{"id":947,"date":"2024-09-25T22:44:38","date_gmt":"2024-09-25T20:44:38","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=947"},"modified":"2024-09-27T13:51:55","modified_gmt":"2024-09-27T11:51:55","password":"","slug":"no-sabeis-de-que-espiritu-sois","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/no-sabeis-de-que-espiritu-sois\/","title":{"rendered":"No sab\u00e9is de qu\u00e9 esp\u00edritu sois"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Conferencia pronunciada el 7 de marzo de 1969, viernes de la segunda semana de Cuaresma.<\/p>\n\n\n\n<p>Una cosa hay clara para que el disc\u00edpulo que cree en el Evangelio: los caminos que Cristo nos ofrece no son los que habitualmente solemos seguir los hombres para alcanzar el \u00e9xito. La explicaci\u00f3n de ello descansa en el hecho de que lo que nosotros entendemos por \u00e9xito y triunfo es muy distinto de lo que entiende Jesucristo. Es necesario empezar por aqu\u00ed, porque si lo que yo pretendo alcanzar no es lo que Cristo me ofrece, mis caminos no se encontrar\u00e1n nunca con los suyos y mi vida se consumir\u00e1 en una frustraci\u00f3n permanente, en la que es imposible que crezca la esperanza cristiana.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Los caminos de Dios<\/h2>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas ha venido a ofrecernos la vida eterna, el Reino que no es de este mundo, aunque empieza a construirse en este mundo. \u00c9l no es ajeno a los sufrimientos de los hombres en la tierra. \u00c9l quiere aliviar eficazmente estos sufrimientos, pero no se propone eliminarlos. M\u00e1s bien cuenta con ellos como inevitable compa\u00f1\u00eda de todos los que quieran ser sus disc\u00edpulos. <em>Si a M\u00ed me han perseguido<\/em> \u2013dice\u2013 <em>tambi\u00e9n a vosotros os perseguir\u00e1n. No es el disc\u00edpulo de mejor condici\u00f3n que el maestro <\/em>(Lc 51, 56). Y cosa notable: los m\u00e1s pr\u00f3ximos a \u00c9l, por v\u00ednculos de familia, son los menos beneficiados por su poder taumat\u00fargico. Para Jos\u00e9, el carpintero, y para Mar\u00eda, la Madre de Jes\u00fas, no hubo milagros. La excelsa esclava del Se\u00f1or que le dio a luz y le acompa\u00f1\u00f3 toda su vida, tendr\u00e1 que o\u00edr un d\u00eda palabras tan desconcertantes como \u00e9stas que nos narra el evangelista San Mateo: <em>Mientras \u00c9l hablaba a la muchedumbre, su Madre y sus hermanos, los parientes de Jes\u00fas, estaban fuera y pretend\u00edan hablarle. Alguien le dijo: Tu Madre y tus hermanos est\u00e1n fuera y desean hablarte. \u00c9l, respondiendo, dijo al que le hablaba: \u00bfQui\u00e9n es mi Madre y qui\u00e9nes mis hermanos? Y extendiendo su mano sobre los disc\u00edpulos, dijo: He aqu\u00ed a mi madre y a mis hermanos, porque quienquiera que hiciese la voluntad de mi Padre que est\u00e1 en los cielos, \u00e9se es mi hermano y mi hermana y mi madre<\/em> (Mt 12, 47-50).<\/p>\n\n\n\n<p>La voluntad del Padre que est\u00e1 en los cielos. Ah\u00ed es donde le encontramos siempre. <em>H\u00e1gase tu voluntad, as\u00ed en la tierra como en el cielo <\/em>(Mt 6, 10), nos ense\u00f1ar\u00e1 a orar en el Padrenuestro. <em>Pase de M\u00ed este c\u00e1liz, mas no se haga mi voluntad, sino la tuya<\/em> (Mc 14, 36), dir\u00e1 en el Huerto de los olivos. Y su \u00faltima palabra, en la cruz, con la que se cierran sus labios agonizantes, tambi\u00e9n va dirigida al Padre: <em>En tus manos, oh Padre, encomiendo mi esp\u00edritu<\/em> (Lc 23, 46). Toda su vida consisti\u00f3 en obedecer al Padre, al que le envi\u00f3 a este mundo, en cumplimiento de las antiguas profec\u00edas, para que los hombres pudi\u00e9ramos llegar a ser hijos de Dios. \u00c9ste es el objetivo fundamental de la predicaci\u00f3n y la ense\u00f1anza de Jes\u00fas; tambi\u00e9n el de la constituci\u00f3n de la Iglesia por \u00c9l fundada.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Hacernos hijos de Dios.<\/strong> Hay que insistir en esto, porque lo olvidamos constantemente. Si se suprime del Evangelio este concepto, en el cual se resume el sentido de su misi\u00f3n en el mundo, todo queda reducido a un moralismo filantr\u00f3pico e inconsistente. M\u00e1s a\u00fan: los gestos de Jesucristo en el Evangelio vendr\u00edan a ser una discriminaci\u00f3n enojosa que levantar\u00eda siempre protestas justificadas. \u00bfPor qu\u00e9 resucitar al hijo de la viuda de Na\u00edn, y no a los de otras mujeres tan desamparadas y tan tristes como la que lloraba en el cortejo? \u00bfPor qu\u00e9 multiplicar los panes aquel d\u00eda y no multiplicarlos siempre, puesto que siempre hay hambrientos? \u00bfPor qu\u00e9 hubo de ser privilegiado el ciego de Jeric\u00f3, y no atendidos los dem\u00e1s ciegos del mundo, cuyos ojos tambi\u00e9n est\u00e1n hechos para contemplar la belleza de la luz y los colores?<\/p>\n\n\n\n<p>Son preguntas que quedar\u00e1n sin respuesta, si no tenemos presente que Jesucristo no vino al mundo, ni exclusiva ni principalmente, a hacer milagros. Los que hizo los realiz\u00f3 como prueba de su condici\u00f3n mesi\u00e1nica y como signo de su coraz\u00f3n compasivo para con el que sufre. Pero el objetivo fundamental, primario, de su Encarnaci\u00f3n fue otro: fue darnos su vida, la vida de Dios, m\u00e1s que un trozo de pan. El pan podemos y debemos d\u00e1rnoslo unos a otros, pero la vida de Dios s\u00f3lo \u00c9l pod\u00eda ofrec\u00e9rnosla.<\/p>\n\n\n\n<p>Los caminos que hab\u00eda de seguir para este ofrecimiento y para esta donaci\u00f3n son tambi\u00e9n los de Dios, no los nuestros. \u00c9l pide la conversi\u00f3n del coraz\u00f3n a Dios, porque no hay paz ni felicidad posible si el coraz\u00f3n est\u00e1 vac\u00edo de Dios; nos manda orar para que obtengamos el don de la fe, sin la cual no puede haber religi\u00f3n cristiana; nos pide entrega total y confiada, como el \u00e1ngel se la pidi\u00f3 a Mar\u00eda, la humilde esclava del Se\u00f1or; nos ense\u00f1a que no temamos a quienes pueden quitarnos la vida aqu\u00ed abajo, pero nada pueden arrebatarnos en el otro mundo; nos da su Cuerpo y su Sangre en la Eucarist\u00eda, como memorial del amor de su pasi\u00f3n; instituye los dem\u00e1s sacramentos para introducirnos o para desarrollarnos en la vida de la gracia; nos pide penitencia y lucha contra nuestras pasiones desordenadas; nos insiste en que el primer mandamiento es \u00e9ste: <em>Amar\u00e1s a Dios con todo tu coraz\u00f3n, con toda tu voluntad, con todo tu esp\u00edritu. Y el segundo, semejante al primero, \u00e9ste: Amar\u00e1s al pr\u00f3jimo como a ti mismo<\/em> (Mc 12, 30-31).<\/p>\n\n\n\n<p>Todo esto es el n\u00facleo de la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas. \u00c9ste es el Evangelio. Jes\u00fas ama, ama siempre, ama desde la cumbre alt\u00edsima de su vida, ama con amor indecible; ama todo lo bueno que hay en el hombre, pero, sobre todo, lo que no perece ni se extingue. No se detiene en las \u00e9pocas hist\u00f3ricas, en las nacionalidades pol\u00edticas, en las circunstancias concretas; su amor va m\u00e1s all\u00e1 y salta todas las barreras. Ama al hombre, a los hombres todos, y en todos quiere que brote y se mantenga viva la llama del amor al Padre y a los dem\u00e1s hermanos, de tal manera que luzca como un resplandor constante, puro, universal, paciente, limpio de todos los ego\u00edsmos personales. Los caminos por donde Dios nos lleva no son los nuestros, hijos, no. Porque nosotros, por nosotros mismos, no somos capaces de amar las virtudes evang\u00e9licas, sino en tanto en cuanto nos favorecen. Por eso yo no pongo mi esperanza cristiana en los hombres, en los discursos, en los libros, en las organizaciones de la Iglesia, en las di\u00f3cesis, ni siquiera en un Concilio en lo que tiene de obra humana. La pongo en esa mano de Dios que hay que descubrir con respeto y humildad, porque est\u00e1 movi\u00e9ndose en el interior de todos esos organismos de la Iglesia: en el interior de un Concilio, de una di\u00f3cesis, de una parroquia, de una asociaci\u00f3n de apostolado, de un libro escrito para difundir la fe, de una predicaci\u00f3n hecha con amor; en todo esto se mueve la mano de Dios.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>La Iglesia de entonces amaba<\/h2>\n\n\n\n<p>Ah\u00ed, s\u00ed, ah\u00ed pongo mi esperanza cristiana. Si yo prescindo de esa mano de Dios que se mueve abriendo sus caminos \u2013los suyos, no los nuestros\u2013 todo esto, organizaciones diocesanas, parroquiales, asociaciones, escritos, discursos&#8230;, todo es vano, y, como vano, se desvanece. Y todo se desvanece y es vano si no hay eucarist\u00eda y sacramentos, oraci\u00f3n y fe, penitencia y mortificaci\u00f3n de los sentidos, vidas consagradas a Dios en la pobreza, en la castidad, en la obediencia, humildad y respeto, amor siempre de unos a otros y no ego\u00edsmo caprichoso y soberbio. Si no hay esto, la Iglesia no subsiste; se convierte en una estructura sociol\u00f3gica, pero no es la Iglesia del Se\u00f1or, y en sus \u00f3rganos no se mueve la mano de Dios, y los caminos que os ofrecer\u00eda no son los caminos que \u00c9l vino a se\u00f1alar. Pero, s\u00ed, la Iglesia nos los ofrece, porque la Iglesia es fiel a su Fundador. Ella no ha tenido ni tiene otra misi\u00f3n que \u00e9sta de amar y extender a todos los hombres el amor con que Dios nos ama. Lo ha hecho siempre, y a ello se debe el que sea una instituci\u00f3n \u00fanica entre todas las instituciones de la tierra. Lo que la distingue, por voluntad de su divino Fundador, no es el servicio que pueda prestar \u2013y lo ha prestado eminente\u2013 al arte o la cultura, no. Es su capacidad de amar siempre y de ofrecer a los hombres, por encima de las desatadas pasiones que todo lo destruyen, las se\u00f1ales confortadoras de que Dios nos ama y quiere salvarnos por el amor, invit\u00e1ndonos a vivirlo en nuestra relaci\u00f3n con \u00c9l y con los dem\u00e1s hombres, nuestros hermanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto es lo que distingue a la Iglesia, el que ella pueda ofrecernos lo que ninguna otra instituci\u00f3n en la tierra. Lo que el mundo no puede dar por s\u00ed mismo a los hombres, a cada hombre, es el amor de Dios-Padre al hombre. El mundo puede dar placer, riquezas, poder\u00edo, dinero, ciencia. Pero no puede dar el amor. \u00c9ste es un don reservado a Dios mismo y \u00c9l es quien se\u00f1ala los caminos por donde podemos encontrarlo. Ahora es en la Iglesia y a trav\u00e9s de la Iglesia. No importa que, servida por hombres, en sus instituciones aparezca tantas veces la torpe huella humana. Detr\u00e1s de los muros de una catedral o de una humilde capilla de aldea, en el coraz\u00f3n de una madre de familia cristiana o en una comunidad de almas consagradas a Dios, en el joven y en el anciano que tienen fe, en la palabra del ap\u00f3stol y en la oraci\u00f3n del sacerdote, late sin extinguirse nunca del todo el eco del amor de la Iglesia, su sacrificio, su pureza, su llamada a lo alto, su recuerdo de lo pobre y transitorio de las cosas humanas. Ella sigue ofreciendo los sacramentos de Cristo, sigue predicando una palabra que no cansa, sigue bendiciendo el amor de los esposos, atiende a los enfermos, consuela a todos los afligidos que la buscan, protege la inocencia de los ni\u00f1os, acoge sin cesar a todos los que un d\u00eda extraviados vuelven a su seno con el coraz\u00f3n arrepentido, hastiados de tantas torpezas y miserias.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n la Iglesia del Concilio ha tenido esta misi\u00f3n y no otra: amar y seguir los caminos de Dios. Ved, queridos hijos m\u00edos, los que est\u00e1is aqu\u00ed, los que me o\u00eds a trav\u00e9s de la radio, todos los fieles de la di\u00f3cesis de Barcelona y todos aquellos a los cuales pueda llegar mi voz; escuchad, una vez m\u00e1s, las palabras orientadoras, las que de verdad nos iluminan, las palabras del Santo Padre; ved c\u00f3mo Pablo VI declaraba en el discurso de apertura de la \u00faltima sesi\u00f3n conciliar esto que estoy diciendo, que la Iglesia del Concilio tambi\u00e9n ten\u00eda como misi\u00f3n la de ofrecer el amor de Dios que los hombres no pueden encontrar fuera de los caminos que \u00c9l mismo ha se\u00f1alado. Dec\u00eda as\u00ed el Papa, en aquel memorable discurso:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>\u201cNuestro amor aqu\u00ed ha tenido ya y tendr\u00e1 expresiones que caracterizan a este Concilio ante la historia presente y futura. Tales expresiones responder\u00e1n un d\u00eda al hombre que se afane en definir la Iglesia en este momento culminante y cr\u00edtico de su existencia. \u00bfQu\u00e9 cosa hac\u00eda en aquel momento la Iglesia cat\u00f3lica?, se preguntar\u00e1. \u00a1Amaba!, ser\u00e1 la respuesta. Amaba con coraz\u00f3n pastoral, todos lo saben, si bien es dif\u00edcil penetrar la profundidad y la riqueza de este amor que Cristo hizo brotar tres veces del coraz\u00f3n arrepentido y ardiente de Sim\u00f3n Pedro&#8230; <em>Jes\u00fas dice a Sim\u00f3n Pedro: Sim\u00f3n, hijo de Juan, \u00bfme amas t\u00fa m\u00e1s que los otros? Le responde: S\u00ed, Se\u00f1or. T\u00fa sabes que te amo. Le dice Jes\u00fas: \u00a1Apacienta mi grey!<\/em> (Jn 21, 15). Y el mandato de apacentar su grey, derivado del amor a Cristo, \u00a1oh s\u00ed! dura todav\u00eda y da raz\u00f3n de ser a esta C\u00e1tedra, como se extiende y dura todav\u00eda y da raz\u00f3n de ser a vuestras C\u00e1tedras particulares, obispos, venerables hermanos; y hoy se afirma con conciencia y vigor nuevos; este Concilio lo dice: \u00a1La Iglesia es una sociedad fundada sobre el amor y gobernada por el amor! Amaba la Iglesia de nuestro Concilio; se dir\u00e1 tambi\u00e9n, amaba con coraz\u00f3n misionero. Todos saben c\u00f3mo este sacrosanto S\u00ednodo ha intimado a todo buen cat\u00f3lico a ser ap\u00f3stol y c\u00f3mo ha ensanchado los l\u00edmites del celo apost\u00f3lico a todos los hombres, a todas las razas, a todas las naciones, a todas las clases: la universalidad del amor, tambi\u00e9n cuando vence las fuerzas de quien la persigue o exige de ese amor la entrega total y heroica, ha tenido aqu\u00ed, y la tendr\u00e1 para siempre, su solemne voz\u201d<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>. As\u00ed expresaba el Papa cu\u00e1l ha sido el sentido \u00edntimo y la orientaci\u00f3n suprema del trabajo de la Iglesia en el Concilio.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Basta un poco de odio para dejar de ser cristianos<\/h2>\n\n\n\n<p>Entonces, \u00bfqu\u00e9 ha pasado? Si los caminos de Dios son caminos de su amor, si la Iglesia ha sido instituida para amar, si el Concilio es tambi\u00e9n obra del amor, y la Iglesia conciliar amaba, \u00bfqu\u00e9 ha pasado, que nos encontramos hoy sus hijos tan desasosegados e inquietos, tan irritados y tan duros, tan poco caritativos unos con otros, en una palabra, tan faltos de amor, a pesar de seguir llamando a la Iglesia Madre nuestra? Intentar\u00e9 se\u00f1alarlo, siempre con el mismo prop\u00f3sito: el de que, conocidos los motivos de esta situaci\u00f3n, podamos explicarnos los hechos, sin perder la esperanza en Dios y en el misterio de la Iglesia, aunque tengamos que reconocer que de los hombres solos podemos esperar siempre poco, como no sea la siembra de la confusi\u00f3n y el desconcierto. Pero un cristiano de raza, aut\u00e9ntico, aunque se sienta solo, no perder\u00e1 la esperanza, y la Iglesia seguir\u00e1 viviendo en su coraz\u00f3n como una llama pura y sagrada que no se extinguir\u00e1 jam\u00e1s. \u201cPor ello todos los disc\u00edpulos de Cristo, perseverando en la oraci\u00f3n y alabando juntos a Dios (cf. Hch 2, 42-47), ofr\u00e9zcanse a s\u00ed mismos como hostia viva, santa y grata a Dios (cf. Rm 12, 1); y den testimonio por doquiera de Cristo, y a quienes lo pidan, den tambi\u00e9n raz\u00f3n de la esperanza de la vida eterna que hay en ellos\u201d (LG 10).<\/p>\n\n\n\n<p>Resumiendo mi pensamiento, yo dir\u00eda que en esta \u00e9poca posconciliar, por entre las rendijas del cuerpo social de la Iglesia, se ha escapado y se ha extendido un poco de ese veneno del orgullo y el desamor que, bajo diversas formas, siempre halla cobijo en el pobre coraz\u00f3n humano. Puede ser ego\u00edsmo en el mantenimiento del propio criterio, desprecio, altaner\u00eda, violencia, retorcimiento de las palabras conciliares, acusaciones y reproches mutuos, insultos, vej\u00e1menes, improperios. S\u00ed, sin darnos cuenta \u2013y esto es lo m\u00e1s triste, porque nos incapacita para poder curarnos de la enfermedad\u2013 sin darnos cuenta, casi estamos odi\u00e1ndonos. Y basta un poco de odio para dejar de ser cristianos. Aqu\u00ed y all\u00e1, es suficiente que unos pocos de coraz\u00f3n estrecho pierdan de vista el misterio del amor de Cristo, para que enseguida otros grupos m\u00e1s numerosos se dejen conducir, en un sentido o en otro, a actitudes de intolerancia y aborrecimiento que matan la caridad cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>Escuchemos, una vez m\u00e1s, las palabras del ap\u00f3stol San Pablo, cap\u00edtulo trece de la primera carta a los Corintios: <em>Si hablando lenguas de hombres y de \u00e1ngeles no tengo caridad, soy como bronce que suena y c\u00edmbalo que reti\u00f1e. Y si teniendo el don de profec\u00eda y conociendo todos los misterios y toda la ciencia y tanta fe que traslade los montes, si no tengo caridad, no soy nada. Y si repartiere toda mi hacienda y entregase mi cuerpo al fuego, no teniendo caridad, nada me aprovecha. La caridad es long\u00e1nima, es benigna; no es envidiosa, no es jactanciosa, no se hincha; no es descort\u00e9s, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa mal; no se alegra de la injusticia, se complace en la verdad; todo lo excusa, a todo se acomoda, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera<\/em> (1Cor 13, 1-7). Seg\u00fan esto, no sirve de nada alardear de esp\u00edritu de pobreza, si no hay caridad. No vale invocar el esp\u00edritu prof\u00e9tico descubridor de nuevos caminos, si no hay caridad. Se falta a la caridad cuando nos irritamos ante una innovaci\u00f3n que puede ser fecunda y bienhechora, y tambi\u00e9n cuando nos dejamos llevar de la soberbia, obrando precipitada y temerariamente. Se falta a la caridad cuando nos complacemos en la injusticia, s\u00ed; y tambi\u00e9n cuando, por af\u00e1n de justicia, atropellamos la verdad. <em>La caridad<\/em> \u2013dice San Pablo\u2013 <em>a todo se acomoda<\/em> (es decir, todo lo examina para descubrir lo bueno que puede haber en todo y alabarlo), <em>cree todo, todo lo espera y todo lo soporta.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Y ya no nos soportamos. Esto es lo que est\u00e1 sucediendo. Actitudes emocionales impiden que la doctrina conciliar serenamente aplicada nos brinde esa imagen m\u00e1s hermosa de la Iglesia que vamos buscando todos. Porque, eso s\u00ed, todos buscamos un perfeccionamiento progresivo en los hombres y en las instituciones de la Iglesia. Constantemente hemos de estar haciendo esfuerzos para ir asimilando, cada vez m\u00e1s, una generaci\u00f3n tras otra, la inmensa riqueza doctrinal, m\u00edstica, asc\u00e9tica, moral, que brota de sus entra\u00f1as. Todos lo deseamos, pero lo estamos estorbando con nuestras irritadas impaciencias y con esas actitudes mezquinas que tantas veces frustran las mejores aventuras en la vida personal de un cristiano y en la vida social de un pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>En estos tres a\u00f1os que han transcurrido desde que el Concilio termin\u00f3, la gran v\u00edctima, ca\u00edda en el suelo, pisoteada por unos y por otros, ha sido la caridad con la Iglesia, no en abstracto y te\u00f3ricamente, sino en concreto, tal como la Iglesia vive. Nuestra actitud ya no es paciente ni sufrida. Se desprecia y se aborrece en concreto a las religiosas consagradas a Dios, a quienes se considera in\u00fatiles para el Reino de Cristo, cuando lo cierto es que Cristo las llama con lo mejor de su coraz\u00f3n; se rechazan ense\u00f1anzas del Papa, y se le califica de hombre puramente doctrinal, complicado y senil; se juzga a todo un episcopado, sin concederle un m\u00ednimo margen de respetabilidad, incluso en lo que es discutible; se habla de di\u00e1logo y cada cual lo convierte en mon\u00f3logo a su favor; se se\u00f1alan cauces para que puedan opinar todos, y en seguida se rompen, porque surgen las voces de los que dicen que ellos solos son los que tienen la raz\u00f3n y no hay que perder el tiempo oyendo a los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>No, esto no es amor a la Iglesia. A la Iglesia se la ama tal como es, incluso con sus defectos \u2013ha dicho el Papa; no por los defectos, sino porque s\u00f3lo as\u00ed se pueden corregir. Un hombre no dice, en abstracto: \u201cYo amo a la madre\u201d. Dir\u00e1: \u201cYo amo a mi madre\u201d. Y si no amamos al Papa de hoy, a los hermanos de hoy, a los sacerdotes, religiosos, fieles y obispos de hoy, con los que me encuentro en la parroquia, en la di\u00f3cesis, en la comunidad, en la familia, en el barrio, en la oficina de trabajo, en la f\u00e1brica; si no amo a esta Iglesia as\u00ed, concretada en estas personas, a esta Iglesia que es ese pr\u00f3jimo ca\u00eddo en el camino, al que mis manos pueden tocar, y cuya voz puedo escuchar, si yo no amo a esta Iglesia del siglo XX, concretamente del a\u00f1o 1969, en Barcelona y en las di\u00f3cesis de Espa\u00f1a y del mundo, yo no amo a la Iglesia. Amo una abstracci\u00f3n, un capricho, un fruto de mi imaginaci\u00f3n o de mi ego\u00edsmo.<\/p>\n\n\n\n<p>Para amar a la Iglesia hay que partir siempre de la realidad concreta en que se presenta, y de los esfuerzos buenos de todos, obedientes al plan del esp\u00edritu de Dios para construir su Reino en este mundo. No podemos despreciar nada de cuanto se haga con humildad y con amor. No podemos decir: \u201cTengo la exclusiva en mis manos; los \u00fanicos caminos v\u00e1lidos son \u00e9stos; los dem\u00e1s son despreciables\u201d. No es l\u00edcita esta actitud. Dios cuenta con todos ya todos reparte sus dones. El amor a la Iglesia est\u00e1 por encima de pasiones y prejuicios, de art\u00edculos period\u00edsticos y de posiciones partidistas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Falta el amor<\/strong>. Y por eso los frutos no aparecen. La Iglesia del Concilio amaba. \u00bfC\u00f3mo va a bendecir Dios nuestro esfuerzo, si en el posconcilio hemos dejado de amarnos? Cuando obramos as\u00ed, estamos amando a lo nuestro, a nuestro grupo, a nuestra opini\u00f3n, a nuestros prop\u00f3sitos. Amor que divide no es amor. Es amor mezclado con odio. Y basta un poco de odio, repito, para dejar de ser cristiano. Ser cristiano, no lo reduzcamos a quitar, poner, a\u00f1adir, cambiar. Es algo mucho m\u00e1s profundo ser cristiano. Las obras son hijas del esp\u00edritu. S\u00ed, s\u00ed, es cierto. <em>Por sus frutos los conocer\u00e9is<\/em> (Mt 7, 20), porque el \u00e1rbol bueno tiene que dar frutos. Pero los frutos prefabricados, se\u00f1alados de antemano, con arreglo a criterios apasionados y parciales, brotan m\u00e1s que de los \u00e1rboles, de la maleza que les rodea.<\/p>\n\n\n\n<p>Es que ni siquiera basta, si queremos ser cristianos de verdad, decir que hemos de ser hermanos. Ni siquiera esto basta. Porque, aun entre hermanos, hay odio. Cristo nos invita a algo m\u00e1s grande: no s\u00f3lo a ser hermanos, sino a ser hijos de Dios. Si uno se queda en la dimensi\u00f3n horizontal de fraternidad con los dem\u00e1s, la solidaridad humana se desgasta y se consume. Se trata de ascender a cumbres m\u00e1s altas, las propias de hijos de Dios. S\u00f3lo as\u00ed podemos superar las diferencias y encontrarnos todos situados en una dimensi\u00f3n m\u00e1s alta y m\u00e1s profunda. Ser cristiano es tener un coraz\u00f3n bueno en el que s\u00f3lo hay amor. La bondad de un coraz\u00f3n as\u00ed produce la vida y crea una actitud hacia el pr\u00f3jimo. No existe el otro. Lo que debe existir es el pr\u00f3jimo, cercano a m\u00ed. Pero, para que yo le admita como cercano, tengo que encontrarme con \u00e9l, vi\u00e9ndonos los dos como hijos de Dios. <em>Hay diversidad de dones, pero uno mismo es el Esp\u00edritu. Hay diversidad de ministerios, pero uno mismo es el Se\u00f1or. Hay diversidad de operaciones, pero uno mismo es Dios, que obra todas las cosas en todo&#8230; Todas estas cosas las obra el \u00fanico y mismo Esp\u00edritu, que distribuye a cada uno seg\u00fan quiere<\/em> (1Cor 12, 4-6. 11). <em>Vosotros, pues, como elegidos de Dios, revest\u00edos de entra\u00f1as de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre, longanimidad&#8230; Y todo cuanto hac\u00e9is de palabra o de obra, hacedlo todo en el nombre el Se\u00f1or Jes\u00fas, dando gracias a Dios Padre por \u00c9l<\/em> (Col 3, 12-17).<\/p>\n\n\n\n<p>No nos protejamos con actitudes que crean abismos entre unos y otros. No hay un s\u00ed condicional cuando Dios nos llama. Tenemos que dar un s\u00ed definitivo y pleno a nuestro Se\u00f1or Jesucristo; y cuando fallamos, reconocer humildemente que hemos fallado y pedir perd\u00f3n al Se\u00f1or. Ese perd\u00f3n solicitado y conseguido a trav\u00e9s de nuestra santa Madre, la Iglesia, vuelve a situarnos en la esfera de la relaci\u00f3n cordial con Dios y con los hombres. El fallo, moment\u00e1neo o transitorio, puede servir para la purificaci\u00f3n, nunca para desesperarnos. Lo malo es no reconocer el fallo y querer cohonestarlo todo, haciendo, o queriendo hacer que el cristianismo se identifique con nuestras actitudes. As\u00ed no se puede servir a la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada m\u00e1s, hijos. Recuerdo otro pasaje aleccionador del Evangelio de San Lucas: <em>Envi\u00f3 el Se\u00f1or algunos de sus disc\u00edpulos para que buscase albergue en un pueblo de samaritanos, y fueron rechazados. Entonces Juan y Santiago dijeron: \u00bfQuieres que pidamos que baje fuego del cielo y que los consuma? Y el Se\u00f1or los mir\u00f3 con compasi\u00f3n y les dijo: No sab\u00e9is de qu\u00e9 esp\u00edritu sois. El Hijo del Hombre no ha venido a perder a los hombres, sino para salvarlos. Y con esto se fueron a otra aldea<\/em> (Lc 9, 54-55).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1C\u00f3mo tendr\u00edamos que aplicarnos hoy estas palabras! \u00a1Cu\u00e1ntos, de un extremo y de otro, en su interior, casi dicen lo mismo que estos dos Ap\u00f3stoles: \u201cQue baje fuego del cielo y que consuma al contrario, al que no piensa como yo, a aquellos sacerdotes, a esos grupos de cristianos, a los de esta o aquella tendencia, a tales o a cuales, a estos obispos retr\u00f3grados o avanzados\u201d! Todo quisi\u00e9ramos que lo resolviera el fuego del cielo. Pero no son \u00e9sos los caminos de Dios. Se necesita, por una y otro parte, m\u00e1s humildad, paciencia, amor y fe.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces la esperanza cristiana se fortalece; siempre se fortalece, nunca se extingue.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Pablo VI, Discurso en la apertura de la cuarta y \u00faltima sesi\u00f3n del Concilio Vaticano 11, 10 septiembre 1965: IP III, 1965, 477-478.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada el 7 de marzo de 1969, viernes de la segunda semana de Cuaresma. Una cosa hay clara para que el disc\u00edpulo que cree en el Evangelio: los caminos que Cristo nos ofrece no son los que habitualmente solemos seguir los hombres para alcanzar el \u00e9xito. 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