{"id":872,"date":"2024-09-23T23:06:33","date_gmt":"2024-09-23T21:06:33","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=872"},"modified":"2024-09-23T23:06:33","modified_gmt":"2024-09-23T21:06:33","password":"","slug":"el-porvenir-espiritual-de-nuestra-diocesis","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/el-porvenir-espiritual-de-nuestra-diocesis\/","title":{"rendered":"El porvenir espiritual de nuestra di\u00f3cesis"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Carta Pastoral, dirigida el 23 de mayo de 1963, festividad de la Ascensi\u00f3n, al cabildo catedralicio, al clero secular y regular y a los seminarios diocesanos de Astorga. Texto publicado en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Obispado de Astorga,<\/em> 1 de julio de 1986, 262-337.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Horas de crisis y esperanza<\/h2>\n\n\n\n<p>La resoluci\u00f3n, ya en marcha, del Concurso General a Parroquias celebrado en septiembre del pasado a\u00f1o de 1962, me mueve a escribiros esta Carta Pastoral que desear\u00eda fuese atentamente meditada por vosotros, queridos sacerdotes, y utilizada como fuente de criterios ordinarios y norma permanente de actuaci\u00f3n pastoral en el trabajo apost\u00f3lico que juntos hemos de realizar por el bien de las almas que nos est\u00e1n encomendadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Llamado por la providencia del Se\u00f1or a la alta responsabilidad del ministerio episcopal en esta Di\u00f3cesis gloriosa y venerable, solamente pudo traer tranquilidad a mi esp\u00edritu, frente a la absoluta carencia de m\u00e9ritos propios, el testimonio que a m\u00ed mismo pod\u00eda y podr\u00e9 darme siempre, de que siempre hice cuanto pude por evitarlo, consciente como era de mis personales limitaciones. Manifestada mi aceptaci\u00f3n, en un acto de obsequio y de obediencia, me dispuse serenamente a seguir la l\u00ednea que se me hab\u00eda trazado, con humilde confianza en Dios y en la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Han pasado m\u00e1s de dos a\u00f1os desde que, en la festividad del Patriarca San Jos\u00e9, hice mi entrada en la Di\u00f3cesis, y ahora, despu\u00e9s de la experiencia que me dan la observaci\u00f3n y el trato con vosotros, as\u00ed como la participaci\u00f3n activa en muy diversos trabajos, a punto de producirse los naturales cambios que un Concurso General a Parroquias, por tantos a\u00f1os diferido, lleva consigo, estimo que se nos presenta ocasi\u00f3n propicia para confiaros mi pensamiento y mis deseos en relaci\u00f3n con lo que ha de constituir nuestro ideal de apostolado.<\/p>\n\n\n\n<p>Permitidme que invoque, adem\u00e1s, otra circunstancia \u2013\u00bfc\u00f3mo no hacerlo as\u00ed?\u2013 que a\u00f1ade particulares y m\u00e1s urgentes motivos a los que normalmente ya existen para esta comunicaci\u00f3n. Estamos viviendo el tiempo del Concilio Vaticano II. La Iglesia universal es hoy, toda ella, reflexi\u00f3n y santos deseos bajo la luz del Esp\u00edritu. Se ha detenido en su marcha, sin dejar de andar para los dem\u00e1s, y se enfrenta consigo misma en un intento sublime de renovaci\u00f3n y de obediencia al Dios de los grandes silencios, que ahora quiere hablar. \u00bfPor qu\u00e9 no hacer nosotros lo mismo, si somos tambi\u00e9n Iglesia?<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Primera parte: Nuestra Di\u00f3cesis<\/h2>\n\n\n\n<p>Por tierras duras y abruptas, bajo un clima inh\u00f3spito y mortificante, se extiende una gran parte de nuestra geograf\u00eda diocesana. Otra hay, m\u00e1s bien escasa, compuesta por valles dulces y risue\u00f1os, riberas fecundas de r\u00edos de nombres hist\u00f3ricos, llanuras cubiertas de ricos pinares. Una larga cadena monta\u00f1osa, en cuyas entra\u00f1as el hierro y el carb\u00f3n, con otras muchas riquezas minerales, se lamentan de no haber servido todav\u00eda, en la caudalosa proporci\u00f3n que fuera deseable, al mundo de la industria y de la t\u00e9cnica, une los paisajes a la vez que separa a los hombres. Son casi 12.000 kil\u00f3metros cuadrados, sobre los que brilla el sol y la nieve, con muy desigual distribuci\u00f3n de la abundancia y la escasez en cuanto a los recursos econ\u00f3micos.<\/p>\n\n\n\n<p>Campesinos y mineros, artesanos y peque\u00f1os comerciantes, mercaderes de costumbres primitivas y pastores, mujeres habituadas a la soledad y hombres emigrantes desde hace siglos, nutren el censo diocesano de casi 400.000 habitantes, localizados en las tres provincias de Le\u00f3n, Zamora y Orense. Son gentes honradas, austeras y nobles.<\/p>\n\n\n\n<p>Ac\u00e1 y all\u00e1 se levanta alguna industria que, si pod\u00eda parecer nueva en el siglo XIX, ya no lo es en la \u00e9poca en que vivimos.<\/p>\n\n\n\n<p>La tierra es la que manda casi con despotismo. La tierra es la que hace sufrir y la que invita a amar, la que alimenta y consume, la que da fuerzas y las quita a los habitantes de nuestras comarcas, la que ofrece refugio y calor a la familia, y la que dispersa sin misericordia a los miembros de la misma a golpes de desamparo y de pobreza. Sobre ella luchan y se afanan nuestros hombres en los casi innumerables y peque\u00f1\u00edsimos n\u00facleos rurales en que se desarrolla la humana convivencia, donde se nace y se muere, se trabaja y se padece, y se sigue adelante con la sublime resignaci\u00f3n de quienes, sabiendo que pueden esperar muy poco, jam\u00e1s incurren, sin embargo, en actitudes de resentimiento y amargura.<\/p>\n\n\n\n<p>Es porque tambi\u00e9n se reza. Hace mucho tiempo que los hombres de esta tierra rezan y adoran a Nuestro Se\u00f1or Jesucristo. Antes, mucho antes que la provincia y el ayuntamiento, existieron la di\u00f3cesis y la parroquia, el monasterio y la ermita. Toda nuestra querida geograf\u00eda diocesana parece atravesada por una inmensa cruz cuyos le\u00f1os no solamente est\u00e1n formados por los dolores de los hombres que aqu\u00ed habitan, sino tambi\u00e9n por los dones divinos que la Redenci\u00f3n de Jesucristo ofrece a los que creen en \u00c9l, precisamente para dar un sentido al sufrimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso los habitantes de nuestros pueblos no s\u00f3lo tienen virtudes naturales, sino h\u00e1bitos y reacciones penetrados del m\u00e1s aut\u00e9ntico sentido cristiano y sobrenatural. Se enga\u00f1an quienes piensan que s\u00f3lo hay en ellos estoicismo y fatalista sumisi\u00f3n a las implacables y hostiles exigencias de un medio ambiente que endurece y esclaviza. Hay algo mucho m\u00e1s hondo y m\u00e1s sublime, que es la fe cristiana, gracias a la cual su vida posee otras riquezas que la simple naturaleza humana desconoce. Ellos hacen de su trabajo, plegaria; de su pobreza, m\u00e9rito; de su dolor, humilde comuni\u00f3n con Cristo que, para los que eran como ellos, dijo estas palabras: <em>Venid a M\u00ed todos los que est\u00e1is cansados y agobiados, Yo os aliviar\u00e9<\/em> (Mt 11, 28).<\/p>\n\n\n\n<p>Es torpe discutir si esas virtudes colosales de la mayor\u00eda de nuestros fieles diocesanos \u2013amor al sacerdocio, estimaci\u00f3n de los sacramentos, educaci\u00f3n de los hijos en el santo temor de Dios, resignaci\u00f3n ante el infortunio, viva esperanza de la vida eterna\u2013 resistir\u00edan o no la prueba de una apertura de los ambientes en que viven, a los influjos de un mayor bienestar material, tal como lo brinda la civilizaci\u00f3n del hombre moderno.<\/p>\n\n\n\n<p>Digo que es muy torpe plantear la cuesti\u00f3n en estos t\u00e9rminos, porque, aun cuando no la resistieran, lo \u00fanico que se demostrar\u00eda es que la tentaci\u00f3n del materialismo, tantas veces fomentada por una mal entendida civilizaci\u00f3n, hace sucumbir con frecuencia, bajo la presi\u00f3n de sus ofrecimientos de car\u00e1cter inmediato, las almas d\u00e9biles de los hombres, sean \u00e9stos cultos o ignorantes, ricos o pobres, moradores de m\u00edseras aldeas o vecinos de ciudades cosmopolitas. Toda tentaci\u00f3n ofrece un fruto, aunque, despu\u00e9s de saborearlo, s\u00f3lo queden la desnudez y las l\u00e1grimas. Lo malo es cuando, a la hora en que el hombre las vierte, no es capaz de hallar la fuente del consuelo. Y eso es lo que, con frecuencia, produce la civilizaci\u00f3n apartada de Dios: enjambres de hombres desconsolados. En nuestros pueblos humildes, los viejos cristianos de que hablo lloran tambi\u00e9n, pero saben por qu\u00e9 se llora y qu\u00e9 sentido tienen las l\u00e1grimas. Deber\u00edan vivir mejor y gozar de una prosperidad material m\u00e1s alta, pero a lo que no tienen derecho los llamados hombres cultos, es a confundir la civilizaci\u00f3n aut\u00e9ntica con el materialismo que pulveriza las conciencias. La Iglesia quiere, para estos hombres y mujeres que pueblan nuestros valles y monta\u00f1as, una vida humana m\u00e1s confortable y grata, pero compatible en todo momento con los grandes principios que orientan una conciencia cristiana y aseguran la pr\u00e1ctica de las virtudes.<\/p>\n\n\n\n<p>El hecho \u2013no hablemos m\u00e1s de hip\u00f3tesis\u2013 es que estas virtudes y estos principios se dan todav\u00eda en la mayor parte de los habitantes de nuestra Di\u00f3cesis. No se deben a la pobreza ni al aislamiento, como tampoco, si un d\u00eda desaparecieran, se deber\u00eda a que no pueden coexistir con un mejor nivel de vida. Han sido puestos por la mano de la Iglesia, que amorosamente viene cuidando de sus almas desde hace m\u00e1s de quince siglos. Han ido como decant\u00e1ndose en su conciencia a trav\u00e9s de muchas generaciones y han fructificado en forma de criterios, costumbres, normas de conducta, actitudes, reacciones y deseos, que nutren lo que se llama un modo cristiano de sentir y de vivir.<\/p>\n\n\n\n<p>La Di\u00f3cesis de Astorga, porci\u00f3n ilustre de la Iglesia que arraig\u00f3 en Espa\u00f1a, es quien lo ha hecho. Con sus obispos y sus sacerdotes, con sus monasterios y abad\u00edas, con sus cofrad\u00edas y asociaciones piadosas, con sus leyes y estatutos, con sus cabildos y corporaciones, incluso con sus privilegios hoy inconcebibles. Todo naci\u00f3 de ah\u00ed, no s\u00f3lo la fe cristiana, sino el arte y la cultura, la organizaci\u00f3n del trabajo y la familia, la caridad y asistencia social, el concejo y la administraci\u00f3n, el cultivo de la tierra y el aprovechamiento de los r\u00edos. Cuando, ya bien entrado el siglo XX, ciudades como Astorga y Ponferrada, por primera vez pueden ufanarse de poseer un Instituto de Ense\u00f1anza Media, hac\u00eda muchos siglos que en los mismos lugares o muy pr\u00f3ximos a ellos se hab\u00edan levantado los grandes monasterios, la catedral y el seminario, como centros de piedad y de cultura que hab\u00edan irradiado su influencia bienhechora en todas las direcciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Esas ruinas venerables de Carracedo y Vega de Espinareda; esas reliquias de Compludo, San Pedro de Montes y Pe\u00f1alva; esos recuerdos de los veinticinco hospitales de Astorga en la \u00e9poca de las peregrinaciones; esa cruz de Ferro de Foncebad\u00f3n; esas iglesias rom\u00e1nicas de Santa Marta de Tera, Corull\u00f3n y Villafranca del Bierzo, y las todav\u00eda m\u00e1s antiguas de Santo Tom\u00e1s de las Ollas y Otero de Ponferrada, nos hablan a\u00fan hoy, con elocuencia irresistible, de lo que fue esta Iglesia diocesana, de cuya matriz fecunda brot\u00f3 la vida del pensamiento y del esp\u00edritu en nuestros antepasados.<\/p>\n\n\n\n<p>Incluso en regiones injustamente calificadas de tenebrosas, como la baja Cabrera, a las que ahora empiezan a llegar los organismos del Estado con laudables esfuerzos, la Iglesia volc\u00f3 su maternal generosidad desde los tiempos m\u00e1s remotos, en una lucha denodada y heroica de sus sacerdotes, \u00fanicos soldados durante muchos siglos en la batalla de la virtud y la cultura, frente al mal, la ignorancia y la miseria.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es nuestra di\u00f3cesis, con sus 39 arciprestazgos de hoy, a los que pertenecen 650 parroquias, 280 coadjutor\u00edas, 69 anejos y 181 barrios, es decir, 1.186 feligres\u00edas. En la actualidad trabajan en los diversos ministerios 480 sacerdotes; casi un centenar lo desarrollan fuera de la di\u00f3cesis, en diversas partes del mundo; m\u00e1s de 60 se hallan jubilados o enfermos. Existen, adem\u00e1s, 11 colegios dirigidos por diversas congregaciones religiosas y nueve conventos de clausura. Esparcidos por los m\u00e1s apartados lugares de la tierra, pero oriundos de la di\u00f3cesis asturicense, viven 1.360 religiosos y 2.241 religiosas. Son datos altamente significativos de la vitalidad de la Iglesia diocesana.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la Iglesia no est\u00e1 compuesta \u00fanicamente por sacerdotes y religiosos, sino tambi\u00e9n por todos los bautizados que en ella reciben la vida. Son todas esas familias de nuestras comarcas, de las que vengo hablando. \u00bfC\u00f3mo conservan y propagan su fe cristiana? La respuesta a esta pregunta es uno de los motivos de esta Carta Pastoral. No son suficientes las afirmaciones de car\u00e1cter general, ni la apelaci\u00f3n conmovida a un pasado, sin duda, cubierto de gloria, pero que en gran parte ya no es m\u00e1s que un recuerdo. La vida castiga con dureza a los que no caminan a su ritmo, detenidos con la mirada hacia atr\u00e1s, sin saber moverse hacia el futuro.<\/p>\n\n\n\n<p>Los habitantes de nuestros pueblos y ciudades nacen y crecen en un ambiente que todav\u00eda es cristiano. Poseen \u2013lo repito\u2013 virtudes naturales espl\u00e9ndidas, como atributo de su estirpe, y saben estimar los dones sobrenaturales de la Redenci\u00f3n. Pero, \u00bfcu\u00e1ntos son los que viven as\u00ed? \u00bfEn cu\u00e1ntos otros han hecho presa el naturalismo y la indiferencia religiosa? \u00bfA qu\u00e9 peligros se halla expuesta su fe? \u00bfQu\u00e9 perspectivas nos ofrece el futuro en cuanto a un posible crecimiento o declive de la vida cristiana? He aqu\u00ed algunas preguntas que exigen respuesta concreta, documentada y seria.<\/p>\n\n\n\n<p>No basta hablar de regiones buenas y de otras que no lo son tanto, de pueblos y comarcas en que cumplen con los preceptos de la Iglesia el 99 por 100, y de otros, tambi\u00e9n los hay, aunque no sean muchos, en que el porcentaje no llega ya al 20 por 100. Ni vosotros ni yo tenemos hoy un conocimiento pormenorizado y exacto de las ovejas de nuestro reba\u00f1o. Hablo de un conocimiento pastoral, es decir, que analiza y pondera, que previene y cura, que ama y corrige, que lucha y defiende. No bastan, no, las apreciaciones generales y confusas. Estoy firmemente persuadido de que la mitad, al menos, de nuestras energ\u00edas apost\u00f3licas se exponen a una frustraci\u00f3n lamentable por contentarnos con una pastoral multitudinaria y topicista, de frases hechas y criterios vagos, de juicios superficiales y actitudes rutinarias, de conformismo injustificado o de lamentaci\u00f3n inconsistente. <em>El buen pastor<\/em> \u2013dice Jesucristo\u2013 <em>conoce a sus ovejas, y las suyas le conocen a \u00e9l<\/em> (Jn 10, 14).<\/p>\n\n\n\n<p>Y he cre\u00eddo que la resoluci\u00f3n del Concurso a Parroquias podr\u00eda ser el comienzo de una nueva etapa en nuestra vida diocesana en que, sin perder de vista las lecciones de santidad y amor a las almas que nos han dado los que nos han precedido, miremos hacia el futuro tratando de situarnos en la l\u00ednea de acci\u00f3n y apostolado que los tiempos nos piden. Es absolutamente necesario, si queremos prevenir sorpresas dolorosas. En nuestra di\u00f3cesis tambi\u00e9n ALGO ESTA CAMBIANDO.<\/p>\n\n\n\n<p>Los pr\u00f3ximos lustros permitir\u00e1n a los que vivan ser testigos de una transformaci\u00f3n que nadie podr\u00e1 contener. Grandes masas del campesinado rural se trasladar\u00e1n a zonas m\u00e1s productivas de la agricultura o de la industria, dentro de las \u00e1reas provinciales, o en direcci\u00f3n a otros lugares de Espa\u00f1a y de pa\u00edses extranjeros; una mayor facilidad en las comunicaciones romper\u00e1 el aislamiento en que se encuentran pueblos y familias; se extender\u00e1 cada vez m\u00e1s el ansia de cultura y formaci\u00f3n profesional especializada; aumentar\u00e1, en l\u00edneas generales, el nivel econ\u00f3mico; presionar\u00e1n fuertemente los hijos sobre los padres para escapar a un ambiente que consideran opresor; y luchar\u00e1n unos y otros, con el riesgo y la incertidumbre que llevan consigo todas las batallas, por alcanzar objetivos no siempre justificados, pero a cuya fascinaci\u00f3n no pueden sustraerse, porque constantemente les ser\u00e1n sugeridos y propuestos por la informaci\u00f3n, los viajes y la natural comunicaci\u00f3n de los hombres, derivada del cruce cada vez m\u00e1s frecuente de las diversas formas de vivir.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo lo cual afectar\u00e1 gravemente al orden moral y religioso, como tambi\u00e9n al social y pol\u00edtico, cuyas relaciones con el anterior nadie puede negar.<\/p>\n\n\n\n<p>Se aflojar\u00e1n cada vez m\u00e1s los lazos familiares tal como ven\u00edan existiendo; disminuir\u00e1 la natalidad y aumentar\u00e1 el sentido pagano del placer y las diversiones; se oir\u00e1 hablar mucho de derechos y menos de obligaciones; comparar\u00e1n estilos de vida y exigir\u00e1n adecuaciones a determinados tipos y patrones, sin pensar si ello es posible o conveniente; se extender\u00e1 un materialismo pr\u00e1ctico cada vez mayor, que impedir\u00e1 la atenci\u00f3n a las realidades del esp\u00edritu; pedir\u00e1n explicaciones a la religi\u00f3n y al sacerdote, a la pol\u00edtica y al gobernante, al t\u00e9cnico y al economista, empujados por una actitud de cr\u00edtica y enjuiciamiento que, si es cierto que la naturaleza concede, no lo es menos que muy pocos est\u00e1n capacitados para ejercer; despreciar\u00e1n el valor de lo antiguo simplemente por serlo, enga\u00f1ados por la seducci\u00f3n de lo moderno; descender\u00e1 incluso el n\u00famero de vocaciones al estado sacerdotal y religioso, que dif\u00edcilmente nacen en esp\u00edritus turbados por el ruido de tantos apetitos; pagar\u00e1n, en fin, el tributo que todos los d\u00e9biles rinden al choque brusco y fuerte con las nuevas realidades con que se enfrentan, o porque las buscan, o porque la vida se las impone, incapaces de distinguir lo verdadero de lo falso y la virtud del vicio.<\/p>\n\n\n\n<p>En gran parte, todo esto est\u00e1 sucediendo ya. Pero pensad, queridos sacerdotes, que va a suceder mucho m\u00e1s de ahora en adelante. Se avecinan para nosotros, tambi\u00e9n en nuestra di\u00f3cesis, d\u00edas de grandes combates. Y lo m\u00e1s peligroso es que los ataques que el concepto cristiano de la vida ha de sufrir, son muchas veces silenciosos. Se filtran sutilmente bajo la protecci\u00f3n de valores humanos que nosotros no podemos desestimar. El deseo de una vida mejor en el aspecto material est\u00e1 plenamente justificado. La cultura y la libertad, el pensamiento y la cr\u00edtica, la mayor comunicaci\u00f3n de unos con otros y el libre vuelo en diversas direcciones, la exigencia de un proceder honesto frente a los que ejercen autoridad, son derechos humanos que, rectamente practicados, no merecen ser rechazados por nadie, sino, al contrario, estimulados y defendidos por todos.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que no es admisible es que la adquisici\u00f3n de una cultura m\u00e1samplia pueda equivaler a abandono de las pr\u00e1cticas religiosas; que un mejor nivel de vida econ\u00f3mica entronice el materialismo en las costumbres; que una mayor libertad y desarrollo de la facultad de pensar y de juzgar lleven consigo el desprecio de la ley de Dios y la indiferencia u hostilidad a su santa Iglesia. Cuando tales consecuencias se producen en ambientes que ven\u00edan siendo cristianos, una de dos: o se ha ido m\u00e1sall\u00e1 del justo l\u00edmite en que el hombre puede ejercitar sus facultades, o los que tenemos la misi\u00f3n de hacer compatibles los derechos de la vida con los deberes de la fe, no hemos estado a la altura de las circunstancias.<\/p>\n\n\n\n<p>Para poder estarlo, y con el fin de poner de nuestra parte lo que pueda sernos exigido para prevenir tan grave crisis, intento se\u00f1alar las l\u00edneas program\u00e1ticas de lo que ser\u00e1, a partir de ahora, nuestra acci\u00f3n pastoral en toda la Di\u00f3cesis. Es al obispo a quien corresponde el derecho, y a la vez la sagrada obligaci\u00f3n, de la cual ha de dar a Dios estrecha cuenta, de marcar esas l\u00edneas y de esforzarse por hacer que se cumplan del mejor modo posible. Pero antes ser\u00e1 necesario tomar el agua en el manantial, recordando una vez m\u00e1s los principios que gu\u00edan nuestra vida.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Segunda parte: Hemos sido elegidos<\/h2>\n\n\n\n<p>Nuestra vida de sacerdotes y ap\u00f3stoles descansa sobre un cimiento \u00fanico: Nuestro Se\u00f1or Jesucristo. No somos nada por nosotros mismos, absolutamente nada. Querer edificar nosotros nuestro propio sacerdocio, con arreglo a conceptos personales, es algo absurdo e inconcebible. Nuestros recursos de elaboraci\u00f3n mental, de an\u00e1lisis y aplicaci\u00f3n, de reflexi\u00f3n y descubrimiento, pueden ser ejercidos en todos los campos, casi inagotables, de todo lo que es estrictamente humano. Pero tienen que detenerse con sagrado respeto, so pena de incurrir en una monstruosa invasi\u00f3n de lo divino, en el momento de acercarse a definir qu\u00e9 es y c\u00f3mo debe ser el sacerdocio. Nada podemos hacer ah\u00ed por nuestra propia cuenta. Nos est\u00e1 vedado. El sacerdocio, o se le acepta tal como se nos da, o se le traiciona al recibirlo. Y todas las precisiones que hagamos en torno al mismo, una vez recibido, para aclarar y explicarnos a nosotros mismos y a los fieles su contenido y exigencias, suponen un hecho previo: la realidad sustancial e inmodificable del sacerdocio, tal como Dios lo ha instituido y tal como aparece logrado para siempre en su Divino Hijo, Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l es el \u00fanico Sacerdote que se prolonga en la tierra a trav\u00e9s de nosotros, los elegidos por \u00c9l que quisimos responder a su llamada. Nosotros, en cuanto seres humanos, ofrecemos nuestra libertad y nuestra persona para que, cumplidos tambi\u00e9n los condicionamientos que exige la fe, pueda ese gran don ser recibido y ejercitado por hombres en favor de los hombres, pero nada m\u00e1s. El don del sacerdocio procede de Dios, no es nuestro. Y lo mismo sus poderes, sus gracias, su honor y su gloria. No hay nada que inventar, ni quitar, ni a\u00f1adir, ni modificar, en sus l\u00edneas esenciales. La Iglesia misma no puede cambiarlo. Podr\u00e1 protegerlo, velar por su resplandor y su pureza, marcar las condiciones necesarias para recibirlo, manifestar lo que ella espera y pide a los hombres que lo encarnan, pero siempre en atenci\u00f3n a lo que el sacerdocio encierra y contiene. Ella misma no es m\u00e1s que depositaria, nunca art\u00edfice y creadora, del don sacerdotal.<\/p>\n\n\n\n<p>De aqu\u00ed brotan, como consecuencias naturales en la vida de todo el que ha recibido el sacerdocio, los grandes principios que iluminan toda nuestra conducta sacerdotal, los cuales no son de hoy ni de ayer, sino de siempre; no de \u00e9ste o aquel pa\u00eds, sino de todos los lugares de la tierra, de todos los climas y culturas, de todas las razas y ambientes. Jes\u00fas nos ha elegido y, una vez que hemos dado el s\u00ed de nuestra aceptaci\u00f3n, no est\u00e1 a nuestro alcance poseer un sacerdocio distinto del que \u00c9l nos entrega, ni adoptar actitudes diversas de las que tan singular don reclama, por imperio de su propia naturaleza, al alma del que lo recibe. Estas actitudes son, principalmente, las siguientes:<\/p>\n\n\n\n<ol style=\"list-style-type:upper-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Amor y gratitud<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>En nuestro sacerdocio vemos el mismo sacerdocio de Jesucristo, el Hijo de Mar\u00eda. La infinita belleza del que vino a la tierra para ser el Mediador se refleja en nosotros. Nuestras manos tocan, en el sacerdocio, algo que no es de este mundo, pero que el mundo necesita como la fuerza suprema capaz de redimirle. En el alma del hombre elegido hay un sello \u00fanico que nadie en la tierra puede poseer m\u00e1s que \u00c9l. Es la huella del Dios vivo que nos marca para asimilarnos, en cuanto la naturaleza humana lo permite, a su mismo Hijo. Ante la grandeza y dignidad de las funciones sacerdotales no cabe m\u00e1s que el anonadamiento por nuestra parte. Pero, con ser exacta y l\u00f3gica esta actitud, no es la primera que debe brotar en nuestro coraz\u00f3n humano frente al sacerdocio recibido.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera, la primera de todas, es amor, amor sin l\u00edmites a Quien nos lo ha dado y a lo que nos ha querido dar. Amor siempre y gratitud conmovida por tan singulares mercedes. Un amor sereno y profundo, libre de sentimentalismos e ilusiones, hecho de meditaciones y entregas incesantes. Es explicable el fuego l\u00edrico del sacerdote que, ordenado esta ma\u00f1ana, expresa la emoci\u00f3n de su alma y con palabras nuevas habla del gozo virginal que le inunda y del fuerte amor que siente hacia lo que es ya suyo. Pero hay otro amor al sacerdocio mucho m\u00e1s grave y revelador de las calidades que debe encerrar ese sentimiento: es el del sacerdote anciano que, a punto ya de salir de este mundo, dice sin exaltaciones ni lirismos: \u00a1si cien veces naciera, cien veces me har\u00eda sacerdote!<\/p>\n\n\n\n<p>Ese hombre ha comprendido. Por su vida han pasado las crisis normales a que el ser humano est\u00e1 sujeto; ha temblado y sufrido; ha podido, incluso, dudar y alterarse, al comparar su existencia con la de otros hombres que, a veces, le parecieron haber acertado mejor que \u00e9l en el camino. Pero, no obstante todas las luchas, en los silencios purificadores de su alma ha llegado a ver, con la meditaci\u00f3n y la plegaria, que no hay nada tan hermoso y digno de ser amado como ser sacerdote de Jesucristo en la tierra. Ama y agradece profundamente, limpiamente, noblemente, con conocimiento de las personas y las cosas, de s\u00ed mismo, del valor del esp\u00edritu. \u00bfQu\u00e9 hay, qu\u00e9 puede haber a esas alturas en que un hombre anciano, testigo de tantas miserias como ha contemplado en la vida, es capaz de tan penetrante mirada&#8230;, qu\u00e9 puede haber merecedor de la oblaci\u00f3n de sus amores como el ministerio sacerdotal?<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<em>Gaudete<\/em> \u2013os decimos parafraseando un texto bien conocido\u2013: <em>gaudete quod nomina vestra scripta sunt in caelis<\/em> (Lc 10, 20). Alegraos, s\u00ed, alegraos no s\u00f3lo porque hab\u00e9is alcanzado vuestro principal deseo, sino principalmente porque sois ministros del Se\u00f1or: <em>alter Christus, sacerdos in aeternum.<\/em> Elecci\u00f3n divina fue, porque <em>non vos me elegistis;<\/em> pero fue una elecci\u00f3n y una predilecci\u00f3n que os arranca de la tierra y os orienta definitivamente hacia Dios, como si cada uno de vosotros fuese un nuevo elegido, un nuevo Aar\u00f3n (Cfr. Hb 5, 1-4)\u201d<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a><em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u2018\u2018A \u00c9l, por consiguiente, toda vuestra gratitud y vuestro amor. \u00a1A \u00c9l vuestra promesa de fidelidad inquebrantable! A \u00c9l vuestra oraci\u00f3n ferviente de hoy y de todos los d\u00edas para ser menos indignos de tan alto ministerio, porque, como se expresa el \u00e1ngel de las escuelas: <em>Sacerdos in quantum est medius inter Deum et populum, angeli nomen habet <\/em>(Suma de Teolog\u00eda 3 q.22 a.l ad.l)\u201d<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"2\" style=\"list-style-type:upper-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Humildad y obediencia<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Pero no nos est\u00e1 permitido el orgullo, fuerte tentaci\u00f3n a la que est\u00e1 expuesto el hombre de la Iglesia. Precisamente por ser portador de valores tan altos, a los que vive entregado, el mundo puede parecerle despreciable. Nada habr\u00eda que reprochar a esto desde un punto de vista puramente asc\u00e9tico, sino m\u00e1s bien al contrario; ese desprecio aparece en todos los santos, y en el mismo Jes\u00fas que nos ofrece ejemplo en el monte de las tentaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que no es admisible es que ese desprecio tenga su origen en una falsa conciencia de superioridad y equivalga, en la pr\u00e1ctica, a exigencia, ansia de dominio, invasi\u00f3n de poderes respecto a los hombres o la sociedad, reclamaci\u00f3n de privilegios indebidos en favor de s\u00ed mismo, y cosas parecidas. Si socialmente todo esto hace odioso el ministerio eclesi\u00e1stico, en la psicolog\u00eda personal del sacerdote produce un mal mucho m\u00e1s nocivo. Le expone al riesgo, en que tan frecuentemente se incurre, de trasladar a su persona propia los derechos que quiz\u00e1 pudieran corresponder a la funci\u00f3n sacerdotal. Identifica lo que en \u00e9l hay de ministro de lo sagrado por pura dignaci\u00f3n divina, con lo que tiene de hombre por condici\u00f3n de su naturaleza.<\/p>\n\n\n\n<p>A eso se deben esas conductas tan deplorables de ataque al pecado sin amor al pecador, de inflexible rigidez frente a las miserables conductas de los hombres, de creencia y persuasi\u00f3n de que \u00e9l, por vivir normalmente dentro de unas condiciones externas de vida reguladas por las leyes de Dios y de la Iglesia, es un hombre perfecto comparado con los dem\u00e1s, a los que ense\u00f1a y gu\u00eda. \u00a1Pobre del sacerdote que se acostumbra a pensar as\u00ed! Su acci\u00f3n se ver\u00e1 condenada a la m\u00e1s lamentable esterilidad apost\u00f3lica porque le falta la condici\u00f3n fundamental, la humildad interior, que es compatible, eso s\u00ed, con el celo por la gloria de Dios y la defensa ardorosa de la virtud.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa <strong>humildad<\/strong> deber\u00eda hacerle comprender que nada de cuanto posee como sacerdote es suyo, que \u00e9l sigue siendo un pobre hombre y nada m\u00e1s. Con m\u00e1s o menos talento y cultura, con m\u00e1s o menos dotes naturales, que en rigor tampoco le pertenecen, se acerc\u00f3 un d\u00eda al sacerdocio porque Dios le eligi\u00f3. Le fueron entregados unos dones que le acompa\u00f1ar\u00e1n siempre, es cierto, pero frente a los cuales su condici\u00f3n humana no era ni ser\u00e1 nunca m\u00e1s que eso, humano instrumento que Dios quiere utilizar porque se trata de que un hombre ayude a los hombres. Al reflexionar sobre lo que lleva en las manos, deber\u00eda sentirse perpetuamente abrumado. \u00bfQu\u00e9 lugar puede haber en \u00e9l para el orgullo y la soberbia? Si examina el fondo de su alma, encontrar\u00e1 los negros abismos de siempre y de todos: el ego\u00edsmo, la malquerencia y el rencor, petulancia y ligereza en el juicio sobre los dem\u00e1s, recelo y desconfianza, concupiscencias turbias que le hacen tan miserable como todos los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>El reconocimiento de estos graves defectos es indispensable si se quiere hacer una seria labor de apostolado sacerdotal. Cuando no existe, todo suena a hueco y falso: la palabra que se pronuncia en el p\u00falpito o en el confesonario, la presentaci\u00f3n lit\u00fargica de los dogmas, la funci\u00f3n p\u00fablica y social en la comunidad que rige. Al rev\u00e9s, cuando se vive normalmente bajo el peso de esa triste realidad que humildemente se reconoce y se admite, todas las actuaciones sacerdotales aparecen espont\u00e1neamente penetradas de un hondo sentimiento de gravedad que los hombres advierten con respeto. Ven en el sacerdote una tremenda sinceridad y que, en cada paso que da, lo hace como quien lleva una carga con la que Dios le est\u00e1 continuamente oprimiendo. Una cosa son los poderes sacerdotales, cuyas nobles exigencias proclama \u2013por eso corrige y amenaza, perdona y reconviene, exhorta y pide\u2013 y otra su personal condici\u00f3n, para la cual no busca nunca obsequios ni homenajes. Entonces nace en \u00e9l eso que se llama unci\u00f3n, que es una mezcla de amor y respeto a los dem\u00e1s, fe en lo que predica, reconocimiento de la propia indignidad y amor incoercible a la gloria de Dios y de su Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>El sacerdote que as\u00ed obra da la impresi\u00f3n de que, si no fuera porque est\u00e1 cumpliendo un mandato, se retirar\u00eda avergonzado de toda p\u00fablica actuaci\u00f3n y exigencia a los dem\u00e1s, porque \u00e9l es el primero que tiene que corregirse. Los santos han sido siempre los que han tenido m\u00e1s clara conciencia de pecadores: son tambi\u00e9n los que mayor fecundidad han logrado en su ministerio.<\/p>\n\n\n\n<p>Para vivir plenamente esta humildad, la Iglesia marca a sus sacerdotes un camino, cuyo recorrido exige la pr\u00e1ctica constante de otra virtud con la cual aqu\u00e9lla est\u00e1 indisolublemente unida: la <strong>obediencia<\/strong>. Hablo de una obediencia interior, rendida y completa, a las disposiciones del Derecho can\u00f3nico, del propio obispo y de los superiores inmediatos. Sin esta obediencia no hay humildad, por muchos alardes que se hagan.<\/p>\n\n\n\n<p>Y no est\u00e1 de m\u00e1s advertir esto en nuestros d\u00edas en que, por no se sabe qu\u00e9 aberraci\u00f3n, se dan sacerdotes aficionados a cultivar y a vivir las llamadas formas y movimientos de espiritualidad sacerdotal, los cuales, sin embargo, no entienden el lenguaje de la obediencia. Deber\u00edan comprender que su actitud es una contradicci\u00f3n permanente, un escarnio de la humildad que proclaman, una injuria manifiesta a lo m\u00e1s vivo y delicado del esp\u00edritu sacerdotal, un desprecio de Aqu\u00e9l de quien se nos dice: <em>Factus est oboediens usque ad mortem<\/em> (Fil 2, 7), un atropello y conculcaci\u00f3n de las condiciones que proclam\u00f3 para el apostolado el Divino Maestro, al decirnos: <em>Nisi granum frumenti cadens in terra mortuum fuerit, ipsum solum manet:<\/em> Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda \u00e9l solo (Jn 12, 24).<\/p>\n\n\n\n<p>Obediencia concreta, minuciosa y pr\u00e1ctica, a las disposiciones de la Iglesia, con meditaci\u00f3n y cultivo de las formas de espiritualidad sacerdotal antiguas o modernas, util\u00edsimo. Pretendida espiritualidad sin obediencia, absurdo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cUn instrumento ind\u00f3cil, resistente a la mano del artista, es in\u00fatil y da\u00f1oso y m\u00e1s bien instrumento de perdici\u00f3n. Dios puede hacer todo con un instrumento bien dispuesto, aunque imperfecto; nada, en cambio, con uno rebelde. Docilidad quiere decir obediencia, pero mucho m\u00e1s, disponibilidad en las manos de Dios para cualquier obra, necesidad, cambio. La completa disponibilidad se obtiene con el desasimiento afectivo de las miras personales, de los propios intereses y tambi\u00e9n de las m\u00e1s santas empresas. El desasimiento, a su vez, se funda sobre la humilde verdad ense\u00f1ada por Cristo: <em>Cuando hay\u00e1is realizado todas las cosas, dec\u00edos: Somos siervos in\u00fatiles<\/em> (Lc 17, 10). Esto, por lo dem\u00e1s, no significa ni menoscabo de empe\u00f1o en los oficios que os est\u00e9n confiados, ni renuncia de la leg\u00edtima satisfacci\u00f3n por los buenos resultados obtenidos\u201d<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cObedeced todos al obispo como Jesucristo al Padre\u201d (San Ignacio, <em>Ad Smyrneos).<\/em> \u201cEl que honra al obispo es honrado de Dios; el que obra a escondidas del obispo, sirve al demonio\u201d <em>(\u00cddem).<\/em> \u201cNo hag\u00e1is nada sin el obispo, custodiad vuestro cuerpo como templo de Dios, amad la uni\u00f3n, huid de las discordias, sed imitadores de Jesucristo, como \u00c9l lo fue de su Padre\u201d <em>(\u00cddem: Ad Philadelphienses<\/em>)<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cSi encontr\u00e1is algunos compa\u00f1eros imbuidos de ciertas falsas teor\u00edas y pensamientos, dadles a conocer los grav\u00edsimos avisos de nuestro antecesor, Benedicto XV, que habl\u00f3 de esta manera: \u00abHay, sin embargo, una cosa que no se puede pasar en silencio: a todos los que son sacerdotes, como a hijos por Nos amad\u00edsimos, queremos advertirles cu\u00e1n necesario es, tanto para su salvaci\u00f3n como para el fruto de su sagrado ministerio, que cada uno est\u00e9 unid\u00edsimo con su obispo y le sea muy respetuoso. En efecto, no todos los ministros sagrados est\u00e1n exentos de aquel engreimiento y obstinaci\u00f3n que son propios de estos tiempos; ni sucede raras veces a los pastores de la Iglesia que les venga el dolor y la contradicci\u00f3n de parte de aquellos de los que con motivo deb\u00edan recibir consuelo y ayuda\u00bb\u201d<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEn la coyuntura presente, la uni\u00f3n de los sacerdotes entre s\u00ed, su docilidad a la Jerarqu\u00eda, su fidelidad a las ense\u00f1anzas y directrices de la Santa Sede son factores tan importantes para el progreso de la Iglesia, que nunca se insistir\u00e1 bastante acerca de las virtudes requeridas para este testimonio de unidad y de caridad. Todos los esfuerzos deben converger hacia el obispo, que es el responsable del apostolado de la di\u00f3cesis, el responsable de la doctrina que se ense\u00f1a. Cuando no existe esta profunda compenetraci\u00f3n en la obra com\u00fan de la Iglesia, en determinada regi\u00f3n o ambiente, el ministerio particular del sacerdocio corre el riesgo de perder su fecundidad sobrenatural, de la misma manera que un r\u00edo separado de su manantial no tarda en secarse\u201d<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"3\" style=\"list-style-type:upper-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Abnegaci\u00f3n y celo<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Esta actitud humilde del sacerdote que le hace sentirse confundido por el peso de sus propias miserias y le invita a obedecer de verdad a Dios y a la Iglesia, como pr\u00e1ctica demostraci\u00f3n de que lo que tiene en sus manos no es suyo, es el \u00fanico camino para llegar a poseer la caracter\u00edstica m\u00e1s viva y ejemplar de todo ap\u00f3stol de Cristo: la abnegaci\u00f3n en el trabajo y el celo por la gloria de Dios. He aqu\u00ed un lenguaje que el mundo no entender\u00e1 jam\u00e1s. Surgir\u00e1n, s\u00ed, individuos aislados que en los diversos campos de la actividad humana ofrecen, de cuando en cuando, altos y conmovedores ejemplos de desinter\u00e9s y dedicaci\u00f3n a un ideal noble. Gracias a ellos, la belleza moral no se extingue del todo en un mundo tan frecuentemente manchado. Pero la generalidad de los hombres y de sus grupos, clases y profesiones, se mueven \u00fanicamente por intereses mediatos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cComo toda la vida del Salvador fue ordenada al sacrificio de S\u00ed mismo, as\u00ed tambi\u00e9n la vida del sacerdote, que debe reproducir en s\u00ed la imagen de Cristo, debe ser con \u00c9l, por \u00c9l y en \u00c9l un aceptable sacrificio\u201d<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cNo os olvid\u00e9is de que el camino de la Iglesia es el camino de la cruz, y que seguir a Jes\u00fas en la cruz es el primer deber del sacerdote\u201d<a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cSin perder, pues, jam\u00e1s de vista la suprema importancia de su vocaci\u00f3n, el sacerdote no se ocupar\u00e1 en cosas in\u00fatiles. Modelando su vida sobre la de Aqu\u00e9l a quien representa, tendr\u00e1 gozo en gastarse en beneficio de las almas. Esto es lo que debe buscar \u00e9l siempre y en todas partes, y no lo que el mundo puede ofrecerle. \u00abSer sacerdote y ser hombre dedicado al trabajo es una misma cosa\u00bb, escribi\u00f3 el bienaventurado P\u00edo X; y le gustaba citar el s\u00ednodo presidido por San Carlos Borromeo: \u00abque todo cl\u00e9rigo repita una y otra vez: he sido llamado a una vida, no de facilidades y de placer, sino de trabajo duro en el ej\u00e9rcito espiritual de la Iglesia\u00bb\u201d<a href=\"#sdfootnote9sym\" id=\"sdfootnote9anc\"><sup>9<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Al sacerdote se le pide otra cosa. A cada uno y a toda la clase sacerdotal en su conjunto. Todav\u00eda los hombres del siglo, cuando quieren hablar de una profesi\u00f3n dura y abnegada, dicen que es un sacerdocio, trasladando la aplicaci\u00f3n de la palabra, con una licencia del lenguaje que nos honra, a conceptos y realidades profanas.<\/p>\n\n\n\n<p>La abnegaci\u00f3n sacerdotal es una planta que crece en el rinc\u00f3n m\u00e1s delicado del jard\u00edn del Evangelio. Es un perfume que brota de Cristo, el Sacerdote Eterno, crucificado y muerto por amor a los hombres. Es Cristo mismo, cuya vida es oblaci\u00f3n para gloria del Padre y redenci\u00f3n de la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p>El buen sacerdote es un hombre que se niega a s\u00ed mismo constantemente, que no busca nada para s\u00ed, que ha tomado con gozo su cruz y sigue adelante constantemente, evangelizando a las almas. Sabe que su vida est\u00e1 en la cruz y, como dice San Bernardo, no pide que le desclaven de ella hasta el t\u00e9rmino de su carrera. Por muchos fallos y maldades que vea en su alrededor, no se desalienta, ni mucho menos trata de encontrar en ellos disculpa o atenuantes de una pasividad o abandono que su alma rechaza. Piensa siempre y exclusivamente en Cristo y en las almas. Reacciona con humildad, pero con serena fortaleza, contra los fracasos y la aparente inutilidad de sus esfuerzos. No se inmuta, ni siquiera cuando otros compa\u00f1eros suyos, v\u00edctimas de la vulgaridad y del ego\u00edsmo torpe, menosprecian su labor o se dedican, manchados por el polvo de sus propias derrotas, a ensombrecer a los dem\u00e1s con sus murmuraciones y torpes comentarios.<\/p>\n\n\n\n<p>El buen sacerdote sabe que todo el mal del mundo se reduce a una cosa, el pecado, y lucha incesantemente contra \u00e9l, aun a sabiendas de que con frecuencia quedar\u00e1 solo. En las horas tristes del abatimiento y la soledad se refugia en la dulce compa\u00f1\u00eda de Cristo, fatigado e incluso aborrecido tantas veces, y repone sus energ\u00edas para volver a empezar. Discurre iniciativas y proyectos, modifica planes de trabajo, piensa y medita las palabras que ha de pronunciar, se asesora y pide consejo, lee y observa, ora y se mortifica, se consume, en una palabra, d\u00eda a d\u00eda, procurando que ni\u00f1os y mayores, j\u00f3venes y ancianos, padres y madres de familia conozcan m\u00e1s a Dios y le sean fieles.<\/p>\n\n\n\n<p>El sacerdote abnegado no piensa en sus derechos ni en su persona, en su cargo y en sus t\u00edtulos, en sus intereses o recompensas; sabe que su misi\u00f3n es servir, \u00fanicamente servir, servir siempre, a imitaci\u00f3n del Divino Maestro que nos dijo: <em>Filius hominis non venit ministran, sed ministrare:<\/em> El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir (Mt 20, 28). Esta abnegaci\u00f3n y celo por la gloria de Dios y el bien de las almas hacen que el sacerdote bueno busque siempre lo estricta y puramente sacerdotal y huya de las actuaciones y tareas mundanas.<\/p>\n\n\n\n<p>Si alguna vez se encuentra desempe\u00f1ando cargos y misiones de administraci\u00f3n, gobierno o ense\u00f1anza, en ambientes no eclesi\u00e1sticos, lejos de incurrir en el aseglaramiento y mundanidad a que f\u00e1cilmente pudiera ser arrastrado, se esfuerza porque brille en \u00e9l el esplendor del sacerdocio, al que considera como su mayor timbre de gloria, sin concesiones ni atenuaci\u00f3n de las exigencias que siempre comporta.<\/p>\n\n\n\n<p>Por fin, el sacerdote abnegado y celoso de la gloria del Se\u00f1or, procura con particular empe\u00f1o perfeccionar progresivamente sus facultades personales para lograr una capacitaci\u00f3n cada vez mejor en su apostolado, convencido de que hasta el final de la vida se necesita o\u00edr y aprender, nunca anclado en sus propios criterios, abierto siempre a lo que los dem\u00e1s puedan ense\u00f1arle, incapaz de confundir la segura experiencia con el inmovilismo c\u00f3modo y la infatuada presunci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"4\" style=\"list-style-type:upper-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Caridad fraterna<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Hablo de la caridad y amor fraternal de los sacerdotes entre s\u00ed. Es tan grave y tan urgente la necesidad de este amor que sin \u00e9l la mayor parte de los esfuerzos apost\u00f3licos se vienen abajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ning\u00fan sacerdote trabaja aislado. Forma parte, al menos, de una comunidad diocesana en que las preocupaciones y los gozos, las alegr\u00edas y las tristezas, los esfuerzos y la lucha por la extensi\u00f3n del Reino de Dios deben ser compartidos por todos. La di\u00f3cesis no es una parroquia o una c\u00e1tedra, un beneficio o una capellan\u00eda, sino una gran heredad con muchos y muy diversos campos a cuyo cultivo todos estamos entregados por igual. Nadie que tenga conciencia pastoral rectamente formada puede hablar de lo suyo, como si lo suyo no fuera, a la vez, de todos, puesto que es de Cristo. Y si existiera un campo de trabajo que de manera especial pueda y deba considerar un sacerdote como suyo, no ser\u00e1 porque al amarlo m\u00e1s le sea l\u00edcito mirar con indiferencia lo que hacen otros, sino porque all\u00ed se siente \u00e9l particularmente responsable.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cVosotros sab\u00e9is, queridos hijos, cu\u00e1n dif\u00edcil es que uno solo haga mucho y c\u00f3mo a menudo es pr\u00e1cticamente imposible que lo haga todo. Estad, pues, prontos a conjuntar vuestras fuerzas respondiendo generosamente a las llamadas de vuestros hermanos, cuando os pidan ayuda para su apost\u00f3lico ministerio. El recto orden en el apostolado y las mismas prescripciones can\u00f3nicas (c. 465) requieren, naturalmente, que cada uno de vosotros permanezca habitualmente en su puesto de trabajo; pero cuando la leg\u00edtima autoridad permita o sugiera que os ayud\u00e9is rec\u00edprocamente, superad con amor todos los obst\u00e1culos. As\u00ed se conseguir\u00e1 no s\u00f3lo sumar las fuerzas, sino tambi\u00e9n, por decirlo as\u00ed, multiplicarlas\u201d<a href=\"#sdfootnote10sym\" id=\"sdfootnote10anc\"><sup>10<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Mas todos sabemos que, por desgracia, no sucede as\u00ed en la pr\u00e1ctica. Manifestarlo causa sonrojo y una pena indecible. Con harta y doloros\u00edsima frecuencia falta la caridad sacerdotal entre nosotros, los llamados por Dios a la tarea gloriosa de predicar el amor. Los hombres lo advierten, y es \u00e9sta una de las causas m\u00e1s poderosas de la infecundidad de nuestra acci\u00f3n apost\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p>Os escribo esta Carta Pastoral desde el seminario, donde mi residencia se halla. Estamos ya en mayo, el mes de Mar\u00eda, la Reina querida de la Capilla en que tantas veces hab\u00e9is ofrecido a Dios vuestras plegarias. Llegan hasta m\u00ed las voces de los seminaristas que cantan a la Virgen en el ejercicio piadoso de las Flores. Est\u00e1n practicando su retiro espiritual los alumnos de cuarto curso de teolog\u00eda, que ma\u00f1ana recibir\u00e1n el diaconado. De aqu\u00ed a dos meses ser\u00e1n ya sacerdotes. Ellos viven este \u00faltimo per\u00edodo de su estancia en el seminario con el esp\u00edritu tenso y abierto a las luces y gracias del cielo. Se reunir\u00e1n estas tardes y hablar\u00e1n del futuro. Ven ya cercano el horizonte por el que han suspirado. Afirman, una y otra vez, que permanecer\u00e1n unidos, que se amar\u00e1n y amar\u00e1n a sus hermanos, los dem\u00e1s sacerdotes. Sus educadores les insisten tambi\u00e9n con exhortaciones vehementes, porque son las \u00faltimas que les hacen encaminadas a lo mismo; amor, amor y caridad sacerdotal.<\/p>\n\n\n\n<p>Al pensar en ello, en sus anhelos puros y nobles, en su alma tan joven, en sus prop\u00f3sitos tan limpios, no puedo reprimir un sentimiento de tristeza que invade mi esp\u00edritu. Los veo ya dispersos por todos los confines de la di\u00f3cesis y empezando a trabajar con generosa decisi\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 encontrar\u00e1n despu\u00e9s? \u00bfQui\u00e9n les ayudar\u00e1 de verdad? \u00bfC\u00f3mo evitar que, al cabo de alg\u00fan tiempo, se detengan en el camino sorprendidos de no encontrar o de negar ellos mismos la caridad que buscaban o que hab\u00edan prometido? \u00a1Pobres de ellos si permiten que se apague su amor a Jesucristo, por el que ahora vibran con emoci\u00f3n temblorosa! Mientras subsista en su alma, se salvar\u00e1n frente a todos los peligros y frialdades, por fuertes y dolorosas que sean.<\/p>\n\n\n\n<p>Es ah\u00ed, a la luz del amor a Jesucristo, donde tenemos que examinarnos todos, queridos sacerdotes, sobre esta grav\u00edsima obligaci\u00f3n de la caridad fraterna.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese vicio terrible de la murmuraci\u00f3n, tan extendido en el clero; esa envidia o menosprecio hacia los dem\u00e1s y sus realizaciones; ese tono de engolada superioridad con que se defienden, fr\u00edamente una veces, apasionadamente otras, las propias opiniones; esa falta de sencillez cordial y apost\u00f3lica para comunicarse experiencias y pedir orientaciones; esos juicios ligeros o infundados sobre determinaciones y procedimientos pastorales y aun sobre vidas privadas; ese resentimiento, que perdura meses y a\u00f1os, por alg\u00fan disgusto recibido, con motivo o sin \u00e9l; esas frases despectivas o ir\u00f3nicas con que se pretende recortar la apost\u00f3lica ilusi\u00f3n de los dem\u00e1s en su trabajo, con las consabidas sentencias de que \u201cya cambiar\u00e1\u201d, que \u201cla vida le ir\u00e1 ense\u00f1ando\u201d, que \u201cno hay que tomar las cosas tan en serio\u201d, etc\u00e9tera, son grav\u00edsimos delitos, diametralmente opuestos a lo que el Evangelio nos ense\u00f1a, e incompatibles con un verdadero amor a Jesucristo y las consignas que \u00c9l dio a sus Ap\u00f3stoles. Toda espiritualidad sacerdotal ser\u00e1 un fracaso y un enga\u00f1o miserable si no empieza por establecerse sobre las bases de una caridad fraterna aut\u00e9ntica y generosa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEstos, como hemos recomendado muchas veces, deben poseer todas las dotes de las que depende en gran parte la eficacia de su ministerio; pero si junto a la fe y la esperanza, junto a la humildad y a la pureza, no ten\u00e9is, queridos hijos, ardiente y vivo el amor que Jes\u00fas prescribe, \u00bfde qu\u00e9 os servir\u00e1n las dem\u00e1s virtudes? De nada, ciertamente, pues hablar las lenguas de los hombres y de los \u00e1ngeles, profetizar y obrar milagros, sin tener caridad, de nada sirve; m\u00e1s a\u00fan, es como no ser nada: <em>Nihil sum,<\/em> declara el ap\u00f3stol (1Cor 13, 1-3)\u201d<a href=\"#sdfootnote11sym\" id=\"sdfootnote11anc\"><sup>11<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl car\u00e1cter sacerdotal del Orden sella por parte de Dios un pacto eterno de su amor de predilecci\u00f3n, que exige de la criatura escogida la contraprestaci\u00f3n de la santificaci\u00f3n. Pero tambi\u00e9n, como dignidad y misi\u00f3n, el sacerdocio requiere la adecuaci\u00f3n personal de la criatura, bajo pena de ser juzgada como el lanzamiento o exclusi\u00f3n de invitados desprovistos del vestido nupcial y de siervos despilfarradores de los divinos talentos. A la dignidad concedida debe, pues, corresponder una dignidad adquirida, para la que no basta un solo acto de voluntad y de deseo, aunque sea intens\u00edsimo. En concreto: se es sacerdote si se forma un alma sacerdotal, empe\u00f1ando incesantemente todas las facultades y energ\u00edas espirituales en conformar la propia alma con el modelo del eterno y sumo Sacerdote, Cristo\u201d<a href=\"#sdfootnote12sym\" id=\"sdfootnote12anc\"><sup>12<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cAl ser tan excelsa la dignidad del sacerdote, que con raz\u00f3n es llamado <em>otro Cristo;<\/em> al ser tan inefable y misteriosa su potestad sobre el cuerpo verdadero y sobre el m\u00edstico del divino Redentor, y tan alto y tan grande el oficio que se le ha confiado, esto es, el de procurar la santidad entre los cristianos, es absolutamente necesario que se distinga y sobresalga en virtud y en sabidur\u00eda entre los dem\u00e1s hombres, de entre los cuales ha sido escogido para que, como l\u00e1mpara colocada sobre el candelero, <em>alumbre a todos los que est\u00e1n en la casa<\/em> (Mt 5, 15)\u201d<a href=\"#sdfootnote13sym\" id=\"sdfootnote13anc\"><sup>13<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Caridad no es \u00fanicamente compa\u00f1erismo y amistad, amabilidad obsequiosa para hospedar y recibir, concesi\u00f3n de favores y prestaci\u00f3n de servicios. Todo esto es pura cortes\u00eda humana, que puede darse, y de hecho se da, incluso entre hombres que no creen en Dios. Caridad sacerdotal es, ante todo y sobre todo, amor mutuo en aquello que nos especifica y distingue, en lo sacerdotal, en nuestra condici\u00f3n de sacerdotes, en los trabajos y preocupaciones que, como sacerdotes, realizamos y sentimos, en el esfuerzo com\u00fan para evitar faltas y defectos, en la estimaci\u00f3n de nuestros afanes pastorales, en el reconocimiento confortador y noble de lo que hacen los dem\u00e1s para ejemplo nuestro, en el cari\u00f1o al sacerdote joven o anciano \u2013\u00a1qu\u00e9 m\u00e1s da!\u2013 para brindarles en todo momento nuestro apoyo o nuestra gratitud, en la oraci\u00f3n diaria por los dem\u00e1s sacerdotes de la di\u00f3cesis, en la disposici\u00f3n para alabar lo bueno que veamos y para trabajar en equipo, sobre todo con los m\u00e1s pr\u00f3ximos a nuestro campo de acci\u00f3n, en el deseo creciente de aprender y perfeccionarnos, recibiendo con humildad agradecida las lecciones que otros pueden darnos con su experiencia y su virtud.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es la caridad sacerdotal. Por aqu\u00ed hay que empezar. Sobre ella, como base, aparecer\u00e1 tambi\u00e9n, porque somos hombres y lo necesitamos, la espuma de unas relaciones humanas cordiales y generosas que nos permitan gozar del dulce don de la amistad, tan grato a nuestro coraz\u00f3n, siempre necesitado de compa\u00f1\u00eda y de descanso. Pero no se reducir\u00e1 nunca a las expresiones de un simple compa\u00f1erismo profesional que parecer\u00eda una mutilaci\u00f3n inadmisible de lo que m\u00e1s nos honra y nos distingue.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"5\" style=\"list-style-type:upper-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Pobreza y desprendimiento<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n esta virtud debe brillar esplendorosamente en nuestra vida sacerdotal. El ansia de poseer que agita las entra\u00f1as de los hombres est\u00e1 re\u00f1ida con el esp\u00edritu evang\u00e9lico que nosotros representamos y tratamos de difundir. No hay, no puede haber, aut\u00e9ntica y eficaz superaci\u00f3n de las torpes concupiscencias de la vida mientras no tengamos el coraz\u00f3n desprendido de los bienes de este mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ciertamente que las condiciones econ\u00f3micas en que hoy vive el clero no son aptas para fomentar la codicia. Por lo mismo, ser\u00eda m\u00e1s censurable aquel que, movi\u00e9ndose en todo entre signos y realidades de pobreza y escasez, operase con criterios y normas de conducta, en esta materia, que le mereciesen fama de avaricia y sordidez. Entonces, sin dejar de ser pobre, habr\u00eda empezado a ser miserable. Su ministerio se expondr\u00eda, adem\u00e1s, a una triste esterilidad, dado que los hombres ven que existe una contradicci\u00f3n permanente entre el Evangelio de Jes\u00fas de Nazaret y el af\u00e1n de poseer riquezas materiales.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cAl despego de vuestra voluntad y de vosotros mismos, con la generosa obediencia a los superiores, y a la renuncia de los placeres terrenos con la castidad, deb\u00e9is unir el despego del alma de las riquezas y de las dem\u00e1s cosas terrenas. Os exhortamos ardientemente, hermanos, a no apegaros con el afecto a las cosas transitorias y perecederas de este mundo. Tomad ejemplo de los grandes santos de los tiempos actuales y antiguos, los cuales, uniendo el necesario desprendimiento de los bienes materiales a una grand\u00edsima confianza en la Providencia y a un ardent\u00edsimo celo sacerdotal, llevaron a cabo obras admirables, confiando \u00fanicamente en Dios, que nunca falta en lo necesario\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cTambi\u00e9n el sacerdote, que no hace profesi\u00f3n de pobreza con voto particular, debe estar siempre guiado por el esp\u00edritu y por el amor de esta virtud; amor que debe demostrar con la ejemplaridad y la modestia del tenor de vida y de la habitaci\u00f3n, y con la generosidad hacia los pobres\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cAborreced de modo particular\u00edsimo el mezclaros en empresas econ\u00f3micas, empresas que os impedir\u00edan cumplir con vuestros deberes pastorales y os disminuir\u00edan la debida consideraci\u00f3n de los fieles\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl sacerdote, que tiene que atender con todo empe\u00f1o a procurar la salvaci\u00f3n de las almas, debe poder aplicarse a s\u00ed mismo el dicho de San Pablo: <em>No busco vuestras cosas, sino a vosotros<\/em> (2Cor 12, 14). Vuestro celo no debe tener por objeto las cosas terrenas y caducas, sino las eternas. El prop\u00f3sito de los sacerdotes que aspiran a la santidad debe ser \u00e9ste: trabajar \u00fanicamente por la gloria de Dios y la salvaci\u00f3n de las almas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cCu\u00e1ntos sacerdotes, aun en las graves estrecheces de nuestros tiempos, han tenido como norma los ejemplos y avisos del Ap\u00f3stol de las Gentes, que se consideraba contento con el m\u00ednimo indispensable: <em>Teniendo alimentos y con qu\u00e9 cubrirnos, content\u00e9monos con esto <\/em>(1Tm 6, 8). Por este desinter\u00e9s y este despego de las cosas terrenas unidos a la confianza en la divina Providencia, que son dignos de la m\u00e1xima alabanza, el ministerio sacerdotal ha dado a la Iglesia frutos ub\u00e9rrimos de bienes espirituales y sociales\u201d<a href=\"#sdfootnote14sym\" id=\"sdfootnote14anc\"><sup>14<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En nada se pone a este esp\u00edritu de pobreza y desprendimiento el derecho, e incluso la obligaci\u00f3n, de procurar que no falten los medios necesarios para un decoroso vivir y que aseguren la tranquilidad para el futuro, cuando, retirados del ministerio activo por la edad o los achaques, quedar\u00edan los sacerdotes desprovistos de todo auxilio directo. Cuando la intranquilidad se convierte en congoja, tampoco se puede trabajar. Esa obligaci\u00f3n corresponde principalmente al obispo, que ha de velar por la honesta sustentaci\u00f3n de sus sacerdotes siempre, tomando para ello las medidas necesarias.<\/p>\n\n\n\n<p>Es el mismo P\u00edo XII quien nos dice: \u201cAlabamos, adem\u00e1s, vivamente todas aquellas iniciativas que tom\u00e9is de com\u00fan acuerdo, para que no s\u00f3lo no falte a los sacerdotes lo necesario para hoy, sino que se provea tambi\u00e9n para el futuro con aquel sistema de previsi\u00f3n que ya rige y que tanto alabamos en otras clases, y que asegura una conveniente asistencia en los casos de enfermedad, invalidez y vejez. De este modo aliviar\u00e9is a los sacerdotes de las preocupaciones que se derivan de las incertidumbres del porvenir\u201d<a href=\"#sdfootnote15sym\" id=\"sdfootnote15anc\"><sup>15<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Y si pasamos de las personas a las instituciones, valen los mismos principios. La acumulaci\u00f3n de propiedades es m\u00e1s bien un perjuicio para la Iglesia, del que debemos huir como de la peste. Es cierto que para la estabilidad de la vida diocesana y parroquial se requiere una base m\u00ednima de sustentaci\u00f3n que asegure, sin sobresaltos, la perseverancia y continuidad de las instituciones. As\u00ed, por ejemplo, el que cada parroquia tenga su casa rectoral y, en los ambientes rurales, una peque\u00f1a porci\u00f3n de tierra que pueda servir tanto a la expansi\u00f3n humana como de ayuda modest\u00edsima a la pobre econom\u00eda del sacerdote, no s\u00f3lo no se opone a la pobreza, sino que la rodea de dignidad y la ennoblece, acostumbrados como est\u00e1n los feligreses a ver en la tierra un elemento de protectora y humilde seguridad, no un instrumento de riqueza como pueden serlo las grandes explotaciones agr\u00edcolas. Por eso, nos agradar\u00eda mucho que en todas las parroquias existiera su peque\u00f1o huerto rectoral junto a la casa en que vive el se\u00f1or cura, pero no otra cosa. No os preocup\u00e9is jam\u00e1s, ni hag\u00e1is gesti\u00f3n alguna para que lleguen a manos de la di\u00f3cesis o la parroquia herencias, donaciones o legados, como no sea que tengan una finalidad ben\u00e9fica, social o apost\u00f3lica, de car\u00e1cter directo, inmediato y visible. Los bienes que pongan en nuestras manos han de servir para curar o aliviar las desgracias temporales y espirituales de nuestros pr\u00f3jimos.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n para dar culto a Dios y fomentar la piedad y devoci\u00f3n. Pero no estar\u00e1 de m\u00e1s advertir que tambi\u00e9n en esto puede haber excesos. Y hemos de ser nosotros quienes orientemos la conciencia de los fieles para que, a la hora de decidir de sus bienes, piensen m\u00e1s en la Iglesia de los pobres y los desheredados de cuerpo y alma, que en la innecesaria riqueza de los templos.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"6\" style=\"list-style-type:upper-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Lo sobrenatural, ante todo<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, en esta breve s\u00edntesis de las actitudes que debemos observar respecto al don sacerdotal que hemos recibido, no puedo menos de referirme a otra que, aunque impl\u00edcitamente contenida en las anteriores, requiere una formulaci\u00f3n expresa y propia para que sea objeto de nuestra meditaci\u00f3n con todo el inter\u00e9s que merece. Hablo de lo que pod\u00edamos llamar polarizaci\u00f3n de nuestra vida en torno y hacia el mundo de lo sobrenatural.<\/p>\n\n\n\n<p>Hemos sido ordenados para predicar a Jesucristo y perpetuar la celebraci\u00f3n de su Sacrificio Redentor. Eso es lo nuestro, no otra cosa. No somos pol\u00edticos, ni soci\u00f3logos, catedr\u00e1ticos o periodistas, poetas o investigadores&#8230;, somos <em>ministri Christi et dispensatores mysteriorum Dei <\/em>(1Cor 4, 1). Lo sagrado es nuestro campo; la oraci\u00f3n, nuestro lenguaje; los sacramentos, nuestra fuerza; la palabra de Dios y su gracia, nuestro tesoro; las virtudes sobrenaturales, nuestro objetivo inmediato; la Iglesia santa, nuestro amor. Todo lo dem\u00e1s en tanto merece nuestra atenci\u00f3n, en cuanto se relacione con esto, o como medio para hacerlo vivir, o como instrumento para darlo a conocer, o como aplicaci\u00f3n en que se desarrolla y prospera.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vida sacerdotal que no ponga en primer t\u00e9rmino de sus anhelos y preocupaciones la gloria de Dios y la exaltaci\u00f3n del misterio de Cristo, es una vida fracasada. Al sacerdote se le reconoce precisa y \u00fanicamente en su puesto de mediador entre Dios y los hombres. Desplazado de ese lugar es un ciudadano cualquiera, con la particularidad de que aparecer\u00e1 siempre como un ser frustrado e imperfecto, porque nadie se acostumbrar\u00e1 a ver en \u00e9l con naturalidad la imagen de lo que tiene de hombre si encuentra oscurecido o subestimado lo que tiene de sacerdote.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl sagrado ministerio deber\u00e1 condicionar todos sus actos y obras. Ser\u00e1 el hombre de las rectas y santas intenciones, semejantes a aquellas que mueven a Dios a obrar. Toda mezcolanza de intenciones personales sugeridas por la sola naturaleza, habr\u00e1n de considerarse no dignas del car\u00e1cter sacro y evasiones de la propia \u00f3rbita. Si determinadas actividades le proporcionan humanas satisfacciones, de ellas dar\u00e1 gracias a Dios, acept\u00e1ndolas como subsidio, no sustituci\u00f3n, de las santas intenciones. Pero su principal acci\u00f3n ser\u00e1 estrictamente sacerdotal, o sea, ser el mediador de los hombres, al ofrecer a Dios el sacrificio del Nuevo Testamento, dispensando los sacramentos y la divina palabra, recitando el oficio divino en provecho y en representaci\u00f3n del g\u00e9nero humano\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPrescindiendo de los casos raros, de evidente inspiraci\u00f3n divina, el sacerdote que no subiese al altar devota y frecuentemente, como prescriben los sagrados c\u00e1nones, y no administrase cuando fuera necesario los sacramentos, ser\u00eda semejante a un \u00e1rbol plantado por el Se\u00f1or en su vi\u00f1a, quiz\u00e1 admirable por su aspecto exterior, pero tristemente est\u00e9ril e in\u00fatil. Mucho m\u00e1s negativo habr\u00e1 de ser el juicio sobre el sacerdote que antepusiese en su estima al ejercicio de la potestad sacramental, actividades exteriores, incluso nobil\u00edsimas, como la ciencia, y util\u00edsimas, como las obras sociales y de beneficencia, ya que \u00e9l, si ha sido destinado por su obispo a los estudios cient\u00edficos o a las actividades caritativas, puede muy bien, en ambos casos, realizar un precioso y hoy necesario apostolado. No s\u00f3lo Dios y la Iglesia, sino tambi\u00e9n los fieles laicos, a veces los m\u00e1s tibios, quieren ver en el sacerdote al ministro de Dios antes que nada, rodeado en todo momento del mismo brillo que irradia de la sagrada custodia. Sagrada, en efecto, no s\u00f3lo su obra, sino tambi\u00e9n su persona\u201d<a href=\"#sdfootnote16sym\" id=\"sdfootnote16anc\"><sup>16<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada serio y eficaz puede esperarse de un sacerdote que deja de estimar las realidades del mundo sobrenatural como el anhelo supremo de su vida. Ser\u00e1, a lo sumo, un factor de elevaci\u00f3n cultural y social, en nombre de los principios de la \u00e9tica, como podr\u00eda serlo un maestro pagano, pero nunca llegar\u00e1 a ser <em>bonus odor Christi<\/em> (2Cor 2, 15), que es a lo que hab\u00eda sido llamado. Mantendr\u00e1, tambi\u00e9n, la llama encendida de lo religioso, mientras tenga unos cultos rituales que practica, un templo en que convoca a los fieles y unos s\u00edmbolos esot\u00e9ricos que trascienden de alg\u00fan modo la realidad ordinaria de la vida y, por lo mismo, encuentran siempre eco en la naturaleza humana, pero lo har\u00e1 como podr\u00eda hacerlo cualquier ministro de las diversas religiones existentes en la tierra. No ser\u00e1 el sacerdote de la Iglesia Cat\u00f3lica, prolongaci\u00f3n de Jesucristo. Es necesario meditar mucho en esta idea para no dejarnos arrastrar por la corriente del naturalismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los seglares opinan y hablan cada vez m\u00e1s del sacerdote y de la Iglesia, y esto no es malo; pero no siempre opinan y hablan con exactitud, y esto no es bueno. La prensa, las revistas gr\u00e1ficas, el cine, la radio y la televisi\u00f3n cada vez fomentan m\u00e1s el esp\u00edritu de cr\u00edtica, la libertad y la exteriorizaci\u00f3n del intimismo, lo cual en s\u00ed no es malo; pero al extenderlo sin freno ni control, cada vez hacen creer m\u00e1s a los incapaces que tienen capacidad, a los d\u00e9biles que son fuertes, a los malvados que son virtuosos, a los ignorantes que son sabios, y esto no es bueno. Los programas pol\u00edticos de los partidos y los pueblos, en escala nacional y mundial, cada vez m\u00e1s accesibles a todos, hablan sin cesar de elevaci\u00f3n material, de mejores niveles, de progreso econ\u00f3mico, de bienestar sin l\u00edmites, y esto no deber\u00eda ser malo; pero cuando a ello se presta una atenci\u00f3n desmedida y los valores del esp\u00edritu se conculcan o se ignoran, esto no es bueno. La capacitaci\u00f3n profesional y t\u00e9cnica, la cultura y la ense\u00f1anza, la comunicaci\u00f3n y los viajes son, cada vez m\u00e1s, deseo apremiante y necesidad indiscutible y, por lo mismo, esto no es malo; pero tambi\u00e9n da origen con frecuencia al af\u00e1n de inmediatismo y de \u00e9xito sea como sea, al enjuiciamiento unilateral y torpe de la vida por falta de reflexi\u00f3n, a la enga\u00f1osa creencia de que con ello est\u00e1 logrado todo, y esto no es bueno.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas actitudes e influencias convergentes, t\u00edpicamente representativas de nuestra sociedad de masas, invaden tambi\u00e9n el silencio del seminario y de la casa rectoral, y est\u00e1n dando lugar a una mentalidad equivocada que hace, o ha hecho, creer a seminaristas y sacerdotes que podr\u00edan realizar mejor su misi\u00f3n futura o actual asimilando las exigencias, ofrecimientos y valores de ese mundo, que as\u00ed se los presenta.<\/p>\n\n\n\n<p>La equivocaci\u00f3n no reside precisamente en este juicio, antes al contrario, es evidente que para trabajar apost\u00f3licamente en una \u00e9poca determinada hay que conocerla e incluso amarla, en lo que es digna de ser amada. La equivocaci\u00f3n, trist\u00edsima y lamentable, consiste en quedarse exclusivamente con esos valores que el mundo ofrece y aplicarlos como fuerza \u00fanica o principal al campo de la acci\u00f3n sacerdotal y apost\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces nos encontramos con el sacerdote que concede m\u00e1s atenci\u00f3n a la lectura de un peri\u00f3dico que a la oraci\u00f3n bien hecha; a la tertulia, m\u00e1s que al silencio; a un viaje, m\u00e1s que al sacrificio; a una pel\u00edcula, m\u00e1s que a una hora de estudio; a las noticias pol\u00edticas, m\u00e1s que a la disminuci\u00f3n del pecado; al deporte, m\u00e1s que a los sacramentos; a la ciencia, m\u00e1s que a la teolog\u00eda; al templo material, m\u00e1s que a la ense\u00f1anza profunda del catecismo; al bullicio exterior, m\u00e1s que a la meditaci\u00f3n; a la asamblea y a la discusi\u00f3n de problemas ajenos o colectivos, m\u00e1s que al examen de s\u00ed mismo; a la cr\u00edtica de lo que dicen otros, m\u00e1s que a la maduraci\u00f3n rigurosa de lo que tiene que decir \u00e9l; a lo nuevo, m\u00e1s que a lo antiguo, por serlo; a lo mundano, m\u00e1s que a lo eclesi\u00e1stico; a lo fugaz y cambiante, m\u00e1s que a lo permanente y eterno; a lo confortable y grato, m\u00e1s que a lo dif\u00edcil y abnegado; a la cultura, m\u00e1s que a la gracia; a lo profano, m\u00e1s que a lo sagrado; al hombre, m\u00e1s que a Dios; a los fil\u00f3sofos, m\u00e1s que a los santos; a los amigos, m\u00e1s que a Jesucristo. Es decir, nos encontramos con el sacerdote que va destrozando, poco a poco, su propio sacerdocio.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta atenci\u00f3n suprema a lo sobrenatural no significa que el sacerdote deba desentenderse de las realidades temporales y desistir del empe\u00f1o sublime de cristianizarlas. No. Todo cuanto es del mundo le interesa para que todo d\u00e9 gloria a Dios. Su religi\u00f3n no es un angelismo desencarnado y et\u00e9reo, ausente de las estructuras humanas. Luchar\u00e1 para que haya entre los hombres m\u00e1s justicia y caridad, mayor paz y bienestar, mejores niveles en todos los \u00f3rdenes. Esto no est\u00e1 re\u00f1ido con su misi\u00f3n evangelizadora. Lo importante es que no olvide nunca que cuanto haga en este sentido va orientado siempre a lo mismo, a difundir, propagar y asegurar las virtudes sobrenaturales. A veces el camino que hay que recorrer para ello empieza muy atr\u00e1s. No es posible prescindir de lo humano, fundamento sobre el que descansan los bienes sobrenaturales que se levantar\u00e1n despu\u00e9s. Lo estima en su justo valor, pero no puede detenerse en la contemplaci\u00f3n de su belleza y dignidad natural. \u00c9l no es un humanista, ni un fil\u00f3sofo, ni un pol\u00edtico constructor de la ciudad temporal. \u00c9l es siempre el hombre de lo sagrado.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Tercera parte: Aplicaci\u00f3n a nuestra di\u00f3cesis.<br>L\u00edneas y ordenaciones pr\u00e1cticas<\/h2>\n\n\n\n<p>Era necesario recordar una vez m\u00e1s esos principios fundamentales de nuestra vida sacerdotal, para descender ahora al campo de las aplicaciones concretas, mediante las cuales trato de se\u00f1alar las l\u00edneas de nuestra acci\u00f3n presente de cara hacia el futuro.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Saber a d\u00f3nde vamos<\/h2>\n\n\n\n<p>Necesitamos, ante todo, tener un conocimiento exacto de la realidad diocesana en que nos movemos. La di\u00f3cesis en lo espiritual es como una empresa en lo material. Es evidente que cuando un empresario, y con \u00e9l sus colaboradores, no conocen al detalle la situaci\u00f3n en que se mueven y la realidad econ\u00f3mica, t\u00e9cnica, humana y social de su empresa, \u00e9sta ir\u00e1 al fracaso. Y ni siquiera eso es suficiente. Necesita, adem\u00e1s, tener claramente fijadas las metas que se propone alcanzar, prever los peligros que va a correr, anticipar las soluciones que el buen juicio aconseja.<\/p>\n\n\n\n<p>Nosotros sabemos muy bien a d\u00f3nde vamos: a conseguir, con la ayuda de Dios, una mayor y m\u00e1s profunda cristianizaci\u00f3n de la vida en nuestra di\u00f3cesis, mediante el establecimiento de unas ordenaciones y estructuras, unas con categor\u00eda de fines y otras con car\u00e1cter de medios, a las que enseguida voy a referirme en una enumeraci\u00f3n, no exclusiva pero s\u00ed indispensable.<\/p>\n\n\n\n<p>No podemos vivir, en lo sucesivo, a merced de improvisaciones y de criterios particularistas y propios. A salvo siempre la iniciativa personal en la utilizaci\u00f3n de los variados recursos que el ap\u00f3stol pone en juego con su libertad y sus talentos, es innegable que las grandes l\u00edneas de acci\u00f3n apost\u00f3lica diocesana tienen que estar marcadas previamente por aquel que tiene la obligaci\u00f3n y el derecho de hacerlo, el obispo. Estas l\u00edneas y directrices deben ser conocidas por todo el clero de la di\u00f3cesis, y por todos estimadas. A ellas deben adherirse todos sin excepci\u00f3n. Se trata de una acci\u00f3n de conjunto, no de esfuerzos aislados, desconectados unos de otros. La di\u00f3cesis entera, con sus sacerdotes y fieles, debe vibrar al un\u00edsono con su obispo en la aceptaci\u00f3n de unos prop\u00f3sitos primero, y en el esfuerzo com\u00fan, despu\u00e9s, para llevarlos a cabo. Cuando suceda, incluso, que esos prop\u00f3sitos contrar\u00edan criterios, gustos y pensamientos personales, habr\u00e1 que recordar que ha llegado la hora de la abnegaci\u00f3n, la humildad y la obediencia. Es de todo punto inadmisible que en una comunidad diocesana pueda haber un solo sacerdote \u2013uno solo digo\u2013 que, conscientemente, rompa con los grandes prop\u00f3sitos comunes que rigen la acci\u00f3n apost\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p>Mas para no exponernos al riesgo de un salto en el vac\u00edo, es necesario conocer antes la realidad, y conocerla muy bien. Ha sido achaque nuestro, muy espa\u00f1ol y muy defectuoso, tambi\u00e9n en los medios eclesi\u00e1sticos, abandonar el estudio a fondo de las situaciones reales, sin prestar atenci\u00f3n a datos concretos, observaciones minuciosas, n\u00fameros y estad\u00edsticas. Todav\u00eda se oye hablar a muchos con expresiones intolerables de que esas son novedades de la \u00e9poca, que tal o cual santo no hizo nunca esos estudios en su trabajo, que en otros sitios los hacen y no por eso est\u00e1n mejor, etc. Sin advertir que, en efecto, pueden ser novedades, pero imperiosamente reclamadas por las nuevas formas de vivir; que quiz\u00e1 tal o cual santo no los hizo, pero es porque no se los pidieron; que acaso en otros sitios est\u00e9n mal aunque los hagan, pero que estar\u00edan peor si no los hubieran hecho.<\/p>\n\n\n\n<p>En \u00e9pocas de quietud e inmovilismo, los factores que influyen sobre la vida y, por consiguiente, son capaces de modificar los planes apost\u00f3licos, pod\u00edan permanecer inalterables durante lustros y aun docenas de a\u00f1os. Hoy no. Todo cambia r\u00e1pidamente. No se puede hacer nada serio y eficaz en el campo de la pastoral, de cara hacia el futuro, si no estudiamos atent\u00edsimamente los condicionamientos reales en que se desenvuelve la vida de las almas.<\/p>\n\n\n\n<p>Por consiguiente, a partir de ahora los se\u00f1ores Delegados Episcopales de las diversas secciones del Instituto Diocesano de Formaci\u00f3n y Acci\u00f3n Pastoral reciben de m\u00ed encargo y cuanta autoridad sea precisa, para pedir a todos los sacerdotes los datos y respuestas a los cuestionarios que se enviar\u00e1n, para conocer bien y exactamente la di\u00f3cesis en cada una de sus parroquias, comarcas y regiones, en todos los aspectos que la pastoral moderna exige. Ordenamos seriamente que sean obedecidos con toda diligencia. Comprendo que es una molestia m\u00e1s, pero estoy seguro de que sabr\u00e9is aceptarla. Ellos procurar\u00e1n no abrumar ni cansar m\u00e1s de lo necesario; vosotros procurar\u00e9is no evadiros de dar las respuestas que la realidad impone con toda sinceridad y rigor. Antes de dos a\u00f1os hemos de poseer una radiograf\u00eda completa de cada parroquia de la Di\u00f3cesis, que no ha de contentarse con las observaciones ordinarias que anualmente vienen haci\u00e9ndose, sino que tender\u00e1, mediante cuestionarios previamente elaborados, a conocer con exactitud d\u00f3nde conviene intensificar \u00e9ste o aqu\u00e9l esfuerzo, concentrar o dispersar tales o cu\u00e1les recursos, cambiar o perfeccionar tal o cu\u00e1l procedimiento, planificar \u00e9stas o aqu\u00e9llas obras sociales, etc\u00e9tera.<\/p>\n\n\n\n<p>Y no importa que alguien diga que \u00e9l puede conocer y conoce bien lo que se necesita en su parroquia o en su zona; porque esto es precisamente lo que se trata de combatir, el individualismo. Es necesario que lodos los sacerdotes de una di\u00f3cesis, e incluso los seminaristas ya pr\u00f3ximos al sacerdocio, conozcan las necesidades diocesanas en su conjunto, para luchar mejor contra las preferencias injustificadas y comprender y apoyar lo que verdaderamente lo merezca, aunque no sea directamente suyo. De ning\u00fan modo hemos de dejarnos llevar por lo que vaya saliendo; hemos de adelantarnos a ordenar lo que pueda salir.<\/p>\n\n\n\n<p>Estoy seguro de que con estos an\u00e1lisis, en muchos casos, recibiremos fuertes sorpresas que nos har\u00e1n reconocer la labor preciosa de los sacerdotes; en otros, amargas lecciones que pueden movernos a rectificar. Solamente con estos datos a la vista nos ser\u00e1 posible establecer un plan de acci\u00f3n que se desarrollar\u00e1 despu\u00e9s con orden y continuidad, para no abandonar hoy lo que empezamos ayer, si as\u00ed no debe hacerse, sino seguir con perseverancia y m\u00e9todo lo que de nosotros y de todos piden las necesidades comprobadas.<\/p>\n\n\n\n<p>En un discurso pronunciado recientemente en Madrid por el actual Nuncio Apost\u00f3lico de S. S. en Espa\u00f1a, monse\u00f1or Riberi, dec\u00eda as\u00ed: \u201cTengo entendido que, entre otras materias, este Instituto hace especial hincapi\u00e9 en la sociolog\u00eda y estad\u00edstica religiosas. Esta direcci\u00f3n creemos que es de capital importancia y urgencia en toda la Iglesia, y tal vez de un modo especial en esta querida Espa\u00f1a, naci\u00f3n medularmente cat\u00f3lica, con unas realizaciones pastorales y apost\u00f3licas verdaderamente notables. En mis visitas por los pueblos y ciudades de la Pen\u00ednsula, lo compruebo gozoso y pienso que con raz\u00f3n se ha dicho que vuestra Espa\u00f1a es una reserva inagotable para el cristianismo.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cSin embargo, con frecuencia, magn\u00edficas realizaciones pastorales quedan in\u00e9ditas en su conjunto o en sus detalles. Se priva as\u00ed al catolicismo del conocimiento de unas realidades que le es \u00fatil saber, tanto para aprovecharse de ellas, como para mejor defenderse cuando llegara el momento del ataque. Es muy lamentable la incomprensi\u00f3n, sobre todo de los hermanos en la fe; pero no conviene dar ocasi\u00f3n a ello, ocultando con la \u00abinedici\u00f3n\u00bb los tesoros que Dios ha puesto en vuestra Patria. Y aun en el ambiente nacional, la defensa de los derechos de la Iglesia no se hace s\u00f3lo con principios y palabras. Y ya que estamos entre hombres, hacen falta hechos, obras, n\u00fameros y estad\u00edsticas. De ah\u00ed la conveniencia y necesidad de unas estad\u00edsticas sinceras y perfectas en la Iglesia espa\u00f1ola.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cVoy viendo, con satisfacci\u00f3n, que este movimiento cunde en todas las parcelas del catolicismo nacional, y de un modo especial entre los religiosos y religiosas. Vuestro \u201cBonus Pastor\u201d os marca a vosotros, alumnos de este Instituto, una direcci\u00f3n que deb\u00e9is continuar y llevar a su plena perfecci\u00f3n. Cabe pensar, sin embargo, que en la m\u00e1s frondosa y exuberante floresta puede inocularse, brotar y extenderse, solapada y calladamente, el microbio voraz que r\u00e1pidamente corroa y destruya el m\u00e1s hermoso parque nacional. En el terreno religioso, la experiencia de muchos pueblos y naciones nos puede servir de triste ejemplo y escarmiento. Fiados en la exuberancia de su catolicismo p\u00fablico y oficial, no ca\u00edan en la cuenta de que el microbio carcom\u00eda su tronco, hasta que la copa y las ramas se desplomaron al suelo.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cTenemos que ser sinceros y, por tanto, no hay que imitar al avestruz, que cuando amenaza la tormenta esconde su cabeza bajo el ala, como si esto le librase de sus efectos desastrosos. Tenemos que estudiar y reconocer tambi\u00e9n los fallos de nuestro catolicismo, medirlos y encuadrarlos en estad\u00edsticas reales y sinceras. El principio b\u00e1sico para acercarse a los problemas que aquejan al mundo es tener sentido y amor a la verdad. Ya P\u00edo XII nos dec\u00eda que no podemos seguir barajando el criterio de aproximaci\u00f3n, cuyos desastrosos efectos encontramos en todos los campos, sin excluir el del apostolado. El ministerio apost\u00f3lico, por ejemplo, no puede vivir ajeno a la vida de las ciudades y del campo, que por fen\u00f3menos sociol\u00f3gicos va transformando sus estructuras caducas, produciendo un impacto en la vida religiosa. Para ello es preciso realizar investigaciones cient\u00edficas y pict\u00f3ricas de sinceridad, encaminadas a conocer las realidades socio-religiosas encerradas en nuestros pueblos y ciudades. Si queremos irradiar el testimonio cat\u00f3lico e influir en las almas desde el regazo de la madre hasta el momento definitivo de la muerte, se requiere, hoy m\u00e1s que nunca, una adaptaci\u00f3n y puesta al d\u00eda de las modernas t\u00e9cnicas de investigaci\u00f3n e informaci\u00f3n.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLos estudios de sociolog\u00eda religiosa no intentan dar una explicaci\u00f3n puramente psicol\u00f3gica a los problemas religiosos. Ni tampoco estudiarlos como meros fen\u00f3menos sociales privados de car\u00e1cter sobrenatural. Pero nadie puede negar la licitud y conveniencia de una indagaci\u00f3n seria, realista e imparcial de los factores internos del hecho religioso. Porque la teolog\u00eda pastoral que estudia el modo pr\u00e1ctico de comunicar o aumentar la vida de la gracia en las almas, no puede prescindir del conocimiento concreto del hombre\u201d<a href=\"#sdfootnote17sym\" id=\"sdfootnote17anc\"><sup>17<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Vosotros, sacerdotes, los primeros<\/h2>\n\n\n\n<p>Los primeros, digo, como objeto de mi preocupaci\u00f3n y mi servicio. Todos los estudios y planificaciones que hagamos del trabajo en nuestra Di\u00f3cesis ser\u00edan in\u00fatiles si no contamos con un clero dispuesto a la acci\u00f3n generosa y esforzada. Siempre ha existido en la Di\u00f3cesis de Santo Toribio, y vosotros sab\u00e9is que no es un halago puramente formal, la constataci\u00f3n expresa que de ello he hecho frecuentemente. Veo en esa comprobaci\u00f3n un motivo m\u00e1s para que nos entreguemos ardorosamente a la tarea de ser dignos continuadores de tantos venerables y dign\u00edsimos sacerdotes como nos han precedido.<\/p>\n\n\n\n<p>Hemos de preguntarnos qu\u00e9 hubieran hecho ellos en las circunstancias y ante los peligros y mutaciones en que nos encontramos nosotros. No nos es l\u00edcito asistir impasibles o simplemente angustiados a un progresivo desmoronamiento de la fe y la vida cristiana en nuestra tierra. Tenemos que reaccionar con valent\u00eda y con coraje apost\u00f3lico digno de los mejores tiempos. Y como es imposible que llevemos a Dios y a Cristo a las almas si las nuestras no est\u00e1n llenas de su amor, lo primero que tenemos que hacer es cuidar de nosotros, para que todas nuestras energ\u00edas est\u00e9n a punto.<\/p>\n\n\n\n<p>Guerra implacable al conformismo y a la murmuraci\u00f3n f\u00e1cil, a la cobard\u00eda y a la pereza para vivir a lo santo, al escepticismo antievang\u00e9lico y paralizador, a los criterios rutinarios y estancados, y, sobre todo y m\u00e1s que a nada, al naturalismo vergonzoso y sin fe, que puede filtrarse como un veneno letal en nuestros pensamientos y formas de vivir. Si nos llenamos de amor a Dios y a la Iglesia; si meditamos con atenci\u00f3n lo que ella nos va pidiendo; si nos afanamos por conocer las t\u00e1cticas y procedimientos pastorales que la sana experiencia aconseja, y por revisar con caridad y profundidad nuestras actuaciones propias; si procuramos reponer nuestras energ\u00edas espirituales quebrantadas por la lucha y la fatiga diaria, toda la acci\u00f3n posterior ser\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cil y no habr\u00e1 que temer con exceso las influencias del mal y la descristianizaci\u00f3n. Para conseguirlo, me propongo, con el auxilio de Dios nuestro Se\u00f1or:<\/p>\n\n\n\n<ol style=\"list-style-type:lower-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Convictorio sacerdotal<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Hacer que a partir del pr\u00f3ximo a\u00f1o funcione un Convictorio sacerdotal, en el que se reunir\u00e1n anualmente y durante el tiempo necesario un grupo de sacerdotes que lleven varios a\u00f1os de ministerio sacerdotal. Defend\u00ed esta idea en el Congreso Nacional de Perfecci\u00f3n y Apostolado, y cada vez estoy m\u00e1s convencido de su oportunidad. Es despu\u00e9s de ocho o diez a\u00f1os de experiencia cuando al sacerdote le puede resultar m\u00e1s provechoso detenerse en su camino, durante un largo per\u00edodo, para restaurar energ\u00edas, renovar pensamientos y fortalecer prop\u00f3sitos. Es entonces cuando casi todo sacerdote atraviesa una crisis de la que puede depender el porvenir de su vida. Es entonces cuando conoce de verdad la tentaci\u00f3n, la ra\u00edz de los fracasos, la gloria y la cruz del sacerdocio. Reci\u00e9n ordenado no sabe lo que es la lucha ni el peligro. Lo pondremos en marcha as\u00ed. Y no os preocup\u00e9is por nada. Vuestras necesidades familiares ser\u00e1n atendidas.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"2\" style=\"list-style-type:lower-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Estudio de los problemas pastorales<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Hacer que todo el clero de la di\u00f3cesis, en peque\u00f1os grupos, no en asambleas masivas, pase una o dos veces al a\u00f1o por la Casa Diocesana de Ejercicios, en jornadas dedicadas al estudio de problemas pastorales diversos, con arreglo a programas minuciosamente elaborados. Supuesta la vida interior del sacerdote y las actitudes del esp\u00edritu a que me he referido antes, sin lo cual no hay nada que hacer, creo, con fe nacida de la experiencia, en la eficacia de los m\u00e9todos y las actuaciones que la ciencia pastoral nos va ense\u00f1ando; creo que pueda haberse descubierto hoy lo que estaba oculto ayer; creo que la vida y la historia no pasan en vano, sino que continuamente nos van ofreciendo lecciones oportun\u00edsimas que es nuestro deber aprovechar; creo que lo que se hace en otras di\u00f3cesis de Espa\u00f1a y del extranjero puede ser \u00fatil para los dem\u00e1s; creo que de las ense\u00f1anzas del Papa y los obispos del mundo, as\u00ed como de las orientaciones formuladas por hombres especializados en el estudio de problemas pastorales, brotan rayos de luz que es inadmisible rechazar; creo en la eficacia de la cooperaci\u00f3n de los seglares al apostolado jer\u00e1rquico de la Iglesia y en el valor de sus juicios y opiniones, con los cuales es necesario contar para mayor garant\u00eda de nuestro acierto; creo que el movimiento lit\u00fargico y b\u00edblico, la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica, el compromiso temporal, la caridad organizada, la pastoral aut\u00e9ntica del p\u00falpito y del confesonario, etc., no son novedades sin fundamento, sino exigencias vivas que el Esp\u00edritu Santo va se\u00f1alando a su Iglesia, a las cuales debemos responder con amor y sin reservas. Todo lo cual debe ser estudiado y examinado por los sacerdotes, para evitar la fosilizaci\u00f3n y el arqueologismo a que, unas veces por pereza y otras por orgullosa sobreestimaci\u00f3n de nuestros criterios, todos somos propensos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cUn Centro de Orientaci\u00f3n Pastoral encaminado a la adaptaci\u00f3n pastoral viene a prop\u00f3sito y en muchos casos es necesario. El sacerdote que tiene cura de almas puede y debe saber lo que afirman las ciencias modernas, el arte y la t\u00e9cnica moderna, en cuanto se refieren al fin y a la vida religiosa y moral del hombre; lo que se puede admitir religiosa y moralmente, lo que es inadmisible y lo que es indiferente. Hay necesidad de un \u2018reajuste pastoral\u2019, o sea, de una adaptaci\u00f3n con la predicaci\u00f3n de la Iglesia, como tambi\u00e9n de una \u2018adaptaci\u00f3n pastoral\u2019 con las ciencias modernas, en cuanto rozan el campo religioso y moral hacia el Magisterio de la Iglesia, como la hay, por otra parte, de una orientaci\u00f3n del Magisterio de la Iglesia hacia las ciencias modernas (sin que se perjudique la autonom\u00eda de estas mismas ciencias, en cuanto no tocan ni directa ni indirectamente el campo religioso y moral, y mientras no sufra menoscabo el ordenamiento de la vida humana al fin \u00faltimo y sobrenatural). Nos cumple ahora hacer m\u00e1s consciente y reforzar el convencimiento personal de la necesidad de tomar y mantener este contacto con el Magisterio de la Iglesia, para adaptarlo al tiempo y el hombre de nuestros d\u00edas. La Iglesia tiene, en s\u00ed misma, el armamento que Cristo le ha dado: la verdad de Cristo y el Esp\u00edritu Santo. Con esta armadura la Iglesia palpita al un\u00edsono con el tiempo y, a su vez, los fieles deben palpitar al ritmo de la Iglesia, a fin de recibir una orientaci\u00f3n recta y poder hallar y dar un acertado diagn\u00f3stico y pron\u00f3stico del tiempo con relaci\u00f3n a la eternidad\u201d<a href=\"#sdfootnote18sym\" id=\"sdfootnote18anc\"><sup>18<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"3\" style=\"list-style-type:lower-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Fomento de la espiritualidad sacerdotal cl\u00e1sica<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Fomentar m\u00e1s y m\u00e1s la espiritualidad sacerdotal cl\u00e1sica, facilitando el cumplimiento cada vez m\u00e1s perfecto de lo que el derecho can\u00f3nico y las exhortaciones pontificias nos se\u00f1alan. Son aspiraciones muy vivas de mi alma, por cuyo logro no me conceder\u00e9 reposo, que todos los sacerdotes practiquen los Ejercicios Espirituales de San Ignacio todos los a\u00f1os; que los retiros espirituales de cada mes se celebren mucho mejor que hasta aqu\u00ed; que las atenciones que su alma necesita se vean siempre colmadas. Este es el fundamento.<\/p>\n\n\n\n<p>Complementariamente, pueden y deben surgir y lograr adecuada organizaci\u00f3n otros est\u00edmulos que vengan a enriquecer la piedad sacerdotal, de car\u00e1cter m\u00e1s o menos privado o m\u00e1s o menos p\u00fablico, los cuales, si se fomentan con conocimiento y aprobaci\u00f3n del Prelado, incluso por v\u00eda asociativa, no servir\u00e1n para introducir funestas divisiones, sino m\u00e1s bien producir\u00e1n hermosos resultados.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cSi para el logro de esa santidad de vida, la pr\u00e1ctica de los consejos evang\u00e9licos no se impone al sacerdote en virtud de su estado clerical, sin embargo, se le presenta como el camino real hacia la santificaci\u00f3n cristiana como a todos los disc\u00edpulos del Se\u00f1or. Por lo dem\u00e1s, para gran consuelo nuestro, cu\u00e1ntos sacerdotes generosos lo han comprendido hoy, y al paso que permanecen en las filas del clero secular, piden a las asociaciones aprobadas por la Iglesia que los gu\u00eden y sostengan en la vida de perfecci\u00f3n\u201d<a href=\"#sdfootnote19sym\" id=\"sdfootnote19anc\"><sup>19<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"4\" style=\"list-style-type:lower-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Conservar y fomentar la formaci\u00f3n cultural adquirida en el Seminario<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Cuidar de que no se apague, al paso de los a\u00f1os, el anhelo de conservar y completar cada vez m\u00e1s la formaci\u00f3n cultural adquirida. Es indispensable al sacerdote el estudio serio y profundo de las ciencias sagradas y de las profanas que con ellas guardan relaci\u00f3n, y cada d\u00eda lo ser\u00e1 m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>La presentaci\u00f3n digna de la palabra de Dios, y la respuesta adecuada a las perplejidades y angustias en que el pensamiento y el coraz\u00f3n de los hombres naufragan tantas veces, exige del sacerdote una preparaci\u00f3n no s\u00f3lo remota, sino pr\u00f3xima, que no se logra con alguna que otra lectura, en la cual m\u00e1s se busca una evasi\u00f3n que un perfeccionamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Atentos a esta necesidad, habr\u00e1 que organizar mucho mejor las llamadas conferencias mensuales, los ex\u00e1menes quinquenales y de licencias, y otras reuniones de estudio que se ir\u00e1n organizando, las cuales se tendr\u00e1n en cuenta de ahora en adelante, como m\u00e9ritos para toda clase de nombramientos, designaciones y concursos. Los se\u00f1ores profesores del seminario se desplazar\u00e1n anualmente a diversos lugares de la di\u00f3cesis, con objeto de exponer y comentar las principales cuestiones y problemas que la ciencia teol\u00f3gica va presentando, con el fin de que todo el clero diocesano pueda seguir, al menos de manera sint\u00e9tica y aproximada, la marcha del pensamiento y la investigaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Y en todas las parroquias, en la casa rectoral, con cargo a los fondos de f\u00e1brica y con ayuda del obispado, cuando sea precisa, se constituir\u00e1 una biblioteca sacerdotal. Empezaremos muy modestamente para evitar que, si el proyecto es demasiado ambicioso, no se realice nunca. El Delegado episcopal de la secci\u00f3n de cultura en el Instituto Diocesano de Formaci\u00f3n y Acci\u00f3n Pastoral, marcar\u00e1 cada a\u00f1o los tres o cuatro vol\u00famenes que deban ser adquiridos, para que as\u00ed, a la vuelta de diez o veinte a\u00f1os, todas las parroquias tengan, como de su propiedad, un conjunto de libros provechosos que ir\u00e1 siempre aumentando. De esta manera lograremos que, cuando un sacerdote va a una parroquia, encuentre un valioso instrumento de apostolado, sean cuales fueren los libros que \u00e9l lleve como suyos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cExhortamos, por tanto, a los sacerdotes a procurar que su ciencia de las cosas divinas y humanas sea copiosa; que no se contenten con los conocimientos adquiridos en la edad juvenil; que investiguen con cuidadosa atenci\u00f3n la ley del Se\u00f1or, cuyos or\u00e1culos son m\u00e1s puros que la plata; que gusten y saboreen las castas delicias de las Sagradas Escrituras, y que, a medida que avanzan en a\u00f1os, estudien con mayor profundidad la historia de la Iglesia, los dogmas, los sacramentos, el derecho, las prescripciones can\u00f3nicas, la liturgia y las lenguas, de modo que el progreso intelectual corra parejo con la vida de virtud. Que cultiven tambi\u00e9n los estudios literarios y las ciencias profanas, para que puedan comunicar con lucidez de pensamiento y con elocuencia de palabras las ense\u00f1anzas de la gracia y de la salvaci\u00f3n, siendo capaces de someter, aun a los m\u00e1s doctos ingenios, a la suave carga y yugo del Evangelio de Cristo\u201d<a href=\"#sdfootnote20sym\" id=\"sdfootnote20anc\"><sup>20<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cTened por seguro que no se puede ser instrumentos eficaces de la Iglesia si no se est\u00e1 provisto de una cultura proporcionada a los tiempos. En muchos casos no basta ni el fervor de las propias persuasiones ni el celo de la caridad para conquistar y conservar las almas para Cristo. Tambi\u00e9n aqu\u00ed el buen pueblo tiene raz\u00f3n cuando desea sacerdotes santos y doctos. Sea, pues, el estudio vuestra ascesis, tanto m\u00e1s cuanto que tiene como objeto a las cosas divinas\u201d<a href=\"#sdfootnote21sym\" id=\"sdfootnote21anc\"><sup>21<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPara favorecer estos estudios, que a veces hacen dif\u00edciles las precarias condiciones econ\u00f3micas del clero, ser\u00eda sumamente oportuno que los ordinarios, seg\u00fan las luminosas tradiciones de la Iglesia, volviesen a dar dignidad a las bibliotecas catedrales, colegiales y parroquiales. Muchas bibliotecas eclesi\u00e1sticas, a pesar de las expoliaciones y las dispersiones sufridas, poseen no raras veces una preciosa herencia de pergaminos, \u2018testimonio elocuente, tanto de la actividad e influencia de la Iglesia, como de la fe y piedad generosa de nuestros abuelos, de sus estudios y de su buen gusto\u2019 (Carta del Cardenal Gasparri al Episcopado de Italia, 15 de abril de 1937). Que estas bibliotecas no sean descuidados montones de libros, sino estructuras vivientes, con una sala apropiada para la lectura. Pero, ante todo, que est\u00e9n al d\u00eda, enriquecidas con obras de todo g\u00e9nero, especialmente las relativas a aquellas cuestiones religiosas y sociales de nuestros tiempos, de modo que los que ense\u00f1an, los p\u00e1rrocos y particularmente los j\u00f3venes sacerdotes, puedan buscar en ellas la doctrina necesaria para difundir las verdades del Evangelio y para combatir errores\u201d<a href=\"#sdfootnote22sym\" id=\"sdfootnote22anc\"><sup>22<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Seminarios y colegios de ense\u00f1anza media<\/h2>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li>Seminarios<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Fundamental es, tambi\u00e9n, y digno de la m\u00e1xima atenci\u00f3n por parte de todos si queremos asegurar el porvenir espiritual de la di\u00f3cesis, el seminario. En \u00e9l podemos y debemos depositar, vosotros y yo, nuestras mejores esperanzas.<\/p>\n\n\n\n<p>Estamos tratando de lograr, y con la gracia de Dios lo conseguiremos, no sin tiempo y sin esfuerzos, un Seminario en que:<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>a)<\/strong><\/em> Los alumnos se formen en la virtud y la ciencia, de cara a las necesidades espirituales de la Iglesia y del mundo, no s\u00f3lo de la Di\u00f3cesis, de tal manera que, sin menospreciar los consejos y experiencias laudables de la moderna pedagog\u00eda, se mantengan inalterables los valores permanentes que la Iglesia ha defendido siempre en cuanto a la educaci\u00f3n de los seminaristas, tales como el estudio serio y profundo, la disciplina y el orden necesarios, el silencio y la mortificaci\u00f3n, la obediencia sincera interior y exterior, todo lo cual es perfectamente compatible con la m\u00e1s hermosa libertad en cuanto a las decisiones fundamentales que s\u00f3lo el alumno ha de tomar.<\/p>\n\n\n\n<p>Consideramos un funesto y trist\u00edsimo error toda postura de condescendencia en los seminarios con las corrientes de la vida actual, sin distinguir lo bueno de lo malo. Es bueno el realismo, la autenticidad, la sencillez y confianza en el trato y relaci\u00f3n con los superiores, la atenci\u00f3n al respeto que el alumno merece, la sana libertad, sin la cual no hay caracteres ni personas. Pero es fatal y nocivo en grado sumo el deseo de independencia, el subjetivismo en juicios y decisiones, el ansia de confort y comodidades materiales, el anhelo obsesivo de experimentar y ver, como si por ese camino se pudiese lograr una mayor capacitaci\u00f3n. Frente a un mundo que vemos locamente entregado a los placeres m\u00e1s insensatos, la formaci\u00f3n del futuro sacerdote no puede incurrir en desorientadoras complacencias. Por el contrario, ha de tender a lograr, sin vacilaciones ni timideces, almas fuertes, radicalmente enemigas de las concupiscencias de siempre, enamoradas de la cruz de Jesucristo, del trabajo, del recogimiento y la abnegaci\u00f3n. Los que no sean capaces de entenderlo as\u00ed, no merecen ser sacerdotes.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>b)<\/strong><\/em> Un Seminario en que los educadores, ahora sacerdotes diocesanos, sean los primeros en dar ejemplo de austeridad, desprendimiento, renuncia y dedicaci\u00f3n fervorosa a sus tareas, de las m\u00e1s importantes de la di\u00f3cesis. Deben acostumbrarse a pensar nuestros sacerdotes todos que un destino tan normal y obvio como el de la cura de almas en una parroquia, puede ser el de superiores y profesores de los seminarios y centros docentes de la di\u00f3cesis, con tal que re\u00fanan condiciones para ello.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando tal misi\u00f3n se les conf\u00ede, no deber\u00e1n recibirla como algo pasajero y provisional que se desea cumplir cuanto antes, en busca de otros ministerios de mayor libertad y aspectos en apariencia m\u00e1s gratos. Tal modo de sentir ser\u00eda anti-sacerdotal y anti-diocesano. No se trata de libertades, sino de deberes y servicios. Ni la mayor inclinaci\u00f3n personal, ni las atenciones familiares pueden ser invocadas con car\u00e1cter definitivo para desviar una decisi\u00f3n en este sentido por quienes se han ordenado para servicio de la di\u00f3cesis. Deber del obispo ser\u00e1 procurar, por su parte, que en cuantos han de dedicar su vida a la labor en estos centros coincidan a la vez, dentro de lo posible, la dedicaci\u00f3n de hecho con la inclinaci\u00f3n vocacional y la preparaci\u00f3n adecuada.<\/p>\n\n\n\n<p>Es tan importante la labor formativa de los educadores del seminario que estoy dispuesto a no escatimar esfuerzo alguno, ni en cuanto a la capacitaci\u00f3n ni en cuanto al n\u00famero. Si es necesario que haya seis directores espirituales en lugar de tres, habr\u00e1 seis. Porque es inadmisible un \u00edndice tan bajo de perseverancia en los alumnos como el que viene registr\u00e1ndose. Ello puede ser debido tanto a falta de selecci\u00f3n en los aspirantes, como a falta de atenci\u00f3n espiritual a los que ingresaron. Preferir\u00eda, incluso, si no hay otro remedio, dejar m\u00e1s parroquias sin sacerdote y atender mejor al seminario, porque s\u00f3lo as\u00ed podremos tener el d\u00eda de ma\u00f1ana sacerdotes que atiendan a las parroquias.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>c)<\/strong><\/em> Un seminario que, en el orden intelectual, aspire a conseguir los m\u00e1s altos niveles dentro de las posibilidades diocesanas. Los profesores deber\u00e1n ser hombres totalmente dedicados a sus tareas docentes, lo cual no es incompatible con determinadas actuaciones pastorales, que despu\u00e9s de explicados sus cursos puedan acudir uno y otro a\u00f1o a ampliar y actualizar sus conocimientos en los centros adecuados nacionales y extranjeros; que dirijan a los alumnos, dentro y fuera de la clase, en la lectura de libros y revistas, y en peque\u00f1os trabajos de investigaci\u00f3n; que publiquen tambi\u00e9n ellos, peri\u00f3dicamente, el resultado de sus estudios de especializaci\u00f3n; que colaboren con el director de la biblioteca a enriquecer \u00e9sta sin cesar, para lo cual destinaremos los fondos necesarios, y a que se utilice constantemente con af\u00e1n de superaci\u00f3n creciente.<\/p>\n\n\n\n<p>Quisi\u00e9ramos que de los sacerdotes que se ordenan cada a\u00f1o, una tercera parte, siempre que tengan aptitudes para ello, acudan a las universidades eclesi\u00e1sticas y civiles a graduarse en las ciencias sagradas y profanas, sea cual sea el ministerio que despu\u00e9s han de ejercer. Si a la ciencia que han adquirido les acompa\u00f1a la virtud que deben poseer, sabr\u00e1n anteponer su sacerdocio a todo y acatar con verdadero amor el m\u00e1s humilde ministerio, aunque hayan estudiado en las mejores universidades del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Aspiramos tambi\u00e9n a que los estudios human\u00edsticos equivalgan y aun superen a los del bachillerato oficial del Estado, con la intenci\u00f3n, incluso, de que antes de que los alumnos pasen a los cursos de filosof\u00eda y teolog\u00eda, tengan una oportunidad m\u00e1s que les permita decidir con toda libertad su permanencia o salida del Seminario.<\/p>\n\n\n\n<p>Concederemos, igualmente, la m\u00e1xima importancia a la formaci\u00f3n pr\u00e1ctica durante los cursos de teolog\u00eda, utilizando los m\u00e9todos y recursos adecuados para combatir este teoricismo exagerado que ha solido acompa\u00f1ar a la formaci\u00f3n de nuestros alumnos.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>d)<\/strong><\/em> Un seminario, en fin, en el que alcancemos la cifra de mil seminaristas, perfectamente posible en nuestra di\u00f3cesis. Al se\u00f1alar este n\u00famero como meta me gu\u00eda exclusivamente una idea de servicio a la Iglesia. Si llegamos a obtener promociones anuales de cuarenta o cincuenta sacerdotes, podremos tambi\u00e9n destinar cada a\u00f1o veinte o treinta sacerdotes a las diversas di\u00f3cesis de Espa\u00f1a y del extranjero que los necesiten, incluidos, naturalmente, los pa\u00edses de misi\u00f3n. Si podemos, debemos hacerlo.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"2\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Centros de Ense\u00f1anza Media<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Pero no bastan los Seminarios. Es una tarea de oportunidad dif\u00edcilmente superable dedicar nuestro esfuerzo a crear por toda la di\u00f3cesis colegios de ense\u00f1anza media y desarrollar los ya existentes. Centros en los que los hijos de nuestras familias puedan hacer el bachillerato en sus diversas modalidades: laboral, profesional, administrativo, en ciencias o en letras. Se avecina para Espa\u00f1a, o, mejor dicho, est\u00e1 llegando ya una \u00e9poca en que la ense\u00f1anza media se extender\u00e1 por todo el pa\u00eds, como se ha extendido ya por todos los pueblos de Europa.<\/p>\n\n\n\n<p>No hay quien pueda contener, y de ello hemos de alegrarnos todos, esta exigencia de nuestro tiempo encaminada a hacer del hombre un ser cada vez m\u00e1s culto y, por consiguiente, m\u00e1s libre.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia debe estar presente en esta gran empresa de elevaci\u00f3n de nuestro pueblo. Y debe estarlo con el m\u00e1s puro af\u00e1n de ayudar al hombre y cumplir con su sagrada misi\u00f3n de ense\u00f1ar y educar. Obrar\u00edamos torpemente si nuestro esfuerzo se dirigiera a mantener la vida espiritual de las parroquias con arreglo a las formas tradicionales, y no prest\u00e1ramos atenci\u00f3n a la tarea trascendental de educar a los que, el d\u00eda de ma\u00f1ana, van a tener en sus manos la vida c\u00edvica y social del pa\u00eds. Y la van a tener en un ma\u00f1ana no muy lejano, y los que la van a tener, ser\u00e1n cada vez m\u00e1s en n\u00famero, porque tambi\u00e9n cada vez va a haber m\u00e1s hombres cultos. La cultura y preparaci\u00f3n t\u00e9cnica va a ser \u2013lo est\u00e1 siendo ya\u2013 la gran fuerza de nuestra \u00e9poca. Influir\u00e1 m\u00e1s que la pol\u00edtica y la econom\u00eda, porque a ambas las gobierna.<\/p>\n\n\n\n<p>Tenemos que crear colegios de la Iglesia dirigidos unos por congregaciones religiosas y otros por sacerdotes diocesanos. En nuestra di\u00f3cesis existe ya el de San Ignacio, en Ponferrada, en el que un grupo de sacerdotes de la di\u00f3cesis est\u00e1 realizando una gran labor. Este verano comenzar\u00e1n, a la vez, las obras de otros tres, de la misma \u00edndole, en Puebla de Sanabria, Vega de Espinareda y Fontey. Y pido al Se\u00f1or que me d\u00e9 fuerzas para poner en marcha algunos m\u00e1s, hasta que en los m\u00e1s aptos y necesitados lugares de la di\u00f3cesis surjan centros suficientes, tal como los pide nuestro tiempo, en que los hijos de las familias del campo y de la mina puedan recibir adecuada formaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Se trata de esto: de introducirnos en medio de los pueblos y comarcas abandonados, de llevar hasta las puertas de sus hogares la posibilidad del acceso a la cultura por parte de los que no pueden venir a la ciudad. La Iglesia est\u00e1 muy acostumbrada a hacer estas prolongaciones de s\u00ed misma. Como llev\u00f3 las parroquias a los lugares m\u00e1s inveros\u00edmiles, impulsada por su amor de madre, ha de llevar tambi\u00e9n ahora los centros de ense\u00f1anza media a los pueblos y zonas de car\u00e1cter rural o industrial, en que ansiosamente lo esperan. Colegios modestos y sencillos, eficaces, administrados conjuntamente por los sacerdotes y las familias como algo que debe ser de todos. Nos servir\u00e1n, incluso, para que en ellos surjan vocaciones sacerdotales que vengan despu\u00e9s al Seminario.<\/p>\n\n\n\n<p>Tan grave preocupaci\u00f3n siento por este problema que estar\u00eda dispuesto, si las leyes y la prudencia me lo permitieran, a enajenar el tesoro art\u00edstico de la di\u00f3cesis, si otros medios no hubiera, para construir y dotar esos centros. Es un motivo de gloria para un pueblo poder ofrecer a sus visitantes ricos museos con magn\u00edficas colecciones de cuadros; pero todav\u00eda es m\u00e1s grande ese pueblo cuando cuenta con hombres capaces de pintar cuadros tan valiosos como los que en sus museos se albergan. El hombre, el hombre ante todo, que es frecuentemente el gran abandonado. Que haya a la vez museos y colegios. Que se d\u00e9 a Dios culto esplendoroso en sus iglesias; pero si alguna vez ello no es posible porque hay que atender antes al pueblo hambriento de pan y de cultura, sepamos que es el mismo Se\u00f1or de la majestad y de la gloria el que prefiere un culto m\u00e1s pobre e igualmente digno en sus templos, si lo que pod\u00eda haber all\u00ed de riqueza ha tenido que emplearse para saciar el hambre de sus hijos..<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Las parroquias<\/h2>\n\n\n\n<p>La mayor parte de los sacerdotes diocesanos, sin embargo, ejercer\u00e1n su apostolado, como siempre ha sucedido, en la cura directa de las almas a trav\u00e9s de las parroquias. \u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 poner en duda la necesidad de esta instituci\u00f3n tan querida por la Iglesia, como es la parroquia? Hoy, como ayer, sigue siendo indispensable y el m\u00e1s adecuado instrumento de una acci\u00f3n pastoral profunda, penetrante y duradera.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, igualmente, es evidente que necesita renovaci\u00f3n a fondo para que su eficacia en el futuro siga siendo tan grande como lo fue en el pasado. As\u00ed se ha reconocido en innumerables libros y escritos, cursos y asambleas, sugerencias y proyectos. Por lo que a Espa\u00f1a se refiere, las tres Semanas de la Parroquia, celebradas en Zaragoza, Sevilla y Barcelona, lo han proclamado con honda convicci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pienso ahora en nuestras parroquias, las de nuestra di\u00f3cesis, para la cual escribo. No tenemos grandes ciudades y, por consiguiente, no nos agobian los problemas t\u00edpicos derivados de estas inabarcables concentraciones humanas. Nuestra tarea es m\u00e1s f\u00e1cil, si bien tropezamos con una mayor carencia de medios y recursos. Deber de todos nosotros es obrar conforme a lo que tenemos, y lo que tenemos, que es mucho y muy rico a pesar de nuestra pobreza, perfeccionarlo hasta el m\u00e1ximo. A ello van encaminadas las orientaciones siguientes:<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li>Vida lit\u00fargica<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Este debe ser vuestro primero y principal empe\u00f1o. El misterio de la Redenci\u00f3n se nos revela a trav\u00e9s de la liturgia. La Santa Misa, los sacramentos y la palabra b\u00edblica nos sit\u00faan junto a Cristo y nos hacen participar de su vida. Sin eso no hay cristianismo. Es menester que el pueblo tome parte en estos hechos sagrados, los comprenda y los ame con avidez y efusi\u00f3n. Deb\u00e9is seguir con toda fidelidad las normas que os va dando la Comisi\u00f3n Diocesana de Liturgia. Si en cada parroquia llegamos a tener un grupo de almas, hombres y mujeres, que sepan saborear la riqu\u00edsima m\u00e9dula interior de la liturgia, no se acabar\u00e1 la raza de los<\/p>\n\n\n\n<p>aut\u00e9nticos cristianos. La semilla se convertir\u00e1 en \u00e1rbol frondoso. No hay porqu\u00e9 oponerse a las formas tradicionales de la piedad popular y privada; lo que hay que hacer es encauzarlas y purificarlas siempre que sea preciso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cNos alabamos que os dediqu\u00e9is a iniciar a los fieles en la inteligencia y en el gusto de las inagotables riquezas y las profundas bellezas de las oraciones lit\u00fargicas de la misa, y que los form\u00e9is para que participen en ella activamente. Vosotros, que continuamente us\u00e1is del misal en el altar \u2013ese libro m\u00e1ximo de la devoci\u00f3n de la Iglesia\u2013, conoc\u00e9is cu\u00e1nta riqueza de textos sagrados y de santas elevaciones encierra; cu\u00e1ntos sentimientos de adoraci\u00f3n, de alabanza y de anhelos hacia Dios despierta y suscita, con qu\u00e9 poderosa energ\u00eda mueve y eleva hacia las cosas eternas, y qu\u00e9 tesoros de saludables avisos ofrece a la propia vida religiosa de cada uno\u201d<a href=\"#sdfootnote23sym\" id=\"sdfootnote23anc\"><sup>23<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPara que no seamos, pues, enga\u00f1ados por el \u00e1ngel de las tinieblas que se transfigura en \u00e1ngel de luz, sea \u00e9sta la suprema ley de nuestro amor: que amemos a la Esposa de Cristo como \u00c9l mismo la quiso al conquistarla con su sangre. Conviene, por tanto que tengamos gran afecto, no s\u00f3lo a los sacramentos con los que la Iglesia, piadosa Madre, nos alimenta; ni s\u00f3lo a las solemnidades con las que nos solaza y alegra, y a los sagrados cantos y a los ritos lit\u00fargicos que elevan nuestras mentes a las cosas celestiales, sino tambi\u00e9n a los diversos ejercicios de piedad, mediante los cuales la misma Iglesia atiende suavemente a que las almas de los fieles se sientan, suavemente y con gran consuelo, llenas del esp\u00edritu de Cristo\u201d<a href=\"#sdfootnote24sym\" id=\"sdfootnote24anc\"><sup>24<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"2\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Predicaci\u00f3n de la Palabra de Dios<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Es una fuerza inmensa en nuestras manos. El pueblo escuchar\u00e1 siempre la palabra divina, si la exponemos con dignidad. Actualmente, la Comisi\u00f3n Diocesana de Predicaci\u00f3n Sagrada os env\u00eda los guiones, suficientemente desarrollados, de los temas que hay que explicar. Estudiadlos bien antes de exponerlos. No sois libres para cambiarlos. En esto, de manera especial, sois colaboradores de vuestro obispo, que no puede llegar con su voz a todas partes. El obispo os encarga que prediqu\u00e9is precisamente eso, no otra cosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Deb\u00e9is predicar con brevedad, con unci\u00f3n, con sencillez, con clara profundidad. Deb\u00e9is predicar a Jesucristo y su doctrina. No sub\u00e1is al pulpito para herir o increpar, y mucho menos para molestar y aludir a grupos y personas. Si ten\u00e9is que condenar vicios y pecados, hacedlo con toda energ\u00eda y decisi\u00f3n, pero con amor al hombre que peca. Recordad y cumplid fielmente las normas dadas sobre predicaci\u00f3n, tal como aparecen en el <em>Bolet\u00edn del Obispado,<\/em> febrero de 1962, p\u00e1ginas 70-72. No son suficientes. Pensamos constituir un Instituto Diocesano de Predicaci\u00f3n Sagrada al que ir\u00e1n incorpor\u00e1ndose los sacerdotes a medida que salgan del seminario. Quisi\u00e9ramos lograr que en las iglesias de toda la Di\u00f3cesis cada domingo resonase una misma voz: la de Jes\u00fas, el Buen Pastor, que exhorta e instruye, fortalece la fe, mueve al amor y la esperanza.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"3\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Catequesis de ni\u00f1os y adultos<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Es in\u00fatil pretender edificar nada serio en la vida parroquial si no se cumple con el mayor esmero esta obligaci\u00f3n sacrat\u00edsima. La instrucci\u00f3n sistem\u00e1tica y ordenada que todo cristiano debe poseer sobre la doctrina cat\u00f3lica, s\u00f3lo puede lograrse con una catequesis eficiente y bien organizada que no se limite, por supuesto, a los ni\u00f1os y ni\u00f1as de la parroquia. Queda encargado, desde ahora, el Delegado Diocesano de Catequesis de visitar las parroquias, organizar cursillos para formaci\u00f3n de catequistas y reuniones comarcales de sacerdotes para estudiar los m\u00e9todos catequ\u00edsticos, financiar los medios necesarios para que todas las parroquias posean los instrumentos adecuados de formaci\u00f3n, tales como libros, l\u00e1minas, m\u00e1quinas de proyecci\u00f3n, etc. Urgimos a todos los sacerdotes la obligaci\u00f3n de visitar las escuelas y comprobar y estimular, dentro siempre de la mejor armon\u00eda, la cooperaci\u00f3n de los se\u00f1ores maestros.<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto a la catequesis de adultos, no basta la instrucci\u00f3n dominical ni el cultivo intenso de algunos d\u00edas, como, por ejemplo, cuando se dan misiones o ejercicios; es necesario organizar, sobre todo en oto\u00f1o e invierno, en que las familias salen menos al campo, cursos completos y sistem\u00e1ticos de exposici\u00f3n de la doctrina cat\u00f3lica, con m\u00e9todos y procedimientos que los hagan atractivos, que deber\u00e1n ser estudiados y revisados por los propios sacerdotes de cada comarca, con el asesoramiento del Instituto Diocesano de Formaci\u00f3n y Acci\u00f3n Pastoral. El lugar m\u00e1s adecuado para esta labor es el sal\u00f3n parroquial, que ninguna parroquia de importancia debe dejar de tener.<\/p>\n\n\n\n<p>Asimismo, disponemos que se constituya en todas las parroquias la Asociaci\u00f3n de Doctrina Cristiana, mandada establecer por la Sagrada Congregaci\u00f3n del Concilio, y a la que se refiere el canon 1.333 del C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico, para lo cual pedir\u00e1n instrucciones al se\u00f1or Delegado Diocesano de Catequesis.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"4\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Culto eucar\u00edstico<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Os encarezco con la mayor vehemencia que foment\u00e9is en las parroquias la vida eucar\u00edstica. El Sagrario debe ser el centro real y efectivo de la comunidad parroquial. No bastan, no \u2013acaso, algunas veces, incluso no convengan\u2013, las llamadas fiestas sacramentales y actos parecidos. Hay que aspirar a constituir asociaciones eucar\u00edsticas permanentes, de hombres, mujeres y ni\u00f1os \u2013tales como la Adoraci\u00f3n Nocturna, la Adoraci\u00f3n Real, Perpetua y Universal, la Cruzada Eucar\u00edstica, etc.\u2013 que hagan turnos de vela al Sant\u00edsimo Sacramento, que visiten al Se\u00f1or durante el d\u00eda, que en silencio y con fervor adoren y presenten sus plegarias al hu\u00e9sped divino del Tabern\u00e1culo.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"5\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Caridad organizada<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Me refiero a la C\u00e1ritas parroquial. Ni una sola parroquia de la di\u00f3cesis sin su C\u00e1ritas parroquial, con la organizaci\u00f3n concreta y precisa de que hemos hablado tantas veces. Cuando, a poco de venir a la di\u00f3cesis, empezamos a desarrollar esta campa\u00f1a, muchos de vosotros me dec\u00edais que era imposible lograr un resultado decoroso, dada la pobreza de nuestros ambientes. Bien conoc\u00e9is que no ha sido as\u00ed, sino que, por el contrario, de uno de los \u00faltimos lugares que ocupaba la nuestra entre todas las di\u00f3cesis de Espa\u00f1a, ha pasado a ser la primera en cuanto al n\u00famero de socios suscriptores, y se han realizado campa\u00f1as con \u00e9xito sorprendente.<\/p>\n\n\n\n<p>En la actualidad est\u00e1 organizada la C\u00e1ritas en 280 parroquias. Damos un \u00faltimo plazo a las restantes, de aqu\u00ed a fin de a\u00f1o, para que sin m\u00e1s vacilaciones ni dudas la organicen en la forma precisa en que est\u00e1 determinado, y cumpliendo fidel\u00edsimamente las normas de la C\u00e1ritas diocesana.<\/p>\n\n\n\n<p>No podemos, con solo el recurso de la caridad, resolver los problemas graves que padecen muchos de los ambientes de nuestra Di\u00f3cesis, porque ello m\u00e1s bien exige una reforma de las estructuras econ\u00f3micas y sociales del pa\u00eds que escapa a nuestro alcance. Pero, desde luego, y sin dejar de insistir siempre en las obligaciones de justicia, s\u00ed que podemos, mediante una organizaci\u00f3n potente y nutrida de la caridad cristiana, atender, por amor a Cristo y al que sufre, las necesidades m\u00e1s graves de muchas familias: la carencia de ropas, medicinas, alimentos, debe movernos a todos a tener una organizaci\u00f3n que ofrezca los remedios oportunos, aunque sea de una manera elemental. Y sin limitarnos a esto, es necesario impulsar las obras de caridad social que tienden a eliminar las causas de la miseria.<\/p>\n\n\n\n<p>De todo esto debe ocuparse la C\u00e1ritas diocesana, con sus diversos equipos directivos, a los cuales corresponde promover el estudio de las obras sociales necesarias y realizarlas cuando sea preciso, o ayudar a que las realicen los diversos organismos existentes en la Di\u00f3cesis con capacidad para llevarlas a cabo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ni la C\u00e1ritas nacional, ni la diocesana, ni la parroquial han nacido para absorber ni para retener. Su misi\u00f3n es formar la conciencia de los fieles en el ejercicio y la pr\u00e1ctica de la caridad; recaudar recursos y ayudas y distribuirlos; asesorar y sugerir lo que conviene hacer, cuando se necesite ese asesoramiento; velar por el buen uso y empleo de los fondos distribuidos; coordinar los campos de trabajo y las fuentes de recaudaci\u00f3n; apoyar con orden, eficacia y generosidad a las organizaciones existentes dedicadas a la soluci\u00f3n de los problemas; y si as\u00ed lo piden las circunstancias, ejecutar directamente lo que otros no hacen, si es necesario hacerlo.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"6\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Acci\u00f3n Cat\u00f3lica<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Igualmente, hemos de ocuparnos de la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica con car\u00e1cter parroquial o inter-parroquial, seg\u00fan los casos, y mediante la constituci\u00f3n de grupos especializados en las poblaciones de m\u00e1s importancia. Los seglares son necesarios a la Iglesia, y tienen el derecho y el deber de cooperar con nosotros a la extensi\u00f3n del Reino de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Solamente una idea inexacta de lo que es la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica puede hacer que el sacerdote considere imposible o muy dif\u00edcil la organizaci\u00f3n del movimiento de apostolado seglar. Precisamente en nuestros d\u00edas est\u00e1 tomando impulso decisivo en Espa\u00f1a la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica rural, que en nuestra Di\u00f3cesis encontrar\u00e1 campo propicio.<\/p>\n\n\n\n<p>Para fomentar y cuidar de estos grupos, os pido a todos que conced\u00e1is la m\u00e1xima importancia a los Cursillos de Cristiandad y las tandas de Ejercicios Espirituales para seglares, as\u00ed como a otras reuniones de formaci\u00f3n y acci\u00f3n que se organizar\u00e1n incesantemente en la casa diocesana de ejercicios. Existe esta casa en Astorga y debe ser un foco de permanente actividad espiritual. Pero dadas las dificultades de comunicaci\u00f3n en nuestra Di\u00f3cesis, es nuestro prop\u00f3sito construir otras en Ponferrada y en alg\u00fan otro lugar, para facilitar mejor la asistencia de aquellos a quienes se invita.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"7\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Cultura b\u00edblica<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Entre los objetivos a que deben apuntar estos centros de formaci\u00f3n y de estudio, hay uno que merece mi m\u00e1s profunda estimaci\u00f3n. Es el de que sirvan para instruir a nuestros fieles, y en la medida necesaria tambi\u00e9n a los sacerdotes, en todo lo relativo al conocimiento y uso de las Sagradas Escrituras. Sin esto no podr\u00e1 haber una vida lit\u00fargica ni una formaci\u00f3n piadosa y doctrinal plenamente desarrolladas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ha sido un lamentable descuido, por nuestra parte, el no haber atendido a este aspecto de la formaci\u00f3n religiosa de nuestro pueblo. Cada d\u00eda ser\u00e1 m\u00e1s necesaria. Lo es ya para tantos y tantos emigrantes que han de vivir en contacto con otras confesiones cristianas. Lo es tambi\u00e9n para muchos hombres cultos que, merced a las comunicaciones y viajes, mantienen relaci\u00f3n con otros que no son cat\u00f3licos. Lo ser\u00e1 para todos ante las nuevas situaciones que en nuestra Patria han de producirse. El desconocimiento que hasta aqu\u00ed ha existido de la Biblia es un motivo de aut\u00e9ntico dolor sacerdotal.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cProcurad, por lo dem\u00e1s, acrecentar y perfeccionar cada d\u00eda m\u00e1s esta veneraci\u00f3n en los fieles a vosotros encomendados, promoviendo cuanto emprendan aquellos varones que, llenos de esp\u00edritu apost\u00f3lico, procuran laudablemente excitar y fomentar entre los cat\u00f3licos el conocimiento y el amor de las Sagradas Escrituras. Fomentad y ayudad a las asociaciones piadosas cuyo prop\u00f3sito sea difundir entre los fieles los Libros Sagrados, y principalmente los Evangelios, y procurad con todo ah\u00ednco que se haga bien y santamente su cotidiana lectura en las familias cristianas; recomendad eficazmente, de palabra y de obra, cuando las leyes lit\u00fargicas lo permitan, las Sagradas Escrituras que hoy, con la aprobaci\u00f3n de la autoridad de la Iglesia, se hallan ya traducidas a las lenguas vulgares; y dad vuestra ayuda, en la medida de vuestras fuerzas, a las revistas peri\u00f3dicas que con tanta loa y fruto se publican en varias partes del orbe, ya para tratar y exponer cient\u00edficamente estas cuestiones, ya para acomodar los frutos de estas investigaciones al sagrado ministerio o a la utilidad de los fieles, y divulgadlas convenientemente entre todas las clases de vuestra grey. Estad bien persuadidos, todos los sagrados ministros, de que todo esto y todo lo dem\u00e1s que a este prop\u00f3sito invente el celo apost\u00f3lico y el amor a la divina palabra, ha de ser para ellos mismos un eficaz auxiliar en su apostolado para con las almas\u201d<a href=\"#sdfootnote25sym\" id=\"sdfootnote25anc\"><sup>25<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"8\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Obras misionales pontificias<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>No podemos silenciar, en esta enumeraci\u00f3n de fuentes y medios de vida cristiana en la parroquia, el inter\u00e9s y amor consciente y serio a las obras de las misiones. No s\u00f3lo cuando llegan las grandes jornadas misionales, sino con mucha m\u00e1s frecuencia \u2013yo dir\u00eda que habitualmente\u2013, se debe predicar y hablar a los fieles de la expansi\u00f3n misionera de la Iglesia, del universalismo de nuestra fe, de la obligaci\u00f3n que todos tenemos de propagarla y de ayudar, con todos los medios posibles, al arraigo y desarrollo de las Obras Misionales Pontificias. Constantemente, aunque hablemos directamente de otros temas, podemos hacer aplicaciones en favor del ideal misionero que debe reinar en toda alma cristiana.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"9\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Vocaciones religiosas y sacerdotales<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Deber de todo sacerdote es, tambi\u00e9n, fomentar las vocaciones al estado religioso y sacerdotal. Aunque de las primeras se ocupan m\u00e1s directamente los propios religiosos, tambi\u00e9n merecen que los sacerdotes las favorezcan y faciliten con especial cuidado. El ideal ser\u00eda que no hubiese ninguna parroquia de la di\u00f3cesis de la que no saliera cada a\u00f1o alguna vocaci\u00f3n a las \u00f3rdenes y congregaciones religiosas de hombres y mujeres. Es siempre un \u00edndice de vitalidad religiosa en la parroquia y un fuerte v\u00ednculo que une a las familias con la religi\u00f3n, aparte los dem\u00e1s valores que encierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, particularmente, hab\u00e9is de preocuparos de las vocaciones sacedotales para el Seminario en ni\u00f1os, adolescentes y j\u00f3venes. Y a este prop\u00f3sito, nuevamente, he de referirme a lo que he declarado ya muchas veces. Las puertas del Seminario est\u00e1n abiertas a todos, pobres y ricos. Pero para evitar abusos, muchos y muy graves, que ven\u00edan produci\u00e9ndose, hemos tomado la determinaci\u00f3n de seleccionar m\u00e1s rigurosamente a los aspirantes. Y uno de los medios de selecci\u00f3n es no conceder ayudas econ\u00f3micas en el primer a\u00f1o. Estas empezar\u00edan a distribuirse a partir del segundo, cuando de verdad se comprueba que los alumnos lo merecen y lo necesitan.<\/p>\n\n\n\n<p>Estoy convencido de que una de las causas m\u00e1s fuertes del baj\u00edsimo \u00edndice de perseverancia que se ven\u00eda logrando (no llegaba al 15 por 100) era la poca estima que se conced\u00eda al seminario, y a lo que \u00e9l representa, por parte de los que ingresaban sin que se les exigiera ninguna aportaci\u00f3n. Las familias abusaban y llegaron a considerar al seminario como un centro ben\u00e9fico. Los mismos que alegaban dificultades econ\u00f3micas insuperables para pagar una pensi\u00f3n modest\u00edsima, no ten\u00edan inconveniente en hacer amplias concesiones al hijo que sal\u00eda del seminario y segu\u00eda otros estudios.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto no puede permitirse. Tenemos la obligaci\u00f3n de administrar bien las aportaciones de los fieles a las campa\u00f1as pro Seminario. Por lo dem\u00e1s, hoy es f\u00e1cil a un ni\u00f1o que desea hacer el ingreso conseguir becas y ayudas de la protecci\u00f3n escolar. Ni es tan dif\u00edcil a la familia que sinceramente quiere fomentar la inclinaci\u00f3n de sus hijos al sacerdocio, pagar la pensi\u00f3n el primer a\u00f1o. Los propios sacerdotes, que los conocen, pueden lograr segura ayuda de otras personas acomodadas que siempre est\u00e1n dispuestas a favorecer estos casos, cuando el ni\u00f1o y el ambiente familiar ofrecen ciertas garant\u00edas. Si no las ofrecen, mejor es no empezar.<\/p>\n\n\n\n<p>En \u00faltimo t\u00e9rmino, cuando se d\u00e9 alguna circunstancia excepcional, siempre queda el recurso de acudir al rector del seminario o al prelado, aun trat\u00e1ndose de alg\u00fan alumno de ingreso, y se proveer\u00e1 convenientemente. Pero, en t\u00e9rminos generales, el camino que debemos seguir es el aqu\u00ed trazado y, lejos de poner dificultades al mismo, todos los sacerdotes de la di\u00f3cesis deben esforzarse en seguirle y utilizar todos los recursos y est\u00edmulos necesarios para vencer las dificultades iniciales. Tenemos constituida oficialmente la Obra Pontificia de las Vocaciones Sacerdotales. Es conveniente que en todas las parroquias de cierto n\u00famero de almas funcione una secci\u00f3n de la misma. As\u00ed se ir\u00e1 haciendo ambiente propicio para despertar posibles vocaciones y para ayudar, en los primeros a\u00f1os, a los que no pueden costearse sus estudios, sean de la parroquia que sean.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"10\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Emigrantes<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Fen\u00f3meno pastoral caracter\u00edstico de nuestro tiempo, o por lo menos m\u00e1s acentuado que antes, ya que en nuestra Di\u00f3cesis nunca ha dejado de existir, es el de los emigrantes. Muchas de nuestras parroquias van despobl\u00e1ndose, poco a poco, y se puede presumir que, de aqu\u00ed a veinte a\u00f1os, m\u00e1s o menos, algunas o bastantes se extinguir\u00e1n por completo. Es triste, pero inevitable. En otras, sin llegar a la extinci\u00f3n de sus n\u00facleos, los emigrantes ir\u00e1n en aumento. Moral y religiosamente esto trae graves problemas, tanto por los peligros a que se exponen los que salen, como por los criterios que traen los que vienen. Al p\u00e1rroco de hoy le ha nacido una nueva preocupaci\u00f3n con estos hechos, por si fueran pocas las que ya ten\u00eda. Debe, en cuanto pueda, seguir a los emigrantes hasta donde van, con sus consejos y exhortaciones pastorales, hasta ponerles en contacto con los sacerdotes de las parroquias y territorios en que han de integrarse, con los capellanes de emigrantes y la Asistencia Social Cat\u00f3lica; interesarse por ellos; hacer que les lleguen noticias de la comunidad parroquial que dejaron. Lo mismo con los que llegan, o para pasar temporadas transitorias o para establecerse de nuevo definitivamente, si es que la vida les devuelve a su lugar de origen, o triunfadores o fracasados.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo no acercarse hasta ellos para tratar de devolver a su esp\u00edritu la paz que necesitan, o disipar y rectificar los juicios err\u00f3neos que quiz\u00e1 han asimilado? La figura del p\u00e1rroco piadoso y sacrificado por el bien de sus hijos ser\u00e1 para ellos, m\u00e1s conocedores de los torpes ego\u00edsmos de la vida, un testimonio irrefutable de la caridad de la Iglesia. Pedimos a la Delegaci\u00f3n Diocesana de Migraci\u00f3n que se esfuerce por ofrecer sugerencias y orientaciones a todos los sacerdotes, para ayudarles en este ministerio siempre dif\u00edcil.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"11\" class=\"wp-block-list\">\n<li>P\u00e1rrocos y coadjutores<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Es decir, donde quiera que aparezcan varios sacerdotes realizando su trabajo en com\u00fan: colegios, seminarios, arciprestazgos y, de manera especial, en las parroquias. Donde quiera que hay comunidad de personas y diferencia de edad y jurisdicci\u00f3n. Que el p\u00e1rroco o el superior no anule al coadjutor o a los s\u00fabditos, ni el de m\u00e1s edad menosprecie o descalifique al de menos a\u00f1os. Por el contrario, que los oigan, que examinen con ellos los problemas que se presentan, que fomenten su personalidad y les permitan desarrollar sus iniciativas propias, una vez aceptadas. Todos son sacerdotes, aunque no todos tengan las mismas atribuciones. Que cuando haya que negar u oponerse a algo, de la \u00edndole que sea, se haga ver que as\u00ed lo exigen serias razones.<\/p>\n\n\n\n<p>Y por parte del coadjutor, el s\u00fabdito o el de menor edad, respeto y obediencia, siempre con amor, a los que son mayores. Cuando, a pesar de sus indicaciones, y no obstante creer que les acompa\u00f1a la oportunidad y la raz\u00f3n, no pueden hacer lo que desean, esperen con humildad momentos mejores y piensen que el sacrificio de los puntos de vista propios forma parte del orden.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"12\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Trabajo en equipo<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>No solamente los que pertenecen a la misma comunidad, sino todos los que viven dentro de la misma ciudad o en un \u00e1rea geogr\u00e1fica delimitada y homog\u00e9nea, deben aspirar a unir sus esfuerzos, comunicarse y contrastar sus m\u00e9todos de trabajo, y fomentar la m\u00e1s estrecha relaci\u00f3n de las asociaciones, grupos e instrumentos de colaboraci\u00f3n en el apostolado. Es la pastoral de conjunto, absolutamente indispensable si se quiere dotar de eficacia seria a la acci\u00f3n apost\u00f3lica en el mundo moderno. Por no obrar as\u00ed se pierde la mitad o m\u00e1s de nuestras energ\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>A nadie se le impide desarrollar hasta el m\u00e1ximo sus impulsos personales dentro de la misi\u00f3n que se le ha confiado, pero es inadmisible el individualismo a ultranza, la terca y presuntuosa independencia, el incivil y b\u00e1rbaro encasillamiento en los propios juicios y t\u00e1cticas de acci\u00f3n, sin pensar que todo ap\u00f3stol es un combatiente que ha de unir sus brazos y su espada con los de todos los dem\u00e1s soldados, sacerdotes y seglares, que ri\u00f1en la misma batalla. La mayor parte de los problemas pastorales que se presentan en una ciudad o en una comarca, deben estudiarse, orientarse y resolverse en com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>En el discurso antes citado, monse\u00f1or Riberi a\u00f1ad\u00eda:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cTampoco es posible cuidar de las almas y realizar planes apost\u00f3licos y pastorales si se desconocen todas y cada una de las facetas personales y ambientales en que se vive. Hoy se habla de una pastoral de conjunto, que puede resumirse en una acci\u00f3n coordinada y debidamente orientada que, integrando personas e instituciones, persigue en com\u00fan un fin concreto de evangelizaci\u00f3n. La historia nos ense\u00f1a el fen\u00f3meno de la acci\u00f3n combinada humana para conseguir frutos m\u00e1s ub\u00e9rrimos. Si el maquinismo del siglo XIX trajo la integraci\u00f3n del mundo laboral en lo material, nuestro siglo est\u00e1 imponiendo la acci\u00f3n asociada en lo cient\u00edfico e intelectual. Hoy todo se planifica. Se conjuntan esfuerzos para conseguir m\u00e1s r\u00e1pida y f\u00e1cilmente mayores bienes materiales. Se trabaja en equipo.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLa Iglesia puede reclamar con mucho m\u00e1s derecho una pastoral de conjunto. La soluci\u00f3n a los grandes problemas del mundo moderno requiere la acci\u00f3n combinada de todos, sacerdotes, religiosos y seglares. Resultar\u00edan anodinas e ineficaces, ante las dimensiones del mal en el mundo, las actuaciones individualistas o de capillismos cerrados. Por todo ello, una pastoral de conjunto no debe encontrar resistencias ni recelos pastorales, y ha sido para vosotros, j\u00f3venes sacerdotes, una excelente ocasi\u00f3n la convivencia que hab\u00e9is tenido en estas aulas para forjaros una mentalidad de aut\u00e9ntico equipo apost\u00f3lico\u201d<a href=\"#sdfootnote26sym\" id=\"sdfootnote26anc\"><sup>26<\/sup><\/a><em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<ol start=\"13\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Templos, casas rectorales y salones parroquiales<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>En nuestra di\u00f3cesis tenemos 97 iglesias y 145 casas rectorales ruinosas, y 642 iglesias y 369 casas rectorales que necesitan fuerte reparaci\u00f3n. Conocer esta situaci\u00f3n en su conjunto es el primer fruto logrado por la Oficina T\u00e9cnica de Construcciones Diocesanas. Es grave, como veis, no obstante el enorme esfuerzo que se ha hecho en la di\u00f3cesis desde el a\u00f1o 1939 hasta ahora, tal como qued\u00f3 reflejado en la estad\u00edstica publicada en el <em>Bolet\u00edn del Obispado,<\/em> en junio de 1962, n\u00famero extraordinario.<\/p>\n\n\n\n<p>No podemos permanecer con los brazos cruzados. Si as\u00ed lo hici\u00e9ramos, todo lo que hoy es ruinoso o urgentemente necesitado de reparaci\u00f3n, ser\u00eda, de aqu\u00ed a diez a\u00f1os, un triste mont\u00f3n de ruinas. No ser\u00e1 as\u00ed, con la ayuda del Se\u00f1or y con la cooperaci\u00f3n de todos. Os pido que cumpl\u00e1is todas las indicaciones que vaya haciendo el director de dicha oficina t\u00e9cnica, en cuanto a los datos que hay que recoger, las instancias, los expedientes y la forma de realizar las obras. Nos proponemos dejar solucionado este problema en un plazo de cinco a\u00f1os, para lo cual es de todo punto indispensable que hagamos un estudio concret\u00edsimo, parroquia por parroquia, de las necesidades existentes y de los sistemas de financiaci\u00f3n que vamos a seguir.<\/p>\n\n\n\n<p>Todas las iglesias parroquiales y casas rectorales tienen que estar reparadas, reconstruidas, o construidas de nueva planta, seg\u00fan los casos, antes de cinco a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, a la vez, hemos de construir salones parroquiales en un determinado n\u00famero de parroquias, que concretaremos seg\u00fan las condiciones de cada arciprestazgo.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"14\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Aranceles y vida econ\u00f3mica<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, una palabra sobre un aspecto ingrato de la vida parroquial que pide tambi\u00e9n rectificaci\u00f3n y reforma. Es el de los aranceles como medio de sustentaci\u00f3n del sacerdote. Si sabias razones fueron introduci\u00e9ndolos en la vida administrativa del clero, sabios motivos aconsejan hoy ir elimin\u00e1ndolos. Ni podemos proceder en esto precipitadamente, ni demorar por tiempo indefinido una soluci\u00f3n mejor que demandan poderosamente muchas circunstancias.<\/p>\n\n\n\n<p>Tenemos que asegurar el decoroso sustento de los ministros de Dios, quienes habi\u00e9ndolo dejado todo, no han dejado de ser hombres; pero hemos de evitar a todo trance sistemas y modos de actuar que nos equiparan, en la pr\u00e1ctica, a los funcionarios de cualquier profesi\u00f3n humana. Los experimentos hechos en muchas parroquias y en algunas di\u00f3cesis, van abriendo t\u00edmidamente un camino que es, sin duda, el que debemos seguir: el de que el pueblo cristiano, como comunidad diocesana y parroquial, provea a las necesidades del culto divino y sus ministros. Habr\u00e1 que educar su mentalidad y cambiar muchos criterios.<\/p>\n\n\n\n<p>Como tambi\u00e9n es necesario lograr el apoyo de unas parroquias a otras, mediante una efectiva comunicaci\u00f3n de bienes, que mal podremos predicar a los hombres si entre nosotros no la practicamos. Nada haremos sin que preceda el suficiente examen y deliberaci\u00f3n; pero habr\u00e1 que hacer cuanto sea necesario para no limitarnos a lamentar lo que haya de defectuoso e imperfecto. Mientras tanto, no es superfluo advertir que los aranceles hoy existentes obligan en conciencia y nadie tiene derecho a cambiarlos por propia decisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto a la previsi\u00f3n social del futuro del sacerdote \u2013retiro, enfermedad, accidentes, etc.\u2013, confiamos en que las nuevas disposiciones, ya en vigor, permitan solucionar el grave problema que exist\u00eda. En el momento en que escribo estamos a\u00fan pendientes de determinadas regulaciones que establezcan la forma pr\u00e1ctica de hacerlo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La juventud<\/h2>\n\n\n\n<p>Todo este esfuerzo, que tiende a lograr una intensificaci\u00f3n de la vida cristiana en nuestra di\u00f3cesis, ser\u00e1 en gran parte in\u00fatil si no hacemos objeto preferente de nuestros m\u00e1s sol\u00edcitos cuidados a las generaciones j\u00f3venes. Ellos son los que, dentro de pocos a\u00f1os, van a tener en sus manos los recursos capaces de imprimir a la vida una u otra orientaci\u00f3n. Es la nuestra una juventud rural y campesina en sus cuatro quintas partes; minera e industrial, el resto; y todos, los del campo y de la mina, m\u00e1s expuestos que los mayores a las influencias de que he hablado en la primera parte, agitados por el deseo y, a veces, la necesidad de la emigraci\u00f3n, ansiosos de un bienestar que no tienen, conscientes del derecho que les corresponde a una vida mejor en el orden material.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestra preocupaci\u00f3n pastoral debe orientarse a que estos cambios inevitables y estos anhelos justificados no se hagan sin la presencia de la Iglesia y del esp\u00edritu cristiano. Es in\u00fatil oponerse. En las masas rurales fermenta hoy con fuerza incontenible el prop\u00f3sito de alcanzar mejores niveles en todo. Lo que nosotros, como Iglesia, tenemos que hacer es formar n\u00facleos de militantes rurales que, pose\u00eddos de un esp\u00edritu cristiano limpio y eficaz, serio y consecuente, desarrollen la acci\u00f3n temporal que les corresponde en los medios en que viven, promoviendo e! mejoramiento de todas las estructuras, econ\u00f3micas, sociales y culturales, con la honda convicci\u00f3n de que en nada se opone a ello su conciencia religiosa, sino, por el contrario, en ella encontrar\u00e1n el est\u00edmulo m\u00e1s poderoso y m\u00e1s ajeno a particulares ego\u00edsmos.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta formaci\u00f3n de la juventud, con vistas a una presencia cristiana de testimonio y de transformaci\u00f3n, exigir\u00e1 consiliarios especializados, m\u00e9todos propios de trabajo, estudios e investigaciones del ambiente, propuestas de creaci\u00f3n de obras y realizaciones que, no obstante su finalidad temporal, lleven marcado el sello de un estilo cristiano de ser y de vivir. Los sacerdotes han de ser los primeros en capacitarse para procurar una formaci\u00f3n de la juventud que permita ir alcanzando estos objetivos.<\/p>\n\n\n\n<p>Si nos limitamos, en nuestra acci\u00f3n sobre los j\u00f3venes, a tratar de lograr que vayan a la Iglesia, recen y comulguen, y nada m\u00e1s, vendr\u00e1 pronto una generaci\u00f3n que no s\u00f3lo discurrir\u00e1 y actuar\u00e1 en todo lo dem\u00e1s con criterio materialista, sino que terminar\u00e1 por no rezar ni entrar en la Iglesia. Se necesita algo m\u00e1s. Se necesita que aprendan a ver en la religi\u00f3n una fuerza que, sin dejar de orientarles hacia la otra vida, tiene tambi\u00e9n capacidad creadora para mejorar la actual, precisamente por dotar a quien la vive de un esp\u00edritu de solidaridad y de amor que puede hacer de cada pueblo una aut\u00e9ntica comunidad en desarrollo incesante. Ya se comprende que la formaci\u00f3n de estos n\u00facleos de militantes rurales no se improvisa. Ni se trata de agrupar bloques de elementos bien dispuestos mediante encuadramientos ficticios y superficiales. Apenas sirven para nada, como no sea para hacer n\u00famero en alg\u00fan acto piadoso. Tienen que ser hombres y mujeres capaces de poner entre sus preocupaciones cristianas el mejoramiento de las diversiones y la cultura, de la higiene y la vivienda, de la econom\u00eda y el trabajo, es decir, de todo cuanto ayuda a desintegrar o fortalecer el hecho de la familia.<\/p>\n\n\n\n<p>Habr\u00e1 que establecer, en diversos puntos de la di\u00f3cesis, escuelas de formaci\u00f3n profesional y social, con las modalidades que requieren las condiciones econ\u00f3micas de nuestras comarcas, para lograr minor\u00edas de hombres y mujeres aut\u00e9nticamente cristianas y decididamente activas en las tareas de promoci\u00f3n social de sus convecinos, capaces de hacer que se cumplan las leyes, cuando existen, o de que se promulguen si no existieran y fuesen necesarias para el logro de sus aspiraciones. En la Enc\u00edclica <em>Mater et Magistra,<\/em> S. S. Juan XXIII insiste en la necesidad de actuar y no limitarnos a repetir te\u00f3ricas formulaciones doctrinales.<\/p>\n\n\n\n<p>Caminos parecidos habr\u00e1 que seguir, con las naturales y l\u00f3gicas variantes en cuanto a m\u00e9todos y prop\u00f3sitos, con aquellos otros sectores de la juventud, menos numerosos entre nosotros, pero igualmente influyentes en cuanto al porvenir inmediato: administrativos, t\u00e9cnicos, industriales, mineros, etc., todos los cuales est\u00e1n necesitados de un serio esfuerzo de evangelizaci\u00f3n m\u00e1s realista que el que hasta aqu\u00ed hemos seguido. De lo contrario, se alejar\u00e1n cada vez m\u00e1s de nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>Los colegios diocesanos de ense\u00f1anza media, de que he hablado antes, ser\u00e1n el complemento de esta acci\u00f3n sobre la juventud, que desde ahora queda encomendada especialmente al Instituto Diocesano de Formaci\u00f3n y Acci\u00f3n Pastoral y a sus respectivos consiliarios.<\/p>\n\n\n\n<p>De manera particular habr\u00e1 que cuidar de extender los cursos de formaci\u00f3n prematrimonial que amparen y robustezcan los principios cristianos con que los j\u00f3venes deben prepararse al matrimonio.<\/p>\n\n\n\n<p>Es decir, el apostolado con los j\u00f3venes exige, como toda evangelizaci\u00f3n bien orientada, no que se les separe de la vida en que est\u00e1n sumergidos, para hacerles vivir una piedad aparte, sino, por el contrario, que se les invite a comprender que todo aquello que les atrae y les llena: el amor, las diversiones, la amistad; y todo aquello hacia lo que caminan: la profesi\u00f3n, el trabajo y la econom\u00eda, el progreso social, puede y debe estar impregnado de esp\u00edritu cristiano.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Ambientes obreros<\/h2>\n\n\n\n<p>Si la mayor parte de los habitantes de nuestra Di\u00f3cesis participan de unas bien definidas condiciones de vida rural y campesina, con sus caracter\u00edsticas propias, las cuales he tenido presentes en la redacci\u00f3n de esta Carta Pastoral, no por eso dejan de existir, aunque sea en menor proporci\u00f3n, n\u00facleos t\u00edpicamente obreros establecidos en las zonas mineras y alrededor de alguna que otra ciudad, en que se levantan complejos industriales de cierta importancia. Tambi\u00e9n, aunque con car\u00e1cter m\u00e1s transitorio, han surgido grandes concentraciones de obreros de la construcci\u00f3n con motivo de las obras que vienen realizando las empresas hidroel\u00e9ctricas.<\/p>\n\n\n\n<p>La pastoral de estos ambientes nos obliga a enfrentarnos con problemas distintos de los que ofrecen las comunidades campesinas. Aqu\u00ed la descristianizaci\u00f3n ha adquirido proporciones alarmantes y crece cada d\u00eda en profundidad. No tienen contacto con el sacerdote, no entran en la Iglesia, no escuchan la voz del Evangelio. Nos consideran, a veces, con muy injusta apreciaci\u00f3n, aliados del capitalismo al que odian, o de la pol\u00edtica oficial, a la que juzgan conforme a sus criterios. Agitados por una propaganda que no cesa, v\u00edctimas de las condiciones adversas de su vida laboral, que se manifiestan, a\u00fan m\u00e1s que en la insuficiencia de salarios, en la falta de viviendas adecuadas y en los obligados desplazamientos en busca de trabajo, sufren hondamente las consecuencias de una crisis de reconversi\u00f3n ahora, de estabilizaci\u00f3n antes, que las pobres estructuras econ\u00f3micas de nuestro pa\u00eds prolongan m\u00e1s de lo que fuera de desear. \u00bfS\u00f3lo las estructuras?<\/p>\n\n\n\n<p>Es indudable que, sin necesidad de pedir a la econom\u00eda lo que no puede dar de la noche a la ma\u00f1ana, la dolorosa situaci\u00f3n de muchas familias obreras hubiera podido aliviarse, de no haber existido un ego\u00edsmo tan cruel y tan cerrado en muchos de los que aparecen, a sus ojos, como due\u00f1os del capital y de los recursos econ\u00f3micos. Hay algo que los obreros no perdonar\u00e1n nunca: el lujo escandaloso de las clases altas, la oposici\u00f3n a introducir mejoras a no ser por exigencia de las leyes, el hecho de que cuando se agudizan las crisis sean ellos los que tienen que pagar las m\u00e1s duras consecuencias, y el desprecio a su dignidad humana en los que tienen que tratar con ellos de superior a inferior en el mundo del trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>El lujo desmedido hace que ellos no se sientan satisfechos nunca con lo que ganan y les incita al despilfarro de lo poco que tienen; la falta de espont\u00e1nea voluntariedad en la adopci\u00f3n de medidas encaminadas a conceder mayores jornales, hace que no agradezcan los que obtienen por imperio de la ley; su conciencia de v\u00edctimas injustas en las horas de crisis les hace resentidos; el desprecio a su dignidad fomenta el odio y el ansia de revancha.<\/p>\n\n\n\n<p>Nosotros, sacerdotes, tenemos que actuar a fondo y r\u00e1pidamente si queremos evitar que se consume definitivamente la tr\u00e1gica separaci\u00f3n que existe entre la Iglesia y la clase obrera. \u00bfC\u00f3mo hacerlo? Es la nuestra una postura muy dif\u00edcil, que exige una gran dosis de esp\u00edritu sobrenatural, abnegaci\u00f3n sin l\u00edmites y una paciencia a toda prueba. No se nos pide que seamos l\u00edderes obreristas o soci\u00f3logos, sino sencillamente sacerdotes de Jesucristo, obsesionados por la idea de que triunfe la justicia y el amor en las relaciones sociales de los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>No debemos ponernos al lado de unos para luchar contra otros, sino insistir a todos sobre sus deberes y obligaciones como el mejor medio para que se respeten sus derechos.<\/p>\n\n\n\n<p>No podemos callar ante las injusticias de que son v\u00edctimas los que las sufren, pero tampoco podemos exagerar ni hacernos eco de toda pretensi\u00f3n que se manifieste, a veces apasionada y sin raz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>No podemos admitir la inculpaci\u00f3n de demagogia con que f\u00e1cilmente nos motejan los que a todo trance quieren mantener sus posiciones, sea como sea; pero tampoco nos es l\u00edcito dar ning\u00fan paso que, con el pretexto de defender al d\u00e9bil, signifique un real desconocimiento de los hechos y una mayor agravaci\u00f3n de los conflictos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hemos de mantenernos en una independencia absoluta respecto a los poderes pol\u00edticos y siempre dispuestos a pedir y gestionar, en la medida que nos marque nuestro deber, que se corrijan los graves defectos que puedan existir, pero nos est\u00e1 prohibido socavar el ejercicio de la autoridad competente y hacer nada que fomente la alteraci\u00f3n de la paz y el orden p\u00fablico. Hemos de hablar del Evangelio, s\u00ed, y de las enc\u00edclicas, pero de todo el Evangelio y del contenido total de las enc\u00edclicas, sin limitarnos a frases sueltas y sin buscar interpretaciones acomodaticias que van en contra de la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo cual, nuestra postura es dif\u00edcil y arriesgada. Es mucho m\u00e1s c\u00f3modo y m\u00e1s f\u00e1cil o callarse del todo, pase lo que pase, o tomar posiciones en una l\u00ednea simplista de ataque o de defensa de unos contra otros. Pero esto no ser\u00e1 jam\u00e1s el cumplimiento digno de nuestra misi\u00f3n sacerdotal. Como sacerdotes, nuestro objetivo es buscar el reino de Dios y su justicia y hacer que la conciencia de los hombres se abra a sus exigencias. Al obrar as\u00ed, unas veces nos tratar\u00e1n de demagogos, otras de cobardes y complacientes; hoy nos acompa\u00f1ar\u00e1n con sus aclamaciones, ma\u00f1ana nos obsequiar\u00e1n con su desprecio. Nosotros tenemos que continuar nuestro camino sin permitir que la pasi\u00f3n enturbie nuestra mirada o cambie el sentido evang\u00e9lico de nuestra palabra. Dec\u00eda P\u00edo XII:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPorque \u00e9sta es una de las caracter\u00edsticas de nuestros amados hijos, los j\u00f3venes sacerdotes que ans\u00edan ir siempre adelante en todos los campos, como quien busca algo indefinible, algo nuevo, sobre todo en el campo social, cuyas exigencias cada vez m\u00e1s se imponen por s\u00ed mismas. En todos los momentos y en todas las oportunidades, esta C\u00e1tedra de Pedro no ha dejado de iluminar cada uno de los problemas y de dar las oportunas directivas, seg\u00fan las circunstancias lo iban pidiendo. Por eso mismo hoy querr\u00edamos limitamos a recordaros:<\/p>\n\n\n\n<ol style=\"list-style-type:lower-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Que para vosotros, progreso no significa una b\u00fasqueda ansiosa de principios nuevos, sino m\u00e1s bien la aplicaci\u00f3n m\u00e1s exacta de aquellos antiguos y eternos que en el Evangelio han tenido su formulaci\u00f3n principal.<\/li>\n\n\n\n<li>Que eso mismo debe procurarse, no en forma agitada y tumultuosa, sino m\u00e1s bien con la habitual prudencia y medida que el esp\u00edritu maternal de la Iglesia sabe poner en todas las cosas, tan contrario a toda violencia y a cualquier otro exceso, que no podr\u00eda ir de acuerdo con la funci\u00f3n sacerdotal.<\/li>\n\n\n\n<li>y que debe huirse, s\u00ed, de la pasividad y aun de la tranquila e interesada aquiescencia, que podr\u00eda tener, incluso, aire de complicidad en un determinado sentido, pero sin caer en el exceso de entregarse completamente al sentido opuesto, ignorando que el ministro del Se\u00f1or tiene una misi\u00f3n determinada en la que entran todos los elementos que forman la sociedad, y no hoy preferentemente los unos y ma\u00f1ana exclusivamente los otros\u201d<a href=\"#sdfootnote27sym\" id=\"sdfootnote27anc\"><sup>27<\/sup><\/a>.<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Este es el verdadero esp\u00edritu con que el sacerdote debe lanzarse al campo del apostolado social. Tenemos el m\u00e1s ardiente inter\u00e9s en lograrlo en nuestra di\u00f3cesis, y creemos fundadamente que, si se obra as\u00ed, las clases obreras no ver\u00e1n en la Iglesia una instituci\u00f3n inoperante que nada significa para su vida, sino lo que en verdad es por la misi\u00f3n para la que Cristo la fund\u00f3, el medio de salvaci\u00f3n de los hombres todos, y el m\u00e1s seguro camino de paz y de justicia, tambi\u00e9n en este mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestra conducta debe ser tal que ni nos pidan m\u00e1s de lo que debemos hacer, ni se sientan defraudados por lo que no hacemos, debiendo hacerlo; que no nos mezclen en su visi\u00f3n y en sus juicios sobre los problemas sociales, con quienes defienden intereses o situaciones injustas; que vean a la Iglesia como algo aparte y distinto, y a nosotros, los hombres de la religi\u00f3n y el Evangelio, como interesados, ante todo, sobre todo y siempre, en el bien de las almas y el triunfo de la virtud sobre el pecado, sufriendo con el que sufre y predicando amor, servidores y no due\u00f1os, procurando siempre la justicia, aunque aparezcamos impotentes para lograr su establecimiento en la tierra. Que si tal impotencia se diera, a pesar de nuestro af\u00e1n y nuestra lucha, no mereci\u00e9ramos ser acusados por ellos de complicidad con quienes se opongan al avance de la justicia, sino que nos consideren m\u00e1s bien como humildes ap\u00f3stoles de Jesucristo, que, al igual que su Maestro, no logran de la libertad humana todo lo que piden y desean, como no lo logran respecto a otras clases de pecados y des\u00f3rdenes a que todos, obreros y patronos, pobres y ricos, se entregan, con ofensa para Dios y grave perjuicio de los hombres. Porque no solamente van contra la justicia y el orden social los abusos en el orden del capital y del trabajo, sino tambi\u00e9n la desenfrenada lujuria que destroza las familias, la soberbia cegadora y destructiva, el esc\u00e1ndalo que arrastra a los hijos hacia los abismos del mal, la blasfemia, la disipaci\u00f3n de las costumbres, el odio y el rencor.<\/p>\n\n\n\n<p>Ser\u00e1 tambi\u00e9n eficaz entre la clase obrera, como entre toda clase de hombres, un apostolado sacerdotal que deje ver el esp\u00edritu de Cristo, su amor y su desprendimiento, su unci\u00f3n y sacrificio, su sinceridad y su consecuencia hasta el fin. Cuando el sacerdote aparece como tal, \u00edntegra y exclusivamente sacerdote en su acci\u00f3n continuada dentro de una feligres\u00eda obrera, quiz\u00e1 no logre resolver el problema social que all\u00ed se padece, pero s\u00ed que lograr\u00e1 realizar una labor de evangelizaci\u00f3n aut\u00e9ntica, que se traducir\u00e1 en respeto y amor a la Iglesia, a la que \u00e9l representa.<\/p>\n\n\n\n<p>Un San Vicente de Pa\u00fal, y con \u00e9l cuantos han seguido sus pasos, lograron despertar un amor vivo a la Iglesia, por parte de los m\u00e1s abandonados, que no se ha extinguido nunca. Cuando muri\u00f3 la fundadora de las Hermanas de la Cruz, su cad\u00e1ver fue transportado a hombros de los obreros por las calles de Sevilla, en plena Rep\u00fablica.<\/p>\n\n\n\n<p>Me doy cuenta de que no podemos limitarnos a esto. Que es necesario reformar las estructuras y que, en nombre tambi\u00e9n del Evangelio, hemos de esforzarnos para introducir en el coraz\u00f3n de la sociedad el fermento de justicia que elimine las causas del desorden. No obrar\u00edamos bien si, pudiendo hacer que las llagas no se produjeran, crey\u00e9ramos que cumplimos con nuestro deber con s\u00f3lo bes\u00e1rselas al pobre en cuyas manos aparecen. Hacer Evangelio es tambi\u00e9n predicar la doctrina social de la Iglesia, y no han prestado menores servicios a \u00e9sta un monse\u00f1or Ketteler o un Le\u00f3n XIII que un San Vicente de Pa\u00fal. Es m\u00e1s, la evoluci\u00f3n social del mundo moderno, la conciencia de sus derechos que hoy tienen los hombres y la decantaci\u00f3n a que se ha llegado en la estimaci\u00f3n y b\u00fasqueda de objetivos en el mundo econ\u00f3mico-laboral, har\u00edan que nos acusaran de un pecado de omisi\u00f3n si dej\u00e1semos de intentar las debidas reformas, aunque nos considerasen santos por el ejercicio heroico de la caridad. Los que piensan, saben, y ello no debe molestarnos, que la Iglesia lleva dentro de s\u00ed una fuerza capaz de hacer cosas m\u00e1s grandes que recoger a un ni\u00f1o abandonado o curar las llagas de un enfermo, con ser esto tan hermoso.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que quiero decir es que, sin renunciar a esto, que requiere en muchos casos especial preparaci\u00f3n, los sacerdotes todos, sin m\u00e1s que seguir la l\u00ednea sencilla de nuestra misi\u00f3n apost\u00f3lica, los obispos, las \u00f3rdenes y congregaciones religiosas, todos cuantos representamos m\u00e1s visiblemente a Jesucristo en este mundo, podemos hacer una inmensa labor de evangelizaci\u00f3n de las familias obreras hoy alejadas de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Podemos predicar mejor la palabra de Dios, atender m\u00e1s sol\u00edcitamente a los enfermos, vivir y establecer nuestra vivienda junto a ellos, educar a sus hijos en escuelas y colegios fundados y llevados por nosotros; desprendernos de tesoros suntuarios y superfluos si ello es necesario para subvenir a las graves necesidades que padecen, de instrucci\u00f3n, de salud y de vivienda; negarnos el tiempo libre y las complacencias de la amistad para atenderles mejor; montar servicios asistenciales que les ayuden a resolver las dificultades en que se ven envueltos por su ignorancia y su debilidad; crear centros sociales tendentes al desarrollo de la comunidad; girar continua y ordenada visita parroquial a sus familias para estimular su vida cristiana; evitar todo cuando nos d\u00e9 aspecto de funcionarios burocratizados, en pugna con los valores del esp\u00edritu que proclamamos. Es tanto y tan importante lo que podemos hacer&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Para lograrlo, es mi prop\u00f3sito crear la Comisi\u00f3n Diocesana de Apostolado Social, que se encargar\u00e1 de ordenar y fomentar todo cuanto a este campo corresponde, con vistas a la acci\u00f3n evangelizadora posible y necesaria en las zonas m\u00e1s caracter\u00edsticas de la Di\u00f3cesis. Que los hombres no puedan nunca acusarnos de que pudimos reformar injustas estructuras sociales y no lo hicimos por desidia y cobard\u00eda; que Dios no tenga que pedirnos cuenta de que estaba en nuestra mano realizar tareas m\u00e1s sencillas, pero igualmente o m\u00e1s evang\u00e9licas, y no lo hicimos por caer en la presunci\u00f3n de ser soci\u00f3logos, olvidados de nuestra m\u00e1s humilde y m\u00e1s eficaz condici\u00f3n de sacerdotes de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Importancia grande tiene tambi\u00e9n en este apostolado, la formaci\u00f3n de militantes obreros de la JOC y la HOAC, masculina y femenina, que en el propio ambiente del trabajo ofrezcan su ejemplo, su doctrina y su amor, en busca de la justicia y del orden. La actuaci\u00f3n cristiana es indispensable, por lo cual estas organizaciones deben merecer todo nuestro apoyo. Pero una evangelizaci\u00f3n completa no se har\u00e1, ni podr\u00e1 hacerse jam\u00e1s, sin el sacerdote.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLos representantes de Aquel que hab\u00eda sido enviado <em>evangelizare pauperibus<\/em> (Lc 4, 18) y que pudo decir <em>misereor super turbam<\/em> (Mc 8,2), no permanecer\u00e1n nunca insensibles ante ning\u00fan dolor; pero tampoco se desplazar\u00e1n ordinariamente de su c\u00e1tedra, de su confesonario y de su altar para ocupar tribunas o cargos que no les corresponden. El sacerdote ser\u00e1 siempre sacerdote, porque ha recibido un car\u00e1cter espiritual e indeleble que debe reflejarse en todos los momentos de su vida y en todas sus actuaciones. Ni hay que creer, por eso, que su actuaci\u00f3n en pro de sus hermanos ha de ser menos eficiente. Manteni\u00e9ndose \u00e9l dentro de su campo, predicando y difundiendo la fraternidad cristiana y la aut\u00e9ntica caridad, rechazando el esp\u00edritu de discordia y exhortando a la comprensi\u00f3n, recordando a todos sus propios deberes y defendiendo los derechos de todos, conservar\u00e1 la Iglesia, que \u00e9l representa, apartada de las cuestiones puramente temporales, para poder ejercitar siempre con independencia su alt\u00edsima misi\u00f3n. Porque, en realidad, todas las dem\u00e1s soluciones del problema social, si no parten de estos principios, carecen de base y la experiencia ense\u00f1a en qu\u00e9 excesos y en qu\u00e9 errores desembocan\u201d<a href=\"#sdfootnote28sym\" id=\"sdfootnote28anc\"><sup>28<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPara un cristiano, la soluci\u00f3n de tantos problemas como impone la organizaci\u00f3n social de nuestros d\u00edas no puede estar en una lucha exacerbada, hasta llevar a la exasperaci\u00f3n y la ruptura, sino m\u00e1s bien en una armon\u00eda sabiamente buscada a la luz de los principios eternos y diligentemente procurada de com\u00fan acuerdo. M\u00e1s all\u00e1 del campo de la justicia, de esta justicia que no hay dificultad en exigir cuando se hace con esp\u00edritu sano y con medios l\u00edcitos, se extiende el dominio mucho m\u00e1s dilatado de la caridad, donde ser\u00e1 menester acudir cuando no basten las soluciones que la justicia procura\u201d<a href=\"#sdfootnote29sym\" id=\"sdfootnote29anc\"><sup>29<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Conclusi\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>He aqu\u00ed, queridos sacerdotes, los principales puntos de reflexi\u00f3n que he juzgado oportuno ofreceros en este momento. Cada uno de ellos podr\u00e1 ser desarrollado m\u00e1s ampliamente seg\u00fan las circunstancias lo vayan aconsejando. Por ahora es suficiente para tener trazado un cuadro de conjunto de lo que deben ser nuestras inquietudes pastorales y las l\u00edneas de acci\u00f3n por donde debemos caminar.<\/p>\n\n\n\n<p>La respuesta a la pregunta sobre cu\u00e1l es el estado actual de la vida cristiana en nuestra di\u00f3cesis, y qu\u00e9 perspectivas ofrece para el futuro, est\u00e1 indicada. Si obramos todos conforme a estas directrices, podremos mirar con confianza el porvenir. Os pido a todos serena meditaci\u00f3n, sentido de responsabilidad, esp\u00edritu sobrenatural a toda prueba.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> P\u00edo XII<em>,<\/em><em>A los neosacerdotes del Colegio Espa\u00f1ol, de Roma,<\/em>el 22 de marzo de 1956:<em>Ecclesia<\/em>,16 (1956) 358.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> P\u00edo XII,<em>A los neosacerdotes del Colegio Espa\u00f1ol, de Roma,<\/em>el 21 de marzo de 1957, en<em>Discorsi e Radiomessaggi di S.S. P\u00edo XII,<\/em>vol. XIX, 49-50.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> P\u00edo XII, Discurso preparado y no pronunciado, al Seminario Regional de Apulia,aparecido en<em>L\u2019Osservatore Romano<\/em>,17 de octubre de 1958;<em>Ecclesia<\/em>18 (1958) 482.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> P\u00edo XII, Enc. <em>Menti Nostrae:<\/em> AAS 42 (1950) 690.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> P\u00edo XII, <em>Al Sacro Colegio y Episcopado Cat\u00f3lico,<\/em> 2 de noviembre de 1954: AAS 46 (1954) 675.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> P\u00edo XII,<em>Carta al Cardenal Feltin en el<\/em><em> III <\/em><em>Centenario de la muerte del Venerable Olier,<\/em>25 de marzo de 1957: AAS 49 (1957) 275.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> P\u00edo XII, Enc. <em>Menti Nostrae:<\/em>AAS 42 (1950) 666.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> P\u00edo XII, <em>A los p\u00e1rrocos y predicadores de Roma,<\/em>27 de marzo de 1953: AAS 45 (1953) 224.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote9anc\" id=\"sdfootnote9sym\">9<\/a> P\u00edo XII, <em>En la inauguraci\u00f3n del Pontificio Colegio Americano,<\/em>15 de octubre de 1953: AAS 45 (1953) 680.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote10anc\" id=\"sdfootnote10sym\">10<\/a> P\u00edo XII, <em>A los p\u00e1rrocos y predicadores de Roma,<\/em> 14 de febrero de 1956: <em>Ecclesia<\/em> 16 (1956) 266.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote11anc\" id=\"sdfootnote11sym\">11<\/a> P\u00edo XII, <em>ib\u00edd.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote12anc\" id=\"sdfootnote12sym\">12<\/a> P\u00edo XII,<em>Discurso al Seminario Regional de Apulia:<\/em> <em>Ecclesia,<\/em>18 (1958) 480.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote13anc\" id=\"sdfootnote13sym\">13<\/a> P\u00edo XII, <em>Al Episcopado de Bolivia,<\/em> 23 de noviembre de 1941.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote14anc\" id=\"sdfootnote14sym\">14<\/a> P\u00edo XII, Enc. <em>Menti Nostrae:<\/em> AAS 42 (1950) 664.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote15anc\" id=\"sdfootnote15sym\">15<\/a> P\u00edo XII, <em>ib\u00edd.:<\/em> AAS 42 (1950) 698.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote16anc\" id=\"sdfootnote16sym\">16<\/a> P\u00edo XII,<em>Discurso al Seminario Regional de Apulia: Ecclesia<\/em>18 (1958) 481.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote17anc\" id=\"sdfootnote17sym\">17<\/a> <em>Ecclesia<\/em> 24 (1963) 304.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote18anc\" id=\"sdfootnote18sym\">18<\/a> P\u00edoXII,<em>A la VI Semana Italiana de Adaptaci\u00f3n Pastoral,<\/em>14 de septiembre de 1956: AAS 48 (1956) 707.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote19anc\" id=\"sdfootnote19sym\">19<\/a> JuanXXIII, Enc.<em>Sacerdotii Nostri Primordio<\/em>, 1 de agosto de 1959: AAS 51 (1959) 550ss.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote20anc\" id=\"sdfootnote20sym\">20<\/a> P\u00edo XII, <em>Al arzobispo de Zaragoza,<\/em> 24 de mayo de 1939.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote21anc\" id=\"sdfootnote21sym\">21<\/a> P\u00edo XII, <em>Discurso al Seminario Regional de Apulia: Ecclesia<\/em>18 (1958) 482.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote22anc\" id=\"sdfootnote22sym\">22<\/a> P\u00edo XII, Enc. <em>Menti Nostrae:<\/em> AAS 42 (1950) 694.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote23anc\" id=\"sdfootnote23sym\">23<\/a> P\u00edo XII, <em>A los p\u00e1rrocos y predicadores de Roma,<\/em> 13 de marzo de 1943: AAS 35 (1943) 113ss.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote24anc\" id=\"sdfootnote24sym\">24<\/a> P\u00edo XII, Enc. <em>Mystici Corporis Christi:<\/em> AAS 35 (1943) 321.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote25anc\" id=\"sdfootnote25sym\">25<\/a> P\u00edo XII, Enc. <em>Divino Afflante Spiritu:<\/em> AAS 35 (1943) 321.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote26anc\" id=\"sdfootnote26sym\">26<\/a> V\u00e9ase la nota 17.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote27anc\" id=\"sdfootnote27sym\">27<\/a> <em>Al Convictorio Sacerdotal de la Di\u00f3cesis de Barcelona,<\/em>14 de junio de 1957:<em>Ecclesia<\/em> 17 (1957) 701.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote28anc\" id=\"sdfootnote28sym\">28<\/a> P\u00edo XII,<em>A los Rectores de los Seminarios Mayores de Am\u00e9rica Latina,<\/em>23 de septiembre de 1958:<em>Ecclesia<\/em>18 (1958) 373.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote29anc\" id=\"sdfootnote29sym\">29<\/a> P\u00edo XII,<em>Al Convictorio Sacerdotal de la Di\u00f3cesis de Barcelona<\/em>, 14 de junio de 1957:<em>Ecclesia<\/em>17 (1957) 701.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carta Pastoral, dirigida el 23 de mayo de 1963, festividad de la Ascensi\u00f3n, al cabildo catedralicio, al clero secular y regular y a los seminarios diocesanos de Astorga. Texto publicado en el Bolet\u00edn Oficial del Obispado de Astorga, 1 de julio de 1986, 262-337. Horas de crisis y esperanza La resoluci\u00f3n, ya en marcha, del [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[30,29],"doc_tag":[],"class_list":["post-872","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-iglesia-diocesana","doc_category-sacerdocio"],"year_month":"2026-04","word_count":26098,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. 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