{"id":838,"date":"2024-09-23T22:35:28","date_gmt":"2024-09-23T20:35:28","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=838"},"modified":"2024-09-23T22:35:28","modified_gmt":"2024-09-23T20:35:28","password":"","slug":"el-magisterio-de-juan-pablo-i","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/el-magisterio-de-juan-pablo-i\/","title":{"rendered":"El magisterio de Juan Pablo I"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Homil\u00eda pronunciada el 6 de octubre de 1978, en la Catedral de Toledo, en la Misa de exequias ofrecida por el alma del Papa Juan Pablo I. Texto publicado en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo,<\/em> noviembre 1978, 534-537.<\/p>\n\n\n\n<p>Celebramos el Santo Sacrificio de la Misa por el alma de nuestro amado y tan prontamente llorado Juan Pablo I. Con el alma oprimida de pena podemos decir con los disc\u00edpulos de Ema\u00fas: <em>Nosotros esper\u00e1bamos&#8230;<\/em> (Lc 24, 21). \u00a1Y todo se ha desvanecido! \u00bfTodo? No, hermanos, no.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El hombre ante el misterio<\/h2>\n\n\n\n<p>No pretendo explicar lo inexplicable. Siempre nos preguntaremos con todo derecho por qu\u00e9 Dios permite estas cosas. Hace poco m\u00e1s de un mes nos vimos confortados y alegres por las noticias relativas a su elecci\u00f3n \u2013\u00a1qu\u00e9 pr\u00f3ximo a \u00e9l me sent\u00ed aquellos d\u00edas!\u2013. Y una esperanza evang\u00e9lica, es decir, fundada exclusivamente en Dios, hab\u00eda ido surgiendo en nuestro esp\u00edritu, nacida al calor de las palabras y actuaciones posteriores de Juan Pablo I, tan breves, pero tan intensas.<\/p>\n\n\n\n<p>De repente parece que ha desaparecido todo. Con su sonrisa tambi\u00e9n se ha apagado la nuestra. \u00bfPor qu\u00e9 Dios lo ha permitido? Yo s\u00f3lo encuentro una respuesta. El Dios de nuestra fe es el Dios del misterio infinito. Y esto es precisamente lo que hemos olvidado en nuestro mundo, y aun en nuestra Iglesia de hoy. Todo lo hemos reducido a c\u00e1lculos humanos, a sociolog\u00eda e intuiciones nuestras, a comentarios personales o de grupo sobre lo que hay que hacer o dejar de hacer para la mejor evangelizaci\u00f3n del mundo. Parece como si cada ma\u00f1ana alguien nos diera permiso para inventar la Iglesia nuestra de cada d\u00eda. Pero los Ap\u00f3stoles no obraron as\u00ed: escucharon a Cristo y obedecieron sus palabras dispuestos a predicar lo que \u00c9l les hab\u00eda ense\u00f1ado, y nada m\u00e1s. La Virgen Mar\u00eda tampoco obr\u00f3 as\u00ed: guard\u00f3 en su coraz\u00f3n las palabras que hab\u00eda o\u00eddo y las meditaba con amor. Los Ap\u00f3stoles fueron llevados a la muerte cuando pod\u00edan ser tan necesarios. La Virgen Mar\u00eda, tan fiel a la voluntad de Dios, hubo de sufrir su soledad junto a la cruz. \u00a1Cu\u00e1ntas veces ha sucedido as\u00ed a los santos y a los mejores planes de apostolado! Ahora nos sentimos desconcertados y, sin embargo, es una lecci\u00f3n que se repite en la historia de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante el misterio de Dios y su acci\u00f3n sobre nosotros, nuestra humildad de creyentes, no nuestro esc\u00e1ndalo de agn\u00f3sticos. \u00c9l es el due\u00f1o de la vida y de la muerte. \u00c9l hace nacer y ponerse el sol, \u00c9l nos da Papas de larga o de corta duraci\u00f3n, padres de familia felices o crucificados, y en todo momento nos invita a rezar as\u00ed: <em>Padre nuestro, h\u00e1gase tu voluntad as\u00ed en la tierra como en el cielo<\/em> (Mt 6, 9-10).<\/p>\n\n\n\n<p>Hagamos entrar m\u00e1s en nuestras vidas el misterio de Dios, no como una evasi\u00f3n, no como un criterio adormecedor y falsamente tranquilizante, sino como lo que es: una fuerza superior que nos invita a practicar la humildad, sin la cual la verdadera fe no existe. Humildad para la fe. Fe viva y esperanza siempre. <em>Si el <\/em>Se\u00f1or no construye la casa, en vano trabajan los alba\u00f1iles (Sal 127, 1).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Las lecciones de Juan Pablo I<\/h2>\n\n\n\n<p>Cometer\u00edamos una gran ligereza si dej\u00e1ramos de pensar en lo que el Pont\u00edfice desaparecido nos ha ense\u00f1ado. El era el Vicario de Cristo en la tierra. \u00bfAcaso por haberlo sido s\u00f3lo durante un mes dejar\u00e1n de ser sus palabras y su actitud las de aqu\u00e9l a quien quiso poner el Se\u00f1or para confirmar la fe de sus hermanos? Las palabras y actitudes de Juan Pablo I durante un mes, consideradas como indicaciones program\u00e1ticas o exhortaciones de \u00edndole pastoral, tienen id\u00e9ntico valor que las que pronunciaron con el mismo car\u00e1cter, Pablo VI durante quince a\u00f1os, Juan XXIII durante cinco o P\u00edo XII durante diecinueve.<\/p>\n\n\n\n<p>Acept\u00f3 su elecci\u00f3n como se\u00f1al de la voluntad de Dios, con un acto de fe que no es frecuente hoy en el comportamiento dentro de la Iglesia, donde tanto se ha extendido la norma de hacer cada cual lo que quiera. Se entreg\u00f3, desde el primer momento, a un trabajo agotador dentro de lo que era su misi\u00f3n, en una actitud asc\u00e9tica de negaci\u00f3n de s\u00ed mismo, aut\u00e9nticamente conmovedora, es decir, con caridad pastoral; \u201cvosotros os vais a vuestras di\u00f3cesis \u2013nos dec\u00eda\u2013, pero yo me quedo aqu\u00ed; ya no podr\u00e9 tener el contacto que siempre busqu\u00e9 con mis fieles diocesanos\u201d. No dejar\u00eda de tenerlo y pronto comenzar\u00eda a celebrar aquellas audiencias y reuniones con fieles de todo el mundo, y poco a poco ir\u00eda naciendo en su coraz\u00f3n, ahora de Padre universal, la alegr\u00eda de establecer continua relaci\u00f3n apost\u00f3lica con hombres de todo el universo. Predic\u00f3 las verdades de la fe con envidiable sencillez, con capacidad de penetraci\u00f3n, con el coraz\u00f3n abierto a todos, en lo cual se resume la virtud de la fidelidad. Anunci\u00f3 sin temor que hab\u00eda de promulgar el C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico, restaurar la gran disciplina del clero y de los fieles, evitar los abusos lit\u00fargicos, clara se\u00f1al de la virtud de la fortaleza. Y se llam\u00f3 a s\u00ed mismo con dos nombres, los de Juan y Pablo, que significaban deseo de continuidad en el camino de sana renovaci\u00f3n que ha emprendido la Iglesia del Vaticano II, sin olvidar lo que ha ense\u00f1ado la Iglesia de todos los tiempos, como as\u00ed quisieron que fuese tanto Juan XXIII como Pablo VI, virtud \u00e9sta que se llama docilidad al Esp\u00edritu Santo. \u00a1Espl\u00e9ndidas lecciones que seguir\u00e1n teniendo toda su eficacia, aunque s\u00f3lo hayan durado poco m\u00e1s de un mes!<\/p>\n\n\n\n<p>En suma, una actitud y un magisterio sin m\u00e1s solemnidad que la de sus virtudes, que ya es bastante para el que quiere ver; no signos, sino realidades. Su sonrisa nos cautivaba; su sencillez gustaba al hombre de hoy; su bondad era tan visible que al verle quer\u00edamos todos ser mejores. Pero era el Papa. Y lo que hizo y lo que dijo no debe quedar como una florecilla pronto marchitada, sino como un soplo del Esp\u00edritu de Dios que ha de seguir dando vida a la Iglesia santa.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s que la sonrisa importa la fe. La sencillez nos conmovi\u00f3 porque era evang\u00e9lica. Su bondad era el fruto, no precisamente de su car\u00e1cter, sino de una vida de muchos esfuerzos de uni\u00f3n con Dios.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Un nuevo Papa<\/h2>\n\n\n\n<p>Pronto tendremos un nuevo Papa que rija los destinos de la Iglesia en la tierra. Sea uno u otro, con esta o aquella condici\u00f3n, ser\u00e1 el continuador de la obra de los anteriores y el sucesor de Pedro.<\/p>\n\n\n\n<p>Los comentarios son inevitables. Tambi\u00e9n las c\u00e1balas ahora, y las deducciones despu\u00e9s. M\u00e1s que todo eso, hermanos, importa la fe, la humildad y la obediencia llena de amor al Papa que nos sea anunciado. Y la oraci\u00f3n ahora para que el Se\u00f1or escuche el clamor de sus hijos.<\/p>\n\n\n\n<p>Las visiones simplistas no solucionan los problemas, pero los criterios naturalistas y superficiales, aplicados a la vida de la Iglesia, no s\u00f3lo no los solucionan, sino que los agravan. Nuestra Iglesia y nuestro mundo de hoy est\u00e1n angustiosamente necesitados de la presencia de Dios, con su misterio de amor y de poder infinito, que se refleja en nosotros, los hombres, a trav\u00e9s de nuestra vida y de nuestra muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Necesitados de la presencia de Dios! M\u00e1s a\u00fan: \u00a1casi, casi necesitados de tocar a Dios con la mano! Por eso hab\u00eda calado tan profundamente en el coraz\u00f3n de los hombres el Papa Juan Pablo I. Se le ve\u00eda como una transparencia de Dios. No es que otros Pont\u00edfices no la tuvieran; pero en \u00e9l empez\u00f3 a verse con una facilidad desacostumbrada.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo se olvida f\u00e1cilmente cuando nos movemos en el terreno puramente emocional de nuestros propios sentimientos. Ya lo veis. Casi nadie se acuerda ya de Pablo VI, y hace, precisamente hoy, s\u00f3lo dos meses de su muerte. Pronto dejar\u00e1 de hablarse de Juan Pablo I. Pero las lecciones de uno y de otro permanecer\u00e1n para todos los que piensan en la misi\u00f3n de la Iglesia, con fe honda y sincera. Es en Cristo en quien debemos confiar siempre; \u00c9l es el \u00fanico a quien podemos decir: <em>T\u00fa solo tienes palabras de vida eterna<\/em> (Jn 6, 69).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Homil\u00eda pronunciada el 6 de octubre de 1978, en la Catedral de Toledo, en la Misa de exequias ofrecida por el alma del Papa Juan Pablo I. Texto publicado en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, noviembre 1978, 534-537. 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