eda pasado. No pudo aguantar ver a su querido nieto tan triste y le dijo, muy cari\u00f1oso: \u00abNo te preocupes, que Mariano y yo somos muy buenos amigos. No lo devuelvas. Ahora almuerza y qu\u00e9date tranquilo\u00bb. Se sentaron abuelo y nieto, tomaron un buen taz\u00f3n de leche con pan migado y el se\u00f1or Eugenio sali\u00f3 como de costumbre a dar una vuelta hasta la plaza, esta vez con doble motivo: seguir la costumbre de cada d\u00eda y con la idea de tropezarse con su amigo Mariano Sarabia. Y no se equivoc\u00f3, al llegar a la plaza lo encontr\u00f3 paseando tranquilamente, sin preocupaci\u00f3n alguna, y empezaron una conversaci\u00f3n muy animada a costa de la aventura del peque\u00f1o espigador. \u00ab\u00bfQu\u00e9 Eugenio \u2013le dijo el se\u00f1or Mariano\u2013 ya sabes que he tenido hoy un ayudante en la era?\u00bb \u00abPues s\u00ed, \u2013contest\u00f3 Eugenio\u2013 ya me ha contado el ni\u00f1o lo que ha pasado. Ya ves\u2026 cosas de ni\u00f1os y exceso de confianza con los amigos del abuelo\u2026\u00bb \u00abYa le dije \u2013repuso Mariano\u2013 que cogiera un gallo bien grande, pero que no deb\u00eda entrar en las eras sin permiso del due\u00f1o\u00bb. \u00abLo mismo le ha repetido Constanza, su madre \u2013contest\u00f3 el Sr. Eugenio\u2013 y, al insistirle que eso era robar, el ni\u00f1o ha cogido una llorera que no te puedes imaginar. Quer\u00eda ir a devolverte las espigas\u00bb. \u00abHombre, Eugenio, \u00a1eso no! \u2013a\u00f1adi\u00f3 Mariano\u2013 una vez es una vez y un ni\u00f1o es un ni\u00f1o. No es para tanto la cosa\u00bb. Pero te voy a decir algo que te va a gustar, continu\u00f3 el se\u00f1or Mariano: \u00abSe ve que el ni\u00f1o es muy listo y que, adem\u00e1s, es un bendito. Si vieras con que humildad me hablaba. Y c\u00f3mo afina, afina mucho, para ser tan peque\u00f1o. \u00a1Qu\u00e9 manera de hablar un ni\u00f1o tan peque\u00f1o y qu\u00e9 bien se expresa! Dejemos la cosa en paz\u2026 Cosas de ni\u00f1os&#8230; Y te felicito por tener un nieto tan buenazo y tan listo. El chico tiene madera\u00bb. Al se\u00f1or Eugenio le llegaron al alma los elogios que acababa de o\u00edr y asinti\u00f3 muy orgulloso: \u00abAh, eso desde luego, y si Dios nos da vida a ti y a m\u00ed, veremos c\u00f3mo el ni\u00f1o llega muy lejos, y, como ir\u00e1 por el camino recto, sin rodeos, y cuando hable de lo que sea, en el oficio que tenga, a unos les gustar\u00e1 y a otros a lo mejor les va escocer, como te ha hecho cosquillas a ti, cuando te ha dicho que, como tienes mucho, tienes que dar a los dem\u00e1s\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Interesante conversaci\u00f3n la de estos dos sabios de pueblo, dotados de mucho sentido com\u00fan, que rivalizaban en elogios al peque\u00f1o espigador. Y una cuesti\u00f3n que el se\u00f1or Eugenio dej\u00f3 planteada: Sin saber lo que iba a ser su nieto ya anunci\u00f3 que, cuando fuera mayor y hablara, iba llamar la atenci\u00f3n, a unos les iban a gustar y a otras les iban a revolver por dentro. Al fin y al cabo con sus palabras, que parec\u00edan las de un sabio de Grecia, casi reprodujo en el siglo XX lo que dijo el profeta Sime\u00f3n cuando el Ni\u00f1o Jes\u00fas fue presentado en el Templo: \u00abSer\u00e1 piedra de esc\u00e1ndalo para muchos\u00bb. El se\u00f1or Eugenio no lo conoci\u00f3, pues muri\u00f3 poco antes de que Marcelo fuera sacerdote, Pero el se\u00f1or Mariano s\u00ed y, cuando aquel ni\u00f1o lleg\u00f3 a cura y su nombre se hizo famoso, cont\u00f3 la escena vivida por \u00e9l a\u00f1os atr\u00e1s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>D. Santiago Calvo. Publicado en Padre Nuestro, pg. 22, (2012). El peque\u00f1o segador y el anciano Sime\u00f3n. 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