{"id":915,"date":"2024-09-24T23:07:34","date_gmt":"2024-09-24T21:07:34","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=915"},"modified":"2024-09-24T23:07:34","modified_gmt":"2024-09-24T21:07:34","password":"","slug":"matrimonio-familia-y-evangelizacion","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/matrimonio-familia-y-evangelizacion\/","title":{"rendered":"Matrimonio, familia y evangelizaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Conferencia a la Asociaci\u00f3n de Padres de Familia de Talavera de la Reina, organizada por el Consejo Diocesano de la Educaci\u00f3n Cat\u00f3lica, 10 de febrero de 1984. Texto publicado en el <em>Bolet\u00edn Oficial del <\/em><em>Arzobispado de Toledo,<\/em> julio-agosto 1984, 398-409.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace poco m\u00e1s de un a\u00f1o que el Papa Juan Pablo II se desped\u00eda de Espa\u00f1a y emprend\u00eda el vuelo desde Santiago de Compostela a Roma. Dejaba tras de s\u00ed la siembra generosa de su palabra y de su esfuerzo apost\u00f3lico tan sacrificado y ejemplar. Dos semanas m\u00e1s tarde, convocados los cardenales de la Iglesia a una reuni\u00f3n en Roma, nos invit\u00f3 a cenar con \u00e9l una noche a los tres espa\u00f1oles.<\/p>\n\n\n\n<p>Quer\u00eda recordar y comentar, con la efusi\u00f3n calurosa que nace de impresiones todav\u00eda no apagadas, los m\u00faltiples detalles del viaje. En la conversaci\u00f3n, espont\u00e1nea y suelta, yo me refer\u00eda a lo que me hab\u00eda sucedido, hac\u00eda muy pocos d\u00edas, con ocasi\u00f3n de mi visita al hogar de ancianos de las Hermanitas de los Pobres, de Talavera de la Reina. Fue en esa semana que medi\u00f3 entre su salida de Espa\u00f1a y nuestro inmediato viaje a Roma para asistir a la reuni\u00f3n del Colegio Cardenalicio. Al acercarme a saludar a un grupo de las residentes, me dijo una de ellas, anciana desvalida: <em>\u00bfSe sabe si ha llegado bien el Papa a Roma? \u00a1Pobrecico!<\/em> (expresi\u00f3n de ternura). <em>\u00a1Cu\u00e1nta compa\u00f1\u00eda nos ha hecho a nosotras, que no tenemos a nadie en el mundo&#8230;! \u00a1Claro, como tiene a Dios consigo, nos dec\u00eda las cosas de Dios&#8230;!<\/em> Not\u00e9 que el Papa se sent\u00eda conmovido al escuchar la referencia. Lo impresionante de aquella reflexi\u00f3n, que brotaba de unos labios incapaces ya de dibujar una sonrisa, fueron esas palabras: <em>Como tiene a Dios consigo, nos dice las cosas de Dios.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Me ha venido a la memoria esta an\u00e9cdota, porque al hablaros yo esta tarde del tema que me hab\u00e9is se\u00f1alado, <em>Matrimonio y evangelizaci\u00f3n,<\/em> pienso tambi\u00e9n que no puedo decir m\u00e1s que las cosas de Dios. Y no es poco.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Matrimonio y sacramento<\/h2>\n\n\n\n<p>Me sit\u00fao desde el principio dentro de las ense\u00f1anzas que la Iglesia ofrece a sus hijos partiendo de la Revelaci\u00f3n. \u00c9stas, fundamentalmente, son las siguientes: Dios es el autor de la vida. Cre\u00f3 al hombre y a la mujer dotados de igual dignidad y de diferente sexo. Los cre\u00f3 para que, mediante su uni\u00f3n, una e indivisible, se ayudaran mutuamente con su amor y propagasen la vida. Por eso, desde el principio, la uni\u00f3n del hombre y la mujer tiene un car\u00e1cter sagrado y responde a un plan divino. Llegada la plenitud de los tiempos, vino al mundo Jes\u00fas, el hijo de Mar\u00eda, Cristo, nuestro Salvador. Y esa uni\u00f3n del hombre y la mujer, que ya era algo sagrado, la elev\u00f3 a la condici\u00f3n de sacramento para los que estuvieran bautizados en \u00c9l. \u00bfPor qu\u00e9? \u00bfPor qu\u00e9, si el matrimonio como instituci\u00f3n natural ya era algo sagrado y religioso desde el Para\u00edso, quiso elevarlo el Se\u00f1or a la condici\u00f3n de sacramento, vincul\u00e1ndolo tan estrechamente a \u00c9l como dispensador de la gracia y de la vida divina de la que hab\u00edan de vivir los que creyeran en \u00c9l y quisieran ser sus disc\u00edpulos? La raz\u00f3n es muy profunda y la expone con exactitud no superada el Catecismo del Concilio de Trento. Cristo, con su muerte y resurrecci\u00f3n, redime a los hombres, y no s\u00f3lo viene a librarles del pecado y de la muerte, sino a enriquecerles con una vida radicalmente nueva, la que les corresponde como miembros de su Cuerpo M\u00edstico, como sarmientos de su vid, como hijos del Padre. Sit\u00faa a los hombres en otro plano distinto del meramente natural. Y empieza por llamar a ap\u00f3stoles y disc\u00edpulos que terminar\u00e1n creyendo en \u00c9l y bautiz\u00e1ndose en el agua y la sangre de la redenci\u00f3n, alentados por esa fuerza misteriosa que es el Esp\u00edritu Santo. La nueva vida que Cristo ofrece a esos disc\u00edpulos ha de ir propag\u00e1ndose, por voluntad suya, y progresivamente a unos y a otros. <em>Id por todo el mundo, predicad el Evangelio. Ser\u00e9is mis testigos, luz del mundo&#8230;<\/em> Atenci\u00f3n a esto, porque estamos ya viendo el mandato de evangelizar, de propagar el Evangelio, mandato que se da a todos, a todos los bautizados, en el que los Ap\u00f3stoles insistir\u00e1n tanto cuando prediquen y escriban sus cartas.<\/p>\n\n\n\n<p>Los disc\u00edpulos tendr\u00e1n que evangelizar con su palabra, con su esperanza, con su ejemplo, con su modo de amar, con su perd\u00f3n, con su caridad, con sus bienes terrenos, con su conducta pol\u00edtica y social, con su cruz, con su muerte, con todo. Ser\u00e1 toda su vida la que deba ser testimonio de una fe nueva y de un amor nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ahora viene lo del Catecismo del Concilio de Trento. Como quiera que la uni\u00f3n del hombre y la mujer en el plan de Dios es para propagar la vida; y siendo voluntad de Cristo unir con la suya la vida de los redimidos, se entiende que quisiera elevar a la dignidad de sacramento la uni\u00f3n de una mujer y un hombre bautizados, que es precisamente lo que sirve para hacer brotar la vida. El que quiso que, a partir de su redenci\u00f3n, tuvi\u00e9semos una nueva vida, la vida cristiana, quiso tambi\u00e9n que fuera cristiana la uni\u00f3n del hombre y la mujer, que es precisamente por donde la vida se engendra, nace y se desarrolla.<\/p>\n\n\n\n<p>Elevada a sacramento, esa uni\u00f3n es como la actualizaci\u00f3n de la presencia santificadora de Cristo en el matrimonio, que tiene como fin hacer nacer la vida misma. As\u00ed es como la Redenci\u00f3n pod\u00eda abarcarlo todo, no s\u00f3lo la palabra y el ejemplo, la esperanza y el dolor, el sufrimiento y la muerte, el trabajo y el progreso social, sino tambi\u00e9n la vida misma desde sus comienzos, al marcarla en su origen con el destino que los padres cristianos han de imprimir en ella. Por eso San Pablo dec\u00eda despu\u00e9s, con palabras que parecen una exageraci\u00f3n oriental, pero no lo son, que el matrimonio entre bautizados es como el s\u00edmbolo de la uni\u00f3n de Cristo y de su Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Llamada de la Iglesia ante la situaci\u00f3n actual<\/h2>\n\n\n\n<p>Esta es la s\u00edntesis de la doctrina revelada que hay que tener en cuenta para entender la teolog\u00eda del matrimonio cristiano. De ah\u00ed arranca todo cuanto la Iglesia ha ense\u00f1ado a trav\u00e9s de los siglos sobre el matrimonio y la familia cristiana. Es el fundamento de todo cuanto la Iglesia viene reafirmando e impulsando en los tiempos modernos, desde la enc\u00edclica <em>Casti Connubii,<\/em> de P\u00edo XI, los discursos de P\u00edo XII en las audiencias a los reci\u00e9n casados que se hicieron tan c\u00e9lebres (todav\u00eda guardo con el mayor inter\u00e9s el libro que edit\u00f3 la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica de entonces, <em>P\u00edo XII a los reci\u00e9n casados),<\/em> las instrucciones paternales, pero en\u00e9rgicas, de Juan XXIII, la doctrina tan firme y luminosa de Pablo VI, la del Concilio Vaticano II, la de Juan Pablo II en nuestros d\u00edas con sus libros, con su predicaci\u00f3n en tantos lugares de la tierra, con su exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica <em>Familiaris Consortio,<\/em> con su discurso a las familias en el Paseo de la Castellana, en Madrid.<\/p>\n\n\n\n<p>En esa doctrina y esa visi\u00f3n del matrimonio se han apoyado los movimientos familiares cristianos de diverso nombre, que fueron surgiendo en Francia, B\u00e9lgica, Canad\u00e1, Estados Unidos, Espa\u00f1a, Chile, Argentina, etc., en los \u00faltimos cuarenta a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Si la llamada de la Iglesia se ha hecho en este siglo cada vez m\u00e1s apremiante, es porque nunca el ataque a la instituci\u00f3n del matrimonio y la familia cristiana ha sido tan sistem\u00e1tico, tan feroz y tan universal. Concurren muchos factores a la vez para hacer que el ataque sea devastador.<\/p>\n\n\n\n<p>A) El paganismo ambiental de una sociedad olvidada de Dios, lo mismo en los pa\u00edses de occidente que en los reg\u00edmenes marxistas y, por definici\u00f3n, ateos, del este de Europa, con legislaciones anticristianas en materia de matrimonio y de familia.<\/p>\n\n\n\n<p>B) La tendencia cada vez menos reprimida a gozar y consumir, sea como sea, que ha invadido lo mismo a las familias que profesan la fe cat\u00f3lica que a las que viven alejadas de ella.<\/p>\n\n\n\n<p>C) El pervertido concepto de la modernidad que relativiza los valores permanentes de la fe y de la moral y entroniza como absolutos ante los que un hombre de hoy tiene que rendirse si quiere aparecer culto, los de libertad, de independencia personal, de realizaci\u00f3n propia, de sexualidad cerrada en s\u00ed misma, etc.<\/p>\n\n\n\n<p>D) El tipo de vida social, econ\u00f3mica y profesional que hemos creado en las grandes ciudades, sin sosiego ni serenidad, sin silencio ni meditaci\u00f3n, sin convivencia provechosa y alentadora en el seno del hogar; un tipo de vida que es m\u00e1s bien propio de locos, aunque no queramos reconocerlo as\u00ed, y que favorece el desgaste r\u00e1pido de las ilusiones fecundas, a las que sustituye con impresiones de los sentidos, pasajeras y fugaces, como entretenimiento liberador del \u201cstress\u201d y la fatiga.<\/p>\n\n\n\n<p>E) La crisis general de la Iglesia, cuyo af\u00e1n leg\u00edtimo y obligado de acercamiento al mundo moderno, para comprenderle y valorarle mejor, ha dado origen, en contra de su voluntad, al vaciamiento de los esp\u00edritus y la descalcificaci\u00f3n de las conciencias. Es como si un avi\u00f3n tuviera que volar de un continente a otro y, para realizar el vuelo con m\u00e1s rapidez, fuese arrojando la carga seg\u00fan atraviesa los cielos: llegar\u00eda antes, sin duda, pero llegar\u00eda vac\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>F) Por \u00faltimo, aparece con caracteres siniestros, como dificultad para el mantenimiento de la esperanza y la alegr\u00eda familia, el problema tr\u00e1gico del porvenir de los hijos, m\u00e1s oscuro que nunca a pesar de los esfuerzos abnegados de los padres.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo ello, la falta de fe y de robustez moral, el ate\u00edsmo pr\u00e1ctico, la desvalorizaci\u00f3n de la vida como don divino, hace que aumenten los divorcios, el aborto, las infidelidades conyugales, las uniones libres y a prueba; y que llegue a cuestionarse el hecho mismo de la instituci\u00f3n familiar como una expresi\u00f3n de convivencia humana que ya pas\u00f3 \u2013dicen\u2013 a la historia de los recuerdos propios de una \u00e9poca que se va extinguiendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Mas no todo est\u00e1 perdido, ni mucho menos. La Iglesia sigue llamando cada vez con m\u00e1s fuerza y, como el que llama es Dios a trav\u00e9s de ella, su voz no ser\u00e1 deso\u00edda. Es necesario evangelizar. Hay que salir del c\u00edrculo asfixiante del secularismo y de las visiones a ras de tierra y emprender la marcha, otra vez, hacia la meta de una nueva sociedad cristiana. Esta llamada se formula hoy con esas palabras tan repetidas de Juan Pablo II:<em>\u00a1No teng\u00e1is miedo! \u00a1Abrid las puertas al Redentor! \u00a1Familia, s\u00e9 lo que eres!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Es necesario evangelizar, vuelvo a decir.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Matrimonio, familia y evangelizaci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>Aun reconociendo esas dificultades, la Iglesia llama a las familias, y espera y pide que resurja con fuerza en los hombres y mujeres de nuestro tiempo una actitud de fe que ayude a superarlas y a proclamar con gozo las afirmaciones del Concilio Vaticano II.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEn este quehacer \u2013de evangelizaci\u00f3n\u2013 es de gran valor aquel estado de vida que est\u00e1 santificado por un sacramento especial, es decir, la vida matrimonial y familiar. En ella se encuentra un ejercicio y una escuela magn\u00edfica para el apostolado de los laicos y, a trav\u00e9s de ella, la religi\u00f3n cristiana penetra toda la instituci\u00f3n de la vida y la transforma m\u00e1s cada d\u00eda. Aqu\u00ed tienen los c\u00f3nyuges su propia vocaci\u00f3n, de modo que sean testigos de la fe y del amor de Cristo, mutuamente entre s\u00ed y para sus hijos. La familia cristiana proclama en alta voz, tanto las virtudes presentes del reino de Dios, como la esperanza de la vida bienaventurada. De esta forma, con su ejemplo y testimonio, acusa al mundo de pecado e ilumina a los que buscan la verdad\u201d (LG 35).<\/p>\n\n\n\n<p>Y en la <em>Gaudium et Spes<\/em> se afirma:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLa familia comunicar\u00e1 sus riquezas espirituales generosamente con las otras familias. Por tanto, la familia cristiana, cuyo origen est\u00e1 en el matrimonio, que es imagen y participaci\u00f3n de la alianza de amor entre Cristo y su Iglesia, har\u00e1 patente a todos, la presencia viva del Salvador en el mundo y la genuina naturaleza de la Iglesia, tanto por el amor de los c\u00f3nyuges, por su generosa fecundidad, por su unidad y fidelidad, como por la cooperaci\u00f3n amorosa de todos los miembros\u201d (GS 48).<\/p>\n\n\n\n<p>Esto no es ret\u00f3rica religiosa, sino ense\u00f1anza doctrinal coherente con lo que dec\u00edamos al principio sobre el plan de Dios al elevar a sacramento el matrimonio, la uni\u00f3n del hombre y la mujer cristianos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El designio de Dios sobre el matrimonio y la familia<\/h2>\n\n\n\n<p>El amor. Si Cristo exige el amor como la se\u00f1al de los cristianos, \u00bfcu\u00e1l ser\u00e1 la exigencia de un sacramento basado en la mutua y total donaci\u00f3n del hombre y de la mujer?<\/p>\n\n\n\n<p>El amor revelado por Cristo es como un r\u00edo viviente que viene de Dios y vuelve a \u00c9l despu\u00e9s de haber pasado por los hombres. El matrimonio es forma viviente de este amor que viene de Dios, y une a un hombre y una mujer para volver a \u00c9l. Romper la cadena de este amor es romper la c\u00e9lula viva de la sociedad. \u201cLa naturaleza ha hecho de la familia la primera de las sociedades, dice Arist\u00f3teles, iluminado por su raz\u00f3n natural; el ser humano nace en ella y a ella tiende constantemente.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Todo amor es educativo de suyo, y por naturaleza hace surgir lo mejor de uno mismo. El amor en el matrimonio y en la familia fomenta el perfeccionamiento y desarrollo de la dignidad humana, del respeto, de los deberes y derechos, del sentido del trabajo, del esfuerzo, del sacrificio, de la lealtad. La familia es la cuna del amor y la vida, las dos dimensiones sagradas sobre las que se construye toda sociedad que quiera ser humana, justa y en la que se d\u00e9 un verdadero progreso para el hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Testigos de la fe y del amor de Cristo, mutuamente entre s\u00ed y para sus hijos. Son los hombres verdaderamente libres los que ajustan su comportamiento a su vocaci\u00f3n, liberados de esclavitudes y condicionamientos. Car\u00e1cter sagrado del amor humano en una \u00e9poca en que todo se desvirt\u00faa y prostituye. Un matrimonio, una familia degradada en su moral es un c\u00e1ncer en la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p>Cristo revela la verdad original del matrimonio; liberando al hombre de la dureza del coraz\u00f3n le hace capaz de realizarlo plenamente. El amor de los esposos, por el sacramento del matrimonio, es recuerdo permanente del amor de Cristo por su Iglesia. El matrimonio cristiano es la lenta transformaci\u00f3n de ambos, operada al contacto de la experiencia de Cristo. El resultado es una fidelidad profunda y un coraz\u00f3n animoso, que se abre y entrega a esta unidad sagrada que mantiene y transfigura la vida de cada uno en una comunidad de vida, a pesar de todas las miserias humanas.<\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed es como la familia se hace capaz de cumplir con la misi\u00f3n de evangelizar que la Iglesia le se\u00f1ala. \u201c\u00a1Familia, s\u00e9 lo que eres! Toda familia descubre y encuentra en s\u00ed misma la llamada imborrable que define, a la vez, su dignidad y su responsabilidad: \u00a1familia, <em>s\u00e9<\/em> lo que <em>eres!\u201d (Familiaris consortio<\/em> 17).<\/p>\n\n\n\n<p>Y el Papa nos vuelve a presentar los cuatro cometidos generales de la familia se\u00f1alados por el S\u00ednodo: formaci\u00f3n de una comunidad de personas, servicio a la vida, participaci\u00f3n en el desarrollo de la sociedad, participaci\u00f3n en la vida y misi\u00f3n de la Iglesia. Quiero centrarme en el punto que ya se\u00f1al\u00f3 Pablo VI y que Juan Pablo II vuelve a recoger: \u201cLa familia, al igual que la Iglesia, es espacio donde el Evangelio es transmitido y desde donde \u00e9ste se irradia. En los lugares donde una legislaci\u00f3n antirreligiosa pretende, incluso, impedir la educaci\u00f3n de la fe, o donde ha penetrado el secularismo hasta el punto de resultar imposible pr\u00e1cticamente una verdadera creencia religiosa, la iglesia dom\u00e9stica es el \u00fanico \u00e1mbito donde los ni\u00f1os y los j\u00f3venes pueden recibir una aut\u00e9ntica catequesis\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La familia est\u00e1 en el centro mismo de la Iglesia. La primera forma de apostolado de los laicos la ejercen en la construcci\u00f3n de la familia cristiana, definida como ese ambiente en que la religi\u00f3n penetra toda la organizaci\u00f3n de la vida (Concilio Vaticano II).<\/p>\n\n\n\n<p>El Concilio ha asignado, y el Papa lo recuerda, como tarea principal al apostolado de los seglares \u201cla organizaci\u00f3n de la vida toda penetrada por la presencia de Cristo\u201d. El Se\u00f1or, visiblemente presente en el hogar. Presencia de Dios testimoniada por la oraci\u00f3n en com\u00fan, la fe profesada en com\u00fan, hechos y situaciones iluminados a la luz del Evangelio. Un hogar cristiano que, con su ejemplo y su testimonio, ilumina a los que buscan la verdad, hace presente a Cristo. El Concilio nos dice que, con su testimonio y ejemplo, el hogar cristiano arguye al mundo de pecado. El hogar cristiano es una luz de Dios, una especie de juicio de Dios que pone de manifiesto d\u00f3nde est\u00e1 la verdad y el error, la felicidad y la desdicha, la verdadera vida y d\u00f3nde, por el contrario, la caricatura. Los hogares que viven el amor cristiano ponen ante los ojos la realidad de Cristo y ense\u00f1an el sentido aut\u00e9ntico de la vida del hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLa misi\u00f3n de los hogares cristianos es constituir ambientes en cuyo seno se viva el mensaje de Cristo, irradien amor, bondad, paz, sentido del trabajo, ambientes inspirados en los valores cristianos en puntos tan candentes como los bienes materiales, la sexualidad, la fidelidad a las ense\u00f1anzas de la Iglesia.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>El Papa recomienda, muy especialmente, la Eucarist\u00eda como fuente misma del matrimonio y familia, y el sacramento de la conversi\u00f3n y reconciliaci\u00f3n. \u201cLa parte esencial y permanente del cometido de santificaci\u00f3n de la familia cristiana es la acogida de la llamada a la conversi\u00f3n&#8230;, al arrepentimiento y perd\u00f3n mutuo&#8230; La celebraci\u00f3n de este sacramento tiene un significado especial&#8230;, reconstruye y perfecciona la alianza conyugal y la comuni\u00f3n familiar\u201d <em>(Familiaris consortio<\/em> 58).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Esperanzas<\/h2>\n\n\n\n<p>Para terminar, quiero hacerme una pregunta que, sin duda, os har\u00e9is vosotros tambi\u00e9n cuando observ\u00e9is el panorama, frecuentemente desolador, que descubr\u00eds en torno. \u00bfQu\u00e9 esperanza hay de que en el matrimonio y la familia de hoy se viva esa m\u00edstica de evangelizaci\u00f3n que pide la Iglesia de nuestro tiempo?<\/p>\n\n\n\n<p>Muchas, muchas sin duda. Y lo digo no por buscar un efecto optimista y animoso al final de una conferencia como \u00e9sta. Lo digo porque estoy persuadido de que es as\u00ed. Y debemos proclamarlo abiertamente para no ser v\u00edctimas de una de las estrategias de la guerra subversiva que estamos padeciendo en el orden religioso moral, que es la de hacernos creer y repetir que todo est\u00e1 perdido.<\/p>\n\n\n\n<p>1\u00ba. Hay muchas familias, millones de familias cristianas en el mundo, que viven con gozo y con orgullo lo que su fe les pide, lo mismo en las zonas rurales que en los n\u00facleos urbanos e industrializados. Pero lo viven en silencio y no hacen manifestaciones callejeras como los colectivos feministas que ahora se han puesto de moda en Espa\u00f1a. Hay millares de familias que no tienen como objetivo \u00fanico de sus vidas el poseer y disfrutar, sino sencillamente el de vivir con dignidad. Son matrimonios y familias ante cuya conducta resplandece, por contraste, el dram\u00e1tico fracaso que revelan las palabras no hace mucho tiempo pronunciadas por Cristina Onassis, la hija del c\u00e9lebre armador griego: \u201cla tragedia de mi vida ha sido no poder desear nada, porque lo ten\u00eda todo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>2\u00ba. Estos comportamientos dignos responden, es cierto, en muchas ocasiones a una \u00e9tica puramente natural, no se nutren de impulsos evangelizadores. Habr\u00e1 que ayudarles a que den ese paso que les falta, sobre todo en pa\u00edses de tradici\u00f3n cat\u00f3lica en donde pueden aparecer, cuando menos se piensa, agentes de evangelizaci\u00f3n que hacen ver la otra dignidad, la de ser colaboradores de la Iglesia de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, insisto, los valores naturales del matrimonio y la familia, por s\u00ed mismos, son un capital riqu\u00edsimo que no se ha dilapidado y est\u00e1n ah\u00ed. Trabajo, sacrificio compartido, uni\u00f3n en el amor, fidelidad fundamental y b\u00e1sica, abnegaci\u00f3n por los hijos, etc., son hoy, como ayer, pilares fundamentales de la sociedad. La familia como instituci\u00f3n no est\u00e1 en crisis, porque no puede estarlo; padece una crisis, que es distinto, provocada por ideolog\u00edas diversas y sostenida por fuerzas ocultas pol\u00edticas y mercantiles, que quieren destruirla.<\/p>\n\n\n\n<p>3\u00ba. El paso a la familia evangelizadora, al matrimonio consciente de lo que el sacramento pide, tiene que darse, y ya se est\u00e1 dando, en muchas partes mediante la participaci\u00f3n de los esposos y de los n\u00facleos familiares \u00edntegros (padres e hijos) en una catequesis plena y continua, pasiva unas veces, para recibir el mensaje eterno del Se\u00f1or tal como lo difunde la Iglesia; y activa siempre, con la oraci\u00f3n en com\u00fan, la vida lit\u00fargica familiar, la reflexi\u00f3n seria y sistem\u00e1tica sobre el contenido y las exigencias de la fe, los cursillos y coloquios prematrimoniales, los ejercicios espirituales de cada a\u00f1o que repongan las fuerzas quebrantadas, la pr\u00e1ctica de los sacramentos hecha con esmero y buscando la reconciliaci\u00f3n con Dios y entre los miembros de la familia, fijando ideas claras sobre la sexualidad, el fabuloso valor del trabajo de la mujer en el hogar, la realizaci\u00f3n personal a la luz del plan de Dios y de la esperanza de la vida eterna, la educaci\u00f3n de los hijos a pesar de los fracasos, etc\u00e9tera.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta tarea de la catequesis bien entendida, que es muy distinta de la ense\u00f1anza y la cultura religiosa, ha de llegar a ser algo normal en los matrimonios y familias cat\u00f3licas, tan normal como la higiene y el cuidado de la salud corporal; y as\u00ed es como se lograr\u00e1 que la familia sea esa iglesia dom\u00e9stica de la que hablaba el Concilio con palabras de los Santos Padres.<\/p>\n\n\n\n<p>Y seguir\u00e1 habiendo, por supuesto, pecados, infidelidades, adulterios, divorcios, rupturas, cansancios que ahogan todas las ilusiones de los d\u00edas felices. Ese es el tributo que pagamos a las flaquezas de la carne y del esp\u00edritu. Lo ha habido siempre. Y no es argumento v\u00e1lido para acusar de hipocres\u00eda a la familia cat\u00f3lica, ni para sostener que el ideal es inalcanzable. Una cosa es el pecado, del que el hombre y la mujer que creen en Jesucristo se levantan y buscan el perd\u00f3n de Dios haci\u00e9ndose capaces de perdonar ellos tambi\u00e9n, y otra muy distinta tratar de que se convierta todo en pura sociolog\u00eda y desarrollo progresivo de las costumbres a trav\u00e9s de etapas hist\u00f3ricas en que vamos llegando a un m\u00e1s completo concepto de la libertad humana. No se llega por ese camino a una mejor libertad, sino al nihilismo que lo arrasa todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Aun con infidelidades y pecados, las familias cristianas son, en s\u00ed mismas, una alta cumbre de virtud y sacrificio que ennoblece la condici\u00f3n humana, y una aportaci\u00f3n caudalosa y constante a la sociedad de esfuerzos pacificadores y creadores de honestidad, de rectitud y de alegr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>El trabajo que se har\u00e1, cada vez m\u00e1s, para que las familias sean agentes vivos de evangelizaci\u00f3n en el mundo moderno, mediante el cultivo de las virtudes naturales y sobrenaturales, que se lograr\u00e1 con una adecuada catequesis, ha de ser un medio eficac\u00edsimo para defender el sentido cristiano de la vida en una sociedad secularizada, y para propagarlo. Hay momentos, como sucede ahora en Espa\u00f1a, en que es necesario organizarse para impedir por todos los medios l\u00edcitos que se impongan leyes injustas como las que tienden a anular la libertad de los padres para escoger la ense\u00f1anza que quieren dar a sus hijos, o las que atentan contra la transmisi\u00f3n de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Al ponderar estos motivos de esperanza a los que me refiero, no desconozco la fuerza de los obst\u00e1culos que existen y la hacen dif\u00edcil. Antes he anunciado algunas de las causas que act\u00faan contra la familia. Hay, adem\u00e1s, otra: las leyes que pueden promulgarse, y el sello que se va imprimiendo a una cultura en que el permisivismo moral, el desprecio de la ley de Dios y la confusi\u00f3n atroz de las ideas lo llena todo de tinieblas. La vida cristiana de la sociedad, tambi\u00e9n en Espa\u00f1a, se queda a la intemperie, sin protecci\u00f3n pol\u00edtica, ni legal, ni sociol\u00f3gica. Acept\u00e9moslo como un hecho con el que hay que contar. La familia sufre m\u00e1s que ninguna otra instituci\u00f3n, por la delicadeza de su estructura y de sus fines, las consecuencias de estos embates; es cierto. Y a juzgar por las estad\u00edsticas y los efectos que se derivan de tantos divorcios y simples separaciones judiciales, de los abortos y de lo que ya se empieza a decir sobre la eutanasia, de la despenalizaci\u00f3n de las drogas, de las uniones de hombres y mujeres sin compromiso de estabilidad, etc., las grietas que se han abierto en la instituci\u00f3n familiar y que se ir\u00e1n abriendo, tambi\u00e9n dentro del mundo cat\u00f3lico, son muy alarmantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, aun as\u00ed, yo tengo confianza en la fuerza del Evangelio si, en respuesta a la llamada que la Iglesia est\u00e1 haciendo a los matrimonios y las familias, va penetrando en las conciencias esta hermosa convicci\u00f3n de que cada hogar cristiano debe ser un n\u00facleo evangelizador vivo y consciente.<\/p>\n\n\n\n<p>Y penetrar\u00e1 cada vez m\u00e1s merced a un hecho de importancia trascendental: la superaci\u00f3n de la crisis interna de la propia Iglesia. Hemos pasado muchos a\u00f1os debati\u00e9ndonos en un mar de dudas y de ambig\u00fcedades sobre todos los puntos fundamentales de la fe y la moral cat\u00f3licas, con el pretexto de la renovaci\u00f3n que era evidentemente necesaria. A la familia ha llegado el oleaje turbador de esta crisis interna de la Iglesia, porque en la sociedad cristiana o, si quer\u00e9is, en el Cuerpo M\u00edstico de Cristo, cuando se falla en la coherencia entre la fe y la vida, cuando se ponen en duda los valores permanentes e inalterables del dep\u00f3sito de la fe y de las exigencias que lleva consigo el seguimiento de Cristo, los fallos repercuten despu\u00e9s en todo.<\/p>\n\n\n\n<p>La crisis est\u00e1 super\u00e1ndose. El esfuerzo de clarificaci\u00f3n del Vicario de Cristo, de Pablo VI antes, y ahora de Juan Pablo II, misionero de todos los continentes, est\u00e1 dando resultados. Y son las familias y los matrimonios los que, m\u00e1s sensibles que nadie porque est\u00e1n situados en la encrucijada de las luchas y los sufrimientos, acuden y acudir\u00e1n a \u00e9l como a una fuente de vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Brotar\u00e1 en la Iglesia de los pr\u00f3ximos a\u00f1os un poderoso movimiento de espiritualidad profunda que vaya a las ra\u00edces del ser cristiano; y, sin mengua de la preocupaci\u00f3n leg\u00edtima por el bienestar de la tierra, se va a aceptar mejor la tarea de evangelizar, y las familias se dar\u00e1n cuenta de la enorme misi\u00f3n que tienen, como dijo el Papa a Henri Frossard en sus di\u00e1logos con el escritor franc\u00e9s, cuando \u00e9ste le citaba unas palabras de Chesterton a prop\u00f3sito de que la familia es una c\u00e9lula de resistencia a la opresi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pienso que s\u00ed, pero eso no basta. Si la familia cristiana se limita simplemente a resistir, corre el peligro de disolverse. La familia cristiana ha de convertirse en agente de evangelizaci\u00f3n y de positiva influencia cristiana sobre la sociedad de nuestros d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La ense\u00f1anza y educaci\u00f3n de vuestros hijos<\/h2>\n\n\n\n<p>Y antes de terminar, permitidme que a\u00f1ada unas palabras insistiendo, concretamente, sobre una cuesti\u00f3n de actualidad y trascendencia manifiestas: la cuesti\u00f3n de la ense\u00f1anza y educaci\u00f3n de vuestros hijos, en la que ten\u00e9is los derechos que os da el ser sus padres.<\/p>\n\n\n\n<p>Al engendrarles y traerles al mundo no quer\u00e9is \u00fanicamente darles la vida corporal, meramente f\u00edsica, sino una educaci\u00f3n de su alma, es decir, de su pensamiento y de su libertad, que es lo que distingue a un ser humano. Como cristianos que sois e hijos de la Iglesia, quer\u00e9is darles, adem\u00e1s, una fe, un sentido de la existencia, una orientaci\u00f3n moral en su condici\u00f3n de seres libres pero responsables ante Dios y ante la sociedad. Quer\u00e9is darles una esperanza que ilumine su paso por la vida, una respuesta ante el hecho del dolor y de la muerte, una visi\u00f3n elevada del amor, una preocupaci\u00f3n justa por el progreso y el bienestar social de todos, una fe en Cristo Redentor, una piedad que facilite a su esp\u00edritu poder rezar el Padre Nuestro y desear que el nombre de Dios sea santificado en la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo mismo, no es l\u00edcito que una mal entendida libertad de c\u00e1tedra se convierta en una agresi\u00f3n injusta de vuestras creencias, y rompa en mil pedazos el sereno equilibrio de un alma infantil o adolescente que no puede defenderse adecuadamente de lo que una ideolog\u00eda apasionada, en el orden moral o religioso, puede lanzar sobre su rostro.<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00e9is derecho a elegir centros en que sea respetada y ayudada a manifestarse y desarrollarse cultural y educacionalmente una filosof\u00eda de la vida que est\u00e9 de acuerdo con vuestra fe y vuestras convicciones, y si ese es vuestro derecho, surge el correlativo deber del Estado de amparar la creaci\u00f3n y facilitar el desarrollo de esos centros, sean estatales o de otras instituciones distintas del Estado.<\/p>\n\n\n\n<p>Pensar as\u00ed y reclamar que as\u00ed se haga, no es oposici\u00f3n a la justa libertad de c\u00e1tedra, porque lo que hac\u00e9is es optar libremente, tan libremente como el que m\u00e1s, por una determinada c\u00e1tedra, la de la cultura y educaci\u00f3n cristiana, y libremente la defend\u00e9is en nombre de vuestra fe y vuestra condici\u00f3n de bautizados, y libremente la acept\u00e1is en lo que tiene de fijeza, no de inmovilismo ni de oposici\u00f3n, que no existe, al verdadero progreso.<\/p>\n\n\n\n<p>La fijeza se debe a que no es l\u00edcito jugar con lo que Dios nos ha revelado, tal como nos lo expone el Magisterio de una Iglesia que nos gu\u00eda hacia lo que Cristo nos ofrece como verdad y vida. La fijeza se debe a que no hay contradicci\u00f3n ninguna entre la verdadera ciencia y la religi\u00f3n bien explicada y entendida. La fijeza se debe a que no quer\u00e9is que, en nombre de la libertad docente, se entronice, en su lugar, la audacia irreverente, que es distinto. La fijeza se debe, en fin, a que no podemos consentir que se tome a los ni\u00f1os y adolescentes como objeto de experimentaci\u00f3n o de manipulaci\u00f3n de su pensamiento, frente a lo que desean sus padres, puestos que ellos no pueden discernir las razones de la posible divergencia de conceptos y modos de pensar.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, desear\u00edamos que en el proyecto de la LODE se estableciera bien claramente la respetabilidad del ideario, y no aparecieran ambig\u00fcedades que puedan ponerlo en peligro; ni se fomenten, a trav\u00e9s de los consejos escolares, obst\u00e1culos que en el orden pr\u00e1ctico puedan hacer inviable el derecho de los padres a que sus hijos sean educados de acuerdo con su fe.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia no desea guerra escolar ni guerra de los catecismos, ni ninguna clase de guerras. Lo \u00fanico que desea es respeto y su misi\u00f3n y libertad efectiva para ejercerla. Ella, como instituci\u00f3n que ha recibido de Dios el mandato de ense\u00f1ar, tiene derecho a ofrecer esa ense\u00f1anza, a todos los niveles en que pueda hacerlo, para formar al hombre, procurando encarnar el mensaje revelado en todas las culturas.<\/p>\n\n\n\n<p>Y los padres de familia que se declaran creyentes y piden para sus hijos ense\u00f1anza religiosa y educaci\u00f3n cristiana en coherencia con su fe, lo mismo si son el 90% que el 20 o el 30, tienen derecho a que se respete su opci\u00f3n libre, y no se promulguen leyes o reglamentos que introduzcan orientaciones perturbadoras de la paz escolar. Los alumnos de los centros son hijos de sus padres antes que disc\u00edpulos de sus profesores. Tienen derecho a encontrar centros aptos para lograr la educaci\u00f3n que buscan; profesores que ense\u00f1en de acuerdo con los criterios propios de un ideario cristiano, si esto es lo que desean recibir; una direcci\u00f3n que, contando con la debida participaci\u00f3n de la comunidad escolar, verdaderamente dirija y no sea anulada por un intervencionismo de unos y otros que la hace quedar a merced de los vaivenes originados por presiones extra\u00f1as. Y como consecuencia, naturalmente, estos centros tienen derecho a poder recibir las justas aportaciones econ\u00f3micas, en la forma y bajo el control necesarios, aportaciones que hace la sociedad a trav\u00e9s del Estado, y no el Estado a trav\u00e9s de la sociedad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia a la Asociaci\u00f3n de Padres de Familia de Talavera de la Reina, organizada por el Consejo Diocesano de la Educaci\u00f3n Cat\u00f3lica, 10 de febrero de 1984. Texto publicado en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, julio-agosto 1984, 398-409. Hace poco m\u00e1s de un a\u00f1o que el Papa Juan Pablo II se desped\u00eda de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[56,57],"doc_tag":[],"class_list":["post-915","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-educacion-catolica","doc_category-familia-y-matrimonio"],"year_month":"2026-05","word_count":5747,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. 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