{"id":770,"date":"2024-09-22T19:50:34","date_gmt":"2024-09-22T17:50:34","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=770"},"modified":"2024-09-22T19:50:56","modified_gmt":"2024-09-22T17:50:56","password":"","slug":"del-corazon-del-hombre-al-corazon-de-cristo","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/del-corazon-del-hombre-al-corazon-de-cristo\/","title":{"rendered":"Del coraz\u00f3n del hombre al Coraz\u00f3n de Cristo"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Carta pastoral, del 22 de octubre de 1969, con motivo de la festividad de Cristo Rey, publicada en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Barcelona,<\/em> octubre 1969. Texto tomado del volumen <em>Creo <\/em><em>en <\/em><em>la Iglesia,<\/em> Madrid 1974, BAC 341, 127-144.<\/p>\n\n\n\n<p>La proximidad de la fiesta lit\u00fargica de Cristo Rey me ha movido a escribir esta carta pastoral, que os dirijo con honda fe en el Se\u00f1or y con el deseo de que pueda servir para su gloria y para la paz de nuestras almas.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando tantas cuestiones y problemas se agitan hoy en la vida de la Iglesia \u2013tambi\u00e9n en nuestra Iglesia diocesana\u2013, estimo que es necesario levantar nuestra mirada hacia horizontes m\u00e1s altos y se\u00f1alar, por elevaci\u00f3n, el lugar de encuentro y el punto de partida indispensable para nuestro trabajo apost\u00f3lico.<\/p>\n\n\n\n<p>Como los ap\u00f3stoles en la noche de la \u00faltima cena, hemos de volver a sentarnos en torno al Se\u00f1or, dispuestos a reclinar nuestra cabeza junto a su Coraz\u00f3n, que sigue latiendo en la Iglesia. Obrando as\u00ed, no tenemos nada que perder y s\u00ed mucho que ganar con respecto a las dem\u00e1s actividades, preocupaciones y tensiones de esta hora.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi reflexi\u00f3n se va a centrar exclusivamente en una idea: la de que el homenaje mejor que hoy podemos ofrecer a Jesucristo Rey es examinarnos todos sobre c\u00f3mo vivimos el culto y la devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Cristo. \u00bfPor qu\u00e9 no hablar de estos temas tan importantes para nuestra fe y nuestra piedad cristiana? \u00bfPor qu\u00e9 tantos y tan pesados silencios, que parecen fruto de una cobard\u00eda colectiva?<\/p>\n\n\n\n<p>Deseoso, por mi parte, de no incurrir en ella, os ofrezco, queridos diocesanos, esta carta pastoral y os pido que la medit\u00e9is y la difund\u00e1is cuanto sea posible. <em>Del coraz\u00f3n del hombre al Coraz\u00f3n de Cristo:<\/em> as\u00ed la he titulado, queriendo significar con ello que <strong>el reinado de Jesucristo en el mundo y en la sociedad humana pasa por el coraz\u00f3n de cada uno de nosotros<\/strong>. Hace a\u00f1os \u00e9ramos m\u00e1s ampulosos al hablar de estas cuestiones. Se hablaba del reinado de Cristo en la sociedad, en el arte, en la ciencia y la cultura, en el progreso social, en la vida pol\u00edtica de los pueblos&#8230; Y no es que faltasen argumentos serios, tomados de la revelaci\u00f3n y del magisterio de los papas, para poder hablar as\u00ed. Pero, sin querer, los mejores acentos se nos iban en proclamaciones innegables de los derechos de Cristo y en actos p\u00fablicos exteriores y ruidosos, con los cuales nos content\u00e1bamos y a veces nos enga\u00f1\u00e1bamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy, con lenguaje conciliar y m\u00e1s modesto, preferimos hablar de animaci\u00f3n cristiana del orden temporal. En el fondo es lo mismo, porque no hay animaci\u00f3n cristiana del mundo si Cristo no reina en \u00e9l con su verdad y justicia, con su gracia, con su amor y su paz. No es que hayan de excluirse las proclamaciones p\u00fablicas, que tienen su valor propio y su justificaci\u00f3n merecida, sino que ellas solas, sin la \u00edntima adhesi\u00f3n de cada uno, favorecer\u00edan un exteriorismo vac\u00edo y formulista. Cada cristiano debe entrar en el interior de su propio coraz\u00f3n, y ah\u00ed levantar al Se\u00f1or un trono humilde y personal consistente en su propia conversi\u00f3n. Entonces se facilitar\u00e1 el reinado de Cristo en la sociedad en la medida en que es posible lograrlo seg\u00fan el plan de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Se da tambi\u00e9n la circunstancia de que en este a\u00f1o que corre se ha conmemorado el cincuentenario de la consagraci\u00f3n de Espa\u00f1a al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas. Al discurrir sobre este hecho, descubriremos f\u00e1cilmente las razones en que descansan las afirmaciones anteriores. Intent\u00e9moslo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Consagraci\u00f3n de Espa\u00f1a al Coraz\u00f3n de Cristo en 1919<br>y su renovaci\u00f3n actual<\/h2>\n\n\n\n<p>En mayo de este a\u00f1o, los obispos espa\u00f1oles hicimos p\u00fablica una <em>Exhortaci\u00f3n<\/em> colectiva en que, despu\u00e9s de recordar la consagraci\u00f3n de Espa\u00f1a al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas en 1919, invit\u00e1bamos a renovarla ahora, en la fecha en que se cumpl\u00eda el cincuentenario de la misma. El documento del episcopado era un modelo de sobriedad y exactitud en la exposici\u00f3n de motivos doctrinales, en la referencia al pasado y en la declaraci\u00f3n de prop\u00f3sitos respecto al presente.<\/p>\n\n\n\n<p>Reflexionando sobre ese doble hecho, el de la consagraci\u00f3n conmemorada y el de la renovaci\u00f3n de la misma, brotan espont\u00e1neamente consideraciones muy aleccionadoras.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">\u00bfQu\u00e9 ocurri\u00f3 entonces en el Cerro de los \u00c1ngeles?<\/h3>\n\n\n\n<p>En 1919, la mayor parte de los espa\u00f1oles de hoy no hab\u00edan nacido. El rey, jefe entonces del Estado, recit\u00f3 la f\u00f3rmula de la consagraci\u00f3n. All\u00ed estaban presentes los ministros de su Gobierno y muchos espa\u00f1oles que, f\u00edsicamente asociados al acto o intencionalmente adheridos, confesaban su fe con gozo y esperanza. Pero \u00bfestaba Espa\u00f1a entera? No.<\/p>\n\n\n\n<p>Faltaba una inmensa porci\u00f3n de la vida espa\u00f1ola, la que no quer\u00eda ni pod\u00eda consagrarse, o porque rechazaba expresa o t\u00e1citamente la significaci\u00f3n del acto, o porque, aunque lo admitiera, viv\u00eda demasiado lejos de lo que significan el Coraz\u00f3n y el amor de Cristo para consagrarse a \u00c9l sinceramente. Muchos no quer\u00edan consagrar su pensamiento, su voluntad, su esfuerzo, en el campo de las actividades pol\u00edticas, sociales, profesionales, familiares o meramente personales, que prefer\u00edan desarrollar al margen o en contra de lo que el acto significaba. Otros, aunque consintieran en la consagraci\u00f3n, real y v\u00e1lidamente pod\u00edan consagrar poco, porque no era \u00abconsagrable\u00bb un sentido cristiano de la vida pol\u00e9mico, excluyente, superficial, falto de justicia y de amor, incapaz de admitir lealmente las obligaciones de hermandad que hab\u00edan de surgir entre los habitantes de un pa\u00eds que se consagra al Coraz\u00f3n de Cristo. Falt\u00f3, pues, aquel d\u00eda una inmensa porci\u00f3n del pueblo espa\u00f1ol.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero estuvo presente otra, por lo menos tan grande como la anterior, que s\u00ed quer\u00eda y pod\u00eda consagrarse. Estaba compuesta por tantas y tantas personas humildes y honradas que, desde todos los rincones de la Pen\u00ednsula, sin necesidad de presencia f\u00edsica muchos de ellos, volvieron los ojos al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas y quisieron consagrarle muchos amores y muchos sufrimientos, lo que m\u00e1s vale en la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n estuvo presente la Iglesia de Espa\u00f1a. El cardenal primado, arzobispos y obispos, el nuncio apost\u00f3lico de Su Santidad, sacerdotes, religiosos, religiosas y todos los espa\u00f1oles a cuya presencia de signo positivo me he referido antes, que eran miembros del Pueblo de Dios, aunque no se usaba entonces esta terminolog\u00eda. Pero \u00bfera la Iglesia entera de Espa\u00f1a? No. Faltaron tambi\u00e9n muchos cat\u00f3licos que no quer\u00edan consagrarse porque, aunque hab\u00edan recibido el bautismo y no hab\u00edan renegado de la fe, viv\u00edan muy alejados o eran hostiles a aquel catolicismo, del que no acertaban a comprender lo que, seg\u00fan ellos, era una contradicci\u00f3n entre las hermosas f\u00f3rmulas del amor proclamado y la triste realidad de las carencias y privaciones que ellos padec\u00edan. Esa parte de Iglesia estaba ausente aquel d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Como tambi\u00e9n falt\u00f3 la real y v\u00e1lida consagraci\u00f3n de quienes, aun presentes f\u00edsicamente o emocionalmente adheridos, consagraban sentimientos en lugar de decisiones, pasajeras vibraciones del esp\u00edritu en lugar de prop\u00f3sitos recios de vida cristiana m\u00e1s aut\u00e9ntica y profunda.<\/p>\n\n\n\n<p>Aun as\u00ed, al igual que he dicho al hablar de Espa\u00f1a como naci\u00f3n, tambi\u00e9n se consagr\u00f3 de verdad, en aquella fecha y en los a\u00f1os siguientes, una porci\u00f3n inmensa de la Iglesia espa\u00f1ola, compuesta por obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, familias cat\u00f3licas, j\u00f3venes innumerables de colegios, escuelas y asociaciones, que, obedientes a lo que se les dec\u00eda desde el p\u00falpito o en el confesonario, consagraban su anhelo de vivir sin pecado, su esperanza en los misterios de la fe, sus costumbres, su lucha y su ejemplo bueno. Y entre ellos tambi\u00e9n los humildes y los pobres. \u00a1Cu\u00e1ntos miles de familias cristianas pobres y desvalidas, hijos de la Iglesia de Espa\u00f1a, han ido consagrando al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas lo mejor que ten\u00edan, su fe, y lo \u00fanico que les quedaba, su paciencia cristiana!<\/p>\n\n\n\n<p>Apenas hubo un templo de ciudad o de aldea en que no apareciese un predicador de novenas o triduos en honor del Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, predicaciones que no se reduc\u00edan en su eficacia a repartir detentes o a imponer escapularios de cinta roja.<\/p>\n\n\n\n<p>Hubo much\u00edsimos hogares consagrados al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas en que no s\u00f3lo hab\u00eda una estampa a la puerta o una imagen en la mejor habitaci\u00f3n, sino madres de familia espl\u00e9ndidas, y padres y hermanos, que vivieron la devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas con una piedad conmovedora. Y hubo millares de sacerdotes benem\u00e9ritos en todas las di\u00f3cesis y en todos los seminarios y noviciados que, a pesar de las oraciones y plegarias llenas de dulc\u00edsimos superlativos, alimentaron la piedad y la fe de sus fieles orient\u00e1ndola hacia el Coraz\u00f3n de Cristo por los caminos de una asc\u00e9tica recia y exigente que florec\u00eda en espiritualidad muy viva.<\/p>\n\n\n\n<p>Al recordar ese pasado, no es l\u00edcito despreciar nada ni a nadie. Merecen el mayor respeto los que nos precedieron en ese trabajo apost\u00f3lico, que dio como frutos evidentes: amor a la vida de la gracia, pr\u00e1ctica de las virtudes y esperanza de la vida eterna. Si no se prest\u00f3 la debida atenci\u00f3n a otros aspectos, lo vemos m\u00e1s claro ahora, no entonces. La culpa no fue de esas mujeres devotas o de esas familias cristianas, y ni siquiera de aquellos sacerdotes. Fue de todos a la vez; de toda la Iglesia, de toda la naci\u00f3n y de todo el ambiente de la \u00e9poca. De quien desde luego no fue, es del Coraz\u00f3n de Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p>Han pasado cincuenta a\u00f1os desde entonces. Mucha agua bajo los puentes, muchas l\u00e1grimas en los ojos, mucha sangre en las manos. Lleg\u00f3 un d\u00eda en que la imagen del Coraz\u00f3n de Jes\u00fas del Cerro de los \u00c1ngeles fue fusilada y el monumento destrozado. Pienso que aquellas balas sacr\u00edlegas, disparadas por un odio inconsciente, intentaban fusilar, tanto o m\u00e1s que a una imagen y a lo que para ellos significaba, un modo de vivir y pensar en la Iglesia y la naci\u00f3n espa\u00f1ola que se hab\u00eda revelado incapaz de solucionar a tiempo el grav\u00edsimo problema que todos padec\u00edamos. Fue, sin duda, horrible profanaci\u00f3n y sacrilegio. Pero fue tambi\u00e9n triste reflejo de muchas otras profanaciones anteriores cometidas d\u00eda tras d\u00eda por quienes, como espa\u00f1oles o como cat\u00f3licos, pospusieron la ley del amor a la de sus ego\u00edsmos.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La consagraci\u00f3n, renovada ahora<\/h3>\n\n\n\n<p>Cuando en mayo de este a\u00f1o, en un acto p\u00fablico de parecida solemnidad, aunque m\u00e1s discreto que el de entonces, se renov\u00f3 la consagraci\u00f3n de Espa\u00f1a al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, surgi\u00f3 inevitablemente la pregunta: \u00bfPor qu\u00e9? \u00bfQu\u00e9 valor puede tener esto? La respuesta es f\u00e1cil.<\/p>\n\n\n\n<p>Es cierto que ni Espa\u00f1a es hoy lo que era entonces, ni la Iglesia espa\u00f1ola es la misma de anta\u00f1o. Podemos decir, en t\u00e9rminos generales, que han cambiado muchas cosas en una evoluci\u00f3n m\u00e1s favorable y positiva. No obstante, sigue pesando sobre nuestra conciencia el deber de procurar una mayor armon\u00eda entre la vida pr\u00e1ctica de cada uno y la p\u00fablica profesi\u00f3n de nuestra fe, entre el orden social existente y el sentido cat\u00f3lico en que quiere inspirarse, entre el deseo de justicia y de paz y el aborrecimiento del pecado, que destruye toda paz y toda justicia aut\u00e9nticas.<\/p>\n\n\n\n<p>La consagraci\u00f3n ahora renovada no era un acto superfluo. Estaba justificada, porque quer\u00eda ser, como escrib\u00edamos los obispos espa\u00f1oles en nuestra <em>Exhortaci\u00f3n<\/em> colectiva, una p\u00fablica profesi\u00f3n de fe, hoy m\u00e1s necesaria que nunca; un acto de adoraci\u00f3n a Cristo Rey, triunfador de la muerte y del pecado; un testimonio visible de unidad fraternal; un anhelo de fidelidad al Se\u00f1or, que busca el perfeccionamiento de nuestras vidas y nuestras costumbres; una reparaci\u00f3n de nuestros pecados contra Dios y contra los hombres; una manifestaci\u00f3n de gratitud a Dios, por parte de la comunidad espa\u00f1ola, por los beneficios que nos ha otorgado, tanto en las horas de prosperidad como en los tiempos de prueba.<\/p>\n\n\n\n<p>No otra cosa se pretend\u00eda. Que ello se consiga o no, o que se logre en mayor o menor proporci\u00f3n, depender\u00e1 de la buena voluntad de todos, de la sinceridad en el deseo y el prop\u00f3sito de la voluntad seria de cooperar a las llamadas de la gracia de Dios. Las apelaciones a Dios y a Jesucristo, su enviado; los ofrecimientos y consagraciones, tanto en el \u00e1mbito privado de cada uno como en la vida p\u00fablica de los pueblos, se quedan, por lo general, muy lejos de lo que el deseo proclama. Pero no por eso dejan de hacerse. Tambi\u00e9n cuando rezamos el padrenuestro damos expresi\u00f3n a actitudes religiosas fundamentales con las que nuestra vida dista mucho de estar conforme; pero seguimos diciendo humildemente que sea santificado su nombre y que se haga su voluntad as\u00ed en la tierra como en el cielo. Los pueblos, como tales, tambi\u00e9n deben rezar, manifestar su confianza en Dios, pedir perd\u00f3n por sus pecados.<\/p>\n\n\n\n<p>Y no es l\u00edcito despreciar tales manifestaciones por el hecho de que no se logren tan r\u00e1pida e intensamente como quisi\u00e9ramos las transformaciones colectivas deseadas. No exigimos tanto en ning\u00fan orden de cosas de la vida. Si el Se\u00f1or fuera tan riguroso con cada uno de nosotros, dif\u00edcilmente le quedar\u00eda a nadie el recurso de acudir a su bondad.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Nuestra respuesta en Barcelona<\/h2>\n\n\n\n<p>En nuestra di\u00f3cesis hemos procurado responder a esta llamada del episcopado, que l\u00f3gicamente hab\u00eda de encontrar eco en la ciudad del Tibidabo. Mi conciencia pastoral me hace pensar que, en esta hora de la Iglesia, necesitamos imperiosamente reavivar el culto al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas y no incurrir en cobardes silencios ni en abandonos nocivos al Pueblo de Dios que nos est\u00e1 encomendado. La Junta diocesana que se constituy\u00f3 para promover en la di\u00f3cesis las celebraciones del cincuentenario ha trabajado diligentemente. Recordamos los actos habidos en Santa Mar\u00eda del Mar, en la santa iglesia catedral y en el mismo templo del Tibidabo como particularmente expresivos de una actitud religiosa que merece alabanza. \u00bfPodemos decir que con ellos hemos cumplido ya lo que se nos ped\u00eda? Ciertamente, no. Si a ello nos limit\u00e1ramos, dar\u00edamos la impresi\u00f3n de que busc\u00e1bamos m\u00e1s el acto p\u00fablico que la meditaci\u00f3n provechosa, la solemnidad exterior m\u00e1s que la renovaci\u00f3n interna, la actualizaci\u00f3n forzada por encima de la permanencia de lo profundo y lo sencillo.<\/p>\n\n\n\n<p>Es muy de desear que, a partir de ahora hasta el pr\u00f3ximo mes de junio de 1970, desarrollemos todos un programa ordenado de ense\u00f1anza doctrinal y de culto fervoroso al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas con la oportuna proclamaci\u00f3n externa, para mejor est\u00edmulo de todos, y con el discreto silencio de la piedad sencilla, para que cale hondo en las almas el valor religioso de este culto, y el de la meditaci\u00f3n sobre sus insondables riquezas para la vida cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>La Junta promotora, constituida hace unos meses, debe reanudar sus trabajos y facilitar con sus orientaciones todo cuanto pueda contribuir al logro de los fines se\u00f1alados. Deber\u00eda dirigirse a los se\u00f1ores p\u00e1rrocos y rectores de iglesias, a los directores de escuelas y colegios, a las diversas asociaciones religiosas existentes, y de modo particular a los hospitales, cl\u00ednicas y dem\u00e1s casas de sufrimiento y de dolor, ofreci\u00e9ndoles iniciativas, ideas y ayudas para que puedan organizarse actos de culto, consagraciones personales y colectivas, triduos y semanas de oraci\u00f3n y predicaci\u00f3n que permitan recordar y exponer la doctrina de la Iglesia sobre el culto al Sagrado Coraz\u00f3n, su actualidad perenne, su fecundidad singular\u00edsima y su concreta oportunidad hoy para fortalecer los cimientos hondos de la paz y la convivencia religiosa de todos los que formamos parte de la familia cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>Pido a dicha Junta que se esfuerce por realizar dicho trabajo de manera sencilla y realista, pero s\u00f3lidamente doctrinal, poniendo a disposici\u00f3n de aquellas personas e instituciones a quienes haya de dirigirse, libros, folletos, hojas y guiones escritos que permitan comprender f\u00e1cilmente las razones invariables que apoyan la necesidad de este trabajo apost\u00f3lico. Nunca como ahora hemos hablado tanto de comunidad cristiana, y nunca han existido tantos g\u00e9rmenes de divisi\u00f3n, tantas contradicciones y divergencias, tantos afanes personalistas de marcar los rumbos de la piedad cristiana, olvid\u00e1ndonos de los dem\u00e1s y atentos \u00fanicamente al propio criterio. Algo est\u00e1 fallando en la Iglesia de hoy, y es la humilde conciencia de nuestros pecados de toda clase y la fe en el amor de Dios y de Cristo, \u00abhorno ardiente de caridad\u00bb en el que pueden y deben quemarse nuestras diferencias.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">De manera sencilla y realista<\/h3>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 queremos decir al hacer esta precisi\u00f3n? Al menos, lo siguiente:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>1\u00ba.<\/strong> Que, reconociendo que ha habido expresiones externas defectuosas en el culto y en las maneras de hablar sobre el Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, se corrijan esos defectos, pero no se destruya el contenido sustancial que el culto y la doctrina encierran.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>2\u00ba.<\/strong> Que se responda con aclaraciones serias, sin pol\u00e9micas ni asperezas, a las dificultades que suelen oponerse, para lo cual tanto puede ayudar, aparte de otros documentos pontificios, la enc\u00edclica <em>Haurietis aquas,<\/em> de P\u00edo XII, con los comentarios que a la misma han hecho diversos autores.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>3\u00ba.<\/strong> Que se haga ver la relaci\u00f3n estrech\u00edsima que tiene el culto al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas con la sagrada Eucarist\u00eda, centro y quicio fundamental de la vida cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>4\u00ba.<\/strong> Que se insista sin cesar en que el culto sincero al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas y nuestra consagraci\u00f3n a \u00c9l exigen de nosotros un compromiso constante de velar por el cumplimiento de toda justicia en la vida personal, familiar y social.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>5\u00ba.<\/strong> Que, no obstante esto, no se reduzca el horizonte del culto exclusivamente al af\u00e1n de transformar las condiciones sociales de la vida de los hombres aqu\u00ed abajo, porque atender solamente a esto ser\u00eda desnaturalizar la doctrina de la Iglesia y caer en el extremo contrario.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>6\u00ba.<\/strong> Que, por lo mismo, se haga ver qu\u00e9 es lo m\u00e1s caracter\u00edstico de la devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas teol\u00f3gicamente hablando, y por ello lo que va a la ra\u00edz de la transformaci\u00f3n de la persona, sin la cual no hay renovaci\u00f3n de la sociedad. Precisando m\u00e1s, diremos que es esencial en el culto al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas:<\/p>\n\n\n\n<ol style=\"list-style-type:lower-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Reflexionar sobre el amor que Dios nos tiene.<\/li>\n\n\n\n<li>Corresponder con el nuestro al suyo, am\u00e1ndole a \u00c9l y a los hombres, incluso a nuestros enemigos, para cumplir cada vez mejor el mandato nuevo, y llegando hasta la consagraci\u00f3n de nosotros mismos, en una entrega y donaci\u00f3n total que nos haga vivir, a imitaci\u00f3n de Cristo, el deseo de cumplir en todo momento la voluntad de Dios.<\/li>\n\n\n\n<li>Reparar por los pecados nuestros y de los dem\u00e1s, humildemente atentos a un deber de expiaci\u00f3n que incumbe de manera particular a los cristianos, solidarios de Cristo, nuestro Pont\u00edfice santo, en sus dolores y en su sacrificio.<\/li>\n\n\n\n<li>No perderse en consideraciones poco indicadas cuando se habla al pueblo sencillo. Los fieles entienden de sobra que el que ama a Cristo amar\u00e1 a su Coraz\u00f3n, \u00abs\u00edmbolo de su inmensa caridad hacia los hombres\u00bb, y no disocian ni separan el coraz\u00f3n de la persona de Cristo, sino que comprenden que todo lo que se ofrece al Coraz\u00f3n divino se ofrece propia y verdaderamente al mismo Cristo, como afirma Le\u00f3n XIII en la enc\u00edclica <em>Annum sacrum.<\/em><\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p><strong>7\u00ba.<\/strong> Que, con el fin de que el ideal de consagraci\u00f3n y reparaci\u00f3n no se reduzca a la mera recitaci\u00f3n de f\u00f3rmulas hechas, insistan los sacerdotes y los educadores de la fe en la necesidad de la oraci\u00f3n, la caridad y la penitencia, actitudes que deben acompa\u00f1ar y brillar siempre con luz intensa en todo aquel que de verdad desee unirse con Cristo y vivir prendido de \u00c9l en la intimidad sagrada de su Coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>8\u00ba.<\/strong> Por \u00faltimo, que con humilde decisi\u00f3n y valent\u00eda, esto es, sin miedo alguno, hablemos todos, y prediquemos a los fieles, y les exhortemos a practicar la devoci\u00f3n y el culto al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, tal como la Iglesia lo desea. Que sepamos seguir hablando, con justeza y exactitud, de los primeros viernes, de la comuni\u00f3n frecuente, de las vidas consagradas a Dios, del aborrecimiento del pecado, de la devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n Inmaculado de Mar\u00eda, del rezo del rosario, de las visitas a Jes\u00fas sacramentado; es decir, de todo aquello que hoy se est\u00e1 dejando en el olvido; en unos, por equivocaci\u00f3n tr\u00e1gica; en otros, por miedo a parecer anticuados y no conciliares, como quieren decir algunos con expresi\u00f3n injusta y desdichada. La devoci\u00f3n profunda a la Eucarist\u00eda y a la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda nos ayudar\u00e1 eficac\u00edsimamente a penetrar en el conocimiento y la estima del culto al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, y a la vez se ver\u00e1 perfeccionada y fortalecida en nuestras almas por este mismo culto al Coraz\u00f3n de Cristo, porque cuanto m\u00e1s nos acerquemos a \u00c9l, mejor comprenderemos que son dones de su Coraz\u00f3n a los hombres la Eucarist\u00eda, la Virgen y la misma Iglesia, como afirmaba P\u00edo XII en la enc\u00edclica <em>Haurietis aquas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Magisterio de la Iglesia<\/h2>\n\n\n\n<p>No es ocioso, a los fines que me propongo en esta instrucci\u00f3n, a\u00f1adir ahora una palabra sobre lo que la Iglesia, por boca de los papas, nos ha dicho y nos sigue diciendo sobre el culto al Coraz\u00f3n de Cristo. Es tan repetida la doctrina, tan insistente la exhortaci\u00f3n, tan clara y vehemente la s\u00faplica, tan normal y continua la llamada de los romanos pont\u00edfices a practicar y vivir la devoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, que ning\u00fan hijo de la Iglesia en cuya alma no haya desaparecido el respeto a lo que significan la voz y la gu\u00eda espiritual del papa, podr\u00e1 permanecer indiferente.<\/p>\n\n\n\n<p>Prescindiendo de los papas anteriores, cuyos documentos sobre el tema son m\u00e1s conocidos de todos, fij\u00e9monos \u00fanicamente en Juan XXIII y en Pablo VI, los papas del concilio.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Juan XXIII<\/strong> habl\u00f3 de esta devoci\u00f3n, encareci\u00e9ndola siempre, por lo menos en estas ocasiones:<\/p>\n\n\n\n<ol style=\"list-style-type:lower-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>En la clausura del s\u00ednodo romano en 1960.<\/li>\n\n\n\n<li>En su carta apost\u00f3lica <em>Inde a primis,<\/em> sobre el culto a la Precios\u00edsima Sangre, junio de 1960.<\/li>\n\n\n\n<li>En su mensaje al Congreso Internacional del Sagrado Coraz\u00f3n, en Barcelona, en octubre de 1961.<\/li>\n\n\n\n<li>En su primera audiencia general, una vez comenzado el Concilio, octubre de 1962.<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Y, aparte de estos documentos p\u00fablicos, nos confi\u00f3 en el <em><u>Diario del alma<\/u><\/em> lo que \u00e9l personalmente sent\u00eda, con estas palabras conmovedoras: \u00abPara preservarme del pecado y no dejarme huir lejos de \u00c9l, Dios se sirvi\u00f3 de la devoci\u00f3n a la Eucarist\u00eda y a su Sagrado Coraz\u00f3n. Esta devoci\u00f3n deber\u00e1 ser siempre el elemento m\u00e1s eficaz de mi progreso espiritual&#8230; Debo considerar que vivo tan s\u00f3lo para el Sagrado Coraz\u00f3n\u00bb. \u00abLa misma experiencia me ha confirmado la gran eficacia de este m\u00e9todo (de apostolado), que asegura los verdaderos triunfos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Y reci\u00e9n comenzado el Concilio, p\u00fablicamente proclamaba en su alocuci\u00f3n del 17 de octubre de 1962: \u00abEl culto del Sagrado Coraz\u00f3n es una luz nueva, una llama viva suscitada providencialmente para disipar la tibieza y demostrar el infinito amor de Cristo, como una nueva \u00e9poca de gozo. Esta devoci\u00f3n ha aportado incalculables beneficios a la Iglesia y a toda la humanidad\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>De <strong>Pablo VI<\/strong> tenemos los siguientes documentos:<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>a)<\/strong><\/em> Su carta apost\u00f3lica <em><u>Investigabiles divitias<\/u><\/em><em>,<\/em> de febrero de 1965, en la cual escribe: \u00abLas insondables riquezas de Cristo, que brotaron del costado abierto del divino Redentor en el momento en que, muriendo en la cruz, reconcili\u00f3 al g\u00e9nero humano con el Padre celestial, han brillado con luz tan clar\u00edsima en estos \u00faltimos tiempos gracias a los progresos del culto al Sagrado Coraz\u00f3n, que de ello se han seguido gozosos frutos para la Iglesia\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abPuesto que el Sagrado Coraz\u00f3n es horno de caridad ardiente, s\u00edmbolo e imagen acabada de aquel eterno amor con el que tanto am\u00f3 Dios al mundo, que le entreg\u00f3 a su Hijo \u00fanico, estamos seguros que esta piadosa conmemoraci\u00f3n (centenario de la fiesta del Coraz\u00f3n de Jes\u00fas) ha de ayudar a investigar y entender las riquezas de este divino amor; y confiamos tambi\u00e9n que de ah\u00ed han de sacar todos los fieles mayores fuerzas para conformar su vida a las ense\u00f1anzas del Evangelio, corregir sus costumbres y cumplir perfectamente toda la ley divina\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abAnte todo, deseamos que se rinda este culto al Sagrado Coraz\u00f3n por medio de una participaci\u00f3n m\u00e1s intensa en el culto al Sant\u00edsimo Sacramento, ya que el principal don de su amor fue la Eucarist\u00eda&#8230; Es preciso, pues, que nos lleguemos a este Coraz\u00f3n con deseo ardiente, para que su fuego queme nuestros pecados, ilumine nuestros corazones y de tal manera nos haga arder, que nos transformemos en Dios\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEsta piedad (la devoci\u00f3n y culto al Coraz\u00f3n eucar\u00edstico de Jes\u00fas) la exige nuestro tiempo, conforme a las normas insistentes del Concilio Vaticano II, para con Cristo Jes\u00fas, Rey y centro de todos los corazones, que es cabeza del Cuerpo m\u00edstico que es la Iglesia, el Principio, el Primog\u00e9nito de todos; as\u00ed \u00c9l tendr\u00e1 siempre la primac\u00eda en todo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abPuesto que el Concilio universal recomienda en gran manera los ejercicios de piedad cristiana, especialmente cuando son realizados por voluntad de la Sede Apost\u00f3lica, parece que, ante todo, hay que inculcar \u00e9stos, puesto que todo este culto se dedica a adorar y a reparar a Jesucristo, y est\u00e1 fundado, sobre todo, en el augusto misterio de la Eucarist\u00eda, de la cual, como de todas las acciones lit\u00fargicas, se sigue la santificaci\u00f3n de los hombres en Cristo y la glorificaci\u00f3n de Dios, a la que tiende toda la actividad de la Iglesia, como a su fin\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abCon esta mira de que los fieles todos, renovando el esp\u00edritu de esta devoci\u00f3n, procuren el debido honor al Sagrado Coraz\u00f3n, reparen con fervorosos obsequios todos los pecados y acomoden su vida a las normas de una genuina caridad, que es la plenitud de la ley\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>b)<\/strong><\/em> En mayo del mismo a\u00f1o hizo p\u00fablica otra carta, la <em><u>Diserti interpretes<\/u><\/em><em>,<\/em> dirigida a los institutos religiosos especialmente vinculados al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas. A ella pertenecen los siguientes p\u00e1rrafos: \u00abDeseando en gran manera que este culto al Sagrado Coraz\u00f3n florezca cada d\u00eda con m\u00e1s vigor y sea estimado por todos como una insigne y segura forma de piedad, nos sirve de extraordinario gozo contemplar los grupos generosos y humildes de vuestros hijos que, fieles a su instituto, dan preclaro testimonio con su vida a los hombres de nuestro tiempo de c\u00f3mo deben tambi\u00e9n ellos practicar esta excelente devoci\u00f3n, de la que saquen, como de su fuente, el esfuerzo necesario para conformar sus vidas al Evangelio, reformar valientemente sus costumbres y ajustarlas cada vez mejor a las normas de la ley divina\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEste creemos que es vuestro deber y vuestro trabajo peculiar que difund\u00e1is cada vez con m\u00e1s ardor este amor al sant\u00edsimo Coraz\u00f3n de Jes\u00fas y mostr\u00e9is a todos que aqu\u00ed es donde han de recibir la inspiraci\u00f3n y la mayor eficacia, tanto para la deseada renovaci\u00f3n interior y moral como para una mayor virtualidad de las instituciones de la Iglesia, como reclama el Concilio Vaticano II\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abPor esta raz\u00f3n es absolutamente necesario que los fieles rindan culto y veneraci\u00f3n, ya con actos de \u00edntima piedad, ya con p\u00fablicos obsequios, a aquel Coraz\u00f3n <em>de cuya plenitud todos hemos recibido,<\/em> y aprendan de \u00c9l a ordenar su vida, de modo que responda exactamente a las exigencias de nuestro tiempo. En este sant\u00edsimo Coraz\u00f3n de Jes\u00fas se encuentra el origen y manantial de la misma sagrada liturgia, puesto que <em>es el templo santo de Dios,<\/em> donde se ofrece el sacrificio de propiciaci\u00f3n al Eterno Padre, <em>de modo que puede salvar perfectamente a cuantos por \u00e9l se acercan a Dios<\/em>\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abDe aqu\u00ed (del sant\u00edsimo Coraz\u00f3n de Jes\u00fas) recibe tambi\u00e9n la Iglesia el impulso para buscar y emplear todos los medios que sirvan para la uni\u00f3n plena con la sede de Pedro de todos aquellos hermanos que est\u00e1n separados de nosotros; m\u00e1s a\u00fan, para que tambi\u00e9n aquellos que todav\u00eda est\u00e1n al margen del nombre cristiano <em>conozcan con nosotros al \u00fanico Dios y al que \u00c9l envi\u00f3, Jesucristo.<\/em> Porque, en efecto, el ardor pastoral y misionero se inflama principalmente en los sacerdotes y en los fieles para trabajar por la gloria divina cuando, mirando el ejemplo de aquella divina caridad que nos mostr\u00f3 Cristo, consagran todos sus esfuerzos a comunicar a todos los inagotables tesoros de Cristo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abA nadie se le oculta que tales son los principales objetivos que, por divina inspiraci\u00f3n, recomienda y alienta en los fieles el sagrado Concilio; y, mientras nos esforzamos para traducir en realidad lo que la esperanza nos propone, hemos de pedir una y otra vez la luz y fuerza necesarias a aquel Salvador divino cuyo Coraz\u00f3n traspasado nos inspira tan ardientes deseos de lograrlo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>c)<\/strong><\/em> En junio de 1966, en la audiencia concedida a los Padres del Sagrado Coraz\u00f3n, dijo: \u00abEl amor y la reparaci\u00f3n son dos caracter\u00edsticas de todos los tiempos, y hoy, no dudamos en decirlo, son m\u00e1s actuales que nunca\u00bb. \u00abHemos cre\u00eddo nuestro deber recordar (en varias ocasiones) la actualidad y urgencia de esta devoci\u00f3n en la Iglesia y la necesidad de no dejarla debilitar en el alma de los f\u00edeles\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>d)<\/strong><\/em> En 17 de noviembre del mismo a\u00f1o, dirigi\u00e9ndose a los PP. Jesuitas, les dijo: \u00abEl culto que promov\u00e9is del Sagrado Coraz\u00f3n, \u00bfno ha de ser todav\u00eda para vosotros el instrumento m\u00e1s eficaz para contribuir a la renovaci\u00f3n de las almas y de las costumbres del mundo entero que el Concilio Vaticano II exige y para cumplir provechosamente la misi\u00f3n que os encargamos de contrarrestar el ate\u00edsmo actual?\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante estos testimonios tan reveladores, se comprenden las palabras del hoy cardenal Garrone cuando, todav\u00eda en su di\u00f3cesis de Toulouse, en su carta pastoral de 1965, escrib\u00eda: \u00abEl Papa nos exhorta en t\u00e9rminos en\u00e9rgicos a no resignamos\u00bb. \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 decae esta devoci\u00f3n? Porque, ante el desagrado de los que nos rodean, preferimos seguir la corriente a ir contra ella\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa Iglesia no ha abandonado nunca esta devoci\u00f3n que muchos hoy desprecian\u00bb. \u00abCuando se trata de una devoci\u00f3n que la Iglesia hace suya, el que la pone en litigio resulta sospechoso; y, si no la utiliza, se priva voluntariamente de un bien\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abCon raz\u00f3n, el Sumo Pont\u00edfice nos pide con empe\u00f1o, a todos, una reacci\u00f3n eficaz\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Una reacci\u00f3n eficaz, s\u00ed. Esto es lo que hace falta hoy en la vida de la Iglesia. Pero entend\u00e1moslo bien. La reacci\u00f3n no ha de consistir en que unas voces se levanten contra otras, con el consiguiente endurecimiento de la pol\u00e9mica y la agravaci\u00f3n de la discordia. No se trata de que los unos griten m\u00e1s porque los otros callan demasiado. O de que \u00e9stos prorrumpan en quejas y exaltaciones porque aqu\u00e9llos han incurrido en el desprecio. Se trata de que unos y otros meditemos m\u00e1s en la doctrina perenne de la Iglesia, de que recemos y hagamos oraci\u00f3n personal y silenciosa, nosotros los sacerdotes m\u00e1s que nadie, para pedir al Se\u00f1or que vuelva a nuestras almas la serenidad que se ha perdido. Recobrada \u00e9sta, comprenderemos mejor que no hay raz\u00f3n ninguna para abandonar el culto y la devoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n de Cristo ni en nombre de la Sagrada Escritura y la teolog\u00eda cat\u00f3lica, ni en nombre del Concilio Vaticano II y la piedad lit\u00fargica, ni en nombre de un cristianismo de testimonio y preocupaci\u00f3n social por los hombres, nuestros hermanos. Si en determinados aspectos de la expresi\u00f3n externa de este culto se han introducido, a lo largo del tiempo, formas menos adecuadas, corr\u00edjanse con celo y con prudencia, pero s\u00e1lvese a la vez lo sustantivo y permanente del mismo con respeto y delicadeza.<\/p>\n\n\n\n<p>No debemos dejar de predicar y ofrecer al mundo el amor de Cristo al mismo. Ahora bien, hablar y fomentar el culto al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas es traducir en una forma m\u00e1s concreta y muy querida por la Iglesia ese misterio del amor de Cristo. Si ha habido y hay sectores de cristianos a cuya mentalidad, psicolog\u00eda o talante religioso el culto al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas les resulta menos atrayente, porque piensan m\u00e1s espont\u00e1neamente en otras formas y modos de vida cristiana, nuestro deber es hacerles ver que no hay oposici\u00f3n alguna entre este culto rectamente entendido y su mayor preferencia por otras expresiones. Pero a la vez tenemos otro deber: el de ser conscientes de que hay tambi\u00e9n un sector inmenso de hombres y mujeres, que tambi\u00e9n son del mundo actual, que se esfuerzan y trabajan por el perfeccionamiento de la vida moderna en todos los campos \u2013pol\u00edtico, cultural, econ\u00f3mico, social\u2013, que tienen tantas preocupaciones como el que m\u00e1s por la necesaria reforma de las estructuras, y a la vez quieren y desean vivamente que se les hable y se les ayude a vivir la doctrina y el culto al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas. No tenemos derecho a traicionar esta esperanza y este leg\u00edtimo deseo. Ellos, esta gran porci\u00f3n de cristianos, tambi\u00e9n son el mundo de hoy. Y este mundo necesita ser consagrado a Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Consagraci\u00f3n del mundo<\/h2>\n\n\n\n<p>Precisamente porque hoy damos menos importancia, en lo religioso, a los signos externos y a las proclamaciones p\u00fablicas, aunque sigan siendo necesarias, el culto al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, bien entendido, facilita grandemente los caminos por donde se puede ir llegando a esa consagraci\u00f3n en las actividades humanas y de todas las criaturas, con las cuales la actividad del hombre est\u00e1 en relaci\u00f3n, tarea a la que no puede renunciar nadie que sienta las exigencias de su fe. Porque una cosa es la justa autonom\u00eda del orden terrestre y otra la orientaci\u00f3n del mismo hacia Cristo, Dios y Se\u00f1or de todo lo creado. Lo primero es un reconocimiento obligado que evita confusiones perjudiciales, tanto para la Iglesia como para el mundo; lo segundo es una consecuencia de la doctrina sobre la animaci\u00f3n cristiana del orden temporal, tan repetida hoy despu\u00e9s del Vaticano II y, por otra parte, tan antigua como la fe cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>Vale la pena recordar lo que a este prop\u00f3sito precisaba el Papa Pablo VI en su alocuci\u00f3n del 27 de abril de este a\u00f1o: \u00abPor consagraci\u00f3n entendemos no ya separar algo del mundo para reservarlo a Dios, sino establecer su relaci\u00f3n con Dios conforme al orden de su naturaleza\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa Iglesia ha adoptado una nueva actitud ante las realidades terrenas; pertenecen a un orden de creaci\u00f3n que tiene en s\u00ed raz\u00f3n de fin (aunque est\u00e9 subordinado al orden de la redenci\u00f3n). El mundo, de suyo, es profano, no admite la concepci\u00f3n unitaria medieval, es soberano en su campo\u00bb. \u00abEntonces, si la Iglesia ha reconocido la autonom\u00eda del orden temporal, \u00bfc\u00f3mo es posible esa consagraci\u00f3n? \u00bfNo ser\u00e1 volver a una concepci\u00f3n sacral, clerical del mundo?\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa Iglesia acepta reconocer al mundo tal como es: libre, aut\u00f3nomo, soberano en su campo, autosuficiente. No trata de instrumentalizarlo para sus fines religiosos, ni mucho menos para lograr un poder temporal. La Iglesia admite la emancipaci\u00f3n libre y responsable de los seglares cuando act\u00faan en el campo de las realidades temporales\u00bb (P\u00edo XII lleg\u00f3 a hablar del leg\u00edtimo laicismo del Estado). \u00abDeben ser perfectos ciudadanos del mundo, elementos positivos y constructores, amantes de la sociedad\u00bb (cf. 1P y Rm 13).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abPero, respetando esa profanidad, la <em>consecratio<\/em> es, como ense\u00f1a el Concilio, la animaci\u00f3n de las realidades terrestres mediante los principios cristianos (AA 7; GS 42), los cuales, si en su dimensi\u00f3n vertical, es decir, referidos al t\u00e9rmino supremo y \u00faltimo de la humanidad, son religiosos y sobrenaturales, en su eficiencia que hoy se dice horizontal, es decir, terrena, son sumamente humanos; son la interpretaci\u00f3n, la inagotable vitalidad, la sublimaci\u00f3n de la vida humana en cuanto tal\u00bb. \u00abAs\u00ed es como los cat\u00f3licos confieren al mundo una nueva consagraci\u00f3n: cristianiz\u00e1ndolo y siendo en todo momento testigos de Cristo (GS 43; AA 2); no introduciendo en \u00e9l signos espec\u00edficamente religiosos (lo cual en ciertas circunstancias estar\u00e1 bien), sino coordinando el mundo con el Reino de Dios mediante el ejercicio del apostolado en la fe, la esperanza y la caridad\u00bb (AA 3). \u00abEsta es la vocaci\u00f3n t\u00edpica de nuestro tiempo, la vocaci\u00f3n de todos nosotros: la santidad que se irradia sobre el mundo y en el mundo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues bien, para que este tipo de cristiano exista y se multiplique en el mundo con capacidad constante de ser testigo de Cristo mediante el apostolado en la fe, la esperanza y la caridad, el culto y la devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas ser\u00e1 siempre un medio eficac\u00edsimo, porque permite introducirse mejor en la intimidad del Evangelio, en la contemplaci\u00f3n del misterio de amor que es la redenci\u00f3n, en el deseo de vivir en la gracia y de la gracia, con el consiguiente prop\u00f3sito de luchar contra el pecado en todas sus formas, que es siempre la verdadera ra\u00edz del mal. La consagraci\u00f3n del mundo no se lograr\u00e1 s\u00f3lo recitando f\u00f3rmulas en alta voz, por hermosas que sean \u2013aun cuando sea conveniente recitarlas\u2013, sino consagrando al Se\u00f1or muchas vidas humanas, muchos corazones limpios, muchos pensamientos rectos, muchas decisiones humildes. De esas consagraciones brota despu\u00e9s, inconteniblemente, una corriente de paz y de santificaci\u00f3n activa, que es el alma del cristianismo en la sociedad. Este es el homenaje a Cristo Rey que yo os pido en el pr\u00f3ximo d\u00eda de su fiesta.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia necesita, s\u00ed, muchas reformas, y en el intento de lograrlas est\u00e1 empe\u00f1ada valerosamente, como lo prueba el hecho mismo del s\u00ednodo que en estos d\u00edas se est\u00e1 celebrando en Roma.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero si olvidamos la interioridad, es decir, el silencio de la plegaria, el reconocimiento del misterio del amor de Cristo, el destino de cada una de nuestras vidas, que a \u00c9l deben ser consagradas, la necesidad permanente de luchar contra el pecado, contra todo pecado, no conseguir\u00edamos m\u00e1s que sustituir un estructuralismo por otro.<\/p>\n\n\n\n<p>Recitad, s\u00ed, el pr\u00f3ximo domingo, en todas las iglesias de la di\u00f3cesis, la f\u00f3rmula de la consagraci\u00f3n a Cristo Rey tal como est\u00e1 ordenado. Pero ofrezcamos, ante todo, el obsequio humilde de nuestro propio coraz\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carta pastoral, del 22 de octubre de 1969, con motivo de la festividad de Cristo Rey, publicada en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Barcelona, octubre 1969. Texto tomado del volumen Creo en la Iglesia, Madrid 1974, BAC 341, 127-144. La proximidad de la fiesta lit\u00fargica de Cristo Rey me ha movido a escribir esta [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[38],"doc_tag":[],"class_list":["post-770","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-el-corazon-de-cristo"],"year_month":"2026-04","word_count":6800,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. 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