{"id":933,"date":"2024-09-24T23:26:59","date_gmt":"2024-09-24T21:26:59","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=933"},"modified":"2024-09-27T13:48:23","modified_gmt":"2024-09-27T11:48:23","password":"","slug":"el-calvario-y-la-resurreccion-garantia-y-fortaleza-para-nuestra-fe","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/el-calvario-y-la-resurreccion-garantia-y-fortaleza-para-nuestra-fe\/","title":{"rendered":"El Calvario y la Resurrecci\u00f3n garant\u00eda y fortaleza para nuestra fe"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Conferencia pronunciada el 29 de marzo de 1968, viernes de la cuarta semana de Cuaresma.<\/p>\n\n\n\n<p>Os he hablado el viernes \u00faltimo del optimismo cristiano que brota de la fe. Y os predicaba un mensaje de confianza, de triple confianza: en Dios, nuestro Se\u00f1or, en la Iglesia del Concilio, s\u00ed, y en la sociedad religiosa espa\u00f1ola de la que formamos parte de una manera especial dentro de la Iglesia universal.<\/p>\n\n\n\n<p>El amor que nos une debe ser suficiente para despertar en nosotros esta actitud cristiana de la confianza; actitud mucho m\u00e1s evang\u00e9lica, dec\u00eda, que esa otra de la cr\u00edtica despiadada y reivindicativa, y el reformismo que amenaza convertir en fin lo que no es m\u00e1s que un medio. La confianza no se opone al an\u00e1lisis sincero, ni teme enfrentarse con las consecuencias del examen. Mas bien nos asegura y nos libra de caer en la tentaci\u00f3n de estos fanatismos de un lado y de otro, fanatismos que conf\u00edan \u00fanicamente en sus propias reivindicaciones, como si de ellos, no de Dios, dependiese la salvaci\u00f3n del hombre y del mundo. En todo este turbulento proceso revisionista que estamos viviendo, lo malo no es la revisi\u00f3n, sino el esp\u00edritu con que quieren hacerla muchos que proceden como si Dios no contase para nada, como si todo dependiera del arbitrio y talante de cada uno. Dios est\u00e1 siendo el gran olvidado, en esta hora en que tanto se habla de teolog\u00eda, pero poco de \u00c9l, del Dios personal, del Dios de la revelaci\u00f3n, del que nos predicaron los Ap\u00f3stoles, del que sigue predic\u00e1ndonos la Iglesia en su Magisterio verdadero y seguro.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues bien, para que ese optimismo cristiano, cuya naturaleza os describ\u00eda el viernes \u00faltimo, se mantenga a salvo de la prueba, es necesario acudir a las fuentes que lo alimentan, a lo que le da fortaleza y consistencia; en una palabra, a Jesucristo, nuestro Se\u00f1or, contemplando una y mil veces su vida santa y particularmente su muerte y resurrecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>De ello vamos a hablar hoy, queridos diocesanos m\u00edos de Barcelona. S\u00e9 que esta noche tengo dos auditorios concentrados en diversos lugares: el que form\u00e1is vosotros aqu\u00ed en la Catedral y el del Price, con el que se ha establecido una conexi\u00f3n radiof\u00f3nica: all\u00ed mi querido hermano, el obispo auxiliar de Sevilla, viene ofreciendo estos d\u00edas su palabra de luz orientadora. A \u00e9l mi agradecimiento, y a los que est\u00e1n all\u00ed, como a vosotros que est\u00e1is aqu\u00ed, as\u00ed como a todos los dem\u00e1s invisibles oyentes a quienes llega mi voz, la paz y la bendici\u00f3n de Dios, con el ruego fervoroso de que \u00c9l aumente vuestra fe, y de a esa fe fortaleza y consistencia cada vez mayor.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>San Pablo, Ap\u00f3stol del entusiasmo en un mundo sin fe<\/h2>\n\n\n\n<p>Causa asombro leer las ep\u00edstolas de San Pablo y meditar los datos que tenemos en el libro de los Hechos de los Ap\u00f3stoles. Si hay alg\u00fan rasgo que pueda caracterizarle, dir\u00edamos que es el del entusiasmo para predicar la fe en un mundo sin fe.<\/p>\n\n\n\n<p>Este hombre, convertido en el camino de Damasco, fue un ardiente seguidor de Cristo, sin desfallecimiento alguno. Sufri\u00f3 toda clase de persecuciones y se mantuvo imp\u00e1vido y erguido; quisieron que callase y habl\u00f3 siempre; predic\u00f3 a los pobres esclavos de Roma, a los ricos comerciantes de Corinto, a los sabios de Atenas; no dud\u00f3, afirm\u00f3; no se detuvo jam\u00e1s, avanz\u00f3 siempre; no se le ocurri\u00f3 pensar que faltaba al respeto a la libertad, acerc\u00e1ndose a los hombres, jud\u00edos o gentiles, para hablarles del Cristo de las Escrituras o del Dios desconocido. El mundo en que le toc\u00f3 vivir no era mejor que el nuestro. La descripci\u00f3n que hace \u00e9l mismo en su carta a los romanos responde a una realidad tan sombr\u00eda que no pueden superar su negrura las tinieblas de hoy. Y sin embargo vibra en todas sus predicaciones y escritos y en toda su actuaci\u00f3n, a trav\u00e9s de los viajes que realiza, un entusiasmo desbordante y conmovedor. Con frecuencia prorrumpe en exclamaciones y gritos como aquel: <em>Todo lo puedo en el que me conforta<\/em> (Fil 4, 13). Gritos que parecer\u00edan un ejemplo de jactanciosa altaner\u00eda, si no fueran m\u00e1s bien los latidos de un creyente verdadero que se ha comprometido con su fe hasta las \u00faltimas consecuencias.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfDe d\u00f3nde le viene este entusiasmo que no conoce el ocaso? De una aceptaci\u00f3n plena del misterio de Jes\u00fas, Hijo de Dios, y de lo que significan su muerte y resurrecci\u00f3n. Leed sus escritos: vuestro coraz\u00f3n se sentir\u00e1 llamado por una voz que no es de este mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Apelo a esta vida de Jes\u00fas, y de manera particular a su muerte y resurrecci\u00f3n gloriosa, para proclamar que ah\u00ed es donde nosotros tambi\u00e9n encontraremos hoy la fortaleza para nuestra fe cristiana. Al contemplar a Cristo en la cruz diciendo: <em>Padre, perd\u00f3nales, que no saben lo que hacen<\/em> (Lc 23, 24); o prometiendo el Para\u00edso al buen ladr\u00f3n, o entregando su esp\u00edritu al Padre que le envi\u00f3 a este mundo, se advierte la grandiosa seriedad del compromiso divino de salvarnos.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquello no es un juego y el que muere no es un simple ajusticiado por haber cometido infracciones a la ley. Por el contrario, era tan puro y limpio que el mismo Pilato le declar\u00f3 inocente. Mor\u00eda para asegurarnos la vida, la vida que Dios ha querido ofrecer al hombre, a este hombre a quien ama y eleva a la condici\u00f3n de hijo suyo. Ese es el misterio, que Dios nos ame as\u00ed, hasta ese grado inconcebible. Pero \u00e9se es tambi\u00e9n el hecho: que as\u00ed nos ha amado Dios de tal manera que entreg\u00f3 a su Hijo unig\u00e9nito por nosotros. Muri\u00f3, pero no fue vencido por la muerte. Resucit\u00f3 al tercer d\u00eda y fue glorificado. Y por esta glorificaci\u00f3n del Jes\u00fas paciente, humillado, crucificado y muerto, revela Dios definitivamente el misterio de su perd\u00f3n y de su amor a los hombres, y los llama a la conversi\u00f3n del coraz\u00f3n (Hch 2, 22-41; 3, 18-26; 4, 12; 5, 31; 13, 38).<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed surgi\u00f3 la Iglesia, como comunidad de hombres que creen en la resurrecci\u00f3n de Cristo. Y apareci\u00f3 el entusiasmo de la fe en un mundo sin fe. Apareci\u00f3 en San Pablo, en San Pedro, en los Ap\u00f3stoles, en la comunidad de los creyentes. Este entusiasmo no era sentimentalismo fugaz y pasajero; no era reacci\u00f3n psicol\u00f3gica alucinada y turbia; no era sometimiento torpe a una presi\u00f3n dirigista y esclavizante. Era respuesta de hombres libres a la gracia santificadora de Dios que llegaba hasta ellos por medio del Esp\u00edritu Santo, cuya presencia din\u00e1mica en el hombre redimido hab\u00eda sido prometida por Cristo, y se hac\u00eda ahora realidad despu\u00e9s de su muerte y su ascensi\u00f3n a los cielos (Hch 2, 33; 1Cor 15, 45; Rm 8). Esta fe, esta adhesi\u00f3n profunda a lo que significaba la muerte, resurrecci\u00f3n y ascensi\u00f3n de Cristo a los cielos es lo que daba fuerza y entusiasmo a aquella fe de los primeros creyentes. Podr\u00edamos citar innumerables textos tomados de las ep\u00edstolas de San Pablo o del libro de los Hechos de los Ap\u00f3stoles; pero hay una p\u00e1gina inmortal en la carta de San Pablo a los romanos, en la cual podemos encontrar resumido todo lo que yo quer\u00eda deciros a prop\u00f3sito de este entusiasmo de la Iglesia primitiva. Entusiasmo fundado en esas bases tan s\u00f3lidas y tan fuertes de la fe en Cristo, muerto y resucitado. Viv\u00edan de eso; no solamente cre\u00edan. Si no hubiera sido as\u00ed, el cristianismo no hubiera durado veinticuatro horas; hubiera podido aparecer un sentimiento difuso, impalpable, pero no habr\u00eda mantenido desde aquel primer d\u00eda una cadena ininterrumpida de las mismas afirmaciones dogm\u00e1ticas y de las mismas vinculaciones morales, las mismas ayer que las que practicamos hoy y hasta hoy vivimos cuando queremos ser fieles al Magisterio de la Iglesia. Este es el cap\u00edtulo octavo de la Carta a los Romanos, donde se encuentra ese p\u00e1rrafo maravilloso, del que el papa Pablo VI, en conversaciones con el acad\u00e9mico franc\u00e9s Jean Guitton ha dicho que es la p\u00e1gina de todos los escritos de San Pablo que \u00e9l elegir\u00eda, si tuviera que quedarse solamente con un fragmento.<\/p>\n\n\n\n<p>Cap\u00edtulo octavo de la Carta a los Romanos. No puedo leerlo todo; pero, dice as\u00ed: <em>Vosotros no viv\u00eds seg\u00fan la carne, sino seg\u00fan el esp\u00edritu, <\/em><em>si es que el esp\u00edritu de Dios habita en vosotros. Que si alguno no tiene el Esp\u00edritu de Cristo, ese tal no es de Jesucristo. Mas si Cristo est\u00e1 en vosotros, aunque el cuerpo est\u00e9 muerto por raz\u00f3n del pecado, el Esp\u00edritu vive en virtud de la justificaci\u00f3n. Y si el Esp\u00edritu de aquel Dios que resucit\u00f3 a Jes\u00fas de la muerte habita en vosotros, el mismo que ha resucitado a Cristo de la muerte dar\u00e1 vida a vuestros cuerpos mortales, en virtud de su Esp\u00edritu que habita en vosotros<\/em>(Rm 8, 9-11). Es el horizonte grandioso de la inmortalidad futura, la cual nos es asegurada mediante esta incorporaci\u00f3n al Cristo que muri\u00f3 y resucit\u00f3, y que nos ha enviado al Esp\u00edritu para que habite en nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p><em>As\u00ed que, hermanos: somos deudores no a la carne; si viviereis seg\u00fan la carne, morir\u00e9is; si viv\u00eds con el Esp\u00edritu y con el Esp\u00edritu hac\u00e9is morir las obras de la carne, vivir\u00e9is. No hab\u00e9is recibido esp\u00edritu de servidumbre, sino que hab\u00e9is recibido esp\u00edritu de adopci\u00f3n de hijos. Siendo hijos, somos tambi\u00e9n herederos, herederos de Dios, coherederos con Cristo; con tal, no obstante, que padezcamos con \u00c9l cruz, a fin de que seamos glorificados<\/em>(Rm 8, 12-17).<em>Yo estoy persuadido de que los sufrimientos de la vida presente no son de comparar con aquella gloria venidera que se ha de manifestar en nosotros. Aqu\u00ed las criaturas todas est\u00e1n aguardando con ansia la manifestaci\u00f3n de los hijos de Dios, porque se ven sujetas a la vanidad o mudanza, no de grado, sino por causa de aquel, que les puso tal sujeci\u00f3n, con la esperanza de que, tambi\u00e9n ellas, todas las criaturas<\/em><em> \u2013<\/em>insondable misterio<em>\u2013, <\/em><em>tambi\u00e9n ellas ser\u00e1n libertadas de esa servidumbre de la corrupci\u00f3n para participar en la libertad y gloria de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta ahora todas las criaturas est\u00e1n suspirando como en dolores de parto; no solamente ellas sino tambi\u00e9n nosotros mismos que tenemos ya las primicias del esp\u00edritu <\/em>(Rm 8, 18-23).<\/p>\n\n\n\n<p>Y sigue hablando en p\u00e1rrafos que hay que meditar con frecuencia, si queremos mantener el entusiasmo de nuestra vida cristiana, para terminar diciendo: <em>Dios est\u00e1 con nosotros: \u00bfqui\u00e9n contra nosotros? El que ni a su propio Hijo perdon\u00f3, sino que le entreg\u00f3 por todos nosotros, \u00bfc\u00f3mo, despu\u00e9s de hab\u00e9rnosle dado, dejar\u00e1 de darnos cualquiera otra cosa? \u00bfY qui\u00e9n puede acusar a los escogidos<\/em> <em>de Dios? Este Cristo no s\u00f3lo muri\u00f3 por nosotros, sino tambi\u00e9n resucit\u00f3, y est\u00e1 sentado a la diestra de Dios en donde asimismo intercede por nosotros<\/em>(Rm 9, 31-34).O\u00edd, hermanos, o\u00edd; despu\u00e9s de esto dice San Pablo:<em>\u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 separarnos del amor de Cristo? \u00bfLa tribulaci\u00f3n, la angustia, el hambre, la desnudez, el riesgo, la persecuci\u00f3n, el cuchillo? En medio de todas estas cosas triunfamos por virtud de Aquel que nos am\u00f3; por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni \u00e1ngeles, ni principados, ni virtudes, ni lo presente, ni lo venidero, ni la fuerza, ni todo lo que hay de m\u00e1s alto y de m\u00e1s profundo, ni otra ninguna criatura podr\u00e1 jam\u00e1s separarnos del amor de Dios que se funda en Jesucristo nuestro Se\u00f1or<\/em>(Rm 8, 35-39).<\/p>\n\n\n\n<p>Este era el lenguaje, \u00e9sta era la leche con que alimentaban los Ap\u00f3stoles aquellas primeras comunidades cristianas. Se explica la fuerza del entusiasmo de la fe, y as\u00ed ha sido siempre. De esa muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo cre\u00edda, aceptada y vivida por el cristiano; ha brotado la fortaleza de los m\u00e1rtires y de los confesores de la fe, de las v\u00edrgenes y los penitentes, la de los santos todos, conocidos y desconocidos, que han pasado por la historia durante veinte siglos siendo testigos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Todos somos responsables: sacerdotes, religiosos, religiosas, seglares<\/h2>\n\n\n\n<p>Es lo mismo que tenemos que hacer hoy, y por eso afirmo que somos todos responsables, sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos cristianos. Hoy, en un mundo en que la fe se ha debilitado y parece como si se apagara en muchos sectores de la vida, \u00bfc\u00f3mo podremos ser fuertes en medio de la debilidad? Porque \u00e9sta es la hora de la debilidad y de la confusi\u00f3n, a pesar de nuestro orgullo. La confusi\u00f3n es fruto y causa a la vez de la debilidad e inconsistencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Para ser fuertes en la fe, antes de que hable a cada uno de estos grupos que he enumerado, apliqu\u00e9monos unas palabras de Cristo que valen para todos.<\/p>\n\n\n\n<p>Evangelios de San Mateo y San Lucas: Huerto de los olivos:<em>Sali\u00f3 Jes\u00fas acabada la cena y se fue seg\u00fan costumbre hasta el monte de los Olivos para orar. Le siguieron asimismo sus disc\u00edpulos. Cuando llegaron all\u00ed, les dijo: Orad para que no caig\u00e1is en tentaci\u00f3n<\/em>(Mt 26, 41). <em>Y apart\u00e1ndose de ellos como a la distancia de un tiro de piedra, hincadas las rodillas, hac\u00eda oraci\u00f3n, diciendo: Padre m\u00edo, si es de tu agrado, aleja de m\u00ed este c\u00e1liz; no obstante, no se haga mi voluntad sino la tuya<\/em>(Ib\u00edd. 42). <em>En esto se le apareci\u00f3 un \u00e1ngel del cielo confort\u00e1ndole. Entrando en agon\u00eda, oraba m\u00e1s largamente; y le vino un sudor, como gotas de sangre que chorreaba hasta el suelo. Levant\u00e1ndose de la oraci\u00f3n y viniendo a sus disc\u00edpulos, les hall\u00f3 dormidos por causa de la tristeza, y les dijo: \u00bfPor qu\u00e9 dorm\u00eds? Levantaos, y orad para no caer en tentaci\u00f3n<\/em>(Lc 22, 40-46).<\/p>\n\n\n\n<p>Oraci\u00f3n, hermanos, oraci\u00f3n; por ah\u00ed hemos de empezar. Si abandonamos este recurso, sucumbiremos. Las crisis de la fe que el mundo padece, tenemos que estudiarlas para saber darles el tratamiento adecuado. Pero si no oramos, caeremos en la tentaci\u00f3n de la debilidad y del confusionismo, nosotros tambi\u00e9n. Y, entonces, \u00bfqui\u00e9n llevar\u00e1 la luz a las tinieblas? \u00a1Qu\u00e9 ejemplo el de Cristo en el Huerto de los olivos!: la hora de la agon\u00eda, la hora suprema de la verdad, y lo que hace es orar; lo que dice a sus Ap\u00f3stoles en ese momento solemne no es otra cosa m\u00e1s que \u00e9sta, <em>orad para que no caig\u00e1is en la tentaci\u00f3n.<\/em> La tentaci\u00f3n, la tentaci\u00f3n del desfallecimiento, de la huida, de la cobard\u00eda, del fingimiento, de la contemplaci\u00f3n de s\u00ed mismos. Para no caer en la tentaci\u00f3n, levantaos y orad, insistentemente lo repite.<\/p>\n\n\n\n<p>Hacen eco a estas palabras de Jes\u00fas las siguientes del Papa, olvidadas tambi\u00e9n hoy, como muchas de las que est\u00e1 pronunciando, pertenecientes a su discurso del 20 de julio de 1966, \u201cLa Iglesia es la sociedad de hombres que hacen oraci\u00f3n\u201d. Dijo as\u00ed: \u201cLa Iglesia es la sociedad de los hombres que rezan. Su fin principal \u2013palabras del Papa\u2013, su fin principal es ense\u00f1ar a rezar. Si queremos saber qu\u00e9 hace la Iglesia, debemos advertir que la Iglesia es una escuela de oraci\u00f3n\u201d. Sigue hablando, y dice: \u201cTodos saben cu\u00e1nto se ha hablado, escrito y trabajado en orden a la oraci\u00f3n&#8230; Lo que ahora interesa advertir, si queremos conocer la misi\u00f3n de la Iglesia, es la importancia esencial y suprema que ella atribuye a la oraci\u00f3n, ya como actividad personal, que brota del fondo del coraz\u00f3n humano, ya como culto divino en el que se difunde la voz de la comunidad cristiana&#8230; Igualmente sab\u00e9is que la primera afirmaci\u00f3n, la primera reforma, la primera renovaci\u00f3n, que el Concilio Ecum\u00e9nico ha dado a la Iglesia, ha tenido por objeto la Liturgia&#8230; Record\u00e9moslo bien\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00bfQu\u00e9 diremos de los que distinguen la actividad de la Iglesia en cultual y apost\u00f3lica, separando la una de la otra y prefiriendo la segunda en menoscabo de la primera? \u00bfY qu\u00e9 diremos de los que tienen por artificiosa, pesada e in\u00fatil la vida interior, y pr\u00e1cticamente dan por perdido el tiempo y por vano el esfuerzo para tender al silencio exterior y para dar su voz \u00edntima al coloquio interior? \u00bfPodr\u00e1 jam\u00e1s el cristianismo dar testimonio de s\u00ed mismo ante el mundo necesitado de verdad vital, si no se presenta como arte de explorar la profundidad del esp\u00edritu, de conversar con Dios y de adiestrar a sus seguidores en la oraci\u00f3n? \u00bfHabr\u00e1 jam\u00e1s un cristianismo privado de profunda, sufrida y amada vida de oraci\u00f3n, el soplo prof\u00e9tico, que le es indispensable para imponer entre las mil voces resonantes en el mundo, la suya que grita, que canta, que arrebata y que salva? \u00bfPodr\u00edan tener los carismas indispensables del Esp\u00edritu Santo una actividad que pretendiese dar testimonio de Cristo e infundir en la humanidad el fermento de la novedad regeneradora, sin sacar de la humildad y de la sublimidad de la oraci\u00f3n el secreto de su firmeza y de su fuerza?\u201d<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>. Imposible. As\u00ed termina el Papa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 olvidamos estos aspectos fundamentales a la hora de la renovaci\u00f3n conciliar?<\/p>\n\n\n\n<p>Pero adem\u00e1s de este deber que es com\u00fan a todos los que queremos trabajar por el fortalecimiento de la fe, cada uno de nosotros tiene deberes espec\u00edficos. Hablo, en primer lugar, a <strong>los sacerdotes<\/strong>: somos responsables de la predicaci\u00f3n de la fe, s\u00ed, tenemos que predicar el misterio de Cristo, muerto y resucitado. Sin miedo, sin reticencias, sin disimulos; libres de todo orgullo, pero con entusiasmo, como lo hac\u00edan los Ap\u00f3stoles; a todos, a los pobres y a los ricos; a los peque\u00f1os grupos, y a las multitudes, como hac\u00eda Jesucristo; atentos a un m\u00ednimo de disposici\u00f3n buena para aprovecharla, porque as\u00ed obr\u00f3 tambi\u00e9n el Se\u00f1or; bastaba que se acercase a \u00c9l alguien con humildad de coraz\u00f3n para darle el don divino, para decir que el reino de Dios hab\u00eda llegado hasta \u00e9l. \u00bfPor qu\u00e9 vamos a exigir tanta depuraci\u00f3n c\u00e1tara si Dios no lo exige?<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Los valores de la religiosidad popular<\/h2>\n\n\n\n<p>La religiosidad que llaman sociol\u00f3gica no es perfecta, ciertamente, pero entra en el juego de la historia humana, y muchas veces resulta apoyo indispensable querido por Dios para evangelizar y santificar. Si no es perfecta, esforc\u00e9monos por perfeccionarla; pero no la destruyamos sin m\u00e1s, con el riesgo grav\u00edsimo de no saber con qu\u00e9 sustituirla despu\u00e9s, que tenga eficacia para todos, porque es a todos a quienes tenemos que atender, absolutamente a todos. P\u00e1rrocos y sacerdotes que os esforz\u00e1is por encontrar formas nuevas de acci\u00f3n pastoral: Dios bendiga vuestro esfuerzo, y lo bendecir\u00e1, si lo prosegu\u00eds con humildad, y obedientes a las voces de la Iglesia, cuando nos vienen de parte de quien tiene autoridad suprema para darlas. Buscad caminos nuevos y eficaces que son tambi\u00e9n necesarios, pero no despreci\u00e9is a un pueblo humilde y sencillo para el cual un beso al crucifijo y un avemar\u00eda a la Virgen pueden ser un valor religioso definitivo. Misiones populares, ejercicios espirituales, predicaciones diversas, celebraci\u00f3n solemne de festividades religiosas: cultivadlo con esmero y hacedlo m\u00e1s perfecto, pero no lo abandon\u00e9is, porque ello significar\u00eda dejar de dar pan a los que tienen hambre. No queramos sustituirlo en seguida con manjares tan delicados que despu\u00e9s no hay ni despensa ni despenseros para ofrecerlos, ni tampoco organismos aptos para resistirlos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ciertamente esta religiosidad no es perfecta, y tenemos que perfeccionarla, pero no seamos ligeros en nuestros juicios; esta religiosidad llamada sociol\u00f3gica no es puramente una apariencia exterior, es el fruto tambi\u00e9n, la convergencia de m\u00faltiples acciones espirituales que han brotado del interior de muchas vidas santas a lo largo del tiempo: padres y madres de familia, cristianos buenos que pertenecieron a esa sociedad, asociaciones, grupos que pudieron constituirse al amparo de un modo de vivir y de determinadas condiciones sociales, todas las cuales fueron promoviendo reacciones magn\u00edficas, sacrificios y actos de penitencia, oraciones privadas y p\u00fablicas, formas sociales y colectivas de religiosidad que no aparecieron un d\u00eda como fruto de una improvisaci\u00f3n artificial, sino que fueron el resultado progresivo y lento de un esfuerzo respetabil\u00edsimo de las generaciones anteriores. \u00bfPor qu\u00e9 lo vamos a despreciar?<\/p>\n\n\n\n<p>Vosotros, <strong>los religiosos<\/strong>, tambi\u00e9n sois responsables. Muchos de vuestros ministerios son semejantes a los nuestros, y para todos vale lo que acabo de decir. Pero adem\u00e1s ten\u00e9is en vuestras manos un arma muy eficaz para predicar a Cristo, muerto y resucitado: son vuestros votos de pobreza, castidad y obediencia. La doctrina del Concilio no ha disminuido nada de sus exigencias ni de su valor soberano en el reino de Dios. Ha pedido que se hagan esfuerzos para lograr un mejor modo de vivirlos, que es distinto. Vuestra consagraci\u00f3n os pide una delicadeza especial en vuestro comportamiento. Si la quebrant\u00e1is, no es s\u00f3lo vuestra orden o congregaci\u00f3n la que sufre, sino todas las parcelas del reino de Dios. Empe\u00f1ados tambi\u00e9n en acomodaciones necesarias, no os olvid\u00e9is del misterio de la cruz. S\u00f3lo meditando en \u00e9l y am\u00e1ndole, encontrar\u00e9is la alegr\u00eda interior para superar vuestras pruebas.<\/p>\n\n\n\n<p>Que no se queden vac\u00edos vuestros noviciados por miedo a proclamar los grandes postulados que el Evangelio os se\u00f1ala a los que quieren seguir m\u00e1s de cerca al Maestro. La libertad en el reino de Dios est\u00e1 en proporci\u00f3n directa de la decisi\u00f3n con que uno quiere hacerse esclavo de la cruz por amor al que la llev\u00f3 y a los hombres en cuyo servicio fue puesta en el Calvario. Podr\u00edais incluso ser responsables del da\u00f1o causado a los j\u00f3venes que se han acercado a vosotros con gran generosidad, y han encontrado, m\u00e1s que la libertad necesaria para la maduraci\u00f3n, la falta de directrices sabias y prudentes para el sacrificio libremente aceptado. La vida religiosa es indispensable en la Iglesia de Dios. Hay que vivirla con honda profundidad; para ello no hay que dejar de mirar nunca a ese Cristo que muere y resucita ofreciendo la clave para entender lo que es la inmolaci\u00f3n y la libertad verdadera.<\/p>\n\n\n\n<p>Y vosotras, <strong>las religiosas<\/strong>, tambi\u00e9n sed conscientes de vuestra responsabilidad para ayudar a mantener la fe con fortaleza. Religiosas, madres de familia del hogar espiritual de la Iglesia, las que en silencio est\u00e1is siempre esperando al Esposo; las que en los colegios y escuelas os santific\u00e1is en un apostolado ingrato y duro, engendrando hijos de vuestro pensamiento y coraz\u00f3n; las que en asilos, cl\u00ednicas y hospitales y en tantas otras formas de vida derram\u00e1is caridad y prest\u00e1is tan pacientes servicios, no confund\u00e1is la renovaci\u00f3n conciliar de vuestros institutos y congregaciones con la aparici\u00f3n de apetencias subjetivas que acaso por un momento os dieran mayores satisfacciones personales, pero que podr\u00edan frustrar a la larga el misterio de vuestra maternidad espiritual, siempre necesitadas de particulares cuidados para asegurar el normal alumbramiento que Dios quiere de vosotras. Acudid a Cristo, muerto y resucitado. Ah\u00ed encontrar\u00e9is la fuente de la caridad que os facilitar\u00e1 el cumplimiento de vuestras obligaciones. Piedras de altar sois, sobre las cuales se inmola Cristo con vuestra propia inmolaci\u00f3n. Las crisis y vaivenes pasajeros pueden ser superados. No permit\u00e1is que nadie entre en vuestras casas religiosas que opine, de palabra o por escrito, de manera divergente, no digo ya contraria, a lo que se\u00f1ala el Papa y los obispos, cuando expresamente ofrecen la aut\u00e9ntica interpretaci\u00f3n de lo que pide el Concilio, y la Iglesia nos est\u00e1 pidiendo a todos.<\/p>\n\n\n\n<p>No dud\u00e9is del valor de vuestra consagraci\u00f3n; os ha llamado la Iglesia y esto es lo que teol\u00f3gicamente puede engendrar en vosotras la certeza necesaria. La Iglesia es lo que Cristo ha fundado, es lo m\u00e1s suyo, es el sacramento de salvaci\u00f3n, es instrumento visible y cognoscible de la voluntad de Dios. La Iglesia con su doctrina, con sus invitaciones, con sus llamadas por parte del Papa y los obispos, y las \u00f3rdenes y congregaciones religiosas que ella aprueba y bendice, incluso con su mirada en el mundo llena de misericordia, pero ansiosa de pureza cuando contempla el pecado y la miseria humana, pide a todos que vivan hasta el m\u00e1ximo posible su propia vida, que es la vida del Se\u00f1or. A vosotras lo ha pedido y vosotras hab\u00e9is respondido que s\u00ed. Esto es todo, y esto basta. La Iglesia os quiere, y por esto os quiere Jesucristo. Seguidle tal como es; no permit\u00e1is que nadie mutile nada del rostro de vuestro Esposo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por fin vosotros, <strong>los laicos<\/strong>, los seglares del reino de Dios, antes que deciros palabras m\u00edas, os recuerdo las que os dice el Concilio: \u201cSolamente con la luz de la fe y con la meditaci\u00f3n de la palabra divina es posible reconocer siempre y en todo lugar a Dios, <em>en quien vivimos, nos movemos y existimos<\/em> (as\u00ed habla en el decreto sobre el apostolado de los seglares, n\u00famero 4); buscar su voluntad en todos los acontecimientos; contemplar a Cristo en todos los hombres, pr\u00f3ximos o extra\u00f1os, y juzgar con rectitud sobre el verdadero sentido y valor de las realidades temporales, tanto en s\u00ed mismas como en orden a la renovaci\u00f3n del hombre\u201d. Ya lo veis, incluso para juzgar sobre el verdadero sentido de las realidades temporales es necesaria esta vida interior de uni\u00f3n con Cristo. Contin\u00faa el Concilio inmediatamente: \u201cQuienes posean esta fe viven con la esperanza de la revelaci\u00f3n de los hijos de Dios, acord\u00e1ndose de la cruz y de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or\u201d (AA 4).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">De Dios al mundo y del mundo a Dios<\/h2>\n\n\n\n<p>Si nos olvidamos de esto, no es posible hacer nada. No lo dudemos: si en el mundo la fe se apaga, se debe en gran parte a que cada uno de nosotros apaga su propia llama. Yo os predico a Cristo, muerto y resucitado, para que volvamos a \u00c9l nuestros ojos. No hay salvaci\u00f3n fuera de \u00c9l. Si de \u00c9l nos separamos y no practicamos la mortificaci\u00f3n y vivimos las virtudes, todos nuestros intentos de encarnaci\u00f3n cristiana en el mundo se desvanecer\u00e1n como burbujas de jab\u00f3n. Muchas tensiones hoy existentes desaparecer\u00edan si todos mir\u00e1ramos m\u00e1s a Cristo crucificado y resucitado; encontrar\u00edamos ah\u00ed la calma precisa y necesaria para madurar nuestras responsabilidades y para cumplir con seriedad nuestro papel, el de cada uno, en esta misteriosa y santa Iglesia de Dios. Necesitamos a todo trance reforzar estas ideas y vivirlas muy intensamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Terminar\u00e9 con unas palabras del Papa. Pertenecen a un discurso que pronunci\u00f3 \u00e9l, tambi\u00e9n en 1966, en el mes de agosto: \u201cLa Iglesia, su fuerza en su debilidad\u201d; y dice: \u201cEs necesario pasar los umbrales del Evangelio y estudiar de cu\u00e1les principios quiere el Se\u00f1or tomar la fecundidad de esta instituci\u00f3n espiritual que es la Iglesia fundada por \u00c9l&#8230; Inmediatamente nos encontramos con la conocid\u00edsima paradoja: Cristo ha fundado la vida moral de sus seguidores sobre una base, dir\u00edamos negativa: la renuncia, la abnegaci\u00f3n, el sacrificio, la cruz. Todos recordamos sus tremendas palabras: <em>El que busque salvar la propia vida, la perder\u00e1; el que la pierda por mi causa, la salvar\u00e1<\/em> (Mt 8, 35). El que de nosotros \u2013dice el Papa\u2013 creyese renovar la vida de la Iglesia suprimiendo las mortificaciones y molestias, peque\u00f1as o grandes, que le son propias, ya por exigencia moral, ya por costumbre asc\u00e9tica reconocida, no interpretar\u00eda a conciencia la ley fundamental del esp\u00edritu evang\u00e9lico, del cual precisamente recibe la Iglesia su vitalidad. No busca ella un crecimiento a trav\u00e9s de ese bienestar \u00e1vido de comodidad y de exteriorizaciones, alimentado por el hedonismo y por el ego\u00edsmo que caracterizan las costumbres c\u00f3modas, fr\u00edvolas y ligeras del mundo moderno; lo busca por el contrario en la pr\u00e1ctica silenciosa y constante de aquellas virtudes que al mismo tiempo mortifican y fortalecen al disc\u00edpulo de Cristo: en el paciente sufrimiento, en la obediencia fiel, en la simplicidad austera, en la imitaci\u00f3n de Cristo; de Cristo crucificado (1Cor 1, 23)\u201d<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es nuestra fuerza, hermanos, no podemos dejar de acudir a las fuentes de donde brota. Os hablaba el otro d\u00eda con el mismo entusiasmo con que hoy os invito a tenerle en vuestra vida de fe en la Iglesia del Concilio, porque tenemos que creer en ella, tenemos que vivir y hacer posible, entre todos, las santas reformas que esta Iglesia, movida por el esp\u00edritu de Dios, va buscando, para lograr una mayor perfecci\u00f3n de toda la comunidad cristiana. Pero se ha hecho da\u00f1o al Concilio, porque muchos no han reflexionado ni en la totalidad de sus documentos ni con el esp\u00edritu de paz con que hay que examinarlos, para colocarse en actitud de servicio y no de \u00e1speras reivindicaciones. Ahora ya los grandes te\u00f3logos del Concilio: Rahner, Congar, Philips, Journet, hoy cardenal de la Iglesia, dan su voz de alarma, y apuntan al naturalismo que se est\u00e1 apoderando de muchos esp\u00edritus, con el pretexto de objetivos muy nobles en la expresi\u00f3n verbal, pero muy equivocados en la pr\u00e1ctica tal como muchos los conducen y como quieren enfocarlos. Es necesario fortalecer m\u00e1s y m\u00e1s el esp\u00edritu sobrenatural de la uni\u00f3n profunda e \u00edntima con el Cristo personal de nuestra fe, con el Cristo muerto, resucitado, elevado a los cielos, all\u00ed intercediendo por nosotros, gracias al cual vivimos porque ha cumplido para con nosotros las promesas que nos hizo.<\/p>\n\n\n\n<p>Fortalezcamos nuestra fe, uni\u00e9ndonos a \u00c9l y viviendo intensamente todo cuanto podamos del misterio de su vida tan santa. Entonces la luz de la fe no se apaga, seremos m\u00e1s fuertes. En un mundo sin fe, tal como pueda ser el nuestro, como pudo ser el de los primeros tiempos, seremos tambi\u00e9n disc\u00edpulos de San Pablo, el Ap\u00f3stol del entusiasmo.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Pablo VI, Homil\u00eda a los fieles, mi\u00e9rcoles 20 de julio de 1966: IP IV, 1966, 816-818.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Pablo VI, Homil\u00eda del mi\u00e9rcoles 31 de agosto de 1966: IP IV, 1966, 840-841.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada el 29 de marzo de 1968, viernes de la cuarta semana de Cuaresma. Os he hablado el viernes \u00faltimo del optimismo cristiano que brota de la fe. Y os predicaba un mensaje de confianza, de triple confianza: en Dios, nuestro Se\u00f1or, en la Iglesia del Concilio, s\u00ed, y en la sociedad religiosa espa\u00f1ola [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[49,66,39],"doc_tag":[],"class_list":["post-933","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-cristo-redentor-del-mundo-y-vida-de-las-naciones","doc_category-cuaresma-1968","doc_category-la-fe-del-cristiano"],"year_month":"2026-05","word_count":5218,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. 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