{"id":953,"date":"2024-09-25T22:50:28","date_gmt":"2024-09-25T20:50:28","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=953"},"modified":"2024-09-27T13:55:36","modified_gmt":"2024-09-27T11:55:36","password":"","slug":"resucito-no-esta-aqui","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/resucito-no-esta-aqui\/","title":{"rendered":"Resucit\u00f3, no est\u00e1 aqu\u00ed"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Conferencia pronunciada el 28 de marzo de 1969, viernes de la Semana de Pasi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Terminamos hoy esta serie de predicaciones cuaresmales comenzadas en la noche del Mi\u00e9rcoles de Ceniza. Quiero dedicar este \u00faltimo d\u00eda a ofreceros unos puntos de meditaci\u00f3n sobre la pasi\u00f3n y muerte de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, sobre su resurrecci\u00f3n y la resurrecci\u00f3n de la Iglesia. La piedad cristiana dedica hoy un recuerdo especial a nuestra Madre Dolorosa, la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda. A Ella encomiendo mi trabajo de esta noche, para que nos obtenga, con su intercesi\u00f3n maternal, la bendici\u00f3n de Dios, que asegure el provecho espiritual que vamos buscando.<\/p>\n\n\n\n<p>Estamos ya a las puertas de la Semana Santa. Una vez m\u00e1s, el alma religiosa de los que creen y aman a Jesucristo tendr\u00e1 la oportunidad de contemplar el \u00e1rbol de la Cruz, para ofrecer al Se\u00f1or las adoraciones de su coraz\u00f3n y alimentar su esperanza bebiendo en las fuentes de la vida. \u00bfQui\u00e9n hay que no haya besado alguna vez un crucifijo y sostenido coloquios con quien en \u00e9l est\u00e1 clavado, coloquios cuyas expresiones s\u00f3lo son conocidas por el que las pronuncia y por el Se\u00f1or a quien van dirigidas? La m\u00e1s honda e impenetrable intimidad humana ha dejado de tener secretos frente al Crucificado, y, por una misteriosa paradoja, el silencio del Cristo muerto ha roto todos los silencios de los hombres, quienes, al igual que peque\u00f1as criaturas, a \u00c9l le han confiado todo cuanto sienten dentro de su coraz\u00f3n. Cristo es un muerto que habla y con el que se puede hablar, porque es la misma Vida. Que su Madre Sant\u00edsima nos conduzca hasta \u00c9l, si todav\u00eda necesitamos de alguna ayuda valiosa para restaurar nuestra confianza y para obtener de \u00c9l los frutos de esa redenci\u00f3n que siempre est\u00e1 aplic\u00e1ndose a trav\u00e9s de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Meditemos, pues, esta noche, aunque sea brevemente, sobre su pasi\u00f3n y muerte, sobre su resurrecci\u00f3n y sobre la resurrecci\u00f3n de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Pasi\u00f3n y muerte de Jes\u00fas<\/h2>\n\n\n\n<p>En primer lugar, sobre la pasi\u00f3n y muerte de Jesucristo. Leemos en el Evangelio de San Juan, cap\u00edtulo diez y ocho:<em>Diciendo esto sali\u00f3 Jes\u00fas con sus disc\u00edpulos al otro lado del torrente Cedr\u00f3n, donde hab\u00eda un huerto, en el cual entr\u00f3 con sus disc\u00edpulos. Judas, el que hab\u00eda de traicionarle, conoc\u00eda el sitio, porque muchas veces concurr\u00eda all\u00ed Jes\u00fas con sus disc\u00edpulos. Judas, pues, tomando la cohorte y los alguaciles de los pont\u00edfices y fariseos, vino all\u00ed con linternas y hachas y armas. Conociendo Jes\u00fas todo lo que iba a suceder le, sali\u00f3 y les dijo: \u00bfA qui\u00e9n busc\u00e1is? Le respondieron: A Jes\u00fas Nazareno. \u00c9l les dijo: Yo soy. Judas, el traidor, estaba con ellos. As\u00ed que \u00c9l les dijo: Yo soy; retrocedieron y cayeron en tierra. Otra vez les pregunt\u00f3: \u00bfA qui\u00e9n busc\u00e1is? Y ellos dijeron: A Jes\u00fas Nazareno. Respondi\u00f3 Jes\u00fas: Ya os dije que Yo soy; si pues, me busc\u00e1is a m\u00ed, dejad ir a \u00e9stos; para que se cumpliese la palabra que hab\u00eda dicho: \u2018De los que me diste no se perdi\u00f3 ninguno\u2019. Sim\u00f3n Pedro, que ten\u00eda una espada, la sac\u00f3 e hiri\u00f3 a un siervo del pont\u00edfice, cort\u00e1ndole la oreja derecha. Este siervo se llamaba Maleo. Pero Jes\u00fas dijo a Pedro: Mete la espada en la vaina; el c\u00e1liz que me dio mi Padre, \u00bfno he de beberlo?<\/em> (Jn 19, 1-11).<\/p>\n\n\n\n<p>Es la escena del prendimiento de Jes\u00fas en el Huerto de los Olivos. \u00c9l quiso que sus Ap\u00f3stoles quedasen libres, para que se cumpliera lo que hab\u00eda dicho: <em>Que ninguno se pierda de los que t\u00fa me diste.<\/em> Y, en electo, s\u00f3lo Cristo qued\u00f3 maniatado y preso. Los Ap\u00f3stoles pudieron ponerse a salvo. Es una lecci\u00f3n para nosotros, los educadores de la fe, los padres cristianos. Cuando nos sacrificamos, muchas veces tenemos que sacrificarnos solos, para que no se nos pierda ninguno de los que nos han sido dados. Es cierto que la educaci\u00f3n cristiana, el trabajo sobre el alma, pide sacrificios a todos: al que lo realiza y a aquel en cuyo favor se est\u00e1 realizando. Tambi\u00e9n el que recibe el don de la fe tiene que sacrificarse, pero a\u00fan m\u00e1s el que lo ofrece, aquel que tiene una responsabilidad en la misi\u00f3n de conducir a los dem\u00e1s. Nosotros, obispos, sacerdotes, religiosos, padres de familia, particularmente nosotros. Enumero estos estados, porque en ellos brilla con m\u00e1s claridad la obligaci\u00f3n de educar en la fe. Hemos de aceptar el sacrificio solos, en muchas ocasiones, aun cuando nos parezca in\u00fatil. Seguimos as\u00ed el ejemplo de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, uno de los Ap\u00f3stoles, Judas, se perdi\u00f3, porque quiso. Aquella noche se salv\u00f3, como los dem\u00e1s. Pero, poco despu\u00e9s, sucumb\u00eda al poder de las tinieblas. Su obstinaci\u00f3n y su codicia le perdieron. El Evangelio le llama traidor, porque entreg\u00f3 a Jes\u00fas. \u00bfTraidor de qu\u00e9? A la amistad de Cristo, a las llamadas del Se\u00f1or. Traidor tambi\u00e9n al esp\u00edritu de humildad, propio de todo ap\u00f3stol cristiano, que jam\u00e1s, jam\u00e1s, debe confiar en s\u00ed mismo. Hemos de darnos cuenta del valor de esta actitud siempre que trabajemos al servicio de la Iglesia por el bien de los hombres. Confianza en nosotros, en nuestros propios criterios y juicios, en nuestros programas, que tan f\u00e1cilmente inventamos cuando nos reunimos en torno a una mesa para hablar de todas las cuestiones divinas y humanas, no. Antes hay que poner la confianza en Dios, en nuestro Se\u00f1or Jesucristo, y empezar junto a \u00c9l como ni\u00f1os peque\u00f1os, como ap\u00f3stoles silenciosos, como hombres que nada tienen que decir, si no es la santa palabra de Dios. Judas no obr\u00f3 as\u00ed. Se obcec\u00f3. Vivi\u00f3, ya desde tiempo atr\u00e1s, el tormento desesperante del aislamiento orgulloso y soberbio. \u00c9l traz\u00f3 su plan. \u00c9l buscaba lo suyo, y, por buscar lo suyo, se perdi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo mismo que otro Ap\u00f3stol: Pedro. Pero, en \u00e9ste, todo fue distinto. Leemos ahora en el Evangelio de San Lucas:<em>Apoder\u00e1ndose de \u00c9l<\/em>\u2013del Se\u00f1or\u2013<em>lo llevaron e introdujeron en casa del sumo sacerdote.<\/em> <em>Pedro le segu\u00eda de lejos. Habiendo encendido fuego en medio del atrio y sent\u00e1ndose, Pedro se sent\u00f3 tambi\u00e9n entre ellos. Vi\u00e9ndole una criada sentado a la lumbre y fij\u00e1ndose en \u00e9l, dijo: \u00c9ste estaba tambi\u00e9n con \u00c9l. \u00c9l lo neg\u00f3, diciendo: No le conozco, mujer. Despu\u00e9s de poco, le vio otro, y dijo: T\u00fa eres tambi\u00e9n de ellos. Pedro dijo: Hombre, no soy. Transcurrida cosa de una hora, otro insisti\u00f3, diciendo: En verdad que \u00e9ste estaba con \u00c9l, porque es galileo. Dijo Pedro: Hombre, no s\u00e9 lo que dices. Al instante, hablando a\u00fan \u00e9l, cant\u00f3 el gallo. Y, vuelto el Se\u00f1or, mir\u00f3 a Pedro, y Pedro se acord\u00f3 de la palabra del Se\u00f1or, cuando le dijo: Antes que el gallo cante hoy, me negar\u00e1s tres veces. Y, saliendo fuera, llor\u00f3 amargamente<\/em>(Lc 22, 54-62).San Marcos es todav\u00eda m\u00e1s expresivo; en lugar de decir: \u201cllor\u00f3\u201d, dice<em>empez\u00f3 a llorar<\/em>(Mc 14, 72),frase en que podr\u00eda descansar esa tradici\u00f3n seg\u00fan la cual ni un solo d\u00eda del resto de vida dej\u00f3 de llorar el pecado de sus negaciones.Pedro se arrepinti\u00f3 y pidi\u00f3 perd\u00f3n. En Judas desapareci\u00f3 la esperanza. En Pedro, no. Las l\u00e1grimas de la penitencia interior salvan al hombre, hijos, siempre le salvan.Dichoso el que llora sin desesperaci\u00f3n. El llanto de unos ojos humildes atrae la mirada de Jes\u00fas; y, al encontrarse con ella, el hombre se salva.<\/p>\n\n\n\n<p>El contraste entre los dos Ap\u00f3stoles es evidente. Judas, v\u00edctima de su desesperaci\u00f3n, se destruye a s\u00ed mismo. Pedro, humilde y arrepentido m\u00e1s tarde, llora y se ofrece, sacrificando todo lo que en \u00e9l hay de presunci\u00f3n, de miedo, de af\u00e1n personal. Pedro se sacrific\u00f3 tambi\u00e9n a s\u00ed mismo, y dej\u00f3 de ser el pecador que niega para convertirse en el ap\u00f3stol que cree y ama. Es la fecundidad del sacrificio aceptado, que empieza siempre con el arrepentimiento interior y nos permite unirnos con Jesucristo en su propio sacrificio.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia es tambi\u00e9n la sociedad de los hombres que se arrepienten, lo cual, al orgullo del hombre moderno, podr\u00eda parecer un t\u00edtulo poco glorioso. Sin embargo, hemos de admitir que es la acci\u00f3n m\u00e1s profunda que un hombre puede realizar en favor de su unidad interior. Hombre que se arrepiente, no quiere decir hombre d\u00e9bil, fluctuante, tardo para la acci\u00f3n. Por el contrario, quiere decir hombre conocedor de s\u00ed mismo, serio amigo de las profundidades interiores, afanoso de Dios, porque no hay nadie que conozca un poco a Dios que no se sienta arrepentido de s\u00ed mismo al ver la propia torpeza humana y, por contraste, la infinita limpieza de Dios, hacia la cual nuestro coraz\u00f3n aspira.<\/p>\n\n\n\n<p>La pasi\u00f3n y muerte de Jes\u00fas, considerada como sacrificio que \u00c9l acepta, nos permite ver y comprender la grandeza de Dios, a la cual \u00c9l se ofrece plenamente. Cristo entrega su vida al cumplimiento de su misi\u00f3n. Llega a la muerte a trav\u00e9s de todo lo que puede ofrecer y sufrir un hombre. En Cristo va a morir el pecado, si los hombres quieren. Terrible grandeza la de las dos actitudes: la de Cristo que da muerte al pecado y la de los hombres, de quienes depende que, efectivamente, \u00e9ste muera con ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>El sacrificio cristiano no tiene su origen en el hombre, sino en Dios. Y toda persona que viva cristianamente ha de sentir este llamamiento a padecer y morir, que es locura intolerable y absurdo para el mundo que no sabe de la santidad cristiana. M\u00e1s a\u00fan, hoy d\u00eda, el mero hecho de tocar estos temas en la normal predicaci\u00f3n de la doctrina cristiana levanta protestas: \u201cQue no nos hablen del dolor, que no nos hablen del sacrificio, de la muerte. Hartos sufrimientos tenemos ya en la vida. Hemos de gozar, hemos de vivir\u201d. Yo pregunto: \u00bfEn qu\u00e9 consiste vivir? \u00bfEn ir siendo cada d\u00eda m\u00e1s esclavos y v\u00edctimas de nuestras torpezas? \u00bfA eso lo llam\u00e1is vida? No puede haber vida digna de un hombre, si all\u00e1, en la interioridad de cada uno, no nos esforzamos por dar satisfacci\u00f3n a nuestros secretos anhelos de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>El cristianismo nos alecciona sobre muchos misterios, que el hombre trata siempre de aclarar. Pero bastar\u00eda, para que el cristianismo fuera una religi\u00f3n grande, que supiera explicarnos el sentido del dolor. Solamente por esto merecer\u00eda la religi\u00f3n de Cristo que se levantasen altares en su honor. No rebajemos el cristianismo a una \u00e9tica de derechos humanos. Cuando tratamos de salvar al hombre, pregunt\u00e9monos si la idea que tenemos de la salvaci\u00f3n est\u00e1 conforme con la idea que de la salvaci\u00f3n del hombre tiene Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>El sacrificio, el ofrecimiento de nuestra vida en uni\u00f3n con los padecimientos de Cristo, es adoraci\u00f3n a Dios, acci\u00f3n de gracias, s\u00faplica, propiciaci\u00f3n de nuestros pecados. \u00c9sta es la verdad definitivamente orientadora de la vida. Por eso Cristo, ante Pilato, poco despu\u00e9s, declara: <em>Yo para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad<\/em> (Jn 18, 37). La verdad empieza por ah\u00ed. Es notable. Dice esta frase Jesucristo en el momento en que va a ser sacrificado. Cualquiera pensar\u00eda, ante esta declaraci\u00f3n suya, que le queda por delante una larga vida en que va a seguir predicando, escribiendo, dirigiendo, hablando de la verdad. No, no. Lo dice como algo que efectivamente va a hacer y continuar haciendo, pero lo dice en el momento que va a morir, en que se va a consumar el sacrificio de su vida. Y as\u00ed da el supremo testimonio, porque con su pasi\u00f3n, con su muerte y con su resurrecci\u00f3n, nos ofrece la verdad de Dios, que \u00c9l revela, situada en su propia vida, que es el camino que a Dios nos lleva.<\/p>\n\n\n\n<p>Cristo es el vidente. Los dem\u00e1s somos ciegos. Nos enredamos en el pecado, y somos tan peque\u00f1os que ni siquiera nos damos cuenta de todo el mal que en el pecado se encierra. Jes\u00fas es quien conoce al hombre y al mundo, y le salva <em>as\u00ed, as\u00ed.<\/em> No hemos de imponerle nosotros los m\u00e9todos de salvaci\u00f3n. \u00c9l establece el camino. Y su camino fue \u00e9ste: el de ofrecer su vida al Padre, para d\u00e1rnosla tambi\u00e9n a nosotros. En Getseman\u00ed y en la Cruz, con sus palabras: <em>Dios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has desamparado?<\/em> (Mc 27, 46), sostuvo para siempre al mundo. Era el desamparo de la humanidad. Y Jes\u00fas est\u00e1 como recogi\u00e9ndola. Es la humanidad la que estar\u00eda perpetuamente desamparada de Dios, si Dios atendiese s\u00f3lo al pecado. Pero Jes\u00fas nos recoge y, ofreci\u00e9ndose como v\u00edctima llena de amor e incorpor\u00e1ndonos con la invitaci\u00f3n que \u00c9l nos hace a la vida del amor que \u00c9l nos da, logra que volvamos de nuevo a la amistad con Dios. Muy poco despu\u00e9s podr\u00e1 decir en la cruz: <em>Todo est\u00e1 consumado<\/em> (Jn 19, 30), porque se han cumplido ya los caminos de salvaci\u00f3n que \u00c9l vino a traernos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9sta es la Redenci\u00f3n para nosotros: ponernos cada uno personalmente en la perspectiva de la encarnaci\u00f3n, la pasi\u00f3n y muerte del Se\u00f1or, y mirar al mundo con sus ojos, despu\u00e9s que hayamos sentido con \u00c9l el horror al pecado. Y as\u00ed resucitar y vivir. Hemos de centrar y organizar nuestra vida en torno a un amor y a una profesi\u00f3n. Cuando est\u00e1 con sus Ap\u00f3stoles en la \u00faltima Cena, en una frase que resume todo lo que va a venir, les dice a ellos, y en ellos a todos los sacerdotes del mundo: <em>Haced esto en memoria m\u00eda<\/em> (Lc 22, 19). Una sola vez entr\u00f3 Cristo en el sacrificio y su acci\u00f3n fue eterna. Cada vez que los sacerdotes cumplen el mandato de Cristo perpet\u00faan el sacrificio de manera visible entre los hombres. Cada vez m\u00e1s se revela la existencia cristiana. Cada vez m\u00e1s va cumpli\u00e9ndose la frase, tambi\u00e9n de Cristo: <em>Yo soy la vid. Vosotros los sarmientos<\/em> (Jn 15, 5). Cada vez m\u00e1s va cumpli\u00e9ndose la frase de la liturgia en la Misa: \u201cPor Cristo, con Cristo, en Cristo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Tiene sentido, pues, para un hombre de hoy, como para el de todos los tiempos, meditar en la pasi\u00f3n y muerte de Jes\u00fas, y comprender, a la luz de los padecimientos del Se\u00f1or, lo que significa el dolor de nuestra vida, este misterio tremendo del hombre que sufre y que, sin embargo, quiere gozar siempre. Hemos de pasar por este camino, y s\u00f3lo as\u00ed llegaremos a identificarnos con Jesucristo. \u201cEsta obra de la redenci\u00f3n humana y de la perfecta glorificaci\u00f3n de Dios, preparada por las maravillas que Dios obr\u00f3 en el pueblo de la antigua alianza, Cristo la realiz\u00f3 principalmente por el misterio pascual de su bienaventurada pasi\u00f3n, resurrecci\u00f3n de entre los muertos y gloriosa ascensi\u00f3n\u201d (SC 5).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or<\/h2>\n\n\n\n<p>Mas yo s\u00e9 que este lenguaje no es suficiente. Si todo se redujera en Cristo a su pasi\u00f3n y muerte, tendr\u00edamos a la vista el ejemplo del hero\u00edsmo y del amor humilde insuperable, pero no tendr\u00edamos la religi\u00f3n de la esperanza. Es otra realidad la que lo llena todo, a la cual acudimos los cristianos en busca de la suprema explicaci\u00f3n. Y esa realidad es la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. Ved tambi\u00e9n c\u00f3mo nos lo narra el Ap\u00f3stol San Juan:<\/p>\n\n\n\n<p><em>El d\u00eda primero de la semana, Mar\u00eda Magdalena vino muy de madrugada, cuando a\u00fan era de noche, al sepulcro, y vio quitada la piedra. Corri\u00f3 y vino a Sim\u00f3n Pedro y al otro disc\u00edpulo a quien Jes\u00fas amaba, y les dijo: Han tomado al Se\u00f1or del sepulcro y no sabemos d\u00f3nde lo han puesto. Sali\u00f3, pues, Pedro y el otro disc\u00edpulo, y fueron al sepulcro. Ambos corr\u00edan, pero el otro disc\u00edpulo corri\u00f3 m\u00e1s aprisa que Pedro y lleg\u00f3 primero, e inclin\u00e1ndose, vio las bandas; pero no entr\u00f3. Lleg\u00f3 Sim\u00f3n Pedro despu\u00e9s de \u00e9l y entr\u00f3 en el sepulcro, y vio las fajas all\u00ed colocadas, y el sudario que hab\u00eda estado sobre su cabeza, no puesto con las fajas, sino envuelto aparte. Entonces entr\u00f3 tambi\u00e9n el otro disc\u00edpulo que vino primero al sepulcro, y vio y crey\u00f3; porque a\u00fan no se hab\u00edan dado cuenta de la Escritura, seg\u00fan la cual era preciso que \u00c9l resucitase de entre los muertos. Los disc\u00edpulos se fueron de nuevo a casa. Mar\u00eda se qued\u00f3 junto al sepulcro, fuera, llorando. Mientras lloraba, se inclin\u00f3 hacia el sepulcro y vio a dos \u00e1ngeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies de donde hab\u00eda estado el cuerpo de Jes\u00fas. Le dijeron: \u00bfPor qu\u00e9 lloras, mujer? Y ella dijo: Porque han tomado a mi Se\u00f1or y no s\u00e9 d\u00f3nde lo han puesto. Diciendo esto, se volvi\u00f3 para atr\u00e1s y vio a Jes\u00fas que estaba all\u00ed, pero no conoci\u00f3 que fuera Jes\u00fas. Le dice Jes\u00fas: Mujer, \u00bfpor qu\u00e9 lloras? \u00bfA qui\u00e9n buscas? Ella, creyendo que era el hortelano, le dijo: Se\u00f1or, si le has llevado t\u00fa, dime d\u00f3nde le has puesto, y yo le tomar\u00e9. Le dijo Jes\u00fas: \u00a1Mar\u00eda! Ella, volvi\u00e9ndose, le dijo en hebreo: \u00a1Rabboni!, que quiere decir Maestro. Jes\u00fas le dijo: No me toques, porque a\u00fan no he subido al Padre; pero ve a los hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. Mar\u00eda Magdalena fue a anunciar a los disc\u00edpulos: He visto al Se\u00f1or, y las cosas que le hab\u00eda dicho<\/em>(Jn 20, 1-18).<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s, las dem\u00e1s apariciones, durante los cuarenta d\u00edas que van desde \u00e9ste al de su ascensi\u00f3n a los cielos: apariciones a los Ap\u00f3stoles, a Tom\u00e1s el incr\u00e9dulo, a las otras mujeres, a los disc\u00edpulos de Ema\u00fas; tambi\u00e9n \u00bfc\u00f3mo dudarlo?, a su Madre Sant\u00edsima. Luego, el primado de Pedro, la Iglesia, y la vida de los cristianos en el mundo, hasta hoy.<\/p>\n\n\n\n<p>La resurrecci\u00f3n de Cristo no es s\u00f3lo la prueba de su divinidad, no. Lo es, ciertamente. Pero yo me pregunto qu\u00e9 es para m\u00ed, como hombre, como cristiano, como disc\u00edpulo suyo. Y veo que, gracias a la resurrecci\u00f3n de Cristo, el destino humano, no s\u00f3lo el alma, queda abierto a toda esperanza. Dios ha entrado en la historia del mundo no s\u00f3lo como creador, sino como glorificador de ella. La resurrecci\u00f3n nos revela el amor de Dios, la grand\u00edsima importancia que \u00c9l da al destino humano. Repito esta frase, porque no se trata s\u00f3lo del alma; se trata del hombre en la m\u00e1s plena expresi\u00f3n de su ser. Por encima del Dios del universo creado, est\u00e1 el Dios Redentor del destino de los hombres. Con Cristo resucita el hombre, que queda definitivamente instalado en el centro de la creaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El Verbo toma la naturaleza humana y nos la da a nosotros nuevamente, despu\u00e9s de ofrec\u00e9rsela al Padre, glorificada. Al perder su vida, nos encontr\u00f3 la vida. El Evangelio no es una biograf\u00eda. Es mucho m\u00e1s. Trata de ponernos en contacto con una existencia que sobrepasa todos los l\u00edmites, una existencia que irrumpe con fuerza eterna en la historia y la penetra ya para siempre. Y \u00e9ste es el juicio de los hombres: vivir o no de esta existencia. La naturaleza humana ha sido redimida por Dios, y la resurrecci\u00f3n de Cristo la abre a dimensiones de eternidad. Creo en la resurrecci\u00f3n de Cristo; y, al creer, me doy cuenta de que estoy admitiendo dentro de m\u00ed lo que m\u00e1s necesito como hombre: la seguridad de vivir, de amar, de crear, de hacerlo todo grande, digno, limpio, lleno de rectitud y de justicia. Todo hombre aspira, sin saberlo o sabi\u00e9ndolo, a vivir siempre, pero no con una existencia atada, esclavizada, expuesta al pecado. Todo hombre necesita a Dios para ser hombre del todo porque est\u00e1 hecho a imagen y semejanza suya. La resurrecci\u00f3n de Cristo me asegura la adquisici\u00f3n de una fuerza divina que me resucitar\u00e1 despu\u00e9s de mi muerte y me devolver\u00e1 mi cuerpo y mi alma gloriosa, capaces de adorar a Dios sin ning\u00fan obst\u00e1culo. Esa adoraci\u00f3n es la verdad suprema de la vida, supuesto que Dios es el creador del hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cNo conocemos \u2013ense\u00f1a el Concilio Vaticano II\u2013 ni el tiempo de la tierra nueva y de la nueva humanidad (cf. Hch 1, 7), ni el modo en que el universo se transformar\u00e1. Pasa ciertamente la figura de este mundo deformado por el pecado (cf. 1Cor 7, 31); pero se nos ense\u00f1a que Dios prepara una nueva habitaci\u00f3n y una nueva tierra, en la que habita la justicia (cf. 2Cor 5, 2; 2P 3, 13) y cuya bienaventuranza llenar\u00e1 y sobrepasar\u00e1 todos los deseos de paz que se levantan en el coraz\u00f3n del hombre (cf. 1Cor 2, 9; Ap 21, 4-5). Entonces, vencida la muerte, los hijos de Dios resucitar\u00e1n en Cristo, y lo que se hab\u00eda sembrado d\u00e9bil y corruptible se vestir\u00e1 de incorrupci\u00f3n (cf. 1Cor 15, 42 y 53), y permaneciendo la caridad y sus frutos (cf. 1Cor 13, 8; 3, 14), toda la creaci\u00f3n, que Dios hizo por el hombre, se ver\u00e1 libre de la esclavitud de la vanidad\u201d (GS 39).<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed, la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas no es \u00fanicamente s\u00edmbolo del gran cambio que se opera en el hombre: \u201cmorir para vivir\u201d o mejor, \u201cmorir para resucitar\u201d. Morir al mal, a lo carnal, a lo ef\u00edmero, a la naturaleza ego\u00edsta, contagiada y ca\u00edda, para revivir en gracia, en pureza, en esp\u00edritu, es la garant\u00eda dada por Dios a los que trabajan por transformarse, de que no perder\u00e1n sus trabajos y que su vida vale la pena de vivirse. Es por el Se\u00f1or y con el Se\u00f1or resucitado con lo que esta esperanza ha conquistado al mundo y se impone a\u00fan, en cierta medida, a los que, nacidos en pa\u00edses cristianos, han dejado de creer en la realidad del hecho de la resurrecci\u00f3n. Jes\u00fas ha repetido en muchas formas y ha sostenido en contra de la expectativa apasionada de sus disc\u00edpulos y de las exigencias quim\u00e9ricas de sus adversarios, que la fe no se impone por signos prestigiosos y que era necesario llevar a la averiguaci\u00f3n del Reino de Dios una vista limpia de espejismos carnales, sencillez de ni\u00f1o, rectitud y sinceridad enteras, y el amor antecedente del bien entrevisto. A los que buscan as\u00ed, las obras de Jes\u00fas hablan muy alto y la resurrecci\u00f3n de Cristo llena su coraz\u00f3n. \u201cQue puedan los otros tomar de all\u00ed, por lo menos, motivo de cultivar en s\u00ed mismos estas disposiciones, y \u2018recoger\u2019, mientras esperan otra cosa mejor, en esta Sabidur\u00eda m\u00e1s humana, lo que llamaba el antiguo poeta P\u00edndaro, \u2018el fruto imperfecto de la humana sabidur\u00eda\u2019\u201d<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Resurrecci\u00f3n de la Iglesia<\/h2>\n\n\n\n<p>Pero este misterio de Cristo resucitado \u2013y llegamos a lo m\u00e1s original del cristianismo en este aspecto del que estoy hablando\u2013 no act\u00faa \u00fanicamente sobre los hombres al final de los tiempos, cuando los muertos resuciten y se celebre el juicio universal. Est\u00e1 actuando ya. \u00bfSab\u00e9is c\u00f3mo y d\u00f3nde? En la Iglesia. S\u00ed, la Iglesia vive en una continua y permanente resurrecci\u00f3n. No doy a esta frase un sentido apolog\u00e9tico, como si quisiera afirmar que la Iglesia sale siempre triunfante de las persecuciones. No, no hablo de esto. Es algo m\u00e1s profundo. Quiero decir, que, gracias a la resurrecci\u00f3n de Cristo, la Iglesia est\u00e1 actuando sobre los hombres <em>con capacidad resucitadora.<\/em> Aunque quedase reducida a un peque\u00f1o grupo de fieles, ser\u00eda lo mismo. Ella, la Iglesia, extrae del cuerpo resucitado de Cristo sus riquezas; y las comunica. La Iglesia no vive del recuerdo de un cad\u00e1ver glorioso. Vive de una fe y una esperanza, comunica el perd\u00f3n del pecado, infunde la caridad con Dios y el amor al hombre, sostiene y da fundamento s\u00f3lido a los anhelos m\u00e1s \u00edntimos de verdad, de paz, de virtud, que laten en el coraz\u00f3n humano.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia gime tambi\u00e9n, y sus gemidos dolorosos, ansiando siempre una pureza cada vez mayor, llegan hasta el coraz\u00f3n de los hombres. Y les convence de que, por muchas conquistas que hagan y muchos logros que consigan, todo es pobre mientras existan el mal y el pecado, el hambre y la injusticia, la violencia y la traici\u00f3n. La Iglesia se presenta al mundo con una palabra que da vida, con un don que es gracia de Dios, y con la vida misma de Dios. Y penetra tambi\u00e9n la historia. Gracias a la Iglesia, los hombres avanzamos por el mundo con nuestra alma y nuestro cuerpo albergando a la vez una esperanza fundada: la de no morir. Los sacramentos que me da la Iglesia, me los da para todo mi ser. Es mi cuerpo tambi\u00e9n el que se beneficia y se redime, del mismo modo que fue tambi\u00e9n el cuerpo de Cristo el que padeci\u00f3, muri\u00f3 y resucit\u00f3. La Iglesia nos resucita ahora en el interior de las almas, y prepara con los dones que nos ofrece la resurrecci\u00f3n gloriosa de nuestros cuerpos. La Iglesia est\u00e1 siempre viviendo de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>No hablo de nosotros, los hombres, la jerarqu\u00eda, los sacerdotes, los cristianos. Nosotros somos la Iglesia, s\u00ed, somos los primeros beneficiarios de sus dones. Pero esto que os estoy diciendo de la Iglesia se refiere a algo m\u00e1s \u00edntimo, se refiere al Esp\u00edritu que la conduce, el Esp\u00edritu cuya venida nos anunci\u00f3 el Se\u00f1or, una vez que \u00c9l muriera y resucitara. Por eso digo que en el Esp\u00edritu que late en las entra\u00f1as de la Iglesia est\u00e1, como movi\u00e9ndose siempre, la resurrecci\u00f3n de Cristo. No se trata de una utop\u00eda, sino de una realidad. \u00c9sta ha sido la fuerza de los Ap\u00f3stoles. San Pablo hace veinte siglos, lo mismo que Pablo VI, viajando a la ONU y hablando a los pol\u00edticos del mundo entero, pueden emplear el mismo lenguaje. Y los hombres escuchan, y aceptan o no aceptan, pero perciben que ah\u00ed hay algo que no es de este mundo y es lo que sostiene a la Iglesia. No vivimos, repito, del recuerdo de un cad\u00e1ver, sino de la realidad gozosa de Cristo resucitado que nos une y nos sostiene.<\/p>\n\n\n\n<p>Para que la Iglesia siga cumpliendo esta misi\u00f3n que Cristo le confi\u00f3 \u2013la de estar siempre resucitando a los hombres\u2013 hemos de vivir en la unidad con Cristo y con la misma Iglesia, tal como Cristo pidi\u00f3 en su oraci\u00f3n en la \u00faltima cena, antes del prendimiento en el Huerto de los Olivos. Es aquel momento en que Cristo ruega por todos los creyentes y dice:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Pero no ruego s\u00f3lo por \u00e9stos<\/em>\u2013los Ap\u00f3stoles\u2013<em>sino por cuantos crean en m\u00ed por su palabra, para que todos sean uno, como t\u00fa, Padre, est\u00e1s en m\u00ed y yo en ti, para que tambi\u00e9n ellos sean en nosotros y el mundo crea que t\u00fa me has enviado. Yo les he dado la gloria que t\u00fa me diste, a fin de que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y t\u00fa en m\u00ed, para que sean perfectamente uno, y conozca el mundo que t\u00fa me enviaste y amaste a \u00e9stos, como me amaste a m\u00ed. Padre, los que t\u00fa me has dado quiero que donde est\u00e9 yo, est\u00e9n ellos tambi\u00e9n conmigo, para que vean mi gloria, que t\u00fa me has dado, porque me amaste antes de la creaci\u00f3n del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te conoc\u00ed, y \u00e9stos conocieron que t\u00fa me has enviado. Yo les di a conocer tu nombre, y se lo har\u00e9 conocer, para que el amor con que t\u00fa me has amado est\u00e9 en ellos y yo en ellos<\/em> (Jn 17, 20-26).<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cDios \u2013as\u00ed habla el Concilio\u2013, que cuida de todos con paterna solicitud, ha querido que los hombres constituyan una sola familia y se traten entre s\u00ed con esp\u00edritu de hermanos. Todos han sido creados a imagen y semejanza de Dios, quien hizo \u2018de uno todo el linaje humano para poblar toda la faz de la tierra\u2019 (Hch 17, 26) y todos son llamados a un solo e id\u00e9ntico fin, esto es, Dios mismo\u201d (GS 24).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Amor al Vicario de Cristo en la tierra<\/h2>\n\n\n\n<p>Esta oraci\u00f3n de Cristo traspasa las fronteras del cen\u00e1culo en que fue pronunciada y abarca a la Iglesia de todos los tiempos. Pidi\u00f3 por todos cuantos hab\u00edamos de creer en \u00c9l por su palabra, para que fu\u00e9ramos perfectamente uno y as\u00ed conozca el mundo que el Padre le envi\u00f3 a \u00c9l y nos am\u00f3 como am\u00f3 a su Hijo. M\u00e1s a\u00fan, <em>quiero<\/em> \u2013dice\u2013 <em>que donde est\u00e9 Yo est\u00e9n ellos tambi\u00e9n conmigo, para que vean mi gloria que T\u00fa me has dado, porque me amaste antes de la creaci\u00f3n del mundo<\/em> (Jn 17, 24).<\/p>\n\n\n\n<p>Pues bien, podemos decir, con la m\u00e1s rigurosa verdad, que Cristo adem\u00e1s de estar en el cielo con su cuerpo f\u00edsico resucitado, est\u00e1 y vive en la Iglesia con el poder y la gloria de su resurrecci\u00f3n. La constituci\u00f3n visible de que Jes\u00fas dot\u00f3 a su Iglesia en el mundo, no es s\u00f3lo una estructura exterior, sino el cuerpo org\u00e1nico compuesto por hombres, sacramentos y palabra en los cuales est\u00e1 \u00c9l tambi\u00e9n: <em>Yo estar\u00e9 con vosotros hasta la consumaci\u00f3n de los siglos<\/em> (Mt 28, 20). Y est\u00e1 para ser amado, y para comunicar a los creyentes la gloria que el Padre le dio, a fin de que seamos uno con \u00c9l, como \u00c9l y el Padre son uno.<\/p>\n\n\n\n<p>No puede lograrse esto, si no es mediante el amor de los cristianos a aqu\u00e9l a quien el mismo Jes\u00fas puso como centro y fundamento de la unidad en la Iglesia, mientras discurra la existencia de \u00e9sta sobre la tierra: el Vicario de Cristo, el Papa. Al conferirle el Primado, Jes\u00fas pregunt\u00f3 a Pedro:<em>Sim\u00f3n, hijo de Juan, \u00bfme amas m\u00e1s que \u00e9stos? El le dijo: S\u00ed, Se\u00f1or, t\u00fa sabes que te quiero. Le dijo: Apacienta mis corderos. Por segunda vez le dijo: Sim\u00f3n, hijo de Juan, \u00bfme amas? Pedro le respondi\u00f3: S\u00ed, Se\u00f1or, t\u00fa sabes que te quiero. Jes\u00fas le dijo: Apacienta mis ovejas. Por tercera vez le dijo: Sim\u00f3n, hijo de Juan, \u00bfme quieres? Pedro se entristeci\u00f3 de que por tercera vez le preguntase: \u00bfMe amas? Y le dijo: Se\u00f1or, t\u00fa lo sabes todo, t\u00fa sabes que te quiero. Le dijo Jes\u00fas: Apacienta mis ovejas<\/em> (Jn 21, 15-17).<\/p>\n\n\n\n<p>Es decir, le interrog\u00f3 sobre el amor. Pues bien, dado que la misi\u00f3n confiada a Pedro no tiene otro objeto que la de apacentar el reba\u00f1o en el amor, para que la unidad con Cristo no se rompa, seg\u00fan el deseo expresado en la oraci\u00f3n \u00faltima de Cristo, el amor de los cristianos a Jes\u00fas no puede existir, si no hay a la vez amor a quien \u00c9l puso en la tierra para garantizar esa unidad y asegurar los caminos que llevan a ella.<\/p>\n\n\n\n<p>El amor al Vicario de Cristo, como centro de unidad y camino que lleva a la unidad con el Se\u00f1or, es indispensable para recibir de la Iglesia el beneficio de la resurrecci\u00f3n de Cristo. Lo ha querido as\u00ed \u00c9l. No se trata s\u00f3lo de obediencia, sino de amor al Vicario de Cristo, como se lo tenemos al mismo Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo os predico este amor y os lo pido como medio el m\u00e1s seguro para mantener en nuestro coraz\u00f3n la esperanza y el gozo de esa resurrecci\u00f3n permanente que nos est\u00e1 brindando siempre la Iglesia en el misterio de su unidad con Cristo. La palabra y la acci\u00f3n de gobierno pastoral del Vicario de Cristo no tiene otra misi\u00f3n m\u00e1s que la de mantenernos en la unidad de la Iglesia de hoy, que vive en la resurrecci\u00f3n de Cristo y la prolonga en la tierra para resucitar continuamente a los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> L. de Grandmaison, <em>Jesucristo,<\/em> Barcelona, 1932, 777-778.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada el 28 de marzo de 1969, viernes de la Semana de Pasi\u00f3n. Terminamos hoy esta serie de predicaciones cuaresmales comenzadas en la noche del Mi\u00e9rcoles de Ceniza. Quiero dedicar este \u00faltimo d\u00eda a ofreceros unos puntos de meditaci\u00f3n sobre la pasi\u00f3n y muerte de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, sobre su resurrecci\u00f3n y la resurrecci\u00f3n [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[64,60],"doc_tag":[],"class_list":["post-953","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-cuaresma-1969","doc_category-vivir-en-esperanza"],"year_month":"2026-05","word_count":5594,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. 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