{"id":844,"date":"2024-09-23T22:39:07","date_gmt":"2024-09-23T20:39:07","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=844"},"modified":"2024-09-23T22:39:07","modified_gmt":"2024-09-23T20:39:07","password":"","slug":"como-confirma-el-papa-nuestra-fe","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/como-confirma-el-papa-nuestra-fe\/","title":{"rendered":"\u00bfC\u00f3mo confirma el Papa nuestra fe?"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Art\u00edculo publicado en la revista <em>Claune,<\/em> n\u00fam. 60, septiembre-octubre 1982, 114-117.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando Cristo dijo a Sim\u00f3n: <em>T\u00fa eres Pedro y sobre esta piedra edificar\u00e9 mi Iglesia<\/em> (Mt 16, 18), todav\u00eda no hab\u00eda obispos ni sacerdotes. Todo empezar\u00eda un poco m\u00e1s tarde, cuando despu\u00e9s de subir a los cielos envi\u00f3 el Esp\u00edritu Santo, y la Iglesia se puso en marcha para iniciar un camino que, desde entonces, no se ha interrumpido nunca.<\/p>\n\n\n\n<p>Cristo empez\u00f3 a ser conocido y amado en todos los lugares adonde lleg\u00f3 la predicaci\u00f3n de sus disc\u00edpulos. En Asia, en \u00c1frica, en la Europa de entonces, fueron surgiendo comunidades de hombres y mujeres que cre\u00edan en aquel Jes\u00fas de quien hablaban los predicadores de la nueva fe.<\/p>\n\n\n\n<p>Muerto el \u00faltimo de los Ap\u00f3stoles, se cerr\u00f3 la revelaci\u00f3n p\u00fablica, es decir, destinada a todo el pueblo de Dios, y en adelante la Iglesia, que crec\u00eda sin cesar en medio de persecuciones y combates, tuvo como empe\u00f1o fundamental de su misi\u00f3n mantener con fidelidad el dep\u00f3sito de las verdades de vida que hab\u00eda recibido del Se\u00f1or. <em>Id por todo el mundo <\/em>\u2013hab\u00eda dicho Jes\u00fas a sus Ap\u00f3stoles\u2013 <em>y predicad el Evangelio a toda criatura, ense\u00f1\u00e1ndoles todo lo que yo os he mandado<\/em> (Mt 28, 19-20).<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia tuvo clara conciencia de que no pod\u00eda alterar el contenido de su predicaci\u00f3n ni las l\u00edneas maestras de su constituci\u00f3n divina, so pena de traicionar la misi\u00f3n que le hab\u00eda sido confiada. El Esp\u00edritu Santo, que es el Esp\u00edritu de Cristo, la preservar\u00eda de todo error e infidelidad y velar\u00eda por ella en todos los momentos hist\u00f3ricos en que una persona, un grupo, un movimiento teol\u00f3gico o m\u00edstico se dejase contaminar o desviar del recto camino.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el principio, los Ap\u00f3stoles, y m\u00e1s tarde sus sucesores inmediatos y los que siguieron a \u00e9stos, los obispos, con sus presb\u00edteros y comunidades de fieles, proclamaban de una manera o de otra, con unas u otras palabras, lo que San Pablo dir\u00eda en su Carta a los Efesios: <em>Un solo Se\u00f1or, una sola fe, un solo bautismo<\/em> (Ef 4, 5).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta identidad sustancial de la Iglesia de siempre es uno de los rasgos m\u00e1s bellos de su rostro. No es fosilizaci\u00f3n ni vejez. Es la inmutabilidad de lo divino. Es la vida, que mientras permanece en un organismo que un d\u00eda empez\u00f3 a existir, es la misma siempre, aunque se haya desarrollado y crecido con toda la vigorosa expansi\u00f3n que correspond\u00eda a sus g\u00e9rmenes iniciales.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el Esp\u00edritu Santo no ejerce su protecci\u00f3n en la Iglesia como si fuera una fuerza extra\u00f1a que se sit\u00faa en el exterior de la misma para vigilar su marcha e impedir sus ca\u00eddas. Est\u00e1 dentro. Es su alma y su luz. Es su fuerza interior y su amor. Es el secreto de su fidelidad. Actu\u00f3 sobre el Colegio Apost\u00f3lico, unidos los Ap\u00f3stoles con Pedro y bajo la autoridad de Pedro, y sigue actuando sobre el colegio universal de los obispos, unidos con el Papa y bajo la autoridad del Papa. Act\u00faa sobre el entero pueblo de Dios, unido con sus pastores.<\/p>\n\n\n\n<p>Y de manera singular, cuando es necesario para el bien de la Iglesia, act\u00faa sobre el sucesor de Pedro, que tiene autoridad inmediata, directa, universal sobre toda la Iglesia, como ense\u00f1\u00f3 el Concilio Vaticano I, hoy tan olvidado. Por eso Pedro, y cada uno de sus sucesores leg\u00edtimos, es fundamento \u00faltimo y supremo de la unidad de la Iglesia, porque a \u00e9l y s\u00f3lo a \u00e9l le fueron dados por Cristo poderes especiales para salvaguardar esa unidad y mantener a la Iglesia id\u00e9ntica a s\u00ed misma. Ese es el sentido de la frase que con ocasi\u00f3n de la pr\u00f3xima visita del Papa a Espa\u00f1a estamos repitiendo estos d\u00edas sin cesar: viene a confirmarnos en la fe.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 fe?, podr\u00edamos preguntar. No es en la fe suya o en la nuestra, hablando en t\u00e9rminos personales. Es en la fe que la Iglesia debe profesar si quiere ser fiel a Cristo. Y esto lo hace el Papa siempre, desde Roma o visitando a las comunidades eclesiales; con su magisterio o con sus actos de gobierno, los cuales son ordenados a la santificaci\u00f3n y salvaci\u00f3n de los fieles. Fue Cristo quien le dijo a Pedro, con palabras que ser\u00e1n siempre actuales: <em>Confirma a tus hermanos<\/em> (Jn 22, 32).<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso tiene tanta importancia una visita pastoral del Papa como la que va a hacer a Espa\u00f1a, al igual que las que viene haciendo a las diversas partes del mundo, o para invitar a los hombres a que reciban la luz de Cristo o para urgir a los cristianos a que permanezcan fieles.<\/p>\n\n\n\n<p>De todo lo cual brota una consecuencia sobre la que deseo llamar la atenci\u00f3n expresamente. El Papa no viene a confirmar en la fe con la simple recitaci\u00f3n del credo y diciendo: \u00e9sta es la fe de la Iglesia y esto es lo que hay que creer. No viene a proclamar <em>dogmas<\/em> de fe para decir despu\u00e9s: as\u00ed es como hay que mantener la unidad de la Iglesia. Eso lo da por supuesto.<\/p>\n\n\n\n<p>Es en la totalidad de lo que va a hacer y decir en lo que tenemos que fijarnos. El Papa nos va a exhortar y a recomendar determinadas actitudes; hablar\u00e1 de las grandes lecciones del pasado y nos invitar\u00e1 a pensar en el futuro; nos llamar\u00e1 a la oraci\u00f3n y a la vida de la gracia; nos pedir\u00e1 practicar fielmente, y en todo momento, la caridad y la justicia; nos mover\u00e1 a ser fieles a las obligaciones de nuestro estado sacerdotal, religioso o laical; con todo el conjunto de sus palabras y gestos es como nos <em>confirmar\u00e1 en la fe.<\/em> Porque todo el que profesa la fe cristiana ha de esforzarse por vivirla. Y no se vive dignamente la fe si no hay piedad, amor y temor de Dios, sacrificio y penitencia, apostolado y contemplaci\u00f3n, pureza de costumbres y santidad de vida, docilidad al Esp\u00edritu de Dios y a la Iglesia, obediencia y abnegaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Cometen un error grav\u00edsimo, de funestas consecuencias, los que dicen con unas u otras palabras: no estamos obligados a poner en pr\u00e1ctica todo lo que nos diga, no todo es dogma de fe, hemos de tener sentido cr\u00edtico para discernir y obrar de este o de aquel modo. Porque, aunque estas frases tengan, cada una de ellas, explicaci\u00f3n te\u00f3rica, revelan un esp\u00edritu mezquino, empobrecido, petulante.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s bien lo que hay que hacer es disponerse, con profunda devoci\u00f3n y amor al Vicario de Cristo, a recibir cuanto nos diga y recomiende para el bien de la vida de la Iglesia en Espa\u00f1a y asimilar las lecciones que brotar\u00e1n de sus ense\u00f1anzas. Ni el Papa mismo podr\u00e1 confirmarnos en la fe si nosotros rechazamos ser confirmados.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando Pedro y los dem\u00e1s Ap\u00f3stoles empezaron a predicar la fe en Cristo muerto y resucitado, insistieron tambi\u00e9n en exponer, junto a los n\u00facleos fundamentales del credo, un conjunto de normas, preceptos, ruegos, explicaciones, llamadas, exigencias del vivir cristiano, etc., que aparecen en sus cartas y admitimos como doctrina revelada en la Escritura para provecho seguro de nuestras almas, es decir, para confirmaci\u00f3n de nuestra fe. Lo mismo hac\u00edan en sus predicaciones a los cristianos primitivos, que han llegado hasta nosotros por la tradici\u00f3n apost\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que hoy dice el Papa es esa misma palabra y esa misma exhortaci\u00f3n y ruego, fundados en la Escritura y la Tradici\u00f3n, y aplicados a las comunidades a quienes se dirige. Hay en todo lo que predica una coherencia y armon\u00eda interna con lo que ha sido revelado; hay una denuncia clara de los errores y abusos que debemos evitar; hay una informaci\u00f3n y conocimiento, por los medios de que dispone para adquirirlos, de lo que est\u00e1 sucediendo en la Iglesia y de las consecuencias que pueden derivarse para la fe en el futuro; hay un discernimiento sabio, prudente y apost\u00f3lico, para el que cuenta con la ayuda del Esp\u00edritu Santo, en el ejercicio de su ministerio; y hay tambi\u00e9n \u2013esto es muy importante\u2013 una voluntad clara de hablar, de impulsar a la fidelidad, de corregir, de mover a la pr\u00e1ctica de las virtudes, de mantener la unidad del pueblo de Dios en la verdadera fe. En una palabra: todo el conjunto de su actuaci\u00f3n, conscientemente procurada por \u00e9l, es servicio a la fe y desempe\u00f1o de su misi\u00f3n de Pastor supremo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo, si esto es as\u00ed, vamos a caer en el tremendo error de menospreciar o desatender esa ense\u00f1anza y orientaci\u00f3n, en todo su conjunto, diciendo est\u00fapidamente que no todo es dogma de fe? Eso ser\u00eda negarle pr\u00e1cticamente la facultad de confirmarnos en la vida de esa misma fe, o reducir \u00e9sta a un esquema intelectualista y de recitaci\u00f3n mec\u00e1nica.<\/p>\n\n\n\n<p>La fe nos pide una determinada concepci\u00f3n de la vida religiosa, del sacerdocio, del apostolado cristiano, de la familia y el matrimonio, del ecumenismo, de la observancia de la ley, de la relaci\u00f3n con la cultura, del inter\u00e9s por el progreso, de la transformaci\u00f3n de las condiciones de la vida en la tierra, de la sexualidad, del amor, del trabajo, y sobre todo ello el Papa, como Vicario de Cristo, tiene una palabra que decir, y la dice. Y nosotros, pueblo creyente, hemos de admitirla, meditarla y cumplirla.<\/p>\n\n\n\n<p>Pienso ahora en vosotras, religiosas de vida contemplativa, para quienes escribo este art\u00edculo, como destinatarias de la revista <em>Claune.<\/em> Vosotras sois generosas y no mezquinas. Desde el silencio de vuestros claustros, vosotras est\u00e1is ofreciendo el testimonio de un amor limpio y abnegado al Vicario de Cristo. Vosotras am\u00e1is y profes\u00e1is la fidelidad con obras m\u00e1s que con palabras. Y con obras en las que entran en juego los m\u00e1s exigentes y profundos valores de la vida cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues bien, hasta vosotras han llegado tambi\u00e9n en estos a\u00f1os, y siguen llegando todav\u00eda, voces destempladas y orgullosas que han turbado vuestra vida y os han infligido da\u00f1os graves, alterando la paz y la serenidad de mente y de alma de las que estabais dentro, o estorbando el amor a la vida religiosa que pod\u00eda haber nacido en otras que estaban dispuestas a abrazarla. \u00a1Se han escrito y dicho tantas inconveniencias! La crisis va super\u00e1ndose, aunque el esp\u00edritu del mundo en el sentido negativo de la palabra ha ofuscado tanto y a tantos que todav\u00eda costar\u00e1 mucho tiempo hacer la s\u00edntesis necesaria entre renovaci\u00f3n (evidentemente necesaria) y fidelidad (absolutamente indispensable).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQui\u00e9n es el que ha salvado la vida religiosa en estos a\u00f1os y ha puesto luz donde hab\u00eda oscuridad, ardor donde se apagaba el fuego, orientaci\u00f3n certera donde se perd\u00eda el rumbo, estimaci\u00f3n de parte de la Iglesia frente a la cr\u00edtica esterilizante y mundana respecto a la vida consagrada y sus necesarias estructuras para defender y asegurar sus valores dentro del Reino de Dios? No otro, sino el Papa. Los documentos y exhortaciones de Pablo VI y despu\u00e9s de Juan Pablo II sobre la vida religiosa, tan repetidos y tan espl\u00e9ndidos durante este tiempo, son los que os han salvado. De no haber sido por esta continua llamada de atenci\u00f3n de la Iglesia, en sus \u00f3rdenes y congregaciones religiosas, tal y como fueron fundadas para abrir caminos de perfecci\u00f3n y de seguimiento de los consejos evang\u00e9licos, el da\u00f1o hubiera sido mucho mayor. Porque por todas partes surg\u00edan profetas nuevos que no ten\u00edan reparo en se\u00f1alar pintorescas soluciones a los problemas planteados, y todo se habr\u00eda convertido en un campo de experiencias insensatas que terminan por destruir a las personas y a la instituci\u00f3n a que pertenecen. Ha sido el Papa el que tambi\u00e9n aqu\u00ed os ha confirmado a vosotras y nos ha confirmado a todos en la fe de la Santa Iglesia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Art\u00edculo publicado en la revista Claune, n\u00fam. 60, septiembre-octubre 1982, 114-117. 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