{"id":965,"date":"2024-09-25T23:02:45","date_gmt":"2024-09-25T21:02:45","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=965"},"modified":"2024-09-27T13:59:33","modified_gmt":"2024-09-27T11:59:33","password":"","slug":"actitudes-necesarias-para-poder-amar","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/actitudes-necesarias-para-poder-amar\/","title":{"rendered":"Actitudes necesarias para poder amar"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Conferencia pronunciada el 27 de febrero de 1970, viernes de la segunda semana de Cuaresma.<\/p>\n\n\n\n<p>Va avanzando, poco a poco, la Cuaresma y avanza tambi\u00e9n nuestra reflexi\u00f3n de cada viernes, a la que acompa\u00f1an la oraci\u00f3n y la plegaria. Al entrar en la Catedral y o\u00edr estos cantos con que acompa\u00f1\u00e1is a cada estaci\u00f3n del V\u00eda Crucis, cantos de dolor del coraz\u00f3n, de esperanza cristiana y de amor a Cristo crucificado, pienso en lo que significan estos actos de piedad, sencillos y profundos, que no debieran desaparecer nunca jam\u00e1s. Trabajo les va a costar a los que quieran sustituir estos ejercicios piadosos con otros m\u00e1s adecuados \u2013como dicen\u2013 a la mentalidad moderna. Aqu\u00ed no hay mentalidad moderna ni antigua. Cuando se trata de pedir perd\u00f3n de los pecados y de manifestar nuestra fe y nuestra confianza en Cristo Redentor, tenemos que recibir con humildad las lecciones que nos da el pueblo cristiano de siempre. No cambia el hombre, como tampoco cambia el Evangelio.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Singular\u00edsimo deber del cristiano<\/h2>\n\n\n\n<p>Habl\u00e1bamos el viernes pasado del universalismo del amor cristiano. La caridad, precepto fundamental del cristianismo, no tiene l\u00edmite alguno, es un amor que se extiende a todos los hombres. El que cree en Jesucristo tiene, m\u00e1s que un privilegio por el hecho de creer, un deber singular con respecto a Dios y al pr\u00f3jimo: el de amar a Dios sobre todas las cosas por motivos particulares y distintos de los que obligan a los dem\u00e1s hombres, los que le han sido se\u00f1alados a \u00e9l en la Revelaci\u00f3n y que s\u00f3lo \u00e9l conoce. Y lo mismo por lo que se refiere al amor a los dem\u00e1s, a todos, como Cristo los am\u00f3, con las caracter\u00edsticas propias que el Evangelio proclama.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso digo que, m\u00e1s que un privilegio, aunque tambi\u00e9n lo sea, el cristiano tiene un deber especial, singular\u00edsimo, en cuanto al modo de cumplir con este precepto del amor a Dios y del amor al pr\u00f3jimo. El cristiano es distinto de los que no lo son; su fe le singulariza y le sit\u00faa en una perspectiva \u00fanica, no para que se enorgullezca sobre los dem\u00e1s, ni para que se separe del resto de los hombres, como si perteneciera a una casta cerrada, sino para que descubra lo que con los ojos humanos no es posible alcanzar, a saber, que en todos los hombres est\u00e1 Dios am\u00e1ndoles y que Jesucristo, el Hijo de Dios, ha muerto por todos, porque amaba a todos y atodos quiere salvar. Estos motivos \u00edntimos del amor a Dios y al pr\u00f3jimo se perciben claramente a la luz de la Revelaci\u00f3n. El cristiano que vive de su fe admite esto y no puede sentirse extra\u00f1o a nadie. La pr\u00e1ctica es siempre dif\u00edcil. He ah\u00ed el gran problema del que tenemos que examinarnos constantemente en nuestra vida espiritual y religiosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, prescindiendo de las debilidades que nos hacen fallar en la pr\u00e1ctica de este doble mandamiento, el cristiano atento a su fe no puede menos de admitirlo: amar\u00e1 a todos los hombres por amor a Dios, lo cual \u2013fijaos bien\u2013 no significa que deje de amarles por lo que ellos son, sino que, adem\u00e1s de lo que son por s\u00ed mismos, \u00e9l considerar\u00e1 que son algo m\u00e1s, porque Dios les ama y porque Cristo ha querido redimirles. Luego, decir que amamos al pr\u00f3jimo por amor a Dios no significa una minusvaloraci\u00f3n de la condici\u00f3n humana, una desestimaci\u00f3n de lo que el hombre es por s\u00ed mismo, sino, por el contrario, el reconocimiento de que en \u00e9l hay una realidad nueva con la que el cristiano cuenta siempre: Dios, Creador y Redentor, que ama y redime a todo hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Es interesante tener esto en cuenta en nuestras meditaciones sobre la pr\u00e1ctica del precepto de la caridad, porque con frecuencia o\u00edmos decir que hay que amar al hombre por s\u00ed mismo, porque si se le ama por amor a Dios, es como reconocer que no tiene valor en s\u00ed para ser digno de ser amado. Es un enfoque err\u00f3neo y un mal planteamiento del problema hablar as\u00ed. El cristiano que dice: yo amo al hombre por amor a Dios, no es porque deje de reconocer lo que el hombre vale en s\u00ed mismo, sino porque adem\u00e1s ve en \u00e9l al Dios que le ha creado a su imagen y semejanza y a Cristo que le ha redimido. Lo contrario s\u00ed que ser\u00eda verdad: que el que deja de amar al pr\u00f3jimo por amor a Dios disminuye la categor\u00eda del hombre al privarle en su estimaci\u00f3n, de lo que Dios ha puesto en \u00e9l al crearle y redimirle.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es la perspectiva; m\u00e1s a\u00fan, \u00e9ste es el mandato expl\u00edcito y terminante. Evangelio de San Juan, cap\u00edtulo quince. Dice Jesucristo en el serm\u00f3n de la \u00faltima cena: <em>Si observareis mis preceptos, perseverar\u00e9is en mi amor, as\u00ed como yo tambi\u00e9n he guardado los preceptos de mi Padre y persevero en su amor. Estas cosas os he dicho, a fin de que os goc\u00e9is con el gozo m\u00edo y vuestro gozo sea completo. El precepto m\u00edo es que os am\u00e9is unos a otros, como yo os he amado a vosotros<\/em> (Jn 15, 10-12). As\u00ed concretado el mandamiento cristiano, nadie deja de ver lo dif\u00edcil que es ponerlo en pr\u00e1ctica d\u00eda tras d\u00eda, con la constancia que corresponde a un verdadero disc\u00edpulo del Se\u00f1or. Es necesaria una lucha continua contra el gran obst\u00e1culo que se levanta dentro de nosotros, para vivir con sinceridad este amor a Dios y este amor al pr\u00f3jimo; y este obst\u00e1culo es, en una palabra, la soberbia interior que impide y ahoga el florecimiento de la caridad verdadera.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>La soberbia del coraz\u00f3n, obst\u00e1culo para la caridad<\/h2>\n\n\n\n<p>De este gran pecado de la soberbia del coraz\u00f3n quiero hablaros brevemente esta noche con el determinado prop\u00f3sito de examinarlo en cuanto se opone a la caridad con Dios, para poder hablar despu\u00e9s del amor al pr\u00f3jimo. Porque es aqu\u00ed donde est\u00e1 el fallo radical de los cristianos de hoy y de siempre; cuando se extingue el amor a Dios, indefectiblemente se apaga el amor al pr\u00f3jimo con sentido evang\u00e9lico, esto es, la caridad para con los dem\u00e1s al modo como Cristo los am\u00f3. Porque el precepto cristiano no es: amaos unos a otros. No. No es \u00e9ste el precepto fundamental del cristianismo. <em>El precepto m\u00edo es que os am\u00e9is unos a otros \u201ccomo Yo os he amado a vosotros\u201d.<\/em> Luego, en un aut\u00e9ntico amor cristiano, no podemos prescindir de la presencia de Cristo como inspirador de nuestros amores, como fuerza que los nutre, como ejemplo que nos gu\u00eda, como contenido al que se aspira.<\/p>\n\n\n\n<p>Somos muy propensos a reducirlo todo a t\u00e9rminos simplistas y enseguida decimos: lo importante es el amor al pr\u00f3jimo, o sea, hacer el bien, buscar el bienestar del hombre, luchar por la justicia. Y esto puede ser una parte integrante, pero no es la totalidad del amor con que Cristo nos ama. Por eso digo que, cuando no hay un verdadero amor a Dios, el amor a los hombres con sentido evang\u00e9lico, tal como Cristo am\u00f3, tambi\u00e9n se apaga.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay que empezar a construir la casa por los cimientos y no por el tejado; y esto es lo que nos est\u00e1 pasando: que queremos empezar por el tejado. Jam\u00e1s se ha hablado tanto de amor y de justicia en el mundo, de que hay que dar testimonio, de que hay que implantar unas relaciones m\u00e1s fraternales entre los hombres; pero luego sucede que el amor y la justicia quedan reducidos, en su aspiraci\u00f3n, a satisfacer apetencias materiales y terrestres. \u00bfEs esto el amor al hombre de que habla el Evangelio? En realidad, lo que llaman dar testimonio, o bien se convierte f\u00e1cilmente en acusaci\u00f3n, o es una actitud fr\u00eda desprovista de amor universal a todos, atenta \u00fanicamente a la ideolog\u00eda propia o a las reclamaciones del grupo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y en cuanto a las relaciones de fraternidad, \u00a1con qu\u00e9 frecuencia se conciben y desarrollan \u00fanicamente en el \u00e1mbito ego\u00edsta y pobre de los partidismos pol\u00edticos, de los exclusivismos nacionalistas e incluso de los intereses econ\u00f3micos! Hay que apuntar m\u00e1s alto si se quiere atacar la soberbia del coraz\u00f3n en la relaci\u00f3n con los hombres. Hay que esforzarse antes por atacarla y vencerla en la relaci\u00f3n con Dios, en la actitud de amor a Dios. Es decir, hay que empezar por la religi\u00f3n, no por la sociolog\u00eda. El hombre est\u00e1 unido con Dios en todo su ser con absoluta dependencia, con obligaci\u00f3n permanente de amor y de homenaje, que se traduce en servicio y cumplimiento de la ley divina. De aqu\u00ed hay que partir para cumplir bien con las exigencias de un verdadero amor a Dios, que rechaza toda soberbia interior, y si no hay amor a Dios as\u00ed, no se sostiene el amor al pr\u00f3jimo.<\/p>\n\n\n\n<p>Habr\u00e1 alguien que diga: es que tampoco se sostiene el amor a Dios sin el amor al hombre. Cierto, as\u00ed es; pero hay un nexo intr\u00ednseco entre los dos amores y el uno fundamenta al otro y es punto de partida, porque el universalismo del amor cristiano al pr\u00f3jimo solamente puede entenderse en cuanto que se ve a Dios en el hombre, con su amor de creaci\u00f3n y de redenci\u00f3n. Ah\u00ed est\u00e1 el universalismo. De lo contrario, surgen enseguida las divisiones, los ego\u00edsmos de que habl\u00e1bamos el viernes pasado; o bien se mutila al hombre y no se atiende a valorar lo que espiritualmente significan para \u00e9l su alma y su destino eterno; o bien se reduce el amor cristiano a la mera satisfacci\u00f3n de una aspiraci\u00f3n terrestre, lo cual deja al Evangelio sin contenido, porque el Evangelio no es un programa pol\u00edtico para reformar las estructuras de este mundo. Su mensaje y su contenido son infinitamente m\u00e1s amplios.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Tres actitudes necesarias<\/h2>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">1\u00aa.- Sencillez de coraz\u00f3n.<\/h3>\n\n\n\n<p>En la lucha contra esa soberbia que ahoga el amor a Dios, hemos de fomentar, en primer lugar, la sencillez de coraz\u00f3n. Evangelio de San Mateo, cap\u00edtulo once: <em>Por aquel tiempo, exclam\u00f3 Jes\u00fas diciendo: Yo te glorifico, Padre m\u00edo, Se\u00f1or del cielo y de la tierra, porque has tenido encubiertas estas cosas a los sabios y prudentes y las has revelado a los peque\u00f1uelos. S\u00ed, Padre m\u00edo, alabado seas por haber sido de tu agrado que fuera as\u00ed. Todas las cosas las ha puesto mi Padre en mis manos, pero nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni conoce ninguno al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo habr\u00e1 querido revelarlo. Venid a M\u00ed todo los que and\u00e1is agobiados con trabajos y cargas, que yo os aliviar\u00e9. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de M\u00ed, que soy manso y humilde de coraz\u00f3n, y hallar\u00e9is el reposo para vuestras almas, porque suave es mi yugo y ligero el peso m\u00edo<\/em>(Mt 11, 25-30).<\/p>\n\n\n\n<p>Sencillez de coraz\u00f3n. Habr\u00eda que meditar mucho este pasaje evang\u00e9lico, en medio de la crisis religiosa que padecemos, porque se habla mucho de fe adulta, de desarrollo de la personalidad cristiana, de cultivo de las exigencias de esta fe, y luego resulta que a quienes nos pone Cristo como ejemplo de los que reciben luces son los peque\u00f1uelos, los sencillos, los humildes. Los peque\u00f1uelos fueron los Ap\u00f3stoles, que obedientes a la llamada del Se\u00f1or le siguieron con coraz\u00f3n desprendido, sin saber siquiera adonde iban; los peque\u00f1uelos fueron aquellos padres y madres de familia, y aquellos j\u00f3venes \u2013que tambi\u00e9n exist\u00edan\u2013 que, al escuchar las palabras del Maestro prorrump\u00edan en exclamaciones de alabanza hacia \u00c9l, llenos de amor y veneraci\u00f3n; los peque\u00f1uelos eran aquellos que rezaron el Padrenuestro por primera vez, pidiendo que se cumpliera la voluntad de Dios as\u00ed en la tierra como en el cielo. Pero hoy, no; hoy queremos discutirlo todo, someterlo todo a nuestra cr\u00edtica: autoridad del Papa, leyes de la Iglesia, teolog\u00eda cat\u00f3lica, relaciones entre Iglesia y mundo&#8230; y cada cual dar su sentencia y sus opiniones inapelables.<\/p>\n\n\n\n<p>Dios no revela el misterio del reino a quienes as\u00ed hablan y sienten. Las expresiones, en s\u00ed, son buenas. \u00bfQui\u00e9n no estar\u00e1 de acuerdo en que la fe tiene que ser adulta? Es decir, que estudia su contenido, que reflexiona sobre s\u00ed misma, que medita los comportamientos que de ella deben derivarse, que capta los matices. Todo esto es obligado; pero, \u00a1cu\u00e1ntas veces lo que late en esa expresi\u00f3n es un subjetivismo personalista terrible y una aut\u00e9ntica falta de obediencia! Por este motivo, al hablar de esto Cristo dice a continuaci\u00f3n: <em>Venid a m\u00ed los que est\u00e1is cansados, que yo os aliviar\u00e9. Porque mi carga es suave y mi yugo ligero<\/em> (Mt 11, 28-29); o sea, que da por supuesto que s\u00ed: que existe una carga y un yugo, pero los peque\u00f1uelos y los sencillos logran vencerlo acudiendo a \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<p>En cambio, esos otros, los de la fe adulta, entendida a su manera, \u00a1cu\u00e1ntas veces convierten su vida entera en un yugo insoportable para s\u00ed mismos y para los dem\u00e1s!<\/p>\n\n\n\n<p>Sencillez de coraz\u00f3n, que reza, que adora a Dios, que ama a la Iglesia, que cumple los mandamientos como la doctrina cristiana lo ha ense\u00f1ado siempre. Porque el coraz\u00f3n no se enga\u00f1a; sabemos distinguir muy bien entre el bien y el mal, entre las ocasiones para el pecado y la virtud. Pero si nos empe\u00f1amos en decir que el pecado no es pecado, sino sencillamente, expresi\u00f3n de la libertad y de la personalidad humanas, es de temer que de esa llamada fe adulta no quede ni adultez, ni fe. Y entonces, la religi\u00f3n, la Iglesia y la teolog\u00eda, todo, se convierte en un conjunto de sombras y dificultades insoportables.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">2\u00aa.- Humildad en las interrogaciones<\/h3>\n\n\n\n<p>He aqu\u00ed otra actitud necesaria para que la soberbia de coraz\u00f3n no impida el amor a Dios. Leo ahora el evangelio de San Marcos: <em>Volvieron, pues, otra vez a Jerusal\u00e9n, y pase\u00e1ndose Jes\u00fas por el atrio exterior del templo, instruyendo al pueblo, llegan a \u00c9l los pr\u00edncipes de los sacerdotes y los escribas y los ancianos<\/em> <em>y le dicen: \u00bfCon qu\u00e9 autoridad haces estas cosas? \u00bfQui\u00e9n te ha dado a ti potestad de hacer lo que haces? Y respondiendo, Jes\u00fas, les dijo: Yo tambi\u00e9n os har\u00e9 una pregunta, respondedme a ella primero, y despu\u00e9s os dir\u00e9 con qu\u00e9 autoridad hago estas cosas. Mi pregunta es: El bautismo de Juan, \u00bfera del cielo o de los hombres? Respondedme. Ellos discurr\u00edan para consigo diciendo: Si decimos que del cielo, dir\u00e1: pues, \u00bfpor qu\u00e9 no le cre\u00edsteis? Si decimos que de los hombres, debemos temer al pueblo, pues todos cre\u00edan que Juan hab\u00eda sido verdadero profeta. Y as\u00ed, respondieron a Jes\u00fas diciendo: No lo sabemos. Entonces Jes\u00fas les replic\u00f3: Pues yo tampoco os dir\u00e9 con qu\u00e9 autoridad hago estas cosas<\/em>(Mc 11, 27-33).<\/p>\n\n\n\n<p>Es muy instructivo este pasaje del Evangelio. Nos indica que en la vida religiosa cristiana \u2013cuando se trata del amor a Dios\u2013 no podemos presentarnos ante Cristo con interrogaciones desafiantes. Si obramos as\u00ed, Dios no nos contesta. Esto es lo que ocurre muchas veces en las crisis religiosas, en las dudas sobre la fe, en el ate\u00edsmo pr\u00e1ctico de tantos, en la disciplina relativa a los mandamientos de Dios o de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCon qu\u00e9 autoridad el Papa nos dice esto o aquello? \u00bfCon qu\u00e9 autoridad el celibato es se\u00f1alado como obligatorio en la vida de los sacerdotes? \u00bfCon qu\u00e9 autoridad la Iglesia se pronuncia sobre la necesidad de una corresponsabilidad dentro del pueblo cristiano, pero org\u00e1nica, en el sentido de que hay que obedecer a una jerarqu\u00eda puesta por el Se\u00f1or en su Iglesia? \u00bfPor qu\u00e9 hemos de aceptar el Magisterio de esta Iglesia, si yo, te\u00f3logo, prefiero tal o cual interpretaci\u00f3n que a m\u00ed me parece mucho m\u00e1s apta? \u00bfCon qu\u00e9 autoridad se me dice que en el uso de las fuerzas procreadoras el hombre y la mujer tienen que someterse a unas normas establecidas por Dios? Estamos preguntando mucho al Se\u00f1or, mucho. Y no es que no podamos preguntar. Pero, \u00bfsab\u00e9is cu\u00e1ndo se pregunta? Hay una ocasi\u00f3n hermosa en la vida cristiana para preguntar, y es en la oraci\u00f3n humilde, en la oraci\u00f3n en que el alma cristiana expone sus dificultades al Padre por medio de Cristo, a la cual han sido prometidas luces que se derraman del cielo para poder ir entendiendo, poco a poco, el misterio cristiano. \u00bfO es que cre\u00e9is que los santos no han padecido dificultades en su vida de fe y en su vida moral? Pero preguntaban as\u00ed, no como los escribas y los fariseos: a ver qu\u00e9 nos dice, a exigirle una respuesta. No, no. Es otro el modo de preguntar, si queremos que Dios nos responda.<\/p>\n\n\n\n<p>Santa Soledad Torres Acosta, recientemente canonizada, esta mujer humilde y sencilla que en el siglo pasado vuelca su existencia en atender a los enfermos en medio de estrecheces y dificultades sin cuento, fund\u00f3 la Congregaci\u00f3n de Siervas de Mar\u00eda. \u00a1Cu\u00e1ntos hero\u00edsmos y cu\u00e1ntas generosidades calladas! \u00a1Cu\u00e1ntas dificultades en su vida! Pero ella supo preguntar en la oraci\u00f3n y obtuvo respuesta. Y, en otro orden de cosas, una Santa Teresa de Jes\u00fas. Otra clase de caridad la suya. Fue una caridad de reforma interior de la Iglesia, de exposici\u00f3n de su sentir y su pensar sobre el amor de Dios tal como lo reflejan sus libros; fundaciones incesantes, perseverancia en una lucha fatigos\u00edsima para introducir la Reforma en el ambiente relajado de aquel siglo. \u00a1Cu\u00e1ntas preguntas pod\u00eda haber hecho Santa Teresa de Jes\u00fas! Y las hac\u00eda; pero era as\u00ed tambi\u00e9n: en su vida de oraci\u00f3n. Y no se apag\u00f3 el amor a Dios. Ante los ejemplos de estos h\u00e9roes extraordinarios de la santidad uno siente verg\u00fcenza al ver con qu\u00e9 facilidad nos apartamos del amor a Dios ante las primeras dificultades que puede experimentar.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">3\u00aa.- Esfuerzo personal en la adhesi\u00f3n<\/h3>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, para vencer esta soberbia del coraz\u00f3n que impide el florecimiento de la caridad como amor a Dios, es necesaria otra actitud; y es la de esperar con confianza en que el Se\u00f1or nos dar\u00e1 luces cada vez m\u00e1s abundantes. Dice Jesucristo en el Evangelio de San Juan: <em>A\u00fan tengo otras muchas cosas que deciros; mas, por ahora, no pod\u00e9is comprenderlas. Cuando venga el Esp\u00edritu de verdad, \u00c9l os ense\u00f1ar\u00e1 todas las verdades, pues no hablar\u00e1 de lo suyo sino que dir\u00e1 todas las cosas que habr\u00e1 o\u00eddo, y os pronunciar\u00e1 las venideras. \u00c9l me glorificar\u00e1 porque recibir\u00e1 de lo m\u00edo y os lo anunciar\u00e1. Todo lo que tiene el Padre es m\u00edo; por eso os he dicho que recibir\u00e1 de lo m\u00edo y os lo anunciar\u00e1<\/em> (Jn 16, 12). Bien, la frase importante es \u00e9sta: <em>Cuando venga el Esp\u00edritu de la verdad, El os ense\u00f1ar\u00e1 todas las verdades<\/em> necesarias para la salvaci\u00f3n, para el sostenimiento de vuestra fe, para vuestra vida religiosa. \u00bfPor qu\u00e9, pues, precipitarnos, cristianos, creyentes en Cristo? \u00bfPor qu\u00e9 enseguida cerramos las puertas a la luz que, si no llega hoy, llegar\u00e1 ma\u00f1ana? A m\u00ed, sacerdote, a vosotros, padres de familia cristianos, j\u00f3venes, mayores, el Esp\u00edritu Santo nos ir\u00e1 fortaleciendo e iluminando si nos mantenemos fieles. Fruto de su acci\u00f3n sobre nuestras almas ser\u00e1 la dulzura de la piedad y el gusto por las cosas de Dios que facilita los caminos del amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Con esa fuerza y esa luz, que no nos ser\u00e1n negadas, el cristiano ha de luchar valientemente en la pr\u00e1ctica diaria de las virtudes que su condici\u00f3n le exige. Ha de pasar de los humildes interrogantes en la oraci\u00f3n a las decisiones generosas que, d\u00eda tras d\u00eda, van aumentando en \u00e9l la adhesi\u00f3n a la doctrina, el fervor en sus prop\u00f3sitos y la conciencia de victoria sobre sus pasiones desordenadas. La gracia de Dios le asistir\u00e1 siempre. Ese progreso comprobado en la vida asc\u00e9tica y en una uni\u00f3n m\u00edstica con Dios, proporcionada a su condici\u00f3n y su estado, le facilita cada vez m\u00e1s el conocimiento y el amor a Dios Padre, refuerza sus lazos de uni\u00f3n con Cristo y le permite superar las dificultades que antes le parec\u00edan invencibles. Este es el secreto de la vida espiritual intensa de muchos sacerdotes, de religiosas santas, de padres y madres de familia cristianos que perseveran heroicamente en una actitud ejemplarmente generosa, no obstante los obst\u00e1culos que encuentran en su camino.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiero decir, en suma, que en la pr\u00e1ctica del amor a Dios que debe informar nuestra vida cristiana, hay que decidirse a amar, porque a amar se aprende amando. Que no se nos pase la vida manifestando siempre las mismas quejas, las mismas dificultades, las mismas desviaciones ego\u00edstas y torpes. Jes\u00fas dijo a los Ap\u00f3stoles: <em>Seguidme,<\/em> y ellos, dej\u00e1ndolo todo, le siguieron. Nunca fueron m\u00e1s libres que cuando se entregan a \u00c9l con decisi\u00f3n confiada y generosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Rompiendo con las ocasiones de pecado, se deja de pecar; buscando la soledad y el retiro del alma, se aprende a orar; leyendo el Evangelio, se aprende a meditar la vida de Jes\u00fas; aceptando la peque\u00f1a cruz de cada d\u00eda, se termina por aceptar y amar la cruz de Jesucristo. Cuando el Se\u00f1or empez\u00f3 a predicar su doctrina, nos dijo a todos con palabra clara y terminante: <em>Se ha cumplido ya el tiempo, y el Reino de Dios est\u00e1 cerca: haced penitencia y creed el Evangelio<\/em> (Mc 1, 15).<\/p>\n\n\n\n<p>Ped\u00eda un esfuerzo, una adhesi\u00f3n y una entrega.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada el 27 de febrero de 1970, viernes de la segunda semana de Cuaresma. 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