{"id":857,"date":"2024-09-23T22:51:40","date_gmt":"2024-09-23T20:51:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=857"},"modified":"2024-09-23T22:54:30","modified_gmt":"2024-09-23T20:54:30","password":"","slug":"857","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/857\/","title":{"rendered":"Obispos, al d\u00eda"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Estudio publicado en mayo de 1964, dentro de la colecci\u00f3n de folletos <em>PPC, <\/em>n\u00famero 226.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfSe puede hablar en este momento, sin ofensa a la ponderaci\u00f3n debida, de un nuevo tipo o figura de obispos que aparecer\u00e1 en la Iglesia como consecuencia y fruto del Concilio Vaticano II? La sola pregunta podr\u00eda parecer irrespetuosa si con ella se pretendiera aleccionar a nadie o sugerir, por indirecto camino, reformas que la propia Iglesia es quien ha de establecer. No se trata de eso.<\/p>\n\n\n\n<p>Al formular ese interrogante, me sit\u00fao \u00fanicamente como observador de los <em>acta et dicta<\/em> del Concilio. No como quien intenta dictaminar, corregir o juzgar, sino sencillamente ver y recoger el resultado de una observaci\u00f3n atenta. As\u00ed explicada mi postura, entiendo que, tanto como tiene de correcta la pregunta, as\u00ed es de f\u00e1cil la respuesta. El Concilio Vaticano II crear\u00e1 una nueva figura de obispo. Ello es, por otra parte, tan normal y previsible que si de algo pudi\u00e9ramos extra\u00f1arnos ser\u00eda de que no fueran as\u00ed las cosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Los grandes acontecimientos de la historia de la Iglesia, intraeclesi\u00e1sticos unos como, por ejemplo, el Concilio de Trento; extraeclesi\u00e1sticos otros, pero fuertemente influyentes en la marcha y estructuras de aqu\u00e9lla como, por ejemplo, la Revoluci\u00f3n francesa o el radical laicismo moderno en el vecino pa\u00eds, han producido siempre un determinado tipo de obispo que, coincidente en lo sustancial con el de todos los siglos, porque su naturaleza y sus funciones no pueden cambiar, ha presentado caracter\u00edsticas nuevas y ha adoptado cambios profundos en sus conceptos y actuaciones pastorales. De Trento sali\u00f3 el obispo de la \u00e9poca de la Reforma, muy distinto del de la anterior, que encuentra en San Carlos Borromeo acabada y plena expresi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Tom\u00e1s Mar\u00edn e Ignacio Tellechea nos han ofrecido muy recientemente en dos libros valios\u00edsimos, uno sobre Bernal D\u00edaz de Luco y otro sobre el obispo ideal en el siglo de la Reforma, el preclaro testimonio de insignes prelados y te\u00f3logos de aquel tiempo que hablaron con toda decisi\u00f3n sobre la nueva figura de obispo que la cristiandad necesitaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n ahora \u2013podemos estar seguros\u2013 aparecer\u00e1 el obispo del Vaticano II, que, en cuanto a amor a la Iglesia, celo por la salvaci\u00f3n de las almas y abnegado servicio a su deber sagrado, en nada se distinguir\u00e1 del buen obispo de todos los tiempos, pero que inevitablemente, respondiendo a una ley hist\u00f3rica insoslayable y a una reacci\u00f3n de la propia fuerza interna de la Iglesia, producida por las nuevas circunstancias, se mover\u00e1 y actuar\u00e1 con un nuevo estilo interior y exterior.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Razones para esta afirmaci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>Podemos enumerar var\u00edas:<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Firme decisi\u00f3n de los propios obispos<\/h3>\n\n\n\n<p>Ya antes de que se convocase el Concilio, particularmente a partir de la terminaci\u00f3n de la \u00faltima guerra mundial, ante el fracaso apocal\u00edptico de tantas instituciones y estructuras, va adue\u00f1\u00e1ndose de la conciencia de muchos obispos la idea de que tambi\u00e9n en la Iglesia algo tiene que cambiar. Si tuvi\u00e9ramos constancia de las reflexiones habidas durante estos a\u00f1os en las reuniones parciales o plenarias de los Episcopados del mundo entero, ver\u00edamos c\u00f3mo ha sido de intensa y decidida la voluntad de renovaci\u00f3n por parte de sus miembros. Expresiones exteriores no han faltado, y har\u00eda un gran servicio a la historia de esta \u00e9poca de la Iglesia y del Concilio el que recogiese sistem\u00e1tica y ordenadamente todos los documentos hablados y escritos y todas las determinaciones episcopales de esos a\u00f1os manifestativos de un deseo de renovaci\u00f3n y de cambio. Sobre todo, tenemos un hecho definitivamente elocuente: de los obispos procede, en su mayor parte, la cantidad impresionante de temas y cuestiones propuestos en la etapa ante-preparatoria del Concilio, pidiendo que se hiciera cuanto ahora se est\u00e1 haciendo y mucho m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Voluntad de los \u00faltimos Papas<\/h3>\n\n\n\n<p>Me refiero concretamente a P\u00edo XI, P\u00edo XII, Juan XXIII y Pablo VI. Es decir, a aquellos de quienes nos consta que pensaron en el Concilio o lo convocaron, o, una vez convocado, siguen desarroll\u00e1ndolo, y son, adem\u00e1s, por su cercan\u00eda en el tiempo, agentes reconocidos de las transformaciones de la hora presente, las cuales, naturalmente, no se labran en un d\u00eda. Los cuatro han sido y son profundamente renovadores. Hemos repetido continuamente la frase de Juan XXIII sobre el <em>aggiornamento<\/em> de la Iglesia. \u00a1Pero cu\u00e1ntas actitudes y expresiones podr\u00edamos recoger en P\u00edo XI y P\u00edo XII precursoras de esa valiente afirmaci\u00f3n de su sucesor, que tan gratamente hiri\u00f3 nuestro coraz\u00f3n el d\u00eda que la pronunci\u00f3! Pablo VI, despu\u00e9s, ha continuado el camino emprendido, con tan valeroso coraje que sus discursos y decisiones producen admiraci\u00f3n y sorpresa, aunque nunca desconcierto, se\u00f1al de lo maduro que est\u00e1 el \u00e1rbol para golpear sus ramas. Si los Papas, pues, son los primeros que piden un cambio y una puesta al d\u00eda de la Iglesia, \u00bfc\u00f3mo no se va a manifestar este cambio en la propia figura del obispo, sin el cual la Iglesia ni puede concebirse?<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El clamor de sacerdotes y seglares<\/h3>\n\n\n\n<p>Ha de a\u00f1adirse a las razones anteriores otra tercera de eficacia indiscutible, y m\u00e1s en nuestro tiempo. Me refiero al un\u00e1nime clamor que durante estos \u00faltimos a\u00f1os ha ido brotando de todos cuantos \u2013no obispos\u2013 en la Iglesia y por amor a ella, sacerdotes o laicos, sin estridencias ni rebeld\u00edas, con fidelidad y con amor, han manifestado aspiraciones y deseos, nacidos de su noble af\u00e1n de evangelizaci\u00f3n, que impl\u00edcita o expl\u00edcitamente alud\u00edan a la necesidad de modificar actuaciones pastorales menos en consonancia con las exigencias de los tiempos. Te\u00f3logos e historiadores, soci\u00f3logos y moralistas, directores de esp\u00edritu y predicadores sagrados, por no citar m\u00e1s, entre los sacerdotes y religiosos, y entre los seglares, los grupos organizados de j\u00f3venes profesionales, obreros, universitarios, matrimonios, padres y madres de familia, han sido una torrencial manifestaci\u00f3n del <em>sensus Ecclesiae<\/em> que ped\u00eda cambio y renovaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El Concilio en s\u00ed mismo<\/h3>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, el Concilio en s\u00ed mismo considerado, como hecho independiente y propio, con su din\u00e1mica y sus leyes de desarrollo, ya que no con sus determinaciones, las cuales apenas han empezado a producirse.<\/p>\n\n\n\n<p>En virtud de las razones anteriores, los obispos han acudido al Concilio con el santo y nobil\u00edsimo deseo, puesto por Dios en sus almas, de renovaci\u00f3n de la Iglesia y, por consiguiente, de s\u00ed mismos. Digo \u2018por consiguiente\u2019, porque no puede darse aut\u00e9ntica renovaci\u00f3n en la Iglesia si no se da en los que la nutren y gobiernan. En la bas\u00edlica vaticana y en los diversos centros de Roma, donde los obispos viven y conviven, se han encontrado los protagonistas del gran acontecimiento. El encuentro ha facilitado, como era de esperar, la fecunda y vigorosa explosi\u00f3n de todos esos deseos y pensamientos de renovaci\u00f3n, alimentados por la propia conciencia, fomentados por los Papas y fervorosamente anhelados por el pueblo cristiano. Lo que hasta entonces era art\u00edculo o libro escrito, oraci\u00f3n y plegaria, reflexi\u00f3n personal o coincidencia de varios, es ahora fuerza canalizada y conducida por la mano de Dios hacia unas metas claras, en cuya consecuci\u00f3n ven los obispos el deseado <em>aggiornamento.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En el Concilio se van examinando muy diversas cuestiones, de todas las cuales se derivan consecuencias en el orden del pensamiento y en el de las determinaciones disciplinares pr\u00e1cticas, que imponen cambios en la vida de la Iglesia. Los obispos no podr\u00e1n menos de adaptarse a esos cambios, pues son ellos los primeros en provocarlos.<\/p>\n\n\n\n<p>En el Concilio \u2013y ello es as\u00ed de manera especial\u00edsima, dada la tem\u00e1tica fundamental del mismo\u2013 se habla en concreto del obispo y del episcopado en la Iglesia, de su funci\u00f3n y de sus deberes, de sus facultades y su misi\u00f3n. Lo que de \u00e9l se dice viene a ser como la introducci\u00f3n de elementos nuevos, no en el sentido de que vengan a modificar lo que Cristo estableci\u00f3, sino en cuanto que incorporan a nuestra actuaci\u00f3n pastoral de obispos de la Iglesia de Dios factores que no se hab\u00edan tenido en cuenta, acaso porque tampoco hab\u00eda llegado el momento de que as\u00ed sucediera.<\/p>\n\n\n\n<p>En el Concilio, por fin \u2013y esto es una consideraci\u00f3n de la mayor importancia\u2013, al margen de las deliberaciones y acuerdos estrictamente conciliares, existe la comunicaci\u00f3n viva, cordial, intensa y generosa de dos mil obispos entre s\u00ed, que, en una escuela de insuperable eficacia docente, cambian pensamientos y criterios, descubren perspectivas no sospechadas, sugieren iniciadas, se\u00f1alan problemas y marcan soluciones, en una palabra, hacen que a todos sea posible ver, de manera viva y directa, lo que es la Iglesia de hoy, cosa que hubiera sido imposible de no haberse convocado la gran asamblea conciliar. Este fen\u00f3meno es de tal importancia que por s\u00ed solo tiene capacidad para hacer cambiar muchas cosas, aun cuando no se promulgaran constituciones ni decretos conciliares. En esa espl\u00e9ndida, caudalosa y riqu\u00edsima intercomunicaci\u00f3n de bienes del pensamiento y del esp\u00edritu, que es la convivencia y trato \u00edntimo de los Padres conciliares entre s\u00ed, se manifiestan con no disimulada franqueza, se acogen con ponderada prudencia y se matizan con sabias precisiones, prop\u00f3sitos y aspiraciones y deseos de lograr una Iglesia en que sean cada vez m\u00e1s realidad los anhelos de renovaci\u00f3n tan claramente formulados por todos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">\u00bfQu\u00e9 figura de obispo va se\u00f1alando el Concilio?<\/h2>\n\n\n\n<p>Doy ahora un paso m\u00e1s y voy a intentar delinear algunos rasgos de los que marcar\u00e1n la nueva figura del obispo del Vaticano II, tal como se le adivina o se le ve desde una perspectiva conciliar. Ruego al lector que no piense en Espa\u00f1a ni en ning\u00fan pa\u00eds determinado. El Concilio est\u00e1 \u201ctrabajando\u201d para la Iglesia de Dios en nuestro tiempo sin pensar en localizaciones geogr\u00e1ficas.<\/p>\n\n\n\n<p>Los Padres conciliares, en el primer mensaje que dirigieron al mundo, al inaugurarse el Concilio, dijeron estas palabras: \u201cQueremos buscar la manera de renovarnos nosotros mismos\u201d. Es a este plural \u201cqueremos\u201d, integrado por dos mil quinientos obispos del universo conocido, al que yo atiendo y en el que me amparo para tratar de precisar los contornos de esa figura. Si son ellos los que afirman \u201cqueremos renovarnos\u201d, ellos son tambi\u00e9n los que nos permiten preguntar: \u00bfen qu\u00e9 ha de consistir esa renovaci\u00f3n? La respuesta es tan amplia que, sin duda ninguna, va a dar lugar a muy copiosa literatura posconciliar por parte de te\u00f3logos, canonistas y pastoralistas. Me consta que ya en Roma, al margen de las sesiones conciliares, vienen celebr\u00e1ndose cada semana reuniones de obispos europeos y americanos que est\u00e1n estudiando el modo de crear equipos de trabajo que empiecen a escribir sobre el tema.<\/p>\n\n\n\n<p>En un art\u00edculo, que escribo sin tiempo apenas y como humilde colaboraci\u00f3n a la tarea de divulgaci\u00f3n de temas conciliares, he de limitarme a se\u00f1alar nada m\u00e1s las l\u00edneas de superficie. He aqu\u00ed algunas notas del dise\u00f1o, tal como los Papas y los obispos del Concilio, dentro o en torno a \u00e9l, nos la van ofreciendo.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Amor y di\u00e1logo con el mundo moderno<\/h3>\n\n\n\n<p>Hijo de su tiempo y conductor de los hombres de hoy en las tareas del esp\u00edritu, el obispo del Vaticano II amar\u00e1 cada vez m\u00e1s lo que hay de bueno en el mundo actual, que es mucho, y pondr\u00e1 en juego todas sus energ\u00edas pastorales para iniciar y mantener aquella comunicaci\u00f3n que nace del amor y que en Juan XXIII alcanz\u00f3 tan perfecta y asombrosa expresi\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 obispo y jefe de una Iglesia diocesana dejar\u00e1 de meditar, en el futuro, en el fen\u00f3meno de esa influencia que el buen Papa Juan logr\u00f3 en muy pocos a\u00f1os sobre un mundo que hab\u00eda perdido ya la costumbre de amar y ser amado?<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Adaptaci\u00f3n realista<\/h3>\n\n\n\n<p>La simple toma de conciencia de los cambios que en el mundo actual se han producido ser\u00eda de importancia grande par\u00e1 la evangelizaci\u00f3n. Pero ello no es m\u00e1s que una premisa. Es necesario llegar a m\u00e1s hondos an\u00e1lisis y entonces se ve que no bastan las formas tradicionales del trabajo pastoral para penetrar en un mundo que se ha vuelto sumamente complicado. Es un mundo en que reina el pluralismo religioso y pol\u00edtico, pero dentro de una convivencia y armon\u00eda cada vez m\u00e1s progresivas; en que las masas ejercen influencia rectora, pero con la particularidad de que esas mismas masas se componen cada vez m\u00e1s de hombres cultos y de grupos profesionales que tienden a la especializaci\u00f3n, con lo cu\u00e1l crece cada d\u00eda el \u00edndice de diferenciaci\u00f3n en la sociedad y aumenta el enriquecimiento personal de cada uno; en que las necesidades econ\u00f3micas, culturales, familiares, deportivas, etc., tienden a resolverse por la v\u00eda de la asociaci\u00f3n, la cual, a la vez que pone a los hombres en m\u00e1s \u00edntimo contacto de unos con otros, favoreciendo con ello el contagio de aspiraciones, dado que los problemas que padecen se van resolviendo con esfuerzo cada vez menor; un mundo en que la descristianizaci\u00f3n es un hecho que alcanza dimensiones ampl\u00edsimas, mientras que la metodolog\u00eda pastoral est\u00e1 planteada en su mayor parte sobre base bien distinta; en que la teolog\u00eda, y en general la estructuraci\u00f3n del pensamiento cat\u00f3lico, se han elaborado con mentalidad occidental, fen\u00f3meno explicable cuando el resto del mundo era puro silencio, pero insatisfactorio cuando, como sucede ahora, ese mundo restante se incorpora a la vida social de los pueblos con agresiva acometividad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo no va a esforzarse el obispo de esta \u00e9poca nuestra en lograr una mayor adaptaci\u00f3n pastoral de la catequesis y la predicaci\u00f3n al pueblo, de la formaci\u00f3n de los sacerdotes, de la organizaci\u00f3n de las parroquias en los grandes n\u00facleos urbanos y en las zonas rurales, de la creaci\u00f3n de obras diocesanas diversas que ser\u00e1n con frecuencia indispensables instrumentos de penetraci\u00f3n en un ambiente que se protege a s\u00ed mismo con su propia indiferencia?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfNo ha aludido acaso, y repetidas veces ya, el Pont\u00edfice actual, Pablo VI, a esta necesidad de adaptaci\u00f3n realista al pedirnos que ahondemos en el conocimiento del mundo de los obreros, que rehabilitemos el ministerio de la palabra, que admitamos de buen grado todo lo bueno que tengan los dem\u00e1s, aunque no militen dentro de nuestros pabellones?<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Universalismo efectivo<\/h3>\n\n\n\n<p>El obispo del Vaticano II, aun teniendo como campo directo e inmediato de su responsabilidad y sus cuidados la Iglesia diocesana que le ha sido encomendada, se ocupar\u00e1 en lo sucesivo mucho m\u00e1s que hasta aqu\u00ed, de manera efectiva, no s\u00f3lo afectiva, de la Iglesia universal. No hace falta recurrir, en apoyo de esta afirmaci\u00f3n, a la doctrina de la colegialidad episcopal, sino que basta pensar en lo que el Concilio de hecho ha creado de conciencia de responsabilidad com\u00fan y colectiva, al lograr que por los ojos de todos los obispos entre el espect\u00e1culo de lo que la Iglesia es en todo el mundo y lo que a todos pide para poder realizar su misi\u00f3n salvadora. Ya no se apagar\u00e1 nunca el eco de las voces de los cardenales Rugambwa y Gracias, y de tantos y tantos obispos de \u00c1frica, Asia, Am\u00e9rica, pidiendo que se hable m\u00e1s expl\u00edcitamente de la Iglesia misionera como de una nota esencial, de la solidaridad en el esfuerzo de evangelizaci\u00f3n, de la obligada ayuda de unos a otros.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Suma y uni\u00f3n de fuerzas<\/h3>\n\n\n\n<p>Como un corolario de lo anterior, o como una actitud que a ello dispone, y en todo caso, como una exigencia pastoral viv\u00edsima de nuestro tiempo, pertenece a esa nueva figura de obispo que estamos considerando el incesante af\u00e1n de unir fuerzas y sumar colaboraciones, dentro de cada pa\u00eds y regi\u00f3n y dentro de cada di\u00f3cesis. El aislamiento y la solitaria elaboraci\u00f3n y desarrollo de los trabajos pastorales son perniciosos siempre, y lo son a\u00fan m\u00e1s en nuestro tiempo, el tiempo de la socializaci\u00f3n y de los planeamientos y esfuerzos colectivos. En el Concilio se viene hablando de una nueva estructuraci\u00f3n de las llamadas Conferencias Episcopales, y se ha insistido, por lo que se refiere a cada di\u00f3cesis, en la necesidad de una mayor uni\u00f3n y colaboraci\u00f3n del obispo con sus sacerdotes y con el laicado cristiano. Creo humilde y sinceramente que en este campo de la colaboraci\u00f3n \u00edntima y real de los obispos de una naci\u00f3n entre s\u00ed y del obispo de una di\u00f3cesis con los sacerdotes y seglares de la misma puede radicar una de las m\u00e1s eficaces transformaciones de nuestra vida pastoral, en la Iglesia del Vaticano II.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La autoridad como servicio y misi\u00f3n<\/h3>\n\n\n\n<p>He aqu\u00ed otro aspecto sobre el cual el Concilio ha insistido hasta la saciedad. Numerosas intervenciones de Padres conciliares, escritos innumerables, detalles pr\u00e1cticos sin fin, van demostrando que \u00e9sta es una de las preocupaciones m\u00e1s sentidas entre los obispos del Vaticano II: la de entender la autoridad que poseen como un servicio que han de prestar a la santa Iglesia y al pueblo al que gobiernan. Un servicio humilde, abnegado, muy dif\u00edcil, sin adherencias de se\u00f1or\u00edo temporal que se ha acabado para siempre, despojado de todo cuanto pod\u00eda sonar a riqueza, poderes mundanos, influencia terrestre. Se habla del obispo padre y pastor; del que ama siempre, aun cuando el mismo amor a la Iglesia le obligue a aplicar medidas de gobierno que pueden resultar dolorosas; del obispo comprometido hasta el riesgo a la hora de las decisiones pastorales, que va siempre el primero hacia lo m\u00e1s dif\u00edcil; del obispo pobre y sencillo, en su vivienda, en su vestido, en todo cuanto se refiera a su persona y familia. Siempre ha habido obispos as\u00ed, y no era necesario que se celebrara el Concilio para que esa figura se lograse. Pero, entend\u00e1monos. De lo que se trata es de que eso se establezca a escala normal y universal, de que llegue a constituir una reflexi\u00f3n permanente que nos libre de actitudes contrarias, de que incluso las apariencias de una autoridad que no sea servicio sacrificado y humilde desaparezcan, para que el pueblo, siempre d\u00e9bil y, sin embargo, cada vez m\u00e1s exigente con nosotros, no encuentre ni el m\u00e1s leve motivo de esc\u00e1ndalo en nuestra conducta.<\/p>\n\n\n\n<p>Es en relaci\u00f3n con estas ideas como hay que entender todo cuanto se viene diciendo de la Iglesia de los pobres, de la que habl\u00f3 ya Juan XXIII, y a la que se refiri\u00f3 con acento conmovedor el cardenal Lercaro en la primera sesi\u00f3n conciliar, y con \u00e9l tambi\u00e9n otros. La jubilaci\u00f3n de los obispos en determinadas condiciones, el nombramiento de los mismos libre de toda injerencia del poder pol\u00edtico, el reconocimiento humilde de posibles errores cometidos en nuestra actuaci\u00f3n pastoral con los no cat\u00f3licos y aun con los no cristianos, son cuestiones que en el Concilio ha encontrado cauces de expresi\u00f3n muy viva y que no dejar\u00e1n de influir en la mentalidad de muchos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY no est\u00e1 dentro de esta l\u00ednea de servicio, humildad, desprendimiento, el discurso de Pablo VI al patriciado romano; el arriesgado viaje a Palestina; la reiterada petici\u00f3n de perd\u00f3n e indulgencia por las posibles faltas de los cat\u00f3licos?<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Confianza en el hombre y los valores humanos<\/h3>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 sea \u00e9sta una de las notas caracter\u00edsticas de la nueva \u00e9poca que va a vivir la Iglesia y de la nueva figura del obispo que ha de salir del Vaticano II. Es \u00e9ste un Concilio que va desarroll\u00e1ndose apoyado sobre las bases del optimismo cristiano. En ning\u00fan momento podemos olvidar que fue convocado por el Papa Juan, el enemigo de los profetas de desventuras. Y uno de los m\u00e1s acusados perfiles de la fisonom\u00eda espiritual de aquel Pont\u00edfice fue la confianza en el hombre y en los valores humanos. Toda su conducta p\u00fablica y privada abona esta afirmaci\u00f3n. Tambi\u00e9n los documentos m\u00e1s solemnes de su magisterio, as\u00ed como innumerables frases de sus discursos ordinarios y sencillos son prueba palmaria de lo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y lo notable es que ese mundo de los valores humanos parece haberlo agradecido, y reaccion\u00f3 con actitud de amorosa correspondencia y entrega a aquel bondadoso anciano que le abr\u00eda los brazos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pablo VI sigue esa misma l\u00ednea decididamente, y desde el primer momento de su pontificado se ha proclamado, y viene si\u00e9ndolo, campe\u00f3n de esos ideales de dignidad, paz, fraternidad, a que se refer\u00eda en el discurso al Cuerpo Diplom\u00e1tico con motivo de su peregrinaci\u00f3n a la Tierra del Se\u00f1or. En los pasos que va dando este Papa y en los procedimientos y actitudes que se adoptan en la marcha del Concilio, vamos viendo que se incorporan a la metodolog\u00eda pastoral, en los m\u00e1s altos niveles, valores que en otras ocasiones hab\u00edan sido menos apreciados: respeto a la libertad, estimaci\u00f3n de la opini\u00f3n p\u00fablica, di\u00e1logo comprensivo y sereno, paciente perseverancia, espera confiada en el triunfo de la verdad por s\u00ed misma, acci\u00f3n directa y contacto personal de la jerarqu\u00eda con los s\u00fabditos propios, valoraci\u00f3n de las diversas tensiones que se dan en el cuerpo de la Iglesia, sinceridad en el examen, lenguaje sencillo y transparente, etc. \u00a1Cu\u00e1nto bien est\u00e1 haciendo este nuevo estilo! Por lo pronto, se ha logrado lo que parec\u00eda imposible: interesar al mundo en una empresa estrictamente espiritual y aun sobrenatural como es la que la Iglesia trae entre manos.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin duda, a cada obispo se le ofrece un motivo de honda meditaci\u00f3n en ese <em>modus procedendi<\/em> de la Iglesia de hoy, cuando intente, como es l\u00f3gico, aprovechar hasta el m\u00e1ximo en la parcela grande o peque\u00f1a de su di\u00f3cesis las fuerzas que pueden ayudarle a la evangelizaci\u00f3n. Despu\u00e9s de o\u00edr decir a Pablo VI: \u201cMiramos al mundo con inmensa simpat\u00eda. Si el mundo se siente extra\u00f1o al cristianismo, el cristianismo no se siente extra\u00f1o al mundo&#8230;\u201d, se comprende que habr\u00e1 que esforzarse por trabajar de ahora en adelante con aquella confianza en el hombre de que hablaba el cardenal Wyszynski, el 4 de noviembre pasado, ante los seis mil seminaristas reunidos en Roma.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Reflexi\u00f3n final<\/h3>\n\n\n\n<p>Me doy cuenta de que no he hecho m\u00e1s que esbozar algunos rasgos de los que aparecer\u00e1n, cada vez con m\u00e1s relieve y vigor, en la figura del obispo que el Vaticano II va a hacer surgir. Ni todos son nuevos, ni son ellos solos los que perfilar\u00e1n su rostro. Ahora habr\u00eda que descender a un an\u00e1lisis mucho m\u00e1s minucioso y profundo y, a la luz de esos criterios, preguntarnos a nosotros mismos c\u00f3mo se dispondr\u00e1 el obispo de la Iglesia de hoy a desempe\u00f1ar el triple <em>munus docendi, regendi, et sanctificandi.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Son muchas las reflexiones que nos salen al paso. Pero debemos esperar. El Concilio a\u00fan no ha terminado. M\u00e1s bien no ha hecho m\u00e1s que empezar. Los impacientes, y mucho m\u00e1s si el origen de su impaciencia es demasiado humano, deben esperar a que la aurora pase. Ya llegar\u00e1 el mediod\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde luego, no s\u00f3lo para los obispos, tambi\u00e9n para sacerdotes y seglares, el Concilio est\u00e1 dibujando una nueva figura. Seg\u00fan nos transmit\u00eda Cipriano Calder\u00f3n, en la mente del Papa \u2013ha dicho el Padre Bevilacqua, hombre de tan \u00edntima relaci\u00f3n con el actual Pont\u00edfice\u2013 \u201cel Concilio es la manifestaci\u00f3n y la orientaci\u00f3n hacia realidades concretas de un firme prop\u00f3sito que hoy tiene la Iglesia romana; reorganizarse en torno al Evangelio, tornar rejuvenecida a sus or\u00edgenes. Descender desde la altura de sus profundos soliloquios al terreno de los hechos; ponerse sobre un plano existencial, de acci\u00f3n. La Iglesia peregrina quiere ser cada d\u00eda el reflejo vivo de Cristo; caminar por los senderos de la pobreza, de la humildad, de la sencillez y de la caridad, hasta llegar a las \u00faltimas metas de la unidad. El viaje de Pablo VI a Palestina ha estado en esta l\u00ednea, como expresi\u00f3n viva de los afanes del Concilio\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cNo es que la Iglesia se haya separado de la l\u00ednea que Cristo la traz\u00f3 \u2013ha dicho el mismo Papa\u2013; es que en ese camino se\u00f1alado por Jes\u00fas puede y debe correr cada d\u00eda m\u00e1s, perfeccion\u00e1ndose continuamente y tratando de superar esquemas trasnochados, para dar al Evangelio nuevas y aut\u00e9nticas expresiones acomodadas al estilo de nuestro tiempo.\u201d<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Estudio publicado en mayo de 1964, dentro de la colecci\u00f3n de folletos PPC, n\u00famero 226. \u00bfSe puede hablar en este momento, sin ofensa a la ponderaci\u00f3n debida, de un nuevo tipo o figura de obispos que aparecer\u00e1 en la Iglesia como consecuencia y fruto del Concilio Vaticano II? 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