{"id":987,"date":"2024-09-26T17:44:04","date_gmt":"2024-09-26T15:44:04","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=987"},"modified":"2024-09-26T17:44:04","modified_gmt":"2024-09-26T15:44:04","password":"","slug":"la-santisima-virgen-maria-madre-de-dios-y-de-los-hombres","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/la-santisima-virgen-maria-madre-de-dios-y-de-los-hombres\/","title":{"rendered":"La Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, Madre de Dios y de los hombres"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Conferencia pronunciada el 19 de marzo de 1971, viernes de la tercera semana de Cuaresma.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de haberos hablado sobre las ense\u00f1anzas del Se\u00f1or, me corresponde hacerlo hoy sobre un tema muy querido y muy grato al coraz\u00f3n de todo cristiano, el de la sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, Madre de Dios y de los hombres. \u00c9sta es tambi\u00e9n una ense\u00f1anza del Se\u00f1or, del Evangelio, de la Tradici\u00f3n de la Iglesia cat\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p>Y me alegro de poder hacerlo hoy, el d\u00eda en que celebramos la festividad lit\u00fargica de San Jos\u00e9, el esposo santo de Mar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Al hablar de la Sant\u00edsima Virgen, experimento una mezcla de confiada y humilde piedad filial y de sagrado respeto y veneraci\u00f3n que me invita a callar y contemplar.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>El misterio de Mar\u00eda<\/h2>\n\n\n\n<p>El misterio de Mar\u00eda es un buen \u00edndice para medir y valorar el proceso de la fe en un alma cristiana. A medida que se avanza en el deseo de comprender y vivir m\u00e1s y m\u00e1s el Evangelio, se advierte mejor el valor espiritual y la singularidad de esta figura incomparable: Mar\u00eda de Nazaret.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQuer\u00e9is que sea la Biblia la que nos hable? He aqu\u00ed lo que nos dice:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Mi alma engrandece al Se\u00f1or y exulta de j\u00fabilo mi esp\u00edritu en Dios, mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva; por eso todas las generaciones me llamar\u00e1n bienaventurada, porque ha hecho en m\u00ed maravillas el Poderoso, cuyo nombre es Santo. Su misericordia se derrama de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n sobre los que le temen. Despleg\u00f3 el poder de su brazo y dispers\u00f3 a los que se engr\u00eden con los pensamientos de su coraz\u00f3n. Derrib\u00f3 a los potentados de sus tronos y ensalz\u00f3 a los humildes. A los hambrientos los llen\u00f3 de bienes, y a los ricos los despidi\u00f3 vac\u00edos. Acogi\u00f3 a Israel, su siervo, acord\u00e1ndose de su misericordia. Seg\u00fan lo que hab\u00eda prometido a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia para siempre<\/em>(Lc 1, 46-55).<\/p>\n\n\n\n<p>Son las palabras del Magn\u00edficat, que pronunci\u00f3 Mar\u00eda movida por el Esp\u00edritu de Dios. La que es ejemplo de humildad sin igual, se atrevi\u00f3 a decir de s\u00ed misma algo que sobrepasa todos los c\u00e1lculos: <em>Me llamar\u00e1n bienaventurada todas las generaciones.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfDese\u00e1is escuchar la ense\u00f1anza solemne de la Iglesia? Es constante, repetida, caudalosa, llena de exactitud y de belleza. Leo un breve fragmento de la Constituci\u00f3n <em>Lumen Gentium,<\/em> del Vaticano II.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEfectivamente, la Virgen Mar\u00eda, que al anuncio del \u00e1ngel recibi\u00f3 al Verbo de Dios en su alma y en su cuerpo y dio la Vida al mundo, es reconocida y venerada como verdadera Madre de Dios y del Redentor. Redimida de modo eminente, en previsi\u00f3n de los m\u00e9ritos de su Hijo, y unida a \u00c9l con un v\u00ednculo estrecho e indisoluble, est\u00e1 enriquecida con la suma prerrogativa y dignidad de ser la Madre de Dios Hijo, y por eso hija predilecta del Padre y sagrario del Esp\u00edritu Santo; con el don de una gracia tan extraordinaria aventaja con creces a todas las criaturas, celestiales y terrenas. Pero a la vez est\u00e1 unida, en la estirpe de Ad\u00e1n, con todos los hombres que necesitan de la salvaci\u00f3n; y no s\u00f3lo eso, \u2018sino que es verdadera madre de los miembros (de Cristo) &#8230; por haber cooperado con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles, que son miembros de aquella Cabeza\u2019 (San Agust\u00edn, <em>De sacra virginitate,<\/em> 6: PL 40, 399). Por ese motivo es tambi\u00e9n proclamada como miembro excelent\u00edsimo y enteramente singular de la Iglesia y como tipo y ejemplar acabad\u00edsimo de la misma en la fe y en la caridad, y a quien la Iglesia cat\u00f3lica, instruida por el Esp\u00edritu Santo, venera, como a Madre amant\u00edsima, con afecto de piedad filial\u201d (LG 53).<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLa Sant\u00edsima Virgen, predestinada desde la eternidad como Madre de Dios juntamente con la encarnaci\u00f3n del Verbo, por disposici\u00f3n de la divina Providencia, fue en la tierra la Madre excelsa del divino Redentor, compa\u00f1era singularmente generosa entre las dem\u00e1s criaturas y humilde esclava del Se\u00f1or. Concibiendo a Cristo, engendr\u00e1ndolo, aliment\u00e1ndolo, present\u00e1ndolo al Padre en el templo, padeciendo con su Hijo cuando mor\u00eda en la cruz, cooper\u00f3 de forma enteramente impar a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es nuestra madre en el orden de la gracia\u201d (LG 61).<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEsta maternidad de Mar\u00eda en la econom\u00eda de la gracia perdura sin cesar desde el momento del asentimiento que prest\u00f3 fielmente en la Anunciaci\u00f3n, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz hasta la consumaci\u00f3n perpetua de todos los elegidos. Pues asunta a los cielos, no ha dejado esta misi\u00f3n salvadora, sino que con su m\u00faltiple intercesi\u00f3n contin\u00faa obteni\u00e9ndonos los dones de la salvaci\u00f3n eterna. Con su amor materno se cuida de los hermanos de su Hijo, que todav\u00eda peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo, la Sant\u00edsima Virgen es invocada en la Iglesia con los t\u00edtulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. Lo cual, sin embargo, ha de entenderse de tal manera que no reste ni a\u00f1ada nada a la dignidad y eficacia de Cristo, \u00fanico Mediador\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cJam\u00e1s podr\u00e1 compararse criatura alguna con el Verbo encarnado y Redentor; pero, as\u00ed como el sacerdocio de Cristo es participado tanto por los ministros sagrados cuanto por el pueblo fiel de formas diversas, y como la bondad de Dios se difunde de distintas maneras sobre las criaturas, as\u00ed tambi\u00e9n la mediaci\u00f3n \u00fanica del Redentor no excluye, sino que suscita en las criaturas diversas clases de cooperaci\u00f3n, participada de la \u00fanica fuente\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLa Iglesia no duda en confesar esta funci\u00f3n subordinada de Mar\u00eda, la experimenta continuamente y la recomienda a la piedad de los fieles, para que, apoyados en esta protecci\u00f3n maternal, se unan con mayor intimidad al Mediador y Salvador\u201d (LG 62).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQuer\u00e9is m\u00e1s bien apreciar lo que cree y siente el pueblo cristiano sencillo y creyente? Dejadle hablar, o, mejor dicho, hablad vosotros mismos, y vuestros labios recitar\u00e1n en seguida un saludo y una plegaria que por primera vez la tierra escucha a un \u00e1ngel del cielo, y ya no se ha interrumpido nunca \u2013Dios te salve, Mar\u00eda, llena eres de gracia, el Se\u00f1or es contigo, \u00a1bendita t\u00fa entre todas las mujeres&#8230;!<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Una persona humana en la historia de la salvaci\u00f3n: Mar\u00eda, la \u201cMadre\u201d<\/h2>\n\n\n\n<p>Ya hemos reflexionado sobre ello: nuestra historia es historia de salvaci\u00f3n, porque Dios ha entrado en ella y se ha manifestado como Salvador y Redentor. En esta historia nuestra, porque Dios lo ha querido, hay una figura neta y totalmente humana, una mujer, Mar\u00eda, <em>desposada con un hombre llamado Jos\u00e9<\/em> (Lc 1, 27). Ella es, en esta divina y humana historia, la <em>Madre. \u00bfDe d\u00f3nde le viene esto? \u00bfY qu\u00e9 sabidur\u00eda es \u00e9sta que le ha sido dada? \u00bfY estos milagros por sus manos? \u00bfNo es \u00e9ste el carpintero, el hijo de Mar\u00eda?<\/em> (Mc 6, 2-3).<\/p>\n\n\n\n<p>La madre, nuestra madre, la de cada uno de nosotros que nos trajo al mundo, est\u00e1 constitutivamente abierta al misterio de la vida que en ella misma se opera. Todos sabemos por experiencia o por a\u00f1oranza, el caudal de sacrificio, de trabajo, de desvelo, de amor, de una madre, palabra que apenas pronunciada suscita los sentimientos m\u00e1s nobles, y no admite calificativos porque por s\u00ed misma es la luz, fuente, t\u00e9rmino inalcanzable de las m\u00e1s hermosas comparaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda es la madre del Se\u00f1or: <em>vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo a quien pondr\u00e1s por nombre Jes\u00fas<\/em> (Lc 1, 3). El centro del cristianismo no puede ser otro que el misterio de Cristo. Todo lo que se diga de Mar\u00eda ser\u00e1 en funci\u00f3n de ese misterio. Ella es la Madre del Salvador prefigurada y anunciada: <em>Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: \u00e9l te pisar\u00e1 la cabeza mientras acechas t\u00fa su calca\u00f1ar<\/em> (Gn 3, 15).<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas es inseparable de la mujer de la que ha querido nacer: <em>Al llegar la plenitud de los tiempos, envi\u00f3 Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibi\u00e9ramos la filiaci\u00f3n adoptiva<\/em> (Gal 4, 4-6). \u00bfC\u00f3mo ser\u00e1 la apertura de la madre del Hijo de Dios al misterio de la vida y de la vida que llev\u00f3 en su seno? \u00bfC\u00f3mo ser\u00e1 su sacrificio, su trabajo, su desvelo, su amor? \u00bfC\u00f3mo ser\u00e1 la madre cuya carne y cuya sangre lleva el Hijo de Dios? \u00bfComo ser\u00e1 la \u201cmadre\u201d del que es Salvaci\u00f3n y Redenci\u00f3n y vino a ser el Primog\u00e9nito?<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda es la \u201cmadre\u201d de los hombres renovados ya seg\u00fan Dios <em>en justicia y santidad verdaderas<\/em> (Ef 4, 24), para los que Cristo, el hijo de Mar\u00eda, vino a sernos <em>de parte de Dios, sabidur\u00eda, justicia, santificaci\u00f3n y redenci\u00f3n<\/em> (1Cor 1, 30). Cristo, nos ha dicho San Pablo y acabamos de recordar ese texto de su carta a los G\u00e1latas, se hizo hijo de mujer para que recibi\u00e9ramos la filiaci\u00f3n adoptiva de hijos de Dios. Todos en Cristo, hijo de Mar\u00eda, hemos pasado de esclavos a hijos, herederos de Dios: <em>Ya no eres esclavo sino hijo, y si hijo, tambi\u00e9n heredero por voluntad de Dios<\/em> (Gal 4, 7).<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda es la madre del \u00fanico Cristo que ha habido en la tierra, nuestro Salvador y Redentor. No est\u00e1 dividido Cristo (1Cor 1, 3); \u00c9l quiso formar un cuerpo m\u00edstico con nosotros, <em>que siendo muchos no formamos m\u00e1s que un solo cuerpo en Cristo, siendo cada uno por su parte, los unos miembros de los otros<\/em> (Rm 12, 5). Mar\u00eda, miembro a su vez del cuerpo m\u00edstico, es en \u00e9l \u201cla madre\u201d por voluntad divina, porque el Esp\u00edritu Santo descendi\u00f3 sobre ella y la vivific\u00f3 en su papel maternal. Todos hemos sido bautizados en un mismo Esp\u00edritu para constituir un solo Cuerpo, hijos de Dios, coherederos de Cristo. El Esp\u00edritu que por Cristo grita en nosotros \u201cPadre\u201d y que nos permite orar diciendo \u201cPadre nuestro\u201d, \u00bfno nos autoriza como a hermanos de Cristo a llamar \u201cMadre\u201d a Mar\u00eda? \u00bfNos da su herencia divina, y nos negar\u00e1 la madre que tom\u00f3 de nuestra tierra, de nuestro mismo linaje y de nuestra misma carne y sangre?<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas&#8230; dice a su madre: <em>Mujer, ah\u00ed tienes a tu hijo.<\/em> Luego dice al disc\u00edpulo: <em>Ah\u00ed tienes a tu madre<\/em> (Jn 19, 26-27). Y desde aquella hora la humanidad cristiana la acogi\u00f3 por madre. Con ella y como ella tenemos que perseverar en los momentos gozosos de la vida. <em>Y dio a luz a su hijo primog\u00e9nito&#8230; Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes \u00e9l se complace<\/em> (Lc 2, 43-35). <em>Junto a la cruz <\/em><em>de Jes\u00fas estaban su madre, la hermana de su madre, Mar\u00eda, mujer de Cleof\u00e1s, y Mar\u00eda Magdalena<\/em>(Jn 19, 25). Y tambi\u00e9n con ella y como ella sabremos de la gloria del Se\u00f1or:<em>Engrandece mi alma al Se\u00f1or y mi esp\u00edritu se alegra en Dios mi salvador, porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava; por eso desde ahora todas las generaciones me llamar\u00e1n bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso<\/em>(Lc 1, 46-49).<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda es la Madre de Dios y de los hombres, y como madre, con la preocupaci\u00f3n, con la intuici\u00f3n y con la hondura que s\u00f3lo ellas poseen, dice a quien todo lo puede: <em>Hijo, no tienen vino<\/em> (Jn 2, 3) y a nosotros, los hermanos menores del Primog\u00e9nito: Hijos: <em>Haced lo que \u00c9l os diga<\/em> (Jn 2, 5).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Fe, esperanza y caridad, vida del cristiano<\/h2>\n\n\n\n<p>La vida cristiana s\u00f3lo puede definirse por lo que es: <em>una vida,<\/em> no unas normas, no unas obras, no unos valores, no unas acciones virtuosas, que evidentemente han de ser consecuencia de esa vida, la cual no existir\u00eda sin las obras. <em>En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Esp\u00edritu no puede entrar en el Reino de Dios<\/em> (Jn 3, 5). Los seres vivos manifiestan la intensidad del principio vital que los constituyen y expresan su vitalidad; nosotros lo captamos sensiblemente. Todo lo que tiene vida pone de manifiesto: funciones, actos, realizaciones, operaciones. Su expresividad est\u00e1 en relaci\u00f3n con toda una estructuraci\u00f3n din\u00e1mica sana o perturbada: vitalidad de los \u00e1rboles que estallan en brotes, animales heridos, flores marchitas. La vida tiene un cauce, unos organismos, unas normas. Precisamente para que pueda desarrollarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie que conozca el cristianismo, duda de que la vitalidad de un cristiano se expresa en su fe, esperanza y caridad, en los actos concretos de estas tres virtudes b\u00e1sicas y radicalmente esenciales y estructurales en la existencia cotidiana de un cristiano.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada d\u00eda el cristiano tiene que iluminar el mundo con la luz de su fe en Cristo. Esta fe es la que ayuda a realizar lo humano del hombre por encima de la pura exigencia de su condici\u00f3n natural, ya que ser cristiano no se reduce a ser hombre. Supone algo m\u00e1s, no extr\u00ednsecamente yuxtapuesto, sino vitalmente incorporado a las potencias interiores del esp\u00edritu. Es el modo ofrecido por Dios, es la filiaci\u00f3n adoptiva, es el \u201chombre nuevo\u201d; <em>despojaos del hombre viejo con sus obras, y revest\u00edos del hombre nuevo, que se va renovando hasta alcanzar un conocimiento perfecto, seg\u00fan la imagen de su Creador<\/em> (Col 3, 9-10). A los cristianos se les exige vivir seg\u00fan Cristo: <em>Renovar el esp\u00edritu de vuestra mente, <\/em><em>y revestiros del Hombre Nuevo, creado seg\u00fan Dios, en la justicia y santidad de la verdad<\/em>(Ef 4, 23-24).<\/p>\n\n\n\n<p>Se produce una nueva regeneraci\u00f3n en el Esp\u00edritu Santo que lleva a la progresiva formaci\u00f3n de Cristo en el cristiano<em>. <\/em><em>Y vivo, pero no yo, sino que es Cristo quien vive en m\u00ed; la vida que llevo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me am\u00f3 y se entreg\u00f3 a s\u00ed mismo por m\u00ed<\/em> (Gal 2, 20).<\/p>\n\n\n\n<p>En nuestra vida cotidiana pr\u00e1cticamente no hay distinci\u00f3n entre la fe y la esperanza: <em>la fe es garant\u00eda de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven<\/em> (Hb 11, 1)<em>. <\/em><em>Corramos con fortaleza la prueba que se nos propone, fijos los ojos en Jes\u00fas, el que inicia y consuma la fe, el cual, en lugar del gozo que se le propon\u00eda, soport\u00f3 la cruz sin miedo a la ignominia, y est\u00e1 sentado a la diestra del trono de Dios. Fijaos en aquel que soport\u00f3 tal contradicci\u00f3n de parte de los pecadores, para que no desfallezc\u00e1is faltos de \u00e1nimo. No hab\u00e9is resistido todav\u00eda hasta llegar a la sangre en vuestra lucha contra el pecado<\/em>(Hb 12, 1-4).Realmente al creer, esperamos; y esperamos porque creemos. Los hombres no podemos vivir sin esperanza. Somos un continuo proyecto en cuanto a la realizaci\u00f3n de nosotros mismos y en cuanto a la acci\u00f3n exterior a nosotros. Es precisamente esta dimensi\u00f3n radical de nuestra vida la que nos da a sentir el peso de la responsabilidad de los quehaceres, de las realizaciones, y de las tareas a las que nos sentimos llamados. Nuestro coraz\u00f3n est\u00e1 inquieto y no descansar\u00e1 hasta que se encuentre en Dios. \u00c9ste es el \u00faltimo sentido y t\u00e9rmino de la esperanza cristiana.<em>Ahora vemos en un espejo, confusamente. Entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de un modo imperfecto, pero entonces conocer\u00e9 como soy conocido. Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas es la caridad<\/em> (1Cor 13, 12-13). <em>Ahora somos hijos de Dios y a\u00fan no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a \u00c9l, porque le veremos tal cual es. Todo el que tiene esta esperanza en \u00c9l se purifica a s\u00ed mismo, como \u00e9l es puro<\/em>(1Jn 3, 2-3).<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestro amor \u201cen el tiempo\u201d, mientras vivimos de la fe, s\u00f3lo puede ser \u201camor en la esperanza\u201d. Ya somos hijos de Dios, nos acaba de decir San Juan, el Esp\u00edritu Santo habita en nosotros. Podemos amar, pero a\u00fan no en plenitud, caminamos hacia ella. El amor es lo definitivo. <em>Buscad la caridad<\/em> (1Cor 14, 1). Todos los fieles estamos llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfecci\u00f3n del amor (cf. LG 40). La fe, la esperanza y la caridad son los tres grandes caminos ejes en los que consiste formalmente, vitalmente, existencialmente la vida cristiana. No se puede llegar a la caridad sin creer y esperar en Cristo. Creer, esperar y amar eso es vivir para el cristiano, eso es dejarse penetrar el ser de la vida de Cristo que dice el ap\u00f3stol Pablo: <em>Si permanece en vosotros lo que hab\u00e9is o\u00eddo desde el principio, tambi\u00e9n vosotros permanecer\u00e9is en el Hijo y en el Padre, y \u00e9sta es la promesa que \u00e9l mismo os hizo: la vida eterna<\/em> (1Jn 2, 24-25).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El modelo perfecto de la fe, de la esperanza y de la caridad de la Iglesia es Mar\u00eda<\/h2>\n\n\n\n<p>En Cristo no se daban la fe y esperanza, porque era ya desde toda la eternidad el Verbo, y desde su encarnaci\u00f3n en el mundo el amor de Dios manifestado a los hombres. En Cristo la naturaleza humana cumpli\u00f3 siempre la voluntad de Dios, am\u00f3 y se entreg\u00f3 con la plenitud del misterio que nos inunda y embarga y nos hace caer de rodillas en oraci\u00f3n. <em>Y la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo \u00fanico, lleno de gracia y verdad<\/em> (Jn 1, 14).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en Mar\u00eda, s\u00ed. <em>He aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or: h\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra<\/em> (Lc 1, 38). Mar\u00eda, la primera cristiana que crey\u00f3 en el misterio de Cristo, se entrega y abandona a la voluntad de Dios en quien espera. Se pone, con su vida entera, a disposici\u00f3n de la Redenci\u00f3n y Salvaci\u00f3n de los hombres. <em>Quien cumpla la voluntad de Dios, \u00e9se es mi hermano, mi hermana y mi madre<\/em> (Mc 3, 35). Lo hemos pensado muchas veces, seguramente nos ha servido de tema de oraci\u00f3n: la sencillez y sobriedad de las apariciones de Mar\u00eda en el Evangelio. Cuando se la necesita, cuando su misi\u00f3n de madre le hace estar. La actitud de todo cristiano, adoptado por Dios como hijo, coheredero de Cristo \u2013permitidme que lo vuelva a repetir\u2013, elevado a vivir el misterio de amor, que es el misterio de Cristo, ha de ser una imitaci\u00f3n de la actitud de Mar\u00eda: aceptaci\u00f3n humilde de la misi\u00f3n y voluntad divina con la fe, la esperanza y el amor. <em>\u00a1Feliz la que ha cre\u00eddo que se cumplir\u00edan las cosas que le fueron dichas de parte del Se\u00f1or!<\/em> (Lc 1, 45).<\/p>\n\n\n\n<p>Os dec\u00eda el viernes pasado que Dios reina en nuestro coraz\u00f3n en la medida de sus exigencias: \u00a1las de la fe, la esperanza y la caridad! Tambi\u00e9n a Mar\u00eda le fueron exigidas actitudes heroicas.<\/p>\n\n\n\n<p>Al meditar en la Virgen Mar\u00eda, nos damos cuenta de que estamos en presencia de una grandeza religiosa sin l\u00edmites. En Mar\u00eda no hay nada fingido, ni exagerado, ni superficial.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo en ella es piedad, ternura, amor, fe y fortaleza llevadas a su m\u00e1xima expresi\u00f3n, obediencia esplendorosa a la voluntad del Padre, libre asunci\u00f3n de un destino al que es movida en beneficio de los hombres de todos los tiernos.<\/p>\n\n\n\n<p>El cristiano educado en la Iglesia une sus alabanzas de hoy con las que en todos los siglos se han ofrecido a Mar\u00eda, vuelca en ella su amor, acude a su intercesi\u00f3n, y a la vez que la siente tan pr\u00f3xima y cercana, advierte una grandeza a la que no puede llegar.<\/p>\n\n\n\n<p>Es la mujer santa en que se concentra lo m\u00e1s puro de la humanidad de todos los tiempos que ansia a Dios en su coraz\u00f3n. Ha sido voluntad de Dios que sea as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Y es \u00c9l quien ha querido que Mar\u00eda Sant\u00edsima tenga una presencia activa y operante sobre el coraz\u00f3n y el alma de los fieles, y por eso no habr\u00e1 comunidad cristiana aut\u00e9ntica mientras ella no aparezca en el lugar que le corresponde: Mar\u00eda Sant\u00edsima alabada, amada, reconocida, suplicada e imitada.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el principio el pueblo cristiano lo entendi\u00f3 as\u00ed y crey\u00f3 que la Virgen Mar\u00eda es la Madre del Se\u00f1or y Madre de los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda es adem\u00e1s la encarnaci\u00f3n viva de la oraci\u00f3n de la Iglesia, y en uni\u00f3n con ella perseveraban en oraci\u00f3n los Ap\u00f3stoles y los disc\u00edpulos primeros (cf. Hch 1, 14). La Iglesia no puede vivir sin oraci\u00f3n. Precisamente porque es una Iglesia que peregrina hacia Dios, ha de estar permanentemente en una actitud de elevaci\u00f3n, de s\u00faplica, de adoraci\u00f3n y contemplaci\u00f3n de Dios a trav\u00e9s de los velos de este mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia en el mundo es como Cristo en el tiempo, que viviendo entre los hombres buscaba sin cesar la comunicaci\u00f3n con el Padre. Tiene que haber siempre en la Iglesia al menos una porci\u00f3n selecta de sus hijos que, a imitaci\u00f3n de nuestra Se\u00f1ora, sigan este ejemplo de Jes\u00fas. Son los contemplativos, las almas orantes, lo m\u00e1s delicado del Cuerpo M\u00edstico, los que frente a los olvidos y miserias en que incurrimos los m\u00e1s, guardan todas estas cosas en su coraz\u00f3n y viven una vida de fe, obediente, sumisa, callada, adoradora, activa, pura, fuerte y humilde. Aunque la Iglesia quedara reducida a muy pocas personas en la tierra, no faltar\u00eda nunca en ella la oraci\u00f3n de algunos, que siguiendo los pasos de Mar\u00eda, la Madre, mantendr\u00edan el ejemplo vivo de la uni\u00f3n con Dios en el aspecto m\u00e1s noble, para demostrar as\u00ed que el cristianismo no se reduce a una \u00e9tica o un c\u00f3digo moral, sino que es comunicaci\u00f3n de vida divina a los hombres, uni\u00f3n m\u00edstica, adoraci\u00f3n, contemplaci\u00f3n silenciosa, s\u00faplica de gracias necesarias para la totalidad del pueblo cristiano y aun para la humanidad que no conoce a Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p>La oraci\u00f3n en la Iglesia es y ser\u00e1 ineludible, forma parte de su misterio y de su vida, y la Virgen Sant\u00edsima desde los albores del cristianismo es y ser\u00e1 siempre el modelo del pueblo cristiano en esta actitud fundamental. Se comprende muy bien, frente a tantos desconciertos y errores del momento actual, que el reciente nombrado obispo de Rotterdam, a quien han hecho tanta oposici\u00f3n contestataria diversos grupos de Holanda, haya dicho: Lo que se necesita es una Iglesia que hable menos y que rece m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>No puedo silenciar un nombre que, seguramente hab\u00e9is estado esperando que pronunciara, el del hombre que mereci\u00f3 la dicha de tener a Mar\u00eda por esposa: Jos\u00e9. Verdaderamente es maravillosa su rectitud y su sobriedad. En el Nuevo Testamento todo est\u00e1 en funci\u00f3n de la Redenci\u00f3n y Salvaci\u00f3n de los hombres, del misterio de Cristo. Jos\u00e9 aparece en el momento necesario. Sinceramente, no nos es dif\u00edcil pensar en la talla interior de este hombre. El hombre a quien Cristo ante los ojos de todos sus contempor\u00e1neos llam\u00f3 \u201cpadre\u201d; el hombre que les gan\u00f3 \u2013a Mar\u00eda y a Jes\u00fas\u2013 el pan, con el sudor de su frente, con la fuerza de sus manos, con la honradez de su trabajo. \u00a1La familia de Nazaret! No es un sentimentalismo, es la vida real y dura de una familia que sinti\u00f3 como ninguna en su misma constituci\u00f3n las exigencias de la fe, de la esperanza y de la caridad cristiana. Se nos dio la felicidad que a ellos les crucific\u00f3. Sirvieron a todos, no hab\u00edan venido ninguno de los tres a ser servidos, sino a servir. Estuvieron en funci\u00f3n de todos los hombres. Su historia la vivieron para que nosotros fu\u00e9ramos salvados, y nuestra historia fuera \u201chistoria de salvaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiero terminar recitando esta oraci\u00f3n a nuestra Se\u00f1ora, compuesta por uno de los m\u00e1s ilustres te\u00f3logos modernos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Oraci\u00f3n a nuestra Se\u00f1ora<\/h2>\n\n\n\n<p>\u201cVirgen santa, verdadera madre del Verbo eterno, que has venido a nuestra carne y nuestro destino; mujer que has concebido en la fe y en tu seno bendito la salvaci\u00f3n de todos nosotros; madre, pues, de todos los redimidos, siempre viviente en la vida de Dios, cercana a nosotros, pues los unidos a Dios son los que nos est\u00e1n m\u00e1s pr\u00f3ximos.<\/p>\n\n\n\n<p>Con agradecimiento de redimidos alabamos la eterna misericordia de Dios que te ha redimido. Cuando comenzaste a existir, ya te hab\u00eda prevenido la gracia santificante y esa gracia que no tuvo en ti que arrepentirse, ya no te ha dejado de la mano. T\u00fa has seguido el camino de todos los hijos de esta tierra, los estrechos senderos que parecen serpentear sin sentido fijo a trav\u00e9s del tiempo, caminos de vulgaridad y de dolores hasta la muerte. Pero caminos de Dios, senderos de la fe y del incondicional <em>h\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Y en un momento que ya no se borrar\u00e1 de la historia, sino que permanece por toda la eternidad, tu palabra fue la palabra de la humanidad y tu s\u00ed se convirti\u00f3 en el am\u00e9n de toda la creaci\u00f3n al s\u00ed decidido de Dios; y t\u00fa concebiste en la fe y en tu seno al que es al mismo tiempo Dios y hombre, creador y criatura, felicidad inmutable y que no conoce cambio y destino amargo, consagrado a la muerte, destino de esta tierra, Jesucristo, nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>Por nuestra salvaci\u00f3n has dicho el s\u00ed; por nosotros has pronunciado tu <em>h\u00e1gase<\/em>; como mujer de nuestra raza has acogido para nosotros y cobijado en tu seno y en tu amor a aqu\u00e9l en cuyo solo nombre hay salvaci\u00f3n en el cielo y en la tierra. Tu s\u00ed ha permanecido siempre y ya nunca ha vuelto atr\u00e1s. Ni aun cuando se hizo patente en la historia de la vida y de la muerte de tu Hijo qui\u00e9n era en realidad aqu\u00e9l a quien t\u00fa hab\u00edas concebido; el Cordero de Dios, que tom\u00f3 sobre s\u00ed los pecados del mundo, el Hijo del hombre a quien el odio contra Dios de nuestra generaci\u00f3n pecadora clav\u00f3 en la cruz, y siendo luz del mundo, arroj\u00f3 a las tinieblas de la muerte que era nuestro propio y merecido destino.<\/p>\n\n\n\n<p>De ti, Virgen santa, que como segunda Eva y madre de los vivientes estabas de pie bajo la cruz del Salvador \u2013\u00e1rbol verdadero de vida\u2013 se manten\u00eda en pie la humanidad redimida, la Iglesia, bajo la cruz del mundo, y all\u00ed conceb\u00eda el fruto de la redenci\u00f3n y de la salvaci\u00f3n eterna.<\/p>\n\n\n\n<p>He aqu\u00ed reunida, Virgen y Madre, esta comunidad de redimidos y bautizados; aqu\u00ed precisamente, en esta comunidad, en donde se hace visible y palpable la comunidad de todos los santos, imploramos tu intercesi\u00f3n. Pues la comuni\u00f3n de los santos comprende a los de la tierra y a los del cielo, y en ella nadie vive solo para s\u00ed. Ni siquiera t\u00fa. Por eso ruegas por todos los que en esta comuni\u00f3n est\u00e1n unidos a ti como hermanos y hermanas en la redenci\u00f3n. Y por eso mismo confiamos e imploramos tu poderosa intercesi\u00f3n, que no niegas ni aun a los que no te conocen. Pide para nosotros la gracia de ser verdaderamente cristianos: redimidos y bautizados, sumergidos cada vez m\u00e1s en la vida y en la muerte de nuestro Se\u00f1or, viviendo en la Iglesia y en su Esp\u00edritu, adoradores de Dios en esp\u00edritu y en verdad, testigos de la salvaci\u00f3n por toda nuestra vida y en todas las situaciones, hombres que pura y disciplinadamente, y buscando sinceramente la verdad en todo, configuran su vida con valent\u00eda y humildad, vida que es una vocaci\u00f3n santa, una llamada santa de Dios. Pide que seamos hijos de Dios que, seg\u00fan la palabra del Ap\u00f3stol, han de lucir como estrellas en el seno de una generaci\u00f3n corrompida y depravada (Fil 2, 15), alegres y confiados, edificando sobre el Se\u00f1or de todos los tiempos, hoy y siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos consagramos a ti, santa Virgen y Madre, porque ya te estamos consagrados. Como no estamos solamente fundamentados sobre la piedra angular, Jesucristo, sino tambi\u00e9n sobre los Ap\u00f3stoles y los Profetas, as\u00ed tambi\u00e9n nuestras vidas y nuestra salvaci\u00f3n dependen permanentemente de tu s\u00ed, de tu fe y del fruto de tus entra\u00f1as. As\u00ed pues, al decir que queremos consagrarnos a ti, no hacemos m\u00e1s que reconocer nuestra voluntad de acoger en esp\u00edritu, de coraz\u00f3n y de hecho, en toda la realidad del hombre interior y exterior, lo que ya somos. Con una consagraci\u00f3n semejante intentamos s\u00f3lo acercarnos en la historia de nuestra vida a la historia de la salvaci\u00f3n que Dios ha efectuado y en la que ya ha dispuesto de nosotros. Nos llegamos a ti, porque en ti sucedi\u00f3 nuestra salvaci\u00f3n y t\u00fa la concebiste.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya que estamos consagrados y nos consagramos a ti, mu\u00e9stranos a Aqu\u00e9l que ha sido consagrado en tu gracia, Jes\u00fas, el bendito fruto de tus entra\u00f1as; mu\u00e9stranos a Jes\u00fas, el Se\u00f1or y Salvador, la luz de la verdad y advenimiento de Dios a nuestro tiempo; mu\u00e9stranos a Jes\u00fas que ha padecido verdaderamente y verdaderamente ha resucitado, Hijo del Padre e hijo de la tierra, porque es tu Hijo; mu\u00e9stranos a aqu\u00e9l en quien realmente somos liberados de las fuerzas y potencias que todav\u00eda vagan bajo el cielo, liberados aun cuando el hombre de la tierra les permanezca sumiso; mu\u00e9stranos a Jes\u00fas ayer, hoy y por la eternidad. Dios te salve, Mar\u00eda, llena eres de gracia&#8230; Am\u00e9n\u201d<sup><a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Karl Rahner, <em>Mar\u00eda, Madre del Se\u00f1or,<\/em> Barcelona, 1967, 139-143.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada el 19 de marzo de 1971, viernes de la tercera semana de Cuaresma. Despu\u00e9s de haberos hablado sobre las ense\u00f1anzas del Se\u00f1or, me corresponde hacerlo hoy sobre un tema muy querido y muy grato al coraz\u00f3n de todo cristiano, el de la sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, Madre de Dios y de los hombres. \u00c9sta [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[62,40],"doc_tag":[],"class_list":["post-987","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-cuaresma-1971","doc_category-la-santisima-virgen-maria"],"year_month":"2026-05","word_count":5197,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. 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