{"id":776,"date":"2024-09-22T19:58:44","date_gmt":"2024-09-22T17:58:44","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=776"},"modified":"2024-09-22T19:58:44","modified_gmt":"2024-09-22T17:58:44","password":"","slug":"la-realeza-de-jesucristo","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/la-realeza-de-jesucristo\/","title":{"rendered":"La realeza de Jesucristo"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Conferencia pronunciada en Valladolid, el 1 de junio de 1979, en el acto de clausura del Congreso Teol\u00f3gico-Pastoral sobre \u00abEl Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, principio y signo de unidad\u00bb. Texto publicado en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo,<\/em> noviembre de 1979.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Evocaci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>Quiero comenzar esta conferencia, que cierra el magn\u00edfico Congreso Teol\u00f3gico-pastoral dedicado al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, en esta ciudad castellana, cuna de la devoci\u00f3n a ese Coraz\u00f3n del Redentor en Espa\u00f1a<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>, tan vinculada a mi vida y a mis primeras actividades pastorales, con tres evocaciones de los \u00faltimos Papas:<\/p>\n\n\n\n<p>Era el 11 de octubre de 1962, en la apertura del Concilio Vaticano II, el XXI de los Concilios Ecum\u00e9nicos celebrados por la Iglesia Cat\u00f3lica, en uno de los actos m\u00e1s solemnes y m\u00e1s cat\u00f3licos \u2013permitidme la expresi\u00f3n\u2013 de este siglo, con la asistencia de 2.500 obispos de todo el mundo. La voz del venerado Papa Juan XXIII, que hab\u00eda convocado aquella asamblea universal y que presid\u00eda personalmente su reuni\u00f3n inaugural, pronunci\u00f3 las palabras m\u00e1s bellas y profundas que se escucharon, en el aula conciliar, a lo largo de los cuatro a\u00f1os de duraci\u00f3n del Concilio: \u00abEl gran problema, planteado al mundo, queda en pie tras casi dos mil a\u00f1os; Cristo, radiante siempre en el centro de la historia y de la vida; los hombres o est\u00e1n con \u00c9l y con su Iglesia, y en tal caso gozan de la luz, de la bondad, del orden y de la paz, o bien est\u00e1n sin \u00c9l y contra \u00c9l, y deliberadamente contra su Iglesia, con la consiguiente confusi\u00f3n y aspereza en las relaciones humanas y con persistentes peligros de guerras fratricidas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Era el 29 de septiembre de 1963, en la reuni\u00f3n inaugural de la II Sesi\u00f3n del Concilio, bajo la presidencia del nuevo Papa, Pablo VI \u2013Juan XXIII hab\u00eda marchado ya a la Casa del Padre a recibir el premio de siervo bueno y fiel, el 3 de junio de 1963, llorado por la Iglesia y por todos los hombres buenos\u2013, quien hab\u00eda decidido continuar hasta su conclusi\u00f3n la obra del Concilio; en este primer discurso dirigido a los Padres Conciliares, de car\u00e1cter program\u00e1tico, \u2013en un determinado momento\u2013, elev\u00f3 el tono de sus palabras y mucho m\u00e1s la sublimidad del contenido de sus expresiones, al evocar a Nuestro Se\u00f1or Jesucristo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abDiremos con la Sagrada Liturgia: <em>S\u00f3lo a Ti te conocemos, Cristo; \u2013a Ti<\/em>\u2013 <em>con alma sencilla y pura<\/em> <em>\u2013llorando y cantando rogamos<\/em>\u2013, <em>atiende a nuestros sentimientos<\/em> (Breviario Romano, Himno de Laudes, feria IV). Y, al clamar as\u00ed, parece que se presenta \u00c9l mismo a nuestros ojos, extasiados y at\u00f3nitos, con la insigne majestad del Pantocr\u00e1tor de vuestras bas\u00edlicas. Venerables Hermanos de las Iglesias orientales, y tambi\u00e9n de las occidentales. Y nos parece representar la figura de nuestro predecesor Honorio III adorando a Cristo en el art\u00edstico \u00e1bside de la Bas\u00edlica de San Pablo extramuros. El Pont\u00edfice, peque\u00f1o y casi aniquilado en tierra, besa el pie de Cristo, quien, imponente en sus dimensiones, cual Maestro de majestad regia, preside y bendice a la multitud congregada en la bas\u00edlica, es decir, a la Iglesia. Nos parece que la escena se repite aqu\u00ed, pero no en imagen dise\u00f1ada o pintada, sino realmente, en nuestra asamblea, que reconoce a Cristo como principio y fuente de donde dimanan la Redenci\u00f3n y la Iglesia, y a la Iglesia como efluvio y continuaci\u00f3n terrena y misteriosa del mismo Cristo, de tal manera que nos parece contemplar la visi\u00f3n que San Juan describe en el Apocalipsis: <em>y me mostr\u00f3 el r\u00edo de agua viva, resplandeciente como cristal, que sal\u00eda del trono de Dios y del Cordero<\/em> (Ap 22, 1). Es justo que este Concilio arranque de tal visi\u00f3n, o mejor, de esta celebraci\u00f3n m\u00edstica. Porque esta celebraci\u00f3n confiesa que Nuestro Se\u00f1or Jesucristo es el Verbo Encarnado Hijo de Dios e Hijo del hombre, Redentor del mundo, la esperanza del g\u00e9nero humano y su \u00fanico y supremo Maestro, Pastor, Pan de vida, nuestro Pont\u00edfice y nuestra hostia, \u00fanico Mediador entre Dios y los hombres, Salvador de la tierra, el que ha de venir Rey de la vida eterna\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La tercera evocaci\u00f3n se refiere al Papa Juan Pablo II \u2013nuestro querido y venerado Pont\u00edfice que, en tan pocos meses, ha sabido ganarse el coraz\u00f3n y el amor de sus hijos, despu\u00e9s de la muerte inesperada del llorado Juan Pablo I\u2013, en la homil\u00eda de la Misa solemne de inauguraci\u00f3n de su Pontificado, el d\u00eda 22 de octubre del a\u00f1o pasado.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos recordamos con emoci\u00f3n el impacto de sus palabras que resuenan todav\u00eda en nuestros o\u00eddos y en nuestros corazones: \u00ab\u00a1No tem\u00e1is! \u00a1Abrid, m\u00e1s todav\u00eda, abrid de par en par las puertas a Cristo! Abrid a su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas econ\u00f3micos y los pol\u00edticos, los extensos campos de la cultura, de la civilizaci\u00f3n y del desarrollo. \u00a1No teng\u00e1is miedo! Cristo conoce <em>lo que hay dentro del hombre.<\/em> \u00a1S\u00f3lo \u00c9l lo conoce!\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Realeza de Jesucristo.<br>Su fundamentaci\u00f3n teol\u00f3gica<\/h2>\n\n\n\n<p>S\u00ed, Cristo es el centro de la historia y del mundo; Cristo, Verbo encarnado, Hijo de Dios e Hijo del hombre. Redentor del mundo, \u00fanico y supremo Maestro, Salvador de los hombres, el Rey de cielos y tierra. \u00a1A \u00c9l debemos abrir de par en par las puertas de nuestra vida, de nuestros corazones, de nuestras familias, de nuestras sociedades, de nuestra cultura y de nuestra civilizaci\u00f3n! A \u00c9l solo le corresponde el honor, la gloria y el imperio por los siglos de los siglos (Ap 5, 1).<\/p>\n\n\n\n<p>La Realeza de Jesucristo, en cuanto reconocimiento de la supremac\u00eda y del poder que le corresponde sobre todo el universo y sobre todas las criaturas, aparece claramente en la Revelaci\u00f3n y ha sido reconocida desde los or\u00edgenes de la Iglesia. En la f\u00f3rmula del Credo, llamado niceno-constantinopolitano, que se recita en la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica los domingos, d\u00edas de fiesta y en ciertas solemnidades, aparece la frase <em>cuius regni non erit finis<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>,<\/em> introducida por el Concilio de Nicea (325 p. C.).<\/p>\n\n\n\n<p>El conocido te\u00f3logo protestante O. Cullman recuerda que las \u00abActas de los m\u00e1rtires\u00bb est\u00e1n fechadas \u00abbajo el Reinado de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, a quien sea dada la gloria\u00bb<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero ha sido uno de los grandes Papas de nuestro siglo XX, P\u00edo XI, el que dio realce a esta verdad cristiana, al instaurar la festividad de Cristo Rey, mediante la Enc\u00edclica <em>Quas Primas,<\/em> de 11 de diciembre de 1925, como remedio a lo que \u00e9l llam\u00f3 \u00abpeste de nuestro tiempo\u00bb: el \u00ablaicismo\u00bb, que tal vez hoy designar\u00edamos como \u00absecularismo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La evoluci\u00f3n siguiente del curso de nuestra civilizaci\u00f3n y el desarrollo de los acontecimientos sociales y pol\u00edticos posteriores, as\u00ed como el nacimiento de ciertas corrientes teol\u00f3gicas, incluso dentro de la Iglesia Cat\u00f3lica<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>, hacen m\u00e1s actual que en 1925 la afirmaci\u00f3n y la profundizaci\u00f3n de la Realeza de Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p>La Enc\u00edclica <em>Quas Primas<\/em> fundamenta la Realeza de Jesucristo en dos t\u00edtulos:<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li><em>En la uni\u00f3n hipost\u00e1tica.<\/em> \u2013 \u00abPor el solo hecho de la uni\u00f3n hipost\u00e1tica, Cristo tiene potestad sobre todas las criaturas\u00bb<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a><\/li>\n\n\n\n<li><em>En el derecho de conquista adquirido por la Redenci\u00f3n. <\/em>\u2013 \u00ab\u00bfQu\u00e9 cosa habr\u00e1 para nosotros m\u00e1s dulce y suave que el pensamiento de que Cristo impera sobre nosotros, no s\u00f3lo por derecho de naturaleza, sino tambi\u00e9n por derecho de conquista adquirido a costa de la Redenci\u00f3n?\u00bb<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a><\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p>Santo Tom\u00e1s de Aquino, en la <em>Summa,<\/em> al tratar del poder judicial que corresponde a Cristo, como consecuencia de su dignidad real, aduce otro t\u00edtulo, muy querido a la teolog\u00eda escol\u00e1stica: <em>por la gracia capital que le corresponde como Cabeza de la Iglesia<\/em> (III q.59 a.2).<\/p>\n\n\n\n<p>Son de todos conocidos los textos de la Santa Escritura, en los que el Papa P\u00edo XI apoya la atribuci\u00f3n a Jesucristo del poder supremo y absoluto sobre el mundo y todas las criaturas. Recogemos, a continuaci\u00f3n, algunos de los principales:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abPromulgar\u00e9 el decreto del Se\u00f1or:<br>Me dijo el Se\u00f1or:<br>&#8216;Mi Hijo eres T\u00fa: Yo te he engendrado hoy.<br>P\u00eddeme y te dar\u00e9 las gentes en herencia,<br>y en posesi\u00f3n tuya los l\u00edmites de la tierra\u201d\u00bb (Sal 2, 7-9).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abTu trono, oh Dios, permanece por los siglos de los siglos;<br>el cetro de tu reino es cetro de rectitud\u00bb (Sal 44, 7).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abPorque un ni\u00f1o nos ha nacido,<br>un hijo se nos ha dado,<br>el cual lleva, sobre sus hombros el Principado<br>y se llamar\u00e1<br>el Admirable, el Consejero,<br>Dios-Poderoso,<br>el Padre del siglo venidero,<br>el Pr\u00edncipe de la Paz.<br>Grande es su imperio y la paz no tendr\u00e1 fin.<br>Se sentar\u00e1 sobre el trono de David<br>y poseer\u00e1 su Reino<br>para restaurarlo y consolidarlo<br>por la equidad y la justicia<br>desde ahora y para siempre\u00bb (Is 9, 5-6).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abHe aqu\u00ed que concebir\u00e1s en tu seno<br>dar\u00e1s a luz un Hijo, a quien pondr\u00e1s por nombre Jes\u00fas.<br>\u00e9ste ser\u00e1 grande, y ser\u00e1 reconocido como Hijo del Alt\u00edsimo,<br>le dar\u00e1 el Se\u00f1or Dios el trono de David su padre,<br>reinar\u00e1 sobre la casa de Jacob eternamente<br>y su Reinado no tendr\u00e1 fin\u00bb (Lc 1, 31-33).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEntonces dir\u00e1 el Rey a los de la derecha:<br>\u201cVenid, vosotros, los benditos de mi Padre,<br>entrad en la posesi\u00f3n del Reino que os tengo<br>preparado desde la creaci\u00f3n del mundo\u201d\u00bb (Mt 25, 34).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abRespondi\u00f3 Jes\u00fas: Mi Reino no es de este mundo.<br>Si de este mundo fuese mi Reino,<br>mis ministros luchar\u00edan para que yo no fuera entregado a los jud\u00edos.<br>Mas ahora mi Reino no es de aqu\u00ed.<br>Le dijo, pues, Pilatos: \u00bfLuego, T\u00fa eres Rey?<br>Respondi\u00f3 Jes\u00fas: T\u00fa dices que yo soy Rey\u00bb (Jn 18, 36-37).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abSe me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra.<br>Id, pues, y predicad a todas las gentes,<br>bautiz\u00e1ndolas en el nombre del Padre<br>y del Hijo y del Esp\u00edritu Santo\u00bb (Mt 28, 18-19).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEn estos \u00faltimos tiempos (Dios)<br>nos ha hablado por medio del Hijo<br>a quien constituy\u00f3 heredero de todas las cosas\u00bb (Hb 1,1)<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abPorque es menester que \u00c9l reine,<br>hasta que haya puesto a todos sus enemigos<br>debajo de sus pies\u00bb (1Cor 15, 25).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abY de parte de Jesucristo, el testigo fiel,<br>el primog\u00e9nito de los muertos<br>y el pr\u00edncipe de los Reyes de la tierra\u00bb (Ap 1, 5).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abY sobre su manto y sobre su muslo lleva escrito un nombre:<br>Rey de reyes y Se\u00f1or de se\u00f1ores\u00bb (Ap 19, 16).<\/p>\n\n\n\n<p>Se podr\u00eda pensar que, despu\u00e9s del Concilio Vaticano II, con el reconocimiento de la justa autonom\u00eda de las realidades temporales<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>, con su proclamaci\u00f3n de la libertad religiosa en la esfera civil<a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a> y con la formulaci\u00f3n de la teor\u00eda de la secularidad por los te\u00f3logos radicales<a href=\"#sdfootnote9sym\" id=\"sdfootnote9anc\"><sup>9<\/sup><\/a>, habr\u00edan perdido actualidad las ense\u00f1anzas de la Iglesia sobre la Realeza de Jesucristo, como se\u00f1or\u00edo total y absoluto sobre todo el universo.<\/p>\n\n\n\n<p>Es evidente que una cosa es la proclamaci\u00f3n de la Realeza de Jesucristo, en su ejercicio plenario y escatol\u00f3gico, y otra muy diferente en su ejercicio durante la etapa temporal que va desde su ascensi\u00f3n a los cielos hasta la segunda venida \u2013r\u00e9gimen terrestre de la Redenci\u00f3n\u2013, durante la cual hay que admitir la dualidad Iglesia-Mundo y comprobar la resistencia de las potestades del infierno y de la carne \u2013profetizada por Jes\u00fas\u2013 a aceptar el yugo, suave para los humildes, de su dominio absoluto. El Reino de Jesucristo \u2013como m\u00e1s adelante tendremos ocasi\u00f3n de exponer\u2013 no se identifica con ninguna forma de \u00abteocracia\u00bb, ni tampoco de \u00abhierocracia\u00bb, sino que acepta la autonom\u00eda relativa de las realidades temporales con sus propias leyes y valores, pues como afirm\u00f3 el Maestro ante Pilatos: <em>Mi Reino no es de este mundo<\/em> (Jn 18, 36), y como nos ense\u00f1a la Iglesia: <em>No quita los reinos mortales el que da los reinos celestiales<a href=\"#sdfootnote10sym\" id=\"sdfootnote10anc\"><sup>10<\/sup><\/a>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Su Reino es espiritual y, en el estado actual de la econom\u00eda de la Redenci\u00f3n, no se impone por la fuerza, sino que atrae por el amor, respetando la libertad de los hombres y de los pueblos; pero su dominio es <em>universal y absoluto,<\/em> y no s\u00f3lo sobre los fieles cat\u00f3licos, sino, como afirm\u00f3 Le\u00f3n XIII en su Enc\u00edclica <em>Annum Sacrum,<\/em> por la que anunci\u00f3 su decisi\u00f3n de consagrar el mundo al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas: \u00abSe extiende no s\u00f3lo sobre los pueblos cat\u00f3licos y sobre aquellos que, habiendo recibido el bautismo, pertenecen de derecho a la Iglesia, aunque el error los tenga extraviados o el cisma los separe de la caridad, sino que comprende tambi\u00e9n a cuantos no participan de la fe cristiana, de suerte que bajo la potestad de Jes\u00fas se halla todo el g\u00e9nero humano\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El Concilio Vaticano II ha confirmado en numerosos textos de sus documentos este se\u00f1or\u00edo universal y absoluto de Jesucristo, como verdad que pertenece a la Tradici\u00f3n de la Iglesia y recogida en la Escritura. Vamos a seleccionar algunos de los pasajes que consideramos m\u00e1s expresivos al respecto.<\/p>\n\n\n\n<p>En la Constituci\u00f3n <em><strong>Lumen Gentium<\/strong><\/em>(n\u00fam. 36), que es documento central del Concilio, se afirma lo siguiente: \u00abCristo, habi\u00e9ndose hecho obediente hasta la muerte y habiendo sido por ello exaltado por el Padre (cf. Fil 2, 8-9), entr\u00f3 en la gloria de su reino. A \u00c9l est\u00e1n sometidas todas las cosas, hasta que \u00c9l se someta a S\u00ed mismo y todo lo creado al Padre, a fin de que Dios sea todo en todas las cosas (cf. 1Cor 15, 27-28). Este poder lo comunic\u00f3 a sus disc\u00edpulos, para que tambi\u00e9n ellos queden constituidos en soberana libertad, y por su abnegaci\u00f3n y santa vida venzan en s\u00ed mismos el reino del pecado (cf. Rm 6, 12). M\u00e1s a\u00fan, para que, sirviendo a Cristo tambi\u00e9n en los dem\u00e1s, conduzcan en humildad y paciencia a sus hermanos al Rey, cuyo servicio equivale a reinar. Tambi\u00e9n por medio de los fieles laicos el Se\u00f1or desea dilatar su reino: \u00abreino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz\u201d <em>(Misal Romano,<\/em> del Prefacio de la Fiesta de Cristo Rey). Un reino en el cual la misma creaci\u00f3n ser\u00e1 liberada de la servidumbre de la corrupci\u00f3n para participar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios (cf. Rm 8, 21)\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En la Constituci\u00f3n pastoral <em><strong>Gaudium et Spes<\/strong><\/em> se recogen las ense\u00f1anzas de la Tradici\u00f3n sobre el se\u00f1or\u00edo de Cristo con estas palabras (n\u00fam. 45, 2): \u00abEl Verbo de Dios, por quien todo fue hecho, se encarn\u00f3 para que, Hombre perfecto, salvara a todos y recapitulara todas las cosas. El Se\u00f1or es el fin de la historia humana, punto de convergencia hacia el cual tienden los deseos de la historia y de la civilizaci\u00f3n, centro de la humanidad, gozo del coraz\u00f3n humano y plenitud de sus aspiraciones. \u00c9l es aquel a quien el Padre resucit\u00f3 y coloc\u00f3 a su derecha, constituy\u00e9ndolo juez de vivos y muertos. Vivificados y reunidos en su Esp\u00edritu, caminamos como peregrinos hacia la consumaci\u00f3n de la historia humana, la cual coincide plenamente con su amoroso designio: <em>Restaurar en Cristo todo lo que hay en el cielo y en la tierra<\/em> (Ef 1, 10)\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En el Decreto <em><strong>Apostolicam actuositatem<\/strong><\/em><em>,<\/em> sobre el apostolado de los seglares, se afirma lo siguiente: \u00abLa Iglesia ha nacido con este fin: propagar el Reino de Cristo en toda la tierra para gloria de Dios Padre y hacer as\u00ed a todos los hombres part\u00edcipes de la Redenci\u00f3n salvadora y, por medio de ellos, ordenar realmente todo el universo hacia Cristo\u00bb (n\u00famero 2, 1).<\/p>\n\n\n\n<p>Pudiera parecer, con una visi\u00f3n superficial, que el reconocimiento de la libertad religiosa en la sociedad civil, como un derecho de la persona humana, en el sentido reconocido por el Concilio Vaticano II en su Declaraci\u00f3n <em>Dignitatis Humanae,<\/em> viene a suponer una limitaci\u00f3n al se\u00f1or\u00edo universal y absoluto de Jesucristo, como Rey del Universo. Y, sin embargo, si se estudian con serenidad y ponderaci\u00f3n los t\u00e9rminos de ese reconocimiento de la libertad religiosa por el Concilio, suponen una confirmaci\u00f3n de la Realeza de Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p>La declaraci\u00f3n <em><strong>Dignitatis Humanae<\/strong><\/em> delimita perfectamente el sentido de la libertad religiosa, al manifestar que \u00abse refiere a la inmunidad de coacci\u00f3n en la sociedad civil\u00bb (n\u00fam. 1, 3), de tal manera que \u00abtodos los hombres deben estar inmunes de coacci\u00f3n, tanto de personas particulares como de grupos sociales y de cualquier potestad humana\u00bb (n\u00fam. 2,1), de forma \u00abque en materia religiosa ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que act\u00fae conforme a ella en privado o en p\u00fablico, solo o asociado con otros, dentro de los l\u00edmites debidos\u00bb (ib\u00edd.).<\/p>\n\n\n\n<p>Se trata, por tanto, del reconocimiento pr\u00e1ctico, en la vida social, del derecho de la persona humana al ejercicio de su libertad en materia religiosa, que afecta a la intimidad inviolable de su propia conciencia y a su responsabilidad moral intransferible en la b\u00fasqueda de la verdad, en una de las cuestiones m\u00e1s fundamentales de su existencia; as\u00ed como del respeto a la naturaleza intr\u00ednseca del acto de fe, que es un obsequio racional y libre de cada hombre (n\u00fam. 10).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero este reconocimiento no disminuye un \u00e1pice la obligaci\u00f3n de cada hombre de aceptar el se\u00f1or\u00edo de Cristo y la verdad que viene de \u00c9l, en cuanto es o puede ser conocida por su recta conciencia. Por eso el Concilio deja a salvo \u2013como no pod\u00eda ser de otra manera\u2013 \u00abla doctrina tradicional cat\u00f3lica acerca del deber moral de los hombres y de las sociedades para con la verdadera religi\u00f3n y la \u00fanica Iglesia de Cristo\u00bb (n\u00fam. 1, 3).<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s a\u00fan, despu\u00e9s de haber reconocido el derecho no s\u00f3lo de las personas individuales, sino tambi\u00e9n de las comunidades religiosas, en general, a la libertad religiosa, lo cual comprende no s\u00f3lo la inmunidad de coacci\u00f3n en el ejercicio del culto privado, sino tambi\u00e9n del culto p\u00fablico \u2013dentro de las justas exigencias del orden p\u00fablico\u2013 y en el ejercicio de la ense\u00f1anza y en la profesi\u00f3n, de palabra o por escrito, de su fe, as\u00ed como la libertad de reuni\u00f3n y asociaci\u00f3n<a href=\"#sdfootnote11sym\" id=\"sdfootnote11anc\"><sup>11<\/sup><\/a>; cuando hace referencia al derecho y a la libertad de la Iglesia Cat\u00f3lica lo fundamenta en un mandato positivo de Dios (n\u00fam. 14): <em>Ense\u00f1ad a todas las gentes <\/em>(Mt 28, 19); y reconoce expl\u00edcitamente las exigencias del Reino de Cristo, aunque advierte que \u00abno se defiende a golpes, sino que se establece dando testimonio de la verdad y prest\u00e1ndole o\u00eddo, y crece por el amor con que Cristo, levantado en la cruz, atrae a los hombres a s\u00ed mismo\u00bb (ib\u00edd., n\u00fam. 11, 1).<\/p>\n\n\n\n<p>En resumen, el Concilio Vaticano II, lejos de suponer una rectificaci\u00f3n de las ense\u00f1anzas de la Tradici\u00f3n sobre el Reino de Cristo, supone la m\u00e1s solemne y universal declaraci\u00f3n de la Iglesia Cat\u00f3lica sobre las exigencias de su poder y de su gloria y sobre la naturaleza de su Reinado, en todos los siglos de la historia, ya que como afirm\u00f3 el propio Concilio: \u00abLa Iglesia, enriquecida con los dones de su Fundador y observando fielmente sus preceptos de caridad, humildad y abnegaci\u00f3n, recibe la misi\u00f3n de anunciar el Reino de Cristo y de Dios e instaurarlo en todos los pueblos, y constituye, en la tierra, el germen y el principio de ese reino. Y, mientras ella paulatinamente va creciendo, anhela simult\u00e1neamente el reino consumado y con todas sus fuerzas espera y ans\u00eda unirse con su Rey en la gloria\u00bb (Const. <em>Lumen Gentium,<\/em> 5, 2).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Los estadios del reino de Jesucristo<\/h2>\n\n\n\n<p>El Reino de Jesucristo en el mundo se inici\u00f3 con su primera venida al ser concebido, en cuanto hombre, el Verbo de Dios, en las entra\u00f1as de Mar\u00eda (Lc 1, 26-38), aunque al d\u00eda siguiente de la ca\u00edda la promesa hecha por Dios de un Redentor (Gn 3,15) constituy\u00f3 una anticipaci\u00f3n de su Reino, inaugur\u00e1ndose lo que se ha llamado por alg\u00fan te\u00f3logo como \u00abla edad de la gracia del Cristo Redentor prometido\u00bb<a href=\"#sdfootnote12sym\" id=\"sdfootnote12anc\"><sup>12<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero fue, efectivamente, con la entrada del Verbo de Dios en el tiempo, al hacerse hombre y plantar su tienda entre nosotros (Jn 1,14) despu\u00e9s de los siglos de espera, cuando se inaugur\u00f3 visiblemente su Reino Mesi\u00e1nico, seg\u00fan el anuncio del \u00c1ngel: <em>He aqu\u00ed que t\u00fa concebir\u00e1s un hijo y le dar\u00e1s el nombre de Jes\u00fas. El ser\u00e1 grande y ser\u00e1 llamado el Hijo del Alt\u00edsimo. El Se\u00f1or Dios le dar\u00e1 el trono de David, su padre; \u00c9l reinar\u00e1 sobre la casa de Jacob para siempre y su Reino no tendr\u00e1 fin<\/em> (Lc 1, 32-33).<\/p>\n\n\n\n<p>Y fue, despu\u00e9s de la Pasi\u00f3n, Muerte, Resurrecci\u00f3n, Ascensi\u00f3n a los cielos de Jesucristo y del env\u00edo del Esp\u00edritu Santo a sus disc\u00edpulos, reunidos en el cen\u00e1culo, cuando implant\u00f3 definitivamente, con el precio de su sangre, su Reino que no es de este mundo, pero que est\u00e1 en el mundo, aunque su consumaci\u00f3n plena y gloriosa se realizar\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 del tiempo, al final de la historia, cuando todas las cosas sean recapituladas en Cristo (Ef 1, 10), y Dios sea todo en todas las cosas (1Cor 15, 28).<\/p>\n\n\n\n<p>El Reino de Cristo tiene, por tanto, dos estadios:<\/p>\n\n\n\n<p>Uno, el del <em><u>Reino peregrinante y crucificado<\/u><\/em><em>,<\/em> desde la Ascensi\u00f3n hasta la segunda venida. El \u00abya s\u00ed, pero todav\u00eda no\u00bb. Es la era del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y otro, el de la <em><u>Consumaci\u00f3n<\/u><\/em> m\u00e1s all\u00e1 del tiempo y de la historia (escatolog\u00eda)<a href=\"#sdfootnote13sym\" id=\"sdfootnote13anc\"><sup>13<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>No son dos Reinos, sino dos fases de un \u00fanico Reino. Es el Reino inaugurado en la noche de la fe y que se manifestar\u00e1 plenamente el d\u00eda de la visi\u00f3n (1Tim 6, 14-16). El Reino de Cristo est\u00e1 \u00aben el mundo\u00bb; pero \u00abno es del mundo\u00bb (Jn 15, 18-19. 36).<\/p>\n\n\n\n<p>Es la gran paradoja del Reino de Cristo, y que constituy\u00f3 el gran esc\u00e1ndalo para los jud\u00edos de su tiempo, que esperaban a un Mes\u00edas vencedor de los romanos y liberador pol\u00edtico de la tierra de Israel de la dominaci\u00f3n extranjera; e incluso para sus propios disc\u00edpulos hasta que fueron iluminados por el Esp\u00edritu Santo (Mt 16, 21-23; Mc 8, 31-33; Lc 24, 21-27).<\/p>\n\n\n\n<p>Es cierto que la soberan\u00eda de Cristo es plena y total, desde el mismo instante de su encarnaci\u00f3n, pero su ejercicio pleno y universal es escatol\u00f3gico.<\/p>\n\n\n\n<p>Jesucristo, en su vida mortal, rehuy\u00f3 toda apariencia de poder de tipo temporal (Mt 4, 8; 26, 52-55; Mc 10, 42; Lc 22, 25ss; Jn 13, 12ss); se retiraba de las muchedumbres cuando quer\u00edan proclamarle Rey (Jn 6, 15) y como enton\u00f3 San Pablo, en su himno en la Ep\u00edstola a los Filipenses, se anonad\u00f3 a s\u00ed mismo, tomando forma de esclavo (<em>semetipsum exinanivit formam servi accipiens)<\/em> (Fil 2, 7) y fuera de ciertos momentos excepcionales de su vida en los que manifest\u00f3 su poder divino (Jn 2, 1-11) y el esplendor de su gloria (Mt 17, 1-9; Mc 9, 2-9; Lc 9, 28-36) para que creyeran en \u00c9l sus disc\u00edpulos, y como testimonio de su misi\u00f3n mesi\u00e1nica (Mt 13, 53-58; Mc 6, 1-6; Lc 4, 16-30), se hizo en todo semejante a los hombres, en su porte exterior y en su forma de vida. Merece tambi\u00e9n citarse como excepci\u00f3n, su entrada triunfal en Jerusal\u00e9n, aunque su intenci\u00f3n era presentarse con humildad y mansedumbre.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed, el Hijo de Dios vino a este mundo, pero no como el Rey-Mes\u00edas, victorioso y dominador, sino como Rey peregrino y crucificado<a href=\"#sdfootnote14sym\" id=\"sdfootnote14anc\"><sup>14<\/sup><\/a>, como el Siervo de Yahv\u00e9, seg\u00fan la sublime profec\u00eda de Isa\u00edas (Is 42, 53), o como el Justo \u00ababandonado\u00bb por su Dios (Sal 21), antes de ser para siempre Rey resucitado y glorificado, sentado a la diestra del Padre, Rey de reyes y Se\u00f1or de se\u00f1ores (Ap 17, 14) y que volver\u00e1 a la tierra, en el \u00faltimo d\u00eda, sobre las nubes del cielo, con gran poder y majestad (Mt 24, 30-31; Mc 13, 26-27; Lc 21, 27), para juzgar a todos los hombres y a todos los pueblos (Mt 25, 31-46). Y la Iglesia, su Esposa de sangre, no pod\u00eda tener una condici\u00f3n distinta de su Divino Esposo, durante su peregrinaci\u00f3n terrena.<\/p>\n\n\n\n<p>El Concilio Vaticano II expone esta idea con frases bell\u00edsimas: \u00abPero como Cristo realiz\u00f3 la obra de la Redenci\u00f3n en pobreza y persecuci\u00f3n, de igual modo la Iglesia est\u00e1 destinada a recorrer el mismo camino, a fin de comunicar los frutos de la salvaci\u00f3n a los hombres. Cristo Jes\u00fas, <em>existiendo en la forma de Dios&#8230;, se anonad\u00f3 a S\u00ed mismo, tomando la forma de siervo<\/em> (Fil 2, 6-7), y por nosotros <em>se hizo pobre, siendo rico<\/em> (2Cor 8, 9), as\u00ed tambi\u00e9n la Iglesia, aunque necesite medios humanos para cumplir su misi\u00f3n, no fue instituida para buscar la gloria terrena, sino para proclamar la humildad y la abnegaci\u00f3n, tambi\u00e9n con su propio ejemplo. La Iglesia \u201cva peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios\u201d<a href=\"#sdfootnote15sym\" id=\"sdfootnote15anc\"><sup>15<\/sup><\/a>, anunciando la cruz del Se\u00f1or hasta que venga (cf. 1Cor 11, 26). Est\u00e1 fortalecida con la virtud del Se\u00f1or Resucitado, para triunfar con paciencia y caridad de sus aflicciones y dificultades, tanto internas como externas, y revelar al mundo fielmente su misterio, aunque sea entre penumbras, hasta que se manifieste en todo el esplendor al final de los tiempos\u00bb (Const. <em>Lumen Gentium,<\/em> 8, 3).<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia, por tanto, \u00abno alcanzar\u00e1 su consumada plenitud sino en la gloria celeste, cuando llegue el tiempo de la restauraci\u00f3n de todas las cosas (cf. Hch 3, 21) y cuando, junto con el g\u00e9nero humano, tambi\u00e9n la creaci\u00f3n entera, que est\u00e1 \u00edntimamente unida con el hombre y por \u00e9l alcanza su fin, ser\u00e1 perfectamente renovada en Cristo (cf. Ef 1, 10; Col 1, 20; 2P 3, 10-13)\u00bb<a href=\"#sdfootnote16sym\" id=\"sdfootnote16anc\"><sup>16<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia es, por tanto, un Reino peregrinante y crucificado, antes de ser transfigurado y glorificado, con su Rey y Salvador, Cristo Jes\u00fas, al final de los tiempos.<\/p>\n\n\n\n<p>El Reino ha comenzado ya; el Reino consumado no tendr\u00e1 una diferencia de naturaleza, sino de grado. \u00abLa plenitud de los tiempos ha llegado, pues, a nosotros (cf. 1Cor 10, 11), y la renovaci\u00f3n del mundo est\u00e1 irrevocablemente decretada, y en cierta manera se anticipa realmente en este siglo, pues la Iglesia, ya aqu\u00ed en la tierra, est\u00e1 adornada de verdadera santidad, aunque todav\u00eda imperfecta. Pero mientras no lleguen los cielos nuevos y la tierra nueva, donde mora la justicia (cf. 2P 3, 13), la Iglesia peregrina lleva en sus sacramentos e instituciones, pertenecientes a este tiempo, la imagen de este siglo que pasa, y ella misma vive entre las criaturas que gimen con dolores de parto al presente en espera de la manifestaci\u00f3n de los hijos de Dios (cf. Rm 8, 19-22)\u00bb<a href=\"#sdfootnote17sym\" id=\"sdfootnote17anc\"><sup>17<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La dualidad Iglesia-Mundo<br>(Las dos ciudades)<\/h2>\n\n\n\n<p>El genio teol\u00f3gico de San Agust\u00edn supo expresar, en frases lapidarias, el misterio de la historia y la oposici\u00f3n irreductible entre el Reino de Cristo, en su fase peregrinante en la espera de su segunda venida, y el se\u00f1or\u00edo del Pr\u00edncipe de este mundo: \u00abDos amores fundaron dos ciudades, a saber: el amor propio hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de s\u00ed mismo, la celestial. La primera se glor\u00eda en s\u00ed misma, y la segunda en Dios, porque aqu\u00e9lla busca de los hombres la gloria; y \u00e9sta tiene por m\u00e1xima gloria a Dios, testigo de su conciencia. Aqu\u00e9lla se engr\u00ede en su gloria y \u00e9sta dice a su Dios: <em>T\u00fa eres mi gloria y el que me hace ir con la cabeza en alto\u00bb<a href=\"#sdfootnote18sym\" id=\"sdfootnote18anc\"><sup>18<\/sup><\/a>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La noci\u00f3n agustiniana de las dos ciudades o de los dos reinos es completamente distinta de las nociones gn\u00f3sticas y maniqueas que las consideraban como dos creaciones antag\u00f3nicas de un Dios bueno y de un Dios malo, id\u00e9nticos en poder y en fuerza. San Agust\u00edn se inspira, sobre todo, en el Evangelio de San Juan, en donde se opone el Verbo encarnado, Jesucristo, al Pr\u00edncipe de este mundo, pero con la seguridad de la victoria final de Jes\u00fas, porque <em>contra M\u00ed no tiene poder alguno <\/em>(Jn 14, 30), y, tambi\u00e9n, en el Apocalipsis, en la lucha del drag\u00f3n contra la mujer y contra la descendencia de la mujer (12, 1-17); y el contraste entre Babilonia, <em>la grande, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra<\/em> (Ap 17 y 18), y la nueva Jerusal\u00e9n, la ciudad santa, descendida del cielo, junto a Dios (ib\u00edd., 21, 1), la mansi\u00f3n de Dios con los hombres, la esposa del Cordero, iluminada por la gloria de Dios y cuya antorcha es el Cordero (ib\u00edd., 21, 23).<\/p>\n\n\n\n<p>Para San Agust\u00edn, \u00abla Ciudad de Dios que peregrina en este mundo\u00bb es la Iglesia<a href=\"#sdfootnote19sym\" id=\"sdfootnote19anc\"><sup>19<\/sup><\/a>, pero no llega a identificar sin m\u00e1s a la \u00abciudad imp\u00eda\u00bb, a la ciudad mala, en donde el diablo reina, con la ciudad meramente terrena, con los Estados temporales, con los reinos de este tiempo, con lo que posteriormente se ha venido a llamar \u00abrealidades temporales\u00bb, o tambi\u00e9n \u00abmundo\u00bb, entendido, como nos indica el Concilio Vaticano II, como \u00abla entera familia humana con el conjunto universal de las realidades entre las que \u00e9sta vive; el mundo, teatro de la historia humana, con sus afanes, fracasos y victorias\u00bb<a href=\"#sdfootnote20sym\" id=\"sdfootnote20anc\"><sup>20<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Por esa raz\u00f3n se puede hablar de tres ciudades, como hace el Cardenal Journet, comentando a San Agust\u00edn<a href=\"#sdfootnote21sym\" id=\"sdfootnote21anc\"><sup>21<\/sup><\/a>: la \u00abCiudad de Dios\u00bb y la \u00abCiudad del Diablo\u00bb \u2013desde el punto de vista espiritual\u2013, y la \u00abCiudad humana\u00bb, desde el punto de vista de las realidades temporales, con fines intermedios y relativos.<\/p>\n\n\n\n<p>Conviene tener en cuenta, siguiendo al Concilio Vaticano II y a una recta teolog\u00eda y filosof\u00eda de las realidades humanas, que esas realidades tienen una leg\u00edtima autonom\u00eda, es decir, que gozan de sus propias leyes y valores, est\u00e1n dotadas por el Creador de consistencia, verdad y bondad propias<a href=\"#sdfootnote22sym\" id=\"sdfootnote22anc\"><sup>22<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En el estadio actual del Reino de Cristo, \u00e9ste no impone su Realeza sobre las criaturas mediante el ejercicio del poder, sino que respeta la libertad del hombre y la autonom\u00eda de la creaci\u00f3n, cuyo campo deactuaci\u00f3n es la historia. Por eso, aunque el se\u00f1or\u00edo de Cristo es total y universal, en el r\u00e9gimen terrestre de la Redenci\u00f3n \u2013como ya hemos indicado\u2013 antes de su segunda venida, admite la dualidad de la Iglesia y del mundo (como conjunto de realidades temporales aut\u00f3nomas). La Iglesia y el mundo est\u00e1n sometidos de derecho a Jesucristo, pero dedistinta manera.<\/p>\n\n\n\n<p>Las relaciones entre la Iglesia y el mundo, entre la Iglesia y la sociedad temporal, deben ser de distinci\u00f3n de esferas, de respeto de sus \u00e1mbitos propios de actuaci\u00f3n, de independencia, cada una en su propio terreno; pero, al mismo tiempo, de leg\u00edtima cooperaci\u00f3n, puesto que ambas est\u00e1n al servicio de la vocaci\u00f3n personal y social del hombre, en su vocaci\u00f3n integral, aunque, por distinto t\u00edtulo, y la persona humana, a la cual deben servir, es un sujeto \u00fanico, en su esencia ontol\u00f3gica y en su vida existencial, abierta a la trascendencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso la palabra \u00abseparaci\u00f3n\u00bb \u2013dejando a un lado el sentido peyorativo de recuerdos de luchas y controversias pasadas\u2013 no refleja el esquema ideal de las relaciones entre la Iglesia y la comunidad civil y pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>La recapitulaci\u00f3n de todas las realidades temporales, de la creaci\u00f3n y de la historia, en todo lo que tiene de bueno y de positivo, se realizar\u00e1 en Cristo, que ejercer\u00e1 escatol\u00f3gicamente su soberan\u00eda universal<a href=\"#sdfootnote23sym\" id=\"sdfootnote23anc\"><sup>23<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la Iglesia no ha recibido la Realeza universal y c\u00f3smica de Cristo, aunque participe de ella en cierto grado. La Iglesia s\u00f3lo puede actuar en el cosmos a trav\u00e9s del hombre, salvo en el misterio de la \u00abtransubstanciaci\u00f3n\u00bb eucar\u00edstica, en que el pan y el vino \u2013elementos naturales, representativos de la creaci\u00f3n, aunque elaborados por el hombre\u2013 se convierten en el cuerpo y sangre de Cristo, como un anuncio de la recapitulaci\u00f3n de todas las cosas en \u00c9l<a href=\"#sdfootnote24sym\" id=\"sdfootnote24anc\"><sup>24<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>El Papa P\u00edo XII, en dos discursos muy importantes de su magisterio, expuso con profundidad doctrinal y aguda comprensi\u00f3n de la historia de la Iglesia y de la sensibilidad de nuestra \u00e9poca, cu\u00e1l era la acci\u00f3n de la Iglesia en la formaci\u00f3n del hombre completo y su influencia en la construcci\u00f3n de la convivencia humana<a href=\"#sdfootnote25sym\" id=\"sdfootnote25anc\"><sup>25<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>El Concilio Vaticano II ha dedicado a este tema uno de sus documentos m\u00e1s importantes, la Constituci\u00f3n pastoral <em>Gaudium et Spes,<\/em> sobre \u00abla Iglesia en el mundo actual\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Es evidente que la Iglesia \u2013dejando a un lado intervenciones hist\u00f3ricas, en el \u00e1mbito de la sociedad civil, que s\u00f3lo pudieron justificarse por razones de suplencia, o que, en determinados casos, respond\u00edan a concepciones equivocadas sobre su misi\u00f3n en la esfera temporal\u2013 no tiene una misi\u00f3n de orden pol\u00edtico, econ\u00f3mico o social<a href=\"#sdfootnote26sym\" id=\"sdfootnote26anc\"><sup>26<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Toda asimilaci\u00f3n de la Iglesia a una fuerza u organizaci\u00f3n pol\u00edtica, social o sindical, cualquiera que sea la concepci\u00f3n teol\u00f3gica en que pretenda inspirarse, falsea su naturaleza espec\u00edfica y altera la misi\u00f3n que Dios le se\u00f1al\u00f3. Pero esto no quiere decir, ni mucho menos, que del cumplimiento de su misi\u00f3n religiosa no se deriven \u00abfunciones, luces y energ\u00edas que pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana, seg\u00fan la ley divina\u00bb<a href=\"#sdfootnote27sym\" id=\"sdfootnote27anc\"><sup>27<\/sup><\/a>. M\u00e1s a\u00fan, como afirm\u00f3 el propio Concilio en otro documento<a href=\"#sdfootnote28sym\" id=\"sdfootnote28anc\"><sup>28<\/sup><\/a>: \u00abLa obra redentora de Cristo, aunque de suyo se refiere a la salvaci\u00f3n de los hombres, se propone tambi\u00e9n la restauraci\u00f3n de todo el orden temporal. Por ello, la misi\u00f3n de la Iglesia no es s\u00f3lo ofrecer a los hombres el mensaje y la gracia de Cristo, sino tambi\u00e9n el impregnar y perfeccionar todo el orden temporal con el esp\u00edritu evang\u00e9lico\u00bb<a href=\"#sdfootnote29sym\" id=\"sdfootnote29anc\"><sup>29<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>El Papa Juan Pablo II, en su primera Enc\u00edclica <em>Redemptor Hominis,<\/em> despu\u00e9s de haber expuesto el Misterio de la Redenci\u00f3n en su <em>dimensi\u00f3n divina<\/em> \u2013\u00abla Redenci\u00f3n del mundo, ese misterio tremendo del amor, en el que la creaci\u00f3n es renovada, es, en su ra\u00edz m\u00e1s profunda, la plenitud de la justicia en un coraz\u00f3n humano: el Coraz\u00f3n del Hijo Primog\u00e9nito, para que pueda hacerse justicia de los corazones de muchos hombres, los cuales, precisamente en el Hijo Primog\u00e9nito, han sido predestinados desde la eternidad a ser hijos de Dios y llamados a la gracia, llamados al amor\u00bb (n\u00fam. 9, 1)\u2013 y en su <em>dimensi\u00f3n humana<\/em> \u2013\u00abel hombre no puede vivir sin amor. \u00c9l permanece para s\u00ed mismo un ser incomprensible, su vida est\u00e1 privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra en el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en \u00e9l vivamente. Por esto precisamente, Cristo Redentor&#8230; revela plenamente el hombre al mismo hombre. Tal es, si se puede expresar as\u00ed, la dimensi\u00f3n humana del misterio de la Redenci\u00f3n. En esta dimensi\u00f3n, el hombre vuelve a encontrar la grandeza, la dignidad y el valor propios de su humanidad\u00bb (n\u00famero 10, 1)\u2013, <em>considera la actitud y la actuaci\u00f3n de la Iglesia en relaci\u00f3n al hombre \u00abreal\u00bb, \u00abconcreto\u00bb, \u00abhist\u00f3rico\u00bb y su situaci\u00f3n en el mundo contempor\u00e1neo,<\/em> partiendo de la afirmaci\u00f3n del Concilio de que \u00abmediante la encarnaci\u00f3n el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a todo hombre\u00bb (Const. past. <em>Gaudium et Spes,<\/em> 22).<\/p>\n\n\n\n<p>Es impresionante la fuerza y la reiteraci\u00f3n de la solicitud del Papa Juan Pablo II por el hombre \u2013\u00abeste hombre es el camino de la Iglesia&#8230;\u00bb\u2013, siguiendo la m\u00e1s genuina tradici\u00f3n de la Iglesia, renovada por el Concilio Vaticano II y por los \u00faltimos Papas.<\/p>\n\n\n\n<p>Se trata de un \u00abhumanismo cristoc\u00e9ntrico\u00bb, que parte de Cristo para llegar al hombre y hacer extensivos a todos los hombres los frutos de la Redenci\u00f3n de Cristo, no s\u00f3lo en su proyecci\u00f3n sobrenatural y trascendente, sino tambi\u00e9n, aunque no esencialmente, en su proyecci\u00f3n humana y temporal, porque la Iglesia es y \u00abdebe ser consciente tambi\u00e9n de todo lo que se opone al esfuerzo para que la vida humana sea cada vez m\u00e1s humana, para que todo lo que compone esta vida responda a la verdadera dignidad del hombre\u00bb (Encl. <em>Redemptor Hominis,<\/em> n\u00fam. 14, 3).<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia ejerce de esta forma su participaci\u00f3n en la Realeza de Cristo, que no vino a ser servido, sino a servir (Mt 20, 24-28), y cuya soberan\u00eda no se manifiesta, en este mundo, como la de los reyes y jefes de la tierra, que hacen sentir su dominaci\u00f3n, sino como la de un servidor humilde, que se pone a los pies de todos en actitud de servicio (Lc 22, 24-27).<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia, siguiendo el ejemplo de su Se\u00f1or Crucificado, no pretende dominar por la fuerza, ni por el prestigio humano, sino por el amor y el servicio a los hombres, a todos los hombres y a todo el hombre; y as\u00ed tambi\u00e9n los hombres llegar\u00e1n a participar del <em>munus regale<\/em> de Cristo mismo, ejerciendo su \u00abdominio\u00bb sobre el mundo visible, liberados de todas las servidumbres, cuya fuente y origen es el pecado<a href=\"#sdfootnote30sym\" id=\"sdfootnote30anc\"><sup>30<\/sup><\/a>, extendiendo el Reino de Cristo \u2013a quien servir es reinar\u2013, <em>Reino de verdad y de vida. Reino de santidad y de gracia. Reino de justicia, de amor y de paz<a href=\"#sdfootnote31sym\" id=\"sdfootnote31anc\"><sup>31<\/sup><\/a>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Reino de Cristo y \u00abliberaci\u00f3n humana\u00bb.<br>La tentaci\u00f3n del secularismo<\/h2>\n\n\n\n<p>Este servicio de la Iglesia al hombre, este ejercicio del poder real, transmitido a la Iglesia por el mismo Jesucristo \u2013su Fundador, su Cabeza, su Sustentador, su Redentor<a href=\"#sdfootnote32sym\" id=\"sdfootnote32anc\"><sup>32<\/sup><\/a>\u2013, que se proyecta sobre todas las realidades humanas, porque aunque no debe identificarse el progreso temporal con el desarrollo del Reino de Cristo, sin embargo \u2013como nos ense\u00f1a el Concilio\u2013, \u00abel primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al Reino de Dios\u00bb<a href=\"#sdfootnote33sym\" id=\"sdfootnote33anc\"><sup>33<\/sup><\/a>, debe partir de una aut\u00e9ntica evangelizaci\u00f3n, es decir, del anuncio del nombre, de la vida, de las promesas, del Reino, del misterio de Jes\u00fas de Nazaret, Hijo de Dios<a href=\"#sdfootnote34sym\" id=\"sdfootnote34anc\"><sup>34<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido se deben entender las palabras de P\u00edo XI: \u00abLa Iglesia no evangeliza civilizando, sino que civiliza evangelizando\u00bb<a href=\"#sdfootnote35sym\" id=\"sdfootnote35anc\"><sup>35<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia no podr\u00e1 prestar su servicio propio y espec\u00edfico al hombre y a la humanidad, no podr\u00e1 ayudar eficazmente a la liberaci\u00f3n de todas las formas de servidumbre que encadenan a millones de seres humanos en nuestro tiempo si reduce su misi\u00f3n a las dimensiones de un proyecto puramente temporal \u2013econ\u00f3mico, social, pol\u00edtico, cultural\u2013 con perspectivas exclusivamente antropoc\u00e9ntricas, sino que debe presentarse como \u00absujeto social de la responsabilidad de la verdad divina\u00bb (Enc\u00edclica <em>Redemptor Hominis,<\/em> 19, 1), considerando que \u00abel sentido de responsabilidad por la verdad es uno de los puntos fundamentales del encuentro de la Iglesia con cada hombre, y es igualmente una de las exigencias fundamentales que determinan la vocaci\u00f3n del hombre en la comunidad de la Iglesia\u00bb<a href=\"#sdfootnote36sym\" id=\"sdfootnote36anc\"><sup>36<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa Iglesia de nuestros tiempos \u2013como nos exhorta Su Santidad Juan Pablo II\u2013 guiada por el sentido de responsabilidad por la verdad, debe perseverar en la fidelidad a su propia naturaleza, a la cual toca la misi\u00f3n prof\u00e9tica que procede de Cristo mismo: <em>Como me envi\u00f3 mi Padre, as\u00ed os env\u00edo yo&#8230; Recibid el Esp\u00edritu Santo<\/em> (Jn 20, 21 ss)\u00bb<a href=\"#sdfootnote37sym\" id=\"sdfootnote37anc\"><sup>37<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay un equ\u00edvoco entre la <em>leg\u00edtima secularidad,<\/em> tal como la proclam\u00f3 el Concilio Vaticano II<a href=\"#sdfootnote38sym\" id=\"sdfootnote38anc\"><sup>38<\/sup><\/a>, y el <em>secularismo radical<\/em> de ciertas tendencias culturales, sociales y pol\u00edticas de nuestro tiempo, que incluso ha penetrado con ciertas matizaciones y adaptaciones en te\u00f3logos y pensadores de confesiones cristianas, no cat\u00f3licas, y tambi\u00e9n en algunos te\u00f3logos y pastoralistas cat\u00f3licos<a href=\"#sdfootnote39sym\" id=\"sdfootnote39anc\"><sup>39<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>El tema es profundo y complejo y no podemos abordarlo en estos momentos en toda su dimensi\u00f3n; pero s\u00ed quisi\u00e9ramos destacar que el \u00absecularismo\u00bb, en el fondo, constituye una negaci\u00f3n, m\u00e1s o menos radical, del Reino de Cristo, y constituye uno de los intentos con que, a lo largo de la historia del mundo, los hombres han pretendido construir la ciudad terrestre frente a la Ciudad de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy estamos asistiendo al intento consciente y sistem\u00e1tico de sustraer todas las esferas de la vida humana, hasta el n\u00facleo m\u00e1s \u00edntimo de la conciencia personal, de la influencia de Dios, de tal forma que la existencia del hombre sobre la tierra se desarrollase como si Dios no existiera.<\/p>\n\n\n\n<p>Es cierto que algunas formas de secularismo actual son reformulaciones del liberalismo decimon\u00f3nico, presentadas con argumentos m\u00e1s sutiles y sofisticados, que s\u00f3lo pretenden eliminar la influencia de la religi\u00f3n y de la Iglesia de esferas pol\u00edticas, sociales y culturales p\u00fablicas, pero no tratan directamente de eliminar el influjo religioso de la esfera personal, familiar y privada, como opci\u00f3n individual y libre, aunque confunden el aspecto formal y jur\u00eddico de la \u00abconfesionalidad\u00bb del Estado con la presencia de la Iglesia y de la religi\u00f3n en la vida social y cultural.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta tendencia trata de separar la influencia de la fe del \u00e1mbito de la civilizaci\u00f3n, y rechaza el concepto de \u00abcivilizaci\u00f3n cristiana\u00bb y de \u00abpueblo cristiano\u00bb, porque parte de la concepci\u00f3n de una autonom\u00eda total de las realidades temporales respecto de la Iglesia. Lo m\u00e1s grave de esta tendencia es que es compartida por eclesi\u00e1sticos y seglares cat\u00f3licos y que sirve de criterio de orientaci\u00f3n pastoral en ciertos sectores eclesiales.<\/p>\n\n\n\n<p>Para los partidarios de esta separaci\u00f3n no tiene sentido que los Pastores de la Iglesia se pronuncien sobre los problemas morales y religiosos que implican las opciones sociales y pol\u00edticas, sosteniendo que se trata de cuestiones ajenas a la competencia de la Iglesia y que es a la conciencia de los ciudadanos a la que corresponde la decisi\u00f3n exclusiva.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta reacci\u00f3n la pude experimentar hace pocos meses \u2013permitidme esta referencia personal\u2013 con motivo de la nota pastoral que publiqu\u00e9 \u00abAnte el Refer\u00e9ndum de la Constituci\u00f3n\u00bb, el 28 de noviembre del a\u00f1o pasado, tratando de dar cumplimiento a mi deber de obispo de la Iglesia de Dios de responder a las consultas de mis fieles diocesanos, desde una perspectiva puramente moral y religiosa(<em>N. del E.<\/em> V\u00e9ase el documento en el volumen <em>El valor de lo Sagrado,<\/em> volumen 1 de las <em>Obras del Cardenal Marcelo Gonz\u00e1lez Mart\u00edn,<\/em> Toledo 1986).<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia, ciertamente, en cuanto comunidad de fieles en comuni\u00f3n con sus Pastores, no debe hacer pol\u00edtica en sentido t\u00e9cnico, sino que debe mantenerse por encima de las ideolog\u00edas, de los sistemas, de las opiniones, de los partidos y de las opciones temporales, pero no puede ni debe \u2013salvo criterios de prudencia pastoral\u2013 dejar de predicar y de ense\u00f1ar \u2013principalmente a trav\u00e9s de sus obispos\u2013 al pueblo que le ha sido encomendado, la fe que ha de ser cre\u00edda y la moral que ha de ser practicada, no s\u00f3lo en pura doctrina, sino tambi\u00e9n en sus aplicaciones a circunstancias concretas.<\/p>\n\n\n\n<p>La libertad de los fieles cat\u00f3licos se refiere a cuestiones opinables en doctrina o en problemas pr\u00e1cticos, en sus soluciones concretas, cuando pueden admitirse diversas opciones; pero, en ning\u00fan caso, les es l\u00edcito prescindir de la doctrina cierta del Magisterio de la Iglesia<a href=\"#sdfootnote40sym\" id=\"sdfootnote40anc\"><sup>40<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Algunos opinan \u2013y especialmente en Espa\u00f1a\u2013 que, teniendo en cuenta la libertad religiosa y el pluralismo de la sociedad moderna, las iglesias y confesiones religiosas y, sobre todo, la Iglesia Cat\u00f3lica, no tienen que tratar de exponer p\u00fablicamente criterios sobre los problemas sociales.<\/p>\n\n\n\n<p>Y precisamente la propia declaraci\u00f3n conciliar <em>Dignitatis Humanae<\/em> sobre la libertad religiosa, ense\u00f1a que forma parte de la misma \u00abel que no se proh\u00edba a las comunidades religiosas manifestar libremente el valor de su doctrina, <em>para la ordenaci\u00f3n de la sociedad<\/em> y para la vitalizaci\u00f3n de toda la actividad humana\u00bb<a href=\"#sdfootnote41sym\" id=\"sdfootnote41anc\"><sup>41<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La misi\u00f3n de la Iglesia, en el campo del Magisterio, no se reduce exclusivamente al \u00e1mbito de las verdades de la fe y a las normas morales conocidas por la Revelaci\u00f3n, sino, como se ha repetido tantas veces en los documentos de dicho Magisterio, en los tiempos modernos, y como se ha venido aceptando en la praxis pastoral de la Iglesia, desde sus or\u00edgenes, \u00abJesucristo, al comunicar a Pedro y a los ap\u00f3stoles su autoridad divina y al enviarlos a ense\u00f1ar a todas las gentes sus mandamientos, los constitu\u00edan en custodios y en int\u00e9rpretes de toda la moral, es decir, no s\u00f3lo de la ley evang\u00e9lica, sino tambi\u00e9n de la natural, expresi\u00f3n de la voluntad de Dios, cuyo cumplimiento fiel es igualmente necesario para salvarse\u00bb<a href=\"#sdfootnote42sym\" id=\"sdfootnote42anc\"><sup>42<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La vida social y pol\u00edtica, y la vida humana en general, presentan problemas y cuestiones que ata\u00f1en al orden moral, al orden de la rectitud de las actuaciones libres de los hombres en relaci\u00f3n con la Ley divina \u2013con independencia del credo religioso que profesan los ciudadanos\u2013, y esas cuestiones entran dentro de la misi\u00f3n de la Iglesia: derechos humanos, fundamento del poder, l\u00edmites de su ejercicio, familia y matrimonio, riqueza y pobreza, etc\u00e9tera.<\/p>\n\n\n\n<p>La autonom\u00eda e independencia del Estado y de la sociedad civil respecto de la Iglesia no es, ni puede ser, independencia respecto de Dios, como sostuvo el liberalismo doctrinal del siglo pasado \u2013inspirado en la filosof\u00eda de la Ilustraci\u00f3n\u2013 y sostiene el secularismo de nuestro tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Es cierto que la Iglesia no tiene autoridad directa sobre la sociedad pol\u00edtica, ni sobre los ciudadanos que no aceptan la fe cat\u00f3lica, pero tiene autoridad sobre sus propios fieles y tiene la misi\u00f3n recibida de Dios y, por consiguiente, la obligaci\u00f3n de proclamar el Evangelio y la ley moral a todas las gentes, y, por tanto, puede y debe hablar sobre todas las cuestiones que afectan a la verdad y al bien.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, su sabidur\u00eda, acumulada en siglos de historia, hace a la Iglesia \u00abexperta en humanidad\u00bb, como afirm\u00f3 Su Santidad Pablo VI ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, y le dan autoridad moral para dirigirse a todos los hombres de buena voluntad para promover la paz, los derechos de la persona humana, la estabilidad de las familias, la justa distribuci\u00f3n de la riqueza, etc\u00e9tera.<\/p>\n\n\n\n<p>El hecho de que algunos principios o normas de la ley natural hayan sido confirmados por la Revelaci\u00f3n no los convierte, como ahora se afirma, en principios o normas de \u00abmoral confesional\u00bb, y que, por tanto, no pueden ser urgidos en su cumplimiento por las leyes civiles y promovidos por los ciudadanos o por los legisladores cat\u00f3licos, ajust\u00e1ndose a los procedimientos de un Estado democr\u00e1tico, y que los Pastores de la Iglesia no pueden ense\u00f1arlos p\u00fablicamente y \u2013salvo razones de prudencia pastoral\u2013 denunciar y se\u00f1alar las infracciones.<\/p>\n\n\n\n<p>La sociedad civil, para su pac\u00edfica convivencia, necesita tener como fundamento un n\u00facleo de verdades y de principios de ley natural aceptados, b\u00e1sicamente, por todos los ciudadanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ni la \u00abcoexistencia en el error\u00bb, ni la mera \u00abcoexistencia en el temor\u00bb pueden constituir un fundamento s\u00f3lido para la convivencia social pac\u00edfica y para el desarrollo de un Estado, ni de una comunidad de Estados.<\/p>\n\n\n\n<p>Un pluralismo radical de opiniones sobre los principios b\u00e1sicos de la vida social constituye un elemento decisivo de desintegraci\u00f3n y de descomposici\u00f3n social.<\/p>\n\n\n\n<p>La sociedad secularista de nuestro tiempo que concibe la voluntad de la mayor\u00eda del pueblo soberano como criterio supremo y absoluto del bien y del mal, que puede desvincular las leyes positivas del orden jur\u00eddico natural, atenta directamente contra la soberan\u00eda de Dios y constituye una amenaza a los derechos inviolables de la persona humana, sustituyendo la fuerza vinculante del derecho, que tiene su fundamento en Dios, Legislador Supremo, por el derecho de la fuerza del n\u00famero o de las minor\u00edas m\u00e1s poderosas. \u00abEl humanismo exclusivo es un humanismo inhumano\u00bb<a href=\"#sdfootnote43sym\" id=\"sdfootnote43anc\"><sup>43<\/sup><\/a>. La Iglesia \u00abdebe ser consciente&#8230; de todo lo que se opone al esfuerzo para que la vida humana sea cada vez m\u00e1s humana, para que todo lo que compone esta vida responda a la verdadera dignidad del hombre\u00bb<a href=\"#sdfootnote44sym\" id=\"sdfootnote44anc\"><sup>44<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia, en sus pronunciamientos y actuaciones en el orden social y pol\u00edtico, se ve sometida a una acci\u00f3n y reacci\u00f3n de signo contradictorio:<\/p>\n\n\n\n<p>Por un lado, un sector de cat\u00f3licos y de la propia sociedad quiere que se pronuncie <em>opportune et importune<\/em> en defensa de los pobres, de los oprimidos, de los trabajadores y de los marginados, y que denuncie todas las infracciones que los Estados y los grupos poderosos cometen contra esas clases o grupos m\u00e1s d\u00e9biles, y esa actuaci\u00f3n creen que forma parte integrante, y aun esencial, de la misi\u00f3n de la Iglesia, y que constituye un testimonio evang\u00e9lico; y otro sector de cat\u00f3licos, o de la propia sociedad, consideran que esas intervenciones son injerencias de la Iglesia en \u00e1mbitos que no le corresponden, y para los cuales no tiene misi\u00f3n, ni competencia; y que se convierte en instrumento de la subversi\u00f3n revolucionaria, perdiendo contenido sobrenatural y desliz\u00e1ndose hacia una actuaci\u00f3n temporalista y politizada.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otro lado, ciertos sectores cat\u00f3licos le piden a la Iglesia que hable y act\u00fae en defensa de los grandes valores morales de la familia, que denuncie la pornograf\u00eda y el rebajamiento moral de los espect\u00e1culos, que se oponga a las leyes divorcistas, a la legalizaci\u00f3n permisiva del aborto, a la difusi\u00f3n de la droga, a la degradaci\u00f3n moral de la juventud, a la laicizaci\u00f3n de la ense\u00f1anza, etc\u00e9tera; y frente a esta tendencia, otros sectores cat\u00f3licos consideran que la Iglesia debe permanecer neutral frente a esas luchas ideol\u00f3gicas, sin tratar de promover lo que ellos llaman \u00abfuerza religiosa\u00bb, limit\u00e1ndose a la formaci\u00f3n de la conciencia de los fieles, sin pretender invadir el \u00e1mbito de la sociedad civil, con actuaciones propias de \u00e9pocas sacrales, inadaptadas a la cultura secularizada de nuestro tiempo y que configuran a la Iglesia como un poder enfrente o por encima del Estado, sin el sentido de humanidad y pobreza de que nos dio ejemplo Jes\u00fas en el Evangelio.<\/p>\n\n\n\n<p>La soluci\u00f3n de esta aparente antinomia nos la dan los Papas y el propio Concilio Vaticano II.<\/p>\n\n\n\n<p>Los dos aspectos forman parte integrante del Mensaje del Evangelio, siempre que la Iglesia y los hombres de Iglesia cuando act\u00faen en nombre de ella, \u00abutilicen los caminos y medios propios del Evangelio, los cuales se diferencian en muchas cosas de los medios que la ciudad terrena utiliza\u00bb<a href=\"#sdfootnote45sym\" id=\"sdfootnote45anc\"><sup>45<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>No se trata de que la Iglesia ponga su esperanza \u00aben privilegios dados por el poder civil; m\u00e1s a\u00fan, renunciar\u00e1 al ejercicio de ciertos derechos leg\u00edtimamente adquiridos tan pronto como conste que su uso puede empe\u00f1ar la pureza de su testimonio, o las nuevas condiciones de vida exijan otra disposici\u00f3n\u00bb, nos ense\u00f1a el Concilio<a href=\"#sdfootnote46sym\" id=\"sdfootnote46anc\"><sup>46<\/sup><\/a>. Pero a\u00f1ade a continuaci\u00f3n: \u00abEs de justicia que pueda la Iglesia en todo momento y en todas partes predicar la fe con aut\u00e9ntica libertad, ense\u00f1ar su doctrina social, ejercer su misi\u00f3n entre los hombres sin traba alguna y <em>dar su juicio moral,<\/em> incluso sobre materias referentes al orden pol\u00edtico, <em>cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvaci\u00f3n de las almas, utilizando todos y s\u00f3lo aquellos medios que sean conformes al Evangelio<\/em> y al bien de todos, seg\u00fan la diversidad de tiempos y de situaciones\u00bb<a href=\"#sdfootnote47sym\" id=\"sdfootnote47anc\"><sup>47<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Hemos de aceptar que, en otras \u00e9pocas, no siempre se formul\u00f3 la doctrina de la distinci\u00f3n de esferas y de la leg\u00edtima autonom\u00eda de lo temporal con suficiente precisi\u00f3n, y que se dieron situaciones confusas que no soslayaron el peligro de la \u00abhierocracia\u00bb o \u00abeclesiocracia\u00bb; pero como afirma el P. Congar, O.P., \u00ablos historiadores m\u00e1s recientes han demostrado (se refiere a la reforma gregoriana del siglo XI, en que culmin\u00f3 la lucha entre el Pontificado y el Imperio) que esta ambici\u00f3n no era una ambici\u00f3n temporal de \u2018\u2018dominio mundial\u201d (Weltherrschaft), sino una ambici\u00f3n sacerdotal y espiritual de realizar en grado sumo la sujeci\u00f3n de toda la vida al reino de Dios\u00bb<a href=\"#sdfootnote48sym\" id=\"sdfootnote48anc\"><sup>48<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En este orden de cosas creemos que se deben evitar tres clases de errores o desviaciones:<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li><em><strong>La espiritualidad desencarnada<\/strong><\/em> que trata de restringir los efectos de la Redenci\u00f3n y la Soberan\u00eda de Cristo al \u00e1mbito invisible de las almas, y que se desentiende de los problemas del orden temporal, bajo el pretexto de que van a pasar <em>como la figura de este mundo<\/em> (1Cor 7, 31).<\/li>\n\n\n\n<li><em><strong>El secularismo radical<\/strong><\/em> \u2013de que ya hemos hablado\u2013, que exagera la autonom\u00eda de lo temporal hasta el punto de considerar que \u00abla realidad creada es independiente de Dios y que los hombres pueden usarla sin referencia al Creador\u00bb <em>(Gaudium et Spes,<\/em> 36, 3).<\/li>\n\n\n\n<li><em><strong>La negaci\u00f3n de la autonom\u00eda relativa de las realidades temporales<\/strong><\/em><em>,<\/em> consider\u00e1ndolas exclusivamente como medios e instrumentos para el desarrollo de la vida sobrenatural hasta el punto de identificar plenamente el mundo con el Reino de Dios (Maritain llama a este error \u00abteocratismo clerical\u00bb o \u00abhierocratismo\u00bb, en su conocido libro <em>Humanismo integral)<a href=\"#sdfootnote49sym\" id=\"sdfootnote49anc\"><sup>49<\/sup><\/a>.<\/em><\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p>El Papa Juan Pablo II \u2013siguiendo al Concilio Vaticano II y a Pablo VI\u2013 nos est\u00e1 dando un magn\u00edfico testimonio de equilibrio e integraci\u00f3n de posturas en la proclamaci\u00f3n del Mensaje de Salvaci\u00f3n de Jesucristo y su proyecci\u00f3n sobre las realidades temporales, evitando tanto la \u00abespiritualidad desencarnada\u00bb, como el \u00absecularismo radical\u00bb y la \u00abnegaci\u00f3n de la autonom\u00eda relativa de las realidades temporales\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Queremos llamar especialmente la atenci\u00f3n sobre el discurso inaugural de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, el 28 de enero pasado, y su primera Enc\u00edclica <em>Redemptor Hominis,<\/em> en donde la <em>proclamaci\u00f3n de la<\/em> <em>\u00abBuena Nueva<\/em>\u00bb de Jesucristo y el anuncio de su reino para los hombres de nuestro tiempo se expresan con f\u00f3rmulas profundas y equilibradas dif\u00edcilmente superables, no s\u00f3lo en su expresi\u00f3n verbal, sino en la actitud que reflejan de fidelidad a la fe de la Iglesia, de sensibilidad sobrenatural y humana ante los problemas del hombre de hoy, de fortaleza cristiana en las denuncias de las injusticias, y de caridad evang\u00e9lica hacia todas las clases, las razas y los pueblos de la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>El sentido de la fe del pueblo cristiano ha intuido r\u00e1pida y certeramente la profundidad de la actitud pastoral del nuevo Papa y ha reaccionado m\u00e1s all\u00e1 de las expectativas de los m\u00e1s optimistas. El pueblo de Dios escucha a los pastores y a los profetas aut\u00e9nticos que le hablan en nombre del Se\u00f1or y le conducen y gu\u00edan hacia Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La realeza de Jesucristo<br>y la devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas<\/h2>\n\n\n\n<p>En la teolog\u00eda cat\u00f3lica, la devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas se ha presentado unida a la Realeza de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>En el Congreso teol\u00f3gico-pastoral sobre el Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, no podemos dejar de decir unas palabras sobre la vinculaci\u00f3n estrecha entre ambos conceptos.<\/p>\n\n\n\n<p>El Papa Le\u00f3n XIII, que, en las postrimer\u00edas del siglo pasado, hace ochenta a\u00f1os, orden\u00f3 la consagraci\u00f3n del mundo al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, en su magn\u00edfica Enc\u00edclica <em>Annum Sacrum,<\/em> de 20 de mayo de 1899, al exponer la fundamentaci\u00f3n teol\u00f3gica de dicha consagraci\u00f3n, emple\u00f3 los mismos argumentos que posteriormente desarroll\u00f3 P\u00edo XI, al establecer la Fiesta de Cristo Rey, en la Enc\u00edclica varias veces citada <em>Quas Primas<a href=\"#sdfootnote50sym\" id=\"sdfootnote50anc\"><sup>50<\/sup><\/a>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, la f\u00f3rmula de la Consagraci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, publicada a continuaci\u00f3n de la <em>Enc\u00edclica Annum Sacrum,<\/em> es una invocaci\u00f3n a Cristo Rey. Y P\u00edo XI, al instituir la Fiesta de Cristo Rey en 1925, orden\u00f3 que al celebrar esta fiesta todos los a\u00f1os en el \u00faltimo domingo de octubre, se renovase esta consagraci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, que San P\u00edo X hab\u00eda ordenado que se recitase en la Fiesta del Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas (22-VIII-1906), y en el mismo texto de la Enc\u00edclica relacion\u00f3 la consagraci\u00f3n de las familias, de las ciudades y de los reinos al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, e incluso del mismo g\u00e9nero humano realizada bajo la inspiraci\u00f3n de Le\u00f3n XIII, con la Realeza de Cristo<a href=\"#sdfootnote51sym\" id=\"sdfootnote51anc\"><sup>51<\/sup><\/a>, y P\u00edo XII, en su primera Enc\u00edclica, <em>Summi Pontificatus,<\/em> de 20 de octubre de 1939, despu\u00e9s de evocar la consagraci\u00f3n del mundo al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, cuyo cuarenta aniversario se celebraba aquel a\u00f1o, y que, en su celebraci\u00f3n, coincidi\u00f3 con su primer a\u00f1o de sacerdocio, a\u00f1adi\u00f3 estas palabras: \u00abDe la difusi\u00f3n y del arraigo del culto al Divino Coraz\u00f3n del Redentor, que encontr\u00f3 su espl\u00e9ndida corona no s\u00f3lo en la consagraci\u00f3n del g\u00e9nero humano al declinar del pasado siglo, sino aun en la introducci\u00f3n de la fiesta de la Realeza de Cristo por nuestro inmediato predecesor de feliz memoria, han brotado inefables bienes para un sinn\u00famero de almas: <em>un impetuoso r\u00edo alegra la ciudad de Dios <\/em>(Sal 45, 5)\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Y en su Enc\u00edclica <em>Haurietis Aquas,<\/em> de 15 de mayo de 1956, que fue como el testamento espiritual de este gran Pont\u00edfice, dedicada a la devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, manifest\u00f3 lo siguiente: \u00abDeseamos tambi\u00e9n vivamente que cuantos se glor\u00edan del nombre de cristianos y combaten activamente por establecer el Reino de Jesucristo en el mundo, consideren la devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas como bandera y manantial de unidad, de salvaci\u00f3n y de paz\u00bb<a href=\"#sdfootnote52sym\" id=\"sdfootnote52anc\"><sup>52<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Si el Reino de Jesucristo es un Reino de amor, que s\u00f3lo quiere hombres y pueblos que acepten su soberan\u00eda como un vasallaje de gratitud y de correspondencia de amor a su Redentor, se comprende f\u00e1cilmente su interna vinculaci\u00f3n con una devoci\u00f3n que consiste en \u00abel culto al amor con que Dios nos am\u00f3 por medio de Jesucristo\u00bb, y en cuyo Coraz\u00f3n \u00abpodemos considerar no s\u00f3lo un s\u00edmbolo, sino tambi\u00e9n como un compendio de todo el misterio de nuestra redenci\u00f3n\u00bb<a href=\"#sdfootnote53sym\" id=\"sdfootnote53anc\"><sup>53<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La Conferencia Episcopal de la Iglesia de Espa\u00f1a, con motivo de la celebraci\u00f3n del cincuentenario de la consagraci\u00f3n de Espa\u00f1a al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas \u2013mayo 1969\u2013, public\u00f3 una exhortaci\u00f3n colectiva, explicando el sentido teol\u00f3gico de la consagraci\u00f3n p\u00fablica de los pueblos al Coraz\u00f3n de Cristo, e invitando a los fieles cat\u00f3licos a Su renovaci\u00f3n. En este magn\u00edfico documento, promulgado despu\u00e9s del Concilio Vaticano II, y que conserva, en nuestros d\u00edas, toda su actualidad, se relaciona dicha consagraci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Jesucristo con su Realeza, en los siguientes t\u00e9rminos: \u00abLa consagraci\u00f3n es un acto de fe en la soberan\u00eda de Jesucristo, de aceptaci\u00f3n de la misma y de confianza en su amor. Cristo, sentado a la derecha del Padre, triunfador del pecado y de la muerte, ha sido constituido Se\u00f1or del Universo (Ef 1, 22). Los hombres y los pueblos le debemos adoraci\u00f3n, como criaturas de Dios y como redimidos por la Sangre del Cordero (Ap 1, 5). Preciso es que \u00c9l reine hasta poner a todos sus enemigos bajo sus pies; el \u00faltimo enemigo destruido ser\u00e1 la muerte (1Cor 15, 26). Someti\u00e9ndonos a \u00c9l contribuimos a que se extienda su Reino, es decir, a que resplandezca su amor sobre los hombres, para que viendo nuestras obras, glorifiquen al Padre. Le suplicamos que todos los hombres reconozcan su se\u00f1or\u00edo, para que venga a nuestro mundo su Reino de amor, de justicia y de paz\u00bb<a href=\"#sdfootnote54sym\" id=\"sdfootnote54anc\"><sup>54<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En el Santuario de la Gran Promesa del Coraz\u00f3n de Jes\u00fas de esta ciudad de Valladolid, se puede ver una plasmaci\u00f3n monumental y art\u00edstica de esta relaci\u00f3n \u00edntima entre la Realeza de Cristo y el Coraz\u00f3n de Jes\u00fas: una de las capillas laterales est\u00e1 dedicada a Cristo Rey, cuya imagen, con expresi\u00f3n de serena y humilde majestad, aparece sentado en su trono, respaldado por la cruz, signo de nuestra Redenci\u00f3n, con su mano izquierda sujetando el volumen como Legislador, y con la derecha bendiciendo con amor.<\/p>\n\n\n\n<p>El Coraz\u00f3n de Jesucristo \u2013seg\u00fan la bella expresi\u00f3n del P. Mateo Crawley, Ap\u00f3stol de la Consagraci\u00f3n de las Familias\u2013, es un \u00abRey de Amor\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Proyecci\u00f3n del Reino de Cristo<br>sobre la realidad de nuestra patria<\/h2>\n\n\n\n<p>No puedo terminar este discurso, ya bastante prolongado, aun a riesgo de abusar m\u00e1s de vuestra atenci\u00f3n, sin hacer algunas consideraciones sobre la realidad actual de nuestra patria, en relaci\u00f3n con el Reino de Cristo, para ser fiel a la orientaci\u00f3n de este Congreso, que estamos clausurando en su proyecci\u00f3n teol\u00f3gico-pastoral.<\/p>\n\n\n\n<p>Considero que el proceso de \u00absecularismo\u00bb \u2013que ataca directamente a la Realeza de Cristo\u2013 y al que he aludido repetidas veces a lo largo de mi exposici\u00f3n, presenta en nuestra patria caracteres graves que urge analizar, adquirir conciencia de ellos y situarlos en una visi\u00f3n de conjunto, con sentido din\u00e1mico y prospectivo, antes de proponer las medidas pastorales adecuadas para su remedio y soluci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Habr\u00eda que partir de la constataci\u00f3n del ritmo <em>acelerado y repentino <\/em>\u2013por lo menos en sus manifestaciones m\u00e1s visibles\u2013 con que se ha presentado entre nosotros dicho proceso de secularizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Parece que en un decenio escaso ha cambiado radicalmente la fisonom\u00eda del catolicismo espa\u00f1ol. No pretendo afirmar que todos los cambios hayan sido negativos, ni mucho menos; hay muchos valores y realidades que permanecen ocultos y muchas reservas morales y espirituales en nuestro pueblo cristiano, como he tenido ocasi\u00f3n de se\u00f1alar recientemente. Podr\u00edamos afirmar de la Iglesia en Espa\u00f1a \u2013con las salvedades necesarias\u2013 lo que Juan Pablo II dice en su primera Enc\u00edclica <em>Redemptor Hominis,<\/em> refiri\u00e9ndose a la Iglesia universal en la etapa posconciliar: \u00abNo est\u00e1 ciertamente exenta de dificultades y de tensiones internas. Pero, al mismo tiempo, se siente interiormente m\u00e1s inmunizada contra los excesos del autocriticismo: se podr\u00eda decir que es m\u00e1s cr\u00edtica frente a las diversas cr\u00edticas desconsideradas, que es m\u00e1s resistente respecto a las variadas \u201cnovedades\u201d, m\u00e1s madura en el esp\u00edritu de discernimiento, m\u00e1s id\u00f3nea para extraer de su perenne tesoro <em>cosas nuevas y cosas viejas<\/em> (Mt 13, 52), m\u00e1s centrada en el propio misterio y, gracias a todo esto, m\u00e1s disponible para la misi\u00f3n de salvaci\u00f3n de todos: <em>Dios quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad<\/em> (Tim 2, 4)\u00bb (Encl. <em>Redemptor Hominis,<\/em> n\u00fam. 4, 2).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, con todo, hemos de reconocer tambi\u00e9n los estragos que han producido en nuestro pueblo, de fe sencilla y tradicional, ciertos radicalismos pastorales y ciertos permisivismos morales; as\u00ed como la difusi\u00f3n imprudente e inconsiderada de nuevos planteamientos teol\u00f3gicos \u2013no siempre fieles a la Tradici\u00f3n y al Magisterio de la Iglesia\u2013, bajo el pretexto de adaptaci\u00f3n de las verdades de la fe cat\u00f3lica al lenguaje y a la mentalidad de nuestro tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Como ha advertido en\u00e9rgicamente Juan Pablo II, dirigi\u00e9ndose a los Obispos del continente latinoamericano, reunidos en Puebla, en su III Conferencia General, \u00ab\u00bfc\u00f3mo podr\u00eda haber una aut\u00e9ntica evangelizaci\u00f3n si faltase un acatamiento pronto y sincero al sagrado Magisterio con la clara conciencia de que, someti\u00e9ndose a \u00e9l, el Pueblo de Dios no acepta una palabra de hombres, sino la verdadera Palabra de Dios? (cf. 1Ts 2, 13; <em>Lumen Gentium,<\/em> 12). Hay que tener en cuenta la importancia \u201cobjetiva\u201d de este Magisterio y tambi\u00e9n defenderlo de las insidias que, en estos tiempos, aqu\u00ed y all\u00e1, se tienen contra algunas verdades firmes de nuestra fe cat\u00f3lica\u00bb<a href=\"#sdfootnote55sym\" id=\"sdfootnote55anc\"><sup>55<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada valen, por tanto, los f\u00e1ciles recursos de escudarse en interpretaciones unilaterales, cuando no desviadas, de los documentos del Concilio Vaticano II, o en las exigencias del <em>aggiornamento <\/em>pastoral para cambiar el contenido esencial de las verdades de la fe. Las ense\u00f1anzas del Concilio Vaticano II tienen que ser interpretadas a la luz de la Tradici\u00f3n de la Iglesia y de las f\u00f3rmulas dogm\u00e1ticas de los Concilios anteriores \u2013en especial del Concilio Vaticano I\u2013, como afirm\u00f3 Juan Pablo II, en su primer Mensaje al Mundo, el 17 de octubre pasado.<\/p>\n\n\n\n<p>El Papa Pablo VI \u2013como tuve ocasi\u00f3n de recordar en mi discurso de clausura de la V Semana de Estudios y Coloquios sobre problemas teol\u00f3gicos actuales, celebrada en Toledo, del 28 de agosto al 2 de septiembre de 1972<em>, <\/em>llam\u00f3 la atenci\u00f3n repetidas veces a los Pastores y a los fieles sobre los peligros de una falsa renovaci\u00f3n. Valga una cita por todas: \u00abHay muchas cosas que pueden ser corregidas o modificadas en la vida cat\u00f3lica, muchas doctrinas en las que puede profundizarse integradas y expuestas en t\u00e9rminos m\u00e1s comprensibles, muchas normas que pueden ser simplificadas y mejor adaptadas a las necesidades de nuestro tiempo; pero dos cosas no pueden ser sometidas a discusi\u00f3n: las verdades de la fe, autorizadamente sancionadas por la Tradici\u00f3n y por el Magisterio eclesi\u00e1stico, y las leyes constitucionales de la Iglesia, con la consiguiente obediencia al ministerio del gobierno pastoral que Cristo ha establecido, y que la sabidur\u00eda de la Iglesia ha desarrollado y extendido en los diversos miembros del Cuerpo m\u00edstico y visible de la Iglesia misma para gu\u00eda y robustecimiento de la multiforme trabaz\u00f3n del Pueblo de Dios. Por ello, renovaci\u00f3n, s\u00ed; cambio arbitrario, no; historia siempre viva y siempre nueva de la Iglesia, s\u00ed; historicismo disolvente del compromiso dogm\u00e1tico tradicional, no; integraci\u00f3n teol\u00f3gica seg\u00fan las ense\u00f1anzas del Concilio, s\u00ed; teolog\u00eda conforme a libres teor\u00edas subjetivas, a menudo tomadas de fuentes adversarias, no; Iglesia abierta a la caridad ecum\u00e9nica, al di\u00e1logo responsable y al reconocimiento de lo valores cristianos entre los hermanos separados, s\u00ed; irenismo renunciante a los valores de la fe o bien proclive a identificarse con ciertos principios negativos que han favorecido el distanciamiento de hermanos cristianos del centro de la unidad de la comunidad cat\u00f3lica, no; libertad religiosa para todos en el \u00e1mbito de la sociedad civil, s\u00ed; como tambi\u00e9n libertad de adhesi\u00f3n personal a la religi\u00f3n seg\u00fan la elecci\u00f3n meditada de la propia conciencia, s\u00ed; libertad de conciencia como criterio de verdad religiosa no corroborada por la autenticidad de una ense\u00f1anza seria y autorizada, no\u00bb<a href=\"#sdfootnote56sym\" id=\"sdfootnote56anc\"><sup>56<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Parece que se ha difundido en ciertos medios eclesiales una especie \u2013permitidme la expresi\u00f3n\u2013 \u00abde alergia\u00bb contra todo lo que significa \u00abpueblo cat\u00f3lico\u00bb, catolicismo de masas, piedad popular, tradici\u00f3n cat\u00f3lica de nuestra historia y de nuestra cultura.<\/p>\n\n\n\n<p>Se ha sido muy eficaz en destruir y demoler r\u00e1pidamente ciertas formas de piedad popular, ciertas costumbres de nuestro pueblo, sin tener en cuenta que dej\u00e1bamos indefensos a nuestros fieles sencillos, frente a las nuevas tendencias secularistas y frente al vac\u00edo de Dios, desolador y helador, de determinadas corrientes de la cultura moderna.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed han desaparecido en muchas partes la devoci\u00f3n de los primeros viernes, el rezo colectivo del Santo Rosario, la celebraci\u00f3n de las Flores de Mayo, las romer\u00edas y peregrinaciones tradicionales a santuarios, las misiones populares, la procesi\u00f3n del Corpus, etc\u00e9tera.<\/p>\n\n\n\n<p>Es cierto que algunas formas de religiosidad popular tienen sus l\u00edmites y est\u00e1n expuestas a deformaciones; pero, precisamente, la labor de los Pastores consiste en orientarlas rectamente mediante una pedagog\u00eda de evangelizaci\u00f3n. La exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica <em>Evangelii Nuntiandi,<\/em> de Pablo VI \u2013a la que se ha referido con tanto elogio y en repetidas ocasiones Juan Pablo II\u2013 contiene oportunas consideraciones pastorales sobre la piedad popular, recogiendo los criterios expuestos en el S\u00ednodo de 1974 sobre la evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La m\u00e1s elemental experiencia pastoral pone de relieve que no basta \u2013y la Iglesia en su acci\u00f3n evangelizadora lo demuestra\u2013 la conversi\u00f3n interior de las conciencias, sino que hace falta, adem\u00e1s, para asegurar la perseverancia de esa conversi\u00f3n personal, no s\u00f3lo la implantaci\u00f3n de la Iglesia como sociedad visible, con su sacerdocio, sus sacramentos, sus instituciones, sino que es preciso evangelizar tambi\u00e9n las culturas de los pueblos, insertar los valores cristianos en el seno de las civilizaciones, o, como nos dice el Concilio Vaticano II, \u00abimpregnar y perfeccionar todo el orden temporal con el esp\u00edritu evang\u00e9lico\u00bb o \u00ab&#8230;llenar de esp\u00edritu cristiano el pensamiento y las costumbres, las leyes y las estructuras de la comunidad&#8230;\u00bb<a href=\"#sdfootnote57sym\" id=\"sdfootnote57anc\"><sup>57<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>El Cardenal Dani\u00e9lou distingui\u00f3 muy bien entre la noci\u00f3n de \u00abPueblo de Dios\u00bb, que es una noci\u00f3n teol\u00f3gica, hasta el punto de que, aun cuando no existiesen en el mundo m\u00e1s que algunos centenares de fieles, el \u00abPueblo de Dios\u00bb seguir\u00eda existiendo; y la noci\u00f3n de \u00abpueblo cristiano\u00bb, nosotros dir\u00edamos \u00abpueblo o naci\u00f3n cat\u00f3lica\u00bb, en cuanto que el conjunto \u2013o la mayor parte\u2013 de los ciudadanos de una naci\u00f3n fuesen fieles bautizados en el seno de la Iglesia, y en cuanto que el catolicismo hubiese penetrado en sus tradiciones, en sus instituciones, en su cultura, en sus costumbres, etc. Se trata, por tanto, en este \u00faltimo caso, de una noci\u00f3n socio-hist\u00f3rica, socio-cultural. Es decir, de una cuesti\u00f3n de hecho.<\/p>\n\n\n\n<p>Se exalta hoy mucho el \u00abpluralismo\u00bb, casi como un ideal, sin distinguir entre el <em>respeto a la libertad religiosa<\/em> y de conciencia, que puede ser compatible con la unidad religiosa de un pueblo \u2013aunque en las circunstancias hist\u00f3ricas actuales sea muy dif\u00edcil por la comunicaci\u00f3n e intercambio de culturas entre las diversas naciones\u2013 y un <em>pluralismo radical,<\/em> incluso conscientemente promovido, que se manifiesta aun en los criterios fundamentales de la convivencia social, que hace muy dif\u00edcil la paz ciudadana y la armon\u00eda en la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p>El pluralismo sobre cuestiones fundamentales no favorece la vida social y es una consecuencia del pecado y de la imperfecci\u00f3n humana. Y, en este sentido, siempre ser\u00e1 un ideal \u2013aunque pueda ser inasequible en las circunstancias actuales\u2013 la libre aceptaci\u00f3n por la mayor\u00eda de un pueblo \u2013como recoge el Concilio Vaticano II en su Decl. <em>Dignitatis Humanae<\/em>\u2013 del \u00abdeber moral de los hombres y de las sociedades para con la verdadera religi\u00f3n y la \u00fanica Iglesia de Cristo\u00bb<a href=\"#sdfootnote58sym\" id=\"sdfootnote58anc\"><sup>58<\/sup><\/a>. Por esta raz\u00f3n, Pablo VI, en su discurso al Colegio Espa\u00f1ol, en v\u00edsperas de la clausura del Concilio, en presencia de todo el Episcopado de nuestra patria, nos exhortaba a encauzar nuestra unidad religiosa \u00abhacia un <em>dinamismo m\u00e1s profundo,<\/em> para convertirla en un foco m\u00e1s luminoso de irradiaci\u00f3n evang\u00e9lica\u00bb<a href=\"#sdfootnote59sym\" id=\"sdfootnote59anc\"><sup>59<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>El Episcopado espa\u00f1ol, en su Declaraci\u00f3n Colectiva al final del Concilio, afirm\u00f3 que la libertad religiosa \u00abno se opone&#8230; a la unidad religiosa de la naci\u00f3n\u00bb y que los dos Papas del Concilio \u2013Juan XXIII y Pablo VI \u00abnos han recordado a nosotros, los espa\u00f1oles, que la unidad cat\u00f3lica es un tesoro que hemos de conservar con amor\u00bb<a href=\"#sdfootnote60sym\" id=\"sdfootnote60anc\"><sup>60<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia en Polonia, que, por raz\u00f3n de la elevaci\u00f3n al supremo pontificado de uno de sus m\u00e1s preclaros hijos \u2013Juan Pablo II\u2013, se presenta en estos momentos como la ciudad \u00ablevantada sobre el monte\u00bb, nos pone de relieve la importancia de la conservaci\u00f3n de la \u00abunidad cat\u00f3lica\u00bb, incluso para la supervivencia en la historia como tal naci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Es una utop\u00eda pretender que si la cultura, las instituciones y la pol\u00edtica se secularizan radicalmente, se podr\u00e1 mantener viva la fe de la mayor\u00eda del pueblo. Es muy f\u00e1cil teorizar sobre la desmitificaci\u00f3n, sobre la purificaci\u00f3n de la fe, y sobre los defectos del llamado \u00abcatolicismo sociol\u00f3gico\u00bb, sobre los aspectos positivos del fen\u00f3meno de la secularizaci\u00f3n, sobre las virtudes de los cristianos de \u00ab\u00e9lite\u00bb; pero en la pr\u00e1ctica el peligro que se nos presenta es el de una civilizaci\u00f3n en la que Dios est\u00e9 ausente, cerrada totalmente en la inmanencia de valores puramente humanos, que har\u00eda muy dif\u00edcil el desarrollo de la vida religiosa de los f\u00edeles sencillos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hemos pasado del \u00abtriunfalismo\u00bb de otros tiempos al derrotismo y al abandono de los que aceptan, sin reacci\u00f3n, que la cultura culmine su giro antropoc\u00e9ntrico hacia un humanismo ateo, ya expl\u00edcitamente \u2013como el ate\u00edsmo marxista\u2013, ya pr\u00e1cticamente como se presenta en ciertas formas de la sociedad occidental posindustrial.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEn el fondo \u2013como afirm\u00f3 certeramente el Cardenal Dani\u00e9lou\u2013 el gran problema de la Iglesia es hoy \u2013como fue el gran problema del Concilio\u2013 el que, sin destruir nada de lo que constituye los valores de la tradici\u00f3n cristiana, la Iglesia sepa adaptarse a condiciones nuevas de vida, de modo que pueda continuar desarroll\u00e1ndose. Y esto no es, en modo alguno, imposible. Una vez m\u00e1s, ser\u00eda una soluci\u00f3n demasiado f\u00e1cil decir: es inevitable que ma\u00f1ana la masa de los hombres se vuelva atea y que no haya ya pueblo cristiano; y como consecuencia de esa afirmaci\u00f3n cruzarse de brazos. Quiz\u00e1 llegue una situaci\u00f3n en que no haya pueblos cristianos; pero es posible, si ello llega, que sea porque nosotros no hayamos cumplido con nuestro deber y luchado por mantener y desarrollar esos pueblos cristianos que hemos heredado\u00bb<a href=\"#sdfootnote61sym\" id=\"sdfootnote61anc\"><sup>61<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no podemos permanecer inertes, y mucho menos dedicarnos a lamentaciones est\u00e9riles por un pasado que ya no est\u00e1 en nuestras manos. Urge ponernos a la acci\u00f3n con la seguridad de la esperanza cristiana, con el impulso del amor, con la confianza en las promesas de Jesucristo que atraviesan los siglos de la historia: <em>tened confianza, Yo he vencido al mundo<\/em> (Jn 16, 33).<\/p>\n\n\n\n<p>Hay que empezar de nuevo, sobre la base de una intensa labor de evangelizaci\u00f3n y de catequesis \u2013en todos los niveles\u2013, siguiendo las l\u00edneas pastorales se\u00f1aladas por Juan Pablo II; urge desarrollar una labor profunda de pastoral familiar y social, y de promoci\u00f3n de vocaciones consagradas; hace falta renovar y restaurar las asociaciones de apostolado seglar, con nuevas formas, pero adaptando los m\u00e9todos siempre v\u00e1lidos a las nuevas circunstancias; es indispensable, sobre todo, que los fieles vivan en comuni\u00f3n con sus Pastores, en especial con el Vicario de Cristo, en testimonio de caridad fraterna, con todos y hacia todos, presentando al mundo el signo de unidad, seg\u00fan el deseo supremo del Testamento de Jes\u00fas (Jn 17, 21 )<a href=\"#sdfootnote62sym\" id=\"sdfootnote62anc\"><sup>62<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Las circunstancias actuales nos exigen a los fieles cat\u00f3licos una entrega completa a Dios, elegido como \u00ablo \u00fanico\u00bb de nuestra vida, y a nuestros hermanos por amor a \u00c9l. El Concilio \u2013como afirm\u00f3 el Padre Lombardi\u2013 exige una \u00abmovilizaci\u00f3n de santos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El Papa Juan Pablo II, en su Enc\u00edclica <em>Redemptor Hominis,<\/em> se plantea la cuesti\u00f3n de qu\u00e9 hay que hacer, en las proximidades del final del segund\u00f3 milenio de la era cristiana. Y contesta a su pregunta con estas sublimes palabras, que son el resumen de lo que he pretendido exponer a lo largo de este discurso de clausura del Congreso Teol\u00f3gico\u2013Pastoral sobre el Coraz\u00f3n de Jes\u00fas: \u00abSe impone una respuesta fundamental y esencial, es decir, la \u00fanica orientaci\u00f3n del esp\u00edritu, la \u00fanica direcci\u00f3n del entendimiento, de la voluntad y del coraz\u00f3n es para nosotros \u00e9sa: hacia Cristo, Redentor nuestro, hacia Cristo Redentor del hombre. Queremos mirarle a \u00c9l, porque s\u00f3lo en \u00c9l, Hijo de Dios, est\u00e1 la salvaci\u00f3n, renovando la confesi\u00f3n de Pedro: <em>Se\u00f1or, \u00bfa Qui\u00e9n iremos? T\u00fa tienes palabras de vida eterna<\/em>\u00bb<a href=\"#sdfootnote63sym\" id=\"sdfootnote63anc\"><sup>63<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Pidamos a la Sant\u00edsima Virgen, Madre de Cristo y Madre de la Iglesia, que nos introduzca en el Misterio del Coraz\u00f3n de Jesucristo. Y terminemos con aquella invocaci\u00f3n tan querida de la Iglesia primitiva \u2013y con la que el Ap\u00f3stol Juan termin\u00f3 el libro del Apocalipsis\u2013, como una s\u00faplica ardiente por la venida de su Reino entre nosotros:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Maranath\u00e1.<\/em> <em>\u00a1Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas!<\/em> (Ap 22, 20).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> V\u00e9ase el libro del P. Jos\u00e9 Eugenio de Uriarte, S.J.: <em>Principios del Reinado del Coraz\u00f3n de Jes\u00fas en Espa\u00f1a,<\/em> Bilbao 1972, especialmente pp. 61 y 62.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Tomada del Evangelio de San Lucas, 1, 33.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> V\u00e9ase O. Cullman, <em>Les premieres confessions de foi chr\u00e9tienne,<\/em> citado por el P. Y. M. Congar, O.P., <em>en Jesucristo,<\/em> Barcelona 1966, 145 (nota 1). V\u00e9ase asimismo <em>Actas de los M\u00e1rtires,<\/em> texto biling\u00fce, por D. Ruiz Bueno, BAC 75, Madrid 1968, 943.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> V\u00e9ase <em>Iglesia y Secularizaci\u00f3n,<\/em> por J. Dani\u00e9lou y C. Pozo, BAC Minor 23, Madrid 1971; y <em>Los movimientos teol\u00f3gicos secularizantes,<\/em> por varios autores, BAC Minor 31, Madrid 1973.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> V\u00e9ase el texto de la enc\u00edclica, en su traducci\u00f3n al espa\u00f1ol, <em>Colecci\u00f3n de Enc\u00edclicas y Documentos Pontificios,<\/em> Acci\u00f3n Cat\u00f3lica Espa\u00f1ola, 4.a ed., Madrid 1955, 113, n\u00famero 11.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> Ib\u00edd., n\u00fam. 12.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> V\u00e9ase la Const. pastoral <em>Gaudium et Spes,<\/em> 36.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> V\u00e9ase la Decl. <em>Dignitatis humanae,<\/em> 1 y 2.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote9anc\" id=\"sdfootnote9sym\">9<\/a> V\u00e9anse, entre otros. <em>Radical Theology and the Death of God,<\/em> de Alt\u00edzer y Hamilton, trad, espa\u00f1ola. Nopal 1966; <em>The secular city. Secularization and urbanization in theological perspective,<\/em> por Harvey Cox, New York, traducci\u00f3n espa\u00f1ola, Barcelona 1968; la conocida obra del Obispo anglicano Robinson; <em>Honest to God, <\/em>editada en espa\u00f1ol por Ariel, Barcelona 1969; La <em>muerte de Dios. La cultura de nuestra era poscristiana<\/em> por G. Vahanian, Barcelona 1968.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote10anc\" id=\"sdfootnote10sym\">10<\/a> V\u00e9ase el himno <em>Crudelis Herodes,<\/em> in off. Epiph., cit. por P\u00edo XI en la Encl. <em>Quas Primas,<\/em> n\u00fam. 15.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote11anc\" id=\"sdfootnote11sym\">11<\/a> V\u00e9ase la citada Declaraci\u00f3n, n\u00fam. 4.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote12anc\" id=\"sdfootnote12sym\">12<\/a> V\u00e9ase Card. Journet, <em>L&#8217;Eglise du Verbe Incarn\u00e9. <\/em><em>Essai de Th\u00e9ologie de l&#8217;Histoire du Salut,<\/em>Ed. Descl\u00e9ee de Brouwer 1969, 264.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote13anc\" id=\"sdfootnote13sym\">13<\/a> V\u00e9ase la obra antes citada del Cardenal Journet, p. 639s. Y tambi\u00e9n el libro antes citado del P. Yves M. Congar, O.P <em>Jesucristo, Nuestro Mediador, Nuestro Se\u00f1or,<\/em> 143s.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote14anc\" id=\"sdfootnote14sym\">14<\/a> Merece destacarse la observaci\u00f3n que hace un te\u00f3logo moderno de que \u00abel t\u00edtulo de Rey aparece en el Nuevo Testamento casi exclusivamente en el contexto de la pasi\u00f3n\u00bb. Manuel M. Gonz\u00e1lez Gil, <em>Cristo, el Misterio de Dios. Cristolog\u00eda y Soteriolog\u00eda,<\/em> BAC 381, Madrid 1976, vol. II, 448.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote15anc\" id=\"sdfootnote15sym\">15<\/a> San AgustIn, <em>De Civ. Dei,<\/em> XVIII, 51,2: BAC 172, 529; PL 41, 614.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote16anc\" id=\"sdfootnote16sym\">16<\/a> Const. <em>Lumen Gentium,<\/em> 48, 1.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote17anc\" id=\"sdfootnote17sym\">17<\/a> Ib\u00edd.<em>,<\/em> 48, 3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote18anc\" id=\"sdfootnote18sym\">18<\/a> V\u00e9ase <em>Obras de San Agust\u00edn,<\/em> vol. XVII. <em>La Ciudad de Dios,<\/em> edici\u00f3n preparada por S. Santamarta y M. Fuertes, O.S.A., BAC 172, Madrid 1978, p. 137 (lib. XIV, cap\u00edtulo 28).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote19anc\" id=\"sdfootnote19sym\">19<\/a> V\u00e9ase <em>La Ciudad de Dios,<\/em> ed. cit. vol. II, BAC 172, 216 (lib. XV, cap. 26).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote20anc\" id=\"sdfootnote20sym\">20<\/a> Const. past. <em>Gaudium et Spes,<\/em> 2, 1: Es evidente que la palabra \u00abmundo\u00bb, en la Sagrada Escritura y en la tradici\u00f3n cristiana, tiene tambi\u00e9n un sentido peyorativo, que se confunde con el dominio de Satan\u00e1s. As\u00ed, en el Evangelio de San Juan 17, 14. 15 y 25; en la primera Ep\u00edstola de San Juan 2, 15-17; 4, 5; 5, 19.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote21anc\" id=\"sdfootnote21sym\">21<\/a> V\u00e9ase obra citada en la nota 12, p. 70 s.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote22anc\" id=\"sdfootnote22sym\">22<\/a> V\u00e9ase<em>Gaudium et Spes,<\/em>36.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote23anc\" id=\"sdfootnote23sym\">23<\/a> V\u00e9ase Y. M. Congar, obra citada en la nota 13, p. 174.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote24anc\" id=\"sdfootnote24sym\">24<\/a> Ib\u00edd., p. 174, nota 61.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote25anc\" id=\"sdfootnote25sym\">25<\/a> V\u00e9ase el discurso de 20 de febrero de 1946, a los nuevos Cardenales; y el discurso de 7 de septiembre de 1955, al X Congreso Internacional de Ciencias Hist\u00f3ricas, en <em>Colecci\u00f3n de Enc\u00edclicas y Documentos Pontificios,<\/em> 7\u00aa ed., Acci\u00f3n Cat\u00f3lica Espa\u00f1ola, Madrid 1967, tomo I, 220-227 y 528-535, respectivamente.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote26anc\" id=\"sdfootnote26sym\">26<\/a> V\u00e9ase Const. pastoral <em>Gaudium et Spes,<\/em> 42, 2.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote27anc\" id=\"sdfootnote27sym\">27<\/a> Ib\u00edd.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote28anc\" id=\"sdfootnote28sym\">28<\/a> Ib\u00edd.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote29anc\" id=\"sdfootnote29sym\">29<\/a> V\u00e9ase Decreto <em>Apostolicam Actuositatem<\/em>, 5.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote30anc\" id=\"sdfootnote30sym\">30<\/a> Const. pastoral <em>Gaudium et Spes,<\/em> 13.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote31anc\" id=\"sdfootnote31sym\">31<\/a> V\u00e9anse Const. <em>Lumen Gentium,<\/em> 36; Prefacio de la Misa de Cristo Rey, y Enc\u00edclica <em>Redemptor Hominis,<\/em> 16.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote32anc\" id=\"sdfootnote32sym\">32<\/a> V\u00e9ase Encl. <em>Mystici Corporis Christi,<\/em> de S.S. P\u00edo XII, de 29 de junio de 1943.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote33anc\" id=\"sdfootnote33sym\">33<\/a> Const. past. <em>Gaudium et Spes,<\/em> 39.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote34anc\" id=\"sdfootnote34sym\">34<\/a> V\u00e9anse <em>Evangelii nuntiandi<\/em> (n\u00fam. 22), de Pablo VI, 8 diciembre 1975, y discurso de Juan Pablo II, en la inauguraci\u00f3n de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, 28 enero 1979 (1, 2).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote35anc\" id=\"sdfootnote35sym\">35<\/a> Palabras cit. por Y. M. Congar, O.P. en la <em>obra. Jesucristo,<\/em> 161. V\u00e9ase nota 13.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote36anc\" id=\"sdfootnote36sym\">36<\/a> Encl. <em>Redemptor Hominis,<\/em> n\u00fam. 19, 6.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote37anc\" id=\"sdfootnote37sym\">37<\/a> Ib\u00edd., n\u00fam. 19, 7.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote38anc\" id=\"sdfootnote38sym\">38<\/a> Const. past. <em>Gaudium et Spes,<\/em> 36.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote39anc\" id=\"sdfootnote39sym\">39<\/a> Existen libros publicados en espa\u00f1ol o traducidos de idiomas extranjeros en donde se recogen con claridad y abundante informaci\u00f3n los movimientos secularizantes o secularizadores. V\u00e9anse, entre otros: <em>Iglesia y Secularizaci\u00f3n,<\/em> Dani\u00e9lou, Pozo y varios autores, BAC Minor 23,1971; <em>Los movimientos teol\u00f3gicos secularizantes,<\/em> por Aldama y varios, BAC Minor 31, Madrid 1973; <em>La aventura de la teolog\u00eda progresista,<\/em> por Cornelio Fabro, Ed. Eunsa, Pamplona 1976; <em>Lecciones sobre ate\u00edsmo contempor\u00e1neo, <\/em>por Mons. Jos\u00e9 Guerra Campos, Ed. \u00abFe Cat\u00f3lica\u00bb, Madrid 1978. Algunos te\u00f3logos de la \u00abteolog\u00eda de la liberaci\u00f3n\u00bb incurren tambi\u00e9n en formas secularistas en sus planteamientos doctrinales y pastorales.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote40anc\" id=\"sdfootnote40sym\">40<\/a> V\u00e9anse Const. Lumen Gentium, 25; 37, 2; Decl. <em>Apostolicam Actuosltatem<\/em>, 24, 7; 31, b; y Const. past. <em>Gaudium et Spes<\/em>, 42 y 43.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote41anc\" id=\"sdfootnote41sym\">41<\/a> Decl.<em>Dignitatis Humanae<\/em>,4, 5.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote42anc\" id=\"sdfootnote42sym\">42<\/a> Encl. <em>Humanae Vitae,<\/em> 4, 2.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote43anc\" id=\"sdfootnote43sym\">43<\/a> V\u00e9ase Const. past. <em>Gaudium et Spes,<\/em> 76, 4.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote44anc\" id=\"sdfootnote44sym\">44<\/a> Encl. <em>Redemptor Hominis<\/em>,14,3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote45anc\" id=\"sdfootnote45sym\">45<\/a> V\u00e9ase Const. past. <em>Gaudium et Spes,<\/em> 76, 4.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote46anc\" id=\"sdfootnote46sym\">46<\/a> Ib\u00edd.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote47anc\" id=\"sdfootnote47sym\">47<\/a> Cf. Const. past. <em>Gaudium et Spes,<\/em> 76, 5.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote48anc\" id=\"sdfootnote48sym\">48<\/a> Cf. la obra cit. del P. Congar, <em>Jesucristo,<\/em> 184.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote49anc\" id=\"sdfootnote49sym\">49<\/a> V\u00e9ase sobre este tema la Ponencia presentada en la III Semana de Teolog\u00eda Espiritual de Toledo, <em>La espiritualidad del laico en un mundo secularizado y la reforma de la Iglesia,<\/em> 202ss., <em>en Espiritualidad para un tiempo de renovaci\u00f3n,<\/em> Centro de Teolog\u00eda Espiritual, Madrid 1978.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote50anc\" id=\"sdfootnote50sym\">50<\/a> V\u00e9ase el texto en espa\u00f1ol de ambas Enc\u00edclicas, con introducciones y comentarios, en <em>Al Reino de Cristo por la devoci\u00f3n a su Sagrado Coraz\u00f3n.<\/em> Documentos Pontificios, por el P. H. Mar\u00edn, S.J., Publicaciones Cristiandad, Barcelona 1949, 33-58 y 138-171.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote51anc\" id=\"sdfootnote51sym\">51<\/a> V\u00e9ase el texto en espa\u00f1ol de la Enc\u00edclica en la ed. citada en la nota anterior.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote52anc\" id=\"sdfootnote52sym\">52<\/a> Cf. texto en espa\u00f1ol de la Enc\u00edclica en la edici\u00f3n de \u00abEl Mensajero del Coraz\u00f3n de Jes\u00fas\u00bb, Bilbao 1956, 82.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote53anc\" id=\"sdfootnote53sym\">53<\/a> Ib\u00edd., 72 y 58.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote54anc\" id=\"sdfootnote54sym\">54<\/a> Cf.<em>Documentos colectivos del Episcopado espa\u00f1ol<\/em>: <em>1870-1974<\/em>,edici\u00f3n preparada por JESUS Iribarren, BAC 355, Madrid 1974, 439-440.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote55anc\" id=\"sdfootnote55sym\">55<\/a> Juan Pablo II<em>, <\/em><em>Mensaje a la Iglesia y al mundo<\/em>,17 de octubre de 1978, en<em>Mensaje a la Iglesia de Latinoam\u00e9rica,<\/em>Madrid 1979, BAC Minor 52, 81-114.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote56anc\" id=\"sdfootnote56sym\">56<\/a> Pablo VI, <em>Homil\u00eda<\/em> del 25 de abril de 1968.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote57anc\" id=\"sdfootnote57sym\">57<\/a> Cf.<em>Apostolicam Actuositatem<\/em>,5 y 13, 1.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote58anc\" id=\"sdfootnote58sym\">58<\/a> Cf. Decl. <em>Dignitatis Humanae,<\/em> 1 y 3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote59anc\" id=\"sdfootnote59sym\">59<\/a> Cit. en la <em>Declaraci\u00f3n Colectiva del Episcopado Espa\u00f1ol,<\/em> fechada en Roma el 8-XII-1965, sobre el Concilio Vaticano II, y publicada <em>en Documentos Colectivos del Episcopado Espa\u00f1ol, 1870-1974,<\/em> ed. cit. 369, n\u00fam. 29.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote60anc\" id=\"sdfootnote60sym\">60<\/a> Ib\u00edd., 366, n\u00fam. 22.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote61anc\" id=\"sdfootnote61sym\">61<\/a> V\u00e9ase la obra citada en la nota 39, <em>Iglesia y secularizaci\u00f3n,<\/em> 41.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote62anc\" id=\"sdfootnote62sym\">62<\/a> Cf. Const. past. <em>Gaudium et Spes,<\/em> 21, 5.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote63anc\" id=\"sdfootnote63sym\">63<\/a> <em>Redemptor Hominis,<\/em>7, 1.<br><br><br>\t<br>\t<br>\t<br>\t<br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><style type=\"text\/css\">p.sdfootnote { font-size: 10pt; line-height: 100%; text-indent: -0.6cm; margin-left: 0.6cm; margin-bottom: 0cm; background: transparent }h2 { font-variant: small-caps; color: #2f5496; text-align: center; page-break-inside: avoid; margin-top: 0.64cm; margin-bottom: 0.64cm; background: transparent; page-break-after: avoid }h2.western { font-family: \"Candara\"; font-size: 16pt; font-weight: bold }h2.cjk { font-family: ; font-size: 16pt; font-weight: bold }h2.ctl { font-family: \"Times New Roman (T\u00edtulos en alf\"; font-size: 13pt }h1 { font-variant: small-caps; color: #2f5496; text-align: center; page-break-inside: avoid; margin-bottom: 0.42cm; background: transparent; page-break-after: avoid }h1.western { font-family: \"Candara\"; font-size: 18pt; font-weight: bold }h1.cjk { font-family: ; font-size: 18pt; font-weight: bold }h1.ctl { font-family: \"Times New Roman (T\u00edtulos en alf\"; font-size: 16pt }p { line-height: 115%; margin-bottom: 0.25cm; background: transparent }a.sdfootnoteanc { font-size: 57% }<br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">La realeza de Jesucristo<\/span><br><font size=\"2\" style=\"font-size: 10pt\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Conferencia<br>pronunciada en Valladolid, el 1 de junio de 1979, en el acto de<br>clausura del Congreso Teol\u00f3gico-Pastoral sobre \u00abEl Coraz\u00f3n de<br>Jes\u00fas, principio y signo de unidad\u00bb. Texto publicado en el <i>Bolet\u00edn<br>Oficial del Arzobispado de Toledo,<\/i><br>noviembre de 1979.<\/span><\/font><br><br><br><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Evocaci\u00f3n<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Quiero comenzar esta conferencia, que<br>cierra el magn\u00edfico Congreso Teol\u00f3gico-pastoral dedicado al Coraz\u00f3n<br>de Jes\u00fas, en esta ciudad castellana, cuna de la devoci\u00f3n a ese<br>Coraz\u00f3n del Redentor en Espa\u00f1a<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote1anc\" href=\"#sdfootnote1sym\"><sup>1<\/sup><\/a>,<br>tan vinculada a mi vida y a mis primeras actividades pastorales, con<br>tres evocaciones de los \u00faltimos Papas:<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Era el 11 de octubre de 1962, en la<br>apertura del Concilio Vaticano II, el XXI de los Concilios Ecum\u00e9nicos<br>celebrados por la Iglesia Cat\u00f3lica, en uno de los actos m\u00e1s<br>solemnes y m\u00e1s cat\u00f3licos \u2013permitidme la expresi\u00f3n\u2013 de este<br>siglo, con la asistencia de 2.500 obispos de todo el mundo. La voz<br>del venerado Papa Juan XXIII, que hab\u00eda convocado aquella asamblea<br>universal y que presid\u00eda personalmente su reuni\u00f3n inaugural,<br>pronunci\u00f3 las palabras m\u00e1s bellas y profundas que se escucharon, en<br>el aula conciliar, a lo largo de los cuatro a\u00f1os de duraci\u00f3n del<br>Concilio: \u00abEl gran problema, planteado al mundo, queda en pie tras<br>casi dos mil a\u00f1os; Cristo, radiante siempre en el centro de la<br>historia y de la vida; los hombres o est\u00e1n con \u00c9l y con su Iglesia,<br>y en tal caso gozan de la luz, de la bondad, del orden y de la paz, o<br>bien est\u00e1n sin \u00c9l y contra \u00c9l, y deliberadamente contra su<br>Iglesia, con la consiguiente confusi\u00f3n y aspereza en las relaciones<br>humanas y con persistentes peligros de guerras fratricidas\u00bb.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Era el 29 de septiembre de 1963, en la<br>reuni\u00f3n inaugural de la II Sesi\u00f3n del Concilio, bajo la presidencia<br>del nuevo Papa, Pablo VI \u2013Juan XXIII hab\u00eda marchado ya a la Casa<br>del Padre a recibir el premio de siervo bueno y fiel, el 3 de junio<br>de 1963, llorado por la Iglesia y por todos los hombres buenos\u2013,<br>quien hab\u00eda decidido continuar hasta su conclusi\u00f3n la obra del<br>Concilio; en este primer discurso dirigido a los Padres Conciliares,<br>de car\u00e1cter program\u00e1tico, \u2013en un determinado momento\u2013, elev\u00f3<br>el tono de sus palabras y mucho m\u00e1s la sublimidad del contenido de<br>sus expresiones, al evocar a Nuestro Se\u00f1or Jesucristo:<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">\u00abDiremos con la Sagrada Liturgia: <i>S\u00f3lo<br>a Ti te conocemos, Cristo; \u2013a Ti<\/i>\u2013<br><i>con alma sencilla y pura<\/i><br><i>\u2013llorando y cantando<br>rogamos<\/i>\u2013, <i>atiende<br>a nuestros sentimientos<\/i><br>(Breviario Romano, Himno de Laudes, feria IV). Y, al clamar as\u00ed,<br>parece que se presenta \u00c9l mismo a nuestros ojos, extasiados y<br>at\u00f3nitos, con la insigne majestad del Pantocr\u00e1tor de vuestras<br>bas\u00edlicas. Venerables Hermanos de las Iglesias orientales, y tambi\u00e9n<br>de las occidentales. Y nos parece representar la figura de nuestro<br>predecesor Honorio III adorando a Cristo en el art\u00edstico \u00e1bside de<br>la Bas\u00edlica de San Pablo extramuros. El Pont\u00edfice, peque\u00f1o y casi<br>aniquilado en tierra, besa el pie de Cristo, quien, imponente en sus<br>dimensiones, cual Maestro de majestad regia, preside y bendice a la<br>multitud congregada en la bas\u00edlica, es decir, a la Iglesia. Nos<br>parece que la escena se repite aqu\u00ed, pero no en imagen dise\u00f1ada o<br>pintada, sino realmente, en nuestra asamblea, que reconoce a Cristo<br>como principio y fuente de donde dimanan la Redenci\u00f3n y la Iglesia,<br>y a la Iglesia como efluvio y continuaci\u00f3n terrena y misteriosa del<br>mismo Cristo, de tal manera que nos parece contemplar la visi\u00f3n que<br>San Juan describe en el Apocalipsis: <i>y<br>me mostr\u00f3 el r\u00edo de agua viva, resplandeciente como cristal, que<br>sal\u00eda del trono de Dios y del Cordero<\/i><br>(Ap 22, 1). Es justo que este Concilio arranque de tal visi\u00f3n, o<br>mejor, de esta celebraci\u00f3n m\u00edstica. Porque esta celebraci\u00f3n<br>confiesa que Nuestro Se\u00f1or Jesucristo es el Verbo Encarnado Hijo de<br>Dios e Hijo del hombre, Redentor del mundo, la esperanza del g\u00e9nero<br>humano y su \u00fanico y supremo Maestro, Pastor, Pan de vida, nuestro<br>Pont\u00edfice y nuestra hostia, \u00fanico Mediador entre Dios y los<br>hombres, Salvador de la tierra, el que ha de venir Rey de la vida<br>eterna\u00bb.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">La tercera evocaci\u00f3n se refiere al Papa<br>Juan Pablo II \u2013nuestro querido y venerado Pont\u00edfice que, en tan<br>pocos meses, ha sabido ganarse el coraz\u00f3n y el amor de sus hijos,<br>despu\u00e9s de la muerte inesperada del llorado Juan Pablo I\u2013, en la<br>homil\u00eda de la Misa solemne de inauguraci\u00f3n de su Pontificado, el<br>d\u00eda 22 de octubre del a\u00f1o pasado.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Todos recordamos con emoci\u00f3n el impacto<br>de sus palabras que resuenan todav\u00eda en nuestros o\u00eddos y en<br>nuestros corazones: \u00ab\u00a1No tem\u00e1is! \u00a1Abrid, m\u00e1s todav\u00eda, abrid de<br>par en par las puertas a Cristo! Abrid a su potestad salvadora los<br>confines de los Estados, los sistemas econ\u00f3micos y los pol\u00edticos,<br>los extensos campos de la cultura, de la civilizaci\u00f3n y del<br>desarrollo. \u00a1No teng\u00e1is miedo! Cristo conoce <i>lo<br>que hay dentro del hombre.<\/i><br>\u00a1S\u00f3lo \u00c9l lo conoce!\u00bb.Realeza de<br>Jesucristo. <br>Su fundamentaci\u00f3n teol\u00f3gica<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">S\u00ed, Cristo es el centro de la historia<br>y del mundo; Cristo, Verbo encarnado, Hijo de Dios e Hijo del hombre.<br>Redentor del mundo, \u00fanico y supremo Maestro, Salvador de los<br>hombres, el Rey de cielos y tierra. \u00a1A \u00c9l debemos abrir de par en<br>par las puertas de nuestra vida, de nuestros corazones, de nuestras<br>familias, de nuestras sociedades, de nuestra cultura y de nuestra<br>civilizaci\u00f3n! A \u00c9l solo le corresponde el honor, la gloria y el<br>imperio por los siglos de los siglos (Ap 5, 1).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">La Realeza de Jesucristo, en cuanto<br>reconocimiento de la supremac\u00eda y del poder que le corresponde sobre<br>todo el universo y sobre todas las criaturas, aparece claramente en<br>la Revelaci\u00f3n y ha sido reconocida desde los or\u00edgenes de la<br>Iglesia. En la f\u00f3rmula del Credo, llamado<br>niceno-constantinopolitano, que se recita en la celebraci\u00f3n<br>eucar\u00edstica los domingos, d\u00edas de fiesta y en ciertas solemnidades,<br>aparece la frase <i>cuius regni<br>non erit finis<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote2anc\" href=\"#sdfootnote2sym\"><sup>2<\/sup><\/a>,<\/i><br>introducida por el Concilio de Nicea (325 p. C.).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">El conocido te\u00f3logo protestante O.<br>Cullman recuerda que las \u00abActas de los m\u00e1rtires\u00bb est\u00e1n fechadas<br>\u00abbajo el Reinado de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, a quien sea dada la<br>gloria\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote3anc\" href=\"#sdfootnote3sym\"><sup>3<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Pero ha sido uno de los grandes Papas de<br>nuestro siglo XX, P\u00edo XI, el que dio realce a esta verdad cristiana,<br>al instaurar la festividad de Cristo Rey, mediante la Enc\u00edclica <i>Quas<br>Primas,<\/i> de 11 de diciembre de<br>1925, como remedio a lo que \u00e9l llam\u00f3 \u00abpeste de nuestro tiempo\u00bb:<br>el \u00ablaicismo\u00bb, que tal vez hoy designar\u00edamos como \u00absecularismo\u00bb.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">La evoluci\u00f3n siguiente del curso de<br>nuestra civilizaci\u00f3n y el desarrollo de los acontecimientos sociales<br>y pol\u00edticos posteriores, as\u00ed como el nacimiento de ciertas<br>corrientes teol\u00f3gicas, incluso dentro de la Iglesia Cat\u00f3lica<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote4anc\" href=\"#sdfootnote4sym\"><sup>4<\/sup><\/a>,<br>hacen m\u00e1s actual que en 1925 la afirmaci\u00f3n y la profundizaci\u00f3n de<br>la Realeza de Jesucristo.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">La Enc\u00edclica <i>Quas<br>Primas<\/i> fundamenta la Realeza<br>de Jesucristo en dos t\u00edtulos:<\/span><\/style><ul><li><p style=\"line-height: 100%; margin-top: 0.32cm; margin-bottom: 0.32cm\"><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\"><i>En la uni\u00f3n hipost\u00e1tica.<\/i><br>\t\u2013 \u00abPor el solo hecho de la uni\u00f3n hipost\u00e1tica, Cristo tiene<br>\tpotestad sobre todas las criaturas\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote5anc\" href=\"#sdfootnote5sym\"><sup>5<\/sup><\/a><\/span><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\"><i>En el derecho de conquista adquirido<br>\tpor la Redenci\u00f3n. <\/i>\u2013 \u00ab\u00bfQu\u00e9<br>\tcosa habr\u00e1 para nosotros m\u00e1s dulce y suave que el pensamiento de<br>\tque Cristo impera sobre nosotros, no s\u00f3lo por derecho de<br>\tnaturaleza, sino tambi\u00e9n por derecho de conquista adquirido a costa<br>\tde la Redenci\u00f3n?\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote6anc\" href=\"#sdfootnote6sym\"><sup>6<\/sup><\/a><\/span><\/p><\/li><\/ul><p style=\"line-height: 100%; margin-top: 0.32cm; margin-bottom: 0.32cm\"><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Santo Tom\u00e1s de Aquino, en la <i>Summa,<\/i><br>al tratar del poder judicial que corresponde a Cristo, como<br>consecuencia de su dignidad real, aduce otro t\u00edtulo, muy querido a<br>la teolog\u00eda escol\u00e1stica: <i>por<br>la gracia capital que le corresponde como Cabeza de la Iglesia<\/i><br>(III q.59 a.2).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Son de todos conocidos los textos de la<br>Santa Escritura, en los que el Papa P\u00edo XI apoya la atribuci\u00f3n a<br>Jesucristo del poder supremo y absoluto sobre el mundo y todas las<br>criaturas. Recogemos, a continuaci\u00f3n, algunos de los principales:<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">\u00abPromulgar\u00e9 el decreto del Se\u00f1or: <br>Me<br>dijo el Se\u00f1or: <br>&#8216;Mi Hijo eres T\u00fa: Yo te he engendrado<br>hoy.<br>P\u00eddeme y te dar\u00e9 las gentes en herencia, <br>y en<br>posesi\u00f3n tuya los l\u00edmites de la tierra\u201d\u00bb (Sal 2, 7-9).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">\u00abTu trono, oh Dios, permanece por los<br>siglos de los siglos; <br>el cetro de tu reino es cetro de<br>rectitud\u00bb (Sal 44, 7).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">\u00abPorque un ni\u00f1o nos ha nacido, <br>un<br>hijo se nos ha dado, <br>el cual lleva, sobre sus hombros el<br>Principado <br>y se llamar\u00e1 <br>el Admirable, el<br>Consejero,<br>Dios-Poderoso,<br>el Padre del siglo venidero,<br>el<br>Pr\u00edncipe de la Paz.<br>Grande es su imperio y la paz no tendr\u00e1<br>fin.<br>Se sentar\u00e1 sobre el trono de David<br>y poseer\u00e1 su<br>Reino<br>para restaurarlo y consolidarlo<br>por la equidad y la<br>justicia<br>desde ahora y para siempre\u00bb (Is 9, 5-6).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">\u00abHe aqu\u00ed que concebir\u00e1s en tu seno<br><br>dar\u00e1s a luz un Hijo, a quien pondr\u00e1s por nombre Jes\u00fas. <br>\u00e9ste<br>ser\u00e1 grande, y ser\u00e1 reconocido como Hijo del Alt\u00edsimo, <br> le<br>dar\u00e1 el Se\u00f1or Dios el trono de David su padre, <br> reinar\u00e1<br>sobre la casa de Jacob eternamente <br>y su Reinado no tendr\u00e1 fin\u00bb<br>(Lc 1, 31-33).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">\u00abEntonces dir\u00e1 el Rey a los de la<br>derecha:<br>\u201cVenid, vosotros, los benditos de mi Padre, <br>entrad<br>en la posesi\u00f3n del Reino que os tengo <br>preparado desde la<br>creaci\u00f3n del mundo\u201d\u00bb (Mt 25, 34).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">\u00abRespondi\u00f3 Jes\u00fas: Mi Reino no es de<br>este mundo. <br>Si de este mundo fuese mi Reino, <br>mis<br>ministros luchar\u00edan para que yo no fuera entregado a los jud\u00edos.<br>Mas<br>ahora mi Reino no es de aqu\u00ed.<br>Le dijo, pues, Pilatos: \u00bfLuego,<br>T\u00fa eres Rey?<br>Respondi\u00f3 Jes\u00fas: T\u00fa dices que yo soy Rey\u00bb (Jn<br>18, 36-37).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">\u00abSe me ha dado todo poder en el cielo y<br>en la tierra. <br>Id, pues, y predicad a todas las gentes,<br><br>bautiz\u00e1ndolas en el nombre del Padre <br>y del Hijo y del<br>Esp\u00edritu Santo\u00bb (Mt 28, 18-19).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">\u00abEn estos \u00faltimos tiempos (Dios) <br>nos<br>ha hablado por medio del Hijo <br>a quien constituy\u00f3 heredero de<br>todas las cosas\u00bb (Hb 1,1)<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">\u00abPorque es menester que \u00c9l reine,<br><br>hasta que haya puesto a todos sus enemigos <br>debajo de sus<br>pies\u00bb (1Cor 15, 25).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">\u00abY de parte de Jesucristo, el testigo<br>fiel, <br>el primog\u00e9nito de los muertos <br>y el pr\u00edncipe de<br>los Reyes de la tierra\u00bb (Ap 1, 5).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">\u00abY sobre su manto y sobre su muslo<br>lleva escrito un nombre: <br>Rey de reyes y Se\u00f1or de se\u00f1ores\u00bb<br>(Ap 19, 16).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Se podr\u00eda pensar que, despu\u00e9s del<br>Concilio Vaticano II, con el reconocimiento de la justa autonom\u00eda de<br>las realidades temporales<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote7anc\" href=\"#sdfootnote7sym\"><sup>7<\/sup><\/a>,<br>con su proclamaci\u00f3n de la libertad religiosa en la esfera civil<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote8anc\" href=\"#sdfootnote8sym\"><sup>8<\/sup><\/a><br>y con la formulaci\u00f3n de la teor\u00eda de la secularidad por los<br>te\u00f3logos radicales<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote9anc\" href=\"#sdfootnote9sym\"><sup>9<\/sup><\/a>,<br>habr\u00edan perdido actualidad las ense\u00f1anzas de la Iglesia sobre la<br>Realeza de Jesucristo, como se\u00f1or\u00edo total y absoluto sobre todo el<br>universo.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Es evidente que una cosa es la<br>proclamaci\u00f3n de la Realeza de Jesucristo, en su ejercicio plenario y<br>escatol\u00f3gico, y otra muy diferente en su ejercicio durante la etapa<br>temporal que va desde su ascensi\u00f3n a los cielos hasta la segunda<br>venida \u2013r\u00e9gimen terrestre de la Redenci\u00f3n\u2013, durante la cual hay<br>que admitir la dualidad Iglesia-Mundo y comprobar la resistencia de<br>las potestades del infierno y de la carne \u2013profetizada por Jes\u00fas\u2013<br>a aceptar el yugo, suave para los humildes, de su dominio absoluto.<br>El Reino de Jesucristo \u2013como m\u00e1s adelante tendremos ocasi\u00f3n de<br>exponer\u2013 no se identifica con ninguna forma de \u00abteocracia\u00bb, ni<br>tampoco de \u00abhierocracia\u00bb, sino que acepta la autonom\u00eda relativa de<br>las realidades temporales con sus propias leyes y valores, pues como<br>afirm\u00f3 el Maestro ante Pilatos: <i>Mi<br>Reino no es de este mundo<\/i> (Jn<br>18, 36), y como nos ense\u00f1a la Iglesia: <i>No<br>quita los reinos mortales el que da los reinos celestiales<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote10anc\" href=\"#sdfootnote10sym\"><sup>10<\/sup><\/a>.<\/i><\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Su Reino es espiritual y, en el estado<br>actual de la econom\u00eda de la Redenci\u00f3n, no se impone por la fuerza,<br>sino que atrae por el amor, respetando la libertad de los hombres y<br>de los pueblos; pero su dominio es <i>universal<br>y absoluto,<\/i> y no s\u00f3lo sobre<br>los fieles cat\u00f3licos, sino, como afirm\u00f3 Le\u00f3n XIII en su Enc\u00edclica<br><i>Annum Sacrum,<\/i><br>por la que anunci\u00f3 su decisi\u00f3n de consagrar el mundo al Coraz\u00f3n de<br>Jes\u00fas: \u00abSe extiende no s\u00f3lo sobre los pueblos cat\u00f3licos y sobre<br>aquellos que, habiendo recibido el bautismo, pertenecen de derecho a<br>la Iglesia, aunque el error los tenga extraviados o el cisma los<br>separe de la caridad, sino que comprende tambi\u00e9n a cuantos no<br>participan de la fe cristiana, de suerte que bajo la potestad de<br>Jes\u00fas se halla todo el g\u00e9nero humano\u00bb.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">El Concilio Vaticano II ha confirmado en<br>numerosos textos de sus documentos este se\u00f1or\u00edo universal y<br>absoluto de Jesucristo, como verdad que pertenece a la Tradici\u00f3n de<br>la Iglesia y recogida en la Escritura. Vamos a seleccionar algunos de<br>los pasajes que consideramos m\u00e1s expresivos al respecto.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">En la Constituci\u00f3n <i><b>Lumen<br>Gentium<\/b> <\/i>(n\u00fam.<br>36), que es documento central del Concilio, se afirma lo siguiente:<br>\u00abCristo, habi\u00e9ndose hecho obediente hasta la muerte y habiendo sido<br>por ello exaltado por el Padre (cf. Fil 2, 8-9), entr\u00f3 en la gloria<br>de su reino. A \u00c9l est\u00e1n sometidas todas las cosas, hasta que \u00c9l se<br>someta a S\u00ed mismo y todo lo creado al Padre, a fin de que Dios sea<br>todo en todas las cosas (cf. 1Cor 15, 27-28). Este poder lo comunic\u00f3<br>a sus disc\u00edpulos, para que tambi\u00e9n ellos queden constituidos en<br>soberana libertad, y por su abnegaci\u00f3n y santa vida venzan en s\u00ed<br>mismos el reino del pecado (cf. Rm 6, 12). M\u00e1s a\u00fan, para que,<br>sirviendo a Cristo tambi\u00e9n en los dem\u00e1s, conduzcan en humildad y<br>paciencia a sus hermanos al Rey, cuyo servicio equivale a reinar.<br>Tambi\u00e9n por medio de los fieles laicos el Se\u00f1or desea dilatar su<br>reino: \u00abreino de verdad y de vida, reino de santidad y de<br>gracia, reino de justicia, de amor y de paz\u201d <i>(Misal<br>Romano,<\/i> del Prefacio de la<br>Fiesta de Cristo Rey). Un reino en el cual la misma creaci\u00f3n ser\u00e1<br>liberada de la servidumbre de la corrupci\u00f3n para participar en la<br>libertad de la gloria de los hijos de Dios (cf. Rm 8, 21)\u00bb.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">En la Constituci\u00f3n pastoral <i><b>Gaudium<br>et Spes<\/b><\/i> se recogen las<br>ense\u00f1anzas de la Tradici\u00f3n sobre el se\u00f1or\u00edo de Cristo con estas<br>palabras (n\u00fam. 45, 2): \u00abEl Verbo de Dios, por quien todo fue hecho,<br>se encarn\u00f3 para que, Hombre perfecto, salvara a todos y recapitulara<br>todas las cosas. El Se\u00f1or es el fin de la historia humana, punto de<br>convergencia hacia el cual tienden los deseos de la historia y de la<br>civilizaci\u00f3n, centro de la humanidad, gozo del coraz\u00f3n humano y<br>plenitud de sus aspiraciones. \u00c9l es aquel a quien el Padre resucit\u00f3<br>y coloc\u00f3 a su derecha, constituy\u00e9ndolo juez de vivos y muertos.<br>Vivificados y reunidos en su Esp\u00edritu, caminamos como peregrinos<br>hacia la consumaci\u00f3n de la historia humana, la cual coincide<br>plenamente con su amoroso designio: <i>Restaurar<br>en Cristo todo lo que hay en el cielo y en la tierra<\/i><br>(Ef 1, 10)\u00bb.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">En el Decreto <i><b>Apostolicam<br>actuositatem<\/b>,<\/i><br>sobre el apostolado de los seglares, se afirma lo siguiente: \u00abLa<br>Iglesia ha nacido con este fin: propagar el Reino de Cristo en toda<br>la tierra para gloria de Dios Padre y hacer as\u00ed a todos los hombres<br>part\u00edcipes de la Redenci\u00f3n salvadora y, por medio de ellos, ordenar<br>realmente todo el universo hacia Cristo\u00bb (n\u00famero 2, 1).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Pudiera parecer, con una visi\u00f3n<br>superficial, que el reconocimiento de la libertad religiosa en la<br>sociedad civil, como un derecho de la persona humana, en el sentido<br>reconocido por el Concilio Vaticano II en su Declaraci\u00f3n <i>Dignitatis<br>Humanae,<\/i> viene a suponer una<br>limitaci\u00f3n al se\u00f1or\u00edo universal y absoluto de Jesucristo, como Rey<br>del Universo. Y, sin embargo, si se estudian con serenidad y<br>ponderaci\u00f3n los t\u00e9rminos de ese reconocimiento de la libertad<br>religiosa por el Concilio, suponen una confirmaci\u00f3n de la Realeza de<br>Jesucristo.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">La declaraci\u00f3n <i><b>Dignitatis<br>Humanae<\/b><\/i> delimita<br>perfectamente el sentido de la libertad religiosa, al manifestar que<br>\u00abse refiere a la inmunidad de coacci\u00f3n en la sociedad civil\u00bb (n\u00fam.<br>1, 3), de tal manera que \u00abtodos los hombres deben estar inmunes de<br>coacci\u00f3n, tanto de personas particulares como de grupos sociales y<br>de cualquier potestad humana\u00bb (n\u00fam. 2,1), de forma \u00abque en materia<br>religiosa ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se<br>le impida que act\u00fae conforme a ella en privado o en p\u00fablico, solo o<br>asociado con otros, dentro de los l\u00edmites debidos\u00bb (ib\u00edd.).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Se trata, por tanto, del reconocimiento<br>pr\u00e1ctico, en la vida social, del derecho de la persona humana al<br>ejercicio de su libertad en materia religiosa, que afecta a la<br>intimidad inviolable de su propia conciencia y a su responsabilidad<br>moral intransferible en la b\u00fasqueda de la verdad, en una de las<br>cuestiones m\u00e1s fundamentales de su existencia; as\u00ed como del respeto<br>a la naturaleza intr\u00ednseca del acto de fe, que es un obsequio<br>racional y libre de cada hombre (n\u00fam. 10).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Pero este reconocimiento no disminuye un<br>\u00e1pice la obligaci\u00f3n de cada hombre de aceptar el se\u00f1or\u00edo de<br>Cristo y la verdad que viene de \u00c9l, en cuanto es o puede ser<br>conocida por su recta conciencia. Por eso el Concilio deja a salvo<br>\u2013como no pod\u00eda ser de otra manera\u2013 \u00abla doctrina tradicional<br>cat\u00f3lica acerca del deber moral de los hombres y de las sociedades<br>para con la verdadera religi\u00f3n y la \u00fanica Iglesia de Cristo\u00bb (n\u00fam.<br>1, 3).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">M\u00e1s a\u00fan, despu\u00e9s de haber reconocido<br>el derecho no s\u00f3lo de las personas individuales, sino tambi\u00e9n de<br>las comunidades religiosas, en general, a la libertad religiosa, lo<br>cual comprende no s\u00f3lo la inmunidad de coacci\u00f3n en el ejercicio del<br>culto privado, sino tambi\u00e9n del culto p\u00fablico \u2013dentro de las<br>justas exigencias del orden p\u00fablico\u2013 y en el ejercicio de la<br>ense\u00f1anza y en la profesi\u00f3n, de palabra o por escrito, de su fe,<br>as\u00ed como la libertad de reuni\u00f3n y asociaci\u00f3n<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote11anc\" href=\"#sdfootnote11sym\"><sup>11<\/sup><\/a>;<br>cuando hace referencia al derecho y a la libertad de la Iglesia<br>Cat\u00f3lica lo fundamenta en un mandato positivo de Dios (n\u00fam. 14):<br><i>Ense\u00f1ad a todas las gentes<br><\/i>(Mt 28, 19); y reconoce<br>expl\u00edcitamente las exigencias del Reino de Cristo, aunque advierte<br>que \u00abno se defiende a golpes, sino que se establece dando testimonio<br>de la verdad y prest\u00e1ndole o\u00eddo, y crece por el amor con que<br>Cristo, levantado en la cruz, atrae a los hombres a s\u00ed mismo\u00bb<br>(ib\u00edd., n\u00fam. 11, 1).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">En resumen, el Concilio Vaticano II,<br>lejos de suponer una rectificaci\u00f3n de las ense\u00f1anzas de la<br>Tradici\u00f3n sobre el Reino de Cristo, supone la m\u00e1s solemne y<br>universal declaraci\u00f3n de la Iglesia Cat\u00f3lica sobre las exigencias<br>de su poder y de su gloria y sobre la naturaleza de su Reinado, en<br>todos los siglos de la historia, ya que como afirm\u00f3 el propio<br>Concilio: \u00abLa Iglesia, enriquecida con los dones de su Fundador y<br>observando fielmente sus preceptos de caridad, humildad y abnegaci\u00f3n,<br>recibe la misi\u00f3n de anunciar el Reino de Cristo y de Dios e<br>instaurarlo en todos los pueblos, y constituye, en la tierra, el<br>germen y el principio de ese reino. Y, mientras ella paulatinamente<br>va creciendo, anhela simult\u00e1neamente el reino consumado y con todas<br>sus fuerzas espera y ans\u00eda unirse con su Rey en la gloria\u00bb (Const.<br><i>Lumen Gentium,<\/i><br>5, 2).Los estadios del<br>reino de Jesucristo<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">El Reino de Jesucristo en el mundo se<br>inici\u00f3 con su primera venida al ser concebido, en cuanto hombre, el<br>Verbo de Dios, en las entra\u00f1as de Mar\u00eda (Lc 1, 26-38), aunque al<br>d\u00eda siguiente de la ca\u00edda la promesa hecha por Dios de un Redentor<br>(Gn 3,15) constituy\u00f3 una anticipaci\u00f3n de su Reino, inaugur\u00e1ndose<br>lo que se ha llamado por alg\u00fan te\u00f3logo como \u00abla edad de la gracia<br>del Cristo Redentor prometido\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote12anc\" href=\"#sdfootnote12sym\"><sup>12<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Pero fue, efectivamente, con la entrada<br>del Verbo de Dios en el tiempo, al hacerse hombre y plantar su tienda<br>entre nosotros (Jn 1,14) despu\u00e9s de los siglos de espera, cuando se<br>inaugur\u00f3 visiblemente su Reino Mesi\u00e1nico, seg\u00fan el anuncio del<br>\u00c1ngel: <i>He aqu\u00ed que t\u00fa<br>concebir\u00e1s un hijo y le dar\u00e1s el nombre de Jes\u00fas. El ser\u00e1 grande<br>y ser\u00e1 llamado el Hijo del Alt\u00edsimo. El Se\u00f1or Dios le dar\u00e1 el<br>trono de David, su padre; \u00c9l reinar\u00e1 sobre la casa de Jacob para<br>siempre y su Reino no tendr\u00e1 fin<\/i><br>(Lc 1, 32-33).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Y fue, despu\u00e9s de la Pasi\u00f3n, Muerte,<br>Resurrecci\u00f3n, Ascensi\u00f3n a los cielos de Jesucristo y del env\u00edo del<br>Esp\u00edritu Santo a sus disc\u00edpulos, reunidos en el cen\u00e1culo, cuando<br>implant\u00f3 definitivamente, con el precio de su sangre, su Reino que<br>no es de este mundo, pero que est\u00e1 en el mundo, aunque su<br>consumaci\u00f3n plena y gloriosa se realizar\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 del tiempo, al<br>final de la historia, cuando todas las cosas sean recapituladas en<br>Cristo (Ef 1, 10), y Dios sea todo en todas las cosas (1Cor 15, 28).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">El Reino de Cristo tiene, por tanto, dos<br>estadios:<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Uno, el del <i><u>Reino<br>peregrinante y crucificado<\/u>,<\/i><br>desde la Ascensi\u00f3n hasta la segunda venida. El \u00abya s\u00ed, pero<br>todav\u00eda no\u00bb. Es la era del Esp\u00edritu Santo.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Y otro, el de la <i><u>Consumaci\u00f3n<\/u><\/i><br>m\u00e1s all\u00e1 del tiempo y de la historia (escatolog\u00eda)<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote13anc\" href=\"#sdfootnote13sym\"><sup>13<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">No son dos Reinos, sino dos fases de un<br>\u00fanico Reino. Es el Reino inaugurado en la noche de la fe y que se<br>manifestar\u00e1 plenamente el d\u00eda de la visi\u00f3n (1Tim 6, 14-16). El<br>Reino de Cristo est\u00e1 \u00aben el mundo\u00bb; pero \u00abno es del mundo\u00bb (Jn<br>15, 18-19. 36).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Es la gran paradoja del Reino de Cristo,<br>y que constituy\u00f3 el gran esc\u00e1ndalo para los jud\u00edos de su tiempo,<br>que esperaban a un Mes\u00edas vencedor de los romanos y liberador<br>pol\u00edtico de la tierra de Israel de la dominaci\u00f3n extranjera; e<br>incluso para sus propios disc\u00edpulos hasta que fueron iluminados por<br>el Esp\u00edritu Santo (Mt 16, 21-23; Mc 8, 31-33; Lc 24, 21-27).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Es cierto que la soberan\u00eda de Cristo es<br>plena y total, desde el mismo instante de su encarnaci\u00f3n, pero su<br>ejercicio pleno y universal es escatol\u00f3gico.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Jesucristo, en su vida mortal, rehuy\u00f3<br>toda apariencia de poder de tipo temporal (Mt 4, 8; 26, 52-55; Mc 10,<br>42; Lc 22, 25ss; Jn 13, 12ss); se retiraba de las muchedumbres cuando<br>quer\u00edan proclamarle Rey (Jn 6, 15) y como enton\u00f3 San Pablo, en su<br>himno en la Ep\u00edstola a los Filipenses, se anonad\u00f3 a s\u00ed mismo,<br>tomando forma de esclavo (<i>semetipsum<br>exinanivit formam servi accipiens)<\/i><br>(Fil 2, 7) y fuera de ciertos momentos excepcionales de su vida en<br>los que manifest\u00f3 su poder divino (Jn 2, 1-11) y el esplendor de su<br>gloria (Mt 17, 1-9; Mc 9, 2-9; Lc 9, 28-36) para que creyeran en \u00c9l<br>sus disc\u00edpulos, y como testimonio de su misi\u00f3n mesi\u00e1nica (Mt 13,<br>53-58; Mc 6, 1-6; Lc 4, 16-30), se hizo en todo semejante a los<br>hombres, en su porte exterior y en su forma de vida. Merece tambi\u00e9n<br>citarse como excepci\u00f3n, su entrada triunfal en Jerusal\u00e9n, aunque su<br>intenci\u00f3n era presentarse con humildad y mansedumbre.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">S\u00ed, el Hijo de Dios vino a este mundo,<br>pero no como el Rey-Mes\u00edas, victorioso y dominador, sino como Rey<br>peregrino y crucificado<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote14anc\" href=\"#sdfootnote14sym\"><sup>14<\/sup><\/a>,<br>como el Siervo de Yahv\u00e9, seg\u00fan la sublime profec\u00eda de Isa\u00edas (Is<br>42, 53), o como el Justo \u00ababandonado\u00bb por su Dios (Sal 21), antes<br>de ser para siempre Rey resucitado y glorificado, sentado a la<br>diestra del Padre, Rey de reyes y Se\u00f1or de se\u00f1ores (Ap 17, 14) y<br>que volver\u00e1 a la tierra, en el \u00faltimo d\u00eda, sobre las nubes del<br>cielo, con gran poder y majestad (Mt 24, 30-31; Mc 13, 26-27; Lc 21,<br>27), para juzgar a todos los hombres y a todos los pueblos (Mt 25,<br>31-46). Y la Iglesia, su Esposa de sangre, no pod\u00eda tener una<br>condici\u00f3n distinta de su Divino Esposo, durante su peregrinaci\u00f3n<br>terrena.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">El Concilio Vaticano II expone esta idea<br>con frases bell\u00edsimas: \u00abPero como Cristo realiz\u00f3 la obra de la<br>Redenci\u00f3n en pobreza y persecuci\u00f3n, de igual modo la Iglesia est\u00e1<br>destinada a recorrer el mismo camino, a fin de comunicar los frutos<br>de la salvaci\u00f3n a los hombres. Cristo Jes\u00fas, <i>existiendo<br>en la forma de Dios&#8230;, se anonad\u00f3 a S\u00ed mismo, tomando la forma de<br>siervo<\/i> (Fil 2, 6-7), y por<br>nosotros <i>se hizo pobre, siendo<br>rico<\/i> (2Cor 8, 9), as\u00ed<br>tambi\u00e9n la Iglesia, aunque necesite medios humanos para cumplir su<br>misi\u00f3n, no fue instituida para buscar la gloria terrena, sino para<br>proclamar la humildad y la abnegaci\u00f3n, tambi\u00e9n con su propio<br>ejemplo. La Iglesia \u201cva peregrinando entre las persecuciones del<br>mundo y los consuelos de Dios\u201d<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote15anc\" href=\"#sdfootnote15sym\"><sup>15<\/sup><\/a>,<br>anunciando la cruz del Se\u00f1or hasta que venga (cf. 1Cor 11, 26). Est\u00e1<br>fortalecida con la virtud del Se\u00f1or Resucitado, para triunfar con<br>paciencia y caridad de sus aflicciones y dificultades, tanto internas<br>como externas, y revelar al mundo fielmente su misterio, aunque sea<br>entre penumbras, hasta que se manifieste en todo el esplendor al<br>final de los tiempos\u00bb (Const. <i>Lumen<br>Gentium,<\/i> 8, 3).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">La Iglesia, por tanto, \u00abno alcanzar\u00e1<br>su consumada plenitud sino en la gloria celeste, cuando llegue el<br>tiempo de la restauraci\u00f3n de todas las cosas (cf. Hch 3, 21) y<br>cuando, junto con el g\u00e9nero humano, tambi\u00e9n la creaci\u00f3n entera,<br>que est\u00e1 \u00edntimamente unida con el hombre y por \u00e9l alcanza su fin,<br>ser\u00e1 perfectamente renovada en Cristo (cf. Ef 1, 10; Col 1, 20; 2P<br>3, 10-13)\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote16anc\" href=\"#sdfootnote16sym\"><sup>16<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">La Iglesia es, por tanto, un Reino<br>peregrinante y crucificado, antes de ser transfigurado y glorificado,<br>con su Rey y Salvador, Cristo Jes\u00fas, al final de los tiempos.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">El Reino ha comenzado ya; el Reino<br>consumado no tendr\u00e1 una diferencia de naturaleza, sino de grado. \u00abLa<br>plenitud de los tiempos ha llegado, pues, a nosotros (cf. 1Cor 10,<br>11), y la renovaci\u00f3n del mundo est\u00e1 irrevocablemente decretada, y<br>en cierta manera se anticipa realmente en este siglo, pues la<br>Iglesia, ya aqu\u00ed en la tierra, est\u00e1 adornada de verdadera santidad,<br>aunque todav\u00eda imperfecta. Pero mientras no lleguen los cielos<br>nuevos y la tierra nueva, donde mora la justicia (cf. 2P 3, 13), la<br>Iglesia peregrina lleva en sus sacramentos e instituciones,<br>pertenecientes a este tiempo, la imagen de este siglo que pasa, y<br>ella misma vive entre las criaturas que gimen con dolores de parto al<br>presente en espera de la manifestaci\u00f3n de los hijos de Dios (cf. Rm<br>8, 19-22)\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote17anc\" href=\"#sdfootnote17sym\"><sup>17<\/sup><\/a>.La dualidad<br>Iglesia-Mundo <br>(Las dos ciudades)<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">El genio teol\u00f3gico de San Agust\u00edn supo<br>expresar, en frases lapidarias, el misterio de la historia y la<br>oposici\u00f3n irreductible entre el Reino de Cristo, en su fase<br>peregrinante en la espera de su segunda venida, y el se\u00f1or\u00edo del<br>Pr\u00edncipe de este mundo: \u00abDos amores fundaron dos ciudades, a saber:<br>el amor propio hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de<br>Dios hasta el desprecio de s\u00ed mismo, la celestial. La primera se<br>glor\u00eda en s\u00ed misma, y la segunda en Dios, porque aqu\u00e9lla busca de<br>los hombres la gloria; y \u00e9sta tiene por m\u00e1xima gloria a Dios,<br>testigo de su conciencia. Aqu\u00e9lla se engr\u00ede en su gloria y \u00e9sta<br>dice a su Dios: <i>T\u00fa eres mi<br>gloria y el que me hace ir con la cabeza en alto\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote18anc\" href=\"#sdfootnote18sym\"><sup>18<\/sup><\/a>.<\/i><\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">La noci\u00f3n agustiniana de las dos<br>ciudades o de los dos reinos es completamente distinta de las<br>nociones gn\u00f3sticas y maniqueas que las consideraban como dos<br>creaciones antag\u00f3nicas de un Dios bueno y de un Dios malo, id\u00e9nticos<br>en poder y en fuerza. San Agust\u00edn se inspira, sobre todo, en el<br>Evangelio de San Juan, en donde se opone el Verbo encarnado,<br>Jesucristo, al Pr\u00edncipe de este mundo, pero con la seguridad de la<br>victoria final de Jes\u00fas, porque <i>contra<br>M\u00ed no tiene poder alguno <\/i>(Jn<br>14, 30), y, tambi\u00e9n, en el Apocalipsis, en la lucha del drag\u00f3n<br>contra la mujer y contra la descendencia de la mujer (12, 1-17); y el<br>contraste entre Babilonia, <i>la<br>grande, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra<\/i><br>(Ap 17 y 18), y la nueva Jerusal\u00e9n, la ciudad santa, descendida del<br>cielo, junto a Dios (ib\u00edd., 21, 1), la mansi\u00f3n de Dios con los<br>hombres, la esposa del Cordero, iluminada por la gloria de Dios y<br>cuya antorcha es el Cordero (ib\u00edd., 21, 23).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Para San Agust\u00edn, \u00abla Ciudad de Dios<br>que peregrina en este mundo\u00bb es la Iglesia<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote19anc\" href=\"#sdfootnote19sym\"><sup>19<\/sup><\/a>,<br>pero no llega a identificar sin m\u00e1s a la \u00abciudad imp\u00eda\u00bb, a la<br>ciudad mala, en donde el diablo reina, con la ciudad meramente<br>terrena, con los Estados temporales, con los reinos de este tiempo,<br>con lo que posteriormente se ha venido a llamar \u00abrealidades<br>temporales\u00bb, o tambi\u00e9n \u00abmundo\u00bb, entendido, como nos indica el<br>Concilio Vaticano II, como \u00abla entera familia humana con el conjunto<br>universal de las realidades entre las que \u00e9sta vive; el mundo,<br>teatro de la historia humana, con sus afanes, fracasos y victorias\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote20anc\" href=\"#sdfootnote20sym\"><sup>20<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Por esa raz\u00f3n se puede hablar de tres<br>ciudades, como hace el Cardenal Journet, comentando a San Agust\u00edn<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote21anc\" href=\"#sdfootnote21sym\"><sup>21<\/sup><\/a>:<br>la \u00abCiudad de Dios\u00bb y la \u00abCiudad del Diablo\u00bb \u2013desde el punto de<br>vista espiritual\u2013, y la \u00abCiudad humana\u00bb, desde el punto de vista<br>de las realidades temporales, con fines intermedios y relativos.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Conviene tener en cuenta, siguiendo al<br>Concilio Vaticano II y a una recta teolog\u00eda y filosof\u00eda de las<br>realidades humanas, que esas realidades tienen una leg\u00edtima<br>autonom\u00eda, es decir, que gozan de sus propias leyes y valores, est\u00e1n<br>dotadas por el Creador de consistencia, verdad y bondad propias<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote22anc\" href=\"#sdfootnote22sym\"><sup>22<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">En el estadio actual del Reino de<br>Cristo, \u00e9ste no impone su Realeza sobre las criaturas mediante el<br>ejercicio del poder, sino que respeta la libertad del hombre y la<br>autonom\u00eda de la creaci\u00f3n, cuyo campo de<b><br><\/b>actuaci\u00f3n es la historia.<br>Por eso, aunque el se\u00f1or\u00edo de Cristo es total y universal, en el<br>r\u00e9gimen terrestre de la Redenci\u00f3n \u2013como ya hemos indicado\u2013<br>antes de su segunda venida, admite la dualidad de la Iglesia y del<br>mundo (como conjunto de realidades temporales aut\u00f3nomas). La Iglesia<br>y el mundo est\u00e1n sometidos de derecho a Jesucristo, pero de<b><br><\/b>distinta manera.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Las relaciones entre la Iglesia y el<br>mundo, entre la Iglesia y la sociedad temporal, deben ser de<br>distinci\u00f3n de esferas, de respeto de sus \u00e1mbitos propios de<br>actuaci\u00f3n, de independencia, cada una en su propio terreno; pero, al<br>mismo tiempo, de leg\u00edtima cooperaci\u00f3n, puesto que ambas est\u00e1n al<br>servicio de la vocaci\u00f3n personal y social del hombre, en su vocaci\u00f3n<br>integral, aunque, por distinto t\u00edtulo, y la persona humana, a la<br>cual deben servir, es un sujeto \u00fanico, en su esencia ontol\u00f3gica y<br>en su vida existencial, abierta a la trascendencia.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Por eso la palabra \u00abseparaci\u00f3n\u00bb<br>\u2013dejando a un lado el sentido peyorativo de recuerdos de luchas y<br>controversias pasadas\u2013 no refleja el esquema ideal de las<br>relaciones entre la Iglesia y la comunidad civil y pol\u00edtica.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">La recapitulaci\u00f3n de todas las<br>realidades temporales, de la creaci\u00f3n y de la historia, en todo lo<br>que tiene de bueno y de positivo, se realizar\u00e1 en Cristo, que<br>ejercer\u00e1 escatol\u00f3gicamente su soberan\u00eda universal<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote23anc\" href=\"#sdfootnote23sym\"><sup>23<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Pero la Iglesia no ha recibido la<br>Realeza universal y c\u00f3smica de Cristo, aunque participe de ella en<br>cierto grado. La Iglesia s\u00f3lo puede actuar en el cosmos a trav\u00e9s<br>del hombre, salvo en el misterio de la \u00abtransubstanciaci\u00f3n\u00bb<br>eucar\u00edstica, en que el pan y el vino \u2013elementos naturales,<br>representativos de la creaci\u00f3n, aunque elaborados por el hombre\u2013<br>se convierten en el cuerpo y sangre de Cristo, como un anuncio de la<br>recapitulaci\u00f3n de todas las cosas en \u00c9l<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote24anc\" href=\"#sdfootnote24sym\"><sup>24<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">El Papa P\u00edo XII, en dos discursos muy<br>importantes de su magisterio, expuso con profundidad doctrinal y<br>aguda comprensi\u00f3n de la historia de la Iglesia y de la sensibilidad<br>de nuestra \u00e9poca, cu\u00e1l era la acci\u00f3n de la Iglesia en la formaci\u00f3n<br>del hombre completo y su influencia en la construcci\u00f3n de la<br>convivencia humana<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote25anc\" href=\"#sdfootnote25sym\"><sup>25<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">El Concilio Vaticano II ha dedicado a<br>este tema uno de sus documentos m\u00e1s importantes, la Constituci\u00f3n<br>pastoral <i>Gaudium et Spes,<\/i><br>sobre \u00abla Iglesia en el mundo actual\u00bb.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Es evidente que la Iglesia \u2013dejando a<br>un lado intervenciones hist\u00f3ricas, en el \u00e1mbito de la sociedad<br>civil, que s\u00f3lo pudieron justificarse por razones de suplencia, o<br>que, en determinados casos, respond\u00edan a concepciones equivocadas<br>sobre su misi\u00f3n en la esfera temporal\u2013 no tiene una misi\u00f3n de<br>orden pol\u00edtico, econ\u00f3mico o social<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote26anc\" href=\"#sdfootnote26sym\"><sup>26<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Toda asimilaci\u00f3n de la Iglesia a una<br>fuerza u organizaci\u00f3n pol\u00edtica, social o sindical, cualquiera que<br>sea la concepci\u00f3n teol\u00f3gica en que pretenda inspirarse, falsea su<br>naturaleza espec\u00edfica y altera la misi\u00f3n que Dios le se\u00f1al\u00f3. Pero<br>esto no quiere decir, ni mucho menos, que del cumplimiento de su<br>misi\u00f3n religiosa no se deriven \u00abfunciones, luces y energ\u00edas que<br>pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana, seg\u00fan<br>la ley divina\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote27anc\" href=\"#sdfootnote27sym\"><sup>27<\/sup><\/a>.<br>M\u00e1s a\u00fan, como afirm\u00f3 el propio Concilio en otro documento<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote28anc\" href=\"#sdfootnote28sym\"><sup>28<\/sup><\/a>:<br>\u00abLa obra redentora de Cristo, aunque de suyo se refiere a la<br>salvaci\u00f3n de los hombres, se propone tambi\u00e9n la restauraci\u00f3n de<br>todo el orden temporal. Por ello, la misi\u00f3n de la Iglesia no es s\u00f3lo<br>ofrecer a los hombres el mensaje y la gracia de Cristo, sino tambi\u00e9n<br>el impregnar y perfeccionar todo el orden temporal con el esp\u00edritu<br>evang\u00e9lico\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote29anc\" href=\"#sdfootnote29sym\"><sup>29<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">El Papa Juan Pablo II, en su primera<br>Enc\u00edclica <i>Redemptor Hominis,<\/i><br>despu\u00e9s de haber expuesto el Misterio de la Redenci\u00f3n en su<br><i>dimensi\u00f3n divina<\/i><br>\u2013\u00abla Redenci\u00f3n del mundo, ese misterio tremendo del amor, en el<br>que la creaci\u00f3n es renovada, es, en su ra\u00edz m\u00e1s profunda, la<br>plenitud de la justicia en un coraz\u00f3n humano: el Coraz\u00f3n del Hijo<br>Primog\u00e9nito, para que pueda hacerse justicia de los corazones de<br>muchos hombres, los cuales, precisamente en el Hijo Primog\u00e9nito, han<br>sido predestinados desde la eternidad a ser hijos de Dios y llamados<br>a la gracia, llamados al amor\u00bb (n\u00fam. 9, 1)\u2013 y en su <i>dimensi\u00f3n<br>humana<\/i> \u2013\u00abel hombre no<br>puede vivir sin amor. \u00c9l permanece para s\u00ed mismo un ser<br>incomprensible, su vida est\u00e1 privada de sentido si no se le revela<br>el amor, si no se encuentra en el amor, si no lo experimenta y lo<br>hace propio, si no participa en \u00e9l vivamente. Por esto precisamente,<br>Cristo Redentor&#8230; revela plenamente el hombre al mismo hombre. Tal<br>es, si se puede expresar as\u00ed, la dimensi\u00f3n humana del misterio de<br>la Redenci\u00f3n. En esta dimensi\u00f3n, el hombre vuelve a encontrar la<br>grandeza, la dignidad y el valor propios de su humanidad\u00bb (n\u00famero<br>10, 1)\u2013, <i>considera la<br>actitud y la actuaci\u00f3n de la Iglesia en relaci\u00f3n al hombre \u00abreal\u00bb,<br>\u00abconcreto\u00bb, \u00abhist\u00f3rico\u00bb y su situaci\u00f3n en el mundo<br>contempor\u00e1neo,<\/i> partiendo de<br>la afirmaci\u00f3n del Concilio de que \u00abmediante la encarnaci\u00f3n el Hijo<br>de Dios se ha unido en cierto modo a todo hombre\u00bb (Const. past.<br><i>Gaudium et Spes,<\/i><br>22).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Es impresionante la fuerza y la<br>reiteraci\u00f3n de la solicitud del Papa Juan Pablo II por el hombre<br>\u2013\u00abeste hombre es el camino de la Iglesia&#8230;\u00bb\u2013, siguiendo la m\u00e1s<br>genuina tradici\u00f3n de la Iglesia, renovada por el Concilio Vaticano<br>II y por los \u00faltimos Papas.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Se trata de un \u00abhumanismo<br>cristoc\u00e9ntrico\u00bb, que parte de Cristo para llegar al hombre y hacer<br>extensivos a todos los hombres los frutos de la Redenci\u00f3n de Cristo,<br>no s\u00f3lo en su proyecci\u00f3n sobrenatural y trascendente, sino tambi\u00e9n,<br>aunque no esencialmente, en su proyecci\u00f3n humana y temporal, porque<br>la Iglesia es y \u00abdebe ser consciente tambi\u00e9n de todo lo que se<br>opone al esfuerzo para que la vida humana sea cada vez m\u00e1s humana,<br>para que todo lo que compone esta vida responda a la verdadera<br>dignidad del hombre\u00bb (Encl. <i>Redemptor<br>Hominis,<\/i> n\u00fam. 14, 3).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">La Iglesia ejerce de esta forma su<br>participaci\u00f3n en la Realeza de Cristo, que no vino a ser servido,<br>sino a servir (Mt 20, 24-28), y cuya soberan\u00eda no se manifiesta, en<br>este mundo, como la de los reyes y jefes de la tierra, que hacen<br>sentir su dominaci\u00f3n, sino como la de un servidor humilde, que se<br>pone a los pies de todos en actitud de servicio (Lc 22, 24-27).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">La Iglesia, siguiendo el ejemplo de su<br>Se\u00f1or Crucificado, no pretende dominar por la fuerza, ni por el<br>prestigio humano, sino por el amor y el servicio a los hombres, a<br>todos los hombres y a todo el hombre; y as\u00ed tambi\u00e9n los hombres<br>llegar\u00e1n a participar del <i>munus<br>regale<\/i> de Cristo mismo,<br>ejerciendo su \u00abdominio\u00bb sobre el mundo visible, liberados de todas<br>las servidumbres, cuya fuente y origen es el pecado<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote30anc\" href=\"#sdfootnote30sym\"><sup>30<\/sup><\/a>,<br>extendiendo el Reino de Cristo \u2013a quien servir es reinar\u2013, <i>Reino<br>de verdad y de vida. Reino de santidad y de gracia. Reino de<br>justicia, de amor y de paz<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote31anc\" href=\"#sdfootnote31sym\"><sup>31<\/sup><\/a>.<\/i>Reino de Cristo y<br>\u00abliberaci\u00f3n humana\u00bb. <br>La tentaci\u00f3n del secularismo<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Este servicio de la Iglesia al hombre,<br>este ejercicio del poder real, transmitido a la Iglesia por el mismo<br>Jesucristo \u2013su Fundador, su Cabeza, su Sustentador, su Redentor<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote32anc\" href=\"#sdfootnote32sym\"><sup>32<\/sup><\/a>\u2013,<br>que se proyecta sobre todas las realidades humanas, porque aunque no<br>debe identificarse el progreso temporal con el desarrollo del Reino<br>de Cristo, sin embargo \u2013como nos ense\u00f1a el Concilio\u2013, \u00abel<br>primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad<br>humana, interesa en gran medida al Reino de Dios\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote33anc\" href=\"#sdfootnote33sym\"><sup>33<\/sup><\/a>,<br>debe partir de una aut\u00e9ntica evangelizaci\u00f3n, es decir, del anuncio<br>del nombre, de la vida, de las promesas, del Reino, del misterio de<br>Jes\u00fas de Nazaret, Hijo de Dios<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote34anc\" href=\"#sdfootnote34sym\"><sup>34<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">En este sentido se deben entender las<br>palabras de P\u00edo XI: \u00abLa Iglesia no evangeliza civilizando, sino que<br>civiliza evangelizando\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote35anc\" href=\"#sdfootnote35sym\"><sup>35<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">La Iglesia no podr\u00e1 prestar su servicio<br>propio y espec\u00edfico al hombre y a la humanidad, no podr\u00e1 ayudar<br>eficazmente a la liberaci\u00f3n de todas las formas de servidumbre que<br>encadenan a millones de seres humanos en nuestro tiempo si reduce su<br>misi\u00f3n a las dimensiones de un proyecto puramente temporal<br>\u2013econ\u00f3mico, social, pol\u00edtico, cultural\u2013 con perspectivas<br>exclusivamente antropoc\u00e9ntricas, sino que debe presentarse como<br>\u00absujeto social de la responsabilidad de la verdad divina\u00bb<br>(Enc\u00edclica <i>Redemptor Hominis,<\/i><br>19, 1), considerando que \u00abel sentido de responsabilidad por la<br>verdad es uno de los puntos fundamentales del encuentro de la Iglesia<br>con cada hombre, y es igualmente una de las exigencias fundamentales<br>que determinan la vocaci\u00f3n del hombre en la comunidad de la<br>Iglesia\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote36anc\" href=\"#sdfootnote36sym\"><sup>36<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">\u00abLa Iglesia de nuestros tiempos \u2013como<br>nos exhorta Su Santidad Juan Pablo II\u2013 guiada por el sentido de<br>responsabilidad por la verdad, debe perseverar en la fidelidad a su<br>propia naturaleza, a la cual toca la misi\u00f3n prof\u00e9tica que procede<br>de Cristo mismo: <i>Como me envi\u00f3<br>mi Padre, as\u00ed os env\u00edo yo&#8230; Recibid el Esp\u00edritu Santo<\/i><br>(Jn 20, 21 ss)\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote37anc\" href=\"#sdfootnote37sym\"><sup>37<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Hay un equ\u00edvoco entre la <i>leg\u00edtima<br>secularidad,<\/i> tal como la<br>proclam\u00f3 el Concilio Vaticano II<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote38anc\" href=\"#sdfootnote38sym\"><sup>38<\/sup><\/a>,<br>y el <i>secularismo radical<\/i><br>de ciertas tendencias culturales, sociales y pol\u00edticas de nuestro<br>tiempo, que incluso ha penetrado con ciertas matizaciones y<br>adaptaciones en te\u00f3logos y pensadores de confesiones cristianas, no<br>cat\u00f3licas, y tambi\u00e9n en algunos te\u00f3logos y pastoralistas<br>cat\u00f3licos<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote39anc\" href=\"#sdfootnote39sym\"><sup>39<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">El tema es profundo y complejo y no<br>podemos abordarlo en estos momentos en toda su dimensi\u00f3n; pero s\u00ed<br>quisi\u00e9ramos destacar que el \u00absecularismo\u00bb, en el fondo, constituye<br>una negaci\u00f3n, m\u00e1s o menos radical, del Reino de Cristo, y<br>constituye uno de los intentos con que, a lo largo de la historia del<br>mundo, los hombres han pretendido construir la ciudad terrestre<br>frente a la Ciudad de Dios.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Hoy estamos asistiendo al intento<br>consciente y sistem\u00e1tico de sustraer todas las esferas de la vida<br>humana, hasta el n\u00facleo m\u00e1s \u00edntimo de la conciencia personal, de<br>la influencia de Dios, de tal forma que la existencia del hombre<br>sobre la tierra se desarrollase como si Dios no existiera.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Es cierto que algunas formas de<br>secularismo actual son reformulaciones del liberalismo decimon\u00f3nico,<br>presentadas con argumentos m\u00e1s sutiles y sofisticados, que s\u00f3lo<br>pretenden eliminar la influencia de la religi\u00f3n y de la Iglesia de<br>esferas pol\u00edticas, sociales y culturales p\u00fablicas, pero no tratan<br>directamente de eliminar el influjo religioso de la esfera personal,<br>familiar y privada, como opci\u00f3n individual y libre, aunque confunden<br>el aspecto formal y jur\u00eddico de la \u00abconfesionalidad\u00bb del Estado<br>con la presencia de la Iglesia y de la religi\u00f3n en la vida social y<br>cultural.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Esta tendencia trata de separar la<br>influencia de la fe del \u00e1mbito de la civilizaci\u00f3n, y rechaza el<br>concepto de \u00abcivilizaci\u00f3n cristiana\u00bb y de \u00abpueblo cristiano\u00bb,<br>porque parte de la concepci\u00f3n de una autonom\u00eda total de las<br>realidades temporales respecto de la Iglesia. Lo m\u00e1s grave de esta<br>tendencia es que es compartida por eclesi\u00e1sticos y seglares<br>cat\u00f3licos y que sirve de criterio de orientaci\u00f3n pastoral en<br>ciertos sectores eclesiales.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Para los partidarios de esta separaci\u00f3n<br>no tiene sentido que los Pastores de la Iglesia se pronuncien sobre<br>los problemas morales y religiosos que implican las opciones sociales<br>y pol\u00edticas, sosteniendo que se trata de cuestiones ajenas a la<br>competencia de la Iglesia y que es a la conciencia de los ciudadanos<br>a la que corresponde la decisi\u00f3n exclusiva.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Esta reacci\u00f3n la pude experimentar hace<br>pocos meses \u2013permitidme esta referencia personal\u2013 con motivo de<br>la nota pastoral que publiqu\u00e9 \u00abAnte el Refer\u00e9ndum de la<br>Constituci\u00f3n\u00bb, el 28 de noviembre del a\u00f1o pasado, tratando de dar<br>cumplimiento a mi deber de obispo de la Iglesia de Dios de responder<br>a las consultas de mis fieles diocesanos, desde una perspectiva<br>puramente moral y religiosa<i><br><\/i>(<i>N.<br>del E.<\/i> V\u00e9ase el documento en<br>el volumen <i>El valor de lo<br>Sagrado,<\/i> volumen 1 de las<br><i>Obras del Cardenal Marcelo<br>Gonz\u00e1lez Mart\u00edn,<\/i> Toledo<br>1986).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">La Iglesia, ciertamente, en cuanto<br>comunidad de fieles en comuni\u00f3n con sus Pastores, no debe hacer<br>pol\u00edtica en sentido t\u00e9cnico, sino que debe mantenerse por encima de<br>las ideolog\u00edas, de los sistemas, de las opiniones, de los partidos y<br>de las opciones temporales, pero no puede ni debe \u2013salvo criterios<br>de prudencia pastoral\u2013 dejar de predicar y de ense\u00f1ar<br>\u2013principalmente a trav\u00e9s de sus obispos\u2013 al pueblo que le ha<br>sido encomendado, la fe que ha de ser cre\u00edda y la moral que ha de<br>ser practicada, no s\u00f3lo en pura doctrina, sino tambi\u00e9n en sus<br>aplicaciones a circunstancias concretas.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">La libertad de los fieles cat\u00f3licos se<br>refiere a cuestiones opinables en doctrina o en problemas pr\u00e1cticos,<br>en sus soluciones concretas, cuando pueden admitirse diversas<br>opciones; pero, en ning\u00fan caso, les es l\u00edcito prescindir de la<br>doctrina cierta del Magisterio de la Iglesia<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote40anc\" href=\"#sdfootnote40sym\"><sup>40<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Algunos opinan \u2013y especialmente en<br>Espa\u00f1a\u2013 que, teniendo en cuenta la libertad religiosa y el<br>pluralismo de la sociedad moderna, las iglesias y confesiones<br>religiosas y, sobre todo, la Iglesia Cat\u00f3lica, no tienen que tratar<br>de exponer p\u00fablicamente criterios sobre los problemas sociales.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Y precisamente la propia declaraci\u00f3n<br>conciliar <i>Dignitatis Humanae<\/i><br>sobre la libertad religiosa, ense\u00f1a que forma parte de la misma \u00abel<br>que no se proh\u00edba a las comunidades religiosas manifestar libremente<br>el valor de su doctrina, <i>para<br>la ordenaci\u00f3n de la sociedad<\/i><br>y para la vitalizaci\u00f3n de toda la actividad humana\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote41anc\" href=\"#sdfootnote41sym\"><sup>41<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">La misi\u00f3n de la Iglesia, en el campo<br>del Magisterio, no se reduce exclusivamente al \u00e1mbito de las<br>verdades de la fe y a las normas morales conocidas por la Revelaci\u00f3n,<br>sino, como se ha repetido tantas veces en los documentos de dicho<br>Magisterio, en los tiempos modernos, y como se ha venido aceptando en<br>la praxis pastoral de la Iglesia, desde sus or\u00edgenes, \u00abJesucristo,<br>al comunicar a Pedro y a los ap\u00f3stoles su autoridad divina y al<br>enviarlos a ense\u00f1ar a todas las gentes sus mandamientos, los<br>constitu\u00edan en custodios y en int\u00e9rpretes de toda la moral, es<br>decir, no s\u00f3lo de la ley evang\u00e9lica, sino tambi\u00e9n de la natural,<br>expresi\u00f3n de la voluntad de Dios, cuyo cumplimiento fiel es<br>igualmente necesario para salvarse\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote42anc\" href=\"#sdfootnote42sym\"><sup>42<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">La vida social y pol\u00edtica, y la vida<br>humana en general, presentan problemas y cuestiones que ata\u00f1en al<br>orden moral, al orden de la rectitud de las actuaciones libres de los<br>hombres en relaci\u00f3n con la Ley divina \u2013con independencia del credo<br>religioso que profesan los ciudadanos\u2013, y esas cuestiones entran<br>dentro de la misi\u00f3n de la Iglesia: derechos humanos, fundamento del<br>poder, l\u00edmites de su ejercicio, familia y matrimonio, riqueza y<br>pobreza, etc\u00e9tera.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">La autonom\u00eda e independencia del Estado<br>y de la sociedad civil respecto de la Iglesia no es, ni puede ser,<br>independencia respecto de Dios, como sostuvo el liberalismo doctrinal<br>del siglo pasado \u2013inspirado en la filosof\u00eda de la Ilustraci\u00f3n\u2013<br>y sostiene el secularismo de nuestro tiempo.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Es cierto que la Iglesia no tiene<br>autoridad directa sobre la sociedad pol\u00edtica, ni sobre los<br>ciudadanos que no aceptan la fe cat\u00f3lica, pero tiene autoridad sobre<br>sus propios fieles y tiene la misi\u00f3n recibida de Dios y, por<br>consiguiente, la obligaci\u00f3n de proclamar el Evangelio y la ley moral<br>a todas las gentes, y, por tanto, puede y debe hablar sobre todas las<br>cuestiones que afectan a la verdad y al bien.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Adem\u00e1s, su sabidur\u00eda, acumulada en<br>siglos de historia, hace a la Iglesia \u00abexperta en humanidad\u00bb, como<br>afirm\u00f3 Su Santidad Pablo VI ante la Asamblea General de las Naciones<br>Unidas, y le dan autoridad moral para dirigirse a todos los hombres<br>de buena voluntad para promover la paz, los derechos de la persona<br>humana, la estabilidad de las familias, la justa distribuci\u00f3n de la<br>riqueza, etc\u00e9tera.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">El hecho de que algunos principios o<br>normas de la ley natural hayan sido confirmados por la Revelaci\u00f3n no<br>los convierte, como ahora se afirma, en principios o normas de \u00abmoral<br>confesional\u00bb, y que, por tanto, no pueden ser urgidos en su<br>cumplimiento por las leyes civiles y promovidos por los ciudadanos o<br>por los legisladores cat\u00f3licos, ajust\u00e1ndose a los procedimientos de<br>un Estado democr\u00e1tico, y que los Pastores de la Iglesia no pueden<br>ense\u00f1arlos p\u00fablicamente y \u2013salvo razones de prudencia pastoral\u2013<br>denunciar y se\u00f1alar las infracciones.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">La sociedad civil, para su pac\u00edfica<br>convivencia, necesita tener como fundamento un n\u00facleo de verdades y<br>de principios de ley natural aceptados, b\u00e1sicamente, por todos los<br>ciudadanos.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Ni la \u00abcoexistencia en el error\u00bb, ni<br>la mera \u00abcoexistencia en el temor\u00bb pueden constituir un fundamento<br>s\u00f3lido para la convivencia social pac\u00edfica y para el desarrollo de<br>un Estado, ni de una comunidad de Estados.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Un pluralismo radical de opiniones sobre<br>los principios b\u00e1sicos de la vida social constituye un elemento<br>decisivo de desintegraci\u00f3n y de descomposici\u00f3n social.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">La sociedad secularista de nuestro<br>tiempo que concibe la voluntad de la mayor\u00eda del pueblo soberano<br>como criterio supremo y absoluto del bien y del mal, que puede<br>desvincular las leyes positivas del orden jur\u00eddico natural, atenta<br>directamente contra la soberan\u00eda de Dios y constituye una amenaza a<br>los derechos inviolables de la persona humana, sustituyendo la fuerza<br>vinculante del derecho, que tiene su fundamento en Dios, Legislador<br>Supremo, por el derecho de la fuerza del n\u00famero o de las minor\u00edas<br>m\u00e1s poderosas. \u00abEl humanismo exclusivo es un humanismo inhumano\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote43anc\" href=\"#sdfootnote43sym\"><sup>43<\/sup><\/a>.<br>La Iglesia \u00abdebe ser consciente&#8230; de todo lo que se opone al<br>esfuerzo para que la vida humana sea cada vez m\u00e1s humana, para que<br>todo lo que compone esta vida responda a la verdadera dignidad del<br>hombre\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote44anc\" href=\"#sdfootnote44sym\"><sup>44<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">La Iglesia, en sus pronunciamientos y<br>actuaciones en el orden social y pol\u00edtico, se ve sometida a una<br>acci\u00f3n y reacci\u00f3n de signo contradictorio:<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Por un lado, un sector de cat\u00f3licos y<br>de la propia sociedad quiere que se pronuncie <i>opportune<br>et importune<\/i> en defensa de<br>los pobres, de los oprimidos, de los trabajadores y de los<br>marginados, y que denuncie todas las infracciones que los Estados y<br>los grupos poderosos cometen contra esas clases o grupos m\u00e1s<br>d\u00e9biles, y esa actuaci\u00f3n creen que forma parte integrante, y aun<br>esencial, de la misi\u00f3n de la Iglesia, y que constituye un testimonio<br>evang\u00e9lico; y otro sector de cat\u00f3licos, o de la propia sociedad,<br>consideran que esas intervenciones son injerencias de la Iglesia en<br>\u00e1mbitos que no le corresponden, y para los cuales no tiene misi\u00f3n,<br>ni competencia; y que se convierte en instrumento de la subversi\u00f3n<br>revolucionaria, perdiendo contenido sobrenatural y desliz\u00e1ndose<br>hacia una actuaci\u00f3n temporalista y politizada.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Por otro lado, ciertos sectores<br>cat\u00f3licos le piden a la Iglesia que hable y act\u00fae en defensa de los<br>grandes valores morales de la familia, que denuncie la pornograf\u00eda y<br>el rebajamiento moral de los espect\u00e1culos, que se oponga a las leyes<br>divorcistas, a la legalizaci\u00f3n permisiva del aborto, a la difusi\u00f3n<br>de la droga, a la degradaci\u00f3n moral de la juventud, a la laicizaci\u00f3n<br>de la ense\u00f1anza, etc\u00e9tera; y frente a esta tendencia, otros<br>sectores cat\u00f3licos consideran que la Iglesia debe permanecer neutral<br>frente a esas luchas ideol\u00f3gicas, sin tratar de promover lo que<br>ellos llaman \u00abfuerza religiosa\u00bb, limit\u00e1ndose a la formaci\u00f3n de la<br>conciencia de los fieles, sin pretender invadir el \u00e1mbito de la<br>sociedad civil, con actuaciones propias de \u00e9pocas sacrales,<br>inadaptadas a la cultura secularizada de nuestro tiempo y que<br>configuran a la Iglesia como un poder enfrente o por encima del<br>Estado, sin el sentido de humanidad y pobreza de que nos dio ejemplo<br>Jes\u00fas en el Evangelio.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">La soluci\u00f3n de esta aparente antinomia<br>nos la dan los Papas y el propio Concilio Vaticano II.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Los dos aspectos forman parte integrante<br>del Mensaje del Evangelio, siempre que la Iglesia y los hombres de<br>Iglesia cuando act\u00faen en nombre de ella, \u00abutilicen los caminos y<br>medios propios del Evangelio, los cuales se diferencian en muchas<br>cosas de los medios que la ciudad terrena utiliza\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote45anc\" href=\"#sdfootnote45sym\"><sup>45<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">No se trata de que la Iglesia ponga su<br>esperanza \u00aben privilegios dados por el poder civil; m\u00e1s a\u00fan,<br>renunciar\u00e1 al ejercicio de ciertos derechos leg\u00edtimamente<br>adquiridos tan pronto como conste que su uso puede empe\u00f1ar la pureza<br>de su testimonio, o las nuevas condiciones de vida exijan otra<br>disposici\u00f3n\u00bb, nos ense\u00f1a el Concilio<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote46anc\" href=\"#sdfootnote46sym\"><sup>46<\/sup><\/a>.<br>Pero a\u00f1ade a continuaci\u00f3n: \u00abEs de justicia que pueda la Iglesia en<br>todo momento y en todas partes predicar la fe con aut\u00e9ntica<br>libertad, ense\u00f1ar su doctrina social, ejercer su misi\u00f3n entre los<br>hombres sin traba alguna y <i>dar<br>su juicio moral,<\/i> incluso<br>sobre materias referentes al orden pol\u00edtico, <i>cuando<br>lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvaci\u00f3n de<br>las almas, utilizando todos y s\u00f3lo aquellos medios que sean<br>conformes al Evangelio<\/i> y al<br>bien de todos, seg\u00fan la diversidad de tiempos y de situaciones\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote47anc\" href=\"#sdfootnote47sym\"><sup>47<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Hemos de aceptar que, en otras \u00e9pocas,<br>no siempre se formul\u00f3 la doctrina de la distinci\u00f3n de esferas y de<br>la leg\u00edtima autonom\u00eda de lo temporal con suficiente precisi\u00f3n, y<br>que se dieron situaciones confusas que no soslayaron el peligro de la<br>\u00abhierocracia\u00bb o \u00abeclesiocracia\u00bb; pero como afirma el P. Congar,<br>O.P., \u00ablos historiadores m\u00e1s recientes han demostrado (se refiere a<br>la reforma gregoriana del siglo XI, en que culmin\u00f3 la lucha entre el<br>Pontificado y el Imperio) que esta ambici\u00f3n no era una ambici\u00f3n<br>temporal de \u2018\u2018dominio mundial\u201d (Weltherrschaft), sino una<br>ambici\u00f3n sacerdotal y espiritual de realizar en grado sumo la<br>sujeci\u00f3n de toda la vida al reino de Dios\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote48anc\" href=\"#sdfootnote48sym\"><sup>48<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">En este orden de cosas creemos que se<br>deben evitar tres clases de errores o desviaciones:<\/span><\/p><ul><li><p style=\"line-height: 100%; margin-top: 0.32cm; margin-bottom: 0.32cm\"><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\"><i><b>La espiritualidad desencarnada<\/b><\/i><br>\tque trata de restringir los efectos de la Redenci\u00f3n y la Soberan\u00eda<br>\tde Cristo al \u00e1mbito invisible de las almas, y que se desentiende de<br>\tlos problemas del orden temporal, bajo el pretexto de que van a<br>\tpasar <i>como la figura de este<br>\tmundo<\/i> (1Cor 7, 31).<\/span><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\"><i><b>El secularismo radical<\/b><\/i><br>\t\u2013de que ya hemos hablado\u2013, que exagera la autonom\u00eda de lo<br>\ttemporal hasta el punto de considerar que \u00abla realidad creada es<br>\tindependiente de Dios y que los hombres pueden usarla sin referencia<br>\tal Creador\u00bb <i>(Gaudium et<br>\tSpes,<\/i> 36, 3).<\/span><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\"><i><b>La negaci\u00f3n de la autonom\u00eda<br>\trelativa de las realidades temporales<\/b>,<\/i><br>\tconsider\u00e1ndolas exclusivamente como medios e instrumentos para el<br>\tdesarrollo de la vida sobrenatural hasta el punto de identificar<br>\tplenamente el mundo con el Reino de Dios (Maritain llama a este<br>\terror \u00abteocratismo clerical\u00bb o \u00abhierocratismo\u00bb, en su conocido<br>\tlibro <i>Humanismo integral)<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote49anc\" href=\"#sdfootnote49sym\"><sup>49<\/sup><\/a>.<\/i><\/span><\/p><\/li><\/ul><p style=\"line-height: 100%; margin-top: 0.32cm; margin-bottom: 0.32cm\"><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">El Papa Juan Pablo II \u2013siguiendo al<br>Concilio Vaticano II y a Pablo VI\u2013 nos est\u00e1 dando un magn\u00edfico<br>testimonio de equilibrio e integraci\u00f3n de posturas en la<br>proclamaci\u00f3n del Mensaje de Salvaci\u00f3n de Jesucristo y su proyecci\u00f3n<br>sobre las realidades temporales, evitando tanto la \u00abespiritualidad<br>desencarnada\u00bb, como el \u00absecularismo radical\u00bb y la \u00abnegaci\u00f3n de<br>la autonom\u00eda relativa de las realidades temporales\u00bb.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Queremos llamar especialmente la<br>atenci\u00f3n sobre el discurso inaugural de la III Conferencia General<br>del Episcopado Latinoamericano, el 28 de enero pasado, y su primera<br>Enc\u00edclica <i>Redemptor Hominis,<\/i><br>en donde la <i>proclamaci\u00f3n de<br>la<\/i> <i>\u00abBuena<br>Nueva<\/i>\u00bb de Jesucristo y el<br>anuncio de su reino para los hombres de nuestro tiempo se expresan<br>con f\u00f3rmulas profundas y equilibradas dif\u00edcilmente superables, no<br>s\u00f3lo en su expresi\u00f3n verbal, sino en la actitud que reflejan de<br>fidelidad a la fe de la Iglesia, de sensibilidad sobrenatural y<br>humana ante los problemas del hombre de hoy, de fortaleza cristiana<br>en las denuncias de las injusticias, y de caridad evang\u00e9lica hacia<br>todas las clases, las razas y los pueblos de la tierra.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">El sentido de la fe del pueblo cristiano<br>ha intuido r\u00e1pida y certeramente la profundidad de la actitud<br>pastoral del nuevo Papa y ha reaccionado m\u00e1s all\u00e1 de las<br>expectativas de los m\u00e1s optimistas. El pueblo de Dios escucha a los<br>pastores y a los profetas aut\u00e9nticos que le hablan en nombre del<br>Se\u00f1or y le conducen y gu\u00edan hacia Jesucristo.La realeza de<br>Jesucristo <br>y la devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">En la teolog\u00eda cat\u00f3lica, la devoci\u00f3n<br>al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas se ha presentado unida a la Realeza de Cristo.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">En el Congreso teol\u00f3gico-pastoral sobre<br>el Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, no podemos dejar de decir unas palabras sobre<br>la vinculaci\u00f3n estrecha entre ambos conceptos.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">El Papa Le\u00f3n XIII, que, en las<br>postrimer\u00edas del siglo pasado, hace ochenta a\u00f1os, orden\u00f3 la<br>consagraci\u00f3n del mundo al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, en su magn\u00edfica<br>Enc\u00edclica <i>Annum Sacrum,<\/i><br>de 20 de mayo de 1899, al exponer la fundamentaci\u00f3n teol\u00f3gica de<br>dicha consagraci\u00f3n, emple\u00f3 los mismos argumentos que posteriormente<br>desarroll\u00f3 P\u00edo XI, al establecer la Fiesta de Cristo Rey, en la<br>Enc\u00edclica varias veces citada <i>Quas<br>Primas<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote50anc\" href=\"#sdfootnote50sym\"><sup>50<\/sup><\/a>.<\/i><\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Adem\u00e1s, la f\u00f3rmula de la Consagraci\u00f3n<br>al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, publicada a continuaci\u00f3n de la<br><i>Enc\u00edclica Annum Sacrum,<\/i><br>es una invocaci\u00f3n a Cristo Rey. Y P\u00edo XI, al instituir la Fiesta de<br>Cristo Rey en 1925, orden\u00f3 que al celebrar esta fiesta todos los<br>a\u00f1os en el \u00faltimo domingo de octubre, se renovase esta consagraci\u00f3n<br>al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, que San P\u00edo X hab\u00eda ordenado que se<br>recitase en la Fiesta del Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas (22-VIII-1906),<br>y en el mismo texto de la Enc\u00edclica relacion\u00f3 la consagraci\u00f3n de<br>las familias, de las ciudades y de los reinos al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas,<br>e incluso del mismo g\u00e9nero humano realizada bajo la inspiraci\u00f3n de<br>Le\u00f3n XIII, con la Realeza de Cristo<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote51anc\" href=\"#sdfootnote51sym\"><sup>51<\/sup><\/a>,<br>y P\u00edo XII, en su primera Enc\u00edclica, <i>Summi<br>Pontificatus,<\/i> de 20 de<br>octubre de 1939, despu\u00e9s de evocar la consagraci\u00f3n del mundo al<br>Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, cuyo cuarenta aniversario se celebraba aquel a\u00f1o,<br>y que, en su celebraci\u00f3n, coincidi\u00f3 con su primer a\u00f1o de<br>sacerdocio, a\u00f1adi\u00f3 estas palabras: \u00abDe la difusi\u00f3n y del arraigo<br>del culto al Divino Coraz\u00f3n del Redentor, que encontr\u00f3 su<br>espl\u00e9ndida corona no s\u00f3lo en la consagraci\u00f3n del g\u00e9nero humano al<br>declinar del pasado siglo, sino aun en la introducci\u00f3n de la fiesta<br>de la Realeza de Cristo por nuestro inmediato predecesor de feliz<br>memoria, han brotado inefables bienes para un sinn\u00famero de almas: <i>un<br>impetuoso r\u00edo alegra la ciudad de Dios <\/i>(Sal<br>45, 5)\u00bb.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Y en su Enc\u00edclica <i>Haurietis<br>Aquas,<\/i> de 15 de mayo de 1956,<br>que fue como el testamento espiritual de este gran Pont\u00edfice,<br>dedicada a la devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, manifest\u00f3 lo<br>siguiente: \u00abDeseamos tambi\u00e9n vivamente que cuantos se glor\u00edan del<br>nombre de cristianos y combaten activamente por establecer el Reino<br>de Jesucristo en el mundo, consideren la devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de<br>Jes\u00fas como bandera y manantial de unidad, de salvaci\u00f3n y de paz\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote52anc\" href=\"#sdfootnote52sym\"><sup>52<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Si el Reino de Jesucristo es un Reino de<br>amor, que s\u00f3lo quiere hombres y pueblos que acepten su soberan\u00eda<br>como un vasallaje de gratitud y de correspondencia de amor a su<br>Redentor, se comprende f\u00e1cilmente su interna vinculaci\u00f3n con una<br>devoci\u00f3n que consiste en \u00abel culto al amor con que Dios nos am\u00f3<br>por medio de Jesucristo\u00bb, y en cuyo Coraz\u00f3n \u00abpodemos considerar no<br>s\u00f3lo un s\u00edmbolo, sino tambi\u00e9n como un compendio de todo el<br>misterio de nuestra redenci\u00f3n\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote53anc\" href=\"#sdfootnote53sym\"><sup>53<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">La Conferencia Episcopal de la Iglesia<br>de Espa\u00f1a, con motivo de la celebraci\u00f3n del cincuentenario de la<br>consagraci\u00f3n de Espa\u00f1a al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas \u2013mayo 1969\u2013,<br>public\u00f3 una exhortaci\u00f3n colectiva, explicando el sentido teol\u00f3gico<br>de la consagraci\u00f3n p\u00fablica de los pueblos al Coraz\u00f3n de Cristo, e<br>invitando a los fieles cat\u00f3licos a Su renovaci\u00f3n. En este magn\u00edfico<br>documento, promulgado despu\u00e9s del Concilio Vaticano II, y que<br>conserva, en nuestros d\u00edas, toda su actualidad, se relaciona dicha<br>consagraci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Jesucristo con su Realeza, en los<br>siguientes t\u00e9rminos: \u00abLa consagraci\u00f3n es un acto de fe en la<br>soberan\u00eda de Jesucristo, de aceptaci\u00f3n de la misma y de confianza<br>en su amor. Cristo, sentado a la derecha del Padre, triunfador del<br>pecado y de la muerte, ha sido constituido Se\u00f1or del Universo (Ef 1,<br>22). Los hombres y los pueblos le debemos adoraci\u00f3n, como criaturas<br>de Dios y como redimidos por la Sangre del Cordero (Ap 1, 5). Preciso<br>es que \u00c9l reine hasta poner a todos sus enemigos bajo sus pies; el<br>\u00faltimo enemigo destruido ser\u00e1 la muerte (1Cor 15, 26).<br>Someti\u00e9ndonos a \u00c9l contribuimos a que se extienda su Reino, es<br>decir, a que resplandezca su amor sobre los hombres, para que viendo<br>nuestras obras, glorifiquen al Padre. Le suplicamos que todos los<br>hombres reconozcan su se\u00f1or\u00edo, para que venga a nuestro mundo su<br>Reino de amor, de justicia y de paz\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote54anc\" href=\"#sdfootnote54sym\"><sup>54<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">En el Santuario de la Gran Promesa del<br>Coraz\u00f3n de Jes\u00fas de esta ciudad de Valladolid, se puede ver una<br>plasmaci\u00f3n monumental y art\u00edstica de esta relaci\u00f3n \u00edntima entre<br>la Realeza de Cristo y el Coraz\u00f3n de Jes\u00fas: una de las capillas<br>laterales est\u00e1 dedicada a Cristo Rey, cuya imagen, con expresi\u00f3n de<br>serena y humilde majestad, aparece sentado en su trono, respaldado<br>por la cruz, signo de nuestra Redenci\u00f3n, con su mano izquierda<br>sujetando el volumen como Legislador, y con la derecha bendiciendo<br>con amor.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">El Coraz\u00f3n de Jesucristo \u2013seg\u00fan la<br>bella expresi\u00f3n del P. Mateo Crawley, Ap\u00f3stol de la Consagraci\u00f3n<br>de las Familias\u2013, es un \u00abRey de Amor\u00bb.Proyecci\u00f3n del<br>Reino de Cristo <br>sobre la realidad de nuestra patria<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">No puedo terminar este discurso, ya<br>bastante prolongado, aun a riesgo de abusar m\u00e1s de vuestra atenci\u00f3n,<br>sin hacer algunas consideraciones sobre la realidad actual de nuestra<br>patria, en relaci\u00f3n con el Reino de Cristo, para ser fiel a la<br>orientaci\u00f3n de este Congreso, que estamos clausurando en su<br>proyecci\u00f3n teol\u00f3gico-pastoral.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Considero que el proceso de<br>\u00absecularismo\u00bb \u2013que ataca directamente a la Realeza de Cristo\u2013 y<br>al que he aludido repetidas veces a lo largo de mi exposici\u00f3n,<br>presenta en nuestra patria caracteres graves que urge analizar,<br>adquirir conciencia de ellos y situarlos en una visi\u00f3n de conjunto,<br>con sentido din\u00e1mico y prospectivo, antes de proponer las medidas<br>pastorales adecuadas para su remedio y soluci\u00f3n.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Habr\u00eda que partir de la constataci\u00f3n<br>del ritmo <i>acelerado y<br>repentino <\/i>\u2013por lo menos en<br>sus manifestaciones m\u00e1s visibles\u2013 con que se ha presentado entre<br>nosotros dicho proceso de secularizaci\u00f3n.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Parece que en un decenio escaso ha<br>cambiado radicalmente la fisonom\u00eda del catolicismo espa\u00f1ol. No<br>pretendo afirmar que todos los cambios hayan sido negativos, ni mucho<br>menos; hay muchos valores y realidades que permanecen ocultos y<br>muchas reservas morales y espirituales en nuestro pueblo cristiano,<br>como he tenido ocasi\u00f3n de se\u00f1alar recientemente. Podr\u00edamos afirmar<br>de la Iglesia en Espa\u00f1a \u2013con las salvedades necesarias\u2013 lo que<br>Juan Pablo II dice en su primera Enc\u00edclica <i>Redemptor<br>Hominis,<\/i> refiri\u00e9ndose a la<br>Iglesia universal en la etapa posconciliar: \u00abNo est\u00e1 ciertamente<br>exenta de dificultades y de tensiones internas. Pero, al mismo<br>tiempo, se siente interiormente m\u00e1s inmunizada contra los excesos<br>del autocriticismo: se podr\u00eda decir que es m\u00e1s cr\u00edtica frente a<br>las diversas cr\u00edticas desconsideradas, que es m\u00e1s resistente<br>respecto a las variadas \u201cnovedades\u201d, m\u00e1s madura en el esp\u00edritu<br>de discernimiento, m\u00e1s id\u00f3nea para extraer de su perenne tesoro<br><i>cosas nuevas y cosas viejas<\/i><br>(Mt 13, 52), m\u00e1s centrada en el propio misterio y, gracias a todo<br>esto, m\u00e1s disponible para la misi\u00f3n de salvaci\u00f3n de todos: <i>Dios<br>quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de<br>la verdad<\/i> (Tim 2, 4)\u00bb (Encl.<br><i>Redemptor Hominis,<\/i><br>n\u00fam. 4, 2).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Pero, con todo, hemos de reconocer<br>tambi\u00e9n los estragos que han producido en nuestro pueblo, de fe<br>sencilla y tradicional, ciertos radicalismos pastorales y ciertos<br>permisivismos morales; as\u00ed como la difusi\u00f3n imprudente e<br>inconsiderada de nuevos planteamientos teol\u00f3gicos \u2013no siempre<br>fieles a la Tradici\u00f3n y al Magisterio de la Iglesia\u2013, bajo el<br>pretexto de adaptaci\u00f3n de las verdades de la fe cat\u00f3lica al<br>lenguaje y a la mentalidad de nuestro tiempo.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Como ha advertido en\u00e9rgicamente Juan<br>Pablo II, dirigi\u00e9ndose a los Obispos del continente latinoamericano,<br>reunidos en Puebla, en su III Conferencia General, \u00ab\u00bfc\u00f3mo podr\u00eda<br>haber una aut\u00e9ntica evangelizaci\u00f3n si faltase un acatamiento pronto<br>y sincero al sagrado Magisterio con la clara conciencia de que,<br>someti\u00e9ndose a \u00e9l, el Pueblo de Dios no acepta una palabra de<br>hombres, sino la verdadera Palabra de Dios? (cf. 1Ts 2, 13; <i>Lumen<br>Gentium,<\/i> 12). Hay que tener<br>en cuenta la importancia \u201cobjetiva\u201d de este Magisterio y tambi\u00e9n<br>defenderlo de las insidias que, en estos tiempos, aqu\u00ed y all\u00e1, se<br>tienen contra algunas verdades firmes de nuestra fe cat\u00f3lica\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote55anc\" href=\"#sdfootnote55sym\"><sup>55<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Nada valen, por tanto, los f\u00e1ciles<br>recursos de escudarse en interpretaciones unilaterales, cuando no<br>desviadas, de los documentos del Concilio Vaticano II, o en las<br>exigencias del <i>aggiornamento<br><\/i>pastoral para cambiar el<br>contenido esencial de las verdades de la fe. Las ense\u00f1anzas del<br>Concilio Vaticano II tienen que ser interpretadas a la luz de la<br>Tradici\u00f3n de la Iglesia y de las f\u00f3rmulas dogm\u00e1ticas de los<br>Concilios anteriores \u2013en especial del Concilio Vaticano I\u2013, como<br>afirm\u00f3 Juan Pablo II, en su primer Mensaje al Mundo, el 17 de<br>octubre pasado.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">El Papa Pablo VI \u2013como tuve ocasi\u00f3n<br>de recordar en mi discurso de clausura de la V Semana de Estudios y<br>Coloquios sobre problemas teol\u00f3gicos actuales, celebrada en Toledo,<br>del 28 de agosto al 2 de septiembre de 1972<i>,<br><\/i>llam\u00f3 la atenci\u00f3n repetidas<br>veces a los Pastores y a los fieles sobre los peligros de una falsa<br>renovaci\u00f3n. Valga una cita por todas: \u00abHay muchas cosas que pueden<br>ser corregidas o modificadas en la vida cat\u00f3lica, muchas doctrinas<br>en las que puede profundizarse integradas y expuestas en t\u00e9rminos<br>m\u00e1s comprensibles, muchas normas que pueden ser simplificadas y<br>mejor adaptadas a las necesidades de nuestro tiempo; pero dos cosas<br>no pueden ser sometidas a discusi\u00f3n: las verdades de la fe,<br>autorizadamente sancionadas por la Tradici\u00f3n y por el Magisterio<br>eclesi\u00e1stico, y las leyes constitucionales de la Iglesia, con la<br>consiguiente obediencia al ministerio del gobierno pastoral que<br>Cristo ha establecido, y que la sabidur\u00eda de la Iglesia ha<br>desarrollado y extendido en los diversos miembros del Cuerpo m\u00edstico<br>y visible de la Iglesia misma para gu\u00eda y robustecimiento de la<br>multiforme trabaz\u00f3n del Pueblo de Dios. Por ello, renovaci\u00f3n, s\u00ed;<br>cambio arbitrario, no; historia siempre viva y siempre nueva de la<br>Iglesia, s\u00ed; historicismo disolvente del compromiso dogm\u00e1tico<br>tradicional, no; integraci\u00f3n teol\u00f3gica seg\u00fan las ense\u00f1anzas del<br>Concilio, s\u00ed; teolog\u00eda conforme a libres teor\u00edas subjetivas, a<br>menudo tomadas de fuentes adversarias, no; Iglesia abierta a la<br>caridad ecum\u00e9nica, al di\u00e1logo responsable y al reconocimiento de lo<br>valores cristianos entre los hermanos separados, s\u00ed; irenismo<br>renunciante a los valores de la fe o bien proclive a identificarse<br>con ciertos principios negativos que han favorecido el<br>distanciamiento de hermanos cristianos del centro de la unidad de la<br>comunidad cat\u00f3lica, no; libertad religiosa para todos en el \u00e1mbito<br>de la sociedad civil, s\u00ed; como tambi\u00e9n libertad de adhesi\u00f3n<br>personal a la religi\u00f3n seg\u00fan la elecci\u00f3n meditada de la propia<br>conciencia, s\u00ed; libertad de conciencia como criterio de verdad<br>religiosa no corroborada por la autenticidad de una ense\u00f1anza seria<br>y autorizada, no\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote56anc\" href=\"#sdfootnote56sym\"><sup>56<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Parece que se ha difundido en ciertos<br>medios eclesiales una especie \u2013permitidme la expresi\u00f3n\u2013 \u00abde<br>alergia\u00bb contra todo lo que significa \u00abpueblo cat\u00f3lico\u00bb,<br>catolicismo de masas, piedad popular, tradici\u00f3n cat\u00f3lica de nuestra<br>historia y de nuestra cultura.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Se ha sido muy eficaz en destruir y<br>demoler r\u00e1pidamente ciertas formas de piedad popular, ciertas<br>costumbres de nuestro pueblo, sin tener en cuenta que dej\u00e1bamos<br>indefensos a nuestros fieles sencillos, frente a las nuevas<br>tendencias secularistas y frente al vac\u00edo de Dios, desolador y<br>helador, de determinadas corrientes de la cultura moderna.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">As\u00ed han desaparecido en muchas partes<br>la devoci\u00f3n de los primeros viernes, el rezo colectivo del Santo<br>Rosario, la celebraci\u00f3n de las Flores de Mayo, las romer\u00edas y<br>peregrinaciones tradicionales a santuarios, las misiones populares,<br>la procesi\u00f3n del Corpus, etc\u00e9tera.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Es cierto que algunas formas de<br>religiosidad popular tienen sus l\u00edmites y est\u00e1n expuestas a<br>deformaciones; pero, precisamente, la labor de los Pastores consiste<br>en orientarlas rectamente mediante una pedagog\u00eda de evangelizaci\u00f3n.<br>La exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica <i>Evangelii<br>Nuntiandi,<\/i> de Pablo VI \u2013a<br>la que se ha referido con tanto elogio y en repetidas ocasiones Juan<br>Pablo II\u2013 contiene oportunas consideraciones pastorales sobre la<br>piedad popular, recogiendo los criterios expuestos en el S\u00ednodo de<br>1974 sobre la evangelizaci\u00f3n.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">La m\u00e1s elemental experiencia pastoral<br>pone de relieve que no basta \u2013y la Iglesia en su acci\u00f3n<br>evangelizadora lo demuestra\u2013 la conversi\u00f3n interior de las<br>conciencias, sino que hace falta, adem\u00e1s, para asegurar la<br>perseverancia de esa conversi\u00f3n personal, no s\u00f3lo la implantaci\u00f3n<br>de la Iglesia como sociedad visible, con su sacerdocio, sus<br>sacramentos, sus instituciones, sino que es preciso evangelizar<br>tambi\u00e9n las culturas de los pueblos, insertar los valores cristianos<br>en el seno de las civilizaciones, o, como nos dice el Concilio<br>Vaticano II, \u00abimpregnar y perfeccionar todo el orden temporal con el<br>esp\u00edritu evang\u00e9lico\u00bb o \u00ab&#8230;llenar de esp\u00edritu cristiano el<br>pensamiento y las costumbres, las leyes y las estructuras de la<br>comunidad&#8230;\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote57anc\" href=\"#sdfootnote57sym\"><sup>57<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">El Cardenal Dani\u00e9lou distingui\u00f3 muy<br>bien entre la noci\u00f3n de \u00abPueblo de Dios\u00bb, que es una noci\u00f3n<br>teol\u00f3gica, hasta el punto de que, aun cuando no existiesen en el<br>mundo m\u00e1s que algunos centenares de fieles, el \u00abPueblo de Dios\u00bb<br>seguir\u00eda existiendo; y la noci\u00f3n de \u00abpueblo cristiano\u00bb, nosotros<br>dir\u00edamos \u00abpueblo o naci\u00f3n cat\u00f3lica\u00bb, en cuanto que el conjunto<br>\u2013o la mayor parte\u2013 de los ciudadanos de una naci\u00f3n fuesen fieles<br>bautizados en el seno de la Iglesia, y en cuanto que el catolicismo<br>hubiese penetrado en sus tradiciones, en sus instituciones, en su<br>cultura, en sus costumbres, etc. Se trata, por tanto, en este \u00faltimo<br>caso, de una noci\u00f3n socio-hist\u00f3rica, socio-cultural. Es decir, de<br>una cuesti\u00f3n de hecho.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Se exalta hoy mucho el \u00abpluralismo\u00bb,<br>casi como un ideal, sin distinguir entre el <i>respeto<br>a la libertad religiosa<\/i> y de<br>conciencia, que puede ser compatible con la unidad religiosa de un<br>pueblo \u2013aunque en las circunstancias hist\u00f3ricas actuales sea muy<br>dif\u00edcil por la comunicaci\u00f3n e intercambio de culturas entre las<br>diversas naciones\u2013 y un <i>pluralismo<br>radical,<\/i> incluso<br>conscientemente promovido, que se manifiesta aun en los criterios<br>fundamentales de la convivencia social, que hace muy dif\u00edcil la paz<br>ciudadana y la armon\u00eda en la sociedad.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">El pluralismo sobre cuestiones<br>fundamentales no favorece la vida social y es una consecuencia del<br>pecado y de la imperfecci\u00f3n humana. Y, en este sentido, siempre ser\u00e1<br>un ideal \u2013aunque pueda ser inasequible en las circunstancias<br>actuales\u2013 la libre aceptaci\u00f3n por la mayor\u00eda de un pueblo \u2013como<br>recoge el Concilio Vaticano II en su Decl. <i>Dignitatis<br>Humanae<\/i>\u2013 del \u00abdeber moral<br>de los hombres y de las sociedades para con la verdadera religi\u00f3n y<br>la \u00fanica Iglesia de Cristo\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote58anc\" href=\"#sdfootnote58sym\"><sup>58<\/sup><\/a>.<br>Por esta raz\u00f3n, Pablo VI, en su discurso al Colegio Espa\u00f1ol, en<br>v\u00edsperas de la clausura del Concilio, en presencia de todo el<br>Episcopado de nuestra patria, nos exhortaba a encauzar nuestra unidad<br>religiosa \u00abhacia un <i>dinamismo<br>m\u00e1s profundo,<\/i> para<br>convertirla en un foco m\u00e1s luminoso de irradiaci\u00f3n evang\u00e9lica\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote59anc\" href=\"#sdfootnote59sym\"><sup>59<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">El Episcopado espa\u00f1ol, en su<br>Declaraci\u00f3n Colectiva al final del Concilio, afirm\u00f3 que la libertad<br>religiosa \u00abno se opone&#8230; a la unidad religiosa de la naci\u00f3n\u00bb y<br>que los dos Papas del Concilio \u2013Juan XXIII y Pablo VI \u00abnos han<br>recordado a nosotros, los espa\u00f1oles, que la unidad cat\u00f3lica es un<br>tesoro que hemos de conservar con amor\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote60anc\" href=\"#sdfootnote60sym\"><sup>60<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">La Iglesia en Polonia, que, por raz\u00f3n<br>de la elevaci\u00f3n al supremo pontificado de uno de sus m\u00e1s preclaros<br>hijos \u2013Juan Pablo II\u2013, se presenta en estos momentos como la<br>ciudad \u00ablevantada sobre el monte\u00bb, nos pone de relieve la<br>importancia de la conservaci\u00f3n de la \u00abunidad cat\u00f3lica\u00bb, incluso<br>para la supervivencia en la historia como tal naci\u00f3n.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Es una utop\u00eda pretender que si la<br>cultura, las instituciones y la pol\u00edtica se secularizan<br>radicalmente, se podr\u00e1 mantener viva la fe de la mayor\u00eda del<br>pueblo. Es muy f\u00e1cil teorizar sobre la desmitificaci\u00f3n, sobre la<br>purificaci\u00f3n de la fe, y sobre los defectos del llamado \u00abcatolicismo<br>sociol\u00f3gico\u00bb, sobre los aspectos positivos del fen\u00f3meno de la<br>secularizaci\u00f3n, sobre las virtudes de los cristianos de \u00ab\u00e9lite\u00bb;<br>pero en la pr\u00e1ctica el peligro que se nos presenta es el de una<br>civilizaci\u00f3n en la que Dios est\u00e9 ausente, cerrada totalmente en la<br>inmanencia de valores puramente humanos, que har\u00eda muy dif\u00edcil el<br>desarrollo de la vida religiosa de los f\u00edeles sencillos.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Hemos pasado del \u00abtriunfalismo\u00bb de<br>otros tiempos al derrotismo y al abandono de los que aceptan, sin<br>reacci\u00f3n, que la cultura culmine su giro antropoc\u00e9ntrico hacia un<br>humanismo ateo, ya expl\u00edcitamente \u2013como el ate\u00edsmo marxista\u2013,<br>ya pr\u00e1cticamente como se presenta en ciertas formas de la sociedad<br>occidental posindustrial.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">\u00abEn el fondo \u2013como afirm\u00f3<br>certeramente el Cardenal Dani\u00e9lou\u2013 el gran problema de la Iglesia<br>es hoy \u2013como fue el gran problema del Concilio\u2013 el que, sin<br>destruir nada de lo que constituye los valores de la tradici\u00f3n<br>cristiana, la Iglesia sepa adaptarse a condiciones nuevas de vida, de<br>modo que pueda continuar desarroll\u00e1ndose. Y esto no es, en modo<br>alguno, imposible. Una vez m\u00e1s, ser\u00eda una soluci\u00f3n demasiado f\u00e1cil<br>decir: es inevitable que ma\u00f1ana la masa de los hombres se vuelva<br>atea y que no haya ya pueblo cristiano; y como consecuencia de esa<br>afirmaci\u00f3n cruzarse de brazos. Quiz\u00e1 llegue una situaci\u00f3n en que<br>no haya pueblos cristianos; pero es posible, si ello llega, que sea<br>porque nosotros no hayamos cumplido con nuestro deber y luchado por<br>mantener y desarrollar esos pueblos cristianos que hemos heredado\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote61anc\" href=\"#sdfootnote61sym\"><sup>61<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Pero no podemos permanecer inertes, y<br>mucho menos dedicarnos a lamentaciones est\u00e9riles por un pasado que<br>ya no est\u00e1 en nuestras manos. Urge ponernos a la acci\u00f3n con la<br>seguridad de la esperanza cristiana, con el impulso del amor, con la<br>confianza en las promesas de Jesucristo que atraviesan los siglos de<br>la historia: <i>tened confianza,<br>Yo he vencido al mundo<\/i> (Jn<br>16, 33).<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Hay que empezar de nuevo, sobre la base<br>de una intensa labor de evangelizaci\u00f3n y de catequesis \u2013en todos<br>los niveles\u2013, siguiendo las l\u00edneas pastorales se\u00f1aladas por Juan<br>Pablo II; urge desarrollar una labor profunda de pastoral familiar y<br>social, y de promoci\u00f3n de vocaciones consagradas; hace falta renovar<br>y restaurar las asociaciones de apostolado seglar, con nuevas formas,<br>pero adaptando los m\u00e9todos siempre v\u00e1lidos a las nuevas<br>circunstancias; es indispensable, sobre todo, que los fieles vivan en<br>comuni\u00f3n con sus Pastores, en especial con el Vicario de Cristo, en<br>testimonio de caridad fraterna, con todos y hacia todos, presentando<br>al mundo el signo de unidad, seg\u00fan el deseo supremo del Testamento<br>de Jes\u00fas (Jn 17, 21 )<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote62anc\" href=\"#sdfootnote62sym\"><sup>62<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Las circunstancias actuales nos exigen a<br>los fieles cat\u00f3licos una entrega completa a Dios, elegido como \u00ablo<br>\u00fanico\u00bb de nuestra vida, y a nuestros hermanos por amor a \u00c9l. El<br>Concilio \u2013como afirm\u00f3 el Padre Lombardi\u2013 exige una \u00abmovilizaci\u00f3n<br>de santos\u00bb.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">El Papa Juan Pablo II, en su Enc\u00edclica<br><i>Redemptor Hominis,<\/i><br>se plantea la cuesti\u00f3n de qu\u00e9 hay que hacer, en las proximidades<br>del final del segund\u00f3 milenio de la era cristiana. Y contesta a su<br>pregunta con estas sublimes palabras, que son el resumen de lo que he<br>pretendido exponer a lo largo de este discurso de clausura del<br>Congreso Teol\u00f3gico\u2013Pastoral sobre el Coraz\u00f3n de Jes\u00fas: \u00abSe<br>impone una respuesta fundamental y esencial, es decir, la \u00fanica<br>orientaci\u00f3n del esp\u00edritu, la \u00fanica direcci\u00f3n del entendimiento,<br>de la voluntad y del coraz\u00f3n es para nosotros \u00e9sa: hacia Cristo,<br>Redentor nuestro, hacia Cristo Redentor del hombre. Queremos mirarle<br>a \u00c9l, porque s\u00f3lo en \u00c9l, Hijo de Dios, est\u00e1 la salvaci\u00f3n,<br>renovando la confesi\u00f3n de Pedro: <i>Se\u00f1or,<br>\u00bfa Qui\u00e9n iremos? T\u00fa tienes palabras de vida eterna<\/i>\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote63anc\" href=\"#sdfootnote63sym\"><sup>63<\/sup><\/a>.<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Pidamos a la Sant\u00edsima Virgen, Madre de<br>Cristo y Madre de la Iglesia, que nos introduzca en el Misterio del<br>Coraz\u00f3n de Jesucristo. Y terminemos con aquella invocaci\u00f3n tan<br>querida de la Iglesia primitiva \u2013y con la que el Ap\u00f3stol Juan<br>termin\u00f3 el libro del Apocalipsis\u2013, como una s\u00faplica ardiente por<br>la venida de su Reino entre nosotros:<\/span><br><span lang=\"es-ES-u-co-trad\"><i>Maranath\u00e1.<\/i><br><i>\u00a1Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas!<\/i><br>(Ap 22, 20).<\/span><br><br><br><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote1sym\" href=\"#sdfootnote1anc\">1<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">V\u00e9ase el libro del <\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">P.<br>\tJos\u00e9 Eugenio de Uriarte, S.J.: <\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\"><i>Principios<br>\tdel Reinado del Coraz\u00f3n de Jes\u00fas en Espa\u00f1a,<\/i><br>\tBilbao 1972, especialmente pp. 61 y 62.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote2sym\" href=\"#sdfootnote2anc\">2<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Tomada del Evangelio de San Lucas, 1,<br>\t33.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote3sym\" href=\"#sdfootnote3anc\">3<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">V\u00e9ase O. <\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Cullman,<br>\t<\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\"><i>Les premieres<br>\tconfessions de foi chr\u00e9tienne,<\/i><br>\tcitado por el P. Y. M. <\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Congar,<br>\t<\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">O.P., <i>en<br>\tJesucristo,<\/i> Barcelona 1966,<br>\t145 (nota 1). V\u00e9ase asimismo <i>Actas<br>\tde los M\u00e1rtires,<\/i> texto<br>\tbiling\u00fce, por D. Ruiz Bueno, BAC 75, Madrid 1968, 943.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote4sym\" href=\"#sdfootnote4anc\">4<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">V\u00e9ase <i>Iglesia<br>\ty Secularizaci\u00f3n,<\/i> por J.<br>\t<\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Dani\u00e9lou<br>\t<\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">y C. <\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Pozo<\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">,<br>\tBAC Minor 23, Madrid 1971; y <i>Los<br>\tmovimientos teol\u00f3gicos secularizantes,<\/i><br>\tpor varios autores, BAC Minor 31, Madrid 1973.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote5sym\" href=\"#sdfootnote5anc\">5<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">V\u00e9ase el texto de la enc\u00edclica, en su<br>\ttraducci\u00f3n al espa\u00f1ol, <i>Colecci\u00f3n<br>\tde Enc\u00edclicas y Documentos Pontificios,<\/i><br>\tAcci\u00f3n Cat\u00f3lica Espa\u00f1ola, 4.a ed., Madrid 1955, 113, n\u00famero 11.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote6sym\" href=\"#sdfootnote6anc\">6<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Ib\u00edd., n\u00fam. 12.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote7sym\" href=\"#sdfootnote7anc\">7<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">V\u00e9ase la Const. pastoral <i>Gaudium<br>\tet Spes,<\/i> 36.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote8sym\" href=\"#sdfootnote8anc\">8<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">V\u00e9ase la Decl. <i>Dignitatis<br>\thumanae,<\/i> 1 y 2.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote9sym\" href=\"#sdfootnote9anc\">9<\/a><br>\tV\u00e9anse, entre otros. <span lang=\"en-US\"><i>Radical Theology and the<br>\tDeath of God,<\/i> de <\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"en-US\">Alt\u00edzer<\/span><\/span><span lang=\"en-US\"><br>\ty <\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"en-US\">Hamilton,<br>\t<\/span><\/span><span lang=\"en-US\">trad, espa\u00f1ola. Nopal<br>\t1966; <i>The secular city.<br>\tSecularization and urbanization in theological perspective,<\/i><br>\tpor <\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Harvey<br>\tCox, <\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">New York, traducci\u00f3n<br>\tespa\u00f1ola, Barcelona 1968; la conocida obra del Obispo anglicano<br>\t<\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Robinson;<br>\t<\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\"><i>Honest to God, <\/i>editada<br>\ten espa\u00f1ol por Ariel, Barcelona 1969; La <i>muerte<br>\tde Dios. La cultura de nuestra era poscristiana<\/i><br>\tpor G. <\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Vahanian,<br>\t<\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Barcelona 1968.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote10sym\" href=\"#sdfootnote10anc\">10<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">V\u00e9ase el himno <i>Crudelis<br>\tHerodes,<\/i> in off. Epiph.,<br>\tcit. por P\u00edo XI en la Encl. <i>Quas<br>\tPrimas,<\/i> n\u00fam. 15.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote11sym\" href=\"#sdfootnote11anc\">11<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">V\u00e9ase la citada Declaraci\u00f3n, n\u00fam. 4.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote12sym\" href=\"#sdfootnote12anc\">12<\/a><br>\tV\u00e9ase <span style=\"font-variant: small-caps\">Card. <span lang=\"en-US\">Journet,<\/span><\/span><span lang=\"en-US\"><br>\t<i>L&#8217;Eglise du Verbe Incarn\u00e9. Essai<br>\tde Th\u00e9ologie de l&#8217;Histoire du Salut,<br>\t<\/i>Ed. Descl\u00e9ee de Brouwer<br>\t1969, 264.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote13sym\" href=\"#sdfootnote13anc\">13<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">V\u00e9ase la obra antes citada del<br>\t<\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Cardenal<br>\tJournet, <\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">p. 639s. Y<br>\ttambi\u00e9n el libro antes citado del P. <\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Yves<br>\t<\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">M. <\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Congar,<br>\t<\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">O.P <i>Jesucristo,<br>\tNuestro Mediador, Nuestro Se\u00f1or,<\/i><br>\t143s.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote14sym\" href=\"#sdfootnote14anc\">14<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Merece destacarse la observaci\u00f3n que<br>\thace un te\u00f3logo moderno de que \u00abel t\u00edtulo de Rey aparece en el<br>\tNuevo Testamento casi exclusivamente en el contexto de la pasi\u00f3n\u00bb.<br>\t<\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Manuel<br>\t<\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">M. <\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Gonz\u00e1lez<br>\tGil, <\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\"><i>Cristo, el<br>\tMisterio de Dios. Cristolog\u00eda y Soteriolog\u00eda,<\/i><br>\tBAC 381, Madrid 1976, vol. II, 448.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote15sym\" href=\"#sdfootnote15anc\">15<\/a><br>\t<span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">San<br>\tAgustIn<\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">, <i>De<br>\tCiv. Dei,<\/i> XVIII, 51,2: BAC<br>\t172, 529; PL 41, 614.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote16sym\" href=\"#sdfootnote16anc\">16<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Const. <i>Lumen<br>\tGentium,<\/i> 48, 1.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote17sym\" href=\"#sdfootnote17anc\">17<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Ib\u00edd.<i>,<\/i><br>\t48, 3.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote18sym\" href=\"#sdfootnote18anc\">18<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">V\u00e9ase <i>Obras<br>\tde San Agust\u00edn,<\/i> vol. XVII.<br>\t<i>La Ciudad de Dios,<\/i><br>\tedici\u00f3n preparada por S. Santamarta y M. Fuertes, O.S.A., BAC 172,<br>\tMadrid 1978, p. 137 (lib. XIV, cap\u00edtulo 28).<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote19sym\" href=\"#sdfootnote19anc\">19<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">V\u00e9ase <i>La<br>\tCiudad de Dios,<\/i> ed. cit.<br>\tvol. II, BAC 172, 216 (lib. XV, cap. 26).<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote20sym\" href=\"#sdfootnote20anc\">20<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Const. past. <i>Gaudium<br>\tet Spes,<\/i> 2, 1: Es evidente<br>\tque la palabra \u00abmundo\u00bb, en la Sagrada Escritura y en la tradici\u00f3n<br>\tcristiana, tiene tambi\u00e9n un sentido peyorativo, que se confunde con<br>\tel dominio de Satan\u00e1s. As\u00ed, en el Evangelio de San Juan 17, 14. 15<br>\ty 25; en la primera Ep\u00edstola de San Juan 2, 15-17; 4, 5; 5, 19.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote21sym\" href=\"#sdfootnote21anc\">21<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">V\u00e9ase obra citada en la nota 12, p. 70<br>\ts.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote22sym\" href=\"#sdfootnote22anc\">22<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">V\u00e9ase<i><br>\tGaudium et Spes,<br>\t<\/i>36.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote23sym\" href=\"#sdfootnote23anc\">23<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">V\u00e9ase Y. M. <\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Congar,<br>\t<\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">obra citada en la nota<br>\t13, p. 174.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote24sym\" href=\"#sdfootnote24anc\">24<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Ib\u00edd., p. 174, nota 61.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote25sym\" href=\"#sdfootnote25anc\">25<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">V\u00e9ase el discurso de 20 de febrero de<br>\t1946, a los nuevos Cardenales; y el discurso de 7 de septiembre de<br>\t1955, al X Congreso Internacional de Ciencias Hist\u00f3ricas, en<br>\t<i>Colecci\u00f3n de Enc\u00edclicas y<br>\tDocumentos Pontificios,<\/i> 7\u00aa<br>\ted., Acci\u00f3n Cat\u00f3lica Espa\u00f1ola, Madrid 1967, tomo I, 220-227 y<br>\t528-535, respectivamente.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote26sym\" href=\"#sdfootnote26anc\">26<\/a><span lang=\"en-US\"><br>\tV\u00e9ase Const. pastoral <i>Gaudium<br>\tet Spes,<\/i> 42, 2.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote27sym\" href=\"#sdfootnote27anc\">27<\/a><br>\tIb\u00edd.<\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote28sym\" href=\"#sdfootnote28anc\">28<\/a><br>\tIb\u00edd.<\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote29sym\" href=\"#sdfootnote29anc\">29<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">V\u00e9ase Decreto <i>Apostolicam<br>\tActuositatem<\/i>, 5.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote30sym\" href=\"#sdfootnote30anc\">30<\/a><span lang=\"en-US\"><br>\tConst. pastoral <i>Gaudium<br>\tet Spes,<\/i> 13.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote31sym\" href=\"#sdfootnote31anc\">31<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">V\u00e9anse Const. <i>Lumen<br>\tGentium,<\/i> 36; Prefacio de la<br>\tMisa de Cristo Rey, y Enc\u00edclica <i>Redemptor<br>\tHominis,<\/i> 16.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote32sym\" href=\"#sdfootnote32anc\">32<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">V\u00e9ase Encl. <i>Mystici<br>\tCorporis Christi,<\/i> de S.S.<br>\t<\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">P\u00edo<\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\"><br>\tXII, de 29 de junio de 1943.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote33sym\" href=\"#sdfootnote33anc\">33<\/a><span lang=\"en-US\"><br>\tConst. past. <i>Gaudium<br>\tet Spes,<\/i> 39.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote34sym\" href=\"#sdfootnote34anc\">34<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">V\u00e9anse <i>Evangelii<br>\tnuntiandi<\/i> (n\u00fam. 22), de<br>\t<\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Pablo<br>\t<\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">VI, 8 diciembre 1975, y<br>\tdiscurso de <\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Juan<br>\tPablo <\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">II, en la<br>\tinauguraci\u00f3n de la III Conferencia General del Episcopado<br>\tLatinoamericano, 28 enero 1979 (1, 2).<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote35sym\" href=\"#sdfootnote35anc\">35<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Palabras cit. por Y. M. <\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Congar,<br>\t<\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">O.P. en la <i>obra.<br>\tJesucristo,<\/i> 161. V\u00e9ase nota<br>\t13.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote36sym\" href=\"#sdfootnote36anc\">36<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Encl. <i>Redemptor<br>\tHominis,<\/i> n\u00fam. 19, 6.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote37sym\" href=\"#sdfootnote37anc\">37<\/a><span lang=\"en-US\"><br>\tIb\u00edd., n\u00fam. 19, 7.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote38sym\" href=\"#sdfootnote38anc\">38<\/a><span lang=\"en-US\"><br>\tConst. past. <i>Gaudium<br>\tet Spes,<\/i> 36.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote39sym\" href=\"#sdfootnote39anc\">39<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Existen libros publicados en espa\u00f1ol o<br>\ttraducidos de idiomas extranjeros en donde se recogen con claridad y<br>\tabundante informaci\u00f3n los movimientos secularizantes o<br>\tsecularizadores. V\u00e9anse, entre otros: <i>Iglesia<br>\ty Secularizaci\u00f3n,<\/i> <\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Dani\u00e9lou,<br>\tPozo <\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">y varios autores,<br>\tBAC Minor 23,1971; <i>Los<br>\tmovimientos teol\u00f3gicos secularizantes,<\/i><br>\tpor <\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Aldama<br>\t<\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">y varios, BAC Minor 31,<br>\tMadrid 1973; <i>La aventura de<br>\tla teolog\u00eda progresista,<\/i><br>\tpor <\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Cornelio<br>\tFabro, <\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Ed. Eunsa,<br>\tPamplona 1976; <i>Lecciones<br>\tsobre ate\u00edsmo contempor\u00e1neo, <\/i>por<br>\t<\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Mons.<br>\tJos\u00e9 Guerra Campos, <\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Ed.<br>\t\u00abFe Cat\u00f3lica\u00bb, Madrid 1978. Algunos te\u00f3logos de la \u00abteolog\u00eda<br>\tde la liberaci\u00f3n\u00bb incurren tambi\u00e9n en formas secularistas en sus<br>\tplanteamientos doctrinales y pastorales.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote40sym\" href=\"#sdfootnote40anc\">40<\/a><span lang=\"en-US\"><br>\tV\u00e9anse Const. Lumen Gentium, 25; 37, 2;<br>\tDecl. <i>Apostolicam Actuosltatem<\/i>,<br>\t24, 7; 31, b; y Const. past. <i>Gaudium<br>\tet Spes<\/i>, 42 y 43.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote41sym\" href=\"#sdfootnote41anc\">41<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Decl.<i><br>\tDignitatis Humanae<\/i>,<i><br>\t<\/i>4, 5.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote42sym\" href=\"#sdfootnote42anc\">42<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Encl. <i>Humanae<br>\tVitae,<\/i> 4, 2.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote43sym\" href=\"#sdfootnote43anc\">43<\/a><span lang=\"en-US\"><br>\tV\u00e9ase Const. past. <i>Gaudium<br>\tet Spes,<\/i> 76, 4.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote44sym\" href=\"#sdfootnote44anc\">44<\/a><span lang=\"en-US\"><br>\tEncl. <i>Redemptor<br>\tHominis<\/i>,<i><br>\t<\/i>14,3.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote45sym\" href=\"#sdfootnote45anc\">45<\/a><span lang=\"en-US\"><br>\tV\u00e9ase Const. past. <i>Gaudium<br>\tet Spes,<\/i> 76, 4.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote46sym\" href=\"#sdfootnote46anc\">46<\/a><span lang=\"en-US\"><br>\tIb\u00edd.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote47sym\" href=\"#sdfootnote47anc\">47<\/a><span lang=\"en-US\"><br>\tCf. Const. past. <\/span><i>Gaudium et<br>\tSpes,<\/i> 76, 5.<\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote48sym\" href=\"#sdfootnote48anc\">48<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Cf. la obra cit. del P. <\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Congar,<br>\t<\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\"><i>Jesucristo,<\/i><br>\t184.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote49sym\" href=\"#sdfootnote49anc\">49<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">V\u00e9ase sobre este tema la Ponencia<br>\tpresentada en la III Semana de Teolog\u00eda Espiritual de Toledo, <i>La<br>\tespiritualidad del laico en un mundo secularizado y la reforma de la<br>\tIglesia,<\/i> 202ss., <i>en<br>\tEspiritualidad para un tiempo de renovaci\u00f3n,<\/i><br>\tCentro de Teolog\u00eda Espiritual, Madrid 1978.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote50sym\" href=\"#sdfootnote50anc\">50<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">V\u00e9ase el texto en espa\u00f1ol de ambas<br>\tEnc\u00edclicas, con introducciones y comentarios, en <i>Al<br>\tReino de Cristo por la devoci\u00f3n a su Sagrado Coraz\u00f3n.<\/i><br>\tDocumentos Pontificios, por el P. H. <\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Mar\u00edn,<br>\t<\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">S.J., Publicaciones<br>\tCristiandad, Barcelona 1949, 33-58 y 138-171.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote51sym\" href=\"#sdfootnote51anc\">51<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">V\u00e9ase el texto en espa\u00f1ol de la<br>\tEnc\u00edclica en la ed. citada en la nota anterior.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote52sym\" href=\"#sdfootnote52anc\">52<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Cf. texto en espa\u00f1ol de la Enc\u00edclica<br>\ten la edici\u00f3n de \u00abEl Mensajero del Coraz\u00f3n de Jes\u00fas\u00bb, Bilbao<br>\t1956, 82.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote53sym\" href=\"#sdfootnote53anc\">53<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Ib\u00edd., 72 y 58.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote54sym\" href=\"#sdfootnote54anc\">54<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Cf.<i><br>\tDocumentos colectivos del<br>\tEpiscopado espa\u00f1ol<\/i>:<br>\t<i>1870-1974<\/i>,<i><br>\t<\/i>edici\u00f3n preparada por JESUS<br>\t<\/span><span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Iribarren,<br>\t<\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">BAC 355, Madrid 1974,<br>\t439-440.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote55sym\" href=\"#sdfootnote55anc\">55<\/a><br>\t<span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Juan<br>\tPablo II<\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\"><i>, Mensaje<br>\ta la Iglesia y al mundo<\/i>,<i><br>\t<\/i>17 de octubre de 1978, en<i><br>\tMensaje a la Iglesia de<br>\tLatinoam\u00e9rica, <\/i>Madrid<br>\t1979, BAC Minor 52, 81-114.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote56sym\" href=\"#sdfootnote56anc\">56<\/a><br>\t<span style=\"font-variant: small-caps\"><span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Pablo<\/span><\/span><span lang=\"es-ES-u-co-trad\"><br>\tVI, <i>Homil\u00eda<\/i><br>\tdel 25 de abril de 1968.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote57sym\" href=\"#sdfootnote57anc\">57<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Cf.<i><br>\tApostolicam Actuositatem<\/i>,<i><br>\t<\/i>5 y 13, 1.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote58sym\" href=\"#sdfootnote58anc\">58<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Cf. Decl. <i>Dignitatis<br>\tHumanae,<\/i> 1 y 3.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote59sym\" href=\"#sdfootnote59anc\">59<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Cit. en la <i>Declaraci\u00f3n<br>\tColectiva del Episcopado Espa\u00f1ol,<\/i><br>\tfechada en Roma el 8-XII-1965, sobre el Concilio Vaticano II, y<br>\tpublicada <i>en Documentos<br>\tColectivos del Episcopado Espa\u00f1ol, 1870-1974,<\/i><br>\ted. cit. 369, n\u00fam. 29.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote60sym\" href=\"#sdfootnote60anc\">60<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">Ib\u00edd., 366, n\u00fam. 22.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote61sym\" href=\"#sdfootnote61anc\">61<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\">V\u00e9ase la obra citada en la nota 39,<br>\t<i>Iglesia y secularizaci\u00f3n,<\/i><br>\t41.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote62sym\" href=\"#sdfootnote62anc\">62<\/a><span lang=\"en-US\"><br>\tCf. Const. past. <i>Gaudium<br>\tet Spes,<\/i> 21, 5.<\/span><\/p><br><p class=\"sdfootnote\"><a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote63sym\" href=\"#sdfootnote63anc\">63<\/a><br>\t<span lang=\"es-ES-u-co-trad\"><i>Redemptor Hominis,<br>\t<\/i>7, 1.<\/span><\/p><br><\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada en Valladolid, el 1 de junio de 1979, en el acto de clausura del Congreso Teol\u00f3gico-Pastoral sobre \u00abEl Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, principio y signo de unidad\u00bb. Texto publicado en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, noviembre de 1979. Evocaci\u00f3n Quiero comenzar esta conferencia, que cierra el magn\u00edfico Congreso Teol\u00f3gico-pastoral dedicado al Coraz\u00f3n [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[38],"doc_tag":[],"class_list":["post-776","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-el-corazon-de-cristo"],"year_month":"2026-04","word_count":27303,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. 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