{"id":887,"date":"2024-09-24T17:55:44","date_gmt":"2024-09-24T15:55:44","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=887"},"modified":"2024-09-24T17:55:44","modified_gmt":"2024-09-24T15:55:44","password":"","slug":"el-sacerdote-hombre-para-el-ministerio","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/el-sacerdote-hombre-para-el-ministerio\/","title":{"rendered":"El sacerdote, hombre para el ministerio"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Ponencia le\u00edda el 13 de septiembre de 1977 en las Jornadas Nacionales de Delegados Diocesanos del Clero, celebradas en Madrid. Texto publicado en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo,<\/em> diciembre 1977, 464-485.<\/p>\n\n\n\n<p>Comienzo la exposici\u00f3n de esta ponencia haciendo una afirmaci\u00f3n fundamental, cuyo contenido se ha apoderado de m\u00ed cada vez m\u00e1s, a medida que he ido leyendo y discurriendo, mientras preparaba este trabajo. La afirmaci\u00f3n es \u00e9sta: en la Iglesia de Cristo se va a producir, no tardando mucho, una serenaci\u00f3n de la mente y del esp\u00edritu sacerdotal, que dar\u00e1 \u00f3ptimos frutos y permitir\u00e1 vivir con gozo lo que el Concilio Vaticano II y la doctrina de la Iglesia en nuestro tiempo han aportado sobre el sacerdocio cat\u00f3lico.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos va a ayudar a ello la crisis que estamos pasando y que todav\u00eda requerir\u00e1 muchos esfuerzos para ser superada. Estas jornadas que celebramos quieren ser uno de esos esfuerzos, dentro de la modesta misi\u00f3n que tenemos encomendada de ayudar a la reflexi\u00f3n y, de este modo, a la formaci\u00f3n permanente del clero en nuestras di\u00f3cesis.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Palabras del Papa a un grupo de obispos franceses: el celibato sacerdotal y las vocaciones al sacerdocio<\/h2>\n\n\n\n<p>El 26 de marzo de este a\u00f1o fueron recibidos por el Papa los obispos de la regi\u00f3n central de Francia, con motivo de su visita \u201cad limina\u201d. Entre ellos estaba monse\u00f1or Riob\u00e9, obispo de Orleans, que hab\u00eda escrito recientemente una Instrucci\u00f3n pastoral replanteando otra vez el tema de la ordenaci\u00f3n de hombres casados. El Santo Padre quiso aprovechar la ocasi\u00f3n para dar respuesta a esta inoportuna insistencia, y dijo lo siguiente:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cComprendemos que os preocupe cada vez m\u00e1s el relevo sacerdotal. El problema debe preocuparnos seriamente, pero no hasta el punto de paralizaros ni llevaros a concentrar vuestras miradas y vuestras esperanzas en soluciones imposibles o ilusorias. Gracias a Dios, esta dificultad no es universal en toda la Iglesia, y conviene m\u00e1s bien considerarla como temporal y superable. Es necesario, pues, buscar todo aquello que es posible hacer para desblocar la situaci\u00f3n, de acuerdo con los caminos establecidos para el conjunto de la Iglesia.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLa hip\u00f3tesis de recurrir a la ordenaci\u00f3n de los hombres casados en la Iglesia latina no ha sido juzgada oportuna, como sab\u00e9is, por las m\u00e1s altas instancias de la Iglesia, y con nuestra aprobaci\u00f3n, hace apenas seis a\u00f1os. La Iglesia pens\u00f3 que pod\u00eda contar con la gracia del Esp\u00edritu Santo y con la preparaci\u00f3n de las almas, para suscitar hombres totalmente consagrados al Reino de Dios. En este sentido, es necesario que trabajemos todos. \u00bfMed\u00eds los riesgos de dudas, de titubeos paralizantes, de abandonos que pueden producir o aumentar el volver a poner sobre el tapete, p\u00fablicamente, la cuesti\u00f3n del celibato, incluso simplemente como un deseo? \u00bfCre\u00e9is de veras que ser\u00eda esa la soluci\u00f3n?\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl problema crucial, el que destruye los g\u00e9rmenes de vocaci\u00f3n, \u00bfno es, ante todo, el de una crisis de fe, y, m\u00e1s todav\u00eda, el miedo a un compromiso definitivo, muy extendido entre los j\u00f3venes? Ahora bien, \u00bfno veis que dicho problema se ha hecho m\u00e1s agudo por la falta de cohesi\u00f3n, de claridad, de firmeza, sobre la identidad del sacerdote de ma\u00f1ana, ya que esta \u00faltima ni ha cambiado ni puede cambiar? Los j\u00f3venes \u2013es normal\u2013 quieren saber a d\u00f3nde van y qu\u00e9 g\u00e9nero de vida ser\u00e1 el suyo. Pensad en la perspectiva espiritual en que se ha preparado para el sacerdocio vuestra generaci\u00f3n, o incluso la posterior a la vuestra. Record\u00e1is los textos tonificantes que las alentaban, como la carta del venerado Cardenal Suhard sobre <em>El sacerdote en la ciudad.<\/em> El Concilio Vaticano II ha podido completar esta perspectiva; no la ha abolido. Proponer la misi\u00f3n del sacerdote en toda su grandeza y su urgencia, con todas sus exigencias, he ah\u00ed, a nuestro parecer, el problema primordial.\u201d \u201cOs proponemos algunas sugerencias, sin dudar en absoluto de que vosotros hab\u00e9is comenzado la exploraci\u00f3n de las mismas. A nivel diocesano y a nivel interdiocesano, \u00bfno es posible pensar en una distribuci\u00f3n de las fuerzas sacerdotales, diocesanas o religiosas, a\u00fan mejor? Las posibilidades del diaconado, \u00bfhan sido puestas realmente en pr\u00e1ctica, en lo que se refiere a la selecci\u00f3n de los candidatos y a su preparaci\u00f3n m\u00e1s esmerada? \u00bfNo puede lanzarse un llamamiento m\u00e1s vigoroso, m\u00e1s asiduo, para las vocaciones sacerdotales de adultos, y tambi\u00e9n de adolescentes, e incluso de ni\u00f1os? \u00bfPensamos en todos esos grupos de j\u00f3venes preocupados por la b\u00fasqueda espiritual y la participaci\u00f3n en alguna responsabilidad de la Iglesia? \u00bfO es que son insensibles ante tales llamamientos?\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cVosotros mismos, obispos, que est\u00e1is mucho m\u00e1s en contacto con los j\u00f3venes que antes, no teng\u00e1is miedo de exponerles amenudo el problema del relevo sacerdotal, con el tacto y el entusiasmo convenientes. Y que vuestros equipos de sacerdotes, incluso en los sectores dif\u00edciles, irradien la alegr\u00eda de su sacerdocio, la de trabajar y sembrar para el Se\u00f1or, sin ver a\u00fan la cosecha, a veces ni siquiera la germinaci\u00f3n, impulsados por esa esperanza invencible que nace de una vida interior profunda\u201d<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En estas palabras del Papa hay dos notas muy importantes. Primera, la afirmaci\u00f3n doctrinal de que la identidad sacerdotal \u2013la del sacerdote de ma\u00f1ana\u2013 ni ha cambiado, ni puede cambiar. Segunda, la advertencia a los obispos, muy delicada, pero muy firme, de que para resolver el problema de las vocaciones sacerdotales los caminos son otros, muy distintos de los que se pretenden se\u00f1alar inventando un tipo de identidad sacerdotal nuevo y extra\u00f1o a la tradici\u00f3n de la Iglesia; les anima a que hagan esfuerzos para encontrar esos caminos, dentro de lo que una acci\u00f3n pastoral inteligente y viva puede sugerir, en lugar de dejarse llevar por la fascinaci\u00f3n de planteamientos novedosos. De paso, indica, como lo ha hecho ya varias veces, que el problema crucial, el que destruye los g\u00e9rmenes de vocaci\u00f3n es, ante todo, \u201cel de una crisis de fe y, m\u00e1s a\u00fan, el miedo a un compromiso definitivo, muy extendido entre los j\u00f3venes\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Bien. El magisterio de Pablo VI sobre el sacerdocio es inmenso y riqu\u00edsimo. Est\u00e1 pidiendo ya que se elabore un estudio que recoja ordenadamente todo cuando ha dicho y escrito sobre el tema; y me gustar\u00eda que nuestra Comisi\u00f3n del Clero, nosotros o los que nos sucedan, pudiera hacerlo. Ver\u00edamos c\u00f3mo, en la misma l\u00ednea de lo que promulg\u00f3 el Concilio Vaticano II, tanto en el s\u00ednodo de 1971 como en las innumerables ocasiones en que ha hablado, el Papa no ha vacilado en se\u00f1alar la verdadera doctrina: ha puesto luz en la oscuridad, ha alentado la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica y b\u00edblica sobre el tema, sin admitir desviaciones, ha confirmado la fe de sus hermanos, ha defendido intr\u00e9pidamente las posiciones sustantivas de la doctrina de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Si yo he citado ahora, de manera particular, esta breve alocuci\u00f3n, es por la especial significaci\u00f3n que tiene, atendidas las circunstancias en que se produce: va dirigida a un grupo de obispos con ocasi\u00f3n de la visita \u201cad limina\u201d; entre ellos, alguno ha vuelto a plantear cuestiones que afectan a la identidad sacerdotal; y el Papa advierte claramente que no es \u00e9se el camino; son obispos de un pa\u00eds en el que se han divulgado m\u00e1s que en ning\u00fan otro las experiencias pastorales y las reflexiones doctrinales; y teni\u00e9ndolo presente y aun estim\u00e1ndolo, el Papa advierte claramente que la identidad sacerdotal ni ha cambiado ni puede cambiar.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El ministerio<\/h2>\n\n\n\n<p>Si ahora tuviera yo que concretar en una frase breve y sencilla qu\u00e9 es lo que, en medio de todas las crisis y discusiones actuales, subyace, de cuya aceptaci\u00f3n o rechazo depende la soluci\u00f3n del problema, dir\u00eda simplemente esto: se trata de afirmar o negar que el sacerdote sea, ante todo y sobre todo, un hombre para el ministerio, tal como lo ha entendido la tradici\u00f3n viva de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia, en su ense\u00f1anza magisterial, no duda, lo afirma reiterada y decididamente, y de esa afirmaci\u00f3n hace brotar toda la acci\u00f3n pastoral espec\u00edfica del sacerdote. En cambio, bastantes te\u00f3logos, escrituristas e historiadores \u2013no puedo decir en qu\u00e9 proporci\u00f3n\u2013 viven entregados desde hace a\u00f1os \u2013mucho antes del Concilio Vaticano II\u2013 a una tarea de investigaci\u00f3n y reflexi\u00f3n y, \u00bfpor qu\u00e9 no decirlo?, de interacci\u00f3n de las dos teolog\u00edas, la protestante y la cat\u00f3lica, y muchos presentan, como fruto de sus estudios, conclusiones que no son compatibles con la ense\u00f1anza del Magisterio sobre este punto. En esta fase nos encontramos. Esos estudios y conclusiones se divulgan y llegan a todas partes. Pienso que, a la larga, han de contribuir, como pasa siempre, a una mayor riqueza y precisi\u00f3n de conceptos, pero de momento generan, en muchos sacerdotes, tremendas perturbaciones en el pensamiento y, como consecuencia inevitable, en su acci\u00f3n pastoral.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Los datos neo-testamentarios<\/h2>\n\n\n\n<p>Sin duda, es conveniente ofrecer, aunque sea muy resumidamente, los datos b\u00edblicos en que se fundamenta la afirmaci\u00f3n de que el sacerdote es un hombre para el ministerio.<\/p>\n\n\n\n<p>Me dejo guiar por dos estudios muy recientes, que tienen la ventaja de estar hechos teniendo a la vista toda la literatura que, sobre el tema, ha ido apareciendo estos a\u00f1os. El primero es una <em>Exposici\u00f3n sobre el sacramento del Orden,<\/em> elaborada por profesores de la Facultad de Teolog\u00eda de Burgos, por encargo de nuestra Comisi\u00f3n del Clero. Es en esta Facultad espa\u00f1ola donde m\u00e1s se ha trabajado sobre el tema en estos a\u00f1os. El segundo es un doble estudio del decano de la Facultad de Teolog\u00eda de Valencia, Ram\u00f3n Arnau, titulado uno <em>Ministerio sacerdotal y sucesi\u00f3n apost\u00f3lica,<\/em> de este a\u00f1o; otro, <em>El diaconado como carisma y ministerio,<\/em> aparecido en la revista <em>Anales Valentinos,<\/em> en su \u00faltimo n\u00famero, correspondiente al primer semestre de este a\u00f1o tambi\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>Cristo no tuvo sucesores como Sacerdote de la Nueva Alianza. \u00c9l mismo est\u00e1 presente en su Iglesia hasta el fin de los siglos. Pero tiene ministros, que act\u00faan en su nombre, en el Nuevo Testamento. Ministro es el que desempe\u00f1a un oficio de servicio a los dem\u00e1s en nombre de Cristo, y con la autoridad de Cristo, para conseguir los fines asignados a la Iglesia por su Fundador.<\/p>\n\n\n\n<p>Toda la Iglesia constituye un pueblo sacerdotal, pero es un pueblo jer\u00e1rquicamente estructurado por voluntad de Cristo. Solamente a algunos encarg\u00f3 \u00c9l del ministerio pastoral. Solamente los Doce estuvieron con \u00c9l y a ellos les encomend\u00f3 funciones especiales (Mc 3, 13-16): anunciar el Evangelio al mundo entero y hacer disc\u00edpulos de Cristo a todas las gentes (Mt 28, 19; Mc 16, 16); consagrar la Eucarist\u00eda (Lc 22, 19; 1Cor 2, 24); perdonar los pecados (Jn 20, 21-23); atar y desatar, es decir, gobernar, juzgar y ense\u00f1ar autorizadamente (Mt 16, 19; 18, 18). Les encomend\u00f3 la misma misi\u00f3n que hab\u00eda recibido del Padre (Jn 17, 18; 20, 21), de suerte que quien los escucha, escucha a Cristo (Lc 16, 16).<\/p>\n\n\n\n<p>En los comienzos de la Iglesia hay una conciencia muy viva de que Cristo es la autoridad, el \u00fanico \u201cobispo\u201d (cf. 1P 2, 25), el Se\u00f1or de la Iglesia, el centro de su unidad. Hasta el punto de que San Pablo urge la unidad entre los cristianos porque Cristo no puede estar dividido (cf. 1Cor 1, 13).<\/p>\n\n\n\n<p>Las autoridades visibles existen, como se comprueba en los Hechos y en las Cartas; desempe\u00f1an una \u201cdiacon\u00eda\u201d, un servicio: no apetecen los primeros puestos (cf. Lc 22, 24-27), raz\u00f3n por la que no siempre destaca su autoridad en forma socialmente notable, puesto que se trata de comunidades peque\u00f1as en las que la unidad, tan recomendada por Cristo, se mantiene mediante el \u201cv\u00ednculo de la paz\u201d (Ef 4, 3), ya que los fieles ten\u00eda <em>un \u00fanico coraz\u00f3n y alma<\/em> (Hch 4, 32). As\u00ed se explica que las fuentes sean relativamente parcas al hablarnos del orden reflejado en el ejercicio de los ministerios pastorales durante la primera generaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras viven los Ap\u00f3stoles, ellos, como columnas de la Iglesia, ejercen una autoridad personal e inmediata sobre las Iglesias, como fundadores de las mismas, en virtud de la misi\u00f3n que Cristo les hab\u00eda confiado. Son conscientes de que no act\u00faan en nombre propio, sino por delegaci\u00f3n divina: son colaboradores de Dios (1Cor 3, 9).<\/p>\n\n\n\n<p>Ya en vida de los Ap\u00f3stoles, el Nuevo Testamento menciona oficios desempe\u00f1ados de manera estable por otros cristianos, que act\u00faan con cierta autoridad. As\u00ed los \u201cobispos-presb\u00edteros\u201d (Hch 11, 30; 14, 22; 15, 2; 16, 4; 20, 17; 1 Tm 5, 17; Fil 1, 1; Tt 1, 7-9, etc.) y los di\u00e1conos (a partir de Hch 6, 1-6; Fil 1, 1; 1Tm 3, 8). Bajo la autoridad de los Ap\u00f3stoles hay tambi\u00e9n \u201cproist\u00e1menoi\u201d (= los que presiden), \u201cdirectores\u201d, \u201cpastores\u201d, \u201cap\u00f3stoles\u201d (= enviados) de los mismos Ap\u00f3stoles, etc\u00e9tera.<\/p>\n\n\n\n<p>Los \u201cobispos-presb\u00edteros\u201d parece que act\u00faan colegialmente y siempre se habla de ellos en plural: constituyen el \u201cpresbiterio\u201d (cf. 1Tm 3, 8; 4, 14). No as\u00ed los di\u00e1conos (cf. Hch 8). La autoridad suprema visible sigue siendo el ap\u00f3stol fundador de cada iglesia, y resulta pr\u00e1cticamente imposible determinar con exactitud cu\u00e1les eran las funciones de los \u201cobispos-presb\u00edteros\u201d, al menos como contra-distintos entre s\u00ed, seg\u00fan la terminolog\u00eda actual. En casos como los de Timoteo, Tito y algunos otros, cabe sospechar que ejercieran cierta autoridad mon\u00e1rquica, delegada por el Ap\u00f3stol. En cualquier caso, es peligroso proyectar esquemas de hoy sobre el pasado para suplir la falta de datos ciertos. Sabemos que ejerc\u00edan el r\u00e9gimen de las comunidades, oficios de presidencia y de culto. Tambi\u00e9n se nos da un retrato moral del \u201cobispo-presb\u00edtero\u201d (cf. 1Tm 3, 15) y del di\u00e1cono (ib\u00edd. 3, 8-13), as\u00ed como algunas normas de acci\u00f3n pastoral (cf. 1Tm 5, 3-8; Tt 2, 1-15; 2 Tm 2, 22-26; 4, 1-8). Todo ello ayuda a vislumbrar cu\u00e1l era su \u201cservicio\u201d, pero no son posibles muchas precisiones.<\/p>\n\n\n\n<p>Los Ap\u00f3stoles tienen sucesores. No en cuanto a su condici\u00f3n de testigos personales de la vida, muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo, ni en cuanto a algunas prerrogativas especiales, sino en cuanto a la misi\u00f3n de predicar el Evangelio, santificar y regir autorizadamente la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>No es propio de este lugar entrar en la justificaci\u00f3n apolog\u00e9tica del hecho, en el que la teolog\u00eda cat\u00f3lica presenta notables discrepancias con el protestantismo cl\u00e1sico y con cuantos niegan que la visibilidad jer\u00e1rquica de la Iglesia se debe a instituci\u00f3n divina.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta sucesi\u00f3n tuvo lugar mediante la \u201cjeiroton\u00eda\u201d. En Hch 6, 6 se nos da cuenta de la constituci\u00f3n de los primeros di\u00e1conos, consagrados por los Ap\u00f3stoles, mediante la oraci\u00f3n y la imposici\u00f3n de manos, para que desempe\u00f1aran una misi\u00f3n de caridad, bautizaran y predicaran. Tal como act\u00faan, parecen ser auxiliares y representantes de los Ap\u00f3stoles en algunas funciones, que poco despu\u00e9s aparecen m\u00e1s perfiladas y clarificadas, puesto que, de momento, acaso engloben tambi\u00e9n la potestad de los \u201cobispos-presb\u00edteros\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de Hch 14, 23, nos consta tambi\u00e9n la existencia de \u201cpresb\u00edteros\u201d, instituidos en cada iglesia por los Ap\u00f3stoles como jefes de cada comunidad cristiana: son los Ap\u00f3stoles quienes les imponen las manos, no la comunidad. <em>Jeirotonein,<\/em> que en alguna ocasi\u00f3n significa mera bendici\u00f3n o aquiescencia de los miembros de la comunidad (cf. Hch 13, 3), implica, en casi todos los textos en que se utiliza, conferir jefaturas mediante una consagraci\u00f3n (cf. 1Tm 4, 14; 5, 22; 2Tm 1, 6). Los as\u00ed constituidos son designados unas veces como \u201cpresb\u00edteros\u201d y otras como \u201cobispos\u201d, con una misi\u00f3n pastoral respaldada por el Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed pues, la Iglesia aparece constituida desde el principio con un Orden sagrado que tiene una misi\u00f3n de pastoreo eclesial (de evangelizaci\u00f3n, de r\u00e9gimen y de magisterio), y cuyos grados jer\u00e1rquicos van diversific\u00e1ndose. La constituci\u00f3n de cada candidato en un grado del Orden tiene lugar mediante la imposici\u00f3n de manos para un oficio concreto y para siempre<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Ministerios y carismas<\/h2>\n\n\n\n<p>La Iglesia, en tiempo de los Ap\u00f3stoles, era ya una Iglesia institucionalizada, en la que exist\u00edan ministerios diversos dotados de una potestad sagrada para el servicio a la comunidad. Sin embargo, por influjo de la concepci\u00f3n protestante de la Iglesia no jerarquizada, se ha intentado resucitar la teor\u00eda bultmaniana, seg\u00fan la cual la primitiva Iglesia hab\u00eda estado guiada por los carism\u00e1ticos, es decir, por profetas transmisores de los <em>logia<\/em> del Se\u00f1or, de suerte que la creaci\u00f3n de autoridades institucionalizadas, como los obispos presb\u00edteros, ser\u00eda una innovaci\u00f3n posterior, ajena a la voluntad de Cristo. H. K\u00fcng admite el hecho para las iglesias paulinas, al menos para la de Corinto, donde la comunidad \u201cviv\u00eda \u00fanicamente de la aparici\u00f3n espont\u00e1nea de los carismas en su seno\u201d. Con esto se intenta justificar un \u201ca priori\u201d: la Iglesia fundada por Cristo habr\u00eda sido un movimiento espiritual no institucionalizado, que habr\u00eda sido falseado en su naturaleza por los mismos Ap\u00f3stoles. Es una afirmaci\u00f3n muy grave, desmentida rotundamente por los hechos.<\/p>\n\n\n\n<p>San Pablo, en 1Cor 12, 1-13, habla de \u201ccarismas\u201d, \u201cministerios\u201d y \u201coperaciones\u201d, pero en modo alguno contrapone carisma a ministerios; unos y otros son diversos, pero todos tienen referencia a un mismo Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>El profetismo del Nuevo Testamento est\u00e1 vinculado, ante todo, al apostolado. Los Ap\u00f3stoles son, indudablemente, los principales profetas, pero la funci\u00f3n prof\u00e9tica y la de r\u00e9gimen son distintas, coexisten en armon\u00eda y para ello aqu\u00e9lla est\u00e1 siempre supeditada a \u00e9sta; por eso, cuando los \u201cprofetas\u201d dirigen la comunidad o act\u00faan en su seno, lo hacen bajo el r\u00e9gimen de los Ap\u00f3stoles.<\/p>\n\n\n\n<p>No existe, pues, un doble orden, el carism\u00e1tico y el pastoral jer\u00e1rquico. La autoridad en la Iglesia es \u00fanica, escalonada en grados, y refleja externamente las exigencias internas del Cuerpo M\u00edstico, cuya proyecci\u00f3n externa es el Pueblo de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>No hay indicios serios de una Iglesia regida por mociones incontrolables del Esp\u00edritu. Esta hip\u00f3tesis tiene todos los visos de responder a posiciones preconcebidas que, al ser proyectadas sobre la documentaci\u00f3n primitiva, la falsean<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Naturaleza de la misi\u00f3n apost\u00f3lica<\/h2>\n\n\n\n<p>Si precisamos bien el concepto de ap\u00f3stol, tendremos el camino expedito para entender c\u00f3mo el sacerdote es el hombre para el ministerio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cA tenor de los datos aportados por el libro de los Hechos, el Ap\u00f3stol es el testigo de la Resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or (Hch 1, 21). Pero se trata de un testigo en sentido espec\u00edfico, cuya categor\u00eda se alcanza no por el mero hecho de haber visto al Se\u00f1or resucitado, sino por una misi\u00f3n particular. Cuando se relata la elecci\u00f3n de Mat\u00edas, dice San Pedro (5, 21): <em>conviene que de todos los varones que nos han acompa\u00f1ado todo el tiempo en que vivi\u00f3 entre nosotros el Se\u00f1or Jes\u00fas&#8230;, uno de ellos sea testigo con nosotros de su Resurrecci\u00f3n.<\/em> Pedro, en su alocuci\u00f3n, se dirig\u00eda a un grupo de ciento veinte personas, todos los cuales, sin duda, hab\u00edan comprobado la Resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or. Pero s\u00f3lo uno es elegido y constituido en testigo. Lo mismo puede deducirse del texto de San Pablo en 1Cor 15, 6, en que habla de la aparici\u00f3n a m\u00e1s de quinientos hermanos, lo cual, sin embargo, no les constituye en testigos en el sentido propuesto por San Pedro. Los Ap\u00f3stoles son testigos de la Resurrecci\u00f3n, pero no todo el que ha visto al Resucitado es ap\u00f3stol\u201d<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan los datos que nos ofrece el Nuevo Testamento, el Ap\u00f3stol queda constituido por la elecci\u00f3n gratuita de Cristo que, al inicio de su predicaci\u00f3n, llam\u00f3 a los que \u00c9l quiso, y despu\u00e9s de resucitado los envi\u00f3 (Mc 3, 13-19; Jn 20, 22). La elecci\u00f3n y la misi\u00f3n constituyen al Ap\u00f3stol que, en su calidad de enviado, no se legaliza desde s\u00ed mismo, sino desde el mitente. Jesucristo, el Ap\u00f3stol del Padre (cf. Hb 3, 1; Jn 20, 21), envi\u00f3 a quienes, al hacerlos part\u00edcipes de su misi\u00f3n y potestad, hab\u00edan de continuar su obra de salvaci\u00f3n entre los hombres. El Apostolado, los Doce, como instituci\u00f3n hist\u00f3rica, termin\u00f3 con la muerte del \u00faltimo Ap\u00f3stol; pero no desapareci\u00f3 su ministerio, ya que la obra de salvaci\u00f3n encomendada a los Ap\u00f3stoles estaba destinada a todos los hombres de todos los tiempos. La conciencia en los Ap\u00f3stoles del ministerio a ellos entregado por Cristo les urgi\u00f3 a preparar cooperadores que les siguiesen en el cumplimiento del ministerio apost\u00f3lico.<\/p>\n\n\n\n<p>Los protestantes admiten la necesidad de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica, pero afirman que se da exclusivamente en la medida en que los creyentes aceptan con fidelidad la Palabra de Cristo en la Sagrada Escritura (sucesi\u00f3n material, seg\u00fan su terminolog\u00eda), sin que medie un ministerio transmitido por ordenaci\u00f3n (sucesi\u00f3n formal)<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLutero niega que Cristo instituyera el sacramento del Orden; toda jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica de derecho divino cae por su base. No hay m\u00e1s sacerdocio que el de Cristo y \u00e9ste es imparticipable. Admite la instituci\u00f3n de ministros, que act\u00faan por delegaci\u00f3n de la comunidad y que, por tanto, pueden serlo \u201cad tempus\u201d. La ordenaci\u00f3n no tiene otra finalidad que dedicar oficialmente a un sujeto al ejercicio del ministerio, que se reduce a la proclamaci\u00f3n de la palabra de Dios y a la administraci\u00f3n de los verdaderos Sacramentos: el Bautismo y la Cena.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cTodos los protestantes cl\u00e1sicos, tras algunas vacilaciones terminol\u00f3gicas, niegan el sacramento del Orden propiamente dicho, e. d., tal como lo hab\u00eda entendido la Iglesia Cat\u00f3lica. Si alguna vez Melanchthon, Calvino e incluso el mismo Lutero hablan del sacramento del orden, lo entienden no como una consagraci\u00f3n para la celebraci\u00f3n del sacrificio, sino como una dedicaci\u00f3n al ministerio de la palabra evang\u00e9lica. El que no predica deja de ser sacerdote. El ministerio no tiene relaci\u00f3n con el sacrificio. Por tanto, el Papa, los obispos y el clero romano son ministros de Satan\u00e1s. Ya se comprende que carece de todo valor la legislaci\u00f3n eclesi\u00e1stica referente a los cl\u00e9rigos. Estas posiciones concuerdan, como es natural, con la concepci\u00f3n eclesiol\u00f3gica del protestantismo (Iglesia exclusivamente interna, igualdad absoluta de todos los cristianos), condicionada, a su vez, por la doctrina de la \u2018Scriptura-sola\u2019 y por la de justificaci\u00f3n mediante la sola fe-confianza\u201d<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>No es mi prop\u00f3sito, no puede serlo, estudiar ahora esta doctrina protestante y la respuesta que a la misma dio el Concilio de Trento. Son p\u00e1ginas dolorosas y, a la vez, llenas de gloria en la historia de la Iglesia. En Trento se refutaron los errores protestantes; se afirm\u00f3 la existencia de una jerarqu\u00eda integrada por obispos, presb\u00edteros y ministros, \u201cdivina ordinatione institutam\u201d, y la existencia de un sacerdocio visible con potestad para consagrar la Eucarist\u00eda y perdonar los pecados; la existencia de otras \u00f3rdenes mayores y menores que culminan en el sacerdocio; la sacramentalidad del Orden, que confiere el Esp\u00edritu Santo e imprime car\u00e1cter; la superioridad de los obispos respecto a los presb\u00edteros, la legitimidad de los obispos elegidos por el Papa y no por el pueblo (DS 1763-1778).<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEn Trento no se pretendi\u00f3 hacer una exposici\u00f3n sistem\u00e1tica de la doctrina sobre el Orden. No era esa su misi\u00f3n, sino la de salir al paso de los errores a la luz de la fe de la Iglesia. Para ello se sirvi\u00f3 de las aportaciones firmes de la teolog\u00eda de su tiempo, con sus ventajas y tambi\u00e9n con sus limitaciones. La clave de la doctrina de Trento es la Eucarist\u00eda, sacramento y sacrificio al que est\u00e1 ordenado el sacerdocio, cuya nota espec\u00edfica es la cultual. Distingue dos grados en el sacerdocio, pero no por raz\u00f3n de su referencia a la Eucarist\u00eda, sino por otras razones que quedan oscurecidas al admitir de alg\u00fan modo la identificaci\u00f3n entre potestad de orden y potestad cultual. Todos los grados del Orden tienen mayor o menor dignidad seg\u00fan que disten m\u00e1s o menos de la cumbre: el sacerdocio no es episcopado en cuanto tal\u201d<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Trento ten\u00eda tras de s\u00ed la tradici\u00f3n de la Iglesia, lentamente fijada y establecida a trav\u00e9s de los siglos desde los escritos de los Padres Apost\u00f3licos, y no como afirm\u00f3 Lutero, desde el pseudo-Dionisio, en el siglo VI. Todo hab\u00eda ido precis\u00e1ndose en medio del claroscuro natural de las reflexiones sucesivamente elaboradas, porque lo que Cristo no ofreci\u00f3 nunca a sus Ap\u00f3stoles, ni \u00e9stos a sus sucesores, fue un tratado de teolog\u00eda, sino una vida y una constituci\u00f3n de la Iglesia. La teolog\u00eda ir\u00eda haci\u00e9ndose despu\u00e9s y por partes, seg\u00fan la alumbraban la reflexi\u00f3n espont\u00e1nea de los que se dedicaban a ense\u00f1ar, o la necesidad de dar respuesta a los ataques que sufr\u00eda la fe o la disciplina.<\/p>\n\n\n\n<p>Estaban tambi\u00e9n los datos b\u00edblicos del Nuevo Testamento. Para comprenderlos bien, me parecen muy interesantes las observaciones que hace Ram\u00f3n Arn\u00e1u en su citado trabajo <em>Ministerio Sacerdotal y Sucesi\u00f3n Apost\u00f3lica,<\/em> p\u00e1gina 15.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cDesde el punto de vista hist\u00f3rico \u2013escribe\u2013 el Nuevo Testamento ofrece los datos suficientes para poder rastrear la sucesi\u00f3n en el ministerio. Una verificaci\u00f3n de los hechos permitir\u00e1 llegar a una conclusi\u00f3n. Pero con el fin de que la verificaci\u00f3n a realizar aporte la debida claridad, habr\u00e1 que aplicar a la misma determinadas normas hermen\u00e9uticas:<\/p>\n\n\n\n<p>1\u00aa. En los escritos del Nuevo Testamento hay que buscar el desarrollo de la estructura de la Iglesia que, partiendo de la misi\u00f3n-autoridad, conferida por Cristo a los Ap\u00f3stoles, llega al ministerio eclesial de los obispos-presb\u00edteros.<\/p>\n\n\n\n<p>2\u00aa. Los distintos escritos del Nuevo Testamento reflejan momentos distintos de este proceso de evoluci\u00f3n en la Iglesia; por ello, el estudio de los mismos tendr\u00e1 que hacerse atendiendo al momento de su redacci\u00f3n para, de esta forma, poder verificar la evoluci\u00f3n en la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>3\u00aa En el estudio de este tema en el Nuevo Testamento \u2013y lo mismo habr\u00eda que hacer en el estudio de la Patr\u00edstica\u2013 hay que evitar el querer ver, en un momento dado, reflejado en un texto determinado la norma de valor absoluto.<\/p>\n\n\n\n<p>4\u00aa. Si el af\u00e1n positivista de fijar determinados momentos deforma la aut\u00e9ntica realidad de la vida de la Iglesia, el anacronismo que proyecta sobre el ayer el calco de la realidad actual, adem\u00e1s de ser hist\u00f3ricamente falso, corre el riesgo de identificar con el derecho divino determinadas concreciones humanas.<\/p>\n\n\n\n<p>5\u00aa. Para soslayar toda dificultad en el estudio hist\u00f3rico de la estructura de la Iglesia y, sobre todo, para superar el relativismo, habr\u00e1 que buscar los principios fundamentales de derecho divino para, desde los mismos, legalizar las concreciones a las cuales ha llegado la Iglesia en fidelidad a la instituci\u00f3n divina.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Contin\u00faa, despu\u00e9s, el mismo autor diciendo: \u201cDe los tres momentos hist\u00f3ricos a distinguir en el Nuevo Testamento, se ofrecen n\u00edtidamente distinguibles el primero y el tercero. En el primero, el Ap\u00f3stol se siente responsable de las comunidades por \u00e9l formadas; y, en el tercero, habiendo ya desaparecido o, por lo menos, en trance de desaparecer los Ap\u00f3stoles, aparecen al frente de las comunidades los obispos-presb\u00edteros, que si es cierto que, en determinados pasajes del Nuevo Testamento, se habla de ellos como ministerio \u00fanico y ejercido colegialmente en la Iglesia particular, tambi\u00e9n es cierto que en las cartas pastorales se insin\u00faa ya la estructura mon\u00e1rquica del mismo, con la consiguiente desmembraci\u00f3n entre obispos y presb\u00edteros.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>El momento que se impone analizar es, precisamente, el que sirve de engarce entre el primero y el tercero, aquel en el cual los Ap\u00f3stoles incorporan a otros a su ministerio apost\u00f3lico. San Pablo, en sus cartas, ofrece datos abundantes para comprobar la incorporaci\u00f3n de auxiliares a su ministerio. Tito, T\u00edquico, Epafras, Arquipo y Epafrodito fueron incorporados por San Pablo en el ministerio apost\u00f3lico. Analizando los distintos textos se llega a la conclusi\u00f3n de que todos ellos son \u201cministros\u201d y que, como aparece claramente en el caso de Arquipo, quiz\u00e1 un tanto reticente en el cumplimiento de su ministerio, este ministerio lo han recibido del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>Cabe preguntarse: \u00bfEn virtud de qu\u00e9 han sido incorporados a participar en el ministerio? o, \u00bfse trata de un carisma, al que correspond\u00edan con una respuesta personal y espont\u00e1nea? No parece ser as\u00ed, ya que en cada uno de los casos aducidos aparece, junto con el servicio eclesial, la misi\u00f3n que le ha sido encomendada por el Ap\u00f3stol.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuantos afirman que estos servicios eclesiales eran meramente carism\u00e1ticos y que se manten\u00edan al margen de cualquier g\u00e9nero de institucionalidad, se apoyan en que San Pablo no hace ninguna referencia a alg\u00fan tipo de ordenaci\u00f3n previa. Intentemos responder a la objeci\u00f3n. \u00bfAcaso la misi\u00f3n verbal transmitida por un Ap\u00f3stol no pod\u00eda constituir en enviado a quien la recib\u00eda? Cristo envi\u00f3 a los Ap\u00f3stoles por su palabra, sin que mediase ning\u00fan otro rito. \u00bfNo pod\u00edan hacer lo mismo los Ap\u00f3stoles? Desde un punto de visto teol\u00f3gico no existe ninguna dificultad, ya que ni la renovada imposici\u00f3n de manos, ni la antigua \u201ctraditio instrumentorum\u201d pertenecen a la sustancia del Sacramento del Orden. \u00bfNo se podr\u00eda afirmar que la \u201csubstantia sacramenti\u201d de la ordenaci\u00f3n consiste en la misi\u00f3n? Y signo adecuado para la expresi\u00f3n de la misma puede ser el lenguaje oral. En este sentido, el hecho de que no aparezca un rito peculiar no quiere decir que no exista una transmisi\u00f3n de misi\u00f3n y poder, equivalente a lo que en terminolog\u00eda lit\u00fargico-dogm\u00e1tica se denomina ordenaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Es cierto que muy pronto apareci\u00f3 en la Iglesia el uso de la imposici\u00f3n de manos como rito de incorporaci\u00f3n al ministerio. No se comprueba en la elecci\u00f3n de Mat\u00edas, que qued\u00f3 incorporado a los once Ap\u00f3stoles por la suerte que recay\u00f3 sobre \u00e9l, pero est\u00e1 ya vigente en la constituci\u00f3n de los \u201cSiete\u201d. El rito de la imposici\u00f3n de manos era de ascendencia jud\u00eda y, por ello, y porque no se ten\u00eda conciencia de que fuese fundamental para constituir a un ministro, pudo no ser empleado por San Pablo en ambientes gentiles, tan recelosos como eran de la influencia judaizante.<\/p>\n\n\n\n<p>Al margen de estas sugerencias, cuyo alcance puede ser valorado en m\u00e1s o en menos, hay que ratificar el hecho de que San Pablo asoci\u00f3 colaboradores a los que encarg\u00f3 determinados ministerios, sin que aparezca en esta dedicaci\u00f3n ministerial ninguna limitaci\u00f3n a un per\u00edodo determinado, sino por el contrario, una total permanencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Prescindiendo de referencias concretas, y atendiendo a la estructura de las comunidades tal y como aparecen en las cartas paulinas, hay que admitir que San Pablo, desde el primer momento, habla del don de la presidencia o gobierno, y dirigi\u00e9ndose a los tesalonicenses les pide acatamiento para los que trabajan presidiendo en el Se\u00f1or y amonestando. La presidencia, en este caso \u00faltimo, no puede ser entendida como meramente honor\u00edfica, ya que el cometido de la misma es ejercer la amonestaci\u00f3n con los que la merezcan.<\/p>\n\n\n\n<p>En este momento, intermedio entre el institucional del Apostolado y la situaci\u00f3n de la Iglesia reflejada en las Pastorales, se percibe el desarrollo de la estructura eclesial que, vinculada al Ap\u00f3stol, avanza hacia un r\u00e9gimen jer\u00e1rquico sucesor de la autoridad de los Ap\u00f3stoles. Es cierto que en este momento los perfiles no est\u00e1n todav\u00eda dise\u00f1ados, ni el l\u00e9xico ha sido todav\u00eda fijado, pero lo que s\u00ed aparece claro es que el Ap\u00f3stol hace part\u00edcipes a otros de la misi\u00f3n recibida para la edificaci\u00f3n de la Iglesia. El saludo de la Carta a los Filipenses y las cartas pastorales testifican una comunidad estructurada, a cuya cabeza se encuentran los \u201cobispos-presb\u00edteros\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuesti\u00f3n aparte, en la que no entramos aqu\u00ed, es el grado y el sentido en que los obispos y los presb\u00edteros son, unos y otros, sucesores de los Ap\u00f3stoles. Pero el hecho es que en esa sucesi\u00f3n es donde se encuentra la raz\u00f3n de que el sacerdote sea el hombre para el ministerio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cCon la elecci\u00f3n y misi\u00f3n de los Ap\u00f3stoles, Cristo instituy\u00f3 el sacramento del Orden, al consagrarlos haci\u00e9ndolos part\u00edcipes de la misi\u00f3n que \u00c9l mismo hab\u00eda recibido del Padre&#8230; La misi\u00f3n \u00fanica por la que quedaron constituidos los Ap\u00f3stoles es la que ser\u00e1 participada por quienes, como sucesores de los mismos, son incorporados al ministerio apost\u00f3lico. El Ap\u00f3stol qued\u00f3 constituido como tal en virtud de la misi\u00f3n inmediata de Cristo; el sucesor de los Ap\u00f3stoles \u2013obispos y presb\u00edteros\u2013 lo fue tal en virtud de la sucesi\u00f3n mediata recibida de los Ap\u00f3stoles\u201d<a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>El sacerdocio ministerial fue instituido por Cristo, no en un momento determinado, sino a lo largo de toda su vida p\u00fablica. \u00c9l llam\u00f3 a los Ap\u00f3stoles, les envi\u00f3 y les dio facultades para predicar, bautizar, perdonar los pecados, celebrar el misterio de su Cuerpo y de su Sangre, apacentar a su grey, tipificando, poco a poco, la triple potestad de ense\u00f1ar, santificar y regir. Esto es el ministerio: misi\u00f3n con potestad.<\/p>\n\n\n\n<p>Cristo, al instituir el ministerio en los Ap\u00f3stoles, no precis\u00f3 el rito ni el modo de transmitirlo. Instituy\u00f3 el sacramento, seg\u00fan el lenguaje teol\u00f3gico.<\/p>\n\n\n\n<p>Los Ap\u00f3stoles, al enviar a sus sucesores, transmitieron la misi\u00f3n y la potestad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEn la medida en que quede claro que toda participaci\u00f3n en el sacerdocio comporta una participaci\u00f3n en la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica, el sacerdote podr\u00e1 comprender cu\u00e1l es su raz\u00f3n de ser en la Iglesia, atendiendo a la econom\u00eda instituida por Cristo. Ser sacerdote, por su naturaleza, es participar en la sucesi\u00f3n que, arrancando de Cristo, ha de pervivir a lo largo de la historia de los hombres para pregonar la Palabra de Dios, ser ministro de su sacramento y, estando al frente de la comunidad cristiana, se\u00f1alar el camino escatol\u00f3gico hacia el Padre\u201d<a href=\"#sdfootnote9sym\" id=\"sdfootnote9anc\"><sup>9<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La crisis<\/h2>\n\n\n\n<p>Durante siglos, a partir de Trento, hemos vivido y repetido sin cesar la doctrina que all\u00ed se estableci\u00f3. No era todo lo que se pod\u00eda decir sobre el sacerdocio, porque los presupuestos bajo los cuales se deliber\u00f3 all\u00ed estaban condicionados por la herej\u00eda protestante, a la cual hab\u00eda que dar respuesta adecuada.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso las dos afirmaciones fundamentales de Trento fueron: que el sacerdocio era para la celebraci\u00f3n del sacrificio, y que este sacerdocio jer\u00e1rquico era de instituci\u00f3n divina. Muchas otras cuestiones quedaron en penumbra. Sin embargo, los resultados de aquel Concilio, en conjunto, fueron espl\u00e9ndidos para la Iglesia, y donde se aplicaron sus ense\u00f1anzas dogm\u00e1ticas y sus preceptos disciplinares relacionados con obispos, presb\u00edteros, seminarios, etc., aparecieron pronto consecuencias provechosas. No se dud\u00f3 de la identidad sacerdotal ni de lo espec\u00edfico del ministerio, aunque hubiera aspectos que segu\u00edan pidiendo una mayor aclaraci\u00f3n. Florecieron las diversas escuelas de espiritualidad sacerdotal, abundaron los s\u00ednodos diocesanos y concilios provinciales, no faltaron los sacerdotes ejemplo de santidad y celo apost\u00f3lico; y se lleg\u00f3 hasta el siglo XX, en que los escritos del Cardenal Mercier y las grandes enc\u00edclicas sacerdotales de los \u00faltimos Papas representaron, para la inmensa mayor\u00eda del clero cat\u00f3lico, luminosos y fortalecedores est\u00edmulos para la conciencia de su ser y su misi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El Concilio Vaticano II ha representado un clar\u00edsimo avance en la reflexi\u00f3n de la Iglesia sobre el sacerdocio ministerial. Fiel al m\u00e9todo seguido, de considerar a la Iglesia como un cuerpo org\u00e1nico en su conjunto, y descendiendo desde el episcopado a los dem\u00e1s grados del orden \u2013presb\u00edteros y di\u00e1conos\u2013, ha hecho ver la armon\u00eda de esta divina instituci\u00f3n. Hay verdadero sacramento en los tres grados; hay una funci\u00f3n de capitalidad para el gobierno pastoral en el episcopado que no se da en el presbiterado, aunque uno y otro, en cuanto sacerdotes, act\u00faen en nombre de Cristo Cabeza; y ese Orden recibido capacita por s\u00ed mismo tanto para el ministerio cultual, cuya cumbre es el sacrificio eucar\u00edstico, como para toda la restante actuaci\u00f3n pastoral salv\u00edfica. Las delimitaciones de la diversa potestad de unos y otros en la com\u00fan misi\u00f3n, tienen su origen no en una arbitraria determinaci\u00f3n ni en una praxis hist\u00f3rica evolutiva, seg\u00fan las circunstancias, sino en la voluntad de la Iglesia desde el principio, que, al transmitir el \u00fanico Sacerdocio de Cristo para la salvaci\u00f3n de los hombres en el esp\u00edritu de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica \u2013de Colegio de obispos o Colegio de Ap\u00f3stoles\u2013, va limitando el grado de participaci\u00f3n porque tiene conciencia de poder hacerlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Apenas terminado el Concilio, y al amparo del esp\u00edritu de renovaci\u00f3n fomentado y pedido por el mismo, hizo explosi\u00f3n el movimiento revisionista del sacerdocio que, aunque ya hab\u00eda tenido manifestaciones anteriores, se manifest\u00f3 ahora con toda crudeza y con aut\u00e9ntica violencia. Creo que era inevitable, al menos en gran parte. Digo s\u00f3lo en parte, aunque grande, porque de hecho nunca ha faltado la voz del Romano Pont\u00edfice que se\u00f1alaba la orientaci\u00f3n certera. Y es triste comprobar con qu\u00e9 frivolidad \u2013y a veces insolencia\u2013 ha sido deso\u00edda. Ya en el a\u00f1o 1966 dec\u00eda \u00e9l: \u201cEl sacerdote, ante todo, ha sido ordenado para la celebraci\u00f3n del sacrificio eucar\u00edstico, en el cual \u00e9l <em>in persona Christi et nomine Ecclesiae,<\/em> ofrece a Dios sacramentalmente la pasi\u00f3n y muerte de nuestro Redentor y, al mismo tiempo, hace de ellos alimento de vida sobrenatural para s\u00ed y para los fieles, a quienes con todas sus fuerzas ha de procurar distribuirlo amplia y dignamente; el ministerio de la palabra y el de la caridad pastoral han de converger en el de la oraci\u00f3n y en el de la acci\u00f3n sacramental, y en ellas han de encontrar inspiraci\u00f3n y fuerza. Para nada servir\u00edan las reformas exteriores sin esta continua renovaci\u00f3n interior, este af\u00e1n por modelar nuestra mentalidad de acuerdo con la de Cristo, en conformidad con la interpretaci\u00f3n que la Iglesia nos ofrece. El <em>sensus Ecclesiae<\/em> y el amor a la Iglesia son las fuentes de su perenne juventud. A veces, nos parece que algunos hablan de reforma sin esta cordial y constructiva adhesi\u00f3n a la Iglesia, a sus leyes, a sus tradiciones, a sus aspiraciones. Creer que se puede conquistar el mundo y tener influjo cristiano sobre \u00e9l, empleando nosotros, los sacerdotes, su manera de pensar y de vivir, ser\u00eda una ilusi\u00f3n, ser\u00eda privar de su esencia reactiva nuestra presencia entre los hombres\u201d<a href=\"#sdfootnote10sym\" id=\"sdfootnote10anc\"><sup>10<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Este revisionismo, tan audaz e inmoderado, ha tenido sus causas y sus efectos.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Causas<\/h3>\n\n\n\n<p>a)<em><strong>Psicol\u00f3gicas<\/strong><\/em><em>,<\/em> que podr\u00edamos concretar en una actitud muy generalizada de la necesidad de cambio, para evangelizar mejor al mundo en que vivimos, actitud que ha llevado a revisar y modificar comportamientos pastorales y, como consecuencia, para justificarlos, el modificar doctrinas sobre el ser mismo del sacerdocio; de ah\u00ed la crisis de identidad.<\/p>\n\n\n\n<p>b)<em><strong>Sociol\u00f3gicas<\/strong><\/em> otras, que tienen su origen en la presi\u00f3n del ambiente social y cultural del entorno en que se vive, tales como: el af\u00e1n de igualitarismo que tiende a borrar diferencias en la sociedad actual; los criterios y juicios de los hombres de hoy sobre lo que desean y piden al sacerdote, criterios que, al no tener en cuenta la doctrina revelada, desnaturalizan la misi\u00f3n del sacerdote y la reducen a una acci\u00f3n intramundana; la influencia de los <em>mass media,<\/em> incluidos los nuestros, los eclesi\u00e1sticos, que han dado vueltas y vueltas sin cesar a los puntos discutidos, a los que no est\u00e1n claros, dejando de hablar de las certidumbres adquiridas y llevando al \u00e1nimo de tantos \u2013sacerdotes, religiosos, religiosas\u2013 la convicci\u00f3n de que sobre el tema del sacerdocio lo \u00fanico que se puede decir es lo que no se sabe bien, como si ya no existiera lo que se sabe.<\/p>\n\n\n\n<p>c)<em><strong>Teol\u00f3gicas<\/strong><\/em><em>,<\/em> como la necesidad de completar la doctrina expuesta por Trento y la f\u00e1cil tentaci\u00f3n de exponer con ligereza las nuevas aportaciones del Vaticano II sobre sacerdocio de los laicos y sacerdocio ministerial, sobre unidad de vida y ministerio, sobre segregaci\u00f3n, pero no separaci\u00f3n del sacerdote respecto al mundo; la tendencia desacralizadora que ha sumido en la penumbra las realidades sobrenaturales de que el sacerdote es portador, dej\u00e1ndole reducido al papel de animador de la vida social de los hombres en el mundo; y el desprecio pr\u00e1ctico de las orientaciones del Magisterio, sustituido en los escritos de muchos por las reflexiones de ciertos te\u00f3logos, mucho m\u00e1s gratas a la mentalidad innovadora y aparentemente creativa que se ha ido extendiendo.<\/p>\n\n\n\n<p>c)<em><strong>Ecum\u00e9nicas<\/strong><\/em> algunas, que podr\u00edamos concretar en el deseo, noble en su origen, de suprimir barreras de separaci\u00f3n, pero que, tratado abusivamente, da lugar a una sobreestimaci\u00f3n de la teolog\u00eda protestante sobre la Iglesia como congregaci\u00f3n de los creyentes no jer\u00e1rquica, ministerios como delegaci\u00f3n de la comunidad, interpretaci\u00f3n personal de la Palabra de Dios, rechazo de lo que no diga abiertamente la Biblia, ex\u00e9gesis de los datos neo-testamentarios conforme a normas de interpretaci\u00f3n que no quieren admitir lo que la Tradici\u00f3n de la Iglesia vio en los mismos desde el principio; acusaci\u00f3n a esta Iglesia de haber a\u00f1adido, invent\u00e1ndolos, nuevos conceptos y estructuras que no deben ser tenidos en cuenta de ahora en adelante, una vez que no constan con claridad en la Escritura, con olvido de que la Iglesia es la \u00fanica int\u00e9rprete fiel de la Revelaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>d)<em><strong>Pastorales<\/strong><\/em><em>,<\/em> por \u00faltimo. No sabr\u00eda decir si los nuevos planteamientos doctrinales son los que han provocado actitudes pastorales nuevas en relaci\u00f3n con el ministerio, o al rev\u00e9s; si el distinto enfoque de la acci\u00f3n pastoral en el ejercicio del sacerdocio es el que, para justificarse, ha exigido buscar a todo trance formulaciones nuevas de la doctrina, muchas de las cuales se ve que no pueden sostenerse. El hecho es que, a cada paso, se nos ha venido hablando, de manera indiscriminada, de la necesidad de adaptaci\u00f3n a las exigencias del mundo moderno; se ha desplazado el acento desde <em>la consagraci\u00f3n,<\/em> palabra poco grata hoy, hacia <em>la misi\u00f3n,<\/em> eludiendo el <em>ser<\/em> del sacerdote para fijarse en el <em>obrar;<\/em> con el fin de hacer una Iglesia m\u00e1s viva y operante, se ha dado una intervenci\u00f3n desmesurada a peque\u00f1os grupos y comunidades, con olvido de lo que el Concilio dice de los sacerdotes \u2013que son rectores del Pueblo de Dios\u2013 permiti\u00e9ndoles, esto es lo grave, que introduzcan y defiendan criterios de fe y de moral incompatibles con la doctrina revelada; y sobre todo, se ha acentuado tanto, tanto, la dimensi\u00f3n prof\u00e9tica y caritativa del ministerio sacerdotal en relaci\u00f3n con las injusticias de este mundo, para combatirlas y eliminarlas, que se ha deformado la mentalidad y la conciencia de muchos, incapacitados ya para mantener el necesario equilibrio, sobre lo cual una parte del pueblo de Dios ha de estar interrog\u00e1ndose siempre. Dice el padre Rahner:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPor supuesto, no se trata de mantener un tradicionalismo reaccionario, de restaurar lo de otros tiempos, constituy\u00e9ndolos en norma de la forma y duraci\u00f3n de nuestra oraci\u00f3n, el trabajo, el tiempo libre. Pero hay algo que no podemos ignorar: \u00e9pocas de profundos cambios, como la nuestra, en las que hay que andar caminos nuevos, palpando lentamente hasta dar, de alg\u00fan modo, con lo que conviene en la Iglesia, la teolog\u00eda, la cura de almas, la vida espiritual, corren siempre el peligro de abandonar elementos antiguos y espec\u00edficos del cristianismo que no deben perderse. El esp\u00edritu del cristianismo debe, sin duda, conformarse siempre de nuevo y de forma distinta en cada \u00e9poca, incorpor\u00e1ndose al <em>estilo<\/em> de pensar, hablar y vivir que corresponde, insoslayablemente, a cada generaci\u00f3n.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cNos cumple, pues, la tarea de descubrir nuevas formas. Ahora bien, forma y contenido no est\u00e1n en relaci\u00f3n puramente externa e intrascendente, sino que se penetran mutuamente, hasta el punto de ser inseparables. No puede introducirse sin m\u00e1s el vino nuevo en odres viejos. En tiempos de cambios radicales hemos de tener cuidado de no cambiar inadvertidamente nuevas formas con nuevos contenidos, y de no echar por la borda, con las formas antiguas, lo que constituye parte del patrimonio inalienable del cristianismo; su p\u00e9rdida implicar\u00eda, en el mejor de los casos, un empobrecimiento que alg\u00fan d\u00eda podr\u00eda vengarse amargamente.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cQue tal peligro es posible no s\u00f3lo en teor\u00eda, lo muestra precisamente la norma f\u00e1ctica de nivelaci\u00f3n \u2013lo m\u00e1s o menos justo, no lo generoso\u2013, la mediocridad que aparece, no raramente, en clero y religiosos. Hay all\u00ed mucha teor\u00eda y poca acci\u00f3n, mucha organizaci\u00f3n y poca vida radiante. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n hoy, entre nosotros, las <em>santas locuras?<\/em> Los padres espirituales, \u00bftienen que frenar a su gente para que no las cometan? \u00bfD\u00f3nde hay todav\u00eda ideas iluminadoras, encarnadas? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n los sacerdotes que quieren vivir pobres en medio del mundo? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n los voluntarios para el frente del reino de Dios?\u201d<a href=\"#sdfootnote11sym\" id=\"sdfootnote11anc\"><sup>11<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2018\u2018Si tuvi\u00e9ramos que sintetizar estos peligros \u2013a los que estamos expuestos\u2013 en dos palabras, dir\u00edamos: llevamos muy poca <em>vida espiritual,<\/em> practicamos muy poca asc\u00e9tica\u201d<a href=\"#sdfootnote12sym\" id=\"sdfootnote12anc\"><sup>12<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Y a\u00f1ade, a prop\u00f3sito de lo carism\u00e1tico: \u2018\u2018Hemos de convencernos, asimismo, que los impulsos carism\u00e1ticos aut\u00e9nticos, que nunca significan testarudez y af\u00e1n de novedades, van constantemente unidos a sacrificio, renuncia, penitencia, amor y obediencia humilde a la Iglesia oficial en su orden jer\u00e1rquico. La Iglesia necesita lo carism\u00e1tico e indeducible. Dios no renuncia a ello en favor de la administraci\u00f3n eclesi\u00e1stica, ni siquiera en favor de una direcci\u00f3n garantizada por el Esp\u00edritu Santo, propia de los altos y alt\u00edsimos jerarcas de la Iglesia. \u00c9l es el Esp\u00edritu que sopla donde quiere, que desciende sobre ni\u00f1os y necios, pobres y sencillos, sobre las mujeres y, acaso tambi\u00e9n, sobre tal o cual estudioso de teolog\u00eda. Pero todo lo carism\u00e1tico y pentecostal tiene que quedar en la Iglesia; en la Iglesia de la constituci\u00f3n, de la ley, de la autoridad. \u00danicamente donde el carisma acepta todo esto y la administraci\u00f3n encauza, juzg\u00e1ndolo, el carisma, la vida eclesi\u00e1stica es lo que debe ser\u201d<a href=\"#sdfootnote13sym\" id=\"sdfootnote13anc\"><sup>13<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Consecuencias<\/h3>\n\n\n\n<p>Debemos distinguir entre los efectos positivos y negativos de este revisionismo.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Efectos positivos<\/h4>\n\n\n\n<p>El primero, la misma revisi\u00f3n, que era necesaria. Y luego, como frutos evidentes, un concepto menos escol\u00e1stico del ministerio sacerdotal, mucho m\u00e1s enraizado en las fundamentaciones b\u00edblicas, lit\u00fargicas, patr\u00edsticas; una visi\u00f3n m\u00e1s realista y vital de nuestras tareas sacerdotales; una encarnaci\u00f3n mayor, no s\u00f3lo en cuanto a los problemas que piden nuestro servicio, sino en el entramado visible de la Iglesia misma, como derivaci\u00f3n de tantos esfuerzos de comunicaci\u00f3n, de examen en com\u00fan, de asambleas y coloquios, de reuniones de obispos con sus sacerdotes, etc. Hoy nos enteramos con facilidad, y en su medida los hacemos nuestros, de los documentos de Medell\u00edn, por ejemplo, o de una determinada postura de los obispos y sacerdotes de \u00c1frica del Sur, de una carta pastoral de los de Alemania o Francia&#8230; Todo esto enriquece y ayuda a ser ministros de la Iglesia, tal cual ella es en la \u00e9poca hist\u00f3rica en que vivimos. Son efectos provechosos de la nueva situaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Efectos negativos<\/h4>\n\n\n\n<p>Pero, a la vez, se producen otros muy negativos. Enumero los siguientes:<\/p>\n\n\n\n<p>a)<em><strong>Confusi\u00f3n doctrinal:<\/strong><\/em> Al hacer caso omiso del Magisterio, prestando atenci\u00f3n, en cambio, a las reflexiones de \u00e9stos o aqu\u00e9llos, cambiantes, desacordes entre s\u00ed, expuestas a tantas rectificaciones posteriores, inevitablemente surge la confusi\u00f3n paralizadora y esterilizante. Negaci\u00f3n pr\u00e1ctica de los hechos dogm\u00e1ticos, por ejemplo; el olvido casi sistem\u00e1tico de la doctrina sobre el car\u00e1cter indeleble del sacramento del Orden, con toda la riqueza espiritual que esto lleva consigo cuando se entiende bien. Reducido esto al silencio, o negado en la pr\u00e1ctica, la puerta queda abierta para defender el sacerdocio <em>ad tempus.<\/em> Impugnaci\u00f3n que contin\u00faa, pese a todas las declaraciones del Magisterio, de la disciplina sobre el celibato, a la que se considera origen de represiones e impedimento para el contacto con la vida real.<\/p>\n\n\n\n<p>b)<em><strong>Desilusi\u00f3n y rutina en el ejercicio del ministerio:<\/strong><\/em> Se ha extendido de manera alarmante esta actitud, en unos porque no quieren problemas, en otros porque se atienen a f\u00f3rmulas simplistas para resolverlos, y en bastantes porque todo les da igual ante tanta incertidumbre y tan dispares planteamientos.<\/p>\n\n\n\n<p>c)<em><strong>Falta de iniciativas personales y de grupos,<\/strong><\/em> en contraste con lo que suced\u00eda hace unos a\u00f1os: efectivamente, hay iniciativas, pero casi todas van en una misma direcci\u00f3n, la del revisionismo y la cr\u00edtica sobre la Iglesia y sus estructuras, y la de las llamadas denuncias prof\u00e9ticas sobre injusticias intramundanas, tan ligera y parcialmente hechas, a veces, que da pena. Parece que hay una actitud de descontento permanente que nos restringe a la contemplaci\u00f3n de nosotros mismos, y, a lo sumo, a ese sector de los hechos sociales denunciables. La mayor parte de los art\u00edculos que se escriben en la prensa y las revistas, por parte de eclesi\u00e1sticos y de laicos aficionados al tema religioso, van en esa direcci\u00f3n. Todo esto, a la larga, deja de constituir el verdadero alimento de la fe para el ejercicio del ministerio, y produce un efecto enga\u00f1oso: el de creer que se est\u00e1 prestando un gran servicio al mundo, hasta que viene la desilusi\u00f3n y el cansancio. Y, ciertamente, no es que no haya que prestar ese servicio incansablemente, sino que hay que hacerlo desde dentro de las exigencias de nuestra identificaci\u00f3n con Cristo, no desde las reclamaciones puramente externas de las circunstancias en que vivimos.<\/p>\n\n\n\n<p>d)<em><strong>Falta de promoci\u00f3n de vocaciones sacerdotales.<\/strong><\/em> Antes hab\u00eda un empe\u00f1o constante, por parte de cada sacerdote, en procurar que ni\u00f1os y j\u00f3venes fueran al seminario. Ahora esto ha desaparecido en gran parte, como consecuencia l\u00f3gica de haberse extendido la crisis de la identidad sacerdotal a la instituci\u00f3n del seminario. Si no se contesta con claridad a la pregunta: \u201cSacerdotes, \u00bfpara qu\u00e9?\u201d, inevitablemente surge otro interrogante: \u201cSeminarios, \u00bfpara qu\u00e9?\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>e)<em><strong>Las tentaciones temporalistas<\/strong><\/em> en unos, y de frivolidad en otros, o de espiritualismo \u00e1speramente desencarnado en algunos, como tambi\u00e9n esa especie de profesionalizaci\u00f3n del sacerdocio en el ejercicio del ministerio a sus horas, a sus d\u00edas, etc., actitudes, todas ellas, que enervan y privan del gozo interior indispensable para mantener con humildad la conciencia de nuestra fecundidad sacerdotal.<\/p>\n\n\n\n<p>f) <em><strong>La falta de disponibilidad<\/strong><\/em> para formas de ministerio no \u201cinstitucionalizados\u201d (predicaci\u00f3n, confesiones, visita a enfermos, atenci\u00f3n a religiosas, cofrad\u00edas, asociaciones, labor de consiliar\u00edas, etc\u00e9tera).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Retorno<\/h2>\n\n\n\n<p>En coherencia con los motivos que aqu\u00ed nos han reunido, atentos a la situaci\u00f3n actual de nuestro clero en Espa\u00f1a y en la Iglesia en general, estimo que es del todo necesario reafirmar con profunda convicci\u00f3n y serenidad, con plena adhesi\u00f3n interna a los datos del Nuevo Testamento y a las ense\u00f1anzas de la Tradici\u00f3n y del Magisterio, las afirmaciones fundamentales de la Iglesia, en que siempre se ha apoyado y seguir\u00e1 apoy\u00e1ndose nuestro concepto del sacerdocio ministerial y el de nuestra identidad como ministros al servicio de la Nueva Alianza. Las principales afirmaciones que yo quiero recordar aqu\u00ed, como conclusi\u00f3n de mis reflexiones anteriores, son las siguientes:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>1\u00aa.<\/strong> Me adhiero a la afirmaci\u00f3n del profesor Von Balthasar, quien, en un comentario al S\u00ednodo de 1971, escrib\u00eda que nosotros mismos, los sacerdotes, somos \u201cel evidente horno de la crisis de la Iglesia\u201d. S\u00f3lo en ese a\u00f1o hab\u00edan dejado el sacerdocio 4.039 sacerdotes<a href=\"#sdfootnote14sym\" id=\"sdfootnote14anc\"><sup>14<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>2\u00aa.<\/strong> Esta crisis s\u00f3lo puede superarse cuando en lo dogm\u00e1tico mantengamos, sin ning\u00fan g\u00e9nero de duda, nuestra identidad, como nos la se\u00f1ala la Iglesia misma, y en lo asc\u00e9tico vivamos la espiritualidad sacerdotal como lo exige nuestro ministerio.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>3\u00aa.<\/strong> Esta identidad consiste en que el sacerdocio ministerial, a diferencia del com\u00fan, se liga al sacerdocio de Cristo en cuanto Cabeza y Esposo de la Iglesia, a trav\u00e9s del sacerdocio de los Ap\u00f3stoles, los cuales, por voluntad de Cristo que los eligi\u00f3, lo ejercieron en forma espec\u00edfica <em>ut ministri Christi et dispensatores mysteriorum Dei.<\/em> Ellos recibieron de Cristo especiales poderes, correspondientes a la especial misi\u00f3n, y una especial consagraci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo <em>\u2013acc\u00edpite Spiritum Sanctum<\/em>\u2013, que les capacit\u00f3 para ser profetas, pont\u00edfices y pastores. Y para ellos, como para Cristo, el centro, la culminaci\u00f3n de un sacerdocio, est\u00e1 en el ministerio de santificar, a lo que se ordenan los restantes poderes-servicios.<\/p>\n\n\n\n<p>De los Ap\u00f3stoles, cuya existencia f\u00edsica estaba limitada por el tiempo, pasaron estos poderes, excepto las prerrogativas personales, a aquellos que, a partir de un momento hist\u00f3rico determinado, son llamados obispos, y a otros que son llamados presb\u00edteros. Unos y otros, en diverso grado de intensidad, participan del sacerdocio de los Ap\u00f3stoles, que es el de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>De tal manera que podemos decir que es Cristo mismo en la Iglesia quien, a trav\u00e9s de los Ap\u00f3stoles y los sucesores de \u00e9stos, sigue llamando y eligiendo, para conferir el triple ministerio correspondiente a unos determinados poderes que se dan mediante una misi\u00f3n incluida en una consagraci\u00f3n o unci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, la cual se obtiene mediante el rito sacramental de la imposici\u00f3n de las manos. Es el carisma interior del que ya San Pablo dice a Timoteo que <em>est in te per impositionem manuum mearum.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong>4\u00aa.<\/strong> Son muy de estimar los estudios de investigaci\u00f3n que se han hecho estos \u00faltimos a\u00f1os sobre los datos neo-testamentarios. Pero, o porque se han elevado a conclusiones definitivas lo que no son m\u00e1s que hip\u00f3tesis de trabajo, o porque se ha pretendido, contra toda l\u00f3gica evang\u00e9lica, que lo que los Ap\u00f3stoles escribieron o transmitieron ten\u00eda que coincidir con nuestras expresiones posteriores, como si ellos hubieran debido legarnos un trabajo teol\u00f3gico; o porque se ha olvidado que la luz posterior de la Tradici\u00f3n viva aclara los silencios anteriores sobre la espec\u00edfica sobrenaturalidad del sacerdocio ministerial, el hecho es que se ha abusado, con muy grave da\u00f1o para muchos, de esos silencios, m\u00e1s o menos reales, y se ha intentado desvalorizar la fuerza de la Tradici\u00f3n con afirmaciones como las de que en esos escritos del Nuevo Testamento no aparece un vocabulario cultual o sacral, especialmente el t\u00e9rmino <em>sacerdos;<\/em> que, en cambio, abundan las relativas al ministerio de la palabra; que se dejaban guiar por los carismas indiscriminadamente; que en virtud de la relaci\u00f3n con el mundo pagano, y a imitaci\u00f3n de sus organizaciones sociales y jur\u00eddicas, fue produci\u00e9ndose una apropiaci\u00f3n indebida, por parte de algunos, de lo que corresponde a toda la comunidad, etc\u00e9tera.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>5\u00aa.<\/strong> Esta Tradici\u00f3n viva sobre el tema, desde los Ap\u00f3stoles y los Padres Apost\u00f3licos hasta nuestros d\u00edas, se ha manifestado abundantemente. Es necesario dejarnos guiar por la luz del Magisterio, que no inventa nada, sino que expl\u00edcita el contenido de esa Tradici\u00f3n en conformidad con los datos de la Escritura Santa. En nuestros d\u00edas este Magisterio ha tenido expresi\u00f3n culminante en el Concilio Vaticano II, y de \u00e9l se ha hecho eco, con su proporcional autoridad para aclarar y fijar, el S\u00ednodo de 1971 y los discursos innumerables de Pablo VI. Entre \u00e9stos yo citar\u00eda el que pronunci\u00f3 en 1969, con motivo de la canonizaci\u00f3n del Beato \u00c1vila; el dirigido a los Cuaresmeros de Roma en 1972; antes, el de 1966 ya aludido; y el del 29 de junio de 1975. No se pueden olvidar, tampoco, otros documentos, como la Enc\u00edclica <em>Sacerdotalis celibatus,<\/em> la Instrucci\u00f3n <em>Mysterium Ecclesiae<\/em> (1973), en que se reafirma la doctrina sobre el car\u00e1cter sacerdotal; la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica <em>Evangelii nuntiandi, <\/em>y tantos otros sobre el ministerio sacerdotal y la promoci\u00f3n de la justicia en el mundo, as\u00ed como el documento sobre <em>Formaci\u00f3n teol\u00f3gica de los futuros sacerdotes,<\/em> de la Congregaci\u00f3n para la Educaci\u00f3n Cat\u00f3lica, de 1976. A la luz de este Magisterio pueden disiparse las dudas que surgen en la investigaci\u00f3n porque \u201cla Revelaci\u00f3n divina, nos ense\u00f1a el Vaticano II, se transmite por la leg\u00edtima sucesi\u00f3n de los obispos y, en especial, por el cuidado del Obispo de Roma\u201d (LG 25). De modo que quien garantiza la pureza y la integridad de la fe \u2013dice el Cardenal H\u00f6ffner\u2013 es la C\u00e1tedra de Pedro, y no la c\u00e1tedra del profesor. La historia de la Iglesia nos ense\u00f1a que cuando junto a la C\u00e1tedra de Pedro se erige \u201cotra c\u00e1tedra\u201d (Optato de Mileto), una c\u00e1tedra ad\u00faltera (San Cipriano), aparecen siempre las divisiones.<\/p>\n\n\n\n<p>No es raro que se objete hoy contra la existencia de una C\u00e1tedra \u00fanica y estable, arguyendo que, en una sociedad como la nuestra, caracterizada por el progreso y no por la conservaci\u00f3n, tampoco la fe y su exposici\u00f3n deber\u00edan ser est\u00e1ticas, sino, por el contrario, din\u00e1micas y progresivas. A esto respondo que, seg\u00fan la concepci\u00f3n cat\u00f3lica, no es l\u00edcito considerar el progreso cient\u00edfico como \u00faltima instancia, por encima de la c\u00e1tedra, sin hablar de que cuando se trata del sentido \u00faltimo del hombre y del mundo \u2013que es lo que principalmente incumbe a la fe\u2013, la ciencia moderna no puede ofrecer m\u00e1s que una cantidad de interpretaciones confusas y contradictorias. Am\u00e9n de que la misma idea de progreso es confusa y equ\u00edvoca.<\/p>\n\n\n\n<p>El Nuevo Testamento emplea el t\u00e9rmino <em>prokope,<\/em> el cual, en realidad, no significa cualquier progreso, sino el que se realiza con dificultad, como el avanzar de un barco a fuerza de remos, y esto en dos sentidos: en primer lugar, significa el progreso en la fe y en el seguimiento de Cristo (1Tm 4, 15; Fil 1, 25), lo que equivale al <em>progreso del Evangelio<\/em> (Fil 1, 12); en segundo lugar, designa el progreso de la herej\u00eda que avanza y se expande <em>como un tumor canceroso<\/em> (2Tm 2, 16-17; 3, 13).<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo tanto, cuando se habla de \u201cprogreso\u201d se debe considerar qu\u00e9 es lo que se sacrifica en el avance y qu\u00e9 es lo que con \u00e9l se gana. As\u00ed, los disc\u00edpulos <em>abandonaros sus redes<\/em> y siguieron a Jes\u00fas (Mt 4, 20; 19, 27), pero el hombre puede tambi\u00e9n abandonar al Se\u00f1or e irse tras dioses extra\u00f1os (Dt 11, 16; Jos 22, 16; Jc 2, 12; Is 1, 4) y avanzar cada vez m\u00e1s en la lejan\u00eda de Dios (2Tm 2, 16).<\/p>\n\n\n\n<p>El progreso y la conservaci\u00f3n no se excluyen entre s\u00ed, sino que son dos realidades fundamentales de importancia vital para el hombre. No todo lo antiguo merece ser conservado, pero s\u00ed aquello que permanece siempre v\u00e1lido, independientemente del tiempo, ante todo la Palabra del Se\u00f1or, confiada a la Iglesia, Palabra que <em>permanece para siempre <\/em>(1P 1, 25), y a cuyo servicio est\u00e1 la C\u00e1tedra de Pedro. Se hace aqu\u00ed necesario un constante retorno a las fuentes, una conversi\u00f3n a la Palabra. \u201cCuando bebes, ten en cuenta a la fuente\u201d, reza un proverbio, y \u201cquien busca la fuente tiene que nadar contra la corriente\u201d, como escribe el poeta polaco Jercy Lee<a href=\"#sdfootnote15sym\" id=\"sdfootnote15anc\"><sup>15<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>6\u00aa.<\/strong> Creo que, en las circunstancias actuales de la vida de la Iglesia en Espa\u00f1a, nuestra Comisi\u00f3n Episcopal para el Clero ha de tener como objetivo primordial ayudar a la formaci\u00f3n permanente de los sacerdotes, empe\u00f1\u00e1ndose con toda decisi\u00f3n en presentar la doctrina recta, a la luz del Magisterio. Lo hemos intentado hacer as\u00ed en estos a\u00f1os, con los temas sobre cristolog\u00eda, eclesiolog\u00eda y sacramentos. Quedan todos los dem\u00e1s programas sobre tantas y tantas cuestiones a las que debe llegar el ministerio sacerdotal actuando en el mundo de hoy. De ello habla el papa en un discurso de 1972. Pero debo decir dos cosas: primera, que hay que empezar por tener claro todo lo relativo a nuestra identidad de hombres para el ministerio, porque si no es as\u00ed lo dem\u00e1s o no se asimila o se deforma. Y segunda, que nosotros, como comisi\u00f3n, no podemos hacerlo, porque nos convertir\u00edamos en un organismo monstruo que asumir\u00eda todo lo que pertenece a las dem\u00e1s comisiones, ya que todo, de alguna manera, toca al sacerdote: la fe y la moral, la liturgia y nuevos ministerios, la catequesis, la acci\u00f3n pastoral, la ayuda al apostolado seglar. Para \u00e9stos existen otras comisiones.<\/p>\n\n\n\n<p>Sois vosotros, los delegados del clero en las di\u00f3cesis, o los responsables de la formaci\u00f3n permanente, o los que se ocupen, con sus obispos, de estas cuestiones, sea cual sea su nombre, los que pod\u00e9is hacer m\u00e1s. Nos jugamos mucho en ello. Estoy por decir que nos lo jugamos todo. Si no restauramos la vieja e imprescindible arquitectura de la identidad sacerdotal, el edificio se vendr\u00e1 abajo. Pero si se restablece con solidez en sus bases constitutivas fundamentales, tal como viene siendo determinado por el Magisterio de la Iglesia, siempre, y precisamente en nuestros d\u00edas, en medio de la crisis, pronto aparecer\u00e1n, generalizadas y esplendentes, actitudes sacerdotales verdaderamente liberadoras, tales como el conocimiento y aprecio del ministerio desde la fe, el ejercicio y progreso en el mismo, capaz de extraer todas las riquezas que contiene, la unidad de vida sacerdotal, centrada precisamente en la consagraci\u00f3n para el ministerio, sin obst\u00e1culos para la entrega a las diversas y plurales formas del mismo a que se han referido el Concilio Vaticano II y el S\u00ednodo de 1971, y por \u00faltimo, el gozo interior y la fecundidad evang\u00e9lica. Estas actitudes son necesarias y repercutir\u00e1n enseguida sobre los seminarios. De ellas podr\u00edan derivarse: una mayor y provechosa relativizaci\u00f3n de otros quehaceres que, a veces, oscurecen la conciencia de servicio al ministerio: un af\u00e1n de promoci\u00f3n de nuevas vocaciones, a lo que nos llevar\u00eda el amor a nuestra misi\u00f3n bien identificada; una m\u00e1s f\u00e1cil superaci\u00f3n de nuestras antinomias y tensiones, frecuentemente originadas por conceptos radicalmente distintos de nuestro ser y obrar sacerdotal; una m\u00e1s viva fecundidad evangelizadora en todos los campos; una m\u00e1s verdadera pacificaci\u00f3n y unidad en nuestras comunidades; una clarificaci\u00f3n provechosa de los otros ministerios, carismas y funciones en la Iglesia, y una m\u00e1s recta ordenaci\u00f3n orientadora del apostolado seglar.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>7\u00aa.<\/strong> Me queda una \u00faltima idea por exponer, aunque debo hacerlo con brevedad, porque espero sea tratada con amplitud en alguna de las otras ponencias. Y es que esta conciencia de ser hombres para el ministerio no s\u00f3lo hay que vivirla en lo dogm\u00e1tico, como eje de nuestras convicciones y fundamento de nuestra identidad, sino tambi\u00e9n en lo asc\u00e9tico, como clave de nuestra espiritualidad. Analic\u00e9moslo brevemente.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 el cap\u00edtulo m\u00e1s olvidado de la <em>Lumen Gentium<\/em> es el quinto, en que se nos habla de la vocaci\u00f3n a la santidad, de manera que \u00e9sta es una realidad vocacional, un don gratuito, una llamada de Dios. Y Dios nos llama a la santidad situ\u00e1ndonos en una determinada relaci\u00f3n con \u00c9l. No hay por un lado vocaci\u00f3n y por otro santidad, como si \u00e9sta fuera un a\u00f1adido que hay que superponer a la realizaci\u00f3n concreta e hist\u00f3rica de la vocaci\u00f3n de cada uno. Si se es cristiano, hay vocaci\u00f3n a la santidad de cristiano. Y \u00e9sta no consiste en otra cosa m\u00e1s que en la incorporaci\u00f3n a Cristo muerto y resucitado, por la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en la Iglesia y en la historia del mundo. Las vocaciones se diversifican al encarnarse en la persona concreta, pero todas mueven a la persona que sea, a una incorporaci\u00f3n progresiva a Cristo, armoniz\u00e1ndose todas ellas para crear la unidad del Cuerpo del Se\u00f1or. Por eso la santidad de cada persona, a la que tiende toda vocaci\u00f3n, no es nunca algo individual\u00edstico, sino realizaci\u00f3n de comuni\u00f3n eclesial.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues bien, si el sacerdocio es una vocaci\u00f3n, no puede ser m\u00e1s que una vocaci\u00f3n a la santidad. Pero la vocaci\u00f3n al sacerdocio se caracteriza por ser una vocaci\u00f3n ministerial. La afirmaci\u00f3n del Vaticano II (PO 13) es clara: <em>Los presb\u00edteros conseguir\u00e1n de manera propia la santidad, ejerciendo sincera e incansablemente sus ministerios en el Esp\u00edritu de Cristo.<\/em> \u00bfQu\u00e9 ministerios? El concilio ha dado al t\u00e9rmino ministerio sacerdotal un sentido m\u00e1s amplio que el que antes se sol\u00eda dar. No es s\u00f3lo lo que tiene un contenido lit\u00fargico \u2013cultual\u2013 sacramental. Es tambi\u00e9n la evangelizaci\u00f3n, la caridad, la piedad, todo el compromiso personal del sacerdote. El sacerdote es ministro de Cristo y, por serlo, es ministro de la Iglesia y de los hombres para su salvaci\u00f3n. Ah\u00ed encuentra el camino de su santificaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero se trata, naturalmente, de un ministerio interiorizado, no degradado y reducido a una mec\u00e1nica sucesi\u00f3n de actos ministeriales, lo cual ser\u00eda una deformaci\u00f3n hip\u00f3crita. Tiene que vivirse al modo como dec\u00eda San Pablo: <em>No soy yo quien vivo, sino Cristo quien vive en m\u00ed<\/em> (Gal 2, 20). Exige un encuentro continuado con Cristo en la experiencia de la fe y de la amistad con \u00c9l (PO 12.14). Es el crecimiento en el amor a Jes\u00fas que reclama y promueve virtudes fundamentales, como la humildad y la obediencia, a imitaci\u00f3n del que fue Siervo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y esta misma actitud teologal, de fe y de caridad, se le presentar\u00e1 al sacerdote como indispensable para su otra connotaci\u00f3n ministerial, la de ser ministro de la Iglesia. Tendr\u00e1 que creer en ella y amarla, y amar todo lo que ella ama, desear su crecimiento, su purificaci\u00f3n, la santidad de todos sus miembros. Amarla como Jes\u00fas la am\u00f3, precisamente en su ministerio de mediaci\u00f3n salv\u00edfica.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo mismo como ministro de los hombres. La evangelizaci\u00f3n, con todo lo que abarca para llegar a ser liberaci\u00f3n total del hombre, salvaci\u00f3n, colocar\u00e1 al sacerdote en una tensi\u00f3n de caridad inextinguible frente al pecado y los pecados, dot\u00e1ndole de una actitud de misericordia continua, inspiradora de todas las otras actitudes: paciencia, esperanza, fortaleza, pureza de vida, desprendimiento, es decir, todo lo que hace del ministro un hombre disponible que acepta la cruz de los fracasos y vive del gozo de servir, como Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, en el ministerio encontrar\u00e1 el itinerario asc\u00e9tico que le santifica interiormente. Como la oraci\u00f3n. No s\u00f3lo la que el propio ministerio exige en las acciones lit\u00fargicas, que podr\u00eda tambi\u00e9n convertirse en rutina odiosa, sino la misma oraci\u00f3n personal, indispensable. Porque de un ministerio interiorizado, sinceramente vivido, \u00bfc\u00f3mo no va a surgir el reconocimiento de la necesidad de buscar encuentros personales con Cristo, momentos de contemplaci\u00f3n de su Persona, su palabra, sus acciones salv\u00edficas? Entre el ministerio y la oraci\u00f3n hay una relaci\u00f3n estrech\u00edsima, insoslayable, que llevar\u00e1 a las m\u00e1s fuertes experiencias espirituales.<\/p>\n\n\n\n<p>Planteadas as\u00ed las cosas, se comprende mucho mejor todo: el celibato, la segregaci\u00f3n respecto del mundo, el estilo de vida propio, el trato con los hombres, el respeto y el amor a la Iglesia y a sus disposiciones. El ministerio bien vivido nos asegura en lo que somos y nos santifica por medio de lo que obramos.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Texto original franc\u00e9s en <em>Insegnamenti di Paolo VI,<\/em> 1977, 277-278.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> V\u00e9ase la <em>Exposici\u00f3n sobre el sacramento del Orden,<\/em> elaborada por los profesores de la Facultad de Teolog\u00eda de Burgos, por encargo de la Comisi\u00f3n Episcopal Espa\u00f1ola del Clero, 1977.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> <em>Ib\u00edd.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> R. Arnau,<em>Ministerio sacerdotal y sucesi\u00f3n apost\u00f3lica,<\/em>en la revista<em>Anales Valentinos,<\/em>enero-junio 1977.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> <em>Ib\u00edd.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> V\u00e9ase la obra citada en la nota 2.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> <em>Ib\u00edd.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> V\u00e9ase el art\u00edculo citado en la nota 4, 19-20.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote9anc\" id=\"sdfootnote9sym\">9<\/a> <em>Ib\u00edd.<\/em> 46-47.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote10anc\" id=\"sdfootnote10sym\">10<\/a> Pablo VI<em>, <\/em><em>Exhortaci\u00f3n a los p\u00e1rrocos y cuaresmeros de Roma,<\/em>21 de febrero de 1966: apud<em>Insegnamentl di Paolo VI,<\/em>1966, 90-91.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote11anc\" id=\"sdfootnote11sym\">11<\/a> K. Rahner<em>, <\/em><em>Meditaciones sobre los Ejercicios de San Ignacio,<\/em>Barcelona, 1971, 67-69.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote12anc\" id=\"sdfootnote12sym\">12<\/a> <em>Ib\u00edd.,<\/em> 69.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote13anc\" id=\"sdfootnote13sym\">13<\/a> <em>Ib\u00edd.,<\/em> 162-163.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote14anc\" id=\"sdfootnote14sym\">14<\/a> Citado por el Cardenal Joseph H\u00f6ffner en la revista <em>Mikael. Espiritualidad sacerdotal,<\/em> n. 11, 16.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote15anc\" id=\"sdfootnote15sym\">15<\/a> Citado por el Cardenal Joseph H\u00f6ffner en el art\u00edculo recogido en la nota anterior. V\u00e9ase tambi\u00e9n Pablo vi, <em>Exhortaci\u00f3n a los p\u00e1rrocos y cuaresmeros de Roma,<\/em> 17 de febrero de 1972: apud <em>Insegnamenti di Paoto VI,<\/em> 1972, 157-168.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ponencia le\u00edda el 13 de septiembre de 1977 en las Jornadas Nacionales de Delegados Diocesanos del Clero, celebradas en Madrid. Texto publicado en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, diciembre 1977, 464-485. Comienzo la exposici\u00f3n de esta ponencia haciendo una afirmaci\u00f3n fundamental, cuyo contenido se ha apoderado de m\u00ed cada vez m\u00e1s, a medida [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[29],"doc_tag":[],"class_list":["post-887","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-sacerdocio"],"year_month":"2026-04","word_count":11773,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. Webmaster","author_nicename":"currante","author_url":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/author\/currante\/"},"doc_category_info":[{"term_name":"Sacerdocio","term_url":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs-category\/sacerdocio\/"}],"doc_tag_info":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/docs\/887","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/docs"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/docs"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=887"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/docs\/887\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":888,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/docs\/887\/revisions\/888"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=887"}],"wp:term":[{"taxonomy":"doc_category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/doc_category?post=887"},{"taxonomy":"doc_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/doc_tag?post=887"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}