{"id":768,"date":"2024-09-22T19:48:34","date_gmt":"2024-09-22T17:48:34","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=768"},"modified":"2024-09-22T19:48:34","modified_gmt":"2024-09-22T17:48:34","password":"","slug":"el-sagrado-corazon-y-el-magisterio-de-la-iglesia","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/el-sagrado-corazon-y-el-magisterio-de-la-iglesia\/","title":{"rendered":"El Sagrado Coraz\u00f3n y el Magisterio de la Iglesia"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Exhortaci\u00f3n pastoral, de 1 de junio de 1967. Se reproduce el texto publicado por el Secretariado de Propaganda <em>Cor lesu,<\/em> Madrid 1967.<\/p>\n\n\n\n<p>Las tradicionales pr\u00e1cticas de devoci\u00f3n que, durante el mes de junio, y especialmente en la fiesta del Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, tienen lugar en nuestros templos, me ofrecen agradable ocasi\u00f3n para dirigir mi palabra de alabanza y aliento a quienes las promuevan, no sin comentar las desviaciones que se han producido en algunos ambientes, a los cuales ya se refiri\u00f3 el Papa P\u00edo XII <em>(Haurietis aquas,<\/em> 15 de mayo de 1956), y que ha lamentado no hace mucho el actual Pont\u00edfice Romano Pablo VI, felizmente reinante <em>(Investigabiles divitias, 6<\/em> de febrero de 1965; cfr. Alocuci\u00f3n a los Padres del Sagrado Coraz\u00f3n, 14 de junio de 1966).<\/p>\n\n\n\n<p>Ciertamente son de evitar, en \u00e9sta como en toda devoci\u00f3n, las inoportunas manifestaciones y las expresiones exageradas, sensibleras, realmente anticuadas o inconsistentemente fundadas en la verdad cat\u00f3lica. Eliminado, empero, cuanto de eso pudiera haber, no s\u00f3lo las \u00abdevociones\u00bb ayudan a la aut\u00e9ntica <em>devoci\u00f3n, <\/em>o esp\u00edritu de entrega, la manifiestan y excitan, sino que, sobre todo, es algo esencial al cristianismo el reconocimiento y la correspondencia al amor con que Dios concibi\u00f3 el \u00abdesignio eterno\u00bb (Ef 3, 11) o <em>Misterio de Cristo,<\/em> en orden a la salvaci\u00f3n de los hombres; al amor con que ha ido y va realiz\u00e1ndolo a lo largo de la <em>Historia de la salvaci\u00f3n;<\/em> y al amor divino y humano con que Jesucristo llev\u00f3 personalmente, y contin\u00faa llevando a efecto en su Iglesia la parte fundamental, a la que nos corresponde cooperar, de aquel amoroso designio.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>El amor con que Dios concibi\u00f3 el \u00abdesignio eterno\u00bb<\/h2>\n\n\n\n<p>Y puesto que la devoci\u00f3n y culto al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas (por m\u00e1s que se dirija de modo inmediato a un \u00f3rgano corporal \u2013siempre nobil\u00edsimo, y m\u00e1s en el caso del Dios-Hombre\u2013) se endereza en \u00faltimo t\u00e9rmino el <em>amor de caridad que por el Coraz\u00f3n se simboliza,<\/em> no sin raz\u00f3n la calific\u00f3 Le\u00f3n XIII de \u00abpreciad\u00edsima forma de culto religioso\u00bb (cfr. <em>Haurietis).<\/em> Justamente asent\u00f3 P\u00edo XI que \u00aben esta devoci\u00f3n est\u00e1 encerrada la s\u00edntesis de toda la religi\u00f3n\u00bb <em>(Miserentissimus,<\/em> 8 de mayo de 1928). Exactamente escribi\u00f3 P\u00edo XII que esta devoci\u00f3n \u00abse puede considerar como la profesi\u00f3n m\u00e1s completa de la religi\u00f3n cristiana\u00bb, \u00abla escuela m\u00e1s eficaz de la caridad divina\u00bb y \u00abla s\u00edntesis de todo el misterio de nuestra Redenci\u00f3n\u00bb <em>(Haurietis).<\/em> Y no menos sabiamente pronunci\u00f3 Juan XXIII que \u00abpara iluminar y excitar a la adoraci\u00f3n de Jesucristo, nada mejor que meditarlo e invocarlo bajo la triple luz de su Nombre, su Coraz\u00f3n y su Sangre\u00bb (discurso de clausura del S\u00ednodo Romano, 31 de enero de 1960).<\/p>\n\n\n\n<p>Siguiendo esas huellas de sus augustos predecesores, Pablo VI ha recordado que, \u00abpues el Concilio Ecum\u00e9nico (Vaticano II) exhorta en gran manera a los ejercicios de piedad cristiana, particularmente si son practicados por recomendaci\u00f3n de la Sede Apost\u00f3lica (Const. <em>Sacrosanctum Concilium,<\/em> 13), parece que hay que inculcar \u00e9ste por encima de cualquier otro, ya que esta devoci\u00f3n se dirige a adorar a Jesucristo y a ofrecerle reparaci\u00f3n, y est\u00e1 fundada sobre todo en el augusto misterio de la Eucarist\u00eda, de la cual, como de toda acci\u00f3n lit\u00fargica, se sigue la santificaci\u00f3n de todos los hombres en Cristo y la glorificaci\u00f3n de Dios, a la que tiende como a su fin toda la actividad de la Iglesia\u00bb <em>(Investigadles divitias,<\/em> 10).<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s a\u00fan: no s\u00f3lo \u00aben este sant\u00edsimo Coraz\u00f3n de Jes\u00fas se encuentra \u2013seg\u00fan otras palabras de Pablo VI\u2013 el origen y manantial de la sagrada liturgia, puesto que es el templo santo de Dios donde se ofrece el sacrificio de propiciaci\u00f3n al eterno Padre\u00bb, sino que \u00abla Iglesia o reino de Cristo, presente ya como misterio, se desarrolla visiblemente en el mundo por la fuerza divina; y este nacimiento y desarrollo se significan por aquella sangre y agua que salieron del costado abierto de Jes\u00fas crucificado, porque, en realidad, de aquel Coraz\u00f3n herido naci\u00f3 la Iglesia y de \u00e9l se alimenta\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Esta devoci\u00f3n obra fuerza de necesidad<br>en el periodo posconciliar<\/h2>\n\n\n\n<p>De aqu\u00ed que a\u00fan en nuestros d\u00edas la devoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, lejos de haber perdido su raz\u00f3n de ser o su actualidad, ha venido a cobrar fuerza de necesidad en nuestro per\u00edodo posconciliar \u00abporque, como todos saben \u2013a\u00f1ade el Santo Padre\u2013 la meta principal del Concilio es la restauraci\u00f3n de la disciplina p\u00fablica y privada en todos los campos y \u00e1mbitos de la vida cristiana, de forma que resplandezca con nueva luz el misterio de la Iglesia. El cual no puede dignamente entenderse sin considerar atentamente el amor eterno del Verbo encarnado, cuyo expresivo s\u00edmbolo es su mismo Coraz\u00f3n traspasado\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Quitarle al misterio de la Iglesia, o relegar a la penumbra su m\u00f3vil, que es el amor de Dios, no s\u00f3lo es despojarle de lo m\u00e1s excelente que en \u00e9l hay, sino que equivale a dejarlo sin explicaci\u00f3n. \u00bfCu\u00e1l puede ser \u2013aparte la gloria de Dios, fin \u00faltimo de todo lo creado\u2013 el m\u00f3vil de tan gran misterio sino el amor de Quien <em>tanto am\u00f3 al mundo que le dio a su Hijo unig\u00e9nito<\/em> (Jn 3, 16), de Quien \u00abnos am\u00f3\u00bb a nosotros y envi\u00f3 al Hijo suyo, propiciaci\u00f3n por nuestros pecados (Jn 4, 10), de Quien <em>me am\u00f3 y se entreg\u00f3 por m\u00ed<\/em> (Gal 2, 20)?<\/p>\n\n\n\n<p>En cambio, si reconocemos y agradecemos (como es de justicia) ese m\u00f3vil amoroso y correspondemos a \u00e9l cuanto nos es dable, estamos ya en <em>la esencia de la devoci\u00f3n al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas:<\/em> ya no nos falta, para entrar de lleno en ella, sino \u2013de acuerdo con el ejemplo de la Iglesia misma y de su liturgia\u2013 expresar mediante un <em>s\u00edmbolo<\/em> material la realidad espiritual o invisible de ese amor. Este signo es el Coraz\u00f3n, s\u00edmbolo y centro de la vida afectiva del amor. Por eso P\u00edo XII, despu\u00e9s de demostrar con abundantes argumentos que la devoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas no se funda en revelaciones privadas (por m\u00e1s que \u00e9stas hayan sido la ocasi\u00f3n providencial para difundirla), sino en la palabra de Dios escrita y en la Sagrada Tradici\u00f3n, no vacil\u00f3 en afirmar que \u00abno se trata de una forma cualquiera de piedad que se pueda l\u00edcitamente posponer a las otras, o estimar en menos, sino de un tributo de religi\u00f3n sumamente apto para conseguir la perfecci\u00f3n cristiana\u00bb <em>(Haurietis).<\/em><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Soluci\u00f3n y remedio a los males que nos afligen<\/h2>\n\n\n\n<p>Paralelamente a la importancia para la propia perfecci\u00f3n y a la poderosa ayuda para la comprensi\u00f3n del Misterio de la Iglesia, la devoci\u00f3n rectamente entendida y practicada al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, aporta tambi\u00e9n resoluci\u00f3n y remedio (no menos hoy que en tiempos de Le\u00f3n XIII y P\u00edo XII) a los males que nos afligen.<\/p>\n\n\n\n<p>En nuestro anhelo de justicia, no hemos de olvidar nunca el Coraz\u00f3n manso, humilde, injuriado y traspasado del Redentor, que, <em>siendo ultrajado, no respond\u00eda con otros ultrajes; siendo maltratado no prorrump\u00eda en amenazas<\/em> (1P 2, 23); y <em>siendo rico, se empobreci\u00f3 <\/em>(1Cor 8, 9) para que otros \u2013nosotros\u2013 se enriqueciesen. En la defensa de la verdad y de la justicia y en la lucha contra la avara retenci\u00f3n de lo pose\u00eddo, o la codicia de lo que no se posee, ha de actuar siempre el amor de caridad de unos para con otros, porque <em>este mandamiento tenemos de \u00e9l: que quien ame a Dios, ame tambi\u00e9n a su hermano<\/em> (1Jn 4, 21). Obrar as\u00ed no quita fuerza al necesario empe\u00f1o por un mundo mejor: lo sostiene y lo fecunda.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Di\u00e1logo y autoridad<\/h2>\n\n\n\n<p>Si hoy un deseo, y hasta derecho leg\u00edtimo \u2013aunque no raras veces desbordado\u2013 de expresar la propia opini\u00f3n y de ser o\u00eddos, nos impele a proclamar la necesidad y el derecho al di\u00e1logo, y si las tensiones (sin duda mayores que en tiempos pasados) entre libertad y autoridad, ponen tropiezos a la equilibrada armonizaci\u00f3n entre derechos individuales y bien general, tambi\u00e9n el Coraz\u00f3n de Quien dec\u00eda a sus disc\u00edpulos <em>no os llamo siervos, sino amigos<\/em> (Jn 15, 15), y al que el Padre no libr\u00f3, a pesar de la oraci\u00f3n del huerto, de sorber el c\u00e1liz de la Pasi\u00f3n, nos ense\u00f1ar\u00e1 que ni el di\u00e1logo es necesariamente satisfacci\u00f3n de nuestro propio criterio, ni la autoridad un usufructo personal, sino un servicio al bien general, dentro del cual todos hemos de o\u00edrnos, respetarnos y aceptar, llegado el caso, incluso lo que pueda desagradar, si ello constituye un mayor servicio al bien de todos.<\/p>\n\n\n\n<p>Si hoy nos acongojan y apenan algunos peligros en materia de <em>unidad interna<\/em> de la Iglesia (por la que el Sumo Pont\u00edfice ha querido recientemente rogar en el mismo lugar geogr\u00e1fico donde la Madre de Dios recomend\u00f3 la devoci\u00f3n y la consagraci\u00f3n a su Coraz\u00f3n), aquel Coraz\u00f3n que, a pesar de tanto haber amado a los hombres, no recibe de ellos sino ingratitudes y menosprecios, alentar\u00e1 nuestra esperanza de conseguir lo que tan ardientemente dese\u00f3 para sus disc\u00edpulos (sean \u00e9stos los de dentro, sean los \u00abseparados\u00bb): <em>que todos sean uno <\/em>(Jn 17, 21).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El camino de la oraci\u00f3n y el sacrificio<\/h2>\n\n\n\n<p>Si hoy la materializaci\u00f3n de la vida, la amplitud de la descristianizaci\u00f3n, del indiferentismo y del ate\u00edsmo incluso (cfr. <em>Lumen gentium<\/em> 19, 21) dificultan y esterilizan nuestros esfuerzos apost\u00f3licos, tambi\u00e9n este Coraz\u00f3n, que nunca perdi\u00f3 su \u00edntima uni\u00f3n con el Padre y que se entreg\u00f3 en sacrificio por los mismos que le persegu\u00edan, nos se\u00f1alar\u00e1 el \u00fanico camino para su apostolado eficaz y el \u00fanico refugio de consuelo ante el aparente fracaso: la oraci\u00f3n y el sacrificio.<\/p>\n\n\n\n<p>Si hoy, finalmente, tantos corazones de cristianos que quieren permanecer fieles a su fe, se ven asaltados por los atractivos de la riqueza y del medro personal, y de la comodidad y el placer, incluso il\u00edcitos e inmorales, este Coraz\u00f3n pobre y desnudo de todo inter\u00e9s de provecho propio, hasta darse enteramente, nos ense\u00f1ar\u00e1 a poner nuestro ideal en la gloria y el servicio del Padre, \u00abaunque sea para ello necesario sacrificar nuestros intereses y ventajas materiales\u00bb, y a expresar con nuestra vida el <em>Misterio Pascual,<\/em> de suerte que <em>no vivamos ya para nosotros mismos, sino para Quien por nosotros muri\u00f3 y resucit\u00f3<\/em> (2Cor 5, 15).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Exhortaci\u00f3n pastoral, de 1 de junio de 1967. 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