{"id":925,"date":"2024-09-24T23:18:11","date_gmt":"2024-09-24T21:18:11","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=925"},"modified":"2024-09-27T13:45:33","modified_gmt":"2024-09-27T11:45:33","password":"","slug":"fe-en-la-iglesia","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/fe-en-la-iglesia\/","title":{"rendered":"Fe en la Iglesia"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Conferencia pronunciada el 8 de marzo de 1968, viernes de la primera semana de Cuaresma.<\/p>\n\n\n\n<p>Os hablaba el viernes \u00faltimo sobre la fe en Jesucristo Salvador. Demos hoy un paso m\u00e1s. Nuestra meditaci\u00f3n hoy ser\u00e1 sobre la fe en la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Palabras de vida eterna<\/h3>\n\n\n\n<p>Recordemos ante todo un pasaje evang\u00e9lico que nos sirva de introducci\u00f3n orientadora; nos lo narra el evangelista San Juan. Hab\u00eda instituido Jesucristo la Eucarist\u00eda, hab\u00eda pronunciado aquel discurso en el cual habl\u00f3 de que su cuerpo era verdadera comida y su sangre verdadera bebida, y dice el Evangelio que muchos de los que lo oyeron, despu\u00e9s de este serm\u00f3n del Se\u00f1or, se apartaron de \u00c9l. \u00a1Les parec\u00eda tan duro lo que el Se\u00f1or hab\u00eda dicho! Entonces Cristo se qued\u00f3 con un peque\u00f1o grupo de ap\u00f3stoles y les pregunta: <em>\u00bfVosotros tambi\u00e9n quer\u00e9is iros?<\/em> En nombre de todos ellos, respondi\u00f3 Pedro: <em>Se\u00f1or, \u00bfa qui\u00e9n iremos? T\u00fa tienes palabras de vida eterna, y nosotros hemos cre\u00eddo y conocido que T\u00fa eres el Cristo, el Hijo de Dios.<\/em> He aqu\u00ed la respuesta de un hombre humilde y religioso: <em>Se\u00f1or, \u00bfa qui\u00e9n iremos? T\u00fa tienes palabras de vida eterna <\/em>(Jn 6, 68-69). Es lo que cuenta, la humildad; porque no disimula Pedro, al contestar as\u00ed, que lo que el Se\u00f1or ha propuesto es misterioso.<\/p>\n\n\n\n<p>La respuesta de Pedro no es una afirmaci\u00f3n capaz de demostrar la verdad intr\u00ednseca de las cosas. Es como un reconocimiento de que todo es oscuro en la vida. Yo no s\u00e9 a d\u00f3nde ir, no lo s\u00e9; \u00bfa qui\u00e9n iremos, si nos apartamos de Ti? Yo no entiendo lo que T\u00fa has dicho; no lo entiendo del todo, pero T\u00fa tienes palabras de vida eterna, y yo me f\u00edo de Ti. Respuesta de la humildad y respuesta tambi\u00e9n propia de un hombre religioso que conoce las limitaciones de la mente humana y todas las deficiencias de la vida y las oscuridades que nos envuelven, y que ve en Jesucristo el enviado de Dios: T\u00fa eres el Cristo, el Hijo de Dios, T\u00fatienes palabras de vida eterna, y aunque yo no lo entienda del todo, me basta; yo te seguir\u00e9. Las <em>palabras<\/em> del Se\u00f1or: el esp\u00edritu y la vida de Jes\u00fas,porque en las palabras va siempre la vida, cuando el hombre que las pronuncia es sincero. Las palabras son un reflejo del alma del que habla. Las palabras de Jes\u00fas&#8230; \u00a1Cu\u00e1ntas veces hemos acudido a ellas los cristianos para encontrar, no el consuelo de un vano sentimentalismo, sino la certeza y la seguridad en un camino lleno de sombras! Pero \u00bfd\u00f3nde est\u00e1n estas palabras? \u00bfD\u00f3nde se conservan? \u00bfC\u00f3mo podr\u00e9 estar seguro de que ese Cristo que es la palabra de Dios, el Verbo de Dios, sigue habl\u00e1ndonos hoy para poder decirle nosotros tambi\u00e9n que tiene palabras de vida eterna?<\/p>\n\n\n\n<p>Y es en el Evangelio donde leemos una escena en la cual tambi\u00e9n act\u00faa Sim\u00f3n Pedro, el Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles. Por aqu\u00ed vamos a empezar a entender d\u00f3nde se conservan las palabras del Se\u00f1or. Leo ahora el evangelio de San Mateo, cap\u00edtulo 16<em>: <\/em><em>Viniendo despu\u00e9s Jes\u00fas al territorio de Cesarea de Filipo, pregunt\u00f3 a sus disc\u00edpulos: \u00bfQui\u00e9n dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Y respondieron ellos: unos dicen que Juan Bautista, otros que El\u00edas, otros que Jerem\u00edas o alguno de los profetas.<\/em> <em>Y d\u00edceles Jes\u00fas: Y vosotros, \u00bfqui\u00e9n dec\u00eds que soy yo? Tomando la palabra Sim\u00f3n Pedro, dijo: T\u00fa eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Y Jes\u00fas, respondiendo, le dijo: Bienaventurado eres, Sim\u00f3n, hijo de Jon\u00e1s, porque no te ha revelado eso la carne ni la sangre u hombre alguno, sino mi Padre que est\u00e1 en los cielos. Yo te digo que t\u00fa eres Pedro, y que sobre esta piedra edificar\u00e9 mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecer\u00e1n contra ella. Y a ti te dar\u00e9 las llaves del reino de los cielos, y todo lo que atares sobre la tierra ser\u00e1 tambi\u00e9n atado en los cielos, y todo lo que desatares sobre la tierra ser\u00e1 tambi\u00e9n desatado en los cielos<\/em>(Mt 16, 13-19).<\/p>\n\n\n\n<p>He aqu\u00ed la promesa del Se\u00f1or, promesa hecha a Pedro que fue cumplida m\u00e1s tarde, porque, en efecto, Jesucristo fund\u00f3 su Iglesia sobre esta roca que es Pedro; a \u00e9l le confi\u00f3 la misi\u00f3n de confirmar en la fe a sus hermanos; a \u00e9l le dio el encargo de apacentar a ovejas y corderos de su reba\u00f1o; a \u00e9l le hizo centro visible de unidad de esta Iglesia, dentro de la cual Jes\u00fas quer\u00eda que se congregasen los hombres para recibir las palabras del Se\u00f1or. Esta promesa fue cumplida, y nosotros, cristianos, hijos de la Iglesia Cat\u00f3lica, tenemos la certeza de que las palabras del Se\u00f1or se conservan ah\u00ed en esta Iglesia que empez\u00f3 a crecer entonces y que ha de continuar por los siglos de los siglos, cumpliendo la misi\u00f3n que Cristo le confi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Es importante en relaci\u00f3n con esto, que recordemos tambi\u00e9n la doctrina del Concilio Vaticano II, puesto que son estas luces conciliares las que tienen que iluminarnos hoy en uni\u00f3n con las luces antiguas. Y en relaci\u00f3n con esto, permitidme que os lea estos fragmentos de la constituci\u00f3n sobre la Iglesia, promulgada por el Concilio Vaticano. Dice as\u00ed en su n\u00famero 18: \u201cEste santo S\u00ednodo, siguiendo las huellas del Concilio Vaticano I, ense\u00f1a y declara con \u00e9l que Jesucristo, Pastor eterno, edific\u00f3 la santa Iglesia enviando a sus Ap\u00f3stoles lo mismo que \u00c9l fue enviado por el Padre, y quiso que los sucesores de aqu\u00e9llos, los obispos, fuesen los pastores de su Iglesia hasta la consumaci\u00f3n de los siglos. Pero para que el mismo episcopado fuese uno solo e indiviso, puso al frente de los dem\u00e1s Ap\u00f3stoles al bienaventurado Pedro, e instituy\u00f3 en la persona del mismo el principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de fe y de comuni\u00f3n. Esta doctrina sobre la instituci\u00f3n, perpetuidad, poder y raz\u00f3n del sacro primado del Romano Pont\u00edfice y de su magisterio infalible, el santo Concilio la propone nuevamente como objeto de fe inconmovible a todos los fieles, y, prosiguiendo dentro de la misma l\u00ednea, se propone, ante la faz de todos, profesar y declarar la doctrina acerca de los obispos, sucesores de los Ap\u00f3stoles, los cuales, junto con el sucesor de Pedro, Vicario de Cristo y cabeza visible de toda la Iglesia, rigen la casa de Dios Vivo\u201d (LG 18).<\/p>\n\n\n\n<p>Puedo afirmar, sin temor a exageraci\u00f3n ninguna, que este p\u00e1rrafo conciliar es el que adopta un estilo m\u00e1s solemne de todo el Concilio Vaticano II. Daos cuenta de la gravedad de sus afirmaciones. Lo se\u00f1ala como doctrina inconmovible, en la cual debemos todos los hijos de la Iglesia cat\u00f3lica comulgar, sin la m\u00e1s m\u00ednima sombra de dudas. Esto nos abre el camino claramente para poder hablar de nuestra fe en la Iglesia, el lema sobre el cual yo os invito a meditar un poco hoy.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed, necesitamos pensar mucho en esta Iglesia santa, en la cual encontramos las palabras del Se\u00f1or. Es imposible examinar todo el precioso legado que con la Iglesia nos ha sido ofrecido a sus hijos; imposible tambi\u00e9n que yo trate de dar cuenta aqu\u00ed de todo cuanto nos dice el Concilio Vaticano II sobre la Iglesia. Me fijar\u00e9 en algunos puntos sobre los cuales creo que estamos particularmente necesitados hoy de reflexi\u00f3n, y de reflexi\u00f3n serena, humilde, aquietadora de nuestros esp\u00edritus tantas veces turbados.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta Iglesia santa, pueblo de Dios, todos tenemos una misi\u00f3n que cumplir, porque todos somos miembros activos de la misma. De ella recibimos las riquezas que nos ofrece, y ella se enriquece tambi\u00e9n con la aportaci\u00f3n de nuestro esfuerzo personal que, unido con el de los dem\u00e1s miembros del cuerpo m\u00edstico de Cristo, contribuye a que circule el torrente de vida espiritual que la Iglesia continuamente presenta a la consideraci\u00f3n de los que la buscan. Nuestra fe en la Iglesia descansa sobre la fe en Jesucristo. Es a \u00c9l a quien o\u00edmos a trav\u00e9s de la Iglesia; a \u00c9l aquien recibimos en los sacramentos que nos dan la vida de la gracia; con \u00c9l es con quien nos unimos cuando rezamos, amamos y obedecemos como la Iglesia nos manda rezar, amar y obedecer.<\/p>\n\n\n\n<p>Al d\u00eda siguiente de Pentecost\u00e9s, Pedro y los dem\u00e1s Ap\u00f3stoles empezaron a predicar la fe en la Iglesia y a unir a todos los que, obedientes al Esp\u00edritu Santo, cre\u00edan; a unirles, digo, en una comunidad en que se rezaba, se amaba y se obedec\u00eda. Estos fieles evangelizaban. Nos dicen los Hechos de los Ap\u00f3stoles, que iban evangelizando de casa en casa con la palabra de Dios. Ten\u00edan carismas, pero reconoc\u00edan una autoridad en la Iglesia que discern\u00eda lo bueno de lo malo; y esta autoridad era ejercida desde el primer momento. Eran ya entonces el cuerpo m\u00edstico de Cristo, la vi\u00f1a del Se\u00f1or, el pueblo de Dios. Ya eran entonces el Pueblo de Dios: rezaban, amaban y obedec\u00edan. Hab\u00eda laicos, di\u00e1conos, presb\u00edteros, obispos, personas consagradas a Dios con una singular donaci\u00f3n de su vida, y se amaban entre s\u00ed, cre\u00edan en la resurrecci\u00f3n de Jesucristo, cre\u00edan que no hay salvaci\u00f3n fuera de \u00c9l, y buscaban con ardor espiritual que la buena nueva se propagase cada vez m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Necesidad de lo inmutable<\/h3>\n\n\n\n<p>Aquella Iglesia, como la de todos los tiempos, era a la vez visible e invisible; visible por las personas que la formaban, por sus estructuras, por sus ritos externos, por su jerarqu\u00eda; visible tambi\u00e9n como dice el cardenal Journet en su libro <em>Teolog\u00eda del Verbo Encarnado,<\/em> por el fulgor espiritual de una religiosidad propia; es decir, visible incluso en su intimidad, que esto tiene de grande la Iglesia de Dios en el contacto con los hombres. Algo ha de saber tambi\u00e9n de su alma.<\/p>\n\n\n\n<p>A la vez tambi\u00e9n era invisible como lo es tambi\u00e9n en cuanto a la acci\u00f3n interna que la anima y la fecunda, el Esp\u00edritu Santo, y en cuanto a las sagradas realidades y dones que \u00c9l daba y da continuamente. Esa Iglesia, fundada por Cristo, entonces como ahora, era una Iglesia santa, una, misionera, cat\u00f3lica, apost\u00f3lica. Pues bien, esta Iglesia no puede cambiar. Tenemos necesidad de lo inmutable, \u00e9sta es la frase con que yo anunciaba el serm\u00f3n de esta tarde. Tenemos necesidad de lo inmutable al pensar en la fe en la Iglesia. S\u00ed, esta Iglesia de Cristo no puede cambiar, porque es suya, no nuestra; porque es de Cristo, porque la ha fundado \u00c9l; porque es \u00c9l mismo que a trav\u00e9s de ella se contin\u00faa; y la vida de Jes\u00fas no est\u00e1 expuesta ni sujeta a cambios en su propia vida. Es \u00c9l quien dijo: <em>No me hab\u00e9is elegido vosotros a m\u00ed: os he elegido yo a vosotros<\/em> (Jn 15, 16). Es \u00c9l el que dijo: <em>Yo estar\u00e9 con vosotros hasta la consumaci\u00f3n de los siglos; id y ense\u00f1ad todo lo que yo os he mandado<\/em> (Mt 28, 18-19). Si Cristo permanece con nosotros, si es lo que \u00c9l ense\u00f1\u00f3 lo que tenemos que predicar y ense\u00f1ar, no podemos cambiarlo. Est\u00e1 en juego el derecho de Dios mismo, y por eso la santa Iglesia en su constituci\u00f3n esencial es inalterable. \u00c9l, \u00c9l es el que estar\u00e1 con nosotros hasta el fin de los tiempos; pero estar\u00e1 como \u00c9l quiso estar, no como nosotros podr\u00edamos empe\u00f1arnos en querer que estuviera. Se trata de \u00c9l, de sus palabras, de su vida, de sus preceptos, de las santas exigencias que \u00c9l formul\u00f3, porque ten\u00eda derecho a formularlas en su acci\u00f3n sobre los hombres a los que ven\u00eda a salvar. Siendo esto as\u00ed, se comprende que hayamos de tener un cuidado exquisito en todo momento cuando tratamos de la Iglesia y de sus misterios.<\/p>\n\n\n\n<p>La doctrina que el Se\u00f1or nos dio no puede cambiar; los medios objetivos de santificaci\u00f3n que \u00c9l estableci\u00f3, los sacramentos, son inalterables; los preceptos morales que se resumen seg\u00fan su doctrina en dos: amar a Dios con todo el coraz\u00f3n, con toda el alma, con toda la voluntad, y al pr\u00f3jimo, como a nosotros mismos, explicitados despu\u00e9s por la Iglesia, no pueden cambiar. La autoridad que en la Iglesia dirige, con la asistencia del Esp\u00edritu Santo, para asegurar y garantizar la fidelidad en la conservaci\u00f3n de la ense\u00f1anza de Jes\u00fas, no puede cambiar. Y con esto lo \u00fanico que hacemos al proclamar esta imposibilidad de cambio, de alteraci\u00f3n, es servir. Esto no es una rigidez desp\u00f3tica del pensamiento; no es un totalitarismo que intente avasallar la inteligencia o la voluntad de los hombres: es servicio. La Iglesia al querer mantenerse en su pura integridad; al tener este empe\u00f1o en permanecer fiel para que no se toque nada de lo que esencialmente ha querido Cristo que constituya su vida, la vida de la Iglesia, al hablar as\u00ed, la Iglesia no se sirve a s\u00ed misma: sirve a los hombres, porque el mejor servicio que a los hombres se puede hacer es asegurar los caminos, para que llegue hasta ellos l\u00edmpida y refulgente la luz del Se\u00f1or, con su doctrina y con sus preceptos morales.<\/p>\n\n\n\n<p>Si la Iglesia no lo asegurara, el servicio quedar\u00eda interrumpido y los hombres a quienes Cristo ha venido a salvar, ser\u00edan traicionados en aquello a que m\u00e1s tienen derecho, la salvaci\u00f3n que Cristo les ofrece. Por eso es necesario que nos demos cuenta de c\u00f3mo en esta santa Iglesia de Dios, todos, absolutamente todos, hemos de tener el m\u00e1ximo empe\u00f1o en que no se quebrante ni una sola cosa de las que la Iglesia considera que pertenecen a la esencia de su mensaje.<\/p>\n\n\n\n<p>De aqu\u00ed no se sigue que todo en la Iglesia merezca el mismo tratamiento, como si todo en la Iglesia fuera igualmente intangible. Esa realidad interna de la Iglesia tiene que presentarse a los hombres del modo m\u00e1s apto posible para que cumpla su funci\u00f3n salvadora. Cambian las leyes psicol\u00f3gicas, los condicionamientos sociales, los aspectos administrativos y aun jur\u00eddicos en el hombre como persona, y en la sociedad; se necesita a veces que la doctrina sea iluminada mejor. Todo esto es necesario, y todo esto puede y debe hacerse sin cambios en lo sustancial. Cambiar\u00e1n las mil formas accidentales de la vida, y, al producirse estos cambios en el tratamiento de los temas que la Iglesia ofrece al hombre como camino de salvaci\u00f3n, los modos de exponer los caminos que tratan de introducir el mensaje, las adaptaciones, buscan tambi\u00e9n una acomodaci\u00f3n m\u00e1s adecuada.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto es lo que ha intentado el Concilio Vaticano II, y por esto es un Concilio que va contra el inmovilismo. Ciertamente, el que no admita los cambios que el Concilio quiere introducir en la Iglesia de Dios, no sirve a la Iglesia; pero el que se empe\u00f1e en saltar por encima de estos cambios que el Concilio introduce, buscando modificaciones en lo sustancial, tampoco sirve a la Iglesia, sino que m\u00e1s bien la destruye; porque estamos en esta hora de adaptaciones no para perder nada del dep\u00f3sito esencial, sino para acumular lo mejor. Sufrimos y vivimos una hora de gran dolor en la Iglesia de Dios, dolor muchas veces innecesario y no siempre purificador, porque produce frecuentemente tensiones trastornantes que hacen que sucumban muchos esp\u00edritus, cuya vida ten\u00eda que ser protegida con caridad y con prudencia por parte de todos los que tenemos alguna responsabilidad. Es \u00e9sta de la Iglesia una hora dolorosa, repito; pero pienso que podr\u00edamos evitar muchos dolores si todos, con gran serenidad y docilidad de \u00e1nimo, atendi\u00e9ramos a la voz del Concilio sin querer pedirle ni m\u00e1s ni menos que lo que \u00e9l nos ha querido dar. Sufrimos, o porque damos valor esencial a mutaciones accidentales, o porque queremos convertir lo accidental en afirmaciones dogm\u00e1ticas y vinculantes, que tampoco ha querido el Concilio. Por eso, es conveniente que, para vivificar nuestra fe en la Iglesia de Dios por encima de estos vaivenes pasajeros, levantemos de una vez nuestro \u00e1nimo y pongamos la atenci\u00f3n del pensamiento en aquellas luces que nos est\u00e1n llegando, de las cuales todos tenemos la obligaci\u00f3n de hacernos eco.<\/p>\n\n\n\n<p>He dicho ya varias veces que, en este momento que vive la Iglesia, el Papa, Maestro supremo de la verdad, est\u00e1 realizando un magisterio continuo, est\u00e1 utilizando los medios de comunicaci\u00f3n social, deliberadamente buscando ser o\u00eddo y escuchado. \u00c9l no s\u00f3lo permite, quiere que lleguen sus discursos, sus documentos escritos a todos los fieles del mundo. Habla en la Plaza de San Pedro, siempre que tiene ocasi\u00f3n, ante ese grupo de an\u00f3nimos visitantes que llegan hasta \u00e9l para unir sus oraciones con las suyas; les bendice, les predica, les habla del Concilio, les habla de la fe, de la Iglesia de Dios. Pues bien, todos nosotros, unidos con \u00e9l, tenemos obligaci\u00f3n de difundir estas ense\u00f1anzas del Papa y de repetirlas ante los fieles. Si siempre es as\u00ed, hoy m\u00e1s que nunca, cuando son ense\u00f1anzas que versan sobre el Concilio y sobre los temas que est\u00e1n puestos a debate frente a tantas interpretaciones caprichosas, muchas de ellas nacidas de una tendenciosa pasi\u00f3n, sea de unos o de otros grupos extremos, porque no le faltan al Concilio extremismos de uno y otro g\u00e9nero.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>La obediencia, en la ra\u00edz de la fecundidad cristiana<\/h3>\n\n\n\n<p>Frente a estas arbitrarias interpretaciones, tenemos la obligaci\u00f3n de atender a la voz del Papa y los obispos por encima de todas las dem\u00e1s voces.<\/p>\n\n\n\n<p>El Magisterio del Papa y los obispos necesita del concurso de los te\u00f3logos, de los estudiosos de la revelaci\u00f3n cristiana; pero estos te\u00f3logos tienen que colaborar con debida sumisi\u00f3n al Magisterio que es el que tiene la garant\u00eda ofrecida por Cristo de mantener inc\u00f3lume la verdad que ha de transmitirse. Por esto digo que hoy, para que nuestra fe en la Iglesia se vivifique, deben reposarse en nosotros algunos criterios fundamentales, y el primero de todos al que quiero referirme aqu\u00ed es \u00e9ste: obediencia a aquellos que en la Iglesia est\u00e1n para conducir por servicio al mismo, al Pueblo de Dios. Esta obediencia no esclaviza; libera, fecunda, engrandece. La obediencia en la Iglesia no ha pasado de moda. Tambi\u00e9n sobre esto est\u00e1 hablando el Papa continuamente, pero parece que existe hoy difundida en el ambiente una actitud seg\u00fan la cual esta obediencia es humillante e impide el desarrollo de la personalidad con todos sus derechos. Pues bien, los que as\u00ed hablan, si lo hacen conscientemente, causan da\u00f1o a la Iglesia de Dios. La obediencia que se nos pide es obediencia por amor, obediencia por servicio, obediencia a imitaci\u00f3n de Cristo, el gran obediente.<\/p>\n\n\n\n<p>No hay sociedad humana, m\u00e1s a\u00fan, no hay persona humana que no tenga que someterse a las leyes que presiden su desarrollo y mantienen su orden vital. Incluso una persona en su vida f\u00edsica, biol\u00f3gica, tiene que aceptar leyes que no destruyen; por el contrario, salvan la integridad de su organismo.<\/p>\n\n\n\n<p>En el orden social sucede lo mismo tambi\u00e9n. En este orden de la sociedad religiosa que es la Iglesia cat\u00f3lica, como lo que tenemos que asegurar es algo que no es nuestro, que es de Cristo, que es el dep\u00f3sito que \u00c9l nos ofreci\u00f3, obedecer a aquellos a quienes ha puesto \u00c9l para garantizar la fidelidad a ese dep\u00f3sito, es liberarnos, es asegurarnos de que no van a caer sobre nosotros otros grav\u00e1menes ni otros impedimentos que nos arrastrar\u00edan f\u00e1cilmente por el camino de las equivocaciones. Hay quienes hablan de que se puede y se debe obedecer en cuanto a las afirmaciones dogm\u00e1ticas, las que promulga el Papa cuando hace una definici\u00f3n ex c\u00e1tedra, las que ense\u00f1a el Magisterio universal de la Iglesia ordinario o extraordinario; pero que con todo lo dem\u00e1s debemos ser mucho m\u00e1s indulgentes y, por consiguiente, se debe tolerar m\u00e1s f\u00e1cilmente el que se hable con arreglo a la libertad personal de cada uno. Estas afirmaciones son grav\u00edsimas y dan lugar inevitablemente a errores pr\u00e1cticos en la vida de la Iglesia, de los cuales brotan despu\u00e9s consecuencias funestas.<\/p>\n\n\n\n<p>El cristiano que cree en la Iglesia, admite sus leyes, sus costumbres, sus ritos, aunque no sean preceptivos en el grado m\u00e1s solemne y supremo en que ella puede hacerlo, porque los admite por amor, porque sabe que detr\u00e1s de esos ritos y de esas normas est\u00e1 Cristo, al que ve representado en aquellos que las promulgan. Sabe o debe saber que los que las formulan las han pensado tambi\u00e9n, han tenido en cuenta las razones que existen para formularlas y han tenido en cuenta algo de lo que se olvidan muchos de los que hablan as\u00ed: la colectividad, la solidaridad social del conjunto de los hombres que forman esta sociedad cristiana. Si cada cual, en estos preceptos y ritos, llam\u00e9mosles secundarios, para entendernos en la reflexi\u00f3n l\u00f3gica que estoy haciendo, si cada cual puede hacer \u00e9l lo que quiere, forzosamente introduce el desorden en la sociedad religiosa, y entonces, con menos garant\u00edas de acierto \u00e9l, que los que las han pensado, implanta otras leyes nuevas. Y el que acusaba a la Iglesia de un autoritarismo insoportable se convierte, frecuentemente, en un tirano respecto a las ideas de los dem\u00e1s, y quiere imponer sus propios criterios con el agravante de que, al hacer \u00e9l esto, puede hacer lo mismo el vecino y luego el otro, y despu\u00e9s aqu\u00e9l. Y cuando en la Iglesia se produce esta anarqu\u00eda, aunque fuera en preceptos no esenciales, pero muy relacionados con lo esencial, la propia esencia est\u00e1 en peligro, como pasa siempre en cualquier sociedad humana.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso la obediencia no esclaviza; libera, asegura, fortalece, garantiza, da seguridad, certeza; da luz, nos alumbra en el camino, si es una obediencia practicada por amor y pedida por amor, amor a Cristo y amor a la propia comunidad cristiana. Cuando oigo hablar a algunos con esa libertad excesiva con que se atreven a hacerlo en ocasiones respecto a lo que llaman avances necesarios en la Iglesia, pero sin adoptar las garant\u00edas de prudencia que requiere el tratamiento de cuestiones tan delicadas, no puede menos de pensar en el deservicio que causan a la propia comunidad a la cual quieren servir. Esa comunidad tiene derecho a ser respetada, y la comunidad no es un peque\u00f1o grupo; la comunidad es el pueblo de Dios en su conjunto, y es todo \u00e9l el que con amor y con paciencia y con toda la luz de que seamos capaces, tiene que ser conducido por los caminos de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La Iglesia del amor y de la ley, servicio al hombre<\/h3>\n\n\n\n<p><strong>Segundo criterio<\/strong>. No hay pues oposici\u00f3n entre la Iglesia de la ley y la Iglesia del amor. A esto han querido referirse algunos en escritos que llaman teol\u00f3gicos, queriendo contraponer la Iglesia del derecho y la Iglesia de la caridad. No es l\u00edcito hablar as\u00ed. La ley en la Iglesia est\u00e1 tambi\u00e9n al servicio del amor, y es necesaria, por ser la nuestra una sociedad visible compuesta por hombres, en la cual hemos de tomar siempre las medidas necesarias para que pueda quedar segura y garantizada la permanencia de esa Iglesia. Escuchad a este prop\u00f3sito lo que dice el Papa. Habla \u00e9ste en un discurso pronunciado el a\u00f1o 1966 sobre la ley en la Iglesia, y dice as\u00ed: \u201cNo vemos c\u00f3mo la Iglesia cat\u00f3lica, si quiere permanecer fiel y ser consecuente con los principios constitutivos dados por su divino Fundador, no vemos c\u00f3mo puede prescindir de darse a s\u00ed misma un derecho can\u00f3nico. Si la Iglesia es una sociedad visible, jer\u00e1rquica, comprometida en una misi\u00f3n salvadora que no admite sino una un\u00edvoca y determinada realizaci\u00f3n, que debe ser conservada rigurosamente, difundida apost\u00f3licamente, responsable de la salud de los propios fieles y de la evangelizaci\u00f3n del mundo, no puede menos que darse leyes derivadas coherentemente de la revelaci\u00f3n y de las necesidades que brotan continuamente de su vida interior y exterior\u201d<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>. As\u00ed en otras ocasiones.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPor qu\u00e9, pues, tratar de oponer lo que Cristo no quiere que sea opuesto? Se nos habla de un cristianismo vital, de una religi\u00f3n elevante que nos d\u00e9 alas para volar, es cierto; creemos en Cristo resucitado y al resucitar, las piedras del sepulcro se removieron, y en esa resurrecci\u00f3n de Cristo est\u00e1 tambi\u00e9n la garant\u00eda de la nuestra; resurrecci\u00f3n que nos liberar\u00e1 de piedras que oprimen, pero antes de la resurrecci\u00f3n est\u00e1 la cruz, y Cristo llev\u00f3 sobre sus hombros la cruz. \u00bfPor qu\u00e9 oponer lo que Cristo no quiere que est\u00e9 opuesto? El habl\u00f3 de que su carga era suave, y su yugo ligero. Ciertamente es suave, es ligero, pero es yugo y es carga. El mismo que habl\u00f3 as\u00ed, dijo: <em>Venid a m\u00ed todos los que est\u00e9is cansados que yo os aliviar\u00e9<\/em> (Mt 11, 28). Pero no disimul\u00f3 que en la vida que \u00c9l quer\u00eda ofrecernos hay una carga y un yugo. Lo que tenemos que hacer es vivirlo con la fe y con el amor, imit\u00e1ndole a \u00c9l, fortalecedor de nuestra vida, con el fin de que podamos seguirle en todos sus pasos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Tercer criterio<\/strong>. Estimando en mucho, como debemos estimar, lo que dignifica la comunidad de los fieles creyentes en la Iglesia, conociendo y afirmando que en el pueblo de Dios todos somos miembros activos y todos hemos de colaborar, y todos enriquecemos a la Iglesia, sin embargo, y esto lo digo tambi\u00e9n en vuestro propio servicio, laicos hijos de la Iglesia cat\u00f3lica, cuya colaboraci\u00f3n pedir\u00e9 siempre en los trabajos de difusi\u00f3n del reino de Dios, en vuestro propio servicio a\u00f1adir\u00e9 ahora otra cosa que es necesario que quede en claro y que vosotros me agradecer\u00e9is, porque am\u00e1is la pureza de la doctrina. Es el mismo Papa que hoy tenemos, el que en un discurso pronunciado en febrero del a\u00f1o 1967, dijo as\u00ed: \u201cSe sabe, por desgracia, que hay algunas corrientes de pensamiento, que se sigue diciendo cat\u00f3lico, que tratan de atribuir una prioridad en la formulaci\u00f3n normativa de las verdades de la fe a la comunidad de los fieles sobre la funci\u00f3n docente del pontificado y del episcopado romano, contrariamente a las ense\u00f1anzas escritur\u00edsticas y a la doctrina de la Iglesia, abiertamente confirmada por el reciente Concilio y con grave peligro para la genuina concepci\u00f3n de la misma Iglesia, para su seguridad interior y para su misi\u00f3n evangelizadora del mundo\u201d<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>No es, por consiguiente, la comunidad de los fieles la que tiene que dictar las leyes normativas de la Iglesia en la exposici\u00f3n de la doctrina y en la disciplina a que debemos gustosamente someternos, no. No ha fundado Cristo la Iglesia as\u00ed. Es a los Ap\u00f3stoles a quienes dijo: <em>Lo que atareis en la tierra, ser\u00e1 atado en los cielos; y lo que desatareis, ser\u00e1 desatado en los cielos<\/em> (Mt 18, 18). Y el que viera en esta repetici\u00f3n de las afirmaciones de siempre un deseo de disminuir la importancia del laicado cat\u00f3lico, se equivocar\u00eda e inferir\u00eda una injuria al que habla, que no hace m\u00e1s que repetir las palabras del Papa. No, de lo que se trata es de que las cosas est\u00e9n claras. Todos tenemos que unirnos, todos tenemos que dialogar para que la colaboraci\u00f3n sea m\u00e1s extensa; pero las decisiones \u00faltimas en materia de fe y de moral corresponden, en la Iglesia de Dios, a aquellos a quienes Dios ha puesto para ser rectores de su pueblo, y esto, lo repetir\u00e9 una vez m\u00e1s, no es por reivindicar poderes de autoritarismo que no nos corresponden, es sencillamente asegurar los caminos del servicio al Se\u00f1or. As\u00ed lo ha dispuesto \u00c9l y as\u00ed tiene que ser; en la Iglesia tiene que haber unos hombres particularmente entregados a esta misi\u00f3n, y para eso reciben un sacramento, y para eso son confirmados por un encargo especial que oficialmente la Iglesia les hace cuando les ordena.<\/p>\n\n\n\n<p>No puedo continuar exponiendo todos los criterios que ser\u00edan necesarios para esclarecer estos temas; pero tenemos por delante algunas otras noches de Cuaresma, durante las cuales seguir\u00e9 refiri\u00e9ndome a estas cuestiones tan vitales en la Iglesia de hoy. Yo os aconsejo que ve\u00e1is los discursos del Papa, o la pastoral de los obispos austr\u00edacos del a\u00f1o pasado, o las cartas pastorales bien recientes de estos d\u00edas de los obispos norteamericanos y de los obispos alemanes<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>, hablando sobre estas materias y repitiendo la misma doctrina.<\/p>\n\n\n\n<p>Es la hora del amor a la Iglesia; pero para que ese amor no se nos convierta en un sentimentalismo degradante, subjetivo y an\u00e1rquico, ha de ser un amor con fe en su misi\u00f3n salvadora, con obediencia a sus preceptos. Amor a la Iglesia que no cumpla despu\u00e9s lo que la Iglesia dispone, no es amor. Dijo Cristo: <em>El que me ama, guarda mis mandamientos <\/em>(Jn 11, 23). Amor a la Iglesia con independencia de nuestros gustos y opiniones personales. Cuando se obra as\u00ed, ciertamente la Iglesia puede presentarse todav\u00eda ante el mundo de hoy como lo que es: <em>lumen gentium<\/em>, luz de los pueblos. Cuando no se obra as\u00ed, y cada cual trata de construir su propia Iglesia, nos disgregamos y terminamos por perdernos en la oscuridad de las m\u00e1s est\u00e9riles anarqu\u00edas. No se trata de un rigidismo monol\u00edtico, simplemente por ofrecer a los hombres amantes de la cultura el espect\u00e1culo de la unidad religiosa. No es un espect\u00e1culo, es una vida, es la vida de Dios, y para asegurarla pide esto: obediencia a sus leyes, obediencia practicada no por un esp\u00edritu servil, sino con la espontaneidad que nace de un amor siempre creciente, porque a trav\u00e9s de la Iglesia, se ve a Cristo, que siempre merece ser amado. Yo obispo, sacerdote, religioso, laico bautizado en la Iglesia cat\u00f3lica, no me humillo al obedecer; s\u00e9 que esa obediencia me salva de otros instintos deprimentes que pesan sobre m\u00ed. Y si hay algo en estas leyes de la Iglesia que me dice lo que no puedo hacer, siempre hay tambi\u00e9n horizontes infinitos que me invitan a amar con un amor a Dios, en el cual no hay barreras. As\u00ed obraron los m\u00e1rtires, as\u00ed han obrado los santos y estuvieron alegres, y fueron fecundos y causaron en todo momento las m\u00e1s radicales transformaciones y las m\u00e1s necesarias vivencias en la Iglesia de Dios, tan necesarias hoy con tal de que se apoyen en estos cimientos inconmovibles.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se ve a la Iglesia as\u00ed, hermanos m\u00edos en Jesucristo, la Iglesia merece ser amada. Entonces vemos en ella la verdadera libertad del mundo frente a tantas falsas libertades que los hombres nos predican. Sus leyes nos introducen en el amor de Dios y hacen que, al cumplirlas yo, me sienta solidario de todos mis hermanos, amigos de Dios, hijos de Dios, los cuales necesitan tambi\u00e9n de mi esfuerzo y de mi luz para poder seguir ellos cooperando con el suyo. Y as\u00ed todos vamos contribuyendo a que la vi\u00f1a del Se\u00f1or sea cada vez m\u00e1s rica y m\u00e1s fecunda. Si no estuviera en juego la vida de Cristo, podr\u00edamos hacer lo que quisi\u00e9ramos, pero en el cuerpo m\u00edstico, los miembros no pueden ir unos contra otros, porque se destruye el cuerpo, y en un vi\u00f1edo, las cepas y las vides no se da\u00f1an unas a otras. Dentro de cada vid todos los sarmientos participan de la misma savia; aqu\u00ed en la Iglesia la savia es Cristo y por eso tenemos que respetarlo con tanto amor y con tanta delicadeza.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Pablo VI<strong>, <\/strong>Homil\u00eda del mi\u00e9rcoles 17 de agosto de 1966: IP IV, 1966, 833-834.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Pablo VI, Homil\u00eda del mi\u00e9rcoles 22 de febrero de 1967: IP V, 1967, 688-689.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> V\u00e9ase <em>Ecclesia<\/em> 28 [1968] 337-338.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada el 8 de marzo de 1968, viernes de la primera semana de Cuaresma. Os hablaba el viernes \u00faltimo sobre la fe en Jesucristo Salvador. Demos hoy un paso m\u00e1s. Nuestra meditaci\u00f3n hoy ser\u00e1 sobre la fe en la Iglesia. Palabras de vida eterna Recordemos ante todo un pasaje evang\u00e9lico que nos sirva de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[66,39,26],"doc_tag":[],"class_list":["post-925","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-cuaresma-1968","doc_category-la-fe-del-cristiano","doc_category-la-iglesia"],"year_month":"2026-04","word_count":5539,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. 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