{"id":971,"date":"2024-09-25T23:09:42","date_gmt":"2024-09-25T21:09:42","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=971"},"modified":"2024-09-27T14:01:21","modified_gmt":"2024-09-27T12:01:21","password":"","slug":"amor-a-la-iglesia-hoy","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/amor-a-la-iglesia-hoy\/","title":{"rendered":"Amor a la Iglesia, hoy"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Conferencia pronunciada el 20 de marzo de 1970, viernes de la quinta semana de Cuaresma.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de haber hablado del amor a Dios y al pr\u00f3jimo, como obligaci\u00f3n primaria y fundamental del cristiano, mis ojos se vuelven ahora hacia la Iglesia, nuestra Madre, porque tambi\u00e9n ella merece ser amada. Con esta meditaci\u00f3n quiero terminar mis predicaciones cuaresmales de este a\u00f1o. La Semana Santa, en la cual vamos a entrar ya, nos ofrecer\u00e1 los temas propios de su liturgia, en cuya consideraci\u00f3n nos detendremos una vez m\u00e1s con la humildad y veneraci\u00f3n sagrada que el misterio de la Redenci\u00f3n nos pide.<\/p>\n\n\n\n<p>Terminemos hoy nuestro examen sobre la virtud de la caridad, que podr\u00eda ser continuado el pr\u00f3ximo a\u00f1o, si Dios quiere, asom\u00e1ndonos a m\u00e1s amplios horizontes de la vida social sobre los cuales el amor cristiano tendr\u00e1 siempre una palabra que decir. Pero era obligaci\u00f3n m\u00eda establecer los principios en nombre de los cuales se puede hablar de estos temas, defender los derechos de Dios a ser amado sobre todas las cosas y presentar el amor al pr\u00f3jimo fundado en la radical dignidad que corresponde al hombre por haber sido creado y redimido por Dios, abierto a todo lo que, de verdad, beneficia al hombre en su dimensi\u00f3n humana y en su destino eterno. Si el amor al pr\u00f3jimo queda desprovisto de estos fundamentos internos en que se apoya su dignidad, es posible que haya leyes, pero no habr\u00eda amor; se se\u00f1alar\u00e1n obligaciones de justicia, pero la justicia ser\u00e1 constantemente violada; se fomentar\u00e1 el progreso, pero aumentar\u00e1 tambi\u00e9n la desproporci\u00f3n entre los ricos y los pobres, entre los pueblos desarrollados y las naciones atrasadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Si en el amor al pr\u00f3jimo nos preocupamos del destino del hombre en la tierra y descuidamos la predicaci\u00f3n de la fe que lleva a Dios, llenaremos el mundo de est\u00f3magos saciados y almas hambrientas. Al rev\u00e9s, si s\u00f3lo ofrecemos el cielo como remedio a las desventuras de la tierra, sin preocuparnos de curar las heridas del hombre que sufre, con un amor efectivo y pr\u00e1ctico, estaremos contribuyendo a que aumente la legi\u00f3n de los desesperados, que ni llamar\u00e1n Padre a Dios que est\u00e1 en los cielos, ni hermanos a los hombres de la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Es en la Iglesia donde encontramos la doctrina, la fuerza y el ejemplo para vivir el verdadero amor. Y en esta hora de crisis amarga, cuando el Papa habla repetidamente del dolor y el sufrimiento de la Iglesia y del mundo, creo que el comienzo de la verdadera restauraci\u00f3n salvadora est\u00e1 en volver a amar a la Iglesia en toda su dimensi\u00f3n misteriosa. Hacen falta actitudes sencillas que busquen el camino donde \u00fanicamente puede encontrarse. Parece que estamos viviendo una \u00e9poca, por lo que se refiere al orden religioso, en que la consigna fuera \u00e9sta: \u00a1vivan los problemas, abajo las soluciones! El resultado es un desconcierto cada vez mayor, en que no hay ni autoridad, ni obediencia, ni verdad en que apoyarse.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Amor a la Iglesia, \u00bfpor qu\u00e9? Sociedad abierta<\/h2>\n\n\n\n<p>Escuchad, os ruego, una p\u00e1gina de uno de los m\u00e1s ilustres te\u00f3logos de nuestro tiempo, el P. de Lubac, en su libro <em>Meditaci\u00f3n sobre la Iglesia:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cSe cuenta de un desgraciado sacerdote que, la misma tarde del d\u00eda en que apostat\u00f3, respondi\u00f3 de esta suerte a un visitante que acudi\u00f3 para felicitarle: <em>Ya no soy m\u00e1s que un fil\u00f3sofo, es decir, un hombre solo.<\/em>\u00bb Reflexi\u00f3n amarga, pero muy atinada. Hab\u00eda abandonado la mansi\u00f3n fuera de la cual el hombre nunca podr\u00e1 encontrar sino destierro y soledad. Muchos no se dan cuenta de ello, porque viven todav\u00eda absorbidos por lo inmediato, fuera de s\u00ed mismos, <em>arraigados en el mundo como las algas en la roca del mar.<\/em> Los afanes de cada d\u00eda acaparan su atenci\u00f3n, <em>la niebla dorada de la apariencia levanta ante ellos un velo de ilusi\u00f3n.<\/em> O bien, como para enga\u00f1ar su sed, buscan por diferentes caminos un suced\u00e1neo de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero quien escucha en el fondo de su ser, o tan s\u00f3lo adivina o presiente la llamada que ha suscitado esa sed, este tal comprende que ni la amistad, ni el amor, ni con mayor raz\u00f3n a\u00fan ninguna de las agrupaciones sociales que sostienen su existencia, pueden saciar su sed de comuni\u00f3n. Ni el arte, ni la reflexi\u00f3n, ni la investigaci\u00f3n espiritual independiente. S\u00f3lo son s\u00edmbolos, promesas de otra cosa, pero s\u00edmbolos enga\u00f1osos, promesas que no se han de cumplir. Lazos demasiado abstractos o demasiado particulares, demasiado superficiales o demasiado ef\u00edmeros, que son tanto m\u00e1s impotentes cuanto fueron m\u00e1s capaces de provocar una alerta. Nada de lo que el hombre crea o de lo que se desenvuelve en un plano puramente humano, puede arrancar al hombre de su soledad. Esta se ir\u00e1 ahondando en la misma medida en que el hombre se descubre a s\u00ed mismo, porque no es otra cosa que el reverso de la comuni\u00f3n a la que es llamado. Y tiene su misma amplitud y profundidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Dios no nos ha <em>creado para que vivamos en los t\u00e9rminos de la naturaleza<\/em>, ni para que cumplamos una misi\u00f3n solitaria. Nos ha creado para que seamos introducidos colectivamente en el seno de su vida trinitaria. Jesucristo se ofreci\u00f3 en sacrificio para que seamos uno en esta unidad de las personas divinas. Tal debe ser la <em>recapitulaci\u00f3n<\/em>, la <em>regeneraci\u00f3n<\/em> y la <em>consumaci\u00f3n<\/em> de todo, y cuanto de ello nos aparta es enga\u00f1oso. Pero hay un lugar en el que, ya desde aqu\u00ed abajo, empieza a realizarse esta reuni\u00f3n de todos en la Trinidad. Hay una <em>familia de Dios<\/em>, extensi\u00f3n misteriosa de la Trinidad en el tiempo, que no s\u00f3lo nos prepara a esta vida unitiva y nos proporciona la firme garant\u00eda de poseerla, sino que nos hace participar ya de ella. Es la \u00fanica sociedad completamente <em>abierta<\/em>, la \u00fanica que se ajusta a nuestro \u00edntimo deseo y la \u00fanica, en fin, en la que podemos adquirir todas nuestras dimensiones. <em>De unitate Patris et Filii et Spiritus Sancti plebs adunata<\/em> (San Cipriano): tal es la Iglesia. Ella est\u00e1 <em>llena de la Trinidad<\/em>. El Padre est\u00e1 en ella <em>como el principio al que todo se re\u00fane, el Hijo como el medio en el que todo se re\u00fane, el Esp\u00edritu Santo como el nudo con el que todo se re\u00fane y todo es uno.<\/em> Y no s\u00f3lo lo sabemos, sino que tenemos ya de ello, en la oscuridad de la fe, una experiencia anticipada.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia es para nosotros, seg\u00fan la manera que conviene a nuestra condici\u00f3n terrena, la realizaci\u00f3n misma de esta comuni\u00f3n tan buscada. Ella garantiza nuestra comuni\u00f3n, no de destino, sino de vocaci\u00f3n. Los lazos con que parece que ella nos envuelve, no tienen otro fin que el de liberarnos, dilat\u00e1ndonos y uni\u00e9ndonos a un tiempo. Ella es la matriz donde se realiza aquella <em>unidad del Esp\u00edritu<\/em> que no ser\u00eda m\u00e1s que un espejismo sin la <em>unidad del Cuerpo<\/em>. A semejanza del mismo Esp\u00edritu, ella es <em>paloma perfecta<\/em>, en cuya unidad todos vienen a ser uno, como son uno el Padre y el Hijo. De ah\u00ed, precisamente, esta plenitud que expresamos cuando exclamamos, mostrando nuestra adhesi\u00f3n gozosa a este don que nos viene de lo alto: Am\u00e9n a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez que hemos entrado en la santa mansi\u00f3n, que tiene unas dimensiones m\u00e1s vastas que el universo, y nos hemos hecho miembros del Cuerpo m\u00edstico, no disponemos ya solamente de nuestras propias fuerzas para amar, comprender y servir a Dios, sino de las de todos sus miembros a un tiempo, desde la Virgen bendita, en lo m\u00e1s alto de los cielos, hasta el pobre leproso africano que lleva una campanilla en la mano y se sirve de una boca medio podrida para balbucear las respuestas de la misa.<\/p>\n\n\n\n<p>Toda la creaci\u00f3n, visible e invisible, toda la historia, todo el pasado, todo el presente y todo el porvenir, toda la naturaleza, todo el tesoro de los santos multiplicados por la Gracia, todo esto est\u00e1 a nuestra disposici\u00f3n, todo esto es nuestra prolongaci\u00f3n y nuestro magn\u00edfico instrumental. Todos los santos, todos los \u00e1ngeles nos pertenecen. Podemos servirnos de la inteligencia de Santo Tom\u00e1s, del brazo de San Miguel y del coraz\u00f3n de Juana de Arco y de Catalina de Siena, y de todos esos recursos latentes que basta que los tengamos para que entren en ebullici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuanto se hace de bueno, de grande y de hermoso de un extremo al otro de la tierra, cuanta santidad hay en los hombres, es como si fuera obra nuestra. El hero\u00edsmo de los misioneros, la inspiraci\u00f3n de los doctores, la generosidad de los m\u00e1rtires, el genio de los artistas, la oraci\u00f3n inflamada de las clarisas y de las carmelitas, es como si fu\u00e9semos nosotros; \u00a1es nosotros! Del Norte al Sur, del alfa a la omega, de levante a occidente, todo eso forma uno con nosotros; nosotros nos revestimos de todo esto y lo ponemos en marcha, y todo ello en la operaci\u00f3n orquestal que a un tiempo se nos revela y nos anonada.<\/p>\n\n\n\n<p>Alimento, respiraci\u00f3n, circulaci\u00f3n, eliminaci\u00f3n, apetencia, balance exquisito del debe y del haber, todo esto que en el cuerpo indiviso est\u00e1 confiado al pueblo cantor de las c\u00e9lulas, todo esto encuentra su equivalente en el seno de esta inmensa circunscripci\u00f3n de la cristiandad. Todo cuando hay en nosotros, sin que apenas nos demos cuenta, la Iglesia lo traduce en vastos rasgos y lo pinta fuera de nosotros en una escala de magnificencia. Nuestras peque\u00f1as impulsiones ciegas son concordadas, repetidas, interpretadas y desarrolladas por inmensos movimientos estelares. Fuera de nosotros, a distancias astron\u00f3micas, desciframos el texto escrito con caracteres microsc\u00f3picos en lo m\u00e1s profundo de nuestro coraz\u00f3n\u201d (cita de Paul Claudel)<sup><a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia es, pues, una comuni\u00f3n, es decir, una familia presidida por el Padre, cuya acci\u00f3n amorosa se deja sentir continuamente en todo aquellos que no reniegan de los lazos que unen, y no rechazan sentarse a la mesa. Hay en ella una <em>doctrina,<\/em> y precisamente sobre Dios y sobre el hombre, que es la que me hace amar. No se ama lo que no se conoce. La Iglesia me ense\u00f1a lo que debo pensar sobre Dios y sobre el hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay en ella una <em>fuerza,<\/em> la de los sacramentos, con la cual puedo superar las dificultades para el amor a Dios y al pr\u00f3jimo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay en ella una plenitud \u2013la realizaci\u00f3n de la comuni\u00f3n\u2013 capaz de arrastrar dulcemente mi voluntad, d\u00e9bil y cansada, y que me inclina a las determinaciones santas del Esp\u00edritu que perdona, que se compadece, que comprende, que alivia las necesidades espirituales y corporales, que reza y glorifica y adora a Dios omnipotente, a quien ve pr\u00f3ximo y cercano. Si nos apartamos de la Iglesia, en una palabra, el amor a Dios se extingue como una llama azotada por todos los vientos, y el amor al pr\u00f3jimo o es odio y resentimiento o, en el mejor de los casos, se reduce a seguridad social dentro de un concepto marxista de la vida. \u00bfD\u00f3nde queda, entones, la verdadera libertad?<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El que ama, obedece<\/h2>\n\n\n\n<p>Sigue diciendo el P. de Lubac:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl hombre de Iglesia no es s\u00f3lo obediente, sino que ama la obediencia. Nunca querr\u00eda obedecer <em>por necesidad y sin amor.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Y es que toda actividad que merece el nombre de cristiana se desarrolla, necesariamente, sobre un fondo de pasividad. Porque el esp\u00edritu de donde procede es un Esp\u00edritu <em>recibido de Dios<\/em>. Es Dios mismo quien se nos da el primero, para que podamos darnos a El, y en la misma medida en que le damos acogida en nosotros, <em>ya no nos pertenecemos<\/em>. Antes que en ninguna otra parte, esta regla se verifica en el orden de la fe. La verdad que Dios vierte en nuestra inteligencia no es una verdad cualquiera, hecha a nuestra humilde medida humana; la vida con que nos abreva no es una vida natural, que encontrar\u00eda en nosotros su alimento. Por consiguiente, esta verdad viviente y esta vida verdadera no penetra en nosotros, sino desposey\u00e9ndonos de nosotros mismos, tenemos que morir a nosotros mismos para vivir en ella, y este despojo y esta muerte no constituyen \u00fanicamente las condiciones iniciales de nuestra salud, sino que son un aspecto permanente de nuestra vida restaurada en Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Y la obediencia es el art\u00edfice, por excelencia, de esta obra indispensable. La obediencia no tiene nada de mundano ni de servil. Ella somete nuestros pensamientos y deseos, no a los caprichos de los hombres, sino <em>a la obediencia de Cristo<\/em>. <em>Solamente la catolicidad<\/em>, dec\u00eda acertadamente Fenel\u00f3n, <em>ense\u00f1a a fondo esta pobreza evang\u00e9lica; s\u00f3lo en el seno de la Iglesia se aprende a morir a si mismo para vivir en dependencia.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Este aprendizaje nunca se termina. Es duro para la naturaleza, y los hombres que creen ser m\u00e1s perspicaces son los que m\u00e1s lo necesitan. Por eso, precisamente, les es tan conveniente, para que se despojen de sus falsas riquezas, <em>humillar su esp\u00edritu bajo una autoridad visible.<\/em> Ah\u00ed se encuentra, quiz\u00e1, el punto m\u00e1s secreto del misterio de la fe, el m\u00e1s inaccesible a una inteligencia que el Esp\u00edritu de Dios no haya convertido. Por eso, no es extra\u00f1o que muchos hombres consideren como una tiran\u00eda intolerable el ejercicio de la autoridad en la Iglesia. Por lo dem\u00e1s, sea que la condene o que la admita, el incr\u00e9dulo no puede formarse de ella m\u00e1s que una idea muy falsa, porque <em>si la Iglesia no es m\u00e1s que una sociedad humana, aunque sea la m\u00e1s venerable y experimentada<\/em>, las exigencias que ella manifiesta no tienen justificaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El cat\u00f3lico sabe que la Iglesia no manda sino porque, primeramente, ella obedece a Dios. El quiere ser <em>un hombre libre<\/em>, pero teme ser de esos hombres que <em>hacen de la libertad un manto para cubrir su propia malicia<\/em>. Para \u00e9l, la obediencia es el precio de la libertad y la condici\u00f3n de la unidad: <em>hoc vinculum quern non alligat, servus est<\/em>. \u00c9l la distingue de sus falsificaciones y caricaturas \u2013moneda demasiado corriente, por desgracia\u2013, y no pretende agradar a los hombres, sino a Dios\u201d<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta falta de obediencia es hoy la gran crisis que se padece en la Iglesia. Suele decirse, a veces, que es crisis de fe, pero en el fondo es lo mismo, porque la obediencia a la Iglesia va \u00edntimamente unida a la fe en Jesucristo. Cuando se tiene fe en el Se\u00f1or y se le ama, se ama tambi\u00e9n lo que \u00c9l instituy\u00f3. Y no se utilizan los fallos de los hombres, fallos reales o supuestos, para negar la obediencia por amor a quienes por amor y servicio han de regir y gobernar.<\/p>\n\n\n\n<p>Ciertamente, no podemos pretender que los frutos que est\u00e1 llamado a dar el Concilio Vaticano II se consigan con la rapidez de una empresa mercantil que manufactura y vende. Pero se podr\u00eda haber logrado ya mucho m\u00e1s si las desobediencias de unos y otros no hubieran frustrado en gran parte los prop\u00f3sitos con que el Concilio se realiz\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que se ha conseguido en la liturgia, en el campo ecum\u00e9nico, en la reforma externa de organismos e instituciones, es poco. Ser\u00eda impresionante hacer una relaci\u00f3n ordenada de las grandes afirmaciones conciliares, particularmente las que encierran honda sustancia dogm\u00e1tica de fe y de piedad, y ver qu\u00e9 olvidadas est\u00e1n. La constituci\u00f3n <em>Gaudium et Spes,<\/em> sobre las relaciones Iglesia-mundo, y en la que todos est\u00e1n poniendo sus manos y sus pies, va quedando lastimosamente maltrecha a causa de los arbitrarios tratamientos a que la someten unos y otros. Los grandes temas de fondo que all\u00ed se encierran exigen algo m\u00e1s que gestos espor\u00e1dicos y declaraciones con firmas colectivas. Para establecer bien las relaciones entre Iglesia y mundo, antes hay que conocer bien qu\u00e9 es la Iglesia y amarla como ella merece y debe ser amada. Nos queda la esperanza de que esta algarab\u00eda cesar\u00e1 y el Concilio dar\u00e1 los frutos inmensos que el mundo y la Iglesia necesitan.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Vuelta a las afirmaciones sencillas<\/h2>\n\n\n\n<p>Mientras esperamos y sufrimos, siempre con fe y ofreciendo a Dios nuestro humilde trabajo, yo os presento una vez m\u00e1s las afirmaciones sencillas y profundas del amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Amo a Dios sobre todas las cosas, Padre nuestro que est\u00e1 en los cielos, due\u00f1o y juez de nuestra existencia, creador y providente, que cuida de nosotros y busca nuestro bien, que nos dar\u00e1 en la otra vida el premio o el castigo eternos, seg\u00fan nuestros merecimientos.<\/p>\n\n\n\n<p>Amo a Jesucristo, Redentor y Salvador m\u00edo, que muri\u00f3 en la cruz por nosotros, los hombres, que a todos ha querido ofrecer los dones de su gracia y busca sin cesar a las ovejas que todav\u00eda no est\u00e1n en su redil.<\/p>\n\n\n\n<p>Amo a la siempre Virgen Mar\u00eda, bienaventurada Madre de Dios, esclava del Se\u00f1or, mediadora de todas las gracias, que nos fue entregada a los hombres como Madre por Jes\u00fas, desde la cruz en que \u00e9ste agonizaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Amo y venero a los santos, compa\u00f1eros nuestros en la peregrinaci\u00f3n por la tierra, los santos que supieron amar, sufrir y trabajar m\u00e1s que yo, y hacer mayor bien a mis hermanos los hombres, sin romper en nada su uni\u00f3n y su obediencia a Dios, y que hoy interceden por m\u00ed y presentan al Se\u00f1or nuestras s\u00faplicas.<\/p>\n\n\n\n<p>Amo a la Iglesia de Cristo, arca de salvaci\u00f3n que me asegura el camino del cielo y me da luz y alimento para caminar por la tierra, urgi\u00e9ndome a hacer mejor el mundo que habitamos, pero record\u00e1ndonos la existencia del mal contra el cual tengo y tenemos que luchar con los medios que ella nos ofrece.<\/p>\n\n\n\n<p>Amo y quiero amar al pr\u00f3jimo como a m\u00ed mismo, dando buen ejemplo, ayudando, perdonando, curando heridas, y quiero ofrecer de mi parte cuanto sea preciso para que la justicia, que es amor, y las obras de misericordia espirituales y corporales, que son frutos del amor, tengan en m\u00ed un defensor ardiente y un agente humilde y perseverante.<\/p>\n\n\n\n<p>Amo y busco el perd\u00f3n de los pecados en los sacramentos de la reconciliaci\u00f3n y la gracia, y quiero luchar contra esa fuerza diab\u00f3lica que me aparta de Dios, sin pretender librarme de mi responsabilidad apelando a una libertad mal entendida, o invocando complejos de represi\u00f3n o de personalidad sofocada.<\/p>\n\n\n\n<p>Amo y quiero amar m\u00e1s cada vez el recurso a la oraci\u00f3n, tal como me ense\u00f1\u00f3 Jesucristo, seguro de que sin ella mis fuerzas humanas son muy d\u00e9biles para perseverar en el bien y mantener encendida la luz de la esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p>Amo, en fin, a la autoridad de la Iglesia, que me ayuda a ser libre, verdaderamente libre, no con la falsa libertad que predican los hombres o que anhela mi soberbia. Amo al Papa, Vicario de Jesucristo, bien sea Le\u00f3n XIII, el de la profunda visi\u00f3n social; o P\u00edo XII, el de la majestad santa; o Juan XXIII, el de coraz\u00f3n sencillo; o Pablo VI, el m\u00e1rtir del posconcilio; porque para nosotros, los hijos de la Iglesia, todos los Papas son lo mismo: la piedra puesta por Cristo como cimiento de la Iglesia, el centro de la unidad, la garant\u00eda de la fe, la seguridad en el amor a Dios y a los hombres que nos hace libres.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> H. de Lubac. <em>Meditaci\u00f3n sobre la Iglesia,<\/em> Bilbao, 1958, 229-232.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> H. de Lubac, <em>o<\/em><em><strong>. <\/strong><\/em><em>c<\/em><em><strong>.,<\/strong><\/em> 249-251.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada el 20 de marzo de 1970, viernes de la quinta semana de Cuaresma. Despu\u00e9s de haber hablado del amor a Dios y al pr\u00f3jimo, como obligaci\u00f3n primaria y fundamental del cristiano, mis ojos se vuelven ahora hacia la Iglesia, nuestra Madre, porque tambi\u00e9n ella merece ser amada. Con esta meditaci\u00f3n quiero terminar mis [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[67,26,61],"doc_tag":[],"class_list":["post-971","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-cuaresma-1970","doc_category-la-iglesia","doc_category-libres-en-la-caridad"],"year_month":"2026-04","word_count":3385,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. Webmaster","author_nicename":"currante","author_url":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/author\/currante\/"},"doc_category_info":[{"term_name":"Cuaresma 1970","term_url":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs-category\/cuaresma-1970\/"},{"term_name":"La Iglesia","term_url":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs-category\/la-iglesia\/"},{"term_name":"Libres en la Caridad","term_url":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs-category\/libres-en-la-caridad\/"}],"doc_tag_info":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/docs\/971","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/docs"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/docs"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=971"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/docs\/971\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":972,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/docs\/971\/revisions\/972"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=971"}],"wp:term":[{"taxonomy":"doc_category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/doc_category?post=971"},{"taxonomy":"doc_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/doc_tag?post=971"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}