{"id":942,"date":"2024-09-25T12:16:43","date_gmt":"2024-09-25T10:16:43","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=942"},"modified":"2024-09-27T13:51:22","modified_gmt":"2024-09-27T11:51:22","password":"","slug":"si-el-grano-de-trigo-no-muere","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/si-el-grano-de-trigo-no-muere\/","title":{"rendered":"Si el grano de trigo no muere\u2026"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size wp-block-paragraph\">Conferencia pronunciada el Viernes de Ceniza, 21 de febrero de 1969.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la primera de esta serie de conferencias cuaresmales, la de la noche del Mi\u00e9rcoles de Ceniza, os anunci\u00e9 que me propon\u00eda hablaros durante toda la Cuaresma sobre la esperanza cristiana. Os dec\u00eda que debemos levantar nuestro esp\u00edritu a Dios y esperar en su bondad, evitando una doble postura: la de la simple lamentaci\u00f3n y queja amarga por lo que vemos que est\u00e1 sucediendo, y la de las reivindicaciones agresivas, actitudes ambas que, cuando se acent\u00faan, significan una falta de esperanza cristiana y un olvido de Dios. Quiero seguir desarrollando estos pensamientos. Tendr\u00e9 que hablar del Concilio tambi\u00e9n, porque apenas puede hablarse de la Iglesia de hoy si no es refiri\u00e9ndonos a este hecho, el del Concilio Vaticano II, en relaci\u00f3n con el cual est\u00e1 toda la situaci\u00f3n que estamos viviendo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Os saludo, pues, nuevamente, os bendigo, y deseo para todos vosotros, hijos de la Di\u00f3cesis, y a todos a quienes pueda llegar mi voz a trav\u00e9s de Radio Nacional de Espa\u00f1a, la paz del Se\u00f1or. Vamos a reflexionar hoy, buscando algunos antecedentes que nos expliquen esta situaci\u00f3n, en parte dolorosa, que est\u00e1 viviendo la Iglesia. Intento con estos an\u00e1lisis ofrecer bases de serenidad al pensamiento cristiano, para poder explicarnos ciertos hechos y no dejar que la turbaci\u00f3n se apodere de nuestras almas. Entiendo que cuando se analizan las cuestiones y se ven las ra\u00edces y causas de los fen\u00f3menos existentes, se sit\u00faa uno en una mejor perspectiva para poder comprender el plan de Dios.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>El Concilio, en el sepulcro<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Invocar\u00e9, como siempre, palabras del santo Evangelio. Leo hoy al evangelista San Juan: Era el d\u00eda del Domingo de Ramos, la entrada triunfal de Jes\u00fas en Jerusal\u00e9n. Y ese d\u00eda precisamente, despu\u00e9s de aquellas aclamaciones al Mes\u00edas, dice San Juan que<em>ciertos gentiles de los que hab\u00edan venido para adorar a Dios en la fiesta, se llegaron a Felipe, natural de Betsaida, en Galilea, y le hicieron esta s\u00faplica: Se\u00f1or, deseamos ver a Jes\u00fas. Felipe fue y se lo dijo a Andr\u00e9s, y Andr\u00e9s y Felipe juntos se lo dijeron a Jes\u00fas.<\/em>Y sigue el evangelista:<em>Jes\u00fas les respondi\u00f3, diciendo: Venida es la hora en que debe ser glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo, despu\u00e9s de echado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero, si muere, produce mucho fruto, As\u00ed, el que ama su alma la perder\u00e1, mas el que aborrece su alma en este mundo la conserva para la vida eterna<\/em>(Jn 12, 21-25).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me fijo en esta sentencia de Jes\u00fas: <em>Si el grano de trigo, despu\u00e9s de echado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero, si muere, produce mucho fruto.<\/em> Y creo que estas palabras, sin violentar el texto, pueden aplicarse a lo que ha ocurrido con el Concilio Vaticano II. El Concilio hoy es como un grano de trigo que ha ca\u00eddo en tierra y est\u00e1 ahora sepultado, para brotar m\u00e1s tarde en las espigas de una fecundidad que se prepara misteriosamente. Ten\u00eda que suceder as\u00ed, hijos, no nos extra\u00f1emos demasiado, para que se cumplan las palabras de Jes\u00fas. Recordemos un poco lo que ha venido sucediendo, para comprender mejor esta lecci\u00f3n misteriosa. Ha habido mucho de humano en el desarrollo del hecho conciliar; y es necesario que venga la purificaci\u00f3n de la desnudez y del desamparo, para que recurramos m\u00e1s a Dios, nuestro Se\u00f1or. Y entonces se abrir\u00e1 el camino para que florezca de verdad la esperanza, cuando nos demos cuenta, de una vez, de que todos tenemos que recurrir m\u00e1s a Dios, nuestro Se\u00f1or. En el Concilio aparece tambi\u00e9n la obra de los hombres, y \u00e9sta no es nunca perfecta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Primero, lanza la idea del Concilio un hombre santo, de coraz\u00f3n sencillo: el Papa Juan XXIII. Lo hizo con humildad, con alegr\u00eda, con af\u00e1n de servicio, con amor a todos, a todos, al mundo entero. \u00c9l mismo ha escrito que experiment\u00f3 un gozo inefable cuando su m\u00e1s inmediato colaborador, el cardenal Tardini, al consultarle \u00e9l su prop\u00f3sito, le contest\u00f3 asintiendo plenamente y dici\u00e9ndole que lo consideraba una iluminaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo. A partir de ese instante, Juan XXIII se sinti\u00f3 lleno de seguridad, y empez\u00f3 a actuar de una manera tan noble y tan sencilla que \u00e9l cre\u00eda que el Concilio, que se inaugurar\u00eda en octubre de 1962, iba a poder terminar por Navidad. Esto era un dato propio que explica la gran sencillez y la nobleza del alma de aquel Pont\u00edfice. En seguida viene la fase de la preparaci\u00f3n. Se hace la consulta a obispos, \u00f3rdenes religiosas, universidades cat\u00f3licas, te\u00f3logos; y en seguida, en los diversos lugares a los que la consulta llega, empieza a manifestarse ya lo humano: los grupos, los anhelos, las tendencias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por fin, octubre de 1962. En el aula conciliar aparecen dos mil obispos del mundo entero, reunidos all\u00ed con el nobil\u00edsimo af\u00e1n de prestar su servicio a la Iglesia, a la que est\u00e1n entregados. Pero todos somos hombres. A los fieles llegaba, a trav\u00e9s de la televisi\u00f3n, la imagen devota y venerable de los que all\u00ed rez\u00e1bamos y trabaj\u00e1bamos. Mas, entre pasillos, en reuniones, grupos de estudio, etc., no todo era tan limpio y tan noble. Es lo humano, que aparece siempre. Al punto, se manifestaron actitudes como la de quienes confiaban tanto en sus te\u00f3logos, que despreciaban a los dem\u00e1s; o la ligereza en cr\u00edticas y ataques a las congregaciones de la Curia Romana, con olvido de los grandes servicios que han prestado a la Iglesia; la excesiva prisa en querer tratar y resolver problemas como el del ecumenismo y la libertad religiosa, sin parar mientes en lo que siglos de separaci\u00f3n y de recelos hab\u00edan ido acumulando; desatenciones a hombres venerables que, por ejemplo, en el campo de la liturgia ped\u00edan m\u00e1s moderaci\u00f3n y calma; o incluso, \u00bfpor qu\u00e9 no decirlo?, la vanidad de los l\u00edderes, fomentada por una prensa indiscreta; l\u00edderes fuera o dentro del aula conciliar. A veces se hablaba y se clamaba contra el triunfalismo; \u00a1y se dec\u00eda eso de una manera tan triunfalista!<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Nos hemos olvidado de Dios<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A la distancia en que hoy nos encontramos, se aprecia mejor que tambi\u00e9n all\u00ed apareci\u00f3 la inevitable torpeza y pasi\u00f3n humana que Dios ha de mirar siempre con ojos de misericordia. Y, adem\u00e1s, otro dato: se puso demasiada confianza en los grandes discursos, en los viajes, en las concentraciones, en los contactos humanos. No me refiero a los del Sumo Pont\u00edfice, modelo siempre de equilibrio, de amor a la Iglesia y al mundo. Sus viajes han sido invariablemente apost\u00f3licos, sacrificados, dif\u00edciles. Pablo VI fue siempre, y sigue si\u00e9ndolo, el ap\u00f3stol de la fe, de la generosidad, del coraz\u00f3n magn\u00e1nimo, de la fortaleza humilde y dolorida. Pero en otros hombres de la Iglesia no han brillado tanto estas virtudes. Se puso demasiada confianza en los medios de comunicaci\u00f3n social, olvidando que Dios no lee los peri\u00f3dicos. Se se\u00f1alaron como gestos maravillosos que abr\u00edan los caminos del Evangelio, actitudes de queja y de protesta, sin tener en cuenta que todo precursor del Evangelio tiene que empezar diciendo, como el Bautista, que \u00e9l no es digno de desatar la correa del zapato del que viene despu\u00e9s. Y el que ven\u00eda ahora era tambi\u00e9n Cristo, era la Iglesia, y no se abren caminos a la Iglesia con quejas y con protestas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se dec\u00edan con frecuencia frases como \u00e9stas: Nosotros, el episcopado de tal o cual naci\u00f3n; nosotros, los de tal o cual tendencia, conocedores del mundo y de los hombres de hoy; nosotros los que queremos ser fieles y opinamos que todo est\u00e1 ya dicho y que no hay nada que decir. \u00a1Cu\u00e1nto amor propio, cu\u00e1nta vanidad, cu\u00e1nta torpeza, en las manifestaciones y en las actitudes! Siempre ha sucedido as\u00ed en la historia de los concilios, y por eso siempre hubo hondas crisis despu\u00e9s de celebrados. As\u00ed lo demuestra la historia. Lo que queda limpio y puro son los documentos finales, una vez aprobados por el Papa; pero, hasta su definitiva promulgaci\u00f3n, las manos que los elaboran acusan con frecuencia los latidos de muchas pasiones humanas, de las que no somos capaces de desprendernos del todo. Y todas estas manifestaciones de sentimientos, afectos, pasiones intelectuales demasiado humanas, exigen una purificaci\u00f3n; y ahora estamos sufri\u00e9ndola. Est\u00e1 bien que la suframos. Dios nos abrir\u00e1 muchos caminos por aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s ha venido el posconcilio, y con \u00e9l todav\u00eda m\u00e1s pasi\u00f3n, m\u00e1s amor propio, m\u00e1s mezquindad. Grupos de te\u00f3logos de tal o cual pa\u00eds que lanzan p\u00fablicamente sus afirmaciones en el sentido de que la doctrina que ellos defienden est\u00e1 por encima de lo que pueda decir el Magisterio pontificio o el de los obispos. El autor de tal o cual libro, que difunde las afirmaciones m\u00e1s aventuradas. Revistas y publicaciones que se apoyan unas a otras para decir: \u201cNosotros somos lo que verdaderamente llevamos la bandera de la renovaci\u00f3n posconciliar\u201d. Grupos de sacerdotes, o de laicos, de tal o cual di\u00f3cesis. Escritos, apoyados por firmas recogidas con asombrosa facilidad. Frases como \u00e9stas: nosotros somos los verdaderamente posconciliares; los dem\u00e1s, pietistas sin vigor. Nosotros, la juventud y la promesa de la Iglesia; los dem\u00e1s, la r\u00e9mora y el obst\u00e1culo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ha habido tambi\u00e9n diversas fases: primero, la de las apetencias ocultas; despu\u00e9s, la de las proclamaciones abiertas; luego, la de las reivindicaciones \u00e1speras y sin caridad; m\u00e1s tarde, la de los insultos, las agresiones verbales y, a veces, casi f\u00edsicas, con la voz, con la mirada e incluso con las manos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los que hablan de ecumenismo, por ejemplo, y desprecian a la Iglesia cat\u00f3lica: no quer\u00eda esto el Concilio. Solamente por la Iglesia cat\u00f3lica se consigue la plenitud total de los medios de santificaci\u00f3n; de ah\u00ed que sea \u201cpreciso amar verdaderamente para hacer avanzar el ecumenismo, salvando la integridad de la doctrina\u201d<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>. Los que, con el pretexto de defender la liturgia, matan la piedad: no quer\u00eda esto el Concilio. Los que, para llevarnos m\u00e1s a Cristo, dejan completamente olvidada a su Madre Sant\u00edsima: no quer\u00eda esto el Concilio. \u201cLa participaci\u00f3n en la sagrada liturgia \u2013leemos en uno de los documentos conciliares\u2013 no abarca toda la vida espiritual. En efecto, el cristiano, llamado a orar en com\u00fan, debe, no obstante, entrar en su cuarto para orar a su Padre en secreto (cf. Mt 6, 6); m\u00e1s aun, debe orar sin tregua, seg\u00fan ense\u00f1a el Ap\u00f3stol (cf. 1Ts 5, 17)\u201d (SC 12).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los que, para modernizar al sacerdote, le despojan de lo que Dios le ha confiado: no quer\u00eda esto el Concilio. \u00abEl mismo Se\u00f1or&#8230; de entre los mismos fieles instituy\u00f3 a algunos por ministros, que en la sociedad de los creyentes poseyeran la sagrada potestad del orden para ofrecer el sacrificio y perdonar los pecados, y desempe\u00f1ar p\u00fablicamente el oficio sacerdotal por los hombres en nombre de Cristo\u201d (PO 2).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los que, para exaltar al laicado, casi casi hacen de los laicos cl\u00e9rigos, aunque despu\u00e9s los cl\u00e9rigos tengan que hacerse laicos. Tambi\u00e9n el Concilio ha recordado la diferencia esencial, no s\u00f3lo gradual, entre el sacerdocio com\u00fan de los fieles y el sacerdocio ministerial o jer\u00e1rquico (LG 10). \u2018\u2018Por el nombre de laicos se entiende aqu\u00ed todos los fieles cristianos, a excepci\u00f3n de los miembros que han recibido un orden sagrado y los que est\u00e1n en estado religioso reconocido por la Iglesia\u201d (LG 31).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los que dicen a las religiosas que son mujeres atrasadas y quieren reformarlas, y lo \u00fanico que consiguen es que disminuyan o desaparezcan las vocaciones de las almas consagradas a Dios. \u2018\u2018El estado constituido por la profesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos, aunque no pertenece a la estructura jer\u00e1rquica de la Iglesia, pertenece, sin embargo, de manera indiscutible, a su vida y santidad\u201d (LG 44). \u00bfQue hab\u00eda mucho que reformar? \u00bfQui\u00e9n lo negar\u00e1? \u00a1Mucho, much\u00edsimo! Pero la norma que ha de guiarnos no es la voz de \u00e9ste o aqu\u00e9l, sino de los documentos conciliares, de todos a la vez, con todo lo que dicen, interpretados por el Papa como criterio de orientaci\u00f3n no \u00fanico, pero s\u00ed supremo y \u00faltimo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si no lo hacemos as\u00ed, nos dividiremos cada vez m\u00e1s y terminaremos pidiendo, como los Ap\u00f3stoles equivocados, que baje fuego del cielo para arrasar las interpretaciones que hacen los dem\u00e1s. Y Jesucristo tendr\u00e1 que decirnos, como dijo a sus Ap\u00f3stoles: <em>No sab\u00e9is de qu\u00e9 esp\u00edritu sois <\/em>(Lc 9, 55). Todos, hijos, todos, unos y otros, con nuestras audacias o con nuestras omisiones, hemos estado, y estamos, en gran parte, arrojando nuestra paletada de tierra a ese sepulcro dentro del cual est\u00e1, como un grano de trigo, el Concilio Vaticano II. Es la hora en que la Iglesia sufre. \u00a1Bendito sea este sufrimiento! Ten\u00edamos que pasar por aqu\u00ed, para purificarnos de toda la escoria. Dios quiere las cosas m\u00e1s limpias. Siempre ha actuado as\u00ed en la vida de cada alma y de la Iglesia. El grano de trigo revienta m\u00e1s tarde en espl\u00e9ndidas espigas.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Luces de esperanza<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Situados ya en esta perspectiva, es cuando puede venir, merced a la reflexi\u00f3n humilde, el nuevo momento, por el cual estamos suspirando todos, de la contrici\u00f3n de los esp\u00edritus. Y es entonces cuando empezar\u00e1n a brillar las luces de la esperanza. Por supuesto, tenemos que volver a recordar, unos y otros, obispos, sacerdotes, laicos todos, los de todas las naciones, que el Concilio ha sido un hecho religioso y que el valor del Concilio es religioso. Por lo mismo hay que invocar a Dios para entenderlo, para aplicarlo, y para trabajar en su favor. Y el esp\u00edritu de Dios es paz, humildad, amor, mansedumbre, suave fortaleza. Tenemos que hacer un esfuerzo para trabajar conscientemente as\u00ed. \u00bfQu\u00e9 toco yo con mis manos, de qu\u00e9 hablo con mis palabras, a qu\u00e9 aspiro con mi coraz\u00f3n cuando toco, hablo o quiero aplicar el Concilio? \u00a1Ah! Un hecho religioso en el que est\u00e1 Dios movi\u00e9ndose. Entonces tengo que tratar del Concilio con el mismo respeto y la misma <em>unci\u00f3n<\/em> sagrada con que tratar\u00eda de un altar ungido para que sobre \u00e9l pueda depositarse el cuerpo del Se\u00f1or. No puedo limitarme a considerarlo como un hecho hist\u00f3rico, sociol\u00f3gico, cultural, sobre el que caben las interpretaciones personales que cada uno quiera dar. No, no, no. Dios est\u00e1 ah\u00ed, est\u00e1 ah\u00ed en medio. Yo tengo que acercarme a ese hecho, a ese altar del Concilio, de su doctrina, de sus prescripciones, con una inmensa y profunda humildad, con mucha paz, con una decisi\u00f3n de seguir, en todo, la voz de Dios por los caminos que Dios me se\u00f1ala, a trav\u00e9s de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quiero recordaros unas palabras del papa Pablo VI en la clausura del Concilio, el d\u00eda 8 de diciembre de 1965.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Habla \u00e9l del valor religioso que el hecho conciliar tiene. Y dice as\u00ed: \u201cEs un tiempo el nuestro que cualquiera reconocer\u00e1 como orientado a la conquista de la tierra, m\u00e1s que al reinado de los cielos; un tiempo en que el olvido de Dios se hace habitual y parece, sin raz\u00f3n, sugerido por el progreso cient\u00edfico; un tiempo en que el acto fundamental de la personalidad humana, m\u00e1s consciente de s\u00ed y de su libertad, tiende a pronunciarse en favor de la propia autonom\u00eda absoluta, desat\u00e1ndose de toda ley transcendente. En este tiempo se ha celebrado este Concilio, a honor de Dios, en el nombre de Cristo, con el \u00edmpetu del Esp\u00edritu Santo, que <em>todo lo penetra<\/em> y que sigue siendo el alma de la Iglesia, para que sepamos lo que Dios nos ha dado, es decir, d\u00e1ndole la visi\u00f3n profunda y panor\u00e1mica, al mismo tiempo, de la vida y del mundo. La concepci\u00f3n teoc\u00e9ntrica y teol\u00f3gica del hombre y del universo, como desafiando la acusaci\u00f3n de anacronismo y de extra\u00f1eza, se ha erguido en este Concilio\u201d. La concepci\u00f3n teoc\u00e9ntrica, la concepci\u00f3n del hombre y del mundo, en el sentido de que Dios es el centro de todo. \u201cSe ha erguido en medio de la humanidad con pretensiones que el juicio del mundo calificar\u00e1 primeramente como insensatas\u201d. Al mundo le parece insensato que el Concilio, dice el Papa, venga a recordar que el centro de todo es Dios. \u201cPero que luego, as\u00ed lo esperamos, tratar\u00e1 de reconocerlas como verdaderamente humanas, como prudentes, como saludables, a saber&#8230;\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y ahora viene la gran afirmaci\u00f3n. Dice el Papa: \u201cQue Dios s\u00ed existe, que es real, que es viviente, que es personal, que es providente, que es infinitamente bueno; m\u00e1s a\u00fan, no s\u00f3lo bueno en s\u00ed, sino inmensamente bueno para nosotros; que es nuestro Creador, nuestra verdad, nuestra felicidad, de tal modo que el esfuerzo de clavar en \u00c9l la mirada y el coraz\u00f3n, que llamamos contemplaci\u00f3n, viene a ser el acto m\u00e1s alto y m\u00e1s pleno del esp\u00edritu, el acto que aun hoy puede y debe jerarquizar la inmensa pir\u00e1mide de la actividad humana\u201d. \u00c9ste ha sido el fin fundamental del Concilio. \u201cSe dir\u00e1 que el Concilio, m\u00e1s que de las verdades divinas, se ha ocupado principalmente de la Iglesia, de su naturaleza, de su composici\u00f3n, de su vocaci\u00f3n ecum\u00e9nica, de su actividad apost\u00f3lica&#8230; Es verdad&#8230;\u201d. Pero a\u00f1ade. \u201cEsta introspecci\u00f3n no ha sido acto de puro saber humano&#8230; La Iglesia se ha recogido en su \u00edntima conciencia, para hallar en s\u00ed misma, viviente y operante en el Esp\u00edritu Santo, la palabra de Cristo, y sondear m\u00e1s a fondo el misterio, o sea, el designio y la presencia de Dios por encima y dentro de s\u00ed, y para reavivar en s\u00ed la fe, que es el secreto de su seguridad y de su sabidur\u00eda, y reavivar el amor que le obliga a cantar sin descanso las alabanzas de Dios. <em>Cantare amantis est: Es propio del que ama cantar,<\/em> dice San Agust\u00edn (<em>Serm. 336:<\/em> PL. 38, 1472)\u201d<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>La oraci\u00f3n al Padre<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00c9stas son las palabras del Papa el d\u00eda en que el Concilio se clausuraba. Decidme, pues, hijos, y pensad todos aquellos a quienes pueda llegar el eco de esta reflexi\u00f3n. Pensad si no estamos obligados todos, a profundizar en este misterio religioso, en lugar de discutir tanto sobre lo que cada cual estima v\u00e1lido, conforme a su personal criterio. No, as\u00ed no avanzaremos ni podr\u00e1 renacer la esperanza. Y tiene que surgir. Tenemos que volver a esperar, y a sentirnos gozosos, con la esperanza cristiana. Y, para eso, hay que orar; tenemos que levantar nuestro coraz\u00f3n al Padre, para que \u00c9l nos d\u00e9 luz, para que \u00c9l nos gu\u00ede y nos ayude con su gracia a disipar las sombras que brotan de nuestras humanas miserias, las de todos, las que ya aparecieron mientras el Concho se celebraba y las que han surgido despu\u00e9s. Tenemos que orar a Dios mucho m\u00e1s. En Getseman\u00ed, Jes\u00fas se dirige a sus Ap\u00f3stoles, que duermen, y les dice: <em>Velad y orad, para que no caig\u00e1is en la tentaci\u00f3n<\/em> (Mc 14, 38). La tentaci\u00f3n de la huida, del abandono, de la b\u00fasqueda del camino propio, renunciando al camino \u00fanico que es el que Cristo se\u00f1ala.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Velad y orad, para que no caig\u00e1is en la tentaci\u00f3n.<\/em> Jes\u00fas or\u00f3 siempre al Padre. La Iglesia debe hacer lo mismo hoy. No lo entend\u00e1is como contrapuesto a la acci\u00f3n, no. Quiero decir que debemos pensar, amar, trabajar y vivir la idea de nuestro servicio a la Iglesia hoy, partiendo de nuestra uni\u00f3n con el Padre, no con los hombres, no con nuestro grupo, no con tal o cual ideolog\u00eda, libro o revista. Partiendo de nuestra uni\u00f3n con el Padre. \u00c9l nos pide ser siempre sinceros, amar siempre, no ser nunca apasionados. Como Cristo, en su obra de la Redenci\u00f3n, todo lo hace arrancar del Padre y todo lo ofrece al Padre, as\u00ed la Iglesia tiene que estar haciendo lo mismo; y nosotros somos la Iglesia, cada uno seg\u00fan su funci\u00f3n y ministerio. Es el momento en que, con el Papa, tenemos que estar unidos, mediante un religioso respeto, con el Padre que est\u00e1 en los cielos, pidiendo que se haga y se cumpla su voluntad. \u201cConsumada la obra que el Padre encomend\u00f3 realizar al Hijo sobre la tierra (cf. Jn 17, 4), fue enviado el Esp\u00edritu Santo el d\u00eda de Pentecost\u00e9s, a fin de santificar indefinidamente la Iglesia y para que de este modo los fieles tengan acceso al Padre por medio de Cristo en un mismo Esp\u00edritu (cf. Ef 2, 18)\u201d (LG 4).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En ese mismo pasaje del Evangelio en que Cristo habla del grano de trigo y de que el que ama su alma desordenadamente la perder\u00e1, a\u00f1ade el Se\u00f1or:<em>El que me sirve, s\u00edgame, que donde yo estoy, all\u00ed estar\u00e1 tambi\u00e9n el que me sirve, y a quien me sirviere, le honrar\u00e1 mi Padre. Ahora mi alma se ha conturbado y \u00bfqu\u00e9 dir\u00e9? Oh Padre, l\u00edbrame de esta hora. Mas, no; para esta misma hora he venido al mundo. \u00a1Oh Padre, glorifica tu santo nombre! Y al momento se oy\u00f3 del cielo esta voz: Le he glorificado ya y le glorificar\u00e9 todav\u00eda m\u00e1s<\/em> (Jn12, 26-28).Todo pudieron o\u00edrlo aquellos gentiles que \u201cquer\u00edan ver a Jes\u00fas\u201d. Como si ellos hubieran representado a toda la comunidad. Y una vez m\u00e1s Cristo hace saber a todos la ley superior que reg\u00eda su vida: la voluntad del Padre.<em>Para esto he venido al mundo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Iglesia, Iglesia santa de Dios, Iglesia de todas las di\u00f3cesis del mundo, Iglesia de los obispos, de los sacerdotes, de los religiosos y religiosas, de los laicos bautizados; Iglesia de todos los que estamos unidos con el Vicario de Cristo en la tierra: \u00a1Venga sobre nosotros la bendici\u00f3n de Dios!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s profundidad religiosa; m\u00e1s delicadeza espiritual para tratar y vivir este hecho santo y glorioso del Concilio Vaticano II, enterrado ahora como un grano de trigo. Todos hemos contribuido a que est\u00e9 as\u00ed. Ya brotar\u00e1n las espigas. Es necesario quitar tierra con humildad y amor y oraci\u00f3n al Padre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Pablo VI, Homil\u00eda del mi\u00e9rcoles 19 de enero de 1966: IP IV, 1966, 704.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Pablo vi, Discurso en la clausura del Concilio Vaticano II, 8 de diciembre de 1965: IP III, 1965, 727-728.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada el Viernes de Ceniza, 21 de febrero de 1969. En la primera de esta serie de conferencias cuaresmales, la de la noche del Mi\u00e9rcoles de Ceniza, os anunci\u00e9 que me propon\u00eda hablaros durante toda la Cuaresma sobre la esperanza cristiana. 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