{"id":881,"date":"2024-09-24T17:47:13","date_gmt":"2024-09-24T15:47:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=881"},"modified":"2024-09-24T17:47:13","modified_gmt":"2024-09-24T15:47:13","password":"","slug":"sugerencias-sobre-formacion-permanente-del-clero","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/sugerencias-sobre-formacion-permanente-del-clero\/","title":{"rendered":"Sugerencias sobre formaci\u00f3n permanente del clero"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Ponencia le\u00edda en las III Jornadas Nacionales de Delegados Diocesanos del Clero y Responsables de Formaci\u00f3n Permanente, celebradas en Majadahonda (Madrid), en 1973.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Una preocupaci\u00f3n constante de la Iglesia<\/h2>\n\n\n\n<p>Intensificar el estudio y la formaci\u00f3n del clero ha sido siempre un tema que ha aparecido como urgente en todos los momentos de reforma de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin remontarnos a los m\u00e1s antiguos textos de la historia, encontramos, en la palabra del santo maestro Juan de \u00c1vila, estas <em>Advertencias para el S\u00ednodo Provincial de Toledo, 1565:<\/em> \u201cCu\u00e1nto sea este medio necesario de haber lecciones para reformar la ignorancia de los sacerdotes de la Iglesia, ver\u00e1se por las muchas veces que est\u00e1 mandado en los concilios que se haga, como se podr\u00e1 ver en el Concilio Lateranense, y lo decretado por Honorio III, y en la Clementina primera, y en el S\u00ednodo de Eugenio Papa, de los cuales lugares no recito las palabras, pues se pueden ver muy f\u00e1cilmente en los lugares ya citados. Y, pues, en nuestro Concilio Tridentino y en los concilios y decretos ya citados, tan encarecidamente est\u00e1 mandado poner este remedio, enti\u00e9ndase que es muy necesario. Y oigamos ya una vez al Esp\u00edritu Santo, pues que tantas veces lo ha mandado, y no se hagan los prelados sordos tantas veces\u201d<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>. Los textos del maestro Juan de \u00c1vila a este respecto son numerosos y llenos de exigencias.<\/p>\n\n\n\n<p>Preocupaci\u00f3n semejante se encuentra en todos los obispos y santos reformadores, especialmente en los m\u00e1s fieles seguidores del Concilio de Trento, que se\u00f1al\u00f3 con sumo cuidado la forma de alcanzar esta formaci\u00f3n permanente del clero, tanto en el orden espiritual como en el estudio de las ciencias sagradas.<\/p>\n\n\n\n<p>Baste recordar la labor realizada en este sentido por San Carlos Borromeo en sus s\u00ednodos diocesanos y concilios provinciales; el empe\u00f1o que puso en fomentar las reuniones de estudio San Alfonso Mar\u00eda de Ligorio, que ped\u00eda a los obispos instituyeran en cada pueblo \u201cacademias morales dos o tres veces a la semana\u201d, para que en ellas los sacerdotes se perfeccionaran en sus estudios teol\u00f3gicos<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>, y el impulso que dio San Vicente de Pa\u00fal a la reforma del clero en su tiempo, a trav\u00e9s de las \u201cconferencias de los martes\u201d, pr\u00e1ctica de estudio teol\u00f3gico permanente a la que el santo a\u00f1adi\u00f3 un aspecto de formaci\u00f3n espiritual y apost\u00f3lica \u201cpara ayudar a los sacerdotes \u2013como \u00e9l dice\u2013 a perfeccionarse en su ministerio\u201d<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Las exhortaciones y disposiciones que, sobre este tema, han promulgado los romanos pont\u00edfices en este siglo, especialmente San P\u00edo X, P\u00edo XI y P\u00edo XII, son insistentes y urgen la conciencia de obispos y sacerdotes.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>La Iglesia se adelant\u00f3 a nuestro tiempo<\/h3>\n\n\n\n<p>Hoy, cuando en el \u00e1mbito de casi todas las profesiones se habla de la necesidad de formaci\u00f3n permanente, se puede afirmar que la Iglesia ha sido, en este punto, pionera de dicha preocupaci\u00f3n actual, se\u00f1alando claramente en su Derecho las exigencias y los medios con los que deb\u00eda realizarse. As\u00ed se expresa el vigente C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico: \u201cCanon 129: Los cl\u00e9rigos, una vez ordenados de sacerdotes, no deben abandonar los estudios, principalmente los sagrados; y en las disciplinas sagradas seguir\u00e1n la doctrina s\u00f3lida recibida de los antepasados y continuamente aceptada por la Iglesia, evitando las profanas novedades de palabras y la falsamente llamada ciencia\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En los c\u00e1nones siguientes se establecen los ex\u00e1menes trienales de los neopresb\u00edteros (c. 130) y la celebraci\u00f3n de las conferencias morales (c. 131).<\/p>\n\n\n\n<p>Estas instituciones, desgraciadamente, no siempre han sido realizadas de tal forma que consiguiesen sus objetivos, ya sea por el descuido de sus promotores y directores; ya por la falta de adaptaci\u00f3n \u2013cualitativa y metodol\u00f3gica\u2013 a las necesidades cambiantes de los tiempos y lugares; ya por falta de inter\u00e9s, esfuerzo y atenci\u00f3n de los mismos sacerdotes. La experiencia de ellas, sin embargo, nos debe servir para afrontar los nuevos m\u00e9todos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Reafirmaci\u00f3n de esta preocupaci\u00f3n en el Vaticano II y b\u00fasqueda de nuevas f\u00f3rmulas<\/h2>\n\n\n\n<p>Tanto en el Decreto <em>Christus Dominus<\/em> sobre el oficio pastoral de los obispos (n. 16), como en el decreto <em>Presbyterorum ordinis<\/em> sobre el ministerio y vida de los presb\u00edteros (n. 19), el Concilio ha insistido en la necesidad de la formaci\u00f3n permanente de los sacerdotes.<\/p>\n\n\n\n<p>El motu proprio <em>Ecclesiae Sanctae,<\/em> en su n\u00famero siete, determina en concreto el tema: \u201cCuiden los obispos o las Conferencias Episcopales, seg\u00fan las condiciones de cada territorio, que sean elegidos uno o varios sacerdotes de probada ciencia y virtud para que, en calidad de mediadores de estudio, promuevan y organicen clases de pastoral y dem\u00e1s medios que estimen necesarios para fomentar la formaci\u00f3n cient\u00edfica y pastoral de los sacerdotes en su territorio\u201d. En los textos conciliares aparece muy relevantemente la obligaci\u00f3n de promover y cuidar de esta formaci\u00f3n, como deber fundamental y grave de los obispos.<\/p>\n\n\n\n<p>El 4 de noviembre de 1969, la Sagrada Congregaci\u00f3n para el Clero public\u00f3 una carta circular, dirigida a los presidentes de las Conferencias Episcopales, sobre la formaci\u00f3n permanente de los sacerdotes, especialmente de los j\u00f3venes, seg\u00fan los acuerdos tomados durante la sesi\u00f3n plenaria de dicho dicasterio, celebrado el 18 de octubre de 1968.<\/p>\n\n\n\n<p>En este documento podemos distinguir dos partes:<\/p>\n\n\n\n<ol style=\"list-style-type:lower-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Unas orientaciones generales sobre los objetivos y aspectos fundamentales de toda la formaci\u00f3n permanente de los sacerdotes.<\/li>\n\n\n\n<li>Unas normas concretas sobre formas y medios, entre las que se destacan las referentes al a\u00f1o de pastoral, que deben realizar los neo- sacerdotes.<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Nos parecen muy urgentes y positivas las \u201corientaciones generales\u201d, bajo cuya luz es obligado encauzar todas las experiencias y proyectos dedicados a cualquier clase de formaci\u00f3n permanente del clero. La carta est\u00e1 dictada seg\u00fan las necesidades actuales y subraya vigorosamente los aspectos que deben intensificarse y tenerse presentes en esta \u00e9poca de peculiares dificultades.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Problemas que se presentan hoy, ante una formaci\u00f3n permanente del clero<\/h2>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Objetivos claros<\/h3>\n\n\n\n<p>Es de vital importancia tener claros los objetivos de dicha formaci\u00f3n, a los que deben subordinarse los m\u00e9todos y los contenidos.<\/p>\n\n\n\n<p>La Congregaci\u00f3n insiste en que los aspectos \u201cespiritual, intelectual y pastoral queden \u00edntima y adecuadamente ensamblados, porque es absolutamente necesario que se d\u00e9 una recta congruencia entre los fines que se propone conseguir la formaci\u00f3n permanente, es decir, entre la doctrina teol\u00f3gica, la pr\u00e1ctica pastoral y la vida espiritual, con una conexi\u00f3n estricta y una cooperaci\u00f3n mutua\u201d (n. 4).<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se habla de formaci\u00f3n permanente en otras profesiones, se puede pensar que solamente se requiere una puesta al d\u00eda en nuevas t\u00e9cnicas o nuevos progresos cient\u00edficos. Generalmente, los trabajos temporales no tienen una influencia global tan radical en la personalidad de sus profesionales, mientras que para el sacerdote su formaci\u00f3n permanente supone una profundizaci\u00f3n, una actualizaci\u00f3n continua en su \u201cser sacerdotal\u201d, en su vocaci\u00f3n, en su misi\u00f3n ante Dios, la Iglesia y los hombres. La formaci\u00f3n permanente tiene que conducir a una entrega m\u00e1s consciente, m\u00e1s alegre, m\u00e1s generosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Habr\u00e1 que distinguir muy bien en los planteamientos de la formaci\u00f3n permanente del clero, que una cosa es la puesta al d\u00eda en los progresos de las ciencias sagradas, y otra la formaci\u00f3n permanente del sacerdote, que no es, generalmente, un profesor de teolog\u00eda, sino un pastor de almas, un servidor de Dios. No puede caer, por tanto, dicha formaci\u00f3n en un \u201ccientificismo\u201d \u00e1rido, ni novedoso, ni problematizador (cf. n. 12); y ha de conducir al sacerdote m\u00e1s a la reflexi\u00f3n profunda y personal, a la \u201csabidur\u00eda divina\u201d, que a la curiosidad y a la superficialidad experimental.<\/p>\n\n\n\n<p>Se trata de acrecentar el conocimiento profundo del mensaje divino, la ciencia substancial de Dios. Era lo que ya propon\u00edan los Padres espa\u00f1oles en el IV Concilio de Toledo, c. 25: \u201cignorantia Dei sacerdotibus est vitanda, quae mater est omnium errorum, cum habeant officium docendi populum et Scripturas sanctas et canones scire debent, cum omne opus eorum in vita et praedicatione et doctrina consistat et omnes aedificare habeant tam fidei scientia, quam operum disciplina\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En este mismo sentido insiste la carta de la Congregaci\u00f3n: \u201cLa vida espiritual est\u00e1 precisamente para robustecer la fe y, de esta manera, tutelar un modo teol\u00f3gicamente v\u00e1lido de dedicarse a los estudios, de pensar y de decidir lo que hay que hacer; con esto facilita tambi\u00e9n la aceptaci\u00f3n de la doctrina propuesta por el Magisterio, que es norma pr\u00f3xima del trabajo teol\u00f3gico\u201d (n. 9). \u201cEsta vida espiritual \u2013afirma la Congregaci\u00f3n\u2013 hay que considerarla como fundamento de los otros dos aspectos, ya que la actividad pastoral es como su fruto y la conciencia teol\u00f3gica su criterio orientador\u201d (n. 4).<\/p>\n\n\n\n<p>Precisamente Pablo VI, en su \u00faltimo discurso al Colegio Cardenalicio, subraya la necesidad de incrementar en la Iglesia la atenci\u00f3n a los sacerdotes, para que superen la etapa de insatisfacci\u00f3n, de des\u00e1nimo, y pide que el clero \u201csea, cada vez m\u00e1s, ayudado a valorar los m\u00e9todos pastorales que tienen siempre funci\u00f3n de instrumento, con la \u00fanica realidad que cuenta, con la oraci\u00f3n y la uni\u00f3n con Dios, el alma de todo apostolado, conseguida con la piedad eucar\u00edstica y mariana vivida, y con el h\u00e1bito, asiduo y fervoroso, de la Palabra de Dios\u201d<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>He aqu\u00ed, pues, un principio fundamental: la formaci\u00f3n permanente tiene que servir al sacerdote para profundizar, para vivir m\u00e1s plena y aut\u00e9nticamente su propio sacerdocio. Lo contrario ser\u00eda un academicismo infecundo. El Papa dec\u00eda el pasado 5 de mayo a un grupo de sacerdotes norteamericanos, que hab\u00edan participado en un curso de formaci\u00f3n permanente: \u201cHab\u00e9is podido uniros m\u00e1s a Jesucristo y entender mejor vuestro ministerio de servicio, que es una participaci\u00f3n en su glorioso y eterno sacerdocio\u201d.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Coherencia con la formaci\u00f3n anteriormente recibida<\/h3>\n\n\n\n<p>Es necesario, sin duda, hacer progresar al sacerdote en las nuevas investigaciones doctrinales y pr\u00e1cticas, en el conocimiento y an\u00e1lisis de las nuevas situaciones socio-culturales, etc., como indica la Congregaci\u00f3n en su carta (n. 5). Sin embargo, es tambi\u00e9n imprescindible que no se produzca en \u00e9l una situaci\u00f3n de inseguridad, de desorientaci\u00f3n, por encontrarse con un corte violento, una ruptura psicol\u00f3gica en su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>El adulto se caracteriza por haber superado positivamente un proceso de integraci\u00f3n personal en el que sus saberes han alcanzado un grado de s\u00edntesis que informa sus criterios y se proyecta en su acci\u00f3n. Intentar que esta s\u00edntesis, fruto de los estudios hechos en el Seminario, se enriquezca con nuevas aportaciones, es siempre necesario y positivo. Precisamente \u00e9ste es uno de los objetivos propuestos por la Congregaci\u00f3n: \u201cProc\u00farese que todos los resultados a que vaya llevando la experiencia pastoral queden conectados con la <em>s\u00edntesis de la s\u00f3lida doctrina\u201d<\/em> (n. 5).<\/p>\n\n\n\n<p>Provocar una crisis, haciendo desconfiar o descalificando sustancialmente todo lo recibido anteriormente, es gravemente peligroso y, en general, injusto. La formaci\u00f3n permanente no debe, no puede jam\u00e1s conducir a una conclusi\u00f3n, que es absolutamente falsa, de que lo que el sacerdote aprendi\u00f3 en el Seminario es in\u00fatil, no sirve para nada, est\u00e1 radicalmente superado. La mayor\u00eda de los sacerdotes que, por principio, aunque sean j\u00f3venes, son hombres adultos, reaccionar\u00edan negativamente ante un atentado tan grave a su propia personalidad y se cerrar\u00edan a las posibilidades y urgencias de una necesaria renovaci\u00f3n. Solamente aquellos que carezcan de suficiente madurez podr\u00edan aceptar tranquilamente una especie de trasplante de cerebro. De aqu\u00ed la importancia de que la formaci\u00f3n permanente se plantee de modo que sea una profundizaci\u00f3n. \u201cUna formaci\u00f3n bien orientada de los sacerdotes \u2013advierte la Congregaci\u00f3n\u2013 no s\u00f3lo debe volver sobre materias ya estudiadas hace tiempo, sino que debe profundizar en ellas, principalmente en los problemas referentes a la sagrada doctrina, que tienen m\u00e1s importancia para la vida espiritual y para la actividad pastoral\u201d (n. 5).<\/p>\n\n\n\n<p>Pablo VI, en el discurso a los sacerdotes norteamericanos, afirmaba que uno de los objetivos de la formaci\u00f3n permanente que ha de calificarse de providencial, es \u201crecordar muchas verdades b\u00e1sicas que estudiasteis en otro tiempo y acaso hab\u00e9is olvidado, aspectos de la Palabra de Dios, siempre apropiados para vuestras vidas y las de aqu\u00e9llos a los que serv\u00eds\u201d. Tiene, pues, una gran importancia y validez esta conexi\u00f3n homog\u00e9nea entre lo conocido y lo que hay que conocer.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto, l\u00f3gicamente, exige un gran esfuerzo en la programaci\u00f3n de los m\u00e9todos y de los temas, un cuidadoso estudio de los planteamientos e incluso del lenguaje. Todos estamos convencidos de que, con mucha facilidad, se pueden asumir unas palabras nuevas que nos ha tra\u00eddo la moda, y la fachada de unos problemas de \u00faltima hora, pero sin asimilar sus contenidos, ni incorporar su virtualidad. Cuando esto ocurre, el sacerdote cae en la frivolidad y en el escepticismo, y su acci\u00f3n pastoral se resiente de ambos males.<\/p>\n\n\n\n<p>El mayor peligro de una formaci\u00f3n permanente que supusiera una ruptura con la formaci\u00f3n teol\u00f3gico-pastoral recibida anteriormente, se produce en la misma existencia del sacerdote, al crearle una situaci\u00f3n de inseguridad, de inconsecuencia, de relativismo, que no puede menos de manifestarse en todos sus actos y realizaciones pastorales. Hay, sin duda, que estimular el sentido de b\u00fasqueda, pero fundamentado y nutrido por la seguridad esencial en los principios: \u201cSab\u00e9is perfectamente \u2013dec\u00eda recientemente Pablo VI a los sacerdotes norteamericanos\u2013 que las verdades de la fe son fijas en su formulaci\u00f3n dogm\u00e1tica, pero son inagotables en su contenido y en su estudio. Cristo nos invita constantemente a meditar sobre su mensaje salv\u00edfico, y su Iglesia, llena de bondad, os ha dado la oportunidad de proseguir esta finalidad durante tres meses. Este privilegio lleva consigo un gran desaf\u00edo para cada uno de vosotros. Por esta raz\u00f3n repetimos la exhortaci\u00f3n de San Pablo: <em>No seamos ni\u00f1os, que fluct\u00faan y se dejan llevar por todo viento de doctrina. M\u00e1s bien, abrazados a la verdad, en todo crezcamos en caridad, lleg\u00e1ndonos a aqu\u00e9l que es nuestra cabeza, Cristo<\/em> (Ef 4, 14-15)\u201d<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Este problema nos presenta, l\u00f3gicamente, la exigencia de no programar la formaci\u00f3n permanente del clero de una manera uniforme e indiscriminada, sino teniendo en cuenta los diversos grupos de sacerdotes, seg\u00fan su diversa formaci\u00f3n. La formaci\u00f3n permanente de los sacerdotes que han realizado sus estudios en los \u00faltimos a\u00f1os ofrece, en general, menos dificultades de coherencia, pero, en cambio, nos dice la Congregaci\u00f3n que ellos \u201cencuentran a veces dificultades para retener \u00edntegramente el dep\u00f3sito de la fe que Jesucristo entreg\u00f3 a la Iglesia\u201d (n. 8), lo que requiere en su formaci\u00f3n permanente un arduo esfuerzo de clarificaci\u00f3n y solidificaci\u00f3n de principios.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Formar, no \u201cmentalizar\u201d<\/h3>\n\n\n\n<p>Se trata de formar y no de \u201cmentalizar\u201d en una escuela teol\u00f3gica particular. \u201cLa determinaci\u00f3n de las materias de estudio no parece que deba dejarse al arbitrio o deseos de cada uno. No han de ser algunos de los gustos vigentes hoy en d\u00eda, o una determinada escuela teol\u00f3gica los que determinen esta materia\u201d (n. 6).<\/p>\n\n\n\n<p>La formaci\u00f3n ha de ser fiel al Magisterio, pues se trata de orientar la acci\u00f3n de los pastores de la Iglesia, que han de transmitir la fe de la Iglesia. \u201cConviene \u2013afirma la Congregaci\u00f3n\u2013 que los sacerdotes acepten con sinceridad lo que el Magisterio propone, sin excepci\u00f3n ni subterfugios; de lo contrario todo lo dem\u00e1s resultar\u00eda vano y carente de valor\u201d (n. 9); y reitera en varias ocasiones la misma idea: \u201clos sacerdotes deben exponer la doctrina de la fe de modo plenamente concorde con el Magisterio de la Iglesia\u201d (n. 11).<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, no son de gran relevancia las cuestiones disputadas por los te\u00f3logos, que frecuentemente son m\u00e1s divagaciones, hip\u00f3tesis y entretenimientos de expertos, que alimento de la vida de la comunidad cristiana. La formaci\u00f3n permanente ha de ayudar al sacerdote a mantener y acrecentar su <em>sensus Ecclesiae<\/em> y su <em>tener los mismos sentimientos que Cristo.<\/em> De tal forma que sus nuevos estudios y reflexiones vayan acompa\u00f1ados de una mayor y m\u00e1s sentida vida de oraci\u00f3n, de conocimiento interior del Misterio de Cristo, de fidelidad a las exigencias del Evangelio, para que el sacerdote se vea impulsado \u00edntimamente a <em>anunciar la incalculable riqueza de Cristo, y dar luz acerca de la dispensaci\u00f3n del misterio oculto desde los siglos en Dios, para que la multiforme sabidur\u00eda de Dios sea notificada por la Iglesia<\/em> (Ef 3, 8-10). De aqu\u00ed procede la certera norma de la Congregaci\u00f3n: \u201cEn conjunto, para fomentar la vida sacerdotal y su fuerza de persuasi\u00f3n, debe conseguirse una relaci\u00f3n m\u00e1s estrecha entre la ciencia teol\u00f3gica y la espiritualidad de los sacerdotes\u201d (n. 13).<\/p>\n\n\n\n<p>Y en esta misma l\u00ednea de buscar lo fundamental y rechazar toda hojarasca huera, la Congregaci\u00f3n indica las cualidades que deben tener los profesores y, consiguientemente, la formaci\u00f3n permanente: \u201cPueden ser considerados como aptos para esta tarea los profesores que resuelven los problemas que se plantean, no los que suscitan y aumentan las dudas. El ser hombre de fama, el deseo de novedad en la forma de proponer, explanar o enunciar las cuestiones, que resulta atrayente, pero que no instruye, no pueden ser criterios para designar a los profesores\u201d (n. 13).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El \u00e9xito de una formaci\u00f3n permanente del clero<\/h2>\n\n\n\n<p><em><strong>a)<\/strong><\/em> Depende, en primer lugar, de las <em>motivaciones<\/em> que se presenten a los sacerdotes para entregarse seriamente a esta tarea, nada f\u00e1cil, ni c\u00f3moda.<\/p>\n\n\n\n<p>No son suficientes, indudablemente, los planteamientos de autoridad, que frecuentemente s\u00f3lo consiguen resignadas aceptaciones externas.<\/p>\n\n\n\n<p>Es necesario crear inquietud personal, no desasosiego. Crear una apertura y una decisi\u00f3n que muevan a entregarse a la tarea. Una inquietud que nazca, no de una mentalidad fr\u00edvola, sino de la propia vida sacerdotal, de los problemas y experiencias que realmente vive el sacerdote seg\u00fan sus circunstancias, no producida artificialmente por una problem\u00e1tica de importaci\u00f3n. Algunos intentos y ensayos de formaci\u00f3n permanente pueden fallar por su mimetismo de naci\u00f3n a naci\u00f3n; o de regiones y di\u00f3cesis diversas.<\/p>\n\n\n\n<p>La Congregaci\u00f3n, en este punto, indica que \u201cla responsabilidad de organizar, te\u00f3rica y pr\u00e1cticamente, todo lo concerniente a la formaci\u00f3n sacerdotal, en primer t\u00e9rmino compete al ordinario del lugar\u201d, y se\u00f1ala las razones, \u201cya que los presb\u00edteros, por su parte, participan de las tareas y solicitud del obispo y se dedican a ellas diariamente&#8230; y, por otra parte, porque las necesidades y posibilidades de la formaci\u00f3n permanente de los sacerdotes difieren tanto, seg\u00fan los pueblos y regiones, que s\u00f3lo se puede conseguir una formaci\u00f3n seria si se tienen en cuenta las condiciones de cada sitio\u201d (n. 14).<\/p>\n\n\n\n<p>Esto, ciertamente, no quiere decir que no pueda programarse a nivel supra-diocesano, incluso nacional, dicha formaci\u00f3n permanente, como expresamente lo dice la misma Congregaci\u00f3n y los documentos pontificios; pero en este caso es imprescindible dar flexibilidad a los programas y orientarlos de tal modo que sean f\u00e1ciles y naturales las adaptaciones, para que los sacerdotes se sientan verdaderamente convocados, desde su propia existencia, a dicha tarea de formaci\u00f3n permanente.<\/p>\n\n\n\n<p>Se trata, por tanto, de conseguir que el sacerdote, desde su diaria experiencia y para su perfeccionamiento, sienta la urgencia de trabajar en su formaci\u00f3n y de salir de la rutina, la comodidad, la inhibici\u00f3n y, tal vez, la ignorancia; teniendo presentes aquellas palabras del Ap\u00f3stol:<em>Hermanos, yo no creo haber alcanzado la meta; pero dando al olvido lo que ya queda atr\u00e1s, me lanzo en persecuci\u00f3n de lo que tengo delante, corro hacia la meta, hacia el galard\u00f3n de la soberana vocaci\u00f3n de Dios en Cristo Jes\u00fas<\/em>(Fil 3, 13-14).<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>b)<\/strong><\/em> Depende tambi\u00e9n el \u00e9xito de los <em>m\u00e9todos<\/em> que se emplean. M\u00e9todos accesibles, que exijan un trabajo personal, que sean eficaces y progresivos. Es totalmente imprescindible que se adapten a las posibilidades de tiempo, de capacidad, de medios que tienen nuestros sacerdotes concretos; que no les dispersen, sino que les centren.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>c)<\/strong><\/em> Depende, finalmente, de los <em>directores,<\/em> de los <em>profesores,<\/em> de los <em>promotores.<\/em> En este punto la Congregaci\u00f3n da detalladas orientaciones en los n\u00fameros 12 y 13 de su carta.<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00edamos decir que, sin olvidar los medios extraordinarios que la misma Congregaci\u00f3n propone para realizarse fuera de la di\u00f3cesis (universidades, a\u00f1os especiales, etc.), normalmente la formaci\u00f3n permanente ha de ser eminentemente diocesana. En naciones peque\u00f1as y de abundante clero podr\u00e1 pensarse otra cosa; en Espa\u00f1a, teniendo en cuenta sus dimensiones y el n\u00famero del clero, es necesario pensar que la labor de formaci\u00f3n permanente ha de recaer, principalmente, en las di\u00f3cesis.<\/p>\n\n\n\n<p>Dicha labor no se puede despachar con unos cuantos ciclos de conferencias dadas por unos profesores venidos de una Universidad o Facultad Teol\u00f3gica. La formaci\u00f3n permanente debe implicar toda la persona del sacerdote y sus directores deben ser formadores integrales, dentro de las limitaciones humanas, que realicen su tarea en un clima de comunidad diocesana. Ser\u00e1n muy \u00fatiles los maestros, pero en su justa medida.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay que concebir la formaci\u00f3n permanente dentro de la vida y de la acci\u00f3n pastoral de la di\u00f3cesis, no como algo superpuesto. Ya hemos visto lo que dice la Congregaci\u00f3n a este respecto (n. 14); e insiste, \u201csi el obispo es quien se esfuerza por promover el entero trabajo pastoral de la di\u00f3cesis, tambi\u00e9n \u00e9l debe encargarse de la formaci\u00f3n continua de los sacerdotes\u201d (n. 14). Es una funci\u00f3n que recae gravemente sobre el obispo, y que aun en el caso normal de que conf\u00ede la realizaci\u00f3n pr\u00e1ctica a algunos sacerdotes, debe atender personalmente, con cuidado: \u201cDada la gran importancia del problema, es preciso que el obispo se mantenga en contacto con el director o directores de la formaci\u00f3n sacerdotal\u201d (n. 13).<\/p>\n\n\n\n<p>Los directores han de participar personalmente, de alg\u00fan modo, en los problemas y las realizaciones que est\u00e1n viviendo los sacerdotes concretos, a quienes pretenden ayudar en su formaci\u00f3n. No prestar\u00e1n esta ayuda \u00fanicamente con su competencia cient\u00edfica, sino fundamentalmente con su testimonio sacerdotal, con su amistad, su vida espiritual y su entrega apost\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p>La mayor\u00eda de nuestros sacerdotes pueden llegar a admirar al profesor cient\u00edficamente preparado, pero esta sola cualidad raramente les estimular\u00e1 en su vida real, pues es l\u00f3gico y normal que lo encuentren lejano y distante en sus propias realidades. La eficacia y el \u00e9xito de la formaci\u00f3n permanente del clero est\u00e1n en manos de los directores y profesores, que sepan actuar desde el mismo seno, concreto y muchas veces limitado, de las preocupaciones y anhelos de los sacerdotes, de lo contrario ser\u00e1 agua que no cala, ni fecunda.<\/p>\n\n\n\n<p>En definitiva, la formaci\u00f3n permanente del clero nos pide reafirmarnos en la profunda convicci\u00f3n de que \u201cuna vida espiritual s\u00f3lida y una ciencia teol\u00f3gica recta fomentan vivamente el celo y la actividad pastoral, la fructuosa administraci\u00f3n de los sacramentos, la predicaci\u00f3n de la palabra de Dios con verdadera fuerza de persuasi\u00f3n, y la caridad pastoral universal, que constituye la misi\u00f3n para la cual hemos sido ordenados sacerdotes\u201d (n. 11).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> San Juan de \u00c1vila, <em>Obras completas,<\/em> vol. VI, Madrid 1971, BAC 324, 278-279.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> San Alfonso Mar\u00eda de Ligorio, <em>El hombre apost\u00f3lico,<\/em> tratado VII, punto 2.\u00b0, n. 56.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> J. Herrera-V. Pardo, <em>San Vicente de Pa\u00fal,<\/em>Madrid, 1955, BAC 63, 920 ss.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> V\u00e9ase <em>Ecclesia,<\/em> n. 1469, 7 de julio de 1973, 842.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> PabloVI, Alocuci\u00f3n del 21 de mayo de 1973: apud <em>Insegnamenti di Paolo VI, <\/em>1973, 510-511.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ponencia le\u00edda en las III Jornadas Nacionales de Delegados Diocesanos del Clero y Responsables de Formaci\u00f3n Permanente, celebradas en Majadahonda (Madrid), en 1973. 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