{"id":876,"date":"2024-09-23T23:11:16","date_gmt":"2024-09-23T21:11:16","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=876"},"modified":"2024-09-23T23:11:16","modified_gmt":"2024-09-23T21:11:16","password":"","slug":"el-sacerdote-y-el-sacrificio-de-cristo","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/el-sacerdote-y-el-sacrificio-de-cristo\/","title":{"rendered":"El sacerdote y el sacrificio de Cristo"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Conferencia pronunciada en la santa iglesia catedral de Madrid, dentro del ciclo dedicado a <em>La figura del sacerdote hoy.<\/em> Cuaresma de 1971, 31 de marzo. Se reproduce el texto publicado por Editorial Bru\u00f1o, Madrid 1971. Se mantiene la sentida dedicatoria que el entonces arzobispo de Barcelona antepuso en memoria del reci\u00e9n fallecido arzobispo de Madrid y Presidente de la Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola, don Casimiro Morcillo Herrera.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">En memoria de un sacerdote bueno\u2026<\/h2>\n\n\n\n<p><em>Don Casimiro Morcillo&#8230; ten\u00eda tanta templanza como fortaleza. Era recto y profundo y, debajo de su aparente frialdad, se escond\u00eda un coraz\u00f3n sacerdotal lleno de amor y comprensi\u00f3n.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Edificaban su piedad y su fe. Todo en \u00e9l fue celo por la gloria de Dios y la salvaci\u00f3n de las almas, sin concesiones a la galer\u00eda, sin exhibicionismos, con la perenne modernidad de quien tiene fijas sus ra\u00edces en la verdad de Dios y de la Iglesia.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Don Casimiro ha sido un espl\u00e9ndido sacerdote del Se\u00f1or. Ha sido, adem\u00e1s, un m\u00e1rtir de muchas cosas. Quiz\u00e1 estos m\u00e1rtires sean los que, de veras, contribuyan a la aut\u00e9ntica renovaci\u00f3n de la vida de la Iglesia espa\u00f1ola.<\/em><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Revisionismo inconsistente<\/h2>\n\n\n\n<p>Creo no faltar en nada al respeto que debo a mi propia condici\u00f3n y a mis hermanos sacerdotes, si digo que gran parte de la crisis sacerdotal que actualmente padecemos en la Iglesia la hemos provocado nosotros mismos.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque hemos sido v\u00edctimas de una tentaci\u00f3n: la del revisionismo sistem\u00e1tico, que con sus gritos y gestos desmesurados ha apagado las voces de la serenidad y el equilibrio. Revisionismo he dicho, no revisi\u00f3n. Porque \u00e9sta s\u00ed que estaba justificada. La ped\u00edan la vida y los cambios de hoy, y la ped\u00eda tambi\u00e9n la Iglesia, para la cual el empe\u00f1o no era nuevo. Est\u00e1 muy acostumbrada al examen humilde de s\u00ed misma y nunca han faltado, en medio de todos los ego\u00edsmos y torpezas nuestras, ni la voz orientadora del Magisterio, ni el suave, pero irresistible, impulso del Esp\u00edritu Santo, que han movido en cada \u00e9poca y en cada circunstancia a la reflexi\u00f3n fecunda y provechosa. Y fruto de esa orientaci\u00f3n y esas mociones ha sido la aparici\u00f3n ininterrumpida y frecuente, en el campo de lo sacerdotal, de hombres y actitudes, de organizaciones y esfuerzos visibles, que han aportado al mundo aquello que la Iglesia est\u00e1 destinada a ofrecer: la radical novedad de los frutos de la redenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Como ejemplo de orientaci\u00f3n venida del Magisterio, ah\u00ed est\u00e1 la olvidada figura de P\u00edo XI, bien reciente todav\u00eda, que supo despertar la preocupaci\u00f3n misionera de la Iglesia, impuls\u00f3 el apostolado seglar como nadie lo hab\u00eda hecho, dio nuevo vigor a la alta cultura eclesi\u00e1stica con la reorganizaci\u00f3n de los centros de estudios superiores, y marc\u00f3 directrices inolvidables en la doctrina social: podr\u00eda decirse que de \u00e9l y de su esfuerzo est\u00e1 viviendo en gran parte la Iglesia de hoy.<\/p>\n\n\n\n<p>Y mociones del Esp\u00edritu, creadoras de vida renovada en el coraz\u00f3n de los laicos, de los institutos religiosos, de los sacerdotes, se han dado siempre, sin que dejase de aparecer nunca el resultado espl\u00e9ndido de una acci\u00f3n silenciosa que transformaba los ambientes y estructuras. Un San Carlos Borromeo y un San Juan de \u00c1vila son sacerdotes renovadores de tiempos lejanos. Pero un San Juan Bosco o un San P\u00edo X lo son de ayer. Y el padre Foucauld o un padre Rubio lo son de nuestros d\u00edas. Como lo han sido el padre Nevares, don \u00c1ngel Sargam\u00ednaga, don Zacar\u00edas de Vizcarra y tantos otros. Son hombres que supieron hacer revisi\u00f3n, pero no cayeron en la tentaci\u00f3n del revisionismo, que lleva siempre consigo una carga antievang\u00e9lica de petulancia, agresividad y contemplaci\u00f3n narcisista de s\u00ed mismos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues bien, el Concilio Vaticano II ha sido, a la vez, moci\u00f3n del Esp\u00edritu y orientaci\u00f3n del supremo Magisterio, y bajo ese doble impulso nos ha convocado a una revisi\u00f3n que era necesario hacer. \u00a1Bendita sea, puesto que ha de ser para bien de la Iglesia! Y benditos los esfuerzos heroicos de Pablo VI \u2013este m\u00e1rtir de la extra\u00f1a paciencia\u2013 por facilitar los caminos de esa revisi\u00f3n, tambi\u00e9n en todo lo referente al ministerio sacerdotal, en nuestro mundo de hoy.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no es posible encontrar justificaci\u00f3n para la algarab\u00eda chillona que se ha despertado en torno a un prop\u00f3sito tan noble, ni para el olvido insensato de los valores inalterables del sacerdocio, ni mucho menos para la petulancia de tantos nuevos doctores que abominan de toda ense\u00f1anza recibida, mientras quieren imponer dictatorialmente las suyas. Todo lo que tenemos que revisar puede hacerse con caridad y con respeto, con humildad y con fe, con un \u00edntimo temblor de esp\u00edritu ante el riesgo de profanar algo que no es nuestro y que nos ha sido dado para mantenerlo libre de toda contaminaci\u00f3n extra\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El sacrificio de Cristo y nuestro sacerdocio<\/h2>\n\n\n\n<p>No es posible entender nada de nuestro sacerdocio si apartamos nuestra vista del gran misterio del sacrificio de Cristo. Todo est\u00e1 contenido ah\u00ed, y ah\u00ed es donde se encuentra la fuerza para todas las renovaciones necesarias y el veto frente a todas las excentricidades abusivas. El dramatismo y la peligrosidad de la crisis sacerdotal de hoy no est\u00e1 en que nos preguntemos con ansiedad: \u00bfqu\u00e9 significa ser sacerdote?; o bien, \u00bfc\u00f3mo hemos de ejercer nuestro sacerdocio hoy? Estas preguntas estar\u00e1n justificadas desde el momento en que se acepte que el sacrificio de Cristo es un misterio, y no es l\u00edcito deducir de ellas una actitud de culpable desconocimiento de lo que la tradici\u00f3n de veinte siglos nos ha ense\u00f1ado sobre el sacerdocio cat\u00f3lico. Veinte, y mil siglos de historia no desvelar\u00e1n nunca del todo el secreto fascinante de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, sacerdote eterno en la tierra y en el cielo.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Sacerdocio y mundo<\/h3>\n\n\n\n<p>Quienes se decidan a reflexionar o hablar del sacerdote de hoy, plantear\u00e1n cuestiones y formular\u00e1n sugerencias que nacen leg\u00edtimamente de la contemplaci\u00f3n del mundo de hoy o de las previsiones sobre el mundo de ma\u00f1ana. Interrogarse sobre la relaci\u00f3n que ha de existir entre el sacerdote y ese mundo, no s\u00f3lo es l\u00edcito, es obligado, porque el sacerdote es para los hombres concretos de su tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>El vac\u00edo se producir\u00eda cuando la reflexi\u00f3n se limitase a la consideraci\u00f3n de esos aspectos, puesto que, de ese modo, inevitablemente, se construir\u00eda un sacerdocio meramente circunstancial, hist\u00f3rico, sociol\u00f3gico, y la realidad \u00edntima y sagrada del mismo, m\u00e1s o menos tarde, quedar\u00eda fatal e inevitablemente evaporada. Las preguntas, pues, sobre el significado y el ejercicio del sacerdocio hoy, exigen ser hechas tomando como punto de referencia el misterio del sacrificio de Cristo Sacerdote, tal como nos lo ofrecen la Sagrada Escritura y la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica de la Iglesia. De ah\u00ed hay que arrancar siempre, sin alterar ni un \u00e1pice su contenido esencial, en la seguridad de que se encuentra respuesta. Pregunt\u00e9monos sin cesar, pero que las preguntas sean confiadas, amorosas, limpias, no atormentadas ni angustiosas, no transidas de escepticismo y amargura, no nacidas del m\u00e9todo de la cat\u00e1strofe previa. De las ruinas no saldr\u00e1n m\u00e1s que ruinas y tormentas incesantes que terminar\u00edan por devorarnos a todos. A Jesucristo podemos preguntarle tambi\u00e9n los sacerdotes, como preguntaron a su precursor: <em>T\u00fa, \u00bfqui\u00e9n eres?<\/em> (Jn 1, 19). Pero yendo por delante con la seguridad de que oiremos sus respuestas y podremos decir en cada di\u00e1logo con \u00c9l, los sacerdotes de Madrid y Barcelona, los de Europa y los de \u00c1frica, lo mismo que dijo San Pablo: <em>S\u00e9 de qui\u00e9n me he fiado<\/em> (2Tim 1, 12).<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>La esencial misi\u00f3n del sacerdote<\/h3>\n\n\n\n<p>El obispo, antes de imponer las manos a aquel a quien se va a ordenar, y de recitar el gran prefacio consecratorio, le se\u00f1ala la magna funci\u00f3n que habr\u00e1 de realizar: \u201cEl sacerdote \u2013le dice\u2013 debe ofrecer el sacrificio, bendecir, presidir, predicar, bautizar\u201d. Es el triple ministerio que la Iglesia conf\u00eda a aquel hombre a quien ella ha llamado. <em><strong>Predicar<\/strong><\/em> la palabra de Dios, es decir, el ministerio prof\u00e9tico que consiste en revelar, anunciar incesantemente, ser eco vivo de las ense\u00f1anzas de Dios y de la Iglesia; <em><strong>presidir<\/strong><\/em><em>, <\/em>o sea, la funci\u00f3n del gobierno pastoral, que dirige al pueblo y le conduce en su marcha en el tiempo hacia el Reino eterno; <em><strong>ofrecer el sacrificio<\/strong><\/em><em>,<\/em> el ministerio del culto, de la relaci\u00f3n con Dios, Padre, Redentor y Juez de los hombres, el ministerio de santificaci\u00f3n por excelencia porque consiste en un culto, no m\u00e1gico y externo, sino vivo e interno a Dios por el Dios hombre, pues no es otra cosa que el sacrificio de Cristo que el sacerdote hace presente. Es la Eucarist\u00eda, la Misa, que establece una relaci\u00f3n interior entre los hombres y Dios, de tal manera que ni puede ser indiferente Dios mismo a ese culto, ni nada que pertenezca a la vida del hombre escapa al lazo de uni\u00f3n que all\u00ed se forma entre la humanidad y Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Para todo eso es ordenado sacerdote el hombre elegido. Para predicar la palabra de Dios que no se extingue; para conducir al pueblo, porque el sacerdote es pastor, no camarada en el camino; para la Eucarist\u00eda, los sacramentos y la oraci\u00f3n, porque Dios ama al hombre y se entreg\u00f3 a la muerte por nosotros, para darnos una vida nueva, de hijos suyos, la cual hay que adquirir sepult\u00e1ndonos en \u00c9l y resucitando con \u00c9l, por medio de los sacramentos y el sacrificio eucar\u00edstico.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La vida sacerdotal, acto sacrificial<\/h3>\n\n\n\n<p>Esta Misa, este sacrificio continuamente renovado es la cumbre m\u00e1s alta del ministerio sacerdotal y hacia \u00e9l convergen o de \u00e9l brotan los dem\u00e1s ministerios que el sacerdote realiza. Hay entre ellos una unidad intr\u00ednseca y obligada, de tal manera que la palabra no tiene otra misi\u00f3n que preparar el alma del que la escucha para recibir los sacramentos y, en \u00faltimo t\u00e9rmino, para conseguir que libre y conscientemente el cristiano evangelizado se ofrezca en uni\u00f3n con Jesucristo en el acto supremo del sacrificio. Por eso Santo Tom\u00e1s de Aquino pudo escribir esta frase tan admirable como sencilla. Entre nosotros, \u201cel lugar del sacrificio es el mismo que el de la ense\u00f1anza de la fe\u201d<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>. El Concilio Vaticano II no ha dicho, no pod\u00eda decir, otra cosa:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl ministerio de los presb\u00edteros, por estar unido con el orden episcopal, participa de la autoridad con que Cristo mismo edifica, santifica y gobierna a su pueblo. Por eso, el sacerdocio de los presb\u00edteros supone, desde luego, los sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana; sin embargo, se confiere por aquel especial sacramento con el que los presb\u00edteros, por la unci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, quedan sellados con un car\u00e1cter particular, y as\u00ed se configuran con Cristo sacerdote, de suerte que puedan obrar como en persona de Cristo cabeza\u201d (PO 2).<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cY es que en la sant\u00edsima Eucarist\u00eda se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, a saber, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan vivo por su carne, que da la vida a los hombres, vivificada y vivificante por el Esp\u00edritu Santo. As\u00ed son ellos invitados y conducidos a ofrecerse a s\u00ed mismos, sus trabajos y todas sus cosas en uni\u00f3n con \u00c9l mismo. Por lo cual la Eucarist\u00eda aparece como la fuente y la culminaci\u00f3n de toda la predicaci\u00f3n evang\u00e9lica, como quiera que los catec\u00famenos son, poco a poco, introducidos a la participaci\u00f3n de la Eucarist\u00eda, y los fieles, sellados ya por el sagrado bautismo y la confirmaci\u00f3n, se insertan, por la recepci\u00f3n de la Eucarist\u00eda, plenamente en el Cuerpo de Cristo\u201d (PO 5).<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEn el misterio del sacrificio eucar\u00edstico, en que los sacerdotes cumplen su principal ministerio, se realiza continuamente la obra de nuestra redenci\u00f3n\u201d (PO 13).<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>La Eucarist\u00eda, cumbre del ministerio sacerdotal<\/h3>\n\n\n\n<p>Ahora bien, admitida la unidad intr\u00ednseca entre los diversos ministerios sacerdotales y la culminaci\u00f3n suprema que logran en la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda, es necesario preguntarse: \u00bfQu\u00e9 encierra ese sacrificio eucar\u00edstico, esa Misa que es la cumbre a la que se dirige con todos sus esfuerzos el sacerdote caminante, es decir, el ap\u00f3stol? \u00bfQu\u00e9 hay en ella que justifique una proclamaci\u00f3n tan absoluta? \u00bfEs que buscamos una coronaci\u00f3n del edificio, a\u00f1adida para dar el \u00faltimo toque de belleza religiosa a toda acci\u00f3n sacerdotal? \u00bfEs el postrer eslab\u00f3n de una cadena de acciones ministeriales yuxtapuestas o que se suceden unas a otras en virtud de una l\u00f3gica interna, pero nada m\u00e1s? No, hay algo mucho m\u00e1s hondo y profundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Al decir que la Eucarist\u00eda es la cumbre de los ministerios sacerdotales, no se trata de disminuir en nada la originalidad y la grandeza de las restantes funciones. El sacerdote misionero, el predicador incansable que consume sus d\u00edas predicando, bautizando, perdonando los pecados, atendiendo a los moribundos, aconsejando a los j\u00f3venes, evangelizando en una palabra y sacramentalizando al pueblo cristiano, son tambi\u00e9n imagen de Cristo y en nombre de \u00c9l act\u00faan. Pero a su acci\u00f3n todav\u00eda le falta algo <em>para cumplir la voluntad sagrada de Cristo al establecer la religi\u00f3n cristiana.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, la Misa no es s\u00f3lo el sacrificio de Cristo. La voluntad del Se\u00f1or y su deseo al celebrar la nueva Pascua es que los hombres se unan con \u00c9l en esp\u00edritu y en verdad, de tal manera que sea el sacrificio de todos los cristianos e intencionalmente de toda la humanidad. Transformado el hombre por la predicaci\u00f3n de la palabra, libre de pecado por el bautismo y los dem\u00e1s sacramentos, hecho miembro activo del pueblo de Dios al introducirle el sacerdote en la comunidad; el proceso de la formaci\u00f3n de un hombre nuevo a imagen de Cristo, s\u00f3lo se completa cuando el hombre redimido se ofrece para gloria del Padre en uni\u00f3n con Jesucristo: el hombre, con su pensamiento y su libertad, con su trabajo y sus proyectos, con su alegr\u00eda y sus penas, con su amor a la tierra y al mundo del que forma parte y su esperanza en el cielo, con su familia y su ciudad, con su cuerpo y su alma. Este ofrecimiento consciente, nacido de la fe y del amor, es el acto supremo a que puede llegar un hombre en este mundo, supuesta la ense\u00f1anza de la fe que nos habla de un Dios que nos cre\u00f3, que nos redimi\u00f3 del pecado y nos espera siempre.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Testimonios<\/h3>\n\n\n\n<p>\u00bfQuer\u00e9is o\u00edr la voz de Jesucristo? Escuchad su oraci\u00f3n sacerdotal antes de ir a la pasi\u00f3n:<em>Pero no ruego s\u00f3lo por \u00e9stos, sino por cuantos crean en m\u00ed por su palabra, para que todos sean uno, como t\u00fa, Padre, est\u00e1s en mi y yo en ti, para que tambi\u00e9n ellos sean en nosotros, y el mundo crea que t\u00fa me has enviado. Yo les he dado la gloria que t\u00fa me diste, a fin de que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y t\u00fa en mi, para que sean perfectamente uno y conozca el mundo que t\u00fa me enviaste y amaste a \u00e9stos como me amaste a mi. Padre, los que t\u00fa me has dado, quiero que donde est\u00e9 yo est\u00e9n ellos tambi\u00e9n conmigo, para que vean mi gloria, que t\u00fa me has dado, porque me amaste antes de la creaci\u00f3n del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te conoc\u00ed, y \u00e9stos conocieron que t\u00fa me has enviado, y yo les di a conocer tu nombre, y se lo har\u00e9 conocer, para que el amor con que t\u00fa me has amado est\u00e9 en ellos y yo en ellos<\/em>(Jn 17, 20-26).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQuer\u00e9is escuchar a los ap\u00f3stoles? O\u00edd a San Pablo:<em>Os ruego, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezc\u00e1is vuestros cuerpos como hostia viva, santa, grata a Dios; \u00e9ste es vuestro culto racional. Que no os conform\u00e9is a este siglo, sino que os transform\u00e9is por la renovaci\u00f3n de la mente, para que sep\u00e1is discernir cu\u00e1l es la voluntad de Dios, buena, grata y perfecta<\/em>(Rm 12, 1-2).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQuer\u00e9is saber qu\u00e9 ha dicho el Concilio? Meditad lo que nos dice la <em>Lumen Gentium: Cristo Se\u00f1or, Pont\u00edfice tomado de entre los hombres, de su nuevo pueblo, hizo&#8230;, un reino y sacerdotes para Dios, su Padre<\/em> (Ap 1, 6). Los bautizados, en efecto, son consagrados por la regeneraci\u00f3n y la unci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo como casa espiritual y sacerdocio santo, para que, por medio de toda obra del hombre cristiano, ofrezcan sacrificios espirituales y anuncien el poder de Aquel que los llam\u00f3 de las tinieblas a su admirable luz (1P 2, 4-10). Por ello todos los disc\u00edpulos de Cristo, perseverando en la oraci\u00f3n y alabando juntos a Dios, ofr\u00e9zcanse a s\u00ed mismos como hostia viva, santa y grata a Dios y den tambi\u00e9n raz\u00f3n de la esperanza de la vida eterna que hay en ellos\u201d (LG 10).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Consecuencias<\/h2>\n\n\n\n<p>De la exposici\u00f3n anterior brotan f\u00e1cilmente reflexiones que en esa doctrina encuentran su apoyo, y que nos sirven para comprender la crisis de hoy y para no desorbitarla. La palabra \u201ccrisis\u201d es empleada en el doble sentido que tiene: juicio que se hace sobre algo, y cambio que experimenta esa realidad que se juzga. He aqu\u00ed algunas precisiones que sirven para centrar el problema, abriendo el camino a la sana revisi\u00f3n, pero cerr\u00e1ndolo a la vez a los revisionismos locos.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Un solo sacerdocio<\/h3>\n\n\n\n<p>No hay m\u00e1s que un sacerdocio en la religi\u00f3n cristiana: el de Jes\u00fas, llamado Cristo, ungido por el Esp\u00edritu Santo y enviado por el Padre a los hombres. El nuestro es el suyo tambi\u00e9n. Nosotros, los sacerdotes de la nueva alianza, somos ungidos por el Esp\u00edritu Santo con el sacramento del orden, y enviados por la autoridad de la Iglesia, a trav\u00e9s de los obispos, sucesores de los ap\u00f3stoles, al mundo de los hombres. Nuestra misi\u00f3n fundamental es realizar el acto supremo del culto, la Eucarist\u00eda, no como un rito m\u00e1gico e ininteligible, sino como expresi\u00f3n acabada y completa de las relaciones m\u00e1ximas que pueden establecerse entre Dios y los hombres, al modo como Jesucristo las estableci\u00f3. As\u00ed se salva el hombre y adquiere sentido \u00faltimo la realidad terrestre, no rechazable, no neutral, no indiferente a Dios, sino necesitada, no obstante su autonom\u00eda que la honra y configura, de una destinaci\u00f3n suprema y definitiva en su ser, en su obrar, en su dinamismo perfectivo, en su b\u00fasqueda de una finalidad ultim\u00edsima \u2013escatol\u00f3gica, dicen ahora\u2013 que libere a la creaci\u00f3n del ciego designio de estar dando vueltas locas sin m\u00e1s ni m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Toda la vida es Cristo<\/h3>\n\n\n\n<p>En el sacrificio del Se\u00f1or se ofrece Cristo, es decir, lo humano y lo divino, su vida \u00edntegra, desde la encarnaci\u00f3n a la resurrecci\u00f3n, porque toda ella es sacerdotal, vida de mediador, con sus palabras y sus ejemplos, con sus milagros de misericordia y de amor, con su inter\u00e9s por el hombre pecador para transformarle en hombre limpio de coraz\u00f3n, con su muerte en la cruz y sus bienaventuranzas del serm\u00f3n de la monta\u00f1a. Y toda la intenci\u00f3n de Cristo, que era y es salvar, purificar, penetrarlo todo de justicia y de amor, pero incorporando a los hombres para que fuesen sujetos activos y colaboradores con \u00c9l de ese prop\u00f3sito: <em>Sed perfectos como mi Padre celestial lo es<\/em> (Mt 5, 48). Ahora comprender\u00e9is por qu\u00e9 buscamos una liturgia eucar\u00edstica inteligible, comunitaria, viva, y el porqu\u00e9 de las reformas conciliares. No puede quedar perdido entre las tinieblas de lo m\u00e1gico y esot\u00e9rico algo que exige tal cantidad de incorporaci\u00f3n viva y consciente por parte de los que tienen fe. Pero tampoco puede profanarse, con el pretexto de que hay que acercar el misterio a la vida de los hombres, porque la Eucarist\u00eda es una acci\u00f3n sagrada, de Cristo y, como tal, hay que rodear su celebraci\u00f3n del respeto y el amor delicad\u00edsimo que la Iglesia, como esposa de Cristo, testimonia a su Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Oblaci\u00f3n personal del sacerdote<\/h3>\n\n\n\n<p>El primero que ha de ofrecerse en uni\u00f3n con Cristo es el sacerdote, ministro suyo, y por eso su vida ha de ser santa y limpia, aunque no dependa de su virtud personal la eficacia del sacrificio. Se ofrecer\u00e1 el sacerdote con toda su vida, porque se es sacerdote para siempre y con todas las dimensiones personales de la existencia. Ofrecer\u00e1 su conducta, su modo de vivir, su disponibilidad u obediencia al orden superior que regula su <em>status<\/em> propio, su servicio de los sacramentos, todo cuanto sea, haga y desee hacer. Se comprende, pues, que el sacerdote sea segregado, algo o alguien aparte, porque est\u00e1 marcado y enviado para algo que s\u00f3lo \u00e9l puede hacer, ya que sin \u00e9l ni siquiera el mismo Cristo puede renovar y hacer presente en el mundo su oblaci\u00f3n; luego esa separaci\u00f3n no es falta de humanidad, sino garant\u00eda de servicio a los hombres. Se comprende tambi\u00e9n que luche y se afane por hacerse cercano a los hombres, porque Cristo tambi\u00e9n vivi\u00f3 pr\u00f3ximo a ellos, y se pregunte sobre los modos de asegurar esa proximidad, necesaria para que la oblaci\u00f3n de los creyentes siga haci\u00e9ndose. Se comprende que haga un esfuerzo de imaginaci\u00f3n para que en las grandes ciudades del mundo moderno (no s\u00f3lo en las tierras de misi\u00f3n, no s\u00f3lo en los pueblos peque\u00f1os en que su influjo educador es m\u00e1s f\u00e1cil), en estas grandes ciudades, que son lo m\u00e1s parecido a los grandes desiertos, se escuche su palabra, se despierten las conciencias adormecidas, se libere a los hombres de la sed de las esclavitudes organizadas. La equivocaci\u00f3n est\u00e1 en querer hacer esto an\u00e1rquicamente, fiando a la improvisaci\u00f3n personal algo tan serio como la transmisi\u00f3n de la fe, cayendo en acusaciones f\u00e1ciles y bobas contra la jerarqu\u00eda, o bien desacraliz\u00e1ndose para hacerse m\u00e1s atractivo al mundo, que est\u00e1 harto de secularismos y lo que necesita es toparse con la belleza del misterio; o renegando de una tradici\u00f3n sapient\u00edsima; o llen\u00e1ndose la cabeza de problematismos y cerrando los o\u00eddos a una doctrina y unas normas sabias, que la Iglesia, madre y maestra, ha ido elaborando a lo largo de los siglos frente a todas las situaciones y coyunturas hist\u00f3ricas.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>La misa de cada d\u00eda y los dem\u00e1s ministerios<\/h3>\n\n\n\n<p>Se comprende que, siendo esto as\u00ed, en la vida de un sacerdote de Cristo no deba haber anhelo m\u00e1s grande, ni m\u00e1s vivo af\u00e1n que la celebraci\u00f3n de una Misa, porque es lo que da sentido a todo su ser y a su trabajo de pastor, y lo que le permite unir con la mayor verdad y realismo su vida personal y la vida del mundo con la vida de Jesucristo, sin caer en misticismos averiados y sensibleros, ni en actitudes puramente devotas inspiradas en una mera piedad personal, nunca despreciable, por otra parte. Aqu\u00ed las palabras de Pablo VI, en su enc\u00edclica <em>Mysterium Fidei, <\/em>relativas a la Misa diaria del sacerdote: \u201cConviene, adem\u00e1s, recordar la conclusi\u00f3n que de esta doctrina se desprende acerca de <em>la naturaleza p\u00fablica y social de toda Misa.<\/em> Porque toda Misa, aun la celebrada privadamente por un sacerdote, no es privada, sino acci\u00f3n de Cristo y de la Iglesia, la cual, en el sacrificio que ofrece, aprende a ofrecerse a s\u00ed misma como sacrificio universal, y aplica a la salvaci\u00f3n del mundo entero la \u00fanica e infinita virtud redentora del sacrificio de la cruz. Pues cada Misa que se celebra se ofrece no s\u00f3lo por la salvaci\u00f3n de algunos, sino tambi\u00e9n por la salvaci\u00f3n de todo el mundo. De donde se sigue que, si bien a la celebraci\u00f3n de la Misa conviene en gran manera, por su misma naturaleza, que un gran n\u00famero de fieles tome parte activa en ella, no por eso se ha de desaprobar, sino antes bien aprobar la Misa celebrada privadamente, seg\u00fan las prescripciones y tradiciones de la Iglesia, por un sacerdote con solo el ministro que le ayuda y le responde; porque de esta Misa se deriva gran abundancia de gracias especiales, para provecho ya del mismo sacerdote, ya del pueblo fiel y de toda la Iglesia y aun de todo el mundo: gracias que no se obtienen en igual abundancia con la sola comuni\u00f3n.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPor tanto, paternalmente y con insistencia, recomendamos a los sacerdotes \u2013los cuales de modo particular constituyen nuestro gozo y nuestra corona en el Se\u00f1or\u2013 que, recordando la potestad que recibieron del obispo que los consagr\u00f3 para ofrecer a Dios el sacrificio y celebrar Misas, tanto por los vivos como por los difuntos, en nombre del Se\u00f1or, celebren cada d\u00eda la Misa digna y devotamente, de suerte que ellos mismos y los dem\u00e1s cristianos puedan gozar en abundancia de la aplicaci\u00f3n de los frutos que brotan del sacrificio de la cruz. As\u00ed tambi\u00e9n, contribuir\u00e1n en grado sumo a la salvaci\u00f3n del g\u00e9nero humano\u201d<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, no se puede llevar la vida de los hombres y del mundo a la Misa, al sacrificio de la alabanza y de la expiaci\u00f3n, de un golpe y s\u00fabitamente. En el acercamiento progresivo a Dios de las conciencias libres y de las realidades humanas que nacen de las manos de los hombres (cultura, econom\u00eda, orden social y pol\u00edtico, trabajo, riqueza y bienestar, progreso, enfermedad, muerte, etc.) se dan fases diversas. Hay que hacer tanteos, descubrir poco a poco lo que se intenta, establecer c\u00edrculos de aproximaci\u00f3n, exponer, invitar a creer, ayudar a creer, sostener para seguir creyendo. Hay que disipar sombras espesas de recelos, de hostilidad, de prejuicios. Hay que romper muros tan gruesos, de obstinaci\u00f3n y de olvido, de desenga\u00f1o y de penas, que se comprende tambi\u00e9n que el esfuerzo del sacerdote, siendo uno y \u00fanico en su intenci\u00f3n, pueda y deba diversificarse, seg\u00fan su vocaci\u00f3n y seg\u00fan la misi\u00f3n que se le conf\u00eda, y que, por consiguiente, unos insistan m\u00e1s, en su trabajo pastoral, sobre la dimensi\u00f3n prof\u00e9tica de la predicaci\u00f3n de la palabra en las mil formas en que puede ser hecha, otros en la del testimonio, aqu\u00e9l en la de la oraci\u00f3n contemplativa, \u00e9ste en la de la acci\u00f3n arriesgada y dif\u00edcil. Esto explica la aparici\u00f3n de tanta literatura religiosa sobre el sacerdote en el mundo de hoy, con frecuencia pagano y cerrado a la presencia de Cristo, y junto a lo que se escribe, los gestos que se realizan por parte de muchos sacerdotes, las acciones de descubierta emprendidas, tantas veces desafortunadas, aunque llenas de generosa intenci\u00f3n, o acertadas y fecundas que abren nuevos caminos, y tambi\u00e9n, \u00bfpor qu\u00e9no decirlo?, con mucha frecuencia est\u00e9riles por fr\u00edvolas, por el vanidoso personalismo y la vaciedad doctrinal y espiritual de que van acompa\u00f1adas.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Audacia apost\u00f3lica y vida interior<\/h3>\n\n\n\n<p>\u00a1Qu\u00e9 hermosa es la aventura de un San Francisco Javier que se lanza a mundos desconocidos! Pero, \u00a1qu\u00e9 cantidad de San Francisco Javier hay que llevar en el alma para surcar esos mares remotos! Sacerdotes en el trabajo, religiosos, seminaristas que quieren pasar sus vacaciones en la mina, en la bodega de un barco, al volante de un cami\u00f3n en la soledad de la noche, o bien, quienes, a fin de que su decisi\u00f3n de consagrarse alg\u00fan d\u00eda sea m\u00e1s libre yplena, excluyen toda cautela de su comportamiento y se ponen en contacto con un mundo manchado que, dicen, y dicen bien, hay que purificar, o los que, afanosos de conciliar las dos culturas, la sagrada y la profana, o simplemente de acercar a los cristianos separados, devoran sin digerir los escritos de la indiferencia y del ate\u00edsmo, las pol\u00e9micas, las acusaciones contra los siglos y los hombres, confundiendo con \u00e9stos a la Iglesia de Cristo en el tiempo. \u00a1Cu\u00e1nta hermosa generosidad y cu\u00e1nta petulancia creativa! \u00a1Cu\u00e1nto esfuerzo frustrado, por no haber querido mantener un asidero yuna luz encendida! La Misa diaria, la oraci\u00f3n a que Cristo se entregaba asiduamente, la caridad humilde que sabe esperar, el amor a la Iglesia en su misterio santo, \u00fanico capaz de superar los desamores que pueden surgir de la consideraci\u00f3n de lo humano que hay en ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Revisi\u00f3n, s\u00ed. Pero el revisionismo ciego que sigue sin parar, saltando obst\u00e1culos, atropellando logros pose\u00eddos, dudando de todo, nunca admitiendo la paciente espera de que nos ha dado pruebas el Se\u00f1or, hace que el sacerdote se olvide de la evangelizaci\u00f3n y acabe en l\u00edder pol\u00edtico y sindical, y afanoso de tender puentes entre las dos culturas, sin fijaci\u00f3n s\u00f3lida en la suya, se convierta en un esc\u00e9ptico, uno m\u00e1s que presumir\u00e1 de superioridad y de elegancia intelectual; y el que quer\u00eda el contacto con el mundo para vivir encarnado en una realidad aut\u00e9ntica y no perderse en evasiones alienadoras, termine tan metido de lleno en ese mismo mundo que abandone toda conexi\u00f3n y todo lazo con la Iglesia- instituci\u00f3n. Despu\u00e9s, \u00a1oh, despu\u00e9s ya es tarde! \u2013mas, para justificarse se dar\u00e1 la vuelta a las cosas\u2013 y se hablar\u00e1 de celibato in\u00fatil y opresor que impide la realizaci\u00f3n de la persona humana, de cristianismo subyacente y c\u00f3smico en el que cabe todo, de los h\u00e9roes nuevos de la sinceridad y de la lucha, como el \u201cChe\u201d Guevara o Mart\u00edn Lutero King, como si nadie antes que ellos, en el mundo y en las filas sacerdotales de la Iglesia, se hubiese preguntado, ante la figura de un ni\u00f1o hambriento con su vientre hinchado: \u201c\u00bfpor qu\u00e9 tienen que ocurrir estas cosas?\u201d, de los errores de los cat\u00f3licos y de su intolerancia frente a los bondados\u00edsimos e inocentes secuaces de las dem\u00e1s confesiones, etc., etc.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>El sacerdocio de los laicos<\/h3>\n\n\n\n<p>Se comprende, por fin, que, de acuerdo con esta voluntad santa de Cristo, y seg\u00fan lo que nos ense\u00f1a la Sagrada Escritura, la Iglesia entera sea Iglesia sacerdotal, pueblo de Dios, como lo era Israel, que prefiguraba la Iglesia. <em>Linaje escogido, sacerdocio real, naci\u00f3n santa, pueblo adquirido en posesi\u00f3n por Dios para que pregon\u00e9is las magnificencias del que os llam\u00f3 de las tinieblas a su luz admirable<\/em> (1P 2, 9).<\/p>\n\n\n\n<p>Es la Iglesia de los bautizados, que son tambi\u00e9n ungidos y enviados: <em><strong>ungidos<\/strong><\/em> en cuanto que por el bautismo reciben la marca o car\u00e1cter que les configura a Cristo y les hace participar de su sacerdocio para ofrecerse tambi\u00e9n al Padre en sacrificio de gloria y de alabanza; <em><strong>enviados<\/strong><\/em>en cuanto que por ese mismo bautismo todo cristiano entra a formar parte de la familia de la fe, tal como Cristo quiso que la vivi\u00e9ramos, a saber, una fe que ha de propagarse, misionera, viva y operante, que act\u00fae a impulsos de la caridad teologal, al servicio y en beneficio del mundo \u201cpara que todos sean uno\u201d, \u201cpara que desde donde sale el sol hasta el ocaso\u201d se d\u00e9 gloria a Dios y reinen el bien y la virtud, porque el Se\u00f1or \u201ctiene otras ovejas que a\u00fan no est\u00e1n en el redil y es necesario que haya un solo reba\u00f1o y un solo pastor\u201d. Se comprende, pues, que se hable del sacerdocio de los fieles y se produzca, por reacci\u00f3n contra el silencio excesivo de antes, una exaltaci\u00f3n del laicado, y se busque una participaci\u00f3n m\u00e1s activa de los seglares en la vida de los diversos c\u00edrculos conc\u00e9ntricos de la Iglesia-instituci\u00f3n. Ha de ser as\u00ed porque, en efecto, la Iglesia de Cristo no es una Iglesia clerical.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero lo que no es l\u00edcito es borrar diferencias y caminar atropelladamente al asalto, que viene a ser destrucci\u00f3n, de las l\u00edneas constitutivas del otro sacerdocio, el ministerial, querido e instituido por Cristo, esencialmente distinto del de los fieles, el sacerdocio de los Doce llamados por el Se\u00f1or y de sus sucesores, sin el cual el otro, el del pueblo de Dios, se disgregar\u00eda y dejar\u00eda de existir. Ni es l\u00edcito, bajo el pretexto de una valoraci\u00f3n del sacerdocio de los laicos, desguarnecer el sacerdocio ministerial de aquellas formas de vida y naturales exigencias de su <em>status <\/em>propio que lo protegen y son arm\u00f3nica envoltura, ambientaci\u00f3n y defensa de lo que encierra, no precisamente para hacer de nosotros una casta, sino para asegurar mejor el servicio indefectible al pueblo cristiano.<\/p>\n\n\n\n<p>El sacerdote es hombre para los dem\u00e1s; pero, ante todo, para Cristo, porque s\u00f3lo as\u00ed se asegura el ser para los dem\u00e1s y, por consiguiente, ha de estar de alg\u00fan modo separado, y es la Iglesia jer\u00e1rquica la que ha de marcar esa separaci\u00f3n. La Iglesia somos todos, porque todos hemos sido ungidos y enviados, s\u00ed; pero de manera distinta unos de otros y con facultades y obligaciones distintas, porque lo que el Se\u00f1or dijo a Pedro, o a los Doce, no se lo dijo a Zaqueo o a la muchedumbre que le escuchaba a la orilla del lago.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Sacerdote para todos<\/h3>\n\n\n\n<p>Peque\u00f1as comunidades, grupos m\u00e1s activos y conscientes que act\u00faen como fermento activador de la masa, de acuerdo con su condici\u00f3n de cristianos militantes, s\u00ed; pero sin dejar de atender a la masa cristiana, al pueblo sencillo y grande que no sabe de teolog\u00edas ni de concilios, pero que reza, espera, cree, sufre, es humilde y ama a Dios y a la sant\u00edsima Virgen, y se encomienda a los santos, porque todo \u00e9l es tambi\u00e9n pueblo sacerdotal, y Cristo muri\u00f3 por todos, no por un peque\u00f1o grupo. Edificaci\u00f3n de la comunidad cristiana y responsable, mirando al futuro exigente de la ciudad secularizada, s\u00ed; pero sin despreciar el pasado ni abominar del trabajo de tantos sacerdotes que nos han precedido, tan santos y tan sabios y tan evang\u00e9licos como nosotros, que cultivaron la fe del pueblo, que nosotros no tenemos derecho alguno a dilapidar, o a dejar que se muera entre las risas y sarcasmos de nuestros descubrimientos, como no tenemos derecho, con tanto hablar del mundo secularizado, a secularizarle m\u00e1s con nuestras retiradas y claudicaciones, empezando por dejar los signos religiosos para despu\u00e9s decir que ya no existen, ni a hacer aspavientos con disgusto y malestar profundo cuando se habla de catolicismo espa\u00f1ol, por ejemplo, y despu\u00e9s no nos cansamos de decir \u2013a prop\u00f3sito de la liturgia, por ejemplo\u2013 que cada pueblo tiene su estilo, su car\u00e1cter, sus medios de expresarse, como no se cansan los obispos franceses de hablar de la Iglesia de Francia, o el primado de Holanda del catolicismo holand\u00e9s y de los trabajos de su Iglesia en el mundo de hoy.<\/p>\n\n\n\n<p>La Misa, como asamblea de la comunidad, banquete y \u00e1gape del pueblo que se da las manos y el coraz\u00f3n para significar ante el mundo paganizado el testimonio de la fraternidad, s\u00ed, a pesar de la ret\u00f3rica que hay en tantas de sus expresiones, pero tambi\u00e9n y m\u00e1s, sacrificio de Cristo que celebra el sacerdote ministro y en que el pueblo participa, con el fin de dar gracias a Dios, de adorarle en su divina majestad ofendida, de aplacarle por los pecados de los vivos y los muertos; de obtener de \u00c9l las invisibles pero reales gracias de su misericordia y de su protecci\u00f3n. El sacerdote, encarnado y testigo de los sufrimientos del pueblo para ayudarle a vivir la gloria de su libertad de hijos de Dios, s\u00ed; pero no tanto que su sacerdocio se confunda con el com\u00fan y gen\u00e9rico de todos los cristianos, y termine haciendo las tareas de los laicos, con lo cual dar\u00eda origen a un clericalismo larvado e insufrible y dejar\u00eda de prestar al pueblo el servicio que \u00e9ste necesita y reclama, el servicio del culto, la plegaria, los sacramentos del perd\u00f3n y del amor, en una palabra, todo lo relacionado directamente con el misterio trascendente del que \u00e9l es expresi\u00f3n irrenunciable.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> <em>Suma de teolog\u00eda<\/em> 1-2, q,102, a.4, ad.3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Enc\u00edclica <em>Mysterium Fidei,<\/em> 276-277.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada en la santa iglesia catedral de Madrid, dentro del ciclo dedicado a La figura del sacerdote hoy. Cuaresma de 1971, 31 de marzo. Se reproduce el texto publicado por Editorial Bru\u00f1o, Madrid 1971. Se mantiene la sentida dedicatoria que el entonces arzobispo de Barcelona antepuso en memoria del reci\u00e9n fallecido arzobispo de Madrid [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[29],"doc_tag":[],"class_list":["post-876","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-sacerdocio"],"year_month":"2026-04","word_count":6264,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. Webmaster","author_nicename":"currante","author_url":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/author\/currante\/"},"doc_category_info":[{"term_name":"Sacerdocio","term_url":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs-category\/sacerdocio\/"}],"doc_tag_info":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/docs\/876","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/docs"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/docs"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=876"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/docs\/876\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":877,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/docs\/876\/revisions\/877"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=876"}],"wp:term":[{"taxonomy":"doc_category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/doc_category?post=876"},{"taxonomy":"doc_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/doc_tag?post=876"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}