{"id":985,"date":"2024-09-26T17:42:42","date_gmt":"2024-09-26T15:42:42","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=985"},"modified":"2024-09-26T17:42:42","modified_gmt":"2024-09-26T15:42:42","password":"","slug":"las-ensenanzas-del-senor","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/las-ensenanzas-del-senor\/","title":{"rendered":"Las ense\u00f1anzas del Se\u00f1or"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Conferencia pronunciada el 12 de marzo de 1971, viernes de la segunda semana de Cuaresma.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi prop\u00f3sito hoy es hablaros de las ense\u00f1anzas del Se\u00f1or. De algunas de las m\u00e1s fundamentales, porque es imposible pretender hacer una exposici\u00f3n completa en una o en muchas conferencias que pudiera pronunciar. Las ense\u00f1anzas del Se\u00f1or constituyen el tema \u00fanico de la predicaci\u00f3n de la Iglesia a lo largo de los siglos. Desde que Cristo subi\u00f3 a los cielos, los Ap\u00f3stoles y todos sus sucesores en el tiempo vienen predicando las ense\u00f1anzas del Se\u00f1or. Son antiguas, son siempre nuevas, son inagotables.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 puedo deciros hoy, mis queridos oyentes, los que est\u00e1is aqu\u00ed en la Catedral y los que escuch\u00e1is a trav\u00e9s de la Radio, sobre lo que Cristo nos mostr\u00f3 y nos revel\u00f3? Intentar\u00e9 ofreceros algunos de los puntos m\u00e1s esenciales y m\u00e1s vivos de su mensaje.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Fe en la persona de Cristo<\/h2>\n\n\n\n<p><em>El que crea en M\u00ed tendr\u00e1 vida eterna<\/em>(Jn 6, 40).<\/p>\n\n\n\n<p>He aqu\u00ed la primera y m\u00e1s fundamental afirmaci\u00f3n que Jes\u00fas hace de S\u00ed mismo, la de mostrarse como plenitud de verdad, que nos lleva a la vida eterna.<\/p>\n\n\n\n<p>Para cada uno de nosotros, \u00bfqu\u00e9 es la verdad? No s\u00e9 realmente qu\u00e9 es para vosotros. Cuando reflexiono honda y sinceramente, s\u00ed que s\u00e9 lo que es para m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfEs la verdad una convicci\u00f3n a la que hay que responder con la vida? No, eso ser\u00e1 una consecuencia de la verdad pose\u00edda. \u00bfEl saber, la ciencia, la t\u00e9cnica, el progreso, la comodidad, el bienestar personal, un amor, la ayuda mutua, el servicio, la superaci\u00f3n, el poder? No, estas pueden ser manifestaciones, complementos, actitudes vitales, exigencias de la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Para Cristo la verdad es una persona: \u00c9l mismo. <em>Yo soy la verdad <\/em>(Jn 14, 6), fuente y origen de todas las realizaciones concretas y visibles. Cristo, que vimos era \u201cafirmaci\u00f3n de Dios\u201d, lo primero que nos ense\u00f1a es a creer en \u00c9l, como base y fundamento de todo su mensaje.<\/p>\n\n\n\n<p>La buena nueva de Cristo, el Evangelio tal como nos lo exponen sus cuatro narradores, nos quiere llevar a esto precisamente: a creer en Jesucristo. El Evangelio de San Juan, por ejemplo, presenta toda la realidad exterior, los detalles m\u00e1s anecd\u00f3ticos, como signo de otra realidad m\u00e1s profunda: la vida, la verdad, la luz que es Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>La ense\u00f1anza del Se\u00f1or no es un sistema doctrinal abstracto, es su propia persona:<em>Yo soy la luz del mundo, el que me siga no anda en tinieblas, sino que tendr\u00e1 la luz de la vida<\/em>(Jn 8, 12).<em>Si permanec\u00e9is en mi palabra, ser\u00e9is en verdad mis disc\u00edpulos, y conocer\u00e9is la verdad, y la verdad os librar<\/em>\u00e1(Jn 8, 31-32).<em>Si os digo la verdad, \u00bfpor qu\u00e9 no me cre\u00e9is?<\/em>(Jn 8, 46).<em>En verdad, en verdad os digo, si alguno guarda mi palabra jam\u00e1s ver\u00e1 la muerte<\/em>(Jn 8. 51). Creer en Jesucristo no es s\u00f3lo creer que es verdad lo que \u00c9l dijo; eso es si quer\u00e9is, o bien un punto inicial para llegar a lo m\u00e1s hondo, la afirmaci\u00f3n de que \u00c9l es la verdad, bien una consecuencia de esta misma afirmaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Ha habido muchos maestros que han ense\u00f1ado cosas verdaderas. No basta afirmar que Cristo es el m\u00e1s grande maestro de la verdad. Si s\u00f3lo fuera eso, \u00c9l mismo estar\u00eda sometido a la verdad que ense\u00f1aba. Hay que afirmar que es la verdad misma; y, en consecuencia, creer en \u00c9l es creer que \u00c9l es la verdad y seguirle, hacerse disc\u00edpulo suyo con toda la vida: conocimiento, sentimiento, tendencia, actividad.<\/p>\n\n\n\n<p>Creer en Jesucristo es enfocar realmente todo, absolutamente todas nuestras realidades y problemas con su propia luz, y vivir conscientes de que es vida lo que \u00c9l nos dice que es vida, y muerte lo que nos dice que es muerte. Creer en Jesucristo es creer que todo lo que ocurre en nuestra vida, no son s\u00f3lo hechos naturales, hijos de nuestra situaci\u00f3n concreta y producto de la historia; todo es amor, prueba, ayuda, sacrificio, gloria, mensaje que viene de nuestro Padre Dios. Jesucristo lo llama: providencia, voluntad, amor, camino, ley de Dios, que todo es uno. <em>Por eso el Padre me ama, porque doy mi vida para tomarla de nuevo&#8230; tal es el mandato que del Padre he recibido<\/em> (Jn 10, 17-18).<\/p>\n\n\n\n<p>La pr\u00e1ctica de la voluntad de Dios, \u00e9sta es realmente la vida cristiana. Creer en Jesucristo es creerle como verdad e imitarle. Con \u00c9l, por \u00c9l y en \u00c9l entrar\u00e1 en el reino de cielos el que haga la voluntad del Padre: <em>no todo el que diga: Se\u00f1or, Se\u00f1or, entrar\u00e1 en el Reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial<\/em> (Mt 7, 21); <em>el que oiga mis palabras y las ponga en pr\u00e1ctica, ser\u00e1 como el hombre prudente que edific\u00f3 su casa sobre roca<\/em> (Mt 7, 24). Entrar\u00e1 en el reino el que haga de la voluntad de Dios su alimento cotidiano: <em>mi alimento es hacer la voluntad del que me envi\u00f3 y acabar su obra<\/em> (Jn 4, 34). El que la haga ley de su vida: <em>no busco mi voluntad sino la voluntad del que me envi\u00f3 <\/em>(Jn 5, 30).<\/p>\n\n\n\n<p>El ejemplo de Cristo nos ense\u00f1a una norma y un camino muy concretos para nuestra vida y una actitud fundamental en nuestra oraci\u00f3n: <em>Padre, no se haga mi voluntad sino la tuya<\/em> (Lc 22, 42) y <em>h\u00e1gase tu voluntad as\u00ed en el cielo como en la tierra<\/em> (Mt 6, 10). S\u00f3lo as\u00ed se ir\u00e1 abriendo nuestro sentido cristiano de la vida; sentiremos una nueva energ\u00eda para luchar primero contra nuestro propio ego\u00edsmo y orgullo, y despu\u00e9s contra las dificultades; viviremos con la alegr\u00eda, fruto del sacrificio y del esfuerzo, del que noble y lealmente cumple la ley de Dios, su voluntad, que le da plenitud y perfecci\u00f3n; nos iremos sintiendo con la fuerza que da la <em>potestad de ser hijos de Dios<\/em> (Jn 1, 12). Imitar a Cristo en vida y en muerte, para poder decir como \u00c9l: <em>todo est\u00e1 cumplido <\/em>(Jn 19, 30), <em>Padre, en tus manos pongo mi esp\u00edritu<\/em> (Lc 23, 46).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El reino de Dios<\/h2>\n\n\n\n<p><em>Recorr\u00eda Jes\u00fas toda Galilea, ense\u00f1ando en sus sinagogas, proclamando la buena nueva del Reino<\/em> (Mt 4, 23). El reino de Dios informa toda la actividad de Jesucristo, es el centro de su doctrina y de su propio destino. Siempre habla de su reino, y nos lo hace pedir constantemente en nuestra oraci\u00f3n: <em>venga tu Reino<\/em> (Mt 6, 10; Lc 11, 2). Su naturaleza y sus exigencias son claras para los que las quieren escuchar: evangelizar a los pobres, a los que se sienten y saben criaturas pecadoras, llevar la libertad a los oprimidos y esclavizados, dar luz a los ciegos, saciar el hambre y la sed de los que tienen hambre y sed de justicia, dar paz a los que padecen persecuci\u00f3n por la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay que creer en Jesucristo para que venga a nosotros el reino de Dios. Porque s\u00f3lo \u00c9l conoce al Padre, cuyo es el Reino que ofrece. <em>Nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aqu\u00e9l a quien el Hijo se lo quiera revelar<\/em>(Mt 11, 27);<em>nadie va al Padre sino por m\u00ed; si me conoc\u00e9is a m\u00ed, conocer\u00e9is tambi\u00e9n a mi Padre. Desde ahora le conoc\u00e9is y le hab\u00e9is visto<\/em>(Jn 14, 6-7).<em>Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre est\u00e1 en m\u00ed<\/em>(Jn 14, 11).<\/p>\n\n\n\n<p>Son afirmaciones limpias, rotundas, cuyo sentido captan las almas sencillas que saben creer y amar. Por Cristo, al Padre. Y se logra el conocimiento y la uni\u00f3n, dicha incomparable de los buscadores de la verdad. El Evangelio es afirmaci\u00f3n, no perplejidad ni duda. Damos muchas vueltas y rodeos para llegar a las afirmaciones sencillas del Se\u00f1or. Nuestro hablar no es ya el \u201cs\u00ed\u201d y el \u201cno\u201d limpio y sincero. El Evangelio es una revelaci\u00f3n tan honda sobre la naturaleza de nuestra fe, y una demostraci\u00f3n tan seria y visible de la realidad del Dios santo y vivo, manifestada en Jesucristo, que muchas veces los hombres no hacemos m\u00e1s que desfigurarlo y deformarlo. Nuestra palabra y nuestros escritos tendr\u00edan que ir siempre precedidos de una oraci\u00f3n de humilde escucha al mensaje cristiano. Jam\u00e1s hablar, ni escribir bajo la tentaci\u00f3n de la pol\u00e9mica mezquina en que nuestro yo lo mancha todo, o por af\u00e1n de espectacularidad y brillantez.<\/p>\n\n\n\n<p>Exigencia del Reino es la sinceridad en el bien.<em>Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos&#8230;; cuando hagas limosnas que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha&#8230;; cuando or\u00e9is, no se\u00e1is como los hip\u00f3critas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres;&#8230; y al orar, no charl\u00e9is mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrer\u00eda van a ser escuchados&#8230;; si vosotros perdon\u00e1is a los hombres sus ofensas, os perdonar\u00e1 tambi\u00e9n a vosotros vuestro Padre celestial&#8230;; cuando ayun\u00e9is, no pong\u00e1is cara triste, como los hip\u00f3critas, que desfiguran su rostro para que los hombres noten que ayunan&#8230;; cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que est\u00e1 all\u00ed, en lo secreto&#8230;; no os amonton\u00e9is tesoros en la tierra&#8230; no pod\u00e9is servir a Dios y al dinero<\/em>(Mt 6, 1-21).<em>Si tu ojo derecho es ocasi\u00f3n de pecado, s\u00e1catelo y arr\u00f3jalo de ti&#8230;; si tu mano derecha te es ocasi\u00f3n de pecado, c\u00f3rtatela y arr\u00f3jala de ti<\/em>(Mt 5, 29-30).<\/p>\n\n\n\n<p>El Reino s\u00f3lo podr\u00e1n acogerlo en su coraz\u00f3n los sencillos, los humildes. Los sabios y prudentes de este mundo est\u00e1n demasiado llenos de s\u00ed mismos, de sus ideas, de sus seguridades, de su sentido com\u00fan, de su inteligencia eficaz y pr\u00e1ctica, de su misi\u00f3n en la sociedad. <em>Te bendigo, Padre, Se\u00f1or del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y se las has revelado a los peque\u00f1os <\/em>(Mt 11, 25).<\/p>\n\n\n\n<p>El reino de Dios es el tesoro escondido en el campo, la perla preciosa que al encontrarla hay que vender todo cuanto se tiene para poseerla.<em>El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, lo vuelve a esconder y, por la alegr\u00eda que le da, va, vende cuanto tiene y compra el campo aquel. Tambi\u00e9n es semejante el Reino de los cielos a un<\/em> <em>mercader que anda buscando perlas finas, y que al encontrar una de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra<\/em>(Mt 13, 44-46).El hombre que de verdad hace esto es el que ha descubierto que todo cuanto posee y pueda poseer no es nada ante el valor excepcional del reino de Dios que se instaura en su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta superioridad del reino de los cielos es absoluta, por encima del amor, de las relaciones humanas, del trabajo, de la creaci\u00f3n art\u00edstica. Si por una llamada, por una exigencia de Dios fuera necesario dejar, sacrificar algo, incluso recto, grande, noble, bueno, habr\u00eda que hacerlo. Por encima de lo m\u00e1s recto, de lo m\u00e1s grande, de lo m\u00e1s noble, de lo m\u00e1s bueno en el orden humano, est\u00e1 el reino de Dios. Es la realidad esencial que hay que conseguir a costa de todo lo que sea, sin condiciones. Si alguno va a Cristo y no se desprende de sus padres, de sus hijos, de su marido, de su mujer, de su propia vida, <em>no puede ser disc\u00edpulo m\u00edo. El que no lleve su cruz y venga en pos de m\u00ed, no puede ser mi disc\u00edpulo<\/em> (Lc 14, 26-27).<\/p>\n\n\n\n<p>Es quiz\u00e1 \u00e9sta una de las ense\u00f1anzas m\u00e1s fuertes, y tambi\u00e9n de las m\u00e1s hermosas, del Evangelio. Es la clave para distinguir a los verdaderos seguidores de Jes\u00fas. Los que se han encontrado frente a este \u201cabsoluto\u201d del Reino, tan exigente y comprometedor, y se han decidido a comprar la perla y a buscar el escondido tesoro, no lo han hecho sin l\u00e1grimas nunca, y acaso sin sangre, pero el rostro de su alma ha ido ba\u00f1\u00e1ndose poco a poco en una luz divina que el mundo s\u00f3lo puede conocer a trav\u00e9s de ellos. Para \u00e9stos, los verdaderos h\u00e9roes, aunque esta palabra les causa hast\u00edo por estar tan profanada, no hay turbaciones de ning\u00fan Concilio Vaticano II, no hay Iglesia atrasada y anacr\u00f3nica, no hay alienaciones deformantes en la pr\u00e1ctica de la virtud. Est\u00e1n por encima de los concilios, \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s por encima de la algarab\u00eda y el reformismo de los posconcilios!<\/p>\n\n\n\n<p>El reino de Dios penetra en el coraz\u00f3n humano, se enra\u00edza en \u00e9l como la semilla depositada en la tierra y como ella crece y se desarrolla. Est\u00e1 en el coraz\u00f3n en un continuo devenir hasta colmar la posibilidad de nuestra realizaci\u00f3n. No es un reino abstracto, vive en la \u201cvida\u201d de los hombres, en su inteligencia, en sus amores, en sus trabajos: vive y fecundiza con esta vida nuevas ramas. Sabremos en qu\u00e9 medida reina Dios en nuestro coraz\u00f3n seg\u00fan sea la medida de sus exigencias reales en nuestra vida cotidiana; en la medida en que tengamos conciencia de \u00c9l, en la medida en que nuestras formas de actuar y pensar est\u00e9n conformes con \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo hemos o\u00eddo muchas veces y te\u00f3ricamente lo sabemos. Son dos programas de felicidad muy distintos los que nos dictan Cristo y nuestra prudencia humana. Para el mundo, en el sentido en que hablaba de \u00e9l el viernes pasado, es feliz el que nada en la abundancia, en el dinero, en el placer, el poderoso, el que triunfa, el que domina, el que se impone, el que no sufre, el que no tiene dolor.<\/p>\n\n\n\n<p>En el reino de Dios ser\u00e1n bienaventurados los sencillos, los que reconocen su limitaci\u00f3n, los que por su pobreza se colocan en actitud de humildad y dependencia del Padre, los que vencen por el silencio interior, por la bondad y misericordia de su coraz\u00f3n, los que tienen hambre y sed de justicia \u2013justicia que s\u00f3lo puede ser \u201cplenitud y justicia\u201d cuando est\u00e1 cimentada en la caridad\u2013, y los que padecen persecuci\u00f3n a causa de esa misma justicia; es decir, son bienaventurados aquellos hombres y mujeres que tienen pureza interior y paz. \u00c9sos son los verdaderamente fuertes, porque su mirada, reflejo de su coraz\u00f3n, es limpia, y porque luchar para fundar y vivir una paz verdadera es mucho m\u00e1s dif\u00edcil y arriesgado que desencadenar una guerra, una controversia, un conflicto de intereses que pueden separar hasta el odio, el rencor y la venganza.<\/p>\n\n\n\n<p>Cristo habla de la actitud personal, la que hemos de tener cada uno de nosotros. Es f\u00e1cil exigir y condenar a los dem\u00e1s; lo propio de la responsabilidad y cualidad humano-cristiana es exigirse a s\u00ed mismo y ser misericordioso con los dem\u00e1s. Los que viven en esa bienaventuranza evang\u00e9lica poseen una fuerza profunda, interior, liberadora y vencedora que se va adue\u00f1ando de ellos, y suyo ser\u00e1 el reino de los cielos, poseer\u00e1n la tierra, ser\u00e1n consolados, alcanzar\u00e1n su plenitud, la misericordia, ver\u00e1n a Dios y ser\u00e1n hijos suyos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El Dios que Cristo revela es: Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo<\/h2>\n\n\n\n<p>Nos lo ha manifestado el Se\u00f1or: Dios es amor, relaci\u00f3n; Dios es Padre, Hijo y Esp\u00edritu de bondad, de santidad, de verdad y de vida. Todo amor, toda relaci\u00f3n de Dios hacia nosotros es hija de la vida trinitaria. <em>En esto consiste el amor; no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que \u00c9l nos am\u00f3 y nos envi\u00f3 a su Hijo<\/em> (1 Jn 4, 10). El que ama conoce a Dios porque Dios es amor y <em>quien no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor<\/em> (1 Jn 4, 8).<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, el Se\u00f1or de nuestra historia personal, nos ha revelado el inmenso gozo que sobre inunda y sobrepasa todo gozo: la comunicaci\u00f3n de la vida \u00edntima de Dios que estamos llamados a gozar y a vivir. Dios no es un Dios solitario; es comuni\u00f3n vital en el conocimiento y en el amor. Cristo nos ha revelado su relaci\u00f3n con el Padre: se conocen, se aman. En su existencia terrena el Verbo enriqueci\u00f3 la naturaleza humana haciendo siempre lo que era del agrado del Padre. Esta vida de amor y conocimiento es la que nos viene a dar:<em>Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros&#8230; Cons\u00e1gralos en la verdad&#8230; Que todos sean uno. Como t\u00fa, Padre, en mi y yo en ti, que ellos tambi\u00e9n sean uno en nosotros&#8230;, yo les he dado la gloria que t\u00fa me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y t\u00fa en m\u00ed, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que t\u00fa me has enviado y que yo les he amado a ellos como t\u00fa me has amado a m\u00ed. Padre, quiero que donde yo est\u00e9 est\u00e9n tambi\u00e9n conmigo&#8230; Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguir\u00e9 dando a conocer, para que el amor con que t\u00fa me has amado est\u00e9 en ellos y yo en ellos<\/em>(Jn 17, 11-26).<\/p>\n\n\n\n<p>El esp\u00edritu de Dios crea y renueva la faz de la tierra, es el Esp\u00edritu que mueve e impulsa a Cristo. \u00c9l realiza la obra de la encarnaci\u00f3n y consagra al enviado del Padre:<em>Bautizado tambi\u00e9n Jes\u00fas y puesto en oraci\u00f3n, se abri\u00f3 el cielo, y baj\u00f3 sobre \u00e9l el Esp\u00edritu Santo en forma corporal, como una paloma; y vino una voz del cielo: T\u00fa eres mi hijo amado, en ti me complazco<\/em>(Lc 3, 21-22).Vive en \u00c9l y le orienta;<em>Jes\u00fas, lleno del Esp\u00edritu Santo, se volvi\u00f3 del Jord\u00e1n, y fue llevado por el Esp\u00edritu al desierto<\/em>(Lc 4, 1).Este mismo Esp\u00edritu, el propio Esp\u00edritu del Padre y del Hijo es el que Cristo promete:<em>Cuando venga \u00e9l, el Esp\u00edritu de la verdad, os guiar\u00e1 hasta la verdad completa<\/em>(Jn 16, 13<em>). <\/em>La Iglesia, nace del Esp\u00edritu de Dios y \u00c9l la conduce. \u00c9l<em>convencer\u00e1 al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio<\/em> (Jn 15, 8).<\/p>\n\n\n\n<p>La Trinidad, el gran misterio de la vida \u00edntima de Dios, no s\u00f3lo se revela a los hombres, sino que se les da y comunica. El cristiano es el que vive en el amor de Dios y en esa misma fuente alimenta su amor a los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>He insistido muchas veces en este punto: el amor cristiano. Es cierto, todos estamos convencidos de que s\u00f3lo nos salvar\u00e1 el amor, de que s\u00f3lo crecemos en el amor, de que el amor es la vida y respiraci\u00f3n del hombre. Pero el amor que realiza, el amor que salva, el amor que llega a las \u00faltimas consecuencias es el amor que nace de Dios y acaba en Dios, el que nace y brota de la \u00fanica fuente que existe: la vida misma de Dios. El m\u00e1s grande tesoro del cristiano es la caridad. Todas las dem\u00e1s manifestaciones humanas, todas las dem\u00e1s relaciones, todas las filantrop\u00edas, todos los dem\u00e1s servicios y ayudas son facetas m\u00e1s o menos ricas de la plenitud que es la caridad cristiana. S\u00f3lo el amor cristiano lleva a los hombres al total perd\u00f3n, a la comprensi\u00f3n de unos con otros, a la fidelidad, al encuentro m\u00e1s all\u00e1 de los intereses personales o de la sociedad en que se vive, m\u00e1s all\u00e1 de los intereses del partido o de los programas del momento. La caridad cristiana conduce a los hombres a su dimensi\u00f3n m\u00e1s profunda y radical, a quererlos para la salvaci\u00f3n, a morir por su redenci\u00f3n, a dar la vida para que renazca en ellos la vida de siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>El amor cristiano es real, se traduce diariamente en la relaci\u00f3n y actitud de unos con otros. Es acogida, respeto a la persona, ayuda, servicio, perd\u00f3n y comprensi\u00f3n, humildad y admiraci\u00f3n. El amor cristiano siempre cree y espera en el pr\u00f3jimo, <em>todo lo espera, todo lo cree, todo lo soporta<\/em> (1Cor 4, 7).<\/p>\n\n\n\n<p>Ni\u00f1os que ped\u00eds amor en vuestra mirada, y que hac\u00e9is que muchas veces bajemos la vista avergonzados ante el mundo que ofrecemos a vuestros ojazos abiertos con una inmensidad que conmueve; j\u00f3venes que llenos de ideales ricos quer\u00e9is el amor por encima de todos los convencionalismos y limitaciones materialistas; hombres y mujeres maduros que necesit\u00e1is del amor para vivir y llenar vuestra misi\u00f3n; ancianos que dais una constante lecci\u00f3n y testimonio al mundo de lo que el amor pudo hacer en vosotros. \u00bfNo es cierto que por encima y m\u00e1s all\u00e1 de todos los amores conocidos, experiment\u00e1is la necesidad de un amor nuevo que no pueda morir? No bastan las ideolog\u00edas, ni las experiencias vitales. S\u00f3lo el amor que Cristo quiso que nos tuvi\u00e9ramos nos sacia y nos calma. <em>Si alguno tiene sed, venga a m\u00ed y beba el que crea en m\u00ed<\/em> (Jn 7, 37).<\/p>\n\n\n\n<p>El amor es el que nos juzgar\u00e1, s\u00ed, y tambi\u00e9n el que nos juzga diariamente. No nos juzga la actitud externa, el saber, el poder, las cualidades humanas; en el fondo esto es muy cierto: nos \u201cjuzga\u201d el amor. Y nos sentimos juzgados, separados de los dem\u00e1s, ego\u00edstas, poco limpios, no leales, no nobles, malos, en una palabra, porque no amamos o cuando no amamos con las exigencias del verdadero y \u00fanico amor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada el 12 de marzo de 1971, viernes de la segunda semana de Cuaresma. Mi prop\u00f3sito hoy es hablaros de las ense\u00f1anzas del Se\u00f1or. 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