{"id":760,"date":"2024-09-22T19:40:29","date_gmt":"2024-09-22T17:40:29","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=760"},"modified":"2024-09-22T19:40:29","modified_gmt":"2024-09-22T17:40:29","password":"","slug":"la-eucaristia-y-el-compromiso-del-amor-fraterno","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/la-eucaristia-y-el-compromiso-del-amor-fraterno\/","title":{"rendered":"La Eucarist\u00eda y el compromiso del amor fraterno"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Conferencia pronunciada en la Catedral de Madrid, el 7 de octubre de 1977, al concluir el Triduo Eucar\u00edstico conmemorativo del Primer Centenario de la Adoraci\u00f3n Nocturna Espa\u00f1ola. Texto publicado en el <em>Bolean Oficial del Arzobispado de Toledo, <\/em>noviembre 1977.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Introducci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>Para todo sacerdote es un gozo hablar de la Eucarist\u00eda. No s\u00e9 qu\u00e9 tiene este gran misterio que, a pesar de la soberana grandeza del mismo, nos hace vibrar con el calor de vida que encierra. Celebramos el santo Sacrificio de la Misa o nos postramos para adorar el Sant\u00edsimo Sacramento, y, a poco que se medite en el amor de Cristo, nos parece en seguida que ten\u00eda que ser as\u00ed. No obstante lo incomprensible de la transustanciaci\u00f3n, no obstante lo infinitamente grandioso de que el sacrificio del Se\u00f1or se actualice constantemente en nuestros altares, junto a la Eucarist\u00eda, sacrificio o sacramento, uno se encuentra como en su casa, la casa de Jes\u00fas, la Iglesia, en que \u00c9l no puede faltar.<\/p>\n\n\n\n<p>Estaba asegurada su presencia por medio de la Palabra, de otras acciones sacramentales y lit\u00fargicas, de la Jerarqu\u00eda, de la unidad en el amor de los cristianos reunidos en su nombre. Pero, aun as\u00ed, pod\u00eda haber otra presencia substancial y personalizada, con su cuerpo y su alma y su sangre y su divinidad. Y la hubo en la Eucarist\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>El cristiano de coraz\u00f3n sencillo y creyente, una vez que entiende algo de lo que la fe de la Iglesia le propone en este misterio, rompe la zona oscura que le envuelve y se coloca de un golpe junto al Coraz\u00f3n de Cristo, como Juan en la \u00faltima cena. Y ya no le importan las oscuridades. Anhela esa presencia y se siente a gusto con ella. Todo el Evangelio se le echa encima con su carga amorosa, y recuerda que Cristo prometi\u00f3 su Carne y su Sangre como comida y bebida; que lo cumpli\u00f3 en la Pascua que celebr\u00f3 con los Ap\u00f3stoles; que muri\u00f3 en la cruz por nosotros; que nos busc\u00f3 con infinito amor, que quiso y quiere salvarnos con su misericordia, fortalecernos en nuestra miseria y ayudarnos a vencer la tentaci\u00f3n para no caer en el pecado. Y al recordarlo todo, llega a parecerle lo m\u00e1s natural del mundo, aunque sea tan sobrenatural, que se haya quedado con nosotros como se qued\u00f3 en la Eucarist\u00eda. A eso es a lo que llamo el calor de vida que encierra el misterio eucar\u00edstico.<\/p>\n\n\n\n<p>Os felicito, adoradores. Si el hablar de la Eucarist\u00eda es ya en s\u00ed mismo un gozo para todo sacerdote, para m\u00ed lo es a\u00fan mayor en esta ocasi\u00f3n en que celebramos el Centenario de la Adoraci\u00f3n Nocturna en Espa\u00f1a. Los hombres que sab\u00e9is adorar sois los que mejor comprend\u00e9is el sentido profundo de la vida religiosa, es decir, de la relaci\u00f3n con Dios. <em>Vuestras rodillas son vuestras alas,<\/em> os dir\u00e9 con palabras de Gertrudis von Le Fort. Y, en ese vuelo tantas veces repetido, hab\u00e9is sabido ascender hasta este Sacramento del Amor de los amores. Cien a\u00f1os ya desde que la Adoraci\u00f3n se constituy\u00f3 oficialmente en Espa\u00f1a. \u00bfQui\u00e9nes fueron los primeros adoradores? \u00bfEn qu\u00e9 ciudad y en qu\u00e9 templo empezaron su vida los primeros turnos? \u00bfC\u00f3mo fue creciendo la Obra a\u00f1o tras a\u00f1o? \u00bfQu\u00e9 extensi\u00f3n alcanz\u00f3 o qu\u00e9 paralizaciones ha sufrido despu\u00e9s? Datos importantes todos \u00e9stos que son o pueden ser conocidos. Pero yo no me voy a entretener en ello. Se me ha pedido que os hable de <em>La Eucarist\u00eda y el compromiso del amor fraterno.<\/em> Intentar\u00e9 hacerlo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La unidad querida por Cristo<\/h2>\n\n\n\n<p>En la \u00faltima cena, al instituir la Eucarist\u00eda, Jes\u00fas or\u00f3 as\u00ed: <em>\u00a1Oh Padre Santo! Guarda en tu nombre a \u00e9stos que T\u00fa me has dado, a fin de que sean una misma cosa, as\u00ed como nosotros lo somos&#8230; Pero no ruego solamente por \u00e9stos, sino tambi\u00e9n por aqu\u00e9llos que han de creer en M\u00ed por medio de su predicaci\u00f3n; que todos sean una misma cosa. Como T\u00fa, Padre, est\u00e1s en m\u00ed, y yo en Ti, as\u00ed sean ellos una misma cosa en nosotros, para que crea el mundo que T\u00fa me has enviado. Yo les he dado la gloria que T\u00fa me diste, para que sean una misma cosa, como lo somos nosotros. Yo estoy con ellos y T\u00fa est\u00e1s en m\u00ed, a fin de que sean consumados en la unidad, y conozca el mundo que T\u00fa me has enviado y los has amado a ellos como me has amado a M\u00ed<\/em>(Jn 17, 11. 20-23).<\/p>\n\n\n\n<p>En este sublime testamento de Cristo hay:<\/p>\n\n\n\n<p>1\u00ba Una apelaci\u00f3n a la unidad, como deseo ardiente de su Coraz\u00f3n y como fruto de su acci\u00f3n redentora, puesto que \u00c9l se sacrificaba para librarnos del pecado, causa \u00fanica de nuestras divisiones.<\/p>\n\n\n\n<p>2\u00ba De una unidad a lo divino, <em>que sean una misma cosa como lo somos nosotros,<\/em> lo cual es inalcanzable a no ser que se nos d\u00e9 una fuerza tambi\u00e9n divina.<\/p>\n\n\n\n<p>3\u00ba Esa unidad tiene, en la intenci\u00f3n eficaz de Cristo, un doble fin: que los disc\u00edpulos sean una misma cosa, como reflejo de la vida de la Trinidad Sant\u00edsima, y que el mundo al verlo crea que <em>T\u00fa me has enviado y les has amado a ellos como me amaste a M\u00ed.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Esta llamada de Cristo a la unidad, tan excepcional en todos los matices de su expresi\u00f3n, s\u00f3lo puede entenderse a la luz de la instituci\u00f3n de la Eucarist\u00eda. Ah\u00ed es donde est\u00e1 la fuerza divina para ser una misma cosa. <em>Quien come mi Carne y bebe mi Sangre<\/em> \u2013hab\u00eda dicho Jes\u00fas\u2013 <em>permanece en M\u00ed y Yo en \u00e9l<\/em> (Jn 6, 57).<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, permaneciendo Jes\u00fas en nosotros, podemos llegar a ser una misma cosa con \u00c9l y con el Padre, que nos lo ha dado para eso, y con el Esp\u00edritu, que es el Esp\u00edritu del mismo Cristo. As\u00ed se logra la unidad. Es lo que dice San Pablo en su primera Carta a los Corintios: <em>Ya que no hay m\u00e1s que un solo pan, somos nosotros, aunque seamos muchos, un solo cuerpo, pues todos comemos un solo pan<\/em> (1Cor 10, 17).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II \u2013nos dice ahora Pablo VI en la inolvidable homil\u00eda del Corpus de 1969\u2013 ha aclarado esta realidad profundamente cuando ha llamado a la Eucarist\u00eda <em>cena de la comuni\u00f3n fraterna<\/em> (GS 38); cuando ha dicho que los cristianos \u201cconfortados con el Cuerpo de Cristo en la sagrada liturgia eucar\u00edstica, muestran de un modo concreto la unidad del pueblo de Dios, significada con propiedad y maravillosamente realizada por este august\u00edsimo Sacramento\u201d (LG 11)\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abY es verdad que la Eucarist\u00eda intenta fundir en la unidad a los creyentes, los creyentes que somos nosotros, unidos a todos los hermanos del mundo. Se trata de otra caridad que arranca de Cristo y debe ser realizada por nosotros. La celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda siempre es principio de uni\u00f3n, principio de caridad, no s\u00f3lo en el sentimiento, sino tambi\u00e9n en la pr\u00e1ctica: <em>Amaos unos a otros como Yo os he amado <\/em>(Jn 13, 34).\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEs el <em>mandamiento nuevo,<\/em> el que debe distinguir a los hijos de la Iglesia. Y \u00e9ste encuentra su raz\u00f3n de ser, su futura din\u00e1mica, su resorte secreto, en la Comuni\u00f3n, en la Misa, que es la celebraci\u00f3n de la comunidad cristiana, el alimento de la caridad. \u201cEn toda comunidad que participa en el altar \u2013nos lo repite tambi\u00e9n el Concilio\u2013 se ofrece el s\u00edmbolo de aquella caridad y unidad del Cuerpo M\u00edstico, sin la cual no puede haber salvaci\u00f3n\u201d (Santo Tom\u00e1s, <em>Suma Teol\u00f3gica<\/em> III q.73 a.3). En estas comunidades, aunque sean frecuentemente peque\u00f1as o vivan en la dispersi\u00f3n, est\u00e1 presente Cristo, por cuya virtud se congrega la Iglesia\u00bb (LG 26).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abPor eso, el amor que procede de la Eucarist\u00eda es un amor irradiante: tiene un reflejo en la fusi\u00f3n de los corazones, en la amistad, en la uni\u00f3n, en el perd\u00f3n; nos da a entender que es preciso gastarse por las necesidades ajenas, por los peque\u00f1os, por los pobres, por los enfermos, por los prisioneros, por los exiliados, por los que sufren. Esta caridad se refiere tambi\u00e9n a los hermanos alejados; a los que la uni\u00f3n todav\u00eda no perfecta con la Iglesia Cat\u00f3lica no les permite sentarse a la misma mesa que nosotros, y nos obliga a rezar para que se apresure este momento. Esta \u201ccomuni\u00f3n\u201d tiene tambi\u00e9n un reflejo social, porque empuja a la verdadera solidaridad, a las obras de caridad, a la comprensi\u00f3n rec\u00edproca, al apostolado, tanto en la Iglesia, \u201ccuyo bien com\u00fan espiritual est\u00e1 sustancialmente contenido en el Sacramento de la Eucarist\u00eda\u201d (Santo Tom\u00e1s, <em>Suma Teol\u00f3gica<\/em> III q.65 a.3 ad 1), como entre nosotros, que, participando juntos del Pan de la vida, nos convertimos en el Cuerpo de Cristo; no muchos, sino un solo cuerpo; y de este modo permanecemos unidos rec\u00edprocamente y con Cristo en el Sacramento, y obramos nuestro bien, que es \u201cel afecto, el amor fraterno, el estar unidos y agrupados en una vida que transcurre en la paz y en la serenidad\u201d\u00bb<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">De la unidad en Cristo<br>al compromiso del amor fraterno<\/h2>\n\n\n\n<p>Las \u00faltimas palabras del Papa, que acabo de leeros, nos sit\u00faan ya en la perspectiva del amor fraterno, como compromiso del que cree en Jes\u00fas y escucha su Palabra. Hay una relaci\u00f3n irreprimible entre la unidad de los cristianos con Cristo y con el Padre y el Esp\u00edritu, y el amor a los hombres como hermanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Supongamos que un cristiano, por su fe, por su oraci\u00f3n, su vida de gracia, su participaci\u00f3n en la Eucarist\u00eda, vive su unidad con Cristo. Todav\u00eda tendr\u00eda que hacerse esta pregunta: y esto, \u00bfpara qu\u00e9? \u00bfPara gozar del contento pur\u00edsimo que le produce esa realidad? Ser\u00eda ego\u00edsta. \u00bfPara detenerse en la posesi\u00f3n tranquila y beatificante del don que se le ha dado? Ser\u00eda forzada anticipaci\u00f3n de la vida celeste, imposible de alcanzar en la tierra. \u00bfPara salvarse? Ser\u00eda un absurdo, porque \u00bfc\u00f3mo puede uno salvarse para la vida eterna si no se cumplen los mandamientos, el primero de los cuales es, s\u00ed, amar a Dios sobre todas las cosas, pero el segundo, semejante al primero, es amar al pr\u00f3jimo como a s\u00ed mismo?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY qu\u00e9 fe, y qu\u00e9 vida de gracia, y qu\u00e9 participaci\u00f3n en la Eucarist\u00eda puede haber si se olvida el mandamiento de Jes\u00fas? \u00bfY c\u00f3mo se puede lograr la unidad en \u00c9l, al recibir su Cuerpo y su Alma y su Sangre y su Divinidad, si nos olvidamos de los sentimientos y la intenci\u00f3n con que nos entreg\u00f3 ese Cuerpo, esa Sangre y esa Alma con su Divinidad? <em>Hab\u00e9is de tener en vuestros corazones los mismos sentimientos que Cristo tuvo en el suyo,<\/em> dice San Pablo a los Filipenses (2, 5).<\/p>\n\n\n\n<p>El amor a los hermanos que Cristo nos pide es universal, puro y limpio de todo ego\u00edsmo, por encima del tiempo, redentor y salvador del hombre, con aplicaciones a la vida terrestre y con esperanza de lograr la plenitud en la vida del m\u00e1s all\u00e1; realista, puesto que exige obras y no meras palabras; atento a la dimensi\u00f3n de la persona humana en el orden individual, familiar y social; sacrificado y constante por encima del dolor y de la muerte. Son tantas las exigencias de este amor que parece un desatino ped\u00edrnoslo si no se nos facilitara a la vez el motivo, la fuerza para vivirlo y el ejemplo, todo lo cual lo encontramos en el Sacrificio de Cristo y en la Comuni\u00f3n con su Cuerpo y su Sangre. En la Eucarist\u00eda celebramos la entrega del Se\u00f1or por todos los hombres, el sacrificio hasta la muerte, el amor sin l\u00edmites, la santidad infinita, el realismo m\u00e1s impresionante. La Eucarist\u00eda no es un juego. O se acepta como es, y entonces lo exige todo porque lo da todo, o se convierte en un ritualismo evanescente, apto para entretener nuestras falsas piedades o nuestros falsos y parciales compromisos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Una acusaci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>Frente a todo lo que estoy diciendo se levanta por parte de muchos una acusaci\u00f3n que no es nueva: la de la ineficacia. \u00bfPor qu\u00e9 si la Eucarist\u00eda es una fuerza tan grande para el amor y el compromiso de la fraternidad, ha conseguido tan poco en un mundo siempre dividido, siempre desgarrado, siempre sumergido en las miserias de su ego\u00edsmo?<\/p>\n\n\n\n<p>No nos precipitemos en acusar. Del Sacrificio de la Misa y del Sagrario ha brotado sin cesar una fuerza transformadora que ha ido a parar al coraz\u00f3n de millones y millones de seres humanos, sin los cuales el mundo no hubiera conocido las m\u00e1s hermosas p\u00e1ginas de la historia del amor y la abnegaci\u00f3n. Lo mejor de la civilizaci\u00f3n cristiana no son su arte, sus monumentos literarios, sus catedrales, su teolog\u00eda, sus formas asociativas m\u00e1s visibles. Lo mejor est\u00e1 dentro del coraz\u00f3n de cada uno. En todos los lugares de la tierra donde se ha predicado el Evangelio, y los bautizados han acudido a la Mesa del Se\u00f1or, ha aparecido la constelaci\u00f3n innumerable de las almas valientes y abnegadas que, atendiendo al mandamiento nuevo y en obsequio a la Sagrada Eucarist\u00eda que han recibido o adorado, dieron curso en su existencia al perd\u00f3n, a la caridad fraterna, al sacrificio generoso en favor de los dem\u00e1s, a la paciencia de estilo evang\u00e9lico, a la esperanza en medio de todas las tribulaciones. En la historia no todo son cr\u00edmenes, ni guerras, ni ego\u00edsmos. Est\u00e1n tambi\u00e9n los ni\u00f1os puros, los j\u00f3venes que se han dejado atraer por Jesucristo, las madres perseverantes hasta el agotamiento en su labor educadora, las familias convertidas en iglesias dom\u00e9sticas, los sacerdotes santos derramando a torrentes los bienes divinos entre los hombres; las Ordenes y Congregaciones Religiosas de todos los tiempos dedicadas a la contemplaci\u00f3n, a la ense\u00f1anza de los pobres, a la beneficencia; los misioneros incansables que, a ejemplo del Verbo Encarnado, han plantado su tienda en los lugares m\u00e1s remotos y, sin otra compa\u00f1\u00eda que la de Cristo Eucar\u00edstico, han sembrado el Evangelio hasta los \u00faltimos confines de la tierra. La cosecha de amor fraterno que de todo esto ha brotado ha sido incalculable. El mundo de las relaciones humanas, a pesar de todas las tragedias y los fallos, es distinto desde que en \u00e9l hay cristianos que comen el Cuerpo y beben la Sangre del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Desde dentro del misterio<\/h2>\n\n\n\n<p>En los d\u00edas que vivimos, testigos y protagonistas de nuestros dramas destructores y de nuestras construcciones falaces, lo que no podemos hacer los cristianos es abdicar de nuestra responsabilidad frente al mundo. Y se produce la abdicaci\u00f3n cuando falla la fe o cuando la enturbiamos con nuestros racionalismos o nuestra soberbia interpretativa. Esto es lo que est\u00e1 en parte sucediendo durante los a\u00f1os que corren.<\/p>\n\n\n\n<p>Para que la Eucarist\u00eda influya m\u00e1s y m\u00e1s en el compromiso del amor fraterno, el camino adecuado no est\u00e1 en alejarnos del centro del misterio, en dejar de adorar, en destruir el sentido del pecado y la obligatoriedad de la confesi\u00f3n y el arrepentimiento, en atropellar la liturgia, en convertir la celebraci\u00f3n del Sacrificio en una mera asamblea de camaradas. Cuando se obra as\u00ed, de momento se logran fugaces movilizaciones de energ\u00edas que parec\u00edan dormidas; pero a la larga el compromiso se convierte en reivindicaci\u00f3n clasista, en exigencia contra los dem\u00e1s y tolerancia propia, en asentimiento a lo que puede haber de justo en las proclamaciones externas y eliminaci\u00f3n de todo lo que en la Eucarist\u00eda hay de purificaci\u00f3n y asc\u00e9tica personal. El que recibe la Eucarist\u00eda es una persona, no una sociedad o un grupo. Es cada persona, y todos la recibimos para formar sociedad en el amor de Cristo, lo cual es distinto.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa atenci\u00f3n al fondo del misterio es lo \u00fanico que puede garantizar la permanencia durable del amor entre hermanos que Cristo inculc\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque s\u00f3lo as\u00ed el amor fraterno es religioso, ya que est\u00e1 vinculado a Dios y a Jesucristo. Jes\u00fas no pidi\u00f3 un amor arreligioso. S\u00f3lo as\u00ed el amor es puro, porque se ve en seguida la incompatibilidad entre pecado y Cuerpo Sant\u00edsimo del Se\u00f1or. Y si se vive en las sombras del pecado, el obst\u00e1culo al Evangelio es evidente. S\u00f3lo as\u00ed el amor puede ser universal; la mera solidaridad de clase, de grupo, de raza, podr\u00e1 ser solidaridad para una empresa humana, pero no amor fraterno de signo evang\u00e9lico.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el Concilio Vaticano II en su Constituci\u00f3n sobre la Sagrada Liturgia, y en tantos otros pasajes de sus documentos, y posteriormente la Santa Sede en las Instrucciones promulgadas, han presentado el misterio de la Eucarist\u00eda con tanta riqueza y tanta capacidad de est\u00edmulo para la vida cristiana, haci\u00e9ndolo m\u00e1s asimilable para la comprensi\u00f3n individual y comunitaria de sus exigencias, es lamentable que se produzcan tan frecuentes manifestaciones de ligereza, de falta de respeto y meditaci\u00f3n, o, lo que es peor, tantos intentos de convertir la Eucarist\u00eda en un preg\u00f3n para los humanismos sociales exclusivamente orientados hacia la satisfacci\u00f3n de los deseos y las ambiciones del hombre en la tierra. La caridad cristiana, fruto de la Eucarist\u00eda y motor de evangelizaci\u00f3n, no es eso. Dice Pablo VI en la <em>E<\/em><em>vangelii nuntiandi<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abNo hay por qu\u00e9 ocultar, en efecto, que muchos cristianos generosos, sensibles a las cuestiones dram\u00e1ticas que lleva consigo el problema de la liberaci\u00f3n, al querer comprometer a la Iglesia en el esfuerzo de liberaci\u00f3n, han sentido con frecuencia la tentaci\u00f3n de reducir su misi\u00f3n a las dimensiones de un proyecto puramente temporal; de reducir sus objetivos a una perspectiva antropoc\u00e9ntrica; la salvaci\u00f3n, de la cual ella es mensajera y sacramento, a un bienestar material; su actividad \u2013olvidando toda preocupaci\u00f3n espiritual y religiosa\u2013 a iniciativas de orden pol\u00edtico o social. Si esto fuera as\u00ed, la Iglesia perder\u00eda su significaci\u00f3n m\u00e1s profunda. Su mensaje de liberaci\u00f3n no tendr\u00eda ninguna originalidad y se prestar\u00eda a ser acaparado y manipulado por los sistemas ideol\u00f3gicos y los partidos pol\u00edticos. No tendr\u00eda autoridad para anunciar, de parte de Dios, la liberaci\u00f3n. Por eso quisimos subrayar en la misma alocuci\u00f3n de la apertura del S\u00ednodo \u201cla necesidad de reafirmar claramente la finalidad espec\u00edficamente religiosa de la evangelizaci\u00f3n. Esta \u00faltima perder\u00eda su raz\u00f3n de ser si se desviara del eje religioso que la dirige: ante todo el reino de Dios, en su sentido plenamente teol\u00f3gico&#8230;\u201d\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa Iglesia asocia, pero no identifica nunca, liberaci\u00f3n humana y salvaci\u00f3n en Jesucristo, porque sabe por revelaci\u00f3n, por experiencia hist\u00f3rica y por reflexi\u00f3n de fe, que no toda noci\u00f3n de liberaci\u00f3n es necesariamente coherente y compatible con una visi\u00f3n evang\u00e9lica del hombre, de las cosas y de los acontecimientos; que no es suficiente instaurar la liberaci\u00f3n, crear el bienestar y el desarrollo para que llegue el reino de Dios. Es m\u00e1s, la Iglesia est\u00e1 plenamente convencida de que toda liberaci\u00f3n temporal, toda liberaci\u00f3n pol\u00edtica \u2013por m\u00e1s que \u00e9sta se esfuerce en encontrar su justificaci\u00f3n en tal o cual p\u00e1gina del Antiguo o del Nuevo Testamento; por m\u00e1s que acuda, para sus postulados ideol\u00f3gicos y sus normas de acci\u00f3n, a la autoridad de los datos y conclusiones teol\u00f3gicas; por m\u00e1s que pretenda ser la teolog\u00eda de hoy\u2013 lleva dentro de s\u00ed misma el germen de su propia negaci\u00f3n y decae del ideal que ella misma se propone, desde el momento en que sus motivaciones profundas no son las de la justicia en la caridad, la fuerza interior que la mueve no entra\u00f1a una dimensi\u00f3n verdaderamente espiritual, y su objetivo final no es la salvaci\u00f3n y la felicidad en Dios\u00bb<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Por su parte, el Episcopado colombiano, en su Carta Pastoral Colectiva \u00abIdentidad cristiana en la acci\u00f3n por la justicia\u00bb, publicada en 1976, dec\u00eda as\u00ed:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEs doloroso ver, seg\u00fan lo dec\u00edamos al describir la situaci\u00f3n, c\u00f3mo algunos sacerdotes han llegado a proclamarse y a utilizar en la pr\u00e1ctica la misma Eucarist\u00eda, ra\u00edz y quicio de toda la comunidad, v\u00ednculo de amor, fuente y causa de vida, de unidad, de reconciliaci\u00f3n en la Iglesia, con prop\u00f3sitos eminentemente pol\u00edticos, vaci\u00e1ndola de su profundo contenido religioso. Es profanar la Eucarist\u00eda poni\u00e9ndola al servicio de la lucha de clases. Esta instrumentalizaci\u00f3n de la Eucarist\u00eda, sin embargo, contradice la afirmaci\u00f3n frecuente entre ellos de que mientras persistan dos clases, la de explotadores y explotados en que estar\u00eda dividida la Iglesia, no ser\u00e1 posible la celebraci\u00f3n de la Cena del Se\u00f1or. Ser\u00eda la lucha de clases instalada en el coraz\u00f3n de la vida sacramental de la Iglesia. Esta forma de entender y tratar la Eucarist\u00eda est\u00e1 en absoluta contradicci\u00f3n con la doctrina cat\u00f3lica. Porque la Eucarist\u00eda es causa de uni\u00f3n, de reconciliaci\u00f3n y fuerza permanente, de reencuentro entre los hermanos, la celebramos con verdaderos sentimientos de conversi\u00f3n, con sentido profundo de fraternidad; es tambi\u00e9n compromiso de reconciliaci\u00f3n, porque en ella aun los hombres que se enfrentan unos a otros pueden \u201cafirmar juntos ante la faz del mundo, en un momento de fiesta, que llegar\u00e1 el t\u00e9rmino final en que los enemigos se volver\u00e1n compa\u00f1eros y los adversarios se reconocer\u00e1n como hermanos\u201d\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Los adoradores hoy<\/h2>\n\n\n\n<p>En este momento me dirijo a vosotros, adoradores, pues sois los que con ocasi\u00f3n del Centenario de vuestra Obra, os hab\u00e9is reunido para reflexionar sobre la misma y para proyectar su acci\u00f3n hacia el futuro.<\/p>\n\n\n\n<p>El futuro es el nuevo siglo que comienza ahora para la Obra a la que pertenec\u00e9is. \u00bfQu\u00e9 nos traer\u00e1? Sin duda, muchos cambios en el modo de vivir de los hombres y los pueblos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el hombre, estad seguros, no cambiar\u00e1. Seguir\u00e1 siendo una criatura desvalida con sed de absoluto. Seguir\u00e1 teniendo necesidad de Dios, cada vez mayor. Y Dios se ha revelado en Jesucristo para todos los tiempos y todas las edades, con sus diversas culturas, sus avances y sus retrocesos. Y el compromiso del amor fraterno, nacido del coraz\u00f3n del Evangelio que es el de Cristo, seguir\u00e1 teniendo vigencia. Y seguir\u00e1 levant\u00e1ndose en nuestros altares una hostia blanca e inmaculada que nos pedir\u00e1 perdonar, amar y servir a nuestros hermanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Como adoradores y, en general, como creyentes en la Eucarist\u00eda con todo su misterio de sacrificio para la redenci\u00f3n y de presencia de amor, estimo que son necesarias determinadas actitudes que, para terminar, resumir\u00eda as\u00ed:<\/p>\n\n\n\n<p>1\u00aa. Ante todo, adorar. No perder la identidad de la Obra a que pertenec\u00e9is. Nuestro mundo secularizado, que no quiere adorar a Dios, es un monstruo que engendra monstruos. Adorar a Dios es la actitud m\u00e1s civilizada, m\u00e1s culta, m\u00e1s profunda, m\u00e1s humana y m\u00e1s religiosa de la criatura en su relaci\u00f3n con el Creador. Cuando no se adora y se contempla al Dios infinito, nos volvemos locos, porque caemos inevitable y fatalmente en otras adoraciones que nos degradan.<\/p>\n\n\n\n<p>2\u00aa. La concreta adoraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda es connatural a la fe en la presencia del Se\u00f1or en ese misterio. Si se cree de verdad en que Jes\u00fas quiso quedarse sacramentalmente con nosotros, es necesario detenerse para manifestar nuestra gratitud, para rendirle homenaje de culto y devoci\u00f3n, para obsequiarle con el tributo de las facultades del alma y de nuestro cuerpo, para meditar en lo que es y significa su presencia, para presentarle s\u00faplicas y ofrecerle alabanzas. Todo eso es adorar.<\/p>\n\n\n\n<p>3\u00aa. Porque se trata de la Eucarist\u00eda ser\u00eda absurdo separar de lo que la Eucarist\u00eda es en s\u00ed el dinamismo interno de su contenido sobrenatural. Por voluntad de Cristo, la Eucarist\u00eda es donaci\u00f3n de S\u00ed para el sacrificio, muerte por los redimidos, ejemplo para entender el mandamiento nuevo <em>amaos los unos a los otros<\/em>. Todo esto es su dinamismo, y a esto se refer\u00eda Jes\u00fas cuando dijo: <em>Haced esto en conmemoraci\u00f3n<\/em> <em>m\u00eda<\/em>. Luego hay que revisarse constantemente para que lo que es impuro en nosotros sea puro; lo que es mezquino se torne generoso; lo c\u00f3modo y ego\u00edsta se transforme en abnegaci\u00f3n y en servicio; lo que es humano llegue a ser divino.<\/p>\n\n\n\n<p>4\u00aa No es rebajando el misterio como se llega a hacerlo m\u00e1s provechoso para nuestra alma y nuestra convivencia de hermanos; sino al contrario, present\u00e1ndolo en toda su integridad, en toda su trascendencia, en todo su \u00abesc\u00e1ndalo\u00bb, si es l\u00edcito hablar as\u00ed. Lo grande y lo hermoso de la Eucarist\u00eda es que podamos decir, porque as\u00ed es, y as\u00ed lo creemos, que comemos el Cuerpo del Se\u00f1or y bebemos su Sangre, es decir, su vida. Perder la conciencia de esto en nuestras comunidades, es privar a la Iglesia Cat\u00f3lica de uno de los m\u00e1s fuertes atractivos que tiene. Rebajar el tono de nuestras afirmaciones, reducir el misterio a conmemoraciones asamblearias, manipularlo a gusto del consumidor o de los reunidos, es deformar el misterio y hacer piruetas con \u00e9l. De momento, todo se hace m\u00e1s accesible y cercano; m\u00e1s tarde, viene la desilusi\u00f3n y el hast\u00edo, y se llega a la convicci\u00f3n de que para eso no necesitamos invocar una presencia en la que no creemos. Se termina por escuchar exclusivamente la Palabra, como hacen los protestantes, o por sucumbir al agnosticismo o a un cristianismo meramente \u00e9tico y acomodaticio.<\/p>\n\n\n\n<p>5\u00aa. Pero, eso s\u00ed: de la adoraci\u00f3n a la Eucarist\u00eda y, en general, de la fe en el gran misterio por parte de quienes lo adoramos y lo recibimos, tiene que brotar incontenible, cada vez m\u00e1s abundante y m\u00e1s preciso, el compromiso del amor cristiano.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese compromiso, hoy se llama, por supuesto, caridad y beneficencia, porque siempre ser\u00e1 necesario el beso al leproso, el aceite y el vino para el pr\u00f3jimo ca\u00eddo en el camino y la palabra consoladora al afligido.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero se llama tambi\u00e9n af\u00e1n de justicia en todo, colaboraci\u00f3n al perfeccionamiento del orden pol\u00edtico y social, intervenci\u00f3n activa en los asuntos p\u00fablicos, aceptaci\u00f3n de la austeridad necesaria, fidelidad en el pago de los tributos necesarios para una reforma fiscal justa.<\/p>\n\n\n\n<p>Se llama cumplimiento de las obligaciones familiares, atenci\u00f3n esmerada a las reclamaciones de la juventud, de las cuales muchas ser\u00e1n justificadas; defensa de la moralidad p\u00fablica y no siempre lamentaci\u00f3n. No habr\u00eda tanta obscenidad en espect\u00e1culos y en publicaciones escritas si no hubiera tantos que, llam\u00e1ndose cat\u00f3licos y aun comulgando, acuden a ellos o las adquieren.<\/p>\n\n\n\n<p>Se llama tambi\u00e9n colaboraci\u00f3n y servicio a las grandes necesidades de la Iglesia. El amor fraterno nos exige hoy m\u00e1s que nunca ser catequistas de nuestra fe, consecuentes con lo que el Bautismo que nos hace hijos de Dios se\u00f1ala a los colaboradores del Reino. Se necesitan legiones de catequistas que, con el testimonio y la palabra, bien preparados, ayuden a conocer y vivir la fe en sus hogares, en sus puestos de trabajo. La sociedad moderna, para su desgracia, se ha secularizado hasta un grado incre\u00edble, y de lo que pod\u00eda ser justa autonom\u00eda del orden temporal ha pasado al rechazo de Dios y a la negaci\u00f3n de sus derechos. Tenemos que actuar otra vez como los primeros cristianos, siendo nosotros, con nuestro esfuerzo personal, portadores de la luz del Evangelio en medio de las sombras. El marxismo ateo y el liberalismo materialista son, s\u00ed, terribles desgracias para la sociedad de hoy. Pero en gran parte lo son porque nosotros los cristianos dejamos de ser consecuentes con nuestra fe.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada m\u00e1s, adoradores. Seguid cumpliendo vuestra misi\u00f3n. Orad y adorad. Dios quiera que muchos otros vengan a nutrir vuestras filas para contribuir, con el dinamismo de una fe cada vez m\u00e1s profunda y exigente, a difundir \u00abla civilizaci\u00f3n del amor\u00bb, a que se ha referido el Papa Pablo VI.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Pablo VI, Homil\u00eda en la festividad del Corpus Christi, 5 de junio de 1969. Cf. San Juan Cris\u00f3stomo, <em>Comentario a la 1 Cor.,<\/em> hom. 24, 17: PG 61, 200; <em>Comentario a Rom.,<\/em> 26, 17: PG 60, 638.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Pablo VI,<em>Evangelii nuntiandi<\/em>,32 y 35.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada en la Catedral de Madrid, el 7 de octubre de 1977, al concluir el Triduo Eucar\u00edstico conmemorativo del Primer Centenario de la Adoraci\u00f3n Nocturna Espa\u00f1ola. Texto publicado en el Bolean Oficial del Arzobispado de Toledo, noviembre 1977. Introducci\u00f3n Para todo sacerdote es un gozo hablar de la Eucarist\u00eda. 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