{"id":778,"date":"2024-09-22T20:01:31","date_gmt":"2024-09-22T18:01:31","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=778"},"modified":"2024-09-22T20:01:31","modified_gmt":"2024-09-22T18:01:31","password":"","slug":"la-consagracion-al-corazon-de-jesus-en-la-familia-invita-a-la-reparacion","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/la-consagracion-al-corazon-de-jesus-en-la-familia-invita-a-la-reparacion\/","title":{"rendered":"La consagraci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas en la familia invita a la reparaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size wp-block-paragraph\">Ponencia le\u00edda en el III Congreso Sacerdotal Internacional, celebrado en F\u00e1tima, 20 de septiembre de 1980. Publicada en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, <\/em>diciembre de 1980.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mis primeras palabras quiero que sean de agradecimiento a los organizadores por el tema escogido para el Congreso: <em>El Sagrado Coraz\u00f3n y la familia. Reflexiones pastorales sobre la familia.<\/em> Este agradecimiento surge en mi interior, como hijo de la Iglesia de Cristo y como sacerdote suyo, al ver la necesidad que en todas partes tenemos de un fortalecimiento de la familia cristiana. Me agrada profundamente participar en este Congreso Sacerdotal Internacional, que quiere ser una contribuci\u00f3n eficaz a la renovaci\u00f3n de la familia cristiana. Es la llamada constante del Papa. Recientemente, en la homil\u00eda de la misa que celebr\u00f3 la tarde del domingo, 7 de septiembre, ante la catedral de Velletri, se\u00f1al\u00f3 que \u00abla familia es el primer ambiente vital que el hombre encuentra al venir al mundo, y su experiencia resulta decisiva. Por eso es muy importante atenderla y protegerla, para que pueda cumplir adecuadamente los deberes que la naturaleza y la revelaci\u00f3n cristiana le han confiado. Es el lugar del amor y de la vida, el lugar donde el amor genera la vida\u00bb<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Muchas de mis reflexiones pastorales, de estos \u00faltimos a\u00f1os sobre todo, han ido orientadas en esta direcci\u00f3n, aunque ciertamente ha sido una preocupaci\u00f3n constante en toda mi vida sacerdotal. El bienestar de la persona y de toda la sociedad y la concepci\u00f3n cristiana de la vida est\u00e1n profundamente ligados a la situaci\u00f3n de la familia. \u00bfY desde qu\u00e9 mejor punto de vista pueden hacerse estas reflexiones pastorales sobre la familia \u2013lugar de amor y de vida\u2013 que el del amor de Dios expresado en el Coraz\u00f3n de Jesucristo? Porque <em>Dios tuvo a bien hacer residir en \u00c9l toda la plenitud y reconciliar por \u00c9l y para \u00c9l todas las <\/em><em>cosas, pacificando, mediante la sangre de su cruz, lo que hay en la tierra y en los cielos<\/em>(Col 1, 19-20).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Reconciliar por \u00c9l y para \u00c9l todas las cosas<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abCoraz\u00f3n de Jes\u00fas\u00bb: la Iglesia ama entra\u00f1ablemente esta expresi\u00f3n. Con ella invoca el amor de Dios hecho realidad en el Verbo encarnado.<em>En esto se manifest\u00f3 el amor que Dios nos tiene: en que envi\u00f3 a su Hijo \u00fanico para que vivamos por medio de \u00c9l. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que \u00c9l nos am\u00f3 y nos envi\u00f3 a su Hijo como propiciaci\u00f3n por nuestros pecados <\/em>(1Jn 4, 9-10).Esa expresi\u00f3n pone de relieve el centro desde el que toda la vida se despliega para volver de nuevo a \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al decir \u00abCoraz\u00f3n de Jes\u00fas\u00bb nombramos al Verbo de Dios encarnado, al Dios con nosotros, al amor que en \u00c9l palpita y que da sentido a la misi\u00f3n de Cristo en el mundo, a su cruz, a su resurrecci\u00f3n, a la Iglesia, a la Eucarist\u00eda. En un mundo que siempre tiene que aprender a amar, el Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, a trav\u00e9s de nuestra \u00edntima convivencia con \u00c9l, ense\u00f1a a amar. <em>Venid a m\u00ed todos los que est\u00e1is fatigados y agobiados y yo os aliviar\u00e9. Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de m\u00ed, que soy manso y humilde de coraz\u00f3n; y hallar\u00e9is descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera<\/em> (Mt 11,28-30).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es un error ver en el Coraz\u00f3n de Cristo una barrera que impide el contacto con el Cristo del Evangelio. <em>Un mandamiento nuevo os doy: que os am\u00e9is los unos a los otros. Que, como yo os he amado, as\u00ed os am\u00e9is tambi\u00e9n vosotros los unos a los otros<\/em> (Jn 13, 34). Para interpretar el mundo y la humanidad, la actitud cristiana es la de Cristo y su Coraz\u00f3n pleno de amor que redime y que salva. Porque eso es todo amor verdadero: redenci\u00f3n. El amor aut\u00e9ntico es transformante en su naturaleza y en sus efectos. Despierta una nueva vida y hace surgir todas las posibilidades. San Juan dice que el amor es \u00abluz\u00bb: <em>Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano est\u00e1 en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe a d\u00f3nde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos<\/em> (1Jn 2, 9-10).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Reconciliar por \u00c9l y para \u00c9l todas las cosas<\/em> (Col 1, 20). El Coraz\u00f3n de Cristo es el signo de la gratuidad de la salvaci\u00f3n. Nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto: el amor de Jesucristo que se entrega hasta la muerte para redimir a los hombres de toda esclavitud y de todo dolor. El amor de Cristo, muerto y resucitado, es la explicaci\u00f3n \u00faltima de cuanto existe y sucede. En su Coraz\u00f3n la historia recibe su sentido definitivo: es la historia de la infinita misericordia de Dios que ama al hombre y, por ese amor vivido en este mundo a trav\u00e9s del Coraz\u00f3n de Cristo, le brinda una plenitud tal de vida que rebasa y trasciende cuanto anhelo de verdad, libertad y amor hay en el ser humano. El Coraz\u00f3n de Cristo, como s\u00edmbolo y realidad de la persona del Verbo, es quien se presenta al hombre en el amor que triunfa de la muerte y quiere recapitular todas las cosas en s\u00ed mismo para devolverlas purificadas al Padre. Si se silencia esta encarnaci\u00f3n hist\u00f3rica del amor de Dios en Jes\u00fas, aunque utilicemos expresiones referentes al \u00abamor de Dios\u00bb estamos lejos de captar su amor. Nadie va a Dios si no es a trav\u00e9s del amor redentor de Cristo. Y este misterio de amor del Dios hecho hombre, del amor de Dios que late en un coraz\u00f3n humano, es el que invita al seguimiento de Cristo y lo hace posible, el que anima a tomar la cruz de la vida diaria, y por el que es suave el yugo y la carga ligera. Todo lo que se diga y se piense sobre Dios que no pase por Cristo son especulaciones m\u00e1s o menos aproximadas, porque <em>todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aqu\u00e9l a quien el Hijo se lo quiera revelar<\/em> (Mt 11, 27).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es evidente que la familia cristiana, nacida de su amor y de su gracia \u2013el Sacramento del matrimonio\u2013 tiene que vivir del amor de Cristo, nacer y fortalecerse al calor de su Coraz\u00f3n. El amor es lo m\u00e1s \u00edntimo y radical de la realidad personal, y es tambi\u00e9n lo m\u00e1s \u00edntimo y radical en la experiencia del Coraz\u00f3n de Jes\u00fas: <em>Mira este Coraz\u00f3n que tanto ha amado a los hombres.<\/em> El amor de Cristo alimenta la vida de la familia \u00abpara que los esposos, con su entrega mutua, se amen con perpetua fidelidad, como \u00c9l mismo am\u00f3 a la Iglesia y se entreg\u00f3 por ella. El genuino amor conyugal es asumido en el amor divino, y se rige y enriquece por la virtud redentora de Cristo y la acci\u00f3n salv\u00edfica de la Iglesia, para conducir eficazmente a los c\u00f3nyuges a Dios y ayudarlos y fortalecerlos en la sublime misi\u00f3n de la paternidad y maternidad. Por ello, los esposos cristianos, para cumplir dignamente sus deberes de estado, est\u00e1n fortificados y como consagrados por un sacramento especial; con cuya virtud, al cumplir su misi\u00f3n conyugal y familiar, imbuidos del esp\u00edritu de Cristo, que satura toda su vida de fe, esperanza y caridad, llegan cada vez m\u00e1s a su propia perfecci\u00f3n y a su mutua santificaci\u00f3n y, por tanto, conjuntamente, a la glorificaci\u00f3n de Dios\u00bb (GS 48).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La sociedad de hoy necesita el testimonio de la familia como Iglesia dom\u00e9stica consagrada al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La familia es la \u00absemilla irremplazable del cuerpo social\u00bb, como la llam\u00f3 repetidas veces P\u00edo XII, y la c\u00e9lula primera del pueblo de Dios, la Iglesia siempre renovada, \u00abla Iglesia en peque\u00f1o\u00bb, seg\u00fan San Juan Cris\u00f3stomo<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>. En la familia, de una manera \u00fanica, se acrisola y vigoriza la vida religiosa, social y nacional. La familia ha sido siempre uno de los objetivos de los esfuerzos pastorales de la Iglesia. En ella se despierta y se crece al amor, a la responsabilidad, a todo lo que comporta la vida. Si queremos que los hombres sean forjadores de paz, de bienestar, de uni\u00f3n, de valores nobles, son necesarias familias donde florezca la aut\u00e9ntica vida cristiana. \u00abLa familia es escuela del m\u00e1s rico humanismo\u00bb (GS 52). Cristo consagr\u00f3 la familia con un sacramento, e hizo de ella una <em>iglesia dom\u00e9stica<\/em> dentro del Cuerpo M\u00edstico de su Iglesia. La familia es, en especial, donde debe vivirse y ejercitarse el gran precepto de la caridad, pues s\u00f3lo la caridad mutua permite vivir a la familia. Y si el fin de la caridad es santificar y profundizar todo rico y sano amor natural, en ning\u00fan lugar puede esto realizarse mejor que dentro de la familia, porque es en ella donde la naturaleza despierta y mantiene el amor m\u00e1s fuerte y m\u00e1s delicado. La familia es el lugar apropiado para impulsar a vivir el gran mandamiento nuevo. Aunque hablara todas las lenguas, si no tengo caridad&#8230;; aunque tuviera el don de profec\u00eda <em>y conociera toda la ciencia, si no tengo caridad&#8230;; aunque repartiera todos mis bienes, si no tengo caridad, nada soy y nada me aprovecha. La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engr\u00ede; no es descort\u00e9s; no busca su inter\u00e9s; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra con la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta<\/em> (1Cor 13, 4-7). Una familia en la que se lucha por vivir en este amor todo lo vuelve valioso y espl\u00e9ndido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A la luz de lo que significa el Coraz\u00f3n de Jes\u00fas y la familia cristiana, se comprende la petici\u00f3n insistente hecha por Cristo, a trav\u00e9s de sus revelaciones y de los documentos pontificios, de que las familias se consagren a su Coraz\u00f3n. La sociedad de hoy necesita el testimonio de la familia como iglesia dom\u00e9stica consagrada al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas. \u00bfTan sensibilizados como estamos hoy a los carismas institucionales y personales, vamos a ser insensibles contra el carisma del amor, de la confianza, de la fidelidad? Nacido el matrimonio cristiano del amor de Cristo, tiene que vivir tambi\u00e9n de las palpitaciones de su Coraz\u00f3n, responder a sus aspiraciones y realizar sus planes de amor con respecto a la humanidad. El culto al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, como dice P\u00edo XII en su Enc\u00edclica <em>Haurietis aquas<\/em> (n\u00fam. 57), no debe su origen a revelaciones privadas, ni apareci\u00f3 de repente en la Iglesia, sino que es una floraci\u00f3n espont\u00e1nea de la fe viva en el Redentor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Vivir la consagraci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas implica vivir del misterio de su amor, que nos reconcilia con Dios; arraigarse y cimentarse en su amor para comprender con toda la Iglesia de Cristo cu\u00e1l es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo, que excede a todo conocimiento. La familia que se consagra al Coraz\u00f3n de Cristo vive sabiendo de qui\u00e9n se ha fiado, y hace suyas las palabras de San Pablo: <em>\u00bfQui\u00e9n nos separar\u00e1 del amor de Cristo? \u00bfLa tribulaci\u00f3n, la angustia, la persecuci\u00f3n, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? Como dice la Escritura: por tu causa somos muertos todo el d\u00eda; tratados como ovejas destinadas al matadero. Pero en todo esto salimos vencedores gracias a aqu\u00e9l que nos am\u00f3. Pues estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los \u00e1ngeles, ni los principados, ni lo presente, ni lo futuro, ni las potestades, ni la altura, ni la profundidad, ni otra criatura alguna podr\u00e1 separarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jes\u00fas, Se\u00f1or nuestro<\/em> (Rm 8, 35-39). La consagraci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Cristo implica, pues, una adhesi\u00f3n y una conformaci\u00f3n total. Y tiene dos aspectos: Cristo que llama e invita y la respuesta por parte del hombre al amor que am\u00f3 primero.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La familia, tan expuesta hoy a todos los peligros de infidelidad, ligereza, materialismo, dispersi\u00f3n, ausencia de sacrificio, irresponsabilidad, af\u00e1n de poder, falsa libertad, placer que destroza la genuina manera de ser del hombre, necesita del calor y de la luz del Coraz\u00f3n de Cristo para tocar y sentir d\u00f3nde est\u00e1 la verdadera felicidad y paz que tanto hambrea y tan mal encuentra. Mediante una invitaci\u00f3n llena de amor quiere Jesucristo introducir a los hombres en el mundo de su vida y de su obra. El yugo insoportable, penoso y molesto, del que libra Jes\u00fas, es la esclavitud del pecado. Porque todo pecado es esclavitud, y toda esclavitud impide la realizaci\u00f3n del hombre. El cristianismo contiene las m\u00e1s fuertes paradojas. Proclama que el hombre debe renunciar para enriquecerse, humillarse para ser ensalzado, negarse para hallarse a s\u00ed mismo, hacerse ni\u00f1o para obtener la verdadera maduraci\u00f3n, morir para dar fruto, perder la vida para ganarla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo esto exige que el hombre \u00abrenazca de nuevo\u00bb a un amor que no tiene su origen en el hombre, sino en Dios. La familia cristiana supone una lenta transformaci\u00f3n de sus miembros, operada al contacto de la experiencia cristiana diaria, vivida en com\u00fan; supone compartir unos miembros con otros las alegr\u00edas y las penas, al igual que las grandes vivencias de la vida; supone vivir juntos en Cristo, por Cristo y con Cristo. Si esto es as\u00ed, se produce algo muy grande y real, fruto de sacrificios y renuncias. En la familia hacen falta muchas energ\u00edas, mucho sacrificio de unos por otros, fidelidad profunda, coraz\u00f3n animoso para no ser v\u00edctima de tantas influencias perjudiciales y de tantos falsos cantos de sirena como hay en el ambiente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nuestra sociedad tiene el coraz\u00f3n enfermo: la familia. Y esto es algo profundamente serio, doloroso, tanto a nivel individual como a nivel social. Como en el coraz\u00f3n, todos los caminos de la vida parten de ella y vuelven a ella; y como el coraz\u00f3n, la familia imprime internamente el dinamismo de la sociedad. Si falla el coraz\u00f3n, falla la vida. Si falla la familia, falla la sociedad. La familia necesita aprender en el Coraz\u00f3n de Cristo. Hay una verdadera teolog\u00eda existencial en la consagraci\u00f3n a este Coraz\u00f3n, que ha amado de una forma tan concreta a los hombres. A quien est\u00e1 dispuesto a ver las leyes b\u00e1sicas de la existencia. Cristo le abre los ojos. <em>Hab\u00e9is o\u00eddo que se dijo, pero Yo os digo&#8230;<\/em> La familia tiene que leer junta todo el Nuevo Testamento, tiene que orar, tiene que plantearse las exigencias que nacen del amor cristiano, de la fidelidad a las ense\u00f1anzas de Cristo. Tiene que escuchar de Cristo las Bienaventuranzas; las Bienaventuranzas de Cristo, y no las de una sociedad que le ofrece el consumismo, el placer como fin y sentido de todo, el dominio y el poder, caiga quien caiga, y caiga \u00ablo que caiga\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfQu\u00e9 ofrece a la sociedad la familia consagrada al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, esta iglesia dom\u00e9stica que es tambi\u00e9n \u00absacramento de Jesucristo\u00bb? Desde luego, hace presente a Cristo en el amor de los padres y de los hijos. <em>Donde haya dos o m\u00e1s congregados en mi nombre all\u00ed estoy Yo en medio de ellos.<\/em> Lo muestra y lo da a los dem\u00e1s en la vida diaria, en la responsabilidad ante sus deberes, en el sentido de la vida que tiene ante el \u00e9xito y el fracaso, ante las alegr\u00edas y las penas, ante la salud y la enfermedad, ante el agravio y el bien recibido; en los valores que vive, en la hospitalidad que ofrece, en los bienes de toda \u00edndole que comparte. Vive el gran mandamiento nuevo, como lo expl\u00edcita San Pablo en la Carta a los Corintios, que anteriormente hemos comentado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfSe puede decir con verdad que la familia cristiana, la peque\u00f1a iglesia, anuncia a Jesucristo con el dinamismo de su vida? Esto no debe plantearse como una exhortaci\u00f3n, sino como una reflexi\u00f3n hecha por cada familia. Cada familia cristiana \u00abes\u00bb iglesia. Y por medio de cada familia, la Iglesia tiene tambi\u00e9n que anunciar el Evangelio a toda criatura. El Evangelio se anuncia sobre todo por la vida. Viviendo el sentido sagrado del amor y de la vida; viviendo con el esposo, con la esposa, con los hijos, con los ancianos, con los enfermos, el mandamiento nuevo. Viviendo del amor y en el amor que late en el Coraz\u00f3n de Cristo, la iglesia dom\u00e9stica muestra a Cristo y expande la fuerza y la riqueza de la familia cristiana como un perfume que todo lo penetra con su aroma. Desbordando los l\u00edmites de la familia, el amor se expande hacia fuera. Tiende los brazos hacia los que la necesitan, sale al encuentro de los que piden su ayuda, esparce por el mundo su alegr\u00eda, su respeto, su fidelidad. Sirve de luz y de faro para los que vacilan. Sobre el semblante de la familia consagrada a Cristo, \u00c9l pone un reflejo de su propia vida y amor. En esto consiste la gran fuerza que tiene el testimonio de \u00abesta peque\u00f1a iglesia\u00bb. El amor que brota del Coraz\u00f3n de Cristo es como un r\u00edo viviente, que viene de Dios y vuelve a \u00c9l, despu\u00e9s de haber pasado por los hombres.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La familia que se consagra al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas<br>vive con sentido de redenci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aspectos fundamentales del culto al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas son <em>la <\/em><em><strong>Consagraci\u00f3n<\/strong><\/em><em>,<\/em> de la que acabo de hablar, y <em>la <\/em><em><strong>Reparaci\u00f3n<\/strong><\/em><em>.<\/em> Se trata, por tanto, de impulsar a vivir ambos aspectos en familia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hablo ahora del culto, no con formulaciones teol\u00f3gicas, sino en el sentido en que se refiere a ello Xavier Zubiri, cuando lo analiza filos\u00f3ficamente en su libro <em>Naturaleza, Historia y Dios,<\/em> al tratar ese tema tan querido por \u00e9l y tan maravilloso de la \u00abreligaci\u00f3n\u00bb. El hombre es, para \u00e9l, constitutivamente un ser religado. Por eso \u00abla religi\u00f3n <em>no es <\/em>una <em>propiedad,<\/em> ni una <em>necesidad;<\/em> es algo distinto y superior: <em>una dimensi\u00f3n formal del \u00abser\u00bb personal humano.<\/em> Religi\u00f3n, en cuanto tal, no es ni un simple sentimiento, ni un nudo conocimiento, ni un acto de obediencia, ni un incremento para la acci\u00f3n, sino <em>actualizaci\u00f3n del ser religado del hombre.<\/em> En la religi\u00f3n no sentimos previamente una ayuda para obrar, sino <em>un fundamento para ser.<\/em> Por esto, su \u00abultimaci\u00f3n\u00bb o expresi\u00f3n suprema es el \u00abculto\u00bb, en el m\u00e1s amplio e integral sentido del vocablo, <em>no como conjunto de ritos, sino como actualizaci\u00f3n de aquel \u00abreconocer<\/em>\u00bb o acatar a que antes alud\u00eda<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>. Este \u00faltimo punto es el que me interesa: \u00abel culto como actualizaci\u00f3n de aquel reconocer o acatar&#8230;\u00bb. El culto al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas es la actualizaci\u00f3n del reconocer, aceptar y responder a su amor. Y por eso son aspectos esenciales: la consagraci\u00f3n \u2013adhesi\u00f3n y conformaci\u00f3n total\u2013 y la reparaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>La reparaci\u00f3n<\/strong><\/em> es el \u00fanico modo de vivir nuestra incorporaci\u00f3n a Cristo. Cristo ama al hombre y hace suyo lo que era del hombre: el pecado; y hace del hombre lo que era suyo: la vida divina. Somos cristianos en virtud de la Redenci\u00f3n que eleva el todo de la existencia a un nuevo comienzo. \u00abEl pecado ha arrancado al hombre \u2013y con \u00e9l al mundo\u2013 del orden en Dios, precipitando la existencia entera en la desdicha. La redenci\u00f3n no es, por eso, una correcci\u00f3n tan s\u00f3lo de ciertas transgresiones por la doctrina y el ejemplo, o una alta realizaci\u00f3n religiosa que repara lo hasta entonces perturbado, sino un proceso del rango de la creaci\u00f3n\u00bb<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>. La angustia de Getseman\u00ed y del Calvario llega hasta lo m\u00e1s profundo \u2013<em>Padre, si es posible pase de m\u00ed este c\u00e1liz. Dios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfporqu\u00e9 me has abandonado? <\/em>\u2013, porque repara desde la ra\u00edz el mal. Jes\u00fas lleva sobre s\u00ed como propia la culpa de los hombres. Siente toda su amplitud y se estremece ante la \u00abreparaci\u00f3n\u00bb que esta culpa exige. No hay nada humano que lo pueda medir. De esta conciencia surge su actitud durante la pasi\u00f3n. Todo el car\u00e1cter del proceso de la encarnaci\u00f3n, vida, muerte y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or est\u00e1 determinado por ese \u00abpor vosotros\u00bb. <em>Este es mi cuerpo, que va a ser entregado por vosotros&#8230; Este c\u00e1liz es la Nueva Alianza en mi sangre, que va a ser derramada por vosotros<\/em> (Lc 22, 19-20).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Creer y ser bautizado significa incluirse en esta acci\u00f3n redentora y reparadora de Cristo. El ser y el obrar cristiano es realizaci\u00f3n, constantemente renovada, de la acci\u00f3n redentora, un constante despojarse del hombre viejo y convertirse en hombre nuevo. As\u00ed surge la relaci\u00f3n de \u00abnosotros en Cristo\u00bb y \u00abCristo en nosotros\u00bb. <em>Con Cristo estoy crucificado y vivo, pero no yo, sino que es Cristo quien vive en m\u00ed; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me am\u00f3 y se entreg\u00f3 a s\u00ed mismo por m\u00ed<\/em> (Gal 2, 19-20). Este es el sentido de toda la vida cristiana: completar en nosotros lo que falta a la pasi\u00f3n de Cristo. Siendo cuerpo de Cristo, animado por su Coraz\u00f3n, el destino de la Iglesia es ser el instrumento de la obra redentora del mundo. La acci\u00f3n instrumental de la Iglesia tiene que tener una funci\u00f3n de autopurificaci\u00f3n por su participaci\u00f3n en el sacrificio de Cristo, y de transformaci\u00f3n del mundo. Todos los cristianos, llamados con raz\u00f3n por el Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles <em>linaje escogido, sacerdocio real,<\/em> deben ofrecer sacrificio por los pecados, por s\u00ed mismos, y por todo el g\u00e9nero humano, casi de la misma manera que todo sacerdote y <em>Pont\u00edfice, tomado de entre los hombres, en favor de los hombres, es instituido para las cosas que miran a Dios<\/em> (Hb 5,1).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abY cuanto m\u00e1s perfectamente respondan al Sacrificio del Se\u00f1or nuestra oblaci\u00f3n y sacrificio, esto es, cuanto m\u00e1s perfectamente inmolemos nuestro amor propio y nuestras concupiscencias y crucifiquemos nuestra carne, con aquella crucifixi\u00f3n m\u00edstica de que habla el Ap\u00f3stol, tantos m\u00e1s abundantes frutos de propiciaci\u00f3n y de expiaci\u00f3n percibiremos para nosotros y para los dem\u00e1s\u00bb<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La doctrina paulina del Cuerpo de Cristo evoca con absoluta precisi\u00f3n esta exigencia de la vida cristiana: <em>Me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia<\/em> (Col 1, 24). En la progresiva reparaci\u00f3n est\u00e1 la progresiva vivificaci\u00f3n, <em>hasta ver a Cristo formado en vosotros<\/em> (Gal 4, 19). Todo en la Iglesia de Cristo inculca al cristiano esta vida de reparaci\u00f3n por s\u00ed mismo y por los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La familia que se consagra al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas vive con sentido de Redenci\u00f3n. \u00abLa familia cristiana, cuyo origen est\u00e1 en el matrimonio, que es imagen y participaci\u00f3n de la alianza de amor entre Cristo y la Iglesia, manifestar\u00e1 a todos la presencia viva del Salvador en el mundo y la aut\u00e9ntica naturaleza de la Iglesia, ya por el amor, la generosa fecundidad, la unidad y fidelidad de los esposos, ya por la cooperaci\u00f3n amorosa de todos sus miembros\u00bb (GS 48). La familia cristiana tiene que ser instrumento reconciliador del amor de Cristo. Cuando se funda una familia cristiana tiene que levantarse la bandera de un amor inseparable que ondea por encima de las tornadizas inclinaciones del coraz\u00f3n. Y este amor de los unos por los otros s\u00f3lo es fuerte y constante cuando se funda en el amor redentor de Cristo. All\u00ed se da la gracia, la vida; en la familia cristiana se inicia un nuevo movimiento que puede llevar a lo m\u00e1s hondo de la vida cristiana. Brota un amor lleno de dulce delicadeza y fuerte fidelidad que une en el sacrificio, en la entrega mutua, en el caminar a trav\u00e9s de todas las dificultades. \u00abAl unir en santa solemnidad, ante el altar de Dios, la celebraci\u00f3n de esa alianza matrimonial y el rito de la m\u00e1s alta acci\u00f3n del amor sacrificado de Cristo a su Iglesia, lo que celebramos es entonces, de suyo, la oraci\u00f3n y la abertura del coraz\u00f3n a ese amor\u00bb<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es la iglesia dom\u00e9stica el terreno m\u00e1s apropiado para abrirse y vivir tanto la consagraci\u00f3n como la reparaci\u00f3n. Los primeros cristianos viv\u00edan como una gran familia. Ese deber\u00eda ser hoy nuestro objetivo: que las familias cristianas sean \u00abpeque\u00f1as iglesias dom\u00e9sticas\u00bb, en las que se viva la adhesi\u00f3n y conformaci\u00f3n con Cristo, que lleva a un gran amor redentor. He o\u00eddo decir ya a muchos matrimonios que al Papa Juan Pablo II se le va a llamar \u00abel Papa de la familia cristiana\u00bb. Est\u00e1 tocando el coraz\u00f3n del mundo porque ha tocado el coraz\u00f3n de la sociedad: la familia. \u00abPara que el matrimonio cristiano favorezca el bien total y desarrollo de los c\u00f3nyuges, debe inspirarse en el Evangelio y abrirse as\u00ed a la nueva vida, una nueva vida dada y aceptada generosamente. Los c\u00f3nyuges est\u00e1n llamados tambi\u00e9n a crear una atm\u00f3sfera de familia en la que los hijos sean felices y vivan en plenitud y con dignidad una vida humana y cristiana. Para poder vivir una vida gozosa de familia se requieren sacrificios, tanto por parte de los padres como de los hijos. Cada miembro de la familia debe convertirse, de modo especial, en siervo de los otros, compartiendo sus cargas. Es necesario que cada uno sea sol\u00edcito no s\u00f3lo por la propia vida, sino tambi\u00e9n por la de los otros miembros de la familia\u00bb<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La familia cristiana, como verdadera Iglesia dom\u00e9stica, es mensajera y art\u00edfice de la reparaci\u00f3n, de la unidad y de la paz<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La existencia es cristiana en tanto que la fuerza que la impulsa a desarrollarse est\u00e1 determinada por Cristo. Una familia es cristiana cuando todo el dinamismo de su vida est\u00e1 determinado por \u00c9l. <em>Jes\u00fas exige que la familia, como tal, se<\/em> \u00ab<em>pronuncie\u00bb por \u00c9l:<\/em> en la relaci\u00f3n mutua entre s\u00ed de los esposos, de los hijos, en la educaci\u00f3n de \u00e9stos, en la posesi\u00f3n de los bienes y en su utilizaci\u00f3n, en los deberes profesionales, en la participaci\u00f3n en toda la vida de la Iglesia. No se puede servir a dos se\u00f1ores: al dinero, al placer, a las imposiciones de una sociedad materialista y consumista, por un lado, y a Jesucristo por otro. <em>La familia que realmente le ama, guarda su palabra, y \u00c9l permanece en ella.<\/em> Muchas veces tendr\u00e1 que elegir entre el Reino de Cristo y los obst\u00e1culos terrenales: ventajas, relaciones humanas, posibilidades de poder y placer, y tendr\u00e1 que mantenerse cumpliendo la voluntad de Dios: \u00abVenga a nosotros tu Reino, h\u00e1gase tu voluntad as\u00ed en nuestra familia como en el cielo\u00bb. Hay un hermoso s\u00edmbolo en el Evangelio sobre el Reino de los cielos: el Reino es como un grano de mostaza, diminuto, pero lleno de fuerza vital. Se siembra y crece, se forma una familia, que va desarroll\u00e1ndose constantemente y en silencio. Si la familia permanece en fidelidad, ning\u00fan poder terrenal puede contener la fuerza del grano de mostaza. El Reino de Dios no viene de modo que se pueda decir: m\u00edralo ah\u00ed. Est\u00e1 <em>dentro<\/em> de vosotros, <em>en<\/em> vosotros (Lc 17, 20-21). Las cosas del Reino de Dios no son determinadas exteriormente; son fuerza interior, vital, que operan por el amor y la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las bienaventuranzas son para vivirlas en la familia cristiana, en esa iglesia dom\u00e9stica, c\u00e9lula viva y clave de la Iglesia de Cristo. Es bienaventurada la familia que soporta con confianza en Dios la necesidad, la privaci\u00f3n y el dolor, la familia cuya actitud no es de debilidad, sino de fuerza suavizada, capaz de dominar por la sola verdad; la que llora todo alejamiento de Dios \u2013perd\u00f3nanos nuestras deudas\u2013; la que es bondadosa y no ejerce el poder como dominio, sino como servicio; la que tiene entra\u00f1as de compasi\u00f3n eficaz; la que vive la limpieza de coraz\u00f3n como revelaci\u00f3n de sus costumbres cristianas; la que da paz por su cercan\u00eda con Cristo; la que es perseguida por causa de la justicia; la que es insultada por el nombre y la palabra de Cristo. Si realmente la familia viviera consagrada a Dios en el Coraz\u00f3n de Cristo, vivir\u00eda con anhelos de reparaci\u00f3n y tendr\u00eda exigencias muy fuertes para permanecer unida y convertirse en una iglesia dom\u00e9stica que ser\u00eda, no ya como un grano de mostaza, sino como un \u00e1rbol en el que los p\u00e1jaros \u2013s\u00edmbolo de otras personas y familias\u2013 podr\u00edan vivir y habitar. La fuerza de una familia cristiana penetra hondamente en la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si en las familias la persona de Cristo no se hace presente en el pensamiento, en el sentimiento, en la actuaci\u00f3n, y su cercan\u00eda no se hace cada vez m\u00e1s entra\u00f1able y fuerte, la Iglesia no tendr\u00e1 vigor en sus miembros. La familia cristiana significa que Dios rige su voluntad no al modo de una polic\u00eda invisible, o visible a trav\u00e9s de los preceptos de la Iglesia, que desde fuera hace entrar Su palabra en su cotidiano quehacer, sino como un acuerdo interior. Su acci\u00f3n tiene que partir de su adhesi\u00f3n a Cristo en todo cuanto constituye la vida humana. Si no act\u00faa as\u00ed, buscar\u00e1 la religi\u00f3n, pero no encontrar\u00e1 en ella m\u00e1s que problemas m\u00e1s o menos te\u00f3ricos que solucionar. La familia cristiana que pertenece en cuerpo y alma a Cristo, no considera la Iglesia como algo distinto de s\u00ed, externa a ella misma. No descarga su exigencia interior, radical, de vivir \u00aben familia\u00bb las relaciones con Cristo; no puede ser algo que cada uno \u00abhace por su cuenta\u00bb. Si la familia vive esclava del trabajo, de las ocupaciones, el dinero, la pol\u00edtica, y Cristo es \u00abun adem\u00e1s\u00bb, todo ser\u00e1 vac\u00edo. Si en la familia no hay vida cristiana \u00bfqu\u00e9 habr\u00e1 en la sociedad? Si no hay amor, fidelidad, sacrificio, renuncia generosa, entrega, unidad, paz, reparaci\u00f3n, satisfacci\u00f3n de unos por otros, la sociedad se sentir\u00e1 enferma de ego\u00edsmo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las familias cristianas \u00abmuestran a todos el ejemplo de su amor incansable y generoso, construyen la fraternidad de la caridad y se convierten en testigos y cooperadores de la fecundidad de la Iglesia Madre, como s\u00edmbolo y al mismo tiempo participaci\u00f3n de aquel amor con que Cristo am\u00f3 a su Esposa y se entreg\u00f3 a s\u00ed mismo por ella\u00bb (LG 41). La Redenci\u00f3n no es ninguna leyenda; por eso no ha suprimido ni el dolor, ni el mal, ni la realidad del esfuerzo y respuesta personal del hombre. Tampoco promete que en el porvenir va a suprimirse y sigue siendo tarea humana trabajar en ello.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero ha ocurrido algo radical: un nuevo devenir. Creer significa entrar en \u00e9l. Cristo ha tomado nuestra existencia en su Coraz\u00f3n. La ha vivido y la ha padecido hasta su extremo y en ello ha encontrado expiaci\u00f3n la culpa. Cristo es el comienzo de la nueva creaci\u00f3n. La familia tiene que vivir, unida, de esa nueva creaci\u00f3n con la gravedad con que sabe que se trata del destino eterno. Tiene que conocer en qu\u00e9 consiste la expiaci\u00f3n y cumplirla en la realidad de su vida diaria. La privaci\u00f3n y el sufrimiento han recibido otro car\u00e1cter por la Redenci\u00f3n. Han quedado asumidos en el dolor de Cristo y en \u00e9l se convierten en expiaci\u00f3n por la culpa propia y de los dem\u00e1s; como se convierten, para quien vive la Redenci\u00f3n, en purificaci\u00f3n y crecimiento del hombre nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esto hay que vivirlo en familia. Y a\u00fan m\u00e1s: la familia que se configura as\u00ed con Cristo encuentra impulso, sentido y fuerza tambi\u00e9n para su trabajo en el mundo, y se le hacen posibles muchas cosas que no lo ser\u00edan por sus meras fuerzas naturales. La iglesia dom\u00e9stica tiene que conocer hasta d\u00f3nde est\u00e1 llamada: tiene que asumir la responsabilidad de ser fermento de la sociedad, de reparar el mal que se hace, de ser como el m\u00e9dico que contribuye con su propia vida a curar el mal. Es una tarea dif\u00edcil, y muchas veces puede dar la impresi\u00f3n de que no tiene sentido o de que no se hace nada. Pero ese servicio es ya una verdadera expiaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Lo que hicisteis a uno de mis hermanos, por uno de mis hermanos m\u00e1s peque\u00f1os, a M\u00ed y por M\u00ed lo hicisteis.<\/em> Con este juicio del Se\u00f1or sobre nuestras acciones se introduce en ellas algo que ya no es humano y terreno, sino acontecimiento de gracia de la Redenci\u00f3n, esto es, la relaci\u00f3n con el Hijo de Dios, que se hizo hombre y hermano de todos nosotros y expi\u00f3 nuestra culpa. En cada vida humana se vuelve a decidir el sentido de la Redenci\u00f3n en cuanto en cada hombre esta venida de Cristo, vida y muerte, halla su pleno cumplimiento o no. Y siendo como somos solidarios unos de otros en virtud del Cuerpo M\u00edstico de Cristo; \u00bfhay lugar m\u00e1s indicado que la familia para abrirse, crecer y vivir de esta profunda realidad?<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Conclusi\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Tanto am\u00f3 Dios al mundo que dio a su Hijo \u00fanico, para que todo el que crea en \u00c9l no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por \u00c9l<\/em> (Jn 3, 16-17). Este amor que llega de Dios ha de echar su ra\u00edz en nosotros y ha de pasar a los dem\u00e1s: <em>Amaos los unos a los otros. Pues el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios<\/em> (1Jn 4, 7). La familia que quiere ser cristiana entra en este proceso de amor y de reparaci\u00f3n que Cristo vivi\u00f3. Vivir del amor de Cristo es el \u00abinstrumento\u00bb m\u00e1s eficaz para infundir y renovar la vida de los individuos, de la familia y de la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Iglesia no se limita a asegurar el amor, la paz y la unidad; es su mensajera y art\u00edfice. Pero las familias cristianas no pueden olvidar que la Iglesia es en sus miembros como lo fue en su Cabeza: solamente es redentora con \u00c9l en la cruz, solamente fue redimida por \u00c9l en la cruz. La Iglesia est\u00e1 en medio del mundo, como la familia, es decir, en medio de todos los combates. Contin\u00faa su marcha envuelta en sufrimientos y oprobios, y ni la prosperidad \u2013siempre precaria\u2013 la engr\u00ede, ni la adversidad la abate. No puede ser infiel a su Fundador y Cabeza: <em>No he venido a traer la paz, sino la espada,<\/em> la espada de la predicaci\u00f3n cristiana. Para preparar el Evangelio de la paz, San Pablo nos dice: es necesario que cada uno <em>se<\/em> <em>revista de la armadura de Dios<\/em> (1Tes 5, 9). Cristo, que <em>ha pacificado con su sangre en la cruz todas las cosas <\/em>(Col 1, 20), quiere que los suyos ejerzan siempre una acci\u00f3n pacificadora. Pero tenemos que arrancarnos de esa falsa paz que ten\u00eda el mundo antes de Cristo y en la que siempre nos instalamos de nuevo. El fin de la Iglesia es mostrarnos a Cristo, llevarnos a \u00c9l, comunicarnos su vida, es decir, ponernos en comunicaci\u00f3n con \u00c9l. La iglesia dom\u00e9stica tiene que responder a esta exigencia. El mundo creer\u00e1 en Cristo y que Cristo resucitado vive siempre en su Iglesia, si probamos que \u00c9l verdaderamente es nuestra plenitud, que \u00c9l va echando de nosotros el viejo fermento y nos sacia <em>con los panes sin levadura de la pureza y de la verdad<\/em> (1Cor 5, 7-8).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para terminar, nada mejor que releer atentamente, con veneraci\u00f3n y agradecimiento, unas preciosas palabras de exhortaci\u00f3n que el inolvidable Sumo Pont\u00edfice P\u00edo XII dirig\u00eda a los reci\u00e9n casados, en aquel su famoso discurso del 26 de junio de 1940, que ya antes hemos citado:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abPara volver a encontrar la paz hace falta que los hombres hagan lo que desde hace siglos les predican Jesucristo y su Iglesia: sacrifiquen sus propias aspiraciones y sus propios deseos, en cuanto aparezcan incompatibles con los derechos ajenos y con el inter\u00e9s colectivo. A este fin les encamina por una v\u00eda dulce y segura la devoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n. Porque, en primer lugar, la imagen del Divino Coraz\u00f3n, rodeado de llamas, coronado de espinas, abierto por la lanza, recuerda hasta qu\u00e9 punto am\u00f3 Jes\u00fas a los hombres y se sacrific\u00f3 por ellos, es decir, seg\u00fan sus propias palabras, \u00abhasta agotarse y consumirse\u201d. Adem\u00e1s, el lamento del Salvador por la infidelidad y las ingratitudes de los hombres imprime a esta devoci\u00f3n un car\u00e1cter esencial de penitencia expiatoria. Nuestro gran predecesor P\u00edo XI lo aclar\u00f3 admirablemente en su enc\u00edclica <em>Miserentissimus Redemptor,<\/em> y en la oraci\u00f3n lit\u00fargica de la fiesta del Sagrado Coraz\u00f3n, donde se dice que al devoto obsequio de nuestra piedad <em>(devotum pietatis nostrae obsequium)<\/em> debe a\u00f1adirse una digna satisfacci\u00f3n por nuestros pecados <em>(dignae satisfactionis officium).<\/em> Estos dos elementos hacen a la devoci\u00f3n del Sagrado Coraz\u00f3n eminentemente apta para preparar y promover el orden quebrantado y con esto para preparar y promover el retorno de la paz. La grande obra de Cristo, o, para hablar con San Pablo (2Cor 5, 19), la obra que Dios hizo en \u00e9l, era reconciliar consigo al mundo <em>(Deus erat in Christo mundum reconcilians sibi),<\/em> y la sangre, cuyas \u00faltimas gotas brotaron del Coraz\u00f3n de Jes\u00fas sobre la cruz, es el sello de la nueva Alianza (cf. Jn 19, 34; Mt 26, 28) que reanuda los v\u00ednculos de amor entre Dios y el hombre, rotos por el pecado original. Haced, pues, de este Coraz\u00f3n el rey de vuestra casa, y establecer\u00e9is en ella la paz. Tanto m\u00e1s cuanto que \u00c9l mismo, renovando y determinando las bendiciones de su Padre celestial hacia las familias fieles, prometi\u00f3 hacer reinar la paz en aquellas que le fueran consagradas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> V\u00e9ase la edici\u00f3n en lengua espa\u00f1ola de <em>L&#8217;Osservatore Romano,<\/em> 14 de septiembre de 1980, p. 1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> <em>Comentario a la carta a los Efesios,<\/em>5 hom. 20: PG 62, 143.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> X. Zubiri,<em>Naturaleza, Historia y Dios,<\/em>Madrid 1955, 320.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> R. Guardini,<em>La esencia del cristianismo,<\/em>Madrid<sup>2<\/sup> 1964, 66.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> P\u00edo XI, <em>Miserentissimus Redemptor,<\/em> 33-34. Cf. P\u00edo XII, Discurso a los reci\u00e9n casados, 26 de junio de 1940.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> K. Rahner, <em>Fieles a la tierra, <\/em>Barcelona 1971, 179.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> Juan Pablo II, Homil\u00eda en la misa celebrada en el <em>Capitol Mall,<\/em> de Washington, 7 de octubre de 1979.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ponencia le\u00edda en el III Congreso Sacerdotal Internacional, celebrado en F\u00e1tima, 20 de septiembre de 1980. Publicada en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, diciembre de 1980. Mis primeras palabras quiero que sean de agradecimiento a los organizadores por el tema escogido para el Congreso: El Sagrado Coraz\u00f3n y la familia. 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