{"id":945,"date":"2024-09-25T22:42:01","date_gmt":"2024-09-25T20:42:01","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=945"},"modified":"2024-09-27T13:52:27","modified_gmt":"2024-09-27T11:52:27","password":"","slug":"mis-palabras-no-pasaran","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/mis-palabras-no-pasaran\/","title":{"rendered":"Mis palabras no pasar\u00e1n"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Conferencia pronunciada el 28 de febrero de 1969, viernes de la primera semana de Cuaresma.<\/p>\n\n\n\n<p>Estoy habl\u00e1ndoos de la esperanza cristiana, de esa esperanza que debemos fomentar en nuestra alma para no caer en la desilusi\u00f3n de unos, ni en la amarga desesperaci\u00f3n de otros. Esperanza en relaci\u00f3n con este momento que vive hoy la Iglesia de Cristo y esperanza en el alma de cada uno de los hijos de esta Iglesia. Pero, para que no sea infundada y vana, es necesario establecer bien las bases en que ha de apoyarse. Yo quiero deciros, como el primer d\u00eda de esta Cuaresma: <em>Sursum corda!, <\/em>\u00a1arriba los corazones!, porque Cristo nos invita siempre a mantener este optimismo dentro de la vida cristiana. Pero tambi\u00e9n tengo la obligaci\u00f3n de invitaros a reflexionar sobre los fundamentos firmes y \u00fanicos de la vida cristiana aut\u00e9ntica en que puede apoyarse esta actitud esperanzada. Lo contrario no ser\u00eda cumplir con mi deber.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Llamados por Jesucristo<\/h2>\n\n\n\n<p>Pensemos esta noche en lo que significa dentro de la Iglesia, para cada uno de los que nos consideramos hijos suyos, haber sido llamados por Dios a la vida cristiana. S\u00f3lo teniendo a la vista el car\u00e1cter de este llamamiento, la fuerza que en \u00e9l hay, los motivos por los cuales Dios nos llama, s\u00f3lo as\u00ed podr\u00e1 ser l\u00edcita una actitud de confianza plena en el misterio de la Iglesia en el tiempo. S\u00ed, la vida cristiana supone siempre una llamada por parte de Dios. \u00c9l es quien llama, \u00c9l es quien determina en qu\u00e9 ha de consistir la naturaleza de esa vida a que nos llama; y \u00c9l es quien la ofrece como una inmensa y generosa donaci\u00f3n de su amor. Por medio de Jesucristo, su Hijo, que viene al mundo, se nos da a conocer este misterio en su triple dimensi\u00f3n: el llamamiento, la \u00edndole y el car\u00e1cter de la vida a que somos llamados, y la generosidad pura y gratuita del Padre, que busca a sus hijos y les llama porque les ama, no por otra cosa.<\/p>\n\n\n\n<p>En el umbral de la vida p\u00fablica de Jesucristo, cuando se dispone a ser bautizado en el Jord\u00e1n, se oye, rasgando el cielo, la voz de Dios: <em>\u00c9ste es mi Hijo muy amado, en quien tengo todas mis complacencias <\/em>(Mt 3, 17).M\u00e1s tarde, en la escena de la transfiguraci\u00f3n, los Ap\u00f3stoles Pedro, Juan y Santiago oir\u00e1n la misma voz:<em>\u00c9ste es mi Hijo muy amado, escuchadle<\/em>(Mt 17, 5).Dios, por medio de su Hijo, nos llama; y los hombres debemos escucharle. Esto es lo primero que Dios pide, que escuchemos; con disponibilidad de coraz\u00f3n, con alma limpia. Dios quiso enviar a su Hijo al mundo y pide escuchemos su palabra. Jes\u00fas, el enviado, emprender\u00e1 siempre esta misi\u00f3n: la de ir revel\u00e1ndonos al Padre.<em>Nadie conoce al Padre sino el Hijo<\/em>\u2013nos dice el Evangelio de San Mateo\u2013.<em>Y aquel a quien el Hijo quisiera revel\u00e1rselo.<\/em>De manera que \u00c9l revela a los hombres la vida del Padre, la vida de Dios. \u00c9l lo hace as\u00ed, porque quiere hacerlo as\u00ed, con su voluntad divina salvadora.<em>Por aquel tiempo tom\u00f3 Jes\u00fas la palabra y dijo: Yo te alabo, Padre, Se\u00f1or del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y discretos, y las revelaste a los peque\u00f1uelos. S\u00ed, Padre, porque as\u00ed lo has querido; todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiera<\/em> <em>revel\u00e1rselo.<\/em>Y \u00c9l quiere revel\u00e1rselo a todos, porque dice a continuaci\u00f3n:<em>Venid a M\u00ed todos los que est\u00e1is fatigados y cargados, que yo os aliviar\u00e9. Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de M\u00ed, que soy manso y humilde de coraz\u00f3n; y hallar\u00e9is descanso para vuestras almas, pues mi yugo es blando y mi cara ligera<\/em>(Mt 11, 25-30).<\/p>\n\n\n\n<p>Cristo, pues, quiere dar a conocer al Padre, es decir, el misterio de Dios, el misterio de la vida trinitaria. El objetivo fundamental de la revelaci\u00f3n de Jes\u00fas es, sin duda, la paternidad de Dios. <em>A todos los que le recibieron<\/em> \u2013se nos dice en el evangelio de San Juan\u2013 <em>les<\/em> <em>dio poder de llegar a ser hijos de Dios<\/em> (Jn 1, 12). Hijos de Dios, s\u00ed, es decir, part\u00edcipes de su vida misma. Unas relaciones con Dios parecidas a las que engendra la sangre entre los hombres. San Pablo nos dir\u00e1 m\u00e1s tarde, en su carta a los Efesios: <em>Estando muertos por el pecado, nos ha vivificado en Cristo<\/em> (Ef 2, 5), nos ha dado una nueva vida \u00c9l, en Cristo, y todo por amor, como una donaci\u00f3n. Sigue dici\u00e9ndonos San Pablo: <em>Porque es por la gracia por lo que vosotros sois salvos, por la gracia que viene de la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios <\/em>(Ef 2, 7-9). Y San Juan, en su primera carta: <em>\u00c9l nos am\u00f3 primero a nosotros y envi\u00f3 a su Hijo, para que fuera v\u00edctima de propiciaci\u00f3n por nuestros pecados&#8230; Cualquiera que confesare que Jes\u00fas es el Hijo de Dios, Dios est\u00e1 en \u00e9l y \u00e9l en Dios<\/em> (1Jn 4, 9 y 15). Pero no os olvid\u00e9is: \u00c9l nos am\u00f3 primero a nosotros. Pura generosidad de Dios. La iniciativa arranca siempre de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Es de la mayor importancia tener esto en cuenta, porque es lo que puede hacernos comprender en qu\u00e9 consiste el llamamiento de Cristo. \u00c9l nos llama para darnos la vida de Dios, para ser, <em>ser<\/em> cristianos. Se trata de ser, no de tener esta o aquella cualidad cristiana, este o aquel elemento o dato que entra en la vida cristiana, no. Se trata de algo m\u00e1s, de algo m\u00e1s profundo y radical, de ser con un nuevo ser, con una nueva vida, la de Dios mismo, que nos es ofrecida por el Hijo. <em>Yo soy la vid y vosotros los sarmientos; permaneced en M\u00ed, con el fin de que yo permanezca en vosotros<\/em> (Jn 15, 45). Y San Pablo a\u00f1ade: <em>Revest\u00edos del hombre nuevo que ha sido creado conforme a la imagen de Dios, en justicia y santidad verdadera<\/em> (Ef 4, 24). Un hombre nuevo, \u00bfnuevo en qu\u00e9? San Pablo lo resume en esta frase: <em>En justicia y santidad verdadera.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed es como tiene que nacer el hombre nuevo, creado a imagen de Dios. Entonces, o se acepta o se rechaza esa vida cristiana que nos es ofrecida. Quien la rechaza, ya dar\u00e1 respuesta del uso que hace de su libertad ante el juicio de Dios. Pero si se acepta \u2013estoy hablando a los cristianos, a los hijos de la Iglesia de hoy\u2013, si se acepta esta vida cristiana, hay que aceptarla tal como es, porque a Dios no se le pueden poner condiciones para que modifique a nuestro antojo lo que \u00c9l, en su libertad y amor divino, quiera ofrecernos. Una respuesta sincera a esta llamada exige de nosotros ser fieles al compromiso que supone la aceptaci\u00f3n. Si la respuesta quiere ser sincera y mantenerse dentro del compromiso que supone la aceptaci\u00f3n, han de brotar en nosotros, inevitablemente, estas actitudes:<\/p>\n\n\n\n<p>Primera:<em>amor a la vida eterna<\/em><em> por encima de la vida de este mundo.<\/em> <em>\u00bfQu\u00e9 importa al hombre ganar todo el mundo si, al fin, pierde su alma?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Segunda: <em>amor a la limpieza de coraz\u00f3n,<\/em> como exige el trato, la amistad y la filiaci\u00f3n con Dios, infinitamente puro. Se impone, como una necesidad, la observancia de toda la ley. Ese cuidado que hemos de tener para mantener limpio el coraz\u00f3n nos har\u00e1 caminar por la senda estrecha que Cristo nos ha predicado, para avanzar hacia la luz: hemos de mortificar nuestras pasiones, luchar contra el pecado, confesarlo, y arrepentimos con penitencia aut\u00e9ntica y sinceridad de coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Y tercera: <em>amor a la verdad de Dios,<\/em> expresada en la Revelaci\u00f3n y continuamente expuesta e interpretada por la Iglesia en su Magisterio. <em>Id y ense\u00f1ad todo cuanto Yo os he mandado<\/em> (Mt 28, 19-20), dice Jesucristo a sus Ap\u00f3stoles; y les env\u00eda al mundo entero. <em>El que a vosotros escucha, a M\u00ed me escucha; el que a vosotros desprecia, a M\u00ed me desprecia<\/em> (Lc 10, 16).<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed camina el hombre cristiano, incorporando a ese n\u00facleo sustancial de su nueva vida el tejido de su existencia humana, sin desfigurarla, pero elev\u00e1ndola a un plano superior. Primeramente, las circunstancias concretas en que se desenvuelve la vida de cada uno. El llamamiento que Cristo nos hace no nos deshumaniza. Al contrario. \u00c9l quiere que demos la respuesta a su llamada en las circunstancias concretas en que nuestra existencia se va realizando, en este siglo, en esta cultura, en este ambiente, con estas personas o con aquellas. El tejido de todas estas circunstancias no es un conjunto de obst\u00e1culos, sino de datos enriquecedores. De nosotros depende superar lo que pueda haber de obst\u00e1culo y convertir todo en riqueza para nuestra vida humana y cristiana. Porque no hay que separar la una de la otra. Cristo no nos invita a construir una vida cristiana al lado, al margen de la vida humana, no. \u00c9l no nos llama a que formemos este doble ser, por un lado el hombre y por otro lado el cristiano. Es al hombre a quien \u00c9l llama, a quien asume, a quien busca para incorporarle a \u00c9l. Y sobre lo humano del hombre se trata de construir lo cristiano que Dios nos ofrece. Pueden llegar a ser todas estas circunstancias savia de nuestra vida humana y cristiana, si acertamos a asimilarlas e integrarlas. La vida no consiste en destruir, sino en asimilar y transformar. Cada cristiano es como ese grano de trigo enterrado del que habl\u00e1bamos el pasado viernes. Y todo lo dem\u00e1s puede ser para \u00e9l la tierra y el <em>humus<\/em> que le envuelve, hasta que brotan las espigas.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Cumplir toda la ley<\/h2>\n\n\n\n<p>Cristo no destruy\u00f3 nada, antes bien lo transform\u00f3 todo \u2013el templo y la ley y el imperio romano\u2013 con su amor y su verdad. La vida es algo m\u00e1s que palabrer\u00edas y voces de protesta o de autosuficiencia. Es asimilaci\u00f3n, es profundizaci\u00f3n radical en el ser de cada uno; y si ese ser del hombre ha sido llamado a participar en la vida de Dios, la profundizaci\u00f3n obligar\u00e1 al hombre a considerar c\u00f3mo va a unir las dos dimensiones sin confundirlas, a saber, la humana y la divina que le es ofrecida. No se trata tan s\u00f3lo de las circunstancias; est\u00e1n tambi\u00e9n las diversas edades y etapas de la existencia de cada hombre en la tierra. \u00c9stas son ya algo m\u00e1s \u00edntimo a cada uno que los datos meramente exteriores. Tambi\u00e9n ellas deben ser asimiladas e integradas en el n\u00facleo esencial de nuestro ser cristiano. No se tiene toda la vida. La vamos viviendo. Cada edad de la vida es una fase vital que hay que vivir intensamente. Cada edad aporta lo suyo. Es necesaria una juventud que quiera con fuerza lo absoluto e igualmente una edad madura que realice con eficacia, porque conoce los hechos como son, con sus condicionamientos y sus limitaciones. Unos y otros, los j\u00f3venes y los adultos, han de integrarse, aportando cada uno lo que tiene: el impulso y el ideal unos, la eficacia y sereno realismo los otros.<\/p>\n\n\n\n<p>Si no se obra as\u00ed, se antepone el tener al ser, la circunstancia externa a la esencia permanente, es decir, cada cual considerar\u00e1 como esencial lo que \u00e9l tiene de joven o de adulto, de este siglo o del otro, cuando, en realidad, todo es accidental y pasajero, aunque necesario como condicionamiento de la vida. Porque en cada una de estas etapas que se viven y en cada una de estas circunstancias que nos envuelven, el n\u00facleo es lo que vale, la vida interna de ese ser del hombre, que es el que avanza, el que se realiza d\u00eda a d\u00eda, paso a paso, arrancando toda su fuerza de la propia intimidad. Lo externo y lo accidental le acompa\u00f1an, le enriquecen, sirven para ofrecerle nuevos datos. Todo lo ir\u00e1 recogiendo \u00e9l, para integrarlo en la intimidad esencial de su naturaleza.<\/p>\n\n\n\n<p>Es decir, se nos llama a <em>ser cristianos,<\/em> lo primero de todo; con una vida superior, la de Cristo, capaz de acoger dentro de s\u00ed misma las restantes diferencias de la vida. No lo contrario; no se nos llama a que mantengamos las diferencias en primer t\u00e9rmino y subordinemos a ellas el ser de la vida cristiana. \u00a1Qu\u00e9 distinto es el pensamiento de la Iglesia!: \u201cEl hombre vale m\u00e1s por lo que es que por lo que tiene\u201d (GS 35). No obstante, el tener es una terrible contradicci\u00f3n, porque con ella se indica que, en lugar de servir a Dios, servimos a los \u00eddolos; en lugar de responder a la llamada de Cristo, intentamos que \u00c9l se acomode y responda a las llamadas nuestras, las que hacemos en nombre de nuestra afici\u00f3n, de nuestra ideolog\u00eda, de nuestra edad, de nuestra cultura, de nuestro grupo, de nuestro partido religioso o pol\u00edtico. Entonces lo que hacemos es dividir a Cristo y querer llevar cada uno para su partido o para su grupo o para su ideolog\u00eda aquello que a \u00e9l le agrada. Y Cristo no ha venido a eso. Su cuerpo fue crucificado y puesto en el sepulcro; pero se ofreci\u00f3 \u00edntegro para todos, y \u00c9l asume a todos. <em>El d\u00eda que Yo est\u00e9 levantado en la cruz, todo lo atraer\u00e9 hacia M\u00ed <\/em>(Jn 12, 32). No queramos, en lugar de ir hacia \u00c9l, que \u00c9l venga hacia nosotros, acomodando su mensaje y su doctrina a lo que a nosotros pueda parecernos m\u00e1s conforme con nuestras propias exigencias o aficiones.<\/p>\n\n\n\n<p>El gesto y la actitud son siempre la expresi\u00f3n, o mejor dicho, deben ser la expresi\u00f3n de algo \u00edntimo. Que se nos den primero los gestos, las posiciones tomadas, los grupos formados, para, despu\u00e9s, pretender que se acomode a ello la intimidad del ser, es tanto como destruir al hombre, en su condici\u00f3n humana y en su ser cristiano. \u00bfQu\u00e9 mundo estamos creando, en que obligamos a las personas con las presiones del ambiente, con las frases que circulan y se ponen de moda con respecto a Cristo, la Iglesia, la renovaci\u00f3n, el Concilio, a que se acomoden a lo que pienso yo o piensa \u00e9ste o piensa aqu\u00e9l? Nuestra base com\u00fan de hombres y mujeres, el punto en que tenemos que encontrarnos como cristianos, es la verdad de Cristo, el amor, la comprensi\u00f3n, la capacidad de admirarnos, la responsabilidad tomada en conciencia por cada cual, de acuerdo con la ley objetiva de Cristo, no interpretada o fomentada con arreglo al capricho personal de cada uno; la preocupaci\u00f3n honda, de ra\u00edz, no la que es consecuencia de un gesto, de una rebeld\u00eda en que por lo general es el ego\u00edsmo el que lo domina todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace unos a\u00f1os se pon\u00eda en las pantallas una pel\u00edcula de la que se habl\u00f3 mucho: \u201cEl Evangelio seg\u00fan San Mateo\u201d, de Passolini. En seguida surgieron los comentarios y frases llenas de admiraci\u00f3n en revistas cat\u00f3licas e incluso por parte de sacerdotes sobre el modo como era presentado Jesucristo en la cinta. \u00bfC\u00f3mo es posible esto? \u00bfC\u00f3mo es posible que llamemos mensaje de Cristo y tratemos de identificar lo que verdaderamente se nos ofrece en la doctrina y en la vida de Cristo, con una versi\u00f3n de \u00c9l, tal como aparec\u00eda en esa pel\u00edcula? Un Cristo seco, erguido, recortado, \u00e1spero, que va de prisa siempre. \u00bfPero \u00e9se es el Cristo que plant\u00f3 su morada entre los hombres? Un Cristo afanoso solamente de la justicia social. \u00bfPero es que se puede plantear esto as\u00ed, como si no hubiera que decir, a la vez, para defender esta justicia social, dentro de una dimensi\u00f3n religiosa: \u201cLo primero a que hay que atender es a la vida de Dios, que se nos ofrece a todos, buscando con amor la hermandad entre los hombres\u201d? Una vez m\u00e1s, el gesto, la actitud, el <em>slogan, <\/em>la visi\u00f3n parcial.<\/p>\n\n\n\n<p>No podemos mutilar el Evangelio. No podemos coger s\u00f3lo el fruto de su \u00e1rbol y encima retenerlo en nuestras manos para comerlo a nuestro antojo. Si tal hacemos, se nos indigesta, en lugar de alimentarnos. Los frutos est\u00e1n todos unidos. Cuando el que habla en nombre del Evangelio se limita a predicar un amor f\u00e1cil y conformista, destruye el Evangelio. Pero el que se limita a predicar una justicia social y violenta, destruye tambi\u00e9n el Evangelio. Hay que unirlo todo siempre. \u00bfNo ser\u00eda absurdo que nosotros, ante una sinfon\u00eda de Beethoven o una fuga de Bach, reduj\u00e9ramos la inspiraci\u00f3n del artista a unas cuantas notas que sac\u00e1ramos de all\u00ed, para convertirlas en ejercicio de articulaci\u00f3n de uno o de otro dedo? Reducir a eso una sinfon\u00eda de Beethoven ser\u00eda destruirla. Tanto hablar de testimonio&#8230; \u00bfTestimonio de qu\u00e9? Gesticulaciones ineficaces. Peor, mucho peor. Porque cuando se llevan a ciertos extremos esos gestos y esos testimonios, en lugar de abrir, cierras y detienen. A pesar de sus gritos, impiden avanzar, tanto como los otros, los f\u00e9rreos, los duros, que creen poseer c\u00f3modamente el bien, que han dividido el mundo en dos clases, muy f\u00e1ciles, con arreglo a su criterio: los buenos a un lado, y los malos a otro.<\/p>\n\n\n\n<p>No es \u00e9se el camino. Cristo tuvo entre sus Ap\u00f3stoles y disc\u00edpulos, en las personas a quienes lleg\u00f3, en los grupos humanos colectivos a quienes se dirigi\u00f3, hombres y mujeres de muy diferente condici\u00f3n, cultura, cualidades, sentimientos. Y a todos predic\u00f3 y llam\u00f3 para esto: para la integraci\u00f3n del amor y la justicia, de la esperanza en la vida eterna y de la construcci\u00f3n del mundo, de la uni\u00f3n con Dios y del amor a los hermanos, de la transcendencia y de la encarnaci\u00f3n. He ah\u00ed lo que tenemos que hacer. Eso es lo dif\u00edcil, ciertamente. Es mucho m\u00e1s c\u00f3modo adoptar una postura radical, en un sentido o en otro, y decir: \u201c\u00c9sta es nuestra bandera, y as\u00ed construimos nosotros la Iglesia\u201d \u00bfVosotros? \u00bfPero es que ten\u00e9is que construir vosotros la Iglesia? Quienes sean&#8230; \u00e9stos o aqu\u00e9llos&#8230; \u00a1Si ya est\u00e1 construida! \u00a1Si ya est\u00e1 puesta en el mundo por Cristo! \u00a1Si lo que tenemos que hacer es vivir dentro de ella o apartarnos! Si queremos vivir, habremos de aceptar en su totalidad lo que significa la llamada de Cristo. Para ello, hemos de esforzarnos por cumplir toda la ley, absolutamente toda la ley.<\/p>\n\n\n\n<p>Cristo insiste tambi\u00e9n en este pensamiento. \u00c9l no ha venido a abolir la ley antigua. \u00c9l viene a convertirla en una ley nueva. Su ley es la ley del amor, la ley de la relaci\u00f3n con el Padre, pero que, por tener esa triple dimensi\u00f3n: amor a la vida eterna, amor a la pureza de coraz\u00f3n, amor a la verdad de Dios, l\u00f3gicamente nos obliga a ser consecuentes en la pr\u00e1ctica. Y aparece la consecuencia en los diez Mandamientos de la ley de Dios. Dejar de cumplir uno solo es herir el rostro de Dios y el de nuestros hermanos. Todos, todos han de ser cumplidos. Y s\u00f3lo as\u00ed se logra la verdadera libertad.<\/p>\n\n\n\n<p>La ley de Dios en la vida religiosa del hombre que se relaciona con \u00c9l, es la expresi\u00f3n m\u00e1s lograda, al alcance del hombre, de la verdad de esa relaci\u00f3n. Lo razono brevemente: sucede lo mismo que en los aspectos de la vida humana. En el mundo de la ciencia, por ejemplo, \u00bfqu\u00e9 han ido haciendo los hombres a lo largo del tiempo? Los descubrimientos cient\u00edficos, de que tan leg\u00edtimamente nos sentimos orgullosos, no han consistido, sino en leer las leyes de la naturaleza. Leerlas, es decir, descubrirlas. El hombre no las inventa a su capricho. El cient\u00edfico que va avanzando en su trabajo y llega a tal o cual descubrimiento, lo que ha hecho ha sido encadenar y unir datos que est\u00e1n ah\u00ed, en la realidad de la naturaleza, sea cual sea el mundo en que \u00e9l trabaja: el mundo mineral, vegetal o animal. Descubre leyes, las lee y se pone a su servicio; y entonces descubre la verdad, en el orden natural.<\/p>\n\n\n\n<p>Algo semejante sucede en la relaci\u00f3n del hombre con Dios. Para llegar a poseer el secreto de la filiaci\u00f3n divina, de esa libertad de los hijos de Dios, el hombre lee las leyes que nos ha dictado Dios mismo, las observa todas, trata de cumplirlas y va llegando poco a poco, mediante una relaci\u00f3n cada vez m\u00e1s estrecha, al logro de la santidad, o individualmente si se trata de su vida personal, o socialmente en la vida de la Iglesia. Con la ley divina, cumplida y observada por el hombre, se unen dos l\u00edneas: la de la verdad de Dios y la de la libertad humana; la l\u00ednea de lo que es, con su realidad, es decir, Dios mismo, tal, como se nos revela; y la l\u00ednea de lo que permite a los hombres, ayudados por la gracia, avanzar con su impulso generoso, el de su propia vida, el de su existencia. Y con esas dos l\u00edneas, la realidad de Dios no falsificada y el impulso generoso del hombre cristiano que quiere servir a esa realidad, va realiz\u00e1ndose, cada vez m\u00e1s amplia, la libertad verdadera.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero tenemos que servir y cumplir todas las leyes. De lo contrario, en el momento en que una se deja de cumplir, la libertad de los hijos de Dios tambi\u00e9n se paraliza. Toda realizaci\u00f3n ha de ser una marcha continua hacia la verdad y hacia la perfecci\u00f3n. Hay que aceptar cotidianamente necesidades, obligaciones, sujeciones. Que no hable de libertad ni de derechos quien no entienda ni hable de sus deberes y de su responsabilidad. Estas necesidades, obligaciones y sujeciones son condici\u00f3n necesaria de la libertad y de la realizaci\u00f3n personal. Ellas integran al hombre en la comunidad aut\u00e9ntica y van unidas a esa acci\u00f3n responsable por la cual un hombre aumenta sin cesar su propia dignidad. El resultado \u00faltimo de la anarqu\u00eda, de la licencia, de esa independencia superficial en que hoy quisieran moverse algunos \u2013superficial, digo, porque no tiene consistencia alguna\u2013 es la desesperaci\u00f3n que nace de haber destruido lo m\u00e1s rico y profundo del propio ser de cada uno.<\/p>\n\n\n\n<p>Y viene despu\u00e9s la putrefacci\u00f3n y la descomposici\u00f3n de todo. Un sacerdote, un padre de familia cristiana, un hombre adulto, un profesional que trata de responder a las exigencias de su fe, un joven de la generaci\u00f3n actual, \u00bfqu\u00e9 tienen que hacer? \u00bfConfundirse? \u00bfQuerer el sacerdote ser laico, el joven ser adulto, el adulto volver a ser joven y dar cada uno su interpretaci\u00f3n de la vida cristiana, a base de estos valores trastocados? No. El sacerdote, que sea sacerdote; el padre de familia, en su familia; el profesional del mundo, trabajando en la parcela que le toca trabajar; todos ellos como cristianos cumpliendo una misi\u00f3n dentro del Reino de Dios, integr\u00e1ndose, asimilando unos de otros ese efluvio de caridad y de amor que brota no simplemente de las frases, sino del deber cumplido; porque no hay un testimonio de amor m\u00e1s eficaz y m\u00e1s vivo de un hombre hacia otro que el cumplimiento del deber con el cual sirve a sus hermanos y da ejemplo a los d\u00e9biles. Cuando cada hombre se esfuerza por cumplir bien con su deber en lo suyo, sin invadir los terrenos de los dem\u00e1s, ese hombre est\u00e1 prestando los mejores servicios.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero esto exige someternos todos a ese imperio dulce y fuerte a la vez de las leyes que Dios y la Iglesia nos marcan. \u00bfPor qu\u00e9 no hemos de someternos? Hasta el poeta, que parece tan libre en su inspiraci\u00f3n, tiene que ce\u00f1irse a normas muy exigentes para poder combinar las palabras y present\u00e1rnoslas de tal modo que sean expresi\u00f3n de la belleza que \u00e9l quiere reflejar. Los arquitectos y constructores de esta Catedral tambi\u00e9n tuvieron que hacer lo mismo. Pensaron juntos, combinaron sus esfuerzos, unieron sus manos; y hubo siempre un pensamiento rector. Y al cabo del tiempo surgi\u00f3 la Catedral, en toda su belleza. Hubiera obrado cada cual conforme a su ley, la que \u00e9l se trazare, y no hubi\u00e9ramos tenido m\u00e1s que ruinas amontonadas unas sobre otras.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Disponibilidad del coraz\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>Para poder cumplir, y termino, la ley de Dios y las que la Iglesia nos va se\u00f1alando, hace falta disponibilidad de coraz\u00f3n, sencillez. De ah\u00ed la frase del Evangelio que he invocado: <em>Bendito seas, oh Padre; te doy gracias, porque has revelado estos misterios a los sencillos y a los peque\u00f1uelos, y los has ocultado a los sabios y poderosos de este mundo <\/em>(Mt 11, 25). Hace falta la disponibilidad de coraz\u00f3n que aparece en la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda cuando es llamada por Dios a cumplir su misi\u00f3n. La misma que se da en otros personajes del Evangelio. Los Ap\u00f3stoles, hombres que desconocen a Jes\u00fas, y cuando un d\u00eda les dice: \u201cVenid, seguidme\u201d, abandon\u00e1ndolo todo, le siguieron. Disponibilidad del coraz\u00f3n. Esto es lo que hoy est\u00e1 fallando. Y falla particularmente en esta hora del posconcilio, de la Iglesia posconciliar, tan invocada por todos, tan mal entendida en muchas ocasiones y tan maltratada.<\/p>\n\n\n\n<p>Si logr\u00e1ramos, los hijos de la Iglesia de hoy, detenernos un momento en nuestro camino, abrir el coraz\u00f3n y decir: \u201c\u00a1Oh, Dios m\u00edo! \u00a1Cond\u00faceme! Yo no tengo por qu\u00e9 presentarme ante los hombres como el constructor de una nueva Iglesia; yo no soy m\u00e1s que un hombre, un sacerdote, religioso, seglar, religiosa, que responde a tu llamada, que quiere aportar su esfuerzo; no consientas que mi soberbia me lleve a querer marcar el camino a los dem\u00e1s, olvid\u00e1ndome que T\u00fa nos lo has se\u00f1alado a todos\u201d. Si hici\u00e9ramos esto, nos pondr\u00edamos en el camino aut\u00e9ntico de la verdadera y provechosa renovaci\u00f3n conciliar. \u00bfPor qu\u00e9 no hemos de esperar que as\u00ed se haga?<\/p>\n\n\n\n<p>Yo s\u00ed, hijos; yo s\u00ed tengo esperanza. Nos tocar\u00e1 todav\u00eda sufrir mucho; pero tengo una esperanza muy viva de que este momento ha de llegar. Y terminar\u00e1n por apagarse las voces \u00e1speras e insensatas, de la misma manera que deber\u00e1n desaparecer las actitudes recelosas y desconfiadas de los que no quieren una Iglesia renovada. Tenemos que meditar en esta vida cristiana que nos es ofrecida, en esa llamada del Se\u00f1or, en esa riqueza interior propia de nuestro ser cristiano, por encima de los gestos, los gritos, y los anhelos personales. Todo tiene que ser asumido y vivificado dentro de un nuevo ser, dentro de la nueva vida que nos da nuestro Se\u00f1or Jesucristo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada el 28 de febrero de 1969, viernes de la primera semana de Cuaresma. Estoy habl\u00e1ndoos de la esperanza cristiana, de esa esperanza que debemos fomentar en nuestra alma para no caer en la desilusi\u00f3n de unos, ni en la amarga desesperaci\u00f3n de otros. 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