{"id":955,"date":"2024-09-25T22:52:46","date_gmt":"2024-09-25T20:52:46","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=955"},"modified":"2024-09-27T13:56:14","modified_gmt":"2024-09-27T11:56:14","password":"","slug":"las-siete-palabras-de-cristo-en-la-cruz-2","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/las-siete-palabras-de-cristo-en-la-cruz-2\/","title":{"rendered":"Las siete palabras de Cristo en la cruz (1969)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Serm\u00f3n en el Viernes Santo, 4 de abril de 1969.<\/p>\n\n\n\n<p>Otra vez nos encontramos aqu\u00ed para meditar las \u00faltimas palabras de Cristo. Las pronunci\u00f3 desde la cruz cuando iba a morir. Quiz\u00e1 sean, de entre todas las que dijo, las que mejor conservamos en nuestro coraz\u00f3n, siempre necesitado de la contemplaci\u00f3n de grandes dolores para percibir el fulgor de la verdad. Queremos ac\u00e9rcanos con amor a ese divino agonizante, deseosos de encontrar algo de luz para nuestra pobre vida, que busca la esperanza como el ciervo sediento busca las aguas del arroyo limpio.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya es una paradoja desconcertante para nuestro orgullo que tenga que ser un crucificado que va a morir el que nos dice palabras de salvaci\u00f3n. Pero as\u00ed es. Cristo redime a los hombres en una cruz. Y ya nada hay, ni ocurre, ni puede ocurrir sin la cruz, signo de salvaci\u00f3n o de condenaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">1\u00aa.- Padre, perd\u00f3nales porque no saben lo que hacen (Lc 23, 24)<\/h2>\n\n\n\n<p>Los evangelistas nos dicen que una vez que Jes\u00fas fue crucificado entre los dos malhechores, algunos de los que se mov\u00edan junto a la cruz, le gritaban desafiantes: <em>Si eres hijo de Dios, baja de esa cruz<\/em> (Mt 27, 40). Mas Jes\u00fas no prestaba atenci\u00f3n al desaf\u00edo, sino que, contemplando a unos y a otros con infinita misericordia, dec\u00eda: <em>Padre, perd\u00f3nales porque no saben lo que hacen.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Era la actitud propia del Cordero que se inmola por los pecados del mundo. Cuando parec\u00eda que hab\u00eda hecho ya todo lo que se pod\u00eda hacer por los hombres, dar su vida, a\u00fan quedaba algo m\u00e1s: pedir perd\u00f3n incluso por los que hac\u00edan sarcasmo de su muerte bendita. Mas no s\u00f3lo ped\u00eda el perd\u00f3n para ellos, sino para todos los que antes o despu\u00e9s de su muerte protestamos contra el silencio de Dios que no baja o no nos baja de la cruz.<\/p>\n\n\n\n<p>No sabemos lo que pedimos y exigimos. Desconocemos las mil capas que cubren nuestro ego\u00edsmo. Y reclamamos a t\u00edtulo de justicia y de verdad, de defensa y salvaci\u00f3n. Si eres hijo de Dios&#8230; Porque nosotros creemos en Dios y tenemos derecho a reclamarte a Ti&#8230; Y Dios tiene que acomodarse a nuestras reivindicaciones, a nuestra peque\u00f1ez, a nuestra cortedad de miras.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Padre, perd\u00f3nales! \u00bfA qui\u00e9nes, Se\u00f1or? A todos: al disc\u00edpulo traidor, al que le neg\u00f3, a los que se escondieron, a los que exig\u00edan un mesianismo nuevo, a los que se encerraban en su ciencia de la ley y los profetas, a los que no quer\u00edan ni quieren perdonar que alguien llegue hasta ellos para denunciar su envidia, su estrechez de miras, su comodidad ego\u00edsta, su orgullo y su amargura.<\/p>\n\n\n\n<p>El que est\u00e9 sin pecado, que tire la primera piedra. Humildad, hermanos, humildad para reconocernos pecadores, y para sentir hondamente la necesidad de ser perdonados por alguien que es superior a todos nosotros. \u00bfNo est\u00e1 aqu\u00ed precisamente el \u201cencuentro\u201d verdaderamente salvador de los hombres, en reconocernos pecadores y abiertos a la misericordia del Dios que quiere redimirnos?<\/p>\n\n\n\n<p>Si Cristo hubiera bajado de la cruz, \u00bfen qui\u00e9n hubi\u00e9ramos cre\u00eddo? Es absurdo imaginarse ese triunfo tan rid\u00edculamente humano de Cristo bajando de la cruz, quiz\u00e1 entre las blasfemias de los dos malhechores, que hubieran continuado colgados del madero, y entre la rabia y el furor de los de abajo, que acaso hubieran reaccionado como lo hicieron ante la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro. Cristo no baj\u00f3. Era la hora de la cruz, para poder seguir ofreciendo el perd\u00f3n universal.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">2\u00aa.- Hoy estar\u00e1s conmigo en el para\u00edso (Lc 23, 43)<\/h2>\n\n\n\n<p>Alguien comprendi\u00f3 lo que la actitud de Cristo significaba. Mientras uno de los ladrones protestaba y gem\u00eda iracundo, el otro dijo, dirigi\u00e9ndose a Jes\u00fas: <em>Se\u00f1or, acu\u00e9rdate de m\u00ed, cuando est\u00e9s en tu reino.<\/em> Y al instante, Cristo le respondi\u00f3: <em>Hoy estar\u00e1s conmigo en el Para\u00edso.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>No le pide pruebas de su realeza, ni libertad humana, ni bienes de la tierra. Simplemente, que se acuerde de \u00e9l cuando est\u00e9 en su Reino. Es lo suficientemente grande para arrepentirse, para reconocer que hab\u00eda obrado mal, para saber que existe el perd\u00f3n, que hay Alguien capaz de amarle, para volver a creer y tener confianza.<\/p>\n\n\n\n<p>Qu\u00e9 lecci\u00f3n tan profunda para nosotros, los ego\u00edstas de todos los tiempos, que continuamente preguntamos: \u00bfPor qu\u00e9 ha de pasarme esto a m\u00ed? \u00bfPor qu\u00e9 Dios no me libra de esta prueba tan dura que no merezco?<\/p>\n\n\n\n<p>El buen ladr\u00f3n acepta todo, y no pide m\u00e1s que un simple recuerdo. \u00a1Acu\u00e9rdate de m\u00ed, cuando est\u00e9s en tu Reino! Sea como sea lo que t\u00fa propones para salvar al hombre, lo acepto, quiero tu redenci\u00f3n, la tuya, no la que yo quiera inventar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Un crucificado pidiendo a otro crucificado! \u00a1Un condenado a muerte esperando la salvaci\u00f3n de otro condenado! Y, adem\u00e1s, colaborando <em>activamente<\/em> a su redenci\u00f3n, porque aporta su propio sufrimiento aceptado. No hay en \u00e9l una actitud pasiva. Hasta ahora la fe y la adhesi\u00f3n a Cristo se hab\u00edan producido como consecuencia de los milagros y signos de su poder. Ahora no. En el buen ladr\u00f3n, todo es m\u00e1s limpio y generoso. Como si se quisiera indicarnos que en el momento cumbre de la fe y la esperanza, hay que prescindir de todo lo que favorezca el halago de nuestros sentidos y aspiraciones materiales.<\/p>\n\n\n\n<p>No nos hagamos v\u00edctimas. Tenemos el deber de serlo de verdad. Porque nadie es bueno del todo. Y ser v\u00edctima es tambi\u00e9n esperar la redenci\u00f3n de lo que aparentemente no puede dar nada&#8230; \u00a1de un crucificado!<\/p>\n\n\n\n<p>La espera de aquel pobre ajusticiado no qued\u00f3 defraudada. Jes\u00fas, silencioso para las blasfemias y los insultos, se dirigi\u00f3 a \u00e9l dici\u00e9ndole: <em>Hoy estar\u00e1 conmigo en el Para\u00edso<\/em> (Lc 23, 43). Es el premio de la bienaventuranza eterna.<\/p>\n\n\n\n<p>No lo olvidemos, seamos conscientes de nuestro destino. Hay quienes nos atacan diciendo que, al predicar el cielo, fomentamos la evasi\u00f3n, y ofrecemos a los hombres una droga que les hace incapaces de luchar para conseguir un mundo mejor en esta tierra. Los que as\u00ed hablan s\u00f3lo buscan una justicia a su medida y conforme a sus deseos. Es decir, otra droga, pero mucho peor que la que ellos creen que nace de las palabras de Cristo. Pensar en la vida eterna no es evadirse de este mundo; es buscar la justicia plena de Dios y del hombre. Y para buscarla no hay por qu\u00e9 dejar de buscar tambi\u00e9n la justicia de la tierra. Pero est\u00e1 demostrado que \u00e9sta se nos va de las manos cuando dejamos de pensar en la justicia de Dios. Por eso Cristo da la paz y la esperanza al coraz\u00f3n acongojado del hombre que padece cualquier clase de tribulaci\u00f3n. Tambi\u00e9n a aquel que mor\u00eda en la cruz con \u00c9l. Pero, a la vez que da la paz y quiere la fidelidad posible del hombre en este mundo, se\u00f1ala el camino de la felicidad verdadera: el de la bienaventuranza eterna del cielo, de la cual apenas hablamos, como si temi\u00e9ramos ser menos hombres que los dem\u00e1s. Sucede, pues, todo lo contrario: cuanto m\u00e1s buscamos la vida de Dios, m\u00e1s bien hacemos al hombre en su vida aqu\u00ed abajo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">3\u00aa.- Mujer, he ah\u00ed a tu hijo (Jn 19, 26-27)<\/h2>\n\n\n\n<p>All\u00ed estaba tambi\u00e9n, junto a la cruz, Mar\u00eda Sant\u00edsima, reina del dolor, de la fe y de la esperanza. Jesucristo, vi\u00e9ndola a ella y viendo tambi\u00e9n al ap\u00f3stol Juan, en quien estamos representados todos, dijo a Mar\u00eda: <em>Mujer, he ah\u00ed a tu hijo.<\/em> Y luego, dirigi\u00e9ndose a Juan: <em>He ah\u00ed a tu Madre.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Es Mar\u00eda a quien Jesucristo nos da como Madre de la humanidad y Madre de la Iglesia. El que no viene a dar reinos en este mundo, sin embargo no nos priva de aquello de que m\u00e1s necesitado est\u00e1 el coraz\u00f3n de un hombre: el calor de una madre. El cristianismo no es la religi\u00f3n de la tristeza. El cristianismo es como una familia, y todos tenemos que compartir nuestras alegr\u00edas y nuestros dolores juntos, como hacen los hijos con su madre. Ya veis cu\u00e1nto de humano, de hermosamente humano hay en la religi\u00f3n santa de Jes\u00fas. Antes de morir, \u00c9l nos da a su Madre, para que la tengamos junto a nosotros; pero elevada, desde que fue elegida, a la insuperable condici\u00f3n de Madre de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>El Verbo de Dios hab\u00eda buscado albergue en la naturaleza humana, y lo encontr\u00f3 en el seno de Mar\u00eda. Y ahora la ofrece como Madre de esa humanidad a la que acaba de redimir. Mar\u00eda acepta una vez m\u00e1s y consiente en serlo. Lo ser\u00e1 porque es la Madre de la Iglesia destinada a albergar a la humanidad entera. Ni sentimientos vac\u00edos, ni racionalismos paralizantes. \u00a1La verdad de la vida! El hombre y la mujer en la historia, construyendo el mundo. La madre y el hijo. Jes\u00fas no lo olvida en el momento supremo de configurar la constituci\u00f3n de su Iglesia. Habr\u00eda que contar en adelante, con Mar\u00eda, corredentora de los hombres, porque Dios la eligi\u00f3 y quiso hacer, por medio de Ella, grandes cosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella se ofrece y se consagra de nuevo junto a la cruz. Al consagrarse a Dios, aceptando el destino que le es confiado, sirve al hombre con su intercesi\u00f3n y su sacrificio. Es decir, la consagraci\u00f3n a Dios contribuye tambi\u00e9n a la salvaci\u00f3n de lo humano del hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda es \u201cla mujer\u201d: esposa, madre, virgen, esclava siempre de la voluntad de Dios. Cristo nos la da para que nos ayude siempre. Por elevaci\u00f3n, los consagrados a Dios transforman el mundo y lo llevan hacia la altura. Eso es lo que hace siempre Mar\u00eda con su influencia santa sobre los hijos de la Iglesia. Es nuestra Madre, porque nos ayuda con su ejemplo a cumplir la voluntad de Dios haci\u00e9ndonos hermanos de su Hijo, Cristo. No olvidemos que el mismo Jes\u00fas hab\u00eda dicho: <em>Los que hacen la voluntad de mi Padre que est\u00e1 en el cielo, \u00e9sos son mi madre y mis hermanos<\/em> (Mc 3, 35).<\/p>\n\n\n\n<p>La presencia de Mar\u00eda en el cristianismo es como una s\u00edntesis: pur\u00edsima consagraci\u00f3n a Dios, y a la vez c\u00e1lido amor maternal. Ni s\u00f3lo la soluci\u00f3n a los problemas materiales y despu\u00e9s el Evangelio, ni s\u00f3lo un Evangelio sin madre y sin hermanos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">4\u00aa.- Dios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado? (Mc 15, 34)<\/h2>\n\n\n\n<p>En medio de aquella espantosa agon\u00eda, lleg\u00f3 un momento en que Jes\u00fas, dando una gran voz, dijo: <em>Dios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?,<\/em> palabras que formaban parte de un salmo que sin duda recitaba el divino agonizante en aquella hora terrible y dolorosa.<\/p>\n\n\n\n<p>El misterio de la humanidad llega en estas palabras de Cristo, como antes en Getseman\u00ed, a las mayores profundidades. No hay en el mundo ni habr\u00e1 en la historia humana abatimiento y soledad como los de Cristo. En \u00c9l la naturaleza humana supo lo que jam\u00e1s podr\u00e1 saber un hombre: qu\u00e9 es hacerse pecado, expi\u00e1ndolo, para que donde el pecado abund\u00f3 sobreabunde la gracia. Todos los hombres tendremos siempre una mirada que se puede encontrar con la nuestra: la de Cristo, sumido en el abandono del Getseman\u00ed y de la cruz. Nuestra es la esperanza. \u00a1No es posible la desesperaci\u00f3n para el cristiano!<\/p>\n\n\n\n<p>He aqu\u00ed la gran paradoja: el que sea precisamente ah\u00ed, en este Cristo del total abatimiento, donde los hombres de hoy, como los de ayer, tienen que buscar, si de veras quieren encontrarla, la esperanza y la alegr\u00eda de vivir, la fuerza para su desarrollo. Que la busquen ah\u00ed, s\u00ed, porque ah\u00ed ha sido recapitulado todo, y si brota de ese encuentro con quien de verdad se compadece de nosotros, no estar\u00e1 inficionada de ego\u00edsmo, de odio, de af\u00e1n de dominar.<\/p>\n\n\n\n<p>Es un misterio ante el que hay que arrodillarse. La esperanza humana sale de ah\u00ed, de ese crisol de abatimiento, de vac\u00edo, de v\u00e9rtigo, que es un Dios con todo su poder, sumergido en el abandono, en el pecado, en la ra\u00edz de lo que es el mal, en la misma ra\u00edz que ahora est\u00e1 germinando para una nueva recreaci\u00f3n del hombre que ha de nacer, el redimido por Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Arrojemos en ese abismo la soledad del ateo, del esc\u00e9ptico, del que odia, del pesimista, del desesperado, es decir, nuestra soledad de pecadores. Por encima, infinitamente por encima de la historia y la realidad del pecado, se levanta el signo de la salvaci\u00f3n, la cruz.<\/p>\n\n\n\n<p>En medio de esta humanidad nuestra que vive bajo el terror y la amenaza de las guerras, aplastada por el triunfo de \u201clos otros\u201d, acorralada por los ego\u00edsmos, \u00bfno podremos los cristianos ser el grano de mostaza, que es la m\u00e1s peque\u00f1a de las semillas, pero que luego se hace grande, y vienen los p\u00e1jaros del cielo y anidan en ella? (cf. Mc 4, 31-32).<\/p>\n\n\n\n<p>Al menos nosotros, mantengamos encendido el fuego del esp\u00edritu, la luz de la fe y la esperanza en Cristo, para que el mundo vea y no sucumba v\u00edctima de la desesperaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuanto m\u00e1s aparentemente solos nos quedemos con Cristo, m\u00e1s participaremos de su fuerza y de su compa\u00f1\u00eda para poder ofrecerla al mundo. <em>Dios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?<\/em> Nada terreno qued\u00f3 en \u00c9l. <em>He sido reducido a la nada<\/em> (Sal 72, 22). Nuestra vida en Dios es tan plena, tan radical, tan honda, tan llena de amor y de riqueza, que s\u00f3lo se puede lograr entregando de antemano todo lo terreno que atrae nuestro coraz\u00f3n. Al despojarnos de toda humana ambici\u00f3n, nos encontramos con el divino abandono y hallamos el camino de la esperanza.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">5\u00aa.- Tengo sed (Jn 19, 28)<\/h2>\n\n\n\n<p>He aqu\u00ed la palabra m\u00e1s humana de las que Cristo pronunci\u00f3 desde la cruz. Las dem\u00e1s hacen referencia de alg\u00fan modo al insondable misterio de su grandeza de Redentor. \u00c9sta es la queja humilde del que experimenta una necesidad f\u00edsica tan pobre y tan sencilla como la del sediento. Se consum\u00eda, s\u00ed, en una sed ardiente y abrasadora como consecuencia de la mucha sangre derramada y de todas las torturas parecidas. \u00bfQui\u00e9n habr\u00e1 que al o\u00edr esta s\u00faplica no quiera llevar un poco de agua a los labios de Cristo agonizante?<\/p>\n\n\n\n<p>San Juan, que es quien nos transmite esta palabra, advierte que Cristo la pronunci\u00f3 para que se cumpliera lo que estaba predicho. \u00a1C\u00f3mo mirar\u00eda Cristo a los all\u00ed congregados! <em>D\u00e9jalo a ver si viene El\u00edas a salvarlo <\/em>(Mt 27, 49). \u00c9l los estaba redimiendo con su tormento f\u00edsico, moral, espiritual. \u00a1Tengo sed! \u00a1Qu\u00e9 maravillosa grandeza la de Cristo crucificado, que muere teniendo libertad para dar su vida, para en medio de sus tormentos cumplir toda la ley y los profetas!<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Tengo sed!, queja la m\u00e1s humana, y que puede ser la m\u00e1s divina. Un soldado compasivo acerc\u00f3 hasta sus labios una esponja empapada de agua y vinagre, la bebida llamada \u201cposca\u201d que \u00e9l tendr\u00eda para su propio uso.<\/p>\n\n\n\n<p>Nosotros tambi\u00e9n quisi\u00e9ramos aliviar a Cristo en sus padecimientos. Pero no s\u00f3lo en su sed corporal, sino en su sed de Redentor del mundo que pide paz y amor, justicia, obediencia en la Iglesia, estimaci\u00f3n y adhesi\u00f3n profunda a lo que \u00c9l ha instituido en ella. No tenemos derecho a secar las fuentes, cuyo hondo manantial brota de \u00c9l mismo, como dijo a la Samaritana. El agua viva nos la da \u00c9l, y es esa misma la que a \u00c9l debe retornar cuando nosotros, los cristianos, nos preguntemos sobre el modo de \u201chacer Iglesia\u201d, para ofrecerle en su continua agon\u00eda la bebida refrescante de nuestra respuesta llena de amor y fidelidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Si los sacerdotes y los cristianos no nos olvidamos hoy de d\u00f3nde est\u00e1 ese manantial de agua viva del esp\u00edritu, podremos calmar, a la vez que la sed de Cristo, la que el hombre moderno padece tan ardientemente. El artista, el cient\u00edfico, el investigador tienen sed. El avaro, el ladr\u00f3n, el jugador tienen sed. Y en la vida ordinaria, el industrial, el alba\u00f1il, el abogado, el maestro tienen sed. Y la madre de familia, y la juventud, y los enfermos y los sanos. Pero es la sed de verdad, de paz, de seguridad, que nada ni nadie de este mundo puede calmar. S\u00f3lo se calma cuando del coraz\u00f3n de cada uno nace un generoso impulso de ofrecer al Cristo sediento nuestros anhelos m\u00e1s \u00edntimos. Entonces, d\u00e1ndole de beber a \u00c9l, somos saciados nosotros. Porque nuestra comida y bebida est\u00e1 en hacer la voluntad del Padre.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">6\u00aa.- Todo est\u00e1 cumplido (Jn 19, 30)<\/h2>\n\n\n\n<p>Se acercaba ya el fin. Apenas gust\u00f3 el vinagre que le fue ofrecido en la esponja, dijo Jes\u00fas: <em>Todo est\u00e1 acabado.<\/em> Aparte la referencia que la frase pod\u00eda tener a la muerte ya inminente, era tambi\u00e9n como la expresi\u00f3n retrospectiva del que contempla el camino andado obediente a la misi\u00f3n que se le confi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo est\u00e1 cumplido, s\u00ed. Ya ha sido predicado el perd\u00f3n de los pecados, ya ha sido presentado el nuevo Reino, ya est\u00e1n los campos preparados para la mies, ya puede germinar la semilla. Ya ha sido manifestada al hombre la luz y la verdad de Dios, su paternidad y su bondad divina. La luz necesaria a la inteligencia y la raz\u00f3n humana le ha sido dada en Cristo. La salvaci\u00f3n de Dios germinar\u00e1 y tendr\u00e1 vida en el hombre si \u00e9ste se siente pecador y se arrepiente. La gracia de Dios que el Crucificado ha venido a merecernos ser\u00e1 la fuerza para la fidelidad al verdadero sentido de la vida. Si los hombres quieren, podr\u00e1n encontrar siempre la orientaci\u00f3n que su alma necesita. Quien envilezca la noci\u00f3n de la vida, ya tiene su juicio de condenaci\u00f3n en el mismo envilecimiento de que es causa. \u00c9sta ser\u00e1 la postura con que quedar\u00e1 marcado para la eternidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas ha cumplido. De su vida se desprende la suficiente cantidad de luz y de misterio para que nos rindamos ante \u00c9l con amor, y para que aceptemos con humildad la grandeza que brilla en todo su ser, la cual nos invita a adorarle.<\/p>\n\n\n\n<p>Adorarle, s\u00ed; adem\u00e1s de trabajar, luchar por un mundo mejor, desarrollar las fuerzas latentes de la vida, tenemos que adorar, adorar a Dios como humildes criaturas. \u00bfQu\u00e9 estamos haciendo con la vida? Nosotros, los hombres de la t\u00e9cnica, \u00bfla convertiremos en una t\u00e9cnica m\u00e1s? Ser\u00eda traicionar horriblemente su origen y su destino final.<\/p>\n\n\n\n<p>Hemos de saber captar el misterio que en ella late y que nos lleva a los pies del Creador y del Redentor de nuestros m\u00e1s \u00edntimos anhelos.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada hombre tiene su destino. Pero el de unos y otros coincide, por voluntad de Dios, en este mandato: haced el bien, amaos, amad a Dios, sed fieles a su santa ley. Y as\u00ed vamos poco a poco cumpliendo tambi\u00e9n nuestro programa y derramando por el mundo las obras y las palabras que nos salvan y ayudan a salvar a los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">7\u00aa.- Padre, en tus manos encomiendo mi esp\u00edritu (Lc 23, 46)<\/h2>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, a punto ya de expirar y doblar la cabeza, sus labios se abrieron para decir: <em>Padre, en tus manos encomiendo mi esp\u00edritu.<\/em> Nada hay en estas palabras \u00faltimas que signifique la debilidad del vencido; todo, por el contrario, indica la majestad y la grandeza del que ha cumplido su misi\u00f3n y entrega al Padre la hermosa ejecutoria de su vida. \u00a1Mi esp\u00edritu! Es decir, mi palabra, mis obras, mi obediencia, mi sacrificio, mi amor, mi vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo le ha sido arrebatado a Cristo, porque todo ha querido ofrec\u00e9rselo. Su sacrificio es perfecto en el amor y en la libertad con que lo realiza. <em>Digno es el Cordero que ha sido inmolado de recibir la potencia y riqueza y sabidur\u00eda y fuerza y honor y bendici\u00f3n, pues nos rescat\u00f3 para Dios en su sangre<\/em> (Ap 5, 9-12). Ahora, al morir, dirige al Padre su \u00faltima s\u00faplica filial, con la misma serena confianza con que nos invit\u00f3 a orar a nosotros en todos los momentos de nuestra vida. <em>Cuando or\u00e9is, hacedlo as\u00ed: Padre nuestro, que est\u00e1s en los cielos&#8230;<\/em> Cumple lo que ense\u00f1\u00f3, y se entrega al designio misterioso, lleno de confianza y de amor. El ideal supremo de las bienaventuranzas se logra ahora plenamente en el Cristo que muere. Bienaventurado el pobre, que no tuvo casa para nacer, y ha sido despojado de todo a la hora de morir. Bienaventurados los mansos, como \u00c9l, que mor\u00eda pidiendo perd\u00f3n por sus enemigos. Bienaventurados los que lloran, como \u00c9l que tuvo que llorar la aflicci\u00f3n de su desamparo y la persecuci\u00f3n de que fue v\u00edctima.<\/p>\n\n\n\n<p>Bienaventurados nosotros tambi\u00e9n, si sabemos entregar nuestro esp\u00edritu al Padre. El esp\u00edritu no es solamente el alma que se separa del cuerpo al morir; es el trabajo de todas las horas, la palabra buena, tantas veces dicha; es el perd\u00f3n siempre concedido; es el amor de que podemos dar ejemplo y testimonio; es la ayuda incansable al pr\u00f3jimo desvalido; es la piedad para con Dios; es la mortificaci\u00f3n de nuestras pasiones; es la vida cristiana, la perla escondida en lo mejor de nuestro coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Vosotros, los enfermos, los de las cl\u00ednicas y hospitales, los que est\u00e1is en vuestros propios hogares, ricos o pobres: si tiene que llegar para vosotros y est\u00e1 cercana ya la hora en que vuestro esp\u00edritu ha de ir a Dios, ponedlo en manos del Padre con amor y con humildad. No os desesper\u00e9is. Os acompa\u00f1aremos pronto. La vida es corta para todos. Los que estamos aqu\u00ed esta tarde de Viernes Santo, en la plaza de la Catedral de Barcelona, meditando las palabras de Jes\u00fas, a quien vemos en esta imagen del Cristo de Lepanto, seguiremos tambi\u00e9n vuestro camino. Pronto, pronto ha de llegar esa hora. Y nosotros, como vosotros, los que ahora padec\u00e9is, cualquiera que sea el hombre o la mujer que venga a este mundo, tiene este destino: de Dios recibe el esp\u00edritu y a Dios ha de entregarlo un d\u00eda. \u00a1Ah, hermanos! Ojal\u00e1 la meditaci\u00f3n de la Pasi\u00f3n de Cristo sirva para limpiar nuestra alma de todas las manchas del pecado, y nos induzca no s\u00f3lo a pedir confiadamente el perd\u00f3n que \u00c9l est\u00e1 siempre dispuesto a otorgarnos, sino a ayudarnos unos a otros con el amor de que \u00c9l nos dio ejemplo. Cumplamos con ese deber que Dios nos ha se\u00f1alado, para que, a la hora de nuestra muerte, podamos decir que nuestro esp\u00edritu sale limpio y libre hacia las manos del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>Y t\u00fa, \u00a1oh Cristo!, Cristo muerto por nosotros, Rey de la vida, mant\u00e9n la esperanza en nuestro coraz\u00f3n. Y frente a todos los motivos que a veces aparecen para perderla, haz que levantemos siempre nuestra mirada hacia ti, y que pongamos nuestras manos en tus llagas, que nos arrodillemos junto a ti para besar tus pies, y que nuestra frente se incline sobre la tuya, y que nuestro coraz\u00f3n pueda con sus latidos unirse a los \u00faltimos que t\u00fa diste antes de morir, para proclamarte ahora y siempre lo que eres: nuestro Maestro, nuestro Rey, nuestro Dios, nuestro Hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed, t\u00fa lo eres todo, y a ti vamos; a ti vamos, como el ciervo sediento busca las aguas de los arroyos limpios. De tu costado brot\u00f3 sangre y agua. De ello queremos seguir viviendo, por medio de los sacramentos de la Iglesia, que nos purifican y nos llevan a ti, para seguir gozando aqu\u00ed en la tierra y despu\u00e9s siempre, en el cielo, de tu dulce y santa compa\u00f1\u00eda. No nos la niegues nunca, \u00a1oh Cristo! Dinos tambi\u00e9n a nosotros, como al buen ladr\u00f3n: \u201cHoy, ma\u00f1ana, cuando sea, estar\u00e9is conmigo en el Para\u00edso\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Serm\u00f3n en el Viernes Santo, 4 de abril de 1969. Otra vez nos encontramos aqu\u00ed para meditar las \u00faltimas palabras de Cristo. Las pronunci\u00f3 desde la cruz cuando iba a morir. 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