{"id":804,"date":"2024-09-22T20:31:55","date_gmt":"2024-09-22T18:31:55","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=804"},"modified":"2024-09-22T20:31:55","modified_gmt":"2024-09-22T18:31:55","password":"","slug":"a-jesus-por-maria","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/a-jesus-por-maria\/","title":{"rendered":"A Jes\u00fas por Mar\u00eda"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Lecci\u00f3n inaugural de la VII Semana de Teolog\u00eda Espiritual, pronunciada el 29 de junio de 1981. Texto publicado en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo,<\/em> julio- agosto 1981.<\/p>\n\n\n\n<p>Acabo de regresar de Lourdes, adonde he ido para acompa\u00f1ar a los enfermos de nuestra peregrinaci\u00f3n diocesana y a los hospitalarios que los llevan. All\u00ed est\u00e1 la gruta y el agua que mana sin cesar. Y all\u00ed tambi\u00e9n las riadas de hombres y mujeres de todos los continentes, cantando, rezando, llorando y sonriendo. \u00a1Cu\u00e1nta tranquilidad en esos pobres seres que se mueven o son movidos en sus carritos, o llevados en los brazos de sus cirineos! \u00a1Y cu\u00e1nto amor en \u00e9stos, misericordiosos amigos de unos d\u00edas! Todo all\u00ed nos hace recordar las escenas del Evangelio, en que aparecen las muchedumbres buscando a Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p>No cre\u00e1is que todos piden la curaci\u00f3n de sus dolencias f\u00edsicas. Muchos, much\u00edsimos, se contentan con lograr un poco m\u00e1s de fe y de energ\u00eda espiritual para soportar su cruz. Y los camilleros, y los sacerdotes, y las religiosas, y los hospitalarios, y los m\u00e9dicos&#8230; ofrecen su caridad y su amor, sin esperar nada, simplemente porque aman. La Virgen, en quien conf\u00edan unos y otros, les ayuda. Y as\u00ed, sin darse cuenta, se acercan a <em>Jes\u00fas por medio de Mar\u00eda.<\/em> Ella les lleva, que para eso tiene manos suaves y firmes.<\/p>\n\n\n\n<p>Es la Madre de Dios, la Madre de la Iglesia, la madre espiritual de los hombres. Ha cooperado a la Redenci\u00f3n; lo ha hecho conscientemente, con humildad, poniendo de s\u00ed misma todo lo que ten\u00eda y pod\u00eda. Se ha convertido en camino; lo fue durante el Evangelio, y lo ser\u00e1 siempre. Unida a Jes\u00fas, redimida tambi\u00e9n por \u00c9l, tiene la eficacia que nace de sus privilegios, de su grandeza singular, de su virtud incomparable, de su gracia que la santifica en plenitud. Toda Ella est\u00e1 hecha para ayudarnos a alcanzar a Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Al volver de nuevo a Espa\u00f1a y entregarme a mis tareas ordinarias \u2013reuniones de obispos, trato con sacerdotes, trabajos diocesanos, etc.\u2013, pensaba que aqu\u00ed tambi\u00e9n hay enfermos del cuerpo y del alma, que buscan la curaci\u00f3n, o al menos la paz y la esperanza. Cuando nos olvidamos de Mar\u00eda, se nos hace mucho m\u00e1s dif\u00edcil encontrar a Jes\u00fas, es decir, la curaci\u00f3n o la paz de los esp\u00edritus. Todos andamos inquietos, y no acabamos de encontrar el sosiego fecundo para una aut\u00e9ntica renovaci\u00f3n. \u00bfNo ser\u00e1 que hemos olvidado uno de los medios m\u00e1s sencillos y certeros para alcanzarlo?<\/p>\n\n\n\n<p>Durante esta semana vamos a hablar de <em>Mar\u00eda en los caminos de la Iglesia.<\/em> Introducir\u00e9 el tema exponi\u00e9ndoos, m\u00e1s que una lecci\u00f3n teol\u00f3gica, una meditaci\u00f3n que contempla la relaci\u00f3n ineludible entre la Virgen Mar\u00eda y la Santa Iglesia como camino que nos lleva a Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Mar\u00eda en los caminos de la Iglesia es la Madre que nos lleva a Jes\u00fas<\/h2>\n\n\n\n<p>Con estas palabras, <em>Mar\u00eda en los caminos de la Iglesia,<\/em> queremos resumir la doctrina de la cooperaci\u00f3n humana a la Redenci\u00f3n. Ni Mar\u00eda, ni la Iglesia reemplazan en lo m\u00e1s m\u00ednimo a la Humanidad de Jes\u00fas; por el contrario, comportan el testimonio del designio divino de asociar la criatura a la obra de la salvaci\u00f3n. \u00danico es nuestro Mediador, seg\u00fan la palabra del Ap\u00f3stol: <em>Porque uno es Dios y uno el Mediador de Dios y de los hombres, un hombre. Cristo Jes\u00fas, que se entreg\u00f3 a S\u00ed mismo como precio de rescate por todos<\/em> (1Tim 2, 5-6).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa misi\u00f3n maternal de Mar\u00eda para con los hombres de ninguna manera oscurece ni disminuye esta \u00fanica mediaci\u00f3n de Cristo, sino m\u00e1s bien muestra su eficacia. Porque el influjo salv\u00edfico de la Bienaventurada Virgen en favor de los hombres no es exigido por ninguna ley, sino que nace del benepl\u00e1cito y fluye de la sobreabundancia de los m\u00e9ritos de Cristo, se apoya en su mediaci\u00f3n, de ella depende totalmente y de la misma saca toda su virtud, y, lejos de impedirla, fomenta la uni\u00f3n inmediata de los creyentes con Cristo\u00bb (LG 60).<\/p>\n\n\n\n<p>La historia nos presenta asociados a Mar\u00eda y a la Iglesia. Incluso es frecuente que ciertos creyentes tengan las mismas dudas respecto de la Iglesia y de Mar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Los lazos entre la Iglesia y Mar\u00eda, porque Dios lo ha querido as\u00ed, son esenciales, no s\u00f3lo \u00edntimos. El misterio de Mar\u00eda y el misterio de la Iglesia se ilustran el uno al otro. Los mismos s\u00edmbolos b\u00edblicos se aplican a la Iglesia y a Mar\u00eda. La una y otra es <em>Nueva Eva, \u00c1rbol del Para\u00edso,<\/em> cuyo fruto es Jes\u00fas, <em>Arca de la Alianza, Tabern\u00e1culo del Alt\u00edsimo, Ciudad de Dios, Mujer fuerte<\/em> de los Proverbios, <em>Esposa <\/em>ataviada para comparecer ante su Esposo, <em>Mujer enemiga de la serpiente, Signo aparecido en el cielo,<\/em> seg\u00fan la descripci\u00f3n del Apocalipsis, etc. Desde luego, hay mucho m\u00e1s que el uso alterno de s\u00edmbolos ambivalentes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa conciencia cristiana se percat\u00f3 muy pronto de ello, y la proclam\u00f3 a lo largo de los siglos de mil maneras, tanto en el arte y en la liturgia como en la literatura: Mar\u00eda es la \u201cfigura ideal\u201d de la Iglesia. Ella es su \u201csacramento\u201d. Ella es el \u201cespejo en el que se refleja toda la Iglesia\u201d. Doquiera encuentra en Ella la Iglesia su tipo y su ejemplar, su punto de origen y su perfecci\u00f3n. En cada momento de su existencia, Mar\u00eda habla y obra en nombre de la Iglesia, no en virtud de decisi\u00f3n sobrea\u00f1adida, ni por efecto de una decisi\u00f3n expl\u00edcita por su parte, sino porque, por as\u00ed decirlo, la lleva ya \u2013a la Iglesia\u2013 y la contiene toda entera en su persona\u00bb<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los comentaristas reconocen que cuanto las antiguas Escrituras anunciaban prof\u00e9ticamente de la Iglesia recibe como una nueva aplicaci\u00f3n en la persona de la Virgen Mar\u00eda. Y lo que el Evangelio refiere de la Virgen, prefigura de igual modo la naturaleza y los destinos de la Iglesia. La maternidad de Mar\u00eda es un trasunto acabado de la maternidad de la Iglesia. Mar\u00eda ha llevado en su seno a Jes\u00fas, la Iglesia lo lleva en la fuente de los Sacramentos. Mar\u00eda y la Iglesia nos dan a Cristo. Las dos maternidades reposan igualmente en la vivificaci\u00f3n obrada por el Esp\u00edritu Santo para la comunicaci\u00f3n de la Vida y la Verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEs la primera vez \u2013dijo Pablo VI en la alocuci\u00f3n de clausura de la sesi\u00f3n 3\u00aa del Vaticano II\u2013 que un Concilio ecum\u00e9nico presenta una s\u00edntesis tan extensa de la doctrina cat\u00f3lica sobre el puesto que Mar\u00eda Sant\u00edsima ocupa en el misterio de Cristo y de la Iglesia\u00bb. El cap\u00edtulo VIII de la <em>Lumen Gentium<\/em> reafirma repetidamente la insustituible posici\u00f3n de Mar\u00eda en el plan divino. \u00abLos libros del Antiguo y del Nuevo Testamento y la Tradici\u00f3n venerable manifiestan de un modo cada vez m\u00e1s claro la funci\u00f3n de la Madre del Salvador en la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n\u00bb (LG 55). \u00abElla es la Madre de Cristo y su colaboradora y cooperadora en el misterio de la redenci\u00f3n\u00bb (Ib., 56). \u00abLa Iglesia, en su obra apost\u00f3lica, mira con raz\u00f3n hacia aquella que engendr\u00f3 a Cristo, concebido por el Esp\u00edritu Santo y nacido de la Virgen, precisamente para que, por la Iglesia, nazca y crezca tambi\u00e9n en los corazones de los fieles\u00bb (Ib., 65).<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda en los caminos de la Iglesia es la obra maestra de Dios. Para conocer el plan de la salvaci\u00f3n y su realizaci\u00f3n hist\u00f3rica, \u00e9sta es la gran verdad que el Concilio ha querido repetirnos. Se afirma con claridad un hecho fundamental: Mar\u00eda est\u00e1 en el plan de la salvaci\u00f3n, <em>en el misterio de Cristo y de la Iglesia.<\/em> Mar\u00eda es la Madre de los hombres, de todos los hombres, de ayer, de hoy y de ma\u00f1ana. Es verdadera Madre de los miembros de Cristo por haber cooperado con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles, que son miembros de aquella Cabeza (LG 55).<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy ya, en 1981, con Pablo VI que as\u00ed la proclam\u00f3 para gloria de la Virgen y consuelo nuestro, llamamos a Mar\u00eda Sant\u00edsima: \u00ab<em>Madre de la Iglesia, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores, que la llaman Madre amorosa.<\/em> Ciertamente no es un t\u00edtulo nuevo para la piedad de los cristianos. Este nombre de Madre ha estado en todos los caminos de b\u00fasqueda de Cristo que los hombres han recorrido. Mar\u00eda est\u00e1 siempre como Madre acompa\u00f1ando a sus hijos, acompa\u00f1a a los que vuelcan en ella sus penas y alegr\u00edas y acompa\u00f1a tambi\u00e9n a los que no acuden a Ella con confianza. Con Mar\u00eda ocurre como con el amor de Dios, la llamamos Madre porque Ella nos llam\u00f3 primero \u201chijos\u201d. Dicho con la teolog\u00eda sencilla del amor, Mar\u00eda, en los caminos de la Iglesia, es <em>\u201cla Madre\u2019\u2019<\/em> que nos lleva a Jes\u00fas\u00bb<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La fe de Mar\u00eda, punto de partida del nuevo Pueblo de Dios<\/h2>\n\n\n\n<p>El Hijo de Dios naci\u00f3 de una mujer (Gal 4, 4); Jes\u00fas es el <em>Hijo de Mar\u00eda<\/em> (Mc 6, 2-3). <em>\u00bfNo es \u00e9ste el carpintero, el hijo de Mar\u00eda?,<\/em> dice San Mateo en el pasaje paralelo al de San Marcos. Dios se hizo hombre cuando, en su sabidur\u00eda y en su amor infinitos, encontr\u00f3 en la creaci\u00f3n una fe tan grande, tan plena, que le permiti\u00f3 dar principio a la Encarnaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Ciertamente, en Mar\u00eda hay la misma necesidad de gracia y de salud que en nosotros; es \u00edntegramente una mujer de nuestra raza y se le exigi\u00f3 tambi\u00e9n una respuesta de fe. Es la gran peregrina en la fe. \u00abLo atado por la virgen Eva con su incredulidad, fue desatado por Mar\u00eda mediante su fe\u00bb (LG 56). De d\u00eda en d\u00eda, de hecho en hecho concreto de su vida, Dios es el gran descubrimiento y la conquista continua de su diario vivir. Su respuesta al \u00e1ngel es un acto de fe sin medida. Esto nos tiene que ayudar en cada circunstancia dif\u00edcil y oscura de nuestra vida. Mar\u00eda crey\u00f3. Ella acept\u00f3 la paradoja, y lo que era para el mundo \u00ablocura de Dios\u00bb. <em>Mientras los jud\u00edos piden se\u00f1ales y los griegos buscan sabidur\u00eda, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: esc\u00e1ndalo para los jud\u00edos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo jud\u00edos que gentiles, es Cristo, fuerza de Dios y sabidur\u00eda de Dios. Porque la necedad divina es m\u00e1s sabia que la <\/em><em>sabidur\u00eda de los hombres, y la debilidad divina m\u00e1s fuerte que la fuerza de los hombres<\/em>(1Cor 2, 22-25).Mar\u00eda conoci\u00f3 la divina sabidur\u00eda de Dios y crey\u00f3 en ella.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Bienaventurada t\u00fa, la que has cre\u00eddo,<\/strong><\/em> proclama Isabel al mundo entero y a toda la historia de la humanidad, revel\u00e1ndonos, con esta afirmaci\u00f3n suya, el estado de Mar\u00eda en el momento de su gran experiencia religiosa. El Evangelio es claro en sus breves frases acerca de la fe de Mar\u00eda: consiente en las proposiciones divinas, sin poder abarcar su contenido, ni conocer sus modalidades de realizaci\u00f3n. Ella acepta a Dios y su Palabra santa a pesar de la oscuridad en que camina: \u00abCreyendo y obedeciendo\u00bb, nos dice el texto del Vaticano II (LG 56); \u00abcon la obediencia y la fe\u00bb, insiste unos p\u00e1rrafos m\u00e1s adelante (Ib., 63).<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia se funda sobre la fe en Cristo; y la fe de Mar\u00eda, por providencia amorosa de Dios, es punto de partida del nuevo Pueblo de Dios. Mar\u00eda, por la fuerza de su fe en Cristo, sostuvo a la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando Mar\u00eda desarrolla su vida en el silencio de Nazaret, desarrolla tambi\u00e9n su vida de fe. Se va preparando su mente y su coraz\u00f3n a la gran tarea que Dios le ha reservado. Entre la desesperaci\u00f3n y la incredulidad, el materialismo y la confusi\u00f3n, que tambi\u00e9n se dieron en su \u00e9poca hist\u00f3rica, Ella espera y cree en la voluntad de Dios y aguarda el momento en que se revelar\u00e1 al mundo. No tiene esquemas preconcebidos de c\u00f3mo ha de ser la salvaci\u00f3n de Israel; no tiene miras, orgullos, ni intereses personales; por eso, cuando llega el gran momento, responde afirmativamente. Y, llena de gracia, llena de fe, hace suya la clarividencia de Dios: <em>He aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or, h\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra.<\/em> Y cuando Mar\u00eda estaba ante la cruz, era la Iglesia ya la que cre\u00eda en \u00c9l y se sosten\u00eda de pie; porque Mar\u00eda es, desde luego, la primera cristiana. En el silencio de la Encarnaci\u00f3n y en la tarde del Viernes Santo, cuando todo estaba envuelto en la oscuridad, su fe, la fe de Mar\u00eda, empezaba a ser roca viva de la Iglesia de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Su padre y su Madre estaban admirados de lo que se dec\u00eda de \u00c9l<\/strong><\/em>(Lc 2, 23). No tiene Jos\u00e9, pero tampoco Mar\u00eda, pre-conocimiento de la palabra y de la voluntad de Dios. A Mar\u00eda tambi\u00e9n, como a nosotros, le sobrevienen los designios de Dios de improviso; no tiene ni tiempo para expresar su estupor. Pero est\u00e1 dispuesta siempre a acoger la palabra y la voluntad divina. Nos da el ejemplo m\u00e1s silencioso y sereno, en contraste con toda la palabrer\u00eda que usamos nosotros para referirnos al plan de Dios, como si conoci\u00e9ramos sus designios.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Mar\u00eda: relaci\u00f3n entre lo cotidiano y lo eterno<\/h2>\n\n\n\n<p>Ella avanza; en la peregrinaci\u00f3n de la fe, dej\u00e1ndonos a todas las generaciones, a todas sin excepci\u00f3n, tambi\u00e9n a la nuestra, en las circunstancias dif\u00edciles y conflictivas en que nos encontramos, \u00abun ejemplar acabad\u00edsimo en la fe y en la caridad\u00bb (LG 58). \u00abLa llena de gracia est\u00e1 muy lejos de ser un globo inflado dispuesto a elevarse hacia el cielo. Plenitud y naturalidad aparecen en Mar\u00eda como su modo propio, que sigue siendo \u00fanico, pero ser\u00e1 indefinidamente imitable, de unir el <em>ahora<\/em> y el <em>siempre.<\/em> Los signos de los tiempos, que nosotros estamos obligados a escrutar, no podr\u00e1n ser percibidos si no es en esta relaci\u00f3n entre lo cotidiano y lo eterno\u00bb<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>. Y por perder de vista este aspecto, al hablar de los signos de los tiempos en la Iglesia, nos hemos convertido en <em>soci\u00f3logos,<\/em> en lugar de ser <em>creyentes del Evangelio.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia no es esclava de ninguna \u00e9poca. El mensaje que ella transmite y la vida que propaga no est\u00e1n vinculados a ninguna situaci\u00f3n social, ni a una cultura o civilizaci\u00f3n concreta. No est\u00e1 fundada la Iglesia m\u00e1s que sobre <em>la fe en Jesucristo.<\/em> No hemos de caer en la tentaci\u00f3n de confundir nuestra fidelidad a lo eterno, la fe en Cristo y en su Evangelio, con una adhesi\u00f3n mezquina y aun morbosa al pasado; ni en la suficiencia y ligereza modernas que relativizan todo. Avancemos como Mar\u00eda, una mujer de su tiempo, anclada en Dios, sin que nunca el misterio cristiano pierda su savia en nosotros. <em>Y no os acomod\u00e9is al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovaci\u00f3n de vuestra mente, de forma que pod\u00e1is distinguir cu\u00e1l es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto<\/em> (Rm 12, 2).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa Sant\u00edsima Virgen vivi\u00f3 en este mundo una vida igual a la de los dem\u00e1s, llena de preocupaciones familiares y de trabajos\u00bb (AA 1, 4). Por eso es el mejor modelo para nuestra vida. Ella supo unir el <em>ahora <\/em>cristiano y el <em>siempre<\/em> eterno. Supo escrutar los signos de los tiempos, sin palabrer\u00eda, pero con una actitud firme de servicio a Dios, en el momento de su aceptaci\u00f3n total del plan de salvaci\u00f3n, y en su vida de trabajo oculto y sencillo de Nazaret; en la soledad de su condici\u00f3n que acepta el destino y misi\u00f3n de su Hijo; en el camino de la angustia, del dolor y del fracaso, en el tremendo momento de su pasi\u00f3n y muerte. \u00abConcibiendo a Cristo, engendr\u00e1ndolo, aliment\u00e1ndolo, present\u00e1ndolo al Padre en el Templo, padeciendo con su Hijo cuando mor\u00eda en la cruz, cooper\u00f3 en forma enteramente extraordinaria a la obra del Salvador\u00bb (LG 61). \u00abFue la compa\u00f1era singularmente generosa del divino Redentor\u00bb (Ib.). Vemos lo que es el Reino de Dios, en Mar\u00eda: penetr\u00f3 en su coraz\u00f3n y en su esp\u00edritu, atraves\u00f3 sus propios pensamientos, sus costumbres y su actividad diaria, y as\u00ed vivi\u00f3 la maravillosa relaci\u00f3n entre lo cotidiano y lo eterno.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se trata de la Iglesia de Cristo, no podemos hablar de avance y retroceso, de \u00e9xito y de fracaso, como cuando juzgamos de las cosas puramente temporales. La vitalidad cristiana en cada \u00e9poca depende, mucho menos de lo que pudiera creerse, de lo que se discute, se hace o se deshace en el gran escenario del mundo. Bajo todo ese mar alborotado, que es la vida y la historia humana, hay una \u00abVida\u00bb que se mantiene, se transmite, se renueva sin que sea percibida por muchos. <em>El que permanece en m\u00ed, como yo en \u00e9l, \u00e9se da mucho fruto<\/em> (Jn 15, 5). La piedra de toque de una vida aut\u00e9ntica cristiana es ver si engendra caridad, si salva a los hermanos, si desarrolla a Cristo dentro.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Me llamar\u00e1n bienaventurada todas las generaciones.<\/strong><\/em> Y eso ha sido as\u00ed, porque su humildad fue tierra fecunda. Lo que cuenta es la semejanza con Cristo en las tareas diarias, para entender los signos grandes o peque\u00f1os de los tiempos. A una persona que se lamentaba de no poder atender a la perfecci\u00f3n por el agobio de negocios temporales, Santa Catalina de Siena le respondi\u00f3: <em>Sois vos el que lo hac\u00e9is temporales.<\/em> Las cosas son temporales cuando les quitamos su referencia a la eternidad y destruimos la fuerza que tienen para remontarnos a lo espiritual y eterno, a Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLos mejores cristianos, los que tienen una vida m\u00e1s pujante, no se cuentan necesariamente, ni aun ordinariamente, entre los sabios o entre los h\u00e1biles, entre los intelectuales ni entre los pol\u00edticos, ni entre las autoridades sociales. Consiguientemente, su voz no resuena en la prensa y sus actos no llaman la atenci\u00f3n en p\u00fablico. Su vida est\u00e1 oculta a los ojos del mundo, y si llegan a conseguir cierta notoriedad, esto no sucede sino por excepci\u00f3n y de vez en cuando, con riesgo de extra\u00f1as deformaciones. Y dentro de la misma Iglesia, lo ordinario es que algunos de ellos consigan un prestigio indiscutible solamente despu\u00e9s de su muerte. Y, sin embargo, ellos son los que contribuyen m\u00e1s que todos los dem\u00e1s a que esta tierra no sea un infierno. La mayor parte de ellos no se preguntan si su fe est\u00e1 \u201cadaptada\u201d, ni si es \u201ceficaz\u201d. Les basta con vivir de ella, como de la misma realidad, siempre la m\u00e1s actual, y los frutos que de ella se desprenden, casi siempre ocultos, no son por eso menos maravillosos. Aunque ellos no hayan actuado personalmente en lo exterior, est\u00e1n siempre en la ra\u00edz de todas las iniciativas, de todas las fundaciones que no han de quedar vanas. Y son ellos los que nos conservan o nos dan alguna esperanza. \u00bfNos atrever\u00edamos a decir que estos tales son hoy menos numerosos o menos activos que en otras \u00e9pocas? No nos hagamos ciegos para ver la fecundidad de Nuestra Madre, por so\u00f1ar en una \u201ceficacia\u201d posiblemente quim\u00e9rica\u00bb<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed, los hombres nos encontramos ante las tareas que nos ofrece y nos impone la situaci\u00f3n hist\u00f3rica y los cambios que nos toca vivir. No podemos eludir las decisiones que hayamos de tomar. Pero el modo de ser cristiano est\u00e1 ligado a la forma concreta de c\u00f3mo vivamos nuestra vida interior. Como Mar\u00eda. No hay otra soluci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Y como en Mar\u00eda, la relaci\u00f3n entre lo cotidiano y lo eterno nos viene dada en el Evangelio por los s\u00edmbolos, que nos dicen, que el Reino de los Cielos es <em>lo m\u00e1s valioso y lo m\u00e1s precioso<\/em> que tenemos. Est\u00e1n en el cap\u00edtulo 13 de San Mateo y los hemos le\u00eddo muchas veces; el tesoro que se encuentra el hombre en el campo, y la perla preciosa; tanto el campo como la perla superan el precio disponible para comprarlos. Las situaciones en que nos encontramos en la vida se iluminan con estas par\u00e1bolas. <em>El Reino de los Cielos es m\u00e1s precioso que lo que puede parecer m\u00e1s valioso.<\/em> Su precio lo sopesamos en cada ocasi\u00f3n: una ganancia, que hubiera sido injusta y hay que rechazar, una ayuda, que hay que prestar y nos supone un gran sacrificio; una posici\u00f3n, que s\u00f3lo se consigue rasgando nuestra fe; una pasi\u00f3n, que amenaza con destruir la familia; una vida de capricho y placer, que va arrasando nuestro sentido cristiano. \u00bfEl Reino de los Cielos es <em>tan valioso para m\u00ed, que estoy dispuesto a dar ese precio?<\/em> Se exige todo: salud, propiedad, vida. Entonces veremos si la perla y el tesoro valen <em>todo<\/em> para nosotros.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Mar\u00eda realiza y vive la religi\u00f3n de los sencillos y pobres peregrinos de la fe<\/h2>\n\n\n\n<p>En las Bienaventuranzas se nos pone de manifiesto el gran valor y la riqueza del Reino de los Cielos. <em>Bienaventurados los pobres de esp\u00edritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos<\/em> (Mt 5, 3).<\/p>\n\n\n\n<p>El Reino de Dios en Mar\u00eda signific\u00f3 que Dios rigi\u00f3 su coraz\u00f3n. \u00c9l fue su amor. Vivi\u00f3 de \u00c9l, con \u00c9l, desde \u00c9l y para \u00c9l. Su acci\u00f3n parti\u00f3 de una identificaci\u00f3n de su voluntad con la divina: Encarnaci\u00f3n, Bel\u00e9n, Egipto, Nazaret, Vida p\u00fablica, Pasi\u00f3n de Cristo, Muerte en la Cruz, Resurrecci\u00f3n, Pentecost\u00e9s. Hablamos mucho del amor de Dios y del Reino de Dios, pero hacemos lo que queremos nosotros mismos. Achacamos nuestra debilidad, nuestros fallos, nuestros pecados, nuestras <em>negaciones&#8230;<\/em> a la situaci\u00f3n, al cambio de los tiempos, etc\u00e9tera. <em>Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino de los Cielos. <\/em>Los pobres, los que viven confiados en la Providencia, en medio de la necesidad, en la privaci\u00f3n, en el fracaso, en el dolor siempre imprevisto. Para entrar en el Reino de Dios hay que cambiar el sentido de la vida, de esa vida que nos mantiene alejados de Dios: vida de mentira, de orgullo y codicia, de envidia e injusticia, en una palabra, de materialismo.<\/p>\n\n\n\n<p>La condici\u00f3n terrestre de Mar\u00eda fue la de los pobres peregrinos de la fe. Mar\u00eda oy\u00f3 y escuch\u00f3 las palabras de Cristo. No vacila, ni duda de Dios, ni cuando le habla el anciano Sime\u00f3n, que le anuncia dolor, ni cuando, despu\u00e9s de haber buscado a su Hijo con preocupaci\u00f3n y angustia, escucha casi una represi\u00f3n en lugar de una excusa. La vida de Mar\u00eda es un lento y oscuro camino de fe. El Concilio nos ha redescubierto este rostro m\u00e1s humano y m\u00e1s nuestro de Mar\u00eda, la Madre de Dios y Madre nuestra, entre los oyentes, recibiendo las palabras con las que el Hijo colocaba el Reino de Dios dentro del coraz\u00f3n y por encima de todo (cf. LG 58). \u00abDistante de nosotros por sus privilegios, Mar\u00eda ha vivido en sus singulares experiencias sobrenaturales asistida por la fuerza de su fe. Llena de gracia, perfecta en su humanidad y en sus potencias, mas se conf\u00eda a la llamada divina sin entrever la l\u00f3gica de la invitaci\u00f3n recibida, sin percibir la meta donde quiere conducirla. Cada d\u00eda, cada instante de su existencia repite su incondicional asentimiento a las propuestas divinas, siempre misteriosas e impenetrables. Todos los d\u00edas llena sus horas de actos de abandono en Dios. As\u00ed avanza en la peregrinaci\u00f3n de la fe, dejando a todas las generaciones futuras un ejemplar acabad\u00edsimo en la fe y en la caridad\u00bb<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Al igual que su Maestro y que Mar\u00eda, la Iglesia, a los ojos del mundo, hace el papel de esclava: <em>Se despoj\u00f3 de s\u00ed mismo tomando la condici\u00f3n de siervo, haci\u00e9ndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre,<\/em> <em>y<\/em> <em>se humill\u00f3 a s\u00ed mismo hasta la muerte y muerte de cruz<\/em>(Fil 2, 7-8).El disc\u00edpulo no es superior al Maestro; ejemplo nos ha dado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Esta humildad, este silencio, esta fe! &#8230; As\u00ed se labra en nosotros y se construye en el mundo el Reino de Dios. Ella es ejemplo sublime. Por ah\u00ed vamos a Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia no es una academia de sabios, ni un seminario de intelectuales, ni una asamblea de <em>grandes. Si no os hac\u00e9is como ni\u00f1os no <\/em><em>entrar\u00e9is en el Reino de los Cielos<\/em>(Mt 18, 1).<em>Te bendigo, Padre, Se\u00f1or del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios y prudentes, y se las has revelado a los peque\u00f1os<\/em>(Mt 11, 25).<\/p>\n\n\n\n<p>Es muy interesante y muy provechoso, como para un rato de examen personal el cap\u00edtulo que Henri de Lubac dedica a nuestras tentaciones respecto de la Iglesia, en su ya citado libro <em>Meditaci\u00f3n sobre la Iglesia.<\/em> En el \u00faltimo punto de este cap\u00edtulo analiza \u00abla tentaci\u00f3n de los sabios\u00bb. Desde siempre la Iglesia se ha ganado el menosprecio de una selecci\u00f3n: fil\u00f3sofos, intelectuales, esp\u00edritus superiores, afanosos de una vida profunda, le han negado su adhesi\u00f3n. Han sentido desprecio por ese amasijo de gentes sin cultura. El Cuerpo de Dios \u2013piensan\u2013 no puede estar formado por una pasta tan grosera. Y muchos de estos sabios est\u00e1n convencidos de que hacen justicia a la Iglesia, protestan cuando se les llama adversarios. \u00a1Quieren protegerla en sus necesidades! <em>\u00a1Protegerla!<\/em> \u00bfNo se est\u00e1 dando hoy este fen\u00f3meno? \u00bfNo hay dentro de la Iglesia, por parte de muchas actitudes pastorales, de muchas investigaciones teol\u00f3gicas, exeg\u00e9ticas, morales, algo as\u00ed como un af\u00e1n de protecci\u00f3n a la Iglesia? \u00bfNo son muchos hoy los profesores que, al ense\u00f1ar teolog\u00eda cat\u00f3lica, est\u00e1n profundamente nerviosos porque sienten el apremio de defender a esa <em>pobre esclavita que, sin su auxilio, corre el peligro de desvanecerse,<\/em> atacada por la sabidur\u00eda de los hombres? Sabios que no caen en la cuenta de que siempre se cumple la profec\u00eda de Isa\u00edas: <em>Perder\u00e9 la sabidur\u00eda de los sabios.<\/em> Son ricos que tienen que aprender la primera bienaventuranza. Recuerda este autor, que vengo citando, la exclamaci\u00f3n de Andr\u00e9 Malraux ante las pinturas de las catacumbas romanas, primera expresi\u00f3n figurada de la Palabra que reson\u00f3 en Cristo: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 mal responden estas pobres figuras a esta voz tan profunda!\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda acepta el silencio, la limitaci\u00f3n de la vida, la vulgaridad de lo cotidiano, porque es la \u00fanica condici\u00f3n posible para el que ha aceptado la realidad de Dios y la realidad del hombre, y da testimonio del Reino de los Cielos desde lo \u00edntimo de esa realidad. La radicalidad de la vida de Mar\u00eda est\u00e1 ah\u00ed, en esa energ\u00eda y libertad con que vive su fe de peregrina en la tierra, que espera con dolores de parto la gloria de la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>De ninguna manera esto es canonizar lo vulgar y mediocre. Esa manera de entenderlo ser\u00eda de lo m\u00e1s orgulloso y al mismo tiempo superficial. \u00abLo que hay que hacer es no solamente soportar todo este complejo en lo que tiene de fatal, y no canonizarlo en bloque, sino <em>asumirlo<\/em> con una lealtad que no ser\u00eda tal si s\u00f3lo se quedara en la superficie. No existe el <em>cristianismo privado;<\/em> y para aceptar a la Iglesia hay que tomarla tal como es, en su realidad humana y cotidiana, lobmismo que en su idea eterna y divina, porque la disociaci\u00f3n es imposible, tanto de hecho como de derecho. <em>Para amar a la Iglesia es necesario, venciendo antes toda repugnancia, amarla en toda su tradici\u00f3n, y engolfarse, por as\u00ed decirlo, en toda su vida, como el grano se hunde en la tierra.<\/em> De manera parecida hay que renunciar al veneno sutil de las m\u00edsticas y de las filosof\u00edas religiosas que querr\u00edan sustituir la fe o que se ofrecer\u00edan a transponerla. Esta es la manera cat\u00f3lica de perderse para llegar a encontrarse. Sin esta \u00faltima mediaci\u00f3n, el misterio de la salud no puede alcanzarnos y transformarnos. <em>Hay que llevar hasta sus \u00faltimas consecuencias la l\u00f3gica de la Encarnaci\u00f3n, por la cual la divinidad se adapta a la debilidad humana.<\/em> Para poseer este tesoro hay que sostener el vaso de arcilla que lo contiene, y fuera del cual se evapora. Hay que aceptar lo que San Pablo, que hab\u00eda experimentado las tentaciones opuestas, llamaba <em>la sencillez de Cristo. <\/em>Hay que ser sin reticencia de <em>la plebe de Dios.<\/em> Dicho de otra manera: <em>la necesidad de ser humilde para buscarle en su Iglesia, y de a\u00f1adir a la sumisi\u00f3n del entendimiento el amor de la fraternidad<\/em>\u00bb<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a><em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La Iglesia, conocedora de los designios de Dios, hace pasar todo por Mar\u00eda: \u00aba Jes\u00fas por Mar\u00eda\u00bb<\/h2>\n\n\n\n<p>La devoci\u00f3n a Mar\u00eda no es facultativa. El que cree que puede prescindir de ella se apartar\u00eda del camino de la santidad de la Iglesia. \u00c9sta, conocedora de los designios de Dios, hace pasar todo por Mar\u00eda. <em>A Jes\u00fas por Mar\u00eda,<\/em> ha sido todo el tema de mi reflexi\u00f3n. Jesucristo es el \u00fanico Jefe de la Iglesia, y el papel de Mar\u00eda no es en manera alguna el de tomar su direcci\u00f3n. Todo cristiano es hijo de Mar\u00eda. Ciertamente, este amor a la Virgen puede tomar muchas formas y ofrecer muy diversos grados. Pi\u00e9nsese, por ejemplo, en el Cardenal Newman, cuando defiende la doctrina cat\u00f3lica sobre la Madre de Jes\u00fas contra su amigo Pusey; son unas p\u00e1ginas conmovedoras. Pero es completamente diferente del movimiento mariano de San Luis M\u00aa. Grignon de Montfort o de San Alfonso Mar\u00eda de Ligorio. La vocaci\u00f3n se expresa en vocaciones muy diferentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda nos lleva a descubrir el designio misericordioso de Dios. En la vida de cada cristiano se da el <em>respexit,<\/em> la mirada de Dios sobre nosotros. Hay que descubrir, como Mar\u00eda, en la propia historia personal, no en teor\u00eda, el fil\u00f3n de oro de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda experimenta de modo excepcional la misericordia de Dios, y por ello \u00abha sido llamada singularmente a acercar los hombres al amor que \u00c9l hab\u00eda venido a revelar&#8230;\u00bb. \u00abEn Ella y por Ella, tal amor no cesa de revelarse en la historia de la Iglesia y de la humanidad. Tal revelaci\u00f3n es especialmente fructuosa, porque se funda, por parte de la Madre de Dios, sobre el tacto singular de su coraz\u00f3n materno, sobre su sensibilidad particular, sobre su especial aptitud para llegar a todos aquellos que aceptan m\u00e1s f\u00e1cilmente el amor misericordioso de parte de una madre. Es \u00e9ste uno de los misterios m\u00e1s grandes y vivificantes del cristianismo, tan \u00edntimamente vinculado con el misterio de la Encarnaci\u00f3n. Esta maternidad de Mar\u00eda en la econom\u00eda de la gracia \u2013tal como se expresa el Concilio Vaticano II\u2013 perdura sin cesar&#8230;\u00bb<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo en Mar\u00eda nos revela la misericordia y el amor de Dios hacia el hombre. El misterio de la Asunci\u00f3n nos pone de manifiesto el triunfo definitivo y completo de la obra divina en la naturaleza humana. La Asunci\u00f3n de Mar\u00eda es la anticipaci\u00f3n y promesa de nuestro propio triunfo. Todas las cosas han sido creadas para el servicio del hombre y todas las cosas fueron rescatadas para \u00e9l. El cristiano tiene que completar en este mundo lo que falta a la redenci\u00f3n de Cristo. El dogma de la Asunci\u00f3n de Mar\u00eda a los cielos en cuerpo y alma es un dogma impregnado de alegr\u00eda, de humanidad, de optimismo, de seguridad, de aceptaci\u00f3n del mundo y de reconocimiento de todo lo bello. <em>Todas las cosas son vuestras; vosotros, de Cristo; Cristo, de Dios <\/em>(1Cor 3, 22-23).<\/p>\n\n\n\n<p>El ir a Jes\u00fas por Mar\u00eda no significa desconfianza en Dios, sino, por el contrario, <em>confianza en el modo que tiene Dios de hacer las cosas. <\/em>Por sus manos suben nuestras plegarias y tambi\u00e9n descienden las gracias divinas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abNada hay m\u00e1s capaz de romper las mil trabas que nos atan, como la devoci\u00f3n a la Virgen Mar\u00eda. Ella libera nuestra fe y hace que d\u00e9 sus frutos; pudores equ\u00edvocos, orgullo oculto, timidez irreflexiva, dudas confusas&#8230;, todo se disipa, en cuanto un verdadero hijo llama a Mar\u00eda por su nombre. En nuestros d\u00edas hemos tenido el maravilloso ejemplo del Padre Maximiliano Kolbe, pero tendr\u00edamos que evocar aqu\u00ed a Polonia entera. Este pa\u00eds, martirizado tradicionalmente, oprimido por un r\u00e9gimen pol\u00edtico despiadado, da prueba ante toda la Iglesia de una vitalidadenvidiable, y de una fecundidad espiritual asombrosa. \u201cHabr\u00e1 un milagro en favor de Polonia\u201d hab\u00eda profetizado al morir el predecesor del reci\u00e9n fallecido Primado. Hoy palpamos el milagro de esta Polonia, a la vez sana y ejemplar, amante apasionada de la Virgen, a quien honra con manifestaciones tan fieles y constantes como triunfales. La devoci\u00f3n mariana libera la fe, objeto de la promesa de Dios\u00bb<a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La esperanza no puede ser el c\u00f3modo resultado de un milagro agradable. Es una virtud y exige continuo esfuerzo, como se le exigi\u00f3 a Mar\u00eda. La esperanza obliga a trabajar con confianza en Dios. Nuestra cooperaci\u00f3n es indispensable para que Dios salve. Lo esperamos todo de Dios, <em>su misericordia se extiende de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, <\/em>pero Dios nos ha fijado a cada uno una tarea, nuestra situaci\u00f3n personal en la Iglesia y en la sociedad, y ha otorgado a esa tarea un valor. La esperanza se purifica y se hace m\u00e1s aut\u00e9ntica, cuando aquel que pide a Dios se le solucionen sus graves problemas, bendice y conf\u00eda en \u00c9l, aunque no se le solucionen.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>No nos dejes caer en la tentaci\u00f3n, sino l\u00edbranos del mal.<\/strong><\/em> Conocemos y experimentamos las dificultades para ser cristianos en nuestro mundo, lleno de amenazas contra la libertad, la conciencia, la moral, la religi\u00f3n. Esto explica, dice el Papa Juan Pablo II en la <em>Dives in misericordia,<\/em> la inquietud a la que est\u00e1 sujeto el hombre contempor\u00e1neo. Inquietud que experimenta toda clase de hombres, los marginados y oprimidos, y los que disfrutan de la riqueza y del poder. Hay una decisi\u00f3n que hemos de realizar en nuestra vida, y es exclusivamente de incumbencia y responsabilidad personal: <em>estar a favor de la voluntad de Dios o contra ella. <\/em>No hay t\u00e9rmino medio: <em>El que no est\u00e9 conmigo est\u00e1 contra m\u00ed. Ninguno puede servir a dos se\u00f1ores.<\/em> Dios, que es el Bien, el Amor, la Verdad, la Vida, sabe lo que es el bien, el amor, la verdad y la vida para el hombre; y no los falsos maestros y profetas, que desaparecen dejando gran cantidad de v\u00edctimas, de vidas desesperadas y de esfuerzos frustrados.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abTeniendo a la vista la imagen de la generaci\u00f3n a la que pertenecemos, la Iglesia comparte la inquietud de tantos hombres contempor\u00e1neos. Por otra parte, debemos preocupamos tambi\u00e9n por el ocaso de tantos valores fundamentales, que constituyen un bien indiscutible no s\u00f3lo de la moral cristiana, sino simplemente de la moral humana, de la cultura moral, como el respeto a la vida humana desde el momento de su concepci\u00f3n, el respeto al matrimonio en su unidad indisoluble, el respeto a la estabilidad de la familia. El permisivismo moral afecta sobre todo a este \u00e1mbito m\u00e1s sensible de la vida y de la convivencia humana. A \u00e9l van unidas las crisis de la verdad en las relaciones interhumanas, la falta de responsabilidad al hablar, la relaci\u00f3n meramente utilitaria del hombre con el hombre, la disminuci\u00f3n del sentido del aut\u00e9ntico bien com\u00fan, la facilidad con que \u00e9ste es enajenado. Finalmente, existe la desacralizaci\u00f3n que a veces se transforma en \u201cdeshumanizaci\u00f3n\u201d: el hombre y la sociedad para quienes nada es \u201csacro\u201d van decayendo moralmente, a pesar de las apariencias\u00bb<a href=\"#sdfootnote9sym\" id=\"sdfootnote9anc\"><sup>9<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Son palabras del Papa en su gran \u00faltima Enc\u00edclica, palabras llenas de amor a los hombres de nuestro tiempo. Palabras de un hombre, elegido por el Esp\u00edritu Santo para hacer reflexionar sobre la dignidad humana, sobre la gran realidad del amor de Dios a nuestra generaci\u00f3n hist\u00f3rica, sobre la misericordia de Dios en la misi\u00f3n de la Iglesia, sobre Mar\u00eda, la Madre de la misericordia. Y son palabras \u00abdictadas por el amor al hombre, a todo lo que es humano y que, seg\u00fan la intuici\u00f3n de gran parte de los contempor\u00e1neos, est\u00e1 amenazado por un peligro inmenso\u00bb<a href=\"#sdfootnote10sym\" id=\"sdfootnote10anc\"><sup>10<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda, Mar\u00eda, caminante con tu pueblo cristiano, signo de unidad y de intercesi\u00f3n como lo fuiste en Can\u00e1, en el Calvario, en el Cen\u00e1culo: Mar\u00eda, <em>ll\u00e9vanos a Jes\u00fas, fruto bendito de tu vientre&#8230;<\/em> y <em>ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.<\/em> As\u00ed sea.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Henri de Lubac,<em>Meditaci\u00f3n sobre la Iglesia,<\/em>Bilbao 1958, 286.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Pablo VI, Discurso de clausura de la tercera sesi\u00f3n del Vaticano II, BAC 252, Madrid 1965, 793.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> Abraham Levi<em>, <\/em><em>Mar\u00eda, la \u00abmujer nueva\u00bb disponible al Esp\u00edritu,<\/em>Bogot\u00e1<sup>2<\/sup> 1979, 34.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> Henri de Lubac, <em>Meditaci\u00f3n sobre la Iglesia,<\/em> Bilbao 1958, 267-268.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> Ortensio da Spinetoli, <em>Mar\u00eda tras el Vaticano II,<\/em> Madrid 1978. 52.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> Henri de Lubac, o. c., 273.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> Juan Pablo II, <em>Dives in misericordia,<\/em> 5, 9.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> G. M. Garrone, <em>Mar\u00eda ayer y hoy,<\/em> Madrid<sup>2<\/sup> 1978, 71-72.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote9anc\" id=\"sdfootnote9sym\">9<\/a> Juan Pablo II, <em>Dives in misericordia,<\/em> 4, 12.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote10anc\" id=\"sdfootnote10sym\">10<\/a> Ib\u00edd., 8, 15.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lecci\u00f3n inaugural de la VII Semana de Teolog\u00eda Espiritual, pronunciada el 29 de junio de 1981. Texto publicado en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, julio- agosto 1981. Acabo de regresar de Lourdes, adonde he ido para acompa\u00f1ar a los enfermos de nuestra peregrinaci\u00f3n diocesana y a los hospitalarios que los llevan. 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