{"id":923,"date":"2024-09-24T23:16:49","date_gmt":"2024-09-24T21:16:49","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=923"},"modified":"2024-09-27T13:44:43","modified_gmt":"2024-09-27T11:44:43","password":"","slug":"fe-en-jesucristo-salvador","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/fe-en-jesucristo-salvador\/","title":{"rendered":"Fe en Jesucristo Salvador"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Conferencia pronunciada el Viernes de Ceniza, 1 de marzo de 1968.<\/p>\n\n\n\n<p>Os hablaba en la pasada noche del mi\u00e9rcoles de Ceniza sobre nuestra fe cristiana como fundamento del gozo y la alegr\u00eda, pero no podemos detenernos en una contemplaci\u00f3n puramente gozosa de esta fuerza que viene a darnos la paz y la alegr\u00eda interior. Si tal hici\u00e9ramos, correr\u00edamos el riesgo de reducir nuestra fe a un puro sentimiento. Es necesario avanzar m\u00e1s en nuestras reflexiones y buscar los fundamentos serios de esa paz y de ese gozo que nos proporciona la fe.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">\u00bfDe qu\u00e9 viene a salvarnos Jes\u00fas, el Hijo de Dios?<\/h3>\n\n\n\n<p>Por eso vamos a hablar hoy de la fe en Jesucristo Salvador. Necesitamos fortalecer nuestros sentimientos cristianos, darles una consistencia y un apoyo definitivos, conseguir de una vez para siempre, si es posible, que esta fe, en la cual descansa toda nuestra vida cristiana, se vea libre de las flaquezas a que podr\u00eda conducirnos un desconocimiento por nuestra parte de los fundamentos reales en que descansa. Si acaso ha de verse turbada alguna vez como consecuencia de nuestra debilidad, de nuestras pasiones, de las pruebas y tentaciones diversas a que est\u00e1 sometida mientras vivimos en este mundo, por lo menos que no lo est\u00e9 como consecuencia de una omisi\u00f3n, que ser\u00eda culpable: la de no examinar bien los fundamentos de nuestra fe cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>Hermanos m\u00edos: nosotros llamamos a Jesucristo, el Salvador. En realidad no podemos llamarle de otra manera, porque eso es lo que significa esta palabra, Jes\u00fas, Salvador. Abrimos el Evangelio: Evangelio seg\u00fan San Mateo, y en el cap\u00edtulo 1 leemos estas palabras: <em>El \u00c1ngel le dice a Jos\u00e9: Jos\u00e9, hijo de David, no tengas recelo en recibir a Mar\u00eda, porque lo que se ha engendrado en su vientre es obra del Esp\u00edritu Santo; as\u00ed que dar\u00e1 a luz un hijo, a quien pondr\u00e1s por nombre Jes\u00fas, pues \u00c9l es el que ha de salvar a su pueblo,<\/em> o librarle de sus pecados; <em>por eso le has de llamar Jes\u00fas<\/em> (Mt 1, 20-21).<\/p>\n\n\n\n<p>Seguimos leyendo el Evangelio, y ahora nos encontramos con que es el mismo Cristo el que habla de s\u00ed mismo. Observemos c\u00f3mo \u00c9l tambi\u00e9n dice que ha venido al mundo para salvarnos. Evangelio de San Juan, cap\u00edtulo 3:<em>Al modo que Mois\u00e9s en el desierto levant\u00f3 en alto la serpiente de bronce, as\u00ed tambi\u00e9n es menester que el Hijo del Hombre sea levantado en alto, para que todo aquel que crea en \u00c9l no perezca, sino que logre la vida eterna; pues am\u00f3 tanto Dios al mundo que no par\u00f3 hasta dar a su Hijo unig\u00e9nito, a fin de que todos los que crean en \u00c9l no perezcan, sino que vivan vida eterna; pues no envi\u00f3 Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que por su medio el mundo se salve<\/em> (Jn 3, 14-17).Cristo es el salvador del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Oigamos ahora otro texto sagrado. Nos lo ofrece Pablo, el gran ap\u00f3stol de la salvaci\u00f3n cristiana. Dice en su Carta a los Romanos, cap\u00edtulo 5:<em>Justificados, pues, por la fe, mantengamos la paz con Dios mediante nuestro Se\u00f1or Jesucristo; por el cual, asimismo, en virtud de la fe, tenemos cabida en esta gracia en la cual permaneceremos firmes, y nos gloriamos esperando la gloria de los hijos de Dios. Y no nos gloriamos solamente en esto, sino tambi\u00e9n en las tribulaciones, sabiendo que la tribulaci\u00f3n ejercita la paciencia, la paciencia sirve a la prueba de nuestra fe, la prueba conduce a la esperanza, esperanza que no frustra; porque la caridad de Dios ha sido derramada en nuestros corazones por medio del Esp\u00edritu Santo que se nos ha dado. Porque, \u00bfde d\u00f3nde nace que Cristo, estando nosotros todav\u00eda enfermos del pecado, al tiempo se\u00f1alado, muri\u00f3 por los hijos de Dios? A la verdad, apenas hay quien quisiere morir por un bienhechor, pero lo que hace brillar m\u00e1s la caridad de Dios hacia nosotros es que entonces mismo, cuando \u00e9ramos a\u00fan pecadores, fue cuando, al tiempo se\u00f1alado, muri\u00f3 Cristo por nosotros. Luego es claro que ahora mucho m\u00e1s, estando justificados por su sangre, nos salvaremos por \u00c9l de la ira de Dios, y si, cuando \u00e9ramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con \u00c9l por la muerte de su Hijo, mucho m\u00e1s estando ya reconciliados nos salvar\u00e1 por \u00c9l mismo, resucitado y vivo, y no tan s\u00f3lo eso, sino que tambi\u00e9n nos gloriamos en Dios nuestro Se\u00f1or Jesucristo, por cuyo medio hemos obtenido ahora la reconciliaci\u00f3n<\/em>(Rm 5, 1-11).<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00edamos alinear muchos otros textos sagrados junto a estos que he le\u00eddo. No es necesario. Nosotros tenemos conciencia clara, como cristianos hijos de la santa Iglesia Cat\u00f3lica, de que Cristo ha venido al mundo para esto; y es muy importante que nuestra reflexi\u00f3n se centre en esa idea fundamental, porque hoy corremos un peligro, y es el de la abstracci\u00f3n ideol\u00f3gica tambi\u00e9n en el orden del pensamiento cristiano, y de la dispersi\u00f3n moral en cuanto a las actitudes que hemos de tener todos para construir con nuestro esfuerzo laborioso y paciente un mundo mejor que el que tenemos. Y corremos ese peligro, porque quiz\u00e1 nos olvidamos de las ideas fundamentales de la vida cristiana, a las cuales Cristo se ha referido, los Ap\u00f3stoles tambi\u00e9n, y la Iglesia continuamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Tenemos fe en Jesucristo Salvador, y necesitamos decir una y mil veces que Cristo ha venido a esto, a salvarnos del pecado. \u00bfAcaso ahora, la Iglesia de hoy predica otra doctrina distinta? Ciertamente no, y me vais a permitir, aunque abuse un poco de vuestra atenci\u00f3n, que lea otro texto que merece toda nuestra reverencia. Este pertenece al Concilio Vaticano II, y est\u00e1 tomado de un documento conciliar hacia el cual se ha vuelto m\u00e1s que a ning\u00fan otro la atenci\u00f3n esperanzada de los hombres de hoy.<\/p>\n\n\n\n<p>Es la constituci\u00f3n <em>Gaudium et Spes,<\/em> la que habla de la presencia de la Iglesia en el mundo. Esa constituci\u00f3n conciliar ha expuesto cuestiones y se ha referido, en el tratamiento de las mismas, a los principios que hay que tener en cuenta para resolver, en cuanto humanamente podamos, los problemas que afectan a la cultura, al mundo del trabajo, a las relaciones econ\u00f3mica, al orden pol\u00edtico y social. Cuestiones de las que ha hablado el Concilio y de las que nos es muy grato hablar nosotros hoy, no por una vana complacencia en las mismas, sino porque encontramos en esas ense\u00f1anzas ra\u00edces fecundas para poder hacer que surja el \u00e1rbol de la cristiandad con m\u00e1s flores y con m\u00e1s frutos que hasta aqu\u00ed. Ahora bien, corremos el peligro, tantas veces denunciado por el papa Pablo VI, el m\u00e1s autorizado int\u00e9rprete del Concilio, de fragmentar los textos conciliares, de utilizarlos arbitrariamente, de fijarnos con exclusividad en algunos aspectos que pueden resultarnos particularmente atractivos, olvidando otros que son indispensables y fundamentales para entender toda la panor\u00e1mica teol\u00f3gica que el Concilio nos abre.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>El misterio del pecado<\/h3>\n\n\n\n<p>En esta misma constituci\u00f3n sobre la Iglesia y su presencia en el mundo, en este documento en que se nos habla de estas cuestiones, a las que debemos prestar nuestra atenci\u00f3n, en el cap\u00edtulo que introduce toda esa tem\u00e1tica, que tan laboriosamente fue elaborada por el Concilio Vaticano, hay unos p\u00e1rrafos que no podemos olvidar. Escuch\u00e9moslos con atenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>N\u00famero 13 de esta constituci\u00f3n conciliar: \u201cCreado por Dios en la justicia, el hombre, sin embargo, por instigaci\u00f3n del demonio, en el propio exordio de la historia, abus\u00f3 de su libertad, levant\u00e1ndose contra Dios y pretendiendo alcanzar su propio fin al margen de Dios. Conocieron a Dios, pero no le glorificaron como Dios; oscurecieron su est\u00fapido coraz\u00f3n, prefirieron servir a la criatura, no al Creador. Lo que la revelaci\u00f3n divina nos dice coincide con la experiencia. El hombre, en efecto, cuando examina su coraz\u00f3n, comprueba su inclinaci\u00f3n al mal y se siente anegado por muchos males que no pueden tener origen en su santo Creador. Al negarse con frecuencia a reconocer a Dios como su principio, rompe el hombre la debida subordinaci\u00f3n a su fin \u00faltimo y tambi\u00e9n toda su ordenaci\u00f3n, tanto por lo que toca a su propia persona como a las relaciones con los dem\u00e1s, con el resto de la creaci\u00f3n. Es esto lo que explica la divisi\u00f3n \u00edntima del hombre. Toda la vida humana, la individual y la colectiva, se presenta como lucha, y por cierto dram\u00e1tica, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas. M\u00e1s todav\u00eda: el hombre se nota incapaz de dominar con eficacia por s\u00ed solo los ataques del mal, hasta el punto de sentirse como aherrojado entre cadenas. Pero el Se\u00f1or vino en persona para liberar y vigorizar al hombre, renov\u00e1ndole interiormente y expulsando al pr\u00edncipe de este mundo, que le reten\u00eda en la esclavitud del pecado. El pecado rebaja al hombre, impidi\u00e9ndole lograr su propia plenitud. A la luz de esta revelaci\u00f3n, la sublime vocaci\u00f3n y la miseria profunda que el hombre experimenta hallan simult\u00e1neamente su \u00faltima explicaci\u00f3n\u201d (GS 13).<\/p>\n\n\n\n<p>Palabras estas \u00faltimas muy profundas, sobre las cuales volver\u00e9 despu\u00e9s, si tengo tiempo, en la explicaci\u00f3n que he de hacer: \u201ca la luz de esta revelaci\u00f3n, la sublime vocaci\u00f3n y la miseria profunda que el hombre experimenta, hallan simult\u00e1neamente su \u00faltima explicaci\u00f3n\u201d. Hemos de prestar atenci\u00f3n a este adverbio: \u2018\u2018simult\u00e1neamente\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, por lo pronto, yo os invito a que reflexion\u00e9is sobre una cosa: este lenguaje del Concilio no se diferencia mucho del de San Ignacio de Loyola, el que tantas veces ha llegado a nosotros en los d\u00edas que hemos practicado Ejercicios Espirituales, cuando se nos ha hablado de que el hombre tiene un \u00faltimo fin, que es Dios, y de que ha nacido para darle gloria y servirle, y de que el obst\u00e1culo para ello es el pecado. As\u00ed hemos meditado muchas veces, y esto nos lo dice hoy el Concilio Vaticano II. \u00bfPor qu\u00e9 se silencian estos pasajes conciliares? \u00bfPor qu\u00e9 no se habla por parte de todos, sacerdotes, religiosos y laicos, que ense\u00f1an de palabra o por escrito, por qu\u00e9 no se habla de estas ense\u00f1anzas fundamentales, sin las cuales todo lo que el Concilio ense\u00f1a despu\u00e9s sobre el hombre en el mundo carece de una base de sustentaci\u00f3n s\u00f3lida y definida?<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed hermanos en Cristo, s\u00ed; es necesario darnos cuenta bien de cu\u00e1l es la misi\u00f3n que ha tra\u00eddo Jesucristo al mundo, cu\u00e1l es la miseria de la que viene a salvarnos. Leyendo estos pasajes, tanto los de la Sagrada Escritura como los del Concilio, nos damos cuenta de d\u00f3nde est\u00e1 la radicalidad del mal del pecado. Constituye, en primer lugar, una separaci\u00f3n del hombre con respecto a Dios; engendra, adem\u00e1s, dentro de cada hombre una dram\u00e1tica divisi\u00f3n; da origen, despu\u00e9s, a una separaci\u00f3n profunda del hombre para con los dem\u00e1s. En esos tres aspectos del pecado es donde podemos encontrar toda su malicia. Lo que ocurre es que cuando hablamos del pecado, solemos fijarnos en la escasa significaci\u00f3n que tiene en el mundo un hombre que peca, y en el momento en que comete ese pecado el hombre no es propicio a escuchar preguntas de esta \u00edndole. Se ha dejado llevar de una pasi\u00f3n que le ciega, y apenas puede comprender las consecuencias perturbadoras que se van a derivar de esa acci\u00f3n en la cual \u00e9l ha incurrido. Pero cuando ese pecado se repite, y aunque no se repita, cuando el hombre se obstina en mantenerse en \u00e9l con plena conciencia de que obra mal, advierte que ha introducido en su alma el dominio de una fuerza muy distinta de aquella a la cual su naturaleza est\u00e1 llamada a someterse: la fuerza de Dios. Y se hace esclavo, \u00e9l con ese pecado y con otros que siga cometiendo, de fuerzas muy distintas, las cuales no pueden traerle la paz y la felicidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Surge entonces dentro de su alma ese sentimiento tr\u00e1gico, como de cierta impotencia en el cual se debate, como nos dice el Concilio, al ver, por un lado, nobles aspiraciones de su alma hacia un mundo m\u00e1s puro, y, por otro, condescendencias f\u00e1ciles a las cuales se entrega y con las que no va obteniendo m\u00e1s que aumentar las cadenas de futuras esclavitudes. Pero, no solamente experimenta dentro de s\u00ed ese descontento y ese vac\u00edo propio de todo pecador, al que en p\u00e1ginas inolvidables del libro de las <em>Confesiones<\/em> se refiri\u00f3, por ejemplo, San Agust\u00edn. No solamente advierte ese hombre que ha introducido el desorden en su vida, que ha roto con Dios, que se separa de la estrella que ten\u00eda que guiarle, de su \u00faltimo fin; no solamente eso, sino tambi\u00e9n, si ese hombre es sincero, aunque sea pecador, se da cuenta de que introduce asimismo el germen de una separaci\u00f3n con respecto a los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuanto m\u00e1s peca un hombre, m\u00e1s da\u00f1o hace a los dem\u00e1s, porque no solamente les priva del bien que ten\u00eda obligaci\u00f3n de difundir, sino que tambi\u00e9n, muchas veces, hace llegar hasta ellos la onda del mal, y as\u00ed se produce una cadena de influencias continuas, de unos para otros, en virtud de la cual llega un momento en que sentimos todos el drama de un mundo que camina como aplastado con un peso que no puede soportar, el peso del pecado que empieza siendo individual, que tiene consecuencias sociales y que llega a hacerse colectivo, sin que disminuya la responsabilidad de aquel que por su acci\u00f3n personal contribuye a la difusi\u00f3n de ese mal que termina por ensombrecer al mundo. Entonces todo el paisaje moral se torna sombr\u00edo, y el mundo aparece sumergido en una casi perpetua injusticia.<\/p>\n\n\n\n<p>Ciertamente, a la luz de esta doctrina conciliar, y por lo que nos dicen estos textos sagrados y por lo que conocemos de la historia y la vida del Salvador, uno de cuyos cap\u00edtulos, al que no podemos renunciar, es su muerte en la cruz para salvarnos a todos del pecado; a la luz de estos textos comprendemos que necesitamos una fuerza distinta de la del mundo para poder librarnos de este peso que nos aplasta en nuestro interior, que nos hace tanto da\u00f1o y casi, sin quererlo nosotros, pero sin poder evitarlo, nos obliga tambi\u00e9n a hacer da\u00f1o a los dem\u00e1s. Entonces comprendemos la necesidad de una fuerza distinta de las que hay aqu\u00ed abajo, una fuerza que tiene que venir del cielo, la fuerza de Cristo Salvador. Entonces comprendemos c\u00f3mo, en cierto modo, se explica, si es que puede tener explicaci\u00f3n, el amor infinito de Dios a los hombres, manifestado en el hecho de que Jes\u00fas haya venido al mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>No es infrecuente cuando uno habla con un incr\u00e9dulo o con alguien que tiene su fe debilitada y empobrecida, al menos circunstancialmente, no es infrecuente, digo, o\u00edrle exclamar con un gesto de sorpresa que casi es una duda, o por lo menos un interrogante que lanza para ver c\u00f3mo la religi\u00f3n puede contestarle; no es infrecuente, digo, o\u00edrle decir: \u201c\u00bfC\u00f3mo es posible que Dios haya venido a la tierra? Esta es una f\u00e1bula de una mitolog\u00eda religiosa grata a nuestros o\u00eddos, es una de tantas evasiones con las cuales el hombre se consuela en la \u00e1spera lucha que tiene que realizar mientras camina aqu\u00ed abajo. Pero t\u00fa, creyente, cristiano, \u00bfno te das cuenta de lo que significa esta afirmaci\u00f3n, de que Dios se haga hombre y que nazca de Mar\u00eda la Virgen, que venga al mundo, que camine entre nosotros, realice y viva una vida pobre, muerta en una cruz y despu\u00e9s resucite? \u00bfNo es extra\u00f1o? Para la majestad de Dios, \u00bfqu\u00e9 soy, yo, yo, hombre insignificante? Hay una desproporci\u00f3n gigantesca entre ese Dios que me dices que ha venido al mundo para redimirnos, y esta realidad humana tan pobre que constituye tu personalidad y la m\u00eda; no comprendo c\u00f3mo tu religi\u00f3n cristiana puede hacer esas afirmaciones\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero cuando uno medita en el pecado y se da cuenta de c\u00f3mo el pecado se extiende, de c\u00f3mo la violencia engendra violencia, de c\u00f3mo el ego\u00edsmo es causa despu\u00e9s de tantos odios y venganzas, de c\u00f3mo la soberbia, la lujuria, la falta de misericordia, de caridad y de justicia se extienden, con un movimiento incontenible, sobre el mundo entero y nos hacen caminar a todos gimiendo y llorando, impotentes, a pesar de los \u00e9xitos externos de nuestra civilizaci\u00f3n, entonces cambian ya las perspectivas, y uno discurre, al contestar a ese incr\u00e9dulo, de esta manera: yo pongo el punto de partida sobre una base distinta; y en \u00e9sta: Dios ha creado el mundo, Dios le ha creado por amor, Dios ha puesto en el mundo al hombre, y le ama; Dios quiere que el hombre alcance su fin. El hombre ha puesto un obst\u00e1culo, y ese obst\u00e1culo se ha extendido y hace que la humanidad entera camine como vencida, humillada, muchas veces torturada, casi sometida a la desesperaci\u00f3n al ver c\u00f3mo, a pesar de tantos esfuerzos, no logra en el orden moral ni en el orden de la elevaci\u00f3n del esp\u00edritu, esa paz y esa seguridad que busca.<\/p>\n\n\n\n<p>Los pa\u00edses m\u00e1s progresivos de hoy en el mundo, de Europa, de Am\u00e9rica, de donde quiera que est\u00e9n, nos ofrecen un desarrollo t\u00e9cnico inimaginable hace nada m\u00e1s que veinticinco a\u00f1os. A trav\u00e9s de esto podemos calcular lo que ser\u00e1 este mundo dentro de cincuenta a\u00f1os, por ejemplo. Ahora bien, frente a ese progreso t\u00e9cnico, estos pa\u00edses no nos dan la clave para la soluci\u00f3n moral de los problemas que atormentan al hombre, ni como persona, ni como miembro de la familia, ni como formando parte de la sociedad colectiva nacional o internacional. Estos pa\u00edses nos ofrecen, por ejemplo, hace unos d\u00edas, por medio del que les representa como Secretario General de las Naciones Unidas, este testimonio que es como una bofetada sobre el rostro del hombre de hoy, al hablar de la guerra del Vietnam \u201cNo podr\u00e1 haber quien venza ni quien sea derrotado; lo \u00fanico que se lograr\u00e1, si la guerra contin\u00faa, es aumentar el sufrimiento y el dolor\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>O bien, respecto al pa\u00eds m\u00e1s poderoso de la tierra, noticia bien reciente: \u201cDos millones de estudiantes adictos a las drogas\u201d. \u00bfCabe una confesi\u00f3n mayor del fracaso en el orden moral, en ese mundo en donde el hombre quiere ser persona, due\u00f1o de s\u00ed mismo, libre de las esclavitudes del pecado personal o del pecado colectivo?<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, frente a una extensi\u00f3n tan profunda del mal, \u00bfqu\u00e9 es, en definitiva, lo que produce estos efectos catastr\u00f3ficos? \u00a1Ah!, si establezco como punto de partida que yo creo en Dios, y que Dios me ha creado a m\u00ed y a los dem\u00e1s hombres por amor, ya de alguna manera comprendo, empiezo a comprender que, para librarme de este terrible obst\u00e1culo del mal, se necesite una fuerza infinitamente superior a la que encuentro en el mundo. Ya entonces no me parece, supuesta la base del amor, no me parece tan extra\u00f1o el que Cristo venga al mundo, y nos ofrezca con su palabra, con su ejemplo, con su vida los recursos indispensables para vencer el pecado.<\/p>\n\n\n\n<p>En la medida en que el hombre y la sociedad, dej\u00e1ndose guiar de esa luz de Cristo, recibida o deseada o presentida, seg\u00fan sea el estadio hist\u00f3rico en que el hombre se mueve, antes de Cristo o despu\u00e9s de \u00c9l; en la medida en que se deje guiar de esa luz, el hombre contribuye al progreso, difunde la paz, limpia el coraz\u00f3n suyo y el de los dem\u00e1s, establece las bases de esa elevaci\u00f3n necesaria hacia la cual aspira continuamente. Ha venido, pues, Jesucristo a esto, no a otra cosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Jesucristo no ha venido, ni tuvo como objeto directo de su acci\u00f3n resolver nuestros problemas humanos de orden temporal; ni en los aspectos familiares o econ\u00f3micos, que tanto nos preocupan leg\u00edtimamente, quiso entrar. Un d\u00eda, dice el Evangelio que se le acerc\u00f3 un hombre, y le dijo: <em>Se\u00f1or, di que mi hermano me d\u00e9 la parte de bienes que me corresponde por herencia<\/em> (Lc 12, 13). Y Cristo contest\u00f3, casi de una manera \u00e1spera y airada, \u00c9l, que era la dulzura personificada: <em>\u00bfQui\u00e9n me ha constituido a m\u00ed repartidor de vuestros bienes?<\/em> (Lc 12, 14). Otro d\u00eda le preguntan si es l\u00edcito dar tributo al C\u00e9sar, y contest\u00f3 con aquella frase que tantas veces nos hace pensar: <em>Dad al C\u00e9sar lo que es del C\u00e9sar y a Dios lo que es de Dios<\/em> (Mt 22, 21). No entro en ese problema que vosotros me plante\u00e1is.<\/p>\n\n\n\n<p>Jesucristo no vino directamente a resolvernos estas cuestiones sociales en las cuales nos debatimos constantemente, y con esto yo no hago ninguna injuria al evangelio de lo social; por el contrario, lo que hago es defenderlo, para que no est\u00e9 en contradicci\u00f3n con la propia Sagrada Escritura. Si Dios cre\u00f3 al hombre y le dio a \u00e9l el poder de dominar la tierra, como se nos dice en el G\u00e9nesis, a \u00e9l, al hombre, es el hombre el que tiene que seguir domin\u00e1ndola, desarroll\u00e1ndola, haciendo de su parte todo cuanto debe hacer para que el orden pol\u00edtico, econ\u00f3mico, familiar, en el plano humano, sea resuelto. Cristo da los principios, da la luz, crea una atm\u00f3sfera, establece unas exigencias en el interior del coraz\u00f3n. Y, admitida esa luz y recibidas esas exigencias, se crea inmediatamente un nuevo ambiente espiritual, que permite despu\u00e9s lograr la fecundidad de las soluciones cristianas. Pero es el hombre el que tiene que hacerlo; Cristo no pod\u00eda, al venir al mundo, introducir una modificaci\u00f3n en el plan de Creador. El Creador dio al hombre esta misi\u00f3n; por el pecado se introdujo el obst\u00e1culo; Cristo viene a liberarnos del pecado, que es el obst\u00e1culo para que los hombres, en tanto en cuanto nos libramos del pecado, produzcamos el mayor bien que debemos producir con respecto a nosotros y al resto de la humanidad. Es una idea clave que debemos tener en cuenta, porque, de lo contrario, hay motivos para temer.<\/p>\n\n\n\n<p>Que nadie de entre vosotros, o de aquellos a quienes llega mi voz, pueda pensar que vuestro Obispo diga que os desentend\u00e1is de los problemas sociales en nombre del Evangelio. Todo lo contrario: es necesario aplicarnos a ellos. Pero os expongo un temor tambi\u00e9n, y es el de que, para actuar en cristiano en la resoluci\u00f3n de los problemas, tenemos que tener una sinceridad radical con nosotros mismos y con todos. Si no nos esforzamos por eliminar el pecado, sea cual sea, somos ego\u00edstas, porque todo pecador se busca a s\u00ed mismo y se convierte en un agente perturbador de la sociedad. La vida cristiana tiene esta exigencia, y nos obliga a buscar las ra\u00edces aut\u00e9nticas.<\/p>\n\n\n\n<p>Si nos olvidamos de que Cristo ha venido para redimirnos del pecado, \u00bfa qu\u00e9 le reducimos? \u00bfD\u00f3nde vamos a encontrar esa fuerza liberadora frente a una potencia tan aplastante como es esta miseria en que el hombre se debate y de la cual tenemos continuamente los testimonios que ofrece la vida de hoy y la de cualquier \u00e9poca de la historia?<\/p>\n\n\n\n<p>Para encontrar la fuerza que nos d\u00e9 esperanza, valent\u00eda en la lucha contra el mal, aceptaci\u00f3n humilde del silencio, de la espera, muchas veces del misterio, para seguir haciendo el bien en medio del mal; para perdonar cuando nos odian; para dar paz cuando nos combaten, que lodo esto es progreso y beneficio del mundo, \u00bfd\u00f3nde encontraremos la fuerza, si no miramos a Jesucristo nuestro Se\u00f1or, a Cristo nuestro Salvador? El misterio del pecado solamente se vence pensando en el misterio de Cristo que viene al mundo para salvarnos.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>De la humillaci\u00f3n y el empobrecimiento, a la libertad verdadera<\/h3>\n\n\n\n<p>A la luz de estas reflexiones se ve claro el inmenso servicio que presta la Iglesia al mundo de hoy al recordar constantemente esta doctrina salvadora. Pero es necesario recordarla, porque, si no, nuestro cristianismo se diluye y se queda sin las bases s\u00f3lidas y fuertes que lo sustentan. Para luchar contra el mal que hay en el mundo, si yo me apoyo en Cristo Jes\u00fas, una de dos: o mi lucha dura poco tiempo, porque el cansancio me domina; o si me acompa\u00f1a toda la vida, estoy expuesto a que mi lucha sea parcial, buscando \u00fanicamente lo que a m\u00ed me interesa. Tengo que remontarme a un horizonte m\u00e1s alto; tengo que encontrar una luz que lo ilumine todo, que me permita explicar cu\u00e1les son las razones de mi amor a los que est\u00e1n a un lado y a los que est\u00e1n a otro; a los de hoy y a los de ayer; y esa luz la encuentro en Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Es necesario, digo, insistir en esto y en una vida cristiana muy fuerte, porque hoy hay un ambiente difuso, difuso pero real, entre muchos que est\u00e1n obligados a impartir estas ense\u00f1anzas de la religi\u00f3n cristiana, a los cuales les es poco grato hablar del pecado. Hablan de la construcci\u00f3n del mundo, de la autonom\u00eda de las realidades terrestres, del progreso del hombre, del compromiso necesario, de la encarnaci\u00f3n a que debemos llegar, asumiendo cada uno de nuestra parte todas estas realidades creadas en que vivimos para hacerlas m\u00e1s religiosas y cristianas, simplemente respetando su autonom\u00eda e imprimiendo con nuestra acci\u00f3n libre una direcci\u00f3n que, por s\u00ed misma, hace que se orienten hacia el Dios que las cre\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Es cierto, de todo esto tenemos que hablar, y el Concilio ha hablado y nos lo pide a los cristianos de hoy, a los sacerdotes, a los obispos. Pero \u00e9sta es una parte nada m\u00e1s de la ense\u00f1anza. Si eso se encuentra en la Sagrada Escritura, tambi\u00e9n en la Sagrada Escritura y en el Magisterio de la Iglesia est\u00e1 continuamente la otra ense\u00f1anza, de la cual no se puede prescindir jam\u00e1s, y es que el pecado destruye y esclaviza. Pero resulta menos grato hoy hablar a los hombres de esta materia e invitarles u que se enfrente cada uno con ese drama interior de la propia conciencia para mejorar su conducta y para difundir en el mundo, en nombre de la fe cristiana y su amor a Jesucristo, el bien a que est\u00e1 llamado; resulta poco grato, y entonces es posible que estemos pecando todos de un pecado de omisi\u00f3n y de cobard\u00eda, del cual Dios nuestro Se\u00f1or podr\u00e1 pedirnos cuenta.<\/p>\n\n\n\n<p>No hablar del pecado es un terrible error religioso; es un drama social, y es una contribuci\u00f3n a la aniquilaci\u00f3n del hombre; es faltar a la caridad y a la justicia, porque podemos consentir con nuestro silencio a que el hombre, a quien tenemos nosotros que dirigir espiritualmente, se enga\u00f1e y se produzca una falsa ilusi\u00f3n, parecida a la de nuestros primeros padres cuando la serpiente tentadora les dijo que ser\u00edan como dioses. No hablar del pecado tal como lo dice la religi\u00f3n cristiana y tal como el Magisterio de la Iglesia lo proclama; no insistir en esta obligaci\u00f3n grave que tiene todo hombre de fe, de purificar incesantemente su conciencia, contribuye al enga\u00f1o; y podr\u00eda suceder al cabo de una \u00e9poca m\u00e1s o menos prolongada, que este silencio o esta falta de atenci\u00f3n a las ra\u00edces fundamentales, permitiera crear una conciencia desorientada; al cabo de alg\u00fan tiempo nos encontrar\u00edamos con una sociedad religiosamente vac\u00eda. Entonces nuestro delito ser\u00eda grav\u00edsimo. Hace pocos d\u00edas le\u00eda estas palabras de un te\u00f3logo conciliar, y es el padre Rahner, a quien nadie podr\u00e1 calificar de hombre oscurantista y retr\u00f3grado, o enemigo del progreso y de estas tareas en que debemos estar empe\u00f1ados por construir un mundo mejor. Este mismo te\u00f3logo \u2013se preguntada y nos preguntaba\u2013: \u00bfQui\u00e9n entre nosotros predica a\u00fan sobre el infierno? \u00bfQui\u00e9n experimenta a\u00fan el miedo a la muerte y al tribunal de Dios? \u00bfQui\u00e9n llora de verdad cuando alguno de los suyos muere sin sacramentos? \u00bfQui\u00e9n tiene todav\u00eda la audacia de forzar la puerta de aquellos que no quieren escucharle y de aconsejar que se conviertan y se amen rec\u00edprocamente? Muchos de entre nosotros prefieren hacer discursos de una piadosa inactualidad ante un auditorio inofensivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo no quiero incurrir en ese pecado. Tengo una grave obligaci\u00f3n, porque me corresponde velar por la pureza de la fe en la di\u00f3cesis que me ha sido encomendada como obispo de la Iglesia; y por eso os hablo as\u00ed, y deseo vivamente que mis palabras lleguen a todos aquellos colaboradores m\u00edos en la predicaci\u00f3n del Evangelio, sacerdotes, religiosos y religiosas, los cuales no deben tener miedo a hablar de estas verdades que los textos conciliares y la Sagrada Escritura nos han ense\u00f1ado siempre. Cristo ha venido a liberarnos del pr\u00edncipe del demonio \u2013dice el Concilio, tom\u00e1ndolo de la Sagrada Escritura\u2013. Cristo ha venido a liberarnos del pecado. En tanto en cuanto asentimos y obedecemos sus mandatos, nos elevamos del empobrecimiento y la humillaci\u00f3n hacia la libertad verdadera.<\/p>\n\n\n\n<p>O\u00edd a San Juan Bautista; pasa junto a \u00e9l Jesucristo, y \u00bfc\u00f3mo le presenta a los que est\u00e1n oy\u00e9ndole? <em>He aqu\u00ed el Cordero de Dios, he ah\u00ed el que quita el pecado del mundo<\/em> (Jn 1, 29). Esta es la definici\u00f3n que da de \u00c9l el profeta inmediatamente precursor. No podemos cambiarla. Y si ha venido a esto Jesucristo, \u00bfpor qu\u00e9 no hemos de recibir su ben\u00e9fica influencia? Sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos cat\u00f3licos hijos de la Iglesia de Dios, repito mi exhortaci\u00f3n anterior: debemos trabajar por la reconstrucci\u00f3n de un mundo mejor, en su realidad humana y terrestre, pero \u00bfc\u00f3mo hemos de trabajar? \u00bfComo hombres nada m\u00e1s? Entonces yo no tendr\u00eda nada que decir. Para hablar de hombre a hombre podr\u00edamos reunirnos en un sal\u00f3n donde se debatieran temas culturales o pol\u00edticos. Hablando a cristianos, un sacerdote de Cristo, un obispo de la Iglesia, tiene que decirles: hemos de trabajar para reconstruir este inundo venciendo al pecado, siendo mejores en el sentido en que Cristo nos invita a serlo. Esa es la verdadera libertad. Con eso no dir\u00e9 yo que logremos desterrar el mal del mundo, pero aumentamos la influencia del bien.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace nada m\u00e1s que dos d\u00edas ha muerto aqu\u00ed, en Barcelona, un religioso venerable, filipense, el padre Seraf\u00edn Alemany. Pude visitarle poco antes de morir para darle mi bendici\u00f3n. En su rostro se pod\u00eda apreciar la serena belleza de los hombres justos. No he tenido la fortuna de tratar con \u00e9l m\u00e1s tiempo, pero he o\u00eddo hablar a muchos sacerdotes del bien que \u00e9l hizo en su actuaci\u00f3n sacerdotal sobre las almas, en el confesonario, en el consejo espiritual, ayudando a arrepentirse del pecado, sosteniendo la esperanza, difundiendo la paz en las conciencias. Los que se han acercado a \u00e9l, y han sido miles y miles a lo largo de su vida, se separaban luego para ir a su oficina, a su profesi\u00f3n, con m\u00e1s fuerza interior en su alma, cumpl\u00edan mejor sus deberes, contribu\u00edan a que en las relaciones suyas con los dem\u00e1s hubiera m\u00e1s justicia; salvaban al mundo. Ese hombre, en silencio, y como \u00e9l tantos otros, hablando y actuando en nombre de Cristo, pero desde las ra\u00edces, buscando estos fundamentos s\u00f3lidos, sin los cuales todo se reduce a gratas escaramuzas en que los unos nos atacamos a los otros; este hombre, y como \u00e9l tantos otros \u2013repito\u2013, ha prestado un inmenso servicio al bien social.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed es donde insisto: no digo que nos olvidemos de lo otro; digo que empecemos por aqu\u00ed, porque por ah\u00ed empez\u00f3 Cristo; ese nombre le fue impuesto: Jes\u00fas, el Salvador. A eso dijo que \u00c9l hab\u00eda venido, a salvarnos del pecado, para que los que crean en \u00c9l no perezcan y tengan vida eterna. En eso consiste la reconciliaci\u00f3n de que nos habla San Pablo: reconciliados por la sangre del Hijo con el Padre, vivimos, palpamos los fundamentos de la libertad verdadera. Lo contrario puede resultar moment\u00e1neamente grato, pero es enga\u00f1oso; y es seguir caminando montados sobre la mentira. No podemos contribuir nosotros, los que tenemos el deber de predicar el santo Evangelio de Cristo, a que esta situaci\u00f3n enga\u00f1osa de los esp\u00edritus se mantenga. La lucha en favor del mundo la reclama el Evangelio; la fuerza para luchar en nombre del Evangelio nos la da nuestra fe en Jesucristo Salvador, nuestra adhesi\u00f3n a su doctrina y a su vida, y nuestro esfuerzo para librarnos del pecado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada el Viernes de Ceniza, 1 de marzo de 1968. Os hablaba en la pasada noche del mi\u00e9rcoles de Ceniza sobre nuestra fe cristiana como fundamento del gozo y la alegr\u00eda, pero no podemos detenernos en una contemplaci\u00f3n puramente gozosa de esta fuerza que viene a darnos la paz y la alegr\u00eda interior. 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