{"id":867,"date":"2024-09-23T23:00:30","date_gmt":"2024-09-23T21:00:30","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=867"},"modified":"2024-09-23T23:02:52","modified_gmt":"2024-09-23T21:02:52","password":"","slug":"el-obispo-y-sus-sacerdotes","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/el-obispo-y-sus-sacerdotes\/","title":{"rendered":"El obispo y sus sacerdotes"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Estudio publicado en el volumen <em>Episcopale munus,<\/em> sobre el ministerio episcopal, pp. 122-136, ofrecido a Mons. J. Gijsen, obispo de Roermond, al cumplir el primer decenio de su servicio episcopal, y en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo,<\/em> febrero-marzo 1983, 120-134.<\/p>\n\n\n\n<p>Me es sumamente grato contribuir con estas humildes p\u00e1ginas al homenaje que un grupo de amigos en el Se\u00f1or ofrece a S.E. Monse\u00f1or Joannes Baptist Matthijs Gijsen al cumplirse diez a\u00f1os de su ordenaci\u00f3n episcopal y de su trabajo pastoral en la Sede de Roermond. Lo hago con afectuosas resonancias de simpat\u00eda. Aunque con muchos m\u00e1s a\u00f1os de episcopado consumidos en otras sedes (Astorga y Barcelona), tambi\u00e9n yo he cumplido este mismo a\u00f1o un decenio de servicio episcopal en la di\u00f3cesis de Toledo. Me gozo especialmente porque, de este modo, a trav\u00e9s de mi pobre persona, esta sede, primada de Espa\u00f1a, cargada de una rica tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica, puede hacer llegar su m\u00e1s sincera felicitaci\u00f3n a S.E. Mons. Gijsen.<\/p>\n\n\n\n<p>Prescindiendo de precedentes hist\u00f3ricos m\u00e1s antiguos, pero tambi\u00e9n m\u00e1s modestos, el primer gran esplendor de la Iglesia en Espa\u00f1a tuvo lugar en la \u00e9poca visig\u00f3tica. Importancia fundamental en la vida eclesi\u00e1stica compete entonces a Toledo, de la que depend\u00edan en ese tiempo 20 di\u00f3cesis sufrag\u00e1neas<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>, y que era tambi\u00e9n la capital del reino. El a\u00f1o 589, en el III Concilio de Toledo, convocado por el rey Recaredo, se realiz\u00f3 la unidad cat\u00f3lica nacional<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>. El Concilio reconoc\u00eda que las cartas sinodales de los obispos de Roma deb\u00edan tener fuerza de ley<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>. San Leandro, arzobispo de Sevilla, cerr\u00f3 el Concilio con una homil\u00eda de alegr\u00eda por la conversi\u00f3n de los visigodos<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>. Por lo dem\u00e1s, el conjunto de los 19 concilios visig\u00f3ticos de Toledo contiene inmensas riquezas doctrinales, que culminan en algunas de sus famosas profesiones de fe, los credos toledanos<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>. El per\u00edodo de esplendor eclesi\u00e1stico visig\u00f3tico es el tiempo en que se estructura la liturgia hisp\u00e1nica<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a> que durante siglos (711 a 1492) aliment\u00f3 la vida espiritual de los cristianos espa\u00f1oles que vivieron bajo la dominaci\u00f3n \u00e1rabe (los \u201cmoz\u00e1rabes\u201d)<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>, y que todav\u00eda hoy se conserva en la capilla moz\u00e1rabe de la Catedral de Toledo y, en grado diverso, en las parroquias moz\u00e1rabes de la misma ciudad, que son parroquias personales (no territoriales) destinadas a las familias descendientes de los cristianos que en Toledo vivieron bajo el dominio isl\u00e1mico hasta el 25 de mayo de 1085, fecha de la reconquista de la ciudad. Digna de estudio es la preocupaci\u00f3n por la formaci\u00f3n del clero en la Iglesia visig\u00f3tica<a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a>, problema que sigue siendo, tambi\u00e9n hoy, objeto de nuestras grandes preocupaciones pastorales<a href=\"#sdfootnote9sym\" id=\"sdfootnote9anc\"><sup>9<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta \u00e9poca de esplendor eclesial en Espa\u00f1a tiene tres focos principales: Toledo, Sevilla y, en grado menor, Zaragoza<a href=\"#sdfootnote10sym\" id=\"sdfootnote10anc\"><sup>10<\/sup><\/a>. San Isidoro de Sevilla (560-633)<a href=\"#sdfootnote11sym\" id=\"sdfootnote11anc\"><sup>11<\/sup><\/a> y sus disc\u00edpulos, San Ildefonso de Toledo (+ 667)<a href=\"#sdfootnote12sym\" id=\"sdfootnote12anc\"><sup>12<\/sup><\/a> y San Braulio de Zaragoza (581-651)<a href=\"#sdfootnote13sym\" id=\"sdfootnote13anc\"><sup>13<\/sup><\/a>forman una tr\u00edada que brilla respectivamente en los tres focos de vida religiosa visig\u00f3tica. San Isidoro de Sevilla era hermano de aquel San Leandro que tuvo papel tan decisivo en el Concilio III de Toledo. San Isidoro llegar\u00eda a decir que aquel Concilio \u201cfue obra de la fe e industria de Leandro\u201d<a href=\"#sdfootnote14sym\" id=\"sdfootnote14anc\"><sup>14<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Las invasiones b\u00e1rbaras representaron un grave peligro de desaparici\u00f3n de la antigua cultura latina cristiana. De modo paralelo a como Boecio y Casiodoro ante ese peligro de olvido de la cultura antigua en ambiente ostrogodo se hab\u00edan preocupado, por procedimientos diversos, de intentar salvarla<a href=\"#sdfootnote15sym\" id=\"sdfootnote15anc\"><sup>15<\/sup><\/a>, una preocupaci\u00f3n semejante se revela en el car\u00e1cter enciclop\u00e9dico y recopilador de la cultura eclesi\u00e1stica visig\u00f3tica. Baste recordar, en el caso de San Isidoro, esa gran enciclopedia del saber de su tiempo \u2013no s\u00f3lo eclesi\u00e1stico, sino tambi\u00e9n profano\u2013 que son las <em>Etimolog\u00edas<a href=\"#sdfootnote16sym\" id=\"sdfootnote16anc\"><sup>16<\/sup><\/a><\/em> y el hecho de haber inaugurado el g\u00e9nero literario de las \u201cSentencias\u201d, con sus tres libros<a href=\"#sdfootnote17sym\" id=\"sdfootnote17anc\"><sup>17<\/sup><\/a>, en los que nos transmite, sobre todo, el pensamiento teol\u00f3gico y asc\u00e9tico de San Agust\u00edn y San Gregorio Magno<a href=\"#sdfootnote18sym\" id=\"sdfootnote18anc\"><sup>18<\/sup><\/a>. El g\u00e9nero literario de las sentencias tendr\u00eda en Occidente una notable continuaci\u00f3n con Taj\u00f3n de Zaragoza (+ 683)<a href=\"#sdfootnote19sym\" id=\"sdfootnote19anc\"><sup>19<\/sup><\/a>y, ya en plena Edad Media, alcanzar\u00eda su m\u00e1s alta cima con Pedro Lombardo (+ 1160)<a href=\"#sdfootnote20sym\" id=\"sdfootnote20anc\"><sup>20<\/sup><\/a>. Es notable que esa misma preocupaci\u00f3n se dio tambi\u00e9n en Oriente, cuando la invasi\u00f3n \u00e1rabe puso en peligro la supervivencia de la antigua cultura cristiana. Al mismo g\u00e9nero literario de sentencias pertenece, sin duda, la obra <em>De fide orthodoxa,<\/em> de San Juan Damasceno (+ ca. 754)<a href=\"#sdfootnote21sym\" id=\"sdfootnote21anc\"><sup>21<\/sup><\/a>, que, como es obvio, transmite la gran tradici\u00f3n patr\u00edstica griega, como San Isidoro hab\u00eda transmitido la latina.<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00e1 decirse que los grandes Padres visigodos no fueron extraordinariamente originales. Y es verdad. Pero a ellos se debe haber salvado en Espa\u00f1a la gran tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica anterior y, de ese modo, la salvaron de hecho tambi\u00e9n para la cultura cristiana europea.<\/p>\n\n\n\n<p>Resulta curioso que esta gran tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica latina, salvada por los grandes obispos visigodos, no realizara su trasvase cultural desde Espa\u00f1a al resto de Europa por el camino m\u00e1s corto y directo que hubiera sido a trav\u00e9s de los Pirineos. Inglaterra hab\u00eda producido una figura de genial recopilador: San Beda el Venerable (673-735). Se ha se\u00f1alado con raz\u00f3n que alguna de sus obras est\u00e1 inspirada en San Isidoro<a href=\"#sdfootnote22sym\" id=\"sdfootnote22anc\"><sup>22<\/sup><\/a>; no es, por tanto, simplemente una figura paralela en cuanto a la similitud de sus preocupaciones de recopilador, sino, en alg\u00fan sentido, dependiente de los obispos visigodos. Un disc\u00edpulo de Beda, llamado Egeberto (+ 766), fue el fundador de la escuela de York<a href=\"#sdfootnote23sym\" id=\"sdfootnote23anc\"><sup>23<\/sup><\/a>. Con ello surg\u00eda en las islas brit\u00e1nicas el asilo providencial para la conservaci\u00f3n y transmisi\u00f3n del tesoro, que en gran parte se hab\u00eda ido recogiendo y acumulando en Espa\u00f1a. En efecto, de all\u00ed pas\u00f3 al continente. Los misioneros celtas que de Inglaterra e Irlanda vinieron al continente, tra\u00edan consigo esa cultura. \u00a1En qu\u00e9 medida no es San Bonifacio, el gran ap\u00f3stol de Alemania, tambi\u00e9n un transmisor de esa cultura tradicional!<a href=\"#sdfootnote24sym\" id=\"sdfootnote24anc\"><sup>24<\/sup><\/a>. Y viniendo a un \u00e1mbito m\u00e1s cient\u00edfico, el art\u00edfice principal del renacimiento carolingio, \u201cel primer ministro intelectual de Carlomagno\u201d<a href=\"#sdfootnote25sym\" id=\"sdfootnote25anc\"><sup>25<\/sup><\/a>, Alcuino, proced\u00eda de la escuela de York y depende, en no pocos de sus escritos, de San Isidoro de Sevilla<a href=\"#sdfootnote26sym\" id=\"sdfootnote26anc\"><sup>26<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Con estas consideraciones preliminares deseo explicar cu\u00e1l es la l\u00ednea de rica tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica en la que, como arzobispo de Toledo, me encuentro situado, y cu\u00e1les han sido las repercusiones de esa tradici\u00f3n sobre la cultura cristiana de Europa. Por eso tambi\u00e9n, al perge\u00f1ar estas p\u00e1ginas sobre \u201cEl obispo y sus sacerdotes\u201d, expondr\u00e9, en primer lugar, lo que sobre ello encuentro en la tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica visig\u00f3tica, en concreto en San Isidoro de Sevilla, para despu\u00e9s estudiar el mismo tema a la luz de la doctrina del Concilio Vaticano II.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El obispo y sus sacerdotes en San Isidoro de Sevilla<\/h2>\n\n\n\n<p>\u201cEn el Nuevo Testamento, despu\u00e9s de Cristo, el orden sacerdotal comenz\u00f3 en Pedro\u201d<a href=\"#sdfootnote27sym\" id=\"sdfootnote27anc\"><sup>27<\/sup><\/a>. Con esta n\u00edtida frase, San Isidoro se\u00f1ala el papel singular que a la figura de Pedro compete hist\u00f3ricamente en la Iglesia: \u00e9l es el comienzo. Es verdad que esta singularidad podr\u00eda parecer empa\u00f1ada, cuando San Isidoro afirma a continuaci\u00f3n que \u201clos dem\u00e1s Ap\u00f3stoles fueron hechos con Pedro consortes de un honor y potestad semejantes, los cuales tambi\u00e9n, dispersos por todo el orbe, predicaron el Evangelio\u201d<a href=\"#sdfootnote28sym\" id=\"sdfootnote28anc\"><sup>28<\/sup><\/a>. Pero n\u00f3tese que \u201cpari\u201d (semejante) no es sin\u00f3nimo de \u201ceodem\u201d (el mismo)<a href=\"#sdfootnote29sym\" id=\"sdfootnote29anc\"><sup>29<\/sup><\/a>. Por lo dem\u00e1s, en otras ocasiones, San Isidoro a\u00f1ade al sentido del comienzo una serie de t\u00edtulos que, en ning\u00fan modo, son comunes con los otros Ap\u00f3stoles: \u2018\u2018Pedro es en Cristo el fundamento de la Iglesia. Cefas es el principado y la cabeza del cuerpo de Cristo. Sim\u00f3n de Juan es la regeneraci\u00f3n incorrupta de la virginidad. El cual mientras que seg\u00fan Juan ser\u00eda el tercero, seg\u00fan Mateo es elegido el primero: y no sin raz\u00f3n, pues es el pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles. Y el primer confesor del Hijo de Dios, y el disc\u00edpulo, y el pastor de la grey humana, Piedra de la Iglesia, poseedor de las llaves del reino, amador y negador del Se\u00f1or: confesando alabado, presumiendo engre\u00eddo, negando ca\u00eddo, llorando purificado, confesando probado, padeciendo coronado, al cual se da el nombre por la obra, se le impone el t\u00edtulo por el m\u00e9rito de la potestad\u201d<a href=\"#sdfootnote30sym\" id=\"sdfootnote30anc\"><sup>30<\/sup><\/a>. Es igualmente revelador de la mentalidad teol\u00f3gica de San Isidoro lo que escribe en las <em>Etimolog\u00edas<\/em> a prop\u00f3sito de la palabra \u2018\u2018Cefas\u201d, a pesar de que sea filol\u00f3gicamente insostenible su empe\u00f1o de derivar su significado a partir del griego, aunque \u00e9l mismo reconoce que la palabra es aramea: <em>\u201cCefas,<\/em> as\u00ed dicho porque est\u00e1 constituido cabeza de los Ap\u00f3stoles, pues <em>kefal\u00e9<\/em> en griego significa <em>cabeza.<\/em> Este nombre es sirio\u201d<a href=\"#sdfootnote31sym\" id=\"sdfootnote31anc\"><sup>31<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La clara posici\u00f3n de San Isidoro con respecto al Primado de Pedro es obvia, si recordamos la valoraci\u00f3n que ya el Concilio III de Toledo hab\u00eda reconocido a las cartas sinodales del Papa. San Isidoro es hermano de San Leandro y sucesor suyo como arzobispo de Sevilla, y no puede olvidarse el papel que tuvo San Leandro en aquel trascendental concilio toledano.<\/p>\n\n\n\n<p>Como hemos visto, San Isidoro ha se\u00f1alado, junto a la figura de Pedro, la existencia e importancia de los dem\u00e1s Ap\u00f3stoles. La sucesi\u00f3n apost\u00f3lica es para \u00e9l el punto de partida de su teolog\u00eda del episcopado: \u201cMuertos ellos (los Ap\u00f3stoles), les sucedieron los obispos, que est\u00e1n constituidos por todo el mundo en las sedes de los Ap\u00f3stoles, los cuales ya no son elegidos por la familia de carne y sangre, como antes seg\u00fan el orden de Aar\u00f3n, sino por el m\u00e9rito que a cada uno haya conferido la gracia divina\u201d<a href=\"#sdfootnote32sym\" id=\"sdfootnote32anc\"><sup>32<\/sup><\/a>. Por cierto, San Isidoro ve, ya en las palabras de Dios a El\u00ed, un preludio de este cambio en el modo con que han de ser elegidos los obispos, en cuanto que ser\u00e1 la dignidad moral personal, y no la pertenencia f\u00edsica a una familia, el elemento determinante para la elecci\u00f3n: <em>Por eso Yahveh, Dios de Israel, dice as\u00ed: Yo hab\u00eda afirmado que tu casa y la casa de tu padre andar\u00edan en mi presencia perpetuamente; mas ahora<\/em> <em>\u2013declara Yahveh<\/em>\u2013 <em>\u00a1lejos de m\u00ed tal idea!, a quienes me honren, honrar\u00e9, y los que me menosprecien, ser\u00e1n afrentados<\/em> (1Sm 2, 30)<a href=\"#sdfootnote33sym\" id=\"sdfootnote33anc\"><sup>33<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Junto a los obispos, coloca San Isidoro a los <em>chorep\u00edscopos<\/em>, \u201cvicarios de los obispos\u201d, que equivaldr\u00edan a nuestro actual concepto de obispo auxiliar. Han sido instituidos \u201ca ejemplo de los setenta ancianos, como <em>consacerdotes<\/em> (del obispo) por la solicitud de los pobres\u201d. En efecto, residen en los pueblos y aldeas, y tienen licencia de ordenar lectores, subdi\u00e1conos, exorcistas y ac\u00f3litos. Pero se les advierte que \u201cno se atrevan a ordenar presb\u00edteros y di\u00e1conos sin conocimiento del obispo, en cuya regi\u00f3n se les reconoce a ellos (a los <em>chorep\u00edscopos<\/em>) una cierta presidencia\u201d<a href=\"#sdfootnote34sym\" id=\"sdfootnote34anc\"><sup>34<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Los presb\u00edteros constituyen el grado inmediatamente inferior al obispo. \u201cAl presb\u00edtero pertenece consagrar el sacramento del cuerpo y de la sangre del Se\u00f1or, decir las oraciones y bendecir al pueblo\u201d, escribe tajantemente San Isidoro en una carta al obispo Laudefredo<a href=\"#sdfootnote35sym\" id=\"sdfootnote35anc\"><sup>35<\/sup><\/a>. Por dependencia de un conocido texto de San Jer\u00f3nimo<a href=\"#sdfootnote36sym\" id=\"sdfootnote36anc\"><sup>36<\/sup><\/a>, que reproduce de modo literal, San Isidoro, en un pasaje de su obra <em>De ecclesiasticis officiis<a href=\"#sdfootnote37sym\" id=\"sdfootnote37anc\"><sup>37<\/sup><\/a><\/em>, da la impresi\u00f3n de considerar las limitaciones de los presb\u00edteros con respecto al obispo, por ejemplo, su falta de poder para ordenar, como procedentes de una mera costumbre eclesi\u00e1stica<a href=\"#sdfootnote38sym\" id=\"sdfootnote38anc\"><sup>38<\/sup><\/a>. Pero el texto de la carta a Laudefredo que acabo de citar, es demasiado tajante para sostener esta interpretaci\u00f3n; tanto m\u00e1s que se completa con una no menos n\u00edtida descripci\u00f3n de las funciones del obispo: \u201cAl obispo pertenece (&#8230;) la confecci\u00f3n del crisma; \u00e9l mismo constituye los oficios y \u00f3rdenes eclesi\u00e1sticos antes citados\u201d<a href=\"#sdfootnote39sym\" id=\"sdfootnote39anc\"><sup>39<\/sup><\/a>. Y aun dentro de la obra <em>De ecclesiasticis officiis<\/em> es innegable la afirmaci\u00f3n de que las diferencias entre obispo y presb\u00edtero no han surgido por mera costumbre eclesi\u00e1stica. La clara toma de posici\u00f3n se encuentra en un contexto en que se habla de la confirmaci\u00f3n: \u201cSe debe s\u00f3lo a los Pont\u00edfices que confirmen o confieran el Esp\u00edritu Par\u00e1clito, lo cual lo demuestra no s\u00f3lo la costumbre eclesi\u00e1stica, sino tambi\u00e9n aquella anterior lectura de Los Hechos de los Ap\u00f3stoles, que afirma que Pedro y Juan fueron enviados, para que confirieran el Esp\u00edritu Santo a los ya bautizados (Hch 8, 14-17). Porque a los presb\u00edteros est\u00e1 permitido, sin obispo o estando presente el obispo, cuando bautizan, ungir con crisma a los bautizados, con tal que haya sido consagrado por el obispo, pero no signar la frente con el mismo \u00f3leo, lo cual corresponde s\u00f3lo a los obispos, cuando confieren el Esp\u00edritu Santo\u201d<a href=\"#sdfootnote40sym\" id=\"sdfootnote40anc\"><sup>40<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl obispo, como dice un prudente, es nombre de trabajo, no de honor. Es una palabra griega, como tambi\u00e9n el vocablo del que se ha deducido, que significa que aquel que es puesto sobre, tiene superintendencia, llevando el cuidado de los s\u00fabditos; pues <em>scopus<\/em> es intenci\u00f3n. Por tanto, a los obispos podemos llamarlos en lat\u00edn superintendentes, para que \u00e9l comprenda que no es obispo si no le gusta ser \u00fatil, sino presidir\u201d<a href=\"#sdfootnote41sym\" id=\"sdfootnote41anc\"><sup>41<\/sup><\/a>. Esta reflexi\u00f3n induce a considerar las cualidades y virtudes de las que el obispo debe estar adornado.<\/p>\n\n\n\n<p>Como es obvio, todas ellas tienen, como trasfondo, algo mucho m\u00e1s radical y general, porque afecta a todo miembro del clero. \u201cDicen que se llaman cl\u00e9rigos, porque est\u00e1n dados a la suerte de la heredad del Se\u00f1or, o porque el mismo Se\u00f1or es la suerte de ellos, como est\u00e1 escrito de ellos, siendo el Se\u00f1or el que habla: <em>Yo, la heredad de ellos.<\/em> Por lo cual conviene que los que tienen a Dios como herencia se preocupen de servir a Dios sin ning\u00fan impedimento mundano e intenten ser pobres de esp\u00edritu para que puedan decir de modo conveniente aquello del Salmista: <em>El Se\u00f1or es la parte de mi herencia<\/em> (Sal 16, 5)\u201d<a href=\"#sdfootnote42sym\" id=\"sdfootnote42anc\"><sup>42<\/sup><\/a>. A partir de este principio general, San Isidoro hace una detallada descripci\u00f3n de lo que debe ser la vida de los cl\u00e9rigos. Aparte de su insistencia en evitar determinados vicios, cultivar virtudes y llevar un estilo de vida correspondiente al propio estado<a href=\"#sdfootnote43sym\" id=\"sdfootnote43anc\"><sup>43<\/sup><\/a>, quiero resaltar esta exhortaci\u00f3n al estudio sagrado y a la vida interior: \u201cFinalmente, ded\u00edquense a la doctrina, a las lecturas, salmos, himnos, c\u00e1nticos, con ejercicio continuo\u201d. Ello no se les pide s\u00f3lo para su enriquecimiento espiritual, sino que \u201clos que se procuran mostrarse al servicio de los divinos cultos, deben ser tales que, mientras se dedican a la ciencia, administren a los pueblos la gracia de la doctrina\u201d<a href=\"#sdfootnote44sym\" id=\"sdfootnote44anc\"><sup>44<\/sup><\/a>. En otras palabras, de este modo pueden ejercitar un apostolado m\u00e1s eficaz, en cuanto que m\u00e1s denso de doctrina.<\/p>\n\n\n\n<p>En el caso m\u00e1s concreto del obispo, se le pide la ejemplaridad como condici\u00f3n para que su gobierno sea eficaz. \u201c\u00bfCon qu\u00e9 cara podr\u00e1 arg\u00fcir a los s\u00fabditos cuando el corregido podr\u00eda enseguida replicarle: Antes, ens\u00e9\u00f1ate a ti mismo las cosas que son rectas?\u201d<a href=\"#sdfootnote45sym\" id=\"sdfootnote45anc\"><sup>45<\/sup><\/a>. El obispo debe presentarse a los otros como \u201cforma de vida\u201d, y tiene que invitar \u201ca todos con la doctrina y con la obra\u201d, es decir, con la palabra y el ejemplo<a href=\"#sdfootnote46sym\" id=\"sdfootnote46anc\"><sup>46<\/sup><\/a>. Este planteamiento deja tambi\u00e9n en claro que al obispo no le basta la vida ejemplar: al obispo \u201ces tambi\u00e9n necesaria la ciencia de las Escrituras, porque si s\u00f3lo es santa la vida del obispo, viviendo as\u00ed puede aprovechar s\u00f3lo a s\u00ed mismo. Si, adem\u00e1s, fuera erudito por la doctrina y la palabra, puede a cualesquiera otros instruir, y ense\u00f1ar a los suyos y rechazar a los adversarios, los cuales, si no fueran refutados y convencidos, pueden f\u00e1cilmente pervertir los corazones de los simples\u201d<a href=\"#sdfootnote47sym\" id=\"sdfootnote47anc\"><sup>47<\/sup><\/a>. Es bell\u00edsimo este p\u00e1rrafo sobre el modo de hablar y de comportarse que ha de tener el obispo: \u201cSu conversaci\u00f3n debe ser pura, simple, abierta, llena de gravedad y honestidad, llena de suavidad y gracia, tratando del misterio de la ley, de la doctrina de la fe, de la virtud de la continencia, de la disciplina de la justicia, amonestando a cada uno con una exhortaci\u00f3n diversa seg\u00fan la cualidad de la profesi\u00f3n y de las costumbres, a saber, que conozca previamente qu\u00e9 ha de decir, a qui\u00e9n lo ha de decir, cu\u00e1ndo lo ha de decir o c\u00f3mo lo ha de decir. Su especial oficio, antes de los dem\u00e1s, es leer las Escrituras, repasar los c\u00e1nones, imitar los ejemplos de los santos, dedicarse a las vigilias, ayunos y oraciones, tener paz con los hermanos, no despreciar a nadie de sus miembros, no condenar a nadie sin comprobaci\u00f3n, no excomulgar a nadie sin discusi\u00f3n. El cual as\u00ed tendr\u00e1 en grado alto la humildad y la autoridad simult\u00e1neamente, para que ni por una humildad excesiva haga fortalecerse los vicios de sus s\u00fabditos, ni por una autoridad inmoderada ejercite una potestad de severidad; sino que act\u00fae con tanta mayor cautela con respecto a los que le han sido confiados, cuanto con mayor dureza teme ser juzgado por Cristo\u201d<a href=\"#sdfootnote48sym\" id=\"sdfootnote48anc\"><sup>48<\/sup><\/a>. San Isidoro recomienda, sobre todo, que el obispo tenga mucha caridad, ya que es superior a todos los dem\u00e1s dones<a href=\"#sdfootnote49sym\" id=\"sdfootnote49anc\"><sup>49<\/sup><\/a>, y le exhorta a la hospitalidad<a href=\"#sdfootnote50sym\" id=\"sdfootnote50anc\"><sup>50<\/sup><\/a>. Busque la mayor santidad, \u2018\u2018as\u00ed al no permitir reinar en \u00e9l ning\u00fan vicio, podr\u00e1 impetrar de Dios el perd\u00f3n para los pecados de los s\u00fabditos\u201d<a href=\"#sdfootnote51sym\" id=\"sdfootnote51anc\"><sup>51<\/sup><\/a>. Una vez m\u00e1s, la santidad del obispo se presenta en una perspectiva de consecuencias pastorales, lo cual es subrayar el car\u00e1cter sacerdotal que ha de tener la santidad del obispo: \u201cEl que siguiere estas cosas ser\u00e1 un \u00fatil ministro de Dios y representar\u00e1 el sacerdocio perfecto\u201d<a href=\"#sdfootnote52sym\" id=\"sdfootnote52anc\"><sup>52<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo que respecta a las relaciones entre el obispo y los presb\u00edteros, es sumamente sugestivo, aunque no se trate de un pensamiento original<a href=\"#sdfootnote53sym\" id=\"sdfootnote53anc\"><sup>53<\/sup><\/a>, que San Isidoro las haya visto a trav\u00e9s del esquema de Aar\u00f3n y sus hijos; en Aar\u00f3n ve el prototipo del obispo, mientras que sus hijos ser\u00edan figura de los presb\u00edteros<a href=\"#sdfootnote54sym\" id=\"sdfootnote54anc\"><sup>54<\/sup><\/a>. Ello implica un planteamiento de relaciones familiares, como las que se dan entre un padre y sus hijos. La dureza con que San Isidoro trata de los cl\u00e9rigos ac\u00e9falos, es decir, carentes de cabeza y r\u00e9gimen episcopal<a href=\"#sdfootnote55sym\" id=\"sdfootnote55anc\"><sup>55<\/sup><\/a>, no se funda, a mi juicio, s\u00f3lo en la ruptura de relaciones jur\u00eddicas, sino en el desgarramiento de este lazo familiar que constituye el m\u00e1s \u00edntimo entramado que une a los presb\u00edteros con su obispo. Al cl\u00e9rigo ac\u00e9falo lo llama centauro, que no es ni hombre ni caballo<a href=\"#sdfootnote56sym\" id=\"sdfootnote56anc\"><sup>56<\/sup><\/a>, porque, en realidad, el cl\u00e9rigo ac\u00e9falo tampoco es ni seglar ni cl\u00e9rigo<a href=\"#sdfootnote57sym\" id=\"sdfootnote57anc\"><sup>57<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El obispo y sus sacerdotes en el Concilio Vaticano II<\/h2>\n\n\n\n<p>Son muchos los siglos que separan a San Isidoro del Concilio Vaticano II. Por ello, la doctrina de \u00e9ste es m\u00e1s rica y matizada que la del Santo visigodo. Al fin y al cabo, la Iglesia ha seguido, a imagen de Mar\u00eda (Lc 2, 19 y 51), meditando el mensaje revelado<a href=\"#sdfootnote58sym\" id=\"sdfootnote58anc\"><sup>58<\/sup><\/a>. Pero hay entre ambos una profunda continuidad. Todo progreso dogm\u00e1tico y todo esfuerzo de nueva presentaci\u00f3n del mensaje tienen que realizarse \u2013y la asistencia del Esp\u00edritu Santo garantiza que as\u00ed suceda\u2013 \u201cen el mismo sentido y en la misma sentencia\u201d<a href=\"#sdfootnote59sym\" id=\"sdfootnote59anc\"><sup>59<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La doctrina del Concilio Vaticano II sobre el episcopado quiere deliberadamente ser un complemento de las definiciones del Concilio Vaticano I sobre el Romano Pont\u00edfice<a href=\"#sdfootnote60sym\" id=\"sdfootnote60anc\"><sup>60<\/sup><\/a>, las cuales previamente \u201cpropone de nuevo como objeto de fe inconmovible a todos los fieles\u201d<a href=\"#sdfootnote61sym\" id=\"sdfootnote61anc\"><sup>61<\/sup><\/a>. De hecho, el Concilio Vaticano II, incluso a lo largo de su exposici\u00f3n de la doctrina acerca del episcopado, vuelve a insistir en que \u201cel Romano Pont\u00edfice tiene sobre la Iglesia, en virtud de su cargo, es decir, como Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia, plena, suprema y universal potestad, que puede siempre ejercer libremente\u201d<a href=\"#sdfootnote62sym\" id=\"sdfootnote62anc\"><sup>62<\/sup><\/a>, y en que \u201cel Romano Pont\u00edfice, Cabeza del Colegio Episcopal, goza de esta misma infalibilidad (que tiene la Iglesia) en raz\u00f3n de su oficio, cuando, como supremo pastor y doctor de todos los fieles, que confirma en la fe a sus hermanos (cf. Lc 22, 32), proclama de forma definitiva la doctrina de fe y costumbres\u201d<a href=\"#sdfootnote63sym\" id=\"sdfootnote63anc\"><sup>63<\/sup><\/a>. Estas verdades fundamentales de fe no quedan, en modo alguno, empa\u00f1adas por la doctrina sobre la colegialidad del episcopado \u2013no pod\u00edan sufrir merma alguna en su alcance real, ya que se trata de adquisiciones irreversibles del progreso dogm\u00e1tico\u2013, pues mientras que \u201cel Sumo Pont\u00edfice, como Pastor supremo de la Iglesia, puede ejercer libremente su potestad en todo tiempo, como lo exige su propio ministerio\u201d, el Colegio Episcopal, por su parte, \u201cact\u00faa con acci\u00f3n estrictamente colegial s\u00f3lo a intervalos y con el consentimiento de su Cabeza\u201d<a href=\"#sdfootnote64sym\" id=\"sdfootnote64anc\"><sup>64<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La sucesi\u00f3n apost\u00f3lica es el punto de partida de la teolog\u00eda del episcopado en el Concilio Vaticano II, como lo hab\u00eda sido en toda la Tradici\u00f3n: \u201cY as\u00ed como permanece el oficio que Dios concedi\u00f3 personalmente a Pedro, pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles, para que fuera transmitido a sus sucesores, as\u00ed tambi\u00e9n perdura el oficio de los Ap\u00f3stoles de apacentar la Iglesia, que el orden sagrado de los obispos debe ejercer de forma permanente. Por ello, este sagrado S\u00ednodo ense\u00f1a que los obispos han sucedido, por instituci\u00f3n divina, a los Ap\u00f3stoles como pastores de la Iglesia\u201d<a href=\"#sdfootnote65sym\" id=\"sdfootnote65anc\"><sup>65<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En la eclesiolog\u00eda del Concilio Vaticano II es esencial la afirmaci\u00f3n de que la Iglesia y todos sus estamentos tienen una participaci\u00f3n en los \u201ctria munera\u201d de Cristo<a href=\"#sdfootnote66sym\" id=\"sdfootnote66anc\"><sup>66<\/sup><\/a>: Profeta, Sacerdote y Rey<a href=\"#sdfootnote67sym\" id=\"sdfootnote67anc\"><sup>67<\/sup><\/a>. Por ello, con respecto al obispo, se afirma que \u201cla consagraci\u00f3n episcopal, junto con el oficio de santificar, confiere tambi\u00e9n los oficios de ense\u00f1ar y de regir\u201d<a href=\"#sdfootnote68sym\" id=\"sdfootnote68anc\"><sup>68<\/sup><\/a> Como consecuencia, \u201clos obispos, de modo visible y eminente, hacen las veces del mismo Cristo, Maestro, Pastor y Pont\u00edfice, y act\u00faan en lugar suyo\u201d<a href=\"#sdfootnote69sym\" id=\"sdfootnote69anc\"><sup>69<\/sup><\/a>. Al desarrollo de lo que ha de ser en el obispo el ejercicio de cada una de esas tres tareas dedica el Concilio, respectivamente, un n\u00famero en la constituci\u00f3n dogm\u00e1tica sobre la Iglesia<a href=\"#sdfootnote70sym\" id=\"sdfootnote70anc\"><sup>70<\/sup><\/a>, e incluso m\u00e1s de un n\u00famero a alguna de las misiones en el decreto sobre el oficio pastoral de los obispos<a href=\"#sdfootnote71sym\" id=\"sdfootnote71anc\"><sup>71<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>El obispo, que ha de orar y trabajar por el pueblo, s\u00f3lo con su ejemplaridad de vida llegar\u00e1, con la grey que le ha sido confiada, a la vida eterna<a href=\"#sdfootnote72sym\" id=\"sdfootnote72anc\"><sup>72<\/sup><\/a>. En su acci\u00f3n caritativa debe ponerse a la cabeza del Pueblo de Dios<a href=\"#sdfootnote73sym\" id=\"sdfootnote73anc\"><sup>73<\/sup><\/a>. Pero quiz\u00e1 el m\u00e1s bello pasaje del Concilio sobre las virtudes que han de adornar al obispo, sea \u00e9ste: \u201cEl obispo, enviado por el Padre de familia a gobernar su familia, tenga siempre ante los ojos el ejemplo del Buen Pastor, que vino no a ser servido, sino a servir (cf. Mt 20, 28; Mc 10, 45) y a dar la vida por sus ovejas (cf. Jn 10, 11). Tomado de entre los hombres y rodeado \u00e9l mismo de flaquezas, puede apiadarse de los ignorantes y equivocados (Hb 5, 1s). No se niegue a o\u00edr a sus s\u00fabditos, a los que, como a verdaderos hijos suyos, alimenta y a quienes exhorta a cooperar animosamente con \u00e9l. Consciente de que ha de dar cuenta a Dios de sus almas (cf. Hb 13, 17), trabaje con la oraci\u00f3n, con la predicaci\u00f3n y con todas las obras de caridad, tanto por ellos como por los que todav\u00eda no son de la \u00fanica grey, a los cuales tenga como encomendados por el Se\u00f1or. \u00c9l mismo, siendo, como San Pablo, deudor para con todos, est\u00e9 dispuesto a evangelizar a todos (cf. Rm 1, 14s) y a exhortar a sus fieles a la actividad apost\u00f3lica y misionera\u201d<a href=\"#sdfootnote74sym\" id=\"sdfootnote74anc\"><sup>74<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La doctrina del Concilio Vaticano II acerca del presb\u00edtero contiene un evidente progreso. Para convencerse de ello, basta compararla con la del Concilio tridentino. Trento, por razones hist\u00f3ricas f\u00e1cilmente inteligibles, sobre todo por la necesidad de subrayar lo que los reformadores protestante negaban, consider\u00f3 el sacerdocio<a href=\"#sdfootnote75sym\" id=\"sdfootnote75anc\"><sup>75<\/sup><\/a> exclusivamente en relaci\u00f3n con el <em>munus sanctificandi,<\/em> es decir, en relaci\u00f3n con el sacrificio eucar\u00edstico y con la administraci\u00f3n del sacramento de la penitencia<a href=\"#sdfootnote76sym\" id=\"sdfootnote76anc\"><sup>76<\/sup><\/a>. La tarea de predicar la palabra de Dios se dej\u00f3 del todo en la penumbra; es curioso que de ella se habla s\u00f3lo para rechazar la importancia excesiva que le atribu\u00edan los reformadores<a href=\"#sdfootnote77sym\" id=\"sdfootnote77anc\"><sup>77<\/sup><\/a>. Hoy, superadas aquellas circunstancias hist\u00f3ricas, ha sido posible dar una noci\u00f3n m\u00e1s amplia y rica del presbiterado, y describirlo como participaci\u00f3n del triple oficio de Cristo, Profeta, Rey y Sacerdote; en este sentido, los presb\u00edteros \u201cson consagrados para predicar el Evangelio y apacentar a los fieles y para celebrar el culto divino\u201d<a href=\"#sdfootnote78sym\" id=\"sdfootnote78anc\"><sup>78<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>El orden con que se enumeran estas tres tareas, y en el que la predicaci\u00f3n del Evangelio tiene siempre el primer lugar<a href=\"#sdfootnote79sym\" id=\"sdfootnote79anc\"><sup>79<\/sup><\/a>, no implica una gradaci\u00f3n de lo m\u00e1s a lo menos importante. La primariedad de la tarea de predicaci\u00f3n se pone en conexi\u00f3n con la necesidad de la fe<a href=\"#sdfootnote80sym\" id=\"sdfootnote80anc\"><sup>80<\/sup><\/a>; es decir, el primer lugar que se concede en la enumeraci\u00f3n a la predicaci\u00f3n est\u00e1 sugerido por la funci\u00f3n inicial que corresponde a la predicaci\u00f3n y a la fe en el proceso de la justificaci\u00f3n, y consiguientemente en el proceso del trabajo pastoral<a href=\"#sdfootnote81sym\" id=\"sdfootnote81anc\"><sup>81<\/sup><\/a>. Seg\u00fan el Concilio Vaticano II, el primado de dignidad entre las otras tareas presbiterales lo sigue manteniendo la tarea de santificar<a href=\"#sdfootnote82sym\" id=\"sdfootnote82anc\"><sup>82<\/sup><\/a>, y, sobre todo, el sacrificio eucar\u00edstico al que tiende y en el que se consuma el ministerio de los presb\u00edteros<a href=\"#sdfootnote83sym\" id=\"sdfootnote83anc\"><sup>83<\/sup><\/a>. As\u00ed aquello a lo que se prestaba una atenci\u00f3n exclusiva en el Concilio de Trento se considera lo primario en cuanto a dignidad entre las diversas tareas de los presb\u00edteros en el Concilio Vaticano II.<\/p>\n\n\n\n<p>Habiendo explicado el Concilio Vaticano II tanto el episcopado como el presbiterado en el sentido de participaci\u00f3n en la triple tarea de Cristo, se plantea, de modo absolutamente obvio, la cuesti\u00f3n de una comparaci\u00f3n entre ambos. Para responderla, debe tenerse muy presente la f\u00f3rmula con que en el Concilio se ense\u00f1a la sacramentalidad del episcopado: \u201cEnse\u00f1a, pues, este santo S\u00ednodo que en la consagraci\u00f3n episcopal se confiere la plenitud del sacramento del orden\u201d<a href=\"#sdfootnote84sym\" id=\"sdfootnote84anc\"><sup>84<\/sup><\/a>. Supuesta esta f\u00f3rmula, el presbiterado debe concebirse como una participaci\u00f3n objetiva del episcopado<a href=\"#sdfootnote85sym\" id=\"sdfootnote85anc\"><sup>85<\/sup><\/a>. Sin duda, el concepto de participaci\u00f3n objetiva no dice, de suyo, nada sobre el problema del origen del presbiterado como grado distinto del sacramento del orden en relaci\u00f3n con el episcopado<a href=\"#sdfootnote86sym\" id=\"sdfootnote86anc\"><sup>86<\/sup><\/a>. Significa solamente que la realidad del episcopado y la realidad del presbiterado, si se comparan entre s\u00ed, tienen la relaci\u00f3n de un \u201ctodo\u201d y su parte. Esta relaci\u00f3n de \u201ctodo\u201d y parte se explica por las funciones que son caracter\u00edsticas del obispo y no del presb\u00edtero, m\u00e1s all\u00e1 de las que son comunes a ambos. Los obispos \u201cson los ministros originarios de la confirmaci\u00f3n, los dispensadores de las sagradas \u00f3rdenes y los moderadores de la disciplina penitencial\u201d<a href=\"#sdfootnote87sym\" id=\"sdfootnote87anc\"><sup>87<\/sup><\/a>. Por lo dem\u00e1s, los presb\u00edteros, incluso en las tareas que son caracter\u00edsticamente presbiterales, no deben olvidar que son \u201cpr\u00f3vidos cooperadores del orden episcopal\u201d<a href=\"#sdfootnote88sym\" id=\"sdfootnote88anc\"><sup>88<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Naturalmente, esta relaci\u00f3n que implica inevitablemente un sentido de subordinaci\u00f3n, no, ser\u00eda viable si no es vivida en un ambiente de aut\u00e9ntica familia. De modo especial, los sacerdotes diocesanos constituyen \u201cun solo presbiterio y una sola familia, cuyo padre es el obispo\u201d<a href=\"#sdfootnote89sym\" id=\"sdfootnote89anc\"><sup>89<\/sup><\/a>. Consecuentemente, es necesario que \u201clos presb\u00edteros reconozcan verdaderamente al obispo como a padre suyo, y le obedezcan reverentemente. El obispo, por su parte, considere a los sacerdotes, sus cooperadores, como hijos y amigos, a la manera con que Cristo a sus disc\u00edpulos no los llama ya siervos, sino amigos (cf. Jn 15, 15)\u201d<a href=\"#sdfootnote90sym\" id=\"sdfootnote90anc\"><sup>90<\/sup><\/a>. Es conveniente que esta unidad se exprese de vez en cuando en la concelebraci\u00f3n eucarist\u00eda con el propio obispo<a href=\"#sdfootnote91sym\" id=\"sdfootnote91anc\"><sup>91<\/sup><\/a>. El tema de las relaciones concretas entre obispos y presb\u00edteros reaparece en el decreto sobre el ministerio y vida de los presb\u00edteros. A ellos se les recomienda que \u201cteniendo presente la plenitud del sacramento del orden de que gozan los obispos, reverencien en ellos la autoridad de Cristo, Pastor supremo. \u00dananse, por tanto, a su obispo con sincera caridad y obediencia. Obediencia sacerdotal, que, penetrada de esp\u00edritu de cooperaci\u00f3n, se funda en la participaci\u00f3n misma del ministerio episcopal que se confiere a los presb\u00edteros por el sacramento del orden y la misi\u00f3n can\u00f3nica\u201d<a href=\"#sdfootnote92sym\" id=\"sdfootnote92anc\"><sup>92<\/sup><\/a>. Resulta teol\u00f3gicamente sugestivo que el Concilio considere el presbiterado como una participaci\u00f3n objetiva del ministerio episcopal; reaparece, una vez m\u00e1s, la relaci\u00f3n entre el \u201ctodo\u201d y la \u201cparte\u201d, a la que alud\u00ed m\u00e1s arriba. Apelando a la comuni\u00f3n en el mismo sacerdocio y ministerio, el Concilio, en este mismo decreto, pide a los obispos que \u201ctengan a los presb\u00edteros como hermanos y amigos suyos, y lleven, seg\u00fan sus fuerzas, atravesado en su coraz\u00f3n el bien, tanto material como espiritual de los mismos. Porque sobre los obispos de manera principal recae el grave peso de la santidad de sus sacerdotes; tengan, pues, el m\u00e1ximo cuidado de la continua formaci\u00f3n de sus sacerdotes. \u00d3iganlos de buena gana, m\u00e1s a\u00fan, cons\u00faltenlos y dialoguen con ellos sobre las necesidades del trabajo pastoral y el bien de la di\u00f3cesis. Ahora bien, para que esto se lleve a efecto, constit\u00fayase, de manera acomodada a las circunstancias y necesidades actuales, en la forma y a tenor de las normas que han de ser determinadas por el derecho, una junta o senado de sacerdotes, que representen el presbiterio, y que pueda con sus consejos ayudar eficazmente al obispo en el gobierno de la di\u00f3cesis\u201d<a href=\"#sdfootnote93sym\" id=\"sdfootnote93anc\"><sup>93<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En este amplio p\u00e1rrafo resulta especialmente impresionante para todo coraz\u00f3n de obispo el recuerdo de que sobre el obispo \u2018\u2018de manera principal recae el grave peso de la santidad de sus sacerdotes\u201d, pues ella nos pone ante los ojos una de nuestras m\u00e1s graves responsabilidades ante Dios y ante la Iglesia<a href=\"#sdfootnote94sym\" id=\"sdfootnote94anc\"><sup>94<\/sup><\/a>. M\u00e1s arriba he aludido brevemente a las virtudes que, seg\u00fan el Concilio, debe tener el obispo. S\u00f3lo ellas le har\u00e1n posible un trato adecuado con sus sacerdotes que los conduzca suavemente a la santidad. Pero tambi\u00e9n s\u00f3lo la santidad sacerdotal permitir\u00e1 una actitud correspondiente por parte de los presb\u00edteros, la que deben a su obispo. Hay que agradecer a Dios que el Concilio Vaticano II haya expuesto tan insistentemente la necesidad de esa santidad<a href=\"#sdfootnote95sym\" id=\"sdfootnote95anc\"><sup>95<\/sup><\/a>, que, por cierto, a la vez que se requiere para el recto ejercicio de las tareas sacerdotales, se fomenta con ellas<a href=\"#sdfootnote96sym\" id=\"sdfootnote96anc\"><sup>96<\/sup><\/a>. El entusiasmo por cumplir la voluntad de Dios es lo \u00fanico que puede dar unidad a la vida del sacerdote, dispersa, en caso contrario, en la multiplicidad de las ocupaciones<a href=\"#sdfootnote97sym\" id=\"sdfootnote97anc\"><sup>97<\/sup><\/a>. Virtudes concretas que se requieren en el presb\u00edtero, son la humildad y obediencia<a href=\"#sdfootnote98sym\" id=\"sdfootnote98anc\"><sup>98<\/sup><\/a>; en la Iglesia latina, el celibato, por el que \u201clos presb\u00edteros se consagran de nueva y excelente manera a Cristo, se unen con coraz\u00f3n indiviso m\u00e1s f\u00e1cilmente a \u00c9l, se entregan m\u00e1s libremente, en \u00c9l y por \u00c9l, al servicio de Dios y de los hombres, sirven m\u00e1s expeditamente a su reino y a la obra de regeneraci\u00f3n sobrenatural y se hacen m\u00e1s aptos para recibir m\u00e1s dilatada paternidad en Cristo\u201d<a href=\"#sdfootnote99sym\" id=\"sdfootnote99anc\"><sup>99<\/sup><\/a>; y el desprendimiento de los bienes de la tierra<a href=\"#sdfootnote100sym\" id=\"sdfootnote100anc\"><sup>100<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta vida sacerdotalmente santa s\u00f3lo es posible si el presb\u00edtero sabe alimentarse \u201cde la doble mesa de la Sagrada Escritura y de la Eucarist\u00eda\u201d<a href=\"#sdfootnote101sym\" id=\"sdfootnote101anc\"><sup>101<\/sup><\/a>. La piedad eucar\u00edstica del sacerdote, aunque tiene su culminaci\u00f3n en la celebraci\u00f3n y en la comuni\u00f3n que en ella se recibe, no debe reducirse a ellas, sino que ulteriormente el presb\u00edtero debe gustar \u201cde coraz\u00f3n, del cotidiano coloquio con Cristo Se\u00f1or en la visita y culto personal de la sant\u00edsima Eucarist\u00eda\u201d<a href=\"#sdfootnote102sym\" id=\"sdfootnote102anc\"><sup>102<\/sup><\/a>, es decir, todo sacerdote debe llegar a una profunda intimidad de vida de Sagrario. Especial importancia reviste en la vida sacerdotal \u201cel frecuente acto sacramental de la penitencia, como quiera que, preparado por el diario examen de conciencia, favorece en tanto grado la necesaria conversi\u00f3n al amor del Padre de las misericordias\u201d<a href=\"#sdfootnote103sym\" id=\"sdfootnote103anc\"><sup>103<\/sup><\/a>. Con respecto a la Sant\u00edsima Virgen, \u2018\u2018los presb\u00edteros reverenciar\u00e1n y amar\u00e1n con filial devoci\u00f3n y culto a esta Madre del sumo y eterno Sacerdote, Reina de los Ap\u00f3stoles y auxilio de su ministerio\u201d<a href=\"#sdfootnote104sym\" id=\"sdfootnote104anc\"><sup>104<\/sup><\/a>. Finalmente, el estudio de las ciencias sagradas no s\u00f3lo los enriquecer\u00e1 interiormente, sino que la doctrina que as\u00ed adquieran ser\u00e1 tambi\u00e9n \u2018\u2018espiritual medicina para el pueblo de Dios\u201d<a href=\"#sdfootnote105sym\" id=\"sdfootnote105anc\"><sup>105<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Conclusi\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>Al cumplir diez a\u00f1os como obispo de la Archidi\u00f3cesis de Toledo, estas l\u00edneas no son sino fruto de mi personal meditaci\u00f3n en el deseo de acercarme algo m\u00e1s a lo que la tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica de esta Iglesia local y las directrices del Concilio Vaticano II exigen del obispo. Las ofrezco fraternalmente a S.E. Mons. Gijsen en su jubileo, paralelo, de diez a\u00f1os de servicio episcopal al frente de la di\u00f3cesis de Roermond. La realizaci\u00f3n del ideal del obispo en cada uno de nosotros ser\u00e1, sin duda, el elemento decisivo para granjearnos el afecto sacerdotal de aquellos hermanos que con nosotros forman nuestro propio presbiterio.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> La inmensa provincia eclesi\u00e1stica se extend\u00eda entonces hasta el Mediterr\u00e1neo, incluyendo di\u00f3cesis como Segorbe, Valencia, Denia, J\u00e1tiva, Elche, en ese litoral; en el Sur inclu\u00eda las di\u00f3cesis de Guadix (Granada) y Baeza (Ja\u00e9n); hacia el Norte, Segovia, Palencia y Osma. Para m\u00e1s detalles, cf. J. F. Rivera, <em>Toledo, Archidi\u00f3cesis de:<\/em> Diccionario de Historia Eclesi\u00e1stica de Espa\u00f1a 4, 2564.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Cf. J. Vives, <em>Concilios visig\u00f3ticos e hispano-romanos,<\/em> Barcelona 1963, pp. 107-145.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> <em>Capitulum<\/em> I: Mansi 9, 992.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> Mansi 9, 1002-1005.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> Baste remitir a los estudios sobre los dos Credos toledanos m\u00e1s importantes:J. A. de Aldama,<em>El S\u00edmbolo Toledano I<\/em>. <em>Su texto, su origen, su posici\u00f3n en la historia de los S\u00edmbolos,<\/em>Roma 1934;J. Madoz<em>, <\/em><em>El S\u00edmbolo del Concilio XVI de Toledo,<\/em> Madrid 1946.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> Sobre ella, cf. J. M. Pinell, <em>Liturgia hisp\u00e1nica:<\/em> Diccionario de Historia Eclesi\u00e1stica de Espa\u00f1a 3, 1303-1320.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> Cf. F. X. Simonet,<em>Historia de los moz\u00e1rabes de Espa\u00f1a,<\/em>Madrid 1903.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> F. Mart\u00edn Hern\u00e1ndez,<em>Escuelas de formaci\u00f3n del clero en la Espa\u00f1a visigoda,<\/em> en<em>XXVII Semana Espa\u00f1ola de Teolog\u00eda, La Patrolog\u00eda toledano-visigoda,<\/em>Madrid 1970, pp. 65-98.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote9anc\" id=\"sdfootnote9sym\">9<\/a> Perm\u00edtaseme se\u00f1alar, como signo de mis preocupaciones por este tema, mi carta pastoral <em>Un Seminario nuevo y libre:<\/em> Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, octubre de 1973, pp. 427-480. V\u00e9ase tambi\u00e9n <em>Ideario del Seminario Diocesano de Toledo: <\/em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, octubre de 1973, pp. 501-518.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote10anc\" id=\"sdfootnote10sym\">10<\/a> Cf. U. Dom\u00ednguez del Val,<em>Caracter\u00edsticas de la Patr\u00edstica Hispana en el siglo VII:<\/em>La Patrolog\u00eda toledano-visigoda, p. 11.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote11anc\" id=\"sdfootnote11sym\">11<\/a> Cf. E. Cuevas-U. Dom\u00ednguez del Val, <em>Patrolog\u00eda espa\u00f1ola,<\/em> Madrid 1956, pp. 92-99.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote12anc\" id=\"sdfootnote12sym\">12<\/a> San Eugenio lo envi\u00f3 a Sevilla para que se formase bajo la direcci\u00f3n de San Isidoro; cf. <em>Cat\u00e1logo Toledano<\/em> 31, 105: <em>Espa\u00f1a Sagrada<\/em> 5, 275.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote13anc\" id=\"sdfootnote13sym\">13<\/a> Cf.<em>Cat\u00e1logo de los Obispos de la Santa Iglesia de Zaragoza, San Braulio,<\/em>6:<em>Es<\/em><em>pa\u00f1a <\/em><em>Sagrada<\/em>30, 144.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote14anc\" id=\"sdfootnote14sym\">14<\/a> Cf. Cuevas-Dom\u00ednguez del Val, <em>Patrolog\u00eda espa\u00f1ola,<\/em> p. 26. V\u00e9ase San Isidoro, <em>De viris illustribus<\/em> 41, 57: <em>PL<\/em> 83, 1103.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote15anc\" id=\"sdfootnote15sym\">15<\/a> Cf. B. Altaner, <em>Patrolog\u00eda,<\/em> trad. esp., 4\u00aa. ed., Madrid 1956, pp. 413-418.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote16anc\" id=\"sdfootnote16sym\">16<\/a> <em>Etymologiarum libri XX: <\/em>PL 82, 73-728.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote17anc\" id=\"sdfootnote17sym\">17<\/a> <em>Sentectiarum libri <\/em><em>III:<\/em> <em>PL<\/em>83, 537-738.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote18anc\" id=\"sdfootnote18sym\">18<\/a> Cf. Cuevas-Dom\u00ednguez del Val, <em>Patrolog\u00eda espa\u00f1ola,<\/em> p. 94.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote19anc\" id=\"sdfootnote19sym\">19<\/a> <em>Sententiarum libri V: PL<\/em>80, 727-999.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote20anc\" id=\"sdfootnote20sym\">20<\/a> <em>Sententiarum libri <\/em><em>IV: <\/em><em>PL<\/em>192, 521-962.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote21anc\" id=\"sdfootnote21sym\">21<\/a> PG 94, 789-1228.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote22anc\" id=\"sdfootnote22sym\">22<\/a> Cf. M. Grabmann, <em>Geschichte der scholastischen Methode,<\/em> t. 1, Friburgo de Brisgovia 1909, p. 192s. a prop\u00f3sito de la obra <em>De natura rerum,<\/em> y F. Cayr\u00e9, <em>Pr\u00e9cis de Patrologie,<\/em> t. 1, Par\u00eds-Tournai 1930, p. 269 a prop\u00f3sito del <em>Chronicon sive de sex hujus saeculi aetatibus<\/em> que cierra la obra <em>De temporum ratione.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote23anc\" id=\"sdfootnote23sym\">23<\/a> Cf. Grabmann, <em>Geschichte der scholastischen Methode,<\/em> t. 1, p. 193. Egeberto fue amigo, entre otros, de San Bonifacio y Alcuino; cf. K. Weinzierl, <em>Egbert von York:<\/em> Lexikon f\u00fcr Theologie und Kirche 3, 668.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote24anc\" id=\"sdfootnote24sym\">24<\/a> Vivi\u00f3 de 675 a 754. Sobre \u00e9l cf. P. F. Palumbo, <em>Bonifacio:<\/em> Enciclopedia Cattolica 2, 1858-1963.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote25anc\" id=\"sdfootnote25sym\">25<\/a> La frase es de F. P. G. Guizot, <em>Histoire de la civilisation en France,<\/em> t. 3, Paris 1853, p. 167.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote26anc\" id=\"sdfootnote26sym\">26<\/a> Cf. Grabmann, <em>Geschichte der scholastischen Methode,<\/em> t. 1, p. 193ss, quien, entre otras cosas, se\u00f1ala que la Dial\u00e9ctica de Alcuino se apoya en San Isidoro de Sevilla.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote27anc\" id=\"sdfootnote27sym\">27<\/a> <em>De ecclesiasticis officiis<\/em>2, 5, 5: PL 83, 781.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote28anc\" id=\"sdfootnote28sym\">28<\/a> <em>De ecclesiasticis officiis<\/em>2, 5, 5: PL 83, 782.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote29anc\" id=\"sdfootnote29sym\">29<\/a> Recu\u00e9rdese que el Concilio Vaticano II, Const. dogm\u00e1tica <em>Lumen gentium,<\/em> n. 22: <em>AAS<\/em> 57 (1965) 25, a otro prop\u00f3sito (para describir el paralelismo entre el Colegio apost\u00f3lico \u2013Pedro y los Ap\u00f3stoles\u2013 y el Colegio episcopal \u2013el Papa y los obispos\u2013), dijo deliberadamente \u201cpari ratione\u201d, para evitar decir \u201ceadem ratione\u201d, como se afirmaba tanto en el \u201ctextus prior\u201d como en el \u201ctextus emendatus\u201d; <em>Schema Constitutionis de Ecclesia<\/em> (1964), p. 63. Para las razones del cambio, cf. <em>Modi<\/em> III (1964), n. 57, p. 19, y <em>Nota explicativa praevia,<\/em> 1: <em>AAS<\/em> 57 (1965) 73.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote30anc\" id=\"sdfootnote30sym\">30<\/a> <em>De ortu et obitu Patrum<\/em>68, 113s.:<em>PL<\/em>83, 149.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote31anc\" id=\"sdfootnote31sym\">31<\/a> <em>Etymologiarum<\/em> 7, 9, 3: <em>PL<\/em> 82, 287. El n\u00famero anterior <em>(Etymologiarum<\/em> 7, 9, 2: <em>Ib\u00edd.)<\/em> est\u00e1 simplemente tomado de San Agust\u00edn,<em>Tractatus in loannis Evangelium<\/em> 124, 5: <em>PL<\/em> 35, 1973.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote32anc\" id=\"sdfootnote32sym\">32<\/a> <em>De ecclesiasticis officiis<\/em>2, 5, 6:<em>PL<\/em>83, 782.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote33anc\" id=\"sdfootnote33sym\">33<\/a> <em>Ib\u00edd.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote34anc\" id=\"sdfootnote34sym\">34<\/a> <em>De ecclesiasticis officiis<\/em> 2, 6, 1: <em>PL<\/em> 83, 186s. La frase \u201ca ejemplo de los setenta ancianos, como consacerdotes\u201d es alusi\u00f3n a Nm 11, 16s.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote35anc\" id=\"sdfootnote35sym\">35<\/a> <em>Ep\u00edstola<\/em> 1,9<em>: PL<\/em> 83, 895. Quiz\u00e1 a alguno, a primera vista, pueda llamar la atenci\u00f3n el silencio sobre la funci\u00f3n de perdonar los pecados entre las tareas de los presb\u00edteros; pero no se olvide que en toda la antig\u00fcedad patr\u00edstica el sacramento de la penitencia estuvo normalmente reservado al obispo; cf. P. Adn\u00e9s, <em>La penitencia,<\/em> Madrid 1981, p. 157ss.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote36anc\" id=\"sdfootnote36sym\">36<\/a> <em>Commentarius in Epistolam ad Titum<\/em> 1, 5: <em>PL<\/em> 22, 597s.; v\u00e9anse tambi\u00e9n del mismo San Jer\u00f3nimo, <em>Ep\u00edstola<\/em> 69, 3: <em>PL<\/em> 22, 656; <em>Ep\u00edstola<\/em> 146, 1: <em>PL<\/em> 22, 1192ss.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote37anc\" id=\"sdfootnote37sym\">37<\/a> <em>De ecclesiasticis officiis<\/em>2, 7, 1ss.:<em>PL<\/em>83, 787s.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote38anc\" id=\"sdfootnote38sym\">38<\/a> \u201cAc sola propter auctoritatem summo sacerdoti clericorum ordinatio et consecratio reservata est, ne a multis Ecclesiae disciplina vindicata concordiam solveret, scandala generaret\u201d. <em>De ecclesiasticis officiis<\/em> 2, 7, 2: <em>PL<\/em> 83, 787. Comp\u00e1rese ideol\u00f3gicamente con San Jer\u00f3nimo, <em>Ep\u00edstola<\/em> 146, 1: <em>PL<\/em> 22, 1194.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote39anc\" id=\"sdfootnote39sym\">39<\/a> <em>Ep\u00edstola<\/em> 1, 10: <em>PL<\/em> 83, 895s. N\u00f3tese que se oponen la reserva de la ordenaci\u00f3n (la \u00fanica que parecer\u00eda estar reservada seg\u00fan el pasaje citado en la nota anterior) y la facultad de hacer el crisma para la confirmaci\u00f3n. Enseguida veremos que, seg\u00fan San Isidoro, la confirmaci\u00f3n est\u00e1 reservada al obispo por algo m\u00e1s que por mera costumbre eclesi\u00e1stica.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote40anc\" id=\"sdfootnote40sym\">40<\/a> <em>De ecclesiasticis officiis<\/em> 2, 27, 4: <em>PL<\/em> 83, 826.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote41anc\" id=\"sdfootnote41sym\">41<\/a> <em>De ecclesiasticis officiis<\/em> 2, 5, 8: PL 83M 782.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote42anc\" id=\"sdfootnote42sym\">42<\/a> <em>De ecclesiasticis officiis<\/em> 2, 1, 2: <em>PL<\/em> 83, 777. La frase \u201cYo, la heredad de ellos\u201d no es una cita b\u00edblica literal, sino una alusi\u00f3n a Nm 18, 20 y, quiz\u00e1 m\u00e1s, a Dt 18, 2.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote43anc\" id=\"sdfootnote43sym\">43<\/a> <em>De ecclesiasticis officiis<\/em>2, 2, 1ss.:<em>PL<\/em>83, 777ss<em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote44anc\" id=\"sdfootnote44sym\">44<\/a> <em>De ecclesiasticis officiis<\/em>2, 2, 3:<em>PL<\/em>83, 778s.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote45anc\" id=\"sdfootnote45sym\">45<\/a> <em>De ecclesiasticis officiis<\/em>2, 5, 16:<em>PL<\/em>83, 785.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote46anc\" id=\"sdfootnote46sym\">46<\/a> <em>Ib\u00edd.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote47anc\" id=\"sdfootnote47sym\">47<\/a> <em>Ib\u00edd.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote48anc\" id=\"sdfootnote48sym\">48<\/a> <em>De ecclesiasticis officiis<\/em>2, 5, 17:<em>PL<\/em>83, 785s.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote49anc\" id=\"sdfootnote49sym\">49<\/a> <em>De ecclesiasticis officiis<\/em>2, 5, 18:<em>PL<\/em>83, 786.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote50anc\" id=\"sdfootnote50sym\">50<\/a> <em>De ecclesiasticis officiis<\/em>2, 5, 19:<em>PL<\/em>83, 786.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote51anc\" id=\"sdfootnote51sym\">51<\/a> <em>De ecclesiasticis officiis<\/em>2, 5, 20:<em>PL<\/em>83, 786.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote52anc\" id=\"sdfootnote52sym\">52<\/a> <em>Ib\u00edd.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote53anc\" id=\"sdfootnote53sym\">53<\/a> Cf. San Jer\u00f3nimo, <em>Ep\u00edstola<\/em> 52, 7: <em>PL<\/em> 22, 534.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote54anc\" id=\"sdfootnote54sym\">54<\/a> <em>De ecclesiasticis officiis<\/em> 2, 5, 3: <em>PL<\/em> 83, 781. V\u00e9ase tambi\u00e9n <em>Ib\u00edd.<\/em> 2, 7, 1: <em>PL<\/em> 83, 787.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote55anc\" id=\"sdfootnote55sym\">55<\/a> <em>De ecclesiasticis officiis<\/em><em> 2, 3, 1s.: <\/em>PL<em> 83, 779.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote56anc\" id=\"sdfootnote56sym\">56<\/a> <em>De ecclesiasticis officiis<\/em> 2, 3, 2:<em>PL<\/em>83, 779<em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote57anc\" id=\"sdfootnote57sym\">57<\/a> <em>De ecclesiasticis officiis<\/em>2, 3,1:<em>PL<\/em>83, 779.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote58anc\" id=\"sdfootnote58sym\">58<\/a> Concilio Vaticano II, Const. dogm\u00e1tica <em>Dei Verbum,<\/em> n. 8: <em>AAS<\/em> 58 (1966) 821.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote59anc\" id=\"sdfootnote59sym\">59<\/a> Concilio Vaticano II, Const. pastoral <em>Gaudium et spes,<\/em> n. 62: <em>AAS<\/em> 58 (1966) 1083: en nota se cita a Juan XXIII, <em>Alocuci\u00f3n inaugural del Concilio Vaticano II <\/em>(11 de octubre de 1962): <em>AAS<\/em> 54 (1962) 792. Cf. tambi\u00e9n Concilio Vaticano II, Const. dogm\u00e1tica <em>Dei Filius,<\/em> c. 4: DS 3020. La f\u00f3rmula procede de Vicente de Lerins, <em>Commonitorium<\/em> 23, 3: <em>PL<\/em> 50, 668, quien escribe: \u201cCrescat igitur oportet et multum vehementerque proficiat tam singulorum quam omnium, tam unius hominis quam totius ecclesiae, aetatum ac saeculorum gradibus, intelligentia, scientia, sapientia, sed in suo dumtaxat genere, in eodem scilicet dogmate, eodem sensu eademque sententia\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote60anc\" id=\"sdfootnote60sym\">60<\/a> Const. dogm\u00e1tica <em>Lumen gentium,<\/em> n. 18: <em>AAS<\/em> 57 (1965) 22.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote61anc\" id=\"sdfootnote61sym\">61<\/a> <em>Ib\u00edd.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote62anc\" id=\"sdfootnote62sym\">62<\/a> Const. dogm\u00e1tica <em>Lumen gentium,<\/em> n. 22: <em>AAS<\/em> 57 (1965) 26. Cf. Concilio Vaticano I, Const, dogm\u00e1tica <em>Pastor Aeternus,<\/em> c. 3, canon: <em>DS<\/em> 3064.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote63anc\" id=\"sdfootnote63sym\">63<\/a> Const. dogm\u00e1tica <em>Lumen gentium,<\/em> n. 22: <em>AAS<\/em> 57 (1965) 26. Cf. Concilio Vaticano I, Const. dogm\u00e1tica <em>Pastor aeternus,<\/em> c. 4: DS 3074. En el Concilio Vaticano II, la alusi\u00f3n a que el Romano Pont\u00edfice es \u201cCabeza del Colegio episcopal\u201d, contenida en el texto al hablar de su infalibilidad, se ha hecho s\u00f3lo para que aparezca por qu\u00e9 se habla tan ampliamente de la infalibilidad del Papa en un texto que est\u00e1 tratando del oficio de ense\u00f1ar de los obispos: por eso deliberadamente no se dice <em>\u201cen cuanto<\/em> Cabeza del Colegio episcopal\u201d, y, por el contrario, se presenta enseguida al Papa \u201ccomo supremo pastor y doctor de todos los fieles\u201d; cf. <em>Schema Constitutionis de Ecclesia<\/em> (1964), Relatio de n. 25, antea n. 19, littera M, p. 97, y <em>Modi<\/em> III, n. 168, p. 44.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote64anc\" id=\"sdfootnote64sym\">64<\/a> <em>Nota explicativa praevia,<\/em> n. 4: <em>AAS<\/em> 57 (1965) 74.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote65anc\" id=\"sdfootnote65sym\">65<\/a> Const. dogm\u00e1tica <em>Lumen gentium<\/em>, n. 20: <em>AAS<\/em> 57 (1965) 24.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote66anc\" id=\"sdfootnote66sym\">66<\/a> Cf. Const. dogm\u00e1tica <em>Lumen gentium,<\/em> n. 25ss.: <em>AAS<\/em> 57 (1965) 29-33 (obispos); n. 28: <em>AAS<\/em> 57 (1965) 33-36 (presb\u00edteros); n. 31: <em>AAS<\/em> 57 (1965) 37 (seglares).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote67anc\" id=\"sdfootnote67sym\">67<\/a> Para estas tres dimensiones de la figura del Mes\u00edas, ya en el Antiguo Testamento, cf. J. Caba, <em>El Jes\u00fas de los Evangelios,<\/em> Madrid 1977, pp. 107-113. Como primeros testimonios patr\u00edsticos que re\u00fanen estas tres funciones aplic\u00e1ndolas a Cristo, baste citar a Eusebio de Ces\u00e1rea, <em>Historia Eclesi\u00e1stica<\/em> 1, 3, 7-10: PG 20, 72, cuyas formulaciones hab\u00eda preparado, de alguna manera, San Justino, <em>Dialogus cum Tryphone Iudaeo<\/em> 86, 3: PG 6, 681.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote68anc\" id=\"sdfootnote68sym\">68<\/a> Const. dogm\u00e1tica <em>Lumen gentium<\/em>, n. 21: <em>AAS<\/em> 57 (1965) 25.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote69anc\" id=\"sdfootnote69sym\">69<\/a> <em>Ib\u00edd.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote70anc\" id=\"sdfootnote70sym\">70<\/a> Const. dogm\u00e1tica <em>Lumen gentium, <\/em>n. 25: <em>AAS<\/em> 57 (1965) 29ss. (oficio de enseflar); n. 26: AAS 57 (1965) 31 s. (oficio de santificar); n. 27: <em>AAS<\/em> 57 (1965) 32s. (oficio de regir).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote71anc\" id=\"sdfootnote71sym\">71<\/a> Decreto <em>Christus Dominus,<\/em> n. 12ss.: <em>AAS<\/em> 58 (1966) 678s. (oficio de ense\u00f1ar); n. 15: <em>AAS<\/em> 58 (1966) 679s. (oficio de santificar); n. 16: <em>AAS<\/em> 58 (1966) 680s. (oficio de regir).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote72anc\" id=\"sdfootnote72sym\">72<\/a> Const. dogm\u00e1tica <em>Lumen gentium,<\/em> n. 26: <em>AAS<\/em> 57 (1965) 32.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote73anc\" id=\"sdfootnote73sym\">73<\/a> Const. pastoral <em>Gaudium et spes,<\/em> n. 88: <em>AAS<\/em> 58 (1966) 1111.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote74anc\" id=\"sdfootnote74sym\">74<\/a> Const. dogm\u00e1tica <em>Lumen gentium,<\/em> n. 27: <em>AAS<\/em> 57 ( 1965) 33.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote75anc\" id=\"sdfootnote75sym\">75<\/a> Con la palabra \u201csacerdocio\u201d en el Concilio de Trento se entiende el presbiterado; es muy caracter\u00edstico para la terminolog\u00eda del Concilio el voto del Arzobispo de Granada, don Pedro Guerrero: \u201cVerbum <em>donec in sacerdotio cosummaretur <\/em>displicet, quia in episcopatu, non in sacerdotio est consummatio, qui videtur excludi\u201d (<em>CTr <\/em>9, 48).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote76anc\" id=\"sdfootnote76sym\">76<\/a> Cf. Concilio de Trento,<em>Sessio<\/em> 23, <em>De sacramento ordinis,<\/em> c. 1: DS 1764: <em>Ib\u00edd., <\/em>canon 1: DS 1771.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote77anc\" id=\"sdfootnote77sym\">77<\/a> Cf. Concilio de Trento,<em>Sessio<\/em> 23, c. 4: DS 1767; <em>Ib\u00edd.,<\/em> canon 1: DS 1771. Sobre los intentos de atribuir en Trento mayor importancia a la tarea de predicar, cf. A. Duval,<em>L\u2019Ordre au Concile de Trente,<\/em> en <em>Etudes sur le sacrement de l\u2019Ordre,<\/em> Par\u00eds 1957, p. 300s. Mayor importancia se concedi\u00f3 a este tema al tratar de los obispos, pero no en documentos doctrinales, sino en los decretos de reforma: <em>Sessio<\/em> 5, canon 9, y <em>Sessio<\/em> 24, canon 4: <em>Conciliorum Oecumenicorum Decreta,<\/em> Friburgi Brisgoviae 1962, pp. 645 y 739.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote78anc\" id=\"sdfootnote78sym\">78<\/a> Const. dogm\u00e1tica <em>Lumen gentium,<\/em> n. 28: <em>AAS<\/em> 57 (1965) 34. Para el sentido de esta frase, cf. <em>Modi<\/em> III, n. 203, p. 52, donde aparece que la intenci\u00f3n era poner de relieve \u201ctriplex munus sacerdotale\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote79anc\" id=\"sdfootnote79sym\">79<\/a> No s\u00f3lo al tratar de los presb\u00edteros, sino tambi\u00e9n cuando se habla de los obispos; v\u00e9anse m\u00e1s arriba las notas 70 y 71.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote80anc\" id=\"sdfootnote80sym\">80<\/a> Cf. Decreto <em>Presbyterorum Ordinis,<\/em> n. 4: <em>AAS<\/em> 58 (1966) 995s.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote81anc\" id=\"sdfootnote81sym\">81<\/a> Cf. Concilio de Trento,<em>Sessio<\/em> 8, <em>De iustificatione,<\/em> c. 8: DS 1532.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote82anc\" id=\"sdfootnote82sym\">82<\/a> Cf. Decreto <em>Presbyterorum Ordinis,<\/em> n. 2: <em>AAS<\/em> 58 (1966) 992.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote83anc\" id=\"sdfootnote83sym\">83<\/a> <em>Ib\u00edd.:<\/em> <em>AAS<\/em>58 (1966) 993. Cf.S<em>chema Decreti de presbyterorum ministerio et vita. <\/em><em>Textus recognitus et Modi<\/em>(1965),<em>Ad caput<\/em>1, n. 13, p. 17.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote84anc\" id=\"sdfootnote84sym\">84<\/a> Const. dogm\u00e1tica <em>Lumen gentium,<\/em> n. 21: <em>AAS<\/em> 57 (1965) 25.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote85anc\" id=\"sdfootnote85sym\">85<\/a> \u201cPotius quam <em>supremus gradus<\/em> <em>sacramenti<\/em> Ordinis episcopatus dicendus est eius plenitudo seu totalitas, omnes partes includens: <em>Animadv<\/em>., p. 87; plenitudo sacramenti Ordinis, vel ipsum sacramentum Ordinis: <em>Animadv<\/em>., p. 88; E\/758 (38 Epp.); E\/894; E\/630; E\/803; E\/816; E\/629, etc.\u201d. <em>Schema Constitutionis de Ecclesia<\/em> (1964), Relatio de n. 21, olim n. 14, littera G, p. 85s.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote86anc\" id=\"sdfootnote86sym\">86<\/a> Teol\u00f3gicamente se puede defender que Cristo haya instituido separadamente episcopado y presbiterado <em>(institutio in specie)<\/em> o que haya instituido gen\u00e9ricamente ambos grados en la instituci\u00f3n del grado supremo dejando a la Iglesia el poder de separarlos como grados distintos <em>(institutio generica);<\/em> para esta segunda posici\u00f3n, v\u00e9ase F. H\u00fcrth, <em>Commentarius ad Const. Apost. \u201cSacramentum Ordinis\u201d.<\/em> <em>Appendix:<\/em> Periodica de re morali, canonica, liturgica 37 (1948) 50.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote87anc\" id=\"sdfootnote87sym\">87<\/a> Const. dogm\u00e1tica <em>Lumen gentium,<\/em> n. 26: <em>AAS<\/em> 57 (1965) 32. Mientras que, con respecto a la confirmaci\u00f3n, tanto el Concilio de Florencia, <em>Decretum pro Armenis:<\/em> DS 1318, como el Concilio de Trento, Sessio 7, <em>De sacramento confirmationis,<\/em> canon 3: DS 1630, utilizaron la expresi\u00f3n \u201cministro ordinario\u201d para el obispo, en el Concilio Vaticano II se prefiri\u00f3 decir \u201cministros originarios\u201d para atender mejor a la disciplina oriental; cf. <em>Schema Constitutionis de Ecclesia<\/em> (1964), Relatio de n. 26, antea n. 20, littera E, p. 99; en efecto, el Oriente la confirmaci\u00f3n es conferida normalmente por los presb\u00edteros, lo que hace all\u00ed dif\u00edcil considerarlos como ministros extraordinarios; en todo caso, habr\u00eda habido all\u00ed un proceso de transmisi\u00f3n y delegaci\u00f3n a partir de los obispos, de alguna manera autorizado por la autoridad suprema. La f\u00f3rmula \u201cdispensadores de las sagradas \u00f3rdenes\u201d se entiende, ya que ellos son ministros ordinarios del sacramento del orden; cf. Concilio de Florencia, <em>Decretum pro Armenis:<\/em> DS 1326; sobre la cuesti\u00f3n de la posibilidad de que un presb\u00edtero con delegaci\u00f3n pontificia sea ministro extraordinario del sacramento del orden, cf. <em>Schema Constitutionis de Ecclesia<\/em> (1964), Relatio de n. 21, olim n. 14, littera M, p. 87. La frase \u00abmoderadores de la disciplina penitencial\u201d alude no s\u00f3lo al hecho de que ese sacramento estuviera reservado en la antig\u00fcedad patr\u00edstica al obispo (v\u00e9ase m\u00e1s arriba la nota 35), sino tambi\u00e9n a la necesidad que el presb\u00edtero tiene de recibir de \u00e9l jurisdicci\u00f3n ordinaria o delegada para que su absoluci\u00f3n sea v\u00e1lida. Cf. Concilio de Trento, Sessio 14, <em>De sacramento paenitentiae,<\/em> c. 7: DS 1686.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote88anc\" id=\"sdfootnote88sym\">88<\/a> Const. dogm\u00e1tica <em>Lumen gentium,<\/em> n. 28: <em>AAS<\/em> 57 (1965) 35.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote89anc\" id=\"sdfootnote89sym\">89<\/a> Decreto <em>Christus Dominus,<\/em> n. 28: <em>AAS<\/em> 58 (1966) 687.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote90anc\" id=\"sdfootnote90sym\">90<\/a> Const. dogm\u00e1tica <em>Lumen gentium,<\/em> n. 28: <em>AAS<\/em> 57 (1965) 35.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote91anc\" id=\"sdfootnote91sym\">91<\/a> Decreto <em>Presbyterorum Ordinis,<\/em> n. 7: <em>AAS<\/em> 58 (1966) 1001.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote92anc\" id=\"sdfootnote92sym\">92<\/a> <em>Ib\u00edd.: AAS<\/em> 58 (1966) 1003.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote93anc\" id=\"sdfootnote93sym\">93<\/a> <em>Ib\u00edd.: AAS<\/em> 58 (1966) 1002s.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote94anc\" id=\"sdfootnote94sym\">94<\/a> En la Congregaci\u00f3n General 101 del Concilio Vaticano II (14 de octubre de 1964) tuve el honor de poder proponer en el Aula conciliar algunas sugerencias pr\u00e1cticas en orden a favorecer la vida de santidad sacerdotal; cf. <em>Acta Synodalia Sacrosancti Concita Oecumenici Vaticani II,<\/em> vol. Ill, Periodus tertia. Pars IV, Vaticano 1974, p. 440ss.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote95anc\" id=\"sdfootnote95sym\">95<\/a> Cf. Decreto <em>Presbyterorum Ordinis,<\/em> n. 12-22: <em>AAS<\/em> 58 (1966) 1009-1024.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote96anc\" id=\"sdfootnote96sym\">96<\/a> Decreto <em>Presbyterorum Ordinis, <\/em>n. 13: <em>AAS<\/em> 58 (1966) 1011ss.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote97anc\" id=\"sdfootnote97sym\">97<\/a> Decreto <em>Presbyterorum Ordinis, <\/em>n. 14: <em>AAS<\/em> 58 (1966) 1013s.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote98anc\" id=\"sdfootnote98sym\">98<\/a> Decreto <em>Presbyterorum Ordinis <\/em>n. 15: <em>AAS<\/em> 58 (1966) 1014s.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote99anc\" id=\"sdfootnote99sym\">99<\/a> Decreto <em>Presbyterorum Ordinis, <\/em>n. 16: <em>AAS<\/em> 58 (1966) 1016.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote100anc\" id=\"sdfootnote100sym\">100<\/a> Decreto <em>Presbyterorum Ordinis,<\/em> n. 17: <em>AAS<\/em> 58 (1966) 1017s.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote101anc\" id=\"sdfootnote101sym\">101<\/a> Decreto <em>Presbyterorum Ordinis,<\/em> n. 18: <em>AAS<\/em> 58 (1966) 1019.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote102anc\" id=\"sdfootnote102sym\">102<\/a> <em>Ib\u00edd.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote103anc\" id=\"sdfootnote103sym\">103<\/a> <em>Ib\u00edd.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote104anc\" id=\"sdfootnote104sym\">104<\/a> <em>Ib\u00edd.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote105anc\" id=\"sdfootnote105sym\">105<\/a> Decreto <em>Presbyterorum Ordinis,<\/em> n. 19: <em>AAS<\/em> 58 (1966) 1019s. Las palabras transcritas son una cita del <em>Pontifical Romano<\/em> en la ordenaci\u00f3n de los presb\u00edteros.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Estudio publicado en el volumen Episcopale munus, sobre el ministerio episcopal, pp. 122-136, ofrecido a Mons. J. Gijsen, obispo de Roermond, al cumplir el primer decenio de su servicio episcopal, y en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, febrero-marzo 1983, 120-134. 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