{"id":963,"date":"2024-09-25T23:01:12","date_gmt":"2024-09-25T21:01:12","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=963"},"modified":"2024-09-27T13:58:54","modified_gmt":"2024-09-27T11:58:54","password":"","slug":"el-amor-del-cristiano-2","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/el-amor-del-cristiano-2\/","title":{"rendered":"El amor del cristiano"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Conferencia pronunciada el 20 de febrero de 1970, viernes de la primera semana de Cuaresma.<\/p>\n\n\n\n<p>Examin\u00e1bamos el viernes \u00faltimo los motivos por los cuales el hombre ha de amar a Dios, los motivos y fundamentos de ese precepto principal\u00edsimo de la Ley: amar a Dios sobre todas las cosas, con toda la voluntad, con todo el coraz\u00f3n, con lo mejor de nuestra mente, con todas nuestras fuerzas. La ley natural, escrita en la conciencia de todo ser humano, mueve indefectiblemente al respeto, la reverencia, el temor y la gratitud, e incluso a un cierto amor a Dios. Pero es insuficiente la luz que brota de esta conciencia del hombre reducido exclusivamente a lo que la ley natural puede dictarle; es insuficiente para que en \u00e9l arraigue profundamente esta idea, convertida en vida, del amor a Dios sobre todas las cosas.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo a la luz de la Revelaci\u00f3n cristiana recibe el hombre una completa ense\u00f1anza sobre Dios. Jesucristo es quien disipa todas las sombras y nos revela que Dios es nuestro Padre. La garant\u00eda de la verdad de su predicaci\u00f3n est\u00e1 en su misma vida. La creaci\u00f3n del hombre, la providencia divina sobre \u00e9l, aunque misteriosa y muchas veces desconcertante para nosotros; la redenci\u00f3n, el ofrecimiento de la salvaci\u00f3n eterna en el cielo, son obra del amor de Dios y s\u00f3lo por el amor de Dios pueden tener explicaci\u00f3n suficiente. De manera particular insisto en la idea que expon\u00eda con m\u00e1s detenimiento el \u00faltimo d\u00eda: la redenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo os pregunto a vosotros, cristianos, \u00bfno es cierto que ha habido momentos en vuestra vida en que hab\u00e9is comprendido, como iluminados por una luz de cielo, que la \u00fanica actitud es \u00e9sta, la del amor a Dios? Al meditar en el misterio de Cristo Redentor, en toda su vida, pero de manera particular en lo que significan su pasi\u00f3n santa, su muerte y su resurrecci\u00f3n; cuando en unos ejercicios espirituales nos hemos detenido a contemplar el paisaje del calvario, lo que significa Cristo en la cruz, la redenci\u00f3n ha empezado a tener sentido para nosotros de una manera definitiva. Quiz\u00e1 no hemos sido despu\u00e9s suficientemente fieles, pero ya no se ha borrado de nosotros la idea de que Dios nos ama y de que aquel que est\u00e1 all\u00ed, en la cruz, lo est\u00e1 por amor a nosotros; que Cristo, el Hijo de Dios, ha subido al Calvario solamente porque nos ama. Y que, por lo mismo, el cristiano ha de amar a Dios, Padre suyo, redentor y salvador, sobre todas las cosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero debemos dar un paso m\u00e1s, porque el Evangelio nos invita a ello. Leemos en San Lucas:<em>Se levant\u00f3 un doctor de la Ley y dijo a Jes\u00fas, con el fin de tentarle: Maestro, \u00bfqu\u00e9 debo hacer para conseguir la vida eterna? Y le dijo Jes\u00fas: \u00bfQu\u00e9 es lo que se halla escrito en la Ley? Respondi\u00f3 el: Amar\u00e1s al Se\u00f1or, Dios tuyo, con todo tu coraz\u00f3n, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y al pr\u00f3jimo como a ti mismo. Replic\u00f3 Jes\u00fas: bien has respondido; haz esto y vivir\u00e1s. Mas \u00e9l, queriendo justificarse, pregunt\u00f3 a Jes\u00fas: \u00bfY qui\u00e9n es mi pr\u00f3jimo?<\/em> (Lc 10, 25-30).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Par\u00e1bola del Buen Samaritano<\/h2>\n\n\n\n<p>Entonces Jes\u00fas tomando la palabra, habl\u00f3 as\u00ed: <em>Bajaba un hombre de Jerusal\u00e9n a Jeric\u00f3 y cay\u00f3 en manos de ladrones, que le despojaron de todo, le cubrieron de heridas y se fueron, dej\u00e1ndole medio muerto. Bajaba casualmente por el mismo camino un sacerdote y, aunque le vio, pas\u00f3 de largo. Igualmente, un levita, a pesar de que se hall\u00f3 vecino al sitio, le mir\u00f3 y tir\u00f3 adelante. Pero un samaritano que iba de camino lleg\u00f3 adonde \u00e9l estaba, y, vi\u00e9ndole, se movi\u00f3 a compasi\u00f3n. Y, acerc\u00e1ndose, vend\u00f3 sus heridas, ba\u00f1\u00e1ndolas con aceite y vino; y, subi\u00e9ndole en su cabalgadura, le condujo al mes\u00f3n y cuid\u00f3 de \u00e9l. Al d\u00eda siguiente, sac\u00f3 dos denarios y se los dio al mesonero, dici\u00e9ndole: Cuida de este hombre; y todo lo que gastes de m\u00e1s, yo te lo abonar\u00e9 a mi vuelta. \u00bfQui\u00e9n de estos tres te parece haber sido pr\u00f3jimo del que cay\u00f3 en manos de los ladrones? Aqu\u00e9l, respondi\u00f3 el doctor, que us\u00f3 con \u00e9l de misericordia. Y dijo Jes\u00fas: Pues anda y haz t\u00fa lo mismo<\/em>(Lc 10, 30-38).<\/p>\n\n\n\n<p>Ved c\u00f3mo comenta esta par\u00e1bola, en su espl\u00e9ndida \u201cVida de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u201d, el profesor Ricciotti: \u201cDurante esta peregrinaci\u00f3n por Judea, Jes\u00fas fue interpelado por un doctor de la Ley que quer\u00eda formarse idea clara del pensamiento de \u00c9l sobre ciertos puntos fundamentales&#8230; y le hizo estas preguntas que hemos le\u00eddo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPero en ning\u00fan pasaje de la Ley antigua se encontraban juntos los dos preceptos del amor de Dios y el amor al pr\u00f3jimo, y parece que tampoco los rabinos de entonces sol\u00edan unirlos. En todo caso quedaba la incertidumbre del t\u00e9rmino \u201cpr\u00f3jimo\u201d, que no sab\u00eda bien a quien deb\u00eda referirse: si s\u00f3lo a los parientes y amigos, o a todos los compatriotas y correligionarios, o en la m\u00e1s exorbitante de las hip\u00f3tesis, incluso a los enemigos, a los extranjeros, a los incircuncisos y a los id\u00f3latras&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cUn hombre bajaba de Jerusal\u00e9n a Jeric\u00f3&#8230; La carretera actual de Jerusal\u00e9n a Jeric\u00f3 cuenta con 37 kil\u00f3metros, pero en la antig\u00fcedad era algo m\u00e1s breve, pues su \u00faltimo tramo ha sido alargado hoy para comodidad del tr\u00e1fico. Aquel hombre <em>bajaba<\/em> de Jerusal\u00e9n a Jeric\u00f3, dice el Evangelio, a causa de que casi todo el camino transcurre cuesta abajo, para salvar el desnivel de unos mil metros que existe entre ambas ciudades. Desde el kil\u00f3metro ocho hasta casi las puertas de Jeric\u00f3, la ruta pasa por lugares absolutamente desiertos, monta\u00f1osos y, a menudo, escarpados. De aqu\u00ed que, en todos los tiempos, haya estado infestada de ladrones, siendo pr\u00e1cticamente imposible desalojar a \u00e9stos de los refugios secretos practicados a los lados del camino.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl desdichado yace, pues, en el camino, magullado a golpes, aturdido e incapaz de salir de tal situaci\u00f3n si alguna persona compasiva no le presta socorro. La par\u00e1bola presupone, evidentemente, que el sacerdote y el levita, terminado su turno de servicio en el templo, regresaban a sus casas, situadas en Jeric\u00f3 o m\u00e1s all\u00e1. Tras estos dos, pas\u00f3 un tercer viajero: el samaritano. Este era quiz\u00e1 un mercader que iba a hacer compras en el mercado de Jeric\u00f3 y dentro de poco pensaba volver en sentido inverso. Y era acomodado, puesto que viajaba en jumento propio. La piedad que al instante sinti\u00f3 por el infeliz le indujo a cuidarle lo mejor posible en aquella soledad, aplicando a las heridas las medicaciones de la \u00e9poca, es decir, el aceite emoliente y el vino desinfectante, tras lo cual las vend\u00f3 con vendas improvisadas. Carg\u00f3 despu\u00e9s en el jumento al hombre inerte y, enternecido, sosteni\u00e9ndole lo mejor que pudo durante el trayecto, lo llev\u00f3 a la posada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLos dos denarios de plata eran suficientes para proveer a varios d\u00edas de cura del herido, aparte de que, si no bastaba, el samaritano hab\u00eda prometido al posadero reembolsarle despu\u00e9s. La par\u00e1bola estaba concluida. Mas como el doctor hab\u00eda preguntado qui\u00e9n era su pr\u00f3jimo, Jes\u00fas termin\u00f3 provocando la respuesta del propio doctor: \u00bfQui\u00e9n te parece a ti que de estos tres fue el pr\u00f3jimo de aquel que hab\u00eda ca\u00eddo en manos de ladrones? El doctor, naturalmente, responde: El que us\u00f3 de misericordia con \u00e9l. Y Jes\u00fas termina: Ve y haz t\u00fa tambi\u00e9n lo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEn el caso de la par\u00e1bola, los pr\u00f3jimos del herido eran, oficialmente, m\u00e1s que cualquier otro, el sacerdote y el levita; \u00f3ptima idea, pero p\u00e9simo resultado. El samaritano no era, en modo alguno, oficialmente pr\u00f3jimo del herido: idea p\u00e9sima, pero resultado \u00f3ptimo. Los dos ministros de la religi\u00f3n nacional no sienten la menor piedad por su compatriota agonizante; el extranjero y execrado samaritano hace por el infeliz cuanto hubiera hecho por su padre y madre. De los tres, s\u00f3lo el samaritano obra como pr\u00f3jimo, aunque no lo fuera oficialmente. De modo que cualquier hombre, no importe cu\u00e1les sean su raza o su fe, puede ser pr\u00f3jimo, porque puede obrar como pr\u00f3jimo\u201d<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Gloriosa historia<\/h2>\n\n\n\n<p>Esta par\u00e1bola del buen samaritano ha sido objeto de meditaci\u00f3n constante en la vida de los cristianos. \u00a1Cu\u00e1ntas inspiraciones buenas han nacido de ah\u00ed! \u00a1Cu\u00e1ntos actos de abnegaci\u00f3n y de amor en favor de unos y otros!<\/p>\n\n\n\n<p>Es cierto que cuando se estudia la historia de la Iglesia podemos encontrar equivocaciones tr\u00e1gicas, fallos dolorosos en la pr\u00e1ctica del amor, imposiciones molestas en nombre de un sentido de la civilizaci\u00f3n cristiana, vigente en tal o cual \u00e9poca, que se amparaba tanto o m\u00e1s que en el derecho objetivo que la religi\u00f3n pod\u00eda tener a ser predicada, en un conjunto de circunstancias transitorias, a veces incluso pol\u00edticas. Pero la comprobaci\u00f3n de estas deficiencias no debe ser impedimento para reconocer lo mucho que, gracias a la predicaci\u00f3n de Cristo y a este concepto del amor al pr\u00f3jimo, se ha hecho siempre. Como tampoco debe serlo para reconocer que siempre tenemos que seguir haciendo m\u00e1s. Es verdad. Afirm\u00e9moslo abiertamente, pero sin caer en una cr\u00edtica demoledora que parece no ver m\u00e1s que defectos en la Iglesia. El amor de Cristo a trav\u00e9s de la Iglesia ha sido vivo, operante, activo. Ha habido muchos buenos samaritanos en todo tiempo y lugar, hijos de la Iglesia que se han adelantado a todas las exigencias de la justicia social.<\/p>\n\n\n\n<p>No pod\u00e9is dar un paso hacia atr\u00e1s en la historia de Barcelona sin encontraros con el testimonio elocuent\u00edsimo de tantas personas y entidades que se ocuparon de las desgracias del pr\u00f3jimo, venciendo todo ego\u00edsmo y procurando aliviar, hasta donde fuera posible, las necesidades que sus hermanos les presentaban. Y as\u00ed tambi\u00e9n en las m\u00e1s peque\u00f1as aldeas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Hay tantas costumbres santas y tantas instituciones logradas en pueblos y ciudades, que nacieron como fruto de la fe y de la caridad cristiana, a pesar de tantos pecados y de tantos fallos en el orden espiritual!<\/p>\n\n\n\n<p>De ese hombre que estaba all\u00ed, al borde del camino, no se sabe nada, no se sabe qui\u00e9n es, de qu\u00e9 religi\u00f3n, de qu\u00e9 raza, de qu\u00e9 pa\u00eds, de qu\u00e9 familia, de qu\u00e9 cultura, de qu\u00e9 condici\u00f3n social, de qu\u00e9 car\u00e1cter humano. Nada. No es m\u00e1s que un pobre desconocido, <em>homo quidam,<\/em> un cualquiera. Y es ese hombre el que Jesucristo nos pone como ejemplo del pr\u00f3jimo a quien hay que amar y atender.<\/p>\n\n\n\n<p>Han pasado por all\u00ed el sacerdote y el levita. Eran los m\u00e1s obligados porque, l\u00f3gicamente pensando, tendr\u00edan m\u00e1s vinculaci\u00f3n con el herido. Pasan de largo. Y el que viene a dar la lecci\u00f3n del amor es alguien que entre los jud\u00edos de entonces estaba considerado como un enemigo, por lo menos como un extranjero con el que no se quer\u00eda tratar, un samaritano. Y este hombre se conmueve, act\u00faa, se acerca al herido, le recoge, le mueve entre sus manos, le pone lo que tiene all\u00ed, aceite y vino; le transporta en su cabalgadura y ofrece, generosamente, el dinero necesario para que lo atiendan.<\/p>\n\n\n\n<p>Es decir, amor compasivo, generoso, pr\u00e1ctico, amor sin condiciones; es el universalismo del amor en cuanto a la naturaleza del hombre a quien hay que amar; en cuanto a la acci\u00f3n que hay que ejercitar para demostrar el amor; y en cuanto al desprendimiento m\u00e1ximo que debe guiarnos.<\/p>\n\n\n\n<p>A esto ha invitado siempre la religi\u00f3n cristiana, y sigue invitando hoy, aunque los derechos sociales de los hombres deben ser proclamados, requeridos, exigidos, cumplidos fielmente en nombre de la justicia y amparados en las leyes pertinentes para asegurar su efectividad.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque el motivo fundamental es siempre el amor. Si queremos un mundo m\u00e1s justo y trabajamos para que se realice esta justicia en la tierra, es porque \u00e9sta debe ser una realizaci\u00f3n del amor, es porque somos hermanos, no simplemente para satisfacer una exigencia legal. \u00bfQu\u00e9 ser\u00eda de un mundo en que los derechos sociales estuvieran perfectamente atendidos, pero vac\u00edo de amor? Las leyes se cumplir\u00edan, pero la dignidad fundamental del hombre quedar\u00eda olvidada. Deben darse las dos cosas a la vez, leyes justas y trabajo de transformaci\u00f3n, pero fundadas en el amor al hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Si la ley es justa es porque arranca de la justicia. La justicia descansa sobre el orden objetivo de la naturaleza humana tal como Dios la ha creado. Y no basta la conciencia de solidaridad que nace de nuestra condici\u00f3n com\u00fan, porque la experiencia singular y colectiva demuestran que en las relaciones de los hombres entre s\u00ed aparece siempre, inevitablemente, el ego\u00edsmo. Por solidaridad sentimos, es cierto, la invitaci\u00f3n a unir nuestras manos, pero las desunimos enseguida cuando vemos satisfechos nuestros anhelos y nuestro amor propio. Hay que buscar en ese orden objetivo de la naturaleza humana, tal como Dios lo ha creado, un motivo de uni\u00f3n m\u00e1s estable y profundo, y \u00e9ste se halla a la luz de la fe que me ense\u00f1a con exactitud el fundamento radical de la fraternidad humana, la condici\u00f3n del hombre creado a imagen y semejanza de Dios, m\u00e1s a\u00fan, hijo de Dios, m\u00e1s a\u00fan, hermano y miembro del Cuerpo M\u00edstico de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es la motivaci\u00f3n honda y seria del amor al hombre, la que elimina eficazmente todo exclusivismo, de religi\u00f3n, de patria, de cultura, de edad, de clase social. Amamos al hombre porque en \u00e9l vemos un hijo de Dios como lo somos nosotros, m\u00e1s a\u00fan, porque vemos a Dios mismo am\u00e1ndole como nos am\u00f3 a nosotros al crearnos y redimirnos.<\/p>\n\n\n\n<p>La raz\u00f3n de mi dignidad est\u00e1 en que Dios me ha creado y Dios me ama. La raz\u00f3n de la dignidad de mi pr\u00f3jimo es la misma; el Dios que a m\u00ed me ha creado y que a m\u00ed me ha redimido, le ha creado a \u00e9l, quiere redimirle a \u00e9l tambi\u00e9n. Entonces uno y otro estamos como recubiertos por esa protecci\u00f3n del mismo Dios y nos encontramos con que pertenecemos a la misma familia, porque somos hijos del mismo Padre. He aqu\u00ed el fundamento supremo de este universalismo del amor al pr\u00f3jimo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto me lleva a otra consideraci\u00f3n que no es superflua en este momento, hermanos; y es la de que, siendo as\u00ed las cosas, yo no puedo excluir a nadie de mi caridad y de mi amor al pr\u00f3jimo, pero tampoco puedo excluir nada de lo que pueda hacer bien a ese pr\u00f3jimo. Por consiguiente, en un amor bien entendido y practicado, conforme a las exigencias del Evangelio, yo debo interesarme por todo lo que beneficie a mis hermanos, es decir, por todo lo que sea misericordia corporal y espiritual, empezando por los bienes de la fe. El acto supremo del amor al pr\u00f3jimo, aun cuando quiz\u00e1 no sea el m\u00e1s urgente de una manera inmediata, es hacer por nuestra parte cuanto est\u00e9 en nuestras manos para la propagaci\u00f3n de la fe.<\/p>\n\n\n\n<p>No imposiciones, no coacciones de ning\u00fan g\u00e9nero; pero s\u00ed predicaci\u00f3n de la fe a todo el que quiera o\u00edrla. Porque es el m\u00e1ximo bien del hombre y, al ofrecer yo a mis hermanos, los hombres, las luces de esta revelaci\u00f3n que me ha sido dada con el expl\u00edcito deseo, manifestado por Cristo en el Evangelio, de que se propague y se extienda, al hacer esto, estoy ofreciendo lo mejor que puede lograr un hombre en este mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Repito: puede suceder que no sea lo m\u00e1s urgente. Habr\u00e1 ocasiones en que, antes de predicar la fe, hay que acercarse al herido que est\u00e1 al borde del camino, para curar sus heridas. Ciertamente. Pero sin excluir nunca de nuestras preocupaciones de cristianos la comunicaci\u00f3n de la fe, la educaci\u00f3n de la misma y la propagaci\u00f3n del sentido cristiano de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Vosotros, padres de familia, quer\u00e9is mucho a vuestros hijos y dese\u00e1is para ellos el mejor porvenir en todos los aspectos de su vida humana; os preocup\u00e1is de sus carreras, del desarrollo de su personalidad; quer\u00e9is ofrecerles medios de vida para el futuro. \u00bfCumplir\u00edais del todo vuestra misi\u00f3n de padres si, habi\u00e9ndoles ofrecido esto, los dejaseis desamparados \u2013al menos en cuanto est\u00e1 de vuestra parte\u2013 en lo que se refiere a la riqueza de la fe y del amor a Dios?<\/p>\n\n\n\n<p>Comprended el porqu\u00e9 de las exhortaciones de la Iglesia, tan repetidas, tan constantes, tan llenas de amor y de paciencia, cuando os habla de vuestros deberes en orden a la vida religiosa, en el hogar, sobre vuestros hijos, y con vosotros mismos, para que se\u00e1is ap\u00f3stoles de la Iglesia en vuestra vida de familia. Y, juntamente con los beneficios de la fe, todos los dem\u00e1s: los de la cultura, la educaci\u00f3n, la formaci\u00f3n del car\u00e1cter, el sentido de la nobleza, el trabajo, la honradez en las relaciones humanas, la moralidad en las costumbres, el anhelo de justicia social, expresiones vivas y concretas de un amor rectamente entendido.<\/p>\n\n\n\n<p>Hemos de tener esta comprensi\u00f3n del hombre. Cuando alguien dice que lo \u00fanico que importa es preocuparse por el bienestar material de los dem\u00e1s, se equivoca. Se equivocar\u00eda tambi\u00e9n el que despreciara esa preocupaci\u00f3n por el bienestar humano y social, porque a ello nos obliga nuestra solidaridad y nuestro sentido de hermanos; pero no podemos dejar en un segundo plano, nunca jam\u00e1s, esa otra preocupaci\u00f3n por iluminar las conciencias en el orden de la fe y de la vida religiosa.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>El sacramento que hace amar<\/h2>\n\n\n\n<p>Hay un sacramento que ayuda a amar, y es la Eucarist\u00eda. Jesucristo lo instituy\u00f3 en la \u00faltima cena, cuando promulg\u00f3 el mandato del amor, diciendo que nos am\u00e1semos unos a otros como \u00c9l nos hab\u00eda amado (cf. Jn 13, 34). Es una de las cumbres del cristianismo. Es dif\u00edcil practicarlo as\u00ed y ser constante. Por eso hemos de acercarnos a la fuente viva de donde brota el agua que sacia nuestra sed de amor. La Eucarist\u00eda, la comuni\u00f3n con el cuerpo y la sangre de Cristo, recibidos con conciencia pura, nos hace capaces de un amor sin limitaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es mi exhortaci\u00f3n final. S\u00e9 que, con palabras humanas solamente, no es posible vencer las dificultades para amarnos como Dios quiere que nos amemos. Es necesario dar un paso m\u00e1s y acudir al sacramento del amor, que nos ofrece el cuerpo y la sangre del Se\u00f1or que nos ama. Pero mirad \u2013y quiero aprovechar la ocasi\u00f3n para advertirlo\u2013, el sacramento de la infinita pureza exige que nos acerquemos a \u00e9l con una delicadeza de conciencia muy grande. Empieza a difundirse en algunos ambientes cierto desprecio al sacramento de la confesi\u00f3n y la penitencia, tal como la Iglesia lo ense\u00f1a; y se oye decir que han aumentado en muchos sitios las comuniones, pero que han disminuido las confesiones.<\/p>\n\n\n\n<p>Ser\u00eda muy grave que prendiera en el coraz\u00f3n y en la conciencia de nuestras comunidades cristianas una actitud naturalista respecto al pecado. O se acata plenamente el misterio, o vale m\u00e1s renunciar, puesto que se trata de la pureza infinita del amor. Hay que demostrar de antemano que queremos de verdad esa pureza en nosotros. Y tenemos que presentarnos limpios de pecado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 muchas veces la sagrada comuni\u00f3n no produce los efectos espirituales que podr\u00eda producir? Por falta de disposiciones habituales o actuales suficientes en el coraz\u00f3n del cristiano. Y una terrible falta de disposici\u00f3n podr\u00eda darse si cundiera una minimizaci\u00f3n del sentido del pecado, queriendo abusar de la misericordia de Dios, haci\u00e9ndola a nuestra medida y conforme a nuestro capricho. Esto ser\u00eda utilizar la Eucarist\u00eda sin las debidas disposiciones. La Eucarist\u00eda nos da fuerza para amar, pero hemos de ser humildes para ir hacia ella con la pureza de coraz\u00f3n con que Cristo pos indic\u00f3. Es el cuerpo y la sangre del Se\u00f1or lo que recibimos. Dej\u00e9mosle que entre en nosotros y que corra por las venas de nuestra alma. No le pongamos obst\u00e1culos. Si se los ponemos con nuestro ego\u00edsmo y con nuestros propios criterios, estamos ya demostrando falta de amor y, l\u00f3gicamente, tiene que producirse despu\u00e9s en nosotros una frustraci\u00f3n de ese amor que la Eucarist\u00eda podr\u00eda despertar en nuestras conciencias para vivirlo en relaci\u00f3n con nuestros hermanos, los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> J. Ricciotti, <em>Vida de Jesucristo,<\/em> Barcelona, 1944, 477-480.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada el 20 de febrero de 1970, viernes de la primera semana de Cuaresma. 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