{"id":957,"date":"2024-09-25T22:55:07","date_gmt":"2024-09-25T20:55:07","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=957"},"modified":"2024-09-27T13:57:26","modified_gmt":"2024-09-27T11:57:26","password":"","slug":"el-primer-mandamiento","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/el-primer-mandamiento\/","title":{"rendered":"El primer mandamiento"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Conferencia pronunciada el 11 de febrero de 1970, Mi\u00e9rcoles de Ceniza.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez m\u00e1s tengo la satisfacci\u00f3n de poder reunirme con vosotros en estos d\u00edas santos de Cuaresma, para predicaros la palabra de Dios, para hablaros de los misterios de la vida cristiana, aqu\u00ed, en esta Catedral de Barcelona, que nos acoge en su recinto piadoso y nos invita a la reflexi\u00f3n y a la plegaria, unidos todos en el coraz\u00f3n y en los prop\u00f3sitos que nos gu\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p>Los dos a\u00f1os anteriores os he predicado sobre dos virtudes fundamentales de la vida cristiana: la fe y la esperanza, examinadas en relaci\u00f3n con los momentos actuales que estamos viviendo en la Iglesia. Este a\u00f1o quiero hablaros de otra virtud fundamental: la caridad. Y tambi\u00e9n voy a referirme a ella sin detenerme demasiado en explicaciones meramente doctrinales, sino buscando la aplicaci\u00f3n que de esta virtud debemos hacer a los problemas planteados en la presente situaci\u00f3n de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy esta situaci\u00f3n no es grata, ciertamente. Hay motivos sobrados para la inquietud y el desconcierto. La preocupaci\u00f3n del Papa, continuamente manifestada; la actitudes de protesta y de rebeld\u00eda en muchos sectores de la Iglesia; el descenso de la vida cristiana en la piedad y en la observancia de la moral; la anarqu\u00eda y el subjetivismo existentes en cuanto a la interpretaci\u00f3n de las normas que la Iglesia viene dando y un desprecio sistem\u00e1tico a todo cuando significa autoridad: todos estos s\u00edntomas, que est\u00e1n ah\u00ed y pueden ser apreciados f\u00e1cilmente por cualquiera que desee observar con serenidad el panorama actual, nos obligan a los cristianos a reaccionar vigorosamente, apoy\u00e1ndonos en una actitud honda de fe y de aut\u00e9ntica caridad cristiana, y a volver a las afirmaciones sencillas y fecundas, con el prop\u00f3sito de no entablar pol\u00e9micas ni de enconar discusiones, sino de hacer luz para las almas de buena voluntad que est\u00e1n dispuestas a recibirla.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">\u201cLa caridad nos har\u00e1 libres\u201d<\/h2>\n\n\n\n<p>Por eso, este a\u00f1o quiero dedicar la predicaci\u00f3n cuaresmal a este tema: la caridad nos har\u00e1 libres. Acabo de pronunciar una frase que va a ser como el eje en torno al cual girar\u00e1n las reflexiones que, con la gracia de Dios, he de ir haciendo durante los viernes de Cuaresma. La caridad verdadera nos har\u00e1 tambi\u00e9n verdaderamente libres; y sin esa aut\u00e9ntica caridad seremos esclavos de nosotros mismos o de los dem\u00e1s. Quiera el Se\u00f1or bendecir este esfuerzo que vamos a hacer juntos para meditar y para hablar. Quiera tambi\u00e9n \u00c9l hacer que vuestras almas y las de aquellos que pueden escuchar mi voz a trav\u00e9s de la radio, sean d\u00f3ciles a las gracias del Se\u00f1or. Pongo por intercesora a la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, en su advocaci\u00f3n de Nuestra Se\u00f1ora de Lourdes, cuya fiesta hemos celebrado hoy, a fin de que Ella, reina de la caridad, ejemplo limpio de las almas verdaderamente grandes y libres, nos gu\u00ede a todos durante la santa Cuaresma para meditar en este hecho fundamental. Y lo llamo <em>hecho<\/em> con toda deliberaci\u00f3n: el hecho fundamental del amor, de la caridad cristiana, sin la cual nada es inteligible dentro de nuestra santa religi\u00f3n, y con la cual no s\u00f3lo todo se hace claro, sino que viene a nuestras almas la fortaleza necesaria para seguir el camino que Dios nos ha trazado.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Fundamentos: el primer mandamiento de la Ley<\/h2>\n\n\n\n<p>En esta primera noche, por exigencia l\u00f3gica del tema y porque hay que establecer bien los fundamentos desde el principio, voy a hablaros del amor a Dios, nuestro Se\u00f1or; de que debemos amar a Dios sobre todas las cosas, con el coraz\u00f3n y con la voluntad, y que debemos amarle siempre. Este es el tema de esta tarde. Os pido desde el principio que vuestra alma acoja mis palabras con sencillez y que os coloqu\u00e9is en la actitud propia de los creyentes, esto es, de los que escuchan la palabra de Dios y desean que en sus almas fructifique.<\/p>\n\n\n\n<p>No venimos aqu\u00ed ni a hacer yo, ni a o\u00edr vosotros, grandes discursos. No. Insisto: volvamos a las afirmaciones sencillas de las que nunca deber\u00edamos habernos olvidado. Y en esas afirmaciones sencillas \u2013las m\u00e1s profundas, porque resumen perfectamente el contenido de nuestra fe\u2013 es donde se encierra la norma orientadora. Hablemos, pues, del amor a Dios, nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCu\u00e1l es el primer mandamiento de la Ley divina? Aparece se\u00f1alado en el Deuteronomio. Se dio este precepto a Israel, pueblo de Dios:<em>Oye, Israel: Yahv\u00e9, nuestro Dios, es el solo Yahv\u00e9. Amar\u00e1s a Yahv\u00e9, tu Dios, con todo tu coraz\u00f3n, con toda tu alma, con todo tu poder, y llevar\u00e1s muy dentro del coraz\u00f3n todos estos mandamientos que yo te doy<\/em> (Dt 6, 4-7).Vino despu\u00e9s Jesucristo a perfeccionar toda la Ley; y no modific\u00f3 el precepto. En cierta ocasi\u00f3n,<em>los fariseos, oyendo que hab\u00eda hecho enmudecer a los saduceos, se juntaron en torno a \u00c9l; y le pregunt\u00f3 uno de ellos, doctor, tent\u00e1ndole: Maestro, \u00bfcu\u00e1l es el mandamiento m\u00e1s grande de la Ley?<\/em> <em>\u00c9l le dijo: Amar\u00e1s al Se\u00f1or, tu Dios, con todo tu coraz\u00f3n, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el m\u00e1s grande y el primer mandamiento. El segundo, semejante a \u00e9ste es: Amar\u00e1s al pr\u00f3jimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas<\/em>(Mt 22, 34-41).As\u00ed nos lo transmite el evangelista San Mateo.<\/p>\n\n\n\n<p>Veamos c\u00f3mo nos lo dice San Marcos:<em>Uno de los escribas, que hab\u00eda escuchado la disputa, viendo lo bien que les hab\u00eda respondido, le pregunt\u00f3: \u00bfCu\u00e1l es el primero de todos los mandamientos? Y Jes\u00fas contest\u00f3: El primero es: Escucha, Israel, al Se\u00f1or, vuestro Dios, el \u00fanico Se\u00f1or, y amar\u00e1s al Se\u00f1or tu Dios, con todo tu coraz\u00f3n, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Y el segundo es \u00e9ste: Amar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo. Mayor que \u00e9stos no hay mandamiento alguno<\/em> (Mc 12, 28-31).<\/p>\n\n\n\n<p>Este es, pues, el primer mandamiento. As\u00ed lo hemos aprendido desde ni\u00f1os, al ser educados en la fe. As\u00ed qued\u00f3 grabada en lo m\u00e1s \u00edntimo de nuestro coraz\u00f3n, para siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy existe un peligro, y es el de que, unos conscientemente y los otros sin darse cuenta, se olvidan de insistir, en la pedagog\u00eda de la fe, en esta sacrat\u00edsima y primera obligaci\u00f3n que tiene el creyente, el cristiano, de exponerla tal como debe ser expuesta. Este peligro se da, sobre todo, cuando se habla de que a Dios se le encuentra en el rostro del pr\u00f3jimo, de nuestros hermanos los hombres; de que basta amar a la sociedad humana, preocuparse por el progreso y la promoci\u00f3n de los valores terrestres, y que, obrando as\u00ed, ya estamos amando a Dios. No. Esta afirmaci\u00f3n es inadmisible para la fe cat\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p>El amor de Dios, tal como nos es se\u00f1alado en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, es amor a un Dios personal, trascendente, distinto de todo lo creado. Hay que amarle a \u00c9l por lo que es \u00c9l, prescindiendo de todo lo dem\u00e1s. Y aunque estuviera un hombre solo en el mundo, aunque no pudiera contemplar el rostro de sus hermanos, para ver si en sus ojos brilla la alegr\u00eda o aparecen las l\u00e1grimas del dolor; aun cuando este hombre estuviera solo, plantado en la mitad del universo, tendr\u00eda que amar a Dios por lo que Dios es, prescindiendo del pr\u00f3jimo. Despu\u00e9s, s\u00ed; precisamente para cumplir bien con lo que el amor a Dios nos pide, tenemos tambi\u00e9n que amar al pr\u00f3jimo. Pero antes hay que amar a Dios en su propio ser, en su unidad, en su omnipotencia creadora, en su bondad, en su ser divino, como nos ense\u00f1\u00f3 Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>El ejemplo de Jesucristo, norma de nuestra vida<\/h2>\n\n\n\n<p>Leed las p\u00e1ginas del Evangelio y ved c\u00f3mo el Se\u00f1or con frecuencia se aislaba de todos y se retiraba por la noche a orar y a hablar con el Padre, a demostrarle su amor de Hijo, a ofrecer a los hombres el ejemplo de adoraci\u00f3n y de piedad con el cual tenemos que manifestar nuestro amor a \u00c9l. Daba ejemplo de c\u00f3mo hay que amar a Dios; prescind\u00eda de la comunidad en momentos dados. Y \u00c9l vivi\u00f3 en medio del dolor, y nadie como \u00c9l s\u00e9 ha encarnado dentro de los problemas humanos para redimirlos. Nadie ha hecho tanto por el hombre que sufre como Jesucristo. Y, sin embargo, en su vida oculta, y despu\u00e9s en su vida p\u00fablica y en el Huerto de los Olivos y en la cruz, antes de morir, se dirige al Padre en medio de la m\u00e1s grandiosa soledad de su alma y de su sufrimiento; al Padre, solo en su omnipotencia, \u00fanico en su divinidad. Al Padre. Se dirige a Dios, dando ejemplo a los hombres de lo que tenemos que hacer nosotros. En nuestra vida religiosa, si ha de ser consciente de lo que las verdades de nuestra fe nos piden, debe prevalecer este sentido \u00edntimo de nuestra piedad, que nos exige adoraci\u00f3n, respeto, reverencia exterior, oraci\u00f3n y plegaria, confianza, amor, gratitud. Todo esto es amar a Dios y amarle sobre todas las cosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Con su respuesta, Cristo nos da a entender <em>\u2013en primer lugar<\/em>\u2013 que \u00e9sta es la norma de nuestra vida. El hombre se preguntar\u00e1 siempre: \u00bfpara qu\u00e9 he venido yo al mundo, qu\u00e9 es mi vida, a d\u00f3nde voy, cu\u00e1l es mi destino? A estas preguntas hay una respuesta, y es \u00e9sta: amar a Dios sobre todas las cosas. Esta norma sirve para el hombre joven, para el enfermo, para el trabajador, para el empresario. Cuando no es as\u00ed, viene la angustia de los interrogantes y se debate uno en esa terrible oscuridad de las dudas y de las negaciones, de la que no se sale nunca sino por una evasi\u00f3n llena de ego\u00edsmo o por un desprecio a la significaci\u00f3n m\u00e1s profunda del misterio humano. Pero cuando un hombre entiende que el misterio de su vida es \u00e9ste: amar a Dios, que es su creador, que es su Padre, la providencia que le gu\u00eda, el que le ofrece la vida eterna, el juez de su destino, cuando un hombre entiende esto, sabe que su vida tiene un sentido, aunque sea una vida oculta, pobre, desconocida, ignorada por los dem\u00e1s, la vida m\u00e1s pobre y humilde de la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando tiene esta conciencia de lo que significa el amor, que \u00e9l debe a Dios, puede sentirse tan grande como el m\u00e1s poderoso del mundo. Las glorias humanas pasan y no significan nada cuando se desconoce el sentido de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p><em>En segundo lugar,<\/em> de esta respuesta que da el Se\u00f1or se deriva claramente la idea a que antes me refer\u00eda: al Dios personal, distinto de todo lo creado, que merece el homenaje de nuestra adoraci\u00f3n constante, hay que amarle sobre todas las cosas; y dentro de las cosas se comprende tambi\u00e9n el resto de los hombres. Dios est\u00e1 por encima de todos y por su bondad infinita, en s\u00ed mismo, merece y debe ser amado.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Por \u00faltimo,<\/em> al anunciar con tanto \u00e9nfasis que hay que amar <em>con todo el coraz\u00f3n, con toda el alma, con toda la mente, con todas las fuerzas, <\/em>indica tambi\u00e9n con claridad que nos encontramos en presencia de la ley de las leyes, de la norma de las normas, del mandamiento supremo y definitivo.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed es como debemos insistir hoy en la predicaci\u00f3n de las sencillas verdades de nuestra fe. Estamos perdidos en un bosque lleno de exuberante vegetaci\u00f3n, de problemas religiosos, de cr\u00edticas, de ideolog\u00edas extra\u00f1as, de criterios subjetivos. Queremos todos reformar la vida de la Iglesia y del mundo en nombre del cristianismo y terminamos predicando cada cual un cristianismo a nuestro gusto. Es necesario volver a encontrarnos en el silencio y, como Cristo, por la noche o durante el d\u00eda o cuando sea, buscar el desierto, subir al monte, ir al lugar callado de la meditaci\u00f3n y la plegaria para alabar a Dios, nuestro Padre y para dirigirle a \u00c9l nuestras peticiones humildes, en la seguridad de que encontraremos la luz que \u00c9l s\u00f3lo puede ofrecernos. Esto es lo que hoy necesita la Iglesia, pero no convirtiendo a Dios en un problema, no hablando de una teolog\u00eda sin Dios, no proclamando un Cristo para los hombres que viene a ser un hombre para Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay que hablar de Dios y contemplarlo en su infinita trascendencia, en sus atributos \u00fanicos, en su eternidad, en su omnipotencia creadora, en su providencia misteriosa. Hay que hablar de Dios aun en medio del dolor, como Cristo en el Huerto de los Olivos: <em>Padre m\u00edo, si es posible, pase de m\u00ed este c\u00e1liz; sin embargo, no se haga como yo quiero, sino como quieres T\u00fa<\/em> (Mt 26, 39). Cristo estaba all\u00ed, en presencia del misterio, como ahora estamos en presencia del misterio los hombres inquietos por el progreso, por el bienestar social, por el desarrollo de la justicia. Todos queremos un mundo mejor, pero es dif\u00edcil encontrar fundamentos que sean de verdad realizables. Y, sin embargo, necesitamos perseverar en la lucha. Lo que no podemos es prescindir de la voluntad de Dios para cuya comprensi\u00f3n se necesita la oraci\u00f3n religiosa. Terminaremos por no entendernos entre nosotros, por no saber de qu\u00e9 Dios estamos hablando. Y esto nos pasar\u00e1 dentro del cristianismo, como est\u00e1 pasando en otras religiones, ansiosas de ofrecer al hombre el camino de la verdad e impotentes a la hora de se\u00f1alar la orientaci\u00f3n definitiva, porque carecen de la luz de la Revelaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Con el coraz\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>Y hay que amarle con el coraz\u00f3n y con la voluntad. En estas dos potencias interiores resumo toda la intimidad del ser humano, que es la que tiene que ponerse al servicio del amor. Hay que amar a Dios con el coraz\u00f3n, es decir, con el afecto religioso, con el noble sentimiento religioso, con la piedad, con los actos de culto, a trav\u00e9s de los cuales nuestra condici\u00f3n humana manifiesta el amor a tono con lo que esta condici\u00f3n exige y necesita. Hay que amar a Dios con la sencillez de la plegaria, predicando su nombre bendito, alab\u00e1ndole, cantando himnos a su amor. Hay que amar a Dios con el coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Tiene que amarle el ni\u00f1o con su coraz\u00f3n lleno de ternura; y tiene que amarle el joven con su coraz\u00f3n lleno de fuego; y tienen que amarle los hombres y las mujeres maduros con su coraz\u00f3n lleno de experiencia; y tienen que amarle los ancianos con su coraz\u00f3n desenga\u00f1ado de las cosas terrestres. Hay que amar a Dios y no avergonzarse de hablar de \u00c9l as\u00ed; no con sensibler\u00eda, pero s\u00ed con sentimiento; con la entra\u00f1able ternura del hijo que se dirige a su padre. As\u00ed vemos tambi\u00e9n a Jesucristo en el Evangelio. Cuando hablaba al Padre lo hac\u00eda con amor, con confianza de Hijo. Se enciende el coraz\u00f3n del Se\u00f1or cuando se dirige al Padre que est\u00e1 en los cielos y cuando ense\u00f1a la oraci\u00f3n del Padrenuestro a sus disc\u00edpulos, para que sea repetida a trav\u00e9s de los siglos. Hay que amar al Se\u00f1or as\u00ed, con el coraz\u00f3n, con el sentimiento, con el afecto religioso, con oraciones acomodadas, con actos de culto que nos inviten, en las reuniones colectivas que celebramos los cristianos, a propagar este amor, y que nos hagan sentirnos gozosos al proclamarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por esto me veo obligado a hacer una advertencia; y es la de que, en la vida de piedad de hoy, si bien es cierto que est\u00e1 justificada la supresi\u00f3n de algunas formas antiguas de piedad, menos aptas para expresar el conjunto de ideas y los sentimientos de nuestra religi\u00f3n cristiana, no se debe prescindir de devociones que exist\u00edan en nuestra vida tradicional, llenas de sabidur\u00eda cristiana, instrumentos espl\u00e9ndidos para la pedagog\u00eda de la fe; pr\u00e1cticas que constitu\u00edan para el hombre un consuelo, una fuente de paz, un fortalecimiento en medio de sus debilidades y de sus cansancios. Nos referimos a la piedad sencilla, la piedad popular, la piedad de las grandes muchedumbres, con respecto a la cual se levantan voces excesivamente cr\u00edticas, se\u00f1alando \u00fanicamente lo que pueda haber all\u00ed de defectuoso y neg\u00e1ndose a reconocer la imperiosa necesidad que tiene el alma colectiva del pueblo humilde de hablar, de cantar, de llamar a Dios con nombres familiares, de invocarle como Padre. Porque se trata de esa caudalosa riqueza del sentimiento religioso, que no es ninguna deformaci\u00f3n ni ninguna desviaci\u00f3n, sino un camino aut\u00e9ntico para que la piedad se mantenga y ayude al hombre, tantas veces combatido por dificultades de toda \u00edndole, a perseverar en su vida religiosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando uno piensa que ya en la noche en que Cristo nace y viene al mundo, los \u00e1ngeles cantan: <em>Gloria a Dios en los cielos y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad<\/em> (Lc 2, 14); cuando uno piensa en ese Domingo de Ramos en que Cristo entra en Jerusal\u00e9n, aclamado por la muchedumbre, y en que cuando alguien quiere impedir aquellos gritos, Jes\u00fas se opone diciendo que si ellos no hablasen las piedras hablar\u00edan; cuando uno piensa en el gozo con que el Se\u00f1or se ve\u00eda rodeado, junto al mar o en la monta\u00f1a, de aquellas muchedumbres que escuchaban su palabra y alababan a Dios Padre, necesariamente tiene que desaprobar los criterios de quienes, con el pretexto de una m\u00e1s exacta educaci\u00f3n de la fe, se olvidan de la condici\u00f3n humana; se olvidan de que la religi\u00f3n es dogma, s\u00ed, es fe rigurosa y exigente, s\u00ed; pero lo es para la familia de Dios, para el pueblo cristiano, unido por lazos familiares; y en la familia hay que dejar correr el amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, pr\u00e1cticas de piedad, de devoci\u00f3n a la sagrada Eucarist\u00eda, a la Sant\u00edsima Virgen, que nos lleva a Jesucristo; de adoraci\u00f3n a la cruz del Se\u00f1or, de meditaci\u00f3n en su pasi\u00f3n y muerte, de gozo en su resurrecci\u00f3n; lecturas espirituales comentadas, como las que se hac\u00edan en nuestras ciudades y pueblos, estaban y est\u00e1n hoy tambi\u00e9n justificadas. Y no hay que prescindir de ellas tan a la ligera, porque, de hacerlo, nos exponemos a causar un da\u00f1o irreparable al pueblo cristiano.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Con la voluntad<\/h2>\n\n\n\n<p>Pero no hay que amarle s\u00f3lo con el coraz\u00f3n, en este sentido que estoy diciendo. Hay que amarle tambi\u00e9n con la voluntad, es decir, con las determinaciones pr\u00e1cticas que mueven al hombre a cumplir los mandamientos de la Ley de Dios. Cuando estudi\u00e1bamos el catecismo antiguo, dec\u00edamos: \u201cAmar a Dios sobre todas las cosas es querer perderlas todas antes que ofenderle\u201d; y en esa sencilla expresi\u00f3n encerr\u00e1bamos una doctrina abundante, con aplicaciones para las diversas situaciones de la vida. El amor a Dios se demuestra, ante todo, cumpliendo todos los mandamientos. Todos los que \u00c9l dict\u00f3. Esta es la seriedad del hombre religioso. Esto es lo que demuestra que un hombre tiene verdadero af\u00e1n de caminar por el camino de la santidad cristiana y hacer honor al Evangelio en que cree: cumplir todos los mandamientos. Es el Se\u00f1or quien as\u00ed lo se\u00f1al\u00f3. Es la Iglesia la que los ha recibido y la que los transmite, a\u00f1adiendo a la luz de la ley natural la de la Revelaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>En cada \u00e9poca surge una filosof\u00eda peculiar para interpretar, conforme al gusto de las circunstancias del ambiente, unos u otros mandamientos. No se pueden hacer estas discriminaciones. En nuestra catequesis, en parroquias y escuelas, en nuestras predicaciones en los templos, en esas mesas redondaso esos grupos de estudio donde se examina a la luz del Concilio \u2013seg\u00fan dicen\u2013 toda la tem\u00e1tica de \u00edndole pol\u00edtica, econ\u00f3mica, social, que existe en el mundo de hoy, hemos de mostrarnos un poco m\u00e1s honrados y empezar todos por examinar nuestra conciencia sobre si somos o no fieles a los diez mandamientos de la Ley de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Es entonces cuando de verdad uno se capacita para influir sobre la sociedad. Pero cuando alguien, en nombre de su criterio personal o de los dictados de la \u00e9poca, en nombre de la filosof\u00eda del ambiente o de una falsa teolog\u00eda, desprecia o silencia un determinado mandamiento de la Ley de Dios, sepa que causa grave da\u00f1o a la fe cristiana. A la fe hay que aceptarla en toda su integridad, con sus dogmas para ser cre\u00eddos, con sus mandamientos para ser practicados, con sus sacramentos para ser recibidos. Junto al sentimiento est\u00e1 la voluntad y, de la misma manera que decimos que debe haber amor y que \u00e9ste se manifiesta, sencillamente, en el hecho de llamar a Dios \u201cPadre nuestro\u201d, del mismo modo, decimos, debe haber en todo instante una determinaci\u00f3n seria de cumplir todo lo que Dios ha mandado. As\u00ed es como se demuestra que de verdad le amamos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Siempre<\/h2>\n\n\n\n<p>Y, por \u00faltimo, hay que amarle siempre, en todas las circunstancias. Cada uno ha de examinar sus condiciones personales y su vida, las dificultades con que se encuentra, el ambiente en que trabaja, su propia familia, sus negocios, sus pasiones personales, sus experiencias, su triunfo en el camino de la virtud o sus fracasos; su enfermedad, su salud, sus alegr\u00edas y sus penas; y pensar que, frente a todas estas circunstancias, sean cuales sean, hay una permanente obligaci\u00f3n en el hombre: amar a Dios siempre, en todo momento. As\u00ed es como nos educaron en la fe, desde ni\u00f1os; as\u00ed es como hemos seguido recibiendo la instrucci\u00f3n cristiana; as\u00ed es como vemos que obr\u00f3 el Se\u00f1or y que ense\u00f1\u00f3 a sus disc\u00edpulos cuando les dice que, para seguirle a \u00c9l, ha de tomar cada uno su cruz y seguirle. No es el dolor, ni la enfermedad, ni el fracaso lo que puede dispensarnos de amar a Dios. Tropezamos entonces con el misterio de la providencia desconcertante, cuya oscuridad quedar\u00e1 iluminada en la otra vida.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed, s\u00e9 que al orgullo del hombre apenas le dicen nada estas afirmaciones. Quiere una explicaci\u00f3n ahora y aqu\u00ed, que no tenemos. En efecto, para muchas situaciones con las cuales tiene que enfrentarse el hombre que sufre, yo no tengo explicaci\u00f3n humana. Pero no por eso abandono mi fe.<\/p>\n\n\n\n<p>Pienso en Jesucristo; pienso en la Virgen Mar\u00eda; pienso en los santos que se han encontrado siempre en situaciones realmente dolorosas y dram\u00e1ticas y, sin embargo, amaron a Dios. Y cuanto m\u00e1s sufrieron, m\u00e1s amaban a Dios; y cuanto m\u00e1s dura era la prueba y m\u00e1s fuerte la persecuci\u00f3n, m\u00e1s amaban a Dios; y llegaban a decir que prefer\u00edan padecer, no morir, sino seguir padeciendo, para seguir demostrando que amaban a Dios. A estos santos no se les puede pedir tampoco una explicaci\u00f3n humana que satisfaga la pregunta del hombre que quiere descubrir todos los misterios. No se les puede pedir, porque no la tienen. Pero vivieron su amor a Dios en esas circunstancias y esto es lo que ha dado fuerza y coraje a la religi\u00f3n de Cristo, que ha ofrecido siempre tantos h\u00e9roes, conocidos unos, an\u00f3nimos otros, a la imitaci\u00f3n de los dem\u00e1s, y ha hecho que podamos seguir nuestro camino los que somos m\u00e1s pobres, m\u00e1s d\u00e9biles, buscando fuerza en los ejemplos que ellos nos dieron. Nos separamos de aqu\u00ed y el misterio es todav\u00eda mucho mayor, m\u00e1s desconcertante.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo no podr\u00e9 deciros a vosotros, los hombres cargados de raz\u00f3n, no podr\u00e9 deciros una f\u00f3rmula que os satisfaga, en nombre de la religi\u00f3n cristiana, para explicar el misterio del dolor. Pero vosotros podr\u00e9is decirme menos, si os apart\u00e1is de Dios. Y las f\u00f3rmulas que me deis tienen menos valor para satisfacer las inquietudes de mi alma en medio de este dolor y de esta enfermedad. Yo amo a Dios, quiero amar a Dios, quiero seguir el camino que \u00c9l nos ha trazado por encima de todo: de las pasiones que me llevan al mal, de los pecados en que puedo haber ca\u00eddo, de las tentaciones que me est\u00e1n solicitando nuevamente, de las dificultades que me crean mis hermanos, el pr\u00f3jimo con quien tengo que vivir. Por encima de cualquier situaci\u00f3n y contingencia. Esta es la realidad de una actitud religiosa asc\u00e9tica que quiere de verdad amar a Dios, nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>Termino, hijos. Para vivir este amor es necesario el recurso de la plegaria y la oraci\u00f3n. Por ah\u00ed es por donde muchas veces tendr\u00edamos que empezar para poder encontrar explicaciones al misterio. Hay crisis de fe, muchas, en muchos hombres, que no se resolver\u00e1n nunca con razonamientos cient\u00edficos. Hay muchas crisis de fe que s\u00f3lo pueden resolverse cuando el hombre entra en la soledad de un templo y reza. Que empiece el hombre a dar esta prueba; Dios no se dejar\u00e1 ganar. Que busque y encontrar\u00e1. La luz bajar\u00e1 a su coraz\u00f3n y har\u00e1 que prenda en \u00e9l la semilla del amor a un Dios que es, ante todo, Padre nuestro.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el hombre religioso convierte en eje de su vida este amor a Dios y centra su existencia en torno a lo que este precepto fundamental significa, el camino est\u00e1 allanado. No desaparecer\u00e1n todas las dificultades; pero de ah\u00ed, de esa altura de la que desciende con su rostro iluminado, puede caminar hacia adelante y le ser\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cil cumplir con los restantes deberes que la religi\u00f3n se\u00f1ala. En un amor a Dios cultivado con la oraci\u00f3n sencilla y perseverante, va creciendo como una espiga bendita la paz de la conciencia, la serenidad del sentimiento religioso. Aumenta tambi\u00e9n cierta como seguridad, no s\u00e9 qu\u00e9 fuerza que intuye que todos los problemas terminan por resolverse dentro de ese poder infinito de Dios contemplado y amado. Ese hombre mirar\u00e1 al mundo con cierta benevolencia y compasi\u00f3n, nunca desde\u00f1osa, nunca con suficiencia arrogante, sino simplemente con el \u00e1nimo tranquilo del que sabe que est\u00e1 por encima de las cosas, porque est\u00e1 unido a Dios. Har\u00e1 el bien que pueda, y cada acto de bien en favor del pr\u00f3jimo ser\u00e1 un aumento de su piedad para con Dios. Seguir\u00e1 orando un d\u00eda y otro. Y as\u00ed va acerc\u00e1ndose al final y va ofreciendo a sus hijos, a sus nietos, a sus amigos, la lecci\u00f3n de la serenidad, de la fortaleza cristiana, del sentido de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Empecemos, pues, por aqu\u00ed. Yo os invito, queridos hijos de la di\u00f3cesis de Barcelona y tambi\u00e9n a todos aquellos a quienes pueda llegar la palabra que estoy predicando, a que dejemos las pol\u00e9micas y nos esforcemos por amar sinceramente a Dios. Desde ah\u00ed podremos otra vez caminar juntos para entender mejor todos lo que la Iglesia nos est\u00e1 pidiendo hoy.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada el 11 de febrero de 1970, Mi\u00e9rcoles de Ceniza. 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