{"id":891,"date":"2024-09-24T18:01:23","date_gmt":"2024-09-24T16:01:23","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=891"},"modified":"2024-09-24T18:01:23","modified_gmt":"2024-09-24T16:01:23","password":"","slug":"reflexion-pastoral-sobre-la-humanae-vitae","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/reflexion-pastoral-sobre-la-humanae-vitae\/","title":{"rendered":"Reflexi\u00f3n pastoral sobre la Humanae vitae"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Instrucci\u00f3n pastoral dirigida, el 15 de noviembre de 1968, a la di\u00f3cesis de Barcelona. Texto publicado en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Barcelona,<\/em> 1968, 789-794.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasados ya unos meses de la promulgaci\u00f3n de la enc\u00edclica <em>Humanae Vitae,<\/em> estimo conveniente hacer p\u00fablica esta instrucci\u00f3n que ahora escribo, con el prop\u00f3sito de ayudaros en vuestras reflexiones y de atender al ruego que nos hace a los obispos el Santo Padre, en el sentido de que, al frente de nuestros sacerdotes y fieles (HV 30), trabajemos sin descanso para que el matrimonio sea vivido en toda su plenitud humana y cristiana. Este trabajo habr\u00e1 de continuar, dada la importancia del tema planteado, con la colaboraci\u00f3n de equipos y grupos de estudio, tanto de sacerdotes como de seglares.<\/p>\n\n\n\n<p>Precisamente, el retraso en la publicaci\u00f3n de este documento se debe a que, para redactarlo, he querido contar con la informaci\u00f3n y reflexiones que me han ido ofreciendo algunos sacerdotes y otras personas de la di\u00f3cesis, a las cuales expreso mi agradecimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>En Barcelona, la enc\u00edclica ha despertado inter\u00e9s e incluso ha provocado alguna pol\u00e9mica. No entro en ella. Sencillamente, trato de cumplir mi deber pastoral.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Puntos b\u00e1sicos<\/h2>\n\n\n\n<p><strong>1.<\/strong> Quisiera, en primer lugar, poner de relieve una serie de puntos b\u00e1sicos, referentes al amor conyugal y a la sexualidad matrimonial, que el Papa ha expresado en su enc\u00edclica y que merecen recordarse en su conjunto:<\/p>\n\n\n\n<ol style=\"list-style-type:lower-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>El <em>amor conyugal,<\/em> como realidad humana elevada al \u00e1mbito sobrenatural, adquiere lugar preeminente en el matrimonio cristiano (GS 49; HV 9).<\/li>\n\n\n\n<li>Este amor pide la donaci\u00f3n total, exclusiva, fiel e indisoluble entre los c\u00f3nyuges.<\/li>\n\n\n\n<li>Dentro del n\u00facleo familiar, del que es motor y alma, logra su plenitud espec\u00edfica en la fecundidad, es decir, en aquella paternidad que, por ser colaboraci\u00f3n en la obra de Dios creador, no puede sino ser paternidad responsable.<\/li>\n\n\n\n<li>Esta responsabilidad se extiende no s\u00f3lo al acto procreador, sino a la misma generaci\u00f3n y educaci\u00f3n de los hijos, entendidas como un todo indisociable.<\/li>\n\n\n\n<li>La <em>sexualidad matrimonial,<\/em> en la perspectiva del Concilio y de la <em>Humanae Vitae,<\/em> queda situada en el camino de una progresiva humanizaci\u00f3n y personalizaci\u00f3n. Aparece como una forma de uni\u00f3n personal perfectamente integrada, tanto en sus dimensiones sensibles como en las afectivas y espirituales.<\/li>\n\n\n\n<li>El ejercicio de la sexualidad matrimonial es, entonces, una actividad personal. No s\u00f3lo instintiva, sino consciente y responsable por ser humana, e insoslayablemente referida a Dios como creador de la vida.<\/li>\n\n\n\n<li>Dado que se trata del \u201csector m\u00e1s personal y reservado de la intimidad conyugal\u201d (HV 17), debe permanecer libre de toda injerencia de la autoridad p\u00fablica.<\/li>\n\n\n\n<li>Hay una inseparable conexi\u00f3n, querida por Dios, y que el hombre no puede romper por propia iniciativa, entre los dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado procreador. Los dos aspectos son esenciales (HV 12).<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>La Iglesia y todos los hombres de buena voluntad reconocen, asimismo, como signos de nuestros tiempos, dentro de cuyo marco se desenvuelve el problema planteado por la enc\u00edclica: el impulso de promoci\u00f3n social de la mujer (GS 9. 52. 60; <em>Pacem in terris<\/em> 35); la ayuda y gu\u00eda mutua que se pueden prestar los matrimonios (HV 26), y la responsabilidad y madurez a la que debe llegar la conciencia personal del hombre tal como Dios mismo y la Iglesia lo desean (GS 15-17; <em>Ecclesiam Suam<\/em> 15).<\/p>\n\n\n\n<p>El cristiano, antes estos \u201csignos del tiempo\u201d no puede prescindir tampoco de lo que es un \u201csigno de la Iglesia\u201d: la disposici\u00f3n atenta, d\u00f3cil y responsable ante la palabra del Magisterio. Ello permitir\u00e1 que el conjunto del Pueblo de Dios, bajo la gu\u00eda autorizada de quien ha sido puesto para conducirle a su destino eterno, colabore activamente en la realizaci\u00f3n de una respuesta viva y verdaderamente eclesial a la voluntad de Dios creador.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Doctrina de la enc\u00edclica. Valor del Magisterio<\/h2>\n\n\n\n<p><strong>2.<\/strong> No obstante la variedad y riqueza de puntos o temas citados, el Papa no ha tenido intenci\u00f3n en la enc\u00edclica de tratar todos los aspectos posibles de la realidad matrimonial<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>A los propios matrimonios se les ofrece nuevamente la honrosa tarea, dentro de su espec\u00edfica misi\u00f3n de colaboradores del plan de Dios, de descubrir sin cesar la realidad compleja y rica de su uni\u00f3n, a lo largo de una vida compartida en la alegr\u00eda y en la cruz, fortalecida por la oraci\u00f3n, y atenta a la seriedad de su compromiso en este mundo. Porque es en la vida pr\u00e1ctica donde se han de vivir los principios que tan fuerte e incluso dram\u00e1ticamente les afectan. F\u00e1cil como es estar de acuerdo con la exposici\u00f3n te\u00f3rica de los mismos, no lo es tanto aplicarlos en cada instante real de su existencia, azotada tantas veces por la onda de las muy graves limitaciones y dificultades en que han de debatirse.<\/p>\n\n\n\n<p>La enc\u00edclica trata tambi\u00e9n de ayudarles en esta lucha, si bien no puede dejar de proclamar exigencias del orden moral m\u00e1s altas que quien las proclama, de las cuales la Iglesia es, no due\u00f1a a su discreci\u00f3n, sino int\u00e9rprete y depositar\u00eda (HV 4).<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, la enc\u00edclica quiere poner a salvo una concepci\u00f3n personal y sagrada del amor conyugal, defendi\u00e9ndolo de la corriente del ego\u00edsmo y erotizaci\u00f3n banal que invaden la vida cotidiana; quiere responder a una cuesti\u00f3n que el Concilio dej\u00f3 en suspenso y cuya \u00faltima decisi\u00f3n se reserv\u00f3 el Papa: la de los medios puestos por Dios a disposici\u00f3n de los c\u00f3nyuges para conjugar el fomento de su amor con la responsabilidad procreadora.<\/p>\n\n\n\n<p>En este punto la enc\u00edclica afirma la doctrina de que todo acto matrimonial debe quedar abierto a la transmisi\u00f3n de la vida (v\u00e9ase HV 11). \u201cEsta doctrina, que el Magisterio de la Iglesia ha expresado a menudo, se funda en la conexi\u00f3n indisociable, querida por Dios y que no es l\u00edcito al hombre romper por propia iniciativa, de las dos significaciones del acto conyugal: la de uni\u00f3n y la de procreaci\u00f3n\u201d (HV 12).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>3.<\/strong> La palabra que ha pronunciado el Papa sobre esta cuesti\u00f3n, al igual que la pronunciada sobre los derechos de la persona humana en la <em>Pacem in terris,<\/em> o sobre la tarea urgente y com\u00fan a realizar para conseguir el desarrollo de los pueblos en la <em>Populorum Progressio,<\/em> se inscribe en la l\u00ednea del llamado \u201cMagisterio ordinario del Papa\u201d, Maestro y Pastor de toda la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Es un magisterio que, aunque no sea <em>ex cathedra,<\/em> es aut\u00e9ntico, es decir: no es una persona particular quien lo ejerce, sino el que ha sido puesto por Dios para confirmar la fe de los hermanos (Lc 22, 32).<\/p>\n\n\n\n<p>No debemos desconocer el valor que tiene tal Magisterio ordinario: palabra pronunciada para se\u00f1alar la direcci\u00f3n del vivir cristiano; palabra llamada a orientar e iluminar con seguridad doctrinal y pr\u00e1ctica la conciencia de los fieles.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante sus ense\u00f1anzas, la actitud espiritual de \u00e9stos es la que marca el Concilio Vaticano II: \u201cEsta religiosa sumisi\u00f3n de la voluntad y del entendimiento de modo particular se debe al Magisterio aut\u00e9ntico del Romano Pont\u00edfice, aun cuando no hable <em>ex cathedra;<\/em> de tal manera que se reconozca con reverencia su magisterio supremo y con sinceridad se preste adhesi\u00f3n al parecer expresado por \u00e9l, seg\u00fan el deseo que haya manifestado \u00e9l mismo, como puede descubrirse, ya sea por la \u00edndole del documento, ya sea por la insistencia con que repite una misma doctrina, ya sea tambi\u00e9n por las f\u00f3rmulas empleadas\u201d (LG 25).<\/p>\n\n\n\n<p>Actitud receptiva, de obediencia, docilidad y consciente asimilaci\u00f3n, ya que la ense\u00f1anza ordinaria de la Iglesia \u201ccompromete nuestra conciencia y nuestra actuaci\u00f3n\u201d<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>, en el clima de libertad espiritual propio de los hijos de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>La mayor o menor facilidad con que ha sido acogida la enc\u00edclica, seg\u00fan la mentalidad y situaci\u00f3n \u00edntima de cada uno, muestra que ha sido considerada con atenta seriedad por casi todos.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1, pues, bien fundada la esperanza de que mantendr\u00e9is el esp\u00edritu abierto para recibir la luz de Dios que, a trav\u00e9s de la Iglesia, os llega, con el fin de comprender m\u00e1s y m\u00e1s el misterio insondable del matrimonio cristiano.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta actitud permitir\u00e1 profundizar en las cuestiones centrales del mismo y progresar, al mismo tiempo, en las que todav\u00eda piden mayor investigaci\u00f3n y claridad.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>4.<\/strong> Porque la doctrina del Papa sobre el matrimonio no puede eliminar ni la reflexi\u00f3n personal, ni la decisi\u00f3n libre que, en el santuario de la conciencia, donde habita Dios escrutador de los corazones (GS 17), han de tomar los cristianos, aunque invita abiertamente a observar y respetar la ley divina en relaci\u00f3n con el mismo (HV 19).<\/p>\n\n\n\n<p>La conciencia es un juicio personal y pr\u00e1ctico sobre la bondad y malicia de nuestras acciones. No es solamente una mirada hacia el \u00faltimo ideal al que se debe llegar, sino la percepci\u00f3n l\u00facida de las diversas etapas del camino; la valoraci\u00f3n de las circunstancias concretas que condicionan las decisiones personales; la constataci\u00f3n, inclusive, de las tensiones que crean los diversos deberes que se entrecruzan, de hecho, en la vida matrimonial.<\/p>\n\n\n\n<p>Una conciencia madura no prescinde arbitrariamente, ni de las normas externas y objetivas que hay que tener en cuenta en orden al progreso real de la persona (HV 10), ni sofoca inconsideradamente ninguno de los imperativos morales interiores que, tal vez, den lugar a una perplejidad real a la hora de tomar decisiones conscientes.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Algunos principios pr\u00e1cticos<\/h2>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de esta breve referencia que acabo de hacer a la finalidad y doctrina de la enc\u00edclica, al valor del magisterio ordinario y a lo que la conciencia pide, trato de cumplir mi funci\u00f3n de pastor que conoce y vive las dificultades reales de los fieles y anhela, ante todo, la paz de sus esp\u00edritus en \u00edntima comuni\u00f3n con el que es Pastor y Padre de todos. Recordaremos, pues, algunos principios pr\u00e1cticos que pueden iluminar vuestras dificultades y vuestros intentos de constante superaci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>a)<\/strong><\/em> Hay circunstancias en la vida en las que Dios parece situar al hombre en opciones dif\u00edciles, como si \u00e9ste tuviera que cumplir simult\u00e1neamente deberes contradictorios: la unidad efectiva del matrimonio, la fecundidad, la moralidad de los medios puestos al alcance de la paternidad responsable. Es, sobre todo entonces cuando la conciencia de los c\u00f3nyuges, iluminada por la luz de la Palabra de Dios y del Magisterio de la Iglesia, se convierte en la \u00faltima instancia, querida por Dios, de la decisi\u00f3n cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, la demanda de consejo, la com\u00fan revisi\u00f3n entre los matrimonios animados por la misma fe (HV 28) y la oraci\u00f3n insistente y humilde, ser\u00e1n garant\u00eda de que la decisi\u00f3n tomada realmente en conciencia no ser\u00e1 la ca\u00edda en la arbitrariedad ni en el subjetivismo. Esperamos, en este sentido, que tambi\u00e9n nuestros sacerdotes sabr\u00e1n comprender y aconsejar a los fieles, dentro y fuera del sacramento de la penitencia siguiendo, en todo, las ense\u00f1anzas que el Papa nos da en su alt\u00edsimo magisterio, las cuales deben ser expuestas sin ambig\u00fcedad (HV 28).<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>b)<\/strong><\/em> De hecho, puede suceder que haya cristianos que, despu\u00e9s de valorar y esforzarse por comprender la ense\u00f1anza del Magisterio, habida cuenta de las circunstancias concretas en que se hallan, est\u00e9n leal y firmemente convencidos, al menos moment\u00e1neamente, de la bondad de un comportamiento distinto del que el Magisterio ha aprobado. Actuando conforme a la convicci\u00f3n de su conciencia, estos cat\u00f3licos no se colocan al margen de la Iglesia ni han de ser considerados, sin m\u00e1s, como pecadores. Mas para evitar todo peligro de enga\u00f1osa ilusi\u00f3n en el dictamen de la propia conciencia, ser\u00e1 necesario recordar que quien hipot\u00e9ticamente es capaz de obrar as\u00ed, tambi\u00e9n debe serlo de responder ante Dios, no s\u00f3lo ante s\u00ed mismo, ni ante los dem\u00e1s hombres, del grado de reverencia y obsequio que ha expresado a la norma del Papa y del examen desapasionado que hizo sobre la autoridad y garant\u00edas que \u00e9ste tiene para pronunciarse sobre la materia, precisamente en su funci\u00f3n de Maestro y gu\u00eda de las conciencias cristianas, conforme a la misi\u00f3n que Jesucristo mismo le ha confiado. Decimos esto porque, si bien es cierto que una conciencia invenciblemente err\u00f3nea puede darse, no lo es que un cristiano pueda formar su conciencia a base de un dictamen subjetivo contrario a las ense\u00f1anzas del Papa, cuando son tan firmes y tan terminantes como en este caso.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s a\u00fan, en hip\u00f3tesis como la que se\u00f1alo, dada la concatenaci\u00f3n y pluralidad de factores que confluyen en el lento desarrollo del proceso de una vida matrimonial, este an\u00e1lisis y confrontamiento de las propias convicciones con las ense\u00f1anzas del Evangelio y del Papa, deber\u00eda hacerse a lo largo de las diversas etapas del camino que se recorre, no de una sola vez y un solo golpe, como si a todo trance hubiera que lograr una tranquilidad precipitada y quiz\u00e1 ficticia. Puesto que se trata de hombres y mujeres cristianos \u2013\u00e9sta es la hip\u00f3tesis\u2013, ellos han de ser los primeros interesados en no debilitar o trastornar su comuni\u00f3n, como hijos de la Iglesia, con quien ha sido puesto para guiarla, en evitar el escollo de un subjetivismo cerrado a las voces de la comunidad creyente, y en no sucumbir al riesgo de que su conciencia se despersonalice o se diluya entre las opiniones que, en un momento dado, prevalecen en el ambiente .<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>c)<\/strong><\/em> Los esposos cristianos que buscan sincera y sacrificadamente vivir el ideal de vida conyugal se\u00f1alado por el Evangelio y por la Iglesia, nunca se sentir\u00e1n alejados del amor de Dios y de su expresi\u00f3n visible, que son los sacramentos.<\/p>\n\n\n\n<p>En primer lugar, el sacramento de la Penitencia cobrar\u00e1 ante los esposos su verdadera fisonom\u00eda: no s\u00f3lo como perd\u00f3n de las ca\u00eddas graves, que pueden darse, sino como renovaci\u00f3n profunda de sus actitudes, liber\u00e1ndolas progresivamente del ego\u00edsmo y despertando en ellas la ilusi\u00f3n y la fuerza de la conversi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Asimismo, cuando los esposos aprecien seriamente que los factores que pesaban sobre su conocimiento y su libertad han atenuado o quiz\u00e1 suprimido la gravedad concreta de unos comportamientos que parec\u00edan en s\u00ed graves, podr\u00e1n acercarse con confianza a la Eucarist\u00eda, \u201cfuente perenne de gracia y de caridad\u201d (HV 25).<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>d)<\/strong><\/em> No puede faltar, para terminar, una palabra gozosa, de aliento y de \u00e1nimo, para todos aquellos que, por encima de las dificultades de la vida, saben ver en la llamada del Papa el est\u00edmulo para una actitud de generosa entrega a una empresa \u2013la procreaci\u00f3n y educaci\u00f3n de los hijos\u2013 que nace del amor y lleva al amor renovado.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta actitud forma parte del dinamismo en que se resuelve todo vivir aut\u00e9nticamente cristiano. Este es siempre el ejercicio de un amor abnegado que exige la asc\u00e9tica de la cruz y conduce a la plenitud de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>A unos y a otros, a todos, mi palabra pastoral no pretende m\u00e1s que una cosa: ayudar. Ayudar en la reflexi\u00f3n y en las decisiones \u00faltimas. De este respeto a la persona y a la conciencia de cada uno est\u00e1 transido el documento del Papa y sus alocuciones posteriores sobre el mismo, en Roma y en Colombia. Pero la lealtad nos obligar\u00e1 a reconocer que \u00e9l tambi\u00e9n obra seg\u00fan su conciencia, no de hombre particular, sino de Jefe y Pastor supremo de la Iglesia, a quien Dios ilumina con especial carisma, para que en un momento dado pronuncie su palabra con plena autoridad, como lo ha hecho en este caso, la cual lejos de debilitarse, se acrecienta por el hecho de que es proclamaci\u00f3n repetida del magisterio secular de la Iglesia y de sus tres inmediatos predecesores, Juan XXIII, P\u00edo XII y P\u00edo XI sobre estas materias.<\/p>\n\n\n\n<p>La reflexi\u00f3n serena y continuada sobre las ense\u00f1anzas de la enc\u00edclica en su totalidad, en uni\u00f3n con otras del Magisterio pontificio sobre el progreso del hombre y de los pueblos, permitir\u00e1 cada vez m\u00e1s claro lo que, en alg\u00fan momento, puede parecer oscuro.<\/p>\n\n\n\n<p>La gracia del Se\u00f1or no os faltar\u00e1 nunca, queridos matrimonios cristianos. Como pastor diocesano vuestro, sabed que me ten\u00e9is a vuestrolado para ofreceros siempre mi oraci\u00f3n, para compartir espiritualmente vuestra lucha noble y abnegada, y para ayudaros a sostener vuestraesperanza en la relaci\u00f3n con Dios, que os ama y comprende en todomomento.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Pablo VI<em>,<\/em><em>Homil\u00eda,<\/em>31 de julio de 1968: apud<em>Insegnamenti di Paolo VI,<\/em>1968, 869-873.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Pablo VI<em>, <\/em><em>Discurso de clausura del Concilio Vaticano II,<\/em> 7de diciembre de 1965: <em>apud <\/em><em>Insegnamenti di Paolo VI,<\/em>1965, 730.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Instrucci\u00f3n pastoral dirigida, el 15 de noviembre de 1968, a la di\u00f3cesis de Barcelona. Texto publicado en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Barcelona, 1968, 789-794. 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