{"id":913,"date":"2024-09-24T23:05:36","date_gmt":"2024-09-24T21:05:36","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=913"},"modified":"2024-09-24T23:05:36","modified_gmt":"2024-09-24T21:05:36","password":"","slug":"responsabilidad-de-la-familia-cristiana-hoy","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/responsabilidad-de-la-familia-cristiana-hoy\/","title":{"rendered":"Responsabilidad de la familia cristiana hoy"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Estudio publicado en el volumen <em>Escritos de homenaje a S.S. Juan Pablo II,<\/em> promovido y editado por la Real Academia de Ciencias Morales y Pol\u00edticas, Madrid 1982,41-64.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Introducci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>En el homenaje que la Academia de Ciencias Morales y Pol\u00edticas ofrece a Su Santidad Juan Pablo II, con ocasi\u00f3n de su venida a Espa\u00f1a, la primera que un Papa hace a nuestra naci\u00f3n, deseo reflexionar sobre uno de los puntos m\u00e1s importantes de su extenso magisterio: el de la familia cristiana. Tema dif\u00edcil, si se pretende tratarlo con alguna plenitud, o decir algo nuevo, ya que lo ha agotado Juan Pablo II, sobre todo, en su Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica <em>Familiaris consortio,<\/em> pero f\u00e1cil si nos limitamos a poner de relieve alg\u00fan aspecto concreto y determinado.<\/p>\n\n\n\n<p>Voy a hablar sobre la responsabilidad de la familia cristiana hoy. Responsabilidad ante Dios, es decir, la respuesta que, bajo su responsabilidad, debe dar a Dios la pareja matrimonial, ante las exigencias de la ley divina, natural o positiva. Es claro que Dios impone a los esposos unas obligaciones mutuas; y unas obligaciones para con los hijos, y tambi\u00e9n para con la Iglesia cat\u00f3lica, en cuyo seno viven los esposos cristianos; por fin, obligaciones, para con la sociedad civil, en concreto, entre nosotros, para con la patria espa\u00f1ola, a la que sentimos el orgullo de pertenecer. He ah\u00ed el cuadro de las responsabilidades de la familia cristiana que me propongo, brevemente, exponer.<\/p>\n\n\n\n<p>Si hablo de \u201cobligaciones\u201d, concepto y palabra hoy d\u00eda impopulares, no pretendo hacer hincapi\u00e9 en lo que pueden aparentar de restrictivo, sino al contrario, en lo que tienen de liberador para el individuo y para la sociedad, seg\u00fan la sabia disposici\u00f3n de la Divina Providencia acerca de las relaciones familiares. Por lo dem\u00e1s, \u201cresponsabilidad\u201d y \u201cobligaci\u00f3n\u201d son conceptos correlativos: no hay responsabilidad donde no hay obligaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Todav\u00eda una observaci\u00f3n m\u00e1s. Estimo necesario aclarar algunas ideassobre la autoridad del Magisterio pontificio porque, inexplicablemente, hay profesores de moral que no ven claro en este punto. Su moral es pura \u00e9tica natural, cuya fuente es \u00fanicamente la raz\u00f3n humana. Como el Magisterio eclesi\u00e1stico, dicen, tiene por misi\u00f3n transmitirnos la Revelaci\u00f3n contenida en la Sagrada Escritura, y en \u00e9sta no se dan soluciones a nuestros problemas morales, las ense\u00f1anzas pontificias tienen s\u00f3lo el valor que tengan las razones en que se apoyan: son \u00e9tica. Por tanto no constituyen, por s\u00ed mismas, normas obligatorias. Son l\u00edneas de pensamiento para los que no lo tienen propio. Estos har\u00e1n bien en seguirlas. Los otros pueden confrontar las propias razones con las del Magisterio eclesi\u00e1stico. Y no s\u00f3lo te\u00f3logos, sino tambi\u00e9n toda persona que, por su talento y sus estudios, est\u00e9 capacitada para formarse una opini\u00f3n personal.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Extra\u00f1o!, pero as\u00ed es. Estos profesores olvidan verdades dogm\u00e1ticas fundamentales. Las ense\u00f1anzas del Magisterio no provienen de la fuente de la raz\u00f3n humana. No prescinden de la raz\u00f3n, claro est\u00e1; pero el Magisterio y los te\u00f3logos cat\u00f3licos la emplean para comprender el sentido de la Revelaci\u00f3n, explicarla, deducir consecuencias y sistematizar la doctrina; no para elaborar sistemas puramente racionales, al margen y tal vez en contra de la Revelaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La fuente de las ense\u00f1anzas pontificias, en materia de fe y de moral, es la Revelaci\u00f3n, interpretada aut\u00e9nticamente gracias a la asistencia del Esp\u00edritu Santo. Aunque las razones filos\u00f3ficas de sus doctrinas fallaran, las doctrinas no fallan, porque est\u00e1n basadas en una fuente superior de conocimiento, y \u00e9sta no falla.<\/p>\n\n\n\n<p>Es verdad que no toda ense\u00f1anza pontificia es infalible; s\u00f3lo lo es en las condiciones sabidas por todos. Pero siempre esas ense\u00f1anzas son aut\u00e9nticas y los fieles deben adherirse a ellas con religioso respeto. \u201cEste obsequio religioso de la voluntad y del entendimiento de modo particular ha de ser prestado al magisterio aut\u00e9ntico del Romano Pont\u00edfice, aun cuando no hable \u2018ex cathedra\u2019; de tal manera que se reconozca con reverencia su Magisterio supremo y con sinceridad se preste adhesi\u00f3n al parecer expresado por \u00e9l, seg\u00fan su manifiesta mente y voluntad, que se colige principalmente ya sea por la \u00edndole de los documentos, ya sea por la frecuente proposici\u00f3n de la misma doctrina, ya sea por la forma de decirlo\u201d (LG 25).<\/p>\n\n\n\n<p>La Revelaci\u00f3n cristiana no consta \u00fanicamente en la Sagrada Escritura: \u201cLa Iglesia no saca exclusivamente de la Escritura la certeza acerca de todo lo revelado\u201d (DV 9). Esto tambi\u00e9n lo parecen olvidar los te\u00f3logos eticistas.<\/p>\n\n\n\n<p>La obligaci\u00f3n que Cristo puso a su Iglesia, de ser la gu\u00eda de las almas para conseguir la vida eterna incluye necesariamente un Magisterio acerca de la ley natural, sin cuya observancia es imposible alcanzar la felicidad eterna.<\/p>\n\n\n\n<p>A prop\u00f3sito del matrimonio se debaten hoy cuestiones y se aceptan posiciones nuevas, no conformes con la moral tradicional en la Iglesia cat\u00f3lica: por ejemplo, sobre los fines del matrimonio y la posible licitud de la exclusi\u00f3n del fin procreativo; sobre la indisolubilidad del matrimonio o posibilidad de divorcio con acceso a nuevas nupcias. Los amigos de novedades se protegen con la afirmaci\u00f3n de que el Magisterio eclesi\u00e1stico no ha intervenido, o por lo menos no ha intervenido resolutoriamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Creemos que el documento <em>Familiaris consortio,<\/em> al que constantemente nos vamos a referir, ha quitado todo valor a esas excusas. Las cuestiones hasta ahora debatidas las aborda el Papa y las resuelve conforme a la doctrina tradicional de la Iglesia. Las opiniones contrarias no son ya de libre circulaci\u00f3n, como dijo P\u00edo XII en la <em>Humani generis.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Es cierto que ni la <em>Humanae vitae<\/em> ni la <em>Familiaris consortio<\/em> son definiciones dogm\u00e1ticas; pero ah\u00ed est\u00e1 el Concilio Vaticano II, que proclama la obligaci\u00f3n del asenso religioso a la ense\u00f1anza pontificia aut\u00e9ntica, aunque no revista la forma suprema de definici\u00f3n infalible. Quedar\u00e1, pues, la absoluta posibilidad del disenso; pero con la responsabilidad de que sea solamente por la clara existencia de razones graves, con el debido respeto, y limitando la expresi\u00f3n del desacuerdo a los \u00f3rganos especializados, de manera que se evite el esc\u00e1ndalo y desorientaci\u00f3n de los fieles; y por supuesto, con la disposici\u00f3n sincera de atenerse a posibles definiciones resolutorias del Magisterio.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Responsabilidades mutuas de los esposos<\/h2>\n\n\n\n<p>Las primeras responsabilidades a que da origen la familia cristiana son las matrimoniales, es decir, las que se refieren a las relaciones de los c\u00f3nyuges entre s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Es verdad, el fin primario del matrimonio es la procreaci\u00f3n; pero antes, en los seres humanos, deben proceder v\u00ednculos afectivos, morales y jur\u00eddicos.<\/p>\n\n\n\n<p>El amor de los esposos no es solamente una inclinaci\u00f3n de la naturaleza, o una ley de la psicolog\u00eda humana; es tambi\u00e9n, m\u00e1s todav\u00eda que lo anterior, una ley moral, un mandamiento divino. Si <em>el hombre dejar\u00e1 a su padre y a su madre y se unir\u00e1 a su mujer, y ser\u00e1n los dos una sola carne<\/em> (Gn 2, 24), es claro que no se trata de destruir los naturales lazos afectivos de la familia en que se nace, sino de reconstruirlos, de dilatarlos y prolongarlos en nuevos seres y m\u00e1s all\u00e1 de las limitaciones espacio-temporales de los individuos.<\/p>\n\n\n\n<p>El mandamiento divino del amor fluye de los dos fines m\u00e1s importantes del matrimonio: la procreaci\u00f3n y la mutua ayuda. Los hijos necesitar\u00e1n toda la vida, pero sobre todo, hasta llegar a la plenitud humana, de los dos amores, hechos uno, del padre y de la madre. Y es claro que la mutua ayuda que deben darse los esposos no puede reducirse al mero cumplimiento exterior de ciertas exigencias, sino que debe estar fundada e impregnada del amor: ese amor profundo de los esposos entre s\u00ed, uno de los m\u00e1s fuertes que Dios ha impreso en la naturaleza humana.<\/p>\n\n\n\n<p>Amor que, como toda vida, va creciendo en los esposos sin conocer ocaso.<\/p>\n\n\n\n<p>Puede, no obstante, suceder que un amor surgido en la lejan\u00eda forzada y rom\u00e1ntica del noviazgo, se encuentre contrastado y combatido m\u00e1s tarde en la cercan\u00eda de la vida diaria matrimonial, en la que se manifiestan inevitablemente las limitaciones y defectos de los c\u00f3nyuges: limitaciones de inteligencia, diversidad de ideas y pareceres, gustos distintos y aun opuestos, caracteres irascibles, temperamentos excesivamente ardorosos o menos expresivos de lo conveniente, tentaciones de otros amores, que se presentan m\u00e1s risue\u00f1os y m\u00e1s satisfactorios.<\/p>\n\n\n\n<p>Efectivamente, es normal que todo matrimonio se contraiga a impulsos de un amor sincero; pero aunque as\u00ed sea de ordinario, en ese amor sincero pueden darse buenas dosis de ego\u00edsmo, de sensualidad, de intereses econ\u00f3micos. Surgir\u00e1n, m\u00e1s o menos pronto, las diferencias que los ego\u00edsmos van agrandando. Es un fuego que, al principio, se puede apagar con facilidad; pero que, f\u00e1cilmente, esas diferencias no lo apagar\u00e1n, sino al contrario, lo atizar\u00e1n, hasta convertirse en un gran incendio de disgustos, de incomprensiones y de rencores, que devorar\u00e1n la felicidad familiar.<\/p>\n\n\n\n<p>El amor sincero y vigilante dictar\u00eda para los esposos la norma pr\u00e1ctica de no buscar en el matrimonio tanto la propia felicidad como la del c\u00f3nyuge: as\u00ed los dos se har\u00edan felices con el amor del otro. Pero el ego\u00edsmo, que muchas veces domina, prefiere la norma pr\u00e1ctica contraria: la de buscar por encima de todo la propia felicidad, pese a quien pese. As\u00ed se hace infeliz al c\u00f3nyuge; y \u00e9ste, a su vez, respondiendo con el mismo ego\u00edsmo, hace tambi\u00e9n al otro desgraciado. Todo tendr\u00eda f\u00e1cil soluci\u00f3n, abriendo los dos esposos el coraz\u00f3n a un aut\u00e9ntico amor, amor sin mezcla de ego\u00edsmos y pronto a aceptar los sacrificios que ello importa como precio, peque\u00f1o sin duda, de la felicidad familiar. Cosa que no parece demasiado dif\u00edcil, pues el coraz\u00f3n humano necesita dar y recibir amor, y encontrar en esa mutua donaci\u00f3n la fuente de la verdadera felicidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas consideraciones se elevan a un plano sobrenatural en el matrimonio cristiano, cuyo modelo sublime es Cristo y la Iglesia. Entre Cristo y la Iglesia no hay, no puede haber, disgustos ni conflictos. <em>Cristo am\u00f3 a su Iglesia, y se entreg\u00f3 por ella, para santificarla, purific\u00e1ndola mediante el lavado del agua con la palabra (bautismo), a fin de presen<\/em><em>t\u00e1rsela a s\u00ed gloriosa, sin mancha ni arruga o cosa semejante, sino santa e intachable<\/em>(Ef 5, 25-27).El gran misterio de la instituci\u00f3n natural-divina del matrimonio, San Pablo lo explica refiri\u00e9ndolo a Cristo y a la Iglesia (Ib\u00edd. 32). Y a\u00f1ade:<em>Las casadas est\u00e9n sujetas a sus maridos como al Se\u00f1or; porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia y Salvador de su Cuerpo. Y como la Iglesia est\u00e1 sujeta a Cristo, as\u00ed las mujeres a sus maridos, en todo. Vosotros, los maridos, amad a vuestras mujeres&#8230; Ame cada uno a su mujer, y \u00e1mela como a s\u00ed mismo, y la mujer reverencie a su marido <\/em>(Ib\u00edd.22-24. 33).Sublimado, y con las diferencias debidas en el esposo divino, Cristo, este ejemplo ideal, realiza el consejo o norma pr\u00e1ctica que, en lo natural, d\u00e1bamos antes para conseguir la felicidad de los matrimonios: que cada uno busque no tanto su propia felicidad como la del c\u00f3nyuge.<\/p>\n\n\n\n<p>Se ha hablado y escrito mucho sobre la complementariedad de los dos sexos, exagerando hasta afirmar que el hombre completo es s\u00f3lo hombre y mujer. Falsedad evidente, pero que tiene una gran parte de verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Las cualidades humanas no se dan en todos los individuos en sus grados m\u00e1s elevados: se dan, en unos, unas; en otros, otras. Las mujeres y los hombres tienen sus diferencias, no s\u00f3lo sexuales, sino tambi\u00e9n ps\u00edquicas: talento, afectividad, fantas\u00eda, intuici\u00f3n o deducci\u00f3n, etc. Sin intentar siquiera una tipolog\u00eda masculina y femenina, es claro que en el var\u00f3n prevalece la inteligencia sobre la afectividad, mientras que lo contrario pasa en la mujer; el hombre es fuerte, la mujer d\u00e9bil y delicada. En conformidad con estas cualidades, el var\u00f3n cultiva la ciencia, desarrolla la t\u00e9cnica, es creador de arte, hace la guerra. Las cualidades masculinas solas crear\u00edan un mundo bronco, poco habitable en medio de las comodidades de la t\u00e9cnica. Tiene que ser la mujer, con sus dotes de coraz\u00f3n, la que ponga paz y dulzura en las relaciones entre los sexos, en el matrimonio, en la familia, en la vida social. No olviden esto los partidarios de la igualdad absoluta de los sexos, los feministas a ultranza. Incurrir\u00edan en una responsabilidad contra la naturaleza, contra Dios, queriendo eliminar las cualidades complementarias, que dan a la vida su pleno valor y satisfacci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Si se salvan las dificultades matrimoniales que f\u00e1cilmente surgen, dada la fragilidad humana, en el matrimonio, \u00e9ste ser\u00e1 una fuente perenne y copiosa de felicidad, felicidad cada vez mayor. Si la ilusi\u00f3n juvenil hizo feliz a la pareja a los principios, hay que reconocer que en ella hab\u00eda una fuerte aleaci\u00f3n de otros metales, que no eran el oro puro del amor: satisfacci\u00f3n sexual, ventajas econ\u00f3micas, soluci\u00f3n de los problemas de la vida, etc. Andando los a\u00f1os, el amor se depura cada vez m\u00e1s, liber\u00e1ndose de los ego\u00edsmos menos nobles: los problemas econ\u00f3micos ya no acucian tanto, el instinto sexual se va apagando y queda el oro puro del amor: la fusi\u00f3n de corazones y voluntades.<\/p>\n\n\n\n<p>Afortunadamente, el matrimonio en Espa\u00f1a, bajo el influjo, sin duda, de la religiosidad y moral cat\u00f3lica, es, generalmente, como debe ser: el puerto de paz y descanso, despu\u00e9s de las tormentas juveniles. La inmensa mayor\u00eda de los matrimonios espa\u00f1oles disfrutan de la felicidad familiar. Una propaganda imprudente y aprior\u00edstica, fundada en ideas progresistas y deseos de cambio, tal propaganda, digo, a favor de la ley de divorcio civil, llevada a cabo aun entre cat\u00f3licos, ha puesto muy de relieve los conflictos matrimoniales, exager\u00e1ndolos cualitativamente y cuantitativamente. Se ha afirmado que eran numeros\u00edsimas las parejas en que era imposible la convivencia, habi\u00e9ndose llegado al l\u00edmite de la resistencia posible. Era absolutamente necesaria la separaci\u00f3n, con la posibilidad de rehacer la felicidad familiar en un nuevo matrimonio; aun a pesar de los males evidentes del divorcio. Se reconoc\u00eda que el divorcio no remedia ning\u00fan mal del matrimonio; pero se afirmaba que s\u00ed remedia el mal de la felicidad conyugal destruida, y que, gracias a \u00e9l, se puede restaurar. En tal situaci\u00f3n se dec\u00eda que hab\u00eda medio mill\u00f3n de matrimonios espa\u00f1oles.<\/p>\n\n\n\n<p>El tiempo de vigencia de la ley de divorcio civil ha demostrado la falsedad de estas previsiones. El n\u00famero de las demandas de divorcio ante los tribunales especiales constituidos, es pr\u00e1cticamente insignificante. Es decir, que las razones de hecho para la ley de divorcio no eran objetivas, no exist\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p>En todo caso, sigue siendo cierto que la indisolubilidad es una propiedad esencial del matrimonio cristiano; y que la autorizaci\u00f3n civil para contraer nuevo matrimonio no comporta la autorizaci\u00f3n de la Iglesia y de Dios. El cristiano que contrae nuevo matrimonio civil no vive de acuerdo con la voluntad de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Es incomprensible que autores cat\u00f3licos, que reconoc\u00edan esta norma moral, defendieran la licitud de una ley de divorcio civil, con posibilidad de contraer un nuevo matrimonio, que&#8230; no es tal.<\/p>\n\n\n\n<p>La <em>Familiaris consortio<\/em> reafirma otra vez en\u00e9rgicamente la doctrina de la indisolubilidad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEs deber fundamental de la Iglesia reafirmar con fuerza \u2013como han hecho los padres del S\u00ednodo\u2013 la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio. A cuantos, en nuestros d\u00edas, consideran dif\u00edcil e incluso imposible, vincularse a una persona para toda la vida, y a cuantos son arrastrados por una cultura que rechaza la indisolubilidad matrimonial y que se mofa abiertamente del compromiso de los esposos a la fidelidad, es necesario repetir el buen anuncio de la perennidad del amor conyugal, que tiene en Cristo su fundamento y su fuerza\u201d <em>(Fam. cons.<\/em> 20).<\/p>\n\n\n\n<p>Juan Pablo II fundamenta la indisolubilidad del matrimonio en \u201cla donaci\u00f3n personal y total de los c\u00f3nyuges\u201d, y \u201cen lo que exige el bien de los hijos\u201d, y \u201cen el designio que Dios ha manifestado en su Revelaci\u00f3n: \u00c9l quiere y da la indisolubilidad del matrimonio como fruto, signo y exigencia del amor absolutamente fiel que Dios tiene al hombre y que el Se\u00f1or Jes\u00fas vive hacia su Iglesia\u201d (Ib\u00edd.).<\/p>\n\n\n\n<p>Advi\u00e9rtase que no habla s\u00f3lo Juan Pablo II de la indisolubilidad del matrimonio cristiano, \u201csigno y exigencia del amor absolutamente fiel&#8230;, que el Se\u00f1or Jes\u00fas vive hacia su Iglesia\u201d, sino del matrimonio natural, \u201csigno y exigencia del amor absolutamente fiel que Dios tiene hacia el hombre\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy dicen algunos te\u00f3logos que la indisolubilidad es un \u201cideal\u201d al que debe tender el cristiano; pero no obligatorio desde el principio; quedando as\u00ed margen para una posible disoluci\u00f3n matrimonial dentro de la moral. Es lo que llaman \u201cley de la gradualidad\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Juan Pablo II rechaza tajantemente tal doctrina. Los esposos \u201cno pueden mirar la ley como un mero ideal, que se puede alcanzar en el futuro, sino que deben considerarla como un mandato de Cristo, Se\u00f1or, a superar con valent\u00eda las dificultades. Por ello, la llamada \u2018ley de gradualidad\u2019 o camino gradual no puede identificarse con la \u2018gradualidad de la ley\u2019, como si hubiera varios grados o formas de precepto en la ley divina para los diversos hombres y situaciones\u201d <em>(Fam. cons.<\/em> 34).<\/p>\n\n\n\n<p>Y lo mismo vale para el ejercicio de la sexualidad, en conformidad con la doctrina de la <em>Humanae Vitae.<\/em> \u201cEn la misma l\u00ednea, es propio de la pedagog\u00eda de la Iglesia que los esposos reconozcan, ante todo, claramente, la doctrina de la <em>Humanae Vitae,<\/em> como normativa para el ejercicio de su sexualidad y se comprometan sinceramente a poner las condiciones necesarias para observar tal norma\u201d <em>(Ib\u00edd.).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La ley de la gradualidad, aplicada a la conducta humana, no significa, pues, la excepci\u00f3n de la ley o su aplicaci\u00f3n s\u00f3lo en ciertos casos, el de los perfectos; sino el progreso en la respuesta del alma a la voluntad de Dios, que llama a la santidad al cristiano: vocaci\u00f3n que realiza gradualmente, en la medida en que la persona se encuentra en condiciones de responder al llamamiento divino, supuesto el cumplimiento fundamental de la ley, que evita el pecado mortal.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La responsabilidad de los padres para con los hijos<\/h2>\n\n\n\n<p>Es de manifiesta evidencia, aunque ciertos prejuicios se lo obscurezcan a algunos, que la naturaleza, es decir, Dios, ha creado los sexos y los ha ordenado a la procreaci\u00f3n. Como el est\u00f3mago est\u00e1 destinado a digerir los alimentos, y los ojos a ver, etc., y no precisamente para que el hombre disfrute con su actuaci\u00f3n, aunque esto sea l\u00edcito en el uso normal de esos \u00f3rganos, as\u00ed los \u00f3rganos sexuales est\u00e1n destinados por la naturaleza a procrear. Como en los dem\u00e1s casos, hay en ello un placer honesto; pero no es precisamente para eso para lo que la naturaleza se los ha dado al hombre. Dios no ha querido la reproducci\u00f3n humana partenogen\u00e9tica. Si dio a Ad\u00e1n su esposa, Eva, como \u201cadiutorium simile sibi\u201d, como auxiliar semejante a \u00e9l; y si este auxilio de la mujer tiene un campo amplio de acci\u00f3n, como indic\u00e1bamos al hablar de la complementariedad de los sexos, es claro que el auxilio fundamental que presta la mujer al var\u00f3n es la posibilidad de reproducirse y perpetuarse: para eso es el sexo femenino, en su identidad de tal, dentro de la especie humana, y sin merma de los fines trascendentes de \u00e9sta. Y precisamente de la diferencia del sexo se derivan las caracter\u00edsticas de la psicolog\u00eda femenina, con todas sus posibilidades de complementaci\u00f3n del hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Se deduce, pues, que el fin primario de la sexualidad matrimonial es la difusi\u00f3n de la vida. Leg\u00edtimos son, sin duda, otros fines: no s\u00f3lo el del mutuo auxilio o complementariedad \u2013el fin unitivo\u2013, sino incluso el de constituir un campo acotado para una satisfacci\u00f3n, racional y regulada, del fort\u00edsimo instinto del placer sexual. Dios ha puesto ese instinto de la procreaci\u00f3n, y lo ha dotado, por razones diversas, de un intenso placer y satisfacci\u00f3n en su ejercicio; sobre todo, como compensaci\u00f3n a las cargas, tambi\u00e9n fort\u00edsimas, que impone a los esposos, como autores de la nueva vida.<\/p>\n\n\n\n<p>La psicolog\u00eda sana de la naturaleza humana, como aparece en la actualidad, y sobre todo, como se manifestaba en otros tiempos, lleva al deseo de la reproducci\u00f3n: deseo en s\u00ed mismo nobil\u00edsimo y plenamente justificado por el fruto de la nueva vida que produce. Se hacen as\u00ed, hombre y mujer, cooperadores de Dios. \u00c9l es el Creador. En \u00c9l est\u00e1 la vida. \u00c9l la da a quien quiere. Y al hombre le da una vida espiritual, racional. Pero esta vida espiritual requiere un despliegue mayor del poder infinito de Dios. Es necesario su poder creador para que empiece una nueva vida racional, un alma espiritual. S\u00f3lo Dios tiene y puede ejercer ese poder.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, destinada el alma humana, por su propia esencia, a ser \u201cforma del cuerpo\u201d, a constituir con \u00e9l ese misterio que es el hombre, ser material y espiritual al mismo tiempo, no tiene posibilidad de acceso a la existencia sino cuando existe una porci\u00f3n de materia apta para ser informada por ella y constituir con ella el ser humano. Y esa es la misi\u00f3n de los progenitores: poner la materia en las condiciones de poder ser informada por el alma. Puesta en estas condiciones, la materia reclama la presencia del alma, de la fuerza espiritual que presida su evoluci\u00f3n y toda su vida posterior. Por eso, Dios pone su poder divino al servicio del poder generativo de los hombres y crea infaliblemente el alma, siempre que la materia est\u00e1 en las debidas disposiciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas reflexiones nos hacen comprender la excelsitud del ejercicio del matrimonio cristiano y de todo matrimonio, y de la sexualidad puesta al servicio del ser racional. Hombre y mujer son cooperadores del Dios creador. Y no para dar origen a una nueva materia, sino a un ser espiritual, el alma, a un ser mezcla de esp\u00edritu y materia, cuyo misterio no han podido revelar todav\u00eda del todo la ciencia y la filosof\u00eda a trav\u00e9s de milenios de historia y de investigaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfSe dan cuenta las parejas humanas, esos humildes reci\u00e9n casados, de lo que son, de lo que pueden, de lo que van a traer al mundo, de las tremendas responsabilidades que contraen?<\/p>\n\n\n\n<p>Es f\u00e1cil comprender que, destinada esencialmente por Dios la sexualidad a fines tan nobles y elevados, sea inaceptable el reducirla artificialmente a la satisfacci\u00f3n de otros fines, por aceptables que estos pudieran ser. Pretendidos los fines de mutua ayuda y sedaci\u00f3n del instinto junto con el de difusi\u00f3n de la vida, son nobles y aceptables; pero pretendidos con exclusi\u00f3n del fin principal, pierden su raz\u00f3n de ser y su justificaci\u00f3n en una conducta moral.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed lo ense\u00f1a la Iglesia cat\u00f3lica, a quien Dios ha puesto en el mundo como Madre y Maestra para guiar a los hombres por los caminos que conducen a su eterna salvaci\u00f3n. Y lo ha ense\u00f1ado a trav\u00e9s de veinte siglos de existencia, por la voz autorizada de sus pastores y de los sabios cristianos. As\u00ed lo han aprendido los aspirantes al sacerdocio, como doctrina segura y moralmente obligatoria, seg\u00fan la cual hab\u00edan de dirigir a las almas en la predicaci\u00f3n y en el confesonario. Hasta hace unos cincuenta a\u00f1os, todos los libros de moral ense\u00f1aban un\u00e1nimes la misma doctrina.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en estos \u00faltimos a\u00f1os muchos escritores cat\u00f3licos y sacerdotes, y aun obispos, fuertemente impresionados por las dificultades de todo tipo en que se debat\u00edan las familias cristianas, creyeron necesario revisar esta doctrina moral y abrieron amplio cauce a la vida sexual matrimonial al margen de la procreaci\u00f3n. No s\u00f3lo aprovechando los d\u00edas inh\u00e1biles para la fecundidad que proporciona el ritmo de la sexualidad femenina, sino tambi\u00e9n declarando l\u00edcita la disociaci\u00f3n de los fines secundarios del matrimonio \u2013unitivos\u2013 del fin principal o procreativo. Permit\u00edan as\u00ed el libre ejercicio de la sexualidad sin relaci\u00f3n alguna a la procreaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Otra vez la Iglesia, Madre y Maestra, se vio en la necesidad de ense\u00f1ar autoritativamente la ley moral. Pablo VI invit\u00f3 a toda la Iglesia: Pastores, te\u00f3logos, moralistas, pastoralistas, a una reflexi\u00f3n sobre tema tan grave y tan actual. Interes\u00f3, incluso, las ciencias profanas linderas con la cuesti\u00f3n: m\u00e9dicos, psic\u00f3logos, antrop\u00f3logos, ecologistas, bi\u00f3logos, etc. De todos ellos form\u00f3 una Comisi\u00f3n especial que le diera su opini\u00f3n responsable. Por fin, pidi\u00f3 oraciones a todos los cat\u00f3licos para reclamar la asistencia del Esp\u00edritu Santo a su Iglesia. Durante varios a\u00f1os, \u00e9l mismo se entreg\u00f3 a la oraci\u00f3n, a la reflexi\u00f3n y al estudio personal del tema. Por fin, consciente de su responsabilidad ante Dios y ante la humanidad, por la decisi\u00f3n y el magisterio que adoptara, declar\u00f3, en la famosa enc\u00edclica <em>Humanae Vitae,<\/em> que todo acto matrimonial que, positivamente, se apartara del fin procreativo del matrimonio, era, por su naturaleza, inmoral.<\/p>\n\n\n\n<p>Juan Pablo II hace suya esta doctrina en la enc\u00edclica<em>Familiaris consortio<\/em>con esta palabras:\u201cEs precisamente partiendo de la visi\u00f3n integral del hombre y de su vocaci\u00f3n, no s\u00f3lo material y terrena, sino tambi\u00e9n sobrenatural y <em>eterna <\/em><em>(Hum. vit.<\/em><em> 7) <\/em>por lo que Pablo VI afirm\u00f3 que la doctrina de la Iglesia<em>est\u00e1 fundada sobre la inseparable conexi\u00f3n que Dios ha querido y que el hombre no puede romper por propia iniciativa, entre los dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado procreador<\/em> <em>(Ib\u00edd.<\/em><em> 12). <\/em>Y concluy\u00f3 recalcando que hay que excluir, como intr\u00ednsecamente deshonesta,t<em>oda acci\u00f3n que, o en previsi\u00f3n del acto conyugal, o en su realizaci\u00f3n, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreaci\u00f3n<\/em> <em>(Ib\u00edd.<\/em>14)<em>\u201d <\/em><em>(Fam. cons.<\/em>32).<\/p>\n\n\n\n<p>No fue una definici\u00f3n dogm\u00e1tica; porque expresamente Pablo VI dice en la enc\u00edclica que no tiene intenci\u00f3n de hacerla. Pero, fuera de eso, todas las condiciones del Magisterio infalible parecen verificarse en esta decisi\u00f3n de Pablo VI. Lo cual indica que, aunque formalmente, por falta de intenci\u00f3n, no se trate de una definici\u00f3n dogm\u00e1tica, pr\u00e1cticamente la Iglesia, los moralistas y los confesores no deben dudar en asimilar esa doctrina y llevarla a la pr\u00e1ctica como cierta en su ministerio.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de esto, no pocos han seguido manteniendo la postura contraria.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, \u00faltimamente, el S\u00ednodo de los Obispos \u2013y con ellos Juan Pablo II, como hemos visto\u2013 ratific\u00f3 la doctrina de la <em>Humanae Vitae: <\/em>\u201cEste sagrado S\u00ednodo, reunido en la unidad de la fe con el sucesor de Pedro, mantiene firmemente lo que ha sido propuesto en el Concilio Vaticano II (GS 50) y despu\u00e9s en la enc\u00edclica <em>Humanae Vitae;<\/em> y, en concreto, que el amor conyugal debe ser plenamente humano, exclusivo y abierto a una nueva vida\u201d <em>(Fam. cons.<\/em> 29, nota).<\/p>\n\n\n\n<p>Recu\u00e9rdese que, tambi\u00e9n aplicada a esta materia, la ley de la gradualidad fue rechazada por la <em>Familiaris consortio (Fam. cons.<\/em> 34).<\/p>\n\n\n\n<p>Si la familia cristiana debe aceptar generosamente la responsabilidad de cooperar con Dios al nacimiento de una nueva vida, mucho mayor es su responsabilidad en la conservaci\u00f3n de una vida humana que ya ha empezado. El aborto es la grav\u00edsima inmoralidad contra la conservaci\u00f3n de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Supuesta la existencia de un nuevo ser humano, su destrucci\u00f3n es la violaci\u00f3n de derecho fundamental a vivir, es un verdadero homicidio. Pero el homicidio m\u00e1s odioso que se puede imaginar: el de unos padres que traen un nuevo ser a la existencia, y a continuaci\u00f3n se la quitan por comodidad u otras razones, igualmente repudiables; ser al que se deben totalmente con un amor que la naturaleza ha hecho el m\u00e1s fuerte de los amores, y ellos convierten en odio mortal; ser absolutamente indefenso al que, villanamente, arrancan la posibilidad de vivir.<\/p>\n\n\n\n<p>Es totalmente inaceptable el tratar de disculpar tan horrible proceder con las discusiones sobre el momento de la animaci\u00f3n del feto: antes de la cual no existir\u00eda el nuevo ser ni, por tanto, su derecho a la vida. La ciencia biol\u00f3gica se va poniendo de acuerdo en que hay nueva vida, espec\u00edficamente humana, desde el momento de la uni\u00f3n de las dos c\u00e9lulas masculina y femenina. Pero aunque no se diera a\u00fan certeza cient\u00edfica de la realidad de esa vida humana, es ya cierta su probabilidad. Ahora bien, es un principio moral, aceptado por todos, que no se puede realizar una acci\u00f3n que, probablemente, va a destruir una vida humana. Ponen por ejemplo el cazador que ve movimiento en unos matorrales, movimiento que puede ser de un animal, pero probablemente tambi\u00e9n de una persona humana. El cazador, en conciencia, no puede disparar, porque probablemente va a destruir una vida humana. Igualmente, el aborto es, por lo menos probablemente, un asesinato; lo que es inadmisible.<\/p>\n\n\n\n<p>Es verdaderamente horrible que tantos padres y madres no se sientan estremecidos ante la muerte de sus ni\u00f1os inocentes. Y m\u00e1s horrible a\u00fan que tales pr\u00e1cticas hayan sido legitimadas civilmente por la legislaci\u00f3n de no pocas naciones. Verdadera verg\u00fcenza de una pretendida civilizaci\u00f3n que se cotiza m\u00e1s por el progreso material y las comodidades que proporciona que por los valores morales. \u00bfCon qu\u00e9 razones pueden las leyes castigar otros cr\u00edmenes contra la vida, que no sean aplicables a la vida que comienza? \u00bfY qu\u00e9 excusa razonable puede haber para no considerar delictiva su eliminaci\u00f3n? \u00bfLa inconsciencia del feto? Tambi\u00e9n un ni\u00f1o de un a\u00f1o es inconsciente. \u00bfSe puede justificar su eliminaci\u00f3n?<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia cat\u00f3lica, junto con el m\u00e1s elemental sentido moral de la humanidad, no tienem\u00e1s remedio que reprobar esta pr\u00e1ctica inhumana.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Responsabilidades sociales de la familia cristiana<\/h2>\n\n\n\n<p>La misi\u00f3n de los padres no se agota con traer hijos al mundo. Es, adem\u00e1s, velar por su subsistencia y por su preparaci\u00f3n hasta que, llegada la mayor\u00eda de edad, sean ellos, a su vez, hombres y mujeres seg\u00fan el plan de Dios. En otras palabras, los padres deben alimentar a sus hijos y darles educaci\u00f3n f\u00edsica, intelectual, moral y religiosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Trat\u00e1ndose de la educaci\u00f3n religiosa, la Iglesia, representante de Dios en el mundo, llega a reconocer la primac\u00eda de los padres aun en este terreno: est\u00e1n en su derecho, dado por el Autor de la naturaleza, de dar a sus hijos las ideas religiosas en las que crean, con persuasi\u00f3n responsable.<\/p>\n\n\n\n<p>Y si se trata de padres cat\u00f3licos, la Iglesia les reconoce que son los primeros sujetos de derechos y deberes respecto de la educaci\u00f3n religiosa de sus hijos, si bien es evidente que tanto los padres como los hijos deben reconocer a la Iglesia como maestra de la fe y de la moral, y atenerse a sus ense\u00f1anzas. El aprendizaje de las verdades de la fe, de los mandamientos de Dios y de la Iglesia, y de la pr\u00e1ctica de la confesi\u00f3n y comuni\u00f3n, no lo deber\u00edan dejar los padres al cuidado exclusivo de los maestros en el colegio, ni siquiera a las instrucciones parroquiales. Son ellos, los padres, los primeros obligados. Nada como lo que reciben de ellos quedar\u00e1 tan profundamente impreso en las almas de los ni\u00f1os. Nada recordar\u00e1n estos con tanto cari\u00f1o, toda la vida, como lo que aprendieron en el regazo familiar.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00f3lo la educaci\u00f3n en la fe y en la moral; tambi\u00e9n la pr\u00e1ctica o vivencia de la religi\u00f3n es obra preferente de los padres. La religiosidad y piedad dom\u00e9stica, la pr\u00e1ctica en familia de los deberes religiosos, la moralidad de la conducta, el amor a la Iglesia y a sus ministros, sobre todo, al Vicario de Cristo, todo eso lo deben ver reflejado los ni\u00f1os en la vida real de sus progenitores. Dice la <em>Familiaris consortio:<\/em> \u201cLa comuni\u00f3n en la plegaria es, a la vez, fruto y exigencia de esa comuni\u00f3n que deriva de los sacramentos del bautismo y del matrimonio. A los miembros de la familia cristiana pueden aplicarse de modo particular las palabras con las cuales el Se\u00f1or Jes\u00fas promete su presencia: <em>Os digo en verdad que si dos de vosotros conviniereis en pedir cualquier cosa, os la otorgar\u00e1 mi Padre, que est\u00e1 en los cielos. Porque donde est\u00e1n dos o tres congregados en mi nombre, all\u00ed estoy Yo en medio de ellos\u201d (Fam. cons.<\/em> 59).<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cAdem\u00e1s de las oraciones de la ma\u00f1ana y de la noche, hay que recomendar expl\u00edcitamente \u2013siguiendo tambi\u00e9n las indicaciones de los padres sinodales\u2013 la lectura y meditaci\u00f3n de la Palabra de Dios, la preparaci\u00f3n de los sacramentos, la devoci\u00f3n y consagraci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, las varias formas de culto a la Virgen Sant\u00edsima, la bendici\u00f3n de la mesa, las expresiones de la religiosidad popular\u201d (Ib\u00edd. 61).<\/p>\n\n\n\n<p>Es verdad que hoy los padres de familia encuentran contrarrestada su educaci\u00f3n por la acci\u00f3n positivamente deseducadora de la calle. Los malos ejemplos de otros ni\u00f1os y de los mayores, el libertinaje de las costumbres, las lecturas inmorales e irreligiosas, el cine, la radio, la televisi\u00f3n, hoy fuentes de corrupci\u00f3n para la juventud, las ense\u00f1anzas ateas o imp\u00edas que oyen los ni\u00f1os, tal vez, ya a sus primeros maestros, y, sobre todo, en los estudios medios y universitarios, todo eso da a la juventud la persuasi\u00f3n de que esta es la vida real, lo vivo, lo interesante, y de que sus padres son unos pobres atrasados, anticuados e ignorantes, a quienes no hay que seguir, sino compadecer.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otro lado, muchos colegios de primera y segunda ense\u00f1anza, o prescinden de formar a los alumnos para la pr\u00e1ctica y vida religiosa, o no lo hacen de manera conveniente y eficaz. La misma instrucci\u00f3n religiosa parece hoy muy abandonada en muchas escuelas, ya que abundan los profesores imbuidos de ideas antirreligiosas. \u00a1Y ojal\u00e1 no sucediera que, aun en los colegios de la Iglesia, ideas progresistas y una falsa pedagog\u00eda les induzcan a menospreciar y descuidar la instrucci\u00f3n religiosa!<\/p>\n\n\n\n<p>Es verdad que la inmensa mayor\u00eda de las familias espa\u00f1olas quieren que en los centros de ense\u00f1anza se de instrucci\u00f3n religiosa a sus hijos. Pero no parece hagan mucho m\u00e1s para que su deseo tenga efectividad.<\/p>\n\n\n\n<p>Parece claro que a esta situaci\u00f3n se ha llegado en Espa\u00f1a por la dejadez de las familias en cumplir su sagrado deber de educar religiosa y moralmente a sus hijos. Hoy quiz\u00e1, ante ese ambiente, los padres tengan cierta raz\u00f3n al declararse impotentes para remediar las desviaciones que observan en ellos. El ambiente tiene m\u00e1s fuerza. Pero ese ambiente se ha formado, en gran parte, por la desidia de las propias familias. No se ha formado en un d\u00eda. Si, al principio, al empezar las manifiestaciones sociales de impiedad e inmoralidad, las familias cristianas, que constitu\u00edan la inmensa mayor\u00eda del pa\u00eds, hubieran reaccionado alertando a sus hijos y contrarrestando el deterioro del ambiente cristiano, no se hubiera llegado a formar esa situaci\u00f3n que ahora parece insuperable.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero ahora que ya existe, \u00bfqu\u00e9 pueden hacer los padres? \u00bfCu\u00e1l es su responsabilidad ante Dios y ante la Iglesia?<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo menos, orar por los hijos y por la sociedad. No olvidemos todos, pero especialmente los padres cristianos, la fuerza incontrastable de la oraci\u00f3n. Si Dios quiere que \u00e9stos eduquen bien a sus hijos, es claro que oir\u00e1 propicio sus oraciones por ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00f3lo orar; tambi\u00e9n actuar. No con pol\u00e9micas, que m\u00e1s bien producir\u00edan el efecto contrario, sino exponiendo sencillamente y con convicci\u00f3n la verdad religiosa y moral; haciendo ver a sus hijos los frutos sociales de una vida religiosa y, por el contrario, los males que atrae a la sociedad una vida descre\u00edda y licenciosa; poniendo al alcance de los hijos buenos libros de instrucci\u00f3n y formaci\u00f3n religiosa; aconsejando la consulta con sacerdotes bien preparados, haciendo ver, al mismo tiempo, a los hijos que en esto deben portarse como se portan en otras materias: que si en los dem\u00e1s terrenos, cient\u00edficos, etc., se f\u00edan de los profesionales inteligentes y especializados, lo mismo deben hacer con los profesionales de la religi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Junto a esa acci\u00f3n directa de los padres con los hijos, se habr\u00eda de desarrollar una acci\u00f3n social de las familias. Las asociaciones de padres y madres cat\u00f3licos deber\u00edan multiplicarse y estar bien dirigidas, o por lo menos aconsejadas, por eclesi\u00e1sticos de talento e influjo social. Esos padres y madres de familia, que quieren formaci\u00f3n religiosa para sus hijos, si est\u00e1n aislados no podr\u00e1n, pr\u00e1cticamente, nada. Pero, si est\u00e1n asociados alrededor de los centros docentes, lograr\u00e1n hacer efectiva en ellos la ense\u00f1anza y aun la vida religiosa. En Espa\u00f1a, la asociaci\u00f3n de padres de familia ha hecho una labor meritoria, pero insuficiente: podr\u00eda potenciarse enormemente m\u00e1s. \u201cSi en las escuelas se ense\u00f1an ideolog\u00edas contrarias a la fe cristiana, la familia, junto con otras familias, si es posible mediante formas de asociaci\u00f3n familiar, debe con todas las fuerzas y con sabidur\u00eda ayudar a los j\u00f3venes a no alejarse de la fe. En este caso, la familia tiene necesidad de ayudas especiales por parte de los pastores de almas, los cuales no deben olvidar que los padres tienen el derecho inviolable de confiar sus hijos a la comunidad eclesial\u201d <em>(Fam. cons.<\/em> 40).<\/p>\n\n\n\n<p>En Espa\u00f1a y en la Am\u00e9rica espa\u00f1ola nos encontramos con un hecho parad\u00f3jico y trist\u00edsimo. Una mayor\u00eda absoluta, casi la totalidad de cat\u00f3licos, en frente, otra realidad deplorable: partidos pol\u00edticos y aun gobiernos que prescinden totalmente de la condici\u00f3n religiosa de los ciudadanos o, incluso, legislan y gobiernan en contra de ella. Y los que forman esos partidos son, no raras veces, cat\u00f3licos, hacen profesi\u00f3n de tales y, a su modo, practican el catolicismo en la vida privada.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, \u00bfy en la vida p\u00fablica? Esa la dejan a las disputas y a las ambiciones de unos y otros, sin ideas religiosas o morales, y que gobiernan no en busca del bien com\u00fan, sino del propio, personal y partidista. \u00bfEs que Dios no tiene tambi\u00e9n derechos sobre las sociedades? \u00bfY los cat\u00f3licos pueden desentenderse en la vida p\u00fablica de la moral, o tener dos morales, como dos vestidos, uno para casa y otro para la calle? \u00bfEs que la sociedad no est\u00e1 tambi\u00e9n sujeta a normas morales? Posiblemente no tengan inconveniente en afirmarlo no pocos de los modernos dem\u00f3cratas. Pero entonces hay que reconocer que su moral ha descendido por debajo de la moral pagana. Porque es el precristiano, Marco Tulio Cicer\u00f3n, quien en su libro <em>De legibus<\/em> afirma que, por encima de las leyes que se da a s\u00ed misma la mayor\u00eda del pueblo, por encima de la democracia y de la juridicidad, est\u00e1 la moralidad. Y a\u00f1ade: Si la mayor\u00eda dijera que se puede robar y asesinar, \u00bfno dir\u00edamos que nos hab\u00edamos vuelto locos en la sociedad? Y concluye: es evidente que por encima de las leyes voluntarias que, a s\u00ed mismos, se dan los hombres, hay una ley necesaria que nos obliga a todos, y con la que deben estar conformes las leyes humanas.<\/p>\n\n\n\n<p>Si la Iglesia cat\u00f3lica, de acuerdo con su divino Fundador, que mand\u00f3 dar al C\u00e9sar lo que es del C\u00e9sar y a Dios lo que es de Dios; si la Iglesia, repito, no tiene por qu\u00e9 intervenir en las ideas, movimientos e instituciones pol\u00edticas, s\u00ed debe dar las normas morales, a las que se debe ajustar toda pol\u00edtica. Exactamente, como la Iglesia no tiene por qu\u00e9 meterse en los principios o en la din\u00e1mica de cualesquiera otras profesiones: por ejemplo, m\u00e9dicos, abogados, artistas, etc.; pero no hay ninguna profesi\u00f3n donde no se pueda hacer el bien o el mal moral; no hay ninguna que pueda prescindir del valor supremo del hombre, del valor moral que liga al hombre con Dios. Y, menos que ninguna, la profesi\u00f3n de la pol\u00edtica, ya que su trascendencia es, sin comparaci\u00f3n, mayor que la de cualquier otra. Ahora bien, el campo propio de la moral, de las relaciones con Dios, es el campo propio de la Iglesia, en el cual ejerce con autoridad su derecho y su deber.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues bien, pi\u00e9nsese cu\u00e1l deber\u00eda ser la pol\u00edtica de una naci\u00f3n que cuenta con una inmensa mayor\u00eda de familias cat\u00f3licas: una pol\u00edtica que, sin forzar la libertad religiosa, diera facilidades para su recto ejercicio; una pol\u00edtica que favoreciera la vida cat\u00f3lica de la mayor\u00eda; y esto por dos razones: por ser la mayor\u00eda y por ser cat\u00f3lica. La raz\u00f3n de \u201cpor ser la mayor\u00eda\u201d la aceptar\u00e1n todos los dem\u00f3cratas; pero insisto en que es v\u00e1lida tambi\u00e9n la raz\u00f3n \u201cpor ser cat\u00f3lica\u201d. Los gobiernos no pueden, y menos los gobiernos cat\u00f3licos, aunque su finalidad sea el bien temporal, no pueden, digo, ignorar las realidades objetivas de \u201cDios\u201d, \u201calma\u201d, \u201cvida eterna\u201d, etc., que tanto afectan a los ciudadanos; y menos todav\u00eda gobernar de manera que se obstaculice la consecuci\u00f3n de los fines trascendentes. Es, pues, razonable que favorezcan especialmente aquellas instituciones religiosas que se basan en dichas realidades objetivas. Lo exigen los derechos de Dios, y tambi\u00e9n los derechos de los s\u00fabditos que quieren obedecer a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Las familias cristianas tienen aqu\u00ed una enorme responsabilidad. Ellas deben dar a los hijos una recta formaci\u00f3n pol\u00edtico-religiosa; deben favorecer s\u00f3lo aquellos partidos pol\u00edticos que tengan un programa conforme a la verdad religiosa; deben exigir a los gobiernos una actuaci\u00f3n que, por lo menos, no est\u00e9 en contradicci\u00f3n con la verdad y la moral cat\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLa funci\u00f3n social de las familias est\u00e1 llamada a manifestarse tambi\u00e9n en la forma de intervenci\u00f3n pol\u00edtica, es decir, las familias deben ser las primeras en procurar que las leyes y las instituciones del Estado, no s\u00f3lo no ofendan, sino que sostengan y defiendan positivamente los derechos y los deberes de la familia. En este sentido, las familias deben crecer en la conciencia de ser <em>protagonistas<\/em> de la llamada <em>pol\u00edtica familiar,<\/em> y asumir la responsabilidad de transformar la sociedad. De otro modo, las familias ser\u00e1n las primeras v\u00edctimas de aquellos males que se han limitado a observar con indiferencia. La llamada del Concilio Vaticano II a superar la \u00e9tica individualista vale tambi\u00e9n para la familia como tal (GS 30)\u201d <em>(Fam. cons.<\/em> 44).<\/p>\n\n\n\n<p>Es triste constatar que, muchas veces, a trav\u00e9s de los \u00faltimos siglos, los cat\u00f3licos espa\u00f1oles e hispanoamericanos no han tenido clara conciencia de sus deberes y responsabilidades en la vida p\u00fablica. Han favorecido, han votado y aun han colaborado en partidos y programas, que combat\u00edan su religi\u00f3n y su moral familiar.<\/p>\n\n\n\n<p>La familia cristiana, unida por el amor de los esposos, de los padres a los hijos y viceversa, de los hermanos entre s\u00ed; la familia cristiana, con la suave autoridad de los padres y la alegre sumisi\u00f3n y obediencia de los hijos; la familia cristiana que todos los d\u00edas se postra ante Dios en la oraci\u00f3n y obedece sus mandamientos; la familia cristiana hecha feliz por estas virtudes y la protecci\u00f3n de Dios, ser\u00eda un espl\u00e9ndido modelo y un fort\u00edsimo atractivo para todas las dem\u00e1s familias de la sociedad, que se sentir\u00edan animadas a buscar id\u00e9ntica felicidad, por los caminos que tan eficazmente la promueven.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cOtro cometido de la familia es el de formar los hombres al amor y practicar el amor en toda relaci\u00f3n humana con los dem\u00e1s, de tal modo que ella no se encierre en s\u00ed misma, sino que permanezca abierta a la comunidad, inspir\u00e1ndose en un sentido de justicia y de solicitud hacia los otros, consciente de la propia responsabilidad hacia toda la sociedad\u201d <em>(Fam. cons.<\/em> 64).<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cAs\u00ed, la promoci\u00f3n de una aut\u00e9ntica y madura comuni\u00f3n de personas en la familia se convierte en la primera e insustituible escuela de socialidad, ejemplo y est\u00edmulo para las relaciones comunitarias m\u00e1s amplias, en un clima de respeto, justicia, di\u00e1logo y amor. De este modo, como han recordado los padres sinodales, la familia constituye el lugar natural y el instrumento m\u00e1s eficaz de humanizaci\u00f3n y de personalizaci\u00f3n de la sociedad; colabora de manera original y profunda en la construcci\u00f3n del mundo, haciendo posible una vida propiamente humana, en particular custodiando y transmitiendo las virtudes y los <em>valores.<\/em> Como dice el Concilio Vaticano II, en la familia<em>las distintas generaciones coinciden y se ayudan mutuamente a lograr una mayor sabidur\u00eda y a armonizar los derechos de las personas con las dem\u00e1s exigencias de la vida social<\/em>(GS 52)\u201d<em>(Fam. cons.<\/em>43).<\/p>\n\n\n\n<p>Los templos acogen, por lo menos semanalmente, a las familias cat\u00f3licas. \u00a1Qu\u00e9 felicidad la de la familia que acude unida a honrar a Cristo en la conmemoraci\u00f3n de su Pasi\u00f3n y Muerte redentora, y juntamente recibir de \u00c9l el perd\u00f3n y las gracias necesarias, y tambi\u00e9n el consuelo que siempre ser\u00e1 necesario en el valle de l\u00e1grimas, que es este mundo en que vivimos!<\/p>\n\n\n\n<p>De la iglesia parroquial vuelven los cristianos a la \u201ciglesia dom\u00e9stica\u201d, a su casa, en la que las ense\u00f1anzas y virtudes que aprendieron en el templo se hacen realidad y vida constante.<\/p>\n\n\n\n<p>En la familia consciente de tal don, como escribi\u00f3 Pablo VI, \u201ctodos los miembros evangelizan y son evangelizados\u201d <em>(Evangelii nuntiandil <\/em>71).\u201cEn virtud del ministerio de la educaci\u00f3n, los padres, mediante el testimonio de su vida, son los primeros mensajeros del Evangelio ante los hijos. Es m\u00e1s, rezando con los hijos, dedic\u00e1ndose con ellos a la lectura de la palabra de Dios, e introduci\u00e9ndolos en la intimidad del Cuerpo \u2013eucar\u00edstico y eclesial\u2013 de Cristo mediante la iniciaci\u00f3n cristiana, llegan a ser plenamente padres, es decir, engendradores no s\u00f3lo de la vida corporal, sino tambi\u00e9n de aquella que, mediante la renovaci\u00f3n del Esp\u00edritu, brota de la cruz y resurrecci\u00f3n de Cristo\u201d <em>(Fam. cons.<\/em> 39).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Qu\u00e9 tiene de particular que de esta parcela privilegiada, que es la familia cristiana, broten flores hermos\u00edsimas de hijos e hijas sanos y vigorosos espiritual y corporalmente! Ciudadanos que constituir\u00e1n nuevos hogares, seg\u00fan el modelo del suyo; que tendr\u00e1n influencia social: en la ciencia, en el arte, en la pol\u00edtica y en todas las manifestaciones de la cultura humana.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, sobre todo, de tales hogares brotar\u00e1n espont\u00e1neamente las vocaciones sacerdotales, las religiosas y misioneras. Estos hijos ser\u00e1n, el d\u00eda de ma\u00f1ana, part\u00edcipes del sacerdocio de Cristo y de su misi\u00f3n de ense\u00f1ar la verdad religiosa al mundo; perdonar\u00e1n a los hombres sus pecados; les alimentar\u00e1n con la Eucarist\u00eda; les acompa\u00f1ar\u00e1n en nombre de Cristo y de su Iglesia en todas las circunstancias y manifestaciones de la vida, y tambi\u00e9n en el momento supremo de la muerte. Los padres y hermanos de esa familia no podr\u00e1n tener orgullo m\u00e1s leg\u00edtimo ni satisfacci\u00f3n m\u00e1s profunda que recibir de sus hijos o hermanos las influencias sobrenaturales de los poderes con que Cristo, Sumo Sacerdote, los ha distinguido.<\/p>\n\n\n\n<p>Algunos hijos podr\u00e1n ser llamados por Dios a las misiones, a la dilataci\u00f3n del Evangelio, como si Cristo repitiera, para ellos, las palabras que dirigi\u00f3 a sus Ap\u00f3stoles: <em>Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura.<\/em> \u201cComo ha repetido el S\u00ednodo, recogiendo mi llamada, lanzada en Puebla, la futura evangelizaci\u00f3n depende en gran parte de la iglesia dom\u00e9stica\u201d <em>(Fam. cons.<\/em> 52).<\/p>\n\n\n\n<p>Otros, por fin, consagrar\u00e1n sus vidas a la contemplaci\u00f3n o al apostolado en una orden o congregaci\u00f3n religiosa, disfrutando de los medios especiales de santificaci\u00f3n que Dios ha suscitado en su Iglesia. \u201cEfectivamente, la familia que est\u00e1 abierta a los valores trascendentes, que sirve a los hermanos en la alegr\u00eda, que cumple con generosa fidelidad sus obligaciones y es consciente de su cotidiana participaci\u00f3n en el misterio de la cruz gloriosa de Cristo, se convierte en el primer y mejor seminario de vocaciones a la vida consagrada al Reino de Dios\u201d <em>(Fam. cons.<\/em> 53).<\/p>\n\n\n\n<p>Todos estos hijos e hijas, sacerdotes, religiosos, misioneros, son los frutos m\u00e1s preciosos de la familia cristiana. Y, al mismo tiempo, v\u00ednculos fort\u00edsimos que unir\u00e1n para siempre a sus dem\u00e1s familiares, especialmente a sus padres, con Cristo y su Iglesia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Estudio publicado en el volumen Escritos de homenaje a S.S. Juan Pablo II, promovido y editado por la Real Academia de Ciencias Morales y Pol\u00edticas, Madrid 1982,41-64. 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