{"id":836,"date":"2024-09-23T22:34:19","date_gmt":"2024-09-23T20:34:19","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=836"},"modified":"2024-09-23T22:34:19","modified_gmt":"2024-09-23T20:34:19","password":"","slug":"pablo-vi-discipulo-y-maestro-en-la-iglesia","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/pablo-vi-discipulo-y-maestro-en-la-iglesia\/","title":{"rendered":"Pablo VI, disc\u00edpulo y maestro en la Iglesia"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Homil\u00eda en el solemne funeral celebrado en la Catedral de Toledo el 14 de agosto de 1978 en sufragio del Papa Pablo VI. Texto publicado en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo,<\/em> septiembre-octubre 1978, 459-463.<\/p>\n\n\n\n<p>Vuestro silencio y vuestro recogimiento son una expresi\u00f3n bien clara de ese sentir que llena vuestra alma, sentir piadoso, lleno de dolor, al recordar al Papa fallecido, por el cual, para rogar por su alma, nos congregamos aqu\u00ed, en nuestra Santa Iglesia Catedral.<\/p>\n\n\n\n<p>Acabo de llegar de Roma, despu\u00e9s de haber participado en las solemnes exequias que se han celebrado all\u00ed por su alma.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ahora nos reunimos aqu\u00ed, en la vigilia de la solemnidad de la Asunci\u00f3n de Mar\u00eda al cielo, para ofrecer tambi\u00e9n, con las mismas intenciones, el sacrificio eucar\u00edstico y las oraciones de todos nosotros. Tengo presente en mi coraz\u00f3n y en mis ojos lo que he vivido all\u00ed estos d\u00edas. Ha sido un homenaje de profunda admiraci\u00f3n, de piedad, de recuerdo emocionado, de adhesi\u00f3n espiritual por parte de la Iglesia, de la sociedad civil, de las autoridades y el pueblo a la figura incomparable del Pont\u00edfice desaparecido. La fragilidad f\u00edsica de aquel hombre sufriente ha tenido una fuerza misteriosa: la de atraer hacia s\u00ed, una vez m\u00e1s, cuando estaba clavado en la cruz de su f\u00e9retro mortuorio, a los hombres necesitados de esperanza. Es lo que ha estado haciendo paso a paso, durante su vida, en los quince a\u00f1os que ha durado su pontificado. El Esp\u00edritu le guiaba, en un mundo duro y fr\u00edo como el acero, para atender las exigencias del destino eterno de las almas; su voz, sus viajes, sus gestos, sus documentos, su continuo sacrificio, se hab\u00edan convertido ya en un punto de referencia insoslayable para todos los que buscaban algo m\u00e1s que la aplastante solicitaci\u00f3n de los materialismos que han hecho de los hombres de hoy unos pobres esclavos, de los que no se oye m\u00e1s que el gemido de la impotencia en lugar de la anhelada sinfon\u00eda de la concordia y la paz. Grano de trigo enterrado m\u00e1s hondamente cada d\u00eda, se ha convertido ahora en la espiga que alimenta a todos los que tienen hambre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 fuerza es \u00e9sa, la del humilde Papa, que no tiene poderes terrestres y, sin embargo, es capaz de atraer hacia s\u00ed, como otro Cristo, a las muchedumbres hambrientas? Hambrientas de justicia, de verdad religiosa, de amistad, de respeto en la diversidad; ansiosas, en una palabra, de inscribirse para siempre en \u201cla civilizaci\u00f3n del amor\u201d, por la que \u00e9l luch\u00f3 y que nunca nos llega.<\/p>\n\n\n\n<p>Se ha revelado ahora que a los pocos d\u00edas de ser elegido Papa, hablando con su secretario, le dijo: \u201cMe son conocidas las voces que llegan de unos diciendo que el nuevo Papa debe ser un innovador; de otros, que piden que sea tradicionalista; \u00e9stos, que existencialista; aqu\u00e9llos, que m\u00e1s bien debe ser un profeta arriesgado. Mi \u00fanica respuesta es \u00e9sta: el Papa es el Papa y nada m\u00e1s\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Asumi\u00f3 la enorme y dificil\u00edsima tarea de llevar a la pr\u00e1ctica las conclusiones y el esp\u00edritu del Concilio Vaticano II, y lo ha hecho con ejemplar fidelidad, frenando a los que tanto quer\u00edan correr que se desviaban, e impulsando hacia adelante a los que se volv\u00edan para mirar hacia atr\u00e1s. El ecumenismo, la justicia social, la paz internacional, los derechos de la persona humana fueron sus preocupaciones constantes en un af\u00e1n universal de servicio al mundo y a la reconciliaci\u00f3n de los creyentes, en Jes\u00fas, el Hijo de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>En el interior de la Iglesia, ni uno solo de los rasgos que definen su fisonom\u00eda constitutiva y su hermosura moral, tal como la ha dise\u00f1ado la fe de los siglos, ha dejado de merecer su atenci\u00f3n pastoral: la Eucarist\u00eda y los dem\u00e1s sacramentos, la Virgen Mar\u00eda, el sacerdocio cat\u00f3lico, la liturgia y la piedad del pueblo sencillo, la predicaci\u00f3n constante de la Palabra de Dios, el amor a los ni\u00f1os, a los ancianos, a los pobres, el inter\u00e9s por las \u00f3rdenes y las congregaciones religiosas, por los seminarios y las vocaciones sacerdotales, por las misiones, por la familia y la juventud.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada le era ajeno, y su coraz\u00f3n lat\u00eda con cada latido de la Iglesia en cualquiera de estos misterios o de estos campos de acci\u00f3n pastoral, hacia los cuales quer\u00eda estar expresando siempre el hondo sentir que le animaba para hacer de todos, una familia profundamente unida.<\/p>\n\n\n\n<p>La \u00faltima semana, tal como nos ha explicado el Cardenal Camarlengo a los que all\u00ed nos hemos reunido estos d\u00edas en las Congregaciones del Colegio Cardenalicio, la ha pasado toda ella ya con fiebre y, a pesar de todo, estuvo haciendo su vida de trabajo normal. Una de las tardes de esa semana quiso salir, porque present\u00eda su muerte muy pr\u00f3xima, a visitar y rezar en la tumba del Cardenal Pizzardo, su antiguo profesor. Cuando volvi\u00f3, su secretario, Macchi, le tom\u00f3 la temperatura y le dijo: \u201cSanto Padre, esto no se puede hacer; debe retirarse a descansar inmediatamente\u201d. Y \u00e9l le mir\u00f3 y le dijo: \u201cLo har\u00e9, pero os agradezco que me hay\u00e1is permitido ir a rezar la \u00faltima oraci\u00f3n que quiz\u00e1 pueda ofrecer en este mundo por el que fue mi maestro\u201d. Todav\u00eda el jueves recib\u00eda al Presidente de la Rep\u00fablica Italiana, con treinta y ocho grados de fiebre \u2013\u00a1un anciano de ochenta a\u00f1os!\u2013, y estuvo conversando con \u00e9l durante una hora larga. Ya el s\u00e1bado guardaba reposo absoluto, porque la fiebre iba en aumento. As\u00ed lleg\u00f3 el domingo. Acudieron otros m\u00e9dicos, adem\u00e1s del que le asist\u00eda habitualmente, pero nadie preve\u00eda un desenlace fatal. Fue por la tarde cuando se agrav\u00f3. Y \u00e9l, en ese d\u00eda \u00faltimo, solo con su secretario por la ma\u00f1ana, y por la tarde con el Cardenal Secretario de Estado y el Sustituto, que acudieron a las llamadas telef\u00f3nicas urgentes, tambi\u00e9n en la presencia de dos de las religiosas que le hab\u00edan estado atendiendo durante su vida, se dio cuenta perfectamente de que llegaba el fin. Y hacia las seis de la tarde, ya con fatiga visible, empezaron a rezar en torno a \u00e9l en la Misa que celebraba all\u00ed don Macchi, quien le administr\u00f3 la comuni\u00f3n como Vi\u00e1tico, y a continuaci\u00f3n la unci\u00f3n de los enfermos, que \u00e9l acept\u00f3 y recibi\u00f3 con singular fervor. Enseguida, congregados en torno a su lecho, empezaron a hacerle la recomendaci\u00f3n del alma. Y nos dec\u00eda el Cardenal Villot: \u201cNi una palabra sobre la situaci\u00f3n de la Iglesia, de la Santa Sede, sobre ning\u00fan problema de los que pod\u00edan llenar su esp\u00edritu y sus preocupaciones; s\u00f3lo rezar. Y cuando en alg\u00fan momento nosotros, las cinco o seis personas que est\u00e1bamos all\u00ed, descans\u00e1bamos un poco en nuestras oraciones (recit\u00e1bamos el Credo, el Magn\u00edficat, pasajes del Evangelio, el Padre Nuestro, el Ave Mar\u00eda); cuando en alg\u00fan momento descans\u00e1bamos, \u00e9l abr\u00eda los ojos y, con un impulso en su voz, dec\u00eda: \u201cAve Mar\u00eda; seguid rezando&#8230; Ave Mar\u00eda\u201d. Y as\u00ed hasta el final. Pas\u00f3 la \u00faltima hora de su vida asfixi\u00e1ndose, y as\u00ed imperceptiblemente exhal\u00f3 el postrer suspiro. Pero le ha acompa\u00f1ado hasta ese momento supremo esa elegancia de esp\u00edritu propia del hombre entregado a Dios, que deja a un lado todo, porque en lo \u00fanico que tiene que pensar es en rendir su alma al Creador y morir gustando en sus labios una plegaria de amor a Cristo crucificado y a Mar\u00eda Sant\u00edsima.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n cuando sali\u00f3 de Roma para ir a Castelgandolfo se sabe que dijo a su secretario: \u201cSalimos de Roma; no sabemos si volveremos, o c\u00f3mo volveremos\u201d. Present\u00eda su muerte cercana, y hasta el final ha estado d\u00e1ndonos ese ejemplo maravilloso de entrega a la Iglesia, de servicio a la humanidad, de perseverancia en su trabajo apost\u00f3lico.<\/p>\n\n\n\n<p>Oremos por \u00e9l y por la Iglesia, con la confianza de que Dios habr\u00e1 dado el premio merecido a su fiel servidor, premio a tanto como sufri\u00f3 y am\u00f3. Hay una imagen de Pablo VI que se nos ha quedado grabada para siempre: es la que ofrec\u00eda llevando la cruz en sus manos en el V\u00eda Crucis de cada Viernes Santo en el Coliseo Romano. Era la cruz pesada de las guerras, de las violencias y las crueldades del mundo; era la cruz de las desobediencias, las rebeld\u00edas, las infidelidades en el interior de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Una y otra han aplastado su coraz\u00f3n hasta dejarle sin vida. No nos enga\u00f1emos. No es \u00e9sta una hora para los comentarios sociol\u00f3gicos, ni para las adivinaciones fr\u00edvolas.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia tiene que desprenderse, s\u00ed, de toda apetencia humana. Pero no reduzcamos este desprendimiento a frases generales que no comprometen a nadie en particular. Hay que empezar por despojarse de la propia hipocres\u00eda personal, de las desobediencias y desprecios, tan frecuentes hoy, a la autoridad amorosa de esa misma Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante estos a\u00f1os, con frecuencia hemos dejado solo al magisterio de Pablo VI, como estaba solo su cad\u00e1ver en el ata\u00fad sobre la piedra de la plaza de San Pedro. Si obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles hubi\u00e9ramos seguido con m\u00e1s docilidad sus ense\u00f1anzas, sus ruegos, sus mandatos, la crisis interna de la Iglesia no hubiera sido tan profunda como lo es. Lo digo porque estoy convencido de ello y porque se lo he o\u00eddo a \u00e9l mismo m\u00e1s de una vez, no s\u00f3lo en discursos, sino en conversaciones personales y privadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Basta ya de acudir a ese t\u00f3pico tan socorrido de que las adaptaciones necesarias obligan a tantas cosas en la Iglesia de hoy. Nadie ha sabido adaptarse al mundo moderno como \u00e9l. Nadie como \u00e9l ha dado tantas pruebas de asumir los valores de la cultura profana de nuestra edad, y nadie ha tratado con hombres de tantos y diversos horizontes; nadie ha derramado como \u00e9l los gestos de la comprensi\u00f3n, de la amistad y del amor. Pero siempre con una fidelidad exquisita a los dogmas de nuestra fe, a la liturgia santa, a la moral, que, como un perfume del Evangelio de Cristo, llega a todas las manifestaciones de la vida. Para ser comprensivo, ecum\u00e9nico, amigo y hermano del mundo de hoy, Pablo VI no ha dejado de ser nunca disc\u00edpulo de la Iglesia de siempre y Maestro en la Iglesia del siglo XX.<\/p>\n\n\n\n<p>Junto a esa imagen de Pablo VI con la cruz est\u00e1 la otra, la de la ma\u00f1ana de la Pascua de Resurrecci\u00f3n, bendiciendo <em>urbi et orbi.<\/em> Es la Iglesia que no muere nunca.<\/p>\n\n\n\n<p>Oremos tambi\u00e9n desde ahora, igual que lo hacemos por su alma, para que pronto un nuevo Papa siga ofreci\u00e9ndonos el servicio de su luz, de su amor, de su fe, de su autoridad apost\u00f3lica. Lo pedimos as\u00ed en esta Misa que aqu\u00ed celebramos y volveremos a pedirlo dentro de unos instantes ante la imagen de la Virgen del Sagrario, cuando salga de su capilla para tomar posesi\u00f3n, una vez m\u00e1s, de las naves de esta catedral, en v\u00edsperas de la fiesta que celebraremos ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p>Muri\u00f3 el Papa en el domingo de la Transfiguraci\u00f3n del Se\u00f1or. Ma\u00f1ana y hoy, cuando conmemoramos y vivimos el misterio de la Asunci\u00f3n de Mar\u00eda a los cielos, nuestro dolor se convierte ya en esperanza viva y en una fe ardiente de que tambi\u00e9n Ella, a quien tanto am\u00f3, habr\u00e1 logrado del Dios eterno de las misericordias el premio que ha merecido un hijo tan fiel en su servicio a la Iglesia. \u00c9l, que llam\u00f3 a Mar\u00eda \u201cMadre de la Iglesia\u201d, y que en sus catequesis de los mi\u00e9rcoles, o cuando saludaba desde la ventana del Palacio Apost\u00f3lico al recitar el \u00c1ngelus los domingos, nunca se olvidaba de terminar sus palabras con una invocaci\u00f3n a Mar\u00eda, la Reina de los Cielos.<\/p>\n\n\n\n<p>Con nuestra fe, adelante siempre. Con nuestra obediencia y humildad, estemos seguros de que estamos en el camino recto. Con nuestra caridad y nuestro amor seguiremos siendo part\u00edcipes de esta herencia riqu\u00edsima que Pablo VI nos deja, y que se acumula a la que tantos Pont\u00edfices y tantos Santos han venido ofreciendo, a lo largo de los siglos, a nuestra amada Iglesia santa, cat\u00f3lica, apost\u00f3lica y romana.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Homil\u00eda en el solemne funeral celebrado en la Catedral de Toledo el 14 de agosto de 1978 en sufragio del Papa Pablo VI. Texto publicado en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, septiembre-octubre 1978, 459-463. 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