{"id":927,"date":"2024-09-24T23:21:50","date_gmt":"2024-09-24T21:21:50","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=927"},"modified":"2024-09-27T13:46:12","modified_gmt":"2024-09-27T11:46:12","password":"","slug":"actitudes-del-hombre-que-tiene-fe","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/actitudes-del-hombre-que-tiene-fe\/","title":{"rendered":"Actitudes del hombre que tiene fe"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Conferencia pronunciada el 15 de marzo de 1968, viernes de la segunda semana de Cuaresma.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestra fe en Jesucristo Salvador y en la Iglesia, sacramento de salvaci\u00f3n, Iglesia que garantiza la permanencia en el mundo de los frutos de la redenci\u00f3n operada por Jesucristo nuestro Se\u00f1or, exige del hombre que cree, actitudes que est\u00e9n en armon\u00eda con dos cosas: con el don que Dios nos ofrece y con el propio Dios oferente de ese don. Vamos a hablar esta noche de algunas de estas actitudes cristianas necesarias para lograr la relaci\u00f3n amorosa del hombre que cree, con ese Dios que le ofrece el don de la salvaci\u00f3n y con ese propio don ofrecido por Dios.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El don, la gracia; el donante, Dios<\/h2>\n\n\n\n<p>El don que se nos ofrece, el don de la salvaci\u00f3n, es gratuito. Consiste en una participaci\u00f3n de la vida divina incoada aqu\u00ed en la tierra y plenamente conseguida en el cielo. Nosotros no tenemos derecho ninguno derivado de nuestra naturaleza a poseer este don. El hombre, por s\u00ed misino, no puede ser nunca m\u00e1s que esto, un hombre. Y para participar en la vida divina necesita ser transformado y elevado a una nueva condici\u00f3n por el mismo Dios. Ese don que se nos da es la gracia santificante, la que nos hace consortes de la naturaleza divina, hijos de Dios, herederos del cielo. Hijos de Dios significa que el Se\u00f1or, que nos ha creado, nos eleva a nueva condici\u00f3n y establece con nosotros una relaci\u00f3n totalmente superior a la que pod\u00eda correspondernos si solamente se limitara a mirarnos como obra de sus manos creadoras.<\/p>\n\n\n\n<p>Es l\u00f3gico que, por parte del hombre que tiene fe, para hacerse merecedor de este don y de la conservaci\u00f3n del mismo, hayan de existir actitudes espirituales y religiosas que permitan situarle de alguna manera en armon\u00eda con la grandeza del don que se nos ofrece. Al llamarnos Dios a ser hijos suyos, ya no nos contempla como una cosa creada, sino que nos sit\u00faa dentro de su intimidad. No sabemos qu\u00e9 actitudes han de ser las que el hombre que cree haya de tener como consecuencia de esta acci\u00f3n generosa de Dios sobre \u00e9l. Pero <em>a priori<\/em> vemos que tienen que ser actitudes nuevas, en conformidad con esta elevaci\u00f3n a que Dios lleva al hombre, merced a un designio puramente de amor por su parte. Y no s\u00f3lo en armon\u00eda con el don que se nos ofrece, sino tambi\u00e9n las actitudes espirituales propias del hombre que cree han de estar en relaci\u00f3n con el mismo oferente, con Dios mismo, con Cristo, que es quien viene a ofrecernos este don.<\/p>\n\n\n\n<p>Jesucristo nos lleva al Padre. Jesucristo nos env\u00eda el Esp\u00edritu Santo. Entonces el donante es Dios en su Trinidad, y la relaci\u00f3n nuestra con este Dios que nos ofrece el don de la salvaci\u00f3n ha de ser una relaci\u00f3n de amor con Dios Padre, con Dios Hijo, con Dios Esp\u00edritu Santo. En su di\u00e1logo con la Samaritana, dice el Se\u00f1or: <em>Si t\u00fa conocieras el don de Dios, y qui\u00e9n es el que te dice dame de beber, es posible que t\u00fa le hubieras pedido agua a \u00c9l, y \u00c9l te hubiera dado agua viva.<\/em> Aqu\u00ed habla Jesucristo de un don, de un donante, de agua viva. Sigui\u00f3 el di\u00e1logo con aquella mujer pecadora: <em>\u00bfC\u00f3mo es posible que t\u00fa puedas darme de beber? \u00bfC\u00f3mo es posible? No tienes nada con que sacar agua.<\/em> Y Jesucristo no hizo caso de esta observaci\u00f3n m\u00ednima, o minimizante, mejor dicho, que hac\u00eda la Samaritana. El continu\u00f3: <em>Cualquiera que beba de esta agua tendr\u00e1 otra vez sed; pero quien bebiere de esta agua que yo le dar\u00e9 nunca jam\u00e1s volver\u00e1 a tener sed; antes el agua que yo le dar\u00e9 vendr\u00e1 a ser dentro de \u00e9l un manantial que saltar\u00e1 hasta la vida eterna<\/em> (Jn 4, 10-14). Nos da un agua que es agua para la vida eterna, nos la da \u00c9l, el enviado del Padre para d\u00e1rnosla \u00c9l, que una vez que cumpla su misi\u00f3n en la tierra, dir\u00e1: <em>Os conviene que yo me vaya, pero no os dejar\u00e9 hu\u00e9rfanos; yo os enviar\u00e9 el Par\u00e1clito, el Consolador, el Esp\u00edritu de verdad<\/em> (Mt 16, 7-13).<\/p>\n\n\n\n<p>Este don, pues, es la gracia, y el donante es Dios mismo. \u00bfQu\u00e9 actitudes, vuelvo a preguntar, son las que, de un hombre que tiene fe, Dios exige para que se sit\u00fae en armon\u00eda, tanto con el don ofrecido como con el donante que nos lo da? Y entre otras que podr\u00edamos se\u00f1alar, que pertenecen a la esencia de la vida cristiana, me voy a fijar esta noche \u00fanicamente en tres, a las cuales me referir\u00e9 brevemente. Actitudes espirituales, religiosas, necesarias en el hombre que tiene fe y que debemos cultivar con esmero, hermanos m\u00edos en Jesucristo, para cuyo cultivo la Iglesia nos llama con frecuencia, pero de manera particular en este tiempo de salud que es la Cuaresma. Por eso estamos aqu\u00ed, y del mismo modo que yo lo hago, otros muchos sacerdotes de la Di\u00f3cesis, en otras iglesias, est\u00e1n hablando a los fieles tambi\u00e9n en nombre de estas mismas realidades divinas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ayer pude visitar el Cuerpo de bomberos en su propio cuartel. All\u00ed estuve departiendo con ellos y habl\u00e1ndoles, despu\u00e9s de conversar con peque\u00f1os grupos. Yo les dec\u00eda: Como San Pedro, yo podr\u00eda deciros: <em>No tengo oro ni plata, pero lo que tengo os doy<\/em> (Hch 3, 6). Yo no puedo daros la soluci\u00f3n de vuestros problemas temporales; no soy pol\u00edtico, yo no vengo a ofreceros un programa cultural; no soy un fil\u00f3sofo ni un cient\u00edfico, yo vengo a hablaros como un amigo, como un ciudadano y como un sacerdote; y como sacerdote os hablo sencillamente de esto, del alma, de Cristo, de la conciencia cristiana, de la esperanza, del sentido religioso de la vida. Es lo \u00fanico que yo puedo hacer, pero no es poco. Esta es mi misi\u00f3n, y en este mismo sentido os hablo aqu\u00ed a cuantos est\u00e1is en esta Catedral, y a cuantos me o\u00eds a trav\u00e9s de la radio. Lo hago en este tiempo santo de la Cuaresma, que debemos aprovechar los cristianos para acentuar en nosotros las buenas disposiciones que nos permitan ponernos en armon\u00eda con Dios nuestro Se\u00f1or y con los dones que \u00c9l nos ofrece, la gracia santificante que nos sit\u00faa en una \u00f3rbita de relaci\u00f3n mucho m\u00e1s estrecha, la que corresponde a un hijo con su padre.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues bien, estas actitudes espirituales que os se\u00f1alo esta noche aqu\u00ed, son: la humildad, la contrici\u00f3n de coraz\u00f3n, la esperanza. Y es necesario para poder poseerlas que Dios mismo nos ayude a alcanzarlas. Pero es igualmente necesario que nosotros pongamos de nuestra parte cuanto sea posible; es decir, se necesita cooperaci\u00f3n, sobre todo una vez que vivimos ya una vida cristiana que tiene como punto de partida la fe, de la cual no hemos renegado, sino, por el contrario, de la cual queremos vivir. Cooperaci\u00f3n nuestra, y Dios nos ayudar\u00e1 a tener estas tres actitudes b\u00e1sicas: humildad, contrici\u00f3n de coraz\u00f3n, esperanza.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>La humildad: par\u00e1bola del fariseo y el publicano<\/h2>\n\n\n\n<p>En primer lugar, la humildad. Y una vez m\u00e1s acudamos al santo Evangelio. San Lucas, cap\u00edtulo 18: par\u00e1bola del fariseo y el publicano.<em>Dijo, asimismo, a ciertos hombres que presum\u00edan de justos y despreciaban <\/em><em>a <\/em><em>los dem\u00e1s, esta par\u00e1bola. Dos hombres subieron al Templo a orar, el uno era fariseo y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba <\/em><em>en <\/em><em>su interior de esta manera: Oh Dios, yo te doy gracias de que no soy como los dem\u00e1s hombres, ladrones, injustos, ad\u00falteros, ni tampoco como <\/em><em>este <\/em><em>publicano; ayuno dos veces por semana, pago los diezmos de todo lo que poseo. El publicano, al contrario, puesto all\u00e1 lejos, ni aun los ojos osaba levantar al cielo, sino que se daba golpes de pecho, diciendo: Dios m\u00edo, ten misericordia de m\u00ed, que soy un pecador. Os aseguro, pues, <\/em><em>que <\/em><em>\u00e9ste volvi\u00f3 a su casa justificado, mas no el otro, porque todo <\/em><em>aquel <\/em><em>que se ensalza ser\u00e1 humillado, y el que se humilla ser\u00e1 ensalzado.<\/em> (Lc 18, 10-14). No puede decirse m\u00e1s en menos palabras. \u00a1Qu\u00e9 cuadro tan vivo, tan gr\u00e1fico, tan expresivo de las dos actitudes espirituales entre los hombres de todos los tiempos!<\/p>\n\n\n\n<p>Observemos, en primer lugar, la actitud del fariseo: <em>Yo no soy como los dem\u00e1s hombres.<\/em> Ya est\u00e1 ah\u00ed la frase inadmisible para el trato con Dios, totalmente incompatible con un sentido cristiano de la vida. Yo veo en esta frase del fariseo, expresada en sentido negativo, una resonancia de la que en sentido positivo pronunci\u00f3 la serpiente dirigida a nuestros primeros padres: <em>Ser\u00e9is como dioses<\/em> (Gn 3, 5). Viene a tener un sentido muy semejante, porque el que dice \u201cno soy como los dem\u00e1s\u201d, es como si dijera \u201csoy m\u00e1s que los dem\u00e1s\u201d, y esto es falso, radicalmente falso. Si eres hombre, eres como los hombres, no como Dios. Entonces no hay ninguno que, en su relaci\u00f3n con Dios, puesto a compararse con los dem\u00e1s, pueda decir que es distinto de los dem\u00e1s, en ese sentido tan global y absoluto en que pronuncia la frase aqu\u00ed el fariseo, puesto que hay una distancia infinita entre el hombre y Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>La humildad, por otro lado, no es apocamiento, cobard\u00eda, debilidad. No. Es conciencia exacta de los l\u00edmites, es sentido de justicia, puesto que implica el reconocimiento de lo que a cada uno corresponde: al hombre, lo que es del hombre, y a Dios, lo que es de Dios. La humildad no es un valor puramente \u00e9tico, sino estrictamente religioso, puesto que sit\u00faa al hombre en una relaci\u00f3n justa con el que es Se\u00f1or de su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>La sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda en su canto del <em>Magn\u00edficat<\/em> vincula al hecho de su humildad la consecuencia de su bienaventuranza: <em>porque ha contemplado Dios la humildad de su esclava, por eso me llamar\u00e1n bienaventurada todas las generaciones<\/em> (Lc 1, 48). Ha contemplado su humildad y por eso mismo la llamar\u00e1n bienaventurada. Pero la bienaventuranza de la Virgen fue bienaventuranza religiosa. Fue feliz porque lleg\u00f3 a tener la intimidad con Dios que solamente la Madre de Dios ha tenido en la tierra. Esa bienaventuranza religiosa que ella proclama, movida por el mismo Esp\u00edritu de Dios, est\u00e1 vinculada al hecho de la humildad, reconocida por existente. En la actitud humilde de nuestro trato con Dios hay verdad, justicia, honestidad y amor. No se es humilde en el sentido cristiano por una especie de ciega sumisi\u00f3n al due\u00f1o de nuestros destinos. Se es humilde por una actitud de amor a Aqu\u00e9l cuya grandeza reconocemos y no queremos quebrantar. Humildad, por consiguiente, ante Dios para aceptar sus leyes, su revelaci\u00f3n, su Iglesia y las disposiciones que \u00e9sta da, cuando sirve a los hombres con la autoridad que Cristo le confiri\u00f3 para conducirles por el camino de la salvaci\u00f3n; humildad ante Dios en las cosas de la vida, en la enfermedad, en el dolor, en el triunfo, en el fracaso, en la lucha, en la muerte; humildad ante Dios en la oraci\u00f3n, en la adoraci\u00f3n de sus misterios, en el silencio desconcertante de Dios; \u00e9stas son actitudes verdaderas de humildad.<\/p>\n\n\n\n<p>Por aqu\u00ed tenemos que empezar. Es la gran virtud cristiana. Es b\u00e1sica y fundamental. Limitamos demasiado esta virtud cuando la reducimos, en tratamiento puramente asc\u00e9tico de la misma, a decir que tenemos que ser humildes para evitar el pecado del engreimiento. Cuando hablamos de esta manera tan simplista, enseguida vemos dos polos. Por un lado, lo pecaminoso, la soberbia, el grito rebelde. \u00a1Pero hay pocos hombres que lancen gritos rebeldes contra Dios! Por otro lado, la humildad, que ponemos como remedio. Es minimizar demasiado. La soberbia no consiste en gritos rebeldes; la soberbia es querer organizar las cosas de este mundo en la propia vida personal, particular, o en la vida p\u00fablica, olvid\u00e1ndonos de deberes fundamentales que tenemos todos, y que radican en nosotros mismos: la dependencia que tenemos del Dios que nos ha creado. Y entonces, esa actitud soberbia da origen a todas las dem\u00e1s actitudes pecaminosas. Por lo mismo, la humildad es tambi\u00e9n una actitud humilde del hombre con sus hermanos, los hombres, y al rev\u00e9s. Cuando el hombre no es humilde con Dios, es d\u00e9spota tambi\u00e9n con sus hermanos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Perd\u00f3nanos nuestras deudas<\/h2>\n\n\n\n<p>No basta la humildad en el proceso de nuestra vida cristiana. Es necesario dar un paso m\u00e1s. Nos pide nuestra religi\u00f3n que, frente a Dios, precisamente bas\u00e1ndonos en esta humildad que es el fundamento de nuestras relaciones con \u00c9l, pidamos perd\u00f3n. Contrici\u00f3n de coraz\u00f3n es otra actitud indispensable en el hombre que tiene fe, en su relaci\u00f3n con Cristo y con la Iglesia, <em>ten misericordia de m\u00ed, porque soy un pecador,<\/em> dice el publicano frente a lo que dice el fariseo. Y Jesucristo, cuando nos ense\u00f1a a orar, nos da la oraci\u00f3n del Padrenuestro, en que nos invita a decir: <em>Perd\u00f3nanos nuestras deudas, as\u00ed como nosotros perdonamos a nuestros deudores<\/em> (Mt 6, 12).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abPerd\u00f3nanos nuestras deudas\u00bb. Es necesario que insistamos en esto, y que descubramos todo el valor que tiene en una vida aut\u00e9nticamente religiosa. La s\u00faplica del perd\u00f3n, por parte del cristiano, est\u00e1 en relaci\u00f3n directa con el significado m\u00e1s \u00edntimo del hecho de la redenci\u00f3n operada por Jesucristo. Cristo vino al mundo para redimirnos de nuestros pecados. O se acepta este hecho, o no. Si no se acepta, estamos fuera del cristianismo; si se acepta, se comprende que todo hombre que tenga conciencia de pecado, y no hay hombre que no la tenga, deba pedir perd\u00f3n<strong>. <\/strong>Es,pues, otra actitud religiosa, y si la humildad nos coloca en la \u00f3rbita de la relaci\u00f3n justa con Dios, el perd\u00f3n solicitado nos introduce en \u00c9l mismo, porque significa reconocer su misericordia para con nosotros y querer vivir de su vida, apartando el obst\u00e1culo que le imped\u00eda, que es el pecado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfOs acord\u00e1is de la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo, la que el mismo Se\u00f1or nos expone para hacernos entender lo que es la actitud misericordiosa de Dios con el hombre pecador, y lo que debe ser la actitud del hombre pecador con ese Dios misericordioso? La hab\u00e9is meditado muchas veces. Yo os invitar\u00eda a que esta noche al llegar a vuestro hogar, abrierais el Evangelio y volvierais a leerla. Pero quiero fijarme en un detalle nada m\u00e1s. Daos cuenta: aquel hijo pr\u00f3digo, en el momento en que ya ha comprendido su desv\u00edo y se arrepiente de su pecado, quiere volver a casa, volver a la relaci\u00f3n con su padre, es decir, introducirse de nuevo en la vida de aquella familia simbolizada en el padre que le est\u00e1 esperando. Para \u00e9l, no hay otra obsesi\u00f3n en ese instante: volver a casa. A esto alud\u00eda yo cuando dec\u00eda que todav\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de la humildad que nos sit\u00faa en la \u00f3rbita de una relaci\u00f3n justa, la s\u00faplica del perd\u00f3n por parte del hombre que tiene fe y un coraz\u00f3n arrepentido, da un paso m\u00e1s porque nos introduce en la vida divina.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando uno pide perd\u00f3n y conf\u00eda en ese Dios que le ha de perdonar, es porque piensa que Dios har\u00e1 ese acto de perd\u00f3n merced a un acto de amor que el penitente espera, busca y ansia. Yo te pido perd\u00f3n, no para quedarme en una relaci\u00f3n fr\u00eda de criatura a Creador; te pido perd\u00f3n, porque quiero vivir de esto que T\u00fa me ofreces con el perd\u00f3n, que es tu propia vida; busco tu misericordia, busco tu vida de familia, quiero volver a ser hijo tuyo. Se comprende simplemente, a este golpe de vista, la grandeza de la confesi\u00f3n tal como Cristo mismo la ha instituido, la confesi\u00f3n de los pecados con coraz\u00f3n arrepentido, pidiendo perd\u00f3n y queriendo volver a gozar de esa misericordia de Dios, introduci\u00e9ndonos en su vida divina. \u00a1Oh, qu\u00e9 actitud religiosa tan noble y tan digna! El hombre incr\u00e9dulo, y al decir incr\u00e9dulo no pienso en el racionalista del siglo pasado, sino en el hombre disipado de nuestros d\u00edas, \u00e9ste que encuentra hoy una filosof\u00eda para cada situaci\u00f3n y una moral para cada momento, y que juzga de estos preceptos, como \u00e9ste de la confesi\u00f3n de nuestros pecados, simplemente desde un punto de vista externo, fij\u00e1ndose s\u00f3lo en las circunstancias menos gratas que acompa\u00f1an siempre a todo acto de humillaci\u00f3n propia del pecador, se queda atendiendo s\u00f3lo a este aspecto exterior y pierde de vista lo esencial. Lo de menos es ese hombre que est\u00e1 ah\u00ed dentro del confesonario, con una potestad de perdonar pecados que le ha dado el mismo Cristo. Lo importante es conocer y captar bien lo que significa esa actitud del hombre arrodillado a sus pies, que se da cuenta y sabe valorar lo que significa para su vida de criatura humana, con experiencia, con amarguras, con tristezas, con interrogantes, que quiere saber el destino suyo aqu\u00ed y en el otro mundo, este hombre que se interroga siempre sobre el significado de su vida, y sabe y reconoce que, para encontrar una respuesta, necesita introducirse en la vida de un Dios, no el dios de los fil\u00f3sofos, no el dios que descubre nuestra raz\u00f3n, sino el Dios que ha venido a redimirnos, ofreci\u00e9ndonos a todos el camino del perd\u00f3n y de la vida. \u00a1Qu\u00e9 hermosa actitud la del hombre creyente que sabe valorarlo as\u00ed y, prescindiendo de circunstancias externas, hinca su rodilla y, con coraz\u00f3n arrepentido, pensando en la casa paterna, a la cual est\u00e1 destinado, confiesa sus pecados y recobra la paz de su conciencia!<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>La esperanza salvadora<\/h2>\n\n\n\n<p>Tercero. De esta actitud humilde que reconoce los l\u00edmites de la condici\u00f3n humana y pide perd\u00f3n por el pecado cometido brota una nueva actitud en el alma del cristiano, que Dios mismo favorece, porque \u00c9l laimpulsa y \u00c9l, con su esp\u00edritu, la crea y la sostiene: es la actitud de laesperanza. Sentir la peque\u00f1ez humana, la propia miseria de cada uno, no saber qu\u00e9 hacer con ella da origen a la amargura y la desesperaci\u00f3n. Y no sabe qu\u00e9 hacer con ella el que no pide perd\u00f3n una vez que reconoce las transgresiones en que ha incurrido. El ejemplo es un ap\u00f3stol del Evangelio, Judas, desesperado de la vida, que se da cuenta de su horrible miseria, y al ver lo que significa esa condici\u00f3n tan triste, como no tuvo esperanza, no supo qu\u00e9 hacer con ella, y se dej\u00f3 abatir, y se ahorc\u00f3. Por el contrario, el que se humilla y pide perd\u00f3n confiando en la misericordia de Dios, recibe el don de la paz y obtiene la serena quietud del esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p>No es esto s\u00f3lo. He pronunciado una frase: \u201cserena quietud del esp\u00edritu\u00bb, que podr\u00eda tener una significaci\u00f3n puramente humana. Pero esto nobastar\u00eda, porque no podemos quedarnos dentro de un proceso puramente psicol\u00f3gico, como si la confesi\u00f3n del pecado y la s\u00faplica del perd\u00f3n tendiesen \u00fanicamente a equilibrar la perturbaci\u00f3n interior que ha sufrido un hombre cuando se da cuenta de que no ha obrado bien. Hay algo m\u00e1s en la esperanza. Es una virtud teologal que nos ayuda a esa introducci\u00f3n en Dios que vamos buscando. \u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p>Quiero explicaros brevemente el sentido de la esperanza, sin detenerme en precisiones de conceptos teol\u00f3gicos, m\u00e1s oportunos para otro momento. \u00bfPor qu\u00e9 la esperanza da esta paz, y por qu\u00e9 asegura nuestra Introducci\u00f3n en esa vida divina? \u00a1Ah, hermanos! El cristiano con fe sabe a qui\u00e9n pide perd\u00f3n, y sabe lo que ha hecho este Dios a quien le pide perd\u00f3n para otorg\u00e1rselo; sabe que es Cristo, el Hijo de Dios; sabe que muri\u00f3 y resucit\u00f3 por los pecadores; sabe que su muerte no ha sido en vino, y que quiere que todos los hombres se salven; sabe que ha prometido la vida eterna a los que en \u00c9l conf\u00edan; sabe que, como \u00e9l, otros muchos hombres de la estirpe humana, Abraham, nuestro padre en la fe, Mois\u00e9s, conductor de su pueblo, el Bautista, predicando la penitencia, esperaron y confiaron en Dios, y Mar\u00eda Sant\u00edsima, a lo largo de toda su vida, que fue modelo supremo de esperanza; y los Ap\u00f3stoles, que pecaron, pero tuvieron esperanza, y Zaqueo, y Mar\u00eda Magdalena, y cuantos segu\u00edan a Jes\u00fas. Sabe que as\u00ed han obrado siempre los justos, y San Pablo dec\u00eda a los cristianos que hab\u00edan de vivir con esperanza y que, por lo mismo, buscaran las cosas de all\u00e1 arriba, no las de aqu\u00ed abajo. El cristiano que pide perd\u00f3n sabe todo esto y no se desespera. Y entonces la paz de su esp\u00edritu ya no es puramente un sentimiento sedante o una tranquilidad psicol\u00f3gica; es tambi\u00e9n una nueva incorporaci\u00f3n a la vida de Dios, es otra actitud religiosa fundamental que le da gozo y alegr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>He aqu\u00ed la terminaci\u00f3n del proceso: humildad, s\u00faplica de perd\u00f3n, esperanza, fuente de gozo. Entonces aparece el manantial de agua que salta hasta la vida eterna, y uno sigue caminando por el mundo sin desprenderse de sus obligaciones terrestres, sin desatender a nadie, queriendo construir, s\u00ed, un mundo mejor, pero con un sentido religioso puro, recto, orientado hacia lo alto, en el cual encuentra las fuerzas indispensables para mantener la lucha. Esa es la ventaja, incluso social, de estas actitudes religiosas bien asimiladas y pensadas. Cuando esto falla, desconf\u00edo de todos los que dicen que quieren hacer m\u00e1s cristiano al mundo, si se olvidan de estas actitudes fundamentales.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Examen de conciencia<\/h2>\n\n\n\n<p>Pero no puedo terminar sin aplicar alguna de estas reflexiones que he dirigido de manera particular al hombre individuo, a cada uno de los que est\u00e1is aqu\u00ed, o de los que me escuchan en otros lugares, tratando de invitaros hoy, a cada uno, personalmente, a un examen de conciencia. Y sin referirme tambi\u00e9n a la situaci\u00f3n colectiva en la cual nos encontramos hoy los cristianos. Temo que unos y otros nos estamos pareciendo m\u00e1s al fariseo que al publicano. Son muchos hoy los que dicen a prop\u00f3sito de la renovaci\u00f3n de la vida religiosa en esta hora posconciliar, y a prop\u00f3sito del Concilio y de sus aplicaciones: yo no soy como los dem\u00e1s hombres ni como ese publicano. Miran despectivamente a los dem\u00e1s, persuadidos de que s\u00f3lo ellos tienen la raz\u00f3n y de que s\u00f3lo ellos son los puros y los exactos int\u00e9rpretes de la doctrina conciliar por un lado y por otro. Mal camino para seguir las huellas de un Dios que se llam\u00f3 a s\u00ed mismo humilde de coraz\u00f3n, porque realmente lo era, y porque \u00c9l fue redentor de todos. Mal camino. Faltamos a la humildad, no somos humildes, y Dios no puede bendecirnos en este trabajo de la Iglesia posconciliar cuando utilizamos del Concilio \u00fanicamente lo que nos gusta. El Papa no habla as\u00ed, ni act\u00faa as\u00ed; viene predicando el Concilio en su integridad, refiri\u00e9ndose a todo lo que el Concilio ha dicho. \u00a1Qu\u00e9 conjunto de documentos tan maravilloso el que la Iglesia nos ha ofrecido por el Concilio! Pero, \u00a1qu\u00e9 cruel mutilaci\u00f3n estamos haciendo de ellos, molde\u00e1ndolos a nuestro gusto y buscando cada cual lo que le agrada! Si esto se hiciera conscientemente, incluso podr\u00eda decirse que linda con una actitud her\u00e9tica, porque significar\u00eda un desprecio consciente de una parte del Magisterio de la Iglesia. No somos humildes, y Dios no puede bendecirnos cuando queremos imponer nuestros propios juicios a los dem\u00e1s sin escucharnos unos a otros para, unidas las manos del esfuerzo, descubrir, entre todos, los caminos que la Iglesia necesita.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed dec\u00eda el Papa, por ejemplo, en su carta al Congreso de Teolog\u00eda celebrado en Roma en septiembre de 1966: \u201cLos te\u00f3logos deben tener conciencia de los l\u00edmites angostos de sus propias fuerzas y aprender el respeto debido a las ideas ajenas, sobre todo de quienes la Iglesia reconoce como testimonios e int\u00e9rpretes m\u00e1s autorizados de la doctrina cristiana. Como establece el Concilio, cuando trata de las cosas de grado superior, las diversas disciplinas deben ser cultivadas de forma que, indagando agudamente las nuevas cuestiones planteadas por el tiempo actual, quede patente, de verdad, que se siguen las huellas de los doctores dela Iglesia, especialmente de Santo Tom\u00e1s de Aquino. Quien respeta esta libertad en s\u00ed y en los dem\u00e1s, nunca estar\u00e1 demasiado seguro de s\u00ed mismo; no despreciar\u00e1 las opiniones de los dem\u00e1s; no osar\u00e1 presentar como verdades ciertas sus propias hip\u00f3tesis, sino que buscar\u00e1 humildemente el di\u00e1logo con los dem\u00e1s, y pondr\u00e1 siempre la verdad por encima desu propio sistema y de sus conjeturas\u201d<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Y esto que est\u00e1 dicho a los te\u00f3logos, vale para todos, tambi\u00e9n para los seglares que hablan y escriben y que trabajan en asociaciones de apostolado, y que quieren hacer un mundo m\u00e1s cristiano. Dios no puede bendecir nuestros esfuerzos, si prescindimos de esta actitud humilde en virtud de la cual, juntos todos y respet\u00e1ndonos, tratamos de construir este mundo que vamos buscando. De no hacerlo as\u00ed, seremos merecedores de una acusaci\u00f3n que nos van a hacer muy pronto los que nos sigan. Dir\u00e1n que somos incapaces de ser humildes los cristianos, y luego predicamos humildad a los dem\u00e1s. Faltamos a la humildad y Dios no puede bendecirnos cuando nos cerramos a la reflexi\u00f3n y al examen que el Concilio pide en todos los \u00f3rdenes de la vida religioso-cristiana, sobre los cuales \u00e9l se ha pronunciado. Y, por consiguiente, tampoco somos humildes si nos estancamos en posiciones de la \u00e9poca anterior al Concilio, y creemos que todo lo que el Concilio ha se\u00f1alado es peligroso para la Iglesia en el orden lit\u00fargico, en el orden de la libertad religiosa, en el orden del ecumenismo, en nuestros estudios teol\u00f3gicos con la fundamentaci\u00f3n b\u00edblica que se va buscando. Estas actitudes que la Iglesia de hoy quiere aportar y acentuar, debemos seguirlas tambi\u00e9n con humildad, todos. Dice el Papa en esa misma carta: \u201cEl Concilio exhorta a todos los te\u00f3logos a desarrollar una teolog\u00eda que sea no menos pastoral que cient\u00edfica, que permanezca en estrecho contacto con las fuentes patr\u00edsticas, lit\u00fargicas, b\u00edblicas, que tenga en sumo honor el magisterio de la Iglesia y en particular el del Vicario de Cristo, que se refiere a la humanidad considerada en la historia y en la actualidad concreta\u201d<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>. En la historia y en la actualidad concreta, o sea, que juzguemos a la Iglesia en sus actuaciones de acuerdo con los tiempos de cada \u00e9poca y no apliquemos a momentos anteriores de la Iglesia, criterios que pueden estar justificados en el momento de hoy; que sea francamente ecum\u00e9nica y sinceramente cat\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p>No somos humildes y Dios no puede bendecir nuestros pasos cuando negamos a la Iglesia en su vida social lo que ella tiene derecho a recibir, con el prop\u00f3sito de evitar eso que llaman \u201ctriunfalismos\u201d. Dice el Papa, a prop\u00f3sito de esto, en su discurso de 24 de agosto de 1966: \u201cEn estas manifestaciones externas podemos ver, no ya la b\u00fasqueda de la pompa exterior del \u2018triunfalismo\u2019, seg\u00fan acusa algunas veces una cr\u00edtica mordaz e injusta (tambi\u00e9n hicieron este reproche al Se\u00f1or alguna vez \u2013dice el Papa, refiri\u00e9ndose a la escena del Domingo de Ramos\u2013; cf. Lc 19, 40), no debemos ver eso, sino las se\u00f1ales de una actividad colectiva y arm\u00f3nica muy conforme con la \u00edndole de la Iglesia y tambi\u00e9n con los usos modernos; y al mismo tiempo podemos tener el atisbo de una direcci\u00f3n comunitaria hasta un cierto punto de la doctrina cat\u00f3lica o de la formaci\u00f3n cat\u00f3lica\u201d<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>. \u00bfPor qu\u00e9 vamos a negar a la Iglesia la adhesi\u00f3n multitudinaria de sus hijos cuando quieren ofrec\u00e9rsela? El triunfalismo nocivo es m\u00e1s bien una actitud interna que puede existir en un peque\u00f1o grupo de cuatro o de diez, los cuales quieren hacer triunfar por encima de todo sus propias opiniones, y en cambio, puede haber un mill\u00f3n de personas reunidas cantando el Credo o alabando a Dios de otra manera, en una actitud profundamente humilde que no tiene nada de triunfalismo rechazable.<\/p>\n\n\n\n<p>No somos humildes y Dios no puede bendecir nuestros pasos, cuando no se quiere reconocer en los dem\u00e1s ni siquiera una parte de bien, o cuando se acusa a la Iglesia tan f\u00e1cilmente, como si hubiese una morbosa complacencia en airear sus faltas, las faltas de los hombres de la Iglesia. No se dan cuenta los que obran as\u00ed, de que si lo hacen con ese esp\u00edritu ellos mismos est\u00e1n incurriendo en una falta y, por consiguiente, se hacen merecedores del mismo reproche que tratan de echar en cara a los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiero decir, en definitiva, y termino, que en este momento prometedor, espl\u00e9ndido, de la vida de la Iglesia, todos, sacerdotes, religiosos, religiosas, seglares, debemos examinarnos de humildad como actitud fundamental, querida por Dios siempre, profundamente evang\u00e9lica, aut\u00e9nticamente eclesial y muy necesaria hoy. Y con esa humildad, \u00bfqu\u00e9 porvenir podr\u00edamos lograr dentro siempre del misterio de las limitaciones que Dios permite tambi\u00e9n a su Iglesia santa?<\/p>\n\n\n\n<p>Dios no ha prometido aqu\u00ed abajo un triunfo clamoroso y definitivo de la Iglesia, no. Pero s\u00ed que ha dicho que es como un grano de mostaza que crece sin cesar. Y la Iglesia tiene que crecer, y tiene que crecer por su vida interna y por su proyecci\u00f3n externa, y por su af\u00e1n misionero cumplido y atendido por todos. En lugar de entretenernos en estas escaramuzas de unos con otros, \u00a1cu\u00e1nto ganar\u00edamos, Se\u00f1or, si supi\u00e9ramos los cristianos de cada parroquia reunirnos a dialogar, los que recibimos la misma Eucarist\u00eda, para descubrir entre todos, todo el paisaje conciliar; no solamente aquel rayo de luz que prefieren nuestros ojos! Con esa actitud colectiva, arm\u00f3nica, integradora, humilde siempre, dar\u00edamos un gran testimonio. Si no obramos as\u00ed. Dios no puede bendecirnos.<\/p>\n\n\n\n<p>Recemos ahora, y cantemos el Credo, la expresi\u00f3n de nuestra fe, con gozo interior, con conciencia de lo que decimos, para que el Se\u00f1or ilumine nuestras inteligencias y mueva nuestras voluntades en esta querida di\u00f3cesis de Barcelona, para que vaya surgiendo cada vez m\u00e1s la buena voluntad de todos, que arranca como de un punto de partida inevitable, de la actitud humilde sin la cual nada podremos construir.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> PabloVI, carta al Cardenal Pizzardo, con motivo del Congreso Internacional de Teolog\u00eda celebrado en Roma, en septiembre de 1966: E 26 (1966) 2.301-2.302.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Ib\u00edd. 2.303.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> Pablo VI,Homil\u00eda a los fieles, mi\u00e9rcoles 24 de agosto de 1966: IP IV, 1966, 836-837.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada el 15 de marzo de 1968, viernes de la segunda semana de Cuaresma. 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