{"id":938,"date":"2024-09-25T12:12:56","date_gmt":"2024-09-25T10:12:56","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=938"},"modified":"2024-09-27T13:49:53","modified_gmt":"2024-09-27T11:49:53","password":"","slug":"las-siete-palabras-de-cristo-en-la-cruz","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/las-siete-palabras-de-cristo-en-la-cruz\/","title":{"rendered":"Las Siete Palabras de Cristo en la Cruz (1968)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size wp-block-paragraph\">Serm\u00f3n pronunciado el Viernes Santo, 12 de abril de 1968, en la Plaza de la Catedral, ante la venerada imagen del Santo Cristo de Lepanto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No hay ning\u00fan hogar en Barcelona donde no haya una cruz; en las casas lujosas de las calles c\u00e9ntricas, en las habitaciones humildes de los barrios m\u00e1s apartados, lo mismo en los palacios que en las chabolas y barracas, en todos los hogares hay una cruz. Puede estar formada por la materialidad del hierro, de la piedra, de la madera, del oro o de la plata: o puede estar formada por las l\u00e1grimas, por el abatimiento y la tristeza, por la soledad, por la enfermedad, por el dolor y por la muerte. Esa cruz que hay en todos los hogares nos sirve para darnos la vida o para crucificarnos en la desesperaci\u00f3n. Todo depende de que est\u00e9 ella sola, en su propia materialidad, o de que sobre ella est\u00e9 clavado Jesucristo. Si sobre la cruz est\u00e1 Cristo, sirve para darnos la vida, porque desde la cruz Cristo nos habla con palabras de vida eterna. Hoy esa cruz, como otros a\u00f1os, sale a la calle, y aqu\u00ed est\u00e1, la cruz del Cristo de Lepanto, que quisiera representar a todas las cruces de todos los hogares de Barcelona. No es una cruz vac\u00eda, en ella est\u00e1 Cristo crucificado, y nosotros nos disponemos a o\u00edr sus palabras, las palabras de vida que \u00c9l pronunci\u00f3 al morir, en las cuales tenemos confianza, porque ellas nos ofrecen el camino de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Padre, perd\u00f3nales, porque no saben lo que hacen<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La primera palabra que pronunci\u00f3 fue \u00e9sta: <em>Padre, perd\u00f3nales, porque no saben lo que hacen<\/em> (Lc 23, 34). Es la palabra del perd\u00f3n, porque era la hora del perd\u00f3n y del gran amor. No esper\u00e9is encontrar en esta frase la l\u00f3gica del raciocinio. Es m\u00e1s bien una incontenida explosi\u00f3n de amor y de redenci\u00f3n. El raciocinio falla en esa palabra de Jesucristo. Daos cuenta de lo que dice: <em>Perd\u00f3nales, porque no saben lo que hacen. <\/em>Si no saben lo que hacen, no necesitan ser perdonados. A lo sumo, podr\u00eda pedirse que se reconozca su incapacidad o su impotencia. Pero era la hora del gran perd\u00f3n y del gran amor, y \u00c9l ten\u00eda que elevar su s\u00faplica al Padre no s\u00f3lo por los que estaban all\u00ed, con sus nombres propios, sino por todos los dem\u00e1s que ni siquiera hab\u00edan nacido. Por todos los hombres de todos los tiempos, levanta Cristo su voz para pedir perd\u00f3n al Padre que est\u00e1 en los cielos. Es lo que hab\u00eda hecho toda su vida desde que vino al mundo: amar y perdonar. Y ahora, al llegar el momento final en que se ventila con absoluta seriedad todo lo que ha constituido la trama de una vida, se reafirma el prop\u00f3sito, se manifiesta nuevamente el sentido de aquella existencia preciosa del Hijo de Mar\u00eda. \u00c9l no vino m\u00e1s que para eso; y a toda la humanidad pecadora extiende su perd\u00f3n y su amor. Esta es la religi\u00f3n de Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo hombre necesita ser perdonado. Hermanos m\u00edos: no nos basta el perd\u00f3n del amigo, de la esposa, de los hijos, de la sociedad. Necesitamos el perd\u00f3n de Dios, un perd\u00f3n que limpia del todo, que llega a las zonas m\u00e1s profundas de nuestro ser, aquellas que no puede tocar nadie. En los reductos m\u00e1s secretos del coraz\u00f3n humano es donde aparecen las fuentes de la alegr\u00eda m\u00e1s pura o del pesar m\u00e1s hondo, y es ah\u00ed donde \u00fanicamente la mano de Dios puede llegar para decir a un hombre: <em>Vete en paz, tus pecados te son perdonados<\/em> (Jn 8, 11). Si no o\u00edmos la voz de Dios que nos perdona, todos los dem\u00e1s perdones son insuficientes, se limitan a una palmada de reconciliaci\u00f3n externa, a un estrechar las manos que acaso luego despu\u00e9s se levantan para golpearse mutuamente. El perd\u00f3n de Dios, s\u00ed, llega hasta las fibras m\u00e1s delicadas del alma, pacifica al hombre, levanta su conciencia religiosa, le restituye hacia ese camino de retorno al Padre, que es el que perdemos tantas veces en la vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El perd\u00f3n y el amor: as\u00ed es de fuerte el cristianismo. Esta es la religi\u00f3n en que se ama; no es la religi\u00f3n del odio, ni de la violencia. Odiar es muy f\u00e1cil, como es f\u00e1cil tambi\u00e9n descargar el hacha del verdugo sobre la cabeza del m\u00e1rtir, puesta en el tajo. Lo dif\u00edcil y lo valiente es poner la cabeza y recibir el golpe por amor, perdonando. Sin embargo, a pesar de ser tan dif\u00edcil, es necesario. El mundo necesita del perd\u00f3n y del amor. Nada ni nadie podr\u00e1 sustituir a la religi\u00f3n de Cristo; y lo mismo en la civilizaci\u00f3n del bienestar como en la del comunismo, aniquilador de los valores humanos, aparecen los s\u00edntomas que oprimen al hombre, hijo de Dios. Sin perd\u00f3n y sin amor, la vida se derrumba. Por eso la religi\u00f3n del perd\u00f3n y del amor es necesaria hoy como siempre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nosotros estamos aqu\u00ed, porque creemos en el amor, porque necesitamos el perd\u00f3n, porque queremos perdonar. \u00a1Qu\u00e9 belleza hay en la frase de todo hombre arrepentido cuando vuelve de sus extrav\u00edos y recita el Padrenuestro! <em>Perd\u00f3nanos nuestras deudas, as\u00ed como nosotros perdonamos a nuestros deudores<\/em> (Mt 16, 12). Perd\u00f3n que es amor, amor que es vida y esperanza, esperanza y vida que son orientaci\u00f3n y luz para la vida que hemos de vivir todos cuantos tenemos que cumplir nuestro destino en el mundo. Escuchemos esta palabra de Jes\u00fas como escuchamos las dem\u00e1s, con actitud religiosa, con af\u00e1n purificador de nuestra conciencia, con deseo de integrarnos en esa corriente perdonadora que \u00c9l abri\u00f3, y que ya no se interrumpir\u00e1 jam\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Hoy estar\u00e1s conmigo en el Para\u00edso<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Habla y practica el perd\u00f3n: a su lado estaban tambi\u00e9n crucificados dos ladrones. Uno de ellos blasfemaba, y dec\u00eda: <em>Si es Hijo de Dios, que baje de la cruz y se salve \u00c9l, y nos salve tambi\u00e9n a nosotros<\/em> (Lc 23, 39). Es la queja de la humanidad clavada a la cruz. Si Dios es tan bueno \u00bfpor qu\u00e9 permite el sufrimiento? No se dan cuenta los que prorrumpen en esta queja amarga que el problema no est\u00e1 en si el sufrimiento existe o no, sino m\u00e1s bien en si tiene o no tiene un sentido. Ahora bien, desde que Cristo ha muerto en una cruz, ya no podemos dudar. El sufrimiento tiene una significaci\u00f3n y un sentido; hay que soportarlo porque purifica, engrandece y redime, cuando ese sufrimiento se soporta en uni\u00f3n con Jes\u00fas, nuestro Se\u00f1or, nuestro Dios. Todos tenemos que hacer lo posible para aliviar los sufrimientos del mundo y de los hombres que en el mundo habitan; pero aun as\u00ed desde el d\u00eda en que uno nace hasta que muere forzosamente aparecer\u00e1n las estaciones del propio Via Crucis.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo importante entonces es saber elevar la mirada y comprender que este sufrimiento tiene un sentido. El mundo se siente acompa\u00f1ado por la voluntad torcida del hombre que le lleva al mal y al pecado; el mundo tiene que estar acompa\u00f1ado tambi\u00e9n por el sufrimiento que redime. Por eso, \u00a1oh, ladr\u00f3n desconocido!, no se trataba de que Cristo bajase de la cruz, no; se trataba de comprender qu\u00e9 significa aquello. Y lo comprendi\u00f3 el otro ladr\u00f3n que aqu\u00ed estaba, el ladr\u00f3n bueno. \u00c9ste, retorciendo un poco su cabeza, como queriendo mirar al compa\u00f1ero un poco alejado, le dice: <em>\u00bfNi siquiera en estos momentos temes a Dios? Nosotros pagamos nuestras culpas, pero \u00e9ste \u00bfqu\u00e9 mal ha hecho?<\/em> (Mt 23, 40-41). Y dirigi\u00e9ndose luego a Jes\u00fas, que en silencio escuchaba aquel di\u00e1logo, le dice: <em>Se\u00f1or, acu\u00e9rdate de m\u00ed cuando est\u00e9s en tu reino<\/em> (Lc 23, 42).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Daos cuenta de las palabras de este hombre de coraz\u00f3n bueno: hay en primer lugar una invitaci\u00f3n a su compa\u00f1ero a que reconozca la propia maldad; hay despu\u00e9s un reconocimiento de sus propias culpas, de los dos; hay temor de Dios y hay una defensa de Cristo. Este \u00bfqu\u00e9 mal ha hecho? Y por fin, hay una s\u00faplica humilde, humild\u00edsima. Solamente dice: <em>Acu\u00e9rdate, Se\u00f1or, de m\u00ed, cuando est\u00e9s en tu reino.<\/em> No pide un puesto m\u00e1s cerca o m\u00e1s lejos, no; no pide nada, simplemente: acu\u00e9rdate de m\u00ed; con que te acuerdes de m\u00ed me basta: no quiero otra cosa. Y, al instante, la voz de Jes\u00fas: <em>Hoy estar\u00e1s conmigo en el Para\u00edso <\/em>(Lc 23, 43). Esta es la respuesta del que perdona, el perd\u00f3n r\u00e1pido, total, generoso hasta lo infinito. <em>Hoy estar\u00e1s conmigo en el Para\u00edso.<\/em> Se le abre a aquel hombre el camino del cielo; es el primero de quien tenemos constancia que goza de los frutos de la Redenci\u00f3n, all\u00ed, junto al \u00e1rbol de la vida, ladr\u00f3n bueno que supo arrebatar el Para\u00edso en el momento en que mor\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El otro no, se qued\u00f3 con la oscuridad de su propia tiniebla, se desesperaba, gem\u00eda iracundo y protestaba; morir ahora, cuando \u00e9l podr\u00eda caminar tan a gusto por el mar sin riberas de sus desenfrenos. La queja y la protesta de siempre, del hombre que quiere convertir su propia voluntad en \u00fanico due\u00f1o y se\u00f1or de su destino humano; hacer lo que quiera, que no haya cruz, que no haya limitaci\u00f3n, que no haya nada que me lo impida, que me salve alguien, el que sea, pero no para seguir el camino del bien, sino para bajar de la cruz; es esto \u00fanicamente lo que busco. Y no es \u00e9ste el sentido de la vida. Bajar de la cruz podemos pedirlo, s\u00ed; pero apartarnos del sufrimiento con Cristo, nunca. Y es entonces cuando el Se\u00f1or nos ofrece el Para\u00edso tambi\u00e9n ya en este mundo, puesto que ya en este mundo pone en nuestro coraz\u00f3n el germen de la esperanza. \u00bfC\u00f3mo es posible que este ladr\u00f3n bueno se sintiera movido a hacer este maravilloso reconocimiento de Cristo? Sin duda es la gracia de Dios la que toc\u00f3 su alma. Pero yo pienso que tambi\u00e9n pudo existir otro motivo en el arrepentimiento profundo de su alma.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Mujer, he ah\u00ed a tu hijo. He ah\u00ed a tu madre<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde la cruz estaba viendo all\u00ed a una mujer, Mar\u00eda Sant\u00edsima y pudo entender que ella era la Madre del Divino Crucificado. Ese hombre, vi\u00e9ndola a ella, seguramente en su interior pens\u00f3: \u201cNo puede ser malo el hijo de tal madre\u201d. Porque all\u00ed estaba Mar\u00eda, hermanos m\u00edos, Mar\u00eda Sant\u00edsima. Hay un rasgo en la Pasi\u00f3n del Se\u00f1or que eleva la sublimidad del dolor hasta lo indecible; y es la presencia de la Madre, la pobre viuda del carpintero, la mujer del pueblo, Inmaculada Mar\u00eda, pura e inocente, llorando en silencio, quieta junto a la cruz el tiempo que fuera, cumpliendo el destino que Dios la hab\u00eda se\u00f1alado, sin renegar ni un instante de todo el misterio que la envolv\u00eda, cumpliendo la voluntad del Se\u00f1or que la llenaba.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ese rasgo de Mar\u00eda Sant\u00edsima junto a la cruz daba tambi\u00e9n una calificaci\u00f3n al cristianismo. Jes\u00fas la vio a ella, y le dice esta palabra: <em>Mujer, he ah\u00ed a tu hijo<\/em> (Jn 19, 26), se\u00f1alando con la mirada, ya que con las manos no pod\u00eda, al ap\u00f3stol Juan. La llama \u201cmujer\u201d, no dice \u201cmadre\u201d. Si dijera \u201cmadre\u201d, parecer\u00eda que quer\u00eda evocar el recuerdo de su intimidad personal; pero era la hora del testamento y se trataba de edificar la Iglesia. Y pronuncia una palabra con sentido de maternidad universal: \u201cMujer, mujer del mundo, mujer para todos aquellos que tienen que recurrir a tu maternidad, ah\u00ed est\u00e1 tu hijo\u201d. Primero se preocupa de que ella mire por ellos, por los hijos, por Juan, en quien estamos representados todos; y despu\u00e9s es cuando atiende a que los hijos se preocupen de ella. \u201cJuan\u201d &#8230; Tampoco le dijo esta palabra; sin palabra, dirigi\u00e9ndose al ap\u00f3stol amado: <em>He ah\u00ed a tu Madre<\/em> (Jn 19, 27), para que la protejas, y cuides de ella.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El perd\u00f3n de Dios, primera palabra; el camino abierto para el cielo, segunda palabra; la Madre que ayuda a conseguir el perd\u00f3n y a recorrer el camino hacia el cielo, la tercera palabra; y todo ello forma parte del mensaje de Jes\u00fas. Jes\u00fas nos salva, Jes\u00fas nos redime, con su vida, su muerte y su resurrecci\u00f3n; pero El ha incorporado a su Madre en una tarea de colaboraci\u00f3n que nosotros no podemos despreciar. Es Cristo el que la encomienda a nosotros, y el que nos se\u00f1ala que en ella encontraremos un camino protector, en la forma y medida en que \u00c9l lo se\u00f1ala. As\u00ed la recibimos, y as\u00ed queremos acompa\u00f1arla siempre. Es Madre de la Iglesia, y por eso la Iglesia entera recurre a Mar\u00eda segura de que ella coge nuestros brazos y nos ayuda para lograr mejor la intercesi\u00f3n definitivamente salvadora de su Hijo. Juan, y con \u00e9l los dem\u00e1s Ap\u00f3stoles, la recibieron desde entonces, y ella acompa\u00f1\u00f3 a todos ellos desde el primer momento. Nac\u00eda la Iglesia, y ella estaba all\u00ed. Sigui\u00f3 la Iglesia, y con ella sigui\u00f3; la Iglesia contin\u00faa y en la Iglesia est\u00e1 hoy tambi\u00e9n Mar\u00eda, Madre de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>\u00a1Dios m\u00edo, Dios m\u00edo!, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estas son las tres primeras palabras de Jes\u00fas. Van dirigidas a nosotros. A continuaci\u00f3n pronuncia otras dos que se refieren directamente a s\u00ed mismo, para poner de relieve sus propios padecimientos. Por un lado, el sufrimiento moral; por otro, el f\u00edsico. El sufrimiento moral, el desamparo; el sufrimiento f\u00edsico, la sed. <em>\u00a1Dios m\u00edo, Dios m\u00edo!, \u00bfporqu\u00e9 me has abandonado?<\/em> (Mt 27, 46). Era ya el momento en que las tinieblas envolv\u00edan la tierra. Despu\u00e9s se acentuaron a la hora en que, por fin, muri\u00f3 y dio una gran voz, con ese grito que no significa una protesta, sino una plegaria: son las primeras palabras de un salmo, de una oraci\u00f3n que \u00c9l quiso recitar en la cruz para que se cumpliera la profec\u00eda: <em>Dios m\u00edo. Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has desamparado?<\/em> Cristo no pudo sufrir el desamparo en un sentido tal que pudi\u00e9ramos creer que el Hijo estaba abandonado por elPadre, no. No dej\u00f3 de existir nunca en \u00c9l, ni siquiera en este instante supremo, la maravillosa armon\u00eda que se deriva de la uni\u00f3n de su naturaleza divina y de su naturaleza humana en su \u00fanica persona, no. Es un abandono que consiste en dejar de sentir, porque as\u00ed lo ha, permitido Dios, la protecci\u00f3n que siempre le acompa\u00f1\u00f3. Ya en el Huerto de los Olivos hab\u00eda empezado a sentir este desamparo; ahora culmina, lo refleja de una manera m\u00e1s fuerte y m\u00e1s viva. Estaba consum\u00e1ndose el proceso y ten\u00eda que producirse tambi\u00e9n esto para que no faltara nada: el desamparo de Cristo. El mor\u00eda por todos los pecadores y all\u00ed est\u00e1bamos tambi\u00e9n nosotros representados; y por eso de alg\u00fan modo ese grito no s\u00f3lo se dirige al Padre, sino tambi\u00e9n a todos los hombres que con su pecado hacen que Cristo se sienta desamparado y desprovisto del amor que le debemos. Esa fuerza tiene esa expresi\u00f3n; pero Cristo persevera, tiene que mantenerse as\u00ed para cumplir en todo instante con lo que est\u00e1 se\u00f1alado a su destino.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nosotros tambi\u00e9n, cuando tenemos esas horas de desamparo, que acompa\u00f1an tantas veces en este mundo a los que quieren ser justos y que en su camino fatigoso ans\u00edan encontrar la mano de Dios que les fortalezca y sin embargo no la hallan; en ese desamparo, tenemos que vivir de la fe, la fe que nos libra de las tinieblas, la fe que nos fortalece y nos permite seguir seguros de que vendr\u00e1 despu\u00e9s el consuelo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hoy la Iglesia vive casi una hora de desamparo. Hay tambi\u00e9n muchas tinieblas a nuestro alrededor, mucha oscuridad nacida algunas veces de los amigos de las tinieblas, y otras, de los que quieren encender excesiva luz que, en lugar de iluminar, ciega. Y por eso hay muchos hijos en la Iglesia que se sienten turbados. Yo os digo: no os desesper\u00e9is en este desamparo moment\u00e1neo; la fe tiene que seguir, como sigui\u00f3 Cristo en su desamparo, clavado en la cruz. Ya vendr\u00e1, tras la cruz, la luz; y tiene que venir para la Iglesia de Cristo un momento, no sabemos si pr\u00f3ximo o lejano, en el cual recojamos con humildad todos los frutos del Concilio. Ahora no sabemos por d\u00f3nde estamos. Los campos est\u00e1n sembrados y brotan las plantas; pero junto a ellas hay maleza. No tenemos que apresurarnos a cortarlas, para que no se corte ninguna planta buena. La fe nos salvar\u00e1; la fe en el Magisterio de la Iglesia, la fe en el Papa y los obispos, la recepci\u00f3n de los sacramentos con humildad, la b\u00fasqueda de los caminos que la Iglesia se\u00f1ala. Seguid as\u00ed; ver\u00e9is c\u00f3mo el desamparo no se nos convierte en desesperaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Tengo sed<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y junto al sufrimiento moral estaba el sufrimiento f\u00edsico: la sed, una sed desgarradora. La sangre que hab\u00eda derramado desde la noche anterior en el Huerto de los Olivos; luego todas las horas, el largo proceso nocturno, entre befas y escarnios, la corona de espinas sobre su frente bendita, los latigazos en su cuerpo, el camino hacia la cruz; por \u00faltimo la crucifixi\u00f3n le hab\u00edan hecho derramar mucha sangre. Los crucificados sol\u00edan morir de asfixia; y se explica perfectamente: el cuerpo pendiente de la cruz tend\u00eda hacia abajo, los brazos quedaban m\u00e1s altos y la caja tor\u00e1cica se sent\u00eda oprimida, el crucificado no pod\u00eda respirar a gusto; solamente encontraba alg\u00fan alivio cuando, apoy\u00e1ndose en los pies, hac\u00eda como un esfuerzo de elevaci\u00f3n del cuerpo para poder realizar una respiraci\u00f3n m\u00e1s fuerte. Pero los m\u00fasculos de las piernas pronto se cansaban y llegaba un instante en que no obedec\u00edan a aquel impulso que tend\u00eda a elevar un poco el cuerpo para que los pulmones pudieran respirar. Por eso la respiraci\u00f3n era siempre entrecortada, y, poco a poco, iba ahog\u00e1ndose en una asfixia que se convert\u00eda en el tormento m\u00e1s inimaginable. Dentro de estas circunstancias, Cristo dice: <em>Tengo sed <\/em>(Jn 19, 28). Y le dieron a beber vinagre. Ni siquiera un vaso de agua a la hora de morir. \u00c9l, que hab\u00eda dicho que <em>del seno de aquel que cree en m\u00ed nacer\u00e1n, como dice la Escritura, r\u00edos de agua viva<\/em> (Jn 7, 38), \u00c9l, que hab\u00eda venido a dar <em>el agua que salta hasta la vida eterna<\/em> (Jn 4, 14).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Yo s\u00e9 que cualquiera de los que estamos aqu\u00ed, todos, si hubi\u00e9ramos podido, nos habr\u00edamos acercado a \u00c9l para llevar un poco de agua a sus labios moribundos. No estuvimos y no pudimos hacerlo; pero ahora s\u00ed que podemos hacerlo en los miembros de su cuerpo m\u00edstico, en todos los que tienen sed, hambre, en todos los que tienen hambre de pan, de agua, de trabajo, de dignidad, de libertad, de justicia. Podemos hacer todos un poco m\u00e1s para crear situaciones mejores y aliviar la suerte de nuestros hermanos. S\u00ed, la caridad, la caridad, hermanos, la virtud fundamental del cristiano. Este que muere en la cruz dijo tambi\u00e9n que, a la hora del juicio, pondr\u00eda a unos a la derecha y a otros a la izquierda. Pondr\u00eda a la derecha a aquellos que realizaron las obras del amor: <em>Venid, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; estuve enfermo y me visitasteis; encarcelado y me vinisteis a ver; lo hicisteis cuantas veces quisisteis hacerlo con estos mis hermanos, con los peque\u00f1uelos, con los pobres, con todos los que sufren<\/em> (Mt 25, 34-40). Siempre caridad, que es lo mejor para que se cumpla toda justicia. Y por eso yo os exhorto hoy como ayer, d\u00eda del amor fraterno, a que teng\u00e1is caridad, y a que se ejercite la caridad a trav\u00e9s de todas las obras de misericordia que la <em>C\u00e1ritas<\/em> pide a todos los hijos de la. Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Todo est\u00e1 cumplido<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llegaba el momento final. Despu\u00e9s de haberse referido a estos padecimientos morales y f\u00edsicos, Jes\u00fas dijo esta palabra: <em>Consummatum est. Todo est\u00e1 cumplido<\/em> (Jn 19, 30). Hab\u00eda venido al mundo para cumplir dos misiones: predicar el Evangelio y consumar el sacrificio de su Pasi\u00f3n. Ya estaba predicado el Evangelio; atr\u00e1s quedaba el recuerdo de su vida preciosa: Bel\u00e9n, Nazaret, el humilde taller de su trabajo diario, Galilea y Judea, por donde pas\u00f3 realizando el bien, el Serm\u00f3n de la monta\u00f1a, las Bienaventuranzas, el precepto del amor, la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo, la del buen samaritano, la exhortaci\u00f3n a la esperanza, las frases que elevaban el coraz\u00f3n del hombre y que hac\u00edan exclamar al pueblo sencillo: <em>Nadie ha hablado como \u00c9l;<\/em> atr\u00e1s quedaba todo ya. Ya est\u00e1 predicado el Evangelio, ya est\u00e1 realizado el sacrificio; el altar es la cruz, la v\u00edctima y el sacerdote soy yo: <em>Consummatum est.<\/em> Todas las profec\u00edas se han cumplido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Oh Se\u00f1or! \u00a1Qui\u00e9n pudiera decir al final de la propia vida palabras como las tuyas, todo est\u00e1 cumplido y cumplido bien! Y que pudi\u00e9ramos decirlo todos, los sacerdotes, los religiosos y religiosas, los laicos seglares, los padres y madres de familia, los hijos, los gobernantes, los s\u00fabditos, los patronos, los obreros, los artistas, los hombres de ciencia; que pudi\u00e9ramos decir: todo est\u00e1 cumplido, y que pudi\u00e9ramos dar sentido evang\u00e9lico a esa frase que resumir\u00eda as\u00ed el sentido total de nuestra vida. Cumplido de acuerdo con la voluntad de Dios, porque llegar\u00e1 ese final, inevitablemente para cada uno de nosotros, y es entonces cuando de nada sirven las comedias que tantas veces envuelven nuestras pobres vidas humanas; es entonces cuando se queda la verdad desnuda frente a frente del hombre que muere. Y \u00e9ste s\u00f3lo realiza su dignidad plena, si sabe y puede decir como hijo de Dios: he cumplido perfectamente con la misi\u00f3n que T\u00fa me confiaste. Hijos, cristianos, miembros de la Iglesia, fortaleced vuestra fe por encima de todas las diferencias, de todos los odios, de todos los resentimientos, y romped por el camino del amor para que podamos decir al final de nuestra vida: <em>Consummatum est.<\/em><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Padre, en tus manos encomiendo mi esp\u00edritu<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por \u00faltimo, ya al final, dirigi\u00e9ndose al Padre exclam\u00f3: <em>Padre, en tus manos encomiendo mi esp\u00edritu<\/em> (Lc 23, 46); dobl\u00f3 la cabeza y expir\u00f3. <em>En tus manos encomiendo mi esp\u00edritu.<\/em> Al mundo hab\u00eda venido saliendo del Padre, y del mundo sal\u00eda para ir de nuevo al Padre. Encomendaba su vida terrenal, la que hab\u00eda recorrido las diversas etapas de aquella existencia maravillosa, de la cual seguimos viviendo. Eso es lo que significa la palabra esp\u00edritu. \u00c9l no encomendaba su alma, como la encomienda un hombre al morir, necesitado de purificaci\u00f3n. El era el puro, el infinito e inocente; \u00c9l lo que encomendaba era aquella misi\u00f3n, aquella vida concreta e hist\u00f3rica que hab\u00eda nacido del seno de Mar\u00eda y que ahora terminaba.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y todo qued\u00f3 en silencio. Los hombres bajaban del Calvario d\u00e1ndose golpes de pecho, diciendo: <em>Verdaderamente, \u00e9ste era el Hijo de Dios. <\/em>Enseguida se produjo un terremoto, saliendo de los sepulcros algunos muertos, el velo del templo se rasg\u00f3, el cielo se cubri\u00f3 de tinieblas por completo, y toda la naturaleza gritaba y lloraba por la muerte de Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Oh Jes\u00fas! \u00a1Oh Cristo! Yo quiero dirigirme a ti tambi\u00e9n en nombre de todos, de todos estos hijos de tu redenci\u00f3n, de todos estos que forman parte de la grey que me has encomendado. Y, en nombre de todos, yo te pido, Jes\u00fas Crucificado, que no bajes de la cruz, que no bajes. Te necesitamos ah\u00ed. Si T\u00fa bajas, la cruz se queda vac\u00eda, y es muy dura de soportar. Pero vi\u00e9ndote a ti, tenemos fuerza para seguir caminando, para perdonar, para amar, para soportar nuestros propios clavos, porque nuestra vida tambi\u00e9n, Se\u00f1or, est\u00e1 clavada, dulce y amorosamente clavada por tu ley, la ley del amor del Evangelio, que t\u00fa predicaste. No queremos desclavarnos de esa ley, pero nos cuesta y, vi\u00e9ndote a ti en la cruz, se nos hace m\u00e1s f\u00e1cil. No bajes, Se\u00f1or; no dejes la cruz. Yo s\u00e9 que T\u00fa, por ti, no bajar\u00edas. Si bajaste, fue porque desprendieron tu cuerpo de la cruz para ponerlo en el sepulcro. Pues bien, Se\u00f1or, ahora te digo, s\u00ed que est\u00e1s bien en el sepulcro, que tambi\u00e9n te necesito y te necesitamos en el sepulcro, porque nos espera a nosotros tambi\u00e9n un sepulcro, y tenemos miedo de esa sepultura. No nos espera la muerte as\u00ed de un modo gen\u00e9rico e impersonal. Me espera la muerte a m\u00ed, a m\u00ed, que he de morir. Yo tambi\u00e9n ir\u00e9 a un sepulcro. Pero s\u00e9 de antemano que por haber estado T\u00fa en uno semejante al m\u00edo, ya no me ser\u00e1 tan duro entrar all\u00ed cuando all\u00ed me depositen, porque, si entro, ser\u00e1 para resucitar alg\u00fan d\u00eda, como T\u00fa resucitaste, Se\u00f1or; porque a ese sepulcro se le removi\u00f3 la piedra por fin, y T\u00fa saliste de all\u00ed victorioso; y, fruto de esa resurrecci\u00f3n tuya, ser\u00e1 la resurrecci\u00f3n m\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Oh Cristo de la esperanza, del amor, del dolor, de la resurrecci\u00f3n y de la vida! Sin ti, nada podemos hacer. No hay otros redentores. No sirven de nada las redenciones humanas. Las empleamos y utilizamos como instrumentos de colaboraci\u00f3n en la historia de la vida; pero lo que nos da hondura y trascendencia, lo que nos marca el camino, lo que nos se\u00f1ala la meta definitiva, eres T\u00fa, Cristo m\u00edo, Cristo nuestro, Hijo del Padre, redentor de todos. Hoy en todas las calles de todas las ciudades del mundo hay hombres que sufren, como los hubo ayer, como los habr\u00e1 ma\u00f1ana. Pero, mira, se produce un acontecimiento doloroso, y de un modo o de otro, los hombres caen de rodillas en las calles, bien sea porque ha muerto asesinado un dirigente espiritual suyo, bien sea porque no saben a d\u00f3nde acudir; rezan a la desesperada, como pasa en las guerras del Asia lejana, queriendo buscar una soluci\u00f3n que los hombres no encuentran. T\u00fa nos la has ofrecido. Sigue marc\u00e1ndonos el camino y acepta, en compensaci\u00f3n de todas nuestras debilidades y traiciones, acepta el testimonio de nuestra fe viva, de nuestro amor perseverante, de nuestra adhesi\u00f3n fidel\u00edsima a ti, que queremos seguir nuestro camino llevados de la mano de tu Madre bendita.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Serm\u00f3n pronunciado el Viernes Santo, 12 de abril de 1968, en la Plaza de la Catedral, ante la venerada imagen del Santo Cristo de Lepanto. 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