{"id":772,"date":"2024-09-22T19:54:07","date_gmt":"2024-09-22T17:54:07","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=772"},"modified":"2024-09-22T19:54:07","modified_gmt":"2024-09-22T17:54:07","password":"","slug":"el-sagrado-corazon-y-el-ano-santo-pax-et-reconciliatio-nostra","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/el-sagrado-corazon-y-el-ano-santo-pax-et-reconciliatio-nostra\/","title":{"rendered":"El Sagrado Coraz\u00f3n y el A\u00f1o Santo: \u00abPax et reconciliatio nostra\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size wp-block-paragraph\">Discurso pronunciado el 17 de septiembre de 1974 con motivo del Congreso Sacerdotal Internacional, que conmemor\u00f3 el III Centenario de las Apariciones y Revelaciones a Santa Margarita Mana Alacoque. Texto tomado del volumen <em>Il Cuore di Cristo e la Pastorale oggi,<\/em> Roma 1975, 311-344.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El pr\u00f3ximo A\u00f1o Santo producir\u00e1, sin duda, frutos notables en la Iglesia de Dios. Los est\u00e1 produciendo ya en las Iglesias locales en que viene celebr\u00e1ndose. En el alma de muchos sacerdotes se est\u00e1 despertando un vivo anhelo de volver a las fuentes, no en el sentido t\u00e9cnico en que se emplea esta expresi\u00f3n cuando hablamos de cuestiones teol\u00f3gicas o de estructuras de la Iglesia, sino en el de \u00abretorno a la interioridad\u00bb, \u00abrecuperaci\u00f3n del n\u00facleo vital de la fe y la uni\u00f3n con Dios\u00bb. Perdido \u00e9ste, todos nuestros esfuerzos de evangelizaci\u00f3n se quedan en la superficie y no logran transformar los corazones de los hombres mediante una conversi\u00f3n aut\u00e9ntica. Ahora bien, \u00bfa qu\u00e9 queda reducido el Reino de Dios en el mundo si esa conversi\u00f3n no se produce? (cf. Mt 3, 1-2; 4, 4-7; Me 1, 15).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En estos a\u00f1os posconciliares hemos perdido mucho tiempo y muchas energ\u00edas, prendidos en la red de nuestras discusiones reformistas y obedientes m\u00e1s a nuestros criterios humanos, a veces tan viciados y torpes, que a las aut\u00e9nticas llamadas de Dios a trav\u00e9s de su Esp\u00edritu y de la Iglesia. El Papa lo expresaba as\u00ed en noviembre de 1973:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abNo se prest\u00f3, y todav\u00eda no se presta, la suficiente atenci\u00f3n a dos cosas. La primera: que la renovaci\u00f3n, proceso vital y continuo de un organismo viviente como la Iglesia, no puede ser una metamorfosis, una transformaci\u00f3n radical, una infidelidad a los elementos esenciales y perpetuos, cuya renovaci\u00f3n no puede ser otra cosa que reforzamiento, no cambio. La otra: que la renovaci\u00f3n deseada es la interior m\u00e1s que la exterior, como, con palabras siempre actuales, nos advierte San Pablo: <em>Renovaos en el esp\u00edritu de vuestra mente<\/em> (Ef 4, 23)\u00bb. Y este punto lo explica as\u00ed el Santo Padre: \u00abDeb\u00e9is habituaros a pensar seg\u00fan la fe; deb\u00e9is modelar vuestro juicio especulativo y pr\u00e1ctico de acuerdo con Jesucristo, de acuerdo con el Evangelio o, como se suele decir, de acuerdo con el an\u00e1lisis cristiano: tener una mentalidad cristiana, pensar seg\u00fan el concepto que del mundo, de la vida, de la sociedad, de los valores presentes y futuros recibimos de la palabra de Dios. No es f\u00e1cil, pero esto es lo que hay que hacer. Esta reconstrucci\u00f3n de nuestro modo global de sentir, de conocer, de juzgar y, por tanto, de actuar es el programa permanente del cristiano fiel, individualmente considerado, y de la Iglesia en general\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pues bien, este Congreso que nos congrega, en actitud de reflexi\u00f3n y de piedad en torno al Coraz\u00f3n de Cristo, puede ser una contribuci\u00f3n eficaz a esa renovaci\u00f3n interior que el A\u00f1o Santo se propone conseguir. Con esta esperanza he escrito estas p\u00e1ginas, en las que me propongo hablar del Coraz\u00f3n de Jes\u00fas como \u00abnuestra paz y reconciliaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo nos ha sido dado en el Coraz\u00f3n de Cristo. Su amor redentor, el misterio de la vida trinitaria que en \u00e9l se nos revela, su dinamismo inextinguible, lleno a la vez de mansedumbre y de exigencias transformadoras, su fuerza divina para situarnos amorosamente en el camino de la penitencia evang\u00e9lica y la expiaci\u00f3n de nuestros pecados, de toda clase de pecados, nos invitan a pensar que en la medida en que nos acerquemos al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, podremos lograr lo que el Santo Padre proclamaba como objetivo del A\u00f1o Santo con estas palabras:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abTenemos, en primer lugar, necesidad de restablecer relaciones aut\u00e9nticas, vitales y felices con Dios, de ser reconciliados, en la humildad y en el amor, con \u00c9l, a fin de que, de esta primera y constitucional armon\u00eda, todo el mundo de nuestra experiencia exprese una exigencia y adquiera una virtud de reconciliaci\u00f3n, en la caridad y en la justicia, con los hombres, a los que inmediatamente reconocemos bajo el t\u00edtulo reformador de hermanos. En una palabra, la reconciliaci\u00f3n se lleva a cabo en otros planos ampl\u00edsimos y alt\u00edsimos: la misma comunidad eclesial, la sociedad, la pol\u00edtica, el ecumenismo, la paz&#8230;\u00bb<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, realidad en la que<br>el misterio del amor de Dios est\u00e1 presente<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De todos es conocida la gran enc\u00edclica de P\u00edo XII <em>Haurietis aquas, <\/em>sobre el culto y la devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, que es, seg\u00fan \u00e9l, compendio de espiritualidad, por los s\u00f3lidos fundamentos en que se apoya: hablar del Coraz\u00f3n de Jes\u00fas es hablar de la misi\u00f3n salvadora del Redentor, y es la expresi\u00f3n sensible del inabarcable amor de Dios a los hombres. \u00abBeber\u00e9is aguas con gozo en las fuentes del Salvador\u00bb. En las p\u00e1ginas del Evangelio, principalmente, encontraremos la luz, con lo cual, iluminados y fortalecidos, podremos penetrar en el templo de este Divino Coraz\u00f3n y admirar con el Ap\u00f3stol de las gentes las abundantes riquezas de la gracia en la bondad usada con nosotros por amor de Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El adorable Coraz\u00f3n de Jesucristo late con amor divino al mismo tiempo que humano, desde que la Virgen Mar\u00eda pronunci\u00f3 su <em>fiat,<\/em> y el Verbo de Dios, como nota el Ap\u00f3stol, al entrar en el mundo dijo: <em>Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me diste un cuerpo a prop\u00f3sito; holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron. Entonces dije: Heme aqu\u00ed presente. En el principio del libro se habla de m\u00ed. Quiero hacer, \u00a1oh Dios!, tu voluntad.<\/em> Por esta \u00abvoluntad\u00bb hemos sido santificados <em>mediante la oblaci\u00f3n del cuerpo de Jesucristo, que \u00c9l ha hecho de una vez para siempre<\/em> (Hb 10, 5-7. 10). Con amor a\u00fan mayor lat\u00eda el Coraz\u00f3n de Jesucristo cuando de su boca sal\u00edan palabras inspiradas en el amor ardient\u00edsimo: <em>Jerusal\u00e9n, Jerusal\u00e9n que matas a los profetas y apedreas a los que a ti son enviados; \u00a1cu\u00e1ntas veces quise recoger a tus hijos, como la gallina recoge a sus polluelos bajo las alas, y t\u00fa no lo has querido!<\/em> (Mc 23, 37). Pero particularmente se conmovi\u00f3 de amor y de temor su Coraz\u00f3n, cuando ante la hora ya inminente de los cruel\u00edsimos padecimientos y ante la natural repugnancia a los dolores y a la muerte exclam\u00f3: <em>Padre m\u00edo, si es posible, pase de M\u00ed este c\u00e1liz<\/em> (Mt 26, 39). Finalmente, colgado ya en la Cruz el Divino Redentor, es cuando siente c\u00f3mo su Coraz\u00f3n se trueca en impetuoso torrente, desbordado en los m\u00e1s variados y vehementes sentimientos, esto es, de amor ardent\u00edsimo, de angustia, de misericordia, de encendido deseo, de serena tranquilidad, como se nos manifiesta claramente en aquellas palabras tan inolvidables como significativas: <em>Padre, perd\u00f3nales, porque no saben lo que hacen<\/em> (Lc 23, 24); <em>Dios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has desamparado?<\/em> (Mt 27, 46). <em>En verdad te digo: hoy estar\u00e1s conmigo en el para\u00edso<\/em> (Lc 23, 45). <em>Tengo sed<\/em> (Jn 19, 28). <em>Padre, en tus manos encomiendo mi esp\u00edritu<\/em> (Lc 23, 46)<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Coraz\u00f3n de Jes\u00fas designa la realidad en la que el misterio de Dios est\u00e1 presente como cercan\u00eda que nos ama, se compadece de nosotros, exp\u00eda nuestros pecados y se da a S\u00ed mismo en sacrificio. En el Coraz\u00f3n de Cristo sabemos qui\u00e9n ha querido ser Dios para nosotros; en \u00e9l, el enigma al que conduce toda la realidad y sabidur\u00eda del mundo se transforma en misterio de amor y de redenci\u00f3n que nos salva y da la felicidad. Nuestro coraz\u00f3n descansa a la luz de su verdad y de su amor, y en \u00e9l sabemos de la verdadera sabidur\u00eda y del verdadero amor, sin los que todo es pasajero, vano y fugaz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abEl Esp\u00edritu Santo tiene su celda preferida en el ser humano, el coraz\u00f3n (Rm 5, 5). \u00bfQu\u00e9 significa la palabra coraz\u00f3n en el lenguaje b\u00edblico? Ser\u00eda muy largo de definir. Content\u00e9monos ahora con calificar al coraz\u00f3n como el centro \u00edntimo, libre, profundo, personal de nuestra vida interior\u00bb<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>. El coraz\u00f3n es como el s\u00edmbolo central de la persona.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Existen palabras cumbres por su capacidad expresiva, tanto en teolog\u00eda como en filosof\u00eda, o en el sencillo pero intuitivo y penetrante lenguaje popular. La palabra Logos fue para San Juan una de esas expresiones portadoras de la interioridad de su teolog\u00eda. La historia en todos sus \u00e1mbitos forja palabras en las que parece como si quisiera asumir todas las cosas en su unidad. Esto ha ocurrido siempre con la palabra \u00abcoraz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando hablamos del \u00abcoraz\u00f3n\u00bb, como ha dicho Hedwig Conrad-Martius en sus <em>Coloquios Metaf\u00edsicos,<\/em> invocamos lo original del hombre, en el profundo y aut\u00e9ntico sentido de la palabra, en la que todo su ser resume. El coraz\u00f3n es el centro desde el que toda la vida se despliega para volver de nuevo a \u00e9l; todos los caminos de la vida personal parten de \u00e9l y vuelven a \u00e9l. En el coraz\u00f3n aparece como anudada y atada toda la esencia del hombre que se desborda y manifiesta en el cuerpo y en el esp\u00edritu. Al decir \u00abcoraz\u00f3n\u00bb se invoca la unidad de la existencia, la totalidad que se sabe a s\u00ed misma, la interioridad secreta, la fuerza que imprime el dinamismo a toda manifestaci\u00f3n de vida, lo originalmente personal, la intimidad profunda de donde, como dice el Se\u00f1or, sale lo bueno y lo malo. <em>El hombre bueno, del buen tesoro del coraz\u00f3n saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo, porque de la abundancia de su coraz\u00f3n habla su boca<\/em> (Lc 6, 45). Bienaventurados los pobres, los mansos, los misericordiosos, los que tienen hambre y sed de justicia, los que padecen persecuci\u00f3n. Todos necesitamos vitalmente de \u00c9l para ir por el camino recto y sin desfallecer. <em>Venid a M\u00ed todos los que est\u00e1is fatigados y agobiados, y yo os aliviar\u00e9. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de M\u00ed que soy manso y humilde de coraz\u00f3n; y hallar\u00e9is descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera<\/em> (Mt 11, 28-30). Necesitamos de \u00c9l para estar en la verdad y cuando lleguemos a la bienaventuranza, en \u00c9l estar\u00e1 nuestra plenitud.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La reconciliaci\u00f3n que el Se\u00f1or nos ha merecido no consiste s\u00f3lo en quitar el obst\u00e1culo que nos separa de Dios y hace posible la relaci\u00f3n con \u00e9l, sino que nos concede un nuevo coraz\u00f3n para amar, ya que es Cristo quien vive en nosotros. La existencia humana toma por \u00c9l una nueva orientaci\u00f3n y se convierte en una existencia seg\u00fan los designios de su Coraz\u00f3n, en la que s\u00f3lo falta la cooperaci\u00f3n nuestra. Todo el que est\u00e1 unido a Cristo es nueva criatura, porque en el hombre reconciliado con Dios por la sangre del Se\u00f1or ocurre un milagro: renace a una nueva vida que ser\u00e1 su bienaventuranza eterna. <em>Todo el que cree que Jes\u00fas es el Cristo ha nacido de Dios<\/em> (1Jn 5, 1). Por eso el cristiano tiene que renunciar a encontrar su seguridad en \u00e9l mismo, a gloriarse en su obra y propia realizaci\u00f3n, ya que todo lo que es proviene de Dios. Esta es la gran paradoja constante en la teolog\u00eda paulina: todo es nuevo, la nueva criatura, la nueva existencia, la nueva vida, el hombre nuevo, y todo se halla en devenir; en nosotros se siente constantemente la lucha entre lo viejo y lo nuevo, el pecado y la gracia. <em>Revest\u00edos del hombre nuevo, creado seg\u00fan Dios, en la justicia y santidad de la verdad<\/em> (Ef 4, 24).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nuestro propio existencialismo, el que sencilla y cotidianamente vivimos, nos lo grita: no estamos hechos de antemano; nos hemos de recobrar a nosotros mismos y s\u00f3lo llegaremos a ser desde el coraz\u00f3n y el Esp\u00edritu de Dios que nos ama. El saber de Dios atraviesa toda relaci\u00f3n, penetra hasta lo m\u00e1s \u00edntimo y comprende todo hasta la \u00faltima ra\u00edz. Dios nos sabe con saber de amor, aunque nuestro coraz\u00f3n nos acuse, como dice San Juan, Dios es mayor que nuestro coraz\u00f3n. \u00c9l tiene una idea de cada uno de los hombres, una imagen viva, concebida por \u00c9l, confirmada y querida. Detr\u00e1s de la existencia de cada ser humano, por desgraciado, pobre y miserable que sea y se sienta, hay algo que es bueno ante Dios. En nuestra vida, a veces, tan desgarrada y tan torpe, hay algo muy fundamental querido por Dios; detr\u00e1s de todo hay una imagen nuestra en el Coraz\u00f3n de Cristo, en la que est\u00e1 la verdad y la riqueza de nuestro ser. Y cuando los hombres luchamos con su gracia, llega un momento en que encontramos esa imagen nuestra y nos identificamos con ella. Por el amor de Dios nuestra historia es una historia de salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abSi alguien nos preguntara: \u00bfQu\u00e9 es seguro? \u00bfTan seguro que podamos entregarnos a ello a ciegas? \u00bfTan seguro que podamos enraizar en ello todas las cosas? Nuestra respuesta ser\u00e1: El amor de Jesucristo&#8230; La vida nos ense\u00f1a que esta realidad suprema no son los hombres, ni aun los mejores ni los m\u00e1s amados; ni la ciencia, ni la filosof\u00eda, el arte o las otras manifestaciones del genio humano; ni la naturaleza, tan profundamente falaz, ni el tiempo, ni el destino&#8230; No es siquiera Dios sencillamente, puesto que nuestro pecado ha provocado su ira. \u00bfC\u00f3mo sabr\u00edamos, adem\u00e1s,sin Jesucristo lo que hemos de esperar de \u00c9l? S\u00f3lo el amor de Jesucristo es seguro. No podemos decir siquiera: el amor de Dios, porque, a fin de cuentas, s\u00f3lo por medio de Jesucristo sabemos que Dios nos ama. Y aunque lo supi\u00e9ramos sin Cristo, de poco nos servir\u00eda, porque el amor puede ser tambi\u00e9n inexorable y m\u00e1s duro cuanto m\u00e1s noble. S\u00f3lo por Cristo sabemos a ciencia cierta que Dios nos ama y nos perdona. En verdad, s\u00f3lo es seguro lo que se manifiesta en la cruz, la actitud que en ella alienta, la fuerza que palpita en aquel Coraz\u00f3n. Es muy, cierto lo que tantas veces se predica de manera inadecuada: el Coraz\u00f3n de Jes\u00fas es el principio y el fin de todas las cosas. Todo lo restante que est\u00e1 firmemente asentado \u2013cuando se trata de vida o muerte eterna\u2013 s\u00f3lo lo est\u00e1 en funci\u00f3n del Se\u00f1or y gracias a \u00c9l\u00bb<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dios ha entrado en nuestra condici\u00f3n de modo tan real que se ha hecho hombre, uno de nosotros: <em>A quien no conoci\u00f3 pecado, le hizo pecado por nosotros, para que vini\u00e9semos a ser justicia de Dios en \u00c9l <\/em>(2Cor 5, 21). \u00bfQui\u00e9n es el hombre capaz de atisbar c\u00f3mo carga Cristo sobre sus espaldas el destino del mundo? La seriedad y veracidad del amor se manifiesta cuando este amor se hace destino del que ama. El amor de Dios es algo ante lo cual el hombre necesita callar, arrodillarse y adorar. Al tomar Cristo como suya la existencia tal cual es, apur\u00f3 el c\u00e1liz hasta las heces. Se someti\u00f3 a todo por amor, con un coraz\u00f3n humano sensible, con pleno conocimiento. <em>He aqu\u00ed que vengo a hacer tu voluntad<\/em> (Hb 10, 9), y entera libertad: <em>El Padre me ama porque doy mi vida para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente<\/em> (Jn 10, 17-18). Vivi\u00f3 tremendamente como ninguna persona humana puede vivir su existencia en este mundo que el enga\u00f1o y la mentira hab\u00edan robado a Dios, para desde ah\u00ed devolv\u00e9rselo como una nueva criatura. <em>Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza <\/em>(Mt 8, 20). Su mensaje y su existencia no son comprendidos. Sabe de la traici\u00f3n, de la falsedad, de la soledad. Su palabra es mal entendida y mal interpretada, le deforman sus intenciones y acciones, muere en la cruz en la flor de la edad. Y todo ello envuelto en un sufrimiento del que no tenemos idea: la santidad, la verdad, la justicia, el amor viviendo y muriendo en el \u00e1mbito del pecado, de la mentira, de la injusticia y del odio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nuestra vida est\u00e1 sumergida en un nuevo principio: el amor redentor de Dios. La existencia humana, por esta restauraci\u00f3n divina, alcanz\u00f3 una profundidad vital: <em>Les dio poder de hacerse hijos de Dios<\/em> (Jn 1,12).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">EI amor de Dios es el puro abrirse de su coraz\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de toda medida, necesidad y exigencia: <em>En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que \u00c9l nos am\u00f3 y nos envi\u00f3 a su Hijo como propiciaci\u00f3n por nuestros pecados<\/em>(1Jn 4, 10). Cristo ofrece al mundo abrasado en el odio y la mentira, el ego\u00edsmo y el orgullo, una corriente de agua viva cuya fuente est\u00e1 en el coraz\u00f3n de Dios: <em>El que beba del agua que yo le d\u00e9, no tendr\u00e1 sed jam\u00e1s, sino que el agua que yo le d\u00e9 se convertir\u00e1 en \u00e9l en una fuente de agua que brota para la vida eterna<\/em> (Jn 4, 14).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cristo ha visto el mundo desde dentro en funci\u00f3n del coraz\u00f3n y del destino humano; es con toda verdad Se\u00f1or de los corazones y sabedor de las intenciones. \u00c9l se ha conmovido ante el sufrimiento, ha vivido el dolor y la muerte en s\u00ed mismo y en los dem\u00e1s, sabe y conoce a los Zaqueos y a los ad\u00falteros, a los publicanos, a los fariseos, a los que le niegan y abandonan, a los que se le acercan por inter\u00e9s. El coraz\u00f3n y la suerte de cada hombre es para \u00c9l realmente el centro de la creaci\u00f3n, eso es lo que nos pone de manifiesto con sus milagros. Jesucristo se dirige a todos, porque todos necesitan de su redenci\u00f3n. No va a favor de unos o de otros, de lo que el mundo llama poderosos o d\u00e9biles, ricos o pobres; el Se\u00f1or sale en busca del hombre, del hombre que para \u00c9l es siempre un necesitado, y lo coloca ante Dios. <em>No todo el que me diga<\/em>: <em>Se\u00f1or, Se\u00f1or, entrar\u00e1 en el Reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial<\/em> (Mt 7, 21). <em>No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores<\/em> (Mt 9, 13). La salvaci\u00f3n es para los que buscan primero, y por encima de todo, el reino de Dios. Cristo ha arrancado ya al mundo de la mentira y su sombr\u00eda realidad, la vida est\u00e1 ah\u00ed para los que quieran vivirla: <em>Si alguno quiere venir en pos de M\u00ed, ni\u00e9guese a s\u00ed mismo, tome su cruz cada d\u00eda y s\u00edgame. Porque quien quiera salvar su vida la perder\u00e1, pero quien pierde su vida por M\u00ed, \u00e9se la salvar\u00e1 <\/em>(Lc 9, 23).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La verdad ha sido, por decirlo as\u00ed, m\u00e1s que restablecida, porque ha sido realizada de nuevo en la caridad. El amor de Dios se convierte en amor de Padre al enviar a su Hijo para que entrara en la responsabilidad y fraternidad humana y as\u00ed no s\u00f3lo nos perdon\u00f3, sino que nos hizo hijos suyos y coherederos con Cristo, <em>pues no recibisteis un esp\u00edritu de esclavos para recaer en el temor, antes bien, recibisteis un esp\u00edritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar<\/em><em>: <\/em><em>\u00a1Abba! \u00a1Padre! El Esp\u00edritu mismo se une a nuestro esp\u00edritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y si hijos, tambi\u00e9n herederos; herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con \u00c9l para ser tambi\u00e9n con \u00c9l glorificados<\/em> (Rm 8, 15-17).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La misericordia y la miseria, la gracia y el pecado est\u00e1n en la base del mensaje evang\u00e9lico, dijo el Papa en su audiencia general del mi\u00e9rcoles 20 de marzo: \u00abEstos dos puntos constituyen la base del anuncio evang\u00e9lico, del Kerigma cristiano, es decir, de nuestro catecismo; y creemos que encierran en s\u00ed la s\u00edntesis dram\u00e1tica de nuestra salvaci\u00f3n. \u00bfCu\u00e1les son? Una vez m\u00e1s, San Agust\u00edn nos proporciona la f\u00f3rmula, no s\u00f3lo verbal, sino real, humana y teol\u00f3gica, que se sintetiza en estas dos formidables palabras: miseria y misericordia (<em>En.<\/em> <em>in Ps. 32:<\/em> PL, 36, 287). Al decir miseria nos referimos al pecado, tragedia humana que toma cuerpo en la historia del mal, abismo oscuro que precipita en una espantosa ruina. El pecado: de \u00e9l hemos hablado otras veces, y su inquietante presencia retorna continuamente en cada uno de nuestros discursos religiosos y humanos&#8230;\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abHablamos del pecado llamado actual, es decir, del pecado que pone en juego nuestra libertad, nuestra responsabilidad, y que muy a menudo encuentra un acicate en las circunstancias ambientales, desfavorables a la rectitud de nuestro obrar. Ahora bien, precisamente porque somos seres dotados de inteligencia, libres y responsables, sucede que nuestras acciones tienen una repercusi\u00f3n que va m\u00e1s all\u00e1 del c\u00edrculo de nuestra experiencia personal y, se quiera o no, asumen una importancia positiva o negativa, en consonancia con su conformidad o disconformidad con las exigencias del querer divino, en el que nos hallamos sumergidos como el pez en el agua. La inmanencia de la ley moral da dramatismo a nuestra existencia, con la consecuencia de que la infracci\u00f3n grave de esa ley, a la vez que supone objetivamente una intolerable ofensa a Dios, se hace subjetivamente mortal para quien la comete, es decir, se convierte en una autolesi\u00f3n, en una mancha, de la que las opiniones naturalistas, en su intento de reducir el pecado a la dimensi\u00f3n de un simple hecho de ignorancia, de debilidad o de instinto irrefrenable, son incapaces de liberar&#8230;\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abPero nos sale al paso otra verdad distinta; otra suerte le est\u00e1 reservada al hombre, la gracia, un gratuito, omnipotente e inefable designio de Dios: la misericordia. La misericordia divina viene en ayuda de la miseria del hombre. Y ya conoc\u00e9is con qu\u00e9 providencia: <em>Donde abund\u00f3 el pecado sobreabund\u00f3 la gracia<\/em> (Rm 5, 20). Y tambi\u00e9n lo sab\u00e9is, con un amor completamente inesperado: Cristo, el Verbo de Dios hecho hombre, ha asumido en s\u00ed mismo la misi\u00f3n redentora&#8230; Nunca exploraremos lo suficiente este plan redentor en el que se nos revela la infinita bondad de Dios, el amor incomparable de Cristo para con nosotros, la suerte inconmensurable ofrecida a nuestro destino eterno. Entrar dentro de este plan significa para nosotros hacer penitencia, es decir, conocer, aceptar y revivir esta econom\u00eda de salvaci\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 otra cosa puede haber m\u00e1s grande, m\u00e1s necesaria y, en el fondo, m\u00e1s bella, m\u00e1s hermosa y m\u00e1s feliz?\u00bb<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">\u00abLa deseada renovaci\u00f3n de toda la Iglesia depende<br>en gran parte del ministerio de los sacerdotes\u00bb<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Concilio Vaticano II ha afirmado que la deseada renovaci\u00f3n de toda la Iglesia depende en gran parte del ministerio de los sacerdotes<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>. Es que Cristo nos ha confiado a los sacerdotes el ministerio de la paz y de la reconciliaci\u00f3n. <em>La paz con vosotros. Como el Padre me envi\u00f3, Yo os env\u00edo. Dicho esto, sopl\u00f3 sobre ellos y les dijo<\/em>: <em>Recibid el Esp\u00edritu Santo. A quienes perdon\u00e9is los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los reteng\u00e1is les quedar\u00e1n retenidos<\/em> (Jn 20, 21-23). <em>Todo proviene de Dios, que nos reconcili\u00f3 consigo por Cristo y nos confi\u00f3 el misterio de la reconciliaci\u00f3n<\/em> (2Cor 5, 18). Somos ministros de los sacramentos, de la Eucarist\u00eda, rectores del pueblo de Dios, nuestra misi\u00f3n es clara: anunciar a todos la gran realidad de la reconciliaci\u00f3n. <em>Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creaci\u00f3n <\/em>(Mc 16, 15). El Padre envi\u00f3 al Hijo no para condenar al mundo, sino para que por su medio se salvara. <em>Venid conmigo y os har\u00e9 pescadores de hombres<\/em> (Mt 4, 19). El sacerdote es el enviado de Cristo para que hable al mundo la palabra de salvaci\u00f3n y ofrezca el sacrificio redentor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El sacerdote existe para el perd\u00f3n de los pecados y, por tanto, para comunicar la gracia de Dios. Por supuesto, no somos los sacerdotes los que obramos la salvaci\u00f3n, lo hacen los propios hombres y la gracia de Dios. Cristo descendi\u00f3 del cielo a causa de nuestra salvaci\u00f3n, confesamos en el Credo; vino como Redentor que libra del pecado y arranca de ra\u00edz lo que mancha y perturba en el coraz\u00f3n del hombre, lo que impide el amor y la paz, lo que es causa de la injusticia y atropello, y esto es el pecado. Nosotros los sacerdotes de Cristo \u00aben el seguimiento de Aquel que, como Cordero de Dios, en la cruz ha quitado los pecados del mundo, estamos destinados a ocuparnos tem\u00e1ticamente de algo que ser\u00eda mejor pasar en silencio. Y hemos de hacerlo desde lo m\u00e1s \u00edntimo de nuestra existencia. Existimos para el perd\u00f3n de los pecados. Por esta sola raz\u00f3n deber\u00edamos poseer un profundo conocimiento del pecado. Hoy corremos el peligro de desvirtuar la misi\u00f3n de la Iglesia y nuestro propio apostolado, como si estuvi\u00e9ramos aqu\u00ed para decirles a los hombres: \u201cHijos, si obr\u00e1is conforme a nuestras recetas, todo ir\u00e1 bien en el mundo\u201d. Esto es verdad hasta cierto punto. Si los hombres nos hicieran caso, la vida ser\u00eda ciertamente m\u00e1s soportable. Pero, a fin de cuentas, y a pesar de las cuestiones sociales y de la defensa contra el comunismo, nosotros estamos aqu\u00ed, y para toda la eternidad, para que los hombres, por nuestro medio, encuentren su salvaci\u00f3n en Dios. Y un <em>\u201cego te absolvo\u201d<\/em> a un pecado que, desde el punto de vista sociol\u00f3gico, acaso no tiene gran trascendencia, es en realidad m\u00e1s importante que todo cuanto podamos hacer para mejorar la existencia de los hombres. Queda mucho trecho que recorrer hasta obtener este convencimiento, hasta que esta actitud se nos haga carne y sangre, de suerte que vivamos de ella; hasta que el confesonario, la cama del enfermo, la ense\u00f1anza de los ni\u00f1os, el servicio de los pobres, de los retrasados, los inadaptados, nos resulten tan importantes como la docta disertaci\u00f3n, la soluci\u00f3n de los problemas sociales, la pol\u00edtica, el trato con los poderosos de la tierra\u00bb<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El mundo s\u00f3lo se transformar\u00e1 por la transformaci\u00f3n de los hombres, y \u00e9sta solamente se consigue cuando cada hombre se renueva en su interior. La gracia de Dios no es una fuerza f\u00edsica que mueve cosas; se dirige a la persona en concreto, la llama, la despierta y hace que as\u00ed llegue a ser aut\u00e9nticamente ella misma. Cuanto m\u00e1s crece la gracia en la persona, m\u00e1s libre se hace \u00e9sta y m\u00e1s se fortalece su vida propia de hombre con la dignidad que le corresponde. Todo hombre ha de enfrentarse con su propio coraz\u00f3n, con las ra\u00edces de bien y de mal que en \u00e9l haya, con el sufrimiento y el dolor; no les escamoteemos la verdad. Cada uno tenemos que luchar para que las cosas mejoren, y esto es nuestro deber y nuestra responsabilidad; tenemos que vivir haciendo de esto nuestro medio de expiaci\u00f3n. Pero recordemos siempre que lo primero es limpiar nuestro propio coraz\u00f3n. No hay reforma universal, la \u00fanica reforma es la de cada persona. Por eso, la respuesta a la menesterosidad de la existencia no la puede dar el reformador social, ni el cient\u00edfico, ni el pol\u00edtico, ni el fil\u00f3sofo; la respuesta la da la palabra de Dios en el coraz\u00f3n de cada hombre que hace entender el mal, el sufrimiento y la expiaci\u00f3n desde la ra\u00edz. Y de aqu\u00ed procede la paz, porque s\u00f3lo puede venir del acuerdo con la verdad. Esta es la que da al hombre firmeza y solidez. Por esta verdad de su ser frente a Dios, por la que en s\u00ed mismo sabe de su propia maldad y de su propia bondad, cobra conciencia de su dignidad y libertad. La forma m\u00e1s horrible de violencia es aquella en la que se destroza en la persona su conciencia de verdad, porque s\u00f3lo la verdad nos hace ser, y ser libres. Esta limpieza y verdad de coraz\u00f3n que Cristo pide, y a la que va enfocado su mensaje del Reino de los cielos, es aquella por la que el hombre \u00abhace pie\u00bb en s\u00ed mismo, y llega a tener un car\u00e1cter y un camino personal que recorrer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nuestra vida tiene que estar guiada por la fe en la palabra de Dios. Es f\u00e1cil decirlo, ya lo s\u00e9. Lo dif\u00edcil es hacerlo realidad. Es dif\u00edcil obrar, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna y que nos da el Hijo del hombre (cf. Jn 6, 27). Al pasar la mirada por el mundo en general, siempre grita m\u00e1s el mal que el bien, el espect\u00e1culo no ofrece lugar a dudas: la historia a nivel general se mueve por la econom\u00eda y valores puramente materialistas; a nivel personal cada uno busca su provecho. Se expresan ideas m\u00e1s o menos sistematizadas, que en algunos casos parecen querer poner de relieve una val\u00eda y una originalidad que ni siquiera es la que aut\u00e9nticamente escuchan y sienten en su interior los que las manifiestan. El af\u00e1n de poder busca objetivos ego\u00edstas y propios y provoca orgullo, vanidad, odio. Hay una complacencia agria en lo que puede poner en rid\u00edculo a las personas, en propalar lo que les puede quitar la fama. Se subestima el valor de los otros por envidia y resentimiento, y se da a veces una alegr\u00eda enfermiza ante el mal moral de los dem\u00e1s. Gran parte de la propaganda y de los \u00abslogans\u00bb de la sociedad convierte en insensatas las exigencias cristianas o de una determinada forma de consagraci\u00f3n a Dios; y los hombres se consideran como \u00absin sentido com\u00fan\u00bb si siguen fieles a Dios. Est\u00e1n tan enredadas a veces las cosas que los que quieren vivir con fidelidad y honradez tienen la sensaci\u00f3n de ser locos y estar alejados de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero a todos se nos dirigir\u00e1 un d\u00eda la misma pregunta: \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 tu hermano? \u00bfQu\u00e9 has provocado con tus actitudes, con tu vida? \u00bfHas llevado a los hombres a la verdad y a la libertad de su gran dignidad personal de hijos de Dios? La reconciliaci\u00f3n, de la que Cristo nos habla y que nosotros tenemos que predicar, lleva a la audacia de vender todo para lograr la perla preciosa. <em>El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, lo vuelve a esconder y, por la alegr\u00eda que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel. Tambi\u00e9n es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que al encontrar una de gran valor, va, vende lo que tiene y la compra<\/em> (Mt 14, 44-46).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No son compensaciones humanas lo que el sacerdote puede buscar en el cumplimiento de su misi\u00f3n, ni su prestigio, comodidad, miras o ventajas personales. Por ser otro Cristo, mediador entre Dios y los hombres, no puede aspirar a otra vida ni a otro trato mejor del que sufri\u00f3 su Salvador. <em>No est\u00e1 el disc\u00edpulo por encima de su maestro, ni el siervo por encima de su amo. Ya le basta al disc\u00edpulo ser como su maestro, y al siervo como su amo. Si al due\u00f1o de la casa le han llamado Belceb\u00fa, \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s a sus dom\u00e9sticos!<\/em> (Mt 10, 24-25). <em>Acordaos de las palabras que os he dicho: El siervo no es m\u00e1s que su se\u00f1or. Si a m\u00ed me han perseguido, tambi\u00e9n os perseguir\u00e1n a vosotros; si han guardado mi Palabra, tambi\u00e9n guardar\u00e1n la vuestra<\/em> (Jn 15, 20). Se nos ha conferido una potestad espiritual que es ciertamente para la edificaci\u00f3n del Reino de Dios entre los hombres; por ello tenemos que portarnos \u00abno de acuerdo con los principios de los hombres, sino conforme a las exigencias de la doctrina y vida cristianas, ense\u00f1\u00e1ndoles y amonest\u00e1ndolos tambi\u00e9n como a hijos car\u00edsimos, seg\u00fan las palabras del Ap\u00f3stol: <em>Insiste con ocasi\u00f3n y sin ella, reprende, ruega, exhorta con toda paciencia y doctrina<\/em> (2Tim 4, 2)\u00bb<a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El sacerdocio no es una especie de emanaci\u00f3n de los fieles o un poder conferido por la comunidad, es un poder recibido de Dios; el pueblo no puede conferir o delegar un poder que \u00e9l no ha recibido. \u00abS\u00f3lo a los Ap\u00f3stoles y a los que, despu\u00e9s de ellos, han recibido de sus sucesores la imposici\u00f3n de las manos, se ha conferido la potestad sacerdotal; y en virtud de ella, as\u00ed como representan ante el pueblo a ellos confiado la persona de Jesucristo, as\u00ed tambi\u00e9n representan al pueblo de Dios. Este sacerdocio no se transmite ni por herencia ni por descendencia carnal, ni nace de la comunidad cristiana, ni es delegaci\u00f3n del pueblo. Antes de representar al pueblo ante Dios, el sacerdote tiene la representaci\u00f3n del Divino Redentor, y, dado que Jesucristo es la Cabeza de aquel Cuerpo del que los cristianos son miembros, representa tambi\u00e9n a Dios ante su pueblo. Por consiguiente, la potestad que se le ha conferido nada tiene de humano en su naturaleza; es sobrenatural y viene de Dios: <em>Como mi Padre me envi\u00f3, as\u00ed os env\u00edo tambi\u00e9n a vosotros&#8230;, el que os escucha a vosotros, me escucha a m\u00ed&#8230;, id por todo el mundo: predicad el Evangelio a todas las criaturas; el que creyere y se bautizare, se salvar\u00e1\u00bb<a href=\"#sdfootnote9sym\" id=\"sdfootnote9anc\"><sup>9<\/sup><\/a>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No es la comunidad quien debe dar instrucciones al sacerdote, ni \u00e9ste decir las cosas que la comunidad desea o le gusta o\u00edr, porque el fin que \u00abpersigue con su ministerio y vida, es procurar la gloria de Dios en Cristo. Esta gloria consiste en que los hombres reciban consciente, libre y agradecidamente la obra de Dios, acabada en Cristo, y la manifiesten en su vida entera\u00bb<a href=\"#sdfootnote10sym\" id=\"sdfootnote10anc\"><sup>10<\/sup><\/a>. \u00abLos presb\u00edteros del Nuevo Testamento, por su vocaci\u00f3n y ordenaci\u00f3n, son en realidad segregados, en cierto modo, en el seno del pueblo de Dios; pero no para estar separados ni del pueblo mismo ni de hombre alguno, sino para consagrarse totalmente a la obra para que el Se\u00f1or los llama. No podr\u00edan ser ministros de Cristo si no fueran testigos y dispensadores de una vida distinta de la terrena, ni podr\u00edan tampoco servir a los hombres si permanecieran ajenos a la vida y condiciones de los mismos. Su propio ministerio exige por t\u00edtulo especial que no se configuren con este siglo; pero requiere al mismo tiempo que vivan en este siglo entre los hombres y, como buenos pastores, conozcan a sus ovejas y trabajen para atraer a las que no son de este aprisco, para que tambi\u00e9n ellas oigan la voz de Cristo, y se forme un solo aprisco y un solo pastor. Mucho contribuyen a lograr este fin las virtudes que con raz\u00f3n se estiman en el trato humano, como son la bondad de coraz\u00f3n, la sinceridad, la fortaleza de alma y la constancia, el continuo af\u00e1n de justicia, la urbanidad y otras, que el ap\u00f3stol encarece, diciendo: <em>Poned vuestro pensamiento en todo lo que es verdadero, en todo lo puro, en todo lo justo, en todo lo santo, en todo lo amable, en todo lo bien sonante, en cuanto sea virtud, en cuanto merezca alabanza<\/em> (Fil 4, 8)\u00bb<a href=\"#sdfootnote11sym\" id=\"sdfootnote11anc\"><sup>11<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No es el mundo quien debe conformar al sacerdote, es el sacerdote quien debe conformarlo seg\u00fan el esp\u00edritu del Evangelio. La figura del sacerdote siempre ser\u00e1 molesta para todos aquellos que esperan construir su para\u00edso en la tierra o que quieren servir a dos se\u00f1ores. Realmente, no hay m\u00e1s que un problema: \u00abel de saber si Jesucristo se presenta como un testigo de una autenticidad humana y divina tal que tengamos derecho (con una exigencia plenamente l\u00facida y rigurosa, y no en virtud de un golpe de desesperaci\u00f3n o de una actitud de exaltaci\u00f3n) a fundamentar nuestra vida y nuestro pensamiento sobre \u00e9l\u00bb<a href=\"#sdfootnote12sym\" id=\"sdfootnote12anc\"><sup>12<\/sup><\/a>. Y no hay contradicci\u00f3n. Cristo ha venido a salvar a todos los hombres, como ha venido a asumir el hombre todo; no ha venido a sustituir al hombre por otro tipo de hombre, no a rechazar la riqueza humana, sino a integrarla y asumirla para purificarla, liberarla y transfigurarla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tened valor, nos dice el Se\u00f1or, <em>Yo he vencido al mundo<\/em> (Jn 16, 33). Hay ya en el mundo una capacidad infinita de amor, de comprender, de expiar, de servir, de esperar. Ya hemos visto c\u00f3mo se agolp\u00f3 todo en torno a Cristo: asechanzas, odio, mentira, dolor, abandono, desamparo; y \u00c9l no lo esquiv\u00f3. <em>Todo lo podemos en aquel que nos conforta <\/em>(Fil 4, 13), aunque llevemos nuestro tesoro en vasos de barro. Y esto no de un modo fant\u00e1stico, sino real; en nuestro interior va creciendo el hombre nuevo, a pesar de los obst\u00e1culos y fracasos a que nos lleva el hombre viejo. En nosotros est\u00e1 ya la aut\u00e9ntica esperanza que desea vivamente toda la revelaci\u00f3n de los hijos de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No teng\u00e1is miedo, nos dice tambi\u00e9n el Santo Padre Pablo VI, no teng\u00e1is miedo a mantener la propia identidad sacerdotal; con la esperanza en Dios \u00e9ste es un momento generador de toda la restante vitalidad eclesial. La acci\u00f3n salvadora de Dios act\u00faa por medio de instrumentos humanos. \u00abLa desproporci\u00f3n entre las fuerzas humanas y la grandeza de la misi\u00f3n que os ha sido encomendada, justifica esta recomendaci\u00f3n valedera para cualquiera de nosotros que haya recibido la investidura del sacerdocio ministerial. Hoy, adem\u00e1s, ha llegado el momento de repetirla con la m\u00e1s cordial energ\u00eda: \u00a1No tem\u00e1is! Una tentaci\u00f3n caracter\u00edstica de nuestra \u00e9poca ha conseguido penetrar en el coraz\u00f3n del sacerdote: la tentaci\u00f3n polimorfa del temor, de la incertidumbre, de la duda. De la duda sobre s\u00ed mismo, \u00a1parece extra\u00f1o!, sobre la llamada identidad propia, manifestada en muchas cuestiones sutiles, que amenazan con abatir a la v\u00edctima que las ha aceptado como fundadas dentro de su propio esp\u00edritu, como si fuese infundado, anacr\u00f3nico, superfluo, el sacerdocio cat\u00f3lico, y sin objetivo, sin fortuna, su misi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abCiertamente, todos conoc\u00e9is la insidiosa fenomenolog\u00eda de esta posible corrosi\u00f3n interior de la certeza sobrenatural, que el orden sagrado infunde en el ministro fiel: \u00a1Soy sacerdote de Cristo! Cristo me ha elegido y ha tomado posesi\u00f3n de m\u00ed para realizar por mi mediaci\u00f3n su inefable misi\u00f3n de salvaci\u00f3n, con su palabra, con su acci\u00f3n sacramental, con la santa misa especialmente y con la absoluci\u00f3n de los pecados, con el ministerio pastoral y, aunque no fuese con otra cosa, con el sencillo y singular ejemplo de un estilo particular de vida, la vida pura, sacrificada y santa del sacerdote fiel\u00bb<a href=\"#sdfootnote13sym\" id=\"sdfootnote13anc\"><sup>13<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero me pregunto c\u00f3mo ser\u00e1 posible conseguir este equilibrio interior y esta fuerza capaz de cumplir en el mundo con nuestra misi\u00f3n de salvaci\u00f3n, llevando la reconciliaci\u00f3n y la paz, si nosotros, sacerdotes, elegidos por Dios para tal ministerio, no nos sumergimos en las profundidades del Coraz\u00f3n de Cristo Redentor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta es la \u00e9poca en que la Iglesia ha abierto su coraz\u00f3n al mundo m\u00e1s que nunca. La Constituci\u00f3n Pastoral <em>Gaudium et spes<\/em> es toda ella como un inmenso latido del coraz\u00f3n de una Iglesia que comprende, se sacrifica y ama. Pero \u00bfqu\u00e9 coraz\u00f3n puede tener la Iglesia si no es el Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, de Cristo, nuestro Hermano y nuestro Dios?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y aqu\u00ed viene la paradoja: cuando m\u00e1s hablamos del amor de la Iglesia al mundo menos pensamos sobre el Coraz\u00f3n de Cristo, y menos predicamos sobre el culto y la devoci\u00f3n comprometida y sacrificada que debemos a ese s\u00edmbolo adorable del amor que reconcilia y da paz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No encuentro explicaci\u00f3n adecuada para este triste y desconcertante fen\u00f3meno m\u00e1s que el naturalismo que invade, en gran parte, nuestra acci\u00f3n pastoral. El amor al mundo que nosotros los sacerdotes hemos de predicar y vivir es un amor redentor. Y no hay otra redenci\u00f3n m\u00e1s que la de Cristo. En todas las \u00e9pocas de la historia, nosotros, los ministros del Evangelio, hemos corrido el peligro de olvidarnos de la vida interior y de sucumbir a las mil tentaciones de la tierra: el poder temporal, las riquezas, los honores que ciegan, la sensualidad, el orgullo institucional. Pero nunca como ahora se nos ha presentado con tanta apariencia de generosidad evang\u00e9lica el olvido del misterio de Dios y de su vida trinitaria, tal como se nos revela en el Coraz\u00f3n de Cristo. De la secularidad leg\u00edtima hemos pasado al secularismo, de la religi\u00f3n a la pol\u00edtica, del amor al hombre al olvido del amor a Dios, de la afirmaci\u00f3n de la dignidad personal a la autosuficiencia arrogante y soberbia. \u00bfPor qu\u00e9 estos excesos? Ni una sola palabra del Concilio autoriza tales desviaciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Coraz\u00f3n de Jes\u00fas y el culto y la devoci\u00f3n al mismo, tal como el Magisterio de la Iglesia lo ha expuesto, nos apremian y nos llevan a un amor puro y sacrificado al mundo y a las necesidades de los hombres, y a la vez nos librar\u00e1n a los sacerdotes, en nuestra acci\u00f3n pastoral, de todo desorden, por exceso o por defecto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Iglesia deber\u00e1 empe\u00f1arse ciertamente en cuanto sea ayuda evang\u00e9lica al hombre para liberarse de las esclavitudes que le oprimen, pero igualmente deber\u00e1 ofrecerle la luz y la gracia para pedir perd\u00f3n de sus miserias, para entender y recibir el sacramento de la penitencia, para no perder el sentido del pecado personal, para expiar sus faltas aceptando el misterio de la cruz, para no reducir el programa del Evangelio a la lucha contra las injusticias sociales. La consagraci\u00f3n interior de la vida, seg\u00fan el estado de cada uno, al Coraz\u00f3n de Cristo, y la reparaci\u00f3n y desagravio por nuestros pecados y por los de todo el mundo, son exigencias cristianas hoy como ayer, que aparecen constantemente en la teolog\u00eda de San Pablo. No podemos olvidar este mensaje, so pena de vaciar el cristianismo de su propia interioridad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Recientemente, me escrib\u00eda un ilustre catedr\u00e1tico de Historia de una universidad espa\u00f1ola: \u00abCreo que, en otras \u00e9pocas de la historia, la perversi\u00f3n moral, la degradaci\u00f3n de las costumbres, el olvido de Dios, han podido darse con caracteres semejantes a los que ahora padecemos. Lo que resulta in\u00e9dito, por desdicha, es que lo que siempre se consider\u00f3 como lacra o como pecado, se eleve a categor\u00eda de liberaci\u00f3n y de progreso. El hecho de que el hombre se sienta inerte y sin razones para encontrar el verdadero camino. Esa indefensi\u00f3n, esa inmersi\u00f3n en su propia materia, en el propio mundo de pasiones, como \u00fanica realidad v\u00e1lida \u2013algo que compruebo todos los d\u00edas en torno a m\u00ed\u2013 nos produce y me produce a m\u00ed un inmenso pesimismo. Nos ha dejado Dios de la mano. Frente a cada raz\u00f3n exprimida a favor de lo que parec\u00eda consustancial con el cristianismo, con el sentido cristiano de la vida, se alzan otras a millares para defender una presunta libertad o liberaci\u00f3n del hombre. S\u00e9 que me comprende, pero basta leer un libro como el que usted me env\u00eda para corregir el mal. Me estremece la inmensa responsabilidad de cuantos entienden su ministerio sagrado como un est\u00edmulo o como una negaci\u00f3n: un est\u00edmulo hacia la violencia o una negaci\u00f3n del est\u00edmulo para la reforma interior. En la lucha por la redenci\u00f3n social, en que todo parece justificado, se ha olvidado la clave esencial de toda actuaci\u00f3n: la redenci\u00f3n del propio esp\u00edritu\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La Iglesia de Cristo,<br>sacramento de caridad y esperanza<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo que se nos ofrece a nosotros, y lo que nosotros hemos de ofrecer al mundo es Cristo, nuestra esperanza como realizaci\u00f3n del amor y de la misericordia de Dios. Todos los encuentros de Cristo que nos narra el Evangelio son promesa de esperanza: Cristo dice a Nicodemo: <em>Porque tanto am\u00f3 Dios al mundo que dio a su Hijo \u00danico, para que todo el que crea en \u00c9l no perezca, sino que tenga vida eterna<\/em> (Jn 3, 16). Y a Zaqueo: <em>Hoy ha llegado la salvaci\u00f3n a esta casa, porque tambi\u00e9n \u00e9ste es hijo de Abraham, pues el Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido<\/em> (Lc 19, 9-10). Y a la ad\u00faltera: <em>Tampoco yo te condeno, vete y en adelante no peques m\u00e1s<\/em> (Jn 8, 11). Y a Mar\u00eda, la hermana de L\u00e1zaro: <em>Yo soy la resurrecci\u00f3n y la vida. El que cree en m\u00ed, aunque muera vivir\u00e1, y todo el que vive y cree en m\u00ed no morir\u00e1 jam\u00e1s. \u00bfCrees esto?<\/em> (Jn 11, 25-26); y as\u00ed continuamente en su paso por nuestro mundo. S\u00f3lo \u00c9l nos da a comprender con toda verdad lo que son y tienen que ser el amor y la esperanza en nuestra vida. Si el combate es dif\u00edcil, no es de ninguna manera porque el mal sea m\u00e1s fuerte que Dios o imposible de vencer, sino porque nuestro coraz\u00f3n humano no quiere dejarse aleccionar y no se arroja con fe a vivir de la palabra y de la vida de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cristo es mensajero del gozo: <em>Os he dicho esto, para que mi gozo est\u00e9 en vosotros, y vuestro gozo sea colmado<\/em> (Jn 15, 11). Todo el Nuevo Testamento nos invita a este gozo que brota de la conciencia de saberse queridos, salvados, esperados para darnos una herencia que es nuestra felicidad segura. En las Bienaventuranzas, que encierran lo que ha de ser la vida del cristiano, irrumpe una realidad sagrada y sublime, estalla una gozosa plenitud. El hombre tiene que abrir su coraz\u00f3n y su mente, tiene que liberarse de lo que le ata a su ego\u00edsmo y exigencias puramente materialistas y terrenas. Lo que toca y palpa no es lo \u00fanico y esencial; ni tampoco \u00e9l se basta a s\u00ed mismo. Las Bienaventuranzas, \u00ablos que se escandalizan no son los \u00fanicos que las interpretan mal. Les acompa\u00f1an los que reflexionan poco y, encontr\u00e1ndolas naturales, las aceptan sin vivirlas espiritualmente; los mediocres, que pretenden encubrir su propia debilidad subrayando las exigencias impuestas por las Bienaventuranzas; los mezquinos beatos, que, so pretexto de religiosidad, desprecian los valores del mundo. El \u00fanico que interpreta rectamente estas palabras es aquel que conserva serenamente las ideas que se ha formado acerca de cuanto es grande en el mundo, pero que comprende, al mismo tiempo, que todo es peque\u00f1o, impuro y decadente ante todo lo que viene del cielo\u00bb<a href=\"#sdfootnote14sym\" id=\"sdfootnote14anc\"><sup>14<\/sup><\/a>. Bienaventurados, bienaventurados&#8230; Cristo lo repite, porque \u00c9l sabe de verdad d\u00f3nde est\u00e1 el gozo, la alegr\u00eda y la bienaventuranza del ser humano: <em>Os dejo la paz, os doy mi paz; no os la doy como la da el mundo&#8230; \u00a1Ay de vosotros, los ricos!; porque hab\u00e9is recibido vuestro consuelo. \u00a1Ay de vosotros, los que ahora est\u00e1is hartos!; porque tendr\u00e9is hambre. \u00a1Ay de los que ahora re\u00eds!; porque tendr\u00e9is aflicci\u00f3n y llanto. \u00a1Ay, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!; porque de ese modo trataron sus padres a los falsos profetas<\/em> (Lc 6, 24-26). <em>Yo<\/em> \u2013repito las palabras del Se\u00f1or\u2013, <em>os dejo la paz, os doy mi paz, no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro coraz\u00f3n, ni se acobarde<\/em> (Jn 14, 27). La paz y la bienaventuranza de que Cristo nos habla son posteriores a la lucha. \u00c9l quiere que destruyamos la paz que emana de la conformidad del mundo consigo mismo, de los ego\u00edsmos satisfechos, de los corazones embotados. El mundo pretende bastarse a s\u00ed mismo y as\u00ed nunca encontrar\u00e1 la paz. Dios es el Dios de la paz porque es el Dios de la verdadera liberaci\u00f3n y de la bondad. <em>Dios no es un Dios de confusi\u00f3n, sino de paz<\/em> (1Cor 14, 33).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cristo es la gran realidad de la vida y nuestra esperanza. Tenemos que vivir alegres con la alegr\u00eda del Se\u00f1or Resucitado. Su reino es reino de justicia, de verdad, de paz y de amor. <em>Soy el Primero y el Ultimo, el que vive; estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la Muerte y del Hades<\/em> (Ap 1, 17-18). Ya vive en la eternidad, pero todo cuanto ha sucedido est\u00e1 en \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Parece como si los hombres pudieran hacer lo que es contrario a la voluntad de Dios, y que la historia obedece exclusivamente a su voluntad aut\u00f3noma. Pero el Se\u00f1or sigue siendo el Se\u00f1or de la Historia y vela por ella. Nos sabe y nos conoce, su vara y su cayado nos confortan. Siempre es y ser\u00e1 el Buen Pastor. \u00a1Qu\u00e9 grandeza la imagen del Se\u00f1or muerto y resucitado que se nos da en el Apocalipsis! Cristo, que todo lo sostiene, lo gobierna, que abre lo secreto, que reconcilia todas las cosas en Dios, que manifiesta su potencia y serenidad. Todo sucede all\u00ed bajo la mirada de Dios. S\u00f3lo el Cordero puede abrir y cerrar el libro de la vida. Se palpa y respira la adoraci\u00f3n de la humanidad abierta a Dios, reconoci\u00e9ndole como el \u00danico que realmente existe. La figura del Se\u00f1or es tan grande que rebasa todos los l\u00edmites. Existe antes de todo y es anterior a todo; Primog\u00e9nito antes de toda creaci\u00f3n. Cristo es la mano creadora del Padre. Al leer el Apocalipsis parece que escuchamos la voz del Se\u00f1or<em>. Ahora, Padre, glorif\u00edcame T\u00fa, junto a Ti, con la gloria que ten\u00eda a tu lado antes que el mundo fuese. He manifestado tu Nombre a los que me has dado sac\u00e1ndolos del mundo. Tuyos eran y T\u00fa me los has dado; han guardado tu Palabra. Ahora saben ya que todo lo que me has dado viene de Ti; porque yo les he comunicado lo que T\u00fa me comunicaste<\/em> (Jn 17, 5). Cristo no nos ha ense\u00f1ado una verdad, sino que \u00c9l es la verdad que atrae y cobija todo sobre s\u00ed. Es necesario orar, orar mucho, mucha oraci\u00f3n personal que nos empapa en toda esta esperanza y en todo este amor de Dios. Ir haciendo nuestra esa riqueza inmensa del Nuevo Testamento, meditar y leer con los ojos puestos en Cristo toda la espera del Antiguo. S\u00f3lo la oraci\u00f3n esponjar\u00e1 nuestra alma en el gozo y la alegr\u00eda del Se\u00f1or, en ella se recuperan las fuerzas, se tonifica el coraz\u00f3n. Adoremos al Se\u00f1or. Un hombre adorando con todo su ser es la m\u00e1xima expresi\u00f3n de grandeza humana, porque el hombre al inclinarse as\u00ed ante Dios est\u00e1 en la verdad y en la libertad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cristo es nuestra paz, porque nos transmite su Esp\u00edritu, es nuestra paz porque es nuestra reconciliaci\u00f3n, nuestro bien, nuestra plenitud. El cristiano es el hombre de la esperanza y del amor. Esto es una gran realidad y s\u00f3lo en la medida en que vivamos de ello estaremos en la verdad. Y en la medida en que tengamos actitudes derrotistas, nos estamos haciendo incapaces de llevar a Dios a un mundo que le necesita y le busca mucho m\u00e1s de lo que pensamos. El cristiano es hombre de esperanza, porque su aut\u00e9ntica alegr\u00eda no puede ser fruto de lo que hoy es y ma\u00f1ana desaparece. Su alegr\u00eda nace del interior y no es consecuencia del \u00e9xito o del bienestar. Cuando el Evangelio nos narra las tentaciones de Cristo en el desierto nos est\u00e1 poniendo de manifiesto la total carencia de importancia que tiene para Cristo el bienestar material, el \u00e9xito o el triunfo. Cristo transforma los corazones para que en su interior aniden la bondad y la verdad, no transforma las piedras en panes. \u00a1Qu\u00e9 poco ser\u00eda el hombre si s\u00f3lo <em>fuera<\/em> su \u00e9xito, su triunfo, su alegr\u00eda externa, su satisfacci\u00f3n ante el bienestar! Somos mucho m\u00e1s que todo eso. Nuestro ser interior no tiene que estar a merced de circunstancias buenas o adversas, de las opiniones, de los juicios e interpretaciones. Nuestro ser est\u00e1 en la verdad interna de la vida, en ese \u00abhacer pie\u00bb en nosotros mismos, que es la realidad de nuestra intimidad, verdad, libertad, responsabilidad, en nuestro ser de hijos de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando miramos al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, dentro de todo este contexto del que venimos hablando, miramos el signo del misterio que rige y abarca nuestra vida: interioridad, unidad, expiaci\u00f3n, salvaci\u00f3n, misericordia, esperanza, amor. \u00c9l ha de <em>habitar por la fe en nuestros corazones, para que, arraigados y cimentados en el amor, podamos comprender con todos los santos cu\u00e1l es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que nos vayamos llenando hasta la total plenitud de Dios<\/em> (Ef 3, 17-19). Este es el Hombre-Dios que de verdad nos ha amado, que no ha escamoteado dolor, sufrimiento ni muerte, <em>que todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta<\/em> (1Cor 13, 7).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La paz y la alegr\u00eda que produce esta esperanza, encuentra su sentido exacto en la idea de Providencia: todo coopera al bien de los que sirven a Dios. La Providencia consiste en que Dios nos ama y nos salva y nosotros creemos y esperamos en ese amor y salvaci\u00f3n busc\u00e1ndole en todo y por encima de todo. El Se\u00f1or acept\u00f3 lo que le aconteci\u00f3, con la conciencia de que todo estaba enviado por el Padre y \u00c9l quer\u00eda cumplir su voluntad. Todo en su vida, muerte y resurrecci\u00f3n se convirti\u00f3 en medio y expresi\u00f3n de amor a Dios y a los hombres. Guardini insiste constantemente en sus libros en la idea de la Providencia, que \u00e9l la hace arrancar de las palabras de Cristo: <em>Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os dar\u00e1n por a\u00f1adidura<\/em> (Mt 6, 33). Palabras que son la puesta en marcha de la acci\u00f3n. El Se\u00f1or nos viene hablando en los vers\u00edculos anteriores al citado, del amor y del cuidado que Dios tiene sobre nosotros; si a las aves del cielo y a las hierbas del campo as\u00ed cuida, mucho m\u00e1s a nosotros que somos hijos suyos; ya sabe nuestro Padre todo lo que necesitamos. Y acaba con esas palabras: <em>Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os dar\u00e1n por a\u00f1adidura.<\/em> La Providencia tiene lugar en la medida enque el hombre busca el Reino de Dios, y precisamente antes que nada porque a esa luz lo ver\u00e1 todo. El hombre entra as\u00ed en una nueva relaci\u00f3n que le hace situarse en la perspectiva de la fe y de la esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde un punto de vista externo ocurren las mismas cosas en la vida de los hombres, est\u00e1n en parecidos ambientes y situaciones; pero no desde su interior y, por tanto, desde la respuesta que dan. Todo lo que nos sucede tiene su punto cumbre en el coraz\u00f3n del hombre, en su interioridad, como hemos venido diciendo. No perciben los mismos intereses, ni las mismas impresiones el soci\u00f3logo, el artista, el empresario, el contemplativo. La disposici\u00f3n de cada uno realiza una selecci\u00f3n: unas se aceptan, de otras se prescinde, se determina cu\u00e1les son las m\u00e1s importantes ante las que hay que sacrificar lo que sea. Tambi\u00e9n las dificultades, los contratiempos, los sufrimientos act\u00faan de diferente forma en las personas. En fin, esto ocurre en todos los niveles; no tiene la misma idea de la vida el que s\u00f3lo anhela satisfacer sus intereses y miras personales que el que ha hecho de la suya una entrega y un servicio a los dem\u00e1s, no pueden ver la misma significaci\u00f3n a lo que sucede, no pueden darle el mismo sentido, ni vivirlo de la misma forma. La vida no se configura desde fuera, sino que nos la configuramos cada uno de nosotros desde dentro; por eso sucede que, seg\u00fan sea nuestro interior, as\u00ed vemos las cosas. Hacemos una estructura de la vida de \u00edndole tan peculiar y personal que es tambi\u00e9n la estructura de nuestro destino.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed, la Providencia \u2013dice Guardini\u2013 tiene lugar en la medida en que el hombre busca el Reino de Dios. Surge del coraz\u00f3n de Dios hacia el hombre que se abre a su promesa y cree en su palabra por encima de todo. Entra en un acuerdo con Dios, como Cristo hizo con la voluntad del Padre, hacia el que orienta su destino. La libertad del hombre se enlaza con lo que Dios quiere y surge un mundo nuevo (la criatura nueva, el hombre nuevo del que habla San Pablo), el Reino de Dios. Dios act\u00faa en todas partes, pero de un modo creativo distinto a trav\u00e9s de la libertad del hombre, de su coraz\u00f3n, de sus intenciones. Esta es la nueva creaci\u00f3n, el acuerdo entre la voluntad de Dios y la libertad del hombre. Y realmente en torno a estas personas surge una nueva forma de vida, en ella no rige la violencia, ni el desconcierto, ni el ego\u00edsmo, ni la necesidad, ni cualquier otra cosa en la que podamos pensar, rige la Providencia, que es amor a la voluntad de Dios y esperanza firme en Cristo; se ha hecho el Reino de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Iglesia, la de siempre, la de hoy y la de ayer, es el sacramento de Jesucristo, y por esto es sacramento de caridad y de esperanza. Amemos a la Iglesia como donaci\u00f3n hecha por Cristo por el misterio divino que nos comunica el perd\u00f3n que siempre nos ofrece, la vida interior que nos descubre. Ya sabemos, como dice el Concilio Vaticano II, que peregrina entre luces y sombras, pero estas sombras \u00bfno son precisamente las sombras de nuestro coraz\u00f3n, del coraz\u00f3n humano que lucha para que venga a \u00e9l el Reino de Dios? Deseemos ardientemente, quer\u00e1moslo y hagamos cada uno lo que est\u00e9 de nuestra parte para que el ministerio sacerdotal sea realmente lo que Cristo y la Iglesia esperan de \u00e9l; un misterio de salvaci\u00f3n lleno de la fe y de la esperanza que alegran el coraz\u00f3n humano, y vivido en la m\u00e1s sincera caridad hacia Dios y hacia los hombres.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Conclusi\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Resumir\u00eda todo cuanto he dicho en las siguientes proposiciones:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>1\u00aa.<\/strong> El A\u00f1o Santo se propone alcanzar un doble objetivo, que no es nuevo, sino permanente, ofrecido a todo el que cree en el Evangelio: renovaci\u00f3n interior y reconciliaci\u00f3n con Dios y con los hombres. Al fin y al cabo, \u00e9ste ha sido tambi\u00e9n el programa del Concilio Vaticano II.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>2\u00aa.<\/strong> De esta renovaci\u00f3n hasta las ra\u00edces y de esta reconciliaci\u00f3n tan exigente, el hombre es incapaz si no tiene dentro de s\u00ed una fuerza que no es de este mundo. Pero precisamente es lo que tiene como cristiano, una fuerza, una vida nueva dada por el amor de Dios Padre, manifestada en el Hijo Encarnado, continuamente vivificada por el Esp\u00edritu Santo. El s\u00edmbolo de esta acci\u00f3n trinitaria, que es fuerza y vida, est\u00e1 y reside en el Coraz\u00f3n de Cristo, que por lo mismo merece ser amado y adorado. La Iglesia, con su palabra, sus sacramentos y su acci\u00f3n pastoral, no tiene otra misi\u00f3n m\u00e1s que facilitarnos la cercan\u00eda de Dios, d\u00e1ndonos la filiaci\u00f3n divina por medio de Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>3\u00aa.<\/strong> Esta incorporaci\u00f3n nuestra a la vida divina en el misterio de su amor nos ofrece, como dones del Esp\u00edritu Santo, el gozo y la esperanza, indispensables para vivir en la paz y para poder comunicarla a los hombres con fidelidad al Evangelio, puesto que no se trata de la paz que da el mundo, sino de la que \u00c9l, Jes\u00fas, nos ha dejado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>4\u00aa.<\/strong> Siendo esta paz un don del Coraz\u00f3n de Cristo Redentor, y dado que nuestra misi\u00f3n es ofrecer al mundo esa paz como fruto de la vida divina, encontraremos nuestra identidad sacerdotal precisamente en su Coraz\u00f3n, por lo cual nuestra acci\u00f3n pastoral en el A\u00f1o Santo y siempre no podr\u00e1 prescindir del culto y la devoci\u00f3n, es decir, del amor al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>5\u00aa.<\/strong> He ah\u00ed por qu\u00e9 el mensaje de Paray-le-Monial tiene renovada actualidad. Porque nunca se podr\u00e1 amar dignamente al Coraz\u00f3n de Cristo sin encontrarnos dentro de \u00c9l con la imperiosa exigencia divina de amar a los hombres como hermanos. Toda la inspiraci\u00f3n interna de la <em>Gadium et Spes<\/em> se nutre de un alimento \u00fanico, amor al mundo para llevarle a su plenitud, la salvaci\u00f3n en Cristo de las personas y las cosas creadas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>6\u00aa.<\/strong> En esta acci\u00f3n pastoral de amor al mundo tenemos que ser humildes y pobres ofreciendo lo que cada uno podamos cada d\u00eda con esperanza y con amor, empezando por amar a la propia Iglesia Santa de Cristo y a todo cuanto ella nos ense\u00f1a, porque de lo contrario no habr\u00e1 paz ni reconciliaci\u00f3n interior en el seno de la Iglesia, y si no la hay en la Iglesia mal podremos conseguirla en el coraz\u00f3n del mundo. El mensaje de Paray-le-Monial nos habla de sacrificio personal, de vida individual comprometida, de reparaci\u00f3n propia, de dedicaci\u00f3n total de nuestros afectos, de oblaci\u00f3n plena de cada uno de nosotros, sin lo cual la continua apelaci\u00f3n a la reforma de las estructuras, las denuncias prof\u00e9ticas, las increpaciones contra las injusticias sociales, etc\u00e9tera \u2013siendo, como pueden ser, necesarias\u2013, corren el riesgo de reducirse a reivindicaciones sin amor, a acusaciones demag\u00f3gicas, o a un mero combate terrestre sin trascendencia evang\u00e9lica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>7\u00aa.<\/strong> Pueden cambiar el lenguaje y determinadas expresiones, pero no el contenido sustancial de un culto y una devoci\u00f3n que cuenta con tres siglos de existencia y ha sido mil veces bendecida por la Iglesia, porque sus ra\u00edces fundamentales pertenecen al mismo Evangelio. Depuradas las expresiones en lo que deben depurarse, pensemos que, si se ama a Cristo, en el amor se encontrar\u00e1 gozo y consuelo, y Cristo fue el primero que en su existencia terrestre ofreci\u00f3 su amistad y la dulce mansedumbre de su Coraz\u00f3n a lo largo de la Iglesia, en la que \u00c9l vive, y puede el Se\u00f1or renovar sus dones para aliviar las almas fatigadas de los hombres. Ser\u00e1n la propia Iglesia con su Magisterio y la santidad ejemplar de los instrumentos elegidos quienes nos garanticen la fiabilidad de la promesa renovada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>8\u00aa.<\/strong> Lo m\u00e1s triste que nos podr\u00eda suceder es que en el A\u00f1o Santo no nos atrevi\u00e9ramos a hablar de santidad, quiero decir: que por miedo o respeto humano ante la contestaci\u00f3n, dej\u00e1ramos que se pierda en la penumbra del olvido y las incomprensiones una devoci\u00f3n que el pueblo necesita. Necesita \u00e9sta y otras que la Iglesia ha aprobado. La religi\u00f3n de Jes\u00fas no es s\u00f3lo para peque\u00f1os grupos, es para el pueblo, para la masa inmensa de los creyentes o de los que a tientas buscan a Dios. Es la muchedumbre de los pobres que no tienen otro consuelo m\u00e1s que el de sentir confianza en un Dios que les ama. Somos nosotros los responsables de presentar debidamente y con toda dignidad los caracteres y exigencias de esta devoci\u00f3n. Y a lo que no tenemos derecho nunca es a privar al pueblo de algo que para el pueblo ha sido instituido o aprobado. Mal servicio prestaremos al ecumenismo si disimulamos o encubrimos de manera vergonzante nuestras propias creencias. Como igualmente dejar\u00edamos de ayudar a la juventud si nos limitamos a decir que los j\u00f3venes de hoy son as\u00ed, de \u00e9ste o de otro modo, en una simple constataci\u00f3n sociol\u00f3gica. Es necesario decirles tambi\u00e9n c\u00f3mo deben ser, con paciencia, sin arrogancia, pero con la clara firmeza de quien ofrece convicciones que nacen del Evangelio del Se\u00f1or. As\u00ed obr\u00f3 Jes\u00fas con los j\u00f3venes y con los adultos. Unos y otros estaban entre los que le oyeron predicar las bienaventuranzas. Les ped\u00eda todo, y apenas exig\u00eda nada para dejarles acercarse a \u00c9l. A cada paso nos dice el Evangelio: \u201ccon ocasi\u00f3n de un gran concurso de gentes, habi\u00e9ndose reunido una gran muchedumbre, etc.\u201d. \u00c9l buscaba al pueblo y a todos predicaba, y despu\u00e9s vendr\u00eda la transformaci\u00f3n de las conciencias que hab\u00edan recibido la semilla en tierra buena. Era su Coraz\u00f3n redentor el que obraba as\u00ed. Y lo mismo sigue obrando hoy el adorable y bendito Coraz\u00f3n de Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Pablo VI, Discurso, anunciando el A\u00f1o Santo de 1975, en la audiencia general del mi\u00e9rcoles 9 de mayo de 1973.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> P\u00edo XII, <em>Haurietis aquas,<\/em> 17, 18-19.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> Pablo VI, Discurso en la audiencia general del mi\u00e9rcoles 6 de junio de 1973.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> R. Guardini, <em>El Se\u00f1or,<\/em> II, Madrid<sup>6<\/sup> 1965, 175.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> Pablo VI, Audiencia general del mi\u00e9rcoles 20 de marzo de 1974.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> Decreto <em>Optatam totitus,<\/em> proemio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> K. Rahner,<em>Meditaciones sobre los Ejercicios de San Ignacio,<\/em>Barcelona 1970. 34-35.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> Decreto <em>Presbyterorum ordinis<\/em>, 6.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote9anc\" id=\"sdfootnote9sym\">9<\/a> P\u00edo XII. <em>Mediator Dei,<\/em> 13.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote10anc\" id=\"sdfootnote10sym\">10<\/a> Decreto<em>Presbyterorum ordinis,<\/em>2.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote11anc\" id=\"sdfootnote11sym\">11<\/a> <em>Ib\u00edd.,<\/em> 3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote12anc\" id=\"sdfootnote12sym\">12<\/a> J. Dani\u00e9lou,<em>La fe de siempre y el hombre de hoy<\/em>,Madrid 1969, 93<em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote13anc\" id=\"sdfootnote13sym\">13<\/a> Pablo VI, Homil\u00eda en la misa de la festividad de la Epifan\u00eda, 6 de enero de 1973.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote14anc\" id=\"sdfootnote14sym\">14<\/a> R. Guardini, <em>El Se\u00f1or,<\/em> I, Madrid<sup>6<\/sup> 1965, 132-133.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Discurso pronunciado el 17 de septiembre de 1974 con motivo del Congreso Sacerdotal Internacional, que conmemor\u00f3 el III Centenario de las Apariciones y Revelaciones a Santa Margarita Mana Alacoque. Texto tomado del volumen Il Cuore di Cristo e la Pastorale oggi, Roma 1975, 311-344. 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