{"id":929,"date":"2024-09-24T23:23:05","date_gmt":"2024-09-24T21:23:05","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=929"},"modified":"2024-09-27T13:47:11","modified_gmt":"2024-09-27T11:47:11","password":"","slug":"el-optimismo-cristiano-en-el-combate-de-la-fe","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/el-optimismo-cristiano-en-el-combate-de-la-fe\/","title":{"rendered":"El optimismo cristiano en el combate de la fe"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size wp-block-paragraph\">Conferencia pronunciada el 22 de marzo de 1968, viernes de la tercera semana de Cuaresma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Deseo hablaros esta noche sobre el optimismo cristiano, el optimismo en el combate de la fe; es decir, quiero predicaros un mensaje de confianza. Tengo el deber de predicarlo. Me dirijo a todos vosotros, diocesanos m\u00edos de Barcelona, y a todos aquellos a quienes puedo llamar con el t\u00edtulo de hermanos en la fe, a los que de un modo o de otro puede llegar mi voz. Y predico este mensaje de confianza y de optimismo, consciente de que es mi deber hacerlo as\u00ed. Demasiados gritos y demasiado destemplados vienen oyendo nuestros o\u00eddos en este momento de nuestra vida religiosa cat\u00f3lica. Hemos pasado con incre\u00edble rapidez de las actitudes mutuamente laudatorias al denuesto; de la complacencia, al improperio y al reproche. Y se lanzan estos gritos en nombre de una sinceridad, as\u00ed se dice, que estimo incompatible con el verdadero esp\u00edritu evang\u00e9lico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A veces soplan vientos que podr\u00edan parecer precursores de nuevas tempestades. Turbados los esp\u00edritus de muchos ante tantas y tan \u00e1speras acusaciones, son cada d\u00eda m\u00e1s los hombres y mujeres que se sienten amedrentados por la voz de los que se han olvidado de la caridad como virtud cristiana y del respeto como actitud cristiana tambi\u00e9n, civilizada y humana. Estamos entrando por caminos peligrosos que no pueden conducirnos a buen fin.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me pregunto si es cristiano tanto revisionismo en cadena, tanta cr\u00edtica despiadada, tanto af\u00e1n inmoderado de cambios y reformas en todos los aspectos de la vida religiosa, y la respuesta es negativa. Juan XXIII, varias veces en su corto pontificado preconciliar y durante el tiempo del Concilio, en que pudo vivir; Pablo VI, muchas m\u00e1s veces despu\u00e9s, ha hablado insistentemente de que el Concilio no es una revoluci\u00f3n, de que no se trata de romper con nada de lo que se contiene en el dep\u00f3sito de la doctrina sagrada de la Iglesia. Pero no se quiere o\u00edr esta voz, y lo que resulta es que, cuando cada uno se erige en maestro y director del coro, no hay ni magisterio ni concierto. Si se pierde la confianza en las instituciones y en la doctrina de la Iglesia, la que termina siendo v\u00edctima de la desconfianza es la Iglesia misma. Dentro del sistema de vida cat\u00f3lico, cuando se pierde la confianza en la Iglesia, por una ley inexorable se acaba perdiendo la fe en Dios, porque Dios va ligado a la Iglesia que \u00c9l fund\u00f3 y tal como \u00c9l la fund\u00f3. No se puede tocar a la Iglesia en sus instituciones esenciales, sin que a la vez se toque al mismo Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso insist\u00eda yo tanto el d\u00eda \u00faltimo sobre la humildad como actitud cristiana, y por eso, partiendo de esta humildad, quiero hablaros hoy de esa otra actitud espiritual a que podemos llegar si somos humildes, la de la confianza tan necesaria para desarrollar nuestra vida religiosa como hombres en nuestra existencia personal, y como miembros de toda la sociedad religiosa que es la Iglesia, en el pa\u00eds en que vivimos y en el mundo entero.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Confianza en Dios: \u201cS\u00e9 de qui\u00e9n me he fiado\u201d (San Pablo)<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Proclamemos en primer lugar nuestra confianza en Dios, en Dios nuestro Padre, y en Cristo nuestro Redentor. Esa humildad, de que yo hablaba el viernes pasado, nos pone en camino de obtener el perd\u00f3n, logrado el cual participamos de la vida divina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva; Cristo ha venido al mundo para asegurarnos la vida eterna, y dijo: <em>En esto consiste la vida eterna, en que te conozcan a ti, \u00fanico Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien enviaste<\/em> (Jn 17, 3). Ha venido a asegurarnos la vida eterna, que consiste en conocer y vivir el mensaje y la vida de Dios, y de Cristo, el enviado de Dios. A quienes se acercaron a \u00c9l, manchados por el pecado, pero con coraz\u00f3n humilde, no les despidi\u00f3 iracundo, antes bien les recibi\u00f3 compasivo y les devolvi\u00f3 la paz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un d\u00eda le presentaron a una pobre mujer ad\u00faltera. Los acusadores de la misma quer\u00edan que Cristo la condenase; pero Jes\u00fas despu\u00e9s de confundir a aquellos acusadores se dirige a la pobre mujer, y le dice: <em>\u00bfNadie te ha condenado?<\/em> Y ella respondi\u00f3, con voz apenas audible: <em>Nadie, Se\u00f1or. Yo tampoco, vete y no peques m\u00e1s<\/em> (Jn 8, 11). Nada de complacencia con el pecado: <em>No peques m\u00e1s,<\/em> le dice claramente. Pero se lo dice lleno de misericordia. <em>Nadie te ha condenado; yo tampoco. Vete.<\/em> Otro d\u00eda fue Zaqueo, hombre rico, que ten\u00eda por \u00eddolo el dinero. Pero se arrepinti\u00f3, y Jes\u00fas entr\u00f3 en su casa, y dijo estas palabras que leemos en el Evangelio de San Lucas: <em>Hoy vino la salud a esta casa, por cuanto tambi\u00e9n \u00e9l es hijo de Abraham, porque el Hijo del Hombre ha venido a salvar lo que se hab\u00eda perdido<\/em> (Lc 19, 9-10).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jes\u00fas perdonaba los pecados y devolv\u00eda a los que se acercaban a \u00c9l la paz, la paz de la relaci\u00f3n pura con Dios, por la cual suspira eternamente el coraz\u00f3n humano; no la paz como la da el mundo, sino la suya que es paz con Dios, con el pr\u00f3jimo, con cada uno de nosotros mismos porque es un don del Esp\u00edritu Santo. \u00c9l dijo: <em>Tened confianza: yo he vencido al mundo<\/em> (Jn 16, 33).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s de Pentecost\u00e9s, los Ap\u00f3stoles empezaron a predicar este mensaje de confianza, igual que su Maestro. Tambi\u00e9n perdonaban los pecados; afirmaban que la fe es la victoria verdadera; cre\u00edan en el amor de Dios; lo proclamaban con toda la fuerza de su esp\u00edritu. Escuchad, por ejemplo, al ap\u00f3stol San Juan en su primera carta, cap\u00edtulo 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Escuchad, hermanos m\u00edos, este lenguaje. Cuando se lee con unci\u00f3n y respeto religioso parece que estamos oyendo la voz que viene de lo alto. Dice San Juan:<em>Nosotros hemos visto, y testificamos, que el Padre envi\u00f3 a su Hijo como Salvador del mundo. Quien confesare que Jes\u00fas es el Hijo de Dios, Dios permanece en \u00e9l y \u00e9l en Dios. Y nosotros hemos conocido y cre\u00eddo el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor, y quien permanece en el amor, en Dios permanece, y Dios en \u00e9l. En esto ha llegado a su colmo el amor hacia nosotros, en que tengamos segura confianza en el d\u00eda del juicio, porque cual es \u00c9l tales somos tambi\u00e9n nosotros en el mundo. Temor no le hay en el amor, antes el perfecto amor lanza hacia fuera el temor, pues el temor mira el castigo, y quien teme no ha alcanzado la perfecci\u00f3n en el amor. Amemos nosotros, porque \u00c9l nos am\u00f3 primero<\/em>(Jn 4, 14-19). Y sigue en el cap\u00edtulo 5: <em>Todo el que cree que Jes\u00fas es el Mes\u00edas, de Dios ha nacido; y todo el que ama al que engendr\u00f3, ama tambi\u00e9n al que ha nacido de \u00e9l. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando am\u00e1remos a Dios y pusi\u00e9ramos por obra sus mandamientos. Porque \u00e9ste es el amor de Dios: que guardemos sus mandamientos, y sus mandamientos no son pesados. Todo el que ha nacido de Dios vence al mundo y \u00e9sta es la victoria que venci\u00f3 al mundo: nuestra fe. \u00bfQui\u00e9n es el que vence al mundo, sino quien cree que Jes\u00fas es el Hijo de Dios?<\/em>(1Jn 5, 1-5).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed se educaban, hermanos, las primeras generaciones cristianas: era la confianza en Cristo que hab\u00eda resucitado de entre los muertos, que hab\u00eda subido a los cielos, en donde nos tiene preparada nuestra futura mansi\u00f3n; y hab\u00eda tocado los corazones con la punta invisible de su gracia redentora. No eran aquellos cristianos unos optimistas ingenuos, evadidos e ilusos. Sab\u00edan que hab\u00eda que seguir luchando y sufriendo, que subsistir\u00eda la enfermedad, la muerte y la injusticia. Pero ellos permanec\u00edan fieles, escuchaban a San Pablo, que dec\u00eda, por ejemplo, a los efesios: <em>As\u00ed, pues, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos, miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los Ap\u00f3stoles y profetas, siendo la piedra angular el mismo Cristo Jes\u00fas, en el cual todo el edificio arm\u00f3nicamente trabado se alza hasta ser templo santo en el Se\u00f1or, en el cual tambi\u00e9n vosotros sois jun<\/em><em>tamente edificados para ser morada de Dios en el esp\u00edritu<\/em>(Ef 2, 19-22). Aqu\u00ed no hay ret\u00f3rica, pero el lenguaje no puede ser m\u00e1s caudaloso y m\u00e1s abundante para expresar lo que significa la incorporaci\u00f3n del hombre a la familia de Dios. Segu\u00eda diciendo a los mismos efesios:<em>Renovaos en el esp\u00edritu de vuestra mente y revest\u00edos del hombre nuevo, creado seg\u00fan el ideal de Dios, en la justicia y santidad de la verdad<\/em>(Ef 4, 23-24). O bien a los g\u00e1latas:<em>Pues cuantos en Cristo fuisteis bautizados, de Cristo fuisteis revestidos. Ya no hay jud\u00edo ni gentil, no hay esclavo ni libre, no hay var\u00f3n ni hembra, pues todos vosotros sois uno en Cristo Jes\u00fas; y si vosotros sois de Cristo, descendencia sois, por tanto, y habr\u00e1 herederos conforme a la promesa<\/em>(Gal 3, 27-29).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Era este mensaje el que llenaba el coraz\u00f3n, como lo ha llenado siempre a lo largo de los siglos, porque es de lo que el hombre est\u00e1 m\u00e1s necesitado, de una confianza en Dios que le permita descubrir el sentido \u00edntimo de la existencia humana, las leyes aut\u00e9nticas del amor y del servicio, la fuerza superadora de los ego\u00edsmos, la sabidur\u00eda para entender cu\u00e1n falsas son las pobres luces que encendemos los hombres a lo largo del camino para iluminarnos con su parpadeo fugaz y vacilante. Dios, nuestro Dios, el Dios del cristianismo, es nuestro Padre, que nos ama siempre, que se hizo hombre y plant\u00f3 su tienda entre nosotros, que nos perdona y nos espera, que muri\u00f3 y resucit\u00f3 para darnos la vida, que nos manda amarnos unos a otros en nuestra relaci\u00f3n de amigos, de esposos, de ciudadanos, de constructores del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Amo a ese Dios que me ha sido revelado por Cristo, su Hijo divino, y tengo confianza en \u00c9l. Con San Pablo digo y dir\u00e9 siempre: <em>S\u00e9 de qui\u00e9n me he fiado. Scio cui credidi<\/em> (2Tim 1, 12); y no es obst\u00e1culo para amarle y seguir d\u00e1ndole mi confianza de criatura humana, indigente y pobre, pero con aspiraciones que s\u00f3lo se sacian cuando se toca el infinito, no es obst\u00e1culo para ello la existencia del mal, de la enfermedad, de la muerte, del riesgo y la cat\u00e1strofe. Todo esto forma parte de la trama y me invita a realizarme plenamente luchando contra ello con la humilde siembra de mis esfuerzos de amor y de hermandad. S\u00e9 que, si logro que otro hermano m\u00edo me ayude a sembrar ese amor y esa justicia, ya no estar\u00e1 solo, y con nosotros dos vendr\u00e1n otros muchos, y antes que nosotros todos los que nos han precedido y han hecho lo mismo, han fomentado la esperanza y seguiremos haci\u00e9ndolo, movidos ellos y nosotros por un resorte invisible que no es de este mundo, el auxilio y la gracia de Dios para seguir haciendo el bien a pesar de todo. En esto consiste el optimismo en el combate de la fe.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Confianza en la Iglesia del Concilio<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Segunda reflexi\u00f3n. Hermanos m\u00edos: ya no hablo ahora del hombre solo en su existencia personal, aun cuando las consideraciones que acabo de hacer, si bien referidas directamente a \u00e9l, a cada cristiano, a cada uno de vosotros, por el dinamismo que llevan dentro, forzosamente nos colocan dentro de la dimensi\u00f3n social que nos une a todos los miembros del cuerpo m\u00edstico. Pero quiero referirme estrictamente ahora a este aspecto, al de nuestra condici\u00f3n de congregados en una sociedad religiosa que se llama Iglesia. Digo: confianza en la Iglesia, y concretamente confianza en la Iglesia del Concilio. No se puede vivir sin esta confianza en Dios, y va inseparablemente unida a mi confianza en la Iglesia, porque, gracias a esa Iglesia, conozco al Dios en quien conf\u00edo. Lo que yo s\u00e9 de Dios y de Cristo, su enviado, me lo dicen, s\u00ed, las Sagradas Escrituras. Pero s\u00f3lo gracias a la Iglesia tengo la seguridad de conocer sin error lo que las Escrituras Sagradas me dicen: <em>Id y ense\u00f1ad a todas las gentes <\/em>\u2013dijo Jesucristo\u2013 <em>ense\u00f1adles a practicar todo cuanto yo os he mandado; he aqu\u00ed que yo estar\u00e9 con vosotros hasta la consumaci\u00f3n de los siglos. El que a vosotros oye, a m\u00ed me oye; y el que a vosotros desprecia, a m\u00ed me desprecia<\/em> (Mt 28, 19-20; Lc 10, 16).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Confianza en la Iglesia, s\u00ed. Esta Iglesia del Concilio, hermanos m\u00edos, que es la misma de siempre, madre y maestra, camino seguro de paz y salvaci\u00f3n; abierta en sus fecundas entra\u00f1as para recibir siempre la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, que engendra con nueva fuerza actitudes m\u00e1s acomodadas, conforme lo pidan las cambiantes circunstancias de la historia. Esta Iglesia de hoy es la misma que la del siglo pasado, la misma, a vosotros os digo, hijos de Barcelona, la misma que la de San Jos\u00e9 Oriol y la de San Raimundo de Pe\u00f1afort y la de San Pedro Nolasco y la de San Paciano. Es la misma, a todos me dirijo, que la de San Vicente de Pa\u00fal, que la del Cura de Ars, la de San Juan Bosco y de la de San Jos\u00e9 Cottolengo, la del beato \u00c1vila y Santa Teresa de Jes\u00fas y San Carlos Bo- rromeo, la de Santo Tom\u00e1s de Aquino y San Francisco de As\u00eds, la de San Agust\u00edn, San Cipriano y San Ambrosio. Es la misma. El Concilio no ha cambiado, no puede cambiar la fe y la creencia. Adoramos la misma Eucarist\u00eda de la que el Concilio ha hablado y a la que despu\u00e9s tantas veces se refiere Pablo VI. Veneramos a la misma sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, a la que Pablo VI ha querido llamar Madre de la Iglesia. Seguimos creyendo en Cristo resucitado, a quien volvemos hoy los ojos, como siempre los volvi\u00f3 la Iglesia ayer, para explicarse a s\u00ed misma. Afirmamos la verdad, de que ella es depositar\u00eda \u00edntegra, sin renunciar a nada de lo que constituye el dep\u00f3sito, como ha recordado tantas veces el Papa actual, precisamente al hablar de las cuestiones ecum\u00e9nicas y mantenemos la misma doctrina moral que brota de los mandamientos de la ley de Dios. Recibimos y guardamos los mismos sacramentos instituidos por Cristo nuestro Se\u00f1or para darnos la gracia y las virtudes. Es, en suma, en una palabra, la misma Iglesia, una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica, de la que nos ha hablado el Papa en su documento sobre el A\u00f1o de la fe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces, \u00bfqu\u00e9 ha cambiado? Me esforzar\u00e9 por decirlo, con la dificultad que entra\u00f1a responder en pocas palabras a una pregunta tan compleja.<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li><em>Primero:<\/em> ha cambiado un estilo y un modo de actuar. Del aislamiento, que a veces era augusta soledad y a veces silencio cerrado, se pasa a la comunicaci\u00f3n y al di\u00e1logo y al examen conjunto de situaciones y de problemas.<\/li>\n\n\n\n<li><em>Segundo:<\/em> ha cambiado el cuadro de an\u00e1lisis y de contemplaci\u00f3n. De detenerse en el examen de la doctrina pose\u00edda, se pasa a un intento que nunca ha dejado de existir, pero que ahora se acent\u00faa, de esclarecer m\u00e1s todo lo que esa verdad posee.<\/li>\n\n\n\n<li><em>Tercero<\/em>: ha cambiado, como consecuencia de lo anterior, el esfuerzo de reflexi\u00f3n y de impulso apost\u00f3lico que apunta con acentos m\u00e1s fuertes que antes, hacia objetivos nunca extra\u00f1os a la misi\u00f3n de la Iglesia, pero reconocidos como m\u00e1s urgentes ahora, porque el Esp\u00edritu de Dios nos llama a ellos. Juan XXIII en la constituci\u00f3n <em>Humanae salutis<\/em> con que promulg\u00f3 el Concilio, lo se\u00f1alaba as\u00ed. Objetivos: rejuvenecimiento de la Iglesia, dentro de la fidelidad a sus esencias; nuevo esfuerzo hacia la unidad y ayuda a un mundo que busca la paz. Todos los documentos conciliares, si se examinan bien, obedecen a estos objetivos.<\/li>\n\n\n\n<li><em>Cuarto:<\/em> ha cambiado tambi\u00e9n el modo con que la Iglesia se contempla a s\u00ed misma en su relaci\u00f3n con el hombre, con el mundo y con las realidades de la tierra, con las dem\u00e1s confesiones cristianas, con todas las religiones en que los hombres adoran a Dios. Hoy se perfilan, porque el esp\u00edritu de Dios nos lleva por ah\u00ed, nuevos modos que encontrar\u00edan antecedentes, desde luego, en la historia de la Iglesia, pero que en su expresi\u00f3n conjunta m\u00e1s bien pertenecen a este momento hist\u00f3rico, prueba de la fecundidad de las mismas entra\u00f1as de la Iglesia.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De una, a veces, excesivamente reiterativa complacencia en las afirmaciones a que la Iglesia se sabe autorizada, por haber sido fundada por Cristo y por ser el camino de la verdad, se pasa a un mayor rigor en el reconocimiento de las faltas de los hombres e instituciones que a ella pertenecen, a una mayor humildad, que siempre es fuente de perfecci\u00f3n, a un vivo aprecio de los valores naturales de la creaci\u00f3n, a una m\u00e1s fervorosa atenci\u00f3n a las exigencias de la dignidad humana, a una llamada m\u00e1s apremiante a la sinceridad y autenticidad religiosa en la vida lit\u00fargica, en las relaciones entre Iglesia y Estado, en el se\u00f1alamiento de las ra\u00edces de la libertad religiosa, en los derechos del hombre como criatura humana, en la defensa de la paz y la justicia en favor de todos y especialmente de los m\u00e1s pobres y necesitados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Traducir estos cambios queridos por Dios a niveles pr\u00e1cticos de acci\u00f3n es dif\u00edcil, y da origen a perturbaciones casi inevitables, y \u00e9ste es el momento que estamos viviendo. Tanto se puede pecar por exceso como por defecto, pero lo que no se puede hacer es dejar de tener confianza en esta Iglesia que se renueva sin renegar de s\u00ed misma, que se acerca m\u00e1s al mundo sin perder su uni\u00f3n con Dios. Se hace m\u00e1s misionera precisamente por querer ser m\u00e1s fiel; m\u00e1s dialogante para aproximarse m\u00e1s en el servicio de su autoridad; m\u00e1s humilde para amar mejor; menos ostentosa para facilitar m\u00e1s los encuentros; menos r\u00edgida en sus estructuras para que no se ahoguen los dones de Dios entre las mallas superpuestas por nuestras manos. Conseguir esta nueva fisonom\u00eda no ser\u00e1 posible si no se avanza en profundidad sobre las bases de una m\u00e1s intensa vida de oraci\u00f3n, sin la cual la fe se extingue; de una m\u00e1s pura obediencia, sin la cual la unidad desaparece; de un mayor respeto mutuo, sin el cual la caridad es palabra vana. Y en esto viene insistiendo el Papa continuamente para los que tengan o\u00eddos y quieran o\u00edr y para los que tengan ojos y quieran ver.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tengo confianza en la Iglesia del Concilio, sencillamente porque tengo confianza en la Iglesia de Dios. Lo que importa es que nosotros, los hijos de la Iglesia, adoptemos las actitudes espirituales profundas que el Concilio nos pide. \u00a1Ah, si se hiciera un esfuerzo serio en todas las comunidades parroquiales, en todos los niveles, en todas las curias diocesanas, en todas las \u00f3rdenes y congregaciones religiosas, en todas las asociaciones de apostolado seglar, en todas las familias a quienes ha llegado de alg\u00fan modo lo que el Concilio pide! \u00a1Si se hiciera un esfuerzo serio de reflexi\u00f3n, as\u00ed, d\u00f3ciles al esp\u00edritu de Dios, unidos en com\u00fan obediencia a nuestros pastores, recibiendo con humildad las luces que por ah\u00ed pueden venirnos! \u00a1Qu\u00e9 maravilla, el espect\u00e1culo que podr\u00eda dar la Iglesia en este mundo de hoy tan dividido y desconcertado!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso es necesario que unos y otros depongamos actitudes recelosas y fomentemos en lo que est\u00e9 de nuestra parte esa paz del esp\u00edritu, indispensable para poder realizar la tarea posconciliar a que estamos llamados. Todos estos d\u00edas he invocado, adem\u00e1s de textos conciliares, p\u00e1rrafos expresos del Papa Pablo VI. Escuchad ahora estas palabras suyas, muy importantes, pronunciadas en marzo de 1965, pocos meses antes de que el Concilio terminase. Ya estaba viendo venir \u00e9l, ya hab\u00eda empezado a aparecer algo de lo que ahora padecemos. Dec\u00eda entonces el Papa: \u201c\u00bfQu\u00e9 habremos de decir de los que parece que no saben aportar a la vida eclesi\u00e1stica m\u00e1s que la amargura de su cr\u00edtica delet\u00e9rea y sistem\u00e1tica? \u00bfQu\u00e9 decir de los que niegan o ponen en duda la validez de la ense\u00f1anza tradicional de la Iglesia para inventar teor\u00edas nuevas e insostenibles?\u00bfQu\u00e9 decir de los que parece que se gozan en crear corrientes contrarias, en sembrar sospechas, en negar a la autoridad la fidelidad y la docilidad, en reivindicar autonom\u00edas carentes de fundamento y de sabidur\u00eda? \u00bfQu\u00e9 decir de los que, por d\u00e1rselas de modernos, encuentran hermoso, imitable y sostenible todo lo que ven en campo ajeno, e insoportable, discutible y anticuado todo lo que hay en nuestro campo?\u201d<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>. Nadie piense que estas palabras van dirigidas a unos s\u00ed, y a otros no. Van dirigidas a todos, porque todos tenemos que reflexionar. Todos, absolutamente. Y, s\u00f3lo cuando se logre esta conciencia colectiva, nos situaremos en camino para conseguir los frutos del Concilio. Continuaba diciendo el Papa: \u2018\u2018No queremos, naturalmente, criticar el proceso de purificaci\u00f3n y de renovaci\u00f3n \u2013\u00bflo veis? \u2018purificaci\u00f3n y renovaci\u00f3n\u2019\u2013, que actualmente sacude y regenera a la Iglesia, y que ha sido ella la primera en fomentar y en reclamar. Pero quien interprete el Concilio como una relajaci\u00f3n de los compromisos internos de la Iglesia para con su fe, su tradici\u00f3n, su aspecto, su caridad, su esp\u00edritu de sacrificio, su adhesi\u00f3n a la palabra y a la cruz de Cristo, o como una indulgencia condescendiente para con la fr\u00e1gil y voluble mentalidad relativista de un mundo sin principios y sin fines trascendentes, como un cristianismo m\u00e1s c\u00f3modo o menos exigente, se equivocar\u00eda\u201d<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>. Son palabras del Papa.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Confianza en la sociedad religiosa espa\u00f1ola<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una tercera y \u00faltima reflexi\u00f3n. En este mensaje que yo os predico esta noche, confianza tambi\u00e9n en la sociedad religiosa espa\u00f1ola. Libre de toda jactancia, libre de todo alarde inconveniente, lejos tambi\u00e9n de todo intento de establecer comparaciones con otros pa\u00edses, lo que afirmo es que, en Espa\u00f1a, en la sociedad religiosa espa\u00f1ola en su conjunto, podemos abrir con humildad caminos de perfeccionamiento hacia el futuro, que, recogiendo muchas de las cosas buenas que existen, nos permitan establecer lo que falte. Ser\u00e1 indispensable tambi\u00e9n, como lo es en toda la Iglesia, un clima espiritual de concordia y de paz, de tolerancia y respeto de unos para con otros, de b\u00fasqueda serena de los mejores procedimientos, para lograr, entre todos, el deseado progreso. Har\u00edamos mal, muy mal, en renegar sistem\u00e1ticamente de un pasado y de un presente que ofrecen tantos aspectos beneficiosos y positivos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La unidad cat\u00f3lica debe estar acompa\u00f1ada, ciertamente, de un mayor dinamismo, como el Papa recordaba en su mensaje al Congreso Eucar\u00edstico de Le\u00f3n. Pero la unidad cat\u00f3lica es un bien, como el mismo Papa afirm\u00f3. Dentro de esta unidad cat\u00f3lica hay valores religiosos de primer orden, afirmados como tales por el Concilio; por ejemplo, la vida eucar\u00edstica, tanto en lo que tiene de participaci\u00f3n en el sacrificio de la Misa, como en lo que ofrece de culto y recepci\u00f3n del Sacramento \u2013leed los documentos <em>Lumen Gentium<\/em> y <em>Sacrosanctum Concilium,<\/em> este \u00faltimo relativo a la liturgia\u2013. La devoci\u00f3n a la Virgen Sant\u00edsima jam\u00e1s olvidada por la Iglesia; la adhesi\u00f3n cordial a la Santa Sede, de la que el Concilio tambi\u00e9n ha hablado como de un insoslayable deber de todo cat\u00f3lico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Negar que existan estos valores en gran proporci\u00f3n en la sociedad religiosa espa\u00f1ola, es negar la evidencia. Lo que haya que corregir se corrige, tratando de perfeccionarlo, pero no destruy\u00e9ndolo. La renovaci\u00f3n lit\u00fargica ha encontrado disposiciones muy favorables, y si todav\u00eda esta renovaci\u00f3n es m\u00e1s bien consistente en actitudes externas, ello se debe a la dificultad intr\u00ednseca de lo que es la liturgia en su acepci\u00f3n m\u00e1s profunda. En este sentido, los cat\u00f3licos de todos los pa\u00edses encuentran dificultades para asimilar toda la fuerza de renovaci\u00f3n interior que lleva consigo la liturgia en su consideraci\u00f3n m\u00e1s trascendente y profunda. Pero disposiciones favorables existen y son bien claras en la sociedad religiosa de Espa\u00f1a. Los nuevos planteamientos de la libertad religiosa y del ecumenismo, salvo aisladas reacciones, bien explicables, han sido recibidos con un inmenso af\u00e1n de comprensi\u00f3n. Las ense\u00f1anzas y disposiciones sobre el laicado, es cierto, han originado tensiones, no s\u00f3lo entre nosotros. Es de justicia reconocer que ello se debe a condicionamientos externos cuya complejidad es evidente y a una falta de estudio reposado de los documentos conciliares.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No debemos olvidar que la adaptaci\u00f3n de hombres, instituciones y estructuras a la nueva psicolog\u00eda de la Iglesia, de la que ha hablado el Papa, no es cosa de un d\u00eda, ni aqu\u00ed en Espa\u00f1a ni en ninguna parte del mundo. Prueba de ello es que en todos los pa\u00edses van apareciendo documentos de los obispos, referidos a los mismos problemas que aqu\u00ed estamos padeciendo. Si tenemos otros m\u00e1s particulares y propios, no hemos de rehuirlos. Pero habremos de buscar con paz las soluciones necesarias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los postulados del Concilio, no nuevos, directamente, en la doctrina de la Iglesia, porque podr\u00edamos invocar como textos paralelos de los que el Concilio ha se\u00f1alado, casi todos los documentos de P\u00edo XII; los postulados del Concilio, digo, respecto al orden social y pol\u00edtico, a la regulaci\u00f3n de la libertad, del trabajo, de la vida econ\u00f3mica, hemos de trabajar todos para hacerlos realidad, pero procediendo de tal modo que no se nos convierta en un incendio lo que tiene que ser luz y llama purificadora. Yo tengo confianza humilde en la sociedad religiosa espa\u00f1ola. La tengo en nuestros obispos, a veces tan mal tratados. La tengo en nuestros sacerdotes, j\u00f3venes y mayores, en los m\u00e1s afanosos e inquietos y en los que parece que est\u00e1n m\u00e1s estancados. En unos, encuentro un af\u00e1n nobil\u00edsimo, acaso un poco precipitado, de avanzar en ese di\u00e1logo con el mundo para hacerle sentir m\u00e1s la presencia de Cristo; en otros, encuentro, en lugar de estancamiento, una actitud de veneraci\u00f3n y de respeto propia del hombre de Dios hacia el misterio de lo sagrado, conforme a lo cual \u00e9l se educ\u00f3. No podemos improvisar actitudes nuevas en este orden, como en ning\u00fan otro orden de la vida, con un af\u00e1n de precipitar las cosas, desconociendo las leyes que rigen el proceso del pensamiento y de las actitudes humanas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tengo confianza en los sacerdotes que trabajan en ciudades populosas como Barcelona, y en el clero rural de Espa\u00f1a, tantas veces olvidado y que realiza una espl\u00e9ndida labor de espiritualidad y de cultura junto a las familias, a las cuales trata y cultiva asiduamente en su vida religiosa. Tengo confianza en los laicos, en los hogares cat\u00f3licos, en los movimientos de Acci\u00f3n Cat\u00f3lica, en los movimientos generales, parroquiales y especializados, en las dem\u00e1s asociaciones, en las Congregaciones Marianas, en los Cursillos de Cristiandad; en tantos y tantos grupos que, movidos por el esp\u00edritu de Dios, tratan de difundir sobre la parcela del mundo aquello que mueven, la luz de sus principios y la fuerza de sus convicciones. Tenemos que defender esos puntos de vista, reconociendo la legitimidad de divergencia en la aplicaci\u00f3n de los criterios al orden temporal, pero salvando como cristianos los lazos de amor, para construir entre todos, sin excluir absolutamente a nadie. No vayamos a caer hoy, cuando discutimos de la Inquisici\u00f3n de ayer, en una inquisici\u00f3n nueva. Anta\u00f1o podr\u00eda ser la Inquisici\u00f3n que persegu\u00eda a los herejes; hoy podr\u00edamos caer en la inquisici\u00f3n que desprecia al que no piensa como yo. Y, a veces, hay m\u00e1s crueldad en ese insolente y desde\u00f1oso desprecio con relaci\u00f3n a los dem\u00e1s, que en los tormentos de una prisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hace falta iluminar los problemas temporales. Y esto no se hace tampoco en un d\u00eda. El Concilio nos habla de una doctrina de alcance universal. Los te\u00f3logos tienen que esforzarse siguiendo el camino marcado por el Papa y el Magisterio; colaborando con \u00e9l, tienen que esforzarse por dar luz a estos problemas. Aqu\u00ed las facultades de teolog\u00eda de Salamanca, de Comillas, de Deusto, de Granada, de Burgos y de Barcelona; que surjan grupos de te\u00f3logos que se esfuercen por profundizar con su pensamiento en las realidades de hoy con las luces de siempre. As\u00ed es como podemos ir abriendo nuevos caminos. Hace falta m\u00e1s sentido de lo positivo que hay en unos y en otros, porque existen muchas cosas positivas, m\u00e1s que negativas. Lo importante es, vuelvo a decir, una actitud humilde para reconocerlo en unos y en otros. Hace falta m\u00e1s confianza en Dios y menos en nosotros mismos, porque a veces damos la impresi\u00f3n de que todo el esfuerzo de adaptaci\u00f3n conciliar depende del art\u00edculo que yo voy a escribir en el peri\u00f3dico, de la conferencia que voy a pronunciar en tal centro que me ha invitado, de la relaci\u00f3n que tenga con el grupo que simpatiza con mi ideolog\u00eda, como si todo dependiera de eso. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 nuestro recurso a Dios omnipotente, nuestra oraci\u00f3n pidiendo los auxilios divinos para que nos ayude a todo, a todos, \u00c9l, que busc\u00f3 personas de condiciones dispares?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todos cabemos en el reino de Dios, y el Esp\u00edritu Santo invita y llama a unos y a otros; no busca nunca una l\u00ednea de rigidismo inflexible. El Esp\u00edritu Santo llama a la dulce y Santa Virgen Mar\u00eda para que empiece a colaborar en el reino de Dios. Pero Cristo tambi\u00e9n llama a Pedro, el hombre rudo, y a Pablo, el hombre vehemente. Son l\u00edneas diversas, actitudes muy distintas en unos y otros; y uno predicar\u00e1 la doctrina y el otro fomentar\u00e1 la piedad, y \u00e9ste cultivar\u00e1 los ni\u00f1os, y aqu\u00e9l a las masas, y \u00e9se a un peque\u00f1o grupo. Pero todos son dones del Se\u00f1or que buscan la uni\u00f3n de todas las fuerzas en el servicio a su Iglesia. Por ah\u00ed tenemos que ir.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Confianza en el amor que nos une<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por \u00faltimo, invoco y hago apelaci\u00f3n, como motivo de renovada confianza, a otra fuerza que se nos ofrece a quienes humildemente queramos aprovecharla: el amor que nos une. S\u00ed, est\u00e1 ah\u00ed, en nuestras almas redimidas por el mismo Cristo: en nuestros afanes apost\u00f3licos, coincidentes en el mismo deseo, extender el reino de Dios; en nuestros sufrimientos, producidos por el mismo motivo, la dificultad que encontramos siempre, por causa de nuestra limitaci\u00f3n, para vencer los obst\u00e1culos que se oponen desde el interior del coraz\u00f3n humano a la acci\u00f3n de la gracia santificadora y elevante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfC\u00f3mo no hemos de amarnos, si entre todos formamos la misma familia a quien Dios ha encomendado la misma heredad para que la guardemos y la cultivemos con el mayor esmero? En lugar de pol\u00e9micas in\u00fatiles, hagamos esfuerzos para comprendernos mutuamente; en lugar de actitudes cerradas, mano abierta para d\u00e1rnosla unos a otros y ayudarnos a salvar el oleaje encrespado; en lugar de desprecio de las generaciones, que introduce abismos de separaci\u00f3n in\u00fatil, coloquio y oraci\u00f3n en com\u00fan, que nos permita descubrir de nuevo los rasgos de familia que todos llevamos en nuestro rostro fatigado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">S\u00ed, se necesita que en Espa\u00f1a nos decidamos a vivir de este amor que nos une. Con \u00e9l todo puede ser salvado, y todas las renovaciones son posibles. Sin \u00e9l, el encono sustituir\u00e1 al respeto, la pasi\u00f3n al juicio, el ataque al an\u00e1lisis, y la que saldr\u00e1 perdiendo, por falta de manos amorosas que sepan cultivarla, ser\u00e1 la vi\u00f1a del Se\u00f1or, siempre necesitada de los cuidados de todos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Eran los d\u00edas finales del S\u00ednodo, en el mes de octubre pasado. Los cuatro obispos espa\u00f1oles que asistimos, el Cardenal de Santiago de Compostela, el Arzobispo de Madrid, el Obispo Secretario del Episcopado Espa\u00f1ol y un servidor, fuimos recibidos por el Papa. Faltaban pocos d\u00edas ya, repito, para la operaci\u00f3n que Su Santidad sufri\u00f3 despu\u00e9s. Estaba fatigado. Nos referimos a aquel dolor que \u00e9l padec\u00eda; le compadec\u00edamos nosotros, como hermanos e hijos. Y nos dijo: \u201cSon otros, son otros los sufrimientos que pesan sobre m\u00ed. Es la Iglesia, la Iglesia de hoy. Yo cre\u00eda, esperaba, que pronto, despu\u00e9s del Concilio, iba a haber un momento de paz y de esplendor en la Iglesia; pero no ha sido as\u00ed\u201d. Y recordando el texto evang\u00e9lico de la par\u00e1bola de la ciza\u00f1a (Mt 13, 28), dijo: <em>Inimicus homo hoc fecit: ha sido enemigo,<\/em> el demonio ha venido a sembrar la ciza\u00f1a y ha perturbado los esp\u00edritus. No hay amor para entender los textos conciliares, y estamos sufriendo\u201d. Y a\u00f1adi\u00f3: \u201cYa s\u00e9 que ustedes sufren tambi\u00e9n en Espa\u00f1a, tambi\u00e9n est\u00e1n sufriendo, s\u00ed. Esto es \u2013a\u00f1adi\u00f3\u2013 como una granizada que cae en un jard\u00edn de flores. Cuantas m\u00e1s flores hay, m\u00e1s da\u00f1o hace; y en Espa\u00f1a hab\u00eda muchas flores de piedad y de devoci\u00f3n. Prediquen mucho el amor, insistan, insistan, a sacerdotes, religiosos y laicos, que se unan m\u00e1s en el amor cristiano, que s\u00f3lo as\u00ed podr\u00e1n superarse las dificultades de abrirse caminos para seguir viviendo todos humildemente la doctrina que el Concilio ha querido darnos para el bien de la Iglesia\u201d. Un\u00e1monos, pues, en el amor, y para ello un\u00e1monos de nuevo en la afirmaci\u00f3n de nuestra fe cantando el Credo que nos une, cant\u00e1ndolo vigorosamente, con toda la fuerza de nuestro esp\u00edritu y la humildad de nuestro coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Pablo VI, Homil\u00eda del mi\u00e9rcoles 31 de marzo de 1965: IP III, 1965, 894.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Ib\u00edd.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada el 22 de marzo de 1968, viernes de la tercera semana de Cuaresma. Deseo hablaros esta noche sobre el optimismo cristiano, el optimismo en el combate de la fe; es decir, quiero predicaros un mensaje de confianza. Tengo el deber de predicarlo. 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