{"id":782,"date":"2024-09-22T20:06:00","date_gmt":"2024-09-22T18:06:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=782"},"modified":"2024-09-22T20:06:00","modified_gmt":"2024-09-22T18:06:00","password":"","slug":"maria-en-nuestra-vida-cristiana","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/maria-en-nuestra-vida-cristiana\/","title":{"rendered":"Mar\u00eda en nuestra vida cristiana"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Exhortaci\u00f3n pastoral, abril de 1967. Publicada en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Barcelona,<\/em> mayo 1967.<\/p>\n\n\n\n<p>Al acercarse el mes de mayo, tradicionalmente dedicado a honrar a la Virgen Mar\u00eda con cultos especiales, me siento en la obligaci\u00f3n pastoral de recordaros algunos puntos doctrinales y algunas normas pr\u00e1cticas que sirvan de orientaci\u00f3n para vuestra piedad, tanto en sus manifestaciones p\u00fablicas como en las familiares y privadas.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Doctrina del Concilio<\/h2>\n\n\n\n<p>En primer lugar, juzgo necesario recordar algunas de las luminosas verdades que el Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II, sobre todo en la Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica sobre la Iglesia, formul\u00f3 acerca de la doctrina cat\u00f3lica sobre la Virgen Mar\u00eda. Ellas constituyen la expresi\u00f3n m\u00e1s autorizada de la mentalidad del Magisterio eclesi\u00e1stico sobre un punto tan importante de la doctrina y de la vida de los cristianos. Todos nos acordamos de que, durante las discusiones conciliares sobre el cap\u00edtulo dedicado a la Virgen, algunos fieles se escandalizaron al ver que los obispos discut\u00edan, a veces vehementemente, sobre aspectos de la doctrina mariana. Algunos cat\u00f3licos llegaron a dividir de modo simplista a los padres conciliares en dos categor\u00edas, los que quer\u00edan a la Virgen y los que no la quer\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p>Cualquier persona en su cabal juicio sabe que dicha clasificaci\u00f3n, adem\u00e1s de simple, es injusta, puesto que no existe ning\u00fan obispo cat\u00f3lico que no ame a la Virgen. Los diferentes puntos de vista se deb\u00edan a un mismo deseo de dejar muy clara la doctrina cat\u00f3lica sobre la Madre de Jes\u00fas, con el fin de evitar toda confusi\u00f3n que pudiera resultar nociva a la recta piedad y al di\u00e1logo con los hermanos cristianos separados. Despu\u00e9s de las discusiones prevaleci\u00f3 el criterio de tratar la doctrina mariana, no en un esquema aparte, sino en un cap\u00edtulo integrado en la Constituci\u00f3n de la Iglesia. El t\u00edtulo es muy significativo: \u00abLa Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, Madre de Dios, en el misterio de Cristo y de la Iglesia\u00bb. La verdad profunda oculta detr\u00e1s de ese hecho y de ese t\u00edtulo es que la funci\u00f3n de Mar\u00eda en la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n \u2013y, por tanto, su grandeza\u2013 no se puede desligar de la funci\u00f3n de Cristo y de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Los que, llevados por un deseo de exaltaci\u00f3n de prerrogativas de Mar\u00eda, subrayan con exceso su singularidad y preeminencia, corren el peligro de separarla de Cristo y de la Iglesia, y al mismo tiempo de quitarle su raz\u00f3n de ser y su aut\u00e9ntica dignidad. En cambio, insistir en la vinculaci\u00f3n de Mar\u00eda con Cristo y con los cristianos es reconocer la mayor grandeza de Mar\u00eda. Madre de Dios y madre nuestra: \u00abRedimida de modo eminente, en previsi\u00f3n de los m\u00e9ritos de su Hijo, y unida a \u00c9l con un v\u00ednculo estrecho e indisoluble, est\u00e1 enriquecida con la suma prerrogativa y dignidad de ser la Madre de Dios Hijo, y por eso hija predilecta del Padre y sagrario del Esp\u00edritu Santo&#8230; Pero a la vez est\u00e1 unida, en la estirpe de Ad\u00e1n, con todos los hombres que necesitan de la salvaci\u00f3n; y no s\u00f3lo eso, sino que es verdadera Madre de los miembros de Cristo\u00bb (LG 53).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Uni\u00f3n e intimidad entre Mar\u00eda y Jes\u00fas<\/h2>\n\n\n\n<p>La doctrina conciliar expone, en primer lugar, las relaciones de Mar\u00eda con Cristo. \u00abLa uni\u00f3n de la Madre con el Hijo en la obra de la salvaci\u00f3n se manifiesta desde el momento de la concepci\u00f3n virginal de Cristo hasta su muerte\u00bb (ib\u00edd. 37). La anunciaci\u00f3n, la visitaci\u00f3n, el nacimiento, la presentaci\u00f3n, la p\u00e9rdida y hallazgo en el templo: toda la historia de la infancia de Jes\u00fas est\u00e1 formada por momentos de uni\u00f3n e intimidad entre Mar\u00eda y Jes\u00fas. \u00abEn la vida p\u00fablica de Jes\u00fas aparece reveladoramente su Madre ya desde el principio&#8230; As\u00ed avanz\u00f3 tambi\u00e9n la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda en la peregrinaci\u00f3n de la fe, y mantuvo fielmente su uni\u00f3n con el Hijo hasta la cruz, junto a la cual, no sin designio divino, se mantuvo erguida, asoci\u00e1ndose al sacrificio de su Unig\u00e9nito\u00bb (ib\u00edd. 58). Finalmente, despu\u00e9s de la Ascensi\u00f3n, Mar\u00eda contin\u00faa vinculada a la obra de su Hijo; los ap\u00f3stoles, antes del d\u00eda de Pentecost\u00e9s <em>perseveraban un\u00e1nimes en la oraci\u00f3n con algunas mujeres, con Mar\u00eda, la Madre de Jes\u00fas, y con los hermanos de \u00e9ste<\/em> (Hch 1, 14).<\/p>\n\n\n\n<p>En segundo lugar, la Constituci\u00f3n de la Iglesia expone las relaciones de Mar\u00eda con los hombres. La afirmaci\u00f3n m\u00e1s importante, apta para disipar cualquier confusi\u00f3n, es la siguiente: \u00abLa misi\u00f3n maternal de Mar\u00eda para con los hombres no oscurece ni disminuye en modo alguno la mediaci\u00f3n \u00fanica de Cristo&#8230;; se apoya en la mediaci\u00f3n de \u00e9ste, depende totalmente de ella y de la misma saca todo su poder. Y, lejos de impedir la uni\u00f3n inmediata de los creyentes con Cristo, la fomenta\u00bb (LG 60). Y m\u00e1s adelante, al comentar el t\u00edtulo de Mediadora dado a la Virgen, afirma lo siguiente: \u00abLo cual ha de entenderse de tal manera que no reste ni a\u00f1ada nada a la dignidad y eficacia de Cristo, \u00fanico Mediador. Jam\u00e1s podr\u00e1 compararse criatura alguna con el Verbo encarnado y Redentor, pero as\u00ed como el sacerdocio de Cristo es participado tanto por los ministros sagrados cuanto por el pueblo fiel de formas diversas, y como la bondad de Dios se difunde de distintas maneras sobre las criaturas, as\u00ed tambi\u00e9n la mediaci\u00f3n \u00fanica del Redentor no excluye, sino que suscita en las criaturas diversas clases de cooperaci\u00f3n participada de la \u00fanica fuente\u00bb (ib\u00edd. 62).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Pr\u00e1ctica del culto mariano<\/h2>\n\n\n\n<p>Las verdades doctrinales que os acabo de recordar se reflejan en el modo como la Iglesia desea venerar a la Virgen, tanto en el marco de las celebraciones lit\u00fargicas como en las manifestaciones populares de piedad. \u00abLas diversas formas de piedad hacia la Madre de Dios que la Iglesia ha venido aprobando dentro de los l\u00edmites de la doctrina sana y ortodoxa, de acuerdo con las condiciones de tiempos y lugares y teniendo en cuenta el temperamento y manera de ser de los fieles, hacen que, al ser honrada la Madre, el Hijo, por raz\u00f3n del cual son todas las cosas y en el que plugo al Padre eterno que habitase toda la plenitud, sea mejor conocido, amado, glorificado, y que, a la vez, sean mejor cumplidos sus mandamientos\u00bb (LG 66).<\/p>\n\n\n\n<p>En el campo lit\u00fargico, baste recordar las palabras de la Constituci\u00f3n sobre la Liturgia, primer documento promulgado por el Concilio. \u00abEn la celebraci\u00f3n del c\u00edrculo anual de los misterios de Cristo, la Santa Iglesia venera con amor especial a la bienaventurada Madre de Dios, la Virgen Mar\u00eda, unida con lazo indisoluble a la obra salv\u00edfica de su Hijo; en ella, la Iglesia admira y ensalza el fruto m\u00e1s espl\u00e9ndido de la redenci\u00f3n y la contempla gozosamente como una pur\u00edsima imagen de lo que ella misma, toda entera, ans\u00eda y espera ser\u00bb (SC 103).<\/p>\n\n\n\n<p>De este modo, la celebraci\u00f3n de las fiestas lit\u00fargicas de la Virgen queda situada en \u00edntima conexi\u00f3n con la celebraci\u00f3n de los misterios de Cristo. La Iglesia celebra los privilegios de Mar\u00eda, porque ve en ellos la realizaci\u00f3n m\u00e1s completa de la obra redentora de Cristo, y al mismo tiempo en ellos contempla la promesa de su perfecci\u00f3n final. No es que exista algo as\u00ed como dos a\u00f1os lit\u00fargicos independientes: el ciclo de los misterios de Cristo y el ciclo de las fiestas de la Virgen. Existe un solo a\u00f1o lit\u00fargico que contiene una liturgia, la cual, si quiere ser cristiana, tiene que referirse constantemente a Cristo. Podr\u00edamos decir que la presencia de Mar\u00eda en la Liturgia es la propia de una madre: constante, pero discreta y oculta. De modo que, propiamente hablando, no existe un tiempo m\u00e1s dedicado a la Virgen que otro, sino que, a lo largo de todo el a\u00f1o, el recuerdo de Mar\u00eda est\u00e1 presente de manera viva como lo est\u00e1 en toda celebraci\u00f3n de la Misa.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Actos lit\u00fargicos y devociones populares<\/h2>\n\n\n\n<p>Es evidente que la piedad del pueblo no puede quedar limitada a los actos estrictamente lit\u00fargicos. Parece existir una necesidad psicol\u00f3gica de manifestar de muchos otros modos la devoci\u00f3n a la Virgen, tanto de los individuos como de las comunidades. Por eso la Constituci\u00f3n de Liturgia \u00abrecomienda encarecidamente los ejercicios piadosos del pueblo cristiano\u00bb (SC 13). Ahora bien, ha existido, y existe todav\u00eda, en la Iglesia una tendencia a subrayar tanto la importancia de las devociones populares que pr\u00e1cticamente olvida la primac\u00eda de la oraci\u00f3n lit\u00fargica. As\u00ed como existe la tendencia contraria, la cual, al mismo tiempo que exalta la liturgia, no quiere saber nada del papel necesario de los ejercicios de piedad del pueblo. La actitud justa es la de aquellos que se esfuerzan por unificar profundamente la vida cristiana de los fieles, sin divisiones antinaturales. Ello s\u00f3lo es posible a trav\u00e9s de una subordinaci\u00f3n de las devociones populares a los actos lit\u00fargicos y de su mutua coordinaci\u00f3n. Es la postura propugnada por el Concilio: \u00abEs preciso que los ejercicios piadosos se organicen teniendo en cuenta los tiempos lit\u00fargicos, de modo que vayan de acuerdo con la sagrada Liturgia, en cierto modo deriven de ella y a ella conduzcan al pueblo, ya que la Liturgia, por su naturaleza, est\u00e1 muy por encima de ellos\u00bb (ib\u00edd.).<\/p>\n\n\n\n<p>En el caso concreto de las devociones populares marianas, todos, pastores y fieles, tendremos que hacer un esfuerzo por colocarnos en la l\u00ednea marcada por el Concilio. En primer lugar, deberemos intensificar nuestra participaci\u00f3n activa, consciente y fructuosa en las celebraciones lit\u00fargicas, sabiendo que en todas ellas est\u00e1 presente Mar\u00eda, la cual se alegra sobre todo viendo que nuestra vida cristiana se alimenta en las fuentes genuinas del esp\u00edritu cristiano. En segundo lugar, deberemos abandonar toda actitud cr\u00edtica o dictatorial para con los dem\u00e1s, pretendiendo juzgar severamente determinadas formas de piedad o imponer a rajatabla nuestras preferencias personales. Dentro de la m\u00e1s exacta aplicaci\u00f3n, caben muchas formas diversas, favorecidas por el clima de libertad y pluralismo que va penetrando en la Iglesia. Y, por \u00faltimo, todos intentaremos purificar y rectificar nuestras propias formas de piedad para con la Virgen, procurando que est\u00e9n penetradas de esp\u00edritu lit\u00fargico, lo cual, en concreto, quiere decir que est\u00e9n en \u00edntimo contacto con la Palabra de Dios y que posean siempre una dimensi\u00f3n comunitaria.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Fidelidad al lenguaje y directrices del Concilio<\/h2>\n\n\n\n<p>Ni excesos del sentimiento que ahoguen entre sus frondas la limpidez del tallo de Mar\u00eda, siempre y en todo subordinado a Jesucristo, ni reticencias que al mismo Cristo hieren si ofenden a su Madre. El lenguaje del Concilio, lleno a la vez de rigor teol\u00f3gico y de ternura para con la Madre de Dios, es el que debe ser reverentemente escuchado, y sus directrices puestas en pr\u00e1ctica.<\/p>\n\n\n\n<p>Si el pueblo cristiano, rectamente educado en su fe por las ense\u00f1anzas multiseculares de la Iglesia, reiteradas nuevamente por los Papas del Concilio \u2013Juan XXIII y Pablo VI\u2013 reza, por ejemplo, el Rosario a Mar\u00eda, y de manera particular en determinadas \u00e9pocas del a\u00f1o, nadie tiene derecho a destruir tal devoci\u00f3n, o a despreciarla o silenciarla, en nombre del Concilio o de la piedad lit\u00fargica. Si en la pr\u00e1ctica se dan rutinarismos molestos, corr\u00edjanse por quien corresponde. Pero si las oraciones del Rosario permiten ponernos en comunicaci\u00f3n con la Palabra de Dios y son apt\u00edsimas \u2013como lo son de hecho\u2013 para sentirnos incorporados a la vida de la Iglesia, pues las dirigimos a la que es Madre de la misma, \u00bfpor qu\u00e9 no recitarlas?<\/p>\n\n\n\n<p>Basta de exageraciones, queridos sacerdotes y seglares. Al escuchar determinados juicios y expresiones contra el rezo del Rosario y otros ejercicios de piedad en honor de la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, un dolor inevitable aflige el esp\u00edritu. Parece como si inconscientemente estuvi\u00e9ramos haciendo pagar las culpas de nuestro mal humor religioso al ser m\u00e1s humilde e inocente, a Mar\u00eda, la m\u00e1s merecedora, despu\u00e9s de Cristo, del obsequio de nuestros finos sentimientos. Como si Ella, que tanto call\u00f3 y sufri\u00f3 en su vida, tuviera tambi\u00e9n que callar ahora puesta en un silencioso rinc\u00f3n del templo y preguntarse sorprendida: \u00bfPor qu\u00e9? \u00bfQu\u00e9 necesidad hab\u00eda de esto?<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Mar\u00eda es inseparable de Cristo y de la Iglesia<\/h2>\n\n\n\n<p>Mal remedio es para curar un extremismo incurrir en otro. No, queridos hijos de Mar\u00eda, Madre de la Iglesia, no. Injusto ser\u00eda decir que con el rezo del Rosario est\u00e1 solucionado todo o que no se puede ser buen cristiano si no se practica esta devoci\u00f3n diariamente o con esta o aquella frecuencia. Pero desde luego, si encontramos cristianos que lo rezan, o solos, o en familia, o en el templo con los dem\u00e1s, no apaguemos el delicado rumor de sus plegarias con el \u00e1spero rumor de nuestras intemperancias. Procuremos que lo recen bien. Y si encontramos quienes no lo rezan, procuremos que alguna devoci\u00f3n tengan a la Sant\u00edsima Virgen, sea \u00e9sa o sea otra. Esto es lo que expresamente quiere la Iglesia. \u00abNo debe pasar nunca un d\u00eda sin que todos los fieles \u2013dice Pablo VI\u2013 dirijamos un saludo, un pensamiento a la Virgen para conseguir de esta forma un rayo de luz sobre nuestras almas\u00bb<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Y es muy de temer que algunos de los que tan apresuradamente y con tanta descortes\u00eda espiritual han hablado contra el Rosario y contra otros ejercicios tradicionales de devoci\u00f3n mariana apenas hayan hecho nada para sustituirlos por otros m\u00e1s perfectos.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda es inseparable de Cristo y de la Iglesia. Esta es la gran lecci\u00f3n que nos ha impartido el Concilio y que deber\u00edamos aprovechar para dotar a nuestra devoci\u00f3n mariana de riqueza y profundidad. Nuestra actitud debe ir m\u00e1s all\u00e1 del simple extasiarse ante la excelsa dignidad de Mar\u00eda. En Ella debemos ver, por un lado, el triunfo total de la redenci\u00f3n de Cristo, y, por otro, la vocaci\u00f3n a que la Iglesia entera ha sido llamada.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda es la primera redimida y el miembro m\u00e1s noble de la Iglesia. Si nos esforzamos por ver siempre a la Madre de Dios en una perspectiva cristiana y eclesial, si no la separamos de la unidad de la Iglesia, Ella ser\u00e1 de verdad para nosotros el modelo y el ejemplo, la educadora de nuestra fe, la Madre espiritual que nos conducir\u00e1 hacia el Reino de su Hijo.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Homil\u00eda en la festividad de la Asunci\u00f3n, 15 de julio de 1964.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Exhortaci\u00f3n pastoral, abril de 1967. Publicada en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Barcelona, mayo 1967. 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