{"id":802,"date":"2024-09-22T20:29:34","date_gmt":"2024-09-22T18:29:34","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=802"},"modified":"2024-09-22T20:29:34","modified_gmt":"2024-09-22T18:29:34","password":"","slug":"maria-madre-del-pueblo-cristiano","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/maria-madre-del-pueblo-cristiano\/","title":{"rendered":"Mar\u00eda, Madre del pueblo cristiano"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Carta pastoral, mayo de 1978, publicada en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo,<\/em> mayo de 1978.<\/p>\n\n\n\n<p>Deseo hablaros una vez m\u00e1s de la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, Madre de Dios y Madre nuestra. Deseo pediros que le ofrezcamos con renovado fervor el testimonio de nuestra piedad y devoci\u00f3n, que nacen de la fe en el misterio de Mar\u00eda, tal como nos lo propone la Iglesia. La ocasi\u00f3n es propicia.<\/p>\n\n\n\n<p>De todos es conocida la piadosa vinculaci\u00f3n del mes de mayo con la Sant\u00edsima Virgen. Aunque en nuestros d\u00edas \u2013tal vez\u2013 hayan deca\u00eddo un poco estos actos marianos, no quedan tan lejanas las fechas en que parroquias y colegios fomentaban cuidadosamente el \u00abejercicio del mes de mayo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Para los ni\u00f1os constitu\u00edan esos \u00abejercicios\u00bb una gozosa catequizaci\u00f3n mariana, impregnada de amor y poes\u00eda, en el marco primaveral de la luz y las flores. Los j\u00f3venes hallaban, en su encuentro con la \u00abVirgen de Mayo\u00bb, fuertes est\u00edmulos para el combate por la pureza y la noble idealizaci\u00f3n de la mujer, adem\u00e1s de la seguridad de una materna comprensi\u00f3n y ternura en medio de sus luchas. Y las j\u00f3venes se acercaban, con el \u00abmes de mayo\u00bb, a Mar\u00eda, como a Madre amorosa y modelo alt\u00edsimo de pureza, piedad y entrega. Mas tambi\u00e9n los mayores pod\u00edan encontrar en la Virgen luminosa de mayo consuelo seguro, refugio acogedor y poderoso aliento para afrontar las dificultades de la vida en la fidelidad a Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cierto, no han faltado quienes acusaran de \u00abalienantes\u00bb y \u00abpoco comprometidas\u00bb esas pr\u00e1cticas marianas del mes de mayo, enjuici\u00e1ndolas desde una \u00f3ptica y contexto actuales, y no \u2013como ser\u00eda correcto\u2013 en el contexto de su \u00e9poca. Y han estimado corregir sus supuestos fallos y sombras eliminando simplemente esas tradicionales devociones, cuando lo l\u00f3gico y pastoral hubiera sido adaptarlas, seg\u00fan la mentalidad y cuadro de valores de nuestro tiempo, para hacerlas m\u00e1s eficaces, como han hecho y hacen otros.<\/p>\n\n\n\n<p>No sabemos cu\u00e1ndo y c\u00f3mo apareci\u00f3 en la Iglesia esta especie de consagraci\u00f3n del \u00abmes de las flores\u00bb a la que es Flor del Universo. Pero es cierto que naci\u00f3 del alma del pueblo, a impulsos del Esp\u00edritu. Ya en el siglo XIII hallamos indicios populares de las celebraciones marianas de mayo. Quiz\u00e1 el eco m\u00e1s antiguo se encuentre en Espa\u00f1a, en una Cantiga de Alfonso el Sabio, que reza as\u00ed:<\/p>\n\n\n\n<pre class=\"wp-block-verse\">Benn vennas, Mayo,<br>et con alegr\u00eda<br>porem roguemos a Sancta Mar\u00eda.<\/pre>\n\n\n\n<pre class=\"wp-block-verse\">Benn vennas, Mayo, con boos maniares<br>e nos roguemos en nossos cantares<br>a Santa Virgin, ant\u2019os seus altares<br>que nos defenda de grandes pesares.<\/pre>\n\n\n\n<p>En el siglo XIV, el B. Sus\u00f3n \u2013disc\u00edpulo del Maestro Eckart y condisc\u00edpulo del m\u00edstico Taulero\u2013 cuenta de s\u00ed mismo que, en su juventud, ten\u00eda por costumbre que, \u00abcuando llegaba la bella primavera y brotaban delicadas y graciosas flores, se absten\u00eda de cogerlas y no osaba siquiera tocarlas antes que juzgase llegado el momento de honrar con ellas a su Amor espiritual, la rosada y florida Llama, la Madre de Dios. Cuando cre\u00eda llegada esa hora propicia, cortaba las flores con sentimientos de amor, las llevaba a su celda y confeccionaba una guirnalda, que llevaba al coro o al altar de la Virgen, donde, arrodillado humildemente, coronaba la imagen, convencido de que Ella, la delicia y m\u00e1s bella flor de su coraz\u00f3n, no desde\u00f1ar\u00eda aquel florido homenaje de su siervo\u00bb. Y cuenta que en cierta ocasi\u00f3n escuch\u00f3 una celeste m\u00fasica y canto que piropeaba a la Virgen: \u00abO vernalia rosula\u00bb, \u00ab\u00a1Oh peque\u00f1a rosa primaveral!\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1549 se editaba en Baviera el primer \u00abMayo espiritual\u00bb, que puede considerarse, de alguna forma, precursor de los posteriores \u00abejercicios del mes de mayo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>De los siglos XVI al XVIII sigui\u00f3 desarroll\u00e1ndose y populariz\u00e1ndose esta devoci\u00f3n; pero fue en el siglo XIX cuando adquiri\u00f3 un espl\u00e9ndido desarrollo y difusi\u00f3n por toda la Europa cat\u00f3lica, Am\u00e9rica y las nuevas cristiandades de otros continentes, singularmente en China, resultando imposible rese\u00f1ar aqu\u00ed los nombres de publicaciones, autores e instituciones que contribuyeron a esta expansi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>No es improbable que el \u00abejercicio del mes de las flores\u00bb naciera en la BajaEdad Media como reacci\u00f3n cristiana contra ciertas celebraciones paganizantes e imp\u00fadicas, arraigadas en Europa, y que eran eco remoto de las fiestas romanas a la diosa Flora, descritas y condenadas por Lactancio<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>. Hacia el a\u00f1o 1244, el obispo de Lincoln, el c\u00e9lebre Roberto Grosseteste, condena severamente las licenciosas fiestas de mayo; y en pleno siglo XVI, San Carlos Borromeo tuvo que combatir todav\u00eda las org\u00edas que se organizaban al inicio de este mes. Es probable asimismo que tuviera el mismo origen la popular celebraci\u00f3n de la \u00abcruz de mayo\u00bb. Sabemos, con todo, que en la Iglesia ortodoxa copta la consagraci\u00f3n del \u00abmes florido\u00bb \u2013que no coincide con nuestro mayo\u2013 a la Sant\u00edsima Virgen, es mucho m\u00e1s antigua, remont\u00e1ndola algunos incluso a la \u00e9poca de San Cirilo de Alejandr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Actualidad de Mar\u00eda en la vida de la Iglesia<\/h2>\n\n\n\n<p>De la Madre de Cristo puede asegurarse lo que del mismo Cristo afirma San Pablo: <em>Jesucristo ayer, el mismo es hoy y tambi\u00e9n por todos los siglos<\/em> (Hb 13, 8). Igualmente, Mar\u00eda siempre fue, es y ser\u00e1 de plena actualidad.<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante esto, consideramos muy significativa la extraordinaria presencia de la Virgen en la vida de la Iglesia (liturgia, teolog\u00eda, devoci\u00f3n popular, espiritualidad) a lo largo de los siglos XIX y XX, precisamente cuando est\u00e1n llegando a su acm\u00e9 (apogeo) los movimientos secularizantes \u2013iniciados con el Renacimiento\u2013 que han ido arrinconando a Dios, y, a la postre, deshumanizando al hombre. Dos dogmas marianos definidos, repetici\u00f3n de mariofan\u00edas y mensajes dignos de cr\u00e9dito, desarrollo extraordinario de la teolog\u00eda mariana, multiplicaci\u00f3n de institutos y congregaciones religiosas bajo advocaci\u00f3n mariana, nuevas asociaciones de fieles con t\u00edtulo mariano, proliferaci\u00f3n de publicaciones marianas a todos los niveles (de investigaci\u00f3n, divulgaci\u00f3n y pastoral), el fecundo magisterio sobre la Virgen de los Papas de este per\u00edodo y, por \u00faltimo, la magn\u00edfica s\u00edntesis mariol\u00f3gica del Vaticano II.<\/p>\n\n\n\n<p>Sorprende ciertamente, en \u00e9poca de real o aparente descristianizaci\u00f3n, este florecimiento mariano, desconocido en tiempos de m\u00e1s religiosidad social. Y, si muchos constatan a partir del Concilio un cierto declive de esta \u00abpresencia mariana\u00bb \u2013que todav\u00eda en los a\u00f1os del Concilio alg\u00fan te\u00f3logo estimaba excesiva\u2013, parece que se trata de un fen\u00f3meno transitorio, que s\u00f3lo afecta a ciertos sectores limitados, aunque influyentes, de la Iglesia actual. Y podemos esperar que, finalmente, esta crisis tendr\u00e1 efectos positivos en la renovaci\u00f3n del pueblo cristiano. Porque la Se\u00f1ora sigue entronizada en el coraz\u00f3n de la cristiandad y nadie podr\u00e1 destronarla jam\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Mar\u00eda, Madre de los cristianos y de la Iglesia<\/h2>\n\n\n\n<p>M\u00e1s que entronizada en el coraz\u00f3n de la comunidad, es Ella, de alguna forma, el coraz\u00f3n mismo de la Iglesia, como Cristo es su Cabeza. Las relaciones inefables y vitales entre la Madre del Se\u00f1or y la Iglesia y sus miembros se han concretado en la relaci\u00f3n materno-filial: Mar\u00eda, Madre de los cristianos y de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin duda, el cap\u00edtulo VIII de la <em>Lumen Gentium<\/em> y la solemne declaraci\u00f3n de Pablo VI en la clausura de la 3\u00aa Sesi\u00f3n conciliar<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a> constituyen la m\u00e1s alta y actual expresi\u00f3n de esta fe de la Iglesia en el doble aspecto de la maternidad de Mar\u00eda sobre los hombres. Fe \u00e9sta que distingue notablemente la Mariolog\u00eda cat\u00f3lica de la protestante.<\/p>\n\n\n\n<p>No es el reconocimiento de ciertos privilegios personales en la Madre del Se\u00f1or \u2013que comparten con nosotros no pocos te\u00f3logos protestantes y el pueblo fiel\u2013 lo que distancia a ambas Mariolog\u00edas, sino el papel soteriol\u00f3gico que nosotros atribuimos a Mar\u00eda, junto a Cristo, y que ellos no alcanzan a ver: el hecho simple y profundo de afirmar que Ella ejerce sobre nosotros una maternidad real en el orden de la gracia. Maternidad que, por vez primera en la historia de los Concilios, ha sido como el \u00abalma\u00bb de toda la Mariolog\u00eda del Vaticano II. Recordemos sus principales afirmaciones:<\/p>\n\n\n\n<p>LG 52: \u00abAl querer llevar a t\u00e9rmino la redenci\u00f3n del mundo&#8230;, Dios envi\u00f3 a su Hijo hecho de mujer&#8230; <em>para que recibi\u00e9semos la adopci\u00f3n de hijos<\/em> (Gal 4, 4-5)\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>LG 53: \u00abEs verdadera madre de los miembros de Cristo por haber cooperado con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles, que son miembros de aquella Cabeza\u00bb<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>. \u00abA Ella la Iglesia Cat\u00f3lica, adoctrinada por el Esp\u00edritu Santo, sigue como a Madre amant\u00edsima con afecto de piedad filial\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>LG 54: Afirma el Concilio que trata de \u00abaclarar cuidadosamente\u00bb tanto la misi\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen en el misterio del Verbo encarnado como \u00ablos deberes de los hombres redimidos hacia la Madre de Dios, Madre de Cristo y Madre de los hombres, sobre todo, de los f\u00edeles\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>LG 56: Recordando la ant\u00edtesis patr\u00edstica Eva-Mar\u00eda, afirma la cooperaci\u00f3n activa de Mar\u00eda a la obra de la salvaci\u00f3n, con la que, \u00abobedeciendo, fue causa de salvaci\u00f3n para s\u00ed y para todo el g\u00e9nero humano\u00bb (San Ireneo). Ve, pues, razonable el Concilio que los Padres hayan llamado a Mar\u00eda, en este contexto de la nueva Eva, \u00abla Madre de los vivientes\u00bb (San Epifanio), y que digan que \u00abla muerte vino por Eva, por Mar\u00eda la vida\u00bb (San Jer\u00f3nimo).<\/p>\n\n\n\n<p>LG 57-58: Se subraya que \u00abla uni\u00f3n de la Madre con el Hijo en la obra de la salvaci\u00f3n se manifiesta desde el momento de la concepci\u00f3n virginal de Cristo hasta su muerte&#8230;, consintiendo con amor en la inmolaci\u00f3n de la v\u00edctima engendrada por Ella misma. Y, finalmente, fue dada por el mismo Cristo Jes\u00fas moribundo en la cruz al disc\u00edpulo, como madre, con estas palabras: Mujer, he ah\u00ed a tu hijo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>LG 60: \u00abLa misi\u00f3n maternal de Mar\u00eda hacia los hombres, de ninguna manera oscurece ni disminuye esta \u00fanica mediaci\u00f3n de Cristo, sino m\u00e1s bien muestra su fuerza\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>LG 61-62: \u00abConcibiendo a Cristo, gener\u00e1ndolo, aliment\u00e1ndole, present\u00e1ndolo en el templo al Padre y padeciendo con su Hijo mientras mor\u00eda en la cruz, cooper\u00f3 de forma totalmente singular, con su obediencia, fe, esperanza y ardiente amor, a restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por lo cual vino a ser nuestra madre en el orden de la gracia. Y esta maternidad de Mar\u00eda en la econom\u00eda de la gracia perdura sin cesar, desde el asentimiento que prest\u00f3 fielmente en la Anunciaci\u00f3n y que mantuvo sin vacilar bajo la Cruz hasta la consumaci\u00f3n definitiva de todos los elegidos&#8230; Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a la patria feliz&#8230; La Iglesia no duda en atribuir a Mar\u00eda un tal oficio subordinado, lo experimenta continuamente y lo recomienda al coraz\u00f3n de los fieles, para que, apoy\u00e1ndose en esta maternal protecci\u00f3n, se unan m\u00e1s \u00edntimamente al Mediador y Salvador\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>LG 63-65: Mar\u00eda es tipo de la Iglesia, y su maternidad modelo de la de \u00e9sta.<\/p>\n\n\n\n<p>LG 67: \u00abRecuerden los fieles que la verdadera devoci\u00f3n no consiste ni en afecto est\u00e9ril y transitorio, ni en vana credulidad, sino que procede de la verdadera fe, por la que somos llevados a reconocer la excelencia de la Madre de Dios, y movidos a un amor filial hacia nuestra Madre, as\u00ed como a la imitaci\u00f3n de sus virtudes\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>LG 69: \u00abOfrezcan todos los f\u00edeles s\u00faplicas insistentes a la Madre de Dios y Madre de los hombres\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>No le faltan a esta fe, tan espl\u00e9ndidamente profesada, s\u00f3lidos fundamentos b\u00edblicos y patr\u00edsticos. Alude el Concilio a la escena del Calvario (Jn 19, 26-27), en la que Cristo propiamente no nos dio a su Madre, sino proclam\u00f3 solemnemente que ya lo era.<\/p>\n\n\n\n<p>Hermosamente lo comenta Or\u00edgenes a mediados del siglo III: \u00abEn efecto, si siguiendo el parecer de los que piensan de Ella rectamente, Mar\u00eda no ha tenido m\u00e1s hijos que Jes\u00fas, y Jes\u00fas dice a su madre: \u201cHe ah\u00ed a tu hijo\u201d, y no \u201che ah\u00ed otro hijo\u201d, entonces es como si \u00c9l dijera: \u201cAqu\u00ed tienes a Jes\u00fas, a quien t\u00fa has dado la vida\u201d. Pues cualquiera que se ha consumado (en Cristo), no vive ya m\u00e1s, sino Cristo vive en \u00e9l (Gal 2, 20), y puesto que en \u00e9l vive Cristo, de \u00e9l dice Jes\u00fas a Mar\u00eda: \u201cHe ah\u00ed a tu hijo: Cristo\u201d\u00bb<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta maternidad espiritual de Mar\u00eda sobre los hombres es coet\u00e1nea de su maternidad divina sobre Jes\u00fas y est\u00e1 implicada en ella. Por eso no sorprende que en pleno siglo II San Ireneo nos hable del \u00abseno de Mar\u00eda que regenera a los hombres para Dios\u00bb<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>, y que, a principios del siglo V, proclame San Agust\u00edn: \u00abElla es madre espiritual no del Salvador, sino de los miembros del Salvador, que somos nosotros, porque ha cooperado con su amor al nacimiento de los fieles de la Iglesia\u00bb<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>No podemos eludir la impresi\u00f3n de que el culto lit\u00fargico y popular tributado a Mar\u00eda por la Iglesia de Occidente y Oriente en el mundo antiguo, medieval y moderno va impregnado de piedad filial, aunque no abunden los textos lit\u00fargicos y del Magisterio, que lo expliciten durante estos largos siglos. Quisi\u00e9ramos, con todo, dejar constancia de dos bellos y antiguos testimonios de nuestra venerable liturgia moz\u00e1rabe. Leemos:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00a1Oh Dios, creador del universo mundo&#8230;, que permaneciste incluso corporalmente en tu Madre para hacerla as\u00ed Madre de todos los creyentes&#8230;\u00bb<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00a1Oh sacrosanta sierva y madre del Verbo&#8230;, acoge en el ancho regazo de tu piedad al pueblo que acude a ti, apacienta t\u00fa con generosas entra\u00f1as de misericordia la grey, que el Hijo nacido de ti compr\u00f3 con su sangre; t\u00fa, que amamantaste al Creador, da tus pechos a los que deben ser criados&#8230;\u00bb<a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue, sin duda, la creencia en la maternidad espiritual de la Madre del Se\u00f1or una fe pac\u00edficamente pose\u00edda y vivenciada por el pueblo cristiano durante m\u00e1s de un milenio, s\u00f3lo tard\u00edamente reflejada en documentos del supremo Magisterio. Tal vez sea Benedicto XIV el primero que la expres\u00f3 con estas concisas palabras, recogidas casi literalmente por el Concilio Vaticano II: \u00abLa Iglesia Cat\u00f3lica, adoctrinada por el magisterio del Esp\u00edritu Santo, ha procurado honrarla con innumerables obsequios, como a Madre de su Se\u00f1or y Redentor y como a Reina de cielos y tierra. Se ha desvivido para amarla con afecto de piedad filial, como a Madre propia amant\u00edsima, recibida como tal de los labios de su Esposo moribundo\u00bb<a href=\"#sdfootnote9sym\" id=\"sdfootnote9anc\"><sup>9<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00daltimamente, la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica y, sobre todo, el important\u00edsimo magisterio mariano de los Papas de los siglos XIX y XX han venido explicando todo el rico contenido de esta maternidad espiritual.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">C\u00f3mo es Mar\u00eda, nuestra Madre<\/h2>\n\n\n\n<p>El hecho de la maternidad espiritual, incuestionable para un cat\u00f3lico, ha recibido m\u00faltiples interpretaciones, no todas aceptables. Por supuesto, toda reducci\u00f3n del hecho a una relaci\u00f3n entre Ella y nosotros meramente simb\u00f3lica, nominal, jur\u00eddica, atributiva, es radicalmente falsa. No llamamos Madre a Mar\u00eda solamente porque nos ama y protege como si fuera nuestra Madre, o porque posee una bondad t\u00edpicamente materna, o por acogemos como hijos en una especie de adopci\u00f3n jur\u00eddica.<\/p>\n\n\n\n<p>La llamamos Madre sencillamente porque lo es; porque desempe\u00f1a, en verdad, la funci\u00f3n estrictamente materna de engendrar, alumbrar y educar a los hermanos de Cristo, <em>Primog\u00e9nito entre muchos hermanos <\/em>(Rm 8, 29) en su vida sobrenatural. Lo que ha realizado y realiza por su cooperaci\u00f3n activa y materna a la adquisici\u00f3n de la gracia en la llamada redenci\u00f3n objetiva y a la omn\u00edmoda comunicaci\u00f3n de esa gracia en la llamada redenci\u00f3n subjetiva. Acontece que, en la actual econom\u00eda o historia de la salvaci\u00f3n, como toda gracia sobrenatural es \u00abcristiana\u00bb, en cuanto procede de Jesucristo, as\u00ed tambi\u00e9n es \u00abmariana\u00bb en cuanto procede, subordinadamente, de Mar\u00eda, y se nos da, subordinadamente, por medio de Ella.<\/p>\n\n\n\n<p>La salvaci\u00f3n, santificaci\u00f3n, cristificaci\u00f3n de cada hombre es un proceso de divinizaci\u00f3n del mismo (la <em>theopoiesis<\/em> de la patr\u00edstica griega), y tiene lugar mediante una verdadera \u00abgeneraci\u00f3n\u00bb o \u00abregeneraci\u00f3n\u00bb sobrenatural, en la que se nos comunica la vida divina, que nos convierte en verdaderos hijos de Dios. Es un proceso que lleva a t\u00e9rmino la Trinidad (aunque atribuido al Esp\u00edritu Santo), pero cuya causa instrumental es la humanidad de Jes\u00fas, que nos merece y comunica esa vida, con la activa y maternal cooperaci\u00f3n de su Madre. No es necesario ser conscientes de este proceso para beneficiarnos de \u00e9l, como tampoco se requiere el asentimiento del hijo para ser su padre o su madre. Se trata de hechos que nos vienen dados en el orden de la naturaleza o en el orden de la gracia. Lo cierto es que, en la actual econom\u00eda, todo el que se salva, aunque ignore o niegue a Cristo, se salva por \u00c9l; y, aunque ignore o niegue a Mar\u00eda, de Ella tambi\u00e9n recibe la Vida, es hijo suyo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los te\u00f3logos tratar\u00e1n de concretar y desentra\u00f1ar todo el rico contenido de este proceso misterioso. En conjunto, podemos pensar que, as\u00ed como Cristo, <em>lleno de gracia y de verdad,<\/em> regenera y diviniza a los miembros de su Cuerpo, en cuanto Cabeza del mismo, haciendo refluir sobre ellos su gracia capital, tambi\u00e9n Mar\u00eda, <em>llena de gracia <\/em>maternal, recibida de Cristo, nos la comunica y regenera en \u00edntima asociaci\u00f3n con su Hijo. No se trata, naturalmente, de dos acciones paralelas sobre cada hombre y la comunidad eclesial; pues as\u00ed como Cristo redimi\u00f3 primero <em>(in signo rationis)<\/em> a Mar\u00eda, y, despu\u00e9s, con Mar\u00eda, a todos, as\u00ed tambi\u00e9n llena a su Madre de gracia, y a trav\u00e9s de su Madre nos la comunica a todos, haci\u00e9ndonos a la vez \u00abcristianos\u00bb y \u00abmarianos\u00bb, hermanos del \u00fanico Hijo de Dios y de Mar\u00eda, y en \u00c9l, hijos tambi\u00e9n de Dios y de Mar\u00eda. Se comprenden as\u00ed las hermosas palabras del Papa: \u00abSi queremos ser cristianos, debemos ser marianos; esto es, debemos reconocer la relaci\u00f3n esencial, vital, providencial que une la Virgen a Jes\u00fas y que nos abre el camino que conduce a \u00c9l\u00bb<a href=\"#sdfootnote10sym\" id=\"sdfootnote10anc\"><sup>10<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Es el Esp\u00edritu de Dios el agente poderoso que, despu\u00e9s de fecundar virginalmente el seno de Mar\u00eda, haci\u00e9ndola Madre de Cristo Cabeza, fuente de la gracia, lo sigue fecundando con esa gracia de Cristo para engendrar, con Ella, dentro de la Iglesia, a los miembros de Cristo, haci\u00e9ndola as\u00ed Madre del Cristo Total \u2013Cabeza y miembros\u2013, o sea, de la Iglesia. Maternidad invisible, amorosa y personal de Mar\u00eda, que tiene una concreci\u00f3n hist\u00f3rica, sensible, sacramental en la maternidad de la Iglesia. No se trata de dos madres de la vida sobrenatural de nuestra alma, sino de dos expresiones de una misma dimensi\u00f3n o funci\u00f3n materna, aunque con matices l\u00f3gicamente distintos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Nuestra respuesta filial: tres formas tradicionales<\/h2>\n\n\n\n<p>El cristiano consciente de esta inefable, \u00edntima y personal relaci\u00f3n con la Madre de Dios no podr\u00e1 menos de dar una respuesta adecuada, la misma que nos inculca el Concilio. El cual \u00abexhorta a todos los hijos de la Iglesia a que cultiven generosamente el culto, sobre todo, lit\u00fargico, hacia la Sant\u00edsima Virgen, como tambi\u00e9n estimen mucho las pr\u00e1cticas y ejercicios de piedad hacia Ella, recomendados en el curso de los siglos por el Magisterio\u00bb (LG 67).<\/p>\n\n\n\n<p>Es tambi\u00e9n la misma respuesta que nos pide Pablo VI con piadosa insistencia en sus luminosas exhortaciones. Baste recordar sus deseos de que \u00ablas Conferencias episcopales, las Iglesia locales, las familias religiosas y las comunidades de fieles favorezcan una genuina actividad creadora y, al mismo tiempo, procedan a una diligente renovaci\u00f3n de los ejercicios de piedad a la Virgen; revisi\u00f3n que querr\u00edamos fuese respetuosa para con la sana tradici\u00f3n, y estuviese abierta a recoger las leg\u00edtimas aspiraciones de los hombres de nuestro tiempo\u00bb<a href=\"#sdfootnote11sym\" id=\"sdfootnote11anc\"><sup>11<\/sup><\/a>. Y, a fe, que el pueblo sencillo, que no ha visto sofisticada su vivencia cristiana por desviaciones, se muestra propicio a una sana catequizaci\u00f3n de sus pastores para orientar su piedad mariana.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n quisi\u00e9ramos nosotros, con el Papa, que la devoci\u00f3n de los toledanos a la Virgen expresara su \u00edndole trinitaria, cristol\u00f3gica y eclesial, y se viera enriquecida con datos b\u00edblicos, lit\u00fargicos, ecum\u00e9nicos y antropol\u00f3gicos.<\/p>\n\n\n\n<p>He aqu\u00ed un importante quehacer pastoral para nuestros queridos sacerdotes. Por mi parte, deseo exhortar a todos para este mes de mayo al aprecio, adopci\u00f3n y difusi\u00f3n de tres tradicionales formas de honrar a la Se\u00f1ora, que hacen en las almas un bien incalculable.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">1\u00aa El Santo Rosario<\/h3>\n\n\n\n<p>Esta \u00abbiblia de los pobres\u00bb (Juan XXIII) tiene una historia y una prehistoria. Su historia se inicia cuando Sixto V (1585-1590) da la primera solemne aprobaci\u00f3n pontificia al rezo del Rosario, tal como lo conocemos. Antes San P\u00edo V (1566-1572) lo hab\u00eda fomentado y hab\u00eda establecido la fiesta de Nuestra Se\u00f1ora de las Victorias el 7 de octubre, en agradecimiento por la victoria de Lepanto; y Gregorio XIII (1572-1585) hab\u00eda concedido a esta misma fiesta el t\u00edtulo de Nuestra Se\u00f1ora del Rosario. Desde entonces se cuentan por centenares las bulas y documentos pontificios recomendando y enriqueciendo con indulgencias la pr\u00e1ctica de esta reina de las devociones marianas.<\/p>\n\n\n\n<p>Su prehistoria es m\u00e1s antigua. Incluso en religiones no cristianas \u2013antes y despu\u00e9s de nuestra era\u2013 se conoce la utilizaci\u00f3n de ciertos instrumentos para \u00abcontar\u00bb el n\u00famero de oraciones, como hacemos con el Rosario.<\/p>\n\n\n\n<p>De algunos eremitas del desierto \u2013como Pablo, siglo IV\u2013 se narra que utilizaban piedrecitas para esto mismo. Y algo semejante se cuenta de Santa Clara de As\u00eds. Pero pronto fueron sustituidos por un sencillo cord\u00f3n con nudos, que recib\u00eda el nombre de <em>paternoster,<\/em> pues serv\u00eda para contar los Padrenuestros que se rezaban. Es sabido que antes del siglo XII no se hab\u00eda a\u00fan popularizado el rezo del Avemar\u00eda y s\u00ed el del Padrenuestro, que se remonta a la \u00e9poca apost\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque conocemos ejemplos espor\u00e1dicos del uso del Avemar\u00eda, como oraci\u00f3n, en la Alta Edad Media, ensamblando el saludo del \u00c1ngel y el de Isabel, esta plegaria no se generaliz\u00f3 en el pueblo fiel hasta bien entrado el siglo XII; y, por cierto, que fue acogida con tal entusiasmo que muchos cristianos acostumbraban repetirla incansablemente (otra prueba m\u00e1s del matiz filial en la relaci\u00f3n de los cristianos con Mar\u00eda). Incluso la expresi\u00f3n <em>Avemar\u00eda<\/em> se convirti\u00f3 en un saludo habitual, conservado hasta nuestros d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Pronto intervino la autoridad eclesi\u00e1stica promoviendo esta pr\u00e1ctica. El a\u00f1o 1196, Od\u00f3n, obispo de Par\u00eds, pide a los presb\u00edteros que \u00abexhorten siempre al pueblo a rezar la oraci\u00f3n dominical, el credo y la salutaci\u00f3n a la Sant\u00edsima Virgen\u00bb<a href=\"#sdfootnote12sym\" id=\"sdfootnote12anc\"><sup>12<\/sup><\/a>, y el a\u00f1o 1227 se repite este mandato en el S\u00ednodo de Durham (Inglaterra)<a href=\"#sdfootnote13sym\" id=\"sdfootnote13anc\"><sup>13<\/sup><\/a>. Desde entonces, y a lo largo de todo el siglo XIII, son muchos los s\u00ednodos y obispos que inculcan el rezo del Avemar\u00eda. Es sabido que la segunda parte de esa plegaria, el <em>Santa Mar\u00eda, Madre de Dios&#8230;,<\/em> se fue generalizando a partir del siglo XIV.<\/p>\n\n\n\n<p>En la prehistoria de la formaci\u00f3n del Rosario, propiamente dicho, encontramos, durante el siglo XII, la \u00abcorona cisterciense\u00bb o <em>crinale, <\/em>compuesto de 50 \u00abrosas espirituales\u00bb, es decir, 50 bellas estrofas, que empiezan con el saludo \u00abave\u00bb (Ave Mar\u00eda, Ave Mater, Ave Virgo, Ave Domina&#8230;); y ya en el siglo XIII con un esbozo del Rosario actual, propuesto por el abad cisterciense de Sallai (Inglaterra), conteniendo quince meditaciones de los principales misterios de la vida de Jes\u00fas, intercal\u00e1ndose un Avemar\u00eda glosada. Con todo, fueron los dominicos (Santo Domingo de Guzm\u00e1n, el B. Alano delle Roche y San P\u00edo V) quienes, respectivamente, en los siglos XIII, XV y XVI, contribuyeron m\u00e1s a la difusi\u00f3n y arraigo del Rosario, en su forma actual.<\/p>\n\n\n\n<p>El nombre \u00abrosario\u00bb se adopt\u00f3 en el siglo XVI. Antes era conocido acertadamente como <em>Salterio de la Virgen,<\/em> porque \u2013nos recuerda Pablo VI\u2013 \u00abla serie continuada de las Avemar\u00edas&#8230; y su n\u00famero en la forma t\u00edpica y plenaria de 150 presenta cierta analog\u00eda con el <em>Salterio<\/em>\u00bb<a href=\"#sdfootnote14sym\" id=\"sdfootnote14anc\"><sup>14<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Ser\u00edan interminables las citas de Romanos Pont\u00edfices, santos y personalidades diversas laudatorias del Rosario. Para Pablo VI, \u00abel Rosario es ponderado e implorante en la oraci\u00f3n dominical, l\u00edrico y laudatorio en el calmo pasar de las Avemar\u00edas, contemplativo en la atenta reflexi\u00f3n sobre los misterios, adorante en la doxolog\u00eda\u00bb, y le considera \u00abuna de las m\u00e1s excelentes y eficaces oraciones comunes que la familia cristiana est\u00e1 invitada a rezar\u00bb<a href=\"#sdfootnote15sym\" id=\"sdfootnote15anc\"><sup>15<\/sup><\/a>. Para P\u00edo IX y P\u00edo X, es \u00abde todas las oraciones la m\u00e1s bella, la m\u00e1s rica en gracias y la m\u00e1s agradable a la Sant\u00edsima Virgen\u00bb, llam\u00e1ndole P\u00edo IX \u00abel mismo Evangelio compendiado\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Los Santos de los \u00faltimos cinco siglos no se cansan de encomiar el Rosario; pero sabemos que Tom\u00e1s de Aquino rezaba ya el incipiente rosario de su \u00e9poca. Su\u00e1rez lleg\u00f3 a decir que consideraba divinamente inspirada la composici\u00f3n de esta plegaria. Pero no son menos interesantes los elogios de hombres de Estado, como Carlos V, Felipe II, Garc\u00eda Moreno, O\u2019Connell; de artistas, como Miguel \u00c1ngel o Haydn; de cient\u00edficos, como Pasteur, de pensadores, como Unamuno. He aqu\u00ed una significativa p\u00e1gina del <em>Diario \u00edntimo<\/em> de don Miguel: \u00abPerd\u00ed la fe, pensando mucho en el Credo y tratando de racionalizar los misterios&#8230;; hoy, a medida que m\u00e1s pienso, m\u00e1s claros se me aparecen los dogmas y su armon\u00eda&#8230; La oraci\u00f3n es la posible fuente de la comprensi\u00f3n del Misterio. \u00a1El Rosario! \u00a1Admirable creaci\u00f3n! \u00a1Rezar meditando los misterios&#8230;! Meditarlos de rodillas y rezando: \u00e9ste es el camino\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Y este camino lo han ignorado todos los que han combatido y combaten el Rosario. Lutero luch\u00f3 para desarraigar el rezo del Rosario y el Avemar\u00eda en el pueblo alem\u00e1n, porque constitu\u00eda un aut\u00e9ntico valladar al avance de la Reforma. Los jansenistas, en los siglos XVII y XVIII,y con resonancias en el XIX, combatieron sutil o descaradamente la devoci\u00f3n a la Virgen y singularmente el Rosario dentro de la Iglesia cat\u00f3lica. No se piensen los actuales debeladores de la devoci\u00f3n mariana que son originales; podr\u00edamos citar testimonios \u2013incluso de Pastores de la Iglesia\u2013 de esos siglos m\u00e1s estridentes a\u00fan que los que ellos suelen patrocinar. Hace m\u00e1s de cuatro siglos que el infierno lucha contra el Rosario. Las especiosas razones de entonces suelen ser las mismas que las de hoy: en definitiva, se trata de una teolog\u00eda o de una pastoral que racionaliza el Misterio.<\/p>\n\n\n\n<p>El cristianismo no es un sistema de verdades abstractas, susceptibles de malabarismos hermen\u00e9uticos intelectuales o ensayos sociol\u00f3gicos. Es m\u00e1s bien la vida resultante del gozoso encuentro del amor creador y del amor creado, que se abrazan libremente. Un misterio que s\u00f3lo se comprende rezando.<\/p>\n\n\n\n<p>De todas las aprobaciones del Rosario, la m\u00e1s significativa es la de la Virgen misma: Lourdes (1858), Portmain (1871), y, sobre todo, F\u00e1tima (1917), donde la aparici\u00f3n se autointitul\u00f3 \u00abNuestra Se\u00f1ora del Rosario\u00bb. Y dos cosas, sobre todo, ha recomendado: luchar contra el pecado y rezar&#8230; el Rosario.<\/p>\n\n\n\n<p>Recemos nosotros, queridos sacerdotes, y exhortemos a nuestros fieles a rezar el Rosario, sobre todo, en familia. Se acercan d\u00edas, si no han llegado ya, en que se multiplicar\u00e1n los factores desintegrantes de la familia. El conocido slogan \u00abfamilia que reza unida permanecer\u00e1 unida\u00bb resulta m\u00e1s actual que nunca.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">2\u00aa El \u00c1ngelus<\/h3>\n\n\n\n<p>Sobre el <em>\u00c1ngelus<\/em> (o el <em>Regina coeli<\/em>) nos hace el Papa una \u00absimple, pero viva exhortaci\u00f3n a mantener su rezo acostumbrado donde y cuando sea posible\u00bb<a href=\"#sdfootnote16sym\" id=\"sdfootnote16anc\"><sup>16<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay datos de que en el siglo XIII el pueblo fiel de algunas regiones de Europa acostumbraba a saludar a Mar\u00eda cuando escuchaba el toque vespertino de las campanas. As\u00ed, en 1263, el Cap\u00edtulo General de los Franciscanos, celebrado en Pisa, bajo el generalato de San Buenaventura, dispone que \u00ablos hermanos exhorten al pueblo a recitar la salutaci\u00f3n ang\u00e9lica al toque de la campana despu\u00e9s de completas, porque se piensa que en esta hora fue saludada Mar\u00eda por el Arc\u00e1ngel\u00bb<a href=\"#sdfootnote17sym\" id=\"sdfootnote17anc\"><sup>17<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera intervenci\u00f3n pontificia en favor del <em>\u00c1ngelus<\/em> vespertino se debe a Juan XXII, en una carta del 4 de octubre de 1318.<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto al <em>\u00c1ngelus<\/em> de la ma\u00f1ana, el testimonio m\u00e1s antiguo es de 1317: En la <em>Chronica Parmensis<\/em> se narra que en la ciudad de Parma el obispo exhortaba a todos a rezar tres Padrenuestros y Avemar\u00edas al toque matutino, que la autoridad civil consideraba como inicio oficial de los trabajos.<\/p>\n\n\n\n<p>Todav\u00eda es m\u00e1s tard\u00edo el origen del <em>\u00c1ngelus<\/em> del mediod\u00eda. Parece que comenz\u00f3 en Francia a mediados del siglo XV.Consta de un legado de 1460, fundado en Le Puy <em>\u00abut ter in die pulsaretur maior campana, ad cuius sonitum salutatio angelica recitaretur; quae consuetudo nondum forte alibi erat recepta\u00bb<\/em>: \u00abque se tocara tres veces al d\u00eda la campana, a cuyo toque se rezara la salutaci\u00f3n ang\u00e9lica; costumbre \u00e9sta quiz\u00e1 no generalizada en otras partes\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Lentamente, a trav\u00e9s del tiempo, la piedad filial de los cristianos ha ido suscitando estas pr\u00e1cticas como medios para hacer presente en nuestras vidas, trabajos y fatigas diarias a la Madre del Cielo. S\u00f3lo la insensatez o la impiedad puede manifestar desprecio por estos frutos del alma popular y del Esp\u00edritu de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy vivimos tiempos de <em>secularizaci\u00f3n.<\/em> Hay una secularizaci\u00f3n razonable, que es el justo reconocimiento de la autonom\u00eda de las realidades terrenas, puesto de relieve por el Concilio: y otra irrazonable que consiste en el olvido de Dios y su ley, en desconocer la \u00abreligaci\u00f3n\u00bb profunda que las mismas realidades aut\u00f3nomas terrenas mantienen con Dios y su Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues bien, qu\u00e9 duda cabe que el rezo del <em>\u00c1ngelus<\/em> o del <em>Regina coeli, <\/em>que cualquiera puede aprender, en esas tres horas del d\u00eda, viene a ser una especie de consagraci\u00f3n de fatigas y trabajos a la Reina del Universo volviendo a \u00abreligar\u00bb lo que la impiedad desliga. Lo que puede realizarse en cualquier sitio: en el coche, el tren o el avi\u00f3n, en la oficina o el taller, en la calle o el bar. Basta un minuto de silencio y reflexi\u00f3n. Todav\u00eda impresiona, en su sencilla solemnidad, la escena de los campesinos orantes del famoso lienzo <em>El \u00c1ngelus,<\/em> de Millet.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">3\u00aa La pr\u00e1ctica de las tres Avemar\u00edas<\/h3>\n\n\n\n<p>Al conceder en 1975, con mi bendici\u00f3n, el Imprimatur del libro <em>Los<\/em> <em>asombrosos frutos de una sencilla devoci\u00f3n,<\/em> que el Secretariado Nacional de la \u00abCruzada de las Tres Avemar\u00edas\u00bb pone a disposici\u00f3n de cuantos lo soliciten, escrib\u00eda que, en \u00e9l, \u00abjunto a una sana doctrina mariana&#8230;, se registran una serie de hechos maravillosos y recientes, todos fidedignos, que prueban la eficacia de esta ya antigua devoci\u00f3n en honor a la Sant\u00edsima Virgen y de la Augusta Trinidad\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed es, y as\u00ed lo comprobar\u00e1 quien lo lea y quien se decida a probar en s\u00ed y en los dem\u00e1s esta f\u00e1cil y eficaz pr\u00e1ctica mariana.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez haya sido el capuchino de Blois, P. Juan Bautista, el ap\u00f3stol m\u00e1s se\u00f1alado de esta devoci\u00f3n en nuestro siglo. Al exponerla el a\u00f1o 1900 en el Congreso Mariano de Lyon, pudo comprobarse que no era demasiado conocida por el pueblo. Sin embargo, s\u00f3lo tres a\u00f1os m\u00e1s tarde en el Congreso de Friburgo, pudo constatarse su amplia difusi\u00f3n por Francia, Canad\u00e1, B\u00e9lgica, Espa\u00f1a, Alemania, Italia, Suiza. \u00bfA qu\u00e9 se deb\u00eda ese \u00e9xito?<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 la explicaci\u00f3n la dio el benem\u00e9rito capuchino en el Congreso Mariano de Einsiedeln el a\u00f1o 1906, cuando se hac\u00eda eco de la gran acogida que hab\u00eda dado el pueblo a sus campa\u00f1as de difusi\u00f3n; que, \u00absi a ciertos intelectuales puede parecerles desproporcionado este medio tan f\u00e1cil con el fin que se pretende con \u00e9l alcanzar, tendr\u00e1n que hab\u00e9rselas con la Sant\u00edsima Virgen, que ha querido enriquecerlo con sus promesas, o mejor a\u00fan, con el mismo Dios, que le ha otorgado tal poder. Y, por otra parte, \u00bfno parece ser ya una constante del Se\u00f1or el obrar las m\u00e1s grandes maravillas con medios que nos parecen los m\u00e1s simples y desproporcionados?\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>La costumbre de rezar tres Avemar\u00edas diariamente a la Virgen para conservar la pureza de la mente, del coraz\u00f3n y del cuerpo arranca tal vez de San Antonio de Padua (1195-1231), quien, aparte de su actividad misionera, fue uno de los m\u00e1s notables mari\u00f3logos del siglo XIII. Poco despu\u00e9s, Santa Matilde (1241-1281) ten\u00eda una aparici\u00f3n, en la que la Se\u00f1ora le inculcaba el rezo diario de tres Avemar\u00edas, \u00abdando gracias en la primera al Padre por el Poder que me otorg\u00f3, en la segunda al Hijo por la Sabidur\u00eda que me comunic\u00f3 y en la tercera al Esp\u00edritu Santo por el Amor con que me colm\u00f3\u00bb, prometiendo a quien lo hiciere la gracia de una buena muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Ap\u00f3stoles insignes de esta pr\u00e1ctica mariana fueron el c\u00e9lebre misionero San Leonardo de Porto Mauricio (1675-1751) y el te\u00f3logo mari\u00f3logo y fundador de los Redentoristas, San Alfonso Mar\u00eda de Ligorio, cuyo conocido libro <em>Las Glorias de Mar\u00eda<\/em> ha tenido m\u00e1s de 900 ediciones, con centenares de miles de ejemplares.<\/p>\n\n\n\n<p>Se dir\u00eda hoy que esta pr\u00e1ctica ha sido pensada para nuestro tiempo de agitaci\u00f3n y prisa. Muchas y agobiantes pueden ser las ocupaciones de una persona, pero, aun as\u00ed, \u00bfqui\u00e9n no puede dedicar, de los 1.440 minutos que tiene el d\u00eda, menos de uno a honrar a la Virgen en su relaci\u00f3n con la Trinidad, sabiendo que Ella \u00abes tan generosa y magn\u00edfica que acostumbra a recompensar con grandes favores los m\u00e1s peque\u00f1os servicios\u00bb? (San Andr\u00e9s Cretense).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Cu\u00e1nto bien har\u00edan los padres y educadores si ense\u00f1aran a los ni\u00f1os, ya desde la cuna, a rezar las tres Avemar\u00edas cada noche, y los confesores, si tomaran la costumbre de recomendar esa pr\u00e1ctica a sus penitentes!<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Reflexi\u00f3n final<\/h2>\n\n\n\n<p>Siempre ha sido propicio el mes de mayo para hacer una revisi\u00f3n de nuestro esp\u00edritu mariano: del puesto que ocupa la Virgen en nuestra espiritualidad sacerdotal y en nuestra actividad pastoral.<\/p>\n\n\n\n<p>Me he referido concretamente a tres formas devocionales, aparte del ejercicio del mes de mayo. Podr\u00eda sugerir tambi\u00e9n otras: los primeros s\u00e1bados del mes, el Escapulario o Medalla, la actualizaci\u00f3n con sano criterio pastoral de Novenas, Cofrad\u00edas y Asociaciones marianas y, singularmente, para nosotros sacerdotes, la profundizaci\u00f3n por el estudio y la oraci\u00f3n de todo el misterio mariano, que podr\u00e1 ayudarnos a vivir en gozosa plenitud nuestro sacerdocio.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestra pastoral debe encaminarse a crear cristianos comprometidos, f\u00edeles a Cristo y a su \u00e9poca, de fe firme y l\u00facida, que arrimen el hombro con sus hermanos los hombres, creyentes o no, en la construcci\u00f3n de un mundo m\u00e1s justo y mejor, sin dejar de ser siempre \u00abtestigos de Cristo Resucitado\u00bb ante los hombres de hoy. Pero a la hora de formar los cristianos \u00abde vanguardia\u00bb, m\u00e1s comprometidos, que siempre ser\u00e1n minor\u00eda, no olvidemos la gran masa de creyentes, m\u00e1s o menos comprometidos tambi\u00e9n en su cotidiano vivir, que nunca entrar\u00e1n por ciertos m\u00e9todos apost\u00f3licos m\u00e1s exigentes; pero a los que tenemos que ense\u00f1ar a orar, para que su vida, su trabajo y ocio, sus aspiraciones no se desliguen totalmente de la fe y de Dios. Como tenemos que ense\u00f1ar a rezar a los primeros para que su compromiso y testimonio sean plenamente cristianos, y no simplemente humanos, sociales o pol\u00edticos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y convenz\u00e1monos, por \u00faltimo, que todas nuestras t\u00e9cnicas y esfuerzos pastorales y todos los medios humanos resultar\u00e1n siempre insuficientes y hasta, en ocasiones, inadecuados en la lucha contra el \u00abpr\u00edncipe de este mundo\u00bb, ya que <em>nuestro combate no es contra la sangre y la carne<\/em> (contra hombres), <em>sino contra los principados y potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los esp\u00edritus malos<\/em> (Ef 6, 12).<\/p>\n\n\n\n<p>Mas es precisamente Mar\u00eda la gran debeladora de ese genio del mal, que afirma su terrible poder en el mundo, humill\u00e1ndonos, confundi\u00e9ndonos, enga\u00f1\u00e1ndonos y manch\u00e1ndonos con la baba del pecado, a pesar de todo el movimiento pastoral de la Iglesia. La teolog\u00eda y la historia demuestran c\u00f3mo teme a la Virgen Mar\u00eda el pr\u00edncipe de las tinieblas.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, pues, ayudar a los hombres a descubrir a Mar\u00eda es ayudarles a descubrir su plena autorrelaci\u00f3n, su definitiva salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Os pido, sacerdotes, que en vuestras parroquias, ahora durante el mes de mayo, y siempre con la oportunidad que nos viene dada por el a\u00f1o lit\u00fargico y la devoci\u00f3n del pueblo, os esforc\u00e9is por encontrar, con saludable iniciativa, formas aptas para el cultivo de la piedad mariana en vuestras comunidades parroquiales. Ense\u00f1ad al pueblo a honrar a Mar\u00eda, a invocarla, a meditar en sus virtudes y ejemplos, a orar ante Ella suplicando su intercesi\u00f3n maternal.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin exageraciones \u2013por eso estamos tratando de reformar los estatutos y pr\u00e1cticas religiosas de las Cofrad\u00edas\u2013, pero tambi\u00e9n sin complejos ni exigencias extempor\u00e1neas; atentos a las orientaciones mariol\u00f3gicas del Concilio Vaticano II y de la <em>Marialis Cultus<\/em> de Su Santidad Pablo VI.<\/p>\n\n\n\n<p>Os pido a los colegios de la Iglesia y, en su medida, a los educadores cat\u00f3licos de todos los centros docentes que no desaprovech\u00e9is la ocasi\u00f3n que ten\u00e9is en vuestras manos de llevar al coraz\u00f3n de vuestros alumnos y alumnas el ejemplo de vuestra piedad mariana, la orientaci\u00f3n doctrinal para su mejor educaci\u00f3n en la fe en la Virgen Mar\u00eda, el impulso eficaz que les ayude a recibir la gracia de Dios para vencer las tentaciones y la tiran\u00eda del pecado. Sois responsables, educadores, y de manera especial los religiosos y religiosas. Ofreced ahora todo lo que la Iglesia os pide que ofrezc\u00e1is, con fidelidad, con delicadeza, con amor, con inquebrantable adhesi\u00f3n al Magisterio de la Santa Iglesia de Dios. Ma\u00f1ana ser\u00e1 tarde.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Cf.<em>Divinae institutiones,<\/em>I, 20<em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Discurso, del 21 de noviembre de 1964, sobre Mar\u00eda, Madre de la Iglesia. V\u00e9ase <em>Concilio Vaticano II. Constituciones, decretos, declaraciones,<\/em> BAC 252, Madrid<sup>8<\/sup> 1975, 1071s.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> San Agust\u00edn,<em>Sobre la sagrada virginidad,<\/em>6 en:<em>Obras completas,<\/em>vol. 12, Madrid<sup>2<\/sup> 1973, BAC 121, 128.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> <em>Comentarios a San Juan,<\/em> 1, 6: PG 14, 32.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> <em>Adversus Haereses,<\/em> 4, 33, 11: PG 7, 1080.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> <em>Sobre la sagrada virginidad,<\/em> 6: PL 40, 339. V\u00e9ase la nota 3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> <em>Ad pacem,<\/em> en la Misa de la Asunci\u00f3n de la Virgen, en: Ferotin, LS, 594.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> <em>Completuria,<\/em>en<em>Oracional Visig\u00f3tico,<\/em>Madrid 1956, 223.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote9anc\" id=\"sdfootnote9sym\">9<\/a> Bula <em>Gloriosae Dominae,<\/em> 27 de septiembre de 1748.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote10anc\" id=\"sdfootnote10sym\">10<\/a> Pablo VI, Homil\u00eda al pueblo de Cerde\u00f1a, congregado en el Santuario de Nuestra Se\u00f1ora de Bonaria, 24 de abril de 1970.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote11anc\" id=\"sdfootnote11sym\">11<\/a> Exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica <em>Marialis cultus,<\/em> 2 de febrero de 1974, n. 24.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote12anc\" id=\"sdfootnote12sym\">12<\/a> Mansi,<em>Coll. Concil.<\/em>XXII, 881.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote13anc\" id=\"sdfootnote13sym\">13<\/a> Ib\u00edd., 1108.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote14anc\" id=\"sdfootnote14sym\">14<\/a> <em>Marialis cultus<\/em>, n. 49, c.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote15anc\" id=\"sdfootnote15sym\">15<\/a> Ib\u00edd., 50 y 54.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote16anc\" id=\"sdfootnote16sym\">16<\/a> <em>Marialis cultus,<\/em>n. 41.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote17anc\" id=\"sdfootnote17sym\">17<\/a> <em>Chronica <\/em><em>XXIV<\/em><em> Gener.,<\/em> <em>en<\/em> <em>Analecta Franciscana,<\/em>3, 329.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carta pastoral, mayo de 1978, publicada en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, mayo de 1978. Deseo hablaros una vez m\u00e1s de la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, Madre de Dios y Madre nuestra. Deseo pediros que le ofrezcamos con renovado fervor el testimonio de nuestra piedad y devoci\u00f3n, que nacen de la fe en el [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[27,40],"doc_tag":[],"class_list":["post-802","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-el-concilio-vaticano-ii","doc_category-la-santisima-virgen-maria"],"year_month":"2026-04","word_count":6782,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. 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