{"id":874,"date":"2024-09-23T23:07:45","date_gmt":"2024-09-23T21:07:45","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=874"},"modified":"2024-09-23T23:07:45","modified_gmt":"2024-09-23T21:07:45","password":"","slug":"la-accion-pastoral-del-sacerdote-en-barcelona","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/la-accion-pastoral-del-sacerdote-en-barcelona\/","title":{"rendered":"La acci\u00f3n pastoral del sacerdote en Barcelona"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Exhortaci\u00f3n Pastoral dirigida, el 5 de mayo de 1967, a la di\u00f3cesis de Barcelona. Texto publicado en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Barcelona,<\/em> 1967, 342-347.<\/p>\n\n\n\n<p>Dif\u00edcil como es siempre la acci\u00f3n pastoral del sacerdote que desea vivir todo lo que la Iglesia pide a los ministros de Cristo, la dificultad aumenta hoy al tratar de aplicar las ense\u00f1anzas del Concilio que, en tantos aspectos, supone un cambio profundo de criterios y de m\u00e9todos, aun cuando permanezca inmutable la doctrina. Precisamente porque la palabra revelada contiene algo de la vida misma de Dios, es in\u00fatil, adem\u00e1s de imposible, querer aprisionarla en los moldes estrechos de un determinado modo de vivir y de pensar correspondiente a una \u00e9poca hist\u00f3rica o a la concreta mentalidad de un pueblo. Los dogmas tienen, s\u00ed, una expresi\u00f3n exacta que la Iglesia formula y a su Magisterio hemos de atenernos para poder lograr un entendimiento provechoso de los mismos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el contenido que se encierra en esas formulaciones es tan rico y tan nuevo siempre, no obstante su fijeza, que la Iglesia ha de hacer constantemente un esfuerzo inmenso, guiada por el esp\u00edritu divino, para desentra\u00f1ar su dep\u00f3sito y aplicarlo con amor de salvaci\u00f3n a los hombres de todo tiempo y lugar, los cuales s\u00ed que cambian en las concretas manifestaciones de sus exigencias, sus anhelos y sus luchas.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de esos esfuerzos acaba de hacerlo la Iglesia ahora en el Concilio Vaticano II. No es extra\u00f1o que las dificultades para su asimilaci\u00f3n se hagan tambi\u00e9n m\u00e1s visibles. Pido respeto para el sacerdote que sinceramente se afana, empezando por mantener su uni\u00f3n con Dios, por ser tambi\u00e9n fiel a lo que ese mismo Dios ofrende a los hombres.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Estructuras de la vida espa\u00f1ola<br>y sus incidencias en la pastoral<\/h2>\n\n\n\n<p>Sucede, adem\u00e1s, que en las actuales circunstancias de la vida espa\u00f1ola hay estructuras que es necesario corregir si se quiere satisfacer leg\u00edtimos derechos de los hombres. Nacida esta situaci\u00f3n de una guerra civil doloros\u00edsima, el pa\u00eds ha de evolucionar con orden y en paz hacia el logro de aquellas formas de convivencia que sean las m\u00e1s aptas para la justa satisfacci\u00f3n de los derechos de todos, de acuerdo con la doctrina pontificia y las ense\u00f1anzas del Concilio que, como cat\u00f3licos, hemos de tener en cuenta, tanto los gobernantes como los gobernados. Buena prueba de esta necesidad la encontramos en el hecho de que las mismas autoridades de la naci\u00f3n, a quienes incumbe la responsabilidad suprema del gobierno, tratan ahora de someter a revisi\u00f3n ordenamientos muy importantes de la cosa p\u00fablica.<\/p>\n\n\n\n<p>Dios quiera que se acierte, tanto en las determinaciones que hayan de adoptarse, como en los procedimientos que se han de seguir para dar a las mismas estado jur\u00eddico.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto indica que no todas las quejas y reclamaciones carecen de fundamento real, y es deber del gobernante atender, con \u00e1nimo sincero de correcci\u00f3n, a los motivos que las provocan. Por lo mismo, la acci\u00f3n pastoral del sacerdote encuentra aqu\u00ed, con frecuencia, obst\u00e1culos serios que entorpecen su labor y pueden dar lugar a una interpretaci\u00f3n err\u00f3nea de su predicaci\u00f3n y sus actitudes. Pido tambi\u00e9n caridad y comprensi\u00f3n para aquellos sacerdotes de quienes no se puede poner en duda una recta intenci\u00f3n y un innegable af\u00e1n de abnegado servicio al Evangelio y a los hombres. Cuando se vive diariamente en barriadas de veinte a treinta mil habitantes, siendo testigos del drama continuo de muchas familias que carecen de vivienda, de posibilidad de dar ense\u00f1anza y educaci\u00f3n a sus hijos, a veces de salud, de trabajo seguro, desarraigados del lugar de origen, la tensi\u00f3n espiritual de un alma generosa y noble, como es la de estos sacerdotes, se convierte en un tormento. \u00bfQu\u00e9 pueden hacer si, frecuentemente, les falta todo, a ellos y a sus hijos, los pobres? Como Cristo frente a un pueblo que padece tantas hambres, aunque sin posibilidad de multiplicar los panes, sienten compasi\u00f3n por la muchedumbre y quieren remediar sus desgracias sufriendo con el que sufre.<\/p>\n\n\n\n<p>A estos sacerdotes hay que verles y juzgarles, no s\u00f3lo cuando aparecen envueltos en tal o cual desafortunado episodio, sino a trav\u00e9s del diario vivir en que, hora tras hora, se agotan silenciosamente, junto a sus iglesias desiertas o incluso inexistentes, queriendo acercar el Evangelio a los que son v\u00edctimas de tantas injusticias de la vida. Frecuentemente, el sucedido aislado, del que da cuenta la prensa o que es objeto de comentarios diversos, no es m\u00e1s que el \u00faltimo eslab\u00f3n de una cadena que, aunque se rompa hoy, vuelve a empezar ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La acci\u00f3n pastoral de los sacerdotes<\/h2>\n\n\n\n<p>Amo a estos sacerdotes, defiendo la rectitud de su intenci\u00f3n, y pido a quienes les juzgan que se esfuercen por penetrar en las profundidades de un alma de ap\u00f3stol que quiere que resplandezca m\u00e1s el rostro de Dios en una sociedad que se llama cristiana y que tanto dista de serlo. En el poco tiempo que llevo en la Di\u00f3cesis he conocido ya a muchos de ellos y puedo asegurar a quienes les combaten que, si conocieran de cerca los m\u00f3viles internos de su actuaci\u00f3n y su vida tan desprendida, cambiar\u00edan de modo de pensar. Si junto a ellos, o con ellos mezclados, hubiese alguno con las virtudes sacerdotales en quiebra, ello no me impedir\u00eda reconocer la virtud de los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Ruego, pues, a todos los fieles, en nombre de Cristo y de la Iglesia, que, antes de condenar a nadie, hagan tambi\u00e9n un esfuerzo por comprender la complejidad de situaciones en que la acci\u00f3n pastoral se ve envuelta en una di\u00f3cesis de las caracter\u00edsticas de \u00e9sta de Barcelona.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, a la vez, tengo que dirigirme tambi\u00e9n a los propios sacerdotes, consciente igualmente de los graves deberes que me impone mi misi\u00f3n episcopal, que es misi\u00f3n de servicio a todos los fieles del Pueblo de Dios. En la Iglesia no hay islas separadas, sino un solo Cuerpo M\u00edstico de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Atento a estos deberes y compartiendo plenamente vuestras preocupaciones apost\u00f3licas en tanto en cuanto son eso, apost\u00f3licas, os pido, queridos sacerdotes, que prest\u00e9is atenci\u00f3n a las siguientes precisiones.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Precisiones para los sacerdotes<\/h2>\n\n\n\n<p><strong>1\u00aa.<\/strong> Todo sacerdote de Cristo tiene la grave obligaci\u00f3n, no s\u00f3lo de procurar la salvaci\u00f3n de los hombres, sino de discernir los m\u00e9todos y procedimientos adecuados para ello, utilizando \u00fanicamente los que la Iglesia aprueba. La conciencia individual de cada uno, unida con la de los dem\u00e1s, puede aportar luz para descubrirlos, pero no convertirse en norma \u00fanica y suprema. No es l\u00edcito el ejercicio del ministerio sagrado si no es en comuni\u00f3n con la Jerarqu\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>2\u00aa.<\/strong> Al predicar el Evangelio hemos de esforzarnos por aplicarlo a las situaciones concretas de la vida (PO, 4), pero ello ha de hacerse con justicia, con amor a todos y con profundo conocimiento de los hechos que se juzgan.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>3\u00aa.<\/strong> Al defender, en nombre de la doctrina de la Iglesia, las libertades de los hombres, no podemos olvidar que esa misma doctrina de la Iglesia se\u00f1ala que la libertad tiene sus l\u00edmites. Determinar, en cada caso: cuesti\u00f3n concreta del orden temporal, cu\u00e1les son esos l\u00edmites no es tarea que corresponda al sacerdote ni al obispo, al menos con exclusividad. Si, como maestros de la fe y de la moral, podemos en un momento dado se\u00f1alar las exigencias del orden natural querido por Dios, al descender a m\u00e1s particulares aplicaciones en el campo de lo temporal, forzosamente han de o\u00edrse otras voces que, adem\u00e1s de la recta voluntad de los ciudadanos, traigan las ense\u00f1anzas del derecho pol\u00edtico y social, de la sociolog\u00eda, de la econom\u00eda, etc., dominios todos ellos que no corresponden al sacerdote en cuanto tal.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>4\u00aa.<\/strong> Por lo mismo, en el altar, cuando predicamos, o en la asociaci\u00f3n religiosa en que actuamos como consiliarios, jam\u00e1s podremos intentar convertirnos en t\u00e9cnicos de estos problemas. Lo que el Concilio pide, al hablar de la aplicaci\u00f3n del Evangelio a situaciones concretas de la vida, es que el sacerdote instruya a los fieles para que ellos, con la luz de la doctrina por delante, es decir, con sus ense\u00f1anzas todas, no con las que a cada uno nos gustan, obren en los casos concretos de su responsabilidad personal, familiar, profesional, pol\u00edtica, etc. Esto nos obliga a esmerarnos tanto en nuestras virtudes sacerdotales, que son el primer argumento de la predicaci\u00f3n, y a profundizar tanto en el conocimiento de los hechos, que casi nunca podremos llegar a se\u00f1alar certezas, y s\u00ed \u00fanicamente probabilidades. Sucede, adem\u00e1s, en la predicaci\u00f3n de la Iglesia, la del Papa cuando se dirige al mundo, la del obispo cuando habla a su di\u00f3cesis, la del p\u00e1rroco cuando ense\u00f1a a sus feligreses, que al tratar de cuestiones temporales, apenas se puede ni se debe hacer otra cosa que exponer la doctrina y hacer aplicaciones planteadas sobre la base de m\u00faltiples hip\u00f3tesis, sencillamente porque el mundo para el Papa, la di\u00f3cesis para el obispo, la feligres\u00eda para el p\u00e1rroco, son colectividades llenas de hombres con criterios divergentes, con motivaciones diversas en su obrar, con aspiraciones distintas cuya legitimidad puede ser clara en unos y discutible en otros. Somos maestros de la fe y las costumbres, cuando nos acompa\u00f1an la virtud y la ciencia sagrada, pero no somos otra cosa.<\/p>\n\n\n\n<p>El Papa puede promulgar la enc\u00edclica <em>Populorum progressio<\/em> y se\u00f1alar con palabras muy fuertes los deberes del mundo de hoy respecto a los pueblos subdesarrollados, pero no puede decir a cada pa\u00eds cu\u00e1les son sus concretas obligaciones, porque no es esa su misi\u00f3n. Yo puedo decir que los espa\u00f1oles tenemos derecho a la libertad de asociaci\u00f3n, y lo digo, pero no puedo precisar hasta d\u00f3nde llegan los l\u00edmites prudentes de ese derecho. No puedo hacerlo, ni yo solo ni unido con todo el clero de la di\u00f3cesis, cuando se trata de cuestiones de orden temporal en que los \u00e1nimos de los ciudadanos est\u00e1n divididos. Podremos, y debemos, esforzarnos todos por hacerlo y llegar a determinarlo, pero con paz, con amor y con mutuo respeto.<\/p>\n\n\n\n<p>Si alguien dijera que, seg\u00fan esto, la predicaci\u00f3n cristiana es ineficaz, yo afirmar\u00eda que precisamente por esto es lo contrario. De la universalidad de sus principios nace su fecundidad para todo tiempo y lugar, con tal de que los que la oyen la reciban con buena voluntad y la cumplan.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>5\u00aa.<\/strong> Y a\u00f1ado a\u00fan m\u00e1s: que esta reflexi\u00f3n que hago sobre la predicaci\u00f3n sagrada s\u00f3lo es completa con otra consideraci\u00f3n, la de que no s\u00f3lo hemos de estar preocupados por iluminar las situaciones concretas de la vida sino, a\u00fan m\u00e1s por las relaciones sobrenaturales del hombre con Dios, ya que somos ministros de una religi\u00f3n revelada que ofrece la vida divina al mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ciertamente, esas relaciones nunca ser\u00e1n bendecidas por el Padre que est\u00e1 en los cielos si los que acuden a \u00c9l como hijos se empe\u00f1an en no ser hermanos de los dem\u00e1s en la tierra; pero es de Dios, del conocimiento de \u00c9l, del amor a \u00c9l de donde brotar\u00e1 el af\u00e1n de ser justos unos con otros. Cristo dijo, en la hora de su ascensi\u00f3n al cielo, que predic\u00e1ramos <em>la penitencia y el perd\u00f3n de los pecados<\/em> (Lc 24, 17), y esto exige mucha, much\u00edsima reflexi\u00f3n de cada uno sobre s\u00ed mismo, para cumplir bien con el deber de anunciar la palabra y limpiar el mundo de obst\u00e1culos que impiden la aplicaci\u00f3n del Evangelio a esas situaciones concretas que nos preocupan.<\/p>\n\n\n\n<p>En una palabra, nuestra predicaci\u00f3n no ha de consistir en generalidades vagas y abstractas, no, pero tampoco ha de incurrir en el defecto contrario. Y siempre atender, en primer t\u00e9rmino, al misterio de la vida de Dios, de la Eucarist\u00eda, de los sacramentos, de la gracia, de la cruz, del cielo, de la esperanza. As\u00ed predic\u00f3 Cristo. As\u00ed predicaron los ap\u00f3stoles. As\u00ed predica el Papa. As\u00ed ha predicado tambi\u00e9n el Concilio, y lo ver\u00e1n quienes quieran estudiar \u00edntegramente sus documentos. Si por af\u00e1n de encarnaci\u00f3n nos olvidamos de esto y no fomentamos, en el coraz\u00f3n de los creyentes, la misteriosa vida sobrenatural que Cristo nos trajo, podr\u00eda suceder que, en lugar del leg\u00edtimo amor al mundo, contribuy\u00e9ramos a crear apetitos posesorios y \u00e1speras rivalidades por gozar de las precarias delicias de la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>6\u00aa.<\/strong> Hago ahora una aplicaci\u00f3n dolorosa, pero con el alma llena de caridad hacia quienes se han dejado llevar de recta y generosa intenci\u00f3n. Delicada como es la actitud del sacerdote en el interior del templo, lo es igualmente en la calle. Participar en manifestaciones p\u00fablicas que, sobre estar prohibidas por la ley, versan sobre problemas que no son de su competencia y adem\u00e1s dividen los \u00e1nimos, nunca debe hacerlo. Para lo sucesivo, sabedlo con toda claridad, repudio y proh\u00edbo tales situaciones. \u00bfQu\u00e9 Iglesia ser\u00eda aquella en que nos fuese dado contemplar a unos sacerdotes manifest\u00e1ndose en la calle con \u00e9stos y a otros con aqu\u00e9llos, fuera unos y otros de su misi\u00f3n sagrada? No pongo en duda el generoso impulso que a muchos mueve, pero ordeno con humilde seguridad y firmeza, a los que son ministros de Dios, que no se muevan en la calle entre las discusiones de los hombres. Si en alg\u00fan momento determinado se estima necesaria una intervenci\u00f3n de la Iglesia, el obispo, con sus sacerdotes, cumplir\u00e1 con el deber que su conciencia le imponga.<\/p>\n\n\n\n<p>Pienso y espero de vosotros, queridos sacerdotes, que no haya ninguno que quiera desobedecer expl\u00edcita y formalmente a su obispo. No es ese el camino para la evangelizaci\u00f3n. No y mil veces no. Acepto mi responsabilidad ante Dios y mi conciencia, y tambi\u00e9n ante los hombres, al decir esto.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay m\u00e1s. Tengo que referirme a los escritos colectivos que, a veces, se difunden, firmados por eclesi\u00e1sticos. Esto, en cierto modo, es a\u00fan m\u00e1s grave. Constituye un abuso de autoridad en el ejercicio de la sagrada funci\u00f3n de ense\u00f1ar y de orientar al pueblo, si no se hace en comuni\u00f3n con el obispo. Reflexionad en silencio y oraci\u00f3n, sacerdotes queridos, y comprender\u00e9is que Dios no puede guiar vuestros pasos si los dais fuera de camino que \u00c9l se\u00f1ala. Si, adem\u00e1s, sucede que dej\u00e1is de obedecer al obispo para someteros a las presiones de otros, el resultado, lo digo con dolor y en vuestra propia defensa, es a\u00fan m\u00e1s triste.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Por una fijaci\u00f3n de l\u00edneas entre la Iglesia y el Estado<\/h2>\n\n\n\n<p>Termino. Hace cuatro meses que empec\u00e9 el servicio pastoral a nuestra di\u00f3cesis con plena responsabilidad. He querido escuchar, dialogar, observar atentamente antes de tomar medidas que me hubieran aliviado en mi trabajo abrumador. Todo podr\u00eda frustrarse si nos deshacemos en querellas y luchas que impidan la planificaci\u00f3n pastoral de que estamos tan necesitados.<\/p>\n\n\n\n<p>Si no hay serenidad, oraci\u00f3n, reflexi\u00f3n seria, no podemos hacer nada en favor del pueblo que espera. De todo el pueblo. Calumniar\u00eda gravemente el que dijese que vuestro arzobispo no lleva en su entra\u00f1a la m\u00e1s viva preocupaci\u00f3n por los problemas del mundo del trabajo. Quisiera poder llegar a decir y a hacer todo cuanto sea necesario en nombre de la Iglesia, pero tambi\u00e9n como tiene que decirlo y hacerlo la Iglesia de Dios, a la cual servimos.<\/p>\n\n\n\n<p>Me muevo por encima de toda clase de pol\u00edtica, si por pol\u00edtica se entiende compromiso con el poder civil que fuera en detrimento de mi misi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Es m\u00e1s, abrigo la convicci\u00f3n personal, hace mucho tiempo sentida y manifestada en p\u00fablico y en privado, de que ser\u00eda mejor para todos una m\u00e1s clara fijaci\u00f3n de las l\u00edneas propias en que han de moverse la Iglesia y el Estado, sin que ello haya de significar ausencia de una colaboraci\u00f3n fructuosa en favor del bien com\u00fan. Mi independencia respecto a los hombres es completa, pero tambi\u00e9n lo es mi sumisi\u00f3n a la Iglesia y al Evangelio, que quieren paz, amor, justicia y trabajo continuo en busca de la luz.<\/p>\n\n\n\n<p>La sombra se da en todas partes y siempre. Hoy por unos motivos, ma\u00f1ana por otros. El ap\u00f3stol de Cristo sufrir\u00e1, como \u00c9l, y luchar\u00e1 para que la luz se haga. Nunca lo lograr\u00e1 del todo. Pero ha de seguir adelante siempre, proclamando la palabra salvadora. Proclam\u00e1ndola, s\u00ed, no imponi\u00e9ndola. Pidamos al Esp\u00edritu Santo, por intercesi\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, Madre nuestra, que nos ilumine y nos conforte.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Exhortaci\u00f3n Pastoral dirigida, el 5 de mayo de 1967, a la di\u00f3cesis de Barcelona. Texto publicado en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Barcelona, 1967, 342-347. 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