{"id":762,"date":"2024-09-22T19:43:19","date_gmt":"2024-09-22T17:43:19","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=762"},"modified":"2024-09-27T23:08:17","modified_gmt":"2024-09-27T21:08:17","password":"","slug":"eucaristia-y-religiosidad-del-pueblo-cristiano","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/eucaristia-y-religiosidad-del-pueblo-cristiano\/","title":{"rendered":"Eucarist\u00eda y religiosidad del pueblo cristiano"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Lecci\u00f3n inaugural de la IV Semana de Teolog\u00eda Espiritual. Toledo. 3 de julio de 1978. Texto publicado en el volumen <em>Eucarist\u00eda y vida cristiana,<\/em> Madrid 1979. 15-32.<\/p>\n\n\n\n<p>Celebrada ya la Santa Misa, en que hemos ofrecido al Se\u00f1or los trabajos de esta IV Semana de Teolog\u00eda Espiritual, a\u00f1ado ahora a la expresi\u00f3n de la fraterna amistad con que me he dirigido a vosotros en la homil\u00eda, la del respeto que me merec\u00e9is como oyentes de esta primera lecci\u00f3n de la semana. Es un tema hermoso y riqu\u00edsimo el que voy a desarrollar: <em>la Eucarist\u00eda y la religiosidad del pueblo cristiano.<\/em> Ojal\u00e1 la necesaria brevedad no impida captar la riqueza que encierra.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Cristo quiso constituir un pueblo congregado<br>en torno a \u00c9l y bajo \u00c9l como cabeza: es la Iglesia<\/h2>\n\n\n\n<p>El Padre infinito, ing\u00e9nito, que es Amor, que engendra eternamente al Hijo y eternamente espira con \u00c9l al Esp\u00edritu Santo, decret\u00f3 elevar a los hombres a la participaci\u00f3n de su vida divina. Y as\u00ed nos eligi\u00f3 antes de la constituci\u00f3n del mundo, para que seamos santos e inmaculados en su presencia por la caridad. Mas el amor de Dios, manifestado de modo operante en Jesucristo, derramado en nuestros corazones por el Esp\u00edritu Santo que se nos comunica, no solamente nos mueve a amar a las Personas divinas, sino que nos impulsa al mutuo amor. Y tal amor nos induce a ser una sola cosa, como el Padre y el Hijo son un solo Dios con el Esp\u00edritu Santo. Unidad que, aunque habr\u00e1 de consumarse en el cielo, va siendo construida en la tierra, formando la Iglesia fundada por el Se\u00f1or. La Iglesia es, pues, \u00abuna muchedumbre reunida por la unidad del Padre y del Hijo y del Esp\u00edritu Santo\u00bb. Pues determin\u00f3 convocar a los creyentes en Cristo en la Santa Iglesia, prefigurada desde el origen del mundo, preparada admirablemente en la historia de Israel y en el Antiguo Testamento, constituida en los \u00faltimos tiempos, manifestada por la efusi\u00f3n del Esp\u00edritu, y que se perfeccionar\u00e1 gloriosamente al fin de los tiempos<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Fundada por Jesucristo mismo, \u00c9l queda para siempre constituido como Cabeza del Cuerpo de la Iglesia, como quien es principio, el primog\u00e9nito de entre los muertos, por medio del cual tuvo a bien Dios reconciliar todas las cosas consigo, de modo que a los que \u00e9ramos extra\u00f1os y enemigos, nos ha reconciliado en el cuerpo de su carne por medio de la muerte, para presentarnos santos e inmaculados e irreprochables en su acatamiento. Pues en Cristo Jes\u00fas, los que est\u00e1bamos lejos hemos sido aproximados por la sangre de Cristo, que es nuestra paz, que derriba la valla que separa a los hombres, para hacer en S\u00ed mismo, de todos, un hombre nuevo, y reconciliarlos en un solo cuerpo con Dios, por medio de la cruz, matando en ella la enemistad y d\u00e1ndonos acceso en un mismo Esp\u00edritu al Padre.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, la Iglesia, pueblo de Dios, familia de Dios, como formada por cuantos est\u00e1n visiblemente incorporados al Hijo, Jesucristo, no tiene otro principio de vida sino el amor del Padre que act\u00faa en Jes\u00fas. Y Cristo ama a la Iglesia con tal caridad que dio su vida por ella.<\/p>\n\n\n\n<p>No fue la muerte de Jes\u00fas fruto de un instante de amorosa pasi\u00f3n, por noble que la pensemos, sino resultado de un amor que orient\u00f3 su vida entera en la tierra, que supera todo conocimiento humano, y alcanza los extremos en todos sentidos. Y si la muerte pas\u00f3 para siempre, de modo que ya no tiene dominio ninguno sobre \u00e9l, el amor que la produjo permanece invariable, eternamente fructuoso. Si lleg\u00f3 al extremo de la semejanza de la condici\u00f3n servil del pecador, hasta someterse a la muerte de modo superlativamente atormentado y humillante, no desea con menos ardor levantarnos al extremo en la semejanza de su condici\u00f3n divina, gloriosa.<\/p>\n\n\n\n<p>El amor de Cristo a la Iglesia es el amor a cada una de sus ovejas, a quienes conoce, a quienes desea unir consigo eternamente, uniendo en consecuencia a cada una con todas las dem\u00e1s, en perfecta comunidad de vida divinizada. Por eso, ya en la tierra es Jes\u00fas mismo quien obra en la Iglesia, con m\u00e1s realidad que act\u00faa nuestra cabeza respecto de los miembros de nuestro cuerpo. Con el amor personal del Esposo perfecto, con la uni\u00f3n real de quien ansia vivir una misma vida, y con la soberan\u00eda irrenunciable de quien en tal unidad no puede ser sino fuente y cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo intento de renovaci\u00f3n de la Iglesia que no parta inmediatamente de este misterio del amor Personal de las tres Personas divinas a los hombres, amor realizado en Jes\u00fas, es irremediablemente vano. Y no s\u00f3lo vano, sino perverso y consiguientemente destructivo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Por qu\u00e9, adem\u00e1s de la asistencia del Esp\u00edritu Santo, Cristo prometi\u00f3 e instituy\u00f3, como alimento para ese pueblo, la sagrada Eucarist\u00eda<\/h2>\n\n\n\n<p>En los discursos de la cena \u2013narra San Juan\u2013, Jes\u00fas, sabiendo que hab\u00eda llegado su hora, habiendo amado a los suyos, los am\u00f3 hasta el fin. Y como expresi\u00f3n de este amor les anuncia la pasi\u00f3n inmediata, la muerte y la gloria. Y les anuncia la d\u00e1diva suprema: el Esp\u00edritu Santo, como Persona que est\u00e1 ya para venir. Es, sin duda, el don m\u00e1s precioso de su amor. Hasta el punto que conviene que \u00c9l se vaya, para que venga este otro Par\u00e1clito.<\/p>\n\n\n\n<p>Dice el Concilio: \u00abConsumada, pues, la obra que el Padre confi\u00f3 al Hijo en la tierra, fue enviado el Esp\u00edritu Santo en el d\u00eda de Pentecost\u00e9s para que santificara a la Iglesia, y de esta forma los que creen en Cristo pudieran acercarse al Padre en un mismo Esp\u00edritu\u00bb<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Mas podr\u00edamos malentender estas palabras, suponiendo un a modo de relevo. Como si hasta el momento hubiera actuado Jes\u00fas como revelador del Padre y ahora dejase de actuar y comenzase a hacerlo en su lugar el Esp\u00edritu Santo, perfeccionando la empresa iniciada por \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Basta pensar que tales anuncios se realizan en la \u00faltima cena, en la misma noche en que se instituye la Eucarist\u00eda, en que se cumplen las promesas referidas por el mismo Juan acerca del Pan de Vida, para comprender que no puede ser tal el sentido de las palabras de Jes\u00fas, ni consiguientemente el texto del Concilio.<\/p>\n\n\n\n<p>No se trata de un relevo, sino de una nueva presencia. De la manifestaci\u00f3n de una nueva Persona que procede del mismo Verbo. No por anulaci\u00f3n de la presencia de Jes\u00fas, sino como fruto de esa misma presencia, perfeccionada, llevada a la m\u00e1xima altura posible en la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta entonces Jes\u00fas hab\u00eda encerrado su presencia y su actividad en las fronteras de la situaci\u00f3n del hombre pecador. Se ha sometido al espacio y al tiempo. Se ofrec\u00eda a los sentidos humanos, pero quedaba limitado por ellos. Ha tomado la condici\u00f3n carnal del hombre pecador \u2013salvo el pecado\u2013 y ha permanecido sujeto a ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora todo va a cambiar. La muerte voluntariamente acogida acabar\u00e1 con esa forma de vida para dar lugar a una nueva manera misteriosa para nosotros. La humanidad de Jes\u00fas va a ser espiritualizada, glorificada en todos sus aspectos, como corresponde a la humanidad del Hijo de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Recordemos la escena que Juan nos relata en su cap\u00edtulo VII. Conmemoran los jud\u00edos las maravillas con que Dios ha saciado su sed. Al fondo est\u00e1, en el recuerdo, el episodio del desierto: Mois\u00e9s golpea la roca y brota el agua abundante para el pueblo que muere sediento. Y en tal ambiente clama Jes\u00fas: <em>Quien tenga sed venga a M\u00ed, y beba el que cree en M\u00ed. Como dice la Escritura: de su seno brotar\u00e1n r\u00edos de agua viva. Esto dijo del Esp\u00edritu Santo que iban a recibir los que creyeran en \u00c9l. Porque todav\u00eda no hab\u00eda Esp\u00edritu, porque Jes\u00fas no hab\u00eda sido glorificado<\/em> (Jn 7, 37-39).<\/p>\n\n\n\n<p>Recordemos a\u00fan otra escena: Jes\u00fas en la cruz entrega su esp\u00edritu. Entrega su alma al Padre; entrega su Esp\u00edritu Santo a los hombres. Y todav\u00eda despu\u00e9s, una lanzada hace brotar de su pecho sangre y agua.<\/p>\n\n\n\n<p>Discutan los ex\u00e9getas; pero sin duda en tales relatos tenemos sugestivamente expresada la realidad. Durante su vida terrena, desde el instante mismo de la concepci\u00f3n, estuvo Jes\u00fas movido por el Esp\u00edritu, que actuaba como una corriente poderos\u00edsima, pero subterr\u00e1nea, voluntariamente represada, oculta. Apenas algunos signos denuncian la presencia del agua viva en las acciones de Jes\u00fas. Mas un d\u00eda el Esp\u00edritu mismo impulsa al hombre Cristo a entregarse a los hombres por los hombres. Y le horadan a golpes. Y brota el agua que salta hasta la vida eterna. Espiritualiza ante todo la humanidad misma de Jes\u00fas, su cuerpo mismo, que queda eternamente glorificado, y la constituye para siempre tambi\u00e9n \u00fanica fuente del Esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ello, Cristo ten\u00eda que deponer su modo de presencia carnal para que viniera el Esp\u00edritu. Porque el Esp\u00edritu no puede comunicarse sino en Cristo, y \u00e9ste no puede ser fuente del Esp\u00edritu sino espiritualizado en su carne misma, en plenitud, glorioso. Fuera, por tanto, de la condici\u00f3n carnal. Exento de todas sus limitaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero liberado de tales confinamientos, Jes\u00fas puede estar presente de nueva y m\u00e1s levantada manera. No menos, sino incomparablemente m\u00e1s real. Aunque al sentido nuestro, a\u00fan carnal, parezca lo contrario. Si su presencia es oculta, no es porque \u00c9l se limite, sino porque nosotros permanecemos a\u00fan en los l\u00edmites superados por \u00c9l. S\u00f3lo cuando nosotros seamos a nuestra vez liberados de los actuales condicionamientos carnales, part\u00edcipes de su gloria, comprenderemos la maravillosa realidad que ha constituido la presencia eucar\u00edstica. Pero entonces gozaremos ya de la \u00faltima forma de presencia. La m\u00e1s sublime, la m\u00e1s real, porque ser\u00e1 la presencia de Jes\u00fas victorioso, no s\u00f3lo de su muerte, sino tambi\u00e9n de la nuestra.<\/p>\n\n\n\n<p>Ello tendr\u00e1 lugar en la Iglesia triunfante, al otro lado del reino de la muerte. Pero mientras permanezcamos en la tierra, la \u00fanica fuente del Esp\u00edritu, mediata o inmediatamente, es la Eucarist\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>No son d\u00e1divas inconexas. Es realmente una sola d\u00e1diva: el Padre que nos entrega al Hijo como es, viviente, con su aliento personal, infinito, divino: el Esp\u00edritu Santo del Padre y del Hijo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Relaci\u00f3n entre el Esp\u00edritu Santo y la Eucarist\u00eda<\/h2>\n\n\n\n<p>Ni podemos entender a Jes\u00fas sin su Esp\u00edritu, ni podemos recibir el Esp\u00edritu sino de Jesucristo. Despu\u00e9s de todo, en su humana analog\u00eda, la realidad no es arcana. No podemos hablar con una persona que no alienta; no podemos recibir el aliento sin acercarnos a la persona. Pero el Aliento de Jes\u00fas es el Esp\u00edritu divino. Una Persona divina.<\/p>\n\n\n\n<p>Y de ah\u00ed que no puede existir la Iglesia, una, santa, sin la Eucarist\u00eda. En la Iglesia, los hombres son conformados en una sola realidad m\u00edstica, como el Padre y el Hijo son un solo Dios. Pero el Padre y el Hijo son uno porque tienen una misma vida \u2013num\u00e9ricamente una\u2013; porque el Hijo recibe la misma vida del Padre, y espira con \u00c9l un solo Aliento. As\u00ed, los cristianos s\u00f3lo podemos ser una sola cosa si recibimos la misma vida filial de Jesucristo, si inspiramos un mismo Esp\u00edritu. Y no podemos recibirlo sino de Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p>Somos el Cuerpo m\u00edstico de Cristo. Pero el cuerpo de Cristo ha sido formado por el Esp\u00edritu, que le traspasa, y s\u00f3lo comiendo el cuerpo de Cristo y bebiendo su sangre tenemos la misma vida de Jes\u00fas, recibimos su mismo Esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p>Somos un templo del Esp\u00edritu Santo, de la Trinidad. Pero el \u00fanico Templo de la Trinidad es la humanidad de Jesucristo, y s\u00f3lo cuando somos incorporados a ella \u2013inicialmente por el bautismo, perfectamente por la Eucarist\u00eda\u2013 pasa la Iglesia entera y cada uno de los cristianos a ser templo de la Trinidad.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed podemos decir sin exageraci\u00f3n alguna que la Iglesia en la tierra depende totalmente de la Eucarist\u00eda, y consiguientemente que el progreso de la Iglesia es el progreso de su actitud ante la Eucarist\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Grave advertencia para todos. Porque el Esp\u00edritu ha ido ense\u00f1ando durante siglos a los hombres de la Iglesia. Ha ido matizando, perfeccionando, las ideas y los efectos respecto de este misterio central. Y no es raro que hoy intentemos retroceder, arrasando la obra del Esp\u00edritu. Problema teol\u00f3gico, espiritual y pastoral, en qu\u00e9 medida ciertas deficiencias de la Iglesia actual se deben a malentendidos respecto del misterio eucar\u00edstico.<\/p>\n\n\n\n<p>Y basta tomar el Misal y leer las plegarias eucar\u00edsticas \u2013vamos a tomar nuestras palabras de la cuarta\u2013 para captar la conciencia de la Iglesia acerca de cuanto hemos dicho.<\/p>\n\n\n\n<p>Inmediatamente antes de la consagraci\u00f3n, el sacerdote se dirige al Padre diciendo: \u00abY tanto amaste al mundo, Padre Santo, que&#8230; nos enviaste como salvador a tu \u00fanico Hijo&#8230; El cual se encarn\u00f3 por obra del Esp\u00edritu Santo&#8230; Para cumplir tus designios, \u00c9l mismo se entreg\u00f3 a la muerte&#8230; (y en la oraci\u00f3n secreta antes de la comuni\u00f3n se se\u00f1ala la cooperaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en tal entrega) &#8230; Y porque no vivamos ya para nosotros mismos, sino para \u00c9l, que por nosotros muri\u00f3 y resucit\u00f3, envi\u00f3, Padre, desde tu seno, al Esp\u00edritu Santo&#8230; Que este mismo Esp\u00edritu santifique, Se\u00f1or, estas ofrendas para que sean Cuerpo y Sangre de Jesucristo Nuestro Se\u00f1or&#8230;\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Y antes de la comuni\u00f3n: \u00abconcede a cuantos compartimos este pan y este c\u00e1liz que, congregados en un solo cuerpo por el Esp\u00edritu Santo, seamos en Cristo v\u00edctima viva para tu alabanza\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El Esp\u00edritu Santo opera en la consagraci\u00f3n como en la Encarnaci\u00f3n; y Jesucristo, lleno del Esp\u00edritu Santo, nos lo comunica a nosotros.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Desde el principio, la Eucarist\u00eda ha sido fuerza y alimento del pueblo cristiano<\/h2>\n\n\n\n<p>A nuestra inteligencia del misterio ayudar\u00e1 la meditaci\u00f3n acerca de las actitudes de las primeras comunidades cristianas. Podemos rastrearlas en los textos del Nuevo Testamento y de los Padres Apost\u00f3licos. Textos escasos en n\u00famero, y a veces de no f\u00e1cil interpretaci\u00f3n. Los autores aluden a una realidad bien conocida y pac\u00edficamente pose\u00edda. Nos aportan f\u00f3rmulas tal vez un poco secas en su concisi\u00f3n, y por a\u00f1adidura resecas bajo la tortura de los estudios filol\u00f3gicos e hist\u00f3ricos a que inevitablemente han debido ser sometidas. Nos suponen, adem\u00e1s, un cierto esfuerzo para salir de la asfixiante mentalidad moderna, que tenemos misi\u00f3n de convertir, pero que no deja de operar sobre nosotros mismos.<\/p>\n\n\n\n<p>La comunidad cristiana se presenta desde el comienzo como el pueblo convocado por Dios en Cristo Jes\u00fas. La uni\u00f3n con Jes\u00fas, entregado a la muerte y resucitado por nosotros, es lo caracter\u00edstico del cristiano: seguir a Jes\u00fas, creer en \u00c9l, entrar en comuni\u00f3n con \u00c9l, dar testimonio de \u00c9l, es lo propio del cristiano. Todo ello se realiza por la predicaci\u00f3n, por la fe, por el bautismo, por la donaci\u00f3n del Esp\u00edritu. Pero todo ello se funda en la presencia de Jes\u00fas mismo y en la celebraci\u00f3n comunitaria de la Eucarist\u00eda. Acaso fuera importante el que los ap\u00f3stoles participaron en la cena antes de recibir el Esp\u00edritu&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Habr\u00eda que esforzarse por entrar en la mentalidad, en los sentimientos de aquellos hombres que hab\u00edan conocido humana y sensiblemente a Jes\u00fas, que hab\u00edan o\u00eddo, visto, palpado al Verbo de la Vida. O al menos hab\u00edan convivido con los testigos inmediatos. Comprender las resonancias intelectuales y afectivas que despertar\u00edan en ellos estas simples palabras: el cuerpo y la sangre de Jes\u00fas \u2013entender lo que significaba para ellos una comida en comunidad, y, m\u00e1s a\u00fan, una comida con Jes\u00fas\u2013. Recordar que fueron testigos de los sufrimientos de aquel hombre, que sintieron en s\u00ed mismos esos sufrimientos. Que le abandonaron, le negaron o le siguieron hasta la cruz. Nosotros, que no hemos conocido a Jes\u00fas corporalmente, ni hemos contemplado jam\u00e1s una crucifixi\u00f3n, ni una resurrecci\u00f3n, ni hemos podido tratar jam\u00e1s con testigo alguno de nada de ello. Penetrar el hond\u00edsimo sentido que ten\u00eda para ellos la alianza y, en el caso de los grecorromanos, la comuni\u00f3n con la divinidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Sensibilizados a tal ambiente, podremos captar con mucha m\u00e1s penetraci\u00f3n textos como el cap\u00edtulo 6 de San Juan, o los p\u00e1rrafos de San Pablo en 1Cor 10, 14-22 y 11, 17-34. Los primeros cristianos <em>sienten<\/em> que Jes\u00fas les ha ofrecido en la Eucarist\u00eda la realidad de su presencia, incluso corporal, que se ha quedado con su cuerpo y su sangre llevando hasta el extremo el realismo de la promesa: <em>estar\u00e9 con vosotros hasta la consumaci\u00f3n de los siglos.<\/em> Presencia de quien ha sido torturado por ellos y por todos, sin otra causa que el amor inmotivado. De quien ha permitido destrozar su cuerpo y derramar su sangre. Ese Cuerpo y esa Sangre que el cristiano come y bebe ahora.<\/p>\n\n\n\n<p>Y se lo ha dejado en una comida que contiene el cumplimiento de todas las expectaciones del Antiguo Testamento. Es el ofrecimiento actual de la alianza escatol\u00f3gica, nueva y eterna, que realiza, rebas\u00e1ndolas con mucho, todas las promesas esperadas durante siglos por el Israel de Dios, que iba preparando el nuevo y verdadero Israel, que es la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Un banquete sacrificial en que est\u00e1 presente el Se\u00f1or mismo sacrificado, resucitado ya, haciendo todo lo que Dios ha hecho y ha de hacer por los hombres en la largu\u00edsima historia de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Y sienten que la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda les pone en comunicaci\u00f3n con las actitudes de sacerdote y v\u00edctima del Se\u00f1or. Y sienten la seriedad tremenda del anuncio de su muerte. La necesidad absoluta de comer dignamente esta carne y beber dignamente esta sangre. Pues quien no come y no bebe no puede tener vida eterna, y quien come y bebe indignamente se come y bebe su propia condenaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La experiencia eucar\u00edstica les hace conscientes de la verdad de la mutua uni\u00f3n. Porque participan de un mismo pan, tienen una misma vida; porque comen el cuerpo de Jes\u00fas, quedan constituidos en cuerpo de Cristo, del que no pueden ya separarse sin grav\u00edsima culpa. Uni\u00f3n personal, total, permanente, eterna con Jes\u00fas, y en \u00c9l y con \u00c9l con todos los dem\u00e1s part\u00edcipes del banquete sacrificial. Como fruto del sacrificio. En la uni\u00f3n de una vid con sus sarmientos, en la unidad del cuerpo con su cabeza.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Valoraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda hecha por el Vaticano II en relaci\u00f3n con la religiosidad del pueblo<\/h2>\n\n\n\n<p>Actualizadas estas ideas capitales sobre la Eucarist\u00eda, pensamos ahora en las circunstancias de nuestros tiempos en el \u00e1mbito del tema se\u00f1alado. La relaci\u00f3n del misterio eucar\u00edstico con la religiosidad del pueblo cristiano.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos dice el Concilio: \u00abEl ejercicio de la religi\u00f3n, por su propia \u00edndole, consiste, sobre todo, en los actos internos, voluntarios y libres, por los que el hombre se ordena directamente a Dios&#8230; Y la misma naturaleza social del hombre exige que \u00e9ste manifieste externamente los actos internos de religi\u00f3n, que se comunique con otros en materia religiosa, que profese su religi\u00f3n de forma comunitaria\u00bb<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Entendemos por religiosidad cristiana la actitud de quienes, confesando el credo, admiten, sean cualesquiera sus deficiencias originadas en la debilidad humana, que el \u00fanico camino para unirse con las personas divinas en Cristo Salvador es el que la Iglesia les se\u00f1ala como manifestado por Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin duda, tal actitud incluye la tendencia al perfeccionamiento progresivo, a la caridad plena, a la santidad personal en la comunidad, aunque todo ello apenas llegue a hacerse consciente en muchos cristianos. Tarea pastoral es colaborar con Cristo al desenvolvimiento paulatino de dicha tendencia. Y la plenitud consiste en la adhesi\u00f3n total del hombre al Padre, y al Hijo, y al Esp\u00edritu Santo que act\u00faa en la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>La religiosidad cristiana supone la conciencia, por d\u00e9bil que sea, de la infinita majestad y soberan\u00eda divina, de la acci\u00f3n salv\u00edfica de Dios en Cristo, de la posibilidad de salvaci\u00f3n y condenaci\u00f3n, del pecado como acto y como situaci\u00f3n, de la operaci\u00f3n redentora llevada a cabo en la Iglesia, una, santa, cat\u00f3lica, apost\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, quienquiera que admita tales verdades percibe f\u00e1cilmente:<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>La necesidad de la presencia activa continua del Salvador en nuestra vida.<\/li>\n\n\n\n<li>La necesidad de adoraci\u00f3n de las Personas divinas y, consiguientemente, de Jesucristo mismo, a quien confiesa por Hijo de Dios.<\/li>\n\n\n\n<li>La necesidad de alabanza y gratitud a Dios, fuente continua de beneficios, en todos los \u00f3rdenes, orientados a la santificaci\u00f3n.<\/li>\n\n\n\n<li>La necesidad de perd\u00f3n, de expiaci\u00f3n incesante, ya que se reconoce como pecador.<\/li>\n\n\n\n<li>La necesidad de petici\u00f3n, de una postura de reconocimiento de la propia indigencia humana y de esperanza en el amor omnipotente del Padre.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p>Y percibe igualmente la incapacidad absoluta del hombre como tal y, en un plano incomparablemente m\u00e1s hondo, del hombre pecador, para satisfacer tales indigencias.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY qui\u00e9n podr\u00eda negar que todas ellas, siempre reales objetivamente, progresivamente experimentadas seg\u00fan el hombre va haci\u00e9ndose realmente hombre bajo la acci\u00f3n de la gracia, s\u00f3lo pueden encontrar satisfacci\u00f3n en todos esos aspectos de la Eucarist\u00eda que hemos hallado en las promesas del Se\u00f1or y en la vivencia de los primeros cristianos? Tal es, ciertamente, la conciencia de la Iglesia de hoy, como ha sido, a lo largo de la historia de veinte siglos, con matices diversos, la conciencia de todos los santos. Por ello, el misterio de la Eucarist\u00eda, la presencia permanente de Jes\u00fas entre nosotros, a partir de la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda, de la consagraci\u00f3n y de la comuni\u00f3n sacramental, es la fuente inmediata de la religiosidad cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>Y por lo mismo, la tarea pastoral principal es descubrir, conservar y desarrollar los diversos modos que en la \u00e9poca actual pueden ser v\u00e1lidos para establecer el contacto de los hombres con la Eucarist\u00eda. Sin olvidar que se trata del don de Jes\u00fas a su Iglesia, y s\u00f3lo en ella se nos entrega a cada uno. A su Iglesia, tal como \u00c9l la ha establecido: una, jer\u00e1rquica, guiada por su Esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues la maravillosa labor est\u00e1, sin duda, expuesta a muy graves extrav\u00edos. No hemos de perder jam\u00e1s de vista que el hombre comienza siendo carnal, humano, p\u00e1rvulo en la fe, y tiende inevitablemente a entender carnalmente las mismas realidades divinas, los divinos planes. Y no es ni la carne ni la sangre las que pueden llevarnos a Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p>El Vaticano II no ha intentado exponer sistem\u00e1ticamente la doctrina sobre la Eucarist\u00eda como fuente de vida del pueblo cristiano. No obstante, tal sistematizaci\u00f3n ser\u00eda hacedera entresacando de los diversos documentos conciliares los textos pertinentes. No vamos a ensayarla ahora; s\u00f3lo queremos hacer notar que, partiendo de la presencia del Se\u00f1or, el Concilio ve en la Eucarist\u00eda la fuente de toda la vida cristiana desde el comienzo en la tierra hasta la consumaci\u00f3n gloriosa eterna, y eso no solamente respecto de la vida individual de cada cristiano, sino tambi\u00e9n respecto de la vida de la comunidad como tal.<\/p>\n\n\n\n<p>Leemos solamente algunos textos particularmente expresivos a modo de ejemplo: \u00abLa celebraci\u00f3n eucar\u00edstica, fuente de la vida de la Iglesia y prenda de la futura gloria, por la cual los fieles, unidos con el obispo, al tener acceso a Dios Padre por medio del Hijo, el Verbo encamado, en la efusi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, consiguen la comuni\u00f3n con la Sant\u00edsima Trinidad, hechos \u201cpart\u00edcipes de la naturaleza divina\u201d. As\u00ed pues, por la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda del Se\u00f1or en cada una de las Iglesias, se edifica y crece la Iglesia de Dios&#8230;\u00bb<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa obra de nuestra redenci\u00f3n se efect\u00faa cuantas veces se celebra en el altar el sacrificio de la cruz, por medio del cual \u201cCristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado\u201d. Y al mismo tiempo, la unidad de los fieles, que constituyen un solo cuerpo en Cristo, est\u00e1 representada y se realiza por el sacramento del Pan eucar\u00edstico\u00bb<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Refiri\u00e9ndose a los seglares: \u00abPues todas sus obras&#8230; si son hechas en el Esp\u00edritu, e incluso las mismas pruebas de la vida, si se sobrellevan pacientemente, se convierten en sacrificios espirituales, aceptables a Dios por Jesucristo, que en la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda se ofrecen piados\u00edsimamente al Padre junto con la oblaci\u00f3n del Cuerpo del Se\u00f1or\u00bb<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abAl celebrar el sacrificio eucar\u00edstico es cuando mejor nos unimos al culto celestial\u00bb<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abDe esta forma, la comunidad cristiana se hace signo de la presencia de Dios en el mundo, pues por el sacrificio eucar\u00edstico pasa con Cristo al Padre\u00bb<a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La Eucarist\u00eda como sacrificio: ah\u00ed la verdadera religiosidad. Adoraci\u00f3n, acci\u00f3n de gracias\u2026<\/h2>\n\n\n\n<p>Ya hemos advertido que el Vaticano II no trat\u00f3 de exponer la doctrina sobre la Eucarist\u00eda. Sin embargo, ha dejado indicados los diversos aspectos que debemos considerar para penetrar m\u00e1s y m\u00e1s el misterio. Y Pablo VI ha cuidado incansablemente de seguir tales indicaciones completando, precisando y aplicando a la pr\u00e1ctica cuanto parece m\u00e1s oportuno en nuestros d\u00edas. Por lo dem\u00e1s, importa notar que, salvo ciertas adaptaciones de pormenores pr\u00e1cticos, no hay propiamente novedad alguna en tales ense\u00f1anzas.<\/p>\n\n\n\n<p>Es claro que hoy como siempre los aspectos capitales del misterio eucar\u00edstico, supuesta como base la realidad de la presencia incluso corporal del Se\u00f1or, son el sacrificio y la comuni\u00f3n de los cristianos en \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>El sacrificio: consideramos esencial la predicaci\u00f3n insistente de esta realidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Sacrificio significa elevaci\u00f3n m\u00e1s inmediata al nivel de lo sagrado, a la esfera divina. El hombre Jes\u00fas fue levantado a la diestra del Padre por el sacrificio, de donde el sacrificio de Cristo incluye la resurrecci\u00f3n, m\u00e1s a\u00fan, consiste en ella, sobre todo. Mas partiendo de su condici\u00f3n semejante al hombre pecador, Jes\u00fas pas\u00f3 de hecho por los tormentos de la pasi\u00f3n y por la muerte, y esto es esencial en su sacrificio, y, por tanto, lo es en el sacrificio de la Eucarist\u00eda. No puede restablecerse la uni\u00f3n con Dios del pecador sino por la adhesi\u00f3n al sacrificio del Se\u00f1or, y esta uni\u00f3n no tiene otra realizaci\u00f3n que la Eucarist\u00eda. Todos los dem\u00e1s sacrificios del cristiano reciben su valor aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>No podemos adorar al Padre, ni rendirle el tributo conveniente, amoroso, de nuestra gratitud, ni pedirle el perd\u00f3n necesario por nuestros pecados, ni impetrar las gracias necesarias para mantener y desarrollar nuestra vida divina, sino por el sacrificio de Jes\u00fas, hecho presente en la Misa.<\/p>\n\n\n\n<p>Y creemos importante recordar una verdad, por lo dem\u00e1s obvia: la eficacia sacrificial de la Misa se extiende mucho m\u00e1s lejos que la comuni\u00f3n sacramental. Actualizando en la tierra sacramentalmente el sacrificio de nuestra Cabeza, recabamos gracias de perd\u00f3n y de progreso sobre muchedumbres incontables que jam\u00e1s tendr\u00e1n acceso en la tierra, y much\u00edsimas veces sin culpa alguna, a la comuni\u00f3n sacramental.<\/p>\n\n\n\n<p>La Misa se ofrece por todos los vivos y todos los difuntos a\u00fan indigentes. De ah\u00ed la inadmisible incongruencia de los que, por sistema, se abstienen de las celebraciones mal llamadas \u00abprivadas\u00bb, pues la celebraci\u00f3n de la Misa no es privada, por muy solo que se encuentre corporalmente el sacerdote que la celebra.<\/p>\n\n\n\n<p>Y a\u00fan podr\u00edamos insistir en otra verdad. El sacrificio de la Eucarist\u00eda es el sacrificio que Jes\u00fas pone a disposici\u00f3n de su Iglesia. En la medida que el celebrante lo toma como propiedad suya, atrevi\u00e9ndose a variar las normas con que la Iglesia atiende a la celebraci\u00f3n recta y fructuosa, el sacrificio va alej\u00e1ndose de su autenticidad. Es evidente que, si un sacerdote cambia a su arbitrio la materia o la forma de la consagraci\u00f3n, no se realiza el sacrificio. Pero igualmente lo es que cuando altera el marco que la Iglesia dispone para la celebraci\u00f3n de \u00absu sacrificio, del sacrificio de su Cabeza\u00bb, priva a los fieles, y se priva a s\u00ed mismo, de las gracias congruentes para la participaci\u00f3n fructuosa en el sacrificio.<\/p>\n\n\n\n<p>De modo que expresiva, aunque acaso no muy exactamente, podr\u00edamos decir que no es privada la celebraci\u00f3n de un sacerdote solitario f\u00edsicamente seg\u00fan las ordenaciones de la Iglesia, y s\u00ed va si\u00e9ndolo la celebraci\u00f3n del presb\u00edtero que sigue sus propias ordenaciones, aunque est\u00e9 rodeado de una comunidad muy numerosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Y pensamos que el marco lit\u00fargico puede llegarse a mudar de tal forma que ni siquiera se realice el sacrificio.<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto a la comuni\u00f3n, deber\u00edamos quiz\u00e1 insistir mucho m\u00e1s en que se trata, como ya hemos dicho, de la <em>comuni\u00f3n con Cristo sacrificado.<\/em> Comuni\u00f3n es comunicaci\u00f3n; es recepci\u00f3n de la vida de Jesucristo que se nos comunica. Es comunicarnos con \u00c9l participando de su propia vida que nos ofrece. Y s\u00f3lo en ella nos comunicamos mutuamente. Pero es antigua y exacta doctrina que la recepci\u00f3n de la vida del Se\u00f1or depende no s\u00f3lo de su voluntad de d\u00e1rnosla, sino tambi\u00e9n de nuestra disposici\u00f3n para recibirla. Y as\u00ed quien no se acerca a Jes\u00fas con un m\u00ednimo de actitud de sacrificio, no comulga en rigor. No parece exagerado pensar en la invalidez de muchas comuniones. Es cierto que la ordenaci\u00f3n de la Misa tiende a crear esas disposiciones; mas desventuradamente muchas veces el cristiano atiende muy poco a las expresiones del misal.<\/p>\n\n\n\n<p>Quien no llega a la Eucarist\u00eda con la conciencia de hombre pecador, indigente de la elevaci\u00f3n que s\u00f3lo produce Cristo, con el deseo de participar de su sacrificio, dif\u00edcilmente recibir\u00e1 vida divina, o apenas la recibir\u00e1. De ah\u00ed el esc\u00e1ndalo \u2013muy grave\u2013 de personas que \u00abcomulgan\u00bb y no progresan en sus actitudes cristianas.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, por otra parte, no debemos reducir esta comuni\u00f3n a un momento cimero. Es cierto que la comuni\u00f3n sacramental se realiza en plenitud cuando en el momento de la celebraci\u00f3n misma nos acercamos a recibir como comida la hostia consagrada. Pero la comuni\u00f3n sacramental, si es, como hemos recordado, comunicaci\u00f3n de la vida de Cristo en su sacrificio, se realiza siempre que hay una aproximaci\u00f3n personal real a la Eucarist\u00eda. Siempre, por supuesto, que comulgamos en un momento en que no se est\u00e1 celebrando la Misa. A cualquier hora que recibamos al Se\u00f1or, si lo recibimos bien, estamos comulgando en la Misa. Que objetivamente sea preferible participar en ella con presencia f\u00edsica, no significa de ninguna manera que no participe quien no est\u00e1 presente corporalmente. Ni menos que no participe quien comulga en otro momento.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s a\u00fan, no s\u00f3lo entramos en comuni\u00f3n con la Misa recibiendo en nuestra boca la hostia santa. Todo el que se acerca al Sagrario, consciente de la presencia real corporal de Jes\u00fas sacrificado, comulga realmente. Es lo que llamamos la comuni\u00f3n espiritual. Pues si Jes\u00fas desea ciertamente que recibamos en la plenitud de signo el sacramento de su cuerpo y de su sangre, no est\u00e1 limitado por esa plenitud significativa. Y hay muchos motivos v\u00e1lidos que impiden al cristiano comulgar en la Misa, e incluso acercarse a comulgar. No debemos olvidar, aun desde este punto de vista, la eficacia de los actos de culto eucar\u00edstico. Una visita, una exposici\u00f3n del Sant\u00edsimo Sacramento, deben ser una comuni\u00f3n, en este sentido secundario, pero real y que puede tener eficacia incalculable.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La Eucarist\u00eda como presencia sacramental. Valor extraordinario de las diversas formas de culto eucar\u00edstico<\/h2>\n\n\n\n<p>Y vamos a tocar concisamente un \u00faltimo punto fundamental: la realidad de la presencia corporal del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>La magnitud del don amoroso consiste sobre todo en esto: que ha querido estar con nosotros aun corporalmente. Ciertamente, como v\u00edctima, como sacrificio, pero \u00c9l mismo. De hecho, la Misa es el sacrificio de Jes\u00fas, porque est\u00e1 presente Jes\u00fas mismo. No podemos pensar jam\u00e1s en la Misa sin pensar en el sacrificio, pero tampoco podemos hacerlo sin ser conscientes de su presencia. De la presencia del Hijo de Dios y, consiguientemente, del Padre y del Esp\u00edritu Santo, quienes est\u00e1n en relaci\u00f3n precisamente en Cristo. Y de ah\u00ed brota la necesidad y no s\u00f3lo la licitud de las formas del culto eucar\u00edstico. La persona vale m\u00e1s que sus actos; y si el modo de estar condiciona la relaci\u00f3n con la persona, \u00e9sta no deja por ello de ser lo capital. Si Jes\u00fas est\u00e1 presente en la hostia consagrada, se impone la adoraci\u00f3n, el ejercicio despacioso de la fe en su presencia, de la esperanza en su amor, del amor a su Persona tal como es: el Verbo divino hecho carne.<\/p>\n\n\n\n<p>En la medida que crezca, nuestra conciencia de su presencia personal divino-humana, crecer\u00e1n nuestras disposiciones para recibir el fruto de su sacrificio, para recibir la comunicaci\u00f3n de su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Y no podemos actualizar la fe en su presencia sin que inmediatamente surja el acto de adoraci\u00f3n, y de adoraci\u00f3n del hombre pecador, y de gratitud porque es mi Salvador, y de deseo de uni\u00f3n con \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Si \u00c9l ha querido, en realizaci\u00f3n de un amor eterno aun humanamente, convivir con nosotros desde la tierra conjugando su modo de vida celestial con el nuestro todav\u00eda terreno, no puede haber otra respuesta que la convivencia a nuestro modo. A su presencia real en el Sagrario no hay otra respuesta que nuestra presencia real ante el Sagrario. Pueden mudarse accidentalmente las formas externas de esta comunicaci\u00f3n; pero la sustancia, la adoraci\u00f3n, la presencia, tienen que perseverar necesariamente mientras viva la fe. La Iglesia ha cuidado siempre de ordenar tambi\u00e9n todas estas manifestaciones exteriores. Despu\u00e9s del Concilio, y aparte de las ordenaciones expuestas en el Misal, nos han llegado de Roma no pocos documentos doctrinales o pr\u00e1cticos, acerca del culto eucar\u00edstico. Debemos, por supuesto, aceptarlos, conscientes \u2013una vez m\u00e1s\u2013 de que la Eucarist\u00eda es el don de Jes\u00fas a su Iglesia. Pero debemos meditarlos, seguros de que el Esp\u00edritu que ha prometido su asistencia a la jerarqu\u00eda para ordenar rectamente nuestra relaci\u00f3n con el Se\u00f1or, nos ha prometido igualmente su asistencia para obtener el fruto de tales ordenaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Tema de alto bordo este de nuestras actitudes ante las normas jer\u00e1rquicas. Se dice frecuentemente, y con verdad, que la historia es el lugar donde Dios se revela. Pero la revelaci\u00f3n de Dios en las acciones del mundo no es f\u00e1cilmente discernible; en cambio, s\u00ed lo es en las actividades de la Iglesia regida por el Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Desviaciones pr\u00e1cticas de hoy en relaci\u00f3n con  la Eucarist\u00eda<\/h2>\n\n\n\n<p>Y ante estas visiones del amor de Dios, lleno de ternura, que nos rodea por todas partes de gracia, que nos entrega a su Hijo en medio de nuestra vida terrena, \u00bfqu\u00e9 pensar de tantas repulsas a su amor?<\/p>\n\n\n\n<p>No vamos a entrar en un an\u00e1lisis de las actitudes te\u00f3ricas o pr\u00e1cticas, con que a lo largo de los veinte siglos de historia de la Iglesia el hombre ha rechazado este divino amor. Ni siquiera nos vamos a detener a considerar todas las desviaciones de nuestra \u00e9poca. Pero en una Semana de Teolog\u00eda, que necesariamente ha de ser una contemplaci\u00f3n de ese amor infinito, tal como se manifiesta en el misterio eucar\u00edstico, y un intento de ahondar m\u00e1s en \u00e9l e incluso de considerar las formas de acogerlo m\u00e1s plenamente, no podemos prescindir de dirigir la mirada a los yerros humanos, que nos revelan mejor todav\u00eda la calidad de la caridad divina: su caracter\u00edstica respecto a los hombres. Pues el amor de Dios a los hombres se realiza en continuo perd\u00f3n. Jam\u00e1s el hombre responde con plenitud total a la gracia. Salvo la Virgen Mar\u00eda, todos somos pecadores&#8230; Y que Cristo mantenga sus dones, conociendo de antemano la mala acogida que van a recibir por parte de muchos, es soberanamente significativo. Tanto m\u00e1s cuanto que muchos de ellos acabar\u00e1n, pese a todo, transformados por tal amor omnipotente.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos parece que si atendemos a las realizaciones actuales en relaci\u00f3n con el misterio de la Eucarist\u00eda advertimos m\u00faltiples desviaciones, en cuyo fondo se oculta siempre el esp\u00edritu de autosuficiencia del hombre, tan agudizado hoy.<\/p>\n\n\n\n<p>Y debido a tal esp\u00edritu de autosuficiencia se olvida (aunque no se niegue generalmente):<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Que la Eucarist\u00eda es un don de Dios.<\/li>\n\n\n\n<li>Que es una presencia personal de Jes\u00fas, el Hijo de Dios hecho hombre.<\/li>\n\n\n\n<li>Que tal presencia se realiza en un sacrificio.<\/li>\n\n\n\n<li>Que es un don hecho a la Iglesia, y destinado a cada uno de los hombres que reciben la vida de Cristo y <em>por ello<\/em> quedan m\u00e1s estrechamente unidos entre s\u00ed.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p>Pensamos que lo radical en los extrav\u00edos que podemos advertir consiste en que la Eucarist\u00eda se considera como una propiedad del hombre como tal, que significa con ella su unidad con otros hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>De ah\u00ed la tendencia a las Misas de grupos, no como un paso acaso conveniente para llevarlos a la comunidad de la Iglesia total, sino como manifestaci\u00f3n de la unidad que los miembros del grupo mantienen entre s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>La tendencia a inventar los signos que se estiman oportunos seg\u00fan el propio juicio, con desprecio absoluto de las normas de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>La tendencia a multiplicar los signos del grupo humano y a limitar los signos de adoraci\u00f3n, de conciencia de la presencia del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>En consecuencia, la libertad para acercarse a la comuni\u00f3n con toda clase de pecados; sin atender a la pureza de conciencia que produce la confesi\u00f3n sacramental.<\/p>\n\n\n\n<p>El uso de las celebraciones para afirmar la mera solidaridad natural humana, con ocasi\u00f3n de sucesos de nivel social, o viceversa, la supresi\u00f3n de las celebraciones por id\u00e9nticos motivos.<\/p>\n\n\n\n<p>La seguridad en el juicio propio, frente a las normas de la Iglesia, para juzgar de las disposiciones de los fieles a la hora de comulgar. Ello produce retraso en las primeras comuniones, omisiones en las comuniones de enfermos, multiplicaci\u00f3n de comuniones fuera de las orientaciones de la jerarqu\u00eda, comuniones en pecado, sin confesi\u00f3n ni aun propuesta&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Es expresivo el caso de las primeras comuniones. Un Papa santo se\u00f1al\u00f3 un avance notable en la inteligencia del amor divino a los hombres, impulsando a la comuni\u00f3n a los ni\u00f1os con un m\u00ednimo de discernimiento intelectual. Es, en suma, un caso del amor de Dios a los pobres, a los humildes y sencillos. Pero actualmente, en medio del clamor por los pobres, se abandona a los ni\u00f1os al despertar de sus pasiones, priv\u00e1ndoles de la comunicaci\u00f3n de la vida, que ciertamente no depende del grado de inteligencia humana.<\/p>\n\n\n\n<p>Y es tanto m\u00e1s expresivo cuanto que los mismos que hacen esperar a\u00f1os enteros a un ni\u00f1o \u2013que seg\u00fan ellos mismos ni siquiera puede cometer pecado mortal\u2013, admiten a la comuni\u00f3n a un adulto en pecado, porque estiman severidad excesiva retrasarle el momento de la comuni\u00f3n hasta que pueda confesar.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">\u00bfC\u00f3mo deber\u00eda ser hoy la vida eucar\u00edstica para lograr aut\u00e9ntica religiosidad?<\/h2>\n\n\n\n<p>No vamos a exponer circunstancialmente nuestro pensamiento acerca de lo que deber\u00eda ser hoy una pastoral eucar\u00edstica \u2013que es lo mismo que una pastoral sin m\u00e1s en los diversos centros comunitarios: parroquias, colegios de la Iglesia, movimientos apost\u00f3licos, seminarios, comunidades religiosas&#8230; Pero s\u00ed se\u00f1alaremos algunos puntos orientadores, que creemos aplicables, en su generalidad, a todos ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>En primer lugar, <strong>la<\/strong> <strong>conciencia del pastor de la realidad total<\/strong>, en todos sus aspectos, del misterio eucar\u00edstico. Sin una experiencia muy viva del trato con Cristo en la Eucarist\u00eda, es casi imposible colaborar con \u00c9l a conformar la vida cristiana de cualquier comunidad.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Un testimonio personal <\/strong><em><strong>incisivo<\/strong><\/em><em>.<\/em> El pastor debe <em>chocar,<\/em> en el ambiente actual, por su ternura y su eficacia en todo lo referente a la Eucarist\u00eda. No estimo exagerado pensar que se requieren largas horas ante el Sagrario, siempre que no sea imposible, para ejercer un apostolado eficiente. <em>Todos los santos lo han hecho as\u00ed,<\/em> al menos a lo largo de los \u00faltimos siglos, desde que la conciencia de la Iglesia alcanz\u00f3 un cierto nivel de comprensi\u00f3n de este misterio. Y no podemos dudar de ello: es el ejemplo de los santos el que se nos impone como norma de pensamiento y actuaci\u00f3n. Cuando durante siglos enteros, tantos hombres diferentes en temperamento, sexo, edad, cultura, ambiente sociol\u00f3gico, han actuado y pensado de la misma manera, no cabe titubeo en admitir que lo han hecho movidos por el Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Una<\/strong> <strong>predicaci\u00f3n abundante que muestre la Eucarist\u00eda como realizaci\u00f3n del amor divino y fuente inmediata de la caridad en nosotros<\/strong>. La consideraci\u00f3n detenida de los textos lit\u00fargicos, la preparaci\u00f3n de las Misas en c\u00edrculos reducidos, haciendo ver la relaci\u00f3n fontal que tienen con la vida entera. Es in\u00fatil el esfuerzo de la Iglesia por poner a nuestro alcance los textos lit\u00fargicos si no ense\u00f1amos al pueblo a meditarlos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Un<\/strong> <strong>esmero especial en rodear el culto eucar\u00edstico de la dignidad debida<\/strong>. M\u00e1s valiera pecar por el extremo de la exageraci\u00f3n en esta materia. Si atendemos a los tra\u00eddos y llevados signos de los tiempos, tendremos que admitir que una enfermedad del hombre actual es la ceguera para contemplar la grandeza divina. Y si no la contempla, dif\u00edcilmente podr\u00e1 amarla. Debemos, pues, acudir a sanarle, present\u00e1ndole los signos que le choquen, que le hagan pensar. Aunque en un primer movimiento reaccione en contra. Todo hombre de buena voluntad acabar\u00e1 percibiendo la realidad alt\u00edsima que Dios ciertamente quiere revelarle. \u00bfC\u00f3mo podr\u00e1 creer en la presencia del Hijo de Dios en la Forma consagrada, cuando nosotros hemos despojado el trato de la Sagrada Hostia de toda muestra de respeto?<\/p>\n\n\n\n<p>Aun signos no obligatorios en las normas generales de la liturgia, pero tampoco prohibidos, deber\u00edan ser conservados o sustituidos, siempre que las circunstancias lo permitan.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Insistencia incansable en subrayar el car\u00e1cter eclesial de la Eucarist\u00eda<\/strong>. Con la palabra y con los hechos. Eliminar toda expresi\u00f3n que pueda fomentar la conciencia de que un grupo posee en propiedad la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica o el sagrario.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, finalmente, <strong>una actitud de aliento<\/strong> ante los imperfectos crecimientos de la fe en los individuos y en las comunidades. Se\u00f1alando lo m\u00e1s perfecto, pero alentando a su realizaci\u00f3n paulatina, y, por tanto, facilitando realizaciones imperfectas, pero ya plausibles. Que los fieles puedan visitar el Sagrario, que puedan comulgar fuera de la Misa, que puedan confesar antes de acercarse a la Comuni\u00f3n. Que puedan participar en actos de culto eucar\u00edstico: exposiciones, bendiciones con el Sant\u00edsimo Sacramento&#8230;, acompa\u00f1ados frecuentemente de la palabra que explique su sentido total, su conexi\u00f3n con la Misa, con la vida de la comunidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace menos de un mes, el 15 de junio, Pablo VI habl\u00f3 sobre la Eucarist\u00eda a un grupo de obispos norteamericanos. Y termin\u00f3 con estas palabras, que traemos aqu\u00ed como perfectamente adaptadas a nuestras circunstancias: \u00abOs exhortamos a que os mostr\u00e9is firmes al proclamar el misterio de la vida en Cristo, y al conducir a vuestro pueblo, a la fuente de esta vida: la Eucarist\u00eda. Pedimos que vosotros alent\u00e9is por vuestra parte a los fieles en su vocaci\u00f3n eucar\u00edstica. Pedimos especialmente para que todos nuestros hijos en el sacerdocio sean sostenidos y apoyados en su inestimable cometido de edificar el pueblo de Dios por medio de la Eucarist\u00eda. En todos los sectores de la Iglesia pedimos se acerque una nueva etapa de piedad eucar\u00edstica, generadora de confianza y de amor fraternal y creadora de justicia y de santidad de vida\u00bb<a href=\"#sdfootnote9sym\" id=\"sdfootnote9anc\"><sup>9<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Cf. LG 2.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> LG 4.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> DH 3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> UR 15.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> LG 3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> LG 34.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> LG 50.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> AG 15.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote9anc\" id=\"sdfootnote9sym\">9<\/a> Discurso del 15 de junio de 1978, sobre el sacrificio eucar\u00edstico como centro de la unidad de la Iglesia, a los obispos de la IV y de la IX Regi\u00f3n Pastoral de los Estados Unidos de Am\u00e9rica del Norte.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lecci\u00f3n inaugural de la IV Semana de Teolog\u00eda Espiritual. Toledo. 3 de julio de 1978. 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