{"id":796,"date":"2024-09-22T20:20:00","date_gmt":"2024-09-22T18:20:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=796"},"modified":"2024-09-22T20:20:00","modified_gmt":"2024-09-22T18:20:00","password":"","slug":"la-santisima-virgen-maria-y-el-ano-santo","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/la-santisima-virgen-maria-y-el-ano-santo\/","title":{"rendered":"La Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda y el A\u00f1o Santo"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Instrucci\u00f3n pastoral, de abril de 1974, publicada en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo,<\/em> mayo 1974.<\/p>\n\n\n\n<p>Queridos diocesanos: De nuevo me dirijo a todos vosotros para continuar las reflexiones iniciadas hace alg\u00fan tiempo al anunciar la programaci\u00f3n del A\u00f1o Santo en nuestra Archidi\u00f3cesis de Toledo. Porque no se trata \u00fanicamente de la celebraci\u00f3n de determinados actos, sino de meditar en el interior del esp\u00edritu de cada uno sobre la profunda y trascendente finalidad asignada por el Santo Padre a este singular acontecimiento de la vida de la Iglesia. Los prop\u00f3sitos de renovaci\u00f3n y reconciliaci\u00f3n con Dios y con los hombres, tan constantemente repetidos, deben apoyarse, para ser eficaces y sinceros, en la contemplaci\u00f3n de Dios y los misterios revelados. Quisiera insistir en esto, invit\u00e1ndoos una vez m\u00e1s a meditar en la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en nuestras almas para poder conseguir la obra de renovaci\u00f3n interior. Quisiera tambi\u00e9n, como os lo promet\u00ed anteriormente, ponderar con m\u00e1s detenimiento el significado y la misi\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda como auxilio eficac\u00edsimo en nuestra acci\u00f3n religiosa renovadora. A su intercesi\u00f3n ha confiado el Papa el \u00e9xito espiritual del A\u00f1o Santo<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando esta instrucci\u00f3n llegue a vuestras manos, estar\u00e1 ya pr\u00f3ximo el mes de mayo, \u00e9poca propicia para que empiecen a hacerse peregrinaciones, de las parroquias y dem\u00e1s instituciones, a los lugares se\u00f1alados en la Di\u00f3cesis para ganar las gracias del Jubileo. Debemos aprovechar tambi\u00e9n ese mes, que la piedad cristiana ha ofrecido siempre a Mar\u00eda, para honrarla y seguir su ejemplo, seguros de que Ella nos facilitar\u00e1 el encuentro con Dios y nos alcanzar\u00e1 las gracias para amarnos m\u00e1s unos a otros.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La \u00abRenovaci\u00f3n\u00bb que trae el Esp\u00edritu<\/h2>\n\n\n\n<p>En Pentecost\u00e9s \u2013\u00abque podemos definir como la natividad hist\u00f3rica de la Iglesia\u00bb\u2013<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>, se renovaba la creaci\u00f3n entera. El Esp\u00edritu de Dios, <em>incubando en las aguas<\/em> (Gn 1, 2) \u2013nos lo recuerda la liturgia de la Vigilia Pascual\u2013, era el origen de la vida que pon\u00eda orden en el caos primitivo. El Padre por el Verbo y para el Verbo (Col 1, 6) creaba todas las cosas, y remataba su acci\u00f3n creadora con el hombre, <em>la obra de sus manos<\/em> (Job 14, 15), sobre la que el Creador insufl\u00f3 el aliento de su propio esp\u00edritu (Gn 2, 7). As\u00ed, el hombre, \u00abcentro y cima de todas las cosas\u00bb (GS 12), fue creado a imagen y semejanza de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>En Pentecost\u00e9s, el mismo Esp\u00edritu de Dios <em>renovaba la faz de la tierra<\/em> (Sal 103, 30), comenzando por <em>renovar<\/em> las almas de los Ap\u00f3stoles, desde donde la semilla del Hijo de Dios, muerto y resucitado, comenzaba a ser el germen de la renovaci\u00f3n del mundo todo. Renovaci\u00f3n de la creaci\u00f3n, una aut\u00e9ntica <em>re-creaci\u00f3n,<\/em> que llegar\u00e1 a su culminaci\u00f3n cuando Cristo, quien \u00absigue creando todas las cosas\u00bb (Canon Romano), lograda su meta de reordenarlas seg\u00fan su destinaci\u00f3n original (Ef 1, 10), las ponga en manos del Padre, <em>someti\u00e9ndose \u00c9l mismo a quien todo se lo someti\u00f3 a \u00c9l mismo, para que Dios sea todo en todas las cosas<\/em> (1Cor 15, 28).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero esta renovaci\u00f3n, que comenzaba espectacular y milagrosamente en la Pentecost\u00e9s primera de la historia, hab\u00eda sido precedida, y era su natural consecuencia, de una <em>reconciliaci\u00f3n<\/em> de la creaci\u00f3n con el Creador. La que hizo el Redentor, Jes\u00fas, en la Cruz.<\/p>\n\n\n\n<p>A \u00c9l, el Padre lo hizo \u00abfundamento de todo, y de su plenitud quiso que particip\u00e1ramos todos. Siendo \u00c9l de condici\u00f3n divina, se despoj\u00f3 de su rango; y por su sangre derramada en la Cruz puso en paz todas las cosas\u00bb (prefacio com\u00fan del <em>Misal Romano).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Efectivamente, la creaci\u00f3n, que hab\u00eda salido buena de las manos de su Hacedor (Gn 1, 31), fue inmediatamente afeada por el pecado, siendo violentamente distorsionada de la orientaci\u00f3n que le era originaria. El hombre hab\u00eda sido creado para que, siendo due\u00f1o de todas las cosas a su servicio, sirviera \u00e9l mismo a Dios en esta vida y luego gozara de \u00c9l en la eterna. Pero el hombre, cima y resumen de toda la creaci\u00f3n, sinti\u00f3 con el pecado la lucha del desgarramiento interior, y con \u00e9l todos los seres comenzaron a sentir la violencia de este sometimiento contra naturaleza, del que habla San Pablo (Rm 8, 20), y que est\u00e1 en la base de ese desequilibrio y malestar, cuyo origen y existencia misteriosa no acierta a descubrir el hombre moderno si no se acerca a la luz de Cristo (cf. GS 3-8).<\/p>\n\n\n\n<p>Y de esta distorsi\u00f3n c\u00f3smica el exponente m\u00e1ximo es el desgarramiento que experimenta, no s\u00f3lo el <em>hombre<\/em> de San Pablo (cf. Rm 7, 13-24), sino el hombre de todos los tiempos, que sufre dentro de s\u00ed mismo la dispersi\u00f3n \u00edntima y antag\u00f3nica que, en fuerza de su cansancio, le hace anhelar por la <em>pacificaci\u00f3n interior,<\/em> la reconciliaci\u00f3n de sus tensiones en perpetuo luchar, por esa unidad de vida interior que s\u00f3lo a costa de dolorosos esfuerzos y con la ayuda de Dios logra conseguir como meta final de su vida (cf. GS 37).<\/p>\n\n\n\n<p>Realidad terrible que comprueba experimentalmente uno de los puntos de la doctrina cat\u00f3lica: ese <em>pecado original,<\/em> cuyas funestas ra\u00edces act\u00faan, aun en el hombre liberado por la gracia de Cristo, y cuyas consecuencias dejar\u00e1 de sentir solamente a la hora de la liberaci\u00f3n total, en la muerte entre las manos de Dios. Situaci\u00f3n que, si ahora la sentimos tan pesadamente, antes de la redenci\u00f3n de Cristo revest\u00eda caracteres de angustiosa tragedia.<\/p>\n\n\n\n<p>Toda la humanidad, solidaria del primer hombre pecador, hab\u00eda perdido la paz; cada hombre era incapaz de recobrar la paz interior y la pac\u00edfica relaci\u00f3n filial con Dios, que a pesar de todo segu\u00eda en su voluntad de manifestarse, como lo era siempre y totalmente, Padre.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues el hombre, al enfrentarse rebelde con el Creador en la dura batalla del poder de las tinieblas que, iniciada al comienzo durar\u00e1 hasta el final (cf. GS 37), se hab\u00eda aliado a la \u00abSerpiente antigua\u00bb contra el Germen de Dios, de que nos habla el G\u00e9nesis. Y s\u00f3lo ese Germen de Dios, sembrado en la raza de los hombres, podr\u00eda lograr, con la victoria, la <em>reconciliaci\u00f3n<\/em> de la humanidad con Dios, distanciados en un abismo humanamente insalvable.<\/p>\n\n\n\n<p>De ah\u00ed la necesidad de que el Verbo, hecho hombre y cabeza de la humanidad renovada, muriera en expiaci\u00f3n de los pecados del mundo,<em>borrando el acta de los decretos que nos era contraria, quit\u00e1ndola de en medio y clav\u00e1ndola en la cruz<\/em>(Col 2, 14), <em>pacificando por la sangre de su cruz todas las cosas, as\u00ed las de la tierra como las del cielo<\/em>(Col 1, 2).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Presencia de la Mujer<\/h2>\n\n\n\n<p>Y es precisamente en estos dos momentos cruciales \u2013Calvario y Pentecost\u00e9s\u2013 cuando encontramos significativamente presente a la <em>Mujer.<\/em> A ra\u00edz justo de la primera prevaricaci\u00f3n, se escuchan los t\u00e9rminos de la promesa: <em>Pondr\u00e9 enemistades entre ti y la Mujer, su descendencia y la tuya; ella aplastar\u00e1 tu cabeza<\/em> (Gn 3,15). El hombre hab\u00eda ca\u00eddo, a instigaci\u00f3n y al lado de la mujer. Pues ya \u2013comenta San Bernardo\u2013 no se levantar\u00e1 sino por medio de la mujer. As\u00ed, a la hora cumbre de esta <em>reconciliaci\u00f3n<\/em> de la humanidad con Dios, en el Calvario, al lado de Jesucristo, que mor\u00eda como hombre e hijo de Mar\u00eda, y nos salvaba como Dios-hombre en una sola persona, <em>estaba <\/em><em>Mar\u00eda,<\/em> su Madre.<\/p>\n\n\n\n<p>Y \u00abno sin un designio divino\u00bb (LG 58). Gracias a su fe, en uso de su plena libertad, de su obediencia al designio salv\u00edfico de Dios, y a su encendida caridad (cf. LG 53. 56. 61), el Verbo se hab\u00eda hecho hombre, \u00abuni\u00e9ndose en cierto modo con cada hombre\u00bb (GS 22). Y esta es la raz\u00f3n profunda de que Mar\u00eda pertenece a esta <em>nueva <\/em>humanidad, el \u00abhombre total\u00bb de que habla San Agust\u00edn, Cristo, Hijo del Padre celeste y de Mar\u00eda nuestra \u00abhermana\u00bb, en cuya persona divina se hab\u00edan reconciliado definitivamente, hasta hermanarse de modo indisoluble, la divinidad y la humanidad. Y en esta humanidad renovada en Jes\u00fas, Mar\u00eda es nada menos que el instrumento, libre y consciente, de todo el misterio de la reconciliaci\u00f3n: la Madre de esa nueva humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso Mar\u00eda est\u00e1 ligada \u00abcon estrechos e indisolubles v\u00ednculos\u00bb (LG 53) a la historia de nuestro destino, a la historia de la salvaci\u00f3n. Por eso estaba en el Calvario, no en una mera actitud de pasiva Dolorosa, sino de paciente y amorosa cooperadora, asociada a la persona y obra de Cristo (LG 56. 58). Era nuestra Corredentora.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues el \u00abdesquite\u00bb de Dios hab\u00eda escogido <em>este plan<\/em> salvador: si la separaci\u00f3n original se hab\u00eda realizado por un hombre, con la intervenci\u00f3n de la mujer, la reconciliaci\u00f3n de todos <em>en un solo cuerpo con Dios <\/em>(Ef 2, 16) se har\u00eda de un modo similarmente inverso: por medio de una mujer, <em>haciendo en s\u00ed mismo de los separados un hombre nuevo <\/em>(Ef 2, 15). Por eso mismo, la Madre que introdujo a Dios entre los hombres, y que a la hora suprema de la reconciliaci\u00f3n universal estaba a su lado cooperando maternalmente, a la hora de la <em>renovaci\u00f3n,<\/em> ya en el tiempo de esa humanidad <em>reconciliada,<\/em> ten\u00eda que estar presente la Madre de Jes\u00fas (Hch 1, 14).<\/p>\n\n\n\n<p>Lo relatan los Hechos de los Ap\u00f3stoles y lo recalca el Vaticano II, haci\u00e9ndonos caer en la cuenta de la \u00edntima relaci\u00f3n existente entre estas dos presencias <em>renovadoras<\/em> del Esp\u00edritu Santo: \u00abEn Pentecost\u00e9s comenzaron los hechos de los Ap\u00f3stoles, como al sobrevenir el Esp\u00edritu Santo sobre la Virgen Mar\u00eda se hab\u00eda obrado la concepci\u00f3n de Jes\u00fas\u00bb (AG 4; cf. LG 59). \u00abEnv\u00eda, Se\u00f1or, tu Esp\u00edritu, y ser\u00e1n creadas las cosas, y renovar\u00e1s la faz de la tierra\u00bb (Ant\u00edfona de Pentecost\u00e9s). Algo as\u00ed ser\u00eda la plegaria de los Ap\u00f3stoles, tan empapados en Sagrada Escritura; plegaria que repite la Iglesia en su liturgia, que aprendi\u00f3 de los Padres de la fe, quienes, un\u00e1nimes, un\u00edan su fervor a la \u00abomnipotencia suplicante\u00bb de la Madre de Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">A\u00f1o Santo, renovaci\u00f3n y reconciliaci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>Doble finalidad, o mejor, dos son los aspectos de la finalidad que al A\u00f1o Santo ha propuesto, desde su anuncio, Pablo VI: <em>renovaci\u00f3n<\/em> y <em>reconciliaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Por descartado, que la apelaci\u00f3n a esta finalidad religiosa ha de desarrollarse \u2013insiste en ello el Papa\u2013 en dos <em>campos,<\/em> que se sit\u00faan conc\u00e9ntricamente, el uno en la \u00f3rbita del otro. \u00abEl primer campo es el coraz\u00f3n del hombre\u00bb, \u00abcentro \u00edntimo, libre, profundo, personal, de nuestra vida interior\u00bb. Este hond\u00f3n de la personalidad humana, donde a partir de nuestro bautismo, si no lo rechazamos por el pecado mortal, habita el \u00abdulce hu\u00e9sped del alma\u00bb. Pero la acci\u00f3n de este Esp\u00edritu de Cristo, normalmente, s\u00f3lo se realiza dentro del \u00fanico organismo divino-humano, el \u00abCuerpo m\u00edstico\u00bb, que, por la misma ley de vida divina \u2013lo mismo Jes\u00fas, nacido de Santa Mar\u00eda Virgen\u2013 en todo y por todo <em>se mueve por el Esp\u00edritu Santo<\/em> (Rm 8, 14). Y es aqu\u00ed donde hemos de situar precisamente el \u00fanico punto de mira de la solemne apelaci\u00f3n a la <em>renovaci\u00f3n conciliar<\/em> de este A\u00f1o Santo. Sin caer en un espiritualismo descarnado, tenemos que admitir que toda la obra de Cristo se hace en, por y con el Esp\u00edritu Santo. Y as\u00ed, s\u00f3lo dej\u00e1ndose llevar de ese Esp\u00edritu, podemos llamarnos cristianos. <em>Si alguien<\/em> \u2013afirmaba San Pablo\u2013 <em>no tiene el Esp\u00edritu de Cristo, \u00e9se no es de Cristo<\/em> (Rm 8, 9).<\/p>\n\n\n\n<p>Es, pues, evidente que, a la<em>renovaci\u00f3n de mentalidad<\/em>a que constantemente nos invita el Vaticano II, ha de preceder l\u00f3gicamente unar<em>econciliaci\u00f3n<\/em>con Dios en el Esp\u00edritu.<em>Dejando, pues, vuestra antigua conducta, despojaos del hombre viejo, viciado por la corrupci\u00f3n del error; renovaos en vuestro esp\u00edritu y vest\u00edos del hombre nuevo, creado seg\u00fan Dios en justicia y santidad verdaderas<\/em>(Ef 4, 22-24).<em>Est\u00e1is muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jes\u00fas, pues el Esp\u00edritu de aquel que resucit\u00f3 de entre los muertos habita en vosotros<\/em> (Rm 6, 11; 8, 11).<\/p>\n\n\n\n<p>No se puede ser miembro vivo de Cristo sin vivir su vida en el organismo vital de su Iglesia. Ella es el \u00absacramento de nuestra uni\u00f3n con Dios y con todos los miembros del g\u00e9nero humano\u00bb (LG 1). Comenzando con Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ello, supuesta la reconciliaci\u00f3n liminar del bautismo, hemos de mantener \u2013o recuperar\u2013 esa uni\u00f3n con Dios por la <em>vida sacramental <\/em>(Penitencia, Eucarist\u00eda, ra\u00edz y meta de nuestra permanencia en Cristo) activa a lo largo de toda nuestra existencia con el desarrollo de toda esa actividad religiosa que llamamos <em>vida interior,<\/em> o vivencia personal, renovada conscientemente, del trato con la Sant\u00edsima Trinidad, en quien vivimos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ah\u00ed, como primer objetivo, nos lleva la acci\u00f3n sacramental de la Iglesia, campo \u00e9ste m\u00e1s amplio, que se\u00f1ala el Papa, donde ha de realizarse el programa del A\u00f1o Santo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, naturalmente, y como refluencia de nuestra uni\u00f3n con Dios, viene la reconciliaci\u00f3n con nuestros hermanos, los hombres, si es que hay algo que nos distancia de la \u00abcomuni\u00f3n de los santos\u00bb, que es la Iglesia, o de la solidaridad m\u00e1s amplia de la humanidad entera. La paz entre los hombres, que no es s\u00f3lo la mera ausencia de la guerra, es el fruto del respeto a los dem\u00e1s, de la justicia y, sobre todo, del amor (GS 78). Y la reconciliaci\u00f3n universal, a la que aspiramos, base de esa paz que parece cada vez m\u00e1s lejana, ha de eliminar las causas de esa perpetua discordia \u2013distancia de corazones\u2013, que son, en definitiva, todas las formas de ego\u00edsmo o negaci\u00f3n del amor (cf. GS 83).<\/p>\n\n\n\n<p>Y si esto es absolutamente cierto a escala internacional, es m\u00e1s que evidente en el campo de los corazones de quienes forman la Iglesia del Esp\u00edritu. No se puede ser miembro vivo de Cristo sin ser miembro vivo de los otros miembros. La indiferencia, el desprecio, el odio, la falta positiva de amor efectivo a los \u00abhermanos\u00bb, segrega autom\u00e1ticamente de la \u00abcomuni\u00f3n con Cristo\u00bb. <em>Sabemos que hemos sido trasladados de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos&#8230; Conocemos que amamos a los hijos de Dios en que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos<\/em> (1Jn 3, 14; 5, 2).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Dios es caridad<\/em> (1Jn 4, 16) y la derrama, mediante su Esp\u00edritu, en los corazones de quienes se incorporan al Verbo encarnado (Rm 5, 5). Y sin la caridad o amor cristiano, ni la justicia, ni la promoci\u00f3n humana, en todo el abanico de sus amplias posibilidades \u2013cultura, bienestar, convivencia y corresponsabilidad ciudadana y pol\u00edtica\u2013, valen algo de cara a Dios. Recordemos las rotundas afirmaciones de San Pablo (1Cor 13). Amputada conscientemente de esta inserci\u00f3n en Dios, nuestra actividad no es capaz de trascender el nivel de la pura dimensi\u00f3n humana. En cambio, un aut\u00e9ntico amor a Dios jam\u00e1s nos esteriliza encerr\u00e1ndonos en un aislacionismo ego\u00edsta; el amor a Dios de verdad nos empuja a desvivirnos en un real y efectivo servicio a los hombres: <em>la caridad de Dios nos urge<\/em> (2Cor 5, 14). En favor, primero, de <em>los hermanos en la fe<\/em> (Gal 6, 10). En favor, despu\u00e9s, y al mismo tiempo, de todos los \u00abotros\u00bb cristianos, de todos los creyentes, de todos, en fin, con quienes nos sentimos solidarios por saberlos hechura de Dios, nuestro Padre, y rescate de la sangre redentora de Cristo nuestro hermano.<\/p>\n\n\n\n<p>Y es a partir del amor a Dios cuando la <em>renovaci\u00f3n,<\/em> iniciada en el bautismo, ir\u00e1 desplegando todas sus posibilidades, en nosotros y respecto a los dem\u00e1s, dependientemente de nuestra docilidad a ese Esp\u00edritu que nos inhabita y que derrama en nosotros la caridad divina, siempre operante. En un proceso que, por su din\u00e1mica interna, nos lleva a la plenitud de esa <em>nueva creatura<\/em> (Gal 6, 15), de ese <em>hombre nuevo<\/em> que cada d\u00eda hay que ir construyendo en nosotros (2Cor 4, 16), y que viene a resultar la imagen del cristiano que ha trazado el Vaticano II.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La novedad que ilumina la imagen de Mar\u00eda<\/h2>\n\n\n\n<p>Este hombre \u2013que quiere realizarse no para s\u00ed mismo, sino consciente de que no \u00abpuede encontrar su propia plenitud sino en la entrega a los dem\u00e1s\u00bb (GS 24)\u2013 lejos de menospreciar los valores humanos, \u00abama apasionadamente el mundo\u00bb, porque se sabe colaborador con Dios en la tarea de devolver a la actividad humana la dimensi\u00f3n divina que tuviera originariamente, y que, radicalmente, se le ha restituido en la reconciliaci\u00f3n de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00c9l, <em>que es imagen de Dios invisible<\/em> (Col 1,5), es al mismo tiempo el hombre perfecto, que ha restituido a los hijos de Ad\u00e1n su imagen divina, ya desde el principio deformada por el pecado. Pues si en \u00c9l la naturaleza humana fue, no suprimida, sino asumida, por ello mismo tambi\u00e9n en nosotros ha sido elevada a una dignidad sublime. Pues \u00c9l, Hijo de Dios, en su encarnaci\u00f3n, se uni\u00f3 en cierta manera a cada uno de los hombres. Trabaj\u00f3 con manos de hombre, pens\u00f3 con mentalidad humana, actu\u00f3 con voluntad humana, am\u00f3 con coraz\u00f3n de hombre. Nacido de la Virgen Mar\u00eda, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante a nosotros en todo, menos en el pecado\u00bb (GS 22).<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces, desde Cristo, la vida humana adquiere un <em>nuevo sentido (ib\u00edd.),<\/em> esa <em>novedad<\/em> que se presenta como program\u00e1tica en el Apocalipsis (21, 5), y que determina una constante <em>renovaci\u00f3n<\/em> como exigencia de la acci\u00f3n del Esp\u00edritu de Cristo. Y este hombre nuevo que propone el Vaticano II es el que sabe redescubrir en una normal unidad de vida (GS 43; AA 7) \u2013a imagen de Cristo, hombre y Dios en unidad de persona\u2013 la inseparabilidad de su propia vocaci\u00f3n, divina y a la par humana (GS 22), y que no es otra que el llamamiento a la santidad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abTodos los fieles de cualquier estado o condici\u00f3n \u2013cada uno por su camino (LG 11)\u2013 est\u00e1n llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfecci\u00f3n de la caridad, santidad que, aun en la sociedad terrena, promueve un modo m\u00e1s humano de vivir\u00bb (LG 40). En cualquier circunstancia, oficio o condici\u00f3n de vida. Y es precisamente esa circunstancia, oficio, condici\u00f3n, el medio que Dios pone en manos del hombre para que pueda llegar a la perfecci\u00f3n que el Dios perfecto le se\u00f1ala como ideal (LG 41, 10). La competencia profesional, el trabajo bien rematado, el encargo escrupulosamente cumplido, la atenci\u00f3n amable a la clientela, en una palabra, el exacto cumplimiento de las obligaciones en cada estado y situaci\u00f3n, ser\u00e1 el medio de santificarse, y con ello, no s\u00f3lo de cooperar al mayor bienestar com\u00fan, sino de acercarse cristianamente a los que con nosotros conviven y trabajan, para dar raz\u00f3n de nuestro comportamiento y de nuestra esperanza (1P 3, 15; cf. LG 10, 33-36; AA 2, 7).<\/p>\n\n\n\n<p>Con ello los cristianos tratan de llevar todas las cosas al \u00e1mbito de la reconciliaci\u00f3n de Cristo y se esfuerzan por sembrar la paz y la alegr\u00eda cristiana en el medio donde viven y act\u00faan. Como exigencia normal del bautismo recibido, que siembra en el cristiano el germen de la renovaci\u00f3n universal a que conduce la acci\u00f3n escatol\u00f3gica de Cristo en su Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, un cristiano, <em>ese hombre nuevo,<\/em> es autom\u00e1ticamente <em>ap\u00f3stol;<\/em> un llamado por Cristo a anunciar su paz a los de lejos y a los de cerca, pues por \u00c9l tenemos los unos y los otros el poder de acercamos al Padre en mismo Esp\u00edritu (Ef 2, 17-18). <em>Cada uno por su camino.<\/em> Cada uno desde su sitio.<\/p>\n\n\n\n<p>Y el modelo acabado de esta actitud fundamental es Mar\u00eda, <em>la Reina de la paz,<\/em> Madre de la Iglesia, y por ello su modelo e imagen, en donde todos pueden mirarse a la hora de vivir y actuar en cristiano. Lo afirma expresamente el Vaticano II, a rengl\u00f3n seguido de haber expuesto la pauta de una espiritualidad aut\u00e9nticamente secular: \u00abEl modelo perfecto de esta vida espiritual y apost\u00f3lica es la bienaventurada Virgen Mar\u00eda, Reina de los Ap\u00f3stoles, la cual, viviendo en la tierra una vida igual a los dem\u00e1s, entregada plenamente a las ocupaciones y trabajos de su familia, estaba siempre en su interior \u00edntimamente unida a su Hijo, cooperando de una manera totalmente singular a la obra del Salvador\u00bb (AA 4).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Las dificultades de la reconciliaci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>\u00abDios no est\u00e1 de moda\u00bb, reconoce el mismo Pablo VI<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>. Y, considerando la situaci\u00f3n real que vivimos y de la que tenemos noticias alarmantes casi a diario, podr\u00eda venirnos la tentaci\u00f3n de pensar que la convocatoria del A\u00f1o Santo se reducir\u00e1 a un gesto hermoso e ineficaz, de antemano condenado al fracaso. Dios no est\u00e1 de moda: \u00abDios ha muerto\u00bb. Porque, no s\u00f3lo lo matamos en el Calvario, sino que lo estamos eliminando de la vida, de la ciencia, de la cultura. La creciente <em>secularizaci\u00f3n<\/em> o arrinconamiento de toda forma religiosa se inserta en esa creciente marea negra que nuestra sociedad \u00abpermisiva\u00bb proclama como meta parcial conseguida hacia la consecuci\u00f3n de la meta final, la <em>liberaci\u00f3n<\/em> total de cuanto ven\u00eda <em>alienando<\/em> al hombre e impidiendo su plena realizaci\u00f3n humana. Ya no s\u00f3lo es pragmatismo arreligioso el que empapa la vida personal y de relaci\u00f3n a nivel de conciudadanos del mundo y fabricadores de un porvenir de justicia. Es que ese arrinconamiento hasta del mismo nombre de Dios trae como consecuencia una exaltaci\u00f3n del hombre, que por la l\u00f3gica del orden existencial, lleva al autoaniquilamiento. \u00abLa creatura \u2013dice el Vaticano II\u2013 sin el Creador se esfuma\u00bb (GS 36).<\/p>\n\n\n\n<p>Y de hecho la identidad del hombre ha entrado en esa tremenda crisis a que el Papa alude al decir que \u00abel hombre est\u00e1 narcotizado por dudas de todo orden\u00bb<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>. Dudas de su propia eficacia. Dudas de sus propios recursos espirituales. Dudas incluso del sentido de su propia existencia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abDesde el final de los a\u00f1os sesenta \u2013escribe un fil\u00f3sofo alem\u00e1n\u2013 la experiencia de la crisis ha alcanzado a la gran mayor\u00eda de los estratos sociales. Ha penetrado en la conciencia de todos una especie de realidad monstruosa: el hecho de que estamos estrangulados por nuestra propia t\u00e9cnica, nuestra propia ciencia y nuestra propia organizaci\u00f3n; el hecho de que nos amenazamos a nosotros mismos de mil maneras distintas, porque el saber y el poder humanos se han desarrollado de tal modo que desbordan por completo la medida humana\u00bb<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Es, en definitiva, una como desesperanza total, que se manifiesta a veces violentamente, en esa situaci\u00f3n de protesta general contra todo. Y que no es otra cosa que la proyecci\u00f3n hacia el exterior de la duda interna del hombre, que ha perdido todo apoyo al querer montar su seguridad sobre s\u00ed mismo, ignorando o queriendo ignorar su radical contingencia, la necesidad insoslayable del asidero original, que es Dios. Hasta a la \u00abfe\u00bb cristiana se la ha querido convertir en una vivencia de oscuras inseguridades.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin ese Dios, Creador y Padre providente, el hombre quiere erigirse en centro de convergencia del universo entero, y cada uno pretende utilizar a los dem\u00e1s para su propio servicio. Y, cuando m\u00e1s se airean los estereotipos que suenan tanto y tan halag\u00fce\u00f1amente, como \u00absolidaridad humana universal\u00bb, \u00abcooperaci\u00f3n supranacional hacia la liberaci\u00f3n y el progreso de los pueblos\u00bb, m\u00e1s se recrudece el ego\u00edsmo, tanto personal como nacionalista, que arroja como saldo esta grave situaci\u00f3n que vivimos, y que no hace mucho impulsaba a decir a Pablo VI: \u00abNos sentimos humillados y empavorecidos. Es posible que sea \u00e9ste un mal incurable de la humanidad. En este caso, debemos observar la desproporci\u00f3n cong\u00e9nita de la humanidad entre su capacidad ideal\u00edstica y su actitud moral a mantenerse fiel y coherente a sus programas de progreso civil\u00bb<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Y es que, marginando a Dios, cerramos la puerta a la aut\u00e9ntica pacificaci\u00f3n. <em>Cristo es nuestra paz<\/em> (Ef 2, 14). Y toda la buena voluntad humana es incapaz, sin Cristo, de extirpar del coraz\u00f3n de los hombres los g\u00e9rmenes de la guerra o de la violencia, \u00abenvidia, desconfianza, soberbia y toda forma de ego\u00edsmo\u00bb (GS 83).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa paz sobre la tierra, nacida del amor al pr\u00f3jimo, es imagen y efecto de la paz de Cristo, que procede de Dios Padre. En efecto, el propio Hijo encarnado, Pr\u00edncipe de la paz, reconcili\u00f3 con Dios a todos los hombres por medio de la cruz, y, reconstituyendo la unidad de todos en un solo pueblo y en un solo cuerpo, en su propia carne dio muerte al odio, y, exaltado en su resurrecci\u00f3n, derram\u00f3 en el coraz\u00f3n de los hombres el Esp\u00edritu de caridad\u00bb (GS 78). Es cuesti\u00f3n, pues, a la hora de un decisivo esfuerzo por la reconciliaci\u00f3n universal, de abrirse a esa acci\u00f3n del Esp\u00edritu de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">\u00abLa tierra nueva y los cielos nuevos\u00bb<\/h2>\n\n\n\n<p>Por eso mismo, y en medio de tan estremecedoras perspectivas, Pablo VI apoya su esperanza para los frutos del A\u00f1o Santo en la acci\u00f3n del Esp\u00edritu. Y al mostrarnos el campo de su esperanzadora panor\u00e1mica, nos demuestra, como lo debemos tener todos los cristianos, un coraz\u00f3n universal dilatado (2Cor 6, 11-13).<\/p>\n\n\n\n<p>Se trata de conseguir \u00abla reconciliaci\u00f3n a todos los niveles: de la vida <em>familiar;<\/em> la vida <em>comunitaria;<\/em> la vida nacional, eclesi\u00e1stica, ecum\u00e9nica, e incluso social\u00bb<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Nosotros hemos de compartir, activamente, sus esperanzas. La hermosa y estimulante virtud de la esperanza, que es como el sistema vertebral de nuestra actividad estrictamente cristiana. Es la que sostiene la fe y hace que no desfallezca la caridad en la tarea de santificar toda la actividad humana con la mirada hacia el cielo, al tiempo que esa actividad se vierte en lograr, con el esfuerzo propio, un mundo cada vez m\u00e1s humano, una tierra renovada con la renovaci\u00f3n de los esp\u00edritus en busca siempre del Para\u00edso perdido.<\/p>\n\n\n\n<p>Naturalmente, entendido en sentido cristiano. Sentido que ha impulsado e impulsa a la Iglesia, a partir de Pentecost\u00e9s, a trabajar sobre la tierra en la realizaci\u00f3n consumada de ese Reino que inaugur\u00f3 Cristo (LG 5), y que en la literatura prof\u00e9tica se dibuja como un <em>Para\u00edso<\/em>: una situaci\u00f3n terminal donde la paz, asentada en la m\u00e1s conseguida justicia, ser\u00e1 el clima de serenidad imperturbable, que con im\u00e1genes po\u00e9ticas describen los profetas para la edad mesi\u00e1nica, para decirnos que \u00absu bienaventuranza es capaz de saciar y rebasar todos los anhelos de paz que surgen en el coraz\u00f3n humano\u00bb (GS 39).<\/p>\n\n\n\n<p>Es cierto que siempre hay que distinguir con cuidado exquisito, para jam\u00e1s equipararlos, crecimiento del reino de Cristo y progreso temporal (GS 39); y todav\u00eda m\u00e1s cuidado hemos de poner para no ilusionarnos jam\u00e1s con una ut\u00f3pica consecuci\u00f3n de una sociedad perfecta, que podr\u00eda llamarse reino de Dios. No obstante, la Sagrada Escritura nos asegura que la redenci\u00f3n total de Cristo no s\u00f3lo afectar\u00e1 a nuestras personas, almas y cuerpos resucitados, sino a toda la creaci\u00f3n, sometida a una violenta servidumbre por el pecado del hombre. Ser\u00e1 el momento de la reconciliaci\u00f3n definitiva y total, de la renovaci\u00f3n universal con que se cierra el anuncio del Apocalipsis (21, 5).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, queridos, contra toda tentaci\u00f3n de utop\u00eda terrestre, Cristo mismo con su ense\u00f1anza, y sobre todo con su muerte, resurrecci\u00f3n y ascensi\u00f3n a los cielos \u2013de donde volver\u00e1 a la hora de establecer definitivamente su reino que no tendr\u00e1 fin\u2013, nos se\u00f1ala la meta y el lugar definitivo de la plenitud de la renovaci\u00f3n, que aqu\u00ed en la tierra vamos consiguiendo, en dram\u00e1ticas alternativas, con \u00e9xitos a veces deslumbradores y a veces en oscuridad casi desesperante.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El \u00e9xito depender\u00e1 de la ayuda singular de la Virgen<\/h2>\n\n\n\n<p>Se ve, entonces, claro que una meta tan alta y tan maravillosa, pero tan ardua de alcanzar, dada la triste comprobaci\u00f3n de nuestra actitud y las realidades que vivimos, s\u00f3lo puede ser el resultado de un poder que est\u00e1 por encima de los simples esfuerzos humanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y \u00e9sta es la raz\u00f3n, volviendo a lo que se\u00f1al\u00e1bamos al principio, de que Pablo VI haya colocado el comienzo del A\u00f1o Santo en la fiesta de Pentecost\u00e9s. \u00abEl ejecutor principal de los frutos, que el Papa espera, es, sin duda, el Esp\u00edritu Santo\u00bb<a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero es claro tambi\u00e9n, para quien vive la fe, que nada puede el Esp\u00edritu, habida cuenta del \u00abrespeto que Dios tiene a nuestra libertad\u00bb, sin \u00abel juego mismo de nuestra cooperaci\u00f3n, aun cuando no sea otra cosa que condici\u00f3n de la acci\u00f3n divina en nosotros\u00bb<a href=\"#sdfootnote9sym\" id=\"sdfootnote9anc\"><sup>9<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, esta misma libre cooperaci\u00f3n nuestra es otro fruto del Dador de todos los dem\u00e1s. Y que, dentro del conjunto de la econom\u00eda concreta de nuestra salvaci\u00f3n, ha dispuesto Dios no conced\u00e9rnoslo sino por mediaci\u00f3n de Santa Mar\u00eda, la hija predilecta del Padre, Sagrario y Esposa de ese mismo Esp\u00edritu divino, singular cooperadora a la obra salv\u00edfica del Redentor, que perpet\u00faa a trav\u00e9s de los tiempos la Iglesia, de quien la Virgen es Madre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abMar\u00eda Sant\u00edsima \u2013nos recuerda el Papa\u2013 ha sido constituida administradora y dispensadora generosa de los tesoros de su misericordia\u00bb <em>(Mense maio).<\/em> De aqu\u00ed que el poner en manos de Nuestra Se\u00f1ora y Abogada el \u00e9xito de cualquier empresa religiosa sea la actitud normal de una l\u00f3gica vivencia del Misterio de Cristo, en el cual la Virgen ocupa un puesto central y en cierto modo indispensable.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, Cristo, el nuevo Ad\u00e1n, y que, a partir de su resurrecci\u00f3n, ha sido constituido <em>esp\u00edritu vivificante<\/em> (1Cor 15, 45), principio constantemente renovador de su Iglesia \u2013madre siempre joven y fecunda\u2013, realiza su obra de reconciliaci\u00f3n \u00aben\u00bb y \u00abcon\u00bb su Madre. Ya se entiende que jam\u00e1s en plano de igualdad. Mar\u00eda \u2013la \u00abobra maestra\u00bb de la Sant\u00edsima Trinidad\u2013, preservada del pecado original y llena de gracia en el primer instante de su ser original, en virtud de la redenci\u00f3n anticipada de Cristo \u00ab\u00fanico mediador\u00bb, esta Mujer excelsa, la que ha recibido m\u00e1s gracia de Dios que todas las creaturas, no pasa jam\u00e1s la linde de ser una pura creatura.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, creatura perfecta y toda santa, por la acci\u00f3n divina y su absoluta y perfecta correspondencia, \u00abnueva Eva y madre de los vivientes\u00bb (LG 56), fue asociada \u00ab\u00edntima e indisolublemente\u00bb a la persona y obra de su Hijo, el Redentor (LG 53. 56), en la tarea de la total reconciliaci\u00f3n y renovaci\u00f3n de la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Permitidme insistir en este punto, medular en el misterio de la Iglesia. Esta asociaci\u00f3n de Mar\u00eda a la obra redentora, que depende de la total iniciativa de Dios, supone una colaboraci\u00f3n libre y consciente por parte de la Virgen, a la que de ninguna manera podemos imaginar instrumento ciego o pasivo de su responsabilidad en la misi\u00f3n a Ella confiada. Por ello es el modelo m\u00e1s eficaz de nuestra cooperaci\u00f3n, ya que la suya \u00abha sido elegida en la historia de nuestros destinos cristianos, primera por su funci\u00f3n, dignidad, eficacia, no puramente instrumental y f\u00edsica, sino como factor predestinado, pero libre y perfectamente d\u00f3cil\u00bb<a href=\"#sdfootnote10sym\" id=\"sdfootnote10anc\"><sup>10<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La <em>Encarnaci\u00f3n<\/em> fue el momento hist\u00f3rico, decisivo y cardinal, de esa reconciliaci\u00f3n del hombre con Dios \u2013distanciados por el pecado\u2013, que se reencontraban nada menos que en el Hijo de Mar\u00eda, <em>perfectus Deus, perfectus homo,<\/em> subsistentes la divinidad y la humanidad en la \u00fanica persona de Jes\u00fas, y que ven\u00eda a ser, Verbo encamado, el abrazo de la definitiva reconciliaci\u00f3n del Padre y del \u00abhijo pr\u00f3digo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero esta reconciliaci\u00f3n no se hizo sin que \u00abel Padre de las misericordias pidiera su libre aceptaci\u00f3n a la que hab\u00eda sido predestinada como Madre de Jes\u00fas\u00bb (LG 56).<\/p>\n\n\n\n<p>Cierto que el momento cumbre \u2013la \u00abhora\u00bb a que citar\u00eda a su Madre en las bodas de Can\u00e1\u2013 se sit\u00faa en el Calvario: donde el Mediador, con su propia muerte, consumar\u00eda el sacrificio sacerdotal, en el cual su propia sangre aplacar\u00eda la \u00abira justa del Creador\u00bb. Y en ese momento \u00abpor designio divino, al pie de la cruz, estaba su Madre, asoci\u00e1ndose con coraz\u00f3n maternal a los dolores y el sacrificio de su Hijo\u00bb (LG 58). En ese momento cimero, radicalmente, la reconciliaci\u00f3n de la humanidad con Dios se hab\u00eda realizado de una vez para siempre (Hb 9, 10).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero a esta reconciliaci\u00f3n le faltaba a\u00fan la manifestaci\u00f3n solemne. La venida sobre la humanidad rescatada \u2013Iglesia ya y Esposa resplandeciente de Cristo\u2013 del <em>Esp\u00edritu que renueva la faz de la tierra.<\/em> Y en este momento, en medio de la comunidad eclesial, \u00abimplorando con sus ruegos el don del Esp\u00edritu Santo\u00bb (LG 59), estaba la Madre de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues bien, esta renovaci\u00f3n o re-creaci\u00f3n, que en Pentecost\u00e9s tuvo su consagraci\u00f3n solemne con la bajada visible del Esp\u00edritu Santo, la sigue realizando ese mismo Esp\u00edritu por <em>mediaci\u00f3n<\/em> de la que sigue siendo Madre de esa humanidad, que en la de Cristo encontr\u00f3 la reconciliaci\u00f3n fontal.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda es totalmente madre, y s\u00f3lo por su funci\u00f3n maternal tiene su raz\u00f3n de ser en los planes de Dios y en su paso por la historia. \u00abEsta maternidad de Mar\u00eda en la econom\u00eda de la gracia perdura sin cesar, desde que prest\u00f3 fielmente su asentimiento en la Anunciaci\u00f3n, y que mantuvo sin vacilaci\u00f3n al pie de la cruz, hasta que se realice la perfecta consumaci\u00f3n de los elegidos todos\u00bb (LG 62).<\/p>\n\n\n\n<p>Nacimos en Cristo a la vida de Dios, y nacemos, uno a uno por ese \u00abinflujo salv\u00edfico\u00bb (LG 60) que sigue ejerciendo dentro de la Iglesia, donde vivimos \u2013desarrollando esa vida o recuper\u00e1ndola\u2013 gracias tambi\u00e9n a la \u00abcaridad o amor de Madre\u00bb, que contribuye al desarrollo del Cristo m\u00edstico (LG 62. 63. 65).<\/p>\n\n\n\n<p>Por ello fue asunta en cuerpo y alma a los cielos: siempre asociada a su Hijo, ahora vencedor del pecado y de la muerte. Reina del Universo (LG 59), \u00abse preocupa de los hermanos de su Hijo que peregrinan a\u00fan y se debaten entre peligros y angustias hasta que sean llevados a la felicidad de la patria\u00bb (LG 62). Y all\u00ed interpone a favor nuestro su \u00abm\u00faltiple intercesi\u00f3n\u00bb (ib\u00edd.).<\/p>\n\n\n\n<p>Como la de Cristo, su misi\u00f3n es la de <em>interceder<\/em> por nosotros (es la palabra precisa que usa la liturgia), hijos suyos, pero pecadores que necesitamos constantemente la misericordia del Padre, a quien seguimos ofendiendo con nuestras flaquezas y pecados. <em>Abogada<\/em> con el Abogado, potencia con sus m\u00e9ritos la intercesi\u00f3n de todos los santos (LG 49. 69), interponiendo ante la justicia del Dios ofendido su dignidad de Madre de Dios junto con los merecimientos de una vida en entrega total al servicio de la salvaci\u00f3n y reconciliaci\u00f3n de los hombres. Cristo presenta al Padre las cicatrices que conserva eternamente en su cuerpo glorioso. Mar\u00eda, Madre y Abogada \u2013comentan los escritores cristianos desde muy remota antig\u00fcedad\u2013, muestra al Padre esos pechos que la Iglesia, con las palabras de la mujer del Evangelio, proclama bienaventurados por haber amamantado al Redentor del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y otros autores, para ilustrar el modo y la eficacia de esa \u00abomnipotencia suplicante\u00bb, acuden al ejemplo de aquella h\u00e1bil mujer que ante David se present\u00f3 para interceder por la vida de Absal\u00f3n. Ten\u00eda la mujer dos hijos: uno de ellos habr\u00eda muerto a manos del otro, y la justicia del clan familiar exig\u00eda, en justo castigo, la muerte del superviviente. <em>Ellos<\/em> \u2013dec\u00eda la mujer\u2013 <em>quieren matar la brasa que resta a mi esperanza de descendencia&#8230; Que el vengador no aumente mi ruina y acabe con la vida del hijo que me queda<\/em> (2Sam 14, 4-11).<\/p>\n\n\n\n<p>Tal ser\u00eda la funci\u00f3n de medianera celeste que ejerce la Virgen ante el Rey de la gloria: apaciguar, pacificar, conseguir que llegue a su coronamiento feliz la reconciliaci\u00f3n que Cristo, a quien se asoci\u00f3 su Madre dolorosa, hab\u00eda ganado para todos los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abPor eso la Bienaventurada Virgen en la Iglesia es invocada con los t\u00edtulos de Abogada, Auxiliadora, Ayudadora y Medianera\u00bb (LG 62). De aqu\u00ed que toda empresa cristiana dependa, si bien <em>mediatamente,<\/em> de la intercesi\u00f3n y valimiento de la Madre de misericordia, cuya protecci\u00f3n maternal la Iglesia proclama solemnemente experimentar de continuo en su vida toda (LG 5). Y a esta seguridad recurre la piedad de Pablo VI al \u00abrecordar y afirmar que el<em>\u00e9xito renovador del A\u00f1o Santo depender\u00e1 de la ayuda superlativa de la Virgen<\/em>\u00bb<a href=\"#sdfootnote11sym\" id=\"sdfootnote11anc\"><sup>11<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Mar\u00eda, ayuda y tipo de renovaci\u00f3n programada<\/h2>\n\n\n\n<p>\u00abTenemos necesidad de su asistencia, de su intercesi\u00f3n\u00bb, afirma en consecuencia el Papa. Y, si bien es cierto que, aun antes de que nosotros lo hagamos, Ella intercede por nosotros, sin embargo, es de justicia y agradamos en ello a quien nos la ha dado como Madre y Abogada, que seamos conscientes de la necesidad de recurrir a su mediaci\u00f3n. Y, aparte el culto particular que se programe oficialmente, cada uno por su parte ya debe comenzar a rezarle por los frutos del A\u00f1o Santo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abDebemos reverdecer nuestra devoci\u00f3n a la Virgen\u00bb, insiste el Papa. Y sabemos que la devoci\u00f3n implica no s\u00f3lo la invocaci\u00f3n y el culto, sino el amor tambi\u00e9n, que, normalmente, busca tenerla contenta, tratando de imitarla. \u00abSi tuvi\u00e9ramos la mirada fija en Mar\u00eda podr\u00edamos reconstruir en nosotros la l\u00ednea y la estructura de la Iglesia renovadora\u00bb<a href=\"#sdfootnote12sym\" id=\"sdfootnote12anc\"><sup>12<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues Santa Mar\u00eda, por Madre de la Iglesia, es un modelo viviente, <em>molde<\/em> dir\u00edamos, donde el Esp\u00edritu Santo nos va modelando a imagen del hombre nuevo, el hombre celestial, Jesucristo. Y es entonces no s\u00f3lo su intercesi\u00f3n celeste la que garantiza el \u00e9xito del A\u00f1o Santo, tanto a nivel personal como a nivel eclesial. Es que, adem\u00e1s, todo programa de acci\u00f3n que se se\u00f1ale, que proceda del impulso del Esp\u00edritu, lo podemos ver <em>realizado<\/em> ya de antemano en nuestra Madre y Maestra.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl A\u00f1o Santo \u2013asegura Pablo VI\u2013 tiene exclusivamente una <em>finalidad religiosa\u00bb<a href=\"#sdfootnote13sym\" id=\"sdfootnote13anc\"><sup>13<\/sup><\/a>.<\/em> Lo primero, pues, que se impone es reencontrar a ese Dios con quien estamos en dependencia, seamos o no conscientes, lo aceptemos o rechacemos: reencontrarle a cada momento, m\u00e1xime si lo hemos perdido o arrinconado. Hemos de encontrarlo, o mejor dejarnos encontrar, y entrar en un vivo y personal coloquio con \u00c9l. <em>Rezar,<\/em> en una palabra. Y preguntarle con toda sinceridad qu\u00e9 nos pide como acci\u00f3n urgente que realizar.<\/p>\n\n\n\n<p>Como Santa Mar\u00eda, cuya actitud fundamental fue la de <em>esclava,<\/em> la que en todo momento, y en las opciones fundamentales de su vida, fue un absoluto <em>h\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra.<\/em> Or\u00f3 siempre por conocer la voluntad de Dios, y, una vez que la descubr\u00eda, fue siempre la <em>Virgen fiel <\/em>que escuchaba la palabra de Dios y la pon\u00eda en pr\u00e1ctica (LG 58). \u00abNo tienen vino\u00bb, fue la oraci\u00f3n lac\u00f3nica y desinteresada, esperando contra toda esperanza. Y Jes\u00fas, a su ruego, hizo el primer milagro, \u00absigno\u00bb que despert\u00f3 la fe de sus disc\u00edpulos. Oraba la Virgen, presidiendo el colegio apost\u00f3lico, y descendi\u00f3 sobre la Iglesia la plenitud del Esp\u00edritu septiforme, comenzando con su impulso \u00ablos hechos de los Ap\u00f3stoles\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Mar\u00eda, Maestra de oraci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00bfSabemos rezar?\u00bb, se pregunta el Papa. Pues en la Virgen y de la Virgen encontramos la norma y los cauces para esta primordial obligaci\u00f3n de un cristiano, la oraci\u00f3n, y de la cual el Papa dice: \u00abEs una flor que germina sobre una doble ra\u00edz, viva y profunda: el sentido religioso (ra\u00edz natural) y la gracia del Esp\u00edritu (ra\u00edz sobrenatural), que anima en nosotros le plegaria\u00bb<a href=\"#sdfootnote14sym\" id=\"sdfootnote14anc\"><sup>14<\/sup><\/a>. Y en esa oraci\u00f3n, o encuentro con Dios facilitado por su Madre, iremos descubriendo, y estimando, cada vez m\u00e1s, el valor de nuestra vida cristiana: vida de amistad con Dios o gracia santificante, pues es la que, en su normal desarrollo, nos lleva a la plenitud de la caridad (LG 40).<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda Inmaculada y Pur\u00edsima, la \u00absin pecado\u00bb y toda santa, nos inducir\u00e1, con su ayuda y con su ejemplo, a valorar esa limpieza inicial que Ella tuvo en su primer instante y nosotros adquirimos en el bautismo: limpieza a la que sigue la inhabitaci\u00f3n de la Sant\u00edsima Trinidad, que nos hace participantes de su vida, y, si la perdemos, los m\u00e9ritos de la Virgen Sant\u00edsima, unidos a la Pasi\u00f3n de su Hijo, nos llevar\u00e1n, en el sacramento de la misericordia, a la reconciliaci\u00f3n con el Padre, que siempre perdona.<\/p>\n\n\n\n<p>Y asociada como est\u00e1 \u00edntima e indisolublemente a la obra de su Hijo, que se renueva en la Santa Misa (SC 2), no s\u00f3lo nos alimentamos de la Carne que el Esp\u00edritu Santo form\u00f3 en sus pur\u00edsimas entra\u00f1as, sino que compartimos, y avivamos, esa caridad que Ella comparte con su Hijo, en el cual coincidimos todos los hijos de Dios \u2013y los que est\u00e1n llamados a serlo\u2013, pues la Eucarist\u00eda, \u00abfruto del vientre generoso\u00bb, es el sacramento, y, por tanto, la realizaci\u00f3n anticipadamente perfecta de la unidad del Pueblo de Dios y de todos los hombres en Dios (LG 11; UR 2). Porque, en definitiva, la Eucarist\u00eda es la fuente de que brota la uni\u00f3n \u00edntima con Dios y la unidad de todo el g\u00e9nero humano, de que es instrumento la Iglesia (LG 1), sobre todo cuando se congrega en comuni\u00f3n jubilosa, \u00aben primer lugar con la gloriosa siempre Virgen Mar\u00eda\u00bb (LG 50), para celebrar el Santo Sacrificio, en que \u00abcon el Cuerpo y la Sangre del Se\u00f1or se refuerza la uni\u00f3n de toda la fraternidad del Cuerpo\u00bb (LG 26).<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda est\u00e1 presente a toda la vida sacramental de la Iglesia, de la cual Ella sigue siendo Madre con todo ese \u00abinflujo salv\u00edfico\u00bb, cuyos efectos reconoce la Iglesia, que, antes que nada, es comunidad de orantes, convencidos de que sin Dios todos nuestros esfuerzos son puro fracaso, y con esa energ\u00eda, que nos viene de la uni\u00f3n con Dios en Cristo, todo lo podemos en la fe (Mc 9, 22; Fil 4, 13). Por eso, sin olvidar todo lo que nos compromete hacia la acci\u00f3n en el mundo por nuestro bautismo \u2013vocaci\u00f3n de santificarnos santificando todas las cosas en Cristo\u2013; para comenzar, continuar y llevar a buen t\u00e9rmino cualquier programa v\u00e1lidamente efectivo \u2013no nos cansamos de repetirlo\u2013 hay que volver a dar a nuestra vida cristiana la importancia y el lugar que han de ocupar el tiempo y el esp\u00edritu de oraci\u00f3n. El cristiano que se une a Cristo, en aut\u00e9ntico esp\u00edritu de oraci\u00f3n, se hace con \u00c9l y por \u00c9l omnipotente.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El Santo Rosario<\/h2>\n\n\n\n<p>No queremos terminar esta instrucci\u00f3n sin recordaros que, despu\u00e9s de la primera y gran oraci\u00f3n, que es la liturgia de la Eucarist\u00eda y dem\u00e1s sacramentos y el rezo de las Horas, el Santo Rosario \u2013lo repiten insistentemente los Papas\u2013 es la f\u00f3rmula oracional que m\u00e1s eficacia ha demostrado tener, sobre todo en momentos dif\u00edciles, y por ello se recomienda a trav\u00e9s de los siglos y en el mismo Concilio Vaticano II<a href=\"#sdfootnote15sym\" id=\"sdfootnote15anc\"><sup>15<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Meditad estas hermosas palabras de Pablo VI: \u00abDebemos nosotros, tambi\u00e9n hoy, ser amigos del Rosario: para venerar a la Madre de Dios y para colocarnos nosotros mismos en la mejor perspectiva de la profesi\u00f3n de nuestro aut\u00e9ntico sentido religioso <em>en esp\u00edritu y en verdad <\/em>(Jn 4, 24); para modelar la vida vivi\u00e9ndola sobre las huellas human\u00edsimas y sublimes de Mar\u00eda; y para implorar de Ella la asistencia celeste, tanto en nuestras cotidianas y particulares necesidades como en las grandes necesidades del drama hist\u00f3rico en que nos vemos envueltos. El plan de la Providencia, es decir, de la intervenci\u00f3n de la acci\u00f3n divina en los acontecimientos humanos, se vale grandemente, en su favorable ejecuci\u00f3n, de la plegaria; y mucho m\u00e1s cuando a nuestra plegaria se une la m\u00e1s v\u00e1lida intercesi\u00f3n, la de Mar\u00eda, Madre de nuestro Salvador\u00bb<a href=\"#sdfootnote16sym\" id=\"sdfootnote16anc\"><sup>16<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En este pr\u00f3ximo mes de mayo debemos esforzarnos para que en todas las parroquias y lugares religiosos de la Di\u00f3cesis se rece el Rosario y se hable insistentemente a las familias cat\u00f3licas para que esta pr\u00e1ctica tan hermosa vuelva a merecer en los hogares cristianos la atenci\u00f3n que siempre tuvo. Que se rece el Rosario en familia, s\u00ed. Que padres e hijos juntos, no obstante las dificultades que nacen del modo de vivir en nuestros d\u00edas, vuelvan a alabar y suplicar a la Reina del Cielo en las casas en que viven, aman, gozan y sufren. Ser\u00e1 un medio sumamente eficaz de conseguir silenciosamente los fines del A\u00f1o Santo en muchas conciencias que, ante el ejemplo de la Virgen Mar\u00eda, se dispondr\u00e1n mejor a la renovaci\u00f3n y reconciliaci\u00f3n con Dios y con los hombres.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El \u00faltimo documento del Papa<\/h2>\n\n\n\n<p>Cuando este escrito m\u00edo estaba a punto de ser entregado a la imprenta, el Magisterio del Papa Pablo VI acaba de ofrecer a toda la Iglesia la espl\u00e9ndida Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica para la recta ordenaci\u00f3n y desarrollo del culto a la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda. Nuestra reciente estancia en Roma nos ha permitido conocer muy detalladamente las razones originarias y los prop\u00f3sitos que han movido al Sumo Pont\u00edfice a escribir este precioso documento. No puedo comentarlo ahora. Os ruego que lo le\u00e1is y estudi\u00e9is detenidamente. Una vez m\u00e1s se comprueba que s\u00f3lo bajo la gu\u00eda sapient\u00edsima del Magisterio se puede lograr la s\u00edntesis de lo antiguo y lo nuevo con perfecto equilibrio.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie que lea esta exhortaci\u00f3n pontificia, con el reverente obsequio que merece y con la suficiente cultura teol\u00f3gica que debe suponerse, dejar\u00e1 de ponderar las valios\u00edsimas razones que da el Papa para situar el culto a la Virgen Mar\u00eda en el lugar exacto en que debe estar dentro de la liturgia de la Iglesia. Nadie, tampoco, dejar\u00e1 de lamentar la insoportable vacuidad y ligereza con que muchos han hablado y actuado estos \u00faltimos a\u00f1os con relaci\u00f3n al culto mariano y con las formas de piedad y devoci\u00f3n que son patrimonio irrenunciable del pueblo cristiano. Por nuestra parte, queremos rendir p\u00fablico testimonio de gratitud y alabanza a todos aquellos p\u00e1rrocos y comunidades religiosas, y especialmente a las familias cat\u00f3licas, que han seguido honrando a la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda como la Iglesia lo ha pedido siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>Y exhortamos nuevamente a los sacerdotes responsables de la Delegaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe y de los Secretariados de Liturgia, Catequesis y Ense\u00f1anza, a que sigan con empe\u00f1o renovado el trabajo que les hemos encomendado de revisar y ordenar en los debidos t\u00e9rminos todo lo referente a las cofrad\u00edas de fieles esparcidas por toda la Di\u00f3cesis, entre las cuales ocupan lugar tan destacado las que tienen como finalidad dar culto a nuestra Madre del Cielo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ponemos fin a nuestra exhortaci\u00f3n, puesto que del A\u00f1o Santo hemos querido hablaros, con las siguientes palabras del Papa Pablo VI:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00bfCu\u00e1l puede ser el auxilio que nos capacita para atrevernos, para esperar las finalidades del A\u00f1o Santo? \u00bfQui\u00e9n puede obtenernos el \u00e9xito prodigioso que, siguiendo las exigencias l\u00f3gicas del Concilio, nos hemos propuesto? La Virgen, hijos querid\u00edsimos, Mar\u00eda Sant\u00edsima, la Madre de Cristo Salvador, la Madre de la Iglesia, nuestra humilde y gloriosa Reina. Se abre ante nosotros aqu\u00ed un inmenso panorama teol\u00f3gico, propio de la doctrina cat\u00f3lica, en el que vemos c\u00f3mo el designio divino de la salvaci\u00f3n ofrecida al mundo por el \u00fanico mediador, eficaz por virtud propia, entre Dios y los hombres, que es Cristo Jes\u00fas, se realiza con la cooperaci\u00f3n humana, maravillosamente asociada a la obra divina. \u00bfY qu\u00e9 cooperaci\u00f3n humana ha sido elegida en la historia de nuestros destinos cristianos, primera por su funci\u00f3n, dignidad, eficacia, no puramente instrumental y f\u00edsica, sino como factor predestinado, pero libre y perfectamente d\u00f3cil, si no es la de Mar\u00eda?\u00bb<a href=\"#sdfootnote17sym\" id=\"sdfootnote17anc\"><sup>17<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El \u00e9xito depende de la Virgen<\/h2>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed el discurso sobre la Virgen no terminar\u00eda jam\u00e1s. Pero ahora, para nosotros, tras habernos basado en la doctrina que la sit\u00faa en el centro del plan redentor como primera y, en cierto sentido, indispensable al lado de Cristo nuestro Salvador, bastar\u00e1 recordar y afirmar que el \u00e9xito renovador del A\u00f1o Santo depender\u00e1 de la ayuda singular de la Virgen.<\/p>\n\n\n\n<p>Tenemos necesidad de su asistencia, de su intercesi\u00f3n. Debemos programar un culto particular a la Virgen Mar\u00eda si queremos que el acontecimiento hist\u00f3rico-espiritual, para el que nos preparamos, alcance sus verdaderos objetivos.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos limitamos ahora a condensar en una doble recomendaci\u00f3n el favor de este culto mariano, al que confiamos tantas esperanzas nuestras. La primera recomendaci\u00f3n es capital: debemos <strong>conocer mejor a la Virgen como el modelo aut\u00e9ntico e ideal de la humanidad redimida.<\/strong> Estudiemos a esta criatura limp\u00edsima, a esta Eva sin pecado alguno, esta hija de Dios, en la cual el pensamiento creador primitivo, inmaculado de Dios, se refleja en su inocente y estupenda perfecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda es la belleza humana no s\u00f3lo est\u00e9tica, sino esencial, ontol\u00f3gica, en la s\u00edntesis con el amor adivino, con la bondad y con la humildad, con la espiritualidad y con la clarividencia del \u00abMagn\u00edficat\u00bb; es la Virgen, es la Madre en la expresi\u00f3n pura y m\u00e1s aut\u00e9ntica; es la Se\u00f1ora vestida de sol, ante cuya visi\u00f3n se deben deslumbrar nuestros ojos, con tanta frecuencia ofendidos y cegados por las im\u00e1genes profanas y profanadoras del ambiente pagano y licencioso del que estamos rodeados y casi atacados.<\/p>\n\n\n\n<p>La Virgen es el \u00abtipo\u00bb sublime no solamente de la criatura redimida por los m\u00e9ritos de Cristo, sino el \u00abtipo\u00bb igualmente de la humanidad peregrinante en la fe; es la figura de la Iglesia, como la llama San Ambrosio, y como la presenta San Agust\u00edn a los catec\u00famenos: \u00abDemuestra en s\u00ed la figura de la Santa Iglesia\u00bb. Si tuvi\u00e9ramos la mirada fija en Mar\u00eda podr\u00edamos reconstruir en nosotros la l\u00ednea y la estructura de la Iglesia renovada.<\/p>\n\n\n\n<p>Y la segunda recomendaci\u00f3n no es menos importante: debemos <strong>tener confianza en el recurso de la Virgen<\/strong>. Debemos rezarle, invocarla. Ella es admirable para nosotros, es amable para nosotros. Ella, como en el Evangelio, interviene ante el Hijo Divino y nos obtiene, de \u00c9l, milagros que la marcha normal de las cosas no admitir\u00eda de suyo. Es buena, es poderosa. Conoce las necesidades y los dolores humanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Debemos reverdecer nuestra devoci\u00f3n a la Virgen si queremos conseguir el Esp\u00edritu Santo y ser disc\u00edpulos sinceros de Cristo Jes\u00fas. Que su fe nos conduzca a la realidad del Evangelio y nos ayude a celebrar bien el A\u00f1o Santo que se aproxima.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Pablo VI, Audiencia general del mi\u00e9rcoles 30 de mayo de 1973, sobre la devoci\u00f3n a la Virgen.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Pablo VI, Audiencia general del mi\u00e9rcoles 6 de junio de 1973.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> Pablo VI, Audiencia general del mi\u00e9rcoles 23 de mayo de 1973, homil\u00eda sobre la devoci\u00f3n al Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> Pablo VI, Audiencia General del mi\u00e9rcoles 23 de mayo de 1973.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> Balduin Schwarte, en el <em>Rheinischer Merkur,<\/em> K\u00f6ln, 23 de febrero de 1973.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> Pablo VI, Audiencia general del mi\u00e9rcoles 17 de octubre de 1973.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> Ib\u00edd.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> Pablo VI, Audiencia general del mi\u00e9rcoles 6 de junio de 1972.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote9anc\" id=\"sdfootnote9sym\">9<\/a> Ib\u00edd.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote10anc\" id=\"sdfootnote10sym\">10<\/a> Pablo VI, Audiencia general del mi\u00e9rcoles 30 de mayo de 1973, sobre la devoci\u00f3n a la Virgen.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote11anc\" id=\"sdfootnote11sym\">11<\/a> Ib\u00edd.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote12anc\" id=\"sdfootnote12sym\">12<\/a> Ib\u00edd.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote13anc\" id=\"sdfootnote13sym\">13<\/a> Pablo VI, Audiencia general del mi\u00e9rcoles 13 de junio de 1973.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote14anc\" id=\"sdfootnote14sym\">14<\/a> Pablo VI, Audiencia general del mi\u00e9rcoles 22 de agosto de 1973.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote15anc\" id=\"sdfootnote15sym\">15<\/a> Cf. LG 67; Pablo VI, <em>Christi Matri:<\/em> AAS 48 (1966) 748.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote16anc\" id=\"sdfootnote16sym\">16<\/a> Pablo VI, Alocuci\u00f3n en el \u00c1ngelus del domingo 1 de octubre de 1972.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote17anc\" id=\"sdfootnote17sym\">17<\/a> PabloVI, Audiencia general del mi\u00e9rcoles 30 de mayo de 1973.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Instrucci\u00f3n pastoral, de abril de 1974, publicada en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, mayo 1974. Queridos diocesanos: De nuevo me dirijo a todos vosotros para continuar las reflexiones iniciadas hace alg\u00fan tiempo al anunciar la programaci\u00f3n del A\u00f1o Santo en nuestra Archidi\u00f3cesis de Toledo. 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