{"id":951,"date":"2024-09-25T22:49:04","date_gmt":"2024-09-25T20:49:04","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=951"},"modified":"2024-09-27T13:54:37","modified_gmt":"2024-09-27T11:54:37","password":"","slug":"predicad-lo-que-yo-os-he-mandado","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/predicad-lo-que-yo-os-he-mandado\/","title":{"rendered":"Predicad lo que Yo os he mandado"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size wp-block-paragraph\">Conferencia pronunciada el 21 de marzo de 1969, viernes de la cuarta semana de Cuaresma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El viernes pasado os habl\u00e9 de la santidad en la vida del cristiano como meta suprema a la que debemos aspirar todos en este mundo, en respuesta a la llamada de Jesucristo. <em>Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto<\/em> (Mt 4, 48). El Concilio Vaticano II, en su constituci\u00f3n dogm\u00e1tica sobre la Iglesia, dedica todo el cap\u00edtulo quinto a hablar de la vocaci\u00f3n a la santidad a que estamos llamados todos los cristianos: obispos, sacerdotes, religiosos, laicos, absolutamente todos. Y a todos nos ofrece el Esp\u00edritu Santo sus dones divinos, para poder alcanzar la uni\u00f3n con Dios y participar de su vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00c9sta es la gran riqueza de la Iglesia. Olvidarla o desestimarla significa desconocer o despreciar el sentido y la significaci\u00f3n de la venida de Cristo al mundo. Por eso, insist\u00eda yo tanto el \u00faltimo d\u00eda en que no perdi\u00e9ramos nunca este ideal, esta meta suprema, por encima de la cual no puede se\u00f1alarse otra m\u00e1s alta: la de vivir la santidad cristiana entendida as\u00ed, como participaci\u00f3n plena y gozosa de la misma vida de Dios.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Los predicadores del Reino<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta noche deseo hablaros de la predicaci\u00f3n del Evangelio y de los predicadores de la palabra de Dios, los predicadores del Reino, del humilde Reino de Dios que empieza a construirse en este mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Podr\u00edamos decir que cuando Jesucristo sale de esta vida terrena para subir a los cielos, lo \u00fanico que deja como herencia a los Ap\u00f3stoles es la palabra, algo tan ef\u00edmero y tan pobre, al parecer, como una palabra. No les deja el poder, ni la ciencia, ni el dinero, ni la sabidur\u00eda pol\u00edtica; les deja simplemente el encargo de predicar todo cuanto \u00c9l ha ense\u00f1ado y mandado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dice el evangelista San Mateo, en el \u00faltimo cap\u00edtulo de su Evangelio:<em>Los once disc\u00edpulos se fueron a Galilea, al monte que Jes\u00fas les hab\u00eda indicado, y, vi\u00e9ndole, se postraron, aunque algunos vacilaron; y, acerc\u00e1ndose, Jes\u00fas les dijo: Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues; ense\u00f1ad a todas las gentes, bautiz\u00e1ndolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp\u00edritu Santo, ense\u00f1\u00e1ndoles a observar todo cuanto yo os he mandado. Yo estar\u00e9 con vosotros siempre, hasta la consumaci\u00f3n de los siglos<\/em>(Mt 28, 18-20).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Observad: <em>Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra.<\/em> Cualquiera esperar\u00eda que, como consecuencia de esta afirmaci\u00f3n tan enf\u00e1tica, leg\u00edtimamente llena de ese \u00e9nfasis divino que s\u00f3lo pod\u00eda emplear el Se\u00f1or, \u00c9l iba a dar ahora a los Ap\u00f3stoles impresionantes facultades y poderes. No, lo \u00fanico que les da es este mandato: <em>Ense\u00f1ad a todas las gentes, bautiz\u00e1ndolas; ense\u00f1adles a observar todo cuanto yo os he mandado.<\/em> Y los Ap\u00f3stoles empezaron a predicar el Evangelio en un mundo que lo desconoc\u00eda totalmente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y el Evangelio se difundi\u00f3 por el mundo, y los hombres creyeron.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfDe d\u00f3nde les vino a los Ap\u00f3stoles la fuerza y \u00e9xito en aquella empresa tan extraordinaria y superior a sus fuerzas? De dos cosas: primero, de que lo que predican es la palabra de Dios; y segundo, de que, detr\u00e1s de su predicaci\u00f3n, est\u00e1 asisti\u00e9ndoles el Se\u00f1or, \u00c9l mismo. Hay una relaci\u00f3n estrecha: ni la palabra se predica sin la asistencia de Dios, ni la asistencia se da a otra palabra distinta de la del Se\u00f1or. La fuerza de la predicaci\u00f3n de los Ap\u00f3stoles radica aqu\u00ed: en que predican la aut\u00e9ntica palabra de Dios, no la de ellos. Eso no puede hacerse sin una asistencia divina. El hombre puede predicar por s\u00ed mismo su propia palabra, pero la de Dios, sin la asistencia divina, no. Y la asistencia no se promete a una palabra humana, sino a la suya, a la que \u00c9l ha ense\u00f1ado. Porque los Ap\u00f3stoles fueron fieles, la asistencia del Se\u00f1or se dio, y el Evangelio prendi\u00f3 en el coraz\u00f3n de los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfQu\u00e9 es lo que contiene esa palabra del Se\u00f1or que \u00c9l conf\u00eda a la predicaci\u00f3n de sus Ap\u00f3stoles? No me obligu\u00e9is, hermanos, a recorrer todas las p\u00e1ginas del Evangelio. Leedlas vosotros mismos, una y mil veces, y detened vuestra mirada que contempla, vuestra mente que piensa, vuestro coraz\u00f3n que ama, detenedlos en la totalidad de lo que predic\u00f3 el Se\u00f1or. Mi deber esta noche es resumir y presentar el n\u00facleo central de lo que fue y es la predicaci\u00f3n de la palabra de Jes\u00fas. Y digo que se resume toda ella en predicar el perd\u00f3n de los pecados. \u00c9l vino a predicar esto: el perd\u00f3n de los pecados. Y a conceder esto: el perd\u00f3n de los pecados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Leemos en el Evangelio de San Marcos: <em>Despu\u00e9s que Juan fue preso, vino Jes\u00fas a Galilea, predicando el Evangelio de Dios y diciendo: Cumplido ya es el tiempo. El Reino de Dios est\u00e1 cerca. Arrepent\u00edos, haced penitencia y creed en el Evangelio<\/em> (Mc 1 14-16). Estas palabras de San Marcos, al comienzo de su Evangelio, se unen con las que escribe San Lucas al final del suyo, cuando describe el momento de la Ascensi\u00f3n de Cristo a los cielos, en que, antes de bendecirles, dice el Se\u00f1or a sus Ap\u00f3stoles: <em>Esto es lo que yo os dec\u00eda estando a\u00fan con vosotros, <\/em><em>que era preciso que se cumpliera todo lo que est\u00e1 escrito en la ley de Mois\u00e9s y en los profetas y en los salmos acerca de m\u00ed. Entonces les abri\u00f3 la inteligencia para que entendieran las Escrituras y les dijo que as\u00ed estaba escrito, a saber: que el Mes\u00edas padeciese y al tercer d\u00eda resucitara de entre los muertos, y que se predicase en su nombre la penitencia para la remisi\u00f3n de los pecados a todas las naciones, comenzando por Jerusal\u00e9n<\/em>(Lc 24, 44-47).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y es que en esa predicaci\u00f3n de la penitencia interior y el consiguiente perd\u00f3n de los pecados que Dios nos ofrece, se contiene todo el mensaje cristiano y se logra la transformaci\u00f3n radical del hombre. Se muda el coraz\u00f3n, se suprimen las ra\u00edces del mal, se alimenta la esperanza en la vida eterna, y se comunica al hombre la vida divina, porque en el cristianismo no hay perd\u00f3n del pecado, es decir, justificaci\u00f3n del alma, sin que a la vez se infunda la gracia que nos hace part\u00edcipes de la naturaleza de Dios y herederos del cielo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201c\u00a1Qu\u00e9 extra\u00f1o! \u2013podr\u00e1 exclamar alguien\u2013. \u00bfPero c\u00f3mo el obispo de la Di\u00f3cesis, habiendo hoy tantos problemas en el ambiente, se dirige a todos sus diocesanos y a todo el pueblo de Dios, para decirles simplemente que la predicaci\u00f3n de Cristo tiene como n\u00facleo central el perd\u00f3n de los pecados? \u00bfPor qu\u00e9 no habla el obispo de otras cuestiones? \u00a1Precisamente hablar de esto!\u201d Pues s\u00ed, hijos, s\u00ed; el obispo habla de esto, porque aun en las iglesias se habla demasiado de problemas humanos, olvidando con frecuencia la ra\u00edz de los mismos. Por eso tengo que hablar del perd\u00f3n de los pecados, de ese perd\u00f3n que nos purifica, que nos da una vida nueva, que nos sit\u00faa en una perspectiva totalmente superior a la de las realidades humanas. Tengo que hablar de esto, porque, si no lo hago, no soy fiel al Evangelio. Es Cristo el que manda que hable de ello: <em>Id y ense\u00f1ad lo que yo os he mandado<\/em> (Mt 28, 19). \u00c9l empez\u00f3 la predicaci\u00f3n del Evangelio, diciendo que ven\u00eda a esto; y sali\u00f3 de este mundo repitiendo a los Ap\u00f3stoles que hab\u00eda venido para esto: para la remisi\u00f3n de los pecados en todas las naciones, empezando por Jerusal\u00e9n. \u201cLos obispos rigen, como vicarios y legados de Cristo, las Iglesias particulares que les han sido encomendadas, con sus consejos, con sus exhortaciones, con sus ejemplos, pero tambi\u00e9n con su autoridad y sacra potestad, de la que usan \u00fanicamente para edificar su grey en la verdad y en la santidad, teniendo en cuenta que el que es mayor ha de hacerse como el menor, y el que ocupa el primer puesto como el servidor (cf. Lc 22, 26-27)\u201d (LG 27).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y lo estamos olvidando; se habla mucho de problemas, pero perdemos de vista la aut\u00e9ntica soluci\u00f3n. Queremos soluciones inmediatas y r\u00e1pidas, pero \u00e9stas no son el remedio que se necesita. No se trata de poner parches a la vida del hombre o de la sociedad, sino de transformarla. Hay que arrancar de ra\u00edz lo que perturba el coraz\u00f3n y la vida. Cuando las aguas del estanque no est\u00e1n limpias, no basta con cambiar el agua. Hay que ir al fondo y hacer limpieza all\u00ed abajo; si no, el agua que pongamos, aunque est\u00e9 limpia hoy, ya no lo estar\u00e1 ma\u00f1ana. La respuesta a los problemas, en la vida de cada hombre y en la sociedad, es empezar por la penitencia interior, por el perd\u00f3n del pecado, por la conversi\u00f3n de nuestro coraz\u00f3n a Dios.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Arrepentimiento y salvaci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay que situarnos en el interior de uno mismo, en soledad con nosotros, para descubrir, con radical sinceridad, el mal que hacemos y el bien a que aspiramos. Cuando llegamos al fondo de esa interioridad personal, nos damos cuenta de que se necesita algo m\u00e1s que la palabrer\u00eda vana y los juicios apasionados de los hombres. De ah\u00ed, del interior de cada uno, brota un impulso terriblemente fuerte hacia la seguridad, la verdad, el amor, es decir, hacia Dios. No ahoguemos ese impulso que brota de nosotros mismos y nos arrastra dulcemente hacia la pureza infinita de Dios. S\u00f3lo con ella podemos satisfacernos. La verdadera \u201calienaci\u00f3n\u201d del hombre la padecemos cuando nos apartamos de nuestra salvaci\u00f3n. \u00a1Cu\u00e1ntos cristianos alienados, al querer poner \u201cremiendos\u201d de teor\u00edas extra\u00f1as en el pa\u00f1o nuevo del Evangelio, o al querer insertar trozos del Evangelio en otras telas! Con el cristianismo no se puede hacer eso. Todos los sistemas filos\u00f3ficos y todas las ideolog\u00edas pueden ser s\u00edntesis de una tesis y una ant\u00edtesis, para volver a significar la tesis o la ant\u00edtesis de un nuevo perfeccionamiento. El cristianismo es la verdad y la vida. No puede reducirse a una frase, ni a un conjunto de frases o actitudes. No admite incrustaciones, ni aleaciones. El cristianismo <em>es.<\/em> Y parte de la base m\u00e1s honda y radical: la situaci\u00f3n personal del hombre en lo que tiene de m\u00e1s \u00edntimo y comprometido, el reconocimiento de su dependencia de Dios y de la tremenda responsabilidad de la propia salvaci\u00f3n, junto con la obligaci\u00f3n sagrada e ineludible de ser fermento y luz salvadora para los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El sentimiento m\u00e1s hondo de que puede ser capaz un hombre es el del arrepentimiento, porque sacude y conmueve la zona m\u00e1s b\u00e1sica del ser humano, su \u201cmismidad\u201d, su ser en orden a la plenitud o a la perdici\u00f3n. Reconocerse pecador lleva a levantar los ojos a Dios, a pedirle el perd\u00f3n que \u00c9l vino a traer, y a amarle por este perd\u00f3n y por esta renovaci\u00f3n de la existencia humana. Nosotros, los cristianos, sabemos que s\u00f3lo esto nos <em>salva.<\/em> Empleo la palabra con toda deliberaci\u00f3n. S\u00f3lo esto nos salva, con salvaci\u00f3n profunda y radical: a nosotros, uno a uno, y al mundo entero. S\u00f3lo Cristo ha predicado el perd\u00f3n de los pecados, s\u00f3lo \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Escuchad este pasaje del Evangelio de San Marcos:<em>Entrando de nuevo, despu\u00e9s de algunos d\u00edas, en Cafarna\u00fam, se supo que estaba en casa el Se\u00f1or; y se juntaron tantos, que ni aun junto a la puerta cab\u00edan; y \u00c9l les hablaba. Vinieron tray\u00e9ndole un paral\u00edtico, que llevaban entre cuatro; y no pudiendo present\u00e1rselo a causa de la muchedumbre, descubrieron el tejado de la casa donde \u00c9l estaba; y, hecha una abertura, descolgaron la camilla en que yac\u00eda el paral\u00edtico. Viendo Jes\u00fas la fe de ellos, dijo al paral\u00edtico: Hijo, tus pecados te son perdonados. Estaban sentados all\u00ed algunos escribas, que pensaban entre s\u00ed: \u00bfC\u00f3mo habla as\u00ed \u00e9ste? Blasfema. \u00bfQui\u00e9n puede perdonar pecados, sino s\u00f3lo Dios? Y luego, conoci\u00e9ndolo Jes\u00fas, con su esp\u00edritu, que as\u00ed discurr\u00edan en su interior, les dice: \u00bfPor qu\u00e9 pens\u00e1is as\u00ed en vuestros corazones? \u00bfQu\u00e9 es m\u00e1s f\u00e1cil, decir al paral\u00edtico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Lev\u00e1ntate, toma tu camilla y vete? Pues para que ve\u00e1is que el Hijo del Hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados<\/em><em>\u2013se dirige al paral\u00edtico<\/em><em>\u2013, <\/em><em>yo te digo: Lev\u00e1ntate, toma tu camilla y vete a tu casa. \u00c9l se levant\u00f3 y, tomando luego la camilla, sali\u00f3 a la vista de todos, de manera que todos se maravillaron y glorificaban a Dios diciendo: Jam\u00e1s hemos visto tal cosa<\/em>(Mc 2, 1-12).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es decir, cura a un paral\u00edtico, porque es Dios; pero lo hace para demostrar que puede perdonar pecados, porque es Dios. <em>No vine a llamar a los justos, sino a los pecadores,<\/em> dice en ese mismo cap\u00edtulo segundo del Evangelio de San Marcos (Mc 2, 17). Y no hay hombres que no sean pecadores. Los que no se consideran pecadores, no existen para la redenci\u00f3n del Cristo. \u00c9sa es la primera gracia de la Redenci\u00f3n: sabernos pecadores. Y pecador, queridos hijos, no es s\u00f3lo el que falta a sus deberes sociales, a lo que en nuestra jerarqu\u00eda de valores consideramos como \u00fatil, bueno, malo o peor. Pecador es el que, con su pecado, da\u00f1a a la verdad y a la justicia eterna. Se puede faltar a la verdad y a la justicia, queriendo imponer soluciones que parecen arreglarlo todo, de momento, pero que, en el fondo lesionan lo m\u00e1s profundo del hombre: su verdad cristiana. Pecamos contra el Evangelio cuando ocultamos su luz y robamos a los hombres lo mejor que Dios les ha dado: su dimensi\u00f3n eterna. Parecemos valientes y, sin embargo, nos quedamos en la m\u00e1s vulgar de las cobard\u00edas, por miedo a que nos tachen de intemporales y descomprometidos. Se necesita hoy m\u00e1s valent\u00eda para decir a los hombres: \u201cSomos pecadores y tenemos que convertirnos a Dios todos\u201d, que para fomentar revoluciones y enfrentamientos de unos contra otros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cristo ha venido a predicar el perd\u00f3n de los pecados, el misterio de la Cruz, el amor de Dios a sus hijos, el precepto de la caridad fraterna. Mi dignidad, mi libertad, mi responsabilidad, son inter\u00e9s del mismo Dios. Y si Dios es Dios, ha de ser as\u00ed. Abandonemos de una vez el necio orgullo, el infantil y peque\u00f1\u00edsimo orgullo de preferir nuestras soluciones y nuestros derechos frente a la sabidur\u00eda y el amor. Seamos lo suficientemente grandes e inteligentes para comprender que hay m\u00e1s, mucho m\u00e1s, infinitamente m\u00e1s que lo que nuestra mirada abarca. S\u00f3lo los astr\u00f3nomos, los sabios de los espacios infinitos, saben un poco sobre lo mucho que ignoran acerca de esos mundos que los dem\u00e1s ni acertamos siquiera a pensar. As\u00ed sucede con esta acci\u00f3n de Dios, entrando en el alma humana para limpiarla del pecado y elevarla a las alturas de la vida divina. Por eso el obispo os predica esta doctrina, hijos, porque aqu\u00ed se contiene el n\u00facleo esencial de la revelaci\u00f3n cristiana. Un hombre nuevo es lo que ha buscado Cristo. Y San Pablo, el gran predicador del Evangelio, insisti\u00f3 continuamente: <em>Revest\u00edos del hombre nuevo<\/em> (Ef 4, 24). Y este hombre nuevo no se logra solamente con nuestros afanes de justicia temporal en este mundo, con la predicaci\u00f3n de nuestros derechos. S\u00ed, hay que predicarlos, pero hay que empezar predicando nuestros deberes, los de todos: deber de la conversi\u00f3n del coraz\u00f3n a Dios, de la fidelidad en el servicio a esas llamadas del Se\u00f1or desde el Antiguo Testamento hasta hoy, a trav\u00e9s de la Iglesia; el deber de la pureza del coraz\u00f3n, el de la esperanza cristiana, puesta en los bienes de m\u00e1s all\u00e1 de este mundo, sin despreciar los que aqu\u00ed abajo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Ay de nosotros si, como consecuencia del olvido en que estamos cayendo respecto a estos puntos fundamentales de la predicaci\u00f3n cristiana, privamos a los hombres de este sentido del pecado, de la gracia, del encuentro con Dios, del perd\u00f3n, de la luz que el alma necesita! Puede suceder que las pr\u00f3ximas generaciones sientan un vac\u00edo tan desolador en su alma que, alguien en su nombre, aunque fuese millonario en bienes materiales, se atreva a preguntar a las generaciones anteriores, maldici\u00e9ndolas: \u201c\u00bfQu\u00e9 hab\u00e9is hecho conmigo, que me hab\u00e9is arrancado lo \u00fanico que pod\u00eda dar sentido a mi existencia?\u201d. Eso es lo que estamos comprobando ya hoy, en gran parte. La civilizaci\u00f3n de los bienes de consumo, el materialismo t\u00e9cnico, la facilitaci\u00f3n de los placeres, no sirve para dar satisfacci\u00f3n al coraz\u00f3n, ansioso de infinito. Corremos el peligro de reducir la grandeza de Dios a los peque\u00f1os parches que ponemos nosotros con nuestras visiones parciales del cristianismo, a veces llenas de resentimiento y de amargura, en lugar de nutrirlas con la paz, la luz y el amor del Evangelio, tal como Cristo nos lo predic\u00f3. La predicaci\u00f3n de la palabra de Dios ha de orientarse siempre en todo y en todos a quitar el pecado de la vida y a poner en el coraz\u00f3n del hombre y de la sociedad el amor de Dios.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Responsabilidad de los predicadores<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De ah\u00ed la tremenda responsabilidad de los que tienen la misi\u00f3n de predicar la palabra de Dios en la Iglesia. Quiero ahora referirme a ellos; y, naturalmente, hablo de los sacerdotes, esto es, de los que reciben de la Iglesia esa misi\u00f3n sagrada y son enviados para predicar la palabra del Reino. No me refiero a esa otra misi\u00f3n amplia y general que tiene tambi\u00e9n todo bautizado, seg\u00fan nos ense\u00f1a el Concilio, de anunciar la palabra divina, difundirla y ser testigo de ella. Hablo de los que tienen una misi\u00f3n solemne y oficial, recibida de la Iglesia jer\u00e1rquica y nacida de su sacerdocio, que les sit\u00faa en un plano esencialmente distinto de los dem\u00e1s. Hablo de los que han recibido el sacramento del Orden. Ellos \u201cno est\u00e1n nunca al servicio de una ideolog\u00eda o facci\u00f3n humana, sino que, como heraldos del Evangelio y pastores de la Iglesia, trabajan por lograr el espiritual incremento del Cuerpo de Cristo\u201d (PO 6). A ellos por medio de los obispos que les ordenan, les dice tambi\u00e9n el Se\u00f1or, como a sus Ap\u00f3stoles: <em>Id y ense\u00f1ad todo lo que yo os he mandado <\/em>(Mt 28, 19).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pues bien, a todos me dirijo. Quiero incluirme a m\u00ed el primero entre ellos. Hemos de predicar, ante todo, el Evangelio de Cristo, no otro; el Evangelio de Cristo. A imitaci\u00f3n de San Pablo, hemos de poder decir con \u00e9l, en su carta a los G\u00e1latas, cap\u00edtulo primero: <em>La gracia y la paz sean con vosotros de parte de Dios Padre y de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que se entreg\u00f3 por nuestros pecados, para librarnos de este siglo malo, seg\u00fan la voluntad de nuestro Dios y Padre, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Me maravillo de que tan pronto, abandonando al que os llam\u00f3 a la gracia de Cristo, os hay\u00e1is pasado a otro evangelio. No es que haya otro; lo que hay es que algunos os turban y pretenden pervertir el Evangelio de Cristo. Pero, aunque nosotros o un \u00e1ngel del cielo os anunciase otro evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema. Os lo he dicho antes y ahora de nuevo os lo digo: Si alguno os predica otro evangelio distinto del que hab\u00e9is recibido, sea anatema. \u00bfBusco yo ahora el favor de los hombres o el de Dios? \u00bfAcaso busco agradar a los hombres? Si a\u00fan buscase agradar a los hombres, no ser\u00eda siervo de Cristo. Porque os hago saber, hermanos, que el Evangelio por m\u00ed predicado no es de hombres, pues yo no lo recib\u00ed o aprend\u00ed de los hombres, sino por revelaci\u00f3n de Jesucristo<\/em>(Gal 1, 3-12).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tenemos que predicar el Evangelio del Se\u00f1or, todos, absolutamente todos. No somos predicadores de temas pol\u00edticos, econ\u00f3micos, sociales. Nuestro deber es predicar la palabra de Cristo, la cual, s\u00ed, tiene aplicaciones y luces para la soluci\u00f3n de las cuestiones pol\u00edticas, econ\u00f3micas y sociales. Llenos de Cristo, como Cristo estaba lleno del Padre, no es nuestra propia ciencia y experiencia la que tenemos que ofrecer a los hombres, sino la palabra de Dios y los caminos de su gracia. No podemos conocer nunca a Cristo, si tapamos su verdad, su vida, su doctrina, su obra, con nuestros conceptos y puntos de vista personales. Tenemos siempre el peligro de acomodar el mensaje a los deseos de la ambici\u00f3n, de la vanidad, del inter\u00e9s. Y no hay necesidad de negar el Evangelio para deformarlo. A veces basta un poco de astucia y sagacidad humana para dejar de ser fieles a lo que la palabra de Dios reclama. Somos predicadores de la verdad desnuda y sencilla, por encima de todo lo de este mundo. Hemos de conservarla, pese a quien pese. <em>El que no est\u00e1 conmigo<\/em> \u2013dice Cristo\u2013 <em>est\u00e1 contra m\u00ed; y quien no recoge conmigo, desparrama<\/em> (Lc 11, 23). Y siempre que prediquemos la palabra de Dios a nuestros fieles todos, porque todos son los pobres hijos de los hombres que necesitan de la luz de Dios, tenemos que situarnos en esta perspectiva.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nunca cumpliremos bastante con esta exigencia que nos impone la responsabilidad de una misi\u00f3n tan sagrada. La predicaci\u00f3n de la palabra de Dios en los templos es como abrir la puerta para que el Se\u00f1or venga a las almas de los que escuchan. Y somos nosotros los que tenemos esa misi\u00f3n confiada por la Iglesia jer\u00e1rquica. De ah\u00ed que no pueda aprobar esas homil\u00edas dialogadas que se hacen en las iglesias, en las cuales se levantan las voces de los laicos, con el peligro de que se convierta el templo en centro de discusi\u00f3n de unos contra otros, para exponer all\u00ed sus reivindicaciones o sus conceptos personales. No es \u00e9se el lugar donde los laicos tienen que hablar. El que ha de hacerlo, en virtud de la misi\u00f3n que la Iglesia le conf\u00eda, es el sacerdote, no transmitiendo palabras suyas, sino solamente la palabra del Se\u00f1or, y explic\u00e1ndola conforme a la tradici\u00f3n de la Iglesia, y siempre atento a la luz del Magisterio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No hemos de buscar nunca nuestra gloria, ni consentir en la tentaci\u00f3n de la palabra halagadora, deslumbrante, llena de la sabidur\u00eda de este mundo. Dice San Pablo en este pasaje que he le\u00eddo: <em>\u00bfEs que busco yo la aprobaci\u00f3n de los hombres o la de Dios?<\/em> (Gal 1, 10). No estamos para decir lo que el auditorio quiere que digamos, para captar su aprobaci\u00f3n y su aplauso, ni el de los unos ni el de los otros. Jes\u00fas no habl\u00f3 como esperaban los jud\u00edos, no se present\u00f3 a ellos como el Mes\u00edas solucionador de sus problemas terrenos. Nuestra palabra es la palabra de Dios, pero ha de ser muy fiel y verdadera. No nos corresponde a nosotros, tras miles de a\u00f1os de existencia, inventar la verdad y el amor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A unos y a otros nos dice Cristo: <em>Bienaventurado el que no se escandalizare de m\u00ed <\/em>(Mt 11, 6). En ambos campos hoy, la postura es la del esc\u00e1ndalo artificial y provocado. Nos irritamos muchas veces ante lo que presentan \u201clos otros\u201d, s\u00f3lo porque son \u201clos otros\u201d; ante lo que consideramos nuevo o ante lo que juzgamos ya pasado. Y este esc\u00e1ndalo es el terreno abonado para la discordia. El mensaje de Cristo se rompe en la palabra predicada sin amor, con violencia, con desprecio, o con un af\u00e1n de superioridad y de dogmatismo que no nos corresponde a los humanos. Las heridas sangran en nuestro esp\u00edritu, cuando se predica as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No podemos amar m\u00e1s la gloria de los hombres que la gloria de Dios (cf. Jn 12, 42-44). Antes, la gloria parece que consist\u00eda en estar a bien, fuese como fuese, con los superiores, con la autoridad, con el orden. Ahora, la gloria, para algunos, es la protesta, la rebeld\u00eda, el ponerse en contra. Con esto basta para tener un buen carnet, para circular con carisma de independencia, para asegurarse el \u00e9xito. Ni una cosa ni otra es l\u00edcita a los predicadores del Reino de Dios. \u201cLos presb\u00edteros \u2013recuerda el Concilio\u2013, teniendo ante los ojos que es el Se\u00f1or quien abre los corazones y que la grandeza no viene de ellos mismos, sino de la virtud de Dios, en el acto mismo de ense\u00f1ar la palabra de Dios se unir\u00e1n m\u00e1s \u00edntimamente con Cristo maestro y se dejar\u00e1n conducir por su Esp\u00edritu\u201d (PO 13).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las tentaciones de Cristo en el desierto marcan tres l\u00edmites muy claros a todo predicador del Evangelio. <em><u>Primero<\/u><\/em><em>,<\/em> no al ansia de la satisfacci\u00f3n ventajosa y halagadora, sea proveniente del grupo que sea, de ricos o de pobres, de auditorios numerosos o de comunidades peque\u00f1as, el ansia de que las piedras se conviertan en pan. <em><u>Segundo<\/u><\/em><em>,<\/em> no al mensaje espectacular y al ansia de dominio sobre las conciencias d\u00e9biles: tirarse del monte abajo para que los \u00e1ngeles le recojan, decir las cosas que pueden llamar la atenci\u00f3n para suscitar las grandes reacciones, no. <em><u>Tercero<\/u><\/em><em>,<\/em> no a la concepci\u00f3n terrenal del Mes\u00edas: <em>Todo esto te dar\u00e9, si de hinojos me adorares<\/em> (Mt 3, 9).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No podemos presentarnos a los hombres diciendo: \u201cYo te voy a solucionar los problemas de aqu\u00ed abajo\u201d. Esto no lo ha predicado nunca Jesucristo. S\u00ed que hemos de esforzarnos, aunque no lo logremos siempre, por introducir en el coraz\u00f3n de cada uno de los que nos escuchan los fermentos del esp\u00edritu que muevan en todo momento al amor y la justicia. Pasar estos l\u00edmites es degradar el mensaje de Cristo y reducirlo a una pol\u00edtica o filosof\u00eda socialista. \u00bfPor qu\u00e9 hemos de quedar tan f\u00e1cilmente deslumbrados por soluciones que no abarcan la realidad de la existencia humana? Hay que optar entre el Reino de Dios o el reino del mundo que hemos fabricado los hombres, entre el Evangelio verdadero y el \u201cf\u00e1cil y aguado\u201d.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>San Pablo, en el silencio del desierto<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Qu\u00e9 fuerza tan inmensa tiene la vida de Cristo para el predicador del Reino de Dios! El desierto, la tentaci\u00f3n, el bautismo, los cielos que se abren, la voz del Padre, el mensaje que se inicia, su independencia de todos y su amor a todos. Hay que empezar por ah\u00ed, a imitaci\u00f3n de Cristo, acogi\u00e9ndonos con frecuencia al silencio que habla. Cuando San Pablo cay\u00f3 herido por luz del Se\u00f1or en el camino de Damasco, una vez repuesto de aquella sacudida espiritual que trastorna su existencia, \u00bfqu\u00e9 hizo el gran Ap\u00f3stol, antes de ponerse a predicar el Evangelio? Tres a\u00f1os estuvo retirado en el desierto de Arabia, para rezar, para meditar, para pensar en la transformaci\u00f3n sufrida y para asimilar hondamente la vida de aquel Jes\u00fas que se le hab\u00eda aparecido en su camino de perseguidor. Tres a\u00f1os en el silencio del desierto. Del desierto han salido siempre los grandes predicadores, como San Juan Cris\u00f3stomo, San Gregorio Nacianceno, como el Bautista, como Cristo mismo, que se retira all\u00ed antes de ir a predicar la palabra de Dios a los hombres. \u201cTransformado por los m\u00e1s prodigiosos y reales sucesos efectuados en su esp\u00edritu, lleno de las experiencias y ense\u00f1anzas adquiridas en el trato con los cristianos de Damasco, y cargado tambi\u00e9n sin duda de su Biblia, que en todas parles llevaba consigo, si era posible, vemos al hombre solitario, en su traje oriental de beduino, con el vestido blanco de muchos pliegues, el cinto de cuero y el pa\u00f1uelo de color en la cabeza (keffiye), en su viaje por los montes yermos, pelados, pardos y rojizos, que m\u00e1s tarde atrajeron a tantos ermita\u00f1os y estilitas&#8230;\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cEste tiempo de casi tres a\u00f1os de ejercicios espirituales fue el m\u00e1s contemplativo y el m\u00e1s feliz de su vida. Aqu\u00ed comenz\u00f3 bajo la direcci\u00f3n del santo <em>pneuma,<\/em> del Esp\u00edritu de Jes\u00fas, aquel gran proceso de refundici\u00f3n en el alma de San Pablo, que \u00e9l indica en su carta a los Filipenses (3, 7-11): <em>Todo lo que en otro tiempo consider\u00e9 como ganancia, lo he tenido por p\u00e9rdida por amor de Cristo. Todo lo juzgo como p\u00e9rdida en comparaci\u00f3n del conocimiento de mi Se\u00f1or Jesucristo, que todo lo sobrepuja, por cuyo amor lo he sacrificado todo\u201d<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Necesitamos hoy los sacerdotes mucho m\u00e1s silencio interior y exterior, para captar esos haces de luz que han de llenar siempre nuestro entendimiento y nuestro coraz\u00f3n, para ofrec\u00e9rselos al hombre. Cuando despu\u00e9s se present\u00f3 en Jerusal\u00e9n a la comunidad de los cristianos, Pablo era ya el ap\u00f3stol de Cristo. Entonces pod\u00eda decir: <em>Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en m\u00ed<\/em> (Gal 2, 20). Y, predicando a Cristo, recorri\u00f3 \u00e9l mundo conocido. En sus cartas hallamos la huella de Dios. Sobre ellas no pasan los siglos. Todos los necesitados de la luz la encuentran en esos conceptos del gran solitario del desierto, que por haber sido eso, pudo ser despu\u00e9s el gran predicador de los gentiles.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>El Credo del Pueblo de Dios<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fortalecida nuestra alma sacerdotal en la contemplaci\u00f3n de Dios y sus verdades, debemos predicar hoy, como siempre, el conjunto de la doctrina cat\u00f3lica, con orden y m\u00e9todo, con profundidad y con unci\u00f3n, atentos siempre a la luz del Magisterio eclesi\u00e1stico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Credo del Pueblo de Dios es hoy el tema de predicaci\u00f3n m\u00e1s actual y m\u00e1s necesario. Al promulgarlo, dec\u00eda el papa Pablo VI: \u201cSomos conscientes de la inquietud que agita, en relaci\u00f3n con la fe, ciertos ambientes modernos, los cuales no se sustraen a la influencia de un mundo en profunda mutaci\u00f3n, en el que tantas cosas ciertas se impugnan o discuten. La Iglesia, ciertamente, tiene siempre el deber de continuar su esfuerza para profundizar y presentar, de una manera cada vez m\u00e1s adaptada a las generaciones que se suceden, los insondables misterios de Dios, ricos para todos los frutos de salvaci\u00f3n. Pero es preciso al mismo tiempo tener el mayor cuidado, al cumplir el deber indispensable de b\u00fasqueda, de no atentar a las ense\u00f1anzas de la doctrina cristiana. Porque esto ser\u00eda entonces originar, como se ve desgraciadamente hoy en d\u00eda, turbaci\u00f3n y perplejidad en muchas almas fieles\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cY como en otro tiempo en Ces\u00e1rea de Filipo el Ap\u00f3stol Pedro tom\u00f3 la palabra en nombre de los Doce para proclamar verdaderamente, por encima de las opiniones humanas, a Cristo, Hijo de Dios vivo, as\u00ed hoy su humilde sucesor, pastor de la Iglesia universal, levanta su voz, rindiendo, en nombre de todo el pueblo de Dios, un firme testimonio a la verdad divina confiada a la Iglesia para que ella la anuncie a todas las naciones\u201d<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No podemos permanecer indiferentes a esta llamada apremiante del Papa. El pueblo de Dios est\u00e1 compuesto hoy por hombres y mujeres sedientos de que se les predique la aut\u00e9ntica palabra de Dios y de su Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cCreemos en un solo Dios, Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo, creador de las cosas visibles y de las invisibles; creemos en nuestro Se\u00f1or Jesucristo, Hijo de Dios, Verbo eternal, que habit\u00f3 entre nosotros con plenitud de gracia y de verdad; creemos en el Esp\u00edritu Santo, que ilumina, vivifica, protege y gu\u00eda a la Iglesia, y con su acci\u00f3n penetra hasta lo m\u00e1s \u00edntimo del alma para hacer al hombre capaz de corresponder a la llamada de Jes\u00fas: <em>Sed <\/em><em>perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto<\/em> (Mt 5, 48)&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Creemos que Mar\u00eda es la Madre, siempre Virgen, del Verbo encarnado y Madre de la Iglesia; creemos que en Ad\u00e1n todos pecaron, y que nuestro Se\u00f1or Jesucristo, por el sacrificio de la Cruz, nos rescat\u00f3 del pecado original y de todos los pecados personales&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Creemos en un solo bautismo, el cual se debe administrar tambi\u00e9n a los ni\u00f1os que todav\u00eda no son culpables de pecados personales, para que, naciendo privados de la gracia sobrenatural, \u201crenazcan del agua y del Esp\u00edritu Santo\u201d a la vida divina de Cristo Jes\u00fas&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Creemos en la Iglesia, una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica, edificada por Jesucristo sobre la piedra que es Pedro; creemos que la Misa celebrada por el sacerdote, es el sacrificio del Calvario, hecho presente sacramentalmente en nuestros altares&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Confesamos que el Reino de Dios iniciado aqu\u00ed abajo en la Iglesia de Cristo no es c\u00ede este mundo, cuya figura pasa, y que su crecimiento propio no puede confundirse con el progreso de la civilizaci\u00f3n, de la ciencia o de la t\u00e9cnica humana, sino que consiste en conocer cada vez m\u00e1s profundamente las riquezas insondables de Cristo, en esperar cada vez con m\u00e1s fuerza los bienes eternos, en corresponder cada vez m\u00e1s ardientemente al amor de Dios, en dispensar cada vez m\u00e1s abundantemente la gracia y la santidad entre los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es este mismo amor el que impulsa a la Iglesia a preocuparse constantemente del verdadero bien temporal de los hombres. Sin cesar de recordar a sus hijos que ellos no tienen una morada permanente en este mundo, los alienta tambi\u00e9n, en conformidad con la vocaci\u00f3n y los medios de cada uno, a contribuir al bien de su ciudad terrenal, a promover la justicia, la paz y la fraternidad entre los hombres, a prodigar ayuda a sus hermanos, en particular a los m\u00e1s pobres y desgraciados. La intensa solicitud de la Iglesia, Esposa de Cristo, por las necesidades de los hombres, por sus alegr\u00edas y esperanzas, por sus penas y esfuerzos, nace del gran deseo que tiene de estar presente entre ellos para iluminarlos con la luz de Cristo y juntar a todos en \u00c9l, su \u00fanico Salvador. Pero esta actitud nunca podr\u00e1 comportar que la Iglesia se conforme con las cosas de este mundo, ni que disminuya el ardor de la espera de su Se\u00f1or y del Reino eterno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Creemos en la vida eterna y que las almas de cuantos mueren en la gracia de Cristo, ya las que todav\u00eda deben ser purificadas en el Purgatorio, ya las que desde el instante en que dejan los cuerpos por Jes\u00fas son llevadas al Para\u00edso, como hizo el Buen Ladr\u00f3n, constituyen el pueblo de Dios m\u00e1s all\u00e1 de la muerte, la cual ser\u00e1 definitivamente vencida en el d\u00eda de la Resurrecci\u00f3n cuando esas almas se unir\u00e1n de nuevo a sus cuerpos\u201d<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo esto tenemos que decirlo al pueblo de Dios. Sin duda no solucionaremos todos los problemas temporales, pero mantendremos en el coraz\u00f3n de los hombres la luz de la esperanza. Por otro camino, ni solucionaremos los de hoy, ni los que surjan ma\u00f1ana, y privaremos al hombre de lo mejor que tiene, la luz para poder caminar entre las tinieblas, y no habr\u00e1 paz en los corazones, sino indiferencia u hostilidad de unos para con otros, es decir, la negaci\u00f3n radical de lo que es y pide la condici\u00f3n humana. Por eso tiene tanta trascendencia predicar el perd\u00f3n de los pecados, con todo lo que lleva consigo esta doctrina santa de Jes\u00fas, con la cual no solamente nos da \u00c9l su palabra, sino su propia vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> J. Holzner, <em>San Pablo, heraldo de Cristo,<\/em> Barcelona 1946, 41-42.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Pablo VI,<em>El Credo del Pueblo de Dios: Ecclesia,<\/em> 6 de julio de 1968, n\u00fam. 1379 1005.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> <em>Solemne Profesi\u00f3n de fe,<\/em> pronunciada por Pablo VI el 30 de junio de 1968: AAS 60 (1968) 436 ss. Texto castellano publicado por la Comisi\u00f3n Episcopal de Ense\u00f1anza, Madrid, 1968, 20ss.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada el 21 de marzo de 1969, viernes de la cuarta semana de Cuaresma. El viernes pasado os habl\u00e9 de la santidad en la vida del cristiano como meta suprema a la que debemos aspirar todos en este mundo, en respuesta a la llamada de Jesucristo. 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