{"id":982,"date":"2024-09-26T17:40:00","date_gmt":"2024-09-26T15:40:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=982"},"modified":"2024-09-26T17:40:00","modified_gmt":"2024-09-26T15:40:00","password":"","slug":"la-salvacion-que-ofrece-el-mundo-y-la-salvacion-de-dios","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/la-salvacion-que-ofrece-el-mundo-y-la-salvacion-de-dios\/","title":{"rendered":"La salvaci\u00f3n que ofrece el mundo y la salvaci\u00f3n de Dios"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Conferencia pronunciada el 5 de marzo de 1971, viernes de la primera semana de Cuaresma.<\/p>\n\n\n\n<p>Las culturas se suceden, las civilizaciones se levantan unas sobre las ruinas de las otras y siempre la misma b\u00fasqueda: la salvaci\u00f3n del hombre. No hay otra cuesti\u00f3n ni otro problema que supere a \u00e9ste en inter\u00e9s e intensidad dram\u00e1tica. Es el objetivo de todos los humanismos que se plantean en unos t\u00e9rminos o en otros.<\/p>\n\n\n\n<p>El viernes pasado nos detuvimos en este mismo punto, el hombre: capaz y ansioso de verdad, paz, vida, amor, poder, belleza, bondad. Temor al sufrimiento, al fracaso, a la muerte. Necesidad de encuentros, di\u00e1logo, expresi\u00f3n, apertura, realizaciones. Perseguido por el dolor; ce\u00f1ido por unas limitaciones que siempre le parecen excesivas; esclavizado en todas las \u00e9pocas por unas estructuras, sean las que sean. Con una vida en las manos que le ha sido dada, sin preguntarle si quiere morir. Ciertamente todo esto aparece en la historia de cada hombre. La preocupada angustia por la salvaci\u00f3n mueve al hombre en su gran tarea de superaci\u00f3n para conseguir la libertad.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>\u00bfSalvar al hombre de qu\u00e9? \u00bfY salvar para qu\u00e9?<\/h2>\n\n\n\n<p>\u00bfSalvar al hombre de qu\u00e9? De su limitaci\u00f3n, de su finitud, de su dolor, de su angustia por la posesi\u00f3n de una vida que siempre tiene incierta. Salvarle del odio, del resentimiento, de la amargura, del poder de hacer el mal. Salvarle del temor, de la inseguridad, de la incertidumbre de perder lo que ya ha sabido y experimentado un poco lo que es: el gozo del conocimiento, la plenitud de la realizaci\u00f3n, la admiraci\u00f3n de la belleza, la fidelidad y el descanso de la amistad, el \u00e9xtasis y la inundaci\u00f3n del amor. Salvarle de la amargura de no poder llegar a ser y poseer lo que ansia, teniendo en s\u00ed capacidad para ello.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfSalvarle para qu\u00e9? Precisamente para el pleno desarrollo de esa capacidad, para la vida sin muerte, para el amor en el que se instalar\u00e1, para la verdad en la que ver\u00e1 y contemplar\u00e1 la totalidad y cada una de las partes. Hay que salvarle de lo que le encadena y angustia, y hay que salvarle para lo que le da su plenitud de ser. Y aqu\u00ed est\u00e1 el n\u00facleo central: \u00bfQu\u00e9 es lo que le encadena y angustia? \u00bfQu\u00e9 es lo que le realiza y da su plenitud?<\/p>\n\n\n\n<p>No voy a entrar en el examen de las grandes filosof\u00edas y movimientos, que a lo largo de la historia han ido dando soluciones a este gran problema de salvaci\u00f3n en torno al cual giran todos los dem\u00e1s. Os invito sencillamente a reflexionar sobre la salvaci\u00f3n que ofrece el mundo y la salvaci\u00f3n de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Hablo de \u201cmundo\u201d en el sentido que Cristo utiliza esta palabra, cuando dice que su reino no es de este mundo: criatura de Dios ca\u00edda bajo el dominio de Sat\u00e1n y que est\u00e1 esperando como con dolores de parto la gloria de su redenci\u00f3n. <em>En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por \u00c9l, y el mundo no le conoci\u00f3<\/em> (Jn 1, 10). Jesucristo no es de este mundo de lo puramente terreno, del poder del m\u00e1s fuerte, del dominio del m\u00e1s astuto, de este mundo de exigencias, de comodidad y placer, del relativismo que no quiere <em>\u201cUn\u201d<\/em> camino, <em>\u201cUna\u201d<\/em> verdad y <em>\u201cUna\u201d <\/em>vida, el mundo de las conductas acomodaticias. <em>Yo me voy y vosotros me buscar\u00e9is, y morir\u00e9is en vuestro pecado. Adonde yo voy vosotros no pod\u00e9is venir. Los jud\u00edos se dec\u00edan: \u00bfEs que se va a suicidar?, pues dice: Adonde yo voy vosotros no pod\u00e9is ir. Jes\u00fas a\u00f1adi\u00f3: vosotros sois de abajo, yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo<\/em> (Jn 8, 21-23).<\/p>\n\n\n\n<p>Cristo no es del mundo y tampoco lo son los que quieren seguirle.No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno. <em>No son del mundo, como yo no soy del mundo. Cons\u00e1gralos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como t\u00fa me has enviado al mundo, yo tambi\u00e9n los he enviado al mundo<\/em>(Jn 17, 15-58). Por eso el cristiano no tiene que extra\u00f1arse de verse incomprendido, de sentirse hasta ajeno e incluso odiado por los de su propia carne y sangre:<em>Si el mundo os odia, sabed que a mime ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amar\u00eda lo suyo; porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de las palabras que os he dicho: el siervo no es m\u00e1s que su se\u00f1or. Si a mime han perseguido, tambi\u00e9n os perseguir\u00e1n a vosotros; si han guardado mi palabra, tambi\u00e9n guardar\u00e1n la vuestra<\/em>(Jn 15, 18-19).<\/p>\n\n\n\n<p>Y por este mundo Cristo da su vida, por su salvaci\u00f3n, para que renazca a una nueva vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Impresiona y conmueve, hasta hacer enmudecer, la meditaci\u00f3n sincera sobre el Evangelio, tan lleno de humanidad, de historia personal de salvaci\u00f3n. Frente a las diversas filosof\u00edas de soluciones contradictorias e irreconciliables, en el Evangelio encontramos una persona y una vida que salvan. Late en el Evangelio de Cristo la profund\u00edsima fuerza del hombre que anhela la salvaci\u00f3n, y brilla la deslumbradora sorpresa de un Dios que la presenta como real. Es el Hijo del Hombre y el Hijo de Dios que habla de la salvaci\u00f3n con una visi\u00f3n y una claridad nuevas para el mundo. Antes, nunca se hab\u00eda hablado as\u00ed ni se volver\u00e1 a hablar jam\u00e1s.<em>Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por \u00e9l. El que cree en \u00c9l, no es condenado; pero el que no cree, ya est\u00e1 condenado, porque no ha cre\u00eddo en el nombre del Hijo \u00fanico de Dios. Y la condenaci\u00f3n est\u00e1 en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron m\u00e1s las tinieblas que la luz<\/em>(Jn 3, 17-19).<\/p>\n\n\n\n<p>Leedlo a solas. No hay filosof\u00eda, ni religi\u00f3n que pueda compar\u00e1rsele por transcendencia y por cercan\u00eda, por grandeza y por la ternura y delicadeza de sus detalles.<\/p>\n\n\n\n<p>Mirad las aves del cielo que no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. \u00bfNo val\u00e9is mucho m\u00e1s que ellas? (Mt 6, 26).<\/p>\n\n\n\n<p>Y al llegar a casa se le acercaron dos ciegos, y Jes\u00fas les dice: \u00bfCre\u00e9is que puedo hacer eso? Le dicen: S\u00ed, Se\u00f1or. Entonces les toc\u00f3 los ojos diciendo: H\u00e1gase en vosotros seg\u00fan vuestra fe. Y se abrieron sus ojos (Mt 9, 27-29).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide pan, le da una piedra; o, si un pescado, en vez de pescado le da una culebra, o si pide un huevo, le da un escorpi\u00f3n? Si pues, vosotros, siendo malos, sab\u00e9is dar cosas buenas a vuestros hijos, \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s el Padre del cielo dar\u00e1 el Esp\u00edritu Santo a los que se lo pidan (Lc 10, 11-13).<\/p>\n\n\n\n<p>Soy yo. No teng\u00e1is miedo (Jn 6, 20).<\/p>\n\n\n\n<p>Mujer, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1n?, \u00bfnadie te ha condenado? Ella le respondi\u00f3: Nadie, Se\u00f1or. Jes\u00fas le dijo: Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques m\u00e1s (Jn 8, 10-11).<\/p>\n\n\n\n<p>Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas (Jn 10, 11).<\/p>\n\n\n\n<p>Leed a San Juan y San Pablo, los grandes mensajeros de la salvaci\u00f3n del mundo. No hay filosof\u00eda existencialista, ni pensador que encierre tal conciencia del drama que es el vivir, ni tal preocupaci\u00f3n por la salvaci\u00f3n del hombre. No hay realismo m\u00e1s fuerte y descarnado, m\u00e1s real y sincero, ni idealismo que tenga tal conciencia de unidad y plenitud.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero Dios, rico en misericordia, por el grande amor con que nos am\u00f3, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivific\u00f3 juntamente con Cristo (Ef 2, 4-6).<\/p>\n\n\n\n<p>Por tanto, mortificad vuestros miembros terrenos: fornicaci\u00f3n, impureza, pasiones, malos deseos y la codicia, que es una idolatr\u00eda, todo lo cual atrae la c\u00f3lera de Dios, y que tambi\u00e9n vosotros practicasteis en otro tiempo, cuando viv\u00edais en ellas; despojaos del hombre viejo con sus obras, y revest\u00edos del hombre nuevo, que se va renovando hasta alcanzar un conocimiento perfecto, seg\u00fan la imagen de su Creador (Col 3, 5-10).<\/p>\n\n\n\n<p>En nombre de Cristo os suplicamos: \u00a1reconciliaos con Dios! A quien no conoci\u00f3 pecado, le hizo pecado por nosotros, para que vini\u00e9semos a ser justicia de Dios en \u00e9l (2Cor 5, 20-21).<\/p>\n\n\n\n<p>No ruego s\u00f3lo por \u00e9stos, sino tambi\u00e9n por aquellos que, por medio de su palabra, creer\u00e1n en m\u00ed. Que todos sean uno, como T\u00fa, Padre, en m\u00ed y yo en ti, que ellos tambi\u00e9n sean uno en nosotros, para que el mundo crea que t\u00fa me has enviado (Jn 17, 20-21).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La salvaci\u00f3n que ofrece el mundo y la salvaci\u00f3n de Dios<\/h2>\n\n\n\n<p>\u00bfEl mundo ofrece realmente una salvaci\u00f3n? \u00bfPuede ofrecerla? Antes de llegar a un terreno com\u00fan, pensemos en nuestro caso particular y concreto. Es mejor no se\u00f1alar datos. Cada uno conocemos los nuestros personales.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 soluci\u00f3n puede darme el mundo a todo mi problema personal, a mi inquietud, a mi b\u00fasqueda? No so\u00f1emos en otras circunstancias, en otros condicionamientos; lleguemos a las \u00faltimas consecuencias dentro de lo que realmente nos ha sido dado y est\u00e1 al alcance de nuestra mano, de nuestro poder. Si en alg\u00fan momento hemos podido sentir el amor, la verdad, la belleza, el bien, la bondad, a trav\u00e9s de personas, conocimientos, hechos, creaciones, \u00bfno hemos sufrido en seguida por la limitaci\u00f3n del tiempo, de la situaci\u00f3n, de la falta de plenitud, del anhelo de m\u00e1s? \u00bfNo sentimos la necesidad precisamente entonces de ser redimidos, liberados de esa finitud y limitaci\u00f3n, para gozar siempre? \u00bfQu\u00e9 nos ofrece el mundo para ac\u00e9rcanos m\u00e1s a los dem\u00e1s, para encontrarnos con los dem\u00e1s hombres en una verdadera compenetraci\u00f3n, para realizar m\u00e1s plenamente nuestro ser? Es falsa la idea del encuentro entre los hombres para progresar \u2013en el sentido que corrientemente hoy entendemos por \u201cprogreso\u201d\u2013; el encuentro entre los hombres tiene que ir orientado a la realizaci\u00f3n en y para el amor y la libertad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo es la justicia del mundo, su sinceridad en el bien, su comprensi\u00f3n y su perd\u00f3n? \u00bfCu\u00e1les son sus valores perennes? \u00bfC\u00f3mo soy yo cuando me dejo llevar por sus exigencias, por sus ideolog\u00edas? \u00bfQu\u00e9 hace con los que se dejan influir por su propaganda, con los que quieren hablar su lenguaje, con los que quieren vivir en su vaiv\u00e9n? \u00bfQu\u00e9 respuesta tiene para esas preguntas, para esas inquietudes que laten en el interior del hombre cuando no se le ha drogado y atrofiado?<\/p>\n\n\n\n<p>La grandeza nunca ha surgido de la claudicaci\u00f3n ante las inclinaciones y apetencias que ofrecen un breve reinado de dominio, de placer, de orgullo satisfecho. El tiempo y la historia son a su manera un juicio, aunque no sea m\u00e1s que porque ha dan como pasados esos ef\u00edmeros triunfos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCu\u00e1ndo nos sentir\u00edamos salvados? Cuando nos sinti\u00e9ramos libres de nuestro ego\u00edsmo, de nuestro orgullo, de nuestro sentimiento, de nuestras limitaciones personales, y cuando, liberados de nuestra finitud, s\u00f3lo vivi\u00e9ramos para siempre amando y en el conocimiento de toda verdad, bondad y belleza. S\u00f3lo Dios puede salvar as\u00ed. Lo ha recordado Pablo VI.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl mundo, no. Arrastrado por las propias fuerzas ciegas que lleva dentro de s\u00ed, el mundo no es capaz de salir de s\u00ed mismo para ofrecer a los hombres una posibilidad real y aut\u00e9ntica de poseer el bien y la verdad. En el mundo, ante todo se quiere gozar de la vida, incluso cuando se propone un programa de dignidad y de honradez.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cSe intenta disfrutar todo lo posible, al menos dentro del l\u00edmite de lo justo y de la decencia. Acortar la vida, jam\u00e1s. Tal es \u2013seg\u00fan creemos\u2013 la mentalidad humanista y hedonista hoy tan difundida. Esta mentalidad est\u00e1 entrando \u2013y a menudo con llaves aut\u00e9nticas\u2013 en la concepci\u00f3n cristiana de la vida contempor\u00e1nea. \u00bfNo es el cristianismo \u2013se pregunta muchas veces\u2013 la forma mejor de nueva existencia? Y \u00bfno pretende precisamente el cristianismo resolver todos los problemas que hacen injusta e infeliz las condiciones de esta existencia? \u00bfAcaso el ideal cristiano no intenta consolar todo sufrimiento y calmar cualquier ansiedad? \u00bfY no es incluso el cristianismo el que nos ense\u00f1a hoy d\u00eda a mirar con simpat\u00eda las maravillas de esta tierra que la ciencia, la t\u00e9cnica y la organizaci\u00f3n civil han hecho tan fecunda y tan pr\u00f3diga en cosas \u00fatiles, bellas, interesantes? Tambi\u00e9n el cristiano se reclina placenteramente sobre el lecho suave de las comodidades que la civilizaci\u00f3n ofrece en nuestro tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cNo nos detendremos \u2013por el momento\u2013 a hacer un an\u00e1lisis cr\u00edtico de esta mentalidad, que resulta censurable cuando llega a convertirse en prevalente y exclusiva. Todos estamos convencidos \u2013seg\u00fan creo\u2013 de que una tal mentalidad en lugar de contribuir al engrandecimiento del hombre puede, por el contrario, empeque\u00f1ecerlo. En efecto, es propio de esta mentalidad restringir su visi\u00f3n preferentemente al campo de lo externo, al reino de los sentidos, al hombre instintivo, al ideal burgu\u00e9s y c\u00f3modo, al coraz\u00f3n estrecho y ego\u00edsta. Digamos tambi\u00e9n que la mentalidad hedonista no proporciona la felicidad al hombre, sino que m\u00e1s bien le convierte en un ser insaciable y propenso hacia la ilusi\u00f3n o hacia el pesimismo. Esto es lo que dicen hoy los pensadores, los literatos y los artistas. Nosotros lo hab\u00edamos intuido tambi\u00e9n, quiz\u00e1 sin haber ca\u00eddo en la cuenta. Jes\u00fas nos hab\u00eda advertido ya que, <em>aunque se tenga mucho, no est\u00e1 la vida del hombre en la hacienda<\/em> (Lc 12, 15).<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cNo es posible poseerlo todo, ni gozar de todo. Se impone una elecci\u00f3n<em>. <\/em><em>El reino de los cielos es semejante<\/em>\u2013nos dice tambi\u00e9n el Se\u00f1or\u2013<em>a un mercader que busca perlas preciosas, y hallando una de gran precio, va, vende todo cuanto tiene y la compra<\/em>(Mt 13, 45-46).<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEste concepto de la elecci\u00f3n, en el que est\u00e1 incluido tambi\u00e9n el de renuncia, aparece varias veces en el Evangelio: <em>Nadie puede servir a dos se\u00f1ores<\/em> (Mt 6, 24); <em>entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espaciosa la senda que lleva a la perdici\u00f3n<\/em> (Mt 7, 13)\u201d<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La salvaci\u00f3n que ofrece Dios no puede darla ning\u00fan hombre<\/h2>\n\n\n\n<p>La salvaci\u00f3n que diera un hombre ser\u00eda pasajera, limitada, desde una perspectiva particular, desde su momento hist\u00f3rico, siempre incompleta y parcial. \u00bfVerdad que ninguno de nosotros, incluso en una dimensi\u00f3n puramente humana, aceptar\u00edamos habernos quedado en el punto marcado por cualquiera de los pensadores de los siglos pasados?<\/p>\n\n\n\n<p>En cambio, la salvaci\u00f3n que nos predican Cristo y sus Ap\u00f3stoles se ofrece con validez permanente y eterna. Nadie podr\u00e1 modificar o completar su contenido.<em>Si alguno os anuncia un evangelio distinto del que hab\u00e9is recibido, \u00a1sea anatema! Porque, \u00bfbusco yo ahora el favor de los hombres o el de Dios? \u00bfO es que intento agradar a los hombres? Si todav\u00eda tratara de agradar a los hombres, ya no ser\u00eda siervo de Cristo. Porque os hago saber, hermanos, que el Evangelio anunciado por m\u00ed, no es cosa de hombres, pues yo no lo recib\u00ed ni aprend\u00ed de hombre alguno, sino por revelaci\u00f3n de Jesucristo<\/em> (Gal 1, 9-12). S\u00f3lo Cristo es nuestro gran Dios y Salvador, salud y salvaci\u00f3n para todo el que cree en \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<p>La salvaci\u00f3n es la gloriosa libertad de los hijos de Dios que nos redime para vivir en y de su vida misma. La libertad es un concepto b\u00e1sico en el Nuevo Testamento: <em>Para ser libres nos libert\u00f3 Cristo<\/em> (Gal 5, 1). <em>Hab\u00e9is sido llamados a la libertad (ib\u00edd.<\/em> 13). Evidentemente tambi\u00e9n es distinta la libertad que predica el mundo, de la libertad de Dios y de los hijos de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>La libertad de los hijos de Dios no es el derecho a la arbitrariedad. La libertad para el cristiano es la liberaci\u00f3n de sus deseos de venganza, de su avaricia, de su ira, de su lujuria, de su pecado. Por eso, de la misma manera que como reflexion\u00e1bamos los d\u00edas anteriores, no \u201csomos\u201d cristianos, vamos si\u00e9ndolo, tampoco somos libres, nos vamos liberando. Y esta libertad aumenta en la medida en que aumenta nuestra fe, que es creer e imitar, y <em>nos da valor para llegarnos confiadamente a Dios <\/em>(Ef 3, 12). No hay oposici\u00f3n en los conceptos de salvaci\u00f3n cristiana y libertad. Son intr\u00ednsecos uno al otro, la salvaci\u00f3n es la libertad, y la libertad es nuestra salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Salvarse el hombre de su propio pecado, de su propia esclavitud es la \u00fanica manera en que el hombre puede realmente entregarse a los dem\u00e1s. Nadie da lo que no tiene. Por eso Cristo nos ha dicho:<em>Amaos como yo os he amado<\/em>(Jn 15, 12).<em>Hay diversidad de dones, pero uno mismo es el Esp\u00edritu. Hay diversidad de ministerios, pero uno mismo es el Se\u00f1or. Hay diversidad de operaciones, pero uno mismo es Dios, que obra todas tas cosas en todos. Y a cada uno se le otorga la manifestaci\u00f3n del Esp\u00edritu para com\u00fan utilidad&#8230; Todas estas cosas las obra el \u00fanico y mismo Esp\u00edritu que distribuye a cada uno seg\u00fan quiere<\/em>(1Cor 12, 4-11).<\/p>\n\n\n\n<p>Salvados del pecado y redimidos de \u00e9l, tendremos la libertad de hijos de Dios que sacrifica y ofrece gustosa sus leg\u00edtimos derechos en servicio del pr\u00f3jimo: <em>Serv\u00edos por amor los unos a los otros, pues toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: Amar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo&#8230; Las obras de la carne son conocidas: fornicaci\u00f3n, impureza, libertinaje, idolatr\u00eda, hechicer\u00eda, odios, discordias, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias, embriagueces, org\u00edas y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen tales cosas no heredar\u00e1n el Reino de Dios. En cambio, el fruto del Esp\u00edritu es amor, alegr\u00eda, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza<\/em> (Gal 5, 14-24).<\/p>\n\n\n\n<p>Dios nos salva para nuestra plena realizaci\u00f3n. La salvaci\u00f3n que Dios nos ofrece no es algo ajeno a nosotros mismos, no se nos va a escamotear nuestra responsabilidad, nuestra inteligencia, nuestro amor, nuestra libertad, en fin, nuestra condici\u00f3n humana. <em>Si hemos muerto con Cristo, creemos que tambi\u00e9n viviremos con \u00e9l, sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere m\u00e1s y que la muerte no tiene ya se\u00f1or\u00edo sobre \u00e9l. Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es un vivir para Dios<\/em> (Rm 6, 8-11). Cristo es hombre verdadero, en \u00e9l son redimidas y salvadas todas las criaturas.<\/p>\n\n\n\n<p>El modelo elegido para nuestra salvaci\u00f3n y santificaci\u00f3n es el de la filiaci\u00f3n divina; la fuente y modelo de esta filiaci\u00f3n es Jesucristo, el Hijo \u00danico. <em>Nos ha elegido en \u00c9l antes de la creaci\u00f3n del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor. En \u00c9l tenemos, por medio de su sangre, la redenci\u00f3n, el perd\u00f3n de los delitos, seg\u00fan la riqueza de su gracia que ha prodigado sobre nosotros en toda sabidur\u00eda e inteligencia, d\u00e1ndonos a conocer el misterio de su voluntad seg\u00fan el ben\u00e9volo designio que en \u00c9l se propuso de antemano para realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo por cabeza, lo que est\u00e1 en los cielos y lo que est\u00e1 en la tierra<\/em>(Ef 1, 4-9).<\/p>\n\n\n\n<p>La historia de la humanidad es la historia de la salvaci\u00f3n, porque todos los hombres experimentamos la necesidad de ser salvados de nuestro dolor, de nuestras limitaciones, de nuestros fracasos y de nuestra muerte. Suplicamos salvaci\u00f3n a las criaturas humanas y no la encontramos. No es posible encontrarla. El mundo es eminentemente pobre para poder ofrec\u00e9rnosla y va proclamando, con sus hechos, su propia pobreza. Hoy, como ayer, y como suceder\u00e1 ma\u00f1ana, necesitamos que Dios venga a nuestro encuentro. Y viene con Cristo, Dios y Hombre, cuyo secreto es su plenitud, de la cual todos recibimos (cf. Jn 1, 16).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Salvaci\u00f3n eterna<\/h2>\n\n\n\n<p>En efecto, como explica un gran comentador moderno de San Pablo, \u201cla salvaci\u00f3n nos preserva de la muerte al mismo tiempo que de la ira, liber\u00e1ndonos del pecado. Por el pecado la muerte entr\u00f3 en el mundo, no s\u00f3lo la muerte corporal que es su castigo, sino tambi\u00e9n la muerte espiritual, t\u00e9rmino de su nefasto reinado. San Pablo considera ya a la una, ya a la otra, ya a las dos a la vez, cuando repite con insistencia que el pecado conduce a la muerte, que la muerte es su estipendio, que el pecado da muerte. Pero, en contraste, afirma siempre que Cristo da la vida y que s\u00f3lo depende de nosotros el participar en ella. Los predicadores del Evangelio son <em>penetrante olor de Cristo en los que se salvan y en los que se pierden; en \u00e9stos, olor de muerte para muerte; en aqu\u00e9llos, olor de vida para vida<\/em> (2Cor 2, 15-16). Viviendo seg\u00fan la carne, se muere; pero haciendo morir por el esp\u00edritu las obras del cuerpo, se vive y Cristo nos libera, si queremos, de la ley del pecado y de la muerte. El pecado es el aguij\u00f3n de la muerte y renunciando al pecado se escapa de la muerte espiritual inmediatamente, pero tambi\u00e9n de la muerte corporal el d\u00eda de la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl horizonte se extiende aqu\u00ed hasta la vida futura; uno se salva, en el pleno sentido de la palabra, si evita la condenaci\u00f3n eterna, y el Ap\u00f3stol menciona frecuentemente la posible eventualidad de la condenaci\u00f3n. Es un acto de lealtad y un aviso necesario. Los pecadores obstinados son <em>vasos de ira, maduros para la perdici\u00f3n<\/em> (Rm 9, 22), mientras que se promete la salvaci\u00f3n a aquellos que est\u00e1n firmes en la fe del Evangelio y que Dios ha escogido desde el principio para salvarnos. Los otros no escapar\u00e1n de la condenaci\u00f3n eterna, <em>lejos de la faz del Se\u00f1or y de la gloria de su poder<\/em> (2Ts 1, 9), y la ruina caer\u00e1 sobre ellos de improviso, como los dolores del parto a la mujer encinta. Aquellos para quienes la cruz es una locura se perder\u00e1n, mientras los que se salvan ven en ella el poder de Dios. No se consigue la salvaci\u00f3n, si no es viviendo con miedo del castigo eterno.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cNo obstante, el temor no podr\u00eda ser para el cristiano una actitud dominante y mucho menos exclusiva. La salvaci\u00f3n, que libera del pecado y de los males por \u00e9l engendrados, es tambi\u00e9n la posesi\u00f3n de los bienes prometidos por Cristo en esta vida y en la otra, de manera que la esperanza y el amor moderan siempre el miedo. Nadie se libra del pecado y de la muerte sin llegar a la justicia y a la vida: son dos aspectos inseparables, y el Ap\u00f3stol nunca los disocia en su pensamiento, sino en la expresi\u00f3n. Las promesas divinas sobrepasan todo lo que el hombre podr\u00eda concebir. Dios promete la vida eterna a aquellos que le aman y perseveran en el bien, y ha querido <em>hacer ostentaci\u00f3n de la riqueza de su gloria sobre los vasos de su misericordia, que \u00c9l prepar\u00f3 para la gloria<\/em> (Rm 9, 23). Los beneficios divinos se ofrecen a los creyentes ya en esta vida y les ser\u00e1n concedidos plenamente en la eternidad\u201d<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l marca un camino, pero antes ofrece una vida. Al aceptarla, nos convertimos en disc\u00edpulos suyos, m\u00e1s a\u00fan, en hermanos y coherederos suyos, en hijos de Dios. Toda nuestra conciencia se siente tocada a partir de ese momento. Nuestros actos libres, de hombres responsables, nuestras acciones humanas inevitablemente deber\u00e1n orientarse por los caminos que \u00c9l ha se\u00f1alado para vivir la nueva filiaci\u00f3n. Aparecer\u00e1n as\u00ed unidas la fe y la moral. En la lucha contra el pecado no se tratar\u00e1 de cumplir un programa o de atenernos a un recetario. Se trata de una exigencia intr\u00ednseca del nuevo ser recibido, a quien se le ofrece como ideal ser perfecto como el Padre que est\u00e1 en los cielos. As\u00ed va caminando el cristiano, en posesi\u00f3n de una nueva conciencia, que nace de una nueva vida, y se apoya en una nueva seguridad: la de Cristo muerto y resucitado para que la salvaci\u00f3n anhelada no sea vana aspiraci\u00f3n ni un frustrado anhelo. El cristiano que conf\u00eda en esa salvaci\u00f3n ser\u00e1 un noble luchador en los combates de este mundo, pero sin olvidarse de que la patria definitiva est\u00e1 en el cielo.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Pablo VI. Homil\u00eda del mi\u00e9rcoles 11 de marzo de 1970: IP, VIII, 1970, 171-173.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> F. Amiot, Ideas maestras de San Pablo, Salamanca, 1963, 54-55.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada el 5 de marzo de 1971, viernes de la primera semana de Cuaresma. Las culturas se suceden, las civilizaciones se levantan unas sobre las ruinas de las otras y siempre la misma b\u00fasqueda: la salvaci\u00f3n del hombre. No hay otra cuesti\u00f3n ni otro problema que supere a \u00e9ste en inter\u00e9s e intensidad dram\u00e1tica. [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[62],"doc_tag":[],"class_list":["post-982","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-cuaresma-1971"],"year_month":"2026-04","word_count":4279,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. 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