{"id":936,"date":"2024-09-25T12:10:58","date_gmt":"2024-09-25T10:10:58","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=936"},"modified":"2024-09-27T13:49:02","modified_gmt":"2024-09-27T11:49:02","password":"","slug":"bienaventurados-los-que-no-vieron-y-creyeron","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/bienaventurados-los-que-no-vieron-y-creyeron\/","title":{"rendered":"Bienaventurados los que no vieron y creyeron"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Conferencia pronunciada el 5 de abril de 1968, viernes de la Semana de Pasi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Hemos llegado al final de este recorrido que emprendimos juntos la noche del mi\u00e9rcoles de Ceniza. Los viernes que han seguido a aquella fecha, a lo largo de toda la Cuaresma, nos hemos reunido aqu\u00ed, acogidos a la protecci\u00f3n que ofrece siempre al esp\u00edritu, el venerable recinto de nuestra Catedral, acostumbrada hace muchos siglos a recibir el testimonio y la piedad de sus hijos, los de esta ciudad y esta di\u00f3cesis de San Paciano, merecedora de que no se extinga nunca la gloria que la ha acompa\u00f1ado siempre en su camino. Como Pastor de la grey que se me ha confiado, he tenido el consuelo \u00edntimo de poder dirigiros mi palabra para hablaros, no ya de un tema o una idea, ni siquiera de un sentimiento o de un deseo que no me hubiera sido prohibido exponer. Vine m\u00e1s bien para hablaros de un misterio suave, confortante, vivo siempre: el misterio de la fe.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfOs acord\u00e1is? Os habl\u00e9 del gozo que acompa\u00f1a a la fe, de la esperanza, de las actitudes cristianas del hombre que cree, de la fe en Cristo Salvador y en la Iglesia, del optimismo y la confianza, del entusiasmo como respuesta objetiva y seria a la llamada de Dios, fundado en el hecho de Jesucristo, muerto y resucitado, para darnos la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras caminaba con vosotros, movido por la l\u00f3gica de la reflexi\u00f3n y tambi\u00e9n, \u00bfpor qu\u00e9 no decirlo?, por la responsabilidad especial que pesa sobre m\u00ed, no pude menos, antes al contrario, lo intent\u00e9 deliberadamente, de referirme a las crisis y tensiones del momento que vivimos. He apelado con frecuencia a la palabra del Concilio Vaticano II y a la m\u00e1s cercana y pr\u00f3xima del Papa que rige los destinos de la Iglesia, como Vicario de Jesucristo. No he pretendido otra cosa que ofrecer a todos cuantos han podido o\u00edrme pensamientos que les den seguridad y les libren de perturbaciones peligrosas. \u00a1Ojal\u00e1 no fuera preciso insistir tanto en la necesidad de estar precavidos! Temo, sin embargo, que durante bastante tiempo el peligro de la confusi\u00f3n seguir\u00e1 amenazando a los esp\u00edritus. Hemos de seguir luchando denodadamente con paciencia y caridad, para que la luz no se apague. <em>Que no se pierda ninguno de aquellos que T\u00fa me diste<\/em> (Jn 17, 11), digo con nuestro Se\u00f1or Jesucristo en su serm\u00f3n de la \u00faltima Cena, cuando se refer\u00eda a aquellos Ap\u00f3stoles, a los disc\u00edpulos y a todos los hijos suyos que el Padre le hab\u00eda confiado. Todo sacerdote deber\u00eda aplicarse a s\u00ed mismo estas palabras, como un testamento sagrado, y hacerlas nuestras todos con humildad, para cumplir en todo instante con su exigencia solemne. Por eso yo trato de ofreceros la doctrina de la fe tal como la Iglesia, en su Magisterio aut\u00e9ntico, nos la presenta.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy, antes de que lleguemos a los d\u00edas sagrados que nos esperan, quiero hablaros, como final de estas conferencias cuaresmales, de la perseverancia en la fe. S\u00ed, perseverar y ser siempre fieles a pesar de la oscuridad que nos envuelve. Hay que perseverar a pesar de las tentaciones, cuya aparici\u00f3n no podemos prever, porque surgen en todos los momentos y en todos los rincones de la vida.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Siguiendo a Jesucristo<\/h2>\n\n\n\n<p>Escuchad esta narraci\u00f3n que nos hace San Juan en el cap\u00edtulo veinte de su Evangelio: es la de Cristo resucitado que se aparece a Tom\u00e1s, el Ap\u00f3stol que no quer\u00eda creer:<em>Tom\u00e1s, uno de los doce, llamado D\u00eddimo, no estaba con ellos cuando vino Jes\u00fas. Le dijeron despu\u00e9s los otros disc\u00edpulos: Hemos visto al Se\u00f1or. Mas \u00e9l les respondi\u00f3: Si yo no veo en sus manos la hendidura de los clavos, no meto mi dedo en el agujero que en ellas hicieron y mi mano en su costado, no lo creer\u00e9. Ocho d\u00edas despu\u00e9s estaban otra vez los disc\u00edpulos en el mismo lugar, y Tom\u00e1s con ellos. Vino Jes\u00fas, estando cerradas las puertas, se puso en medio, y dijo: La paz sea con vosotros. Despu\u00e9s dice a Tom\u00e1s: Mete aqu\u00ed tu dedo y registra mis manos; y trae tu mano y m\u00e9tela en mi costado, y no seas incr\u00e9dulo, sino fiel. Respondi\u00f3 Tom\u00e1s y le dijo: Se\u00f1or m\u00edo y Dios m\u00edo. Y dijo Jes\u00fas: Tu has cre\u00eddo, Tom\u00e1s, porque me has visto; bienaventurados aquellos que no vieron y creyeron<\/em>(Jn 20, 24-29).<\/p>\n\n\n\n<p>Observad el amoroso reproche del Se\u00f1or: <em>No seas incr\u00e9dulo, sino fiel.<\/em> Es un dulce imperativo, no un razonamiento; una conminaci\u00f3n suave de su voluntad, no un exhaustivo an\u00e1lisis de motivos. Claro que, por delante, le ofrece la gran prueba, su propia presencia con las manos agujereadas y el costado abierto. Ten\u00eda que rendirse la dubitativa actitud del ap\u00f3stol. Pero el tono del reproche encierra algo m\u00e1s. Ese <em>no seas incr\u00e9dulo, sino fiel,<\/em> parece querer decir: \u00bfPor qu\u00e9 has de dudar, despu\u00e9s de todo lo que pudisteis ver en m\u00ed? No s\u00f3lo el hecho de que ahora est\u00e9 yo aqu\u00ed y puedas tocarme, sino todo el conjunto de mi vida, de la que t\u00fa has sido testigo, es suficiente para que tengas la certeza de que mis promesas se cumplen; no seas incr\u00e9dulo, sino fiel. Y cuando el Ap\u00f3stol exclama, lleno de amor y de humildad: <em>Se\u00f1or m\u00edo y Dios m\u00edo,<\/em> Jes\u00fas pronuncia aquella frase, de la cual todos nosotros somos destinatarios: <em>Bienaventurados los que no vieron y creyeron.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>No es que Cristo contraponga a los Ap\u00f3stoles y disc\u00edpulos de entonces que le vieron, con los que no le vieron, ni a nosotros que no le hemos visto con los que s\u00ed que le vieron. No es que haga esta contraposici\u00f3n y quiera decir que nosotros somos bienaventurados no habiendo visto y que no lo son ellos que le vieron. No, no es \u00e9ste el intento de Jes\u00fas. Quiere decir, sencillamente, que el que cree, aunque no haya visto, es objeto de bienaventuranza por parte de Dios, que le ha dado el auxilio indispensable para creer. Ese auxilio, esa gracia, ese don divino, esa fe, constituyen una aut\u00e9ntica bienaventuranza en el sentido evang\u00e9lico de la palabra. El que cree, aunque no haya visto, es generoso, y ofrece a Dios el obsequio de su mente y su coraz\u00f3n; el que cree, aunque no haya visto, es leal, y corresponde con su lealtad religiosa a la soberan\u00eda de Dios que le ha llamado. Esta confianza humilde, ese obsequio del coraz\u00f3n, esa lealtad de la obediencia religiosa a Dios, que nos ha creado y redimido, traen al alma del creyente la paz. Por eso son bienaventurados, porque llevan en su interior la paz de Dios.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>La paz del Se\u00f1or, no la da el mundo<\/h2>\n\n\n\n<p>Tocamos as\u00ed el m\u00e1s alto secreto de la vida del esp\u00edritu: que un hombre pueda llevar dentro de s\u00ed la misma paz de Dios. S\u00f3lo el decirlo parecer\u00eda un desatino irreverente, si no nos lo hubiera garantizado el mismo Dios, a quien pertenece la paz de que hablamos. El mismo evangelista San Juan, en los cap\u00edtulos en que nos describe la \u00faltima Cena del Se\u00f1or con sus Ap\u00f3stoles, nos ha dejado las palabras sublimes a las que el hombre sediento se vuelve sin cesar, deseoso de descubrir toda la \u00edntima profundidad que encierran: <em>La paz os dejo, la paz m\u00eda os doy. No os la doy yo como la da el mundo<\/em> (Jn 14, 27). Y nosotros preguntamos: \u00bfqu\u00e9 paz es esa, Se\u00f1or, la que llamas tuya, y por qu\u00e9 dices a continuaci\u00f3n: <em>No se turbe vuestro coraz\u00f3n, ni se acobarde?<\/em> As\u00ed, aun dej\u00e1ndonos tu paz, estamos expuestos al asalto del temor y de la incertidumbre. Por eso a\u00f1adiste, como condici\u00f3n necesaria para mantener la paz tuya: <em>Permaneced en m\u00ed, que yo permanecer\u00e9 en vosotros. Al modo que el sarmiento no puede, de suyo, producir fruto si no est\u00e1 unido con la vid, as\u00ed tampoco vosotros, si no est\u00e1is unidos conmigo. Yo soy la vid y vosotros los sarmientos. Quien est\u00e1 unido conmigo y yo con \u00e9l, \u00e9se da mucho fruto, porque sin m\u00ed nada pod\u00e9is hacer<\/em> (Jn 15, 4-5).<\/p>\n\n\n\n<p>Mas no se trata de una uni\u00f3n con Cristo meramente intelectual y abstracta. Para que el coraz\u00f3n humano tenga paz, es necesario el amor, porque el coraz\u00f3n ha nacido para amar, como los ojos para ver. Por eso el Se\u00f1or a\u00f1ade: <em>Permaneced en mi amor. Si observareis mis preceptos, permanecer\u00e9is en mi amor, as\u00ed como yo tambi\u00e9n he guardado los preceptos de mi Padre y persevero en su amor<\/em> (Jn 15, 10). Se trata, pues, de abrir el coraz\u00f3n al misterio de Dios encarnado hecho hombre, muerto y resucitado por nosotros. Entonces ya no vivimos de una ficci\u00f3n, ni de un sue\u00f1o; esos sue\u00f1os tan f\u00e1ciles con que pretendemos adormecer las exigencias implacables de nuestra interioridad y de los que indefectiblemente despertamos hastiados de tanta vaciedad o asustados por el grito pat\u00e9tico del alma que no quiere verse envuelta en las tinieblas. No hay paz, si no hay amor a algo tan grande que no pueda morir, es decir, al Dios infinito; y si, a la vez, no hay seguridad de sentirse amado por el mismo Dios. Porque, si no amamos, traicionamos nuestra naturaleza, y no puede haber paz en la traici\u00f3n. Y si no somos amados, sufrimos de soledad y no puede haber paz cuando el alma se encuentra en el vac\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no s\u00f3lo a Dios. Cristo a\u00f1adi\u00f3: <em>El precepto m\u00edo es que os am\u00e9is unos a otros como yo os he amado; que nadie tiene amor m\u00e1s grande que el que da su vida por sus amigos. No me elegisteis a m\u00ed, sino yo os he elegido a vosotros. Lo que mando es que os am\u00e9is unos a otros <\/em>(Jn 15, 12-13 y 17). As\u00ed se completa el c\u00edrculo en que se encierra la paz que el Se\u00f1or promete. Se empieza dese\u00e1ndola, con una vida humilde y una fe respetuosa en el misterio. Se escucha despu\u00e9s su palabra, la palabra de Dios, que nos trae la promesa que no falla. Sigue el esfuerzo por mantenerse unidos con \u00c9l. Se cumplen sus mandamientos por amor. Y de la altura de ese don divino, de la uni\u00f3n lograda con el que tanto nos ama, se pasa, distinguiendo, pero no separando, al amor fraterno de unos para con otros. Esta es la paz de Cristo, no la del mundo. Distinguiendo, digo, porque Dios es el primero, y si no amamos a Dios en quien est\u00e1n todos, nos cansamos de amar a los hombres, o amamos a los que nos gustan, lo cual es una forma de amarse a s\u00ed mismo. No separando, sin embargo, porque en vano decimos que amamos a Dios, a quien no vemos, si no amamos al pr\u00f3jimo, a quien vemos. Todos los dem\u00e1s amores excitan, no sacian; entretienen, no llenan; atan, no liberan; ocupan, no alimentan; fatigan, no descansan; se extinguen, no permanecen. Esto es lo que pasa con todos los amores de la vida, con todos los afanes en que podemos ocuparnos, si nos falla el gran amor de Dios, tal como Cristo nos ha ofrecido la luz para entenderlo y vivirlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Recordad el cap\u00edtulo sublime de la vida de un hombre de grandeza incomparable, San Agust\u00edn, obispo de Hipona. Ten\u00eda treinta y dos a\u00f1os. Su alma volaba por todos los cielos, ansiosa de luz. Su trato con Ambrosio, el obispo de Mil\u00e1n; la conversi\u00f3n de Marco Victorino, maestro de su juventud; la noticia de que hab\u00edan entrado en religi\u00f3n dos j\u00f3venes oficiales palatinos y sus dos prometidas, terminaron por conmover sus entra\u00f1as: \u201cYo me dec\u00eda en mi interior \u2013escribe \u00e9l\u2013: terminemos, terminemos. Mis palabras caminaban hacia la decisi\u00f3n. Yo iba a obrar y no lo hac\u00eda. No volv\u00eda a caer en el abismo de mi vida pasada, pero me quedaba en la orilla para volver a tomar aliento. Cuanto m\u00e1s me acercaba a esa vida en que iba a ser algo diferente, m\u00e1s me sent\u00eda detenido en una recrudescencia de espanto que, sin hacerme retroceder, me dejaba suspenso\u201d. Las pasiones le tiraban por su vestido de carne, dice \u00e9l con expresi\u00f3n insuperable. Y as\u00ed, debati\u00e9ndose en este tormento interior, en aquel peque\u00f1o jard\u00edn en que se retira a llorar y meditar, envuelto en l\u00e1grimas su rostro, oye la voz de un ni\u00f1o que canta, y dice: \u201cToma y lee, toma y lee\u201d. Y Agust\u00edn se levanta, coge el libro de las ep\u00edstolas de San Pablo, lo abre al azar, y se encuentra con estas palabras: <em>No de org\u00edas y bebidas, no de deshonestidades ni lascivias, no de envidias ni querellas, sino revest\u00edos de Cristo, el Se\u00f1or Jes\u00fas. No pens\u00e9is en dar gusto a la carne en sus deseos<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a><\/em>. A partir de aquel d\u00eda, en el itinerario de San Agust\u00edn empez\u00f3 a brillar la luz de la paz que ya no se acabar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En esa imagen del joven africano, luchando en la soledad del huerto donde oye la voz misteriosa, teniendo a sus pies todos los \u00e9xitos del mundo, y, no obstante atormentado hasta lo indecible por la inquietud que le devora, est\u00e1 representado el hombre de todos los tiempos, falto de paz interior aunque lo domine todo, y dispuesto, al menos secretamente, a repetir con \u00e9l: \u201cNos has hecho, Se\u00f1or, para ti, y nuestro coraz\u00f3n est\u00e1 inquieto hasta que descanse en ti\u201d. Al final de su vida exclamar\u00eda tambi\u00e9n, con palabras que igualmente parecen escritas para todo hombre que tiene la experiencia de vivir: \u201cTarde te am\u00e9, hermosura tan antigua y tan nueva; tarde te am\u00e9. T\u00fa estabas dentro de m\u00ed, y yo fuera, y por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que t\u00fa creaste. T\u00fa estabas conmigo, mas yo no lo estaba contigo. Reten\u00edanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no ser\u00edan. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y ahuyentaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y respir\u00e9; y suspiro por ti, y siento hambre y sed; me tocaste, y me abras\u00e9 en tu paz\u201d<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>, la paz de Dios, la paz de Cristo, la que supera todos los dem\u00e1s sufrimientos que pueden solicitar la atenci\u00f3n del coraz\u00f3n humano.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el problema sigue en pie: \u00bfC\u00f3mo asegurar el mantenimiento de la paz, es decir, la perseverancia en la fe que nos une con Cristo, que nos lleva a amarle y a cumplir sus mandamientos, entre los cuales aparece ese que \u00e9l llama suyo, el que nos amemos unos a otros como hermanos? \u00bfC\u00f3mo lograr esta perseverancia en la fe? Cristo no hubiera dicho: <em>Bienaventurados los que no vieron y creyeron<\/em> (Jn 20, 31), si no fuera porque supuesto el don de la fe por parte de Dios, el cristiano cuenta con medios eficaces para perseverar. Existen, s\u00ed; y lo que se necesita es acudir a ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiero referirme, aunque sea brevemente, a tres de estos medios, y son: la Eucarist\u00eda, la Virgen Mar\u00eda, Madre de Dios y de la Iglesia, y el Magisterio eclesi\u00e1stico del Papa y los obispos. El primero es un sacramento, la segunda una persona que es Madre de Dios, lo tercero una instituci\u00f3n. El sacramento alimenta; la persona de Mar\u00eda facilita los caminos, porque coopera con Dios en el misterio de su gracia y con el hombre en la resoluci\u00f3n del drama de su destino humano; la instituci\u00f3n del Magisterio orienta, da seguridad, libr\u00e1ndonos de toda desviaci\u00f3n equivocada. El sacramento lo ha instituido Dios mismo para el hombre; Mar\u00eda fue elegida por Dios para Madre suya y de los hombres; el Magisterio lo garantiza tambi\u00e9n Dios mismo, para que la verdad sea segura, y permanezca al servicio del hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas tres realidades sagradas han sido, pues, ofrecidas por Dios al hombre si se acerca al Evangelio. Luego ninguno que sea hijo de Dios puede permanecer indiferente frente a ellas, y todo el que tiene fe es hijo de Dios. Si, pues, Dios da a sus hijos un alimento que nutre, una madre que protege y una instituci\u00f3n que certifica, aceptarlos con humildad es asegurar la perseverancia, desestimarlos es debilitarse, rechazarlos es ir contra Dios mismo y, por consiguiente, destruir la fe, y con la fe la paz y el amor a Dios y a los hombres, tal como \u00c9l nos lo ha preceptuado. Estas tres realidades pertenecen al constitutivo esencial de la religi\u00f3n cat\u00f3lica y debemos proclamarlas y vivirlas, tanto m\u00e1s cuanto mejor queramos vivir el aut\u00e9ntico ecumenismo. Desafiar a los dem\u00e1s con nuestros dogmas ser\u00eda monstruoso, pero disimular o deteriorar nuestros dogmas por un falso motivo ecum\u00e9nico ser\u00eda para con Dios una traici\u00f3n; no merecer\u00eda de los hermanos separados m\u00e1s que el desprecio.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>El sacramento de la juventud<\/h2>\n\n\n\n<p>La Eucarist\u00eda, sacramento de la juventud. Hablo de la eterna juventud del alma, no de la edad juvenil del cuerpo. Creo en la Eucarist\u00eda porque Cristo prometi\u00f3 que nos dar\u00eda su cuerpo como comida y su sangre como bebida; y lo que Cristo promete lo cumple; y lo cumpli\u00f3 en la \u00faltima Cena. Creo en la Eucarist\u00eda porque me lo ense\u00f1a la Iglesia infalible, desde los Ap\u00f3stoles hasta hoy. Creo en la Eucarist\u00eda como sacrificio de Cristo en la Misa, al cual puedo unirme, sacrificio en que Cristo y yo, y todos con \u00c9l, damos gracias al Padre, imploramos, adoramos; sacrificio en que Cristo satisface por nuestros pecados y con \u00c9l podemos satisfacer nosotros; sacrificio en que Cristo hace a Dios propicio y misericordioso para el hombre, la familia, la sociedad, los vivos y los muertos. Y creo en la Eucarist\u00eda como sacramento que permanece, en el cual est\u00e1 Cristo real, verdadera y substancialmente, que se me da a m\u00ed, se me entrega para alimento de mi alma, consuelo de mis tribulaciones, fortaleza de mi fe, robustecimiento de mis virtudes, paz de mi coraz\u00f3n, acierto en mi camino, perd\u00f3n en mis pecados, fuerza para mi caridad, gozo en mi infancia, serenidad en mi juventud, esperanza en mi ancianidad, vi\u00e1tico en mi muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Creo que Cristo est\u00e1 presente en la Eucarist\u00eda, y por eso alabo y fomento y pido que, por parte de todos los que creemos en \u00c9l, le amemos y le adoremos, se hagan visitas a Jes\u00fas Sacramentado, y que vayamos al sagrario donde \u00c9l espera; y busco y fomento y bendigo y alabo todos los actos que signifiquen adoraci\u00f3n a la Hostia santa; y bendigo y alabo las asociaciones eucar\u00edsticas de fieles que cultivan y fomentan la piedad hacia el gran Sacramento del Amor. Creo que todo lo que me dice y ense\u00f1a sobre la Eucarist\u00eda la Iglesia jer\u00e1rquica, santa, cat\u00f3lica, apost\u00f3lica, romana, la Iglesia de los santos y de los m\u00e1rtires, desde las catacumbas hasta los que en el siglo XX, aqu\u00ed en Espa\u00f1a y en Barcelona, murieron por su fe, recibiendo la Eucarist\u00eda que llegaba hasta ellos acaso en una cajita de cerillas, o era consagrada por alg\u00fan sacerdote condenado a muerte que esperaba en la checa el momento de subir a su calvario perdonando y amando a todos. Creo en la Eucarist\u00eda, y quiero adorarla y unirme con mis hermanos para hacer esa adoraci\u00f3n. Y ofrezco mi recuerdo lleno de emoci\u00f3n religiosa a esta Barcelona del Congreso Eucar\u00edstico Internacional, y deseo que permanezca siempre todo lo que all\u00ed hubo de plegaria, adoraci\u00f3n, alegr\u00eda, hermandad, sacerdocio, laicado ejemplar y comprometido, fe, amor y paz, y quiero cantar, como cantasteis vosotros:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cDe rodillas, Se\u00f1or, ante el sagrario,<br>que guarda cuanto queda de amor y de unidad;<br>venimos con las flores de un deseo<br>para que nos las cambies en frutos de verdad;<br>Cristo en todas las almas<br>y en el mundo la paz\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Creo en la Eucarist\u00eda, porque el Concilio Vaticano II, tan mal le\u00eddo por muchos y tan apasionadamente interpretado por otros, me dice as\u00ed en su m\u00e1s importante documento, la Constituci\u00f3n sobre la Iglesia: \u201cLa obra de nuestra redenci\u00f3n se efect\u00faa cuantas veces se celebra en el altar el sacrificio de la Cruz, por medio del cual, Cristo, que es nuestra Pascua, ha sido inmolado; y al mismo tiempo, la unidad de los fieles que constituyen un solo cuerpo en Cristo, est\u00e1 representada y se realiza \u2013dice el Concilio\u2013 por el Sacramento del Pan Eucar\u00edstico\u201d (LG 3). Y en la Constituci\u00f3n de la Liturgia, dice el Concilio que, \u201csobre todo, de la Eucarist\u00eda mana hacia nosotros la gracia como de su fuente, y se obtiene con la m\u00e1xima eficacia aquella santificaci\u00f3n de los hombres en Cristo y aquella glorificaci\u00f3n de Dios, a la cual las dem\u00e1s obras de la Iglesia tienden como a su fin\u201d (SC 10). Acudamos, pues, a esta fuente para lograr la perseverancia en la fe y la paz de nuestras almas. Si no acudimos, la perdemos; si la perdemos, sufrimos; cuando sufrimos, nos atormentamos; con el tormento, nos desesperamos; sin esperanza, todo se hace negro y oscuro, todo es problema, todo es tragedia; eso no es la vida de un disc\u00edpulo de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La devoci\u00f3n a la Virgen<\/h2>\n\n\n\n<p>Apenas puedo deciros ya nada sobre los otros medios de perseverancia; la devoci\u00f3n profunda y sincera a la sant\u00edsima Virgen, Madre de Dios y de la Iglesia, santa Madre nuestra, y la adhesi\u00f3n leal, respetuosa, constructiva y cooperante al Magisterio de la Iglesia, representado en el Papa y los obispos. Pero, aunque sea brevemente, quiero referirme a estos dos puntos.<\/p>\n\n\n\n<p>La Virgen Mar\u00eda, mujer de nuestra estirpe, llamada por Dios, porque \u00c9l lo quiso, a cooperar en la Redenci\u00f3n. Efectivamente, coopera subordinada a Cristo y en el plano que corresponde a su condici\u00f3n humana; pero coopera con todas las consecuencias. Nos ama, es nuestra Madre, conserv\u00f3 todas las cosas en su coraz\u00f3n, acompa\u00f1\u00f3 a su Hijo, estuvo junto a la Cruz, Virgen de los Dolores, a la que hoy dedicamos el recuerdo de nuestra piedad filial en la Iglesia; asisti\u00f3 al nacimiento de la Iglesia en Pentecost\u00e9s. La Iglesia la ha amado siempre, a ella ha recurrido, a ella recurre hoy tambi\u00e9n, y la pone como intercesora ante su Hijo, llam\u00e1ndola Madre. Es la Bienaventurada de todas las generaciones. Ave, Mar\u00eda: humilde, pura, santa, fuerte, fiel, paciente, sufrida, generosa, bienhechora, justa, prudente, caritativa, pac\u00edfica, obediente, hermosa. Ave, Mar\u00eda: yo te saludo en nombre de todos tus hijos, \u00e9stos que est\u00e1n aqu\u00ed, todos aquellos a los cuales llega mi voz de hermano, que quiere poner en su alma los resortes para asegurar la perseverancia en la fe. Yo te saludo y pido para m\u00ed y para todos, que nos alcances ese don, t\u00fa que recurrir\u00e1s siempre, cuando recurrimos a ti, para que tu Hijo siga intercediendo por nosotros ante el Padre.<\/p>\n\n\n\n<p>Y o\u00edd y escuchad el Magisterio de la Iglesia, y seguid sus instrucciones, y obedeced, obedeced con amor, con digna humildad que no destruye la dignidad del pensamiento humano, por el contrario, lo eleva de categor\u00eda al situarlo en la \u00f3rbita de una relaci\u00f3n con las promesas que Dios mismo ha hecho. Es Cristo el que dijo: <em>Id y ense\u00f1ad; el que a vosotros oye, a m\u00ed me oye<\/em> (Mt 28, 19; Lc 10, 16). Si no obramos as\u00ed, no hay unidad; si no hay unidad, cada uno fabricar\u00e1 su propia Iglesia. Pero ya no ser\u00e1 la de Cristo, ya no podremos reconocerle a \u00c9l en ella, ya no sabremos c\u00f3mo y por d\u00f3nde nos es enviado el Esp\u00edritu Santo que \u00c9l nos prometi\u00f3; ya no tendremos la paz suya, la que \u00c9l quiso darnos, porque, si destruimos la Iglesia suya que es donde \u00c9l dej\u00f3 la paz suya, fabricaremos tambi\u00e9n paces falsas y enga\u00f1osas que despu\u00e9s nos dividen y nos consumen, en lugar de unirnos, contentarnos, saciarnos.<\/p>\n\n\n\n<p>De ah\u00ed, pues, tres medios claramente se\u00f1alados por Dios mismo para poder mantenernos en la fe, y con la fe vivir en la seguridad que esa paz de Cristo nos ha prometido.<\/p>\n\n\n\n<p>Al principio os hablaba de que no deben asustarnos las tentaciones y las pruebas. \u00bfEn qu\u00e9 \u00e9poca de la Iglesia no han existido? Y, \u00bfqu\u00e9 cristiano, que lo sea de verdad, digno de tal nombre, va a tener el privilegio de pasar por este mundo sin estar sometido a esa contrastaci\u00f3n de su valor espiritual para seguir dando una respuesta fiel a Dios que le haga a \u00e9l tambi\u00e9n merecedor de nuevas recompensas? Contamos con las tentaciones, vengan de donde vengan. Pero contamos tambi\u00e9n con los medios ricos, nutritivos, seguros, claros, fuertes, sagrados, que Dios ha puesto a nuestra disposici\u00f3n para poder vivir en paz con nuestra conciencia, de acuerdo con todas las exigencias de la fe. Estos medios no cambian, existen hoy como en el siglo III, como en el siglo I; existen en esta cristiandad de Barcelona, como pueden existir en la pobre cristiandad de un pa\u00eds de misiones, donde los cristianos, tambi\u00e9n en d\u00edas como \u00e9stos, se acercar\u00e1n a una peque\u00f1a choza que es su \u00fanica Catedral, para adorar al mismo Cristo, para recibir la misma Eucarist\u00eda, para invocar a la misma Madre y para o\u00edr las ense\u00f1anzas de los mismos obispos. As\u00ed se puede seguir el camino, Cristo nos lo ense\u00f1a. Sigamos, pues, todos por ah\u00ed, bien seguros de que, aunque no nos falten prueban y tribulaciones, el auxilio de Dios tambi\u00e9n nos acompa\u00f1ar\u00e1. Perseverando en la fe, en el amor a Dios y a los hombres, siguiendo a Jesucristo, aliment\u00e1ndonos con su paz, nos santificamos, y en cada hombre que se santifica habita Dios, es decir, se produce una nueva encarnaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>La santidad cristiana, nueva encarnaci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>Esta es la encarnaci\u00f3n verdadera del cristianismo en la sociedad y en el mundo. Tiene que empezar por realizarse en el hombre, sujeto consciente y libre; y del hombre, transformado y elevado, pasa a trav\u00e9s de sus actos responsables, al mundo y a la sociedad. Las estructuras econ\u00f3micas, pol\u00edticas, sociales, t\u00e9cnicas, cient\u00edficas, humanas en una palabra, tienen origen en el hombre, descansan sobre el hombre y est\u00e1n al servicio del hombre. Los cristianos tenemos el deber de luchar para mejorarlas. Esto es lo que se llama un cristianismo encarnado e intramundano. Trabajar sobre el mundo para perfeccionarlo constituye una tarea no solamente humana y social, sino estrictamente religiosa, porque el mundo est\u00e1 ordenado a Dios, y s\u00f3lo viviendo en el mundo el hombre realiza su condici\u00f3n de criatura que avanza hacia las playas de lo eterno. Pero, si nos olvidamos de Dios, de su trascendencia, de la contemplaci\u00f3n y adoraci\u00f3n del misterio divino en su limpia infinitud, de que el mandamiento primero, el primero de todos es amar al Se\u00f1or con toda nuestra voluntad, con todo nuestro coraz\u00f3n, con toda la fuerza de nuestro ser, no encarnaremos el cristianismo en el mundo. Iremos a ese mundo con frases y palabras, con movimientos gesticulares y grotescos, carentes de toda profundidad religiosa. Nuestros lazos con el mundo ya no servir\u00e1n para el abrazo con el Creador que engendra vida nueva; se transformar\u00e1n m\u00e1s bien en cadenas de esclavitud que terminar\u00e1n por asfixiarnos entre las redes esclavizantes de todos los ego\u00edsmos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso es tan importante que todos, sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos, absolutamente todos, tomemos conciencia clara en esta hora hist\u00f3rica que nos toca vivir, de lo que Dios nuestro Se\u00f1or nos pide exactamente a cada uno. Avanzar hacia el mundo cumpliendo, todos, la misi\u00f3n propia que tenemos respecto a las cosas de la tierra no s\u00f3lo es deseable; es tambi\u00e9n una orden y un mandato de Dios. Pero entrar en \u00e9l sin llevar en las manos, en su singularidad propia e incanjeable, los dones de Dios, la vida de Dios, el coraz\u00f3n del mismo Dios, no para que se diluya y se confunda, sino para que, estando presente con el espec\u00edfico valor de su propia subsistencia, salve y redima; avanzar hacia el mundo sin llevar eso en las manos, para que ello con su singularidad propia, no diluy\u00e9ndolo y confundi\u00e9ndolo, act\u00fae con su fuerza original, eso est\u00e1 prohibido por Dios al cristiano y al ap\u00f3stol en el discurso de Cristo en la \u00faltima Cena, en que nos habl\u00f3 de la paz, del amor de Dios y del mundo, y de c\u00f3mo sus disc\u00edpulos hab\u00edan de tener su relaci\u00f3n en el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Termino ya. Se acercan, hijos, los d\u00edas de la Semana Santa. Dispong\u00e1monos a celebrarlos con honda piedad, y religiosidad pura. Aqu\u00ed os espero, desde el pr\u00f3ximo Domingo de Ramos. Celebraremos la Eucarist\u00eda el Jueves Santo; adoraremos, el Viernes, la Cruz en que fuimos redimidos, y meditaremos las palabras del que muri\u00f3 para darnos la vida; renovaremos las promesas de nuestra fe la Vigilia del S\u00e1bado; y cantaremos con alegr\u00eda pascual en la preciosa ma\u00f1ana del Domingo de la Resurrecci\u00f3n nuestra esperanza, nuestra fe, esa fe de la que os he hablado durante toda la Cuaresma, esa fe que nos une y nos da vida. Proclam\u00e9mosla una vez m\u00e1s en ese canto del <em>Credo<\/em> en nuestra hermosa lengua catalana; proclam\u00e9mosla, s\u00ed, esa fe que nos une, que nos hace amarnos, que es a la vez, cuando la cantamos en el <em>Credo,<\/em> una oraci\u00f3n a Dios y un obsequio al mundo.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> San Agust\u00edn, <em>Confesiones,<\/em> VIII, 12, 29.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> <em>Ib\u00edd.,<\/em> X, 27, 38.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada el 5 de abril de 1968, viernes de la Semana de Pasi\u00f3n. Hemos llegado al final de este recorrido que emprendimos juntos la noche del mi\u00e9rcoles de Ceniza. 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