{"id":786,"date":"2024-09-22T20:09:04","date_gmt":"2024-09-22T18:09:04","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=786"},"modified":"2024-09-22T20:09:04","modified_gmt":"2024-09-22T18:09:04","password":"","slug":"maria-en-la-vida-del-enfermo","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/maria-en-la-vida-del-enfermo\/","title":{"rendered":"Mar\u00eda en la vida del enfermo"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Alocuci\u00f3n al final de los ejercicios espirituales radiados para enfermos, organizados por los Padres Dominicos en su misi\u00f3n del \u00abRosario radiado\u00bb, el S\u00e1bado Santo, S de abril de 1969. Texto publicado en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Barcelona,<\/em> mayo de 1969.<\/p>\n\n\n\n<p>A vosotros me dirijo hoy, queridos enfermos, en este d\u00eda del S\u00e1bado Santo cuando est\u00e1 a punto de terminar la gran Semana, a lo largo de la cual hemos venido conmemorando los misterios de la redenci\u00f3n de Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Unas horas m\u00e1s y pronto nos situaremos al pie del sepulcro para contemplar gozosos su Resurrecci\u00f3n. Entonces es cuando ya de una manera plena podremos decir que hemos recibido los frutos de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero todav\u00eda faltan esas horas. Y en este S\u00e1bado Santo hay una figura en la vida de la Iglesia que pide nuestra atenci\u00f3n, y es la Sant\u00edsima Virgen, la Reina de la soledad y del dolor. Yo no la contemplo a Ella solamente. Porque Ella es Madre nuestra, y no quiere que nos dirijamos a Ella como si estuviese aislada y separada de los hombres. Ella tiene tambi\u00e9n su compa\u00f1\u00eda. Y la tiene hoy particularmente; y se la ofrec\u00e9is vosotros, los enfermos. Ninguno con m\u00e1s t\u00edtulo que vosotros para poder uniros con Ella. Yo, como obispo de la di\u00f3cesis de Barcelona, al pronunciar estas palabras en este S\u00e1bado Santo, os veo juntos: a Ella, la Reina del dolor, y a vosotros, sus hijos, para los cuales reserva Ella lo mejor de su coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Elogio del \u00abRosario radiado\u00bb y de Radio Barcelona<\/h2>\n\n\n\n<p>Con la mejor satisfacci\u00f3n de mi esp\u00edritu me dirijo a todos vosotros. A lo largo de la Cuaresma he predicado en la catedral y en diversas iglesias y he orientado mis palabras a todos los fieles del Pueblo de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero me faltaba precisamente este grupo, esta porci\u00f3n del Pueblo de Dios particularmente escogida: la constituida por vosotros, los enfermos. Y por eso tengo que alabar, y lo hago de todo coraz\u00f3n, esta iniciativa: la de los Padres Dominicos, que a lo largo del a\u00f1o dirigen esta emisi\u00f3n del Rosario Radiado; y de Radio Barcelona, que presta una colaboraci\u00f3n tan espl\u00e9ndida para que la voz del Se\u00f1or, por medio de nosotros, sus ministros, llegue hasta vosotros, los que sufr\u00eds y padec\u00e9is. Alabo la iniciativa, sin reserva ninguna, y me uno de esta manera tambi\u00e9n a cuantos trabajan en este apostolado para hacerme presente junto a vosotros, para saludaros, para enviaros mis palabras de bendici\u00f3n y de hondo afecto espiritual y religioso. A todos os tengo presentes: a los de los hospitales y cl\u00ednicas, a los de los asilos, a los que os encontr\u00e1is enfermos en vuestros hogares, ricos o pobres, en Barcelona o en cualquier otro lugar de Espa\u00f1a, asistidos por el amor y la solicitud cari\u00f1osa de vuestros propios familiares.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Los enfermos, compa\u00f1eros de la soledad de Mar\u00eda<\/h2>\n\n\n\n<p>Lo primero que os pido, hijos, es que renov\u00e9is con un esfuerzo de vuestra vida \u00edntima, con vuestra reflexi\u00f3n interior y con vuestra plegaria, si es preciso, que renov\u00e9is el recuerdo de esta Virgen Sant\u00edsima, Madre de todos los dolores. Y que lo renov\u00e9is hoy precisamente, en que la Iglesia dedica un recuerdo muy particular lleno de la mejor emoci\u00f3n y del mejor sentido religioso al conmemorar los dolores que Ella padeci\u00f3. En este S\u00e1bado Santo, como os dec\u00eda al principio, pensamos f\u00e1cilmente en la soledad y en el desamparo sumos en que qued\u00f3 Mar\u00eda despu\u00e9s de haber perdido a su Hijo. Pero no se trata \u00fanicamente del S\u00e1bado Santo. Podr\u00edamos decir que la vida entera de la Sant\u00edsima Virgen fue una vida de padecimiento silencioso, de dolor \u00edntimo y fecundo, de sufrimiento hond\u00edsimo, que nunca provoc\u00f3 en Ella la m\u00e1s m\u00ednima queja. Ella sufr\u00eda unida siempre con Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Poco tiempo despu\u00e9s de nacer su Hijo, cuando lo present\u00f3 en el templo, ya se le acerc\u00f3 un anciano para decirle que una espada atravesar\u00eda su coraz\u00f3n. Por eso no es nada extra\u00f1o que en muchas im\u00e1genes de la Pasi\u00f3n se represente a Mar\u00eda con su coraz\u00f3n atravesado por una espada. Responde as\u00ed a aquella profec\u00eda que le hicieron. Y \u00a1c\u00f3mo se cumpli\u00f3 a lo largo de toda su vida!<\/p>\n\n\n\n<p>Durante los a\u00f1os que precedieron a la vida p\u00fablica de Jes\u00fas, Mar\u00eda tuvo que preguntarse con frecuencia en medio de aquel silencio desconcertante que la acompa\u00f1aba d\u00eda y noche, cuando era simplemente la humilde mujer del carpintero, cu\u00e1les eran los planes que Dios ten\u00eda sobre Ella y sobre su Hijo. Apareci\u00f3 \u00c9ste despu\u00e9s predicando el Evangelio, a lo largo de aquellos tres a\u00f1os de su vida p\u00fablica. Y Mar\u00eda pudo contemplar tambi\u00e9n las reacciones tan diversas de los hombres, y c\u00f3mo, poco a poco, en el coraz\u00f3n de muchos de ellos iba sediment\u00e1ndose una actitud de odio hacia quien \u00fanicamente ten\u00eda amor para todos. Y Ella sufr\u00eda en silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>Y lleg\u00f3 el drama de la Pasi\u00f3n. Una madre no se desentiende nunca de su hijo. Aun cuando los Evangelios sean tan parcos y tan poco expresivos en relaci\u00f3n con las actividades externas de Mar\u00eda Sant\u00edsima, podemos estar seguros, plenamente seguros, de que Ella sigui\u00f3 a Cristo en todos sus pasos dolorosos. \u00a1C\u00f3mo segu\u00eda, minuto a minuto, lo que iba sucediendo en el huerto de los olivos, primero, y despu\u00e9s en aquella noche interminable de traiciones, de negaciones, de escarnios, de befas, de toda clase de violencias, contra el que era la imagen de la paz y de la dulzura! Y luego el Viernes Santo, la consumaci\u00f3n del proceso, la condenaci\u00f3n a muerte, el terrible viacrucis hasta el Calvario, su crucifixi\u00f3n, las reacciones tristes de aquel pueblo, que pocos d\u00edas antes le hab\u00eda aclamado, el abandono de todos. Ella estaba junto a la cruz, viendo morir a su Hijo. Dios no la dispens\u00f3 de ning\u00fan dolor. En el cortejo de los que sufr\u00edan \u00edntimamente con Jesucristo, la primera de todos fue Mar\u00eda Sant\u00edsima, su Madre. Le vio morir y no pudo cerrar sus ojos, escuch\u00f3 sus \u00faltimas palabras y las guard\u00f3 en su coraz\u00f3n, como las hab\u00eda guardado todas. Por fin, ya no le quedaba m\u00e1s que un sepulcro y una esperanza.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La Pasi\u00f3n. Vivencia de cada enfermo<\/h2>\n\n\n\n<p>Vosotros, queridos enfermos, tambi\u00e9n ten\u00e9is que recorrer vuestro viacrucis. Cada uno de vosotros conoce cu\u00e1ndo empez\u00f3 vuestra enfermedad, cu\u00e1l ha sido su origen, cu\u00e1l es el proceso de la misma. D\u00eda tras d\u00eda vais recorriendo tambi\u00e9n, clavados en el lecho del dolor, ese calvario en el que est\u00e1is sumidos. Y todas las fases dolorosas os acompa\u00f1an. A veces tambi\u00e9n la soledad, no s\u00f3lo el dolor f\u00edsico. A veces tambi\u00e9n el dolor moral de veros privados de la m\u00e1s dulce compa\u00f1\u00eda que pod\u00edais apetecer. Ten\u00e9is tambi\u00e9n, como si fuera un sepulcro que ten\u00e9is que cuidar, vuestro propio cuerpo, debilitado, maltrecho, llagado, roto. Pero tambi\u00e9n ten\u00e9is una esperanza: la de vuestra curaci\u00f3n, quer\u00e9is sanar, quer\u00e9is volver a vivir como antes, quer\u00e9is caminar por los caminos de la vida, gozando de la amistad, realizando vuestro trabajo, disfrutando del sol, hablando con los hombres, comunicando vuestros buenos sentimientos, recibiendo el testimonio y el ejemplo de tantos amigos y tantas personas buenas con las cuales hab\u00e9is tratado alo largo de la vida.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Valor del dolor, unido al de Cristo y Mar\u00eda<\/h2>\n\n\n\n<p>\u00bfCu\u00e1l es vuestra situaci\u00f3n espiritual en este momento, hijos? \u00bfAcaso alguna vez os asalta el tormento de la impaciencia y de la desesperaci\u00f3n? Si as\u00ed fuera, aqu\u00ed est\u00e1 mi voz de hermano y padre vuestro para pediros que hag\u00e1is todo lo posible para libraros de esa tentaci\u00f3n. Daos cuenta de la riqueza inmensa que hay en vuestra vida. Ofrecedlo todo a Dios, en uni\u00f3n con Jesucristo y con Mar\u00eda Sant\u00edsima, la Reina del dolor.<\/p>\n\n\n\n<p>La religi\u00f3n cristiana nos abre los caminos de la luz para todos los aspectos de la vida. Pero hay un aspecto concreto, sobre el cual ella es la \u00fanica que puede orientarnos y descubrirnos el sentido \u00edntimo de algo para lo cual los hombres no tenemos explicaciones. Es esto precisamente: <strong>el sentido del dolor<\/strong>. En el cristianismo, el dolor tiene un valor inmenso. Y prescindiendo de otras consideraciones, solamente os hago \u00e9sta: el valor inmenso del dolor aparece precisamente en el hecho de que Jesucristo sea el que m\u00e1s ha sufrido. Con \u00c9l, su Madre Sant\u00edsima nos invita a que incorporemos nuestros dolores a los suyos. El dolor de los enfermos no es agua que se pierde en un camino seco y desierto. Es corriente viva que se incorpora al r\u00edo de los merecimientos de Jesucristo. Si alguien tiene que ayudaros a recoger con sus manos benditas esa corriente de agua dolorosa que brota de vuestras vidas, es Mar\u00eda Sant\u00edsima. Invocadla desde el silencio de vuestras penas y ver\u00e9is c\u00f3mo Ella acude siempre, como enfermera santa, junto al lecho donde padec\u00e9is y os brinda la sonrisa de su rostro dolorido para ofreceros la posibilidad de unir vuestro dolor con el dolor de su Hijo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Humildad y pureza, fruto del dolor cristiano<\/h2>\n\n\n\n<p>No dej\u00e9is perder esta ocasi\u00f3n que ten\u00e9is ahora en vuestra vida paciente, de ejercer la virtud de la <em>humildad.<\/em> No se salva nadie si no es por el camino de la humildad. Y todo hombre que quiera ponerse en contacto con Dios Nuestro Se\u00f1or ha de hacerse como un ni\u00f1o peque\u00f1o e impotente que no cuenta con ning\u00fan recurso propio y que solamente conf\u00eda en la omnipotencia del amor que Dios tiene hacia \u00e9l. Esta actitud humilde, paciente, resignada, que no es debilidad rechazada, sino profunda sabidur\u00eda religiosa, es la que nos salva. Os lo repito, nadie puede salvarse si no es por el camino de la humildad. Y hay una fase normal en la vida de los hombres, por la que de un modo o de otro pasamos todos, que es la de la enfermedad, en la que Dios est\u00e1 como esperando el ejercicio de nuestra actitud humilde.<\/p>\n\n\n\n<p>Sirva tambi\u00e9n vuestra enfermedad, hijos, para <em>purificar<\/em> vuestra alma de pecados y des\u00f3rdenes pasados. Tambi\u00e9n a esto nos invita Mar\u00eda Sant\u00edsima, la Reina de la pureza sin l\u00edmites, la que quiere mostrarnos a su Hijo, el Dios de la limpieza interior, limpios tambi\u00e9n y purificados, como corresponde a quienes tenemos que llevar en nuestras propias venas esa sangre de familia. Somos cristianos, redimidos por Cristo, hijos de Mar\u00eda. Y tiene que estar dentro de nosotros, recibiendo la asistencia y el prop\u00f3sito firme con nuestra conducta, recibiendo de nosotros, digo, el af\u00e1n interior de acomodarnos todo lo posible a la vida santa y pura de Cristo y de Mar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El dolor, patrimonio de todos los mortales<\/h2>\n\n\n\n<p>Vivid tambi\u00e9n la idea de que esta enfermedad que ahora padec\u00e9is es una fase en la existencia humana, por la que los hombres todos tenemos que pasar. Sucede que cuando estamos sanos y caminamos por la vida llenos de salud, con esa fuerza exultante que nos dan nuestras energ\u00edas f\u00edsicas, contemplamos a los enfermos como si fueran algo extra\u00f1o, puramente accidental, v\u00edctimas de una enfermedad que, a nosotros, los que nos llamamos sanos, no nos va a atacar nunca. Nosotros, al discurrir as\u00ed, padecemos una ilusi\u00f3n enga\u00f1osa. Vosotros, al padecer ahora, est\u00e1is en lo cierto. Por ah\u00ed tenemos que pasar todos, de un modo o de otro. Y Dios nos espera en esa fase de nuestra vida, no s\u00f3lo para el ejercicio de la humildad, que os dec\u00eda, y de la purificaci\u00f3n de nosotros mismos, sino tambi\u00e9n para que se consume en la tierra el misterio de nuestra vida cristiana. Debilitadas nuestras fuerzas f\u00edsicas, s\u00f3lo queda el recurso del alma, del coraz\u00f3n, para dirigirnos a Dios con nuestras plegarias y confiar en su Providencia. Entonces deja uno de confiar en los medios humanos, no porque no nos puedan servir \u2013\u00a1ojal\u00e1 os sirvieran, a todos los que padec\u00e9is, los medios de la ciencia para curar vuestras enfermedades!\u2013, sino porque, m\u00e1s tarde o m\u00e1s pronto, estos medios humanos desaparecen, quedan frustrados y el hombre se encuentra completamente solo, con su propia debilidad y su miseria frente a la omnipotencia misericordiosa de Dios.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El dolor, fuerza de la Iglesia<\/h2>\n\n\n\n<p>Contempladlo todo con ojos de fe, como Mar\u00eda Sant\u00edsima en su dolor. Ella estaba junto a la cruz. No protest\u00f3, no se quej\u00f3 de nadie, ni siquiera de aquellos que lanzaban al Crucificado sus gritos de desprecio, de enojo y de ira, Ella tuvo miradas de misericordia para los dos ladrones tambi\u00e9n, para el que se salv\u00f3, recibiendo el beneficio de su Hijo, y para el que, estando a su lado, no quiso beber de las fuentes de la vida. Pero no ser\u00eda porque le faltasen los ojos dulces de Mar\u00eda Sant\u00edsima, que estaba tambi\u00e9n all\u00ed, junto a los dos como estaba junto a su Hijo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ofreced todo por la Iglesia, por los hombres, por vuestros hijos, por vuestros padres y hermanos. \u00bfTodav\u00eda ten\u00e9is hijos, todav\u00eda ten\u00e9is padres, ten\u00e9is hermanos? \u00bfOs acompa\u00f1an, van a veros, acarician vuestra frente, cogen vuestras manos sudorosas, ponen un beso de amor sobre vuestro rostro fatigado? Recibid esas pruebas de cari\u00f1o, los que pod\u00e9is tenerlas, y ojal\u00e1 aquellos a quienes faltan los familiares que pod\u00edan ofrec\u00e9roslas, recib\u00e1is la prueba afectuosa de otras manos y de otros ojos que velan vuestra enfermedad en nombre de la caridad cristiana y en nombre de un sentido de fraternidad humana que nace de lo mejor de su coraz\u00f3n. Yo no puedo llegar a todos vosotros. Alguna vez voy a hospitales y cl\u00ednicas, y pongo tambi\u00e9n mis manos sobre la frente de los enfermos y trazo una cruz y hago, si puedo, una caricia, y les doy mi bendici\u00f3n, la misma que quisiera daros a todos vosotros. Pero ya que no puedo llegar yo, pido a la Sant\u00edsima Virgen que sea Ella la que llegue junto al lecho en que est\u00e1is padeciendo. Y que a trav\u00e9s de estas palabras o de otras que puedan pronunciar junto a vosotros personas que os quieren, sint\u00e1is hoy la compa\u00f1\u00eda de la Virgen de la Soledad, que busca la soledad vuestra para unirla con la suya y caminar as\u00ed juntos, esperando la Resurrecci\u00f3n de Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Decimos que el S\u00e1bado Santo es el d\u00eda de la soledad: yo mismo he estado dici\u00e9ndolo en estas palabras que os dirijo. Pero no, no es cierto. Mar\u00eda no est\u00e1 sola, est\u00e1 acompa\u00f1ada por todos vosotros, por los que sufr\u00eds y padec\u00e9is. Este es el silencioso y gran cortejo de todos los dolores invisibles del mundo. Ella es vuestra Reina y desfila hoy por los pasillos y por las habitaciones de vuestras casas, ricas o pobres, de las cl\u00ednicas o de los hospitales, unida con vosotros. Ella tambi\u00e9n lleva una cruz. Vosotros la ayud\u00e1is a llevarla, y Ella os ayuda a llevarla a vosotros. Vosotros, con Ella, engrandec\u00e9is a los dem\u00e1s, porque en medio de estas penas y de esta soledad nos dais un ejemplo como buenos cristianos, como hijos de Cristo y de Mar\u00eda. Con esa dignidad con que sab\u00e9is sufrir, nos dais un ejemplo de lo que debe ser la actitud del hombre ante el misterio del dolor y de todo sufrimiento.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Bendici\u00f3n y esperanza<\/h2>\n\n\n\n<p>Yo os bendigo, hijos, y pido de nuevo a la Sant\u00edsima Virgen que llegue hasta vosotros, que recib\u00e1is el consuelo que Ella quiere brindaros y que unidas vuestras manos con las suyas, ve\u00e1is ese propio sepulcro vuestro, el de vuestro cuerpo enfermo, del cual queremos y esperamos que se remueva la piedra que lo oculta para que brote otra vez la salud en vuestro organismo, para que recobr\u00e9is vuestras fuerzas, para que sig\u00e1is viviendo con la alegr\u00eda y la paz que Dios quiere conceder a sus hijos y para que, si esto no fuera posible, no os falte nunca la sonrisa de Mar\u00eda, Madre de todos los dolores, que os acompa\u00f1ar\u00e1 siempre, hasta que venga la definitiva resurrecci\u00f3n de todos: la vuestra, la m\u00eda, la de todos los cristianos, sanos o enfermos, la de todos cuantos caminamos por la vida invocando al Se\u00f1or, acogi\u00e9ndonos a la protecci\u00f3n de su Madre, creyendo y amando, ejercitando la paciencia y la humildad, purific\u00e1ndonos, dando un testimonio de lo que puede la fe cuando brota, en esas horas serias y comprometidas, de una existencia debilitada.<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00e9is m\u00e1s m\u00e9rito que nosotros. Creer, esperar y amar cuando la enfermedad nos ha abatido, es mucho m\u00e1s meritorio. Eso es lo que est\u00e1is haciendo vosotros, y eso es lo que hizo la Sant\u00edsima Virgen. \u00a1Vedla! \u00a1Vedla que llega hasta vosotros! Y con su sonrisa de madre os dice: \u00a1Hijos, no os desesper\u00e9is! Yo invoco tambi\u00e9n, con mis penas, las vuestras y quiero que de esto salga, igual que sale todos los d\u00edas el rosario de vuestro dolor, el rosario de la paz, de la esperanza y del amor, que quiero que brote del cielo hacia vuestra alma, aqu\u00ed en la tierra, ya ahora y siempre, y que vosotros y vuestros familiares y vuestras enfermeras y las religiosas y los m\u00e9dicos, todos cuantos se mueven en vuestro mundo, sep\u00e1is levantar los ojos al cielo, y al encontraros conmigo en el camino de la cruz, os encontr\u00e9is tambi\u00e9n con Jesucristo, el Cristo que resucita, que nos da la vida siempre, que nos da la paz y que nos da la fortaleza para saber sufrir y esperar. Esas son las palabras que podr\u00eda deciros la Sant\u00edsima Virgen. Yo no os digo m\u00e1s. Solamente esto: os bendigo, queridos enfermos. Os bendigo en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alocuci\u00f3n al final de los ejercicios espirituales radiados para enfermos, organizados por los Padres Dominicos en su misi\u00f3n del \u00abRosario radiado\u00bb, el S\u00e1bado Santo, S de abril de 1969. Texto publicado en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Barcelona, mayo de 1969. 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