{"id":878,"date":"2024-09-23T23:13:09","date_gmt":"2024-09-23T21:13:09","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=878"},"modified":"2024-09-23T23:13:09","modified_gmt":"2024-09-23T21:13:09","password":"","slug":"tres-homilias-sobre-el-sacerdocio","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/tres-homilias-sobre-el-sacerdocio\/","title":{"rendered":"Tres homil\u00edas sobre el sacerdocio"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Se re\u00fanen aqu\u00ed tres homil\u00edas pronunciadas en 1971, en Madrid y Barcelona, con motivo de sendas ordenaciones sacerdotales. Su contenido constituye un peque\u00f1o tratado sobre el sacerdocio hoy, con fiel reflejo del momento y con doctrina permanente y estimuladora. Cada homil\u00eda lleva al pie la nota correspondiente. <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Barcelona,<\/em> 15 de octubre de 1971, 599-610.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Actitudes y convicciones sacerdotales<\/h2>\n\n\n\n<p>En la ordenaci\u00f3n sacerdotal de 29 sacerdotes del Opus Dei,<br>en la bas\u00edlica pontificia de San Miguel, en Madrid, 15 de agosto de 1971<\/p>\n\n\n\n<p>Permitidme que, ante todo, mi primer saludo de congratulaci\u00f3n y de gozo se dirija a la Santa Madre Iglesia, representada por cuantos estamos aqu\u00ed: obispo, sacerdotes y fieles y, m\u00e1s all\u00e1 de estos muros, por todos cuantos, invisibles a nuestros ojos, comulgan con nuestra fe y participan de nuestros sentimientos.<\/p>\n\n\n\n<p>Lit\u00fargicamente hoy se celebra la festividad de la Asunci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda a los cielos. Ocasionalmente, por lo que a nosotros se refiere, nos hemos reunido para conferir la sagrada ordenaci\u00f3n sacerdotal a estos veintinueve sacerdotes del Opus Dei. Son dos motivos profundos y serios de alegr\u00eda que justifican mi felicitaci\u00f3n. Que se alegre la Iglesia hoy, al contemplar a la que es Madre suya pur\u00edsima asunta a los cielos, llena de luz y de gloria, canal de gracia, trono de misericordia. Que se alegre con la ordenaci\u00f3n sacerdotal de estos veintinueve hijos suyos, \u00e1rboles plantados, como dice el salmo, junto a la corriente de muchos r\u00edos, y destinados a dar frutos a su tiempo. Ya han empezado a darlos. Aunque su vida se extinguiera hoy mismo, nadie impedir\u00eda ya la realidad lograda de su participaci\u00f3n en el sacerdocio de Cristo. Y los dar\u00e1n muy abundantes en lo sucesivo, porque entran en el sacerdocio con amor, con hondas convicciones, con justo y evang\u00e9lico realismo.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Amor, ante todo<\/h3>\n\n\n\n<p>La pregunta del Se\u00f1or a San Pedro, antes de conferirle el Primado: <em>Pedro, \u00bfme amas m\u00e1s que \u00e9stos?,<\/em> la hace tambi\u00e9n a cada sacerdote, porque le llama a participar en la rica intimidad de un misterio reservado y exclusivo, que es patrimonio suyo. O se entra y se persevera en \u00e9l con amor, o no hay nada que hacer.<\/p>\n\n\n\n<p>Las diferencias, las limitaciones, los fracasos, las rebeld\u00edas, las incapacidades exist\u00edan ya en el Colegio Apost\u00f3lico. Era una Iglesia naciente, y era ya una Iglesia turbada. Pero, en tanto en cuanto predomin\u00f3 el amor, los obst\u00e1culos no fueron impedimento sino acicate y est\u00edmulo para seguir trabajando, porque se segu\u00eda amando. <em>Todo lo tengo por p\u00e9rdida en comparaci\u00f3n del sublime conocimiento de mi Se\u00f1or Jes\u00fas, por cuyo amor he perdido todas las cosas, y las miro como basura por ganar a Cristo<\/em> (Fil 3, 8). <em>Yo, Pablo, preso por amor de Jesucristo<\/em> (Ef 3, 1).<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestro sacerdocio merece ser amado <em>por lo que es en s\u00ed,<\/em> sin que sea l\u00edcito establecer arbitrarias distinciones entre <em>lo que es<\/em> y el <em>para lo que es,<\/em> seg\u00fan esas ideolog\u00edas que se complacen en considerar como \u00fanicamente digno de amor en el sacerdocio lo que tiene \u2013dicen\u2013 de servicio al hombre en su peregrinaci\u00f3n por la tierra. El sacerdocio de Cristo, en s\u00ed mismo, es sacerdocio para Dios y para los hombres, todo a la vez. Mutilarlo y tener presente \u00fanicamente una determinada aplicaci\u00f3n del mismo, con menosprecio de lo que es en su propia entidad, es cegarlo y cegarse para poder contemplar su luz y su belleza inefables. Entonces es f\u00e1cil dejar de amarlo y convertir una existencia sacerdotal en un tormento.<\/p>\n\n\n\n<p>Amadlo siempre, queridos sacerdotes, en su misterio incomprensible, pero capaz de dejarse ver cada d\u00eda m\u00e1s al que lo ama. Hablo de un amor serio y real, no iluso, no emotivo, no temperamental. Un amor que es, a la vez, elecci\u00f3n de la voluntad, preferencia de coraz\u00f3n, orientaci\u00f3n del sentimiento, luz de la raz\u00f3n, actitud de fe, fruto de la reflexi\u00f3n y la oraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Con hondas convicciones<\/h3>\n\n\n\n<p>Los que hoy hab\u00e9is llegado hasta aqu\u00ed, ven\u00eds de muy lejos. Respondisteis hace tiempo a una llamada que os ped\u00eda ofrecer vuestras vidas a una obra \u2013la del Opus Dei\u2013 que Dios y la Iglesia han bendecido. Hab\u00e9is hecho vuestras carreras civiles, las hab\u00e9is ejercido. Hab\u00e9is estado inmersos en ese mundo de las realidades terrestres, molde\u00e1ndolas con vuestras manos de art\u00edfices del tiempo y de la historia humana en que los hombres se realizan. Hab\u00e9is obedecido y hab\u00e9is sufrido. Hab\u00e9is cultivado vuestra fe en Dios y en la Iglesia, con la oraci\u00f3n, con la asc\u00e9tica diaria, con el alimento sacramental, con la esperanza de aproximaros cada vez m\u00e1s a una meta siempre presente en el prop\u00f3sito: mayor perfecci\u00f3n cristiana. Y, por fin, ayudados por quien puede dec\u00edroslo, dais un \u00faltimo paso que os sit\u00faa dentro de un nuevo c\u00edrculo de la monta\u00f1a. Entr\u00e1is con convicci\u00f3n profunda que, si es ante todo un fruto de la gracia, nace tambi\u00e9n de una actitud humana de equilibrio, de madurez, de decisi\u00f3n inquebrantable en cuanto un hombre puede responder de s\u00ed mismo, que es mucho siempre, no obstante nuestras deficiencias.<\/p>\n\n\n\n<p>Esforzaos por mantener esas convicciones y presentaros con ellas ante el mundo, con humildad siempre, pero siempre con firmeza. \u00bfC\u00f3mo es posible carecer de esa convicci\u00f3n si se tiene conocimiento de Jesucristo y su ense\u00f1anza, y fe en su misi\u00f3n divina? He aqu\u00ed algunas convicciones que deber\u00e1n acompa\u00f1arnos siempre:<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>a)<\/strong><\/em><em><strong>Elegidos por Dios<\/strong><\/em> para ser sacerdotes y ap\u00f3stoles suyos. Elegidos, claro que s\u00ed. \u00bfNo dice San Pablo en su carta a los G\u00e1latas: <em>Cuando plugo al Se\u00f1or que me destin\u00f3 desde el vientre de mi madre y me llam\u00f3 con su gracia&#8230;?<\/em> (Gal 1, 15). Hoy existe la tendencia a no ver en estos grandes hechos m\u00e1s que el resultado de una determinaci\u00f3n libre de la voluntad de cada uno. Es otra forma de desplazar a Dios del campo de las decisiones humanas. Libres, s\u00ed, libres sois para caminar hasta aqu\u00ed, pero es Dios el que os marc\u00f3 el camino y os llev\u00f3 de su mano, porque vosotros quisisteis darle la vuestra.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>b) Con plena seguridad en cuanto a la misi\u00f3n que hab\u00e9is de desempe\u00f1ar<\/strong><\/em><em>,<\/em> la de dar culto a Dios, la de ense\u00f1ar y la de conducir a los hombres por los caminos de la salvaci\u00f3n. Sacerdote que no posea esta seguridad interior, mejor es que no entre en el sacerdocio. Esa misi\u00f3n triple est\u00e1 garantizada, se\u00f1alada, m\u00e1s a\u00fan, exigida por el mismo Cristo. De manera que hacer de ella un problema y convertir la triple misi\u00f3n en una actitud radical de dudas, contingencias, incertidumbres, es traicionar al Se\u00f1or y traicionar a los hombres en cuyo servicio ha sido establecida. Se dice que la fe es un riesgo, y nos olvidamos de que es tambi\u00e9n una adhesi\u00f3n firme a la doctrina revelada por la autoridad de Dios que revela. Que nos hace caminar entre sombras y enigmas, as\u00ed es; pero son sombras que no conducen al precipicio, sino que fomentan la humildad y la necesidad de la oraci\u00f3n para ir viendo m\u00e1s luz cada d\u00eda, como en San Pablo, que es quien habl\u00f3 de los enigmas de ahora y quien afirm\u00f3 con m\u00e1s rotunda seguridad que nada ni nadie podr\u00eda separarle de Cristo. Que los cambios del mundo de hoy someten todo a un interrogante implacable y, por consiguiente, es se\u00f1al de incultura y de falta de respeto a la realidad creada presentarnos como due\u00f1os de una certeza que es casi un desaf\u00edo; pero se olvidan, los que as\u00ed hablan de que la certeza que llevamos no es nuestra, sino de Dios que ha previsto los cambios y mutaciones, que ha creado y redimido al hombre de hoy igual que al de ayer, que ha ofrecido un Evangelio cuando lleg\u00f3 la plenitud de los tiempos y para todos los tiempos.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>c) Y separados y aparte<\/strong><\/em><em>,<\/em> \u00e9sta es otra convicci\u00f3n que no debe fallar. Se trata de una separaci\u00f3n no afectiva, no psicol\u00f3gica, no humana, \u00bfc\u00f3mo va a ser as\u00ed, si somos del mundo de los hombres, hombres iguales que los que en el mundo viven? Es una separaci\u00f3n buscada, consentida, porque es reclamada por el Se\u00f1or, elaborada en la zona m\u00e1s alta de nuestro esp\u00edritu, transida de motivaciones sobrenaturales, identificada con lo que el mismo Cristo vivi\u00f3 y proclam\u00f3 para s\u00ed, en cuanto enviado del Padre, como una exigencia ineludible de la singularidad de su uni\u00f3n hipost\u00e1tica y de su ministerio de redenci\u00f3n. \u00bfQui\u00e9n que sea honesto en sus juicios podr\u00e1 decir que esto es constituir una casta, buscar un privilegio, huir del combate, refugiarse en una espiritualidad mon\u00e1stica? Por el contrario, velar por esta separaci\u00f3n es fidelidad al Evangelio, es servicio al mundo en lo que nosotros podemos ofrecerle, es evitar la corriente de secularizaci\u00f3n profana que termina por ahogar lo sagrado bajo el pretexto de facilitarlo.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Con justo y evang\u00e9lico realismo<\/h3>\n\n\n\n<p>Creo que es \u00e9sta otra de las actitudes fundamentales con que hoy y siempre han de entrar en el sacerdocio los que se disponen a servir a Jesucristo por ese camino. Realismo no quiere decir carencia de esa ilusi\u00f3n y ese entusiasmo que se observa \u2013no obstante la diferencia de car\u00e1cter\u2013 en los escritos de tres ap\u00f3stoles tan distintos entre s\u00ed como San Pablo, San Pedro y San Juan, por citar aquellos de quienes conservamos m\u00e1s abundantes testimonios. Son tres hombres entusiasmados con su misi\u00f3n y con el don recibido. Pero conocen el mundo al que se dirigen, el del juda\u00edsmo y la gentilidad. Experimentan las resistencias que nacen del fanatismo de la ley, de la cultura grecolatina, de la oposici\u00f3n de las potestades de la tierra, del vicio y la concupiscencia, del pecado y del demonio. Y las vencen con su fe, con su oraci\u00f3n, con su docilidad a los dones del Esp\u00edritu Santo. Aceptan los fracasos, los agravios y la cruz. No se conforman a este mundo, le superan con su esperanza. Pero no esperan m\u00e1s de lo que se puede esperar en el Se\u00f1or. Trabajan como buenos soldados de Cristo. No protestan, no caen en la amargura, no sue\u00f1an con ideolog\u00edas, no se les ocurre presentar como fuerza de redenci\u00f3n m\u00e1s que a Jesucristo crucificado, muerto y resucitado. Esto es lo que yo llamo realismo justo y evang\u00e9lico. Se apoya sobre la realidad del hombre y de Dios. Es justo, porque no va m\u00e1s all\u00e1 de lo que Dios quiere, y se distingue tanto por su paciencia como por su fortaleza; es evang\u00e9lico, porque no pierde nunca el optimismo de la fe, a pesar de los fracasos, y pone su confianza en Dios, no en los hombres, ni en las estructuras, y mucho menos en reclamaciones y reformismos arbitrarios, todos ellos condenados al m\u00e1s lamentable fracaso, si nos olvidamos de la oraci\u00f3n, de la mortificaci\u00f3n, la obediencia, la administraci\u00f3n de los sacramentos de la gracia.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiera el Se\u00f1or disponer as\u00ed vuestras almas en esta ma\u00f1ana inolvidable ya para siempre en vuestras vidas. Y puesto que hab\u00e9is recibido el sacerdocio del Hijo, pongamos nuestra confianza en su Madre bendita. Virgen Mar\u00eda, asunta a los cielos, flor la m\u00e1s pura de la tierra, vida, dulzura y esperanza nuestra. \u00a1Acomp\u00e1\u00f1ales siempre, gu\u00eda sus pasos con tu silencio que pertenece a la entra\u00f1a de la Iglesia, con tu amor, con tu valimiento! T\u00fa, \u00a1oh Virgen Mar\u00eda! eres la renovaci\u00f3n, la seguridad, la fuerza, el amor y la piedad, todo junto. T\u00fa sabes mirar a los sacerdotes y a la Iglesia, con la experiencia de las madres, con el sosiego de quien es Mediadora y Corredentora. Tu nombre es capaz de suscitar las esperanzas de un pueblo y de la Iglesia entera, como acaba de suceder ahora en Yugoslavia. Facilita en ellos, \u00a1oh Madre!, los caminos del Esp\u00edritu Santo, igual que les ayudaste a encontrar los de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo. \u00a1Qu\u00e9 Dios os bendiga!<\/p>\n\n\n\n<p>Yo, por mi parte, tambi\u00e9n lo hago, y desear\u00eda poder particularizar mi bendici\u00f3n con alguno de vosotros encontr\u00e1ndole en Barcelona, si all\u00ed fuese a trabajar con los dem\u00e1s sacerdotes del Opus Dei, que en la gran ciudad de Catalu\u00f1a realizan magn\u00edfica labor. Estoy contento de ella, la agradezco, ojal\u00e1 se multiplique. \u00a1Cu\u00e1nto bien se hace en esa iglesia de Montealegre, y en esas residencias de Cambrils, Castelldaura y de otros lugares de la di\u00f3cesis! Un\u00edos cada vez m\u00e1s, sin perder lo que os caracteriza, con los obispos, con el clero diocesano, con las \u00f3rdenes religiosas, con todos. No tengo motivos m\u00e1s que para agradecer, en nombre de la Iglesia, lo que est\u00e1is haciendo, y as\u00ed lo manifiesto. Ni necesit\u00e1is ditirambos, ni merec\u00e9is reticencias.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La fe del sacerdote en su ministerio<\/h2>\n\n\n\n<p>En la ordenaci\u00f3n sacerdotal de siete religiosos de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas,<br>en Santa Mar\u00eda del Mar, Barcelona, 10 de septiembre de 1971<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez m\u00e1s nos es permitido a todos tomar parte, de un modo o de otro, en esta hermosa jornada en que nos reunimos para la ordenaci\u00f3n sacerdotal de un grupo de j\u00f3venes a quienes el Se\u00f1or ha llamado a ser ministros suyos. Impondremos las manos, invocaremos al Esp\u00edritu Santo, entregaremos los signos de una potestad espiritual que arranca de aquella santa noche de la \u00faltima cena, en que Cristo quiso instituirla para memorial de su pasi\u00f3n, su muerte y su resurrecci\u00f3n. Se trata hoy de estos siete j\u00f3venes pertenecientes a la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, a los cuales acogemos con gozo para transmitirles, en nombre de la Iglesia, la herencia del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando tal oportunidad se presenta, el alma del obispo que ofrece el sacramento se hace toda ella palabra y pensamiento, de tan fuertes como son las urgencias espirituales que la mueven para alabar al Se\u00f1or, proclamar su fidelidad a Cristo, bendecir a la Iglesia y comunicar a los hermanos que se ordenan algo de lo que lleva dentro.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi reflexi\u00f3n es muy sencilla, aunque se siente acompa\u00f1ada por todas las voces que le han dado cauce a lo largo de los siglos, para exponer la verdad que encierra. Est\u00e1is aqu\u00ed porque Dios os llam\u00f3 un d\u00eda lejano, y recib\u00eds el Esp\u00edritu Santo porque Cristo quiere enviaros como ap\u00f3stoles suyos. As\u00ed os insertar\u00e9is en el sacerdocio de Jesucristo, el de la Nueva Alianza, con todo lo que \u00e9l tiene de misterio, de humanidad, de gozo y de paradoja. <em>Como mi Padre me envi\u00f3, as\u00ed os env\u00edo a vosotros&#8230; Recibid el Esp\u00edritu Santo, quedan perdonados los pecados a aquellos a quienes se los perdonareis, y quedan retenidos a los que se los retuviereis<\/em> (Jn 20, 21-22).<\/p>\n\n\n\n<p>Ungidos por el Esp\u00edritu Santo en esa zona interna de la voluntad libre y de la personalidad humana \u2013sea cual sea lo que esta frase comprenda\u2013, donde trabajan la fe, la esperanza y la caridad teologal; y enviados por el Se\u00f1or Jes\u00fas, el Hijo de Dios y el Hijo de Mar\u00eda, Salvador y Redentor nuestro, que nos libr\u00f3 del pecado y del demonio con su muerte y resurrecci\u00f3n, e instituy\u00f3 los sacramentos de la gracia para hacer a los hombres hijos de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>La densidad de realidades y conceptos que en estas sencillas palabras se encierra ha sido suficiente a trav\u00e9s de los siglos para suscitar determinaciones generosas, para iluminar las m\u00e1s profundas y religiosas meditaciones, para construir una teolog\u00eda <em>mentis et cordis<\/em> sobre el sacerdocio, y una asc\u00e9tica y una m\u00edstica, que sirvieron para despertar amor y esperanza, para trabajar por los hombres en toda la plenitud de la palabra, para promover anhelos de santidad, para propagar la fe y sus ocultas virtualidades, que laten dentro de ella como g\u00e9rmenes invisibles y son capaces de vencer al mal, de consolar a un moribundo, de elevar a todo un pueblo, de hacer celebrar un concilio o de ense\u00f1ar a rezar el Padre Nuestro. El Evangelio del Se\u00f1or es fecundo; las palabras del Se\u00f1or son eficaces; el sacerdocio instituido por el Se\u00f1or es fecundo, eficaz, grande y digno de ser amado. Gracias al sacerdocio de Cristo, el mismo que vais a recibir, vosotros podr\u00e9is decir, y como vosotros los que os sucedan, a los hombres todos de la tierra, cuando les llam\u00e9is para ofrecerlos los misterios de Dios de que ser\u00e9is dispensadores:<em>Ya no sois extra\u00f1os, ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y dom\u00e9sticos de Dios, pues est\u00e1is edificados sobre el fundamento de los ap\u00f3stoles y profetas, y unidos en Jesucristo, el cual es la principal piedra angular sobre quien, trabado todo el edificio, se alza para ser un templo del Se\u00f1or. Por \u00c9l entr\u00e1is tambi\u00e9n vosotros a ser parte de la estructura de este edificio, para llegar a ser morada de Dios por medio del Esp\u00edritu Santo<\/em>(Ef 2, 19-22).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Morada de Dios por medio del Esp\u00edritu Santo! Esto lo pudo escribir San Pablo y convertirlo en realidad en aquellos cristianos de \u00c9feso a quienes escrib\u00eda. Esto podr\u00e9is decirlo vosotros y hacerlo realidad en todos los hombres a los que ha de llegar vuestro ministerio.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy es un d\u00eda en que entre nosotros s\u00f3lo debe aparecer la alegr\u00eda como un don del Esp\u00edritu Santo. Por lo cual no es conveniente nada que pueda turbarnos. Pero, precisamente como exigencia de esa misma alegr\u00eda santa, para que se consolide y nos acompa\u00f1e siempre, s\u00ed que son obligadas ciertas referencias a hechos y fen\u00f3menos que estamos viviendo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 tantas dudas cuando tenemos tanta capacidad de afirmaci\u00f3n? \u00bfPor qu\u00e9 tanta acritud y tanto enojo sueltos y desencadenados en nuestras comunidades presbiterales del clero diocesano o religioso? \u00bfQu\u00e9 ha ocurrido para que en tan poco tiempo la cr\u00edtica pueda m\u00e1s que la caridad, la estad\u00edstica intente suplantar a los criterios determinantes de verdad, la disciplina haya dejado de considerarse como un testimonio de la fe y de la convicci\u00f3n interior, pasando a ser como una equivalencia de poquedad, de empeque\u00f1ecimiento, de falta de libertad interior? \u00bfQu\u00e9 nos est\u00e1 ocurriendo a los sacerdotes en la Iglesia de hoy? La referencia, digo, es obligada porque los hechos nos salen al paso apenas trasponemos el umbral de este templo en que nos encontramos. Pero yo no debo consumir el tiempo que me ofrec\u00e9is en an\u00e1lisis de situaciones problematizadas, cuando aqu\u00ed estamos, por gracia de Dios y dicha nuestra, celebrando y siendo testigos de actitudes positivas. Si hago estas preguntas es porque creo en las respuestas que puedan darse.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi ministerio episcopal, y m\u00e1s en una ciudad como Barcelona, me obliga a meditar mucho. Leo, escucho, observo y me detengo con respeto ante las explicaciones que pretenden dar. Lo que aparentemente es m\u00e1s v\u00e1lido suele ofrecerse en t\u00e9rminos parecidos a \u00e9stos: es que estamos viviendo una \u00e9poca de transformaci\u00f3n acelerada del mundo, los cambios se multiplican, las exigencias del hombre en esta era cient\u00edfica y tecnol\u00f3gica no se sacian con nuestras habituales explicaciones y comportamientos, el mensaje cristiano ha de presentarse m\u00e1s adaptado al mundo de hoy para no llegar tarde, etc. No acaba de convencerme. En esa respuesta van mezcladas observaciones justas y otras muy superficiales. Porque los cambios se han estado dando siempre, y seg\u00fan era la intensidad de los mismos, as\u00ed aparec\u00edan los intentos de soluci\u00f3n. La mayor intensidad cuantitativa con que hoy se producen podr\u00eda originar conmoci\u00f3n y un cierto v\u00e9rtigo humano en el esfuerzo por comprenderlos, pero no otra cosa; la diferencia cualitativa de esos cambios, con relaci\u00f3n a la de otros tiempos, no lo es tanto como para que no sigan siendo v\u00e1lidas hoy las soluciones eternas del Evangelio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEs vano \u2013dec\u00eda el Papa en su mensaje sobre las vocaciones en 1970\u2013 buscar explicaciones \u00fanicamente humanas de la actual crisis de vocaciones. Esto no es sino un aspecto de la crisis de fe que hoy padece el mundo. No es, por tanto, haciendo m\u00e1s f\u00e1cil el sacerdocio \u2013liber\u00e1ndolo, por ejemplo, de aquello que la Iglesia latina, desde siglos, considera su gran honor: el celibato\u2013 como se volver\u00e1 m\u00e1s deseado el acceso al mismo sacerdocio. Los j\u00f3venes se sentir\u00edan atra\u00eddos todav\u00eda menos por un ideal de vida sacerdotal menos generosa. No es en este sentido en el que debemos orientarnos\u201d<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, m\u00e1s recientemente, en el discurso al clero romano de febrero de este a\u00f1o, dec\u00eda as\u00ed: \u201cLa duda acosa: \u00bfest\u00e1 justificada la existencia de un sacerdocio en la intenci\u00f3n primitiva del cristianismo? \u00bfDe un sacerdocio tal como ha sido fijado en el perfil can\u00f3nico? La duda se hace cr\u00edtica, bajo otros aspectos, psicol\u00f3gica y sociol\u00f3gica: \u00bfEs \u00fatil? \u00bfEs posible? \u00bfPuede galvanizar todav\u00eda una vocaci\u00f3n l\u00edrica y heroica? \u00bfPuede constituir todav\u00eda un g\u00e9nero de vida que no sea enajenador o frustrado? Esta problem\u00e1tica agresiva los j\u00f3venes la intuyen, y muchos quedan desanimados ante ella: \u00a1Cu\u00e1ntas vocaciones agostadas por este vendaval siniestro! Y la sienten, a veces, como un tormento interior inquietante, incluso aquellos que est\u00e1n ya comprometidos en el sacerdocio; y para algunos se convierte en miedo, que se hace valiente en algunos, \u00a1ay! solamente para la huida, para la defecci\u00f3n: <em>Entonces los disc\u00edpulos&#8230;, abandon\u00e1ndolo, huyeron;<\/em> la hora de Getseman\u00ed (Mt 26, 56).<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPero, desgraciadamente (la problem\u00e1tica sacerdotal) puede tambi\u00e9n convertirse en destructora si se atribuye m\u00e1s valor del que corresponde a lugares comunes, hoy divulgados con gran facilidad, sobre la crisis, que se desear\u00eda fatal, del sacerdocio, tanto por la novedad de estudios b\u00edblicos tendenciosos, como por la autoridad de fen\u00f3menossociol\u00f3gicos, estudiados a modo de encuestas estad\u00edsticas o de matices de fen\u00f3menos psicol\u00f3gicos y morales. Datos interesant\u00edsimos, si quer\u00e9is, merecedores de seria consideraci\u00f3n en lugares competentes y responsables, pero jam\u00e1s hasta el punto que sean capaces de sacudir nuestro concepto sobre la identidad del sacerdocio, si \u00e9sta coincide con su autenticidad, tal como la palabra de Cristo y la precedente y demostrada tradici\u00f3n de la Iglesia transmiten intacta, m\u00e1s a\u00fan, profundizada, despu\u00e9s del Concilio, a nuestra generaci\u00f3n\u201d<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Si invoco estas palabras y las repito es porque en ellas creo encontrar los c\u00e1lidos acentos del ruego, el saludo, la norma, el consejo, el grito, si quer\u00e9is, con que hoy puedo dirigirme a estos j\u00f3venes.<\/p>\n\n\n\n<p>Tened fe y cultivadla en el silencio interior de vosotros mismos. Fe en que Cristo es el resucitado que os env\u00eda, y que os manda que prediqu\u00e9is y testifiqu\u00e9is que \u00c9l es el que est\u00e1 constituido por Dios, Juez de vivos y muertos. Y que el que cree en \u00c9l recibe, en virtud de su nombre \u2013es decir, en virtud de su ser, de su influjo real\u2013, el perd\u00f3n de los pecados. Llevad la paz del reino de los cielos.<\/p>\n\n\n\n<p>Id como obreros en busca de la mies. Celo apost\u00f3lico, convicci\u00f3n honda, humilde firmeza.<\/p>\n\n\n\n<p>Y luego, amor, mucho amor a la Iglesia. No merece la Iglesia los agravios y escarnios que est\u00e1 recibiendo de muchos de sus hijos, con sus cr\u00edticas demoledoras, sus petulancias, sus estrategias operativas, como si todo dependiere de sus c\u00e1lculos humanos, \u00a1ay, tan humanos!<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy se est\u00e1 produciendo un fen\u00f3meno curioso: En muchas actitudes apost\u00f3licas sacerdotales se est\u00e1 dando, como motivo determinante, un amor al mundo como criatura de Dios, como gloria de la creaci\u00f3n, como t\u00e9rmino en su propia realidad y est\u00edmulo para sucesivas transformaciones en favor de los hombres, que justifica una nueva postura \u2013dicen\u2013 de compromiso, de estimaci\u00f3n, de alabanza y esfuerzo sostenido en una actitud espiritual entusiasta y l\u00edrica. Muchos de los que as\u00ed act\u00faan, gritan constantemente, como los hombres de Col\u00f3n, al descubrir los perfiles de la costa nueva: \u00a1tierra, tierra!, y lo hacen con alegr\u00eda desbordada.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar del pecado, de la miseria, del delito constante, de tantas y tantas fealdades, aman, aman al mundo para trabajar en \u00e9l, lo cual es bueno, y a veces para detenerse en \u00e9l, lo cual ya no es tan bueno. \u00bfPor qu\u00e9, al menos, no amar siquiera as\u00ed a la Iglesia, para hacerla mejor, pero partiendo de lo que tiene, con sus jerarqu\u00edas y todos los hermanos, con su oraci\u00f3n y los sacramentos, con su disciplina como testimonio de la fe, con su pobreza y sus vicisitudes, con su cruz y su gloria? Creo que alguien, no tardando mucho, podr\u00e1 decir, al juzgar esta \u00e9poca, refiri\u00e9ndose a bastantes sacerdotes: tuvisteis m\u00e1s comprensi\u00f3n y amor para el mundo que para con la Iglesia, de cuyos pechos os alimentabais precisamente para poder amar mejor al mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiera el Se\u00f1or bendeciros, j\u00f3venes, y que su gracia logre de vosotros esta tarde la de seguir siempre de su mano para permanecer gozosos al servicio de la Iglesia y el mundo, en la Compa\u00f1\u00eda, con amor, con humildad, con fe, con paciencia, con fortaleza, con oraci\u00f3n, con inmensa caridad fraterna, con plena comuni\u00f3n eclesial, con realismo, con modestia, con paz.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Riqueza y pobreza del sacerdocio<\/h2>\n\n\n\n<p>En la ordenaci\u00f3n de cuatro alumnos de la Casa de Santiago,<br>en Santa Mar\u00eda de Gracia, Barcelona, 25 de septiembre de 1971<\/p>\n\n\n\n<p>Vuestra ordenaci\u00f3n sacerdotal, queridos alumnos de la Casa de Santiago, constituye para todos un motivo de alegr\u00eda que nos invita a dar gracias a Dios y refuerza la indefectible esperanza que nos gu\u00eda en nuestra misi\u00f3n de servicio a la Iglesia. No hablo solamente de la esperanza m\u00eda, como obispo de la di\u00f3cesis, sino de la de todos cuantos os conocen y, por conoceros, os aman, bien sea en Barcelona o en los diversos lugares de Espa\u00f1a y de pa\u00edses extranjeros, donde la obra de la Casa de Santiago ha empezado a dar sus frutos.<\/p>\n\n\n\n<p>Os acerc\u00e1is a recibir la imposici\u00f3n de las manos con humildad, con gozo sereno, con serios y firmes prop\u00f3sitos, con plena disponibilidad para el trabajo apost\u00f3lico, para la obediencia activa y responsable, para la caridad fraterna, para el universalismo del servicio pastoral que no conoce l\u00edmites ni fronteras en el espacio o en el tiempo. Actitudes, \u00e9stas, que no son nuevas ni originales, sino propias de los sacerdotes de todos los tiempos que, con clara conciencia de lo que significa su determinaci\u00f3n libre, han dado el paso hacia el altar con confianza en el Se\u00f1or, al que se consagran y del que van a ser ministros.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia que os recibe, para daros m\u00e1s de lo que vosotros pod\u00e9is dar a ella, se encuentra hoy agitada y excesivamente movida en su interior, desgarrada casi por el deseo de permanecer fiel a Jesucristo, siendo fiel tambi\u00e9n a las obligaciones que tiene contra\u00eddas con el mundo. Estas crisis son pasajeras, pero dolorosas, porque lo que se somete a revisi\u00f3n no es algo abstracto e impersonal, sino un conjunto de ideas vivas que han encarnado en hechos, han marcado a fuego la existencia de muchos hombres, han alimentado la intimidad del pensamiento y el coraz\u00f3n de los creyentes, dando lugar a manifestaciones vitales y ardientes de esos valores del esp\u00edritu cristiano que llamamos fe, piedad, esperanza, concepto y orientaci\u00f3n de la vida, lucha, sacrificio silencioso, plegaria, virtud, huida del pecado, reconciliaci\u00f3n, paz y alegr\u00eda. Cuando de todo esto se habla y se escribe en la forma en que se hace hoy, es la misma existencia humana y cristiana la que se siente sacudida en sus cimientos. La crisis pasar\u00e1, sin duda alguna. Y nos dejar\u00e1, en medio de tantas ruinas que \u2013esto es lo m\u00e1s tr\u00e1gico\u2013 hubieran podido evitarse, el camino abierto para seguir a nuestro Se\u00f1or Jesucristo por donde \u00c9l llama a sus disc\u00edpulos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y no hay duda que tanto m\u00e1s pronto pasar\u00e1 esa crisis generalizada de la Iglesia, cuanto m\u00e1s r\u00e1pidamente se supere la crisis sacerdotal. Tenemos a la vista el pr\u00f3ximo S\u00ednodo, en que el sacerdocio va a ser tema central para la reflexi\u00f3n y las determinaciones que hayan de venir. Esperemos su apertura y desarrollo, y asistamos a \u00e9l desde lejos con nuestras plegarias y nuestra confianza.<\/p>\n\n\n\n<p>Aparte el S\u00ednodo, en todos los lugares donde el clero se congrega: en seminarios y casas religiosas, en asambleas m\u00e1s o menos numerosas, en libros, peri\u00f3dicos y revistas donde la comunicaci\u00f3n social ofrece instrumentos aptos para ello, se habla y se insiste sin cesar sobre los mismos problemas, y apenas se tocan unos surgen otros que dan lugar a nuevos planteamientos y a nuevas inquietudes. \u00bfPuede resistir mucho tiempo un hombre y una clase de hombres, la sacerdotal, este estado de cosas? Creemos que no. Es hora de avanzar decididamente con lo que tenemos, que es suficientemente rico para hacernos fuertes y suficientemente pobre para sentirnos humildes.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Riqueza del sacerdocio<\/h3>\n\n\n\n<p>La riqueza del sacerdocio nace de \u00e9l mismo, tal como fue instituido por Jesucristo, y de sus normales exigencias. Deber\u00edamos esforzarnos m\u00e1s por contemplarlo en su propia entidad. Antes que llevar nuestras propias preocupaciones al interior de la instituci\u00f3n sacerdotal, habr\u00eda que dejarlas en el umbral del examen que hagamos, meditar mucho y siempre en el sacerdocio de Cristo, tal como nos lo ofrecen la Revelaci\u00f3n y el Magisterio de la Iglesia, y despu\u00e9s s\u00ed, recoger esas inquietudes y pasarlas a trav\u00e9s de la contemplaci\u00f3n realizada. As\u00ed lo han hecho los santos sacerdotes del clero diocesano o religioso que, en las diversas \u00e9pocas de la historia, han asistido a crisis semejantes a la nuestra y las han superado.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestro sacerdocio es rico, capaz siempre de iluminar y fortalecer, de darnos paz y alegr\u00eda, de capacitarnos para amar y servir, de hacernos generosos y comprometidos en el sentido evang\u00e9lico de la palabra. En \u00e9l se encuentra a Jesucristo, con su palabra, con su sacrificio santificador, con su caridad pastoral. Por \u00e9l quedamos ungidos y consagrados, configurados a Cristo Cabeza, enviados a los hombres todos. \u00c9l nos pide segregaci\u00f3n, no para aislarnos ego\u00edstamente del mundo, sino para mejor santificarle y conducirle a su fin \u00faltimo. \u00c9l pone en nuestras manos los sacramentos que transforman el mundo, porque transforman las conciencias, y sobre todo la Eucarist\u00eda, que llama a los hombres a la oblaci\u00f3n de s\u00ed mismos y de todo lo creado, para imprimir a la realidad terrestre el ritmo de un destino nuevo. \u00c9l nos coloca insoslayablemente en la obligaci\u00f3n de orar, con la oraci\u00f3n p\u00fablica de la Iglesia, certeza, gracia divina, para perseverar y seguir siempre. En el sacerdocio de Cristo hay autoridad que nos sit\u00faa con fijeza en nuestro puesto; hay obediencia que nos libra de caer en la tentaci\u00f3n de querer dominar a los dem\u00e1s; hay doctrina y hechos de vida inagotables que nos permiten ofrecer a manos llenas luces de esperanza a los hombres y est\u00edmulos para el bien; hay cruz, santa y bendita cruz, que nos ense\u00f1a a ser mortificados y a aceptar privaciones y sufrimientos, fracasos y oprobios, la muerte incluso, sin que por eso tengan que aparecer la frustraci\u00f3n y la amargura; hay resurrecci\u00f3n realizada ya y prometida para despu\u00e9s, que nos comunica entusiasmo, fortaleza invencible, seguridad. Hay m\u00e1s, mucho m\u00e1s, que yo no puedo examinar aqu\u00ed esta tarde.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Pobreza del sacerdocio<\/h3>\n\n\n\n<p>Quiero decir con ello que, aunque los te\u00f3logos investiguen, aunque las asambleas discutan, aunque haya que revisar mucho, tenemos algo en el sacerdocio que es claro, transparente, fijo, capaz de alimentarnos en nuestra vida y ministerio sin turbaciones, ni congojas, ni divisiones deplorables. Avancemos desde aqu\u00ed y luego recojamos nuestras preocupaciones para examinarlas a esa luz. Entonces la riqueza del sacerdocio no se destruye y nos nutre y alimenta al mundo. Entonces la pobreza de nosotros, sacerdotes, se contempla con serenidad y se convierte tambi\u00e9n en una nueva riqueza. La pobreza es nuestra, no del sacerdocio.<\/p>\n\n\n\n<p>Y se manifiesta en nuestra propia condici\u00f3n humana, siempre limitada y deficiente; en nuestras pasiones no dominadas; en nuestras torpezas y cansancios ante un combate tan duro como el que tenemos que re\u00f1ir; en nuestra organizaci\u00f3n y metodolog\u00eda pastoral; en nuestra inadecuaci\u00f3n entre lo que el mundo necesita y lo que, muchas veces, le ofrecemos; en nuestra falta de celo para abrir nuevos campos de trabajo; en nuestro orgullo personal, que nos separa en lugar de unirnos y nos hace confiar s\u00f3lo en nuestras propias soluciones. Entonces la pobreza se traslada de la persona que vive el sacerdocio al sacerdocio vivido, y surgen las dudas, los anhelos de reformas imprudentes y temerarias, la indiscriminada acusaci\u00f3n contra las estructuras, el enfrentamiento incomprensible entre obispos y sacerdotes, etc\u00e9tera.<\/p>\n\n\n\n<p>No, no. Esto no tendr\u00eda que darse nunca. Estas pobrezas nuestras lo \u00fanico que deber\u00edan traer como resultado de su existencia es un aumento de nuestra humildad interior, con lo cual cambia todo, porque entonces suceder\u00eda que pensamos, discutimos, analizamos, revisamos, por humildad, no por descontento ni por agresiva reivindicaci\u00f3n contra nada ni contra nadie. Y en cuanto se introduce ese factor determinante de actitudes, la humildad, la crisis est\u00e1 en v\u00edas de soluci\u00f3n y la pobreza nos hace ricos ante Dios y ante los hombres, y nos capacita para hallar los t\u00e9rminos exactos de la verdadera reforma. Siendo humildes no dejaremos de ser perspicaces e inteligentes y seguiremos amando a la iglesia y a nuestro ministerio, lo cual nos salvar\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Es esto lo que quer\u00eda decir el Santo Padre con aquellas hermosas palabras: \u201cEl sacerdote no es un ser solitario, es miembro de un cuerpo organizado: la Iglesia universal, la di\u00f3cesis y, en el caso t\u00edpico, superlativo diremos, su parroquia. Es la Iglesia toda la que debe adaptarse a las nuevas necesidades del mundo; la Iglesia, celebrado el Concilio, se encuentra empe\u00f1ada en esa renovaci\u00f3n espiritual y de organizaci\u00f3n. Ayud\u00e9mosla con nuestra colaboraci\u00f3n, con nuestra adhesi\u00f3n, con nuestra paciencia. Hermanos e hijos car\u00edsimos: \u00a1tened confianza en la Iglesia! \u00a1Amadla mucho! Es ella el t\u00e9rmino directo del amor de Cristo: <em>dilexit Ecclesiam<\/em> (Ef 5, 25). Amadla tambi\u00e9n con sus l\u00edmites y defectos. No, en verdad, por raz\u00f3n de los l\u00edmites y defectos, y quiz\u00e1 tambi\u00e9n de sus culpas, sino porque s\u00f3lo am\u00e1ndola podremos hacerlos desaparecer y contribuir m\u00e1s al esplendor de su belleza de esposa de Cristo. Es la Iglesia la que salvar\u00e1 al mundo, la Iglesia, que es la misma hoy como ayer, como lo ser\u00e1 ma\u00f1ana, y que encuentra siempre, guiada por el Esp\u00edritu y por la colaboraci\u00f3n de todos sus hijos, fuerza para renovarse, para rejuvenecerse y para dar una respuesta nueva a las nuevas necesidades\u201d<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Para ayudarnos en esta tarea ven\u00eds vosotros hoy. Yo os acojo con el abrazo y la bendici\u00f3n de la Iglesia. Permaneced firmes, humildes, obedientes, alegres, pobres, esforzados. Sed, en una palabra, sacerdotes del Se\u00f1or, de, la misma manera que hab\u00e9is sido hasta aqu\u00ed seminaristas ejemplares.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Pablo VI, <em>Mensaje en la VII jornada Mundial de las Vocaciones, <\/em>15 de marzo de 1970: apud: <em>Insegnamenti di Paolo VI, <\/em>1970, 192.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Pablo VI, <em>Exhortaci\u00f3n al clero romano, <\/em>20 de febrero de 1971: apud: <em>Insegnamenti di Paolo VI, <\/em>1971, 121-122.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> Pablo VI, <em>Mensaje a los sacerdotes al finalizar el A\u00f1o de la Fe,<\/em> 30 de junio de 1968: apud: <em>Insegnamenli di Paolo VI,<\/em> 1968, 316.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se re\u00fanen aqu\u00ed tres homil\u00edas pronunciadas en 1971, en Madrid y Barcelona, con motivo de sendas ordenaciones sacerdotales. 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