{"id":940,"date":"2024-09-25T12:14:45","date_gmt":"2024-09-25T10:14:45","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=940"},"modified":"2024-09-27T13:50:34","modified_gmt":"2024-09-27T11:50:34","password":"","slug":"por-que-temeis-hombres-de-poca-fe","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/por-que-temeis-hombres-de-poca-fe\/","title":{"rendered":"\u00bfPor qu\u00e9 tem\u00e9is, hombres de poca fe?"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Conferencia pronunciada el 19 de febrero de 1969, Mi\u00e9rcoles de Ceniza.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta ma\u00f1ana hemos asistido en esta Catedral al solemne acto lit\u00fargico de la imposici\u00f3n de la Ceniza sobre nuestra frente. Una vez m\u00e1s nos ha sido recordada esa fase de nuestro destino, no \u00faltima ni definitiva, pero s\u00ed obligada e inevitable. <em>Acu\u00e9rdate, hombre, que eres polvo, y en polvo te has de convertir<\/em> (Gn 3, 19). La severa ceremonia, precisamente por la sencillez con que es practicada, tiene una elocuencia insuperable. Se invita al hombre a tomar la vida en serio y se ofrece a sus sentidos, para que lo vea y lo reciba, ni m\u00e1s ni menos que un poco de ceniza, es decir, los restos consumidos de la vida vegetal de un olivo que en su d\u00eda creci\u00f3 jugoso y lleno de lozan\u00eda en nuestros campos. Es el fin de tantos afanes y vanidades humanas. La ceniza, humilde y pobre, en que todo viene a parar, no obstante nuestro anhelo de vivir.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>La imposici\u00f3n de la ceniza<\/h2>\n\n\n\n<p>Con este acto comienza la Cuaresma, periodo del tiempo lit\u00fargico que terminar\u00e1 con la conmemoraci\u00f3n de la muerte y resurrecci\u00f3n de Jesucristo. \u00abPrimavera de las almas\u00bb, llam\u00f3 a la Cuaresma el pasado a\u00f1o Su Santidad Pablo VI<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>. Porque esa ceniza no es s\u00f3lo el final de algo, sino el comienzo de una vida nueva. Si la Iglesia la pone sobre la frente del hombre, no es s\u00f3lo para recordarle que ha de morir, sino para invitarle a pensar en una vida m\u00e1s alta: la de su esp\u00edritu libre y purificado que anhela poseer lo que las cosas humanas no pueden darle. La Cuaresma es para renacer, para cambiar el rumbo, si es preciso; para fortalecer decisiones de car\u00e1cter espiritual y religioso que nos ayudar\u00e1n a los cristianos a seguir m\u00e1s de cerca a nuestro Se\u00f1or Jesucristo. Y esto es lo que yo pretendo con mi predicaci\u00f3n cuaresmal: ofreceros mi palabra de pastor de la Di\u00f3cesis, para ayudaros a pensar y a vivir como hijos de Dios, llamados a una vida que no se acaba en este mundo. Con este prop\u00f3sito os saludo desde el primer d\u00eda, a los que est\u00e1is aqu\u00ed en el templo y a todos aquellos a los cuales pueda llegar mi voz a trav\u00e9s de Radio Nacional de Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>El a\u00f1o pasado os habl\u00e9 de la fe. En \u00e9ste quiero hacer lo mismo, aunque con la intenci\u00f3n expresa de despertar en vuestro coraz\u00f3n la esperanza. Y mi reflexi\u00f3n tendr\u00e1 siempre presentes dos horizontes: el personal y propio de cada hombre en particular, y el m\u00e1s amplio y general de la situaci\u00f3n de la Iglesia hoy, dentro de la cual se desenvuelve la vida de un cristiano. No podemos permanecer en el aislamiento personal propio de cada uno. Todo cristiano, como hijo de la Iglesia que es, deber\u00e1 sentir sobre s\u00ed los gozos y los sufrimientos de la Iglesia toda. En esta hora que estamos viviendo tenemos motivos para sufrir, pero creo que existen tambi\u00e9n motivos para esperar. Yo tratar\u00e9 de ofreceros, a trav\u00e9s de una serie de consideraciones que no disimular\u00e1n la gravedad de los problemas, la b\u00fasqueda de las ra\u00edces profundas de esa actitud cristiana de la esperanza, que debe latir siempre en el coraz\u00f3n de todo aquel que crea y ame a nuestro Se\u00f1or Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Os hago tambi\u00e9n desde el principio un ruego, y es \u00e9ste: el de que me ayud\u00e9is, no solamente con vuestra asistencia aqu\u00ed, sino con vuestra palabra y vuestra recomendaci\u00f3n a otras muchas personas a las cuales vosotros pod\u00e1is llegar; el de que me ayud\u00e9is a que las palabras que he de predicar sean escuchadas; a que en muchos hogares de Barcelona, de la ciudad y de toda la Di\u00f3cesis, las familias quieran o\u00edr la voz de su Prelado, que trata de llegar hasta ellos, difundiendo las santas ense\u00f1anzas del Evangelio. Decidlo en vuestra casa, dec\u00eddselo tambi\u00e9n a vuestros amigos. Haced todo lo posible para que, merced al esfuerzo de todos, podamos terminar la Cuaresma con la luz de la esperanza encendida en nuestro coraz\u00f3n, no \u00fanicamente comentando sucesos y hechos que podr\u00edan ser motivo de tristeza o confusi\u00f3n. Somos cristianos; queremos seguir a nuestro Se\u00f1or Jesucristo hasta el fin; y sabemos que seguir a nuestro Maestro Divino es la norma m\u00e1s segura para tener certeza en el pensamiento, seguridad en el coraz\u00f3n, orientaci\u00f3n clara para nuestra voluntad. Si esto podemos asegurarlo, tendremos que decir incluso: \u00a1bienvenidos sean los sufrimientos que la vida de hoy pueda proporcionarnos, para de este modo ofrecerlos tambi\u00e9n al Se\u00f1or, incorpor\u00e1ndonos a su Cruz y viviendo en esta santa Cuaresma, muy espiritualmente, una saludable penitencia que a todos nos haga mejores!<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>La esperanza, puesta a prueba<\/h2>\n\n\n\n<p>Para la reflexi\u00f3n de hoy, voy a arrancar de la narraci\u00f3n evang\u00e9lica que nos hace San Marcos, en el cap\u00edtulo cuarto de su Evangelio. El mismo d\u00eda en que el Se\u00f1or expuso la par\u00e1bola del sembrador, el deber de conocer el misterio del Reino de Dios y otras par\u00e1bolas, como la de la semilla que crece y la del grano de mostaza, ese mismo d\u00eda, llegada ya la tarde, dijo a sus Ap\u00f3stoles:<em>Pasemos al otro lado del lago de Tiber\u00edades. Y, despidiendo a la muchedumbre, le llevaron seg\u00fan estaba en la barca acompa\u00f1ado de otras. Se levant\u00f3 un fuerte vendaval, y las olas se echaban sobre la barca, de suerte que \u00e9sta estaba ya para llenarse. \u00c9l, Jes\u00fas,<\/em>dice el evangelista,<em>estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal.<\/em> <em>Le despertaron y le dijeron: Maestro, \u00bfno te da cuidado que perezcamos?<\/em> <em>Y, despertando, mand\u00f3 \u00c9l al viento y dijo al mar: \u00a1Calla! \u00a1Enmudece! Y se aquiet\u00f3 el viento y se hizo completa calma. Y entonces dijo a quienes le acompa\u00f1aban: \u00bfPor qu\u00e9 tem\u00e9is? \u00bfA\u00fan no ten\u00e9is fe? Y, sobrecogidos de gran temor, aquellos hombres se dec\u00edan unos a otros: \u00bfQui\u00e9n ser\u00e1 \u00e9ste, que hasta el viento y el mar le obedecen?<\/em> (Mc 4, 35-41).Es \u00e9ste el milagro impresionante de la tempestad calmada. Cuantas veces lo hemos meditado al leer el Evangelio, hemos hecho f\u00e1ciles aplicaciones a nosotros mismos y hemos deseado sentir tambi\u00e9n de cerca la voz aplacadora del Se\u00f1or en las tempestades que azotan nuestra vida. \u00a1Es tan hermoso contemplar a Jesucristo, devolviendo la confianza y la paz al coraz\u00f3n de sus Ap\u00f3stoles amedrentados!<\/p>\n\n\n\n<p>Cunde hoy el desasosiego y la inquietud de los esp\u00edritus. Se discute el Magisterio pontificio; se rechazan con asombrosa facilidad normas y orientaciones de los obispos; se habla de una moral nueva, sin concretar en qu\u00e9 ha de consistir; se desprecia la pr\u00e1ctica religiosa exterior, como si la relaci\u00f3n con Dios hubiera de quedar confinada al espacio secreto y silencioso de la intimidad de cada uno; se politizan en seguida los gestos y las actitudes, sin respeto a la noble y limpia intenci\u00f3n de donde brotan. Y el resultado es una turbaci\u00f3n creciente que impide dar albergue en el coraz\u00f3n a esa alentadora, hermosa, indispensable para la vida del cristiano, indispensable virtud de la esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abTambi\u00e9n al papa Montini le preocupa la escasez de sacerdotes en aquel continente (Am\u00e9rica). Y las crisis y tensiones posconciliares de toda la Iglesia; los integrismos de unos y el progresismo de los otros y la falta de caridad de todos; las crisis de obediencia y las dudas e incertidumbre que asaltan en la hora presente a personas consagradas. Las est\u00e9riles pol\u00e9micas, siempre a costa del Concilio, que son freno y r\u00e9mora para la tarea eclesial; la p\u00e9rdida del sentido religioso, la desacralizaci\u00f3n y el humanismo sin Dios. Las resistencias o las torcidas interpretaciones a prop\u00f3sito de ciertos documentos pontificios; la opresi\u00f3n y falta de libertad religiosa en muchos pa\u00edses. La crisis de los seminarios y de las vocaciones; los problemas doctrinales, la falta de respeto al Magisterio eclesi\u00e1stico&#8230; La paz del mundo todav\u00eda rota y las ofertas de mediaci\u00f3n vaticana desatendidas&#8230;\u00bb<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>El fen\u00f3meno tiene manifestaciones de \u00edndole general y colectiva en la vida de la Iglesia, y menos visibles, pero igualmente reales, en el interior del esp\u00edritu de muchos cristianos, que no aciertan a comprender c\u00f3mo puede suceder esto en la Iglesia de Cristo. Parece como si \u00c9l estuviera ajeno a la tempestad que azota la barca. Y quisi\u00e9ramos llegarnos hasta \u00c9l, despertarle de su aparente sue\u00f1o y decirle: \u00abSe\u00f1or, \u00bfno ves que nos hundimos?\u00bb. Describo as\u00ed una situaci\u00f3n de \u00e1nimo ampliamente extendida, respecto a la cual lo primero que debemos preguntarnos es si est\u00e1 justificada y si es l\u00edcito sostenerla. Yo no trato de disimular la causa de las preocupaciones existentes. Reconozco que existen y tienen explicaci\u00f3n. Ahora bien, una cosa es que la preocupaci\u00f3n llene al esp\u00edritu de muchos hijos de la Iglesia hoy, y otra perder la esperanza cristiana. Es a ese aspecto segundo al que me voy a referir en el curso de estas predicaciones cuaresmales. Disimular las preocupaciones lo considero torpe error, porque nos llevar\u00eda a enga\u00f1arnos unos a otros. Evitar el an\u00e1lisis real de los problemas es igualmente pernicioso; pero, hecho esto, pienso que de ning\u00fan modo puede justificarse en el coraz\u00f3n del cristiano la p\u00e9rdida de la esperanza como virtud propia del que quiere seguir a nuestro Se\u00f1or Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Tres reflexiones para mantener la esperanza<\/h2>\n\n\n\n<p><em><strong>Primera reflexi\u00f3n:<\/strong><\/em><em> No se nos ha prometido nunca un cristianismo c\u00f3modo y tranquilo. El que quiera venir en pos de Mi<\/em> \u2013dice Jesucristo\u2013 <em>ni\u00e9guese a s\u00ed mismo, tome su cruz y s\u00edgame<\/em> (Lc 9, 23). Y esta sentencia del Se\u00f1or no s\u00f3lo tiene aplicaci\u00f3n a la vida asc\u00e9tica personal de cada hombre, sino tambi\u00e9n a la vida de la Iglesia como sociedad colectiva. Hay cruces en la vida de la Iglesia que hemos de llevar entre todos, las cuales nacen de las torpezas y errores de unos, de la soberbia e intolerancia de otros, y tambi\u00e9n del deseo de acercar el Evangelio a un mundo que trata de rechazarlo siempre. Ah\u00ed se produce inevitablemente una tensi\u00f3n y, con ella, surge la incomodidad, incluso el tormento, esto es, la cruz. Puede decirse que la historia de la Iglesia ha conocido tantas crisis como siglos cuenta, y ahora est\u00e1 viviendo una que nos parece la m\u00e1s fuerte, porque nos toca vivirla a nosotros. Qued\u00e9monos con esta idea clara y exacta: no se nos ha prometido nunca la comodidad. En la vida cristiana, dentro de la condici\u00f3n personal de cada uno y en el desarrollo hist\u00f3rico de la Iglesia como sociedad visible, aparecer\u00e1n siempre motivos de tensi\u00f3n, de incomodidad y de sufrimiento. Nacen de la condici\u00f3n de los hombres. Con ello tenemos que contar, porque con ello cont\u00f3 tambi\u00e9n nuestro Se\u00f1or Jesucristo al fundar la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Segunda reflexi\u00f3n:<\/strong><\/em><em> Esta incomodidad de la hora presente, que suscita perplejidades y zozobras, lleva consigo un bien inmenso:<\/em> el que sirve para sacudir la inercia y la pereza, y obliga al hombre a enfrentarse casi violentamente con el misterio de Dios para revisar sus actitudes y corregirlas, si quiere ser sincero. El Evangelio es fuego que quema, y muchas veces nos hemos dedicado a apagar su llama, en lugar de extender su calor. Al menos una actitud hoy es claramente obligatoria: la del examen de conciencia que cada uno de nosotros debe hacer de s\u00ed mismo. Ante esta situaci\u00f3n que vive la Iglesia, el disc\u00edpulo de Cristo debe detenerse en su camino, reflexionar y preguntarse c\u00f3mo cumple \u00e9l de su parte el deber que le corresponde. A esto estamos obligados hoy todos, antes de despertar a Jesucristo, es decir, antes de pedir milagros que nos lo den todo resuelto; resuelto en un minuto, para que podemos seguir c\u00f3modamente nuestra marcha. Y en ese examen de nuestras relaciones con Dios y con los hombres, nuestros hermanos, podremos comprender, si lo hacemos con humildad, que es mucho lo que tenemos que corregir todos en nuestra propia vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de gritar con esc\u00e1ndalo ante las acusaciones que se nos hacen, pregunt\u00e9monos en silencio sobre nuestra actitud religiosa, sobre nuestro comportamiento frente a Dios y a los hombres; y entonces quiz\u00e1 veamos con claridad que no es la esperanza lo que nos falta, sino la sinceridad para dar nuestra respuesta a Dios, que nos llama. La esperanza, a pesar de todos los tormentos que puedan rodearnos, tiene su sitio en el coraz\u00f3n. Dios cuenta con esos sufrimientos, para que, a pesar de ellos, la esperanza que nace de la fe siga ah\u00ed. Entonces, si hacemos un examen sincero todos \u2013he aqu\u00ed el problema, que lo hagamos todos, acusadores y acusados\u2013, si hacemos un examen sincero de nuestra vida religiosa, tendr\u00edamos que convenir en que no es Jesucristo el que deja la barquilla de su Iglesia en medio de la tormenta, no. \u00c9l sigue conduci\u00e9ndola. Somos nosotros los que antes tenemos que preguntarnos sobre nuestra sinceridad, en esa doble relaci\u00f3n que marca tambi\u00e9n la doble dimensi\u00f3n de la vida religiosa de un hombre. En el decreto conciliar sobre el apostolado de los laicos se enumera esta virtud de la sinceridad, exigida por las costumbres sociales, junto con la honradez, el esp\u00edritu de justicia, la delicadeza, la fortaleza de alma, sin las cuales \u2013precisa el Concilio\u2013 no puede darse la verdadera vida cristiana (AA 4, 8).<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Tercera reflexi\u00f3n:<\/strong><\/em><em> Este esfuerzo de renovaci\u00f3n interior debe hacerse con el auxilio de Dios.<\/em> Tenemos que invocarle y solicitar su gracia para eso, para la renovaci\u00f3n interior. Y aqu\u00ed est\u00e1 el gran fallo en que estamos incurriendo todos, unos y otros, acusadores y acusados. No tienen su esperanza puesta en Dios los que desatan los vientos tormentosos con sus cr\u00edticas sin caridad,con sus quejas amargas, con sus impaciencias antievang\u00e9licas, con sus desprecios a los dem\u00e1s, incluida la autoridad de la Iglesia. Aunque se llamen religiosos y digan que viven de la fe, cuando act\u00faan as\u00ed no ponen su esperanza en Dios. Tampoco los que atacan por otro lado, los que se cierran a las reformas necesarias, los que reducen la misi\u00f3n de la Iglesia a una sociedad tranquila y segura en que todo est\u00e1 muy bien; los que confunden la seguridad dogm\u00e1tica y moral con el quietismo conformista de sus situaciones personales; los que en seguida dicen que Dios nos ha abandonado cuando oyen a su alrededor el murmullo amenazante de los que reclaman m\u00e1s consecuencia entre el creer y el obrar. Ni unos ni otros tratan de poner su esperanza en Dios. Luego ni unos ni otros tienen derecho a decir que Dios abandona a su Iglesia. No tienen derecho ninguno a preguntarse, atormentados, sin este previo examen de conciencia, por qu\u00e9 Dios permite esto. Antes de hacerse esta pregunta, deben formularse esta otra: \u00bfpor qu\u00e9 yo estoy comport\u00e1ndome como lo hago? Por ah\u00ed hay que empezar.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Los que no hablan y esperan<\/h2>\n\n\n\n<p>Entonces, \u00bfqui\u00e9nes son los que de verdad cifran su esperanza en Dios y, a la vez, ponen de su parte lo que les corresponde? Son los que no hablan y esperan. Tenemos ejemplos en el Evangelio: el primero de todos, el de la Virgen Sant\u00edsima, la que guardaba todo en su coraz\u00f3n (Lc 2, 19); la que desde el momento en que es llamada por Dios, para cooperar al plan de la Redenci\u00f3n, se ofrece al misterio, y se deja llevar, esperando. Y cuando llega el momento en que nace su Hijo divino, en circunstancias que tambi\u00e9n pod\u00edan ser motivo de desesperanza, sin embargo calla y espera. Y as\u00ed durante la infancia de Jes\u00fas, y en su vida p\u00fablica, y junto a la Cruz: calla y espera. Esperaba a Dios. \u00abMar\u00eda, nos recordaba el Papa en la exhortaci\u00f3n <em>Signum magnum,<\/em> apenas fue asegurada por la voz del \u00e1ngel Gabriel que Dios la eleg\u00eda para Madre intacta de su Hijo Unig\u00e9nito, sin ponerlo en duda dio su propio asentimiento a una obra que empe\u00f1aba todas las energ\u00edas de su fr\u00e1gil naturaleza, diciendo: <em>He aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or; h\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra<\/em> (Lc 1, 38). Desde aquel momento ella se consagr\u00f3 toda al servicio no s\u00f3lo del Padre celestial y del Verbo encarnado, convertido en Hijo suyo, sino tambi\u00e9n de todo el g\u00e9nero humano&#8230; La vida, por ello, de la sin mancha esposa de Jos\u00e9&#8230; fue una vida de tan perfecta comuni\u00f3n con el Hijo, que con \u00c9l comparti\u00f3 alegr\u00edas, dolores, triunfos\u00bb<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Seguimos meditando en el Cristo que nace; y, en torno a este misterio del Jes\u00fas reci\u00e9n nacido y de su infancia, aparecen tambi\u00e9n almas que callan y esperan: los pastores de Bel\u00e9n, almas sencillas, llegaron a la gruta, adoraron, y dice el Evangelio que se volvieron, glorificando a Dios (cf. Lc 1, 20). \u00bfQu\u00e9 hab\u00edan visto all\u00ed para glorificar a Dios? Nada, aparentemente: un Ni\u00f1o. Y, sin embargo, ellos, almas sencillas, esperaban y se dejaban conducir por esa voz de lo alto que no les presentaba hechos grandiosos, sino sencillamente un Ni\u00f1o reci\u00e9n nacido. Y los Magos le ofrecen sus dones y regresan despu\u00e9s a su pa\u00eds, con grand\u00edsimo gozo interior. \u00bfQu\u00e9 hab\u00edan visto? Nada, casi nada. Y, no obstante, ellos esperan que alg\u00fan misterio se ha realizado. Ya se cumplir\u00e1 el resto del misterio. Y el anciano Sime\u00f3n, en el templo, ha estado esperando toda su vida, y lleg\u00f3 al instante en que pudo tomar en sus brazos al Ni\u00f1o que es presentado, y entonces dice: <em>Ahora, Se\u00f1or, ya puedes dejar marchar a tu siervo en la paz<\/em> (Lc 2, 29), una de las oraciones m\u00e1s hermosas que han salido de los labios de los hombres. En el Evangelio hay almas que callan y esperan. Y los Ap\u00f3stoles de Jes\u00fas, una vez que se lanzan a predicar el Evangelio, enviados por el Se\u00f1or, en medio de dificultades y persecuciones sin cuento, hablaban y predicaban el mensaje; pero, frente a los obst\u00e1culos, callan y siguen esperando.<\/p>\n\n\n\n<p>Y hoy tambi\u00e9n, hijos, hoy tambi\u00e9n. Frente a esta situaci\u00f3n de la Iglesia a la que me estoy refiriendo, hay tambi\u00e9n sacerdotes innumerables que callan y siguen cumpliendo perfectamente sus deberes, dando culto a Dios, el culto del sacrificio eucar\u00edstico, que s\u00f3lo ellos pueden dar; predicando las palabras de paz, perdonando los pecados de los hombres, ofreci\u00e9ndose en silencio como servidores de la Iglesia por esos caminos misteriosos por donde llega la verdad a la mente humana, la verdad que Cristo ha depositado en la Iglesia y a ellos ha encargado para que la transmitan. Sacerdotes, digo, innumerables, que no forman parte de estos grupos de hoy y que, sin embargo, viven el compromiso sacerdotal aut\u00e9ntico de permanecer fieles al Se\u00f1or en medio de todas las crisis. Y, como ellos, muchos religiosos y religiosas, que siguen pensando con amor en lo que significan sus votos y valoran, cada d\u00eda que pasa en su vida m\u00e1s y m\u00e1s, su consagraci\u00f3n y su reconsagraci\u00f3n, y hacen lo posible, a pesar de las crisis que experimentan, para no perder nunca de vista en su alma a ese Dios al que han querido ofrecerse. Y no confunden las necesarias reformas con las novedades inoperantes que no sirven m\u00e1s que para trastornar la esencia de la vida religiosa. Y, como ellos, callan y esperan tambi\u00e9n muchas familias cristianas, muchos padres y madres de familia, que podr\u00edan quedar desconcertados ante tantas contradicciones como oyen y, sin embargo, aunque sufren en su interior, siguen ofreciendo a Dios el trabajo de su profesi\u00f3n, la vida del hogar, sus hijos, sus enfermedades, sus gozos. Cuentan con los recursos y auxilios de la fe en que han vivido siempre, siguen practicando la oraci\u00f3n, siguen amando al Papa, siguen conformes a lo que sus obispos les proponen, siguen el camino que les ense\u00f1an las virtudes cristianas y la asc\u00e9tica de siempre. \u00c9stos callan y esperan. A \u00e9stos tenemos que imitar. Leed el cap\u00edtulo quinto de la constituci\u00f3n conciliar sobre la Iglesia y ver\u00e9is qu\u00e9 programa de santificaci\u00f3n all\u00ed se nos traza, particularmente en el n\u00famero 41, a todos, Pastores de la grey de Cristo, presb\u00edteros, esposos y padres cristianos.<\/p>\n\n\n\n<p>En una palabra, la oraci\u00f3n, la aceptaci\u00f3n humilde del sufrimiento de hoy, la renovaci\u00f3n interior de la conciencia: he ah\u00ed los planos en que el hombre cristiano ha de hacer intervenir a Dios en las grandes crisis individuales o en las que padece la Iglesia, colectiva y socialmente. Al no hacerlo, llega un momento en que s\u00f3lo se oyen los gritos de los violentos que atacan o las quejas de los acobardados que no esperan. Es cuesti\u00f3n de desprenderse de estas actitudes, de situarse en una nueva perspectiva, de alzar los ojos como Mar\u00eda, junto a la Cruz, y dirigir nuestra mirada a Jesucristo, para preguntarnos unos y otros qu\u00e9 debemos hacer por su Iglesia santa en estos d\u00edas que vivimos. Y \u00c9l nos invitar\u00e1, una vez m\u00e1s, a la reforma interior, de donde brota todo intento sano de renovaci\u00f3n social en la vida de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Un deber fundamental de los obispos<\/h2>\n\n\n\n<p>Pues bien, hijos, esto es lo que yo quiero predicaros como fundamento indispensable de toda otra actuaci\u00f3n. Y en ello insistir\u00e9, con la gracia del Se\u00f1or, durante estos d\u00edas de la Cuaresma en que aqu\u00ed me encontrar\u00e9 con vosotros. Exhortar\u00e9 con razones que nacen de una revisi\u00f3n de la vida y de una doctrina previa y de una revelaci\u00f3n todav\u00eda anterior; exhortar\u00e9 a una mayor santidad de vida por parte de unos y de otros. A eso es a lo que todos estamos llamados. Por ah\u00ed hay que empezar si queremos tener esperanza y prestar un servicio a la Iglesia. Este es un deber fundamental de los obispos. Digo sin vacilaciones que es el primero de nuestros deberes, el de santificar. Para esto estamos puestos en la Iglesia de Dios. Tenemos una triple misi\u00f3n: ense\u00f1ar, regir y santificar; pero la de regir y la de ense\u00f1ar tienden tambi\u00e9n a la santificaci\u00f3n de las almas; y es la hora en que debemos proclamarlo, sin miedo ni respeto humano alguno. Y aquellos que quieran seguir de verdad la voz del Se\u00f1or y crean que esa voz pueda manifestarse a trav\u00e9s de lo que el obispo les predica, a todos yo les dir\u00e9 hoy y siempre: Vamos a buscar los caminos de una m\u00e1s pura y m\u00e1s fuerte santificaci\u00f3n de nosotros mismos.<\/p>\n\n\n\n<p>El Concilio Vaticano II, en la constituci\u00f3n sobre la Iglesia, ha dejado una doctrina maravillosa sobre la vocaci\u00f3n a la santidad, a que todos estamos llamados, pero ha destacado el deber que tienen los obispos de fomentar la santidad en ellos mismos: \u00abEs necesario que los pastores de la grey de Cristo, a imagen del Sumo y Eterno Sacerdote, desempe\u00f1en su ministerio santamente y con entusiasmo, humildemente y con fortaleza. Los presb\u00edteros, a semejanza del orden de los obispos, crezcan en el amor de Dios y del pr\u00f3jimo por el diario desempe\u00f1o de su misi\u00f3n. Observen el v\u00ednculo de la comuni\u00f3n sacerdotal, abunden en todo bien espiritual y sean para todos, un vivo testimonio de Dios, \u00e9mulos de aquellos sacerdotes que, en el decurso de los siglos, dejaron preclaro ejemplo de santidad. Los esposos y padres cristianos, siguiendo su propio camino en la fidelidad y en el amor, deben sostenerse mutuamente en la gracia a lo largo de toda la vida, e inculcar a los hijos, amorosamente recibidos de Dios, la doctrina cristiana y las virtudes evang\u00e9licas\u00bb (LG 41).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9ste es, pues, nuestro primer deber. Los que atacan violentamente y dedican su tiempo a lanzar acusaciones, y quieren hacer reformas dentro de la Iglesia, despreciando el Magisterio pontificio y abogando por una moral nueva desvinculada de la moral de Cristo, fracasar\u00e1n estrepitosamente. La barca no se hundir\u00e1 nunca, porque la sostiene el Se\u00f1or. Y ellos no podr\u00e1n resistir y se sentir\u00e1n amargados, cada d\u00eda m\u00e1s, al ir por caminos que el Se\u00f1or no bendice. Pero, del mismo modo, los que llenos de cobard\u00eda, de comodidad o de pereza no quieren abrir su alma, noble y generosamente, a las llamadas que la Iglesia de Dios est\u00e1 haciendo hoy, tampoco prestar\u00e1n el servicio que la Iglesia pide. Unos y otros debemos reflexionar y, puestos en la presencia del Se\u00f1or, preguntarnos: \u00bfQu\u00e9 tengo que hacer para corregir mi vida y para ser m\u00e1s fiel al Se\u00f1or? En la medida en que nos hagamos esa pregunta y nos demos respuesta, conforme a lo que el Evangelio nos se\u00f1ala, as\u00ed aumentar\u00e1 en el coraz\u00f3n la esperanza; y seguiremos con fortaleza, y humildemente a la vez, soportando las cruces que el Se\u00f1or quiera enviarnos, pero amando cada vez m\u00e1s a esta Iglesia santa, a este nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que nunca nos prometi\u00f3 un cristianismo c\u00f3modo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hijos de la Iglesia de Barcelona, sacerdotes, religiosos, religiosas, familias cristianas, seglares: no disimulemos las preocupaciones, no. Hemos de examinarlas. Encontremos tambi\u00e9n sus ra\u00edces. Pero, <em>sursum corda!,<\/em> \u00a1arriba los corazones! Es necesario que lata dentro de nosotros, aun en medio de las mayores dificultades, la esperanza de los verdaderos seguidores de Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> <em>L\u2019Osservatore Romano,<\/em> 26-27 de febrero de 1968. Con este mismo t\u00edtulo Cuaresma, primavera de las almas, escribi\u00f3 Mons. Marcelo Gonz\u00e1lez una exhortaci\u00f3n pastoral dirigida a sus diocesanos, BOAB, 15 de marzo de 1968, 147-158.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> <em>Ecclesia,<\/em> art\u00edculo editorial titulado <em>Las l\u00e1grimas del Papa,<\/em> 9 de marzo de 1968, 356.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> Pablo VI, exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica <em>Signum magnum,<\/em> 5, 6, 1: AAS 59 (1967) 467.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada el 19 de febrero de 1969, Mi\u00e9rcoles de Ceniza. Esta ma\u00f1ana hemos asistido en esta Catedral al solemne acto lit\u00fargico de la imposici\u00f3n de la Ceniza sobre nuestra frente. Una vez m\u00e1s nos ha sido recordada esa fase de nuestro destino, no \u00faltima ni definitiva, pero s\u00ed obligada e inevitable. 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